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sábado, 7 de marzo de 2020

Nuestra América territorio perenne de la Utopía



Por Homar Garcés:
Nos ha correspondido como continente (desde los albores de la invasión europea a estas tierras) el destino de ser el escenario propicio de la Utopía imaginada por el inglés Tomás Moro. Cuestión que fue recreada primeramente (con pocas variaciones) por los teóricos de la independencia de las colonias hispanoamericanas, y luego, bajo la influencia de Marx, Engels y Lenin, por quienes enarbolaran las banderas de la lucha por el socialismo revolucionario. Un elemento que ha dejado su huella en los pueblos de nuestra América, los cuales (a pesar de la gran influencia ejercida desde hace siglos por el eurocentrismo) no dejan de luchar por hacer realidad esta particular utopía. Así sea -en algunos casos- por simple instinto político, como acaeciera luego de la liberación política de la vieja España cuando un importante porcentaje de la población marginada acompañara a caudillos providenciales que prometieron cambios que sólo se plasmaron a nivel retórico


Sin embargo, el esquematismo y el dogmatismo con que fuera abordada esta Utopía en la etapa histórica del siglo XX a través del socialismo revolucionario -siguiendo el patrón impuesto por el burocratismo soviético tras la desaparición física de Lenin- impidieron que la misma se desarrollara de una forma totalmente amplia, crítica y creadora. Las convergencias y las divergencias que esto produjera entre muchas organizaciones políticas de la izquierda no contribuyeron a disipar la desconfianza creada entre nuestros pueblos por los sectores dominantes, sobre todo cuando los debates no pasaban de ser meras adhesiones a uno u otro de los teóricos de la revolución socialista que poco tenían que ver con las necesidades y las condiciones específicas de estas naciones.

La simple enunciación escolástica que se acostumbró entre varios de estos movimientos políticos (persistentes en la actualidad) entorpeció la realización práctica y coherente de un verdadero socialismo revolucionario, impulsado por una conciencia política revolucionaria que fuera capaz de superar las contradicciones socioeconómicas del orden establecido en vez de suavizarlas o de tratar de coexistir con ellas. Simultáneamente, se obstaculizó el disfrute y el acceso a los grandes y múltiples avances científicos y tecnológicos ocurridos en medio siglo, a la cultura y a los bienes materiales que podrían redundar en el desarrollo y la emancipación integral de los pueblos de nuestra América; dejando todo en manos de una minoría persistentemente insatisfecha con su avaricia.  A ello se agregó también la visión mecanicista de la historia -tan al gusto de sus representantes y apologistas-, así como la anulación de la individualidad y la disolución del individuo en la masa absorbida y alienada por el consumismo, según los patrones establecidos por el capitalismo.

En este contexto, la necesidad histórica de erigir una opción realmente revolucionaria no hace sino imponerse. La implantación del modelo económico neoliberal capitalista ayudó a crear un fermento favorable para crearla y hacerla viable. La realidad económica neoliberal de los últimos tiempos puso en evidencia la inexistencia de la mano invisible del mercado con que los economistas justificaran la usura, las desigualdades y la explotación sin cesar de los trabajadores que caracterizan al capitalismo. Hoy está más claro que esa mano invisible no es tan invisible como se pregonó desde mucho tiempo atrás. Ella pertenece a los grandes conglomerados que rigen el sistema capitalista global y a las clases gobernantes que respaldan, con sus medidas, conflictos bélicos y legislaciones, los intereses de tales conglomerados, en desmedro de los derechos y los intereses de la mayoría. 

Vale concluir que “esta vez no tenemos oportunidad de volver a equivocarnos, lo que antes fue ingenuidad o desconocimiento, hoy sería mera estupidez, que la historia no va a perdonarnos”, como afirmara Celia Hart Santamaría en el prólogo de la obra de Carlos Tablada, “El pensamiento económico de Ernesto Che Guevara”. Nuestra América (vistas todas sus potencialidades, en especial aquellas que se derivan de su legado multiétnico) podría, entonces, cumplir con ese destino de ser el escenario propicio de la Utopía. Sería el  territorio perenne donde (sin pecar de ilusos) todo individuo hallaría, en definitiva, su verdadera emancipación, aquella que le restituya su condición humana, en armonía con sus semejantes y la naturaleza. -  
mandingarebelde@gmail.com

sábado, 19 de octubre de 2019

Algunos debates urgentes para la izquierda más a la izquierda: una reflexión de la lucha en Ecuador



Por Bruno Lima Rocha:
Introducción al tema
Escribo estas palabras mientras el pueblo ecuatoriano juega su suerte en las calles de Quito, Guayaquil, Cuenca y otros municipios y regiones del país. Este texto no pretende hacer una evaluación crítica de la lucha indígena y social contra el Pacto 883 de Lenin Moreno ni un análisis de la coyuntura de la intervención del FMI en el país. El tema de fondo es otro.


Puede parecer un poco pretencioso, pero entiendo que necesitamos desarrollar debates urgentes de izquierda en el siglo XXI, al menos la izquierda más a la izquierda operando en y para América Latina y el Caribe. Hay muchos temas y problemas serios. Por ejemplo, una herida histórica para empezar: ¿siguen funcionando las corrientes autoritarias con la hipótesis del partido único? Aparentemente en el discurso sí, aunque en el mundo práctico esta hipótesis es cada vez más distante (afortunadamente).

Y, por otro lado, ¿hay vida fuera y más allá de la socialdemocracia? Lo entiendo, pero es necesario formalizar algún modelo de sociedad futura. El "realismo socialista" o las dictaduras de un solo partido, con Nomenklatura burocrática como en la antigua Unión Soviética o en el poder en la heroica Argelia anticolonial, o líderes tiránicos como Enver Hoxha en Albania o Nicolae Ceausescu en Rumania. Tales modelos execrables de tiranía política generan mucho combustible para la derecha más repugnante, como los seguidores de Steve Bannon como el presidente Jair Bolsonaro.

La falta de críticas es otro problema, ya que impide un análisis riguroso de los gobiernos de excepción, como Nicolás Maduro, aunque este mismo gobierno es heroicamente antiimperialista y, como tal, el pueblo venezolano debe recibir una solidaridad incondicional. El seguimiento (como en la administración Jango, con el lema "¡envíe el fuego, presidente!") Es casi siempre la historia de una tragedia anunciada. ¿Imagina la lucha ecuatoriana si CONAIE no tuviera autonomía organizativa y su capacidad estratégica intacta después de una década de criminalización por parte del gobierno de Rafael Correa?

Si no queremos esto en absoluto, ¿qué queremos? Una pista: ¿multipartidismo de izquierda con una Constitución Plurinacional? Sí, ese sería el camino. En base a esto, ¿es necesaria una multiplicidad de representaciones sociales, étnico-culturales y políticas? Si por supuesto. ¿Y es suficiente la democracia liberal, representativa y burguesa? No, no es suficiente y ya está dando su límite, incluso en el juego institucional.

 Entonces, ¿cuál es la defensa del proyecto? ¿Una socialdemocracia con una economía parcialmente planificada? Sería mínimo componer uno o más programas comunes, donde las compañías estratégicas estatales deberían tener control social y democracia interna como una forma de operar como agente del poder de veto de los juegos de partidos fisiológicos y los ataques de grupos económicos nacionales o transnacionales. Finalmente, en esta reanudación de la resistencia masiva contra el neoliberalismo, debemos superar, en gran medida, el triste papel de la coalición de clases y la visión "ingenua" de la acción imperialista en nuestro continente. Washington (bajo la tutela republicana o demócrata) no acepta la "coexistencia pacífica" y esto es un sorteo
Necesitamos debatir el mínimo para que al menos podamos defender o cometer diferentes errores y golpes más precisos. Y falta la teoría, mucha teoría

¿La teoria del poder social como materialización del pensamiento descolonial?
Los estudiantes de pregrado con quienes tengo la alegría y el privilegio de vivir han comentado sobre algo que intento sintetizar y llegar a un acuerdo. El "pensamiento descolonial" es un discurso absoluto como historiográfico, la revisión necesaria, la base discursiva que pone patas arriba a las Américas y nos hace, aunque no sean de origen indígena, sentirse invadidos en Pindorama e incluso en la mitad del país. no tenemos ascendencia africana, nos posicionamos como Palmarinos Afrocéntricos. Hasta ahora perfecto, maravilloso divino como tropicalia

Pero, ¿qué pasa con la teoría del poder social que proviene de los territorios en lucha y resistencia? Falta otra pieza, incluida una teoría económica que sea ecológicamente sostenible y que permita a un territorio defenderse de los ataques que seguramente vendrán. En este sentido, la crítica del antropólogo libertario David Graeber es correcta.

Es de destacar que su contribución es fantástica y vale la pena conocer al menos la parte más política del trabajo. Pero, como casi todos los intelectuales anglosajones "reconocidos", su contribución carece de resultados viables, al menos formas de encontrar alternativas que puedan ejecutarse. Debo decir que la presencia de Graeber, así como la de Noam Chomsky, es fundamental, diría yo. Entonces, aquí no se trata de críticas directas, sino más bien como parte del debate sobre quién quiere agregar y construir de la misma manera.

Claves de categoría clave para una teoría del poder social
Territorio: Suena como evidencia y evidencia, pero el concepto de territorio es una categoría clave de estos, incluso los poderosos, para ayudar a defender los derechos amenazados y tener un propósito desde un eje de resistencia.
Además de la ley ancestral e inalienable, la defensa y el desarrollo indígena de los territorios indígenas y quilombo las pueden ayudar en gran medida tanto al desarrollo sostenible e inofensivo de los biomas, como a ser el embrión de sociedades menos injustas.

El concepto de territorio metropolitano de transferencia también ayuda, pero a menudo se usa en el capitalismo ilegal y la represión social. Para no exagerar el papel de los buenos teóricos, geógrafos como Élisée Reclus, Piotr Kropotkin,
Milton Santos y Aziz Ab'Saber serían hoy una lectura casi obligatoria para la interpretación de la categoría de territorio, más allá de lo que ya existe y está auto organizada en las extensiones de tierra de los pueblos originales o tradicionales.

Degeneración del liderazgo: otra categoría clave es evitar la degeneración del liderazgo político. Este es un tema clásico y aquí es solo un comienzo de debate. Se reconoce que existe un liderazgo político y algunas atribuciones fácilmente identificables como: carisma, oratoria, ejemplo, dedicación, trayectoria, capacidad de resolución. Pero, ¿cuándo cristalizan estas características en una estructura de poder permanente? Empeorando ¿Es esto cuando se convierte en culto a la personalidad?

Consignas típicas: los males en el pensamiento de izquierda y la propaganda deben interpretarse, localizarse y contrarrestarse severamente. ¿Qué fenómenos de la política interna conducen al culto a la personalidad? ¿Cómo las grandes fuerzas políticas dependen necesariamente de un grupo muy pequeño de "líderes"? ¿No es el culto al liderazgo también un complemento al individualismo, las luchas más insignificantes por el poder?
Creo que la respuesta es sí a todo, por lo tanto, la necesidad de crear mecanismos institucionales (de las instituciones sociales que digo) que eviten estas prácticas, pero desde el comienzo de las experiencias o sus saltos organizacionales. A la mitad, la corrección es mucho más difícil.

Otro problema es la ilusión del habla. ¿Cuál es el concepto erróneo más grande de la izquierda, no la ex izquierda, sino la izquierda izquierda? ¿El determinismo sociológico (en busca de la clase prometida o fracción de clase) o el engaño con los propios análisis que conducen a algún tipo de autoproclamación?
 En el caso ecuatoriano, se observa que existen tensiones entre la población autoorganizada, como la representada por CONAIE y el FUT, y una izquierda urbana más ideologizada, que busca ver qué es "proletario" en estas demandas previas a la formación. del proletariado mismo. Superar este tipo de alienación literaria es fundamental para toda América Latina que se organiza una y otra vez.
Señalando conclusiones obvias

Me atrevo a compilar una guía básica del cientificismo o el autoengaño de la retórica filosófica mal aplicada en la política. El primero es la convicción ideológica. Los valores centrales no son negociables e incluso superan el carácter de las identidades políticas.

 No hay forma de discutir sobre la libertad política, el derecho a múltiples representaciones, el derecho al culto religioso y las creencias espirituales, la democracia directa y los proyectos autosostenibles. Lo que no es negociable es un objetivo finalista y delimita las posibilidades de una gran estrategia.  Otra dimensión es el ajuste de la doctrina del empleo en períodos históricos específicos. Por ejemplo, si el objetivo es el protagonismo de las personas organizadas y el empoderamiento de diversos sujetos sociales, las formas de lograr estos logros pueden variar o incorporar nuevos elementos de movilización y acumulación de fuerza social. Pero no hay forma de renunciar a estas formas de acumular fuerza, de lo contrario no hay nada en absoluto,

Todos los que no confunden ideología con ciencia y entienden que la teoría está al servicio del análisis y no solo como un refuerzo discursivo de un sistema de creencias, todos tenemos dudas teóricas. Pero la incertidumbre de las posibilidades no debe confundirse con la creencia en lo que es justo frente a las posibilidades concretas de la vida en la sociedad de nuestro continente. La utopía es un lugar para ser construido y, en este sentido, una utopía liberal-republicana con "instituciones que funcionan perfectamente" está más distante que un territorio liberado por el poder del pueblo organizado.

¿Qué utopía queremos? ¿Quiénes somos a corto, mediano y largo plazo? ¿Qué instituciones reemplazan y más bien coexisten con la "aparente normalidad institucional" en este ciclo de "golpes de estado" inaugurado hace diez años con el derrocamiento del presidente hondureño Manuel Zelaya Rosales en junio de 2009?
O tenemos proyectos viables o seremos rehenes de las circunstancias o líderes cristalizados sin una democracia social y participativa en el trabajo.
blimarocha@gmail.com

miércoles, 22 de mayo de 2019

La utopía del neoliberalismo es la distopia de los pobres


Por Homar Garcés:

En su libro «Renovar la teoría crítica y reinventar la emancipación social (encuentros en Buenos Aires)», Boaventura de Sousa Santos revela que «la utopía del neoliberalismo es conservadora, porque lo que hay que hacer para resolver todos los problemas es radicalizar el presente. Esa es la teoría que está por detrás del neoliberalismo. O sea: hay hambre en el mundo, hay desnutrición, hay desastre ecológico; la razón de todo esto es que el mercado no ha logrado expandirse totalmente. Cuando lo haga, el problema estará resuelto».



Frente a semejante realidad, el mismo autor propone: «Tenemos que cambiar esta utopía conservadora por una utopía crítica, porque aún las utopías críticas de la Modernidad -como el socialismo centralizado- se convirtieron, con el tiempo, en una utopía conservadora». En la actualidad, muchos movimientos sociales y políticos libran una desigual batalla contra las pretensiones neoliberales de abarcar y controlar la totalidad de la vida, ya no solamente en lo que comprende la explotación de la fuerza de trabajo o de los recursos de la naturaleza sino también (en algunos casos, con especial predilección) las conductas y la forma de pensar de todas las personas, en una estrategia de dominio global que apenas ha merecido la atención de las grandes mayorías.

Si se profundizara el estudio de estas mismas luchas se extraerá como rasgo común la aspiración colectiva a un nuevo orden mundial en el cual no exista ya una hegemonía, única, que termine por subyugar por entero a la humanidad. Ni siquiera en su versión pluripolar o multicéntrica, puesto que la misma implica la reproducción de la existente. De racionalizarse semejante posibilidad, se abrirían vías a una transición civilizatoria global más racional, tanto en lo relacionado con la armonía que debiera existir entre todos los seres humanos como entre éstos y la naturaleza que les sirve de soporte de vida.

Sería preciso producir entonces subjetividades rebeldes, capaces de noúnicamente cuestionar el orden vigente sino de originar unos nuevos paradigmas, adecuados a las condiciones particulares de nuestras naciones, en vez de subjetividades conformistas que, a pesar de las quejas, las dificultades y las decepciones, terminan por aceptar la realidad tal cual se la presentan los sectores interesados, como están, en que ésta jamás cambie, al menos en sus aspectos básicos, asegurándose, precisamente, la preeminencia que ostentan frente al resto del conjunto social.

Hay que ser capaces, por consiguiente, de tener una visión más amplia de nuestro presente, sometido como se halla por quienes han decidido cuál es el destino que le correspondería vivir a la humanidad y, con ella, a la naturaleza en general, en una especie de régimen corporativo a manos de los grandes consorcios transnacionales que controlan el mercado capitalista global. De ocurrir esto, no es imposible que se dé nacimiento a una nueva concepción de lo que serían en lo adelante la dignidad y la conciencia humanas en consideración de lo que ha sido hasta ahora el modelo civilizatorio capitalista.

mandingarebelde@gmail.com

sábado, 11 de mayo de 2019

LA UTOPÍA DEL NEOLIBERALISMO ES LA DISTOPÍA DE LOS POBRES


Por Homar Garcés:

En su libro «Renovar la teoría crítica y reinventar la emancipación social (encuentros en Buenos Aires)», Boaventura de Sousa Santos revela que «la utopía del neoliberalismo es conservadora, porque lo que hay que hacer para resolver todos los problemas es radicalizar el presente. Esa es la teoría que está por detrás del neoliberalismo. O sea: hay hambre en el mundo, hay desnutrición, hay desastre ecológico; la razón de todo esto es que el mercado no ha logrado expandirse totalmente. Cuando lo haga, el problema estará resuelto».


Frente a semejante realidad, el mismo autor propone: «Tenemos que cambiar esta utopía conservadora por una utopía crítica, porque aún las utopías críticas de la Modernidad -como el socialismo centralizado- se convirtieron, con el tiempo, en una utopía conservadora». En la actualidad, muchos movimientos sociales y políticos libran una desigual batalla contra las pretensiones neoliberales de abarcar y controlar la totalidad de la vida, ya no solamente en lo que comprende la explotación de la fuerza de trabajo o de los recursos de la naturaleza sino también (en algunos casos, con especial predilección) las conductas y la forma de pensar de todas las personas, en una estrategia de dominio global que apenas ha merecido la atención de las grandes mayorías.

Si se profundizara el estudio de estas mismas luchas se extraerá como rasgo común la aspiración colectiva a un nuevo orden mundial en el cual no exista ya una hegemonía, única, que termine por subyugar por entero a la humanidad. Ni siquiera en su versión pluripolar o multicéntrica, puesto que la misma implica la reproducción de la existente. De racionalizarse semejante posibilidad, se abrirían vías a una transición civilizatoria global más racional, tanto en lo relacionado con la armonía que debiera existir entre todos los seres humanos como entre éstos y la naturaleza que les sirve de soporte de vida.

Sería preciso producir entonces subjetividades rebeldes, capaces de no únicamente cuestionar el orden vigente sino de originar unos nuevos paradigmas, adecuados a las condiciones particulares de nuestras naciones, en vez de subjetividades conformistas que, a pesar de las quejas, las dificultades y las decepciones, terminan por aceptar la realidad tal cual se la presentan los sectores interesados, como están, en que ésta jamás cambie, al menos en sus aspectos básicos, asegurándose, precisamente, la preeminencia que ostentan frente al resto del conjunto social.

Hay que ser capaces, por consiguiente, de tener una visión más amplia de nuestro presente, sometido como se halla por quienes han decidido cuál es el destino que le correspondería vivir a la humanidad y, con ella, a la naturaleza en general, en una especie de régimen corporativo a manos de los grandes consorcios transnacionales que controlan el mercado capitalista global. De ocurrir esto, no es imposible que se dé nacimiento a una nueva concepción de lo que serían en lo adelante la dignidad y la conciencia humanas en consideración de lo que ha sido hasta ahora el modelo civilizatorio capitalista.

mandingarebelde@gmail.com

miércoles, 27 de marzo de 2019

El Rumbo



Por Jorge Aniceto Molinari:
En todas las ciencias los avances suponen desafíos. Marx y Engels asumieron el desafío de construir una base de desarrollo para la ciencia política establecido en textos que aún hoy, o mejor dicho, fundamentalmente hoy se cuestionan pero que tienen una solidez conceptual que ninguna forma ideológica e intelectual del capitalismo incluido el de Estado han podido sortear.
Lenin retomó esos trabajos y los desarrolló en la praxis de construir un instrumento que fue el que posibilitó el triunfo de la revolución rusa (Batlle lo destaca en un editorial de El Día a la muerte de Lenin).

En octubre (elecciones presidenciales en Uruguay) seguramente va a volver a ganar el Frente Amplio, fundamentalmente porque la campaña que la derecha hace choca contra la realidad de Argentina y Brasil, que la gente ve y siente en vivo y en directo. Nuestro problema no es lo que la gente pueda votar en octubre, que es un problema particularmente para la burocracia y sus cargos en el Estado, sino construir un programa que hoy la izquierda se niega a reconocer como imprescindible frente a los avatares de esta crisis irreversible de la predominancia del capitalismo (1). Un ejemplo: el empuje a la cotización del dólar en Argentina producto del ajuste criminal que se está haciendo contra el nivel de vida de la gente va a tener tremendas repercusiones aquí, y por ahora nadie habla del tema, ni derecha, ni centro, ni izquierda.

Si disfrutan de ello son conscientes de que hoy en economía los paréntesis favorables pueden ser cortos- las organizaciones empresariales muy vinculadas a la estructura financiera ligadas directamente a los rubros exportadores, las que pasan y las que no pasan por los circuitos bancarios formales. Recordemos que en el mundo actual el peso de los paraísos fiscales tiene de alguna manera conexión con el aparato productivo global y en cada uno de los países, aún cuando se eluda reconocerlo oficialmente.

Sepamos que los gestores del modo de producción capitalista han puesto especial énfasis en no legislar controles estrictos sobre el movimiento de capitales en el mundo. Por lo tanto, lo que hoy hacen importantes estudios jurídicos y contables también en el Uruguay no son “ilegales” de eso es de lo que hablamos en el párrafo anterior.

Ahora el peso de los paraísos fiscales es tal en el mundo actual que el propio sistema corre peligro de aplastamiento. Los números son de terror, a la vez que incontrastables.
El ministro Astori, que más allá de los cuestionamientos goza de un bien ganado prestigio a nivel nacional e internacional, a quién el Dr. Sanguinetti trata de usar en sus ejemplos contra el Frente Amplio, -tratando de mostrar como que hay dos Frentes Amplios, y el ex presidente Mujica que intentó administrar de otra forma así nos fue- termina admitiendo que es impolítico pero que es poco menos que imprescindible administrando. 

El Ministro Astori, ante la crisis argentina, que preocupa a todos y que exige una explicación a nivel de nuestros técnicos y políticos recuerden lo que dijeron, entre otros el economista Gabriel Odonne antes de las elecciones del vecino país Astori solo vuelve a decir: “vamos bien”, omitiendo una explicación al menos de lo que está pasando con la economía nacional, regional y global. Tal vez estoy exigiendo mucho, pero es lo que me auto exijo para tratar de ser coherente ante el mundo actual.

Y la verdad es que nadie en la paleta de opciones políticas- tiene autoridad para marcar o proponer otro rumbo a no ser el lamentable del ajuste al nivel de vida de la gente, que no es otra cosa que la receta constantemente fracasada de la política actual del FMI y a la que ya le queda muy poco tiempo, pues la contradicción China-mercado libre y EE.UU.- economía amurallada, va a terminar por hacer estallar todos los esquemas de los economistas oficialistas u ortodoxos actuales.

Y conste que hago la precisión: “estallar todos los esquemas de los economistas oficialistas u ortodoxos actuales” y no digo estallar la economía, porque que esta ya tiene instrumentos tecnológicos para ser usados en un salto gigantesco del aparato productivo mundial, y que precisamente no se aplican por la ceguera de esta gente, que hoy tiene el control del aparato político y los lleva la vorágine de “su” aparato productivo.

Admitamos que se nos pueda decir: “a un ministro y más al de economía le está prácticamente vedado hacer apreciaciones sobre una perspectiva política y que siempre es delicado” y aceptémoslo, pero es ahí donde el rol del partido político está totalmente ausente, y no solo en las responsabilidades de gobierno, es un mal a nivel de todo el espectro político, sin excepciones.

Veamos sino cuales son las proyecciones políticas que en este marco de la economía mundial se hacen. Son paupérrimas y no van a más de un cuarto de nariz de quienes las hacen y no porque estén conformes con lo que hoy está pasando. No solo que no hay rumbo, sino que en la actual todos son contestes a que asumen el agravamiento permanente de la grieta social que no solo ocupa a los países con más rezago en la economía sino a aquellas potencias que pudieron ser símbolo en determinada etapa de la historia de crecimiento social.

De esto en esta etapa de la historia está todavía fuera, el nuevo centro China y su entorno que viene generando el modo de producción capitalista y que es lo que permite que aún la crisis no sea general de todo el sistema, y calcular como lo hace el FMI un aumento global de la producción de un 3,5 %, que es con lo que respira todo el sistema. ¿El rumbo futuro?: ¿la utopía?: no la negamos pero nuestro rumbo es el programa, en él es que nos sentimos seguros.

En “Crece desde el pie” Zitarrosa nos dice:
“Crece desde el pueblo el futuro
crece desde el pie,
ánima del rumbo seguro
crece desde el pie”.

(1)          Tal vez no sea esta la expresión correcta. La izquierda arrastra un trauma producto de los créditos de guerra que votó la socialdemocracia para la primera guerra mundial, y luego la derrota de Lenin en 1924 en que el sector predominante de la misma tomó como objetivo de su política el capitalismo de Estado, más allá de definirlo como más o menos democrático, abandonando así los proyectos de la 1era. Internacional, sobre los cuales aún no ha vuelto.

sipagola@adinet.com.uy

domingo, 11 de febrero de 2018

La democracia y la fatalidad superable de la partidocracia


Por Homar Garcés:

Víctimas alienadas del partidismo, partidocracia o partidarquía, muchas personas sucumben -desde hace largo tiempo- ante la aparente fatalidad que supone la existencia de los partidos políticos como la expresión más idónea del ejercicio de la democracia. Esto se ha venido fomentando ininterrumpidamente a partir del estallido de la Revolución Francesa hasta el grado que se cataloga como un hecho normal que dos partidos políticos compartan el poder, por ejemplo, en Estados Unidos, con una mínima diferencia en lo que se refiere a sus comportamientos y postulados ideológicos esenciales.



O como ocurrió en México, al término de la Revolución, con un Partido Revolucionario Institucional (PRI) que detentó el monopolio del gobierno y demás estructuras del Estado, en provecho único de su dirigencia. Igual podría afirmarse en relación con Colombia y Venezuela, naciones que fueran regidas -a imitación de Estados Unidos- por liberales y conservadores, en el primer caso, y por adecos y copeyanos, en el segundo; donde cada uno de ellos proclamaba sus bondades como garantes de los derechos democráticos de las mayorías y, por lo tanto, se consideraban a sí mismos como los más recomendados para dirigir los destinos de sus países.

No obstante, obviando lo plasmado en sus respectivos estatutos y fundamentos ideológicos, sobre todo, a la luz de su práctica política (o ejercicio del poder) se notará de inmediato (y es la queja popular habitual) que la mayoría de los partidos políticos tienden a conseguir una hegemonía indisputable, lo que hace de la democracia una utopía permanente o, en el mejor de los casos, algo siempre inconcluso. Los ejemplos más a la mano sobre tal predisposición antidemocrática serían los partidos nazi en Alemania, fascista en Italia, y comunista en la Unión Soviética y sus similares de la Europa del Este.

Como contrapartida al hegemonismo político-partidista, casi siempre (por no anotar que siempre) se esgrime la necesidad de una política rebelde, contestaría y/o revolucionaria que ponga en marcha una audacia creativa y, por consiguiente, sumamente innovadora que trascienda los límites establecidos por la tradición y los patrones históricos que supeditan la voluntad y el destino de los pueblos a una resignación inducida, de índole religiosa (aunque no se mencione y sea imperceptible a los sentidos de sus víctimas), la cual -en todo caso- siempre resultará favorable a los intereses de los sectores dominantes. Una sumisión mistificada que se equipara con un orden natural que jamás (aceptando tal hecho) podría alterarse.

Aun así, alguna gente alegará que los partidos políticos son imprescindibles para que haya verdadera democracia. Lo que se ajusta a la concepción y vigencia de un orden social y económico competitivo, muy a tono con la lógica capitalista; conservando -hasta donde sea posible- sin ninguna variación las relaciones jerarquizadas derivadas del poder constituido. Esto exige, como tarea revolucionaria impostergable, desnudar y deslegitimar en todas sus partes al modelo de Estado liberal-burgués vigente, lo que incluye, naturalmente, a la gama de partidos políticos que lo encarnan y reproducen.
Para ello se requiere una revolución cultural que ubique y re-ubique la historia relegada, construida y protagonizada (aún en sus aspectos negativos como sucediera en los inicios de la lucha independentista en Venezuela) por los sectores populares, en oposición a la historia oficial que los invisibilizó, convirtiéndolos en meros accesorios de la puesta en escena de las acciones de los héroes y dirigentes que ésta destacara. Gracias a esta última e importante revolución, surgiría la posibilidad cierta que los sectores populares adquieran una nueva conciencia en relación consigo mismos y el modelo civilizatorio en que existen.

Aquí cabe citar a la doctora en antropología Jacqueline Clarac de Briceño, quien en su obra “El lenguaje al revés (Aproximación antropológica y etno psiquiátrica al tema)” nos expone -aunque sus palabras encajan en otro contexto- que “al tomar conciencia de toda esta historia y de las razones por las que estaban marginados hasta ahora, empiezan a comprender los pobres que su situación no es una fatalidad de la historia y de su propia condición humana, sino que ésta es reversible”. No en balde, quienes integran y representan las minorías gobernantes se muestran reacios a aceptar y a obedecer la soberanía que, se supone, le pertenece al pueblo. Su miedo y su predisposición consuetudinaria a la represión y a la cooptación de los sectores populares tienen su “justificación” en la certeza de ser completamente desplazados, de instaurarse un poder popular auténticamente soberano.             

Aunque aspiren y proclamen representar a la totalidad de la población, en realidad los partidos políticos, llámense conservadores, liberales, republicanos, socialistas, radicales, demócratas y aún revolucionarios, -al desarrollarse en un escenario moldeado y dominado por el sistema capitalista y, adicionalmente, respondiendo a los esquemas republicanos creados, mayormente, en suelo europeo- no llegan a cumplir totalmente con tal objetivo. Especialmente cuando surgen camarillas en su seno que, para usufructuar el poder obtenido, recurren al clientelismo político; implantándose un elitismo y un autoritarismo caudillista totalmente contrarios a lo que debiera ser una verdadera praxis democrática. Como agentes de legitimación e intermediación frente al poder del Estado, no los anima despojarse de su preponderancia acostumbrada.

Sobre esto (aunque se destruyan las neuronas y cueste asimilarlo) la autonomía de los sectores populares organizados es básicamente el modo como se puede abordar la construcción social y política colectiva de un nuevo orden por fuera de la lógica que, por ahora, rige el sistema establecido. Se trata, en síntesis, de la puesta en práctica de un formato novedoso que haga énfasis en la construcción de un sujeto histórico insurgente, dotado de una clara conciencia emancipadora.

Esto daría nacimiento (pese a la contradicción que algunos perciban) a la institución de un nuevo Estado, sustentado en una vasta experiencia asociativa de las clases subalternas. Con ello como principio, se evitará la instrumentalización y mediatización del poder popular a manos de los partidos políticos. Esto no hará desaparecer mecánicamente las contradicciones, las controversias dogmáticas o las fragmentaciones. No obstante, lo más importante es no perder de vista el empoderamiento político, económico y social de las mayorías populares, así como comprender a cabalidad que ello debe apuntar a una transformación profunda y definitiva que supere las estructuras burocrático-piramidales creadas por las clases dominantes, los partidos políticos y el Estado en conjunto.-            

Maestro Ambulante
¡¡¡Rebelde y Revolucionario Resiliente e Irreductible!!!
¡¡¡Hasta la victoria siempre!!!
 ¡¡¡Luchar hasta vencer!!!

mandingarebelde@gmail.com