Mostrando entradas con la etiqueta conflictos bélicos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta conflictos bélicos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Fiestas dieciochenas, pandemia y Plebiscito



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Aunque se trata de días con distinto significado, en el 18 y el 19 de septiembre se realizan las Fiestas Patrias de Chile.  Quizás su coincidencia radique en que ninguno de estas fechas hace referencia a la verdad histórica de nuestro país, cuando se sabe que la auténtica independencia nacional se obtuvo solo ocho años después de 1810, y las llamadas “glorias del Ejército” realmente no son tales porque los que se merecen reconocimiento, en justicia, son los miles de compatriotas en armas, sobre todo civiles, que lograron nuestra Emancipación de España el 12 de febrero de 1818. Efeméride que aparece casi inadvertida en nuestro calendario cuando fue entonces que Bernardo O´Higgins firmó en acta de la Independencia, acto que ni siquiera tuvo lugar en la Capital. Todos sabemos, además, que las FFAA chilenas tienen un enorme prontuario de horrendos crímenes cometidos contra nuestra propia población; esto es, suman muchos más muertos y víctimas entre los chilenos que en los conflictos bélicos con los países vecinos.


En general, los historiadores coinciden que en 1810 lo que hubo fue una asamblea de personas de la alta sociedad santiaguina que, sin proponerse nuestra soberanía, en realidad se auto convocó para manifestar su adhesión a Fernando Vll (denominado el rey Felón) mientras durase el cautiverio impuesto por la invasión napoleónica que instaló en el trono español al hermano de Napoleón (Pepe Botella). No más de unos cuatrocientos notables que se propusieron administrar el país solo a la espera del retorno del Monarca Borbón al poder.

Es lamentable, pero son pocos los chilenos que saben realmente lo ocurrido en 1810 y 1818, como a lo largo de nuestra trayectoria republicana. Sin embargo, se asume que durante estos días de septiembre el país goza de todas las dispensas para celebrar, organizar fondas, paradas militares y un rutinario conjunto de festividades que concluyen siempre en una gran borrachera nacional, una desenfrenada comilona y excesos que se prodigan todos los años en crímenes, riñas, accidentes del tránsito y, como lo destacan algunos nutricionistas, en un enorme consumo de alcohol, grasas y otras vituallas que  provocan el aumento de dos o tres kilos de promedio en el peso físico de la población. No está de más recordar que, en materia de salud, es la obesidad la más grave de nuestras pandemias, si consideramos el número de enfermos y decesos que se le derivan o asocian.

A pesar del estado de emergencia impuesto por las autoridades para encarar la pandemia, como la gran cantidad de cuarentenas y confinamientos decretados en todo Chile, el gobierno de Piñera no quiere que las Fiestas Patrias de este año sufran demasiadas privaciones, por lo que ha decidido restablecer una serie de derechos sociales por varios meses suspendidos, a fin de que durante los días dieciocheros el país pueda resarcirse de tanto tiempo de restricciones. Favoreciendo sin ambages el consumo de toda suerte de comidas y bebidas por lo general nocivos para la salud y el orden público.  En la esperanza, también, de que el consumismo mejore las amilanadas cifras de nuestra economía.

Los hospitales y los servicios médicos deberán aprontarse para atender las más diversas emergencias sanitarias más allá de la infección por el virus “chino”, como algunos siguen llamándolo, y que ha demostrado que Chile es uno de los países de la Tierra menos solventes para combatirlo, sin consideramos nuestra discreta población. Los epidemiólogos advierten el riesgo de que en estos días se produzcan muchos rebrotes del contagio a causa de las fiestas, aglomeraciones y excesos, aunque las tradicionales fondas se han prohibido y los desfiles militares ya no se realizarán en estas mismas fechas. Muy a pesar de la alta oficialidad que ve en estas marciales presentaciones casi su única razón de seguir existiendo y poder gastar los millonarios recursos asignados por un Estado que dice representar a todos sus habitantes. A no dudarlo, el distanciamiento social y las mascarillas van a relajarse con mucho en estas celebraciones…

Posiblemente, Piñera y sus ministros ven oportunidad en que el jolgorio patriotero les haga recuperar algunos puntos de aprobación en las encuestas, donde su exiguo crédito social luce prácticamente irremontable. Sin embargo, es notorio que los sectores más recalcitrantes del oficialismo abrigan el deseo que la infección por el COVIB se intensifique, y ello pueda darle pretexto al gobierno y a las cúpulas políticas para postergar el Plebiscito Constitucional. Un proceso que en octubre próximo augura el triunfo de quienes quieren una nueva Constitución y cuyo contenido sea definido únicamente por ciudadanos democráticamente electos y mandatados para discutir y redactar la nueva Carta Magna.

Por lo mismo que el Ejecutivo se opone a legislar sobre la posibilidad de que sufraguen los infectados por el virus tanto de forma presencial o remota como ocurre en otros países. De manera que en caso que la consulta electoral no pueda impedirse o posponerse, solo asistan a votar los más atrevidos y una alta abstención ciudadana deslegitime el proceso constituyente.
Debemos estar atentos.
juanpablo.cardenas.s@gmail.com


sábado, 7 de marzo de 2020

Nuestra América territorio perenne de la Utopía



Por Homar Garcés:
Nos ha correspondido como continente (desde los albores de la invasión europea a estas tierras) el destino de ser el escenario propicio de la Utopía imaginada por el inglés Tomás Moro. Cuestión que fue recreada primeramente (con pocas variaciones) por los teóricos de la independencia de las colonias hispanoamericanas, y luego, bajo la influencia de Marx, Engels y Lenin, por quienes enarbolaran las banderas de la lucha por el socialismo revolucionario. Un elemento que ha dejado su huella en los pueblos de nuestra América, los cuales (a pesar de la gran influencia ejercida desde hace siglos por el eurocentrismo) no dejan de luchar por hacer realidad esta particular utopía. Así sea -en algunos casos- por simple instinto político, como acaeciera luego de la liberación política de la vieja España cuando un importante porcentaje de la población marginada acompañara a caudillos providenciales que prometieron cambios que sólo se plasmaron a nivel retórico


Sin embargo, el esquematismo y el dogmatismo con que fuera abordada esta Utopía en la etapa histórica del siglo XX a través del socialismo revolucionario -siguiendo el patrón impuesto por el burocratismo soviético tras la desaparición física de Lenin- impidieron que la misma se desarrollara de una forma totalmente amplia, crítica y creadora. Las convergencias y las divergencias que esto produjera entre muchas organizaciones políticas de la izquierda no contribuyeron a disipar la desconfianza creada entre nuestros pueblos por los sectores dominantes, sobre todo cuando los debates no pasaban de ser meras adhesiones a uno u otro de los teóricos de la revolución socialista que poco tenían que ver con las necesidades y las condiciones específicas de estas naciones.

La simple enunciación escolástica que se acostumbró entre varios de estos movimientos políticos (persistentes en la actualidad) entorpeció la realización práctica y coherente de un verdadero socialismo revolucionario, impulsado por una conciencia política revolucionaria que fuera capaz de superar las contradicciones socioeconómicas del orden establecido en vez de suavizarlas o de tratar de coexistir con ellas. Simultáneamente, se obstaculizó el disfrute y el acceso a los grandes y múltiples avances científicos y tecnológicos ocurridos en medio siglo, a la cultura y a los bienes materiales que podrían redundar en el desarrollo y la emancipación integral de los pueblos de nuestra América; dejando todo en manos de una minoría persistentemente insatisfecha con su avaricia.  A ello se agregó también la visión mecanicista de la historia -tan al gusto de sus representantes y apologistas-, así como la anulación de la individualidad y la disolución del individuo en la masa absorbida y alienada por el consumismo, según los patrones establecidos por el capitalismo.

En este contexto, la necesidad histórica de erigir una opción realmente revolucionaria no hace sino imponerse. La implantación del modelo económico neoliberal capitalista ayudó a crear un fermento favorable para crearla y hacerla viable. La realidad económica neoliberal de los últimos tiempos puso en evidencia la inexistencia de la mano invisible del mercado con que los economistas justificaran la usura, las desigualdades y la explotación sin cesar de los trabajadores que caracterizan al capitalismo. Hoy está más claro que esa mano invisible no es tan invisible como se pregonó desde mucho tiempo atrás. Ella pertenece a los grandes conglomerados que rigen el sistema capitalista global y a las clases gobernantes que respaldan, con sus medidas, conflictos bélicos y legislaciones, los intereses de tales conglomerados, en desmedro de los derechos y los intereses de la mayoría. 

Vale concluir que “esta vez no tenemos oportunidad de volver a equivocarnos, lo que antes fue ingenuidad o desconocimiento, hoy sería mera estupidez, que la historia no va a perdonarnos”, como afirmara Celia Hart Santamaría en el prólogo de la obra de Carlos Tablada, “El pensamiento económico de Ernesto Che Guevara”. Nuestra América (vistas todas sus potencialidades, en especial aquellas que se derivan de su legado multiétnico) podría, entonces, cumplir con ese destino de ser el escenario propicio de la Utopía. Sería el  territorio perenne donde (sin pecar de ilusos) todo individuo hallaría, en definitiva, su verdadera emancipación, aquella que le restituya su condición humana, en armonía con sus semejantes y la naturaleza. -  
mandingarebelde@gmail.com

viernes, 19 de octubre de 2018

Cuanto acertó Marx respecto al opio de los pueblos


Por Homar Garcés:
Hasta qué punto puede admitirse como cierta la sentencia de Steven Weinberg, galardonado en 1979 con el premio Nobel de física, al aseverar que «la religión es un insulto para la dignidad humana. Con o sin ella, habría buena gente haciendo cosas buenas, y gente malvada haciendo cosas malas, pero para que la buena gente haga cosas malas hace falta religión». Dependerá básicamente de la visión particular de cada persona y lo que ésta representa en su vida (sea cual su denominación y su dios particular); lo que determina su actitud ante el resto de sus semejantes, tanto en su forma individual como en su forma colectiva (social, cultural y/o étnica). Una posición que podría estar hincada en el prejuicio, el estereotipo y la ignorancia. O, contrariamente, fruto de un libre raciocinio y de una convicción propia de la necesidad de un respeto mutuo sincero que nos haga ver a todos los seres humanos dotados con los mismos derechos.

Quizás lo más difícil y más terrible que puede hacer cualquier ser humano en este mundo es defender y hacer valer su derecho a creer o no en una deidad determinada. Desde los tiempos más antiguos de la historia de la humanidad, la intolerancia religiosa ha sido uno de los detonantes principales de persecuciones, agresiones y muchos conflictos bélicos. Incluso entre personas y naciones que profesan la misma fe. Unos quinientos años atrás, el fanatismo religioso sirvió de motor para impulsar la invasión, el saqueo y el sometimiento colonial a manos de las monarquías cristianas europeas mediante las cruzadas sobre «Tierra Santa».

A fin de propiciarlas con éxito, la iglesia católica difundió la promesa que sus participantes serían redimidos de sus pecados y, de este modo, contribuirían a la recuperación de Jerusalén del dominio de los infieles, esto es, de los pueblos musulmanes que aún pueblan este amplio territorio, devastado y sacudido por la guerra. Fue el antecedente histórico de la beligerancia cotidiana que ahora tiene lugar en todo el Oriente Medio, lo que se pretende encubrir nuevamente con el ropaje religioso, magnificando un presunto enfrentamiento entre el Islam y el Cristianismo (entre Oriente y Occidente, como algunos gustan presentarlo) que sólo sirve para satisfacer los intereses de las grandes corporaciones transnacionales capitalistas que obtienen de la guerra, justamente, sus mayores dividendos.

También vale afirmar que ello es producto de la herencia cultural, eurocentrista en este caso, marcada -como se puede rastrear fácilmente en el resto del planeta- por una concepción racista que le hace creer a sus partidarios que están predestinados por la Providencia a doblegar a los pueblos considerados salvajes, incultos y supersticiosos con el sublime propósito de “civilizarlos”. En ello se debe incluir lo relativo al irrespeto, incluso las agresiones irracionales de todo tipo, que sufren quienes tienen la «osadía» de manifestarse ateos o, simplemente, que no comulgan con religión alguna, sea cual sea el territorio en que moren; dándose por sentado la existencia de un solo dios y, por tanto, la obligatoriedad de una adoración común para todos los seres humanos.

En «Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel», Karl Marx consideró la religión como una expresión alienada de la humanidad y dijo de ella que era «el opio del pueblo». Así, él escribió: «la miseria religiosa es, al mismo tiempo, la expresión de la miseria real y la protesta contra ella. La religión es el sollozo de la criatura oprimida, es el significado real del mundo sin corazón, así como es el espíritu de una época privada de espíritu. Es el opio del pueblo. La eliminación de la religión como ilusoria felicidad del pueblo, es la condición para su felicidad real. El estímulo para disipar las ilusiones de la propia condición es el impulso que ha de eliminar un estado que tiene necesidad de las ilusiones. La crítica de la religión, por lo tanto, significa en germen, la crítica del valle de lágrimas del cual la religión es el reflejo sagrado».

Pero no ésta no sería su única alusión a tan controversial tema. Para el autor de El Capital, la crítica de la religión no era un fin en sí misma: «La crítica del cielo se convierte así en una crítica de la tierra; la crítica de la religión, en la crítica de la ley; la crítica de la teología, en la crítica de la política». En otra de sus obras, "Sobre la cuestión judía», atacada a veces, injustamente, de antisemitismo, enunció por primera vez la idea de que la emancipación humana estaba ligada al fin del capitalismo.

En ella, establece que «la dignidad humana carece de ideologías y credos religiosos específicos. No es exclusividad de un grupo étnico o de una clase social. Ni está determinada por la subordinación o por la preeminencia de los otros valores que puedan regir los destinos y la vida en sociedad». No obstante, la historia nos revela que una gran parte de los conflictos humanos ha tenido su detonante en estas ideologías y credos, dando lugar a conclusiones sesgadas respecto al carácter belicoso que incubaría cada persona, independientemente de su extracción social y étnica; cuestión que es alimentada de forma interesada por los sectores dominantes, induciendo a las clases subordinadas a aceptarla como una fatalidad infranqueable.

En la actualidad, los fundamentalismos religiosos se han hecho notorios en la actividad política de una gran parte de nuestra América. Su influencia en ascenso (junto a la onda expansiva del fascismo que comienza a percibirse, sobre todo, en el escenario electoral brasileño) es, sin duda, una amenaza cierta para todas las libertades democráticas de nuestros pueblos; encubierta por aparentes llamados al rescate de sus valores tradicionales, del sagrado ámbito familiar y de la moral frente a la decadencia encarnada por los librepensantes, los diferentes defensores de los derechos humanos, los pobres que luchan por mayores condiciones de igualdad social y la comunidad LGTB (ésta última, blanco preferido de sus ataques).

Sus acciones apuntan a la eliminación del libre albedrío como rasgo común de la gente; explotando atavismos que parecían superados y ya olvidados, pero que ahora han aflorado y dan forma a una estrategia de miedo, rechazo y desprecio que hace ver al otro, al diferente, como un elemento prescindible al cual no le asiste ninguna clase de derechos.

Este opio «renovado» no difiere en mucho de la conclusión expuesta hace miles de años por el filósofo romano Séneca: «la religión es verdad para la gente común, falsa para los sabios y útil para los poderosos». Por ello, la comunión entre política y religión es, sin duda, liberticida. La división que ella fomenta en el seno de las clases populares es ganancia para los sectores dominantes (locales o no). Esta ha permitido, además, que el número cuantioso de víctimas causadas por las guerras imperialistas de las últimas décadas no cause demasiada indignación entre mucha gente; en especial si éstas son palestinos, africanos, asiáticos o latinoamericanos considerados inferiores, lo cual conduciría a la “normalización” de unas relaciones sociales marcadas por una violencia “justificada”. Todo esto no hace más que reforzar lo ya expresado hace más de un siglo por Karl Marx. -  

mandingarebelde@gmail.com

miércoles, 25 de julio de 2018

La crisis de valores, las guerras y los inmigrantes en el 2018


Por Diego Olivera Evia
La sociedad humana en un laberinto

En este nuevo trabajo vemos como la sociedad humana, avanza en la tecnología, pero el uso de la misma, es para ampliar los conflictos bélicos, el concepto de la apropiación de los recursos del planeta, por la potencias como EEUU, la Unión Europea (UE), como los países satélites Israel, Arabia Saudita, con el crecimiento del fascismo en Europa, la crisis a nivel global en continentes como América Latina, África, Asia y naciones emergentes en el viejo continente, son parte de una realidad critica.

La crisis de los inmigrantes, son parte de una guerra étnica, como sucede con Palestina, arrasado por el Sionismo una variedad de fascismo, donde una versión del judaísmo, se vuelve un peligroso camino en Medio Oriente, la guerra económica de EEUU, por conquistar los mercados y ampliar un mecanismo de un poder supremo, en la ampliación de la supremacía blanca, es como volver a las crisis de la guerra mundial, donde Europa y el Mundo son sancionados, por la concepción de crear según el mandatario Donald Trump, quiere crear un modelo de EEUU imperialista y plenipotenciario, creando una nueva crisis económica, por el control de los mercados y las materias primas.

Lo llamativo en esta crisis militar e intervencionista de EEUU y la OTAN no solo destruye naciones, como Iraq, Libia, Siria, Afganistán, crea hambre y mortandad en Yemen, como la masacres del sionismo en Palestina, una nación sin ejército, vive la devastación de sus ciudades, el robo de sus tierras, ante los militares para los colonos y ahora se auto determinan como una nación plenipotenciaria, ampliando sus tentáculos en el Sur de Argentina, como el intento de dividir a Siria y destruir a los iraníes, toda una conspiración contra las naciones de Medio Oriente.       
 
La sociedad humana en un laberinto
En este sentido nos parece importante retomar unas reflexiones, realizadas en un análisis sobre, los anti valores en la sociedad humana, ante un modelo capitalista monopólico, basado en las trasnacionales, con grupo de mercenarios y bases militares de EEUU, en todas las naciones del mundo, pero las campañas de que EEUU es una panacea y un salida a la crisis. Aún recordamos el eslogan, de EEUU como un paraíso para los inmigrantes, pero ahora desaparecen niños inmigrantes, por la autoridades más tres mil niños, fueron escondidos en bases militares, maltratados y drogados, esta es la realidad de una nación sin valores, donde solo la riqueza de unos pocos, domina su publicidad del sueño americano, solo del norte.   

En otra reflexión anterior publicado, analizamos que hoy la sociedad humana vive bajo una crisis sistemática económica, la cual ha creado una realidad de antivalores ante el modelo capitalista neoliberal, los efectos de la guerra a nivel planetario, ha creado una crisis humanitaria, que va desde millones de seres humanos como víctimas de un modelo trasnacional, que invade naciones a escala planetaria, 

Esta realidad está centrada del militarismo por EEUU y sus socios globales, que enriquece a los monopolios, al vender la armas y tecnología militar a través del Complejo Militar Industrial, transformándose en el mayor ingresos de EEUU, Europa e Israel, compitiendo con Rusia y China en una nueva campaña armamentista, creando en el planeta una crisis y guerras asimétricas.

La irresponsabilidad de la crisis ambiental producida por las grandes trasnacionales, han llevado al planeta a una crisis ambiental, donde los gases invernadero, han creado huecos en la capa de ozono, creando graves fisuras de los polos norte y sur del planeta Tierra, ejemplo de esta realidad es  el gigantesco iceberg que cada vez está más cerca de separarse de la Antártica. Una grieta antigua creció de repente en diciembre del año pasado y, ahora, unos pocos kilómetros de hielo mantienen unido al bloque de alrededor de 5.000 kilómetros cuadrados con el continente antártico.

Las probables consecuencias podrían ser que la plataforma de hielo se derrumbara en unos años o décadas”, indicó el profesor Luckman, “Será un gran cambio geográfico que cambiará el panorama de la región”. *Este artículo se publicó originalmente en BBC Mundo en febrero de 2017 y ha sido actualizado con nueva información sobre la evolución de la grieta.

La contaminación del medio ambiente constituye uno de los problemas más críticos en el mundo y es por ello que ha surgido la necesidad de la toma de conciencia la búsqueda de alternativas para su solución. Y lo relacionado con la investigación de los agentes contaminantes, su origen y las posibles soluciones, con fin de crearle inquietudes que favorezcan la toma de conciencia de este problema y en lo posible, el desarrollar actividades en la comunidad que contribuirán con el control de la contaminación de nuestro medio ambiente. Entendemos que el medio ambiente es importante ya que es todo aquello que nos rodea y que debemos cuidar para mantener limpia nuestra ciudad, colegio, hogar, etc., en fin todo en donde podamos estar, por esto hemos realizado la siguiente investigación acerca del Medio Ambiente.

Estos análisis son parte de la búsqueda de respuesta a una crisis sistémica, donde el ser humano vive bajo los efectos de una guerra global, donde los efectos y sus consecuencias, han determinado millones de víctimas en Iraq, en Afganistán, en Siria, en Yemen, en la masacre sistemática de palestinos, el resurgimiento del esclavismo de los pueblos africanos, como la indiferencia con los inmigrantes en Europa y EEUU. Vivimos una realidad de barbarie, donde hombres como el presidente Donald Trump, que denigran a los negros, asiáticos, indígenas, bajo la filosofía de la supremacía Blanca, que no es más que una corriente del fascismo Nazi y del kukuxklán de donde surgen los padres del magnate de la muerte.
diegojolivera@gmail.com