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miércoles, 28 de octubre de 2020

Chile, la madre de todas las batallas

 Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

Han pasado solo tres días del plebiscito mediante el cual el pueblo chileno le arrancó una convención constitucional a las élites del país. Es verdad que lo deseable hubiera sido una asamblea constituyente originaria que desde las mismas bases de la sociedad redactara una nueva Constitución que sembrara la democracia en el país después de 47 años de dictadura, directa durante los primeros 17 y de administración indirecta de la misma en los 30 posteriores.

Ríos de tinta han corrido en estas 72 horas. Superada la alegría inicial comprensible en un país cuyo pueblo desde hace muchos años está falto de victorias y donde lo tradicional es celebrar las derrotas, se vuelve a poner los pies en la tierra para entender que (disculpen el lugar común) “se ha ganado una batalla, no la guerra”.

¿Cómo intentar hablar del tema tratando de ser original y no caer en lo repetitivo? Confieso que dudé en hacerlo, pero me ganó la emoción, porque a pesar de la lejanía, percibo la efusividad de un todo que hizo posible este día. Pero la emoción también se manifiesta como indignación al ver cómo los causantes del desastre que ha vivido Chile en estos 47 años, ahora buscan apoderarse de la victoria intentando desplazar a sus verdaderos protagonistas.

En la embriaguez de un día glorioso para el pueblo, ya comienzan a buscarse para –una vez más- construir acuerdos de cúpula que impidan que las organizaciones populares elijan a sus representantes, no como independientes, porque deben “depender” de la voluntad de los sectores y territorios que los seleccionen y a ellos le deben rendir cuentas de su actuación. La connotación “independiente” tiene carácter político para hacer patente que no responderán a los partidos causantes de tanto dolor a los chilenos y chilenas.

No debemos perder la memoria, algunos de los que hoy celebran emitieron claras opiniones sobre la posibilidad de la constituyente mientras participaban jubilosos de la repartición del botín. Veamos algunos casos: “Yo dije que esta Constitución pasaba el test democrático. ¡Y lo sostengo! Si Ud. dice que (…) se acabó el binominal, se acabó la discusión de la Asamblea Constituyente!” Ricardo Lagos, ex presidente de Chile.

Otra opinión: “Yo no quisiera que el tema de la Asamblea Constituyente fuera una especie de droga. O sea, que nos pongamos a fumar el opio en escenario ficticio, inexistente, de una crisis institucional que no existe, de una Asamblea Constituyente que no se va a constituir nunca” Camilo Escalona, ex presidente del partido socialista de Chile.

Una más: “No hay ninguna razón que justifique en Chile la instalación de una Asamblea Constituyente. Una Asamblea Constituyente es una confrontación y eso no lo queremos, yo no lo quiero por lo menos”. José Miguel Insulza, ex ministro de los gobiernos de la Concertación y actual senador por el partido socialista.

Veamos lo que dicen ahora, después del domingo:

“Han tenido que pasar 30 años para que llegara este momento” […] "Lo importante es entender que los planteamientos de este 25 de octubre han sido planteados por muchos de nosotros desde hace mucho tiempo". Ricardo Lagos

Y esto es lo que manifestó José Miguel Insulza el mismo domingo en una entrevista para una agencia de prensa argentina: “…la necesidad de reformar la Constitución que surgió del plebiscito del domingo es la llave para empezar a construir un país más democrático y menos desigual”.

Desprecian al pueblo, creen que es ignorante y estúpido. Hasta el presidente Piñera asumió como propia la gran mayoría lograda. De inmediato dio orden al sector oficialista para dejar de lado las divisiones y avanzar hacia “la Constitución que queremos para Chile…”. Agregó que era necesario trabajar en orden a que los temas que estarán contenidos en la nueva Carta se ganen por los dos tercios necesarios aseverando que ello “va a depender mucho de la actitud que tendrá Chile Vamos [coalición de gobierno] para evitar volver a esos tres tercios y poder tener un país que le asegure a todos sus hijos un horizonte, una mirada larga, una mayor estabilidad”. Se refería al equilibrio histórico en Chile entre izquierda, derecha y ultra derecha que permitió mantener el status quo hasta 1973 y que fue roto por Pinochet, las fuerzas armadas, la derecha fascista y la democracia cristiana promotores y ejecutores del golpe de Estado.

En un largo artículo del periodista Camilo Villa J. publicado en la Radio de la Universidad de Chile el martes 27 se señala con amplitud de evidencias como se comienzan a vislumbrar los acuerdos de cúpula entre sectores de izquierda, derecha y seudo izquierda.

Para efectos prácticos de las elecciones del 11 de abril, hablar de gobierno y oposición no deja de ser una entelequia. Esa cantidad de aproximadamente 78% de ciudadanos que se expresó a favor de una nueva constitución no significa nada en términos de calidad. Se sabe que la derecha que gobierna, la derecha en la oposición y el oportunismo frenteamplista se pusieron de acuerdo el 15 de noviembre para que no pudiera realizarse una asamblea constituyente originaria como era y como es el deseo popular. Es muy probable que esa calidad se manifieste en el momento de redactar la nueva Carta Magna, de ahí que la verdadera “madre de todas las batallas” será la que se libre de cara al 11 de abril.

Hay que recordar cómo el sistema político chileno hizo surgir al MAPU en el momento previo al triunfo electoral de Salvador Allende y cuando era patente que ello se podría producir; al PPD en tiempos de franco retroceso dictatorial; y al Frente Amplio cuando era evidente que las luchas del pueblo chileno llegarían a la victoria del 25 de octubre. Todas estas organizaciones políticas fueron creadas con la misma misión: ralentizar, paralizar y torpedear desde adentro las grandes luchas y las victorias populares. Hoy, los líderes del MAPU y del PPD son parte de la casta política comprada por la derecha empresarial, y el Frente Amplio, fue gestor -junto a la derecha a la que supuestamente se oponen- de la componenda cupular del 15 de noviembre.

Mucha mayor franqueza manifestó Jacqueline Van Rysselberghe, del partido pinochetista Unión Demócrata Independiente (UDI), que defendió la continuidad de la constitución llamando a votar a favor del “Rechazo” y quien de inmediato convocó a trabajar “para que el cambio constitucional no parta de cero”.

Los acuerdos de las cúpulas opositoras poco importan hoy, cualquiera de ellos que se logre será una vez más para engañar al pueblo. En una mirada histórica se trata de la imposible misión de unir a los que promovieron el golpe de Estado, con los que lucharon contra la dictadura, los que catalogaron al gobierno de Allende como autoritario y aquellos que han usufructuado por treinta años de la Constitución que ahora dicen querer cambiar.

En la mirada más cercana, los mismos que se burlaron del pueblo el 15 de noviembre pretenden unirse con los que en la calle los obligaron a buscar una alternativa que evitara una derrota total del sistema. El fantasma del 88 vuelve a estar presente.

El propio artículo de Villa enumera los movimientos de dirigentes que se reúnen sin consultar al pueblo. En este contexto la única voz reflexiva pareció ser la de Alondra Arellano, presidenta de Convergencia Social quien en una entrevista con la Radio de la Universidad de Chile, haciendo un inusitado alarde de sensatez expuso que: “el rol de la oposición será restarse protagonismo y dárselo a los movimientos sociales e independientes”.

Mientras esto ocurre entre los chilenos, los mapuche, el otro pueblo que habita el país, genera su propia dinámica de lucha para determinar la cantidad de escaños que le deben corresponder en los debates constitucionales que lleven a que, finalmente, por hecho y por derecho, sean reconocidos de acuerdo a las estipulaciones del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo.

El problema es que este debate se da en los marcos de la comisión de constitución del Senado, conformada por dos parlamentarios de la derecha gubernamental, dos de la oposición de derecha y un independiente (ex demócrata cristiano) con la presencia de dos ministros de Piñera.

El mayor arranque de honestidad –aunque parezca increíble- provino de Tomás Fuentes diputado del derechista partido Renovación Nacional quien manifestó que: "El diseño de la constituyente está hecho para que no salga electo ningún independiente". Dijo que eso era imposible salvo que el candidato fuera algún conocido deportistas o un miembro de la farándula, para lo cual ejemplifico con dos de ellos.

En su interesante explicación de la situación creada tras el evento eleccionario del domingo, Fuentes expuso que si los candidatos a ser elegidos el 11 de abril son los mismos políticos de siempre (puso como ejemplo a dos de ellos, uno de gobierno y otro de oposición) “…vamos a estar un año con los mismos políticos que están hoy en el Congreso, ¿acaso no habrá la misma frustración en las personas? Me imagino que si hacemos un diagnóstico honesto de lo ocurrido en el plebiscito, los 17 partidos políticos que hoy se encuentran representados en el parlamento se pondrán de cabeza a buscar candidatos con un perfil lo más parecido al ciudadano común“.

El diputado Fuentes explicó que si se creaban listas separadas de la oposición y del gobierno, se produciría una “sobre representación”. Ante eso, su sorprendente propuesta fue: “…si hacemos un esfuerzo y logramos concretar una lista para nosotros beneficiarnos de esa unión, solo se necesita tener un programa de mínimos comunes. Si la izquierda no va unida y nosotros sí, nosotros [se refiere a las fuerzas gubernamentales] seremos los sobre [re]presentados. Creo que hay que hacer esfuerzos […] por un proyecto común”. He aquí la “madre” de todos los acuerdos cupulares, es decir repetir la alianza que decidió el pacto del 15 de noviembre, pero ahora para elegir los convencionistas y eventualmente escribir la nueva Constitución, que no sería otra cosa que la misma de Pinochet y Jaime Guzmán pero ahora aprobada democráticamente.

Mientras están ocurriendo estos “tejemanejes” en la superestructura, el pueblo organizado en  Unidad Social ha llamado precisamente a evitar que los partidos se adueñen del proceso constituyente. Según han explicado, “continuarán llevando a cabo cabildos ciudadanos cuyo objetivo es entregar insumos al órgano constituyente a la hora de considerar los temas que deben estar contenidos en una nueva Carta Fundamental”.

La confianza en la organización popular y la inteligencia de los ciudadanos que han sostenido este movimiento por un año, encontrará los caminos para resolver este intríngulis y ganar la nueva batalla. El lunes en la noche vi un interesante programa de televisión en el canal 8 de Peñalolén en el que dirigentes populares debatieron sobre el camino a seguir. Con alegría constaté la sabiduría popular y la seguridad de que con los “pies en la tierra”, el pueblo, las organizaciones y sus líderes tienen perfecta apreciación del momento que se vive a partir del domingo, las dificultades que emanan de las tareas por venir y los caminos a seguir.

Al escuchar ese programa, recordé aquella hermosa página de la historia de Chile cuando en marzo de 1818 tras el desastre de Cancha Rayada que supuso una importante derrota de las fuerzas patrióticas se generó el caos, un estado de pánico y confusión suprema y se avivaron rumores, noticias contradictorias y perniciosas que incluso anunciaron la muerte de San Martín y O´Higgins.

Y cuando el espanto y el pesimismo cobraron vigencia, sobre todo entre los sectores altos de la población, algunos de los cuales se apresuraron nuevamente a cambiar de bando, emergió la suprema convicción de Manuel Rodríguez cuya autoridad moral a toda prueba fue reconocida por la población cuando desde el balcón del palacio de gobierno proclamó en medio del generalizado desaliento “¡Aún tenemos patria, ciudadanos!”.

No tengo duda que los nuevos rodriguistas del siglo XXI recuperarán la patria para ellos y para las futuras generaciones. 

Octubre y la historia

 Por Eduardo Contreras

El 25 de octubre del año 2020 será una fecha inolvidable. Fue el día en que el pueblo chileno decidió romper para siempre con las ataduras jurídicas de una Constitución ultra reaccionaria impuesta por la dictadura y mantenida en su esencia por los gobiernos llamados “democráticos” que le sucedieron. Ha sido la inmensa mayoría de las chilenas y chilenos la que optó por construir una nueva organización política mediante la elaboración de una nueva Constitución, que será hecha por representantes elegidos todos democráticamente por el pueblo.


La importancia del suceso y la fecha de su inicio nos llevan a evocar brevemente algunos de aquellos muchos sucesos que han tenido lugar en este mes. En rigor Octubre ha marcado acontecimientos muy importantes en el plano internacional y en el nacional. No pretendemos copiar aquí el interminable listado, sino sólo señalar unos pocos ejemplos.

Desde luego, fue un 12 de octubre de 1492 que se produjo el llamado “descubrimiento de América” logrado por aquella audaz delegación enviada por los reyes católicos de España, Isabel y Fernando, y que encabezó Cristóbal Colón. Conforme sabemos fue aquella medianoche entre el 11 y el amanecer del día 12 que Colón anunció que, por fin, tras mucho tiempo de navegación, aparecía ¡Tierra! Se trataba de Guanahani, una de las islas Bahamas. Los navegantes siguieron su ruta y poco después llegarían a esa gran isla que es Cuba.

Siglos más tarde, la “Gran Revolución de Octubre” en Rusia tuvo lugar – conforme al Calendario Juliano vigente allí – el 25 de octubre de 1917, aunque para Occidente se tratara del día 7 de noviembre del mismo año. La asunción del poder en esa nación por los bolcheviques, bajo la dirección de Vladimir Ilich Lenin, cambió el curso de la historia de la Humanidad de manera fundamental y, más allá del desarrollo de los acontecimientos en Rusia, la importancia e influencia de ese acontecimiento sigue proyectándose hasta nuestro tiempo. La toma del poder político en una sociedad, en un Estado, por los trabajadores y los cambios que se puede lograr sigue siendo tema fundamental en nuestros días, más allá de todo cambio transitorio.

Medio siglo más tarde, un 9 de octubre de 1967 fue asesinado cobardemente el médico y comandante guerrillero argentino Ernesto, Che, Guevara en la localidad de La Higuera en Bolivia.

La orden vino directamente desde los EEUU de Norteamérica y los cobardes ejecutores bolivianos dieron muerte a uno de los más ilustres personajes de nuestro tiempo que se encontraba prisionero, atado y herido.

Fue también el día 22 de un mes de octubre del año 1970 que un grupo terrorista de la derecha chilena atentó en contra del general de Ejército, entonces su Comandante en Jefe, René Schneider Chereau. Se trataba de impedir a toda costa que Salvador Allende, ganador de las elecciones de 1970 asumiera la presidencia de la República. El plan, concebido y financiado por el presidente Richard Nixon y la CIA norteamericana, Richard Helms y Henry Kissinger de por medio, fue coordinado en Chile por los generales Roberto Viaux y Camilo Valenzuela junto al grupúsculo terrorista Patria y Libertad que encabezaba el abogado Pablo Rodríguez.

Los criminales balearon al general Schneider quien falleció poco después, exactamente el 25 de octubre de ese año. Los hechos están absolutamente comprobados en los propios documentos desclasificados de la CIA, en los informes norteamericanos y por historiadores e investigadores como Peter Kornbluh, Mario Amorós y Mónica González, entre muchos otros. Curioso y lamentable: nadie fue sancionado por ese crimen y hasta nuestros días sus instigadores, sus autores, cómplices y encubridores se pasean muy tranquilos por el país. Lo que no habla precisamente bien de nuestros tribunales. Lo mismo sucedió más tarde con el asesinato del Almirante Arturo Araya.

Octubre suma y sigue. Fue un 24 de ese mes que en el lejano año de 1842 falleció en Lima, Perú, el gran patriota Bernardo O´ Higgins. Y un día 4 de octubre, pero del año 1917  nacía en San Fabián, Ñuble, nuestra inmortal Violeta Parra. En tanto que el 13 de octubre de 1930 en Usulután, El Salvador, nació Schafik Handal, un líder revolucionario de su patria, que cursó estudios en Chile en donde ingresó a militar en las filas del Partido Comunista y tuvo grandes amigos de toda la vida, como nuestro escritor Poli Délano. Tuve el honor de conocerle y compartimos cuando el exilio.

Y fue también en un mes de octubre, pero ahora de este año, que en Bolivia han vuelto a triunfar las fuerzas democráticas del Movimiento al Socialismo, MAS, al que pertenece el ex mandatario Evo Morales. Esta vez los elegidos – con más de 20 puntos de diferencia con sus competidores - han sido Luis Arce y David Choquehuanca. A este último pude conocerle hace unos años mientras se resolvía uno de los temas pendientes entre Chile y Bolivia. Una gran victoria democrática que anuncia tiempos nuevos para América Latina. 

También en octubre se alzan voces que plantean poner fin al atrabiliario y entreguista mandato de ese triste personaje que es Luis Almagro en la Organización de Estados Americanos, la OEA, una entidad servil a los EEUU de Norteamérica. Almagro, ex ministro en Uruguay fue precisamente uno de los intervinientes en las maniobras que dieron paso a la salida del ex presidente Morales.

Y, en fin, volviendo al presente, a este 25 de Octubre en nuestro Chile, digamos que el impresionante pronunciamiento popular respecto de la urgente necesidad de cambiar la actual organización política del país para dar paso a un  Estado distinto, dueño de las riquezas naturales y con recursos suficientes para garantizar al pueblo Educación, Salud, Vivienda, Previsión Social y terminar con la explotación y las injusticias, ha abierto sin duda una de las páginas más promisorias de nuestra historia.

Por voluntad del pueblo chileno octubre queda marcado por siempre como un mes muy especial de nuestra Historia.

 eduardocontreras2@gmail.com

viernes, 22 de noviembre de 2019

Chile: Autismo represión ¿Acuerdo de paz?



Por Pablo Salvat Bologna: 

 24 muertos; unos 2000 heridos; 6.000 detenidos. Cifras aproximadas. Sin embargo los “héroes” se pretenden ahora – de la mano de los medios que fabrican todo-  ellos, los parlamentarios. Parlamentarios que, en buena medida, han estado descolocados, silentes otros, en estas semanas de rebelión contra el sistema neoliberal.  Y, si no hay este triste, doloroso e impune  resultado: ¿se habrían avenido los señores parlamentarios –en particular los de la  derecha y ex concertacionistas-  a sentarse en una mesa y trasnochar para obtener una página y media de acuerdos? Acuerdos claro, que no reconocen a los jóvenes y los movimientos sociales como los principales artífices de los reclamos y demandas. Los jóvenes, en especial, los jóvenes de sectores populares, de liceos, los cuales, deberían tener un protagonismo en todo esto, junto a Unidad Social.


Pero no. Acostumbrados a su poder desde arriba y al lado de la autoridad, ellos intentarán arrebatarle este importante triunfo al pueblo chileno; y en segundo lugar, trabajarán para dividir a ese pueblo y sus expresiones. Trabajarán para que se privatice nuevamente. Como todos estos años abocados a los malls, al endeudamiento, al consumismo. Para que volvamos a ser “ciudadanos siervos”. Es decir, como sostiene un colega español, sujetos de derecho pero sin poder real.  Siervos al disolver nuestro poder; por tolerar una falsa democratización que solo alienta el crecimiento del poder privado. Durante todos estos años, el proyecto neoliberal, desde fines de los setentas trabajó para eso: para que nos convenciéramos en delegar nuestro poder social  al mercado y el Estado.  Para que nos disolviéramos como pueblo autoorganizado, capaz de reconocernos y de actuar en conjunto, de manifestarnos, deliberar y soñar.

Había que privatizar al ciudadano. Que solo fuéramos individuos, cada uno compitiendo con el otro para lograr metas, sea poder, éxito, dinero, sin importar los costes. 

Sueña entonces el gobierno de Piñera y los suyos; también los concertacionistas, que volvamos a eso, al autismo consumista; cada cual en lo suyo y por lo suyo; a que dejemos todo en manos de ellos, de la elite de poder.  Sin embargo, ¿qué pruebas tenemos de que se puede confiar así  como así en todos ellos?   Lo único que falta es que el Sr. Piñera intente apropiarse de este resultado. Aunque bueno, el caradurismo de la derecha chilena no ha tenido límites.   Y, si no volvemos a nuestro autismo zombi, si pretendemos seguir organizados y convocándonos, a la vuelta de la esquina estará la vigilancia, la represión.

Fíjese, lector/lectora.  Al costado de Plaza Nuñoa se está estacionando hace varios días una micro de incógnito, ¡llena de Carabineros de Fuerzas Especiales!  Algo no visto ha mucho por acá.  ¿Por qué?  ¿Quién los envía allí? ¿Para qué?  Su presencia nos violenta en el día a día. Eso es violencia. Este tipo de situaciones amenaza la paz diariamente de todos nosotros. No queremos ni necesitamos una paz de los cementerios, como gustaba a la dictadura cívico-militar del Sr. Pinochet y sus seguidores de hoy.  No hay paz en un país si no hay justicia social.  Una ética de la resistencia continúa siendo necesaria. Las elites de poder quieren que sigamos en estado de servidumbre, y por su intermedio, dejemos de ser personas libres, criticas, para pensar y actuar por nosotros mismos, de manera autónoma; que nos convirtamos otra vez en súbditos o si prefiere, esclavos.  Ojalá no lo permitamos.

pablosalvatb@gmail.com

domingo, 10 de noviembre de 2019

¡Váyase de una vez, señor Piñera!



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Las últimas encuestas revelan que Sebastián Piñera solo cuenta con solo un 13 por ciento de aprobación popular. En Chile y en el mundo muchos no se explican que siga aferrado a su cargo en La Moneda, impidiendo con su presencia y proceder que nuestro país arribe a una solución política e institucional para emprender el camino que satisfaga las enormes desigualdades sociales que encendieron la mecha del conflicto que sigue acrecentándose con el correr de las semanas.


Hay quienes desde La Moneda y el Parlamento piensan que con algunas leyes de emergencia o abriendo levemente la caja fiscal el país podría volver a la calma y mantener el modelo económico institucional que nos rige por largas cuatro décadas. Se resisten a aceptar la idea de que los chilenos ya le dieron un contundente NO al sistema neoliberal y le dijeron BASTA a un régimen político que burla constantemente las decisiones del pueblo soberano, de los que concurren todavía a las urnas, como de los que crecientemente se abstienen y reclaman una Asamblea Constituyente.

Si se cuentan los votos obtenidos por el actual mandatario dentro del padrón electoral total se puede comprobar que la inmensa mayoría de los ciudadanos no le dio su apoyo y que hoy, a todas luces, son todavía mucho menos los que quieren darle continuidad a su administración.

En su pertinacia, Piñera viola la soberanía popular y la libre determinación de su pueblo. Se ha convertido francamente en un dictador que además manda a reprimir brutalmente el descontento y recurre a las Fuerzas Armadas con tal propósito. Sumando todos los días muertos y heridos en su obstinación por retener el título de presidente de la República.

A todas luces, el estallido social no puede explicarse solamente en el deseo de los chilenos por mejorar sus ingresos y pensiones, tener mejor acceso a la salud y al transporte público, o que se le rebajen los impuestos y tarifas de los servicios básicos. No; lo que buscan los millones de manifestantes en las calles es una revolución política. Que una nueva ideología inspire las reglas de juego de todas nuestras instituciones y garantice el progreso de todos los habitantes del norte, del centro y del sur del país. Que le ponga fin a las profundas inequidades sociales y el Estado ocupe el rol que antes tuvo en la economía, la distribución de nuestros ingresos, la educación y la cultura.

Las encuestas tampoco pueden soslayar, ya, que el país está harto con la apropiación extranjera de nuestros riquezas básicas, yacimientos, reservas acuícolas y recursos agrícolas y forestales. Que se mantenga la prohibición que pesa sobre nuestro Estado en cuanto a su iniciativa de invertir, generar empleo y determinar el precio justo de nuestras exportaciones. Hastiado de someternos a la empresa privada y transnacional para explotar nuestros minerales e industrias, reclamando que sean nuestros más genuinos representantes los que fijen las reglas laborales, determinen las condiciones de empleo, en el respeto pleno de los derechos sindicales.

Si fuera consultada, Ideológicamente nuestra población dispondría muy mayoritariamente el término de las APP, en cuanto a las pensiones, como de las isapres, respecto de la administración de la salud. Y le devolverían al fisco el control sobre las empresas eléctricas, del gas y los servicios sanitarios, hoy en manos de la usura de los consorcios foráneos que fijan los precios a su antojo, o consiguen de parte de los gobiernos tarifas que crecen con encima del costo de vida y las mezquinas alzas salariales. Y llegan hasta la desfachatez, como ocurre con los peajes de las carreteras, a garantizarse por ley un 3.5 por ciento anual de reajuste por sobre el Índice de Precios al Consumidor IPC). Por lo que se entiende ahora la forma en que la política, mediantes coimas y otras erogaciones, ha venido financiando sus multimillonarias contiendas electorales.

También los padres y apoderados preferirían que fuera la educación pública las que les garantizara calidad en la formación de sus hijos, como ocurre en las mejores democracias del mundo. Tal como era, por lo demás, en nuestro pasado republicano, antes que la voracidad también se apropiara de las escuelas, recibiera todo tipo de contribuciones y exenciones fiscales, cuanto el apoyo para emprender e invertir en universidades privadas y con fin de lucro. Porque el mercado debía reírlo todo.

Al fin el pueblo chileno entiende que la ideología no es una lacra y que la política, cuando busca el servicio público, es una loable actividad. Por lo mismo es que en las calles, además de una nueva Carta Fundamental, se exige que ésta sea diseñada por los que resulten elegidos por la misma ciudadanía. Al tiempo que quiere que los parlamentarios, los ediles y concejales dejen de percibir sueldos abusivos, treinta o cuarenta veces por encima del promedio salarial de los trabajadores. Y, por cierto, éstos no puedan ser reelectos incesantemente gracias a la propaganda dispendiosa financiada por los más poderosos empresarios del país y del extranjero. Una “inversión” que después reditúan con leyes tan injustas y criminales como la de Pesca y la impunidad que rige para los que realizan emprendimientos que agreden el medioambiente.

En las ideas y la ideología popular se estima, también, que muchas instituciones públicas cometen abusos o los toleran contra de los consumidores, como ocurre con los precios de los fármacos y la perpetuación de un impuesto tan injusto y regresivo como el IVA, mientras las empresas constructoras, por ejemplo, son favorecidas por leyes especiales que incrementan sus ganancias a expensas de los que buscan su vivienda propia. O que sean los pobres y la clase media del país la que más nutre el presupuesto de la nación, al ver incrementado el valor del pan y otros insumos básicos por ese 18 por ciento de sobreprecio agregado. Mientras que hasta en los países más pobres los productos esenciales y los libros no pagan este bochornoso gravamen.

No es cuestión que ahora el gobierno de Piñera ofrezca incrementar con algunos pesos adicionales el salario mínimo y las jubilaciones de la inmensa mayoría de quienes forman parte de la Tercera Edad. Es tanto el rezago al respecto que ningún incremento por menos del ochenta o cien por ciento pudiera dejar conforme a quienes reciben estos vergonzosos estipendios. Como tampoco bastaría que los parlamentarios, ministros de estado y otros se rebajen en un 20 o 30 por ciento sus dietas, porque todavía quedarán recibiendo más del triple de lo que obtienen los otros empleados públicos.

Si se quisiera efectivamente corregir las agraviantes desigualdades, lo que habría que hacer sería bajar drásticamente el gasto militar, terminar con los privilegios castrenses y condenar ejemplarmente a los que, para colmo, asaltaron y malversaron por tantos años los recursos asignados. Asimismo, habría que invertir en empleo y educación y no en más y onerosos recursos “disuasivos” para las policías. Muchos de cuyos efectivos, como ha quedado probado, se descubren en los saqueos que siguen a las protestas pacíficas, o se rinden ante las dádivas de los narcotraficantes y las bandas delictuales que asolan a todo el país.

Los millones de chilenos en las calles han demostrado con creces su consistencia ideológica, la voluntad de luchar por los derechos humanos de todos y no por su mera satisfacción personal. Por esto es que la protesta ha sido tan multitudinaria, solidaria y constante. Porque ya no es cuestión de congelar los precios de los peajes y combustibles; porque ya no basta con el incremento discreto de las pensiones; porque nadie se cree el cuento que los moradores de la Moneda, del Parlamento o de los partidos políticos pueden resolver con leyes express las demandas sociales.

De allí que la protesta sea tan transversal y el común del espectro político no se atreva a salir a las calles a luchar codo a codo con el pueblo y más bien se parapeten en sus vetustos edificios, detrás de miles de uniformados para que las llamas de la indignación no alcancen sus muros. Por lo mismo es que el clamor insista en la renuncia de un jefe de estado que nunca ha sido mandatario de la voluntad cívica. Que los chilenos demanden que con Piñera “se vayan todos”. Y con ellos, también, los jueces abyectos, los que han decretado la impunidad de los políticos y empresarios más corruptos.

Muy mal proceden, entonces, los medios de comunicación y comunicadores que le abren tribuna a los mismos personajes de la política revenida y culpable. Que les den voz a los ex presidentes que sembraron la inequidad y los abusos, o a los legisladores que se han dormido en sus curules y granjerías. Que postraron la ideología de sus históricos partidos a los postulados del libre mercado y a la hegemonía de las poderosas empresas transnacionales. Que vuelvan a darle tribuna a los socialistas devenidos en sociales demócratas; a los social cristianos convertidos en neo capitalistas; a los nacionalistas de derecha transformados en papagayos del nuevo orden económico mundial regido por la Casa Blanca y las instituciones financieras internacionales.

Por todo ello es que nuestra promesa democrática debe exigir, además, diversidad informativa, así como participación directa de pueblo organizado en la iniciativa y aprobación de muchas leyes fundamentales. Como ocurre, también, en los regímenes más libertarios del mundo. Así como consolidar la independencia plena de nuestros tribunales, hoy condicionados a los recursos y ascensos determinados por los otros poderes del Estado.

Aspiraciones que son profundamente ideológicas e inscribe al pueblo chileno en las ideas y demandas de los pueblos insurrectos ante el orden injusto y excluyente.
juanpablo.cardenas.s@gmail.com

sábado, 9 de junio de 2018

Carta abierta a Sebastián Piñera

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:


Señor
Sebastián Piñera
Presidente de la República de Chile
Palacio de la Moneda
Santiago. Chile 

Señor presidente, como chileno y venezolano me dirijo a usted a fin de agradecer su decisión de no enviar un nuevo representante de su país a Venezuela.


En primer lugar me parece muy sabio que no regrese el señor Pedro Felipe Ramírez nombrado por su antecesora, quien tiene cierta fama de promiscuo en su vida privada, (cosa que no me consta), pero es lo que se comenta en ciertos corrillos diplomáticos de Caracas y también en el Dominó, Tavelli o en el café Haití de Santiago lugares a los que he acudido en diferentes momentos y donde al saberse que resido durante algún tiempo en Venezuela, se han acercado algunos parroquianos a exponerme sus quejas, como si fuera mi responsabilidad velar por la catadura moral de los miembros del cuerpo diplomático chileno. Aprovecho de decir que respeto lo que cada quien haga con su vida, por lo que invariablemente no me he hecho eco de tales perversos comentarios, y los repudio contundentemente
Pero, por otro lado, quiero felicitar su inteligente determinación de no enviar un diplomático que provenga de sus filas a Caracas. Es algo que los pueblos chileno y venezolano le sabrán agradecer, sabiendo que el aire de Caracas permanecerá un poco más limpio sin la putrefacta presencia de uno de sus colaboradores, cuando sabemos que se corre el riesgo que algún pinochetista, posiblemente torturador, asesino o partícipe de violaciones de derechos humanos pueda estar en la ciudad cuna del Libertador Simón Bolívar en representación del heroico pueblo chileno. Sería algo muy difícil de digerir y de aceptar, sobre todo porque enrarecería aún más las ya difíciles relaciones entre los dos países.

También se corre el riesgo que el nuevo embajador sea algún amigo de sus correrías cuando estafó el Banco de Talca en agosto de 1982, (no es algo que diga yo, sino el ministro de la Corte, Luis Correa Bulo en su dictamen sobre el caso) huyendo del país protegido por la CIA a solicitud de su padre, para regresar libre de polvo y paja gracias a que su hermano José, ministro de Pinochet, abogó ante su jefe para que su delito quedara impune. Para ello el dictador le ordenó a la ministra de justicia, la tristemente recordada Mónica Madariaga que cerrara su expediente. Usted mejor que nadie sabe, que las relaciones que se establecen en el mundo de las estafas bancarias no son muy puritanas y no sería bueno que algún colega suyo de esos años, vaya a Caracas, porque esas prácticas no tan sanas deben estar alejadas del quehacer cotidiano de la diplomacia. Estoy seguro presidente, que Usted coincidirá conmigo en este aspecto.

Años después, usted entró en contacto con Julio Ponce Lerou, yerno de Pinochet, y se involucraron en el caso Cascadas, la verdad es que cada quien tiene derecho a elegir sus amigos, pero para lo que nos ocupa, que es la posibilidad o no del nombramiento de un embajador suyo en Caracas, no parece apropiado. Se corre el riesgo que Ponce Lerou tan acostumbrado a financiar… mejor dicho, asesorar a los políticos de todos los partidos de su país, termine recomendándole a alguno de sus amigos comunes en la embajada en Caracas, a cambio de algún dinerito que nunca viene mal. No se lo permita, presidente, a pesar de que él es de su misma investidura (le confieso que pensé en escribir “de su misma calaña”, pero lo evité porque no es una palabra apropiada para un presidente), corre el riesgo de inducirlo a un error. Le pido me disculpe la ocurrencia, es que a veces me lleva a la confusión acordarme que en Chile usted es conocido por su apodo “piraña”.

No se deje presidente, no creo que sea recomendable, en Venezuela todo lo que huela a Pinochet resulta repulsivo, sobre todo, a los venezolanos les resulta difícil no se logra comprender cómo los chilenos pueden seguir viviendo en una situación de ilegitimidad, bajo una constitución que no aprobó el pueblo, sino que fue impuesta por el dictador, más sorprendente resulta aún que usted y sus antecesores se solacen hablando de democracia, cuando esta se práctica solo “en la medida de lo posible”, como dijo uno de los artífices civiles del golpe de Estado contra Salvador Allende, el ex presidente Aylwin, quien debe estar junto al diablo riéndose de sus ocurrencias en La Moneda.

Así mismo Presidente, he sabido que a usted le gusta nombrar a sus hermanos como embajadores y que la elite chilena está dispuesta a permitir casi todo, pero no que en Chile se establezca una monarquía. Usted, aunque se parezca, no es Napoleón Bonaparte, quien si pudo poner a su hermano donde quiso, además debe recordar que aparte de la guerra que Pinochet y los suyos declararon al pueblo, usted no ha ganado ningún combate, salvo los que ha entablado contra la justicia, lo cual no es ninguna gracia para un millonario en Chile. Pero, debe saber usted que el sistema político de Chile es republicano, no porque lo quiso Pinochet, sino que por ello, miles de chilenos bajo liderazgo de O´Higgins, Carrera y Manuel Rodríguez entre otros próceres, lucharon y derrotaron a Mariano Rajoy…disculpe el lapsus presidente, es que siempre confundo a ese señor con Marcó del Pont, el sátrapa español que gobernó Chile a comienzos del siglo XIX…debe ser por lo de sátrapa. Pero bueno, presidente, lo que le quería decir es que no permita que los habituales chupamedias de oficio le recomienden enviar a su hermano José a su embajada en Caracas. La Constitución venezolana impide establecer modelos neoliberales, reprimir a los trabajadores, hacer constituciones ilegales, privatizar los fondos de pensiones y establecer modernizaciones de corte fascista. Pienso que su hermano se aburriría mucho en Caracas, sin poder hacer las gracias que le permitió Pinochet mientas asesinaban, torturaban y reprimían al pueblo chileno.

Ya sé que no fue su culpa lo del fallido intento de enviar a su hermano Pablo de embajador a Argentina, pero si es su responsabilidad presidente, tener un canciller tan penca, un tipo que de derecho internacional no sabe nada y que blasona un estandarte de ignorancia tras una mediocridad intelectual disfrazada de novelista, gracias al dinero de la derecha europea en pago por haber aceptado su papel de converso, con el que encubre la cobardía y el fracaso que no le permitió llegar donde quería en sus años juveniles. Nadie lo obligó a ponerlo ahí, debe saber presidente, que su canciller es “escritor” de ficción, y que como tal puede inventar cualquier cosa, pero la política en general y la política exterior en particular se conforma con actores reales y hechos reales, además se soporta en el conocimiento del derecho y la historia, de lo cual adolece su ministro, como quedó claramente demostrado ante el mundo en la reciente reunión ministerial de la OEA donde hizo el ridículo ante las delegaciones de los gobiernos de la región. No sé presidente, si logró ver la mueca de asco que mostró el representante de Trump en la OEA cuando hablaba su canciller. No creo que lo haya visto, porque eso no lo muestran en CNN en español que debe ser su principal vía de comunicación, es además una manera de informarse que nos lleva a entender –después de escucharlo- porque siempre parece que usted anda despistado en asuntos de política internacional.

El Chile decente, que es la aplastante mayoría, que sabe que a través de la historia tuvo entre sus diplomáticos a Eduardo de la Barra, Alberto Blest Gana, Luis Enrique Délano, Pablo Neruda y Vicente Pérez Rosales, entre otros, esos si escritores de verdad que dieron prestigio y generaron respeto hacia el país, debe sentir una profunda vergüenza de tener a este seudo intelectual como canciller.
Sé que Usted me puede refutar diciendo que cada quien es dueño de hacer el ridículo donde quiera y es verdad, lo que pasa que en este caso, se hace con cargo al fisco y al bolsillo de todos los chilenos, y eso no me parece correcto, incluso si la constitución de Pinochet lo permite.

Finalmente, me han dicho que usted ha estado pensando en liberar a los criminales, asesinos, torturadores y violadores presos en la cárcel cinco estrellas de Punta Peuco, la que usted pretende cerrar aduciendo que esas basuras humanas merecen un trato humanitario para transitar los años finales de sus vidas. Yo no me debería meter en eso, pero es claro que a usted le preocupan más los victimarios que las víctimas,  por eso usted retiró el proyecto de ley para reparar a víctimas de la dictadura, por eso también, usted le paga 170.000 pesos mensuales como indemnización a las víctimas y 2.300.000 a los victimarios, porque en el fondo usted ama esos asesinos y odia y desprecia al pueblo, recuerde que por usted sólo votó el 26,5% de los chilenos, presidente, solo le quería recomendar que si libera  a los asesinos de Punta Peuco, no se le ocurra mandar a ninguno de ellos de embajador a Venezuela, lamentablemente para usted sería rechazado, y eso tampoco ayudaría al mejoramiento de las relaciones.

Debo decirle, que las relaciones y los vínculos entre los dos pueblos están en su mejor momento, incluso como se vio en la reciente votación en la Cámara de Diputados, hay una cantidad mayor de representantes populares que rechazaron su política contra Venezuela, que es la misma del gobierno anterior, lo que significa que el pueblo está eligiendo de otra manera. Así mismo, las muestras de solidaridad del pueblo chileno con Venezuela son infinitas y eso no lo va a poder evitar usted ni nadie, señor presidente.

Es su potestad enviar embajador o no, le reitero mi agradecimiento por tomar la decisión de no enviar a alguno de sus amigos, porque las relaciones entre los pueblos de Chile y Venezuela siempre se han mantenido en un alto nivel, incluso durante la dictadura de su amado general Pinochet, e incluso también cuando su antecesor Ricardo Lagos fue el primer jefe de Estado del mundo que reconoció la dictadura impuesta en Venezuela tras el golpe de Estado contra el presidente Chávez en 2002 y que el pueblo venezolano depuso en menos de 72 horas con el apoyo de las fuerzas armadas, esas relaciones no se van a romper porque Usted no quiere mandar a su embajador, los venezolanos pueden esperar a “que se abran las grandes alamedas nuevamente” para tener un digno representante del pueblo chileno en Caracas.

Ah, Presidente, se me olvidaba, me permito hacerle una última solicitud que no guarda relación con el tema de esta misiva, pero por favor presidente, no se atragante hablando de democracia, cuando todo el mundo sabe que usted es un furibundo apasionado de la dictadura, o acaso ¿no es verdad que su campaña electoral finalizó con el grito “¡Viva Chile y Pinochet!”?
Muchas gracias por atenderme, señor presidente
Sergioro07@hotmail.com.