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miércoles, 18 de noviembre de 2020

La otredad nuestraamericana

Por Homar Garcés:  

La especificidad de nuestra América, de lo que ésta es y ha sido como el amplio ámbito geográfico, cultural, sociológico, económico y político situado entre el sur del río Bravo y la Patagonia, donde se ha gestado una tradición ininterrumpida de luchas populares desde el instante que los europeos decidieron adueñarse de ella hasta la época actual, es una especificidad que ha ocupado a una gran porción de intelectuales tratando de explicarla y de darle alguna orientación que haga posible aflorar sus potencialidades como territorio de la emancipación integral humana. 

El Libertador Simón Bolívar al dirigirse a los diputados del Congreso de Angostura en 1819, destaca que se debe tener «presente que nuestro pueblo no es el europeo, ni el americano del Norte, que más bien es un compuesto de África y de América, que una emanación de la Europa; pues que hasta la España misma deja de ser europea por su sangre africana, 

por sus instituciones y por su carácter. Es imposible asignar con propiedad a qué familia humana pertenecemos. La mayor parte del indígena se ha aniquilado; el europeo se ha mezclado con el indio y con el africano. Nacidos todos del seno de una misma madre, nuestros padres, diferentes en origen y en sangre, son extranjeros, y todos difieren visiblemente en la epidermis; esta desemejanza trae un reato de la mayor trascendencia». 

Esta conclusión de Bolívar será compartida, de uno u otro modo, por una amplia gama de pensadores, algunos bajo la influencia ideológica del eurocentrismo y otros guiados por la dialéctica y el materialismo histórico, lo que le convierte en un tema de discusión que no cesa, a pesar de los siglos transcurridos. Ahora muy especialmente cuando, desde las más recientes décadas, muchos acogen la propuesta de emprender y asentar un proceso de descolonialidad del pensamiento; lo que implica entender y aceptar la realidad de otros universos culturales, tan válidos o más que el representado por el eurocentrismo. 

En su ensayo «Nuestra América», el Apóstol de la independencia cubana, José Martí, recomienda que «la historia de América, de los incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria». 

Tiempo antes, el Maestro revolucionario Simón Rodríguez, con su singular estilo, hizo una acotación similar al señalar: «¿Dónde iremos a buscar modelos? La América Española es original. Original han de ser sus instituciones y su Gobierno. Y originales los medios de fundar unas y otro. O inventamos o erramos». 

Es decir, la otredad americana es una preocupación constante entre nosotros, los hijos y las hijas de nuestra América, presente en los llamados a la unidad e integración de nuestros países, especialmente frente a lo que éstos han sido bajo la hegemonía imperialista de Estados Unidos. Pero también es la comprensión (poco compartida con las clases dominantes) de cuáles podrían ser sus potencialidades en el campo económico, de forma totalmente independiente, sin aceptar tácita y sumisamente el papel de réplicas o sucursales de las metrópolis del sistema capitalista, convertidas -desde un primer momento- en simples proveedoras de materia prima y consumidoras de lo que produzcan las grandes corporaciones transnacionales. 

Hace falta entender, junto con Karl Marx, que «el descubrimiento de las comarcas auríferas y argentíferas en América, el exterminio, esclavización y soterramiento en las minas de la población aborigen, la conquista y saqueo de las Indias Orientales, la transformación de África en un coto reservado para la caza comercial de pieles-negras, caracterizan los albores de la era de producción capitalista. 

Estos procesos idílicos constituyen factores fundamentales de la acumulación originaria». Gracias a ello, la Europa y los Estados Unidos alcanzaron los niveles de desarrollo que, ilusamente, algunos esperan que algunos de nuestros países puedan tener en el futuro, sin detenerse a pensar que a aquellos no les conviene que esto ocurra, por muchas reformas legislativas y económicas que se hagan, ajustándose a los esquemas neoliberales. 

La sumisión pasiva a la ley capitalista ha representado un escollo formidable contra el cual se han estrellado muchos de los objetivos de emancipación trazados por teóricos y movimientos populares, impidiendo que pueda así concretarse una verdadera revolución democrática y soberana, conducida y sustentada en toda circunstancia por los pueblos de nuestra América. 

En este caso, la multiplicidad y la unicidad de nuestra América representan la fortaleza y el espíritu con que nuestros pueblos puedan romper el estado de explotación y de dependencia en que aún se les desea mantener indefinidamente. Esto entraña, por otra parte, una ruptura radical con la concepción del Estado-nación a la cual nos habituamos y defendemos desde 1810, basándose más en los valores que preservan la vida en un sentido generalizado que aquellos que privilegian, por encima de todo, el lucro y el interés privado. -

mandingarebelde@gmail.com

sábado, 7 de marzo de 2020

Nuestra América territorio perenne de la Utopía



Por Homar Garcés:
Nos ha correspondido como continente (desde los albores de la invasión europea a estas tierras) el destino de ser el escenario propicio de la Utopía imaginada por el inglés Tomás Moro. Cuestión que fue recreada primeramente (con pocas variaciones) por los teóricos de la independencia de las colonias hispanoamericanas, y luego, bajo la influencia de Marx, Engels y Lenin, por quienes enarbolaran las banderas de la lucha por el socialismo revolucionario. Un elemento que ha dejado su huella en los pueblos de nuestra América, los cuales (a pesar de la gran influencia ejercida desde hace siglos por el eurocentrismo) no dejan de luchar por hacer realidad esta particular utopía. Así sea -en algunos casos- por simple instinto político, como acaeciera luego de la liberación política de la vieja España cuando un importante porcentaje de la población marginada acompañara a caudillos providenciales que prometieron cambios que sólo se plasmaron a nivel retórico


Sin embargo, el esquematismo y el dogmatismo con que fuera abordada esta Utopía en la etapa histórica del siglo XX a través del socialismo revolucionario -siguiendo el patrón impuesto por el burocratismo soviético tras la desaparición física de Lenin- impidieron que la misma se desarrollara de una forma totalmente amplia, crítica y creadora. Las convergencias y las divergencias que esto produjera entre muchas organizaciones políticas de la izquierda no contribuyeron a disipar la desconfianza creada entre nuestros pueblos por los sectores dominantes, sobre todo cuando los debates no pasaban de ser meras adhesiones a uno u otro de los teóricos de la revolución socialista que poco tenían que ver con las necesidades y las condiciones específicas de estas naciones.

La simple enunciación escolástica que se acostumbró entre varios de estos movimientos políticos (persistentes en la actualidad) entorpeció la realización práctica y coherente de un verdadero socialismo revolucionario, impulsado por una conciencia política revolucionaria que fuera capaz de superar las contradicciones socioeconómicas del orden establecido en vez de suavizarlas o de tratar de coexistir con ellas. Simultáneamente, se obstaculizó el disfrute y el acceso a los grandes y múltiples avances científicos y tecnológicos ocurridos en medio siglo, a la cultura y a los bienes materiales que podrían redundar en el desarrollo y la emancipación integral de los pueblos de nuestra América; dejando todo en manos de una minoría persistentemente insatisfecha con su avaricia.  A ello se agregó también la visión mecanicista de la historia -tan al gusto de sus representantes y apologistas-, así como la anulación de la individualidad y la disolución del individuo en la masa absorbida y alienada por el consumismo, según los patrones establecidos por el capitalismo.

En este contexto, la necesidad histórica de erigir una opción realmente revolucionaria no hace sino imponerse. La implantación del modelo económico neoliberal capitalista ayudó a crear un fermento favorable para crearla y hacerla viable. La realidad económica neoliberal de los últimos tiempos puso en evidencia la inexistencia de la mano invisible del mercado con que los economistas justificaran la usura, las desigualdades y la explotación sin cesar de los trabajadores que caracterizan al capitalismo. Hoy está más claro que esa mano invisible no es tan invisible como se pregonó desde mucho tiempo atrás. Ella pertenece a los grandes conglomerados que rigen el sistema capitalista global y a las clases gobernantes que respaldan, con sus medidas, conflictos bélicos y legislaciones, los intereses de tales conglomerados, en desmedro de los derechos y los intereses de la mayoría. 

Vale concluir que “esta vez no tenemos oportunidad de volver a equivocarnos, lo que antes fue ingenuidad o desconocimiento, hoy sería mera estupidez, que la historia no va a perdonarnos”, como afirmara Celia Hart Santamaría en el prólogo de la obra de Carlos Tablada, “El pensamiento económico de Ernesto Che Guevara”. Nuestra América (vistas todas sus potencialidades, en especial aquellas que se derivan de su legado multiétnico) podría, entonces, cumplir con ese destino de ser el escenario propicio de la Utopía. Sería el  territorio perenne donde (sin pecar de ilusos) todo individuo hallaría, en definitiva, su verdadera emancipación, aquella que le restituya su condición humana, en armonía con sus semejantes y la naturaleza. -  
mandingarebelde@gmail.com

martes, 19 de noviembre de 2019

Guyana propone usar nuestras reservas energéticas en el área en reclamación para comprar acciones en la ExxonMobil.



Por Juan Martorano:
El ministro de Relaciones Exteriores de Guyana, el honorable Carl Greenidge aseveró directamente en unas declaraciones dadas durante el “Eusi Kwayana Emancipation Symposium” cuyo tema fue “Las elecciones del nuevo gobierno y la agenda de emancipación africano-guyanesa” lo siguiente:

“Indico que el gobierno de Guyana debería comprar acciones en la empresa multinacional ExxonMobil (EEUU) y esta es una opción que su gobierno debería explorar. Esto en vista del inicio de la producción de hidrocarburos del bloque Storbeck en aguas de Guyana y en la zona en disputa con Venezuela.  Asegura el ministro Greenidge que su gobierno no es ajeno a la inversión en empresas privadas y que invertir en la ExxonMobil seria una buena inversión para el gobierno. Tanto así que propone invertir parte de las ganancias que generaría la venta de la parte que le queda de la producción en tales acciones”.


Estas aseveraciones vienen hechas con respecto a la gran expectativa que el gobierno guyanes continue en motivar en base al inicio de producción de hidrocarburos en el primer trimestre del 2020 (120000 bppd). Es la ExxonMobil la empresa que ha llevado a cabo la inversión y los descubrimientos de grandes reservas de hidrocarburos en aguas tanto de Guyana como del territorio venezolano que esta en disputa. El ministro Greenidge refuta la noción de que esta nueva riqueza puede dejar a la Republica Cooperativa de Guyana en peor condición que la actual. Para el gobierno guyanés los hidrocarburos son una mercancía como cualquier otro mineral o producto y por lo tanto el éxito de su explotación depende en como se manejen los recursos generados de su venta.

Greenidge descarta la noción publicada por un profesor de la Universidad de Guyana de que el país debería dar a Venezuela parte del territorio en reclamación para cerrar la controversia y evitar los riesgos que presenta tener esta disputa. De hecho, este punto de vista alterno sostiene que el riesgo que la disputa presenta se mitigaría o desaparecería con ofrecerle al gobierno de Venezuela el 20% del territorio guyanés. Sigue esta opción presentando la visión de que el costo de este 20% lo podría obtener el gobierno guyanés al tratar de obtener más regalias de la ExxonMobil. Agrega el ministro que el acuerdo firmado con la empresa estadounidense bajo el formato de un “Production Sharing Agreement” o PSA no prevé este tipo de regalía y por lo tanto no puede venir de esa fuente. El ministro Greenidge se queja de que esta opinión de un académico le ha dado credibilidad en la prensa local en Guyana.

Análisis
El ministro Greenidge es un político guyanés con experiencia, representa al actual gobierno de facto de tendencia derechista y que a su vez esta formado por la facción africana de la población. Este gobierno perdió la confianza del parlamento en diciembre del 2018, es decir el gobierno dirigido por el Sr. Granger (Ex-militar), es actualmente ilegal y solo después de las elecciones en marzo del 2020 se vera quien es el nuevo gobierno legitimo.

El argumento del ministro Greenidge tiene varios objetivos particulares que son:
1.            Continuar fomentando la idea de que esta bonanza económica que se aproxima es producto de las gestiones del partido de gobierno y gracias a ellos se ha logrado negociando con la ExxonMobil (EEUU) y otras petroleras extranjeras. Su afirmación de que Guyana no quedaría en peor situación que la actual después de esta bonanza que se avecina enfatiza la consigna política de que depende de como se gerencien los recursos y por lo tanto solo ellos los del partido de gobierno lo pueden lograr.

Nota:    Es interesante notar que este simposio tiene como tema central no solo las elecciones del 2020 sino también la “agenda de emancipación africano-guyanesa”, es decir descarta completamente al 60% de la población guyanesa la cual es de origen asiático (hindú) y originaria (indígena). Saquen pues, sus propias conclusiones. (Destacado y resaltado del articulista).

2.            La propuesta de invertir parte de las ganancias como nación en una empresa multinacional extranjera pone en la palestra el concepto de una asociación mucho mas cercana entre la ExxonMobil y Guyana. Esta es necesaria para sobreproteger la republica de lo que puede venir en un futuro (de los resultados del litigio con Venezuela) y así serian los EEUU los que darían la cara ya que tendrían que proteger su inversión y por lo tanto a la republica de Guyana. A largo plazo vendrían las alianzas de no agresión, intercambios militares, venta de armamento y posiblemente el uso del territorio guyanés para funciones de monitoreo (Espionaje), entrenamiento y otras bajo la excusa de intercambios comerciales, de ayuda humanitaria y soporte al pueblo guyanés. Han hipotecado su soberanía.

3.            El ministro Greenidge trata de borrar la opción de cualquier negociación con Venezuela, la cual ha sido expuesta por académicos guyaneses como una alternativa para remover el riesgo que representa a la inversión el litigio entre ambos países. Esto lo hace consciente de que es importante que se descarte esa alternativa del dialogo nacional en vista a las elecciones. Nosotros lo conocemos como politiquería en tiempo de elecciones.

4.            Los recursos que traerán esa bonanza económica al gobierno guyanés están en parte localizados en territorio venezolano (aun si hay un arbitraje pendiente). La inversión hecha por la ExxonMobil sobrepasa los 2 billones de dólares y las reservas descubiertas son gigantes. Sin embargo, el estado actual del gobierno guyanés es en términos claros de banca rota, es decir su PIB se ha caído dramáticamente, las reservas son muy por debajo de las requeridas y su deuda externa se ha incrementado a niveles sin paragón en la vida de Guyana como país. La población de 773 mil almas vive en muchos casos en un estado de pobreza extrema. Si estas tan esperadas fuentes de ingreso no se materializan en el primer trimestre del 2020, Guyana tendría que acudir a emitir mas deuda probablemente siguiendo la ya adquirida con el Banco Mundial.

5.            Las regalías y entradas por ventas de los hidrocarburos producidos llegan a un 12.5% y 2% de regalías bajo el PSA negociado actualmente. Esto a cambio de la soberanía sobre estos recursos y como ya ha empezado a verse que debe seguir las politicas a nivel mundial desarrolladas en Washington. Que le va a quedar a la población después de que los grupos de poder se queden con gran parte de esta es algo que esta por verse.

6.            Seria también una punta de lanza para las multinacionales gringas y extranjeras identificar más oportunidades de explotar los recursos mineros, forestales y de biodiversidad guyaneses, es decir seguir con el saqueo. Geopolíticamente, una fuerte presencia gringa en Guyana seria usada para asediar más a Venezuela y la Revolución Bolivariana, al tratar de ejercer mas presión y aumentar el gasto político de tener otro frente en el Oriente del país. Vale decir otro frente donde se saquean nuestras reservas energéticas por las multinacionales y con la complicidad del gobierno de Guyana.

7.            Esto implica que independientemente de quien gane las elecciones en marzo, Guyana ha escogido una estrategia y dirección como país que esta en confrontación directa con nuestra patria. Es más, ha empezado a expoliar recursos cuya propiedad no esta definida todavía. Se atreve a seguir este rumbo porque tiene el apoyo del gobierno gringo a traves de su mayor empresa ExxonMobil. Esta confrontación es ahora a largo plazo.

Es de hacer notar que estas acciones por su cuenta no son ilegales y son por cuenta del gobierno y el pueblo guyanés hacer lo que crean conveniente. Lo que lleva a un conflicto directo con nuestra patria es el uso de nuestros recursos sin nuestro consentimiento y sin nada que nos beneficie de lo que es nuestro. Políticamente debemos estar muy atentos ya que este será un frente muy activo en las próximas décadas y un punto de presión para los gringos que usaran todos sus esfuerzos para atacar a nuestra patria. ¡Ganaremos una vez mas, atento ministro Arreaza!.

¡Leales Siempre! ¡Traidores Nunca!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!

jmartoranoster@gmail.com


miércoles, 30 de octubre de 2019

La dictadura chilena no pudo matar las esperanzas



Por Ernesto Wong Maestre:

Leyendo los reportes de prensa realizados por los medios de comunicación sobre la rebelión popular chilena, esos articulados a las redes informativas que cumplen los dictados de los gobiernos de los EE.UU,  se puede constatar tanto la incapacidad de sus periodistas, como también las intenciones de sus jefes, para comprender o para hacer creer lo que actualmente está aconteciendo en Chile, en particular cuando hace pocas horas atrás la rebelión ha llegado a sumar casi millón y medio de manifestantes de todas las edades en las calles de la capital; en una concentración considerada la más numerosa de la historia chilena, solo comparable con las efectuadas en apoyo al socialista Salvador Allende, quien ganara la presidencia de Chile en 1970, y luego fuera derrocado en 1973 por el cruento golpe militar encabezado por el general Augusto Pinochet y dirigido desde Washington.



Pinochet se convirtió en el dictador suramericano más sanguinario de la historia y apoyado en las fuerzas armadas.  Asesinó y desapareció a miles de personas, incluidos niños y ancianos, e impuso leyes, medidas no escritas, y normas de comportamiento dictatoriales que cercenaron la democracia durante varias décadas. Algunas de ellas siguen  vigentes en el actual gobierno de Sebastián Piñera, como es la Constitución de la República, por citar solo algunas que siguen limitando la vida democrática, si acaso a elecciones porque ni libre expresión hay en un país donde un alto por ciento de los medios de comunicación responden a los intereses del capital, y sobre todo de un capital ensangrentado porque gran parte de él se originó desde el reparto y apropiación de bienes de producción y servicios que la casta militar golpista y sus empresarios aduladores aprovecharon para enriquecerse; el actual presidente entre ellos.

El dictador que dirigió el gobierno de facto estuvo reprimiendo a la sociedad chilena durante diecisiete años porque es un pueblo que cuando votó mayoritariamente por Allende en 1970 sobrepasó la cifra del millón de electores (1.075.016)  y después de casi cincuenta años, la mayoría de los que sobrevivieron a la represión o a la muerte natural continúa decidido a rescatar el ideal socialista y ahora junto a sus hijos ya maduros y nietos que hoy son la mayoría de los rebelados contra Piñera y el sistema político-económico. “No tenemos miedo” exclaman sin capucha y sin armas, abiertamente ante los y las periodistas, esos jovencitos que ya son verdaderos soldados de la Patria enfrentados a los carabineros de la dictadura. 

Nadie debería dudar de la potencialidad de esa fusión de generaciones porque es lógico pensar que aquel millón allendista se quintuplicó, sea dentro como fuera de Chile debido a la emigración forzada causada por las masacres de Pinochet, y si bien muchas de esas familias emprendieron nuevas vidas, la mayoría quedó residiendo en el país, pendientes y con su cultura chilena, la verdadera del pueblo, que es, como en toda Suramérica, de raigambre independentista y por ello democrática.

Allende tuvo muchas razones cuando avizoró que se abrirían, más temprano que tarde, “las grandes alamedas” por donde pasaría “el hombre nuevo”, ese que años antes había imaginado Fidel Castro y Che Guevara y que después en 1979 fue (y es) ideal también de la Revolución Sandinista, e idea clave en la corta vida de Maurice Bishop con su Revolución de la Nueva Joya en Granada, los cuatro procesos sociales enfocados en el ideal socialista que precedió y fueron objeto de estudio, del Comandante y líder Hugo Chávez, para iniciar una nueva fase, ahora victoriosa, de la Revolución Bolivariana que ahora lidera, ejemplarmente, Nicolás Maduro. Hoy, en los Andes de los aymaras y los quechuas, donde año tras años rememoran al Che y a Allende se enarbola también el ideal del “hombre nuevo”, liderado por ese ejemplo de indígena nuevo llamado Evo Morales.

Esa fusión de generaciones es el gran proceso humano y social  en el que se dirimirán las contradicciones en el siglo XXI y está condicionado ahora por tres procesos, a saber:  a) por una aguda crisis estructural del capitalismo, en tensión con los proyectos nacionales o plurinacionales enfocados al socialismo; b) por un tipo de política cada día más demagógica e inmoral de los gobernantes pro capitalistas que es evidenciada con mayor significado social debido a la expansión de las redes sociales, con su correlato de rechazo masivo, y por ello 3) de una conciencia política de liberación y emancipación más profunda y extendida en la ciudadanía.

De esa dialéctica de las tensiones sociales y políticas, como “expresión concentrada de la economía” surgirán, cada año, en cantidades mayores en el mundo, tres tipos de gobiernos: unos enfocados abiertamente al socialismo con fortalecimiento del Estado y presencia de capital privado y del globalizado con diferentes tipos de alianzas; otros con variantes políticas socialdemócratas como tránsito para contener al capitalismo depredador pero priorizando al capital privado sobre el público; y otros, gobiernos del tipo “liberal” que como consecuencia de correlaciones de fuerzas entre los poderes de esos estados, mantendrán y tratarán de prolongar de una u otra forma –por ahora- el poder de la burguesía, la que nunca podrá asesinar las esperanzas de los pueblos, tal y como lo estamos viviendo ahora, en cada nación en transformación, con sus particularidades y generalidades, sea en Suramérica, Centroamérica, Caribe, África del norte, África Central y Meridional, Asia Menor, Europa, Medio Oriente, Norteamérica, Eurasia o incluso Australia. 

Aunado a esos tres tipos de gobiernos, se encuentran los restantes, esos que seguirán desestructurándose, integrantes del “imperialismo colectivo” y practicantes asiduos del no reconocimiento social como política gubernamental, y todo como consecuencia de las tensiones sociales crecientes al interior de sus sociedades y de las tensiones con el entorno regional o global, en lo que está mediando una aceleración inusitada y diversificada de las comunicaciones, y en las que cada día intervienen más millones de seres, de esos siete mil millones que hoy conforman la esperanzadora humanidad, más confuciana, roussoniana y bolivariana que hobbesiana o durkheimana, y por ello predominando el ideal del destino común y de los beneficios compartidos.

De manera que la fusión de generaciones imbuidas de un ideal común y decididas a transformar la sociedad y las relaciones con su entorno no es un resultado evolucionista sino la expresión de un proceso de desarrollo en que ellas llegan al punto de “no retorno” aunque no exenta de contradicciones tripolares, o al momento de evitar a toda costa y bajo cualquier peligro de que no les maten las esperanzas quienes, por años, injustamente, no les han reconocido sus anhelos y sus derechos.   

wongmaestre@gmail.com

miércoles, 22 de mayo de 2019

La utopía del neoliberalismo es la distopia de los pobres


Por Homar Garcés:

En su libro «Renovar la teoría crítica y reinventar la emancipación social (encuentros en Buenos Aires)», Boaventura de Sousa Santos revela que «la utopía del neoliberalismo es conservadora, porque lo que hay que hacer para resolver todos los problemas es radicalizar el presente. Esa es la teoría que está por detrás del neoliberalismo. O sea: hay hambre en el mundo, hay desnutrición, hay desastre ecológico; la razón de todo esto es que el mercado no ha logrado expandirse totalmente. Cuando lo haga, el problema estará resuelto».



Frente a semejante realidad, el mismo autor propone: «Tenemos que cambiar esta utopía conservadora por una utopía crítica, porque aún las utopías críticas de la Modernidad -como el socialismo centralizado- se convirtieron, con el tiempo, en una utopía conservadora». En la actualidad, muchos movimientos sociales y políticos libran una desigual batalla contra las pretensiones neoliberales de abarcar y controlar la totalidad de la vida, ya no solamente en lo que comprende la explotación de la fuerza de trabajo o de los recursos de la naturaleza sino también (en algunos casos, con especial predilección) las conductas y la forma de pensar de todas las personas, en una estrategia de dominio global que apenas ha merecido la atención de las grandes mayorías.

Si se profundizara el estudio de estas mismas luchas se extraerá como rasgo común la aspiración colectiva a un nuevo orden mundial en el cual no exista ya una hegemonía, única, que termine por subyugar por entero a la humanidad. Ni siquiera en su versión pluripolar o multicéntrica, puesto que la misma implica la reproducción de la existente. De racionalizarse semejante posibilidad, se abrirían vías a una transición civilizatoria global más racional, tanto en lo relacionado con la armonía que debiera existir entre todos los seres humanos como entre éstos y la naturaleza que les sirve de soporte de vida.

Sería preciso producir entonces subjetividades rebeldes, capaces de noúnicamente cuestionar el orden vigente sino de originar unos nuevos paradigmas, adecuados a las condiciones particulares de nuestras naciones, en vez de subjetividades conformistas que, a pesar de las quejas, las dificultades y las decepciones, terminan por aceptar la realidad tal cual se la presentan los sectores interesados, como están, en que ésta jamás cambie, al menos en sus aspectos básicos, asegurándose, precisamente, la preeminencia que ostentan frente al resto del conjunto social.

Hay que ser capaces, por consiguiente, de tener una visión más amplia de nuestro presente, sometido como se halla por quienes han decidido cuál es el destino que le correspondería vivir a la humanidad y, con ella, a la naturaleza en general, en una especie de régimen corporativo a manos de los grandes consorcios transnacionales que controlan el mercado capitalista global. De ocurrir esto, no es imposible que se dé nacimiento a una nueva concepción de lo que serían en lo adelante la dignidad y la conciencia humanas en consideración de lo que ha sido hasta ahora el modelo civilizatorio capitalista.

mandingarebelde@gmail.com

sábado, 11 de mayo de 2019

LA UTOPÍA DEL NEOLIBERALISMO ES LA DISTOPÍA DE LOS POBRES


Por Homar Garcés:

En su libro «Renovar la teoría crítica y reinventar la emancipación social (encuentros en Buenos Aires)», Boaventura de Sousa Santos revela que «la utopía del neoliberalismo es conservadora, porque lo que hay que hacer para resolver todos los problemas es radicalizar el presente. Esa es la teoría que está por detrás del neoliberalismo. O sea: hay hambre en el mundo, hay desnutrición, hay desastre ecológico; la razón de todo esto es que el mercado no ha logrado expandirse totalmente. Cuando lo haga, el problema estará resuelto».


Frente a semejante realidad, el mismo autor propone: «Tenemos que cambiar esta utopía conservadora por una utopía crítica, porque aún las utopías críticas de la Modernidad -como el socialismo centralizado- se convirtieron, con el tiempo, en una utopía conservadora». En la actualidad, muchos movimientos sociales y políticos libran una desigual batalla contra las pretensiones neoliberales de abarcar y controlar la totalidad de la vida, ya no solamente en lo que comprende la explotación de la fuerza de trabajo o de los recursos de la naturaleza sino también (en algunos casos, con especial predilección) las conductas y la forma de pensar de todas las personas, en una estrategia de dominio global que apenas ha merecido la atención de las grandes mayorías.

Si se profundizara el estudio de estas mismas luchas se extraerá como rasgo común la aspiración colectiva a un nuevo orden mundial en el cual no exista ya una hegemonía, única, que termine por subyugar por entero a la humanidad. Ni siquiera en su versión pluripolar o multicéntrica, puesto que la misma implica la reproducción de la existente. De racionalizarse semejante posibilidad, se abrirían vías a una transición civilizatoria global más racional, tanto en lo relacionado con la armonía que debiera existir entre todos los seres humanos como entre éstos y la naturaleza que les sirve de soporte de vida.

Sería preciso producir entonces subjetividades rebeldes, capaces de no únicamente cuestionar el orden vigente sino de originar unos nuevos paradigmas, adecuados a las condiciones particulares de nuestras naciones, en vez de subjetividades conformistas que, a pesar de las quejas, las dificultades y las decepciones, terminan por aceptar la realidad tal cual se la presentan los sectores interesados, como están, en que ésta jamás cambie, al menos en sus aspectos básicos, asegurándose, precisamente, la preeminencia que ostentan frente al resto del conjunto social.

Hay que ser capaces, por consiguiente, de tener una visión más amplia de nuestro presente, sometido como se halla por quienes han decidido cuál es el destino que le correspondería vivir a la humanidad y, con ella, a la naturaleza en general, en una especie de régimen corporativo a manos de los grandes consorcios transnacionales que controlan el mercado capitalista global. De ocurrir esto, no es imposible que se dé nacimiento a una nueva concepción de lo que serían en lo adelante la dignidad y la conciencia humanas en consideración de lo que ha sido hasta ahora el modelo civilizatorio capitalista.

mandingarebelde@gmail.com