Por Carlos Flanagan:
(limitaciones y fracasos del progresismo en América Latina)
Introducción:
Es indudable que la derrota electoral sufrida por el Frente
Amplio en Uruguay - que interrumpe un período de 15 años de gobierno a través
de tres períodos consecutivos - fue el acicate para la redacción de este
material.
Sin embargo, desde hace ya tiempo avizorábamos y
manifestábamos la necesidad y conveniencia de iniciar un proceso de discusión –
primero al interior de cada organización en su país - para luego proceder a un
intercambio en el seno de la izquierda latinoamericana y caribeña.
De carácter amplio y profundo a la vez, que diera cuenta en
forma autocrítica y detallada tanto de las insuficiencias como los errores en
los que incurrieron las distintas fuerzas de izquierda y progresistas en el
gobierno de sus países, que redundaron a la postre en la pérdida de los mismos.
Lo hacíamos convencidos que sólo un intercambio sereno,
profundo y fraterno de las conclusiones de los análisis de los errores e
insuficiencias acaecidos en cada país, en ámbitos como por ejemplo el Foro de
Sao Paulo – en sesiones de trabajo cerradas, sin declaraciones púbicas - podría
ser una base enriquecedora; un punto de partida para dotarnos de las
herramientas aptas para reconquistar las posiciones perdidas en varios de
nuestros países.
Lamentablemente esto aún no se ha producido.
En nuestro país, ya al otro día de la derrota en la segunda
vuelta de la elección presidencial, se comenzó a hablar – y se sigue hablando -
de la necesidad de procesar una autocrítica en el seno del Frente Amplio.
Nadie puede estar en contra de tal propósito.
Ahora bien; entendemos que no es una cuestión de forma (si
se nombra una comisión, si se trabaja sobre un punteo o un documento base,
etc.), sino de hondo contenido político.
Se trata de ir definiendo entre todos los alcances y
profundidad de esa autocrítica, a lo largo y ancho de toda la estructura
orgánica, para que el proceso de discusión de miles y sus conclusiones sea la
herramienta que nos permita rectificar el rumbo.
No podemos negarnos esta oportunidad de procesar una fértil
discusión política e ideológica que evite quedarnos anclados en aspectos
puntuales o superficiales como algunos sobre la estrategia electoral, la
campaña, los candidatos propuestos, o buscar atajos a una verdadera síntesis
mediante bien intencionados pero efímeros “consensos semánticos” en aras de una
supuesta “preservación de la unidad” (falso concepto sobre el cual nos
referiremos más adelante).
Este material pretende solamente brindar algunos insumos a
la discusión fraterna y profunda que nos debemos todos.
Si algunos de sus contenidos o afirmaciones sirvieran para
promover la reflexión y la polémica dentro o fuera de fronteras, nos
consideraremos plenamente satisfechos.
Situación internacional
Podemos afirmar que estamos hoy a las puertas de un proceso
de viraje de tremendo impacto en la historia universal.
Se trata ni más ni menos que la hegemonía occidental en el
mundo – construida a partir de 1492 con el inicio del comercio internacional y
que de acuerdo con Immanuel Wallerstein detentaran brevemente las Provincias
Unidas Holandesas en el siglo XVIII, el Reino Unido en el XIX y Estados Unidos
de América a partir de mediados del siglo XX - pasará a ser detentada por
Oriente (principalmente China y Rusia).
Sería imposible – y temerario, además – estimar un plazo
para ello y probablemente nuestra generación no lo verá.
Pero como en la música la obertura cumplía originalmente la
función de llamado de atención y adelanto para el espectador del relato que se
desarrollaría posteriormente en la ópera propiamente dicha, hoy podemos afirmar
que ya escuchamos los primeros acordes de la obertura que anuncia este viraje
trascendental.
He ahí el motivo principal del desarrollo de una nueva
contraofensiva del imperialismo en todo el mundo. Son los desesperados intentos
de los Estados Unidos de América (EUA) por mantener su condición de potencia
hegemónica.
China, con sus inversiones en alta tecnología y su
estrategia de expansión comercial mediante la llamada “nueva ruta de la seda”,
se ha convertido en su principal rival.
En última instancia, siempre la economía
Podríamos decir que la esencia del modo de producción
capitalista se evidencia en la historia de sus crisis cíclicas.
En el proceso histórico del capitalismo, por medio de los
avances tecnológicos, se fue transitando de la manufactura a la mecanización,
luego a la automatización y hoy se llega a la cada vez mayor robotización en
sus procesos productivos.
Esto hace que, en la ecuación de la composición orgánica del
capital, la proporción de participación del capital fijo (máquinas) aumenta
cada vez más, mientras la del capital variable (mano de obra) disminuye.
En cuanto el valor de un producto está en relación directa
al plusvalor que aporta el trabajo humano -y la apropiación de esa plusvalía
constituye la ganancia del capitalista – podemos concluir que el proceso
industrial tiende a aumentar su productividad (mayor producción en menor
tiempo) y disminuir en términos de valor.
Esta tendencia que va generando un desempleo crónico, así
como la precarización del trabajo, se trasunta en una crisis estructural del
sistema capitalista y confirma lo que Marx denominaba “ley de la tendencia
decreciente de la tasa de ganancia”.
Éramos pocos... y vino el COVID 19
El capitalismo en su lógica de mantener su funcionamiento y
maximizar las ganancias -en su afán de acortar los ciclos productivos incluyendo
los tiempos de crianza de ciertos animales para consumo - no para mientes en
atentar contra el medio ambiente y la naturaleza toda. He aquí el origen de
distintas mutaciones, como por ejemplo el del virus original de la gripe en
gripe aviar, porcina y bovina.
La actual pandemia lleva a extremos dramáticos las
condiciones de vida de la mayoría de la humanidad y pone a la larga en cuestión
la propia supervivencia en el planeta.
El informe emitido por la Comisión Económica para la América
Latina y el Caribe (CEPAL) el 15 de julio con datos al 30 de junio es de por sí
alarmante.
Transcribimos algunos de ellos: comienza diciendo “La
economía mundial experimentará su mayor caída desde la Segunda Guerra Mundial y
el producto interno bruto (PIB) per cápita disminuirá en el 90% de los países,
en un proceso sincrónico sin precedentes.
En 2020, el PIB mundial se reducirá un 5,2%. La caída será
del 7,0% en las economías desarrolladas y del 1,6% en las economías emergentes.
En 2020, el volumen del comercio mundial de bienes
disminuiría entre un 13% y un 32%”.
La CEPAL proyecta, para el conjunto de la región, una caída
promedio del PIB del 9,1% en 2020, con disminuciones del 9,4% en América del
Sur, el 8,4% en Centroamérica y México, y el 7,9% en el Caribe, sin incluir
Guyana, cuyo fuerte crecimiento lleva el total subregional a una caída del
5,4%.
Dado que los indicadores de empleo en los primeros cuatro
meses del año ya muestran un deterioro de las condiciones laborales y tomando
en cuenta las nuevas proyecciones del PIB, se espera que la tasa de
desocupación regional se ubique en alrededor del 13,5% al cierre de 2020.
Con la nueva estimación, el número de desocupados llegaría a
44,1 millones de personas, lo que representa un aumento cercano a 18 millones
con respecto al nivel de 2019 (26,1 millones de desocupados)”.
La CEPAL proyecta que el número de personas en situación de
pobreza se incrementará en 45,4 millones en 2020, con lo que el total de
personas en situación de pobreza pasaría de 185,5 millones en 2019 a 230,9
millones en 2020, cifra que representa el 37,3% de la población latinoamericana.
Dentro de este grupo, el número de personas en situación de
pobreza extrema se incrementaría en 28,5 millones, pasando de 67,7 millones de
personas en 2019 a 96,2 millones de personas en 2020, cifra que equivale al
15,5% del total de la población.
También proyecta un incremento de la desigualdad en la
distribución del ingreso en todos los países de la región. El índice de Gini se
incrementaría entre un 1% y un 8% en los 17 países analizados.
El capitalismo está atravesando una crisis de enormes dimensiones.
No hablaremos de “la crisis final del sistema”; pero sí de una crisis de larga
duración y que más allá de eventuales mejoras y nuevas recesiones parciales,
tiene instalado el germen de su enfermedad sistémica terminal.
Finalmente podemos afirmar que el capitalismo en su actual
fase depredadora de los recursos naturales del planeta, nos está conduciendo a
lo que podríamos llamar una crisis civilizatoria.
Cerramos estos párrafos de diagnósticos con algunas
reflexiones del intelectual mexicano Armando Bartra sobre el porqué de una
“gran crisis” y no solo una crisis que nos eximen de más comentarios:
“Finalmente, la Gran Crisis pone en entredicho a la propia
civilización industrial. La ciega carrera tecnológica y el desbocado
crecimiento de la producción en un orden movido, no por la generosidad, sino
por la codicia, nos condujeron a un mundo física, económica, social y
espiritualmente inhabitable. La pretensión de hacer tabla rasa de la diversidad
natural talando bosques, aplanando tierras y enclaustrando aguas, todo para
establecer vertiginosos monocultivos; la intención de barrer con la diversidad
cultural emparejando a los hombres transformados así en simples trabajadores y
consumidores; el desarrollo de la industria a costa de la agricultura y de las
ciudades en demérito del campo, fueron magnas transformaciones hechas en nombre
de la construcción de un mundo de abundancia y una sociedad opulenta. El
resultado ha sido un mundo de escasez tanto ambiental como económica y una
sociedad física y espiritualmente estragada.”
La contraofensiva imperialista
En este marco, de crisis estructural, los EUA desarrollan en
forma desmesurada su complejo militar – industrial, con la pretensión de que
cumpla un doble rol simultáneo: como instrumento de paliación de los efectos
sociales de la misma dentro de fronteras y de expansión militar en aras de
mantener el control hegemónico de zonas claves en el mundo.
Esto explica la demencial política exterior practicada
groseramente con prepotencia y sin ningún tipo de ambages por el Presidente
Trump (el gran fanfarrón) respaldado por los sectores más reaccionarios del
país.
Valgan a modo de ejemplo el recrudecimiento del bloqueo a
Cuba y la guerra no declarada a Venezuela, o las provocaciones a China, Corea
del Norte, Siria o Irak (como la orden del asesinato el 2 de enero mediante un
bombardeo de un dron cerca del aeropuerto de Bagdad del General Qassem
Soleimani, encargado de las operaciones fuera de Irán de los Guardianes de la
Revolución) que pusieron a la región al borde de una confrontación de
consecuencias incalculables.
Asimismo, desde comienzos de este siglo, la presencia
estadounidense en África se ha intensificado con la creación del Comando África
(africom) y la instalación de pequeñas bases militares móviles.
Mantienen la guerra en Somalia y Libia disputando su
predominio en el continente con China y Rusia.
Nuestra región latinoamericana y caribeña - considerada el
patio trasero de los EUA desde 1823 por la llamada “Doctrina Monroe” que
postulaba una “América para los americanos”- vuelve a ser hoy un teatro de
operaciones prioritario para esta contraofensiva, luego de los reveses
políticos sufridos a partir de 1999.
Las fuerzas de izquierda y progresistas fueron ganando espacio
palmo a palmo en las diversas luchas sociales que protagonizaron en los años 90
enfrentando las medidas gubernamentales de corte neoliberal, de nefastas
consecuencias, impuestas y monitoreadas por los organismos económicos
internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial
(BM), de acuerdo a los postulados del llamado Consenso de Washington.
Se generó así un proceso de acumulación de fuerzas que dio
lugar a la conquista primero de gobiernos locales y luego del gobierno nacional
en varios de los países del continente a saber: Venezuela en 1999, Brasil y
Argentina en 2003, Uruguay en 2005, Bolivia y Honduras en 2006, Ecuador y
Nicaragua en 2007, Paraguay en 2008, El Salvador en 2014 y México en 2018.
Las características de la contraofensiva
La actual contraofensiva del imperialismo dista bastante en
sus métodos, respecto a la que aplicara en la década de los años 70 del pasado
siglo en nuestra región.
Mientras aquella consistió en golpes de Estado cívico –
militares de similares características, como si de trajes de confección en
serie se tratara, la actual se basa en la llamada estrategia del “golpe de
Estado blando” también llamado “golpe suave” detallada por Gene Sharp,
politólogo estadounidense, en un ensayo titulado “De la dictadura a la
democracia” publicado a fines de los años 90 del siglo pasado.
Consiste en cinco pasos sucesivos (“ablandamiento”,
“deslegitimación”, “calentamiento de calle”, “combinación de formas de lucha” y
finalmente “fractura institucional”), que se aplica “a la medida” de cada país
de acuerdo a las posibilidades que encuentran.
En síntesis, se trata de cabalgar sobre los conflictos y
promover el descontento, manipulando los factores que generan malestar social,
como el desabastecimiento, índices de criminalidad, fluctuación de la
cotización del dólar, lockout patronal, y un largo etcétera.
Un instrumento indispensable y muy bien utilizado para la
aplicación de esta estrategia han sido sin duda los medios masivos de
comunicación.
Jugaron un papel fundamental en el rol de deslegitimación de
los gobiernos progresistas, ampliando la duración de los informativos y los
espacios dedicados a la crónica roja, machacando un día sí y otro también sobre
el tema de la permanente inseguridad para así instalar en la opinión pública la
idea de la inoperancia gubernamental en el combate a la delincuencia. Asimismo,
echando a correr denuncias o insinuaciones sin fundamentos sobre presuntos
actos de corrupción; fueran en la esfera personal o en la gestión.
Otro elemento que ha jugado similar papel ha sido la
creciente influencia de las iglesias evangélicas y pentecostales en nuestra
región.
En los documentos de la CIA, conocidos como Documentos de
Santa Fe (cuatro documentos redactados entre 1980 y 1986), ya se planeaba la
necesidad de financiar y potenciar el “desembarco” y acción de estas iglesias
como forma de dar batalla a la izquierda por la hegemonía cultural en nuestras
sociedades, tratando de promover las costumbres estadounidenses y desviar las
demandas populares hacia el activismo religioso.
Como consecuencia de esta contraofensiva, se produjo el
golpe de Estado en Honduras en 2009, el proceso de “destitución” de Dilma
Rousseff en Brasil en 2016, la derrota electoral del kirchnerismo en la
Argentina en 2015, la traición absoluta a todos los postulados de Rafael Correa
en sus 10 años como Presidente en Ecuador por parte de su sucesor y actual
mandatario Lenin Moreno, el golpe de Estado en Bolivia el 10 de noviembre de
2019 y la derrota electoral del Frente Amplio en Uruguay luego de 15 años en el
gobierno, en las elecciones de octubre y noviembre de 2019.
En Argentina vuelve a triunfar el peronismo en 2019.
Además de la Revolución Cubana, que sigue resistiendo
heroicamente los embates imperialistas estadounidenses desde hace más de
sesenta años, hoy tenemos en la región gobiernos progresistas en sólo en
Argentina, México, Nicaragua y Venezuela.
Asimismo, el imperialismo centró sus esfuerzos en
neutralizar las iniciativas que propendieran a la integración soberana de los
países de la región que se fueron creando, como la Alianza Bolivariana para los
Pueblos de Nuestra América - Tratado de Comercio de los Pueblos ALBA – TCP, en
2004, la Unión de Naciones Suramericanas UNASUR en 2008, la Comunidad de
Estados Latinoamericanos y caribeños CELAC en 2011.
Como parte de su ofensiva contra el proceso de cambios en la
República Bolivariana de Venezuela, incidió en la creación del llamado “Grupo
de Lima” a partir de la Declaración de Lima del 8 de agosto de 2017 en contra
del gobierno legítimo de Venezuela.
Lo mismo hizo para que los presidentes de Colombia y Chile
propusieran la creación del Foro para el Progreso de América del Sur (PROSUR) a
principios de 2019 y enterrar a la UNASUR.
Estos hechos reseñados, nos dan pie para formular algunas
reflexiones:
- Las
diferentes contraofensivas del imperialismo están destinadas a mantener a
nuestra región bajo su hegemonía, como elemento de primer orden para el
mantenimiento de su primacía como potencia capitalista en el mundo.
Tanto el Fondo Monetario Internacional como el Banco Mundial
son instrumentos para tal fin.
Todos los pueblos de la región hemos sufrido sus terribles
políticas de “ajuste”, aplicadas por gobiernos serviles siempre a costo y en
detrimento de los trabajadores, para beneficio de los capitalistas locales; y
en su correlato macroeconómico internacional, manifestadas en la expoliación de
los países dependientes por parte de los principales países capitalistas.
Este último fenómeno mencionado es el llamado desarrollo
desigual y combinado, inherente en todo tiempo al sistema capitalista como tal;
y llevado a su extremo en el marco de las ya mencionadas crisis cíclicas del
mismo debidas a la tendencia decreciente de la tasa de ganancia (“crisis
dineraria” al decir de Marx en “El Capital”).
Por lo tanto, no existe para nuestros países una “vía al
desarrollo” consistente en tomar como modelo a alcanzar a los países
“desarrollados”, haciendo bien los deberes que nos indican sus organismos
internacionales; tal como ellos (y sus gerentes nativos en cada país) nos lo
han hecho creer durante décadas.
Por el contrario, en épocas difíciles, la presión aumenta y
el mencionado desarrollo desigual y combinado, se complementa con un
vaciamiento compuesto y sincronizado en nuestros países: el económico y el
democrático (en este último se incluyen los llamados “golpes blandos” ya
mencionados).
2) Dan
por tierra con la “tesis de los ciclos” en la región, por la cual luego de
finalizar un ciclo de gobiernos progresistas, se inicia otro de gobiernos
conservadores. Esta interpretación un tanto mecanicista – y por ello
empobrecedora del análisis que pretende elaborar – no puede dar cuenta tanto de
la coexistencia en la región como de la alternancia en un país de gobiernos con
concepciones políticas totalmente opuestas entre sí.
3) Al
mismo tiempo queda comprobada una vez más la vigencia del proceso de la lucha
de clases como parte integral del devenir histórico de las sociedades, que se
desarrolla con características propias en cada país. Y por ello son intransferibles;
pautadas por períodos de avances y de retrocesos, triunfos y derrotas. En esa
particularidad polifacética y zigzagueante, radica su riqueza y la necesidad de
un estudio específico que dé cuenta de la misma.
La estrategia del imperialismo cabalga sobre nuestras
propias debilidades.
Es indudable que la estrategia global del imperialismo se
vio facilitada por las carencias propias de los gobiernos progresistas de
nuestra región.
Hay una que parece ser un común denominador en todos los
llamados procesos de cambio: la ingenuidad.
En política se puede ser de cualquier tendencia menos de la
de los cándidos; ya que los pueblos terminan pagando un precio político muy
alto.
Más allá de las circunstancias específicas y características
propias de los gobiernos de cada país, intentaremos señalar algunos errores y
limitaciones comunes del progresismo, que a la postre lo llevan a su fracaso.
La
batalla de ideas y nuestras derrotas
La hegemonía en el campo cultural es una parte integral del
proceso de la lucha de clases.
La clase dominante la ejerce cuando en una sociedad
culturalmente diversa, su cosmovisión es aceptada como si fuera una norma
cultural universal, natural y por ello inevitable y esencialmente
inmodificable; y no como una construcción social en beneficio de dicha clase
dominante.
El no haberla valorado en su debida forma y actuado en
consecuencia, es a mi juicio el error fundamental del cual se desprenden las
causas puntuales específicas que dan cuenta de nuestra des acumulación en cada
país.
Hemos sufrido una derrota cultural y hay que admitirlo
claramente.
A modo de ejemplo, cabe hacer una primera puntualización
acerca de la definición del neoliberalismo en tanto estrategia global
imperialista - que abarca aspectos económicos, políticos, ideológicos,
culturales y militares - y no meramente una política económica; lo que en su
momento estuvo en debate en la izquierda.
Esto no fue un matiz menor, o parte de una discusión
académica.
Se trasuntó en medidas políticas concretas, así como en
omisiones – fueran de gobierno o de la fuerza política - que tuvieron
consecuencias en la pérdida posterior de esos espacios institucionales que se
habían conquistado en muchos de nuestros países.
El haber pasado por alto el hecho de que esta estrategia
global ya estaba planteada en los documentos de Santa Fe en la década de los
años 80 del siglo pasado, fue un gran error.
En particular se planteaba a texto expreso – entre otras
medidas - aumentar la influencia de las costumbres estadounidenses, así como
alentar y financiar la propagación de religiones evangélicas y pentecostales.
Las mismas se han expandido en la mayoría de nuestro
continente, principalmente en Brasil (cuentan con 30 millones de seguidores y
la Red Récord de televisión, la segunda más vista en el país) en donde han
jugado un papel primordial en orientar hacia la votación mayoritaria del
neofascista Jair Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones
presidenciales del 7 de octubre de 2018, en donde la llamada bancada
evangelista cuenta con 76 diputados en un total de 513) y luego afirmar su
triunfo en la segunda vuelta el día 28.
El gobierno de Bolsonaro representa un duro golpe para el
pueblo trabajador de Brasil y un factor de retroceso político para todo el
continente.
En síntesis, enfrentar a esta estrategia global imperialista
en todos sus aspectos es a lo que se refería el comandante Fidel Castro en el
año 2003, cuando afirmaba que “la batalla de ideas es nuestra arma política más
poderosa”.
Trataremos
seguidamente de señalar en tres grandes capítulos, las principales carencias de
índole general que se vienen dando en nuestros procesos de cambio. Citaremos
algunos ejemplos, sin entrar sistemáticamente en el detalle de las especificidades
en que se dieron o se dan en cada país y mencionaremos las tareas pendientes y
los desafíos que implican resolverlas.
- Los gobiernos progresistas y el Estado
En el marco de los procesos que llevaron a las fuerzas de
izquierda al gobierno nacional, a mi entender no se reflexionó a fondo sobre el
carácter de clase del Estado y la mejor utilización de sus instrumentos al
servicio del cambio social al que se aspiraba. En consecuencia, más allá de las
intenciones proclamadas, no se llevó adelante en forma consecuente el proceso
de la necesaria reforma del Estado (política y económica), mediante medidas que
la tornaran irreversible.
Aspectos políticos
En muchos casos se cayó en lo que podríamos denominar el
“fetichismo de la Constitución y la legalidad”. Con cierta dosis de ingenuidad,
se partió de la base equivocada por la cual la burguesía no osaría romper “las
(en verdad sus) reglas del juego”.
En realidad, la burguesía cuando fue la clase revolucionaria
enfrentada al orden feudal, estableció a partir de la Revolución Francesa el
Estado moderno regido por normas que nos llegan hasta hoy y que conforman la
democracia burguesa.
Una visión materialista de la Historia nos debería hacer ver
que la burguesía transformada en clase dominante, no trepida si es menester en
romper las reglas de juego por ella creadas, a fin de mantener su hegemonía de
clase. Este razonamiento lo desarrollé en mi artículo “A 45 años del golpe de
Estado en Chile, algunas interrogantes para la izquierda uruguaya” (https://www.alainet.org/es/articulo/195315). Debido a este grave error conceptual, quedaron flancos
desguarnecidos, aprovechados por los llamados “golpes blandos o suaves” como
sucedió en Honduras, Paraguay y Brasil.
Es importante señalar el papel que han jugado en estos
procesos desestabilizadores los parlamentos (los casos de destituciones
presidenciales en Brasil y Paraguay son elocuentes) así como el poder judicial,
el cual en muchos países pasó a ser el ámbito de dirimir asuntos de carácter
político.
Uruguay no ha sido una excepción en cuanto a la aplicación
de algunos aspectos de la ya mencionada estrategia del golpe de Estado suave.
La deslegitimación del gobierno por medio de campañas orquestadas por grupos de
presión – más allá de los grupos clásicos como las diferentes cámaras
empresariales – estuvieron a la orden del día; y como ya mencionáramos con
amplia cobertura cómplice por parte de los grandes medios masivos de
comunicación.
En esa perspectiva se creó en 2019 el movimiento “Un sólo
Uruguay” conformado por productores rurales que se proclaman “autoconvocados”.
Está dirigido por los grandes latifundistas - que tratan de
utilizar como mascarón de proa a los pequeños y medianos productores - y
emitieron varios pronunciamientos en los que criticaban la gestión económica de
los gobiernos del Frente Amplio, augurando épocas de crisis.
Cuando se demostraba que en 15 años consecutivos de
crecimiento económico (por primera vez en la historia del país) también
crecieron las exportaciones agropecuarias, lo aceptaban, pero decían que igual
perdieron dinero al achicarse los márgenes de ganancia. Con el mismo argumento
exigían exenciones de impuestos, aumento del valor del dólar y rebaja del
precio de los combustibles para su sector, y llegaron a cortar por breve
espacio de tiempo alguna ruta, o irrumpido provocativamente en las reuniones de
Consejo de Ministros que una vez al mes se llevaban a cabo en forma pública y
abierta en localidades del interior del país.
A esto hay que sumar el hecho de que en nuestros países no
hemos tenido una estrategia comunicacional. No supimos hacer el mejor uso en
tanto gobierno, de los medios de comunicación oficiales y las cadenas de radio
y televisión para mínimamente:
- Informar
a la población de nuestras políticas y sus resultados como forma de rendir
cuentas;
- Hacer una comparación rigurosa con las nefastas políticas
aplicadas por los gobiernos neoliberales anteriores en cada caso;
- denunciar marcando a fuego la campaña sistemática de
desinformación de los grandes medios de comunicación privados.
Se puede acceder al informe completo en https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/45782/1/S2000471_es.pdf
“El hombre de hierro. Límites sociales y naturales
del capital en la perspectiva de la Gran Crisis” Editorial Itaca México 2008.
citado en el artículo “Un cambio civilizatorio” de Mariano Ciafardini y Héctor
P. Agosti.
https://www.alainet.org/es/articulo/208216
carlos.flanagan@gmail.com