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miércoles, 28 de octubre de 2020

Chile, la madre de todas las batallas

 Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

Han pasado solo tres días del plebiscito mediante el cual el pueblo chileno le arrancó una convención constitucional a las élites del país. Es verdad que lo deseable hubiera sido una asamblea constituyente originaria que desde las mismas bases de la sociedad redactara una nueva Constitución que sembrara la democracia en el país después de 47 años de dictadura, directa durante los primeros 17 y de administración indirecta de la misma en los 30 posteriores.

Ríos de tinta han corrido en estas 72 horas. Superada la alegría inicial comprensible en un país cuyo pueblo desde hace muchos años está falto de victorias y donde lo tradicional es celebrar las derrotas, se vuelve a poner los pies en la tierra para entender que (disculpen el lugar común) “se ha ganado una batalla, no la guerra”.

¿Cómo intentar hablar del tema tratando de ser original y no caer en lo repetitivo? Confieso que dudé en hacerlo, pero me ganó la emoción, porque a pesar de la lejanía, percibo la efusividad de un todo que hizo posible este día. Pero la emoción también se manifiesta como indignación al ver cómo los causantes del desastre que ha vivido Chile en estos 47 años, ahora buscan apoderarse de la victoria intentando desplazar a sus verdaderos protagonistas.

En la embriaguez de un día glorioso para el pueblo, ya comienzan a buscarse para –una vez más- construir acuerdos de cúpula que impidan que las organizaciones populares elijan a sus representantes, no como independientes, porque deben “depender” de la voluntad de los sectores y territorios que los seleccionen y a ellos le deben rendir cuentas de su actuación. La connotación “independiente” tiene carácter político para hacer patente que no responderán a los partidos causantes de tanto dolor a los chilenos y chilenas.

No debemos perder la memoria, algunos de los que hoy celebran emitieron claras opiniones sobre la posibilidad de la constituyente mientras participaban jubilosos de la repartición del botín. Veamos algunos casos: “Yo dije que esta Constitución pasaba el test democrático. ¡Y lo sostengo! Si Ud. dice que (…) se acabó el binominal, se acabó la discusión de la Asamblea Constituyente!” Ricardo Lagos, ex presidente de Chile.

Otra opinión: “Yo no quisiera que el tema de la Asamblea Constituyente fuera una especie de droga. O sea, que nos pongamos a fumar el opio en escenario ficticio, inexistente, de una crisis institucional que no existe, de una Asamblea Constituyente que no se va a constituir nunca” Camilo Escalona, ex presidente del partido socialista de Chile.

Una más: “No hay ninguna razón que justifique en Chile la instalación de una Asamblea Constituyente. Una Asamblea Constituyente es una confrontación y eso no lo queremos, yo no lo quiero por lo menos”. José Miguel Insulza, ex ministro de los gobiernos de la Concertación y actual senador por el partido socialista.

Veamos lo que dicen ahora, después del domingo:

“Han tenido que pasar 30 años para que llegara este momento” […] "Lo importante es entender que los planteamientos de este 25 de octubre han sido planteados por muchos de nosotros desde hace mucho tiempo". Ricardo Lagos

Y esto es lo que manifestó José Miguel Insulza el mismo domingo en una entrevista para una agencia de prensa argentina: “…la necesidad de reformar la Constitución que surgió del plebiscito del domingo es la llave para empezar a construir un país más democrático y menos desigual”.

Desprecian al pueblo, creen que es ignorante y estúpido. Hasta el presidente Piñera asumió como propia la gran mayoría lograda. De inmediato dio orden al sector oficialista para dejar de lado las divisiones y avanzar hacia “la Constitución que queremos para Chile…”. Agregó que era necesario trabajar en orden a que los temas que estarán contenidos en la nueva Carta se ganen por los dos tercios necesarios aseverando que ello “va a depender mucho de la actitud que tendrá Chile Vamos [coalición de gobierno] para evitar volver a esos tres tercios y poder tener un país que le asegure a todos sus hijos un horizonte, una mirada larga, una mayor estabilidad”. Se refería al equilibrio histórico en Chile entre izquierda, derecha y ultra derecha que permitió mantener el status quo hasta 1973 y que fue roto por Pinochet, las fuerzas armadas, la derecha fascista y la democracia cristiana promotores y ejecutores del golpe de Estado.

En un largo artículo del periodista Camilo Villa J. publicado en la Radio de la Universidad de Chile el martes 27 se señala con amplitud de evidencias como se comienzan a vislumbrar los acuerdos de cúpula entre sectores de izquierda, derecha y seudo izquierda.

Para efectos prácticos de las elecciones del 11 de abril, hablar de gobierno y oposición no deja de ser una entelequia. Esa cantidad de aproximadamente 78% de ciudadanos que se expresó a favor de una nueva constitución no significa nada en términos de calidad. Se sabe que la derecha que gobierna, la derecha en la oposición y el oportunismo frenteamplista se pusieron de acuerdo el 15 de noviembre para que no pudiera realizarse una asamblea constituyente originaria como era y como es el deseo popular. Es muy probable que esa calidad se manifieste en el momento de redactar la nueva Carta Magna, de ahí que la verdadera “madre de todas las batallas” será la que se libre de cara al 11 de abril.

Hay que recordar cómo el sistema político chileno hizo surgir al MAPU en el momento previo al triunfo electoral de Salvador Allende y cuando era patente que ello se podría producir; al PPD en tiempos de franco retroceso dictatorial; y al Frente Amplio cuando era evidente que las luchas del pueblo chileno llegarían a la victoria del 25 de octubre. Todas estas organizaciones políticas fueron creadas con la misma misión: ralentizar, paralizar y torpedear desde adentro las grandes luchas y las victorias populares. Hoy, los líderes del MAPU y del PPD son parte de la casta política comprada por la derecha empresarial, y el Frente Amplio, fue gestor -junto a la derecha a la que supuestamente se oponen- de la componenda cupular del 15 de noviembre.

Mucha mayor franqueza manifestó Jacqueline Van Rysselberghe, del partido pinochetista Unión Demócrata Independiente (UDI), que defendió la continuidad de la constitución llamando a votar a favor del “Rechazo” y quien de inmediato convocó a trabajar “para que el cambio constitucional no parta de cero”.

Los acuerdos de las cúpulas opositoras poco importan hoy, cualquiera de ellos que se logre será una vez más para engañar al pueblo. En una mirada histórica se trata de la imposible misión de unir a los que promovieron el golpe de Estado, con los que lucharon contra la dictadura, los que catalogaron al gobierno de Allende como autoritario y aquellos que han usufructuado por treinta años de la Constitución que ahora dicen querer cambiar.

En la mirada más cercana, los mismos que se burlaron del pueblo el 15 de noviembre pretenden unirse con los que en la calle los obligaron a buscar una alternativa que evitara una derrota total del sistema. El fantasma del 88 vuelve a estar presente.

El propio artículo de Villa enumera los movimientos de dirigentes que se reúnen sin consultar al pueblo. En este contexto la única voz reflexiva pareció ser la de Alondra Arellano, presidenta de Convergencia Social quien en una entrevista con la Radio de la Universidad de Chile, haciendo un inusitado alarde de sensatez expuso que: “el rol de la oposición será restarse protagonismo y dárselo a los movimientos sociales e independientes”.

Mientras esto ocurre entre los chilenos, los mapuche, el otro pueblo que habita el país, genera su propia dinámica de lucha para determinar la cantidad de escaños que le deben corresponder en los debates constitucionales que lleven a que, finalmente, por hecho y por derecho, sean reconocidos de acuerdo a las estipulaciones del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo.

El problema es que este debate se da en los marcos de la comisión de constitución del Senado, conformada por dos parlamentarios de la derecha gubernamental, dos de la oposición de derecha y un independiente (ex demócrata cristiano) con la presencia de dos ministros de Piñera.

El mayor arranque de honestidad –aunque parezca increíble- provino de Tomás Fuentes diputado del derechista partido Renovación Nacional quien manifestó que: "El diseño de la constituyente está hecho para que no salga electo ningún independiente". Dijo que eso era imposible salvo que el candidato fuera algún conocido deportistas o un miembro de la farándula, para lo cual ejemplifico con dos de ellos.

En su interesante explicación de la situación creada tras el evento eleccionario del domingo, Fuentes expuso que si los candidatos a ser elegidos el 11 de abril son los mismos políticos de siempre (puso como ejemplo a dos de ellos, uno de gobierno y otro de oposición) “…vamos a estar un año con los mismos políticos que están hoy en el Congreso, ¿acaso no habrá la misma frustración en las personas? Me imagino que si hacemos un diagnóstico honesto de lo ocurrido en el plebiscito, los 17 partidos políticos que hoy se encuentran representados en el parlamento se pondrán de cabeza a buscar candidatos con un perfil lo más parecido al ciudadano común“.

El diputado Fuentes explicó que si se creaban listas separadas de la oposición y del gobierno, se produciría una “sobre representación”. Ante eso, su sorprendente propuesta fue: “…si hacemos un esfuerzo y logramos concretar una lista para nosotros beneficiarnos de esa unión, solo se necesita tener un programa de mínimos comunes. Si la izquierda no va unida y nosotros sí, nosotros [se refiere a las fuerzas gubernamentales] seremos los sobre [re]presentados. Creo que hay que hacer esfuerzos […] por un proyecto común”. He aquí la “madre” de todos los acuerdos cupulares, es decir repetir la alianza que decidió el pacto del 15 de noviembre, pero ahora para elegir los convencionistas y eventualmente escribir la nueva Constitución, que no sería otra cosa que la misma de Pinochet y Jaime Guzmán pero ahora aprobada democráticamente.

Mientras están ocurriendo estos “tejemanejes” en la superestructura, el pueblo organizado en  Unidad Social ha llamado precisamente a evitar que los partidos se adueñen del proceso constituyente. Según han explicado, “continuarán llevando a cabo cabildos ciudadanos cuyo objetivo es entregar insumos al órgano constituyente a la hora de considerar los temas que deben estar contenidos en una nueva Carta Fundamental”.

La confianza en la organización popular y la inteligencia de los ciudadanos que han sostenido este movimiento por un año, encontrará los caminos para resolver este intríngulis y ganar la nueva batalla. El lunes en la noche vi un interesante programa de televisión en el canal 8 de Peñalolén en el que dirigentes populares debatieron sobre el camino a seguir. Con alegría constaté la sabiduría popular y la seguridad de que con los “pies en la tierra”, el pueblo, las organizaciones y sus líderes tienen perfecta apreciación del momento que se vive a partir del domingo, las dificultades que emanan de las tareas por venir y los caminos a seguir.

Al escuchar ese programa, recordé aquella hermosa página de la historia de Chile cuando en marzo de 1818 tras el desastre de Cancha Rayada que supuso una importante derrota de las fuerzas patrióticas se generó el caos, un estado de pánico y confusión suprema y se avivaron rumores, noticias contradictorias y perniciosas que incluso anunciaron la muerte de San Martín y O´Higgins.

Y cuando el espanto y el pesimismo cobraron vigencia, sobre todo entre los sectores altos de la población, algunos de los cuales se apresuraron nuevamente a cambiar de bando, emergió la suprema convicción de Manuel Rodríguez cuya autoridad moral a toda prueba fue reconocida por la población cuando desde el balcón del palacio de gobierno proclamó en medio del generalizado desaliento “¡Aún tenemos patria, ciudadanos!”.

No tengo duda que los nuevos rodriguistas del siglo XXI recuperarán la patria para ellos y para las futuras generaciones. 

miércoles, 12 de agosto de 2020

La urgente depuración de la política



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
No son precisamente coincidencias ideológicas las que provocaron una amplia mayoría en el Congreso Nacional para aprobar el retiro del 10 por ciento de los ahorros previsionales de los trabajadores a objeto de encarar la grave crisis sanitaria y económica del país. De no haber sido por la pandemia y sus trágicas consecuencias en la vida de la población, difícilmente un espectro tan amplio de legisladores le hubiese doblado la mano al presidente Piñera en su empeño de proteger el sistema de AFP, que en cuatro décadas de ejecución manifiesta su fracaso en las miserables pensiones que paga a los jubilados chilenos, versus las más millonarias utilidades que arroja a favor de un puñado de empresas y bancos la administración de estos multimillonarios fondos.


Se hizo tan mayoritaria la propuesta de recurrir a estos recursos para hacer frente al hambre, la desocupación u otros fenómenos que golpean a los sectores más pobres y de clase media, que solo unos pocos insensatos o encaprichados se opusieron hasta el final a aprobar esta medida. Una tozudez y desvergüenza que sin duda pondrá en jaque sus aspiraciones político electorales y los llenará de descrédito público. Tanto que más de un 80 por ciento de los ciudadanos encuestados recientemente manifiesta ahora su repudio al actual mandatario, con seguridad el gobernante más desacreditado ante el pueblo en toda nuestra historia republicana.

Los partidos de derecha no pudieron disuadir a aquellos legisladores que terminaron dándole sus votos a la iniciativa. La renuencia de La Moneda y de algunas cúpulas partidarias se explica naturalmente en su insensibilidad social, pero sobre todo en los ingentes recursos destinados por las administradoras de los fondos de pensiones para financiar los procesos electorales y ofrecer cargos y prebendas horizontalmente a la clase política. Habiendo quienes hasta han llegado a compartir sus funciones públicas con las de directores y asesores de éstas y otras sociedades anónimas.

Como un atropello a la autonomía que deben tener los diputados y senadores, varios de estos rebeldes parlamentarios han sido denunciados ante los tribunales de honor o disciplina de sus partidos. Es decir, arriesgan por su díscola posición la posibilidad de ser suspendidos y expulsados de sus colectividades. Aunque muchos reconocen que será muy difícil, ya, que se les apliquen sanciones muy drásticas, por el temor del oficialismo de quedar definitivamente en minoría en ambas ramas del Congreso y dificultar con ello la posibilidad de que Piñera pueda seguir gobernando con algún ascendiente frente al Poder Legislativo.

Sería muy insensato pensar que con la aprobación del retiro de apenas un 10 por ciento de los fondos previsionales los parlamentarios hayan enfrentado una disyuntiva doctrinaria o siquiera ética. Lo cierto es que en esta solución se impuso el mal menor cuando debieron ser el Estado, los grandes empresarios y los chilenos más ricos los que se hicieran cargo de enfrentar la crisis sanitaria y económica, como ha sucedido en las democracias serias.

A esta altura, habría que reconocer que recurrir a los fondos del retiro es un despropósito que solo se explica en la existencia de un estado cicatero, un empresariado sin conciencia social alguna y en la responsabilidad de los propios legisladores renuentes a aplicar, por ejemplo, un impuesto a las más altas fortunas del país. Mientras mantienen el desenfreno del gasto militar y la codicia de las grandes transnacionales enseñoreadas en toda nuestra geografía y recursos naturales.

En vez de buscar sanciones para los que obedecieron a una gran demanda social, el conjunto de los partidos políticos debiera proponerse denunciar y separar de sus filas a quienes en estos años han demostrado su colusión con los grandes intereses de la industria y el comercio, protagonizando los incesantes escándalos de corrupción como aquellos bochornosos atentados contra los consumidores chilenos. Una connivencia desembozada y cotidiana entre políticos e inversionistas nacionales y extranjeros extendida largamente.

Aludimos a los múltiples episodios ya prescritos por las leyes o que se ventilan muy latamente en los tribunales.  Con mucha cara de que estos procesos terminen impunes o sancionados con multas risibles que no se compadecen con la cuantía de sus estafas y tráfico de influencia ejercido sin tregua durante treinta años. Se puede decir, que cada uno de los despropósitos cometidos en este sentido por la dictadura ha tenido sus correspondientes réplicas en todos los gobiernos que sucedieron al de Pinochet. El autor, como sabemos, de la ilegítima Constitución de 1980 y la mayoría de las leyes que amparan estos delitos vinculados al poder; esto es por la institucionalidad que muchos denuncian como ilegítima y antidemocrática cuando son candidatos, pero que luego juran respetar irrestrictamente en posesión de los altos cargos públicos.

“Cuando vayas a cobrar tu 10 por ciento, se dice en las redes sociales, acuérdate del 18 de octubre…” Es decir, asume que esta pequeña reforma constitucional que tanto irritó a La Moneda y a su férula de empresarios y economistas se debe nada más que a los altos índices de consenso e irritación popular. Como a aquella rebelión nacional suspendida por el Covid 19, que todavía está constituido en el principal aliado y gendarme del “orden establecido”.
juanpablo.cardenas.s@gmail.com

miércoles, 6 de mayo de 2020

Las intenciones de la clase política y del gran empresariado



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Sebastián Piñera y sus amigos ven al coronavirus como su gran aliado. Gracias a la pandemia todos ellos saben que pudieron retener el gobierno después de varios meses de alzamiento popular, en que las policías y la represión fueron desbordadas por el descontento social y hasta en sus escasos partidarios surgieron las voces de quienes pensaban que el Jefe de Estado debía alejarse del poder antes que la convulsión fuera completamente irrefrenable y los arrastrara a todos. Por lo mismo es que hoy, después de postergar el Plebiscito Constitucional, las elecciones de gobernadores, de alcaldes y concejales, Piñera manifiesta la posibilidad de que estos eventos vuelvan a diferirse si la pandemia no cesa. Él y sus adláteres creen que lo “prudente” sería olvidarse de estos comicios y extender el mandato de todas las autoridades con el pretexto de salvar las vidas de los infectados y de quienes contraigan el mal próximamente.


Con la misma intención hay políticos de la autodenominada oposición que desean lo mismo, a sabiendas que la explosión social también tiene explicación en la corrupción general y en el mal desempeño de quienes se han turnado amistosamente en el poder desde hace treinta años. Mal que mal, con Pinochet gobernaron diecisiete años muchos de los que hoy están en La Moneda, el Parlamento y las instituciones públicas, por lo que extender la actual administración hasta su término no sería para ellos tan abusivo o arriesgado. Porque en una feble visión republicana se ha establecido la idea que los mandatarios elegidos por sufragio popular tienen derecho a seguir gobernando, aunque hayan perdido abruptamente la adhesión ciudadana en las calles se exija su salida.

Es más, y como lo hemos comentado antes, no pocos creen que una vez en el poder los gobiernos tienen el derecho a hacer lo que les plazca, así sea contradiciendo totalmente lo prometido. Por supuesto que esta voluntad solo rige en aquellos países que son gratos a los Estados Unidos, a los inversionistas extranjeros y a las oligarquías nacionales. Pero no en Venezuela y otras naciones, por ejemplo, cuyos regímenes se han desmarcado de la ideología hegemónica y desde el imperio se fomenta su desestabilización.

Con tal mediocre desempeño comparado a otros países de la Región es posible que la famosa curva de la pandemia no logre aplanarse muy próximamente, luego que Piñera cediera a las presiones empresariales preocupadas por el abrupto decrecimiento económico y esté propiciando franca o solapadamente que los trabajadores retornen a sus tareas, los estudiantes a sus afanes y el comercio vuelva a florecer en el consumismo. Las acciones de mitigación de la pandemia han resultado exitosas en los barrios donde viven los más ricos y que importaron el mal a nuestro país. Al mismo tiempo que se han aflojado los controles en las poblaciones en que habitan los pobres y la mano de obra barata y cuyo riesgo de contraer el mal es mayor, a causa de las precarias condiciones de vida de más de la mitad de la población y cuya cifra de pobres crece con la cesantía que ya se empina al 15 por ciento, además de los sueldos y pensiones miserables que se evidenciaron para todos desde el último 18 de octubre. A la fecha se reconoce que ya hay más de un millón y medio de personas que han perdido sus empleos en estos últimos meses.

 La clase patronal y la derecha parlamentaria ahora le dan un voto de confianza a las bancadas de la ex Concertación y Nueva Mayoría en cuanto a que llegarán a convenir conjuntamente las postergaciones electorales, así como con la presión del pueblo alzado lograron ponerse de acuerdo todos en la convocatoria a un plebiscito que ya debió haberse realizado. El más ansioso por diferir estos compromisos democráticos es el propio Piñera quien en su melomanía cree seguro que los chilenos van a reconocerle, en algún momento, sus esfuerzos para combatir la Pandemia. Felizmente, hay que reconocer que existen algunas voces oficialistas que aseguran se va a cumplir el itinerario electoral definido.

La recuperación de la postrada imagen de Piñera y su gobierno es algo bien improbable que suceda, en realidad. Salvo que los chilenos se empiecen a conformar con la presencia del mal, así como en el pasado lo hicieron con los más diversos y letales virus de la pobreza, la discriminación y los abusos del poder. Confiamos, sin embargo, que la gran lección que nos dejará el Covid 19 será el convencimiento de que en Chile había dinero más que suficiente para mejorar los sueldos, levantar viviendas dignas y fomentar nuevos empleos. Así como ya le quedan nítidos a los chilenos los escandalosos ingresos y prebendas de quienes ejercen la política, los multimillonarios dividendos que continúan repartiéndose los grandes accionistas y banqueros. Además de experimentar en carne propia los escuálidos recursos destinados a nuestros sistemas de salud y educación, versus los ingentes e inútiles gastos de las FF.AA. A quienes la crisis todavía no les toca un pelo, como que continuamos recibiendo barcos, aviones y toda suerte de pertrechos para una guerra imaginaria con nuestros vecinos.

Somos de los que creemos que, si bien la pandemia logró paralizar la protesta social, la realidad que se ha desnudado en estos meses va a ganar más adeptos para las causas de justicia, equidad y respeto a los DDHH. Confiados en que el pueblo se opondrá duramente a cualquier postergación o cancelación de sus derechos ciudadanos, convencido que debe imponerse una nueva Carta Magna y demoler el sistema económico que le ha causado muchos más estragos a la población que todos los terremotos, las epidemias y ese sinfín de pesares que ha asolado nuestra existencia. Será el momento de ganar una conciencia más generalizada, en favor de retomar la desobediencia civil.

Acompañados esta vez, además, por los pueblos que también ahora han descubierto los horrores de la infección capitalista y ultraliberal. Después de un tiempo en que hasta los militares y policías llegarán a convencerse de que ellos también son parte del pueblo humillado por las clases pudientes y los uniformados que se desempeñan como edecanes y celadores del sistema.

#QuedateEnCasa
juanpablo.cardenas.s@gmail.com

miércoles, 11 de marzo de 2020

PIÑERA Y el virus de la desvergüenza



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Leo el testimonio de un médico italiano que se muestra sorprendido por la alarma pública que ha provocado en Chile el Coronavirus. Nos dice que él vive y trabaja en uno de los países que tiene altos índices de infectados y que allí la población parece tener plena conciencia de que se trata de uno de los virus más benignos y con más baja letalidad, como lo demuestran, por lo demás, todas las cifras mundiales. Nos advierte que la histeria provocada en Chile es completamente exagerada, si se considera que al escribir estas líneas solo tenemos cuatro casos de pacientes que habrían portado el mal desde el extranjero y todos, hasta aquí, ya se encuentran muy lejos de arriesgar sus vidas.


Desde La Moneda, el Coronavirus le ha ofrecido una oportunidad magnífica al presidente Piñera y a sus subordinados para atemorizar al país y tratar de ponernos a todos en ascuas frente a un riesgo mucho menor que el provocado por los miles de pacientes que mueren esperando atención en los hospitales públicos y por los que seguirán falleciendo a diario por la influenza y otras enfermedades de alta letalidad. El propio jefe de estado no cesa de hablar y dictar cátedra sobre este tema para evitar seguramente un pronunciamiento sobre las acuciantes demandas sociales de nuestra población y que son las culpables de los padecimientos de los millones de pensionados, los cientos de miles de niños infectados por las drogadicciones y la miseria. Además de las víctimas que aumentan por el maltrato cotidiano y criminal que Carabineros ejerce sobre los que han debido salir a las calles a reclamar por sus derechos conculcados, por los abusos de los poderosos y la corrupción de los gobernantes.

Con la prensa adicta, Piñera, el ministro de Salud y otra serie cómplices copan los canales de televisión con noticias alarmistas que desplazan a las que son realmente importantes en Chile y el mundo. Noticiarios, matinales y toda suerte de programas para cumplir con este propósito. Supuestos periodistas o noteros abyectos que ven en este tema una verdadera oportunidad mantener sus puestos de trabajo, cuando ya el Festival de Viña se ha esfumado y los embustes sobre Venezuela y otros países perdieron atractivo. Nunca tantos profesionales de la salud y de otras especialidades han tenido espacios tan exquisitos en los medios de comunicación para obtener clientes. Tal como los laboratorios, farmacias y clínicas para especular con los precios de aquellos productos o fármacos que pudieran ser útiles para el día en que la epidemia y pandemia “golpee” a nuestro país.

De lo que se trata es atemorizar a la población para que se quede quieta ojalá la mayor parte de su tiempo y en sus casas. Para que se suspendan los espectáculos masivos donde la rechifla y las consignas contra Piñera crecientemente superan los aplausos a los deportistas y artistas. Para ello, las autoridades han llegado a hacernos un ofertó de licencias médicas para quienes se sientan afiebrados, nerviosos o temerosos de haber contraído un mal que en el mundo jamás podrá superar la cifra de muertos o mutilados por las guerras y desastres naturales.

Como tampoco la de los cientos de miles o millones de latinoamericanos afectados por las diversas pestes; la de los millones de africanos y asiáticos asesinados por el hambre y las políticas neoliberales o la de los cientos de miles de europeos o estadounidenses que se suicidan o fallecen por el hartazgo de sus hábitos culinarios y vicios.

Algunas autoridades de Gobierno y de la derecha más recalcitrante hasta manifiestan su esperanza de que se posterguen el itinerario institucional, el plebiscito y las próximas elecciones, ya que estos eventos podrían constituirse en un fatal “caldo de cultivo” del Coronavirus, si se piensa, por ejemplo, en los recintos de votación, las reuniones y manifestaciones.  Evidenciando con ello el temor que le tienen a que el país se infecte realmente de buenas ideas, y el descontento social y las movilizaciones sean el ariete de los cambios tan soñados. Del “Chile Nuevo” que Mariano Puga, nuestro ejemplar sacerdote obrero, visualiza en su agonía. Ahora que el pueblo, según él, ha despertado.

Lo que más debiera intimidarnos, en realidad, son las alucinaciones y la desvergüenza de Sebastián Piñera, que ya no es capaz, siquiera, de percibir el rubor que provoca hasta en sus más cercanos seguidores sus delirantes y desatinadas alocuciones en que, además de su obsesión por el Coronavirus, se traiciona en su machismo rampante y otros des criterios que lo han convertido en el principal hazmerreir del país.
juanpablo.cardenas.s@gmail.com

sábado, 7 de diciembre de 2019

La OEA y la ONU hacen caso omiso a los crímenes en Sudamérica


Por Diego Olivera Evia:

La crisis moral de EEUU de destruir América Latina
  
Las mentiras de la OEA dirigida por el traidor secretario Luis Almagro, de que Venezuela, Cuba y Nicaragua son países terroristas, son una farsa de esta institución corrompida por la CIA, como el mandato de presidente de EEUU, Donald Trump han creado una crisis humanitaria en Sudamérica,  no solo acusando falsamente que las naciones ante mencionadas en este artículo, son pueblos democráticos que no han creado guerras y solo han defendido al derecho de sus democracias, ganadas en las urnas y la voluntad de defender al los pueblos, mientras el fascismo ha creado una guerra de mentiras, dándole a naciones como el gobierno de Colombia, con el criminal presidente Duque, asesinando a niños por el ejercito colombiano, y sin embargo el fascista Trump apoya los asesinatos y los alijos de drogas de los carteles y la impunidad de la DEA, como el mayor cartel de las drogas en América Latina.


Los constantes bloqueos y sanciones son parte las políticas de Estados Unidos, contra los países antes mencionados, para ahogarlos y crear una crisis regional, pero la realidad no son los afectados por Trump, son la crisis en el Cono Sur , donde el terrorismo en Chile ha creado una crisis social y humana, ante las movilizaciones de los chilenos, sin un partido político conductor, ha crear una nueva constituyente, para un nuevo estado, pero la inmoralidad del presidente Piñera, llama a la muerte y a una nueva dictadura, asesinando y violando a mujeres y jóvenes, como disparando con fusiles a los ojos de los manifestantes, creando ceguera, de la misma manera crear un caos de muerte, bajo el silencio de la OEA y la ONU, y la funcionaria chilena Bachelet , ex presidenta, y sin respeto a la muerte de sus padre militar por Pinochet y bajo la mirada del entonces joven empresario Piñera, esta es la realidad de una sociedad en crisis y un país sin salida.

La ONU ha creado un vacío de poder al dejar la manos libres a EEUU y a Israel, como los terroristas con derecho a crímenes de lesa humanidad, la mayorías de los países miembros de la misma, son anulados por el veto de EEUU, Israel, el fascista presidente de Brasil Boslonaro, lo que hace caso omiso a los crímenes de lesa humanidad, la lucha de las naciones por el desarrollo de sus economías, son frenadas por EEUU, la OTAN, amenazando a México ante los logros importantes del presidente AMLO, quien ha logrando victorias contra la corrupción, como los carteles a través de las Fuerzas Armadas, como una nueva cara de esta nación, pero EEUU y Trump aspiran una nueva invasión, similar al robo de los de la mitad de México, ahora no escatiman en uso de la fuerza, mientras la OEA y la ONU hacen caso omiso a estas acciones terroristas, y no aceptan el derecho de las naciones a su autonomía y el crecimientos de sus pueblos.
En los acontecimientos en Chile, Colombia y Ecuador

Nos pareció importante mostrar la cara del fascismo y la muerte de EEUU a los pueblos de América Latina
En ese sentido que el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, aseguró que su país respaldará a los “gobiernos legítimos” de América Latina en medio de la ola de protestas que enfrentan varias naciones del continente.

En un discurso en la Universidad de Louisville, en Kentucky, el funcionario estadounidense aseguró que su gobierno quiere impedir que la agitación que se vive en la región se transforme en “revueltas”, apuntando a eventuales factores externos que incidirían en los hechos registrados en Chile, Colombia y Ecuador.
“Sabemos que Cuba y Venezuela han tratado de secuestrar las protestas legítimas en países de la región para sus propios fines ideológicos, algo que esas naciones no han tolerado”, expresó Pompeo respecto a América Latina.

El representante de Estados Unidos agregó que “América sigue siendo el mayor ejemplo de democracia en el mundo” y que su política exterior hacia el continente se basa en la “claridad moral y estratégica”.
Esta no es la primera vez que representantes de la administración del presidente Donald Trump mencionan supuestas injerencias desde el exterior en las manifestaciones que han afectado a países de América Latina, quienes son sus aliados en la región.

A una semana del estallido social en Chile, el encargado de Latinoamérica en el Departamento de Estado de EEUU, Michael Kozak, planteó que durante estos meses se detectó la presencia de “cuentas falsas rusas” en las redes sociales, las que tendrían como objetivo “socavar las instituciones y la sociedad chilenas”.

La crisis moral de EEUU de destruir América Latina
En este nuevo análisis en el marco de la realidad de Latinoamérica, se puede vislumbrar la crisis de nuestro continente, en manos del denominado Grupo de Lima, un instrumento de las derechas continentales, que han creado un mecanismo al servicio de EEUU y del macabro presidente de EEUU Donald Trump, que en su visión imperialista concibe a los pueblos de América Latina, como el patio trasero de los gringos, logrando el uso de los grupos de derecha, como los gendarmes de la región

Al afirmar en su discurso "Hermanos presidentes del Grupo de Lima: respetando nuestras diferencias políticas y como líderes democráticamente electos les pido, con mucho respeto, que busquen una solución mediante el diálogo como opción para salvar vidas y evitar que la guerra traiga destrucción a nuestra América Latina", publicó Morales en la red social Twitter.

América Latina continúa en una disputa geopolítica. El Grupo de Lima es resultado de ello. La conformación de este bloque de 12 países americanos (Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú) tuvo lugar el pasado 8 de agosto de 2017.

La razón de ser de este grupo es el intento de acabar con otros dos espacios en la región: UNASUR y CELAC. Frente a una agonizante OEA y una Alianza del Pacífico que no logra despegar, el Grupo de Lima es la fórmula elegida como instancia política regional para reinstaurar el orden conservador.

La Historia se repite. El gen de nacimiento de este nuevo espacio geopolítico es el intento de aislar a Venezuela de la misma manera que en su momento la OEA lo hiciera con Cuba. El Grupo de Lima nace para adherirse a los Estados Unidos y Europa en su cruzada anti Venezuela. Es decir, la región americana necesitaba tener su propia arma para destruir a Venezuela, de la misma manera que lo están intentando los otros dos bloques occidentales.

La OEA no lo logró porque viene deslegitimándose desde hace años, a través de la secretaria de Luis Almagro, un ex Frente Amplio, ex canciller del presidente Mujica, mostro su anexión a la CIA, y ataca ala naciones progresistas, como Venezuela, Cuba, Nicaragua y ahora contra Bolivia, en la OEA ni siquiera cuentan con los votos suficientes para obtener ningún resultado efectivo. En consecuencia, se crea este nuevo espacio sin sostén legal de ningún tipo, pero que sí parte de una sólida coincidencia: procurar conseguir desde afuera aquello que no se puede alcanzar por la vía interna democrática.

De la misma forma que ocurrió con la Alianza del Pacífico, Estados Unidos tampoco aparece como miembro explícito en el Grupo de Lima. Esta es una modalidad diferente empleada en el siglo XXI para crear nuevos espacios supranacionales en América latina tutelados desde el Norte.

Periodista, Historiador y Analista Internacional
diegojolivera@gmail.com

miércoles, 27 de noviembre de 2019

CHILE: CONVOCAN CONSTITUYENTE CON “VÁLVULA DE SEGURIDAD”



Por Carlos Iaquinandi Castro:  
“Algo tendrá que cambiar para que nada cambie”  El Gatopardo, de Lampedusa

Primero recurrieron a la represión, hablaron de “guerra”, y sacaron a la calle a Carabineros y equipos antimotines. Pero era mucho pueblo en la calle y además muchos jóvenes, muchos. Después especularon con el previsible cansancio de los manifestantes. Volvieron a equivocarse, éstos sumaron música, ingenio, arte y más ganas de cambio y siguieron en las calles. Entonces esgrimieron el caos, los saqueos. Aquellos sucesos puntuales se convirtieron en el argumento que le permitía al gobierno hablar de paz y seguridad.



Aunque los detenidos en su mayoría tenían antecedentes delictivos, ellos eligieron confundir y atribuir los saqueos a los manifestantes. Pero también les fracasó cuando más de un millón de personas recorrieron pacíficamente Santiago e insistieron en sus demandas. Había que hacer algo para detener las protestas que ponían en riesgo el propio sistema de poder. No eran suficientes los más de 20 muertos, 2.500 heridos, miles de detenidos o las decenas de privados parcial o totalmente de la vista por los balines policiales.

Fue entonces cuando según sus propias palabras el presidente Piñera dudó entre declarar el estado de excepción y recurrir al ejército para reprimir o bien crear las condiciones para un “diálogo nacional” en el Congreso. Admitió que las demandas en las calles “eran justas y legítimas”. Y así preparó el escenario donde – en los salones parlamentarios - se gestó el “Acuerdo por la paz social y una nueva constitución”. Los posibles náufragos del sistema, escogieron lo que deben haber considerado “el mal menor”. Ofrecer una puerta falsa.

 “Algo tendrá que cambiar para que nada cambie”.

Entonces utilizaron el último recurso: simular que cedían; preparar el engaño, envolverlo en palabras solemnes, como “Convención Constitucional” y activar dos o tres reaseguros “técnicos” para evitar un resultado no deseado. Y lo consiguieron. No fueron solamente los integrantes de Chile Vamos, (los del presidente Piñera) los que aprobaron la propuesta; también los de la ex Concertación, y lo que ya es “completar el cartón”, los partidos del Frente Amplio. Todos, conservadores, liberales, socialistas, democristianos, radicales, acordaron que lo mejor era conceder algo que no implique “retroceso o pérdidas” al sistema que integran. Y en los confortables salones parlamentarios (y en algunos otros más discretos), “cocinaron” el mecanismo para intentar terminar con el movimiento popular en las calles. Y con ello, desmontar los pedidos de renuncia del presidente, y establecer un desvío para que la fuerza de las protestas “se canalice por vías institucionales y democráticas”, eso sí, con final controlado.

No hay peor sordo

Convocan a un “plebiscito” para que, ante todo, la gente diga si quiere o no reformar la Constitución heredada de la dictadura. ¿Es que no han escuchado este clamor de cientos de miles de chilenos por las calles desde hace casi un mes pidiendo Asamblea Constituyente?  La verdadera intención que tienen es terminar con las manifestaciones y “patear hacia adelante” la solución a los justos reclamos. Los parlamentarios cocinaron este acuerdo a puertas cerradas y además tomaron varios reaseguros para desviar a vía muerta las demandas y las luchas populares.

Se han inventado que una de las opciones sea la de una “convención constitucional” que pueda ser “mixta”. O sea, con un 50% de parlamentarios y un 50% de electos por la gente. Pero, además, se aplicará el actual sistema electoral, diseñado para servir a los grandes partidos pro empresariales y de la casta de políticos millonarios. Pero en el caso de que el pueblo se las ingeniara para superar esta carrera de obstáculos, se reservan una “llave” decisiva: para ser aprobadas las propuestas tienen que tener más de 2/3 de los votos de esa “convención”.  Supongamos que, si son 100 miembros, 34 pueden bloquear al resto. El actual sistema quedaría intacto. Y, además, “democráticamente”. Una última “válvula de seguridad” por si falla todo lo anterior.

De lo histérico a lo histórico.

Por eso al concretar el acuerdo se abrazaban y repetían como loros que “era un día histórico para Chile”. Sí, para ellos, porque suponen que será el día que salvaron su status, y la continuidad de un sistema injusto, basado en privilegios y desigualdad. Es ingenuo pensar que ellos harían algo diferente.  Ellos son precisamente quienes aceptaron la herencia de la dictadura y profundizaron sus injusticias, que privatizaron la educación y la sanidad, que no recuperaron los recursos naturales privatizados y saqueados, que destruyeron el sistema de pensiones entregándolo a privadas, que fijan sueldos miserables a los trabajadores y que han violentado y militarizado a las comunidades mapuches. Lo lamentable es que partidos como el histórico socialismo de Salvador Allende sea uno de los firmantes del acuerdo, al igual que el Frente Amplio. En este último caso, hay una fuerte oposición interna, entre quienes se incluye el actual alcalde de Valparaíso Jorge Sharp. El “día histórico” para ellos, los parlamentarios, fue el dia en el que lograron acordar una salida tramposa a la justa indignación de las mayorías. Para el pueblo lo será el 18 de octubre, cuando estalló la gran movilización ciudadana que hoy se mantiene.

Acusan a Piñera en el Congreso por violar los derechos humanos.

Once diputados en representación de ocho partidos de la oposición, redactaron unas acusaciones constitucionales contra el presidente Piñera. Lo consideran un deber ético y democrático ineludible. Argumentan su presunta responsabilidad en la violación de los derechos humanos cometidas por agentes del estado en la represión de la protesta social que ha provocado decenas de muertos y centenares de heridos. La acusación es una figura reconocida por ley y deberá ser tratada en el Congreso, pero difícilmente prospere porque los partidos gubernamentales tienen mayoría.

El pueblo sigue su marcha

En las calles, en las plazas, siguen las movilizaciones, continúan los cabildos abiertos y las reuniones en barrios y sindicatos para debatir propuestas y aportes para una nueva constitución. Un texto que incorpore las reivindicaciones políticas, sociales y económicas que reclama una mayoría social. La frase de Allende “la historia es nuestra y la hacen los pueblos”, cobra plena vigencia en esta gigantesca movilización popular encabezada por los jóvenes chilenos.

Redacción de SERPAL
serpal@nodo50.org

sábado, 23 de noviembre de 2019

Piñera debe renunciar



Por Eduardo Contreras:

El justo clamor nacional para que el inepto mandatario deje la Presidencia de la República de Chile crece día a día y el reciente y lapidario Informe de Amnistía Internacional respalda y justifica ampliamente ese clamor. Consta allí el enorme saldo de asesinados, torturados, prisioneros, resultado de la represión ordenada por el empresario. Si a ello sumamos la ausencia total de respuestas serias a las justas demandas del pueblo se explica sobradamente la justeza del reclamo nacional.

Piñera debe irse, ahora ya, y luego deberá aplicarse los mecanismos previstos respecto de su reemplazo y, finalmente, convocarse a nuevas elecciones presidenciales.



En rigor la crisis chilena es extremadamente seria e importa una derrota no sólo para el gobierno sino para todas las fuerzas políticas reaccionarias del país. Así lo demuestra el acelerado rechazo nacional a un espurio acuerdo de los partidos más derechistas con otros de centro derecha y más de algún despistado “progresista” que, reunidos el 15 de noviembre en el Parlamento, lograron un “acuerdo de cambio constitucional” para, supuestamente, superar la crisis.

Los grandes titulares y la foto a colores a todo lo ancho de la portada de El Mercurio del 16 de noviembre anunciando el acuerdo de madrugada logrado por la centroderecha en relación al tema constitucional bastaban para que cualesquier chilena o chileno pudiera darse cuenta de qué se trataba en realidad y a quién favorecía el dichoso acuerdo. El diario de los Edwards y otros de su calaña no se equivocan cuando están en juego sus intereses de clase. Y el acuerdo constitucional de los sectores reaccionarios era de todo gusto de la burguesía que ese periódico representa

Por cierto, lo que decimos no puede entenderse en absoluto como que se sugiere la no participación en el debate que se dará institucionalmente y en la calle. Todo lo contrario, se trata de participar con fuerza para aclarar las cosas y darle su sentido político correcto en favor del pueblo trabajador, como ha señalado el Partido Comunista de Chile. Pero de lo que se trata es de evitar que se traicione el clamor popular expresado en las calles del país durante más de un mes en una movilización sin precedentes y que, entre otros efectos, precipitó ese acuerdo político parlamentario de los propios sectores que son precisamente los que no interpretan con justeza dicho clamor popular.

El asunto entonces ahora es darle su real sentido a ese debate de modo que no se deje de lado las exigencias del pueblo y, al contrario, atenderlas debidamente.
No olvidar jamás que fue precisamente la exigencia de las masas en la calle, de trabajadores, estudiantes, profesionales, pobladores, campesinos, pueblos originarios, dueñas de casa, sindicatos, federaciones y asociaciones, la que puso en el centro la cuestión de una nueva matriz constitucional que abra paso a un nuevo modelo de  sociedad, a una nueva construcción socio económica que garantice los derechos de los trabajadores, que devuelva la fuerza que la dictadura le robó al Estado de modo que éste pueda cumplir con sus obligaciones en materia de Salud, Educación, Previsión Social, Trabajo, Transporte público, Desarrollo económico, entre otras tareas propias que desde 1973 no ha podido ejercer.

Asunto esencial es no olvidar quiénes fueron los que llegaron a ese acuerdo que tanto deleita al periódico El Mercurio. Y esos fueron por una parte los representantes públicos del pinochetismo, militantes hoy de UDI, RN y otros grupos; es decir los partidarios del sangriento golpe del 73, los que apoyaron los crímenes de la DINA y la CNI, con miles de detenidos desaparecidos, ejecutados y torturados de modo brutal. Y fueron, por otra parte, los representantes de aquellas fuerzas políticas centroderechistas que transaron con el pinochetismo de modo de no tocar la Constitución del 80 y de mantener fielmente el mismo modelo económico social instaurado a sangre y fuego tras el 11 de septiembre de 1973.

Es decir, aquellos partidos políticos que nombraron a Pinochet “Senador Vitalicio” luego de traerlo libre tras su detención en Londres salvándolo así de una segura condena judicial penal en España por el juez Baltasar Garzón. Son los mismos entusiastas admiradores de la OEA y del llamado “Grupo de Lima”. Es decir, todo a gusto del gobierno de los EEUU de Norteamérica.

A esas fuerzas políticas de centro derecha - que son las mismas que apoyaron el modelo impuesto en dictadura y legitimado en la así llamada “transición” - se sumaron aquella noche del 15 de noviembre algunos miembros del Frente Amplio que recibieron rápidamente el rechazo de sus pares.

Quede claro entonces que una cosa es el hecho trascendental que puede provocar que, por primera vez en su Historia, Chile tenga una Constitución de origen democrático y otra muy distinta es el contenido de la propuesta de ese trasnoche, tanto en lo procedimental como en el fondo. Se trata pues de una disputa política y social presente hoy con fuerza en el escenario nacional. Y los que transaron hasta la madrugada de aquel día en el Congreso no las tienen todas consigo; desde luego es un hecho público las diversas contradicciones que afloraron poco después de firmar el papel y que aumentan con el paso de los días.

Para muestra el botón de las recientes declaraciones del senador Andrés Allamand acerca de la inamovilidad de los dos tercios para aprobar todo de todo y la inviabilidad del traspaso a proyecto de ley de aquellas materias en que no se alcance dicho porcentaje, como algunos de los conjurados había creído entender. Quien fuera ministro de Defensa de triste recuerdo en el primer gobierno de Piñera les ha dejado las cosas claras.

Así las cosas, resulta obviamente mucho más democrática la Consulta ciudadana que un buen número de alcaldes comunales ha decidido impulsar. Un hecho que puede marcar caminos.

Pero sea lo que fuere, han sido las multitudinarias movilizaciones sociales las que han abierto en serio la posibilidad de un camino a una nueva Carta Magna. El asunto es cómo garantizar que ese trayecto sea realmente democrático.

De las respuestas y actitudes del gobierno ya todo mundo está enterado. Un Piñera incapaz y confundido, inexistente en lo concreto. No ha encontrado mejor respuesta que la brutal represión. Crece la cantidad de asesinados y heridos por los uniformados, así como aquellos jóvenes y adultos que han perdido sus ojos, los torturados, los prisioneros. Mientras los ministros de gobierno siguen divagando con exceso, hasta el punto que por ejemplo Mañalich, ministro de Salud y copropietario de clínicas privadas, acaba de afirmar suelto de cuerpo que “.el sistema de salud pública de Chile es uno de los mejores del mundo”

¿En qué mundo viven, a quién creen poder engañar si precisamente los gravísimos problemas de Salud Pública son parte de la crisis? En estricto rigor cuanto sucede deja al descubierto por una parte que la situación que se vive en Chile es insoportable, insostenible y, por otra parte, surgen claros síntomas de ausencia de gobernabilidad por parte del actual gobierno. Lo cual además trae a la memoria la posibilidad que el infausto “Acuerdo por la Paz” haya sido, como circuló entonces, el producto de la presión ante una supuesta amenaza de golpe de Estado.

En cuanto al contenido concreto de una propuesta constitucional seria, entre otras varias exigencias, desde luego ella debe establecer el voto obligatorio para el plebiscito de entrada, para la elección de una Asamblea Constituyente y para el plebiscito de salida. Debe suprimirse la exigencia de los dos tercios y debe asegurarse la paridad de género respecto de los constituyentes, así como los derechos y participación de los pueblos originarios y de los chilenos y chilenas en el exterior.

En fin, dar seguridad plena del carácter democrático de un proceso que cuente con la más amplia participación ciudadana y cuyo resultado final sea una Ley Fundamental que ponga fin a la estructura neoliberal como se ha llamado el funesto modelo de sociedad impuesto en 1973 a sangre y fuego por la burguesía chilena y los institutos armados de la época con el apoyo de los grandes medios de comunicación privados, todo ello bajo la conducción del gobierno de la época de los EEUU de Norteamérica.

Una Nueva Constitución para Chile que nos ayude a recuperar lo perdido y abra paso a un Estado que nos devuelva una Educación Pública gratuita y de calidad, la Salud Pública, la Vivienda Social, la Previsión Estatal y no el negocio de un pequeño grupo como son las AFP, Recuperación del Agua, de los caminos, de los medios de locomoción pública, de las riquezas naturales, el Cobre para Chile, el Litio para Chile, Soquimich del Estado. Lo que tuvimos hasta el 73 y que nos robaron por la fuerza, más todo lo que la época actual debe poner a disposición del conjunto de la sociedad y no sólo de unos pocos.

De esto debe hablarse cuando se habla de una Nueva Constitución y asumir que sólo de este modo habrá garantía de que los urgentes problemas sociales de nuestro pueblo se solucionen de veras, no sólo con medidas parciales, sino que vayamos de una vez al fondo del problema.

eduardocontreras2@gmail.com

sábado, 16 de noviembre de 2019

El búnker de Piñera



 Por Carolina Vásquez Araya:

Encerrado en su ceguera y su profundo odio hacia el pueblo, Piñera lo pierde todo.

Acuerpado por dos instituciones armadas y entrenadas para aplastar a la población –Ejército y Carabineros- el aún presidente de Chile pretende ignorar las justas demandas de la ciudadanía y blindar un sistema neoliberal colapsado, del cual se benefició personalmente durante décadas amasando una fortuna incalculable gracias a los mecanismos instaurados por el régimen de la dictadura. Tan tramposo y superficial como irresponsable, Piñera tiene hoy al país al borde de la peor catástrofe política de su historia, reprimiendo de manera sangrienta a millones de chilenos quienes han puesto su autoridad al borde de la picota.



Las demandas de la ciudadanía no pueden ser más claras: convocar a una asamblea constituyente para redactar una Constitución acorde con las expectativas ciudadanas de justicia social, igualdad, protección de la riqueza nacional y el establecimiento de mecanismos capaces de consolidar una democracia actualmente tambaleante. Es decir, todo aquello con el potencial de garantizar el bienestar general sin los reductos de privilegio imperantes en todo el aparato gubernamental gracias a las trampas legales instaladas por la dictadura en el texto actual. Pero el presidente más cuestionado desde que Chile es Chile –con un 9 por ciento de aprobación- se ampara detrás de su biombo de papel y juega a dictador sin tener siquiera las agallas de dar la cara a quienes exigen respuestas.

El mundo observa con estupor cómo las más impresionantes manifestaciones ciudadanas –arriba de millón y medio de personas en las calles durante la semana pasada- son agredidas de manera irracional por Carabineros, quienes compiten por coronarse como la fuerza policial más sanguinaria del continente. Asesinatos a mansalva, violaciones y abusos sexuales de niñas y adolescentes, miles de heridos por balas y perdigones y algo aún más siniestro, como cientos de manifestantes ciegos por pérdida de ojos, es la cauda de una ola de violencia inaudita contra la población desarmada.

Por supuesto, no faltan quienes responden a la propaganda oficial y defienden la postura de Piñera apoyando su discurso contra el vandalismo, intentando ignorar el enorme cúmulo de evidencias en vídeos y fotografías en donde se demuestra la intervención de fuerzas del orden en muchos de estos actos. Chile es ahora un caldero a punto de estallar y mientras en las calles la juventud acompañada de una impresionante representación ciudadana exige su renuncia, Piñera se toma fotos en los patios del palacio y lanza su más reciente excusa para evadir su responsabilidad: una supuesta intervención de países extranjeros en las protestas.

Si su actitud no hubiera sido ya una afrenta para chilenas y chilenos agobiados por la injusticia del sistema, esta última declaración bastaría para quitarle ese último 9 por ciento de aprobación. Adjudicar a otros gobiernos –evidente la alusión a Cuba y Venezuela- la responsabilidad por la mayor movilización ciudadana que ha vivido Chile en su historia, no solo es un reconocimiento al poder de esos Estados; también revela la pobreza moral de un hombre incapaz de reconocer sus errores, incapaz de aceptar la derrota y, por encima de todo, carente del más elemental sentido humanitario. Apertrechado en su búnker de privilegios mal habidos y rodeado de empresarios beneficiados por el sistema neoliberal que se cae a pedazos, este ya deslegitimado mandatario sigue empeñado en defender un estatus caduco mientras el pueblo, desde las calles, le demuestra que no necesita de ayuda exterior para expresarle su rechazo y exigirle un último acto honorable: reconocer su derrota y renunciar.

La ciudadanía chilena exige a su presidente un último acto de honor.

elquintopatio@gmail.com

miércoles, 13 de noviembre de 2019

¡Arde América Latina!



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
Los acontecimientos en la región se desarrollan a ritmos vertiginosos. Pareciera que como dijo Silvio Rodríguez la era estuviera pariendo un corazón, pero esta vez a través de una fuerte lucha (tal vez como nunca antes en la historia) entre los pueblos que quieren avanzar hacia su liberación y aquellas fuerzas que pretenden retrotraer la historia.


Ante la victoria electoral del peronismo en Argentina, se opuso la insuficiente votación del Frente Amplio en Uruguay, a la intervención de la OEA y el golpe de Estado en Bolivia se manifestó el regreso de México a América Latina, ante la regresión fascista de Brasil se alza la coalición entre Argentina y México que ya logró salvar a Evo y a García Linera del fascismo, al incremento de las medidas agresivas contra Cuba, Nicaragua y Venezuela se han levantado los pueblos de Ecuador, Chile, Haití y Honduras.

Ataque y contrataque son los signos de los tiempos actuales en América Latina y el Caribe. Estados Unidos se la juega el todo por todo en una de las dos regiones del mundo (junto a Europa) donde todavía tiene el control de las elites y pretende la subordinación de los pueblos.

El principio de la física de que toda acción tiene su reacción se aplica a la política hoy más que nunca cuando el imperio estadounidense ha comenzado su período de retroceso y derrota estratégica, el que aun, cuando puede durar muchos años y décadas, es irreversible. La mejor prueba de ello es que tuvieron que recurrir a Donald Trump, un empresario ajeno al establishment para tratar de que, con instrumentos de la gerencia, se pueda manejar el país cuando la política no ha podido hacerlo.

Eso ha conllevado a que ellos mismos se vean obligados a aplastar el edificio teórico, las categorías e instituciones que construyeron durante 250 años y que ya no les sirven para sostener el poder: estado de derecho, separación de poderes, democracia, gobierno de la mayoría, defensa de la soberanía, respeto a los derechos humanos y a la decisión de cada pueblo de darse el gobierno que quiera y otras clasificaciones similares que  dan soporte al capitalismo emergido de la independencia de Estados Unidos y la revolución francesa, están siendo torpedeando desde sus mismas entrañas.

Sin la menor impudicia, la OEA expone opiniones antagónicas respecto a los hechos de Bolivia con los de Ecuador y Chile dando la impresión que existe una ley ad hoc para casa caso.  Por su parte, Estados Unidos a través de su presidente felicita a las fuerzas armadas de Bolivia por el golpe de Estado contra una “dictadura” que en las últimas elecciones tuvo casi el 50% de apoyo popular. Nada diferente de lo que hizo y dijo Richard Nixon en 1973 con respecto a Chile. Otro tanto se manifiesta con el silencio de Michelle Bachelet, avalando con ello la violación de los derechos humanos, por parte de una institución que debería ser la salvaguarda de ellos en el mundo. Es difícil que la ex presidenta de Chile pueda opinar cuando fue la causante de la brutal represión contra el pueblo mapuche en la Araucanía. No debería poder hablar de los derechos humanos que ella permanentemente violó cuando fue presidenta. En los hechos, su gobierno no dista mucho del de Piñera.

Todo se cae, todo se desbarata, el pueblo chileno en las calles durante ya casi un mes, ha manifestado su sentir. A cada intento de engaño de Piñera, ha respondido con más movilización y más rechazo a sus propuestas de maquillaje del sistema político para seguir dominando. Ayer, martes 12 de noviembre, la más grande movilización de la historia de Chile en medio de la primera huelga general desde el fin de la dictadura ha sido expresión de la opinión mayoritaria del pueblo. La disyuntiva ¿Congreso Constituyente o Asamblea Constituyente?, solo duró un día. 

Estas manifestaciones son continuidad de las que se iniciaron en 1983 y que incesantemente se realizaron mes a mes hasta que obligaron al dictador a cambiar su forma de gobernar, para seguir mandando desde la comandancia del ejército gracias al acuerdo – que hoy se quiere repetir- entre Estados Unidos, las fuerzas armadas, los empresarios, la internacional socialista y la demócrata cristiana.

El 11 y 12 de noviembre se destaparon las alertas, las ratas comienzan a abandonar el barco, buscando un acuerdo entre elites para una vez más engañar al pueblo: los partidos de la Concertación y la Nueva Mayoría tratan hoy de capitalizar la movilización popular a su favor, tratando de demostrar que van a hacer lo que no quisieron durante los 5 gobiernos que usaron para engañar al pueblo. Suponer que a la democracia cristiana, al partido socialista o al partido por la democracia les interesa realmente una asamblea constituyente, no deja de ser un chiste de mal gusto, a no ser por los más de 20 asesinados, los miles de heridos, los dos centenares de personas que perdieron la vista, los torturados, violados y los miles de detenidos, que han sufrido por la violencia de la derecha y de estos partidos que también fueron brutalmente represivos cuando fueron gobierno. En el mejor de los casos son cómplices de la putrefacción que sembraron en Chile.

Para que no se me olvide, volví a leer ayer algunos testimonios del informe Valech, porque seguramente será muy necesario crear otra vez una comisión que se encargue de descubrir el alcance de los crímenes cometidos por la democracia que hoy tiene a Piñera en el poder.

Estas manifestaciones en Chile son la expresión de la transición truncada de 1988-1989, la transición que nunca fue, la transición pactada bajo batuta de Estados Unidos para hacer una democracia “en la medida de lo posible”, que permitió mantener la Constitución a fin de profundizar el modelo neoliberal, esta vez con administración demócrata cristina-socialista. ¿Y ahora pretenden ser ellos los redactores de la nueva Constitución? La propia Bachelet engañó al pueblo anunciando una constituyente a la que no dio ningún apoyo, más allá de la reunión de prestigiados juristas que trabajaron arduamente para nada.

El pueblo chileno debe estar alerta: la historia es muy sabia y no hay que olvidarla, cada vez que se dieron avances populares, la derecha se sacó un as de debajo de la manga,  hizo surgir organizaciones que con un discurso radical escondían el cometido de dividir al pueblo, quebrar la voluntad de lucha y hacer fracasar al movimiento popular: así nació el MAPU en los prolegómenos de la victoria de Allende, el PPD en la cercanía de la derrota de la dictadura y Revolución Democrática ahora. Si se fijan en sus nombres encumbran lo popular, lo democrático y lo revolucionario. Nada más alejado de su práctica.

En el caso de Bolivia, se está repitiendo el golpe de Honduras, intentando crear una situación de hecho que, al igual que Venezuela, cree un poder con un presidente auto designado, que en la nueva ley universal solo necesita del reconocimiento de Estados Unidos y Europa autodenominados “comunidad internacional”. Sólo la fuerza del pueblo podrá impedirlo. Me parece que, así como las Malvinas señalaron la muerte del TIAR, el golpe de Estado en Bolivia significará la muerte de la OEA, independientemente que haya gobiernos masoquistas que quieran seguir participando en ella.

La impecable actuación del gobierno de México, rescatando sus mejores tradiciones diplomáticas echaron por la borda el intento de legitimar el golpe de Estado. Almagro guardó silencio esperando que la Asamblea Plurinacional se reuniera para dar curso a la renuncia del Presidente Evo Morales, a fin de dar apariencia legal a la intervención de las fuerzas armadas.

Ello no fue posible, el propio canciller mexicano Marcelo Ebrard expuso que en la operación de rescate de Evo y García Linera, su gobierno tuvo que negociar con los militares bolivianos haciendo patente en la práctica quien intenta asumir el poder en Bolivia.

¿Alguien puede creer que Bolivia será igual a la de 2005? ¿Alguien puede suponer que Mesa o Camacho podrán general gobernabilidad solo porque Trump y Almagro con la complicidad de los militares así lo decidieron? Evo apeló a la paz, sus enemigos a la guerra (igual que Piñera), ahora que se atengan a las consecuencias.

Mientras tanto, en Haití las protestas pidiendo la salida del represivo, corrupto y neoliberal gobierno de Jovenal Moise entró en su tercer mes continuo. Sin embargo, por primera vez en todo este tiempo y en muchos años, la oposición se puso de acuerdo para elaborar de conjunto un programa que le proporcione sustento a un eventual gobierno de unidad nacional tras la aparentemente inevitable salida de Moise del poder.

Este paso permitirá dar un salto de calidad a la lucha del pueblo haitiano que ahora podrá darle un sentido de futuro a su lucha más allá de la estricta bandera de salida de Moise. Al igual que en Chile, la alianza opositora se propone elaborar una nueva constitución que transformé la estructura política del país y dé paso a nuevas elecciones presidenciales y legislativas y que concreten una reforma judicial a fin de otorgar certezas al pueblo de que la corrupción y la violación de derechos humanos tengan juicio y castigo.

Así, desde un rincón al otro, América Latina en movimiento resiste los golpes imperiales que se manifiestan de manera diferente y que, por primera vez, generan respuesta de los pueblos que parecieran decididos a no seguir aceptando la sumisión y la derrota.     

sergioro07@hotmail.com

Pinochet se reinstala en La Moneda



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
El fantasma del ex Dictador recorre los pasillos de La Moneda. Con gran acierto periodístico, la televisión alemana le ha brindado al mundo un reportaje audiovisual en que reproduce la declaración de guerra de Sebastián Piñera a la protesta social, casi en los mismos términos que lo hiciera Pinochet décadas atrás. La exposición de ambas imágenes es elocuente y habla de cómo el actual morador del Palacio Presidencial es hijo dilecto del Tirano que con idénticas palabras y recursos criminales manda a reprimir el clamor de justicia y equidad.


Es comprensible. Sebastián Piñera le debe a Pinochet la oportunidad de convertirse en un multimillonario durante sus esos fatídicos años de dictadura, así como en su hora final el ex gobernante de facto debe haberle agradecido muchos al actual mandatario por concurrir a Londres a visitarlo y abogar por su impunidad, cuando el Tribunal Internacional de la Haya pudo haberlo condenado ejemplarmente ante la historia por sus crímenes de lesa humanidad.

Qué duda cabe: Piñera es parte del legado de Pinochet, de su Constitución y régimen neoliberal, los cuales por fin tienen sus días contados. Hoy es la inmensa y sostenida rebelión popular la que le exige a la política una Asamblea Constituyente y el fin de los horrores cometidos por el capitalismo ultra despiadado. Advirtiéndole al mundo para que nunca más pueda imponerse un régimen económico de tantas iniquidades como el que adoptó el Régimen cívico militar y recibió el beneplácito de los gobiernos “democráticos” que le siguieron.

Al igual que su mentor, Piñera dice que está más “firme que nunca”; que nadie lo moverá de La Moneda hasta completar los años que le faltan a su administración. Sin embargo, los porfiados hechos nos indican que el estallido social no retrocede, que los chilenos no se conforman con las migajas que quieren darle las desesperadas iniciativas de un gobierno cuyos ministros de estado, parlamentarios y partidarios ya lo saben tambaleante. Por lo mismo que las contradicciones entre unos y otros se hacen todos los días evidentes, como que hace algunas horas el propio Piñera ha salido a implorar la lealtad del centro derecha.

Recordamos que durante una protesta, el Dictador decidió mirar la encendida ciudad de Santiago desde un helicóptero. No nos consta, sin embargo, que su hijo dilecto haya hecho algo parecido en estos días de furia social. Como tampoco tenemos certeza de que siquiera observe a través de la televisión todo lo que sucede. Que siga lo que transmiten los canales que han sido tan obsecuentes con los gobiernos culpables de lo sucedido y que, por supuesto, viven a expensas de los grandes empresarios cuya voracidad y perversión moral en una de las principales responsables también de la grave crisis que vivimos.

Pero tampoco podríamos estar seguros de que Piñera sienta alguna compasión por el país y lo que se manifiesta en estas nuevas protestas. Que pueda abochornarse realmente de las miserables pensiones que condenan a los chilenos de la Tercera edad en sus últimos días y después de trabajar por 30 o 40 años. Que pudiera sensibilizarse sinceramente frente al miserable ingreso promedio de los trabajadores chilenos y que a todas luces no les alcanza para cubrir los gastos de primera necesidad de sus familias. Por lo mismo que un alza de apenas 30 pesos en la tarifa del metro pudo encender tanto dolor y a rabia contenidos.

Tampoco creemos que podría aquilatar el impacto que significa para los hogares chilenos que sus enfermos, sobre todo los niños y los ancianos, se mueran todos los días a la espera de entrar al pabellón de los hospitales o recibir los medicamentos necesarios. Porque para Piñera y sus semejantes, la salud es un servicio por el cual hay que pagar, y caro, al igual que con la educación y las viviendas básicas. Tal como se le eroga las empresas privadas y extranjeras por el agua o por circular por las carreteras, cuyos valores de incrementan todos los años por encima del índice de precios al consumidor. Según lo que fue pactado vergonzosa y servilmente por los gobiernos y parlamentos de la postdictadura con los inversionistas extranjeros. Al concederles propiedad y privilegios que a ellos mismos ahora les causa rubor, cuando se enteran de la severa angustia de los pobres y de las graves carencias de la clase media. Porque sin mediar todavía ley o presión estatal alguna, ya prometen reajustar los salarios de sus empleados y cumplir con los deberes tributarios por largos años burlados.

 No sabemos tampoco si Piñera es capaz de impresionarse por la cantidad de personas agredidas por la policía y los militares que sacó a la calle para otra vez enfrentarlos a su propio pueblo. Apreciar cómo hoy más de doscientos hombres y mujeres han quedado minusválidos a causa de los balines lanzados a quema ropa por las llamadas Fuerzas Especiales y que les han vaciado sus orbitas oculares. No sabemos si alguna vez como joven y estudiante este patético personaje recibió algún lumazo de los pacos, como los de ese niño golpeado brutalmente una vez detenido por dos “efectivos del orden y la seguridad”.  O si será capaz de comprender lo que le puede significar a una joven adolescente recibir decenas de perdigones en sus piernas dentro de su propio establecimiento escolar. De parte, por supuesto, de otro desalmado policía a muy pocos metros de distancia.

No, por cierto, que no. Piñera solo entiende de cifras macroeconómicas y sigue convencido que el mejor acicate para el crecimiento es que los ricos sean cada vez más ricos y la mano de obra sea cada vez más barata a objeto que nuestros productos de exportación sean “competitivos” en el mercado internacional. Para que, además, las oportunidades de nuestra geografía, yacimientos, bosques y mares atraigan más y más capitales a Chile, donde los dividendos de los “emprendedores” como suelen calificarse, no alcanzan nunca el bolsillo de los que trabajan o de los que se jubilaron después de 30 o 40 años de esfuerzo y frustradas esperanzas.

En razón de su enorme megalomanía, Piñera cree que va a contar siempre con el apoyo de los grandes empresarios y del gobierno de la Casa Blanca, a donde concurrió para ofrecerle la estrella de nuestro emblema nacional a Trump y prenderla a la bandera estadounidense. Se olvida que, hasta hace muy pocos años, sus propios colegas de la clase empresarial chilena se avergonzaban de su codicia y descarada falta de probidad. Al parecer se ha olvidado de esa retahíla de artículos y columnas con que sus pares políticos lo fustigaban. Como esos lúcidos escritos de quien fuera su compañero de lista senatorial, el reaccionario periodista Hermógenes Pérez de Arce. O su propio hermano, el economista ultra neoliberal que ahora teme que su sistema previsional corra peligro.

Rodeado de colaboradores abyectos y desvergonzados, Piñera se propone permanecer en el gobierno, cuando las cifras de las encuestas indican que su popularidad ya bajó de los dos dígitos. Cuando sus expresiones son refutadas por los jefes militares que se suponen de su confianza y se sabe que el presidente de la Corte Suprema y el Contralor General de la República (además de los presidentes del Senado y la Cámara de Diputados) han repudiado su errática iniciativa de convocar al Consejo de Seguridad Nacional, como si el país estuviera bajo peligro a causa de un enemigo externo.

A esta altura ya no sabemos si comparar a Piñera con Pinochet sea igualmente lesivo para ambos, especialmente para este último, aunque a todas luces se ha convertido en su émulo. Pero lo que tenemos claro es que, como a aquél, a este otro solo puede tumbarlo el pueblo y su activa protesta. Con la diferencia de que el actual usurpador de La Moneda ya no está en condiciones de negociar su salida y, menos, imponer su legado. Porque si algo tenemos muy claro es que si se propusiera negociar su salida con el Parlamento, los partidos y los poderosos gremios empresariales, de seguro que los arrastraría a todos por su mismo despeñadero. Si tomamos en cuenta que sus niveles de desprestigio verdaderamente los comparte con todos ellos.

Es hora de que el pueblo no busque salvadores. Que sean los millones de chilenos movilizados los que lo encaren y arrojen de La Moneda. Que, por ningún motivo, les endosemos a otros nuestros derechos y obligaciones ciudadana a los oportunistas del momento, que ya ofrecen sus servicios de intermediarios. Porque ya sabemos lo que ocurre cuando se negocia el futuro a espaldas de los ciudadanos. Sin Asamblea Constituyente, por ejemplo, la que debe constituirse en el primer paso para recuperar la dignidad nacional avasallada.
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