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martes, 13 de octubre de 2020

Plebiscito: el plan de la ultraderecha

Por Juan Pablo Cárdenas S.:

Varios años atrás, el historiador Gonzalo Vial aseguró en un debate público que la derecha chilena nunca había sido democrática. Casi textualmente reconoció que cuando ésta obtenía buenos resultados en las elecciones, sus partidos y dirigentes se proclamaban demócratas, pero que de perder los comicios lo que hicieron siempre fue conspirar para derrocar a quienes los habían derrotado en las urnas. Justificando, incluso, el terrorismo de estado que en Chile ha ocasionado miles y miles de víctimas.

Tal aseveración, por supuesto, está completamente avalada por nuestra trayectoria republicana. Constan los numerosos cuartelazos militares alentados por los más poderosos enemigos del cambio. Entre cuyos episodios más dramáticos se considera el cruento Golpe Militar de 1973, en que la derecha no solo derribó por la violencia a Salvador a Allende, sino que se dispuso a gobernar con plena complacencia con Pinochet durante 17 años. Las excepciones fueron muy pocas, como recordamos.

La Constitución de 1980 (solo retocada posteriormente durante el gobierno de Ricardo Lagos) ha sido el gran bastión de las expresiones políticas reaccionarias y de la clase empresarial, por lo que durante treinta años prácticamente han cogobernado con la Concertación y la Nueva Mayoría, salvaguardando el sistema económico y social neoliberal e, incluso, logrando encantar con sus ideas a muchos centroizquierdistas de pasado vociferante. Y, hasta aquí, muy cómodos en el poder y las prebendas de la política.

Es estallido social de hace un año fue producto del descontento nacional, de la frustración de quienes confiaron en que la “democracia” traería solución a la aguda inequidad y la grosera concentración de la riqueza. Millones de trabajadores y jóvenes irrumpieron en las calles de todo Chile con sus múltiples demandas, además de la exigencia de una nueva Carta Magna. Todos sabemos que fueron solo estas masivas y radicales protestas las que forzaron a la clase política a abrir un proceso institucional que tiene como importante hito el plebiscito del 25 de octubre próximo.

 Derechistas y oportunistas de todos los pelajes partidarios se sometieron a la voluntad expresada por el pueblo, aunque de todas maneras se las arreglaron para ponerle a la próxima convención o asamblea constituyente una serie de trampas que podrían terminar abortando el proceso y, de seguro, agudizando la confrontación política y social. Pero este riesgo no parece inquietar mucho a la extrema derecha, confiada siempre en que el “caos” (como señalan) pueda conducir al país a un nuevo quiebre institucional administrado por ellos y los uniformados que siempre les han sido dóciles. Mal que mal, ya han pasado treinta años y muchos chilenos poco o nada se acuerdan de la fatídica Dictadura.

Con todo, los sectores oligárquicos y retardatarios expresan temor ante la eventualidad de que “apruebo” en el Plebiscito resulte muy contundente y les dificulte torcer el itinerario que sigue en los dos años definidos para alcanzar la plena consolidación de un nuevo texto constitucional. Un temor algo infundado si consideramos que estamos en tiempo de pandemia, por el cual existe miedo de salir a votar, además de que abstención electoral en todas las últimas contiendas electorales ha superado o empatado el número de electores efectivos. Agreguemos que el descontento con el conjunto de la política es tan severo, que existen sectores que abiertamente llaman a sustraerse del Plebiscito, en la idea de que solo la insurrección popular podría llevarnos a un gobierno que se proponga cambios reales.

En estas últimas semanas se ha manifestado en la derecha el deseo de que sea muy alta la abstención electoral. Asegurándose que si la concurrencia no supera ampliamente la mayoría absoluta este proceso constitucional carecería de legitimidad. Claramente, estos sectores saben que el rechazo a la nueva constitución va a ser minoritario, por lo que refugian en la posibilidad de desacreditar el proceso ante una baja concurrencia de votantes.

Para ello se valen de nuevo de la emergencia sanitaria, tratando de convencer a los ciudadanos, y muy especialmente a los de mayor edad, a no salir de sus casas el 25de octubre ante el riesgo de ser infectados con el Coronavirus. No importa cuántas sean las medidas adoptadas para garantizar durante el día de las elecciones el distanciamiento social, el uso estricto de mascarillas y otras varias prevenciones. Para tal propósito, incluso un editorial de El Mercurio (9 de octubre) fustiga a quienes han persisten en realizar la consulta ciudadana, aludiendo en esta campaña del terror al propio gobierno de Sebastián Piñera por implementar una campaña publicitaria para favorecer la concurrencia a las urnas.

Lo raro es que estos temores ni El Mercurio, el Gran Empresariado o los políticos de ultra derecha los hayan manifestado respecto del retorno masivo del trabajo, la reapertura del comercio, el turismo y otras actividades.

Por el contrario, lo que han hecho es celebrar la alta concurrencia de consumidores a las distintas ferias e hipermercados, con lo cual se estaría recuperando la actividad económica en general. Ciertamente con un riesgo mucho mayor que salir a votar el día del Plebiscito con todos los resguardos sanitarios ya definidos.

Obviamente que la derecha y la cuestionada clase política apuestan a una débil participación ciudadana para así alimentar las mismas razones que en el pasado esgrimieron para interrumpir otros procesos democráticos y reformas. Por lo mismo, hay quienes temen que los propios horrores cometidos por Carabineros buscan exacerbar los ánimos en la Araucanía y en las zonas de mayor descontento social.

De allí que los partidos y referentes sociales de genuina vocación democrática debieran estar muy alertas frente a quienes fomentan la violencia extrema, irracional y contraproducente, a fin de no darle luz verde a la conspiración ultraderechista ya en ejecución.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

sábado, 21 de marzo de 2020

Sudamérica ha sido invadida por el fascismo y el terrorismo


Por Diego Olivera Evia:
La crisis del capitalismo
  
En esta nueva realidad de Sudamérica nos parece importante, analizar las corrientes políticas, desarrolladas en el surgimento del fascismo Nazi y la versión fascista de Mussolini y la vertiente española, que azotaron a Europa, África, Medio Oriente, y apoyaron al fascismo Nipón de Japón, que crearon una crisis de muerte e invasiones  a Europa a Sangre y Fuego creando muerte y destrucción, quenado solo Inglaterra y la  Unión Soviética (URSS), siendo la potencia de los rusos soviéticos, lograron derrotar a los Alemanes, con miles de muertos y campos de presidios, matando a miles de ciudadanos de Europa.

En esta realidad nos parece importante señalar que los pueblos europeos, lucharon con los partisanos, y la crisis de miles seres humanos aniquilados, en ese sentido en esa etapa y surgió Antonio Gramsci (1891-1937) fue un periodista y activismo italiano conocido y célebre por desarrollar los roles de la cultura y la educación dentro de las teorías de economía, política y clase del marxismo. Gramsci nació en la isla de Cerdeña en 1891 y creció en la pobreza entre los campesinos de la isla, y su experiencia de las diferencias de clase entre italianos y sardos continentales y el trato negativo de los sardos campesinos por parte de los continentales moldeó su mentalidad intelectual y política.

Su vida como periodista, activista socialista y preso político, finalmente, ayudó a fundar el Partido Comunista Italiano para movilizar a los trabajadores por sus derechos. Gramsci viajó a Viena en 1923 y conoció a Georg Lukács, un destacado pensador y filósofo marxista húngaro, así como a otros intelectuales y activistas marxistas y comunistas que darían forma a su trabajo intelectual.

Gramsci fue sentenciado a veinte años de prisión, pero fue liberado en 1934 debido a su pésima salud. Las contribuciones de Gramsci a la teoría marxista La contribución intelectual clave de Antonio Gramsci a la teoría marxista fue su elaboración de la función social de la cultura y su relación con la política y el sistema económico. Si bien Marx discutió brevemente estos temas en sus obras. Gramsci se basó en los fundamentos teóricos de Marx para elaborar el papel

. Sudamérica ha sido invadida por el fascismo y el terrorismo
Los fascistas ya no se esconden. Han regresado al centro de la escena con racismo y atentados terroristas en sinagogas, colegios, calles y mezquitas, con artefactos explosivos enviados a políticos opositores y la prensa independiente. O, dicho de otro modo: en Europa, Estados Unidos y ahora América Latina, los fascistas ya no maquillan el racismo y la violencia política que definen lo que es el fascismo, sino que en muchos casos ven con satisfacción y expresan su apoyo a líderes populistas como Donald Trump en Estados Unidos o Jair Bolsonaro en Brasil. Estos líderes populistas han legitimado y también motivado a los fascistas. De hecho, desde el punto de vista de las conexiones entre historia lejana e historia reciente, en los últimos años el populismo ha sido una dimensión esencial de la normalización del fascismo.

Hace pocos años habría sido difícil imaginar este regreso del pasado en las bocas del líder del país más poderoso del mundo o de la democracia más grande de América Latina. Pero negar esta nueva realidad no va a ayudar a comprenderla. Hace falta detenerse a pensar las razones históricas que llevan a esta “normalidad” del fascismo, amamantado y legitimado por líderes populistas de derecha.

El fascismo actúa desde abajo, pero está también legitimado desde arriba. Cuando Bolsonaro despreció a los afrobrasileños o cuando Trump dijo que prefería inmigrantes noruegos a aquellos que venían de “países de mierda” como Haití o países africanos, no solo los fascistas interpretaron que estos líderes compartían con ellos sus valores racistas. Recientemente, Bolsonaro dijo que el Holocausto podía perdonarse y Trump defendió su polémica declaración de que entre los que asistieron a la marcha nazi de Charlottesville había buena gente.

El retorno del fascismo se ha dado en un contexto específico: en democracias que se encuentran en crisis, debilitadas por fenómenos como los referéndums y la corrupción o el hecho de que las elecciones se han vuelto plebiscitos sobre personalidades mesiánicas en las que cada vez hay menos debate de ideas o propuestas. Gracias a esta combinación de factores, el populismo ha encontrado una rendija para vincularse al fascismo e introducirse al sistema democrático para minarlo desde adentro.

Por eso, había que perseguirlos, primero, y luego deportarlos o eliminarlos. Por ejemplo, en Argentina, los fascistas prometían en 1942 “desaparecer” a los judíos argentinos: “¡Qué homenaje más grandioso sería brindarle a la patria el exterminio de estos pulpos!”. Según estos fascistas latinoamericanos eso pasaría el “día en que el nacionalismo triunfe como régimen” y en que los “buenos argentinos” sepan “dar el grito: ‘Dios, patria y familia’”.

La crisis del capitalismo
En el marco de estos análisis es importante señalar, que el fascismo se ha apoderado de las naciones del Sur de América, la inmoralidad del fascismo en Colombia, aplicados por el presidente Duque y el criminal de la historia en muertes a luchadores sociales e indígenas, además de ser el mayor proveedor de droga a EEUU, y el mayor poder criminal, Álvaro Uribe, fundador criminal del Paramilitarismo. De la misma manera Chile se ha convertido en el peor criminal de la historia, con el presidente Sebastián Piñera, que manda a los carabineros a matar al pueblo a niños, ciudadanos, les disparan tiros a los ojos, para dejarlos ciegos, mostrando una vez más la criminalidad del fascismo.

A estos hechos se unen los crímenes en Bolivia, con asesinatos y muerte de los pueblos autóctonos, por un golpe de estado, dirigido por Jeanni Añez, una boliviana déspota y habla de que es Nórdica, toda una falsedad, además es narcotraficante y se ven en el encuentro con Duque y Uribe, muestra una vez más como el fascismo y la muerte de ciudadanos bolivianos, lo quien podría definir como una cultura racista, matando a su propio pueblo a sus derechos con nacionales.

Estos hechos muestran una vez que esta América Latina, ha caído bajo las garras de EEUU, y las políticas del presidente Donald Trump, que ha logrado maniatar a la América Latina, ahora Uruguay comienza a través del presidente Luis Alberto Lacalle Pou, comenzó a pocos días de su gobierno con ajustes económicos, los cuales en su campaña política prometiendo no hacer estos ajustes y ahora con la crisis del coronavirus, solo ajusto en su última conferencia de prensa, apoyo a los empresarios, al manipular la economía, un ataque a los trabajadores del PIT-CNT, al que prometieron apoyarlo en las propuestas laborales.

Esta realidad muestra una vez más que volvemos al neoliberalismo, a las derechas y al fascismo impulsado por Bolsonaro, un criminal y asesino el golpe de estado en 1966 del Siglo 20, todos estos hechos de la banda de asesinos, apoyando a los asesinos como la Añez, Duque, Bolsonaro, los peores criminales  e inmorales, esta es la realidad de una crisis capitalista, que destruirá los valores de los uruguayos, ante ajustes criminales, destruyendo 3 décadas de avances sociales, sin olvidar los robos del padre de Lacalle, que se aprovecho para su presidencia, un nueva era de oportunismo y recrecimiento de los ricos y las empresas. 

Periodista, Historiador y Analista Internacional
diegojolivera@gmail.com


miércoles, 27 de noviembre de 2019

CHILE: CONVOCAN CONSTITUYENTE CON “VÁLVULA DE SEGURIDAD”



Por Carlos Iaquinandi Castro:  
“Algo tendrá que cambiar para que nada cambie”  El Gatopardo, de Lampedusa

Primero recurrieron a la represión, hablaron de “guerra”, y sacaron a la calle a Carabineros y equipos antimotines. Pero era mucho pueblo en la calle y además muchos jóvenes, muchos. Después especularon con el previsible cansancio de los manifestantes. Volvieron a equivocarse, éstos sumaron música, ingenio, arte y más ganas de cambio y siguieron en las calles. Entonces esgrimieron el caos, los saqueos. Aquellos sucesos puntuales se convirtieron en el argumento que le permitía al gobierno hablar de paz y seguridad.



Aunque los detenidos en su mayoría tenían antecedentes delictivos, ellos eligieron confundir y atribuir los saqueos a los manifestantes. Pero también les fracasó cuando más de un millón de personas recorrieron pacíficamente Santiago e insistieron en sus demandas. Había que hacer algo para detener las protestas que ponían en riesgo el propio sistema de poder. No eran suficientes los más de 20 muertos, 2.500 heridos, miles de detenidos o las decenas de privados parcial o totalmente de la vista por los balines policiales.

Fue entonces cuando según sus propias palabras el presidente Piñera dudó entre declarar el estado de excepción y recurrir al ejército para reprimir o bien crear las condiciones para un “diálogo nacional” en el Congreso. Admitió que las demandas en las calles “eran justas y legítimas”. Y así preparó el escenario donde – en los salones parlamentarios - se gestó el “Acuerdo por la paz social y una nueva constitución”. Los posibles náufragos del sistema, escogieron lo que deben haber considerado “el mal menor”. Ofrecer una puerta falsa.

 “Algo tendrá que cambiar para que nada cambie”.

Entonces utilizaron el último recurso: simular que cedían; preparar el engaño, envolverlo en palabras solemnes, como “Convención Constitucional” y activar dos o tres reaseguros “técnicos” para evitar un resultado no deseado. Y lo consiguieron. No fueron solamente los integrantes de Chile Vamos, (los del presidente Piñera) los que aprobaron la propuesta; también los de la ex Concertación, y lo que ya es “completar el cartón”, los partidos del Frente Amplio. Todos, conservadores, liberales, socialistas, democristianos, radicales, acordaron que lo mejor era conceder algo que no implique “retroceso o pérdidas” al sistema que integran. Y en los confortables salones parlamentarios (y en algunos otros más discretos), “cocinaron” el mecanismo para intentar terminar con el movimiento popular en las calles. Y con ello, desmontar los pedidos de renuncia del presidente, y establecer un desvío para que la fuerza de las protestas “se canalice por vías institucionales y democráticas”, eso sí, con final controlado.

No hay peor sordo…

Convocan a un “plebiscito” para que, ante todo, la gente diga si quiere o no reformar la Constitución heredada de la dictadura. ¿Es que no han escuchado este clamor de cientos de miles de chilenos por las calles desde hace casi un mes pidiendo Asamblea Constituyente?  La verdadera intención que tienen es terminar con las manifestaciones y “patear hacia adelante” la solución a los justos reclamos. Los parlamentarios cocinaron este acuerdo a puertas cerradas y además tomaron varios reaseguros para desviar a vía muerta las demandas y las luchas populares.

Se han inventado que una de las opciones sea la de una “convención constitucional” que pueda ser “mixta”. O sea, con un 50% de parlamentarios y un 50% de electos por la gente. Pero, además, se aplicará el actual sistema electoral, diseñado para servir a los grandes partidos pro empresariales y de la casta de políticos millonarios. Pero en el caso de que el pueblo se las ingeniara para superar esta carrera de obstáculos, se reservan una “llave” decisiva: para ser aprobadas las propuestas tienen que tener más de 2/3 de los votos de esa “convención”.  Supongamos que, si son 100 miembros, 34 pueden bloquear al resto. El actual sistema quedaría intacto. Y, además, “democráticamente”. Una última “válvula de seguridad” por si falla todo lo anterior.

De lo histérico a lo histórico.

Por eso al concretar el acuerdo se abrazaban y repetían como loros que “era un día histórico para Chile”. Sí, para ellos, porque suponen que será el día que salvaron su status, y la continuidad de un sistema injusto, basado en privilegios y desigualdad. Es ingenuo pensar que ellos harían algo diferente.  Ellos son precisamente quienes aceptaron la herencia de la dictadura y profundizaron sus injusticias, que privatizaron la educación y la sanidad, que no recuperaron los recursos naturales privatizados y saqueados, que destruyeron el sistema de pensiones entregándolo a privadas, que fijan sueldos miserables a los trabajadores y que han violentado y militarizado a las comunidades mapuches. Lo lamentable es que partidos como el histórico socialismo de Salvador Allende sea uno de los firmantes del acuerdo, al igual que el Frente Amplio. En este último caso, hay una fuerte oposición interna, entre quienes se incluye el actual alcalde de Valparaíso Jorge Sharp. El “día histórico” para ellos, los parlamentarios, fue el dia en el que lograron acordar una salida tramposa a la justa indignación de las mayorías. Para el pueblo lo será el 18 de octubre, cuando estalló la gran movilización ciudadana que hoy se mantiene.

Acusan a Piñera en el Congreso por violar los derechos humanos.

Once diputados en representación de ocho partidos de la oposición, redactaron unas acusaciones constitucionales contra el presidente Piñera. Lo consideran un deber ético y democrático ineludible. Argumentan su presunta responsabilidad en la violación de los derechos humanos cometidas por agentes del estado en la represión de la protesta social que ha provocado decenas de muertos y centenares de heridos. La acusación es una figura reconocida por ley y deberá ser tratada en el Congreso, pero difícilmente prospere porque los partidos gubernamentales tienen mayoría.

El pueblo sigue su marcha

En las calles, en las plazas, siguen las movilizaciones, continúan los cabildos abiertos y las reuniones en barrios y sindicatos para debatir propuestas y aportes para una nueva constitución. Un texto que incorpore las reivindicaciones políticas, sociales y económicas que reclama una mayoría social. La frase de Allende “la historia es nuestra y la hacen los pueblos”, cobra plena vigencia en esta gigantesca movilización popular encabezada por los jóvenes chilenos.

Redacción de SERPAL
serpal@nodo50.org

sábado, 23 de noviembre de 2019

¿Quiénes realmente son los violentistas?



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Compelidos como hemos estado a condenar “la violencia venga de donde venga”, en realidad creemos justo repudiar, primero que todo, la violencia del régimen neoliberal que provocó el desenlace que hoy a todos nos conmueve. Es decir, aquella que se ejerce en la cotidiana explotación de los grandes empresarios a sus trabajadores, vulnerando sus derechos laborales; la que provoca el desparpajo de los políticos enriquecidos y ensoberbecidos en la perpetuación de sus cargos públicos y groseros estipendios. O la impunidad institucionalizada en favor de los delincuentes de cuello y corbata, de los que usurpan desde las AFP y las isapres las cotizaciones de los trabajadores.


La violencia que generan los bullados casos de corrupción ventilados ante la opinión pública y que crónicamente deja impunes a sus responsables y cómplices. La violenta discriminación sufrida por nuestro principal pueblo autóctono, como las criminales acciones descargadas día y noche contra sus familias y hogares. De manos, habitualmente, de carabineros digitados por los empresarios forestales de la Araucanía que los despojaron de tus propiedades ancestrales. Todo con la complacencia de La Moneda, ahora, y por los gobiernos precedentes.

En efecto, violencia sistemática justificada por los gobiernos, dícese progresistas, y los políticos de derecha, dícese católicos y amantes del “estado de derecho”.
Sin ignorar, tampoco, el saqueo fiscal y bancario en contra de los estudiantes. De esos cientos de miles de jóvenes que seguirán endeudados por varias décadas más, si es que no se les condona lo que deben. Una deuda lacerante para cientos de miles de familias que fuera fomentada por el gobierno de Ricardo Lagos quien, paralelamente, le puso un abusivo peaje al libre tránsito por las autopistas. Por quien incluso intentó pasar como obra suya la mismísima Constitución de Pinochet, con solo algunos retoques negociados con el Parlamento, para ahora tener el cinismo de sumarse a la demanda popular por una nueva Carta Fundamental.

Cómo olvidarnos de la ultrajante violencia que significó la negativa del presidente Frei a recibir durante todo su mandato a los familiares de los detenidos desaparecidos de la Dictadura. O la burla que le propinó al país la señora Bachelet con su falso proceso constituyente. El que, por supuesto, no condujo a nada, salvo frustrar las esperanzas que de nuevo se agitan en las protestas, después de que le entregara la banda presidencial por segunda vez al principal defraudador de los derechos del pueblo. Un multimillonario engreído, insensible y sin capacidad alguna de autocrítica y pudor. Cuya permanencia en La Moneda violenta y crispa todos los días a la población que lo repudia tan contundentemente.

Imposible pasar por alto la violencia ejercida por el sistema todavía vigente contra los sin casa o los deudores hipotecarios, estrangulados todos por las entidades financieras y constructoras. La violencia que significa que el sueldo mínimo recibido por millones de trabajadores no les alcance para llegar a fin de mes, como lo hemos podido constatar en esos estremecedores testimonios de ancianos, viudas, pensionados, como de tantos jóvenes impelidos a delinquir para comer y llevar algo a casa.

Por la violenta e insensata actitud de los principales medios de comunicación circundados por la farándula y la frivolidad, ignorantes de la realidad nacional y mundial y cuyos rostros ahora lloran lágrimas de cocodrilo al descubrir nuestro país real. Con sus noticiarios y programas tan lacerantes a la conciencia pública, la dignidad de los pobres y de la propia clase media. Como si no fuera terriblemente violento, también, el constante atentado en contra de la soberanía nacional, mediante la inicua explotación de nuestros recursos naturales, el saqueo cotidiano de millones de toneladas de cobre, litio y otros productos desde las entrañas de nuestro territorio.  O los mismos incendios provocados en nuestras reservas forestales a fin de proveerle terreno a las empresas constructoras y a aquellas que buscan reforestar nuestro paisaje con especies de mayor y más rápida plus valía, sin importarles si éstas agotan los manantiales y aguas subterráneas en desmedro de la agricultura y del agua potable en tantos pueblos y ciudades del país.

Ciertamente que duele ver un templo en llamas o la destrucción de monumentos patrimoniales, pero todo eso se puede volver a reconstruir o reparar. No así nuestros vandalizados yacimientos del norte y de las altas cumbres cordilleranas. Pero no nos equivoquemos: para sujetos como Piñera, la destrucción callejera puede ser incluso una oportunidad de negocio para las empresas constructoras e importadoras, como para las mismas compañías de seguros. Ya un hábil alcalde y algunos “emprendedores” en cosa de horas discurrieron semáforos portátiles; de la misma forma como algunos poderosos del retail se proponen, después de cobrar sus pólizas por incendio, reemplazar estos hipermercados por grandes condominios de viviendas bien cercadas y más inexpugnables.

Qué duda cabe que la promesa de un plebiscito y de una asamblea constituyente (con leoninos quórums para aprobar cualquier cambio sustancial de la actual Carta Magna) busca también apaciguar las demandas sociales y convertirse en un placebo para los ansiosos de cambio. ¡Qué violento contubernio es el ejecutado por el Ejecutivo y los parlamentarios para, en cosa de horas, levantar un acuerdo y prometer una agenda social que ha sido burlada o postergada por tanto tiempo! Si hasta tenían preparado aquel enorme lienzo blanco que cubrió la plaza Baquedano para hacernos creer que la batalla terminaba y que el orden se restablecía. Desconociendo el hecho de que la protesta no solo se alzó contra el Gobierno sino contra toda la indolente clase política.

Por ello que abandonar la calle y “volver a la normalidad”, como se nos sugiere, sería realmente fatal para un país que merece mayor equidad y una paz fundada en la justicia y no en la quietud de los cementerios. ¿O es que acaso algún cambio de época y transformación de nuestra historia no ha supuesto la ira popular y episodios inevitables de insurrección? 

Violencia nunca comparable, en todo caso, ¿con la ejercida por los vencedores de Concón y Placilla que conspiraron contra el presidente Balmaceda y derivaron en la organización de turbas que salieron a saquear las casas de los derrotados? O la de los bombardeos de La Moneda en l973, seguidos por los campos de tortura y exterminio; como los asesinatos masivos de campesinos en Ranquil y otras localidades rurales. Tal como años antes se ultimó en Santiago, por instrucción presidencial, a los estudiantes en el Seguro Obrero, o en otras masacres a centenares de mineros. Como la misma “pacificación” de la Araucanía que ya nadie discute que se trató de un brutal genocidio contra nuestro pueblo aborigen. Por cierto, impune, como otras aberraciones.

Es inaudita la hipocresía de quienes hoy apelan a un armisticio exigiendo que los humillados por el sistema abandonen sus protestas, piedras y palos, mientras los policías disparan con armas letales a los manifestantes, les arrancan los ojos a los jóvenes. Y, por supuesto, le siguen poniendo todo tipo de cortapisas al reajuste digno de los salarios y pensiones. Cuanto, a la misma posibilidad de una Asamblea Popular Constituyente, donde lo que mande sea el sufragio mayoritario de sus integrantes y no los intereses de esa minoría cobijada en un acuerdo y quórum espurio. Convenido, como vimos, a espaldas del pueblo movilizado.

¿Es que acaso Piñera pactó con el pueblo y sus organizaciones tan alto despropósito?
¿Es que existe algún antecedente en Chile y en el mundo en que los acuerdos de paz se firmen solo entre los mismos aliados?
juanpablo.cardenas.s@gmail.com


domingo, 10 de noviembre de 2019

El crimen imperfecto



Por Carolina Vásquez Araya:

La estrategia de terror impulsada por Piñera solo añade más carbón a la hoguera.

Cuando un pueblo pierde el miedo es cuando los gobernantes –demócratas o no- deben empezar a reflexionar sobre las causas e iniciar un proceso de cambio. Todo lo contrario, hacen los dictadores: refuerzan sus dispositivos de represión, siembran el terror entre los manifestantes, asesinan, torturan y violan como modo de dejar bien establecido su poder y, finalmente, terminan por transformarse en aquello que eran desde un principio detrás de la máscara de la democracia y la institucionalidad. Esto ha sucedido con el régimen neoliberal de Chile, un sistema impuesto desde el corazón del imperio y el cual ha dejado en la miseria a millones de seres humanos alrededor del mundo.


La juventud chilena, con una trasgresión transformada en símbolo –la evasión del pago del Metro de Santiago- rompió los diques de una sociedad que se ha visto arrinconada tras decenios de abuso y marginación, empobrecimiento de sus capas medias, pauperismo en sus segmentos más pobres y el enriquecimiento ilícito –aunque legalizado- de un mínimo porcentaje de privilegiados que observan desde sus trincheras económicas cómo se hunde el país. Esa juventud, que no vivió la dictadura en carne propia, comprendió bien que la subordinación a un sistema depredador e injusto no es la vía para acceder a un futuro de bienestar y desarrollo.

Lo sucedido desde entonces, ya es historia y ha provocado una avalancha de reacciones a nivel mundial: millones de personas se congregan en inmensas manifestaciones exigiendo, por fin, el cambio necesario. Entre otras demandas, además de la renuncia del presidente y sus ministros, exige una nueva constitución para derogar los lineamientos impuestos por la dictadura, y cambios sustanciales en la administración pública, entre otros: los servicios de salud; el sistema de pensiones; el acceso al agua; al mar; la nacionalización de recursos nacionales que hoy alimentan fortunas privadas; la educación pública y, por encima de todo, la erradicación de toda clase de violencia ejercida desde el Estado contra la población.

Los muertos y heridos como consecuencia de la represión militar y de carabineros habla claro sobre el miedo del gobernante y sus huestes económicas. Temen perder los privilegios mal habidos y demuestran tal pánico a la fuerza popular que han traspasado todos los límites, convirtiendo al país en un campo de batalla en donde predominan el abuso y la violencia estatal. La presión hacia los medios de comunicación afines al régimen es solo una de sus tácticas más perversas, también han intentado satanizar las protestas iniciando una serie de ataques planificados por sus cuerpos uniformados, con el propósito de instalar una imagen de terrorismo; han acusado a otros países de haberse infiltrado provocando el conflicto, han criminalizado a la juventud y han implementado toda clase de mecanismos fascistas, como las violaciones sexuales, la tortura y los ataques armados directos contra manifestantes desarmados y pacíficos.

El Estado chileno bajo el mando del presidente Piñera está cometiendo un crimen, pero un crimen imperfecto. La máscara les ha quedado pequeña y hoy, gracias a quienes han documentado los detalles de los ataques de carabineros y militares y también a las declaraciones de algunos funcionarios que han comenzado a revelar detalles sobre las ilegalidades cometidas por las autoridades, ya la pobre reputación del gobierno de Chile se revela de cuerpo entero. Chile ha dejado de ser ejemplo para el mundo; hoy se conoce en detalle y a todo color de qué males padece el sistema dorado de su neoliberalismo.

elquintopatio@gmail.com


miércoles, 23 de octubre de 2019

Los presidentes de Chile, Perú, Ecuador, masacran al pueblo


Por Diego Olivera Evia:
El Plan Condor crea una crisis mientras Evo Morales logra su victoria
  
Una nueva realidad se crea en Sudamérica a través de los modelos derechistas, que han creado levantamientos en varias naciones, el llamado a la guerra del presidente de Chile,  Sebastián Piñera pinochetista, retoma la violencia, decenas de asesinados y cientos de chilenos en la calle son agredidos a sangre y muerte, llevan al verdadera historia de los crímenes de lesa humanidad, en la épocas de los empresarios salitreros y los cordones laborales, la miseria y las traiciones de sectores del partidos socialista, bajo la traición de Bachelet, corrupta e inmoral, se une a al traidor Luis Almagro.

Haciendo caso omiso a las masacres, y las torturas de los carabineros, y las palizas, marcan la violencia al pueblo chileno. 42 muertos, 12 mujeres violadas, 121 desaparecidos y miles de torturados. Fuente: Comisión Interamericana de DDHH.


Un hecho que no sale en los medios. Y han cerrado cuentas de chilenos que difunden la gravedad de la situación. Si las redes sirven para algo, difundamos, al menos. Es lo que piden.

De la misma manera Ecuador a través del traidor Lenin Moreno, que llamo a masacrar al pueblo y a los pueblos indígenas, para aplicar el modelo neoliberal, como el ingreso de los acuerdos con el FMI, aplicando ajustes que crean una crisis social y humana, donde los grupo indígenas salieron a reclamar sus derechos, y solo recibieron muerte y palizas, de un fascista y ladrón,  con compras de casa en España para su familia, además de apoderarse de los erarios públicos, luego de traicionar a su Partido el PAIS, es un joya de traición y mentira.

De la misma manera el Grupo de Lima, aplico los ataques a Venezuela, Cuba, Nicaragua y los ataques a Evo Morales, creando una guerra contra el pueblo, para querer implantar modelos de derechas, a través de sus acuerdos con EEUU y con las políticas fascistas del mitógeno, Donald Trump, que ha creado divisiones en las sociedades del Continente bajos el conceptos de ser el patio trasero delos gringos, que se apegan a la doctrina Monroe y el Gran garrote, siendo al Plan Condor, la doctrinas del Imperio, que en la búsqueda de controlar a América Latina, aplicar las cañoneras, las sanciones, bloqueos, robos a los ingresos de las naciones que tienen recursos como la empresa SITGO, que pertenece a Venezuela, que ha sido dilapidada por Trump y la derecha parasitaria, que apoya a EEUU, por encima de su Nación Venezuela.

Estos hechos muestran una vez las traiciones de los grupos de poder, que se arrastran a EEUU y la Unión Europea (UE), en contra de las sociedades Latinoamérica, apropiándose de las riquezas del Continente, el abuso de un inmoral como es Trump, ha marcado una era de terrorismo global, aplicando la prepotencia de sus militares, ante esta realidad la capacidad del gobierno de Venezuela, de  frenar los ataques de Colombia, impulsada por una minoritaria oposición con un payaso terrorista como Guaidó, aplica la violencia en su esmirriados actos, como la repulsa de sectores mayoritarios de la oposición, que aceptaron a conversar con el gobierno de Nicolas Maduro, estos hechos marcan claramente, la necesidad de un camino hacia los acuerdos nacionales.

El Plan Condor crea una crisis mientras Evo Morales logra su victoria
El presidente de Bolivia, Evo Morales, resultó electo por cuarta vez en las elecciones del domingo, junto a su compañero de fórmula el vicepresidente Álvaro García Linera, informa Telesur desde La Paz. De acuerdo con los resultados oficiales Morales (candidato del Movimiento Al Socialismo), obtuvo los votos suficientes para ganar la presidencia en la primera vuelta electoral.

Los votos de las zonas rurales y del exterior inclinaron la balanza para Morales que el domingo por la noche, el día de las elecciones, tenía 46,41% de los votos válidos, contra 37,07% de Carlos Mesa.
Para ganar la elección sin mayoría absoluta, Morales necesitaba tener más de 40% de votos válidos, con una diferencia de al menos diez puntos porcentuales sobre el segundo.

«Cada día empezamos a trabajar antes de las 5 de la madrugada y terminamos después de medianoche. A diario entregamos obras en tres y hasta cinco departamentos. No quiero ser el mejor presidente de la historia de Bolivia, quiero ser presidente de la mejor Bolivia de la historia», dijo recientemente el mandatario indígena sobre una eventual reelección.

El Tribunal Constitucional boliviano autorizó en noviembre del 2017 la Re postulación de Morales en los comicios presidenciales que se celebraron este 20 de octubre.
Datos del organismo electoral boliviano confirman triunfo de Evo Morales.
Morales aspira a mantener a la nación como líder del crecimiento económico de América Latina y referente en cuanto a la distribución de las riquezas.
Entretanto, la jornada comicial del domingo se desarrolló con total normalidad, de acuerdo con los reportes del Tribunal Supremo Electoral (TSE). Además, la votación estuvo acompañada por 200 observadores de organizaciones internacionales.

Una visión de la crisis moral del capitalismo
Estos hechos que hemos analizado marcan los continuos vaivenes de la realidad, de un modelos capitalista, neoliberal han creado a través de la economía monopólica, marcan el intento de crear un continente sumiso a las reglas del imperio más corrupto de la historia, a manera descriptiva Trump en una entrevista en Italia, llego a afirmar que EEUU y el imperio Romano, son de la misma época, lo que muestra que el actual mandatario gringo, no tiene ni cultura, que no sabe nada de diplomacia, que aplica la políticas del gran garrote.

Para insultar a los presidentes de la Unión Europea, tratando de contralar a la naciones y controlar militarmente al mundo, obviando la  Organización de Naciones Unidas (ONU), para perpetrar la piratería, los controles económicos, as sanciones, el libre negocio de las drogas por la DEA, marcan la realidad de una sociedad global, en crisis y naciones que buscan salirse del poder de EEUU, como son Rusia, China, India, Sudáfrica, mientras Brasil desaparece por el Fascismo, en sus acuerdos internacionales

(*) Periodista, politólogo y analista internacional
diegojolivera@gmail.com

miércoles, 8 de mayo de 2019

Chile en estado de violencia y miedo



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Las imágenes televisivas del último Primero de Mayo nos revelaron disturbios que superaron los de otras jornadas callejeras en Santiago y que nos hablan de grupos organizados desbordando las disposiciones y la represión de Carabineros como también el liderazgo de las organizaciones sindicales y políticas. Lo que se apreció nuevamente en esta oportunidad es que los que optan por los desmanes y el enfrentamiento con la policía crecen respecto de aquellas movilizaciones y protestas que hacen gala de su pacifismo. Aunque unos y otros coincidan en las mismas críticas hacia el ordenamiento económico y social sostenido por los últimos gobernantes.


Lo dicen las pancartas y proclamas de todos contra el sistema previsional, las ISAPRES y la renuencia de la política a emprender nuevos rumbos que signifiquen un real mejoramiento de las condiciones de vida de la amplia mayoría de la población. De allí que la tendencia ampliamente mayoritaria sea el repudio a los partidos políticos cmo el creciente desinterés ciudadano por participar de las elecciones presidenciales, parlamentarias y comunales, manifestando cifras de abstención que señalan la falta de representatividad y legitimidad de quienes gobiernan el país. Incluso en las rutinas eleccionarias de los estudiantes universitarios se ha podido comprobar un ausentismo que supera el 60 o setenta por ciento.

Todo un desencanto que se funda en la injusticia e inequidad. Por algo los estudios de la prestigiosa Fundación Sol nos señalan que seis de cada diez trabajadores chilenos de jornada completa no podrían sacar a una familia promedio de la pobreza en razón de que más del 54 por ciento recibe menos de 350 mil pesos mensuales y todavía menos cuando se trata de las mujeres.

La violencia callejera ha ido escalando en radicalidad desde que hasta una iglesia fuera asaltada por los manifestantes y arrancaran de ella un gran crucifijo de madera finalmente destrozado en plena avenida Bernardo O’Higgins ante el estupor de los transeúntes.  Ya se ve que hasta las convocatorias ecologistas derivan en actos que afectan a la propiedad pública y privada y encabritan a los respectivos ediles comunales que tienen que encarar los costos de tales tropelías, aunque los canales oficialistas se hagan un festín de rating con estas imágenes.

Ya no hay un solo día en la Araucanía sin que se manifiesten atentados contra las empresas forestales y  los comuneros mapuches reaccionen con mayor violencia frente a las abusivas discriminaciones y brutal represión que sufren sus hogares. Ya sabemos que desde la Moneda se organizan siniestros montajes para desacreditar las justas reivindicaciones mapuches y cómo varios jóvenes combatientes son asesinados por la espalda y no por causa de los enfrentamientos con la policía, como siempre tratan de probar los gobernantes de turno. Los cuales, en realidad, no cambian mucho sus prácticas desde un gobierno a otro; o entre el centro derecha o la centro izquierda como respectivamente se autodefinen. Con certeza que lo que ocurrido en el sur de Chile se asemeja a una verdadera guerra civil, como lo han señalado algunos observadores internacionales.

Es evidente, asimismo, que el malestar estudiantil ha remontado a graves agresiones en contra de maestros y establecimientos escolares, causando conatos de violencia que ni siquiera se apreciaron en los combates a la Dictadura hace tres o cuatro décadas. Al mismo tiempo, el país se entera de las iracundas reacciones populares que provocan la mala administración de justicia o la pésima atención de muchos establecimientos de salud de norte a sur del país. No está demás señalar la irritabilidad que le provoca asimismo a los ciudadanos la pretensión de quienes nos presumen en el umbral del Primer Mundo, cuando se reconoce que tan solo ocho de las más de 350 comunas del país tienen más del 65 por ciento del pavimento en buen estado y que los altos índices de obesidad de la población se explican en su inadecuada nutrición, especialmente en el consumo “chatarra” y la falta de buenos hábitos alimenticios.

En materia de seguridad pública ya varios países del mundo alertan a sus habitantes de los crecientes peligros que entraña viajar a Chile y visitar sus zonas de atractivo turístico. Es evidente que el crimen común cada día se hace más extremo e irracional, cuando se suele matar por unos pocos pesos y hasta los moradores de las viviendas más modestas se ven forzados a parapetarse con rejas de seguridad y prevenciones bien inducidas por las empresas que lucran en tal sentido. Hasta los bancos de quejan ahora de los asaltos que sufren cotidianamente en sus establecimientos y cajeros automáticos, aunque, en todo caso, no han disminuido sus multimillonarias utilidades o su interés de permanecer en nuestro territorio. 

Cada vez son más habituales en el acontecer noticioso los portonazos, los femicidios, el tráfico de estupefacientes y el choque entre las bandas criminales, en un país que también llegó a presumir de que estábamos libres de la producción y consumo de drogas. Por algo es que para hacerle frente a los accidentes del tránsito ahora las autoridades controlan, además del alcoholismo, el consumo de cocaína, marihuana y otros alucinógenos. Al mismo tiempo que con más frecuencia que en el pasado se descubren armas hechizas o sustraídas de los cuarteles militares en manos de los malhechores y entre las bandas de asaltantes a policías y otros agentes de seguridad.

No escapa tampoco al estupor de la población que jueces y fiscales sean descubiertos como cómplices y encubridores de los delitos de corrupción, asociación ilícita y otros. Todo lo cual redunda en el sentimiento de impunidad de los chilenos respecto de los delitos de cuello y corbata. Esto es de los grandes empresarios, políticos y hasta sacerdotes. En los últimos días, hasta se han descubierto galerías carcelarias y celdas carcelarias en que se prodigan las comodidades de los narcotraficantes recluidos. Tal como los de los grandes violadores de los Derechos Humanos.

A no dudarlo, Chile se desbarata en el crimen y siempre la solución ofrecida por quienes nos gobiernan es la de ofrecer más policías y recursos disuasivos. Lo cual sin duda puede ser necesario pero junto con administrar políticas para corregir las profundas y agraviantes desigualdades sociales, avanzar hacia el pleno empleo y el salario digno; la rehabilitación de los que han delinquido y el drástico mejoramiento de nuestros niveles educacionales.

Después de dos guerras mundiales, en que el pillaje también se hizo presente en Europa, sabemos que fue el estado de bienestar que se le proporcionó lo más rápidamente posible a toda la población, la buena calidad de sus centros de instrucción pública y la más justa y ecuánime administración de la Justicia lo que consolidó la paz e, incluso, la democracia en el viejo continente. Lo que no ocurre aquí en nuestro continente y en Estados Unidos, donde los beneficios del desarrollo se reparten selectivamente, los pobres se multiplican y el miedo y la criminalidad se hacen cada vez más espeluznantes.

Chile, como varias naciones emancipadas de España, fue primero un estado antes que una nación. Sin embargo, en más de 200 años todavía los habitantes de su territorio no reconocen una “madre patria” que los cobije a todos y no sea tan solo un territorio de oportunidades para los inversionistas extranjeros y la alta burguesía enseñoreada en la política. En ello radica la violencia que se expresa con el descontento social, el irrespeto a nuestros símbolos y patrimonio natural y cultural, como muchos lo lamentan. A falta de una sólida identidad nacional, por supuesto.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

sábado, 20 de abril de 2019

Corrupción que alimenta corrupciones



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
La opinión pública llega a la conclusión que después de los bullados casos de corrupción de la política serán contados con los dedos de una mano los que van a recibir alguna sanción penal por los delitos tributarios, el enriquecimiento ilícito y la recepción indebida de aportes para el financiamiento de sus campañas electorales. Con ellos, las empresas comprometidas en estas ilícitas donaciones han tenido el tiempo para arreglar sus contabilidades y hacerse defender por los más destacados abogados y estudios jurídicos. Por esos hábiles y, digamos, eclécticos profesionales que, sin duda, cuentan con las destrezas y recursos para seducir a los jueces y recurrir a los abundantes resquicios legales a objeto de que sus clientes escapen indemnes de sus graves atentados contra el llamado “estado de derecho”.


En los últimos días acaso solo el ex senador Jaime Orpis pareciera que mantiene riesgo de sufrir alguna pena aflictiva, aunque todavía lo favorecen esos largos meses y años que toma la tramitación de estos procesos, donde muchos delitos se van diluyendo y fabricando hasta conmovedoras atenuantes. En este sentido, el Servicio de Impuestos Internos (SII), cuyo titular depende de los presidentes de la República, se ha omitido vergonzosamente de presentar querellas o demandas contra los políticos inescrupulosos denunciados por medios de comunicación y los propios fiscales. Curiosamente, en nuestra amañada legislación estos últimos no tienen facultades para sostener procesos si no cuentan con este “sospechoso pase” que debe brindarle una institución del Estado que debiera efectivamente velar por el cumplimiento de las normas tributarias del país.

Ya nadie puede dudar respecto de la colusión que existe entre el mandamás del SII y la clase política. Al mismo tiempo que se ha demostrado que el mismo funcionario designado por Michelle Bachelet como director de este organismo fuera ratificado por el presidente Piñera y su nueva administración, en un país en que los titulares de estos altos cargos públicos suelen ser renovados con cada cambio de gobierno.

Todo indica que en la corrupción política y las impunidades puede estar la causa que explique los millonarios fraudes al fisco cometidos por Carabineros y las distintas ramas de las FFAA, cuya cuantía y desfachatez no tienen precedentes en nuestra historia. Por supuesto: es bien posible que los uniformados se hayan animado a cometer estos despropósitos ante el deliberado silencio de las autoridades políticas que deben fiscalizarlos. Cuando los uniformados además se enteran por sus servicios de inteligencia de cada una de las irregularidades cometidas por los demás poderes fácticos chilenos.

A no ser por algunas filtraciones a la prensa, es muy posible que cada alto oficial al salir a retiro se creyera con fuero para convertirse en millonario gracias a los gastos reservados que se les asignan, además de otras conocidas prebendas, y cuyo detalle de gastos ni siquiera recibía de la Contraloría General de la República una mínima inspección. Por lo mismo es que los últimos comandantes en jefe, sus subordinados de más confianza y familiares se prodigaran en pasajes aéreos, viajes y viáticos por Chile y el mundo. Más allá de las comisiones o coimas que habitualmente los proveedores de armas y pertrechos militares les erogan a quienes están a cargo de la adquisición de armas y el abastecimiento de los cuarteles. Con seguridad, estos oficiales se sintieron tentados a delinquir después de observar cómo su líder castrense, Augusto Pinochet, era favorecido con la impunidad que la política le garantizó a sus crímenes de lesa humanidad, cuanto a aquellas abultadas sustracciones al erario fiscal cometidos por él y sus parientes.

No sería tampoco extraño que las últimas acusaciones contra algunos ministros de corte y fiscales tengan fundamento en la gran salvada de tantos magistrados cómplices o encubridores respecto de los delitos de la Dictadura, la mayor parte de ellos ahora ya jubilados y en la completa seguridad que nunca su abyección y lenidad será sancionada. Es posible, por ejemplo, que los magistrados de la Corte de Apelaciones de Rancagua (hasta aquí tres) se creyeran facultados para percibir,  al igual que los políticos, sumas de dinero prevenientes de los narcos y delincuentes de cuello y corbata que, como se ha descubierto, cuentan también con diestros operadores para repartir dinero o sobresueldos a algunos jueces, aunque en cantidades, al parecer, más modestas que las que se repartieron entre los miembros del Poder Legislativo, los municipios y los partidos políticos. Porque en el escalafón de los poderes del Estado, sin duda los jueces son los más baratos a la hora de vender su conciencia.

En este estado de descomposición general de nuestras autoridades e instituciones públicas, por qué no suponer, además, que los mismos delincuentes comunes se sientan tentados a delinquir hasta los niveles alarmantes que hoy se conocen. Que los portonazos y el lucrativo negocio del narcotráfico, por ejemplo, se alimenten de las malas prácticas de los poderosos, de los que mandan y deben velar por el orden público. Cuando hasta los mismos obispos y sacerdotes vienen perdiendo credibilidad y autoridad moral para reclamarles buena conducta a los jóvenes que escandalizan y abusan.

A lo que se puede sumar el mal comportamiento de altos personeros de otras instituciones morales que hoy permanecen en sueño o únicamente al acecho de cargos y buenos negocios, como algunos de los magistrados imputados y que se les señala como integrantes de las logias masónicas.

De esta forma es que hasta las policías son interpeladas duramente por la población, a causa de que no pocos de que sus integrantes se descubren entre las bandas delictuales, los asaltos y hasta las más graves infracciones del tránsito. Cuando en los mismos cuarteles policiales se reconoce la pérdida de armamento disuasivo y de guerra que, no sería extraño, sea la que exhiben los más desinhibidos mafiosos en los funerales de sus capos.

En imágenes que le sirven a los chilenos y ahora al mundo para constatar que la democracia chilena no es la que se presume y que, así como vamos, seguramente nos vamos a ver arrastrados al fango en que viven los países más corruptos de la Tierra. Si no fuera porque todavía existen ciudadanos o héroes civiles que se atreven a salir a las calles y demandar esa justicia y libertad que se nos ofreció antes que los referentes de derecha a izquierda consolidaran su feliz connivencia bajo el imperio de la Constitución de Pinochet y el orden neoliberal. Cuyo ideario ha infiltrado las convicciones de los políticos más rebeldes del pasado. Y el de no pocos jóvenes políticos de hoy.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

sábado, 23 de marzo de 2019

La violencia nuestra de cada día



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Es muy explicable el impacto mundial causado por el ataque perpetrado por dos jóvenes brasileños al establecimiento educacional de donde habían egresado, en una masacre que provocó la muerte de unos diez estudiantes y maestros. Un horror que suele ser frecuente en los Estados Unidos, pero no tanto en América Latina donde los grados de violencia son también muy altos e insensatos.

Las pavorosas imágenes transmitidas por nuestros canales de televisión y por internet han llevado a algunos comunicadores a sostener que, en relación a otros, Chile escapa o apenas roza la lacra de la violencia criminal. Sin duda una pretensión similar a aquella falsa creencia de que tampoco en nuestro país existen los índices de corrupción que afectan a otros países, pretensión que en poco tiempo se ha desmoronado con los severos y reiterados ilícitos cometidos por la clase política y empresarial, además de los fraudes y desfalcos millonarios de Carabineros y cada una de las ramas de la Fuerzas Armadas.


Sin duda, todavía salvamos de acciones tan espeluznantes como la ocurrida recién en Sao Paulo, pero en ningún caso podríamos negarnos a que el fenómeno de la violencia ya está entronizado en nuestra sociedad, en sucesos registrados cotidianamente por nuestra prensa y muy especialmente la Televisión. Por sobre lo que sucede en la política, la economía, la cultura o el mismo deporte, son los portonazos, los asaltos callejeros, los femicidios y tantos otros delitos los que más destacan los principales titulares de nuestros medios de comunicación. Al mismo tiempo que los sondeos de opinión pública constatan la creciente preocupación de los chilenos respecto de su seguridad, tanto que ya se ha consolidado en un lucrativo negocio la venta de todo tipo de servicios para registrar e identificar las acciones delincuenciales en los barrios, calles y viviendas de todo el país.

Es curioso, pero ya no existe asalto o despropósito criminal que no sea registrado por las cámaras instaladas por doquier a lo largo y ancho del país y cuyas imágenes, por supuesto, sirven de valioso material periodístico para los noticiarios de TV, así como para alimentar el morbo de los cibernautas. Ninguna estadística nos señala, sin embargo, que estas medidas y recursos, como los propios drones de la policía y las municipalidades, nos estén previniendo realmente de tales delitos. Por el contrario, todo indica que un porcentaje muy alto de la población ya ni siquiera denuncia muchos de estos atentados, en la desconfianza que ha crecido respecto de la probidad y eficiencia de las policías, jueces y fiscales.

Al mismo tiempo que se agota la capacidad de las cárceles para encerrar a tantos infractores, son ahora los gendarmes de nuestros numerosos penales los que se quejan de ser acusados por su presunta complicidad con los internos dispuestos para su vigilancia y cuidado. Porque también los opinólogos, que tanto abundan en nuestros medios, han descubierto que es rentable al raiting especular con la idea de que existe en la administración de justicia una puerta giratoria para que los delincuentes entren a las cárceles, pero vuelvan prontamente a las calles prácticamente impunes.

Si la delincuencia no siquiera creciendo y alarmando cada vez más a los chilenos, el Gobierno no estaría impulsando una ley para que las policías puedan hacer “controles de identidad” a partir de los 14 años de edad, iniciativa de la cual Piñera dice contar con un masivo apoyo ciudadano, aunque su propuesta está recibiendo el repudio de las organizaciones de Derechos Humanos y de protección a la niñez.

Se sabe que la violencia que asola a tantos países es directamente proporcional a sus índices de pobreza, pero sobre todo de desigualdad entre sus habitantes. Además de comprobarse que no basta con otorgar más recursos a las policías o hacer cada vez más sofisticado los sistemas de vigilancia callejera para purgar este mal, cuyas alarmas y “botones de pánico” ahora están en cada vehículo, cuanto, en barrios y casas, además de bancos, estadios y toda suerte de recintos públicos y privados.
En el caso chileno, los gobernantes y parlamentarios son muy diligentes en aprobar leyes y normas para hacer frente a la violencia, otorgándole mayores fueros a las policías para enfrentar el descontento social.  De forma que otra vez un carro lanza aguas ha provocado lesiones graves a una estudiante de la Universidad Católica de Valparaíso que desfilaba como los centenares de miles de mujeres en su Día Internacional. Pero lo que no existe son medidas y correctivos para redistribuir el ingreso, elevar el salario mínimo y las posibilidades de empleo, aumentar el monto de las pensiones, hacerles frente a las especulaciones de las farmacias y laboratorios, entre tantas otras lacras que alimentan la decepción y estimulan la violencia. Así como tampoco se encara eficientemente el creciente tráfico y consumo de drogas que condena a una enorme cantidad de menores a abandonar sus estudios y desahuciar una vida digna. Todo esto porque, por mucho tiempo también se creía que el narcotráfico era un tema ajeno y que Chile era a lo sumo un pasadizo de la droga, pero sin que ésta llegara a ser consumida por nuestra población.

Esta pretensión de sentirnos superior a nuestros países vecinos, o creernos “un país mediterráneo, pero en un mal barrio” (como llegó a escribirse) nos ha conducido a enfrentarnos tardíamente a los problemas más acuciantes de nuestra población. Haciendo gala de una arrogancia que se expresa en darle la espalda al continente y renunciar, por ejemplo, a la posibilidad de enfrentar más coordinadamente con nuestros vecinos problemas que nos son comunes y traspasan nuestras demarcaciones geográficas.

Renuentes a aceptar, en realidad, que hay naciones de nuestra región en verdadera posibilidad de hacerse más soberanos, ricos y promisorios en relación a un país prácticamente mono productor y cuyas reservas naturales están hipotecadas al extranjero, bajo la férula estricta del colonialismo. Con un sistema institucional vergonzoso, además, si se considera que es hereditario de la constitución pinochetista de 1980. Por lo cual mantenemos un severo pendiente democrático, si se considera la pobrísima participación ciudadana, la consiguiente falta de legitimidad de las autoridades, el descalabro general de los partidos políticos y la ausencia de organizaciones sociales.

Añadiendo a lo anterior, el déficit de ser uno de los pocos países de América Latina que todavía no reconoce su plurinacionalidad y mantiene una larga guerra racista y de ocupación en territorio mapuche. Un conflicto que suma cada día más víctimas y luctuosos episodios. Sin descartar ahora el riesgo de que todo remonte y alimente la posibilidad de otro quiebre institucional, una confrontación como la encarnizada Revolución de 1891, o nos condene a hechos de violencia tan inauditos como el bombardeo a La Moneda en 1973 y el homicidio de los dos últimos presidentes constitucionales. Episodios que hablan, más bien, de que siempre en nuestra historia hemos estado a la cabeza de los países más violentos de la Región, donde los atropellos a la paz social son nuestro pan de cada día.
Aunque, de momento, escapemos de aquellos hechos terroristas de nuestro pasado no tan remoto, por lo demás. Probablemente porque siempre han sido instigados y ejecutados por la ultraderecha, muchos de cuyos activistas hoy son los que nos gobiernan y siguen al abrigo del poder.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

miércoles, 13 de marzo de 2019

Chile Estado Fallido


 Por Eduardo Contreras:
La forma superior de organización política de toda sociedad humana es el Estado, cualesquiera sean sus formas o tipos conforme sus específicos orígenes, sus procesos históricos y las respectivas correlaciones de fuerza.
La sociedad concreta de que se trate designará según proceda y mediante los respectivos instrumentos jurídicos - en primer término, la respectiva Constitución Política - los órganos concretos encargados de la administración estatal, ya se trate de regímenes presidenciales, parlamentarios, u otros. Punto aparte, pero igualmente con organización jurídica propia, son aquellas viejas reliquias históricas denominadas monarquías a las que determinados sectores, pese a la realidad, les atribuyen todavía origen divino.

Obviamente, casos trágicamente distintos y especiales, son los regímenes dictatoriales en que el poder y control total de la sociedad sólo es ejercido por la fuerza bruta y el crimen y los órganos del Estado o no existen o carecen de sentido y eficacia reales.
Lo dicho no explica el asunto de fondo que es el Poder real en la sociedad.  El cual está determinado por la propiedad de los medios de producción y por la fuerza física, es decir los ejércitos, las fuerzas armadas del respectivo Estado.

En nuestro caso la debilidad del Estado está dada por un conjunto de factores a los que no pareciera prestárseles la debida atención pese a que de ellos depende la estabilidad democrática de la sociedad chilena.

Desde luego aparece contradictorio y absurdo que se pretenda un desarrollo democrático en un país cuya norma jurídica fundamental, la Constitución Política del Estado que establece y regula los órganos estatales y establece deberes y derechos recíprocos entre Estado y ciudadanos, sea aquella elaborada en dictadura por un pequeño puñado de agentes del régimen más brutal de la historia de Chile.
Peor aún es que la sociedad en su conjunto no persevere en su lucha por terminar con este enorme absurdo político y jurídico que sólo puede explicarse por la circunstancia objetiva que la dictadura nunca fue derrotada, sino que un determinado sector político pactó esta salida negociada en la que vivimos.

Aunque se trate de temas que deben ser tratados con mayor extensión y profundidad, estimamos que dada la actual situación política de nuestro país al menos corresponde llamar la atención sobre estos asuntos de fondo y revisar el funcionamiento de algunos de estos órganos. Hay que observar situaciones que deben ser enfrentadas.

Desde luego constatar y analizar los efectos que acarrea la grave corrupción que afecta a dos de los elementos del Poder político real de nuestro país, es decir por una parte a los propietarios privados de los medios de producción y controladores de la economía nacional, que, en el caso chileno, no es precisamente el Estado y por otra parte lo que sucede en los institutos armados, las diversas ramas de las Fuerzas Armadas, Carabineros y la Policía de Investigaciones.

La reflexión debe centrarse en estos últimos factores. No sólo porque al fin de cuentas la corrupción es connatural a la economía capitalista, parte de su funcionamiento y de la articulación a sus políticos afines, sino porque además el peligro para la estabilidad democrática del Estado es mucho mayor cuando se trata del quiebre moral al interior de órganos del Estado que manejan la fuerza de las armas. Y, muy lamentablemente, de esto se habla poco o nada en los análisis políticos.
¿Qué tan normal puede ser que un Comandante en Jefe, la autoridad suprema del ejército del país, esté procesado, detenido, o en prisión preventiva por malversación de fondos estatales?

¿Y que otro Comandante en Jefe del Ejército, aquel que proclamó un “Nunca más” con el aplauso de aquellos que le creyeron, ¿esté procesado por crímenes de lesa humanidad?
¿Qué tan normal que hoy esté querellado criminalmente el Almirante Jefe de la Armada por su ilegal sabotaje a las investigaciones judiciales por los delitos de lesa humanidad perpetrados en dictadura por los marinos? ¿O que la Esmeralda, barco de la muerte siga siendo objeto de homenajes hasta de parte de gobernantes del país?

¿Qué tan normal es el robo de miles de millones de pesos por los mandos de todas las ramas de nuestras FFAA, de Carabineros y de la Policía de Investigaciones?
¿Qué tan normal que varios ex altos jefes de los institutos armados y Carabineros protesten y ataquen a los tribunales porque se investigue los crímenes y delitos de otros altos mandos?
¿Qué tan democrático, qué tan normal es todo esto? Lo que sucede en esos órganos estatales es gravísimo, pone en jaque las instituciones, es un quiebre al aparato estatal, es la expresión de la colusión de los grupos económicos y los institutos armados. El largo silencio de algunos sectores en denunciarlo ¿será compromiso asumido entre quienes pactaron esto que llaman “transición a la democracia” ?

Otro órgano estatal es la Presidencia de la República. Los lamentables antecedentes históricos del actual ocupante de La Moneda son de sobra conocidos. A ellos debe agregarse ahora su gestión de este período y la de sus ministros.
Piñera es el presidente que citó hace un tiempo a autoridades judiciales a su despacho para hacerles presente su reproche por algunas sentencias. ¿Con qué fundamento legal?

Violando todos los Tratados y Convenciones Internacionales, han reconocido a un sujeto sin sustento legal como “presidente de Venezuela” y a una señora venezolana radicada en Chile como “embajadora”. Apoyan, junto a otros del llamado “grupo de Lima”, el intento del gobierno de los EEUU de Norteamérica de hacerse del petróleo venezolano, como hiciera con el cobre chileno en 1973.

Todo lo que ha hecho Piñera en apoyo al esfuerzo golpista en Venezuela es un atropello al Derecho Nacional e Internacional. Ha violado normas expresas de la propia Constitución pinochetista, entre muchas por ejemplo las del artículo 32 numeral 15 y ha violado Tratados Internacionales, como por ejemplo el artículo 7 de la Parte II de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados
El gobierno de Piñera ha llegado a extremos como cuando dispuso que su embajada en Caracas informara a los chilenos residentes de la existencia de una realidad que era absolutamente falsa. En efecto, durante los días de la fracasada maniobra de Cúcuta, la embajada chilena en Venezuela llamó a nuestros compatriotas a prepararse para una situación muy crítica.

Como si fuera fin del mundo, como si cayera el gobierno, conminó a los chilenos a acopiar agua, alimentos, medicamentos, limitar sus movimientos, no moverse de sus casas, etc. Las típicas instrucciones cuando se está al borde de la guerra. Era lo que esperaban ocurriera el famoso día 23.
Con la escasa excepción de algunas fuerzas políticas que mantienen respeto real por el Derecho y la Democracia, la derecha chilena y buena parte de los sectores del llamado “centro político” no parecen preocupados por estos lamentables sucesos.

Pero lo cierto es que, como si ya no tuviéramos suficientes y graves problemas con lo que ocurre en esos otros órganos estatales a que nos hemos referido, la Presidencia de la República, órgano de primerísima importancia ha violado normas jurídicas de la mayor importancia y trascendencia, debilitando de esta manera el ya precario Estado.

Concluyo esta nota recordando que hace pocos meses, en una librería del Puerto de Santa María, Andalucía, España, me llamó la atención un pequeño librito de Umberto Eco llamado “Contra el Fascismo” que no es sino la transcripción de su conferencia “El Fascismo Eterno” dictada el 25 de abril de 1995 en la Universidad de Columbia.

Entre muchos interesantes conceptos entregados allí por el intelectual italiano podemos rescatar su alerta a la nueva ofensiva fascista que ya entonces se dejaba sentir en diversas partes del mundo y decía “ El ur-fascismo está aún a nuestro alrededor, a veces vestido de paisano…. Nuestro deber es desenmascararlo y apuntar con el índice a cada una de las formas nuevas, todos los días, en todos los rincones del mundo. “
De eso se trata, de no perder la memoria y estar alertas. Como dice Eco, este fenómeno “no se restringe al ámbito político ni tiene fecha de caducidad porque tras un régimen y una ideología hay siempre un modo de pensar y de sentir, un sustrato que puede ser el germen de una nueva ola fascista”

Uno de los deberes principales de las fuerzas progresistas de nuestro país es sin duda llamar al respeto de las normas jurídicas, a terminar con el peligroso juego de pasar por encima de las disposiciones que regulan las relaciones internacionales, a exigir que se sancione las violaciones al Derecho, caiga quien caiga, y a defender la dignidad y la independencia del   Estado de Chile a fin que deje de ser, como es hoy en el caso Venezuela, marioneta de una potencia extranjera.
eduardocontreras2@gmail.com



martes, 21 de noviembre de 2017

Chile ¿Elecciones, otra vez?

Por Pablo Salvat Bologna:

Si, y en muy poco tiempo más. Y en principio, son distintas en algunas cosas de las anteriores. En primer lugar, se pondrá  a prueba el nuevo sistema de cálculo electoral, el cual pretender ser la superación del binominal, después de tantos años ¡Segundo, se eligen también los  Cores, los presentantes regionales los cuales, se supone, podrán ayudar a una mayor descentralización. Tercero, se eligen al mismo tiempo, miembros al parlamento.


Cuarto, hay fuerzas nuevas políticas que pretenden asumir otra forma de hacer política y de proyectar el país.  Resulta por tanto, en principio, una importante elección para el país. Y, sin embargo, lo que planea de manera directa o subrepticia, es el fantasma de la tasa de abstención. Abstención que ya fue muy alta en las últimas presidenciales en las que salió electa M. Bachelet. Todo esto en el marco de una votación no obligatoria. Llevamos ya muchos años con la presencia del abstencionismo; con la percepción ciudadana de que no vale la pena darse la molestia de ejercer el derecho a voto. No deja de resultar en principio paradojal: durante años se luchó en el país para recuperar credenciales democráticas, entre las cuales, el derecho a voto.

Sin embargo, con el tipo de transición implementada muy a la usanza internacional, partiendo por el caso español-, mediatizada  y tutelada por una globalización modernizante neoliberal, se ha logrado vaciar el proceso democrático de sentido y significado; se lo ha reducido a rituales formales de procedimientos, e inhabilitado en sus resultados electorales para incidir en los problemas profundos que se viven en el día a día.  El ciudadano, varones y mujeres, se percatan cada vez más de este impase y de las consecuencias que trae. Por lo cual resulta casi un lugar común hablar hoy de que estamos ante una crisis de la política realmente existente,  y de la noción liberal-elitaria de representación que la acompaña. 

Esta situación estaría mostrando no tanto una desafección ciudadana con el ideal democrático en sí mismo, sino más bien, con un tipo de ejercicio del poder pretendidamente democrático, cada vez más cooptado por las lógicas unilaterales y elitistas del poder establecido (nacional e internacional), del dinero y los medios de comunicación empresarios. Por eso, puede decirse que la democracia que tenemos se vuelve una democracia de espectadores y/o maniatada,  incapacitada  y limitada para formular programas de acción y diagnósticos capaces de enfrentar la raíz  de los problemas que enfrentamos como sociedad. Lo novedoso  es que esta evaluación de la marcha democrática no es solo algo nacional. Se presenta en muchos otros países y continentes.

La actual realidad política calificada como  “democrática”, muestra  una serie de rasgos distintivos, frente a los cuales los pueblos se expresan y reclaman. Entre otros: una tecnificación del quehacer político y gubernamental, donde se supone que sólo los que “saben” o son ricos,  tienen que ejercer poderes y ser elegibles;  los más,  son una masa ignorante e irracional que debe remitirse solamente a votar cuando y como se le indique. 

Al mismo tiempo, estamos en medio de una crisis del sistema de partidos, porque estos ya no vehiculizan intereses generalizables, proyectos de país  o expectativas ciudadanas, encapsulados como están, en sus lógicas de influencia y repartición de poderes. Otro elemento importante e influyente de la política realmente existente, ha pasado a ser  la presencia  transversal izada y permanente de la corrupción en las elites (es cosa de ver nada más lo que ha pasado con el desfalco de Carabineros por ejemplo)

Presenciamos una  tendencia hacia diversos tipos de corrupción, en clara connivencia algunas veces con el sector privado  que hace de financista de políticos y elecciones, pero que, obviamente, les cobra después “peaje” de vuelta (por ejemplo, lo sucedido con la ley de pesca)  haciendo imposibles y engañosas las promesas electorales.  Todo lo cual genera una sensación de creciente impotencia y  desinterés hacia la política y los “señores políticos”.

 También hay que sumar a esto una  percepción  de que, cada vez más, la realidad democrática limita  en todas  direcciones con las imposiciones de un orden global neoliberal y sus instituciones (OCDE, FMI, BID, BM, OMC, entre otras)  mediante las cuales  el capitalismo y la lógica de  mercado fijan las condiciones  de lo que es y no es posible, suplantando claramente, la expresión de la soberanía popular y ciudadana. Fíjese, ya lo hemos visto: hace no mucho se expresó en esa dirección el presidente actual de la Bolsa de Comercio de Santiago,  al diario

El Mercurio. Allí dijo que si no saliera elegido Piñera, habría una alta probabilidad de que tengamos un colapso en el precio de las acciones. Fue, como no,  respaldado por todo el directorio de esa Bolsa.  Por último,  tenemos que consignar la tendencia ostensible de convertir la política, su discursividad y accionar,  en pura imagen. La imagen y lo que proyecta, lo es todo; los actos, las palabras, sus significados y contenidos, casi  nada. La política se hace a través de la televisión y  los medios de prensa – que están, a su vez, concentrados en manos de grandes consorcios y transnacionales-, y son ellos los que de manera unilateral y arbitraria, fijan cuales son los candidatos, partidos y programas que valen la pena y cuáles no. 

Lo que ha llevado muchas veces tanto a parlamentarios como a presidentes, al abandono de sus propuestas de gobierno y acción prometidas; y al  ciudadano, a la apatía, al escepticismo, a la protesta o a la privatización de sí y a la auto explotación, como medios para intentar acceder a nuevos bienes y derechos, ascender en el escala social  o a pagar las deudas. Veamos algunos datos. Fíjese que en abril del año pasado, según  el  Barómetro de la Política (encuesta Mori-Cerc) sólo un 13% de los chilenos afirmaba que el gobierno gobierna para todos los chilenos. En octubre de este año, la encuesta de la Corporación Latino barómetro consignaba que, en promedio, en América latina, un 75% cree que se gobierna en función de unos cuantos grupos poderosos, para su  beneficio. En Chile, apoyan esa afirmación un 81% de los entrevistados.

Pero hay más. En promedio, en el continente, sólo un 5% cree que vivimos en una democracia “plena”. Y en conjunto, sólo un 30% de los latinoamericanos está satisfecho con la democracia que vive en su país. Todo lo cual muestra, digámoslo al pasar, que no hay ningún país o gobierno que pueda andar dando clases o ejemplos de democracia a otro.  Pues bien. Esos son algunos de los datos que avalan la crisis de legitimidad en que está envuelta la democracia realmente existente. No el ideario normativo democrático. Pero  volvamos al inicio: hay que ir a votar?

Por quién votar entonces? No es fácil responder. En lo personal, creo que uno tiene que ejercer su derecho a voto. Al menos, como forma de expresarse, de dar señales, de señalar rumbos alternativos posibles. Lo sabemos, la abstención  favorece a los más poderosos. Si uno pertenece al porcentaje de descontentos con la marcha del país y de sus élites, tendría que ir a votar por todos aquellos que, al menos, dicen ser críticos del modelo neoliberal actual, de las élites, de su forma de hacer las cosas, y que se proponen, en conjunto con la ciudadanía, una serie de modificaciones importantes del entramado institucional que nos rige.

Que esta  elección pueda decidirlo todo? No lo creo. Que esta  elección pueda provocar una ruptura más radical con el orden existente, no se ve muy claro tampoco. Sin embargo,  hay allí fuerzas que pueden ir representando la construcción conjunta de un ideario de país alternativo al actual.  Eso es algo a no desechar, con todas sus limitaciones. El trabajo de forja de una alternativa (no una alternancia) republicana y democrático-radical, anti neoliberal, a favor de una democracia participativa y plena, no sólo en lo político, sino también en lo económico-social, lo medioambiental, lo sociocultural, es un camino pedregoso y largo. Pero ya es tiempo de ponernos en camino. Como dice el poeta: “se hace camino al andar..”

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