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miércoles, 30 de septiembre de 2020

Estados Unidos y Colombia. Con estas democracias, no se necesita de dictaduras

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

Para nadie es un secreto que Estados Unidos y Colombia configuran el dúo dinámico fundamental a través del cual gira la ejecución de la política intervencionista contra Venezuela. Más allá que ambos países son administrados por gobiernos de la ultra derecha extremista que con características propias, en lo interno, desarrollan políticas de apoyo de los sectores minoritarios que se encuentran en el pináculo de la sociedad, y en lo externo son rey y peón en la agresión a otros países. Algunos analistas se preguntan si lo que acontece, no es más bien, expresión de las propias crisis internas que atraviesan a su sociedad y su Estado.

En este sentido, el fin de semana pasado con pasmosa coincidencia fueron publicados dos artículos que muestran sin cortapisas las complicadas situaciones que se desprenden de la crisis institucional y el déficit democrático de dos naciones que se venden como ejemplos a seguir en esas materias.

El primero, un artículo titulado “Estados Unidos. Receta para el caos: las elecciones de 2020 amenazan con romper a un país ya llevado al límite”, escrito el pasado sábado 26 de septiembre  por David Smith corresponsal del periódico británico The Guardian en Washington, hace un largo análisis respecto de la ostensible carencia de garantías electorales de cara a las próximas elecciones en el país norteamericano. El periodista alerta que estas elecciones “podrían quebrar a Estados Unidos”, un dilema que supera la definición de quien ocupará la Casa Banca por los próximos cuatro años.

Smith opina que: “Existe una sensación generalizada de que el destino de la democracia constitucional más antigua del mundo está en juego”. Cree, que a los efectos de la pandemia de coronavirus, el colapso económico y el remezón producido por el rechazo al racismo, se le suma ahora la posibilidad de una elección que no ofrece garantías democráticas, todo lo cual reúne “una receta para el caos”.

En todo esto, el elemento más perturbador es la actitud del presidente Trump que ha estado creando condiciones para justificar lo que él llama “la elección más manipulada de la historia”, ante la cual se ha negado a confirmar si en caso de perder, permitirá una transferencia pacifica del poder. En esta situación, el país podría ser conducido a una crisis constitucional de inéditas consecuencias, que podría significar incluso el enfrentamiento armado si las huestes de Trump salen a la calle a manifestarse a favor de su “engañado” líder.

Los instrumentos de Trump para generar desconfianza respecto del voto por correo que se supone será mayoritario a favor de los demócratas, ha pasado por el nombramiento de Louis DeJoy, un donante republicano como nuevo director general de correos. DeJoy se apresuró a tomar medidas para hacer que el voto por correo sea más difícil, incluyendo “la eliminación de los buzones de correo de las calles y la codificación de las máquinas clasificadoras”.

En este sentido, Smith cita a Neil Sroka, portavoz del grupo progresista Democracy for America, quien afirmó que: “Donald Trump tiene los dedos en las palancas del poder y claramente las está maniobrando de todas las formas posibles, legales y posiblemente ilegales, para tratar de asegurar una victoria estrecha en noviembre”, agregando que: “La amenaza de supresión de votantes es muy real. Ya estamos viendo llamadas automáticas en lugares como Pensilvania que disuaden a las personas de votar anticipadamente, votar en ausencia o divulgar información errónea”.

Estas acciones están encaminadas a mostrar en primera instancia a un Trump triunfante en las urnas cuyos resultados son obtenidos el mismo día de las elecciones, de manera que cuando se comiencen a registrar la mayoría de votos demócratas provenientes del correo, ya el presidente haya declarado su victoria generando en la opinión pública la idea de que tal modificación de las cifras son producto de un fraude.

El periodista británico avizora que este escenario podría también ejercer una tremenda presión sobre los medios de comunicación, que evitarán manifestarse como hicieran la noche de las elecciones de 2000 entre George W. Bush y Al Gore.

En otro ámbito de este conflictivo escenario se inscribe el reemplazo de la fallecida jueza liberal de la Corte Suprema Ruth Bader Ginsburg, porque si como todo indica va a ser sustituida por la ultra conservadora Amy Coney Barrett romperá el equilibrio en la correlación de fuerzas dentro de la máxima instancia judicial del país que sería el ente encargado de definir una eventual controversia en relación al resultado electoral.

Smith recuerda que en el año 2000, fue la Corte Suprema la que decidió a favor de Bush y en contra de Gore en una votación 5-4 “siguiendo líneas ideológicas”. Si las elecciones de 2020 se disputan de manera similar, el tribunal podría volver a ser el árbitro final, en una contienda mucho menos reñida si se confirma el nombramiento de Coney Barret que configurará una correlación 6-3 a favor de los republicanos. De ahí la prisa de Trump por nominar a la nueva jueza, lo cual según Smith “ha alimentado un sentido más profundo de déficit democrático, un abismo creciente entre el gobierno de la minoría blanca de derecha y los valores de la mayoría diversa. Trump perdió el voto popular ante Hillary Clinton por casi 3 millones de boletas, y su último nombramiento en la Corte Suprema significará que la mayoría de los jueces fueron nominados por un presidente que inicialmente no ganó el voto popular”.

Además, la matemática electoral en el sistema político estadounidense expone una falsa mayoría en el Congreso si se parte de la base de que todos los estados eligen dos senadores independientemente de su población. Por ejemplo, Montana con un millón de votos tiene la misma representación que California con cuarenta millones, eso hace que los 53 senadores republicanos representen 15 millones menos de votos que los 47 demócratas.

Finalmente, el artículo exterioriza el peligro que significa que Trump se niegue a abandonar el cargo ante una probable derrota. El presidente ha dicho que: “La única forma en que vamos a perder esta elección es si está amañada”, lo cual es entendido como que hará uso de todos los instrumentos legales o ilegales para no abandonar el poder. Al respecto, el autor del escrito cita a Rashad Robinson, presidente de Color of Change, una organización de justicia racial quien al referirse a Trump dice que: “Lo que sí tiene de su lado es que controla la infraestructura federal y entonces la pregunta será, ¿usa esa infraestructura federal para hacer trampa? Y lo que sabemos sobre Donald Trump es que no ha hecho nada en su vida sin hacer trampa”

Esta situación obliga a los demócratas a una amplia victoria si quieren volver a la Casa Blanca. Es la única manera de anular los instrumentos ilegales que el presidente utilizará para sostenerse en el poder. La incerteza de que se produzca esa dilatada diferencia es lo que está generando incertidumbres, dudas y angustias respecto del futuro inmediato en la que se ha autodenominado la más perfecta democracia del planeta.

En tono similar pero no referido de manera directa a una dinámica electoral inmediata, el domingo 27 de septiembre el senador colombiano Gustavo Petro escribió un artículo en el portal Cuarto de Hora al que tituló “Un Congreso de la República de pacotilla”  en el que advierte respecto al peligroso rumbo que ha tomado su país, sustentando su punto de vista en: “La debilidad manifiesta de Duque, tanto para gobernar como para ganarse el apoyo popular; la debacle política de Uribe y del uribismo que ya no tienen propuestas serias para solventar la crisis que vive la sociedad colombiana, como  no sea entregar más y más recursos a las grandes corporaciones privadas del país sin importar la ruina de la economía o del pueblo hambriento”.

Tan atrevida aseveración se fundamenta en que el país está siendo conducido hacia la extrema derecha que se propone “construir una dictadura violenta” a partir de la “destrucción física de sus oponentes”.

El senador de la Colombia Humana señala en su artículo que el ministro de defensa Carlos Holmes se ha dedicado a proyectar su candidatura presidencial ante el fracaso de Duque y el desprestigio crecente de Uribe. Sin embargo, opina que lo está haciendo “simplemente dejando matar gente por la fuerza pública, que sin estrategia alguna, termina en manos de la corrupción, la violencia y el asesinato” y asevera en forma determinante que: “La campaña política de Holmes Trujillo le ha costado muchos muertos al país”.

Pero lo que resulta más peligroso es que según Petro la crisis del gobierno y del uribismo se pretende resolver en primer lugar, concentrando todo el poder público y en segundo, a través de un quiebre constitucional que se manifiesta aen “la masacre de Bogotá, la muerte de Juliana [Giraldo, por un miembro del ejército], y el desacato repetido del ministro de defensa a la Corte Suprema de Justicia”, señalando que todo esto es producto de la desmoralización de la fuerzas de seguridad a partir de la formación que reciben, enmarcada en una doctrina sustentada en el ensañamiento contra el pueblo a partir de su definición como enemigo, heredada de la guerra fría que aún se mantiene en Colombia.

Señala que la exaltación de esta doctrina por parte de los políticos conduce a que se militarice la lucha contra el delito y se comience a considerar a los luchadores sociales como criminales. De la misma manera, se necesita revivir enemigos externos para ser usados como “chivos expiatorios” que le permitan sostener su política, entre ellos reseña “al comunismo soviético, a Castro, a Chávez…”

Considera que la mayor causa de debilidad de la democracia es la desigualdad social que en el caso de Colombia “es la tercera más alta del mundo”, concluyendo que: “La articulación de doctrinas de extrema derecha, enemigo interno, violencia, militarización del narcotráfico, régimen de privilegios, genera el ambiente propicio para la dictadura” que se comienza a expresar como un quiebre constitucional, el cual a su vez se manifiesta como desacato a la justicia, masacres y burla de los asesinados por los gobernantes.

En otra arista del problema apunta que la prensa renunció a jugar su papel de freno a los desmanes del poder, transformándose en propagandista del mismo, “defensora a ultranza de Uribe, destructora de la independencia judicial y macartizadora de la juventud que se rebela”.

Finalmente, en lo que parecer ser el aspecto más importante de su desesperado análisis, el Senador le atribuye al Congreso el papel más triste en este contexto al renunciar a ser contrapeso del gobierno.  En este aspecto denuncia que el parlamento se sometió a un auto silencio que ha permitido el desacato del ministro de defensa ante la paralización que se ha impuesto el máximo ente legislativo para lo cual   inventan “cuanta excusa sea posible para evitar que los parlamentarios se reúnan en su sede”. Considera que este silencio “es el símbolo de la dictadura”.

Denuncia que la alianza entre Duque y el presidente del congreso Arturo Char, ha logrado paralizar ese ente, haciéndolo inexistente e imposibilitándolo de hacer cambios en la situación porque sus mayorías están acostumbradas a “ordeñar” al Estado “a partir de cupos de contratación [y] de la entrega de sectores estatales a sus bolsillos…”

Petro concluye afirmando que la crisis de Colombia se ve reflejada en la crisis del Congreso que caracteriza como “de pacotilla” y de “hazmerreir permanente” al mantener un silencio cómplice ante lo que ocurre en el país.

El Senador opositor cree que el presidente del Congreso es cómplice de la muerte de esa instancia parlamentaria y en general de la democracia, instando a su defensa y a la derrota de la dictadura para permitir que Colombia se transforme en “un país pacífico, productivo y libre”.

Venezuela, un país que como todos, tiene muchos problemas por resolver, debería meditar ante la posibilidad que estos dos países que se han asumido como nuestros principales enemigos, nos quieran imponer a través de la violencia y la fuerza estos modelos de “democracia” que a todas luces adolecen de algunos de los más elementales sustentos que la pueden hacer acreedora de tal condición.

sergioro07@hotmail.com

 

miércoles, 23 de octubre de 2019

Los presidentes de Chile, Perú, Ecuador, masacran al pueblo


Por Diego Olivera Evia:
El Plan Condor crea una crisis mientras Evo Morales logra su victoria
  
Una nueva realidad se crea en Sudamérica a través de los modelos derechistas, que han creado levantamientos en varias naciones, el llamado a la guerra del presidente de Chile,  Sebastián Piñera pinochetista, retoma la violencia, decenas de asesinados y cientos de chilenos en la calle son agredidos a sangre y muerte, llevan al verdadera historia de los crímenes de lesa humanidad, en la épocas de los empresarios salitreros y los cordones laborales, la miseria y las traiciones de sectores del partidos socialista, bajo la traición de Bachelet, corrupta e inmoral, se une a al traidor Luis Almagro.

Haciendo caso omiso a las masacres, y las torturas de los carabineros, y las palizas, marcan la violencia al pueblo chileno. 42 muertos, 12 mujeres violadas, 121 desaparecidos y miles de torturados. Fuente: Comisión Interamericana de DDHH.


Un hecho que no sale en los medios. Y han cerrado cuentas de chilenos que difunden la gravedad de la situación. Si las redes sirven para algo, difundamos, al menos. Es lo que piden.

De la misma manera Ecuador a través del traidor Lenin Moreno, que llamo a masacrar al pueblo y a los pueblos indígenas, para aplicar el modelo neoliberal, como el ingreso de los acuerdos con el FMI, aplicando ajustes que crean una crisis social y humana, donde los grupo indígenas salieron a reclamar sus derechos, y solo recibieron muerte y palizas, de un fascista y ladrón,  con compras de casa en España para su familia, además de apoderarse de los erarios públicos, luego de traicionar a su Partido el PAIS, es un joya de traición y mentira.

De la misma manera el Grupo de Lima, aplico los ataques a Venezuela, Cuba, Nicaragua y los ataques a Evo Morales, creando una guerra contra el pueblo, para querer implantar modelos de derechas, a través de sus acuerdos con EEUU y con las políticas fascistas del mitógeno, Donald Trump, que ha creado divisiones en las sociedades del Continente bajos el conceptos de ser el patio trasero delos gringos, que se apegan a la doctrina Monroe y el Gran garrote, siendo al Plan Condor, la doctrinas del Imperio, que en la búsqueda de controlar a América Latina, aplicar las cañoneras, las sanciones, bloqueos, robos a los ingresos de las naciones que tienen recursos como la empresa SITGO, que pertenece a Venezuela, que ha sido dilapidada por Trump y la derecha parasitaria, que apoya a EEUU, por encima de su Nación Venezuela.

Estos hechos muestran una vez las traiciones de los grupos de poder, que se arrastran a EEUU y la Unión Europea (UE), en contra de las sociedades Latinoamérica, apropiándose de las riquezas del Continente, el abuso de un inmoral como es Trump, ha marcado una era de terrorismo global, aplicando la prepotencia de sus militares, ante esta realidad la capacidad del gobierno de Venezuela, de  frenar los ataques de Colombia, impulsada por una minoritaria oposición con un payaso terrorista como Guaidó, aplica la violencia en su esmirriados actos, como la repulsa de sectores mayoritarios de la oposición, que aceptaron a conversar con el gobierno de Nicolas Maduro, estos hechos marcan claramente, la necesidad de un camino hacia los acuerdos nacionales.

El Plan Condor crea una crisis mientras Evo Morales logra su victoria
El presidente de Bolivia, Evo Morales, resultó electo por cuarta vez en las elecciones del domingo, junto a su compañero de fórmula el vicepresidente Álvaro García Linera, informa Telesur desde La Paz. De acuerdo con los resultados oficiales Morales (candidato del Movimiento Al Socialismo), obtuvo los votos suficientes para ganar la presidencia en la primera vuelta electoral.

Los votos de las zonas rurales y del exterior inclinaron la balanza para Morales que el domingo por la noche, el día de las elecciones, tenía 46,41% de los votos válidos, contra 37,07% de Carlos Mesa.
Para ganar la elección sin mayoría absoluta, Morales necesitaba tener más de 40% de votos válidos, con una diferencia de al menos diez puntos porcentuales sobre el segundo.

«Cada día empezamos a trabajar antes de las 5 de la madrugada y terminamos después de medianoche. A diario entregamos obras en tres y hasta cinco departamentos. No quiero ser el mejor presidente de la historia de Bolivia, quiero ser presidente de la mejor Bolivia de la historia», dijo recientemente el mandatario indígena sobre una eventual reelección.

El Tribunal Constitucional boliviano autorizó en noviembre del 2017 la Re postulación de Morales en los comicios presidenciales que se celebraron este 20 de octubre.
Datos del organismo electoral boliviano confirman triunfo de Evo Morales.
Morales aspira a mantener a la nación como líder del crecimiento económico de América Latina y referente en cuanto a la distribución de las riquezas.
Entretanto, la jornada comicial del domingo se desarrolló con total normalidad, de acuerdo con los reportes del Tribunal Supremo Electoral (TSE). Además, la votación estuvo acompañada por 200 observadores de organizaciones internacionales.

Una visión de la crisis moral del capitalismo
Estos hechos que hemos analizado marcan los continuos vaivenes de la realidad, de un modelos capitalista, neoliberal han creado a través de la economía monopólica, marcan el intento de crear un continente sumiso a las reglas del imperio más corrupto de la historia, a manera descriptiva Trump en una entrevista en Italia, llego a afirmar que EEUU y el imperio Romano, son de la misma época, lo que muestra que el actual mandatario gringo, no tiene ni cultura, que no sabe nada de diplomacia, que aplica la políticas del gran garrote.

Para insultar a los presidentes de la Unión Europea, tratando de contralar a la naciones y controlar militarmente al mundo, obviando la  Organización de Naciones Unidas (ONU), para perpetrar la piratería, los controles económicos, as sanciones, el libre negocio de las drogas por la DEA, marcan la realidad de una sociedad global, en crisis y naciones que buscan salirse del poder de EEUU, como son Rusia, China, India, Sudáfrica, mientras Brasil desaparece por el Fascismo, en sus acuerdos internacionales

(*) Periodista, politólogo y analista internacional
diegojolivera@gmail.com

lunes, 12 de agosto de 2019

Es una constante en el imperio, pero agudizada con el xenófobo Donald Trump.


Por Sergio Ortiz:
El fin de semana del 3 y 4 de agosto tuvo dos masacres en EE.UU., con al menos 32 muertos.

Es larga la historia de masacres perpetradas en Estados Unidos dentro de escuelas, locales comerciales, bares, boliches bailables, recitales, cuarteles y dependencias municipales. No están asociadas a un color político, demócrata o republicano, aunque últimamente han recrudecido bajo la administración del neonazi Trump.

Ese fue el caso de la producida el 3 de agosto en el interior de un supermercado Walmart, en la ciudad El Paso, Texas, ciudad fronteriza con México. Allí un joven supremacista blanco (eufemismo utilizado por los medios para no decir neonazi) asesinó con un fusil AK-47 a 22 personas e hirió a tres decenas.
El lugar elegido para la matanza, El Paso, tiene 680.0000 habitantes, con 85 de su población hispana, sobre todo de origen mexicana. La ciudad y el Estado de Texas son centro de los ataques políticos y controles policiales y militares del gobierno de Trump contra los inmigrantes.


Según el presidente, por esa frontera ingresa una invasión de delincuentes, narcotraficantes y asesinos, por lo que existen en sus alrededores muchos centros de detención de los inmigrantes. Se los detiene al traspasar la línea fronteriza, incluso les separan a los hijos menores. Más de 2.000 criaturas habían sufrido esa separación en el último año.

En octubre de 2018 Trump había condenado a los inmigrantes latinos que pugnaban por entrar a territorio estadounidense huyendo del hambre y conflictos en sus naciones centroamericanas. «¡Esta es una invasión de nuestro país!», dijo y envió 5.200 soldados a reforzar la frontera.
El autor de la masacre del 3 de agosto en el Walmart de El Paso, Patrick Crusius, antes de empezar a los tiros con su fusil subió a un foro web de xenófobos sus comentarios de por qué estaba a punto de asesinar gente. Su manifiesto destilaba odio hacia los inmigrantes.

Queda a la vista la identificación política e ideológica del criminal con el ocupante del Salón Oval, porque una de las constantes de sus políticas viene siendo la condena a los inmigrantes como delincuentes e invasores. No se crea que solamente calumnia así a los mexicanos de a pie. El 14 de julio les reclamó a cuatro mujeres de la Cámara de Representantes «que se vuelvan a sus países». El úkase fue para Ayanna Pressley, Alexandria Ocasio-Cortez, Rashida Tlaib e Ilham Omar.

Varios factores.
Al día siguiente de El Paso, en Dayton (Ohio), hubo otro tiroteo a manos de otro asesino joven y blanco, Connor Betts, que dejó 10 muertos y muchos heridos. Según la ONG Gun Violence Archive, el número de tiroteos masivos (donde las víctimas son al menos cuatro, sean muertos o heridos) en lo que va del año asciende a 252. Según esa fuente, durante 2019 hubo 32.553 incidentes armados que dejaron 8.577 muertos, 17.016 heridos y 377 víctimas menores de 11 años, entre heridos y fallecidos.

Por supuesto, un fenómeno tan grave como ese no puede tener una sola causa sino que concurren varias.
El diagnóstico más simplista adjudica estas masacres a que hay gente con problemas mentales. Sí, pero las estadísticas arrojan que sólo el 15 por ciento de los involucrados padecía esas enfermedades. Claro que en el imperio hay mucha gente loca, o enloquecida, pero eso no explica el problema.

Otra evidencia, cierta, es que en EE.UU. hay autorización legal para comprar y portar armas, en base a la II Enmienda. Resultado: sobre 321 millones de habitantes hay 290 millones de armas, unas 89 armas cada 100 personas. Incluso se pueden comprar fusiles de asalto en trámites que insumen 15 minutos.
Por ejemplo, Walmart los vende y aseguró que no piensan dejar de ofrecer armas y municiones ni siquiera luego de la masacre de El Paso. Su vocero Randy Hargrove, declaró: «Desde Walmart estamos enfocados en apoyar a nuestros asociados, nuestros clientes y toda la comunidad de El Paso».

Quiere decir que los negocios de las empresas fabricantes de armas y las diversas cadenas de comercialización son parte del problema, y no de la solución. Y junto con ese lobby aparece la pata política, ultraderechista, de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), que fogonera la venta y el uso de armas, y tiene un intenso poder político al mover a 4 millones de votantes y unos cuantos millones más de dólares de aportes a los candidatos de uno y otro partido del bipartidismo yanqui.

Nobleza obliga, si bien el problema de las armas y la xenofobia es de ambos, los demócratas han propiciado algunas limitaciones a la venta de armamento, sobre todo luego de algunas masacres.
Las dos últimas también van a originar movidas similares en el Congreso, pero hasta ahora siempre han fracasado.

Por cierto que el número de masacres y de víctimas fatales y heridos (más las heridas psicológicas que quedan en los sobrevivientes y sus familias) podría acotarse parcialmente con una severa limitación de la venta de armas.

Sin embargo el meollo del drama es político y cultural, no legal ni administrativo. EE.UU. es un imperio belicista que naturaliza la invasión y los crímenes en otras naciones, a las que oprime, desprecia y discrimina. Si su gobierno comete esos crímenes en el exterior, ¿qué tiene de extraño que muchos de sus habitantes los copien fronteras adentro?.

Lo cultural tiene mucho que ver. Buena parte de los 321 millones de estadounidenses, a despecho de grandes pensadores como Noam Chomsky, tienen un bajo nivel cultural. Mucho Hollywood, héroes como Charlton Heston, Batman y cow boys; mucho juego, casinos, droga, Wall Street y espionaje, etc.
Pregunta final, que aclara el concepto: ¿por qué tantas masacres en EE.UU. y ninguna en Cuba? Respuesta obvia, en el país socialista hay otros valores y una cultura de gran nivel. Pueden ser pobres de dólares por culpa del bloqueo, pero son muy ricos en cosas que no cotizan en Bolsa.
ortizserg@gmail.com

jueves, 4 de julio de 2019

El arte de la falsificación sostiene al poder hegemónico


Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:
El poder hegemónico perdió la noción de límites y hace pasar los derechos por su peor momento, con un retroceso solo comparable al momento cúspide de la seguridad democrática, en el que se negaba la existencia de la guerra, se borraba de los informes la palabra conflicto y nada podía ser llamado por su nombre. En el corto periodo del gobierno de todos, se estiraron tanto los límites de las reglas comunes, que se descoyunto el vínculo sociedad-estado y sus terribles consecuencias afectan la vida colectiva, ponen en riesgo las posibilidades de volver a ser un país vivible, e impiden salir del enredo entre la paz esquiva y el terror que regresa.



Para crédulos e incrédulos Colombia no es el país más feliz del mundo y nadie tiene la seguridad de predecir que podrá regresar a casa al final del día sin haber sufrido agresión o daño. Vivir bien es cosa del azar y la fortuna, no del bienestar humano.

Los hechos que contradicen el vivir bien ocurren por miles cada día, el cuerpo y la mente son acechados, atacados, abusados, atracados, robados, asaltados, dañados los bienes, violados, maltratados, sobornados, agredidos y victimas de eventos que niegan la tranquilidad e impiden la convivencia en paz y duradera. Nadie requiere ser pesimista, ni contradictor, para entender que este es el país con mayor desplazamiento del mundo, el campeón del destierro, el primero en la lista del horror por haber asesinado a 230 líderes, lideresas y defensores de derechos en solo 300 días de gobierno y haber matado a 120 excombatientes que confiados en la paz dejaron la lucha armada.

Esas cifras ponen al país en el puesto 145 entre 167 en el índice global de paz, lúgubre posición que lo califica como uno de los más peligrosos del mundo, compartiendo similares condiciones a las de otros pocos a los que los gobernantes de aquí llaman inviables, antidemocráticos y corruptos y muy lejos de Islandia o Finlandia donde a nadie se le ocurriría asesinar a otro por pensar, opinar o ser distintito.

Matemáticamente cada cifra duele, cala en los huesos, por la desgracia de una historia rota y por el asco que produce la muerte y la sevicia de los victimarios, que han llevado a que el país sea acusado de producir el 70% de la cocaína del mundo, que embrutece a más de 300 millones de personas para que pocos puedan hacer lo que les da la gana, incluso hacer depender de su poder la vida de otros.  En otras partes saben que la venganza y el odio cada día aquí matan a 33 personas, sexualmente son abusadas 70 mujeres, no menos de dos niños son también asesinados y otros 7 adolescentes se quitan la vida por cuenta propia, quizá para huirle al horror o negarse a seguir haciendo parte de la tragedia, que no es claro si pasa inadvertida o hace parte de un pacto de silencio social no declarado. 

Lo determinante para que todo siga igual y tienda a empeorar es que el poder no acoge la verdad como un valor esencial del gobernante y el poder lo enceguece. Afuera de la frontera ese poder escapar a los límites de la verdad y habla con vehemencia de paz, respeto por la vida y estrategias para terminar la corrupción, que se roba casi 10 billones de pesos al año usados para seguir corrompiendo. Adentro proscribe toda acción y pensamiento que trate de paz o derechos y se niega con igual vehemencia a reconocer la sistematicidad de la barbarie que ataca a la paz y los derechos.

Y no se fija que el odio está incrustado en su lenguaje, prácticas y acciones, que sirven de apoyo y patente de corso para el atraco callejero, los abusos de particulares contra particulares, los abusos y excesos policiales y militares y la más inhumana barbarie que se reproduce con ejecuciones extrajudiciales, amenazas, masacres, descuartizamiento de cuerpos y cinismo político para negarlo todo. A estos hechos repudiables se suman infraestructuras públicas roídas con sobrecostos, puentes y edificios que se derrumban solos, pasarelas de contratistas que saquean el erario y festejan sus fechorías con nuevas ofertas de contratos, bufetes de abogados que se hacen llamar respetables para tramitar fórmulas de saqueo al erario y la indecencia de los gobernantes que para sostenerse en el poder mienten.

Colombia no es el país más feliz del mundo, talvez sea el más crédulo de la falsedad que campea en el reino de la mentira que aniquila a la ley y la justicia, y en el que imperan los inmorales que con su comportamiento astuto y taimado acostumbraron al país a que sí alguien los descubre mintiendo nadie se lo tome a mal o a lo sumo los perdone. Esta presente el eco y los rezagos de la cultura traqueta incrustada en el poder por los Escobar, Rodríguez Gacha y Orejuelas, Mancuso y otras mafias de la parapolítica que todavía controlan partes sustanciales del congreso, de los gobiernos locales y de las instituciones, quienes a fuerza de mentir han hecho que se pierdan el honor y la verdad como valores colectivos. Las cifras de beneficio personal son logradas con engaño mediante falsos positivos, falsos judiciales, falsas estadísticas, falsos datos, falsos ranking, informes maquillados y desinformaciones pagadas que impiden entender la realidad para cambiarla y dejar atrás las falsas cuentas oficiales.

 El país ha sido sometido a la desconfianza total sobre la esencia de las cosas y los principios, desde políticos e ideológicos hasta físicos, que son completados con una fórmula de psico poder, basado en la moral de ellos (los inmorales) y en infundir temor por lo extraño para permitirse vigilar, controlar y mover a los individuos no desde afuera si no desde adentro, incluso para provocar el suicidio. De esta mezcla de emociones, temores y manipulaciones, resulta la flexibilidad y adaptabilidad que lleva al país al vacío y deja sin esencia a los conceptos, contenidos y significado de las cosas. Estratégicamente el partido de gobierno hace primar la astucia, la hipocresía y la inmoralidad sobre el vació en el que proyectan su proyecto de país sostenido con la falsificación que desencadena procesos de comunicación falsificada y altera el funcionamiento del sistema democrático.

El mismo presidente ya no parece actuar como un peón de su pueblo si no como peón del sistema que sirve a intereses propios y miente para alejarse de las demandas del país. El partido de gobierno interviene, define e influencia la agenda de estado y traza el ritmo, tiempos y conclusiones de los debates actuales centrando su capacidad en desacreditar a sus adversarios y contradictores para imponer su posición hegemónica favorecida por el uso intensivo de medios que replican siempre a su favor. En todo caso como en todo final feliz, de tanto repetirse una falsedad, aunque al inicio parezca verdad, siempre deja un resquicio por el que entra la luz y ojalá entre pronto para retomar el camino que lleva hacia el país en paz, tranquilo y seguro para vivir bien, con bienestar

mrestrepo33@hotmail.com