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miércoles, 2 de diciembre de 2020

Donald Trump: Palabras; Joe Biden: Acciones Bélicas

 Por Lic. José A. Amesty R.:

       A pesar de su fama de terrorífico y belicoso, Trump ha sido el único presidente en varias décadas que no ha iniciado una guerra.

Biden tiene una larga carrera política, de apoyo a las guerras de los Estados Unidos, desde la invasión de Irak en 2003, a la prolongada ocupación de Afganistán.

•             Trump, vociferó la creación de un muro en la frontera mexicana, para erradicar la migración.

Biden, durante su campaña política, no hizo ninguna propuesta política concreta, para poner fin a las guerras interminables.

        Donald, cree que se pueden deportar a 11 millones de inmigrantes. “Están trayendo sus drogas, están trayendo su crimen. Son violadores y algunos, asumo, son buenas personas”.

Biden, apoyó la guerra en Yemen, durante la administracion de Obama.

        Trump, cree que el cambio climático es una mentira.

Biden cuando fue Senador, votó para autorizar la invasión a Irak y propuso dividir Irak en tres regiones separadas, basadas en la identidad étnica y sectaria.

       Trump, se burla de los inmigrantes y las personas gordas. “Un muro en la frontera con México, nos ahorraría muchísimo dinero”.

Biden está recurriendo a los halcones favorables a las guerras, de la era de Obama para conformar su gabinete actual.

        Donald, cree que nunca se equivoca.

Joe, actualmente más de un tercio, de su equipo de transición en el Pentágono, tiene como el empleo más reciente, a compañías que son financiadas por la industria armamentística o son directamente parte de esa industria bélica.

       Trump, cree que le ganaría a China, “¿Cuándo fue la última vez que alguien vio ganarle, digamos, a China, en un acuerdo comercial? Nos matan. Yo le gano a China todo el tiempo. Todo el tiempo”.  

Biden, las compañías de las que se nutre, tienen antecedentes comprobados de haber impulsado guerras y nuevos sistemas de armas, como los drones asesinos.

       Trump, “¿Si Hillary Clinton no puede satisfacer a su esposo, qué la hace pensar que satisfará a EEUU?”.

Biden, con Obama a su lado, intervino en Libia, impulsó la criminal guerra del Yemen, continuó la ocupación de Afganistán, apoyó al golpe de Estado en Honduras.

        Donald, “Mis dedos son largos y bellos, como se ha documentado muy bien sobre otras partes de mi cuerpo”.

Joe, ahora, se está rodeando del mismo equipo de asesores y consultores, que ayudaron a embarcar a Estados Unidos en guerras sin destino.

       Trump, “Lo bello de mí es que soy muy rico”.

Biden, fue uno de los cerebros de las políticas que se impusieron en Colombia, como fue el Plan Colombia, y toda la visión contrainsurgente ligada en ese plan.

        Donald, “Nueva York está congelado y lleno de nieve, necesitamos calentamiento global”. “El concepto de calentamiento global, fue creado por y para los chinos, para volver a la industria manufacturera estadounidense no competitiva”.

Joe, durante su gobierno con Obama, proclamó la paz y la democracia, pero detrás de ese mensaje de paz, detrás de ese mensaje de democracia, se impulsaron confrontaciones militares abiertas; a pesar de su mensaje de paz, de su premio de paz, desarrolló confrontaciones militares en todo el mundo.

En resumen, ex funcionarios militares y operativos políticos, señalan que las palabras de Trump, no coinciden con sus acciones, como una de las principales razones por las que los militares acudieron en masa al candidato demócrata; y en sus palabras hay en muchas ocasiones: desconocimiento, racismo, xenofobia, burla, ingenuidad, orgullo, prepotencia, entre otras. 

Y en relación a Joe Biden, quien todavía no asume la presidencia, pero sabe de los entretelones (y las cloacas) del imperio, declaró recientemente que, con él al frente, Estados Unidos está “listo para liderar al mundo y no retirarse, para volver a sentarse a la cabeza de la mesa, listo para desafiar a nuestros adversarios…”.

Biden, quizás quiera enmendar su impronta guerrera, anunciando recientemente colocar el combate contra el cambio climático en su agenda de prioridades. 

Por esto, quisimos hacer mucho énfasis en el carácter guerrerista de Joe Biden y sin querer justificar a Trump. En lenguaje popular, Trump: bocón, jetón, Biden: de armas tomar.

joseamesty1@gmail.com

miércoles, 21 de octubre de 2020

Analizando la Era Trump (Parte I): La América Profunda o sobre la lógica del Make América Great Again

 Por Carlos A. San Vicente R.:

La culminación del periodo de Barack Obama como huésped de la Casa Blanca, inaugura un nuevo ciclo liderado por el extravagante republicano de fisonomía caucásica, Donald Jhon Trump (1946). El empresario neoyorkino del sector inmobiliario llega al Despacho Oval con 62.979.879 votos, equivalente al 46,1% del total escrutado, mientas que su adversaria, Hillary Clinton, obtuvo 65.844.954 votos, lo que representa el 48,2% del total. ¿Cómo llegó Trump a la primera magistratura habiendo perdido el voto popular?

La respuesta yace en las características del sistema electoral estadounidense, el cual no pone la elección del presidente en manos de sus electores, sino en un Colegio Electoral que se compone de 538 personas designadas por los gobernadores de los 50 estados del país . Como explica Heinz Dieterich:

“El Colegio Electoral estadounidense que dio el triunfo al perdedor Trump, consta de 538 electores, que son nombrados por las elites de los Estados de la República. Esos 538 personajes representan a la población total de la Unión Americana, unos 327 millones de ciudadanos. La razón de los fundadores de los Estados Unidos, de no confiar en el voto directo de la plebe, sino sobreponerle una instancia oligárquica supervisora de última decisión, es explicada por los Founding Fathers Alexander Hamilton, Jhon Jay y James Madison en los Federalist Papers (1.788). En palabras de Hamilton: el modo de elegir el presidente debe conceder el último poder a un pequeño grupo de personas (…) con mayor probabilidad de poseer la información y el discernimiento necesarios para investigaciones tan complicadas.

En un régimen imperial agrario-mercantil, basado en el esclavismo y la aniquilación de los pueblos indígenas, y con la masa de la población iletrada, el significado de este código normativo estaba fuera de duda; la nueva clase dominante blanca no entregaría el poder político a un sistema de democracia formal burguesa, es decir, al voto popular directo. Doscientos años más tarde, la democracia y el pueblo del  'land of the free' siguen esperando que la clase dominante le permita dar el paso de la democracia virtual a la democracia real” .

Aunado a ello, los votos obtenidos por el representante republicano-supremacista fueron resultado de una serie de diseños de captación desarrollados por un conglomerado de corporaciones dedicadas al marketing electoral, siendo una de las más emblemáticas la empresa Cambridge Analytica. Esta compañía aportó a la campaña de Donald Trump información básica obtenida desde la plataforma Facebook (cuestión que devela la fortaleza de las redes sociales) para conocer los intereses de 50 millones de usuarios evaluados. De ellos, 30 millones incluían datos personales suficientes como para elaborar un completo perfil psicológico de sus temas de interés .

Ahora bien, lo “resaltante” de esta fase que se inicia con el nuevo inquilino de la Casa Blanca, es que Trump representa los estertores del todavía predominante supremacismo blanco evangelista. Su controversial figura no es fruto exclusivo de un desquicio electoral de una parte de la sociedad estadounidense. Él responde a una variante de los poderes fácticos de ese país, que consideran que los Estados Unidos viven el quiebre final del formato continentalista-unipolar ante el auge del globalismo-multilateralista. En consecuencia, esta personalidad (la de Trump) constituye una salida desporalizante, con un enfoque industrialista-oligárquico y anti- globalista signado por la xenofobia de los White, Anglo-Saxon and Protestant (WASP). Esta salida visibiliza, a su vez, la disputa de tres grandes fracciones oligárquicas en pos de hegemonizar el Estado corporativo del país norteamericano: Globalistas universalistas-Continentalistas centralistas e industrialistas nacionales.

Para superponer la corriente local-nacional rooseveltiana es seleccionado Donald Trump, cuyo comportamiento verbal suele ser pugnas y desafiante, simbolizando el prototipo ideal de un conservador reactivo con un lenguaje propio de la liturgia anticomunista de la guerra fría. En otras palabras, Trump representa el Hard power en su forma anti-política y más allá de la versión domesticada y matizada del smartpower que llevó a la Casa Blanca a su antecesor, Barack Obama.

Por otro lado, la base dura electoral de Trump, conocida como The Bible Belt (El Cinturón de la Biblia), agrupa al fundamentalismo cristiano-evangélico-protestante, en combinación con las posturas aislacionistas de empresarios que evocan la Nueva Era a través de un programa de recuperación económica que rememora el otrora New Deal post gran depresión de 1929 del para entonces presidente, Franklin Delano Roosevelt (1882-1945). En la invocación de esta Nueva Era participan activamente histriónicos republicanos xenofóbicos y populistas, como Pat Buchanan y Ros Perot, entre otros.

Ello explica porque uno de los rasgos característicos de la campaña presidencial de Trump fue el uso de un lenguaje efervescente y escatológico para enfrentar a la demócrata Hilary Clinton (perteneciente a la nomenklatura globalista), disparándole todo tipo de escupitajos y exponiendo una postura xenofóbica contra todo aquello que no sea de origen sajón. Al mismo tiempo, otra peculiaridad de su campaña fue la exaltación de un nacionalismo mórbido a través del slogan “America First” (“Estados Unidos Primero”). Esta idea-fuerza le permite a Trump acusar a la inmigración, y a la idea de la libertad del liberalismo, como las causas de los desajustes/desequilibrios y la pérdida de competitividad del modelo capitalista en los Estados Unidos.

Este nacionalismo supremacista/industrialista exterioriza de forma ruidosa el malestar de las capas medias del país, víctimas de la crisis financiera de 2007-2009, así como de factores del capital que en razón de ese colapso han perdido empresas, dejando cesante una enorme masa de trabajadores que agobiados por la recesión laboral no pueden hacer uso del seguro social y la movilidad extensiva del consumo recreacional como viajar, entre otros indicadores para el sostenimiento de las tarjetas de créditos. Al mismo tiempo, esta fracción del capital estadounidense expresa su inconformidad sobre el desempeño del Estado Corporativo más poderoso del mundo. 

Al respecto, Trump hace gala de ser parte del sector inmobiliario aduciendo que ahí reside una de las claves para que el estadounidense recupere su empleo y así volver a obtener su bienestar.

Su personalidad es descrita elocuentemente por el escritor inglés, Nate White, como un individuo que “(…) no tiene clase, ni encanto, ni frialdad, ni credibilidad, ni compasión, ni ingenio, ni calidez, ni sabiduría, ni sutileza, ni sensibilidad, ni autoconciencia, ni humanidad, ni honor, ni gracia, (…) ni siquiera parece entender lo que es una broma: su idea de una broma es un comentario grosero, un insulto analfabeto, un acto casual de crueldad. (…) Trump es un troll, nunca es divertido y nunca se ríe; sólo canta o se burla, (…)”.  

No obstante, sería un acto de ingenuidad supina quedarnos en la excelsa descripción que realiza Nate White sobre la tormentosa personalidad de Donald Trump. Debe recordarse que se trata de un perfil seleccionado para una misión concebida por una parte del capital estadounidense perteneciente al llamado Estado Profundo y a la Sociedad Profunda Blanca-Judeo-cristiana, para cumplir la enorme tarea de compartir la explotación del planeta, hegemonizada en las últimas décadas por los globalistas con la llegada de William Jefferson “Bill” Clinton (1946) en 1993 a la Casa Blanca.

Esta figura empresarial (magnate del sector hotelero del país), fue apartado del club selecto de transnacionales e inversionistas que venía operando desde la Reserva Federal y la Oficina Oval, como son aquellas pertenecientes al sector  tecnológico (Silicon Valley) y la banca universal, liderada por los fondos de inversiones, las cuales protagonizan desde esas instancias el liderazgo a escala global el proceso de acumulación de capital sobre la economía mundial, desde finales del siglo XX y el transcurrir del siglo XXI..

Donald Trump es la respuesta de una elite económica industrialista que prioriza “lo nacional”, enfrentando el enfoque globalista que signó la administración que lo precedió desde una plataforma social que se agrupa en el “Make America Great 

Again” (MAGA). De ahí, el señalamiento que realiza Daniel Stulin cuando dice: “(…) teníamos claro que ningún liberal banquero financista como Clinton podía ganar porque cuando tienes una economía con cuatro cuatrillones de dólares de deuda (cuatro y 15 ceros), la única forma de desgravar esto sería con una guerra termonuclear. Porque las guerras desgravan deudas y responsabilidades y (…) Clinton nos hubiese llevado a todos a una guerra de esas características”.

El telón de fondo de todo lo descrito hasta ahora es la crisis sistémica del modelo edificado en Bretton Woods (1944) que modula el orden económico internacional que viene implosionando durante el primer tercio del siglo XXI. De modo que Trump es el instrumento que eligió ese sector del capital estadounidense para destruir esa pesada herencia liberal. Para ellos, personajes como el senador Bernard “Bernie” Sanders o la ex-secretaria de Estado, Hilary Diane Clinton, no le sirven, sino una individualidad anómica como la simbolizada por Trump, porque se requiere cambiar todo lo que la sociedad estadounidense conoce a nivel de enseñanza, cognición, lenguaje, etc. Es por ello que, como acertadamente indica Stulin, este personaje se muestra irreverente, incendiario, disruptivo.

Por su parte, el ex-director del Buró Federal de Investigaciones (FBI), James Brien “Jim” Comey, compara a la presidencia de Donald Trump con un “incendio forestal” para describir los tiempos aciagos que se gestan en la Casa Blanca. Estamos en presencia de la fractura de un sector del capital resentido contra quienes han hegemonizado la globalización en las últimas dos décadas, develando la lógica que encierra en buena parte la rabiosa jerga empleada por Trump, durante su campaña, cuando se pronunciaba contra empresas tecnológicas como AMAZON, Adobe Systems, Alphabet Inc., Apple Inc., Aglient Technologies, Advance Micro Devices (AMD), Applied Material, Brocade Communications Systems, Cisco Systems. Todas operan en el Silicón Valley.

Trump expone frecuentemente el estado de desolación que vive Detroit, el otrora centro industrial del automóvil a nivel mundial. Hoy la ciudad está execrada y olvidada por la crisis financiera de finales de los 80, secundada en los 90, y profundizada por el descalabro de 2007-2009. Los Estados Unidos dejaron de ser el. 

Número uno en la producción de vehículos desde la década de los ochenta, convirtiéndose en un gran importador. Actualmente, su industria automotriz representa sólo unos 100.000 empleos directos, equivalente a un grano de arena en comparación con el empleo general. Para Donald Trump, los automóviles fabricados en el territorio nacional son una fuente de “orgullo patriótico”. A inicios de 2017, un reportaje de la BBC reseñaba lo siguiente: 

“No hay absolutamente ninguna duda de que el ´fabriquen en EEUU´ de Donald Trump resuena entre muchos votantes, especialmente aquí en el corazón industrial del país. (…) La verdad es que las familias y los líderes de los sindicatos, los directivos de las automotrices y los empleados que trabajan en el sector han estado esperando décadas para que un futuro presidente de los Estados Unidos lo diga.

Por tanto, América First significa “(…) la reindustrialización de Estados Unidos vía desacoplamiento con la economía China y el regreso de la producción a suelo estadounidense con los consecuentes empleos y generación de riqueza localmente, es decir, una economía industrial que produce para sus propias necesidades y para un mercado mundial cautivo (literalmente hablando). También incluye la concentración de sus fuerzas militares en su territorio, conservando la capacidad de proyectar ese poder a escala mundial si fuese necesario, y el desarrollo de armas nucleares super duper en grandes cantidades que garanticen una ventaja absoluta sobre los rivales geopolíticos, dejando de lado la política del equilibrio estratégico por la confrontación estratégica entre potencias”.

A partir del 20 de enero del 2017, Trump tomó posesión de la primera magistratura de Estados Unidos para convertirse en el presidente número 45. Su lema: “Make America Great Again” (volver hacer grande a Estados Unidos) permite reeditar el American Way of Life en el nuevo milenio, revitalizando sus mayores estandartes: la industria de la construcción y el sector automotriz. Reactivarlos es su mayor promesa. 

Ambos estandartes están alineados con los 14 puntos del Plan Energético presentado por Trump y su vicepresidente, Michael "Mike" Richard Pence .

Este programa anula las restricciones a las emisiones de dióxido de carbono que limitan la extracción de combustibles fósiles, lo cual implica un desmantelamiento del Plan de Energías Limpias diseñado por su antecesor de la Casa Blanca, para reducir el uso de hulla en función de la generación de electricidad en el ámbito nacional. La base sobre la cual Trump sustenta ese propósito se ubica en lo que se conoce como la ventaja comparativa de los Estados Unidos.

“Nuestro país está bendecido por una extraordinaria abundancia de energía (…) tenemos gas para cerca de 100 años y para más de 250 años de limpia y hermosa hulla…tenemos mucho más de lo que pensábamos que sería posible. La verdad es que llevamos las riendas, ¿Y sabéis qué? No queremos que otros países se queden con nuestra soberanía y nos digan que tenemos que hacer y cómo la debemos hacer. Con estos recursos increíbles, mi administración no sólo trabajará por la independencia energética que hemos estado buscando durante tanto tiempo, sino por el predominio de Estados Unidos en materia de energía” .

Se trata de una agenda que mira hacia adentro de manera desesperada, ante las incertidumbres que generan las distintas tensiones socio-económicas sobre su governance como el cambio climático sobre el mayor consumidor mundial de energía fósil per cápita generadora de la mayor emisión de dióxido de carbono (CO2) sobre la atmósfera del planeta. De ahí su desafío contra las regulaciones ambientales por considerarlas un obstáculo al desarrollo de las ventajas comparativas en el área de los hidrocarburos.

Estados Unidos es poseedor de las mayores reservas de carbón, petróleo y gas natural no convencionales del planeta, reservas vitales para sus requerimientos en una reconversión del paradigma energético que se apoya en modificaciones tecnológicas en lo concerniente a la extracción del petróleo y gas natural de esquisto, más precisamente de pizarra o de lutitas. Un paradigma que está siendo 

Promocionado en medio de un proceso de financiarización de la economía mundial que se desplaza digitalmente con referentes bursátil en franca comoditización de las energías primarias en la figura de contratos a futuro.

Tanto Trump como Obama sostienen la tesis de que no explotar esos reservorios energéticos significaría acentuar la dependencia externa de los Estados Unidos en cuanto al consumo de hidrocarburos. De hecho, el presidente saliente le deja al nuevo inquilino la mesa servida con la denominada “iniciativa de los Tres Mares”, formulada en 2014, cuyo objetivo es crear un bloque anti-ruso para asegurar fuentes de energía alternativas en función de proteger a Europa del Este, para que esta región no sea más un rehén del suministro energético del oso euroasiático. En dicho proyecto participan 12 países situados entre el Mar Báltico, el Mar Negro y el Mar Adriático, a saber: Polonia (como punta de lanza), Lituania, Estonia, Hungría, República Checa, Bulgaria, Austria, Rumania, Croacia, Eslovaquia y Eslovaquia. Todos integrantes de la Unión Europea. Además, con la excepción de Austria, todos son miembros de la OTAN. Una especie de Nueva Guerra Fría en el siglo XXI.

El ajedrez de Donald Trump, y su lobby de multinacionales estadounidenses agrupadas bajo el paragua del “Make America Great Again”, apunta hacia el incremento de la producción nacional para aumentar el consumo doméstico, reducir las importaciones y desestabilizar a sus competidores internacionales, principalmente Rusia, Irán y Venezuela. Esa estrategia implica sostener una extracción de petróleo mucho más cara que la del reino saudita y Rusia que presentan costes de explotación de crudos ubicados entre 2,8$ y 5$ por cada barril, respectivamente. Esto significa mantener unos precios internacionales por encima de los 40$ el barril para que las compañías que explotan gas y petróleo de lutitas con la técnica del fracking obtengan atractivos dividendos.

El desafío mayúsculo de la administración de Donald Trump radica en: cómo seguir sosteniendo una actividad extractiva de hidrocarburos no convencionales, con auxilios financieros y bajas tasas de interés, a expensa de la emisión de bonos de la deuda del Tesoro, manteniendo al mismo tiempo un mínimo de costes por barril de 40$ frente a sus competidores naturales en presencia de una economía nacional profundamente financiarizada.

Para tales propósitos su gobernanza ha formulado una estrategia geoeconómica internacional que procura el regreso de los capitales globales estadounidenses a su país. En función de ello le impone a sus aliados tácticos como los halcones (quienes disponen de un fuerte predominio en el Pentágono), la tarea de presionar los Inversores con el objetivo de desincorporar sus colocaciones en México y Canadá. Los tiempos por venir dirán si será posible reconstruir el “American Way of Life” en su nueva versión “Make America Great Again” y, en paralelo, sortear la confrontación entre Continentalistas y Globalistas, sin morir en el intento.

La visión y misión de Donald Trump al frente de la Casa Blanca se concibe desde un giro sistémico contra el modelo de gestión que concibe la inversión y seguridad nacional de los Estados Unidos como un problema de agenda internacional, cuyo acento principal exige resaltar y afirmar la condición de Primera potencia  mundial, apoyándose en el gasto militar y la asistencia financiera desde un gran conglomerados de corporaciones multinacionales y globales en conjunción con organismos multilaterales como el FMI y el BM para garantizar el orden global del capital sustentado en la noción occidental de Democracia política y Libertad económica.

La prioridad ahora es, recomponer las bases internas del aparato productivo de raigambre fordista que hizo de los EE.UU. entre las décadas de los 40 hasta finales de los 60 el país “más próspero” del planeta en lo Industrial-financiero y comercial, con el mayor estándar de ingreso per cápita, donde sus edificaciones urbanas eran equivalentes a las sucursales del cielo, como expresión de su pujante PIB que la dotaba de un consumo exponencial.

La reconstrucción de ese sueño americano (American Drean) en la era Trump se asume desde la rancia élite sajona supremacista blanca judeo-cristiana-protestante localizada en la América Profunda en confrontación con el Estado Profundo, cuya invención la traduce en la lógica del Make America Great Again.

sanvicentec@gmail.com

Trump anuncia que trae la paz armada al mundo

Por Rolando Prudencio Briancon: 

La oscurantista obsesión de Trump por recuperar la grandeza de los EE.UU., lo ha llevado prometer la paz a través de la fuerza si ganara las elecciones en noviembre. Además acaba de aclarar que su país conserva un "poderío militar incomparable".

Un dato que no deja de llamar la atención es cuando se ha referido a que: "mantendrá a EE.UU., fuera de estas guerras extranjeras interminables y ridículas", dando a entender que ese poderío del que se jacta tendría que usarlo o: contra, o dentro su propio país, si es que como asegura "mantendrá a EE.UU. fuera de esas guerras...", ¿o a qué conclusión se puede llegar? 

No es el caso analizar el poderío militar estadounidense en relación a otras potencias, sino la intención, el trasfondo por el que Trump ha dado a conocer, y que no es otra que lo que varios analistas de seguridad estadounidense han dejado trascender, sobre la posibilidad de que Trump está tramando desatar una guerra civil en los propios EE.UU., la misma que justifique, ante las otras potencias que la caída del imperio se ha debido a un factor interno y no externo, tratando de mostrar que la razón no se debe a que ya no es más la unipolar potencia militar en la orbe por el desplazamiento de otra, sino por un motivo de orden interno. 

Pero no son sólo los analistas militares y académicos, como es el caso de Noam Chomski, quienes han advertido de esta estratagema, sino son las propias acciones inexplicables de Trump respecto a la posición que ha asumido ante escalada de violencia racial vivida en estos últimos tiempos, contra la que la comunidad negra que ha sido la más afectada, que Trump parece estar entusiasmado por confrontación interna. Pero además que lo más llamativo es el accionar de las propias fuerzas de seguridad, como la Policía, que da a entender que se trate de una violencia racial institucionalizada, tolerada y hasta fomentada por el gobierno de Trump. 

Así se puede deducir que los seguidores más radicales de Trump conforman el grupo de supremacistas blancos que han generado actos racistas en toda la Unión, y contra quienes las mismas autoridades han sido contemplativas, como el caso del policía Derek Chauvín -miembro de un grupo supremacista- que asesinó al ciudadano negro George Floyd, pisándole el cuello, que dan señales que los EE.UU., está entrando a un callejón en el que la salida puede ser la del desastre. 

Así mismo no deja de llamar la atención de que Trump haya hecho alarde señalando: "Ahora tenemos las mejores armas jamás producidas por un solo país", recalcando que los EE.UU., posee un misil hipersónico "requeté-súper misil" ['super duper missile' en inglés], así como a otros misiles, cohetes, barcos, tanques y cazas estadounidenses, "todo nuevo" y hecho en EE.UU., pues es cuando surge la susceptibilidad, 

sí Trump anuncia que: “Los EE. UU, se mantendrá fuera de guerras extranjeras interminables y ridículas", ¿qué sentido tiene alardear: "Ahora tenemos las mejores armas jamás producidas por un solo país". ¿Va usar acaso las mismas contra su propio país? 

Por ahora todo queda en el ámbito especulativo, pero por todas las va quedado más claro que los EE.UU., está llamando a vivir un nuevo periodo de una paz armada, que no es sino una tregua que Trump está pidiendo ante la extinción de su hegemonía. 

rolandoprudenciobriancon@gmail.com

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Diferencias claras entre Putin y Trump



Por Ítalo Urdaneta:
El proceder de las naciones, indistintamente si son capitalistas, socialistas o comunistas, por lo general vienen sustentado en la conducta que asumen cada uno de sus gobernantes, por cuanto son ellos los que reflejan si son personas buenas o malas.
En el caso de Rusia y EE. UU es evidente que ambas naciones asumen comportamientos distintos ante el resto del mundo, por ello hoy daremos a conocer, de acuerdo a nuestra percepción, el comportamiento de Vladimir Putin y el de Donald Trump, el primero representando al país euroasiático y el segundo al coloso de América.


A Trump, por lo general, desde que fue electo presidente, e incluso, antes de que esto ocurriera, siempre lo hemos visto con una postura arrogante, lo cual hace que se vea odioso, petulante, más cuando asume actitudes humillantes en perjuicio de otras naciones, por lo general, vulnerables y en minusvalía, como es el caso de Venezuela.
A Putin, por el contrario, se percibe jovial, afable, comedido, integrador y en ningún momento se le ha denotado arrogancia, a pesar que su país ha venido logrando importantes avances y triunfos a nivel militar y científico.

A Trump, incluso, a principio de su gobierno, se le vio hostigar y humillar a numerosos mexicanos que fueron detenidos con sus niños en la frontera, al extremo que se vanagloriaba de que fueran   encerrados en jaulas, como propias hienas o fieras.
Al presidente Putin, por el contrario, nadie lo ha visto promoviendo amenazas hacia otras naciones, por el contrario, promueve a diario la solidaridad, el entendimiento, aboga por la paz y la reconciliación y ofrece apoyo a las naciones víctimas del imperio.

Trump, a diario, muy por el contrario, amenaza con borrar del mapa a las naciones que le son adversas, sin importarle incluso el futuro de la humanidad. Por ello lo vimos retirarse del Tratado de París que busca preservar el medio ambiente y salvar a la tierra de la depredación del hombre.

Putin, cuando desea entablar relaciones comerciales con otras naciones, actúa como todo un caballero que desea conquistar a una mujer bonita, mientras Trump le pide, como todo un patán, que vaya con él a la cama a la fuerza y bajo amenazas.

Trump con su prepotencia y haciendo uso de medidas coercitivas y de la fuerza desea mantener la hegemonía del imperio sobre toda América Latina, incluso desea dominar al mundo, mientras Putin utiliza la diplomacia y el carisma para llegar a establecer importantes acuerdos que favorezcan, en igualdad de condiciones, a su nación y a su nuevo aliado.

Por igual vemos que mientras Putin permite que mucha de la tecnología de su país sea traslada a otras naciones, Trump por el contrario chantajea a los países con los cuales tiene relaciones comerciales al negarles el acceso a los repuestos e insumos.

El mundo sabe también que mientras Trump promueve el consumo de drogas y el uso libre de las armas en su país, para satisfacer a las grandes corporaciones armamentistas, alienta además la xenofobia, mientras Putin en Rusia combate con energía al narcotráfico y se opone a que los niños sean contaminados por la homosexualidad.

No hay duda que entre Putin y Trump hay una gran diferencia. El primero goza de moral y es un ciudadano inteligente, comedido, respetuoso, apegados a las leyes, mientras que el segundo es un mentiroso, charlatán, ofensivo, falta de escrúpulos, que hace uso de su poder para pasarle por encima a las normas y a los tratados internacionales.

Por cierto, mientras Putin anuncia que su país ha logrado la vacuna contra el Covid-19 y la pone a disposición del mundo, sin egoísmo y sin jactancia o vanidad, Trump por el contrario anuncia mayores sanciones en contra de Venezuela, hacia la propia Rusia y China, y trata de desacreditar el logro científico, que viene a darle una esperanza a la humanidad.

 italourdaneta@gmail.com

viernes, 28 de agosto de 2020

Hacia dónde se mueve Estados Unidos



Por Rómulo Pardo Silva:

Se habla de golpe de estado. NYT: Facebook se prepara ante potenciales intentos de Trump de deslegitimar los resultados electorales. RT

Biden sugirió incluso que los militares podrían intervenir para asegurar un traspaso de mando pacífico si Trump se rehúsa a aceptar una derrota. "Estoy absolutamente convencido de que lo escoltarían fuera de la Casa Blanca rápido", dijo. Gerardo Lissardy, BBC



La pregunta sobre lo que puede ocurrir es fundamentalmente ¿qué quiere hacer el poder profundo empresarial con la fuerza que tiene en el país? Se sabe que los magnates transnacionales se reúnen para consensuar direcciones políticas, del grupo Bilderberg han salido presidentes, pero hoy no se encuentra información sobre ese nivel.

Lo único claro es que hay una propuesta en acción y el poder fáctico debe pronunciarse sobre ella. Es del gobierno Trump. Consiste en romper el marco de relaciones y compromisos internos y externos existente hasta el gobierno Obama.

Estados Unidos suspende su participación en el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio con Rusia. Tras la retirada de este acuerdo, Donald Trump lleva ya un número importante de tratados mundiales de los que se ha desvinculado, unas acciones que muestran el abandono del multilateralismo y los grandes consensos mundiales y la apuesta firme por el bilateralismo, que le permite imponer, por encima de todo, los intereses de la primera potencia. Maniobras que se enmarcan en el cumplimiento de su gran lema “America First”. Víctor Perramon, La Vanguardia

El comercio internacional queda sujeto a la autorización o las sanciones estadounidenses, se abandona el Acuerdo de París de medidas para que el calentamiento global quede por debajo de los 2ºC, se lanza una guerra múltiple contra China y sus países aliados o amigos.

¿A quiénes del poder fáctico representa este giro?

La candidatura demócrata no ha hecho una defensa de la política anterior que resultaba un avance chino y un retroceso estadounidense. ¿Quiere o puede volver atrás?

Biden promete poner fin a la 'temporada de oscuridad' de Trump, ha "envuelto a Estados Unidos en la oscuridad durante demasiado tiempo". BBC

El partido nominó a Kamala Harris como candidata a la vicepresidencia.

Como dice Noam Chomsky, EEUU está dirigido por el sector empresarial para sus propios beneficios y Kamala Harris está lejos de ser la “fiscal progresista”. Varios analistas destacan que Harris se destaca por su crueldad. Y como prueban señalan que luchó por mantener a gente inocente en la cárcel, bloqueó las indemnizaciones a personas injustamente condenadas, defendió que los delincuentes no violentos permanecieran en la cárcel y siguieran trabajando como mano de obra barata, ocultó pruebas que podrían haber liberado a numerosos detenidos, intentó desestimar una demanda para terminar con el régimen de aislamiento en California y negó la operación de reasignación de género a presos transexuales.

Harris nada tiene que ver con el ala progresista en la que destaca la senadora por Massachusetts Elizabeth Warren, quien ha impulsado «un gran cambio estructural» en las instituciones económicas y políticas de Estados Unidos, junto al “squad” (escuadrón) que conforman Alexandria Ocasio-Cortfez, Rashida Tlaib y Ayanna Pressley, el nuevo aire que llevó a los demócratas, en las pasadas elecciones legislativas a recuperar la Cámara Baja del Congreso. Mirko C. Trudeau, Rebelión

El giro de Harris de moderada hacia una posición más izquierdista y, ahora, de nuevo, de vuelta a la moderación, quizá puede dejar a algunos votantes confusos sobre cuáles son realmente sus valores. O si es que los tiene. Anthony Zurcher, BBC

La situación política en la población estadounidense sin ser decisiva debe tenerse en cuenta porque complicada la toma de decisiones desde arriba.

Los estadounidenses están agresivamente divididos. Según una encuesta de la agencia Gallup de octubre de 2019, socialismo y capitalismo están empatados en 50% entre los jóvenes adultos. Afrodescendientes han salido a luchar contra el trato violento del estado. Hay formaciones de blancos racistas. Evangélicos fundamentalistas dominan en el Medio Oeste. Jóvenes manifestantes calificados de anarquistas tomaron el control de Portland.

Es ilustrativo que el discurso llamado Q: haya encontrado apoyo social.

QAnon o Q: (abreviación de Q-Anónimo) es una de las principales teorías de la conspiración de la extrema derecha estadounidense. Su idea general es que hay actores liberales de Hollywood, políticos del partido demócrata y funcionarios de alto rango que participan en una red internacional de tráfico sexual de niños y realizan actos pedófilos y que Trump les está investigando y persiguiendo e intenta prevenir un supuesto golpe de Estado orquestado por Barack Obama, Hillary Clinton y George Soros. Wikipedia

En el país una enorme cantidad de armas está en manos de civiles. Es en esta realidad de Estados Unidos que Donald Trump insinúa o abre cauce a una ruptura de la institucionalidad.
Consideró "muy serio” el debate planteado por sectores conservadores que cuestionan que la senadora Kamala Harris pueda aspirar a la Vicepresidencia al ser hija de inmigrantes. DW

Afirma que el voto por correo favorece el fraude. RFI Sostuvo que si sus rivales demócratas ganan en las próximas elecciones convertirán al país en "otra Venezuela". El Mostrador

El 21 de agosto Trump afirmó: "Soy lo único que se interpone entre el sueño americano y la anarquía total, la locura y el caos". Advirtió que el futuro de EE.UU. y de toda "nuestra civilización" está "en juego" el próximo 3 de noviembre. "Si nuestros oponentes prevalecen, nadie estará seguro en nuestro país y nadie se salvará". En la Convención los demócratas "pasaron cuatro días seguidos atacando a EE. UU”. Una victoria demócrata erosionaría la seguridad en las ciudades estadounidenses y causaría una depresión económica "no diferente de lo que sucedió en 1929". Tom Brenner / Reuters, RT

Si según Trump las reglas constitucionales llevan a esa destrucción demócrata ¿él está llamando a respetarlas? ¿Es un arranque personal? ¿Solo cuenta con los republicanos y la derecha social? Lo decisivo está en el poder profundo y su estado profundo.

El objetivo imperialista estadounidense es permanente en la sociedad y por tanto seguirá siendo abatir a China, Rusia y sus aliados.
Las dudas son qué harán con la constitución, qué pasará con la violencia larvada y si vuelven o no a las normas y acuerdos abandonados por el cambio América Primero.

 Por una civilización sostenible solidaria

Mientras no haya partidos y movimientos civilizatorios todos ellos como sus masas son conservadores

romulo.pardo@gmail.com


viernes, 31 de julio de 2020

Trump envía tropas federales y fogones una guerra civil en EE.UU



Por Rolando Prudencio Briancon: 
Fiel a su fascista formación, Trump no sólo que no ha tenido otra mejor salida que anunciar que recurrirá a la fuerza para dar solución los problemas, que a raíz del racismo homicida ha puesto en vilo a los EE.UU.; sino que, ante su incapacidad de solucionar la problemática de la violencia policial, su mejor salida ha sido buscar a un chivo expiatorio en los "izquierdistas".


Vale decir que lo que Trump está haciendo es construir a un enemigo, y que es a lo que recurren siempre quienes no tienen otro argumento que la violencia y el uso de la fuerza, pero que en este caso este enemigo es un enemigo interno. Uno que como fantasma anda recorriendo calles y avenidas, en contra de la violencia policial racista y homicida, pero que, según el trauma de Trump, son los izquierdistas quienes azuzan a los anarquistas, y que son quienes lo tienen amedrentado hasta en los sueños, perturbando aquel suyo de: Volver Hacer Grande América otra vez.



Esa es la razón por la que acaba de alardear sus alabanzas a las fuerzas federales, señalando que: "En tres días han puesto a un montón de anarquistas a la cárcel. Han hecho un trabajo fantástico", ha sentenciado.

Pero no sólo que Trump ha ensalzado a las fuerzas federales, sino que ha anunciado enviarlas a las ciudades donde los gobernadores demócratas están a cargo de esos gobiernos federales, como es Chicago y Nueva York, acusando a las autoridades de "laxismo", cuando lo que se ha convertido en una bomba de tiempo a los EE. UU; es el RACISMO, y no el laxismo al que ladinamente acusa.

Es más extraviadamente ha extrapolado los tiroteos en Afganistán con los que sucede en en los suburbios de esas dos ciudades, y otras más, tratando de generar miedo al interior de la sociedad norteamericana, como si estuviera bajo un ataque en el Medio Oriente.

Es más, y ya dentro la tónica de ataque contra su rival Joe Biden, quien lo aventaja en la encuesta por más de 15 puntos; sulfúricamente ha afirmado que si gana él: "El país se irá al infierno".

Como respuesta la gobernadora de Míchigan, Gretchen Withmer le ha salido al paso acusando a Trump de: promover una retórica odiosa, pero la pregunta que surge: ¿Es sólo pura retórica? ¿O en todo caso ya se trata de acciones dirigidas a a generar un escenario de confrontación; ¿el cual tiene por objetivo generar una guerra civil en los EE.UU., ante lo que ya parece la crónica de su derrota anunciada en noviembre?

Vale decir que Trump ante la inexorable evidencia de que va camino a su derrota electoral, va a preferir que su país se arda en una guerra civil, que sus megalómanos delirios de grandeza se vengan al suelo, y por ese motivo esta fogoneado los ánimos, antes de quedar derrotado.

prudenprusiano@gmail.com

miércoles, 24 de junio de 2020

La doctrina militar de Trump Parte II



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

La semana pasada esbocé algunos puntos de vista iniciales respecto de lo que podría considerarse la doctrina militar de Trump. Un lector me escribió para decirme que no se puede hablar de “doctrina militar de Trump” toda vez que éste actúa por impulsos y emociones más que por decisiones con sustento científico y político. El reciente pasquín propagandístico publicado por John Bolton pareciera darle la razón a este lector.

Cuando hablo de doctrina militar lo sustento en el “Diccionario Latinoamericano de Seguridad y Geopolítica” dirigida por el brillante politólogo y educador argentino Miguel Ángel Barrios y publicado por la editorial Biblos de Buenos Aires, que establece que este enunciado dice relación con “el conjunto ordenado de leyes, reglas, procedimientos esenciales que rigen el empleo del poder militar para alcanzar los objetivos políticos de una nación por medios militares”.

En el caso de Estados Unidos como apuntaba el analista español Andrés Ortega en un artículo publicado en abril de 2015 en “El Espectador global”: “En la comunidad estratégica estadounidense hay una obsesión con las doctrinas (Nixon, Kissinger, Carter, Reagan, Bush, etc.)”.

Esto podría ser tema para otro debate a fin de discutir si  en realidad lo que existe es una doctrina militar propia de Estados Unidos que no debe llevar el nombre de uno u otro presidente, o si puede serlo en tanto se hacen propuestas trascendentales que amplían, modifican o suponen un cambio radical de lo que se ha venido sustentando.

De ahí que para los sucesivos gobiernos imperiales, la doctrina Monroe elaborada en 1823 siga teniendo vigencia para América Latina y el Caribe. Algunas otras entre las que vale la pena mencionar por ejemplo, la del presidente Woodrow Wilson en 1914, rompió con el aislacionismo y le dio el soporte necesario a su país para que una vez iniciada su fase imperialista, tuviera los argumentos para involucrarse en la primera guerra mundial.

La doctrina Truman, llamada de “contención” fue la justificación para la guerra fría en la que la Unión Soviética era el enemigo principal. Todas las que se crearon a continuación no fueron más que adaptaciones a las condiciones propias de cada momento del mundo bipolar.

Finalizado éste, la doctrina Bush lanzada en 2001, llamada en un primer momento de “agresión positiva” y luego de “guerra preventiva” utilizó una falsa dicotomía de lucha contra el terrorismo para que Estados Unidos, aprovechando que no tenía contraparte en el planeta, se propusiera establecer un modelo unipolar para el sistema internacional.

Los propios analistas estadounidenses no se ponen de acuerdo en torno a como enfocar la idea de si el presidente Obama fue portador o no de una doctrina militar propia. Pero lo que si es cierto -y tal vez sea su mayor proyección hacia el futuro- es que el primer presidente negro fue el promotor de la consideración de Asia como pivote de la política de Estados Unidos y del enunciado de que el siglo XXI sería el “siglo asiático” de su país.

Con esto vislumbró que en el porvenir de este siglo la confrontación estratégica de Estados Unidos sería con China y que en la región Asia-Pacífico se desarrollarían los conflictos fundamentales para definir tal controversia. En este sentido los planteamientos del presidente Trump hechos el pasado 13 de junio en la academia militar de West Point en los que anunció que para Estados Unidos se había terminado la época de “guerras interminables” y que su país no seguiría siendo “el policía del mundo”, sí podrían considerarse cambios de carácter doctrinario que apuntan a involucrarse en toda su extensión en la disputa estratégica que se propone encarar: el conflicto con China en pos de mantener su hegemonía global.

Valdría la pena saber si en términos estrictamente militares, Estados Unidos está preparado para una contienda de estas dimensiones. Según fuentes del Departamento de Defensa citadas en mayo por el diario británico The Times, la potencia norteamericana perdería una guerra contra China en el Pacífico y sería incapaz de defender a Taiwán. Incluso la fuente aseguró que la base militar de Guam ya está en peligro.

El análisis afirma que en unos ejercicios navales simulados en el año 2030 el resultado muestra que la Armada de Estados Unidos “se vería abrumada en un conflicto naval contra China”. El simulacro hizo patente que los misiles balísticos chinos de alcance medio que ya están incorporados al arsenal logístico del Ejército Popular de Liberación pueden alcanzar todas las bases de Estados Unidos en la región y los grupos de batalla de los portaviones estadounidenses en cualquier lugar de los océanos Pacífico e Índico en que se encuentren lo cual es expresión de una extrema vulnerabilidad de sus principales instrumentos de combate contra China. Vale decir que China además posee misiles balísticos anti buque de largo alcance y misiles hipersónicos.

En esta perspectiva, un reciente informe publicado el pasado 21 de mayo por el Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos (CRS por sus siglas en inglés) advertía que si el país no aumentaba su capacidad naval “el potencial de su Armada podría eventualmente ser alcanzado y hasta superado por el de China”.

El mismo informe expone que las fuerzas armadas de China en los últimos 25 años han mantenido una constante modernización que le permite realizar operaciones navales “no solo en las zonas costeras de China, sino también en lugares más distantes "incluidas las aguas más amplias del Pacífico occidental, el océano Índico y las aguas de toda Europa", lo cual a pesar de ser inexistente en la doctrina defensiva de China, expone la preocupación del Congreso de Estados Unidos.

El análisis del potencial de la Armada es muy importante por ser éste, el componente militar esencial de una doctrina militar ofensiva. Uno podría preguntarse ¿dónde están los barcos de la Armada de China en Europa? Es sabido que China tiene sólo una base militar fuera de su territorio ubicada en Yibuti (país en el que también hay establecimientos militares de Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Arabia Saudí) con la misión de apoyo logístico para el mantenimiento de las vías de comunicación estratégicas y de ayuda a los súper tanqueros chinos que transportan petróleo desde el golfo Pérsico. Además la potencia asiática posee una pequeña base de observación y seguimiento de sus navíos civiles en Sri Lanka.

El mencionado informe del CRS plantea que el control del Pacífico occidental en tiempos de guerra es un gran desafío porque se pone en peligro "el estatus de larga data de Estados Unidos como la principal potencia militar en esa región en el Pacífico occidental". Cuando se menciona el Pacífico occidental se está hablando de una zona muy alejada del territorio continental de Estados Unidos pero que para China significan sus mares adyacentes en los que debe establecer un férreo control para mantener su seguridad.

En este contexto, el proceso de modernización de China tiene un carácter totalmente defensivo, su único portavión circunda los mares contiguos en la perspectiva de ejercer vigilancia aérea de su mar territorial, alejando la posibilidad de que los aviones estadounidenses basificados en los portaviones o en su bases militares de Japón, Corea, Filipinas y Guam puedan tener alcance operativo para llegar al territorio continental chino. El desarrollo de su Armada tiene esa clara perspectiva. En este objetivo se proponen desarrollar misiles balísticos y de crucero anti buque, submarinos, buques de superficie, aviones y vehículos no tripulados.

En esta región alejada casi 10 mil kilómetros de la costa oeste de Estados Unidos, China ha ido avanzando en la búsqueda de un equilibrio de poder naval cuya diferencia ha ido disminuyendo desde los años 90 del siglo pasado. La preocupación del CRS es que “ si las líneas de tendencia actuales de las capacidades navales estadounidenses y chinas no cambian, Pekín eventualmente podría igualar o incluso superar a Estados unidos en la capacidad naval general

Para superar esta situación, el CRS propuso pasar a una "arquitectura de flota más distribuida", conjeturando acerca de si el tamaño planificado de su Armada "será apropiado para contrarrestar el esfuerzo de modernización naval de China en los próximos años". En una visión global, la institución pone sobre el tapete de la mesa de operaciones que en el momento de cumplir sus misiones, se debe considerar además el papel que puedan jugar las fuerzas militares rusas, lo cual complejiza mucho más el problema.

 Con el objetivo de esbozar los requerimientos para enfrentar a China en sus zonas cercanas, en particular en el mar de la China Meridional, una de las más trascendentales transformaciones que se propone el Pentágono es la reforma estructural de la Infantería de Marina, el componente militar ofensivo de intervención por antonomasia de las fuerzas armadas de Estados Unidos

En este sentido, según el think tank estadounidense “Center for Strategic and International Studies”, el cuerpo de marines, de la mano de su nuevo jefe el general David Berger, se circunscribirá al combate en el litoral, resignando en el ejército la realización de las operaciones terrestres.

Según Denis Lukyanov, periodista ruso especializado en temas militares, en un artículo publicado en Sputnik el pasado 10 de abril, el general Berger se plantea recurrir a las tropas de desembarco para confrontar a China en las islas de sus mares adyacentes a fin de “evitar que los marineros chinos actúen con éxito en las aguas que están en litigio. Para conseguirlo el Cuerpo usará armas desde las islas que se encuentran bajo su control o bajo el de sus aliados regionales” en un plan que se estará estructurando hasta 2030 lo cual permitirá realizar los cambios que los ejercicios operacionales vayan mostrando necesarios de realizar.

En lo inmediato, estos y otros cambios doctrinarios y el escalamiento de la tensión con China, sobre todo a partir de la guerra comercial, la injerencia creciente de Estados Unidos en los asuntos de Hong Kong, Taiwán y Xinjiang y la supuesta responsabilidad china en el surgimiento y desplazamiento de la pandemia de Covid19 han llevado a que el representante republicano por Texas William “Mac” Thornberry que lidera el Comité de Servicios Armados de la Cámara presentara un proyecto de ley en el Congreso con miras a crear un fondo de 6.000 millones de dólares para reforzar el potencial disuasorio contra China.

As mismo, el Departamento de Defensa ha dicho que desearía cambiar su enfoque para poner el énfasis en el desarrollo y envío de mayor cantidad de armas hipersónicas y misiles de crucero de largo alcance lanzados desde tierra a la región de Asia-Pacífico, y armar a las unidades marinas a lo largo de los mares de China con misiles anti buque. El propio presidente Donald Trump anunció el pasado 15 de mayo que su país está trabajando en el desarrollo de lo que llamó un "superdupermisil" cuyo objetivo sería superar las armas hipersónicas en poder de China y Rusia.

Así, resultan patentes los cambios doctrinarios en la política militar de Estados Unidos y su materialización en cuanto a equipamiento, transformaciones operativas, prioridades presupuestarias y preparación combativa de las tropas conducentes a confrontar a China en lo que ya comúnmente se ha dado en llamar la segunda guerra fría.

sergioro07@hotmail.com 

viernes, 5 de junio de 2020

Trump que se sintió ayer en el cielo, hoy se oculta en el bunker de la casa blanca




Por Rolando Prudencio Briancon:

No me canso de decir que el planeta no sólo que está viviendo como nunca antes esta pandemia, sino está también viviendo otra paradoja que la asola, como es el hecho de que; el hasta ahora hombre más poderoso del planeta, ha llegado a esconderse como una rata, en el último agujero de la Casa Blanca.
Así es como después de que el pasado sábado Trump no se cambiaba por nadie manifestando su complacencia por el lanzamiento del Space X al espacio desde el Centro Espacial Kennedy diciendo:



"Nadie lo hace mejor que nosotros. Esta genialidad se ha dado bajo nuestra administración que ha puesto a los EE.UU., a liderar el espacio"; en menos de 48 no solo que ha cambiado su actitud arrogante, sino hasta el lugar desde donde gobernaba como es el salón oval desde donde gobierna, al bunker donde se ha recluido.

Y es que son las actitudes, los comportamientos de las personas las que dan crédito al liderazgo que tiene una autoridad, y que en el caso de Trump, no se trata de una autoridad más, sino la más poderosa -en términos de su liderazgo- del mundo, pero cuyo comportamiento no es más que el del vulgar vanidoso; y que ha perdido además toda iniciativa como líder sobre las problemáticas y crisis que vive la humanidad; como también las que en su propio país se viven las oleadas de indignación social por la muerte de George Floyd.

Esa es la razón por la que Trump no ha dado talla para una actuación que esté a la altura para afrontar y apaciguar los ánimos -que es lo que le toca a un verdadero líder- de los estadounidenses tras el estallido social que se ha producido por la muerte de George Floyd en la mayoría de los Estados de la Unión, limitándose a echar gasolina al fuego, cuando haciendo un autoritario alarde, ha dado la orden ejecutiva al Ejército estadounidense de que sean: "duros y fuertes" cuando repriman a los vándalos "antifa" de la izquierda ultra radical. Es más, ha recriminado a los agentes de seguridad estadounidense, señalando: "La mayoría de ustedes son débiles, deben ser fuerte".

Así mismo, y en otro histérico impromptu les ha dicho a los gobernantes de las ciudades donde se desatado las manifestaciones: "Ustedes están quedando como tontos al no llamar a la guardia nacional. Deben meter a la cárcel por lo menos 10 años a los manifestantes". Y por si le faltara modestia a sus delirios de grandeza, al estilo de Luis XIV ha sentenciado señalando: "Soy el presidente, la ley y el orden"

Pero estas altisonantes y absolutistas declaraciones no guardan correspondencia con el comportamiento cobarde que ha tenido el domingo, después de ocultarse en el bunker de la Casa Blanca, conocido técnicamente como

Centro Presidencial de Emergencia (PEOC), construido bajo el ala Este de la Casa Blanca.

Es una incógnita saber; cómo concluirá esta eclosión social, pero deja varias lecciones. Una de ellas que el racismo debe ser una lucha sin cuartel. Pero además que el poder es efímero y a la vez sarcástico, pues puedes estar hoy tocando hoy en el cielo, y mañana ocultándote en el último agujero ante el verdadero poder del pueblo.

prudenprusiano@gmail.com

miércoles, 3 de junio de 2020

¿Hay una rebelión social en Estados Unidos?



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
Una vez más los acontecimientos recientes en Estados Unidos han sido expresión de una diversidad extrema de comentarios en los medios de comunicación y en las redes, una vez más las opiniones van desde las más apocalípticas hasta las que suponen que todo ha sido una táctica de Trump para salir de la catástrofe en la que ha sumido a su país tras el desastroso manejo de la pandemia del Covid 19.


Se menciona que Estados Unidos ha entrado en una etapa “de revolución indetenible” y que el “pueblo” se cansó del sistema y ha salido a las calles a manifestarlo. De la misma manera, se asume que la violencia es expresión del hartazgo de los ciudadanos por un “sistema que los oprime”. Me parece que esos puntos de vista exponen excesos en el análisis o incluso expresión del deseo de que el imperio sufra un remezón en sus entrañas.

Pero hay que ser objetivo, las rebeliones de los negros de Estados Unidos o afroamericanos como se denominan ellos a si mismos son recurrentes a través de la historia. La independencia obtenida en 1776 no cambió la institución de la esclavitud presente desde los inicios de la colonia a comienzos del siglo XVII, aunque ya los españoles habían traído negros de África para ser esclavizados en sus territorios coloniales que después pasaron a formar parte de Estados Unidos. Tampoco la constitución de 1787 trajo modificaciones en la “corporación esclavista”. Al contrario legalizó y legitimó la opresión contra los negros.
Las primeras y más importantes rebeliones de negros esclavos vinieron a tener lugar apenas a comienzos del siglo XIX. Fueron las dirigidas por Gabriel Prosser en Richmond, Virginia en agosto de 1800, Denmark Vessey en Charleston, Carolina del Sur en junio de 1822  y la de  Nat Turner, en Southampton, Virginia en agosto de 1831.

La esclavitud vinculada al feudalismo se transformó en un freno para el desarrollo capitalista de un país que ambicionaba ser una gran potencia imperialista mundial. Fue necesaria una guerra, llamada de “secesión” porque los once estados que defendían el esclavismo quisieron crear un nuevo país. El triunfo de los estados de la Unión y del capitalismo que propugnaban legitimaron el racismo, la exclusión, la represión y el menosprecio de los negros como atributo del modelo económico y político que había vencido, aunque se otorgaron algunos derechos civiles a los negros que por obra de la guerra habían sido liberados de la esclavitud.

Como recuerda el historiador estadounidense Morris Berman en su obra ”Las raíces del fracaso americano”, incluso Abraham Lincoln, considerado el apóstol de la lucha contra la esclavitud en Estados Unidos dijo en su discurso de la sesión especial del Congreso el 4 de julio de 1861, que no tenía “la intención directa e indirecta de interferir con la esclavitud en Estados Unidos donde quiera que exista”. De manera que es falso que la guerra se haya librado para liberar a los esclavos como lo señala la historia oficial, sino que respondía a la clara intención de evitar el plausible objetivo de evitar la secesión. Berman señala que Lincoln ya había dejado claro que no era favorable a la igualdad social y política de los negros “de ninguna forma”. Si esa fue la opinión del presidente que “abolió” la esclavitud, podríamos preguntarnos entonces ¿qué se puede esperar de otros?

Desde ahí hasta la muerte de George Floyd el pasado el 25 de mayo de 2020, en Powderhorn, Minneapolis han pasado más de un siglo y medio de continuos levantamientos de los negros americanos en su lucha contra la exclusión y la discriminación.
Pero salvo en casos muy específicos, la lucha racial no ha pasado de ser eso: movimientos espontáneos de rechazo desesperado cuando el abuso pierde incluso la cordura que la formalidad de la sociedad blanca les impone.

Ayer, en una entrevista para “la iguana.tv” el periodista venezolano Clodovaldo Hernández expresaba que: “Hay quienes dicen que esta ola de disturbios y protestas hunde definitivamente a Donald Trump, quien se encamina a perder las elecciones. Otros aseguran que lo fortalece porque radicaliza las posiciones y él vive del radicalismo” y me preguntó cual era mi criterio respecto de si Trump ganaba o perdía con este giro inesperado de la campaña.

He aquí mi respuesta:
“Lo primero que hay que considerar es que los negros en Estados Unidos representan 13% de la población. Y ese segmento es abrumadoramente votante del Partido Demócrata. Entonces, en términos electorales, Trump está agrediendo a un sector opositor, que ya no le favorecía antes de estos eventos.
Por otro lado, en términos más estructurales hay que decir que el racismo es un fenómeno permanente en EEUU, es intrínseco a ese país. Yo era un niño entonces, pero recuerdo que en los años 60 estaba aquel movimiento de Panteras Negras, que incluso asumió la lucha armada y llegó a adquirir gran fuerza, sobre todo en las Olimpíadas de México de 1968, cuando los atletas estadounidenses negros ganadores de medallas alzaban el puño y miraban al piso mientras sonaba el himno. Eso demostraba la raigambre del movimiento. Pero siempre estuvo circunscrito a los negros.

Cada cierto tiempo, cuando ocurre este tipo de hechos, como el que acaba de pasar ahora, sucede lo mismo con mayor o menor fuerza. Esta vez ha sido muy fuerte, mucha gente lo compara con lo que ocurrió después del asesinato de Martin Luther King. Pero sigue siendo un movimiento racial, no tiene ninguna otra connotación. Se circunscribe a un sector minoritario de la población de EEUU.

No hay que confundirse. Hay gente hablando de revolución en EEUU y de crisis del sistema político. No hay que equivocarse pensando que esto lleva a las puertas de una rebelión social que vaya a producir cambios sustanciales. Por otro lado, hay que tener en cuenta que los negros en EEUU votan por el Partido Demócrata, pero en las internas se inclinan por la derecha demócrata. En esta ocasión, le dieron el apoyo a Joe Biden en contra de Bernie Sanders.

Así que tampoco podemos engañarnos pensando que se trata de negros libertarios, antisistema. No. Son negros que están luchando, y es bueno que lo hagan, en función de los intereses de su raza, que es discriminada, explotada, expoliada, lo cual se manifiesta en la pandemia, cuando, siendo apenas 13% de la población global [de EE.UU], son entre 24% y 25%  de los contagiados, es decir, el doble de la proporción.

En EEUU han creado una serie de mitos sobre el supuesto fin del racismo. El tercer lunes de enero celebran el Día de Martin Luther King, que es feriado a escala nacional; en el béisbol, el 15 de abril todos los peloteros usan el número 42, por Jackie Robinson, que fue el primer afroamericano al que le permitieron jugar en las Grandes Ligas. Pero, finalmente, a esos mismos negros los montan en un barco y vienen a invadir a Venezuela sin problema. Ninguno de sus líderes tiene la entereza, la estatura moral, la fuerza de ideas que tuvo Muhammad Alí, que siendo el boxeador más grande de la historia, renunció al título mundial, fue a la cárcel y fue sometido a persecuciones porque se negó a participar en una guerra en la que no creía, la de Vietnam.

Tampoco olvidemos que Obama es negro y fue el que inició la persecución contra Venezuela en las dimensiones que tenemos ahora. ¿Dónde están Obama y otros negros, como Condoleezza Rice y el general Colin Powel? Están en el bando de los poderosos, del sistema, de los opresores. Entonces, creo que la respuesta de Trump es calculada, en el sentido de que está golpeando a una población que no le favorece y está incentivando acciones que son bien recibidas por ese sector de la población, los WASP (blancos, anglosajones y protestantes, el segmento más conservador [de la sociedad]).

Los negros en EEUU, además, no tienen ningún tipo de conciencia de clase, están en contra de los latinos, persiguen a los inmigrantes. No estamos hablando de una revolución social o política, sino, si acaso, de una rebelión racial. Al único que he escuchado planteando esto en términos políticos sustanciales, en términos de clase, es al director de cine Spike Lee. Hizo un planteamiento sólido. Todos los demás lo han hecho en términos de la marginación de los negros, pero no en términos del sistema y de la estructura del capital. Entonces, insisto, no va a significar grandes cambios sociales y políticos porque para ello tendrían que incorporarse los marginados, las mujeres, los inmigrantes y los desempleados, que son millones, pero obviamente no han estado en estas protestas”.

Ante otra pregunta del periodista agregué que: “…Ayer [Joe] Biden se reunió con unos líderes negros y su propuesta fue que si llega a la presidencia, dará instrucciones para que la policía no les dispare [a los manifestantes] al pecho, sino a las piernas. Y dijo que buscará el control del armamento de los ciudadanos. Esa es una jugada electorera de un candidato mudo, que no ha aparecido en todo el Covid-19.

Yo creo que todo eso es calculado [por Trump] porque sabe que en EEUU hay un gran fervor por el uso de las armas y es una mayoría tan aplastante la de los blancos que nadie se atreve a desafiarla. Además, a ese grupo se sumarán seguramente los latinos y otros, en el caso de que haya un conflicto violento racial. Por eso, en esa hipótesis, los negros serán aplastados, a un costo de miles o de cientos de muertos. Si Trump dijo que era aceptable que por el Covid-19 murieran 200 mil personas, que mueran 100 mil negros no es una cosa que le pueda preocupar mucho”.

 sergioro07@hotmail.com

sábado, 16 de mayo de 2020

El mundo siempre ha sido golpeado por la plaga del imperialismo yanqui



Por Rolando Prudencio Briancon:

La nueva ocurrencia del orate de Trump ha sido acusar que: "el mundo ha sido golpeado por el virus chino", y que, según él, aunque probablemente "no fue a propósito" que se liberara el virus, la responsable de la pandemia en el planeta es China.

La disputa de la hegemonía mundial en esta coyuntura, ya no es tanto quien militarmente pueda someter al otro, pues las condiciones ni siquiera están dadas por la cuarentena; sino porque la disputa es respecto a la credibilidad que se tiene sobre la responsabilidad -si la hubiera- de la aparición de este virus.



Fue el gobierno de Trump quien tomó la iniciativa, buscando en la China el chivo expiatorio, para que exactamente sea la exculpación perfecta, sobre lo que el gobierno chino ya había advertido que fueron militares yanquis quienes llevaron el virus a Wuan.

Ese fue el motivo por el que el gobierno norteamericano, comenzó preparando a la opinión pública, advirtiendo que las prácticas culinarias chinas tendrían que ver con la aparición del contagio en los mercados de Wuan en China.

Posteriormente comenzaron las especulaciones respecto a que la China había desatado una guerra bacteriológica contra los EE.UU., para desplazar su hegemonía. Qué China había generado este virus para hundir económicamente a EE.UU.; en fin, han sido una serie de acusaciones que más como globos de ensayo se lanzaron para distraer a la opinión pública norteamericana sobre el eclipse de la hegemonía estadounidense ante la China, que obedece a la pérdida de su liderazgo en el mundo y que; justamente es porqué los EE.UU., ha golpeado a las demás naciones para imponerse como imperio.

Vale decir que los EE.UU., para ser lo que es, ha golpeado -como acaba de ocurrir en Bolivia con el GOLPE- a las demás naciones para ser lo que Trump añora: "América firts", o América Primero.

Los casos son abrumadoramente interminables en la historia de invasiones e intervenciones en las que, a través de la plaga de los GOLPES, los EE.UU. ha golpeado las demás naciones para ser la potencia que es, a costa de la soberanía de las demás.

prudenprusiano@gmail.com

miércoles, 29 de abril de 2020

Trump tratando de aclarar su sarcasmo muestra su fascista y antidemocrática faz



Por Rolando Prudencio Briancon:

Es gracias a la comunicación -ojo que no me refiero a los Medios de Comunicación solamente- que los gobernantes suelen poner a prueba sus convicciones democráticas.

Vale que decir que es de la interacción entre gobernantes y gobernados, que a través de la comunicación se puede dar no sólo certeza de lo que se hace, sino y sobre todo transparencia al pueblo, quien es al final de cuentas el sustento subjetivo sobre el que se basa la democracia, por lo que otra forma de fiscalizar los actos de quienes pasajeramente son inquilinos de la Casa Blanca, como en éste caso es Trump; no existe otra que no sea a través de la comunicación e información que se transmite a la población, que se dan cuenta de los actos como autoridad que son.


Y es que la comunicación es congénita a la propia democracia, pues visibilizan, transparentan y transmiten los actos de quienes detentan el poder, como es cualquier autoridad, sea presidente, sea portero o cualquier otra autoridad. Es más, dentro la Declaración de los Derechos -bill of de rights- de la Constitución norteamericana de 1791, están contemplados los derechos ciudadanos, como son a la información y a la libertad de expresión.

Consiguientemente van en contrasentido a esta concepción constitucional sobre el Bill of the Rights, las recientes y resentidas declaraciones de Trump, que tratando de aclarar ha mostrado su faceta fascista, además de ser intocable e intolerable, manifestado sobre que fue un sarcasmo la recomendación dada sobre: "inyectarse desinfectantes", cuestionando: "¿Cuál es el propósito de tener ruedas de prensa en la Casa Blanca cuando los medios de comunicación parciales no hace más que preguntas hostiles, y después rechazan informar la verdad o los hechos de forma precisa?"

Así mismo ha arreciado su ataque a la prensa, señalando: "consiguen índices récord y el público estadounidense no consigue más que Noticias Falsas. No merecen la pena, ni el tiempo, ni el esfuerzo".

Rematando su rechazo a dar más información, y creyendo que le hace un favor al pueblo sobre la crisis de salud que vive los EE.UU., ha señalado: "Quizá aparecer cuando haya victorias que anunciar", tal como se ha dado a conocer el portal de noticias Axio.

Vale decir que el remedio ha resultado siendo peor que la enfermedad de egocentrismo que patológicamente padece Trump, de trastocar incluso la propia Constitución y los derechos ciudadanos, con sus absolutistas y abyectas creencias que el Estado soy yo, mostrando su fascista y antidemocrática faz.

prudenprusiano@gmail.com