Mostrando entradas con la etiqueta violar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta violar. Mostrar todas las entradas

viernes, 25 de septiembre de 2020

La mentira como política de estado

 Por Juan Pablo Cárdenas S.:

Si de mentiras se trata, la historia de la humanidad está plagada de falsedades y tergiversaciones. No debe existir país de la Tierra que tenga un registro intachable, pero ciertamente hay estados mucho más mentirosos que otros. El siglo XX y lo que llevamos del XXl han sido testigos de los despropósitos jamás imaginados siquiera por las mentes más perversas. Entre ellas, por ejemplo, las cínicas justificaciones que se dieron para detonar las bombas atómicas, irrumpir en territorios extranjeros y violar sistemáticamente los DDHH en todo el orbe.

Pero lo peor son las mentiras oficiales, el relato histórico escrito siempre por los ganadores. En otras columnas, recordamos la gran falsedad del 18 de septiembre como efeméride de la Independencia Nacional. En múltiples artículos hemos destacado, también, cómo los sucesivos gobiernos chilenos han ocultado la realidad de las grandes mortandades que han ido tejiendo nuestro “orgullo militar” y el gran fingimiento respecto de que somos una democracia seria y estable. Por muchas décadas se ocultó deliberadamente el número de víctimas reales de la Matanza de Santa María de Iquique y de otros tantos hechos deplorables cometidos por el terrorismo de estado. Una práctica que no solo embadurna a la Dictadura Militar sino a varios gobernantes asesinos y a cuyos nombres se les da tributo en las calles, avenidas y plazas del país, en estatuas por doquier y, lo peor, en la inconsciencia colectiva.

Los crímenes del poder van quedando casi todos en la impunidad total. ¡Cómo no envidiar a otros países que, por fin, han decidido denunciar e investigar las fechorías de sus ex gobernantes, aunque sea para hacer verdad más que justicia! Con el ánimo, al menos, de prevenir a sus pueblos respecto de su próximos gobiernos y líderes.

Quizás nunca se concluya en un balance completo de lo que fue el horror pinochetista. Difícil será determinar cuántas fueron las mentiras y a cuántos favoreció la corrupción y el robo organizado de los gobiernos concertacionistas que siguieron gobernando con la misma Constitución que prometieron cambiar apenas el Dictador saliera (impune, por supuesto) de La Moneda. 

Se trata siempre de lo mismo: de la mentira como política oficial. Práctica que en estos días ha descubierto que, en el tratamiento de la pandemia, el gobierno de Piñera y sus colaboradores han falseado las cifras del número real de fallecidos y, mediante una poderosa maquinaria comunicacional, pretende hacer creer a los chilenos que hemos sido uno de los países de mejor desempeño en el mundo.

Cuando a todas luces estamos entre los peor calificados, si se cuenta la cifra oficial de muertos en relación al tamaño de nuestra población. Es decir, si sumar todavía a todas las víctimas ocultas que ha ocasionado el Covid 19.

Piñera es difícil que pueda tener competidores en su condición de mentiroso. Sus discursos y balances, así como el de los presidentes concertacionistas o el propio Pinochet, son inicuamente mendaces y farsantes. Tuvimos que experimentar la pandemia para que salieran al aire todos sus embustes, como los que nos quisieron hacer creer durante las tres últimas décadas. Esto es que éramos un país en el umbral del desarrollo, que lo pobres habían casi desaparecido. O que éramos una de las democracias más sólidas de la Región. Que teníamos un sistema de salud casi tan bueno como el de los países más desarrollados y el narcotráfico no nos había infectado. Además de las patrañas sobre el sistema previsional y el prestigio de nuestra política exterior.

“Miente, miente que algo queda”, dice el aforismo. Al grado que los hijos más dilectos de Pinochet, como el Canciller Allamand, se permiten promover acciones para denostar y procurar la destitución de gobernantes. Reconvertidos, ahora, en caza dictadores, después de ser activos militantes del pinochetismo y estrechos coadjutores de un enclave como Colonia Dignidad, donde se refugiaron varios tenebrosos nazistas para organizar un campo de trabajo forzado, reclusión, tortura y exterminio. Guerra a Maduro, a Cuba y otros regímenes que Donald Trump quiere hacer desaparecer, pero total y cómplice silencio respecto del gobierno chino debido a que este país nos proporciona tan buenos ingresos por el cobre.

La verdad tiene su hora es el título de uno de los libros de Eduardo Frei Montalva, sin suponer que las “razones de estado” llevarían a los gobiernos de la postdictadura a materializar escándalos como el del MOP Gate, el tráfico de influencia ejercido por Sebastián Dávalos Bachelet y aquel conjunto de fraudes y cohechos que se les hacían necesarios para “financiar” la política y enriquecerse personalmente. Delitos que fueron transversales en la política y que, por la parsimonia o lenidad de los Tribunales, sus principales actores han vuelto a aparecer y hasta integrar las nóminas de presidenciables. 

Una colusión amplia de dirigentes y partidos que explica que un Ricardo Lagos Escobar haya alzado su voz para echarle tierra a la investigación judicial respecto de las mentiras oficiales del ministro de salud Jaime Mañalich. A quien tuvimos por más de tres meses en todos los canales de la televisión mañoseando las cifras de la Pandemia y emprendiendo desacertadas medidas en lo que definió como dictadura sanitaria. Hasta que tuvo que ser destituido.

“Hoy por mí, mañana por ti” parece ser el denominador común de la clase política chilena para esconder la basura y las mentiras debajo de las alfombras de La Moneda y el Parlamento. Actuando todos bajo la coraza de la Constitución y las leyes represivas vigentes. Carta Básica que juran siempre respetar y reintentan perpetuar, si el Covid 19 les permite burlar el Plebiscito o si logran obtener derecho a veto en lo que promete ser la primera asamblea constituyente de nuestra historia. Si el pueblo, esta vez, impone su voluntad soberana y defiende su victoria.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

miércoles, 27 de noviembre de 2019

CHILE: CONVOCAN CONSTITUYENTE CON “VÁLVULA DE SEGURIDAD”



Por Carlos Iaquinandi Castro:  
“Algo tendrá que cambiar para que nada cambie”  El Gatopardo, de Lampedusa

Primero recurrieron a la represión, hablaron de “guerra”, y sacaron a la calle a Carabineros y equipos antimotines. Pero era mucho pueblo en la calle y además muchos jóvenes, muchos. Después especularon con el previsible cansancio de los manifestantes. Volvieron a equivocarse, éstos sumaron música, ingenio, arte y más ganas de cambio y siguieron en las calles. Entonces esgrimieron el caos, los saqueos. Aquellos sucesos puntuales se convirtieron en el argumento que le permitía al gobierno hablar de paz y seguridad.



Aunque los detenidos en su mayoría tenían antecedentes delictivos, ellos eligieron confundir y atribuir los saqueos a los manifestantes. Pero también les fracasó cuando más de un millón de personas recorrieron pacíficamente Santiago e insistieron en sus demandas. Había que hacer algo para detener las protestas que ponían en riesgo el propio sistema de poder. No eran suficientes los más de 20 muertos, 2.500 heridos, miles de detenidos o las decenas de privados parcial o totalmente de la vista por los balines policiales.

Fue entonces cuando según sus propias palabras el presidente Piñera dudó entre declarar el estado de excepción y recurrir al ejército para reprimir o bien crear las condiciones para un “diálogo nacional” en el Congreso. Admitió que las demandas en las calles “eran justas y legítimas”. Y así preparó el escenario donde – en los salones parlamentarios - se gestó el “Acuerdo por la paz social y una nueva constitución”. Los posibles náufragos del sistema, escogieron lo que deben haber considerado “el mal menor”. Ofrecer una puerta falsa.

 “Algo tendrá que cambiar para que nada cambie”.

Entonces utilizaron el último recurso: simular que cedían; preparar el engaño, envolverlo en palabras solemnes, como “Convención Constitucional” y activar dos o tres reaseguros “técnicos” para evitar un resultado no deseado. Y lo consiguieron. No fueron solamente los integrantes de Chile Vamos, (los del presidente Piñera) los que aprobaron la propuesta; también los de la ex Concertación, y lo que ya es “completar el cartón”, los partidos del Frente Amplio. Todos, conservadores, liberales, socialistas, democristianos, radicales, acordaron que lo mejor era conceder algo que no implique “retroceso o pérdidas” al sistema que integran. Y en los confortables salones parlamentarios (y en algunos otros más discretos), “cocinaron” el mecanismo para intentar terminar con el movimiento popular en las calles. Y con ello, desmontar los pedidos de renuncia del presidente, y establecer un desvío para que la fuerza de las protestas “se canalice por vías institucionales y democráticas”, eso sí, con final controlado.

No hay peor sordo

Convocan a un “plebiscito” para que, ante todo, la gente diga si quiere o no reformar la Constitución heredada de la dictadura. ¿Es que no han escuchado este clamor de cientos de miles de chilenos por las calles desde hace casi un mes pidiendo Asamblea Constituyente?  La verdadera intención que tienen es terminar con las manifestaciones y “patear hacia adelante” la solución a los justos reclamos. Los parlamentarios cocinaron este acuerdo a puertas cerradas y además tomaron varios reaseguros para desviar a vía muerta las demandas y las luchas populares.

Se han inventado que una de las opciones sea la de una “convención constitucional” que pueda ser “mixta”. O sea, con un 50% de parlamentarios y un 50% de electos por la gente. Pero, además, se aplicará el actual sistema electoral, diseñado para servir a los grandes partidos pro empresariales y de la casta de políticos millonarios. Pero en el caso de que el pueblo se las ingeniara para superar esta carrera de obstáculos, se reservan una “llave” decisiva: para ser aprobadas las propuestas tienen que tener más de 2/3 de los votos de esa “convención”.  Supongamos que, si son 100 miembros, 34 pueden bloquear al resto. El actual sistema quedaría intacto. Y, además, “democráticamente”. Una última “válvula de seguridad” por si falla todo lo anterior.

De lo histérico a lo histórico.

Por eso al concretar el acuerdo se abrazaban y repetían como loros que “era un día histórico para Chile”. Sí, para ellos, porque suponen que será el día que salvaron su status, y la continuidad de un sistema injusto, basado en privilegios y desigualdad. Es ingenuo pensar que ellos harían algo diferente.  Ellos son precisamente quienes aceptaron la herencia de la dictadura y profundizaron sus injusticias, que privatizaron la educación y la sanidad, que no recuperaron los recursos naturales privatizados y saqueados, que destruyeron el sistema de pensiones entregándolo a privadas, que fijan sueldos miserables a los trabajadores y que han violentado y militarizado a las comunidades mapuches. Lo lamentable es que partidos como el histórico socialismo de Salvador Allende sea uno de los firmantes del acuerdo, al igual que el Frente Amplio. En este último caso, hay una fuerte oposición interna, entre quienes se incluye el actual alcalde de Valparaíso Jorge Sharp. El “día histórico” para ellos, los parlamentarios, fue el dia en el que lograron acordar una salida tramposa a la justa indignación de las mayorías. Para el pueblo lo será el 18 de octubre, cuando estalló la gran movilización ciudadana que hoy se mantiene.

Acusan a Piñera en el Congreso por violar los derechos humanos.

Once diputados en representación de ocho partidos de la oposición, redactaron unas acusaciones constitucionales contra el presidente Piñera. Lo consideran un deber ético y democrático ineludible. Argumentan su presunta responsabilidad en la violación de los derechos humanos cometidas por agentes del estado en la represión de la protesta social que ha provocado decenas de muertos y centenares de heridos. La acusación es una figura reconocida por ley y deberá ser tratada en el Congreso, pero difícilmente prospere porque los partidos gubernamentales tienen mayoría.

El pueblo sigue su marcha

En las calles, en las plazas, siguen las movilizaciones, continúan los cabildos abiertos y las reuniones en barrios y sindicatos para debatir propuestas y aportes para una nueva constitución. Un texto que incorpore las reivindicaciones políticas, sociales y económicas que reclama una mayoría social. La frase de Allende “la historia es nuestra y la hacen los pueblos”, cobra plena vigencia en esta gigantesca movilización popular encabezada por los jóvenes chilenos.

Redacción de SERPAL
serpal@nodo50.org