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viernes, 30 de octubre de 2020

ISIS: los cruzados de Erdogan

 Por Leandro Albani:

El fin de semana, mercenarios del Estado Islámico se manifestaron en contra del presidente de Francia y en respaldo a su principal financista: Recep Tayyip Erdogan.

La foto no es de hace unos años atrás, cuando el Estado Islámico (ISIS) controlaba buena parte de los territorios de Irak y Siria, y tenía bajo su control la vida y la muerte de entre ocho y diez millones de personas. Tampoco es una nueva campaña de propaganda del grupo que aterrorizó (y todavía lo hace) a Medio Oriente. La imagen (como los videos que circulan en las redes sociales) fue tomada este fin de semana en Serekaniye, en el norte de Siria, ciudad ocupada ilegalmente por milicias mercenarias respaldadas por Turquía.

El objetivo del acto en el que participaron un puñado de terroristas fue respaldar al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, en su pelea abierta con el  mandatario de Francia, Emmanuel Macron. El sábado, el Jefe de Estado turco aseguró con su par francés “realmente necesita someterse a exámenes mentales”, tras las declaraciones de Macron, a principios de octubre, de que su gobierno luchará contra el “separatismo islámico” que, según él, amenaza con establecer su control sobre ciertas comunidades musulmanes en Francia. “El problema es una ideología que afirma que sus propias leyes deben ser superiores a las de la República”, había dicho el presidente de Francia.

La respuesta de Erdogan a Macron fue directa: “¿Cuál es el problema de esta persona llamada Macron con los musulmanes y el islam? Macron necesita tratamiento a nivel mental. ¿Qué más se le puede decir de un jefe de Estado que no comprende la libertad de creencias y que se comporta de esta manera con millones de personas que viven en su país y que son miembros de una fe diferente?”.

La retórica de Erdogan es conocida: presentarse como líder de la comunidad musulmana a nivel mundial, despotricar contra quienes critican al Islam –aunque esa crítica esté dirigida a concepciones como las que impulsa ISIS-, y sumarse a la carrera del control del poder musulmán, principalmente en Medio Oriente, en el marco de su política de expansión territorial y ocupación de territorios de la región. Esto último se puede comprobar con las operaciones militares de Turquía en el Kurdistán sirio e iraquí, en Libia y ahora en el apoyo a Azerbaiyán en la guerra desatada contra Armenia y Nagorno Karabaj.

Mucho antes que ISIS encontrara la derrota militar en la pequeña aldea de Baghouz, en la provincia siria de Deir Ezzor, en batallas milimétricas contra las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), la tutela de los seguidores del malogrado Abu Bakr Al Baghdadi pasó de Arabia Saudí a Turquía. Desde entonces, el Estado turco se empeña en brindarles una cobertura total a los milicianos de ISIS, que dejaron sus vestimentas negras, se cortaron las barbas y se sumaron a grupos irregulares como Sultan Murad, Failaq Al Sham o

División Al Hamzat, que integran el autodenominado Ejército Nacional Sirio (ENS), la fuerza ocupante de Serekaniye, de la ciudad de Tel Abyad y del cantón kurdo de Afrin. La otra modalidad es que directamente el Estado turco los envíe de forma semi-oficial a los territorios donde busca tener el control, como los casos de Libia y Nagorno Karabaj.

En el caso puntual de Serekaniye, un año de ocupación turca implicó el desplazamiento forzado de miles de pobladores, la masificación de saqueos y secuestro de personas, y la turquificación de la zona, con la cual Ankara implementa a la fuerza su propio idioma y enseñanzas en escuelas.

Un ejemplo de los métodos de Turquía en Serekaniye los dio, el 22 de octubre pasado, el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), que informó de que las fuerzas turcas y sus facciones aliadas asaltaron el pueblo Rihaniyah, en la zona rural cercana a la ciudad. En esta ocasión, los mercenarios abrieron fuego contra los autos en medio de la búsqueda de varias personas.

El OSDH aseveró que en Serekaniye “continúan las violaciones contra quienes desean llegar a Turquía desde las zonas” ocupadas, “mientras que los miembros de las facciones respaldadas por Turquía están introduciendo de contrabando personas y algunos materiales en Turquía, aprovechando su poder”. El organismo agregó que “los miembros de las facciones respaldadas por Turquía están deteniendo a mujeres de nacionalidad siria y no siria, y pidiendo grandes sumas de dinero a cambio de su liberación”. Como si esto fuera poco, el OSDH reveló el aumento de tensiones entre las propias milicias pro-turcas, “en un contexto de disputas y conflictos entre ellas, que siempre se convierten en enfrentamientos”.

A principios de octubre, el Consejo de Derechos Humanos de la Organización Naciones Unidas (ONU) denunció los crímenes de guerra cometidos por los aliados de Turquía en Afrin, Serekaniye y Gire Spi. En un informe, el Consejo detalló los crímenes cometidos por los mercenarios, que tiene entre sus blancos principales a las mujeres de la región. Organizaciones de derechos humanos locales, de los cantones de Afrin y Cizîrê también presentaron investigaciones recientes en que constataron la política de desplazamiento forzado y ocupación territorial de las fuerzas financiadas por el gobierno turco.

Mercenarios pro turcos de la División Al Hamzat / ANHA

Desde la Administración Autónoma del Norte de Siria (AANES), encabezada por los kurdos, como también desde las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), denuncian casi diariamente los ataques y violaciones a los derechos humanos cometidos por los cruzados enviados por Erdogan. Ahora, Turquía redobló los bombardeos contra la ciudad de Ain Aissa, con el fin de tomar el control de otra zona más del Kurdistán sirio.

La semana pasada, la AANES difundió un comunicado en el que expresó que Ankara sigue lanzando bombardeos contra la región pese a todos los llamamientos internacionales para que ponga fin a sus incursiones militares. La Administración Autónoma recordó que existen acuerdos, por separado, de Turquía con Estados Unidos y Rusia, para que detenga sus ataques. A su vez, la AANES enfatizó que las fuerzas rusas y estadounidenses en la región deben cumplir sus responsabilidades y detener los avances turcos.

La foto tomada en Serekaniye es una prueba más, entre las cientos que existen, del vínculo ideológico, político y financiero entre el Estado turco y las células de ISIS activas en el norte de Siria. Para Erdogan, la conquista de territorios, bajo la premisa de revivir la “grandeza” del Imperio Otomano, es una parte fundamental de su política exterior. Los kurdos, árabes, asirios, armenios, turcomanos, ya sean musulmanes, cristianos o yezidíes, del norte de Siria lo saben muy bien y por eso lo combaten con las armas que tienen a su alcance. Para el resto del mundo, los crímenes ordenados por Erdogan pesan menos que sus compras masivas de armamento de guerra a Estados Unidos, Europa y Rusia.

leandroalbani@gmail.com

miércoles, 23 de septiembre de 2020

El terrorismo global. Estados Unidos e Israel a la cabeza

Por Rubén Alexis Hernández:

Tras los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, la élite de esta nación, liderada políticamente por George Bush hijo, declaró el inicio oficial de la guerra mundial contra el terrorismo, que conceptualizado de acuerdo a los intereses estadounidenses y de sus aliados, representaba un gran peligro permanente para la seguridad, la democracia y la libertad en Estados Unidos y el resto del orbe “libre”; consideraron los halcones de la guerra que desatar una respuesta militar amplia contra los “responsables” de los “atentados” era más que necesario, y que  sería una acción plenamente respaldada por la opinión pública.

Pero en realidad el conflicto originado no fue más que una justificación y una estrategia para intentar mantener la hegemonía internacional de la nación norteamericana, en un mundo aparentemente unipolar, pero en el que países como Rusia y China ya amenazaban con una importante proyección de cara a disputarle a Estados Unidos el dominio en el planeta, como de hecho ya está pasando (2020).

Entonces el peligro que en teoría representaba el terrorismo, específicamente el islámico para Estados Unidos y el resto del mundo “libre”, no fue más que otra de tantas excusas que a lo largo de más de 200 años ha tenido la élite estadounidense para iniciar conflictos militares o participar en ellos durante su transcurrir. En el caso de la “guerra contra el terrorismo”, significó claramente la justificación “perfecta” para intervenir de forma contundente, en primer lugar, en varias partes del Cercano y Medio Oriente hasta nuestros días, y defender así sus intereses económicos y geoestratégicos, y mantener su influencia geopolítica y dominio militar en esa región tan importante en varios ámbitos, con obvio apoyo de Israel y de algunas naciones europeas, integrantes de la OTAN.

Y cómo no podía ser de otra manera, pronto esta guerra abarcó prácticamente a cada rincón del planeta donde tienen sus narices metidas el Imperio norteamericano y sus “amigos”, y en plena crisis sanitaria por la pandemia de COVID-19 y consecuente recesión, esta guerra parece intensificarse, quizá tratando de aprovechar la complicada situación socioeconómica que afecta especialmente a los pobres. Ahora bien, si abordamos la palabra terrorismo como debe ser, en un sentido amplio, no limitado conceptualmente de acuerdo a los intereses de Estados Unidos y sus aliados “democrático-libres”, está claro que terroristas son Estados Unidos, Israel y otras naciones que durante muchos años han estado al lado del imperio norteamericano derramando la sangre de numerosos seres humanos, en el marco del dominio global estadounidense.

En este contexto el terrorismo ejercido por Israel no conoce límites, considerando, por ejemplo, lo que su ejército ha hecho contra los palestinos, reprimiendo con brutalidad y asesinando en su mayor parte a mujeres, niños y discapacitados, con el objetivo de arrinconar cada día más a todo un pueblo en una porción territorial cada vez menor.

De manera que en la famosa “guerra contra el terrorismo” Estados Unidos, su principal aliado Israel y el resto de socios, sí que desataron un terrorismo a gran escala, y no sólo en el Cercano y Medio Oriente, donde se suponía estaban localizados sus enemigos, un puñado de fundamentalistas islámicos. Es una verdadera agresión global, el terrorismo mundial ejercido por una banda de delincuentes de élite liderada por el binomio Estados Unidos-Israel mediante el sionismo, supuestamente para derrotar a Al Qaeda y otros grupos terroristas islámicos, pero que en realidad sólo ha buscado la continuidad del dominio estadounidense en el orbe.

Es tal el nivel criminal de esos delincuentes, que formaron un grupo bien oscuro, conocido como ISIS o “Estado Islámico”, que han sembrado el terror en Siria y otras naciones del Cercano y Medio Oriente en nombre de Estados Unidos, Israel y sus aliados mundiales. Y dentro de dicha continuidad hegemónica, la “guerra contra el terrorismo” en países como Irak y  Afganistán también ha sido una suerte de lucha indirecta contra Irán, Turquía, Rusia y China, potencias con intereses en toda Asia, además de funcionar, o así lo cree la élite sionista-estadounidense, como especie de muro de contención regional del creciente poder y progresiva influencia de Rusia y China en toda la Tierra, lo que por supuesto es un problema para el Imperio norteamericano y sus socios.

ruhergeohist@yahoo.com

viernes, 4 de septiembre de 2020

ISIS: Diez mil bombas de tiempo en Irak y Siria



Por Leandro Albani:
A finales de agosto, el jefe de la Oficina de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) contra el Terrorismo, Vladimir Voronkov, volvió a encender las alarmas sobre las acciones del Estado Islámico (ISIS) en Irak y Siria. Desde 2014, el Califato comandando hasta su muerte por Abu Bakr Al Baghdadi supo construir en esos países una maquinaria militar, administrativa y represiva que abarcó desde Mosul hasta Raqqa, controlando la vida y la muerte de entre ocho y diez millones de personas.


En declaraciones públicas, Voronkov aseguró que en la actualidad ISIS cuenta con al menos 10.000 combatientes y que el grupo terrorista –el más grande y poderoso en el siglo XX y lo que va del XXI– está creciendo en las zonas donde mantuvo un férreo control territorial. El funcionario de la ONU agregó que la pandemia del coronavirus podría facilitar, a largo plazo, el reclutamiento de nuevos mercenarios para sus filas.

Voronkov explicó que en los últimos meses la amenaza de ISIS decreció en Europa, pero aumentó en otras latitudes, principalmente en Medio Oriente, aunque el grupo terrorista tiene organizaciones afiliadas en Afganistán, África y en el Sudeste Asiático.
Desde el organismo internacional advirtieron que el Estado Islámico opera cada vez con más confianza y de forma abierta a través de pequeñas células, luego de su derrota militar en marzo de 2019, en la aldea de Baghouz, en la provincia siria de Deir Ezzor, en la frontera con Irak.

La derrota
Un total de 11.000 milicianos y milicianas de las Unidades de Protección del Pueblo (YPG/YPJ) y de las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) cayeron en combate contra ISIS en apenas cuatro años. Esas fuerzas de autodefensa, encabezadas por los kurdos del norte de Siria, se encargaron de perseguir a los mercenarios del Estado Islámico hasta los últimos reductos de Baghouz. Las batallas finales contra ISIS fueron demoledoras y sangrientas, sobre todo porque los yihadistas utilizaban a los pobladores de la aldea como escudos humanos. Y por esa razón, esa última batalla duró más de un mes. Desde la comandancia de las FDS –apoyada por los ataques aéreos de la Coalición Internacional (CI), conformada por más de 70 países–, trataron de cuidar vidas y, mientras liberaban pequeñas porciones de la aldea, trasladaron a los habitantes a lugares seguros.

Con la derrota en Baghouz y los golpes recibidos por parte del Ejército Árabe Sirio y sus aliados militares rusos, iraníes y de Hezbollá, como también por las fuerzas armadas iraquíes respaldadas por Estados Unidos, ISIS mutó de una organización centralizada y férrea hacia el reagrupamiento de pequeñas células escondidas en territorios pocos poblados o en grandes extensiones desérticas. La muerte de su líder Al Baghdadi en octubre de 2019 durante un operativo estadounidense (con la colaboración de las FDS) en la provincia siria de Idlib mostró los últimos estertores de ISIS como lo conocíamos.

Pero la vitalidad de ISIS no reside únicamente en su poderío militar. La ideología extrema que profesa –derivada del wahabismo saudí– es el verdadero peligro para Medio Oriente. Con el apoyo financiero de la monarquía de Arabia Saudí, en un principio ISIS sembró un pensamiento conservador, patriarcal y reaccionario en los sectores sociales más castigados por los regímenes iraquí y sirio. Aunque la mayoría de las víctimas fueron los propios musulmanes sunitas que el Califato decía representar y proteger, ISIS encontró en esa población el caldo de cultivo para crecer y propagarse con la rapidez de la pólvora encendida.

Hijos de Al Qaeda, hermanos de Erdogan
El Estado Islámico no fue una anomalía en Medio Oriente. Los integrantes del Califato fueron financiados y azuzados por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos (EAU) y tolerados por Estados Unidos y las potencias europeas cuando todavía ISIS era un conglomerado de mercenarios y grupos que habían hecho sus bautismos de fuego en el Irak post-Sadam Husein.

Mientras las posiciones de ISIS caían como un dominó, el apoyo a los yihadistas derivó desde las monarquías del Golfo Pérsico hacia Turquía. Por estos días, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan es el principal sostén de los grupos terroristas con presencia en territorio sirio. En un sinfín de investigaciones y denuncias, Ankara aparece, una y otra vez, como la encargada de brindar logística y dinero a los mercenarios. En los últimos meses de vida de ISIS como una estructura rígida y con aspiraciones de control territorial masivo, el gobierno turco se encargó de acoger a miles de terroristas que, luego de cortar sus barbas, trasladó hacia otras regiones sirias y los sumó a organizaciones irregulares armadas. En la provincia de Idlib, el cantón kurdo de Afrin y las ciudades de Serekaniye, Al Bab y Tel Abyad, Turquía armó los grupos terroristas que hoy ocupan esos territorios de forma ilegal.

En mayo de este año, Robin Fleming, investigador del Centro de Información de Rojava (RIC), explicó que los ataques de los grupos respaldados por Turquía, muchos de ellos conformados por ex combatientes de ISIS, demuestran que después de la invasión turca de zonas del norte de Siria “estos grupos proxy todavía tienen presencia” fuera “de las zonas ocupadas, y todavía ponen en peligro la estabilidad de la región”.

El investigador agregó: “Todo esto indica una evolución continua en las tácticas de ISIS. Ya no se trata simplemente de causar estragos y reclamar tantas vidas como sea posible. Ahora, en cambio, ISIS está apuntando quirúrgicamente a las personas conectadas a la AANES y a las FDS, utilizando los recursos restantes que tengan para el máximo efecto”.

Aunque pocos gobiernos hicieron algo concreto para detenerlo, las imágenes del Estado Islámico que conmovieron al mundo ya fueron olvidadas en la urgencia de la historia. Pero los seguidores del Califato continúan activos, respirando el aire de las injusticias que atraviesan a Medio Oriente, el cual les permite propagar una ideología radicalmente intolerable y que apuesta a una organización social en donde confluyen las peores características del feudalismo y el capitalismo.
leandroalbani@gmail.com


viernes, 21 de febrero de 2020

La solución era frenar a ISIS

Por Leandro Albani:

Martin Klamper llegó a Shengal, la región de mayoría yezidí que todavía sufre las consecuencias de sobrevivir a ISIS, para sumarse a las fuerzas de autodefensa que derrotaron al Califato.

El 15 de febrero de 2018, el mismo día de su cumpleaños, Martin Klamper sintió que las manos de la muerte, cargadas de fuego y pólvora, le acariciaba la piel. En ese momento, todo se nubló. Martin todavía no sabe cómo hizo para salvar sus huesos de los misiles que las fuerzas turcas dejaron caer sobre él, luego de que un dron lo detectara.


A principios de ese año, el gobierno del presidente Recep Tayyip Erdogan había ordenado una operación militar masiva contra el cantón kurdo de Afrin, en el norte de Siria. Hasta que los bombardeos turcos empezaron a destruir todo, esa porción de tierra había sido la más pacífica y estable en todo el país. El conflicto armado interno, la guerra, los miles de muertos después de varios años de combates quedaban lejos de las colinas y llanuras de Afrin. Por eso mismo, cientos de personas de Siria se trasladaron al cantón, huyendo del Estado Islámico (ISIS), del ejército sirio y de las decenas de milicias islamistas que asolaban el territorio.

“El camino hacia Afrin no era muy fácil –recuerda Martin, que en tierra yezidí es conocido como Sidar-. Teníamos que pasar por lugares donde estaba el régimen sirio. Entre la ciudad de Manbij y Afrin, estaba el régimen. Entonces, tuvimos que pasar de Manbij hasta Alepo y, de ahí, lo intentamos, pero nos pararon los ejércitos sirio y ruso: no querían extranjeros en la región del régimen”.

La invasión a Afrin, y su posterior ocupación por milicias integradas por ex miembros de Al Qaeda e ISIS, dejó decenas de muertos. En la actualidad, ese cantón rico en tierra fértil, con plantaciones de olivares y un pequeño sector de industria artesanal, es un pozo oscuro controlado por Ankara. El secuestro de hombres y mujeres, el robo de bienes de los pobladores, el saqueo de reliquias milenarias, la apropiación de cosechas y la implantación de una administración digitada por el gobierno de Erdogan son algunos ejemplos de la política que Turquía quiere implantar en todo el Kurdistán sirio (Rojava). Afrin fue el globo de ensayo para lo que vino después.

Aunque, en un principio, Martin no tenía la intención de trasladarse a Afrin, su compañero Samuel Prada León lo convenció. Cruzar un territorio bajo bombardeo y un férreo control militar era arriesgado y la solución llegó del lugar menos pensado. “Nos ayudaron los Hashed Al Shaabi, que es una milicia que viene del ejército iraní, y estaban en Alepo. Nos escondimos en un convoy del ejército iraní desde Manbij hasta Alepo y, desde Alepo, ya fuimos con las Unidades de Protección del Pueblo (YPG) hasta Afrin”.
El miliciano de las YBS en un momento de descanso en Shengal.

Entender la guerra
La historia de Martin Kampler comienza mucho antes de su viaje a Afrin. Mientras estaba en la Fuerza Armada alemana (ya que es de origen hispano-alemán, nacido en Tenerife), veía las masacres cometidas por ISIS en Irak y Siria. Sin conocer quiénes eran los kurdos (“solo sabía que las YPG combatían al Daesh”, recuerda), su interés por trasladarse a Medio Oriente iba en aumento. Combatir contra ISIS era su prioridad. “Desde hacía un año, estaba en la Marina alemana. Me echaron porque se enteraron de que quería viajar a Siria para ayudar a los kurdos”, afirma.

Como muchos y muchas internacionalistas que, en los últimos años, se trasladaron a Rojava para defender el territorio, Martin comenzó a buscar las formas de dejar atrás su vida europea y sumarse a la resistencia contra los mercenarios comandados por Abu Bakr Al Baghdadi. Cuando se le pregunta por qué decidió viajar, su respuesta es concreta: “Para defender la humanidad”.

“La civilización empezó en Medio Oriente hace muchos miles de años –relata en un castellano trabajoso, que se mezcla con la dureza del idioma germánico y la cadencia del kurmanji-. La civilización se ha extendido desde ahí. Decidí viajar porque pasé seis meses en la Marina alemana, en la Operación SOPHIA en el Mediterráneo, rescatando a los náufragos que huían de Irak e Siria. Me di cuenta de que no tiene sentido rescatar a las personas del agua, la solución no es esa. La solución era frenar a ISIS en Siria o Irak”.
“Si entiendes la guerra, entiendes cómo funciona el mundo”, resumen Martin cuando le pregunto qué descubrió en sus días como combatiente internacionalista. Sus primeros pasos dentro de las fuerzas de autodefensa no los dio en Rojava, sino en Shengal (Sinjar), en Irak, una zona cercana a Bashur (Kurdistán iraquí). Enrolado en las Unidades de Protección conformadas principalmente por los yezidíes (YBS), en un principio, recibió entrenamiento militar, formación política, conoció las bases del confederal ismo democrático y asistió a clases de idioma. Sobre el con federalismo democrático, la ideología por la que aboga el Movimiento de Liberación de Kurdistán, dice que es un camino que todavía está recorriendo. “Tampoco sé qué ha hecho la ideología conmigo, a cuál ruta me ha llevado”, agrega.
Mucho trabajo por hacer

“Los primeros meses en Shengal fueron muy difíciles –cuenta-. La barrera del idioma nos molestaba y el calor fue como el infierno”. Los yezidíes fueron uno de los blancos principales de ISIS. Abandonados por la administración de Bagdad y por el Gobierno Regional de Kurdistán –liderado por el clan Barzani-, los guerrilleros y las guerrilleras del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) se movilizaron desde las montañas de Qandil hasta Shengal con el objetivo de contrarrestar los ataques de ISIS y abrir un corredor humanitario para que los pobladores pudiesen escapar. Pese a todo el esfuerzo, los yezidíes fueron víctimas de un nuevo genocidio: miles murieron y más de 3.000 mujeres fueron secuestradas por los mercenarios para luego convertirlas en esclavas sexuales o venderlas al mejor postor.

“El pueblo de Shengal, luego de sufrir, está igual que en 2014. Ahora se están construyendo obras y hay vida, pero creo que el 70 por ciento de la ciudad sigue en ruinas. Es imposible arreglarlo todo, porque había casas que tenían 500 años y Daesh lo destruyó todo”, grafica el miliciano de las YBS.

En Shengal todavía se observa la destrucción producida por ISIS.
Durante 13 meses, Martin fue parte de la resistencia de los kurdos, junto a otros pueblos de la región, contra los ataques de ISIS y Turquía. En ese tiempo, a lo que aprendió se sumaron momentos que lleva marcados en su cuerpo. “He visto y vivido tanto aquí que no sé por dónde empezar –dice-. La muerte de varios compañeros o cuando fui herido en batalla por un mortero turco en Afrin son una de las tantas cosas que nunca olvidaré”.

Para Martin, convivir con el pueblo yezidí también fue una enseñanza: “Para una persona que viene con una mentalidad muy distinta, por ejemplo, de Europa, es importante tener mucha paciencia. Sin paciencia, no hay camino. Aquí todo va a su ritmo, aunque tardes días o semanas. Los problemas se resuelven de otra manera, la gente piensa y actúa de otra manera”. Otra de las enseñanzas que recogió la sintetiza sin vacilar: “Sin mujeres, no hay revolución. Eso es todo lo que tengo que decir”.
“Ahora estoy en Shengal y aquí me voy a quedar, porque hay mucho trabajo que hacer. Estamos haciendo túneles, cuevas, porque, si Turquía acaba con Rojava, va a seguir con Shengal”, sentencia.
“Daesh sabía perfectamente lo que hacía”

Desde junio de 2014, cuando ISIS ocupó la ciudad iraquí de Mosul, su crecimiento fue maratónico. Desconocido para el mundo entero –y para buena parte de los gobiernos-, el grupo encabezado por Al Baghdadi aplicó una política de represión y conquista pocas veces vista. La responsabilidad de ISIS en miles de muertos, cientos de atentados, saqueos de bancos y casas particulares, y en el tráfico ilegal de petróleo, es algo innegable. En su avance despiadado, ISIS convirtió a Shengal en un ejemplo descarnado de lo que el grupo radical sunita proponía para Irak y Siria.

Pero ISIS no fue una anomalía en la región ni tampoco su conformación humana se debió sobrestimar. En su apogeo, el Estado Islámico administró grandes ciudades, acaparó un capital de al menos 2.000 millones de dólares y persiguió a las minorías étnicas y religiosas de forma sistemática. “En los medios, siempre ponían que en el Daesh que eran locos o tontos, que no sabían nada de armas, que era gentuza –reflexiona Martin-. Pero no era así, porque hay que tener en cuenta que ISIS pudo conquistar la mitad de Irak y de Siria. Algunas personas no sabían lo que hacían, pero Daesh tenía muchísima gente que tenía experiencia en el combate. Y sabían perfectamente lo que hacían ahí”.

Milicianos de las YBS en las afueras de Shengal.
Para el miliciano de las YBS, luchar contra ISIS no era nada sencillo: “Si estás en el combate, no estás combatiendo contra una persona, sino contra una ideología. Y la ideología, en algunos momentos, es más poderosa que el arma. El combate ha sido muy duro. Cuando estuve en Raqqa, y ya estábamos en el centro de la ciudad, ahí estaban los últimos del Daesh. Y ellos eran los buenos, los francotiradores que hacían blanco a 500 metros o a 1 kilómetro, y que se escondían perfectamente”.

Aunque la derrota militar de ISIS se concretó en marzo de 2019 en la aldea de Baghouz, en la provincia siria de Deir Ezzor, el grupo terrorista sigue activo y goza de buena salud gracias al apoyo que recibe de Turquía. Las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS, en las que participan las YPG/YPJ) fueron las encargadas de darle el golpe final a los seguidores del Califato. Pese a esto, las FDS denunciaron en reiteradas oportunidades que el resurgimiento de ISIS puede ser inminente si las potencias internacionales no frenan los planes expansionistas turcos.

“Hace seis o siete meses, estuvimos en Shengal luchando contra una célula de Daesh –cuenta Martin-. Estábamos con un periodista alemán y Daesh atacó con 15 personas, y dos de ellos se hicieron explotar. Al resto, los combatimos. En esa operación, no sólo estábamos nosotros, también estaban los Hashed Al Shaabi y el ejército iraquí. Nuestra relación con los Hashed Al Shaabi no es buena, pero ese día nos juntamos para combatir al mismo enemigo”.

“Perder a un amigo, a un hermano, a un camarada”
Aunque Martin estaba enrolado en las YBS, todavía no entendía la magnitud de que lo estaba viviendo. Por eso, cuando se desató la invasión turca sobre Afrin, su intención era no ir. “Pensaba que no era mi batalla, porque contra Turquía pensaba que era otra guerra y por otras razones. También decidí no ir porque acababa de llegar de Raqqa”.

Durante su participación en la liberación de la provincia de Raqqa, que entonces era la capital del Califato de ISIS, conoció al miliciano español Samuel Prada León, que luego se trasladó a Shengal. “Ahí estuvo varios meses y, cuando empezó la batalla de Afrin, cuando vimos, creo que el 18 de enero de 2018, que Turquía empezó la invasión, ahí Samuel Prada León me dijo que quería ir a Afrin a proteger a los kurdos”. Martin le contestó que no le interesaba la propuesta, porque, como reconoce ahora, “en esa época, no entendía la relación entre Turquía, el Estado Islámico, Al Nusra y Al Qaeda. Además, pensaba que Turquía era un ejército de la OTAN y, como soy alemán y español, decía que eran nuestros amigos y aliados”.

Después de la insistencia de Prada León, Martin le dijo que se iba a sumar a la resistencia en Afrin. “Estuvimos yo y varios extranjeros: chinos, alemanes, españoles, franceses, de varios países, todos estábamos en el frente”, asegura. “Mi frente estaba en una ciudad que se llama Jinderes, que está a 10 o 15 kilómetros de Afrin –rememora Martin-. Ahí estaba junto a Samuel Prada León y, en la misma noche que llegamos, él se separó, porque al comandante le faltaba una persona, y, como en ese momento Samuel estaba despierto, lo agarraron a él y yo me quedé durmiendo. Al final, me mandaron con otro español a un frente donde teníamos que proteger una ciudad”.

En esas horas donde el tiempo fluye en el frente de combate entre la tensión, las charlas, la vigilancia y los intentos de dormir sin sobresaltos, Martin podía ver y hasta oler a los mercenarios. “Enfrente de nosotros, a cien o doscientos metros, estaban los turcos, los de ISIS. Estábamos escondidos en un bosque y todo el día hubo un dron turco”, señala. Fue en la mañana de su cumpleaños cuando la muerte lo acarició: “Llega un dron, me ve y la aviación o la artillería turca empieza a bombardearme. Me cayeron varios morteros o misiles, yo no sé lo que me cayó, a varios metros de mi posición. El último mortero que me cayó fue como a dos metros. Dejaron de disparar porque pensaron que había muerto. Es imposible que una persona sobreviva a un mortero a dos metros. No sé por qué sobreviví”.

Milicianos de las YBS en Shengal.
Cuando los estallidos se detuvieron, Martin pudo respirar. El bombardeo le dejó trozos de metal en el cuerpo, que todavía no pudieron extraerle. Luego de que le hicieran las primeras curaciones en sus heridas, tuvo que enfrentar otra noticia fatal. Samuel Prada León, su compañero de ruta en Afrin, había muerto el 10 de febrero. “Estaba en un edificio y le cayó un misil o un mortero, la casa se derrumbó y murió”, dice Martin. El caso de Prada León fue bastante conocido, sobre todo, en medios españoles. De 24 años y oriundo Ourense, viajó a Rojava con la intención de brindar ayuda humanitaria. Ante la gravedad de la situación, no dudó en sumarse a las YPG. Durante siete meses, Prada León se entregó a la defensa del territorio kurdo de Siria.

La muerte de su compañero todavía resuena en la mente de Martín. “Lo que me ha marcado mucho fue perder a un amigo, a un hermano, a un camarada por primera vez –susurra, con la voz casi quebrada-. Duele mucho, duele, porque no estás preparado y ahí tampoco nadie te puede ayudar, porque cada persona es distinta, entonces eso…”. Las palabras de Martin se detienen y su voz no puede terminar la frase.

Al regresar de Rojava a Alemania por primera vez, Martin no estuvo exento de problemas. Como a otros internacionalistas, en sus países de origen, las autoridades los acusaron de “terroristas”. Aunque suene descabellado –porque las YPG/YPJ fueron la principal fuerza para derrotar a ISIS en Siria-, cuando llegó a Alemania, en julio de 2018, la policía lo estaba esperando. De forma automática, le secuestraron su pasaporte y le prohibieron traspasar las fronteras de la Unión Europea (UE). Los uniformados también se quedaron con “mi carné de identidad, el móvil y varios souvenir, parches y banderas. Pero a los 10 meses, la fiscalía cerró el caso –finaliza Martin-. Hasta hoy, no me devolvieron las cosas”.
leandroalbani@gmail.com

miércoles, 23 de octubre de 2019

Kurdos denuncian que fuerzas turcas utilizan armas químicas en Rojava

Por Leandro Albani:

Se multiplican las denuncias contra el gobierno turco por utilizar armas prohibidas en la invasión contra el Kurdistán sirio, que ya le costó la vida a más de 200 civiles.

El 17 de octubre pasado, el doctor Faris Hemo, que trabaja en el hospital público de la ciudad Haseke, en el norte de Siria, denunció que las fuerzas militares turcas que invaden el Kurdistán sirio (Rojava) utilizaron armas prohibidas contra la población civil. La denuncia del médico fue realizada nueve días después de que el presidente Recep Tayyip Erdogan –con el beneplácito de Estados Unidos y Rusia- desatara la operación “Primavera de Paz” contra el territorio gobernando por la Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria (AANES). Miles de soldados turcos, junto a la aviación de combate y tanques de guerra –respaldados por otros tantos miles de mercenarios del Frente Al Nusra (Al Qaeda en Siria), el Ejército Libre Sirio (ELS) y los resabios del Estados Islámico (ISIS)-, cruzaron la frontera y comenzaron un matanza sistemática de civiles, incluidos niños y niñas.


En declaraciones a la agencia de noticias ANHA, Faris Hemo confirmó que en el hospital de Haseke trataron a decenas de civiles con “quemaduras de un tipo diferente”. “A pesar de que no podemos establecer exactamente qué arma ha causado estas quemaduras, podemos decir que el Estado turco ha utilizado armas químicas”, agregó el médico.

Luego de esta declaración, Aldar Xelil, miembro del Consejo Ejecutivo del Movimiento de la Sociedad Democrática (TEV-DEM), afirmó que en la ciudad de Serekaniye –ahora ocupada por las fuerzas turcas y sus mercenarios aliados- se usaron “armas prohibidas que contienen fósforo blanco y napalm”.

La propia agencia de noticias del Estado sirio, SANA, denunció que “se registraron varios casos de civiles que sufrieron quemaduras graves, que probablemente podrían ser a consecuencia de sustancias químicas en un bombardeo turco en la ciudad de Ras Ain (Serekaniye) al noroeste de la provincia de Haseke”. La agencia agregó que es posible que las heridas de los pobladores “sean resultantes de un bombardeo en el que el régimen turco empleó bombas con sustancias químicas aún no conocidas”.

Dos días después de las denuncias del doctor Hemo, la agencia AHNA publicó un video en el que se puede ver a varios heridos por los bombardeos turcos en Serekaniye. Las imágenes, según la agencia de noticias, muestran “a civiles con heridas aparentemente causadas por fósforo blanco, lo que demuestra el uso de armas no convencionales por parte del ejército turco”.

El domingo pasado, desde el Consejo Democrático Sirio (MSD, que integra la AANES) denunciaron públicamente que, según informes médicos a los que tuvieron acceso, varios heridos presentaron “quemaduras desconocidas”, por lo que demandaron una “investigación por parte de autoridades internacionales especializadas en armas prohibidas” por las leyes y estatutos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

El mismo día que se conoció la denuncia del MSD, periodistas de las agencias de noticias Jin News, Mesopotamia (MA) y ANHA que se encuentran en el terreno alertaron sobre la utilización por parte de Turquía de armamento químico. Nazim Dastan, de MA, publicó un video donde se observa humo blanco que se eleva en el centro de la ciudad de Gire Spi y en sus alrededores. En el video, grabado el 13 de octubre al mediodía, Dastan relató: “Es la primera vez que veo una sustancia blanca y humo blanco. Después del bombardeo, me dirigí al centro de la ciudad para ver el cuerpo de un civil quemado y reducido a cenizas”.

Foza Yusif, integrante de la Junta Ejecutiva del TEV-DEM, explicó que los médicos de la zona llevarán a cabo exámenes para comprobar si los civiles fueron alcanzados por armas prohibidas. La dirigente kurda remarcó la necesidad de que expertos de Médicos Sin Fronteras (MSF) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) también efectúen exámenes en los cuerpos sin vida o en personas heridas por los bombardeos de Turquía.

“La opinión pública mundial debería ver cómo el presidente turco Recep Tayyip Erdogan perpetra un genocidio”, aseveró Yusif, que agregó que la utilización de armas prohibidas intenta “romper la resistencia” de los pueblos de Rojava.

El flagelo de las armas químicas contra el pueblo kurdo no es una novedad. A principios de 2018, cuando Turquía lanzó la operación militar contra el cantón kurdo de Afrin, también en el norte de Siria, las autoridades regionales denunciaron que la aviación lanzaba bombas químicas. Desde marzo de ese año, Afrin se convirtió en una región controlada con mano de hierro por mercenarios islamistas, donde los secuestros de pobladores, el saqueo de propiedades, el asesinato de mujeres y las leyes más ortodoxas y reaccionarias, imperan por las calles.

Entre 1986 y 1989, el entonces presidente de Irak, Sadam Husein, lanzó la Campaña Anfal contra los kurdos del norte del país. El 16 de marzo de 1988, las fuerzas iraquíes atacaron la ciudad de Halabja, de mayoría kurda, con gas mostaza. El saldo fue de casi cinco mil pobladores asesinados, la mayoría mujeres y niños. En la trama de este ataque mortal estuvo impicado Alí Hasán Al Mayid, primo de Sadam Husein y conocido mundialmente como “Alí El Químico” o “El Carnicero de Kurdistán”.

Frente a las recientes denuncias del uso de armas prohibidas en el norte de Siria, el gobierno turco negó las acusaciones. El ministro turco de Defensa, Hulusi Akar, aseguró que su ejército “no tiene armas químicas en su arsenal” y, sin sonrojarse, acusó a las Unidades de Protección del Pueblo (YPG) de “usar armas químicas para luego acusar a Turquía”.

Ante las crecientes denuncias, la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) anunció el último viernes que “estaba al tanto de la situación y está recopilando información sobre el posible uso de armas químicas”. Por su parte, la Media Luna Roja Kurda indicó en un comunicado que seis pacientes estaban hospitalizados en Haseke con quemaduras por “armas desconocidas”, y trabajaban para evaluar qué tipo de armamento se había utilizado. En tanto, Amnistía Internacional denunció que existen “pruebas irrefutables de crímenes de guerra y otras violaciones cometidas por las fuerzas turcas y sus aliados” en el norte de Siria.

La invasión turca a Rojava ya dejó a más de 300 mil personas desplazadas, más de 200 civiles muertos y cientos de heridos, muchos de ellos con mutilaciones producidas por los bombardeos. Por si esto fuera poco, todos los días se viralizan videos en las redes sociales donde se pueden observar a los mercenarios que acompañan al ejército turco torturando o directamente masacrando pobladores, como fue el caso de la secretaria general del partido Siria Futura, Hevrin Khalaf, de 35 años, fusilada junto a su chofer cuando fueron emboscados por un grupo de yihadistas.

Aunque Estados Unidos negoció con Erdogan un alto el fuego de cinco días, las fuerzas turcas continuaron atacando las ciudades de Rojava. Ayer, el portavoz de las FDS, Redur Xelil, aseveró que el Estado turco no cumplió el alto el fuego declarado el 18 de octubre, y que violó esa medida 37 veces, con 10 ataques aéreos y 27 terrestres. Todo esto, pese a que las FDS se retiraron de Serekaniye como se había acordado.

La invasión que sufren los pueblos del norte de Siria tiene a Turquía como punta de lanza. Detrás de los soldados turcos y los mercenarios islamistas, Estados Unidos y Rusia observan sin hacer demasiado y calculan el debe y el haber de congraciarse con Ankara. No les interesa que las FDS hayan derrotado a ISIS, o que a través de la AANES se construya una sociedad multi confesional y multiétnica, donde se respetan los derechos de las mujeres, y en un territorio que, durante mucho tiempo, fue un oasis de paz en Siria. Si la utilización de armas químicas se comprueba, el presidente turco no sólo será recordado como “El Sultán”, sino que también será llamado “Erdogan, El Químico”.

leandroalbani@gmail.com

miércoles, 25 de septiembre de 2019

LOS VERDADEROS INTERESES GEOPOLÍTICOS EN YEMEN



Por Miguel A. Barrios: 
Estamos presenciando un momento crucial en el Medio Oriente con el último ataque a las refinerías petroleras de Aramco, en Arabia Saudita. La serie de crímenes impunes que cometían permanentemente los norteamericanos, los israelíes y últimamente los saudíes han llegado a un momento de dramática inflexión. Ya lo habíamos visto con el derribo del dron norteamericano de última generación en el Golfo Pérsico. Y antes, en el triunfo contundente en Siria del Frente Multipolar, donde quizás para muchos, todavía, no alcanzan a visualizar y comprender el rol de la resistencia islámica con eje en la República Islámica en ese polo formado entre Rusia, China e Irán, al derrotar a la organización terrorista ISIS – Estado Islámico -, que precisamente no constituía ni un Estado, ni tampoco era islámico, sino un engendro con vínculos con EEUU como se desprende de documentos de wikileaks (“Clinton armó al ISIS según wikileaks” en Geopolítica de Rusia. Viernes 07 de octubre 2016 www.geopolitica.ru).   


Los líderes del polo de poder unipolar no ocultan su frustración y su impotencia ante el crecimiento y fortaleza de este polo de poder que es la Resistencia islámica dentro del polo multipolar y que significa una nueva etapa de la política mundial que se traduce por primera vez en un sistema mundial multipolar, multicivilizacional y desoccidental.

El bombardeo con drones a la refinería saudí que dejó fuera de abastecimiento al 50 % de la producción petrolera saudí, lo que equivale a un 5 % de la producción mundial y que a la fecha llevó a un incremento del 20 % en el precio del crudo en los mercados internacionales, marca un antes y un después en la región.
Todavía no se conoce la fuente de este ataque, lo que se dice es que sigue la “investigación”. Ya se han alzado voces disonantes en torno a lo sucedido. Unos dicen que puede ser un ataque de falsa bandera para salvar a la decaída economía saudí de las enormes pérdidas por la baja del precio y una guerra que se le ha prolongado más de lo esperado con el pobre Yemen al que, equivocadamente, se solía denominar el “Patio trasero” de Arabia Saudita.

El pueblo yemení se cansó de que sus gobernantes fueran puestos a dedo por los saudíes en coordinación con los norteamericanos e ingleses para el control del estratégico paso de Adén y otros beneficios estratégicos. El golfo de Adén, también conocido como golfo de Somalia, es un golfo en el océano Índico, ubicado entre la región del cuerno africano y la península arábiga, localizándose con ello entre los continentes de África y Asia. El golfo de Adén es una vía muy importante para el tránsito de la producción de petróleo de golfo Pérsico, lo cual le da una notable relevancia mundial y hacia el noroeste, está conectado con el mar Rojo.

La política de Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita de aumentar la producción del crudo saudí para bajar el precio del crudo y afectar las economías de Irán, Rusia y Venezuela ha sido contraproducente en primer lugar para la propia Arabia Saudita.

Para nosotros es dudoso y algo lejano que se pueda tratar de un ataque de falsa bandera por la rápida aparición de los militares yemeníes mostrando el tipo de drones utilizados para el ataque y amenazando con nuevos bombardeos si no ponen fin a su prolongada agresión sobre su pueblo indefenso.
La resistencia yemení, después de cinco años de bombardeos a sus civiles y territorio, tiene derecho a defenderse ya que nadie es capaz de detener a Arabia Saudita y aquellos que podrían hacerlo, prefieren priorizar negocios con la venta de armas al Reino a costa de la sangre de los civiles yemeníes, sus escuelas, hospitales, centros urbanos y demás infraestructura del país más pobre del mundo árabe, algo criminal que debería avergonzar a la humanidad.

Estados Unidos prefiere culpar a Irán del ataque, en parte porque les cuesta reconocer que los yemeníes con armas fabricadas por ellos, hayan podido poner en jaque a Arabia Saudita que había gastado cifras millonarias en los famosos sistemas de defensa Patriot, que fueron un rotundo y muy caro fracaso.
Tal es así, que cinco años de bombardeo al Yemen no hicieron que se alce ninguna voz en los gobiernos occidentales, pero cuando se quemas petróleo de una refinería duele más que el grito desgarrador de los niños yemeníes.

Trump ya dijo que no quiere una guerra contra Irán y que, frente a la acusación a Irán sobre el ataque, solo aumentará las sanciones. En Irán se dice que la “máxima presión” norteamericana ya ha tocado su techo y de que ahora en más, solo han de ir disminuyendo por las medidas que se vienen tomando para escapar a estas presiones dentro del eje multipolar.

Una de estas medidas es la de incrementar la independencia del dólar en las transacciones económicas y las relaciones bancarias directas en el eje asiático fuera del área de influencia financiera occidental. Algo acordado con fuerza en la última reunión en Ankara esta semana entre Putin, Erdogan e Irán.
Todos estos acontecimientos ocurridos en los últimos meses en el Medio Oriente muestran que la política de sanciones contra Irán está lejos de ser efectiva. Este fracaso saudí y la fortaleza de la resistencia a las agresiones saudíes, israelíes y norteamericanas, aumentan la grieta en este frente y suma crítica de dentro y de afuera a la permanente política de agresiones que llevan adelante en el mundo y en particular en el Medio Oriente.

Las acusaciones de Estados Unidos o Arabia Saudita contra Irán no solo están totalmente desprovistas de pruebas, sino que carecen de toda fuerza viniendo de ellos. En primer lugar, porque iniciaron la agresión al Yemen y no pueden evitar que éste desarrolle una defensa ante esa agresión.
Con respecto a las supuestas armas entregadas por Irán, también no tiene sentido esa acusación cuando Arabia Saudita emplea armas que Alemania, Inglaterra, España, Norteamérica les venden. ¿Por qué si ellos lo hacen, no podría hacerlo Irán también? Aunque Irán niega tener algo que ver con la legítima defensa que ejerce el Yemen.

En resumen, este nuevo hecho, sin duda el más grave contra Arabia Saudita, muestra la impotencia y el fracaso de la agresión saudí al Yemen y el pantano en que se está hundiendo la corrupta monarquía que serrucha literalmente a sus opositores. Cada día son más los que en Occidente no quieren aliados de esta naturaleza, a los que además se los acusa, nada menos, que de la caída de las Torres Gemelas. No creemos que el 11/9 haya sido obra de Arabia Saudita. Las buenas y jugosas relaciones en términos económicos que guardan las potencias con Arabia Saudita, muestran que ellos tampoco creen que la monarquía haya estado involucrada en la misteriosa caída libre de las torres gemelas y alrededores.

Argentina – Dossier Geopolítico
licpereyramele@gmail.com

miércoles, 14 de agosto de 2019

“El gran acierto en Rojava es que se construyó un movimiento inclusivo”



Por Leandro Albani:
Entrevista a Arges Artiaga, uno de los tantos internacionalistas que se sumó a la lucha de las fuerzas de autodefensa kurdas contra el Estado Islámico en Siria.

Las sonrisas de los niños y las niñas es uno de los recuerdos más fuertes que guarda Arges Artiaga cuando piensa en sus días y noches como miliciano de las Unidades de Protección del Pueblo (YPG) en Rojava (Kurdistán sirio).

Este gallego que supera los cuarenta años, un día, decidió que no podía seguir observando, sin hacer nada, cómo el Estado Islámico (ISIS, o Daesh) avanzaba sobre el norte de Siria, destruyendo pueblos, asesinando a las personas e implementando una política de terror pocas veces vistas en la historia moderna del mundo. Artiaga no vaciló demasiado para tomar la decisión. A través de las redes sociales, se puso en contacto con The Lions of Rojava (Los Leones de Rojava), un grupo de combatientes internacionalistas que lo asesoró y ayudó a viajar en 2015 a un territorio que, por ese entonces, ardía al calor de los combates entre las YPG y los terroristas de ISIS.

“Los momentos que más intento recordar son las sonrisas de los niños que, a pesar de la miseria de la guerra, era lo que me empujaba a seguir y seguir –rememora en diálogo con La tinta-. Pero no todos son buenos recuerdos. He perdido una gran cantidad de muy buenos amigos, una cantidad que me niego a contar y poner en una cifra. Gente extraordinaria de varios rincones del mundo”.

La cantidad de internacionalistas que viajaron (y todavía llegan) a Rojava es difícil de calcular. Pero lo cierto es que muchos y muchas se sintieron conmovidos frente a las masacres que cometía ISIS, sin que ningún poder internacional reaccionara por completo. También sintieron la necesidad de sumarse a la lucha del pueblo kurdo, al que, durante varias décadas, el régimen sirio le había negado sus derechos sociales, políticos y culturales. La resistencia de las YPG y de las Unidades de Protección de las Mujeres (YPJ) se convirtió en un faro de luz que permitía que muchos y muchas conocieran un proceso revolucionario que todavía sigue en pie. Y hacia esa luz decidieron viajar.

 “A mediados del 2014, prácticamente no conocía la situación en Rojava y no sabía que existía una zona llamada así. Fue a raíz del genocidio de Shengal (cometido por ISIS en el Kurdistán iraquí) que empecé a investigar sobre el tema –cuenta Artiaga-. Un poco después, durante el asedio de Daesh a Kobane, decidí que ya estaba bien, que, si nadie iba a hacer nada, yo tenía que hacer lo que estuviera en mis manos”.

Con una experiencia militar de seis años en España, Arges dejó sus trabajos variados –“cargando pescado en camiones en el puerto, en la construcción o en el monte talando y plantando cualquier cosa que pagara las facturas a fin de mes”-, le comunicó la decisión a su novia y familia, y relegando ser “un tío normal que trabajaba duro para sobrevivir”, emprendió una travesía con un destino difuso.
“La llegada a Rojava fue un camino largo y difícil –rememora-. A principios del 2015, la situación era muy precaria. Daesh había capturado una gran parte de Rojava. La relación con los kurdos fue buena en general, puesto que los gallegos y los kurdos tenemos una cultura bastante parecida, sobre todo, en lo que se refiere a la hospitalidad”.

Desde ese 2015, Artiaga pasó tres períodos en el norte de Siria combatiendo contra ISIS. Su último regreso a Galicia fue en diciembre de 2017. En ese lapso de tiempo, integró la Unidad de Francotiradores 223, que llevaba su nombre en homenaje al internacionalista australiano Ashley Johnson, abatido durante una operación contra los terroristas el 23 de febrero de 2015 en la ciudad kurda de Hasake. Johnson fue el primer occidental en caer en combate reconocido oficialmente por las YPG.

Artiaga extrae de su memoria otra historia sobre un camarada de armas. “John Gallager era miembro de la Unidad 223 y fallecido en nuestra primera misión –relata-, salvando al resto del equipo. Fue cuando, en una misión nocturna, un terrorista saudí, vestido con el uniforme del YPG, se acercaba al equipo hablando kurdo y con un chaleco explosivo. John, que estaba cubriendo ese flanco, se dio cuenta de que algo no iba bien, se puso delante y apuntó con su arma al terrorista. Le gritaba que parase, pero el terrorista disparó primero y John, ya herido de muerte, consiguió disparar y abatirlo. Entonces, el resto del equipo acabó con el terrorista. John impidió que se volara en medio del equipo”.

Antes de integrar la 223, Artiaga fue destinado a Tel Tamir, una localidad asiria al oeste de Hasake que ISIS conquistó a principios de 2015. En el frente que se extendía a lo largo de 40 kilómetros, en una zona conocida como la ribera de Jabur, empezó a relacionarse con los combatientes kurdos. Al principio, las diferencias culturales, el idioma y la urgencia de la guerra generaban ciertas barreras, pero, con el correr de los días, las discrepancias se esfumaron.

En su segunda estadía en Rojava, de octubre de 2015 a mayo de 2016, Artiaga se sumó como francotirador a la Unidad 223. Según relata, este equipo tenía el objetivo de “abrir caminos” con el objetivo de llegar a ciudades y pueblos que tenían que ser liberados. En declaraciones a la prensa europea, Artiaga señaló que la 223 iba “como punta de lanza” y que, en poco tiempo, “la gente del Daesh nos temía y evitaba”. “Nos hicimos un nombre y una reputación entre los kurdos”, sintetiza. La Unidad 223 fue disuelta luego de que las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), en las que combaten las YPG/YPJ, liberaran de ISIS la ciudad de Manbij en agosto de 2016.

En su último paso por Siria, Artiaga participó de las operaciones para liberar la provincia de Raqqa, donde ISIS había instalado la capital de su Califato. Cuando recuerda lo que veía cuando ingresaba a territorios liberados por las YPG/YPJ, las imágenes se multiplican: “Generalmente, lo que veíamos era alegría, un gran alivio. La gente fumaba, se afeitaban las barbas, y las mujeres rompían o quemaban los vestidos negros que Daesh les obligaba a llevar a base de un terror absoluto”.

“No hay que olvidar que, aunque Daesh ha cometido muchos atentados en Europa y otras partes –reflexiona-, los más afectados, con creces, son los pobladores locales, que fueron absolutamente abandonados a su suerte, durante años, por el régimen sirio. El mismo régimen que, al día de hoy, sigue utilizando a Daesh a su favor como un arma de terror contra aquellos que no los apoyan y también como una justificación internacional para bombardear sin piedad a la población civil”.

En mucha ocasión, Artiaga combatió junto a las milicianas kurdas que, en la actualidad, son reconocidas por su tenacidad y dureza a la hora de enfrentarse a los mercenarios de ISIS. Para este gallego que añora sus días en Rojava, en ningún lugar está escrito que las mujeres tengan vetada la lucha. “Cuando estás en combate, no te importa una mierda si el que tienes al lado es un hombre o mujer, si le gustan los hombres o las mujeres, o si le gusta el color rojo o verde –resume de manera cruda-. Cuando las balas empiezan a volar por encima de tu cabeza, lo único que importa es que puedas confiar en quien tienes a tu lado y que esa persona llegue hasta el final y no te deje solo cuando todo parece perdido”.

De su experiencia en Rojava, Artiaga saca conclusiones concretas y simples. Al referirse al proceso que viven los pueblos del norte y el este de Siria (amplia región liberada por las FDS y gobernada de forma autónoma), dice que “aciertos y errores supongo que hay y sigue habiendo muchos, pero el gran acierto es que es un movimiento inclusivo”.

En lo más íntimo y personal, el miliciano de la 223 remarca que su decisión de viajar la tomó “con todas las consecuencias y, si tenía que ser hasta el final, lo sería. Los motivos han ido cambiando cada vez. En la segunda ocasión en que viajé es porque ya me sentía mucho más apegado a los kurdos, los consideraba parte de mi familia y simplemente no podía quedarme en casa mientras mis hermanos morían. La tercera vez que decidí participar en la liberación de Raqqa fue una mezcla de las dos primeras. También quería estar por todos los mártires, por mis hermanos caídos. Necesitaba acabar el trabajo”.

Al regresar a su país, Artiaga fue acusado por la Audiencia Nacional de ser responsable de la muerte de 28 integrantes de ISIS y de “poner en riesgo la neutralidad de España”. Más allá de cierto revuelo mediático, finalmente, la causa en su contra fue archivada.

Aunque, en un principio, las relaciones entre los internacionalistas y los combatientes kurdos tuvieron algunas complicaciones, con el transcurso de los años, la llegada de extranjeros a Rojava se fue aceitando, sobre todo, por la necesidad de barrer del territorio a ISIS. “De los kurdos, aprendí que son un pueblo honorable y abierto –afirma Artiaga-. Cuando un comandante que ha perdido a 30 miembros de su familia en Kobane a manos del Daesh, te dice que hay que tratar humanamente a los prisioneros, cualquier occidental se quedaría sin ningún argumento ante una cosa así”.

Según el combatiente gallego, los internacionalistas en Rojava también “éramos como pequeños embajadores de nuestros países. No hay que olvidar que más de 25.000 miembros de Daesh partieron de Occidente para esclavizar, violar, matar y someter a la población indígena, y no hablo sólo de los kurdos”.
 “Lo que ellos aprendieron de nosotros supongo que es ver el mundo de otra forma, fuera de los estereotipos que pudieran tener –reflexiona Artiaga-. Hay que tener en cuenta que la gran mayoría de kurdos, y no sólo kurdos del norte de Siria, son gente muy pobre. Los que conseguían educarse un poco lo hacían en las escuelas del régimen, donde les contaban una idea totalmente falsa de Occidente, ensalzando a Adolf Hitler como un gran hombre que los depravados, drogadictos y homosexuales occidentales habíamos acabado con él. Esto es solo un pequeño ejemplo que cualquier kurdo de Siria puede confirmar”.

Un último recuerdo fugaz y, a su vez, profundo es cuando otro comandante le dijo que a los kurdos “no nos importa el Estado, nos importa la gente”. Y esa idea es una de las que marcó para siempre a Artiaga.
leandroalbani@gmail.com

miércoles, 26 de junio de 2019

Una gran asamblea de mujeres para el norte y el este de Siria

Por Leandro Albani:

Las mujeres de los pueblos del norte y el este de Siria fundaron un nuevo espacio de organización y resolución política para toda la región.
Kurdas, árabes, turcomanas, asirias, chechenas, armenias, caldeas y circasianas; musulmanas, cristianas o yezidíes; con una militancia histórica en el Movimiento de Mujeres de Kurdistán (MMK), o fogueadas en la desesperación por liberarse de las cadenas del Estado Islámico (ISIS). Todas esas mujeres del norte y el este de Siria siguen caminando con paso firme hacia su liberación total de las estructuras más rígidas del patriarcado enquistado en Medio Oriente. Ese trayecto –que no es reciente, sino que, en el caso del MMK, ya supera los 40 años- permitió que, la semana pasada, se anunciara la creación de la Asamblea de Mujeres del Norte y el Este de Siria (AMNES), que celebró su congreso fundacional en la ciudad de Amude, en el cantón kurdo de Qamishlo.


Con la clara consigna de “La unión de mujeres libres es la garantía de una Siria democrática”, cientos de representantes de la región se congregaron para discutir y continuar elaborando políticas para defender sus derechos en un territorio cruzado por guerras interpuestas, la amenaza latente del terrorismo fundamentalista, la ocupación militar de Turquía del cantón de Afrin y las permanentes negociaciones a varias bandas que encabezan las autoridades de la Federación Democrática del Norte y el Este de Siria (FDNES) con las potencias internacionales y regionales, con el objetivo de que se reconozca la autonomía y el autogobierno en un territorio que fue liberado y es defendido por sus propios pobladores.
El profundo movimiento político y social que encabezan las mujeres kurdas, y que, en Rojava (Kurdistán sirio), es la fuerza motora para la revolución que se desarrolla desde 2012, en los últimos años, se expandió por diferentes regiones de Siria de una forma imparable.

Los objetivos
Luego de cinco meses de discusiones previas impulsadas por el Kongra Star (principal organización de mujeres de Rojava) en las que participaron miles de personas, la asamblea fue conformada con el fin de defender los derechos políticos, sociales y culturales de las mujeres. Además, en su seno, estarán representadas las propias organizaciones femeninas de la región, los partidos políticos, representantes de las instituciones del autogobierno y de sociedades civiles, además de mujeres que no participan en este tipo de estructuras.

La asamblea es el espacio donde se discutirán los problemas de las mujeres y tendrá el poder de tomar decisiones y resoluciones que, luego, deberán cumplirse en la sociedad. Entre los principios básicos acordados, se destacan la defensa de una vida libre e igualitaria, el rechazo de todas las formas de discriminación –ya sea étnica, religiosa o política- y el combate directo contra la violencia de género.
Entre otros objetivos aprobados, la asamblea se encargará de la organización de las mujeres y la construcción de sus propios mecanismos de autodefensa. A su vez, en la conferencia fundacional, se demandó que las mujeres tengan una participación activa en las negociaciones para establecer una nueva Constitución en el país.

Desde su fundación, la asamblea tiene una coordinación general integrada por 17 representantes y celebrará sus conferencias una vez al año.

Las voces
Durante la fundación de la asamblea, decenas de mujeres tuvieron espacio para decir sus pareceres y presentar propuestas. Entre ellas, se encontraba Foza Yusif, integrante de la coordinación del Kongra Star, que aseguró que las mujeres del norte y el este de Siria son un ejemplo para todo el mundo. “Mientras se desarrollaba la revolución de la primavera de los pueblos, ocurrió una revolución de mujeres libres en el norte y el este de Siria para que la historia masculina no se repitiera contra las mujeres -recordó-. Con todos los medios a nuestra disposición, estamos trabajando para crear organizaciones de mujeres y una sociedad democrática”.

Yusif aseguró que, en la actualidad, las mujeres “son sometidas a la tiranía, a la tortura y son asesinadas. Como tal, nuestra revolución está todavía en la fase inicial. La fundación de la asamblea es parte de la continuación de la lucha de las mujeres”.

Por su parte, Zeynep Efrin, comandante de las Unidades de Protección de las Mujeres (YPJ), resaltó el papel jugado por esas fuerzas de autodefensa para derrotar a ISIS y mantener unidas a las pobladoras de la región. “Las mujeres demostraron su fuerza a través de su valentía y su trabajo, y ahora están coronando estas labores con la fundación de la Asamblea de Mujeres. La Siria democrática que se fundará bajo nuestra unidad influirá en todo Medio Oriente”, expresó.

Quien también tomó la palabra fue Berivan Xalid, copresidenta del Consejo Ejecutivo de la Administración Autónoma del norte y el este de Siria, que remarcó la importancia de la unidad y llamó a alcanzar “la victoria en la línea de mujeres libres”.

Al mismo tiempo, Sema Ednan, integrante de la Asociación Tevgera Azadi, de Kurdistán del Sur (norte de Irak), estimó que la Revolución de Rojava es exitosa gracias a la lucha de sus mujeres. “Los mismos ataques contra Rojava se están experimentando ahora en Kurdistán del Sur (por parte de Turquía). Esperamos que todo el pueblo y las mujeres de aquí se unan, y juntos derroten estos ataques. No deben permanecer en silencio”, denunció la delegada.

“Como dice el líder Abdullah Öcalan, una revolución en Kurdistán sólo se logrará a través de una revolución de mujeres. La revolución en Basurê (Kurdistán del Sur) también se desarrollará con la revolución de las mujeres. Es necesaria una revolución en esta etapa y se llevará a cabo una revolución en unidad con la guerrilla de mujeres. Esperamos que haya tal revolución lo antes posible”, indicó Ednan.

Con la fundación de la Asamblea de Mujeres, en las tierras del norte y el este de Siria, se refuerza un proceso político y social que, todavía hoy, es poco conocido y, en muchas ocasiones, genera desconfianzas en algunos ámbitos. Lo único real es que las mujeres de ese territorio en disputa encabezan una transformación que recién comienza, pero que ya sembró miles de semillas que no paran de germinar.

leandroalbani@gmail.com

jueves, 20 de junio de 2019

Kurdistán Redoblar la lucha por la liberación de las mujeres

Por Leandro Albani::


Las Unidades de Protección de las Mujeres se convirtieron en una fuerza desequilibrante para la liberación de territorios en poder de ISIS en el Kurdistán sirio.
La defensa de las mujeres es “más valiosa que el pan y el agua” fue la definición más certera que brindaron las Unidades de Protección de las Mujeres (YPJ), las milicias de autodefensa de Rojava (Kurdistán sirio), durante su segunda conferencia realizada entre el 1 y el 2 de junio pasados.
Con doscientas delegadas presentes, el encuentro de las YPJ abordó diversos temas políticos y militares que cruzan el norte y el este de Siria, territorio controlado por un autogobierno encabezado por los kurdos luego de cruentas batallas en estos últimos siete años contra el Estado Islámico (ISIS).


Luego de la conferencia, el comando general de las YPJ difundió una declaración en la que recordaron a las milicianas mártires en la lucha con ISIS y resaltaron la figura de la diputada kurda Leyla Güven, que, durante doscientos días, encabezó una huelga de hambre en Bakure (Kurdistán turco), en demanda del fin del asilamiento del líder kurdo Abdullah Öcalan, encarcelado en la isla-prisión de Imrali desde 1999.
Las YPJ estimaron que la segunda conferencia tiene “un significado histórico para todas las mujeres de Oriente Medio y las mujeres kurdas”, además de remarcar que, hacia futuro, “vamos a entrar en un nuevo proceso de lucha y asumir mayores responsabilidades y deberes”.

En el comunicado, las fuerzas de autodefensa de mujeres destacaron su lucha contra ISIS, al que calificaron como un “enemigo de la humanidad”. Esa lucha, según las YPJ, se realizó “con el espíritu de patriotismo y la memoria de todas las mujeres”, por el cual “pagamos un gran precio para defender a las personas, a las mujeres y a la tierra”.

Las YPJ junto a las Unidades de Protección del Pueblo (YPG) son las organizaciones principales dentro de las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), respaldadas por la Coalición Internacional en la lucha contra los últimos vestigios de ISIS en el noroeste de Siria. Las mujeres de las YPJ dejaron en claro que, en la actualidad, son una “fuerza líder”, que asumió la responsabilidad “de crear una sociedad libre, democrática e igualitaria”.

La historia de las YPJ se remonta a su creación en 2012, cuando, en Siria, las revueltas populares estremecían al país. En Rojava, el pueblo kurdo siempre había sido negado por el gobierno de Damasco, que utilizaba su territorio como eje central de su política agraria y de explotación de hidrocarburos, pero cercenaba sus derechos culturales, sociales y económicos.

Pero la historia de las YPJ está ligada al amplio Movimiento de Mujeres de Kurdistán, surgido al calor de la lucha del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) hace más de cuarenta años. Las mujeres kurdas hoy son visibilizadas a nivel mundial, aunque las batallas que encabezan se entroncan con las demandas de independencia y autonomía teorizadas por Öcalan en su paradigma de “confederalismo democrático”.
Reducir el accionar de las YPJ a una “cuestión armada” es negar una lucha histórica de las mujeres kurdas que, entre sus figuras más destacadas, tiene a Sakine Cansiz, una de las fundadoras del PKK, que fue asesinada en París en 2013. Las YPJ, al igual de decenas de entidades encabezadas por mujeres en Rojava, forman parte del Kongra Star (Congreso Estrella), la principal organización de mujeres del norte y el este de Siria.

En su segunda conferencia, las delegadas de las Unidades de Protección de las Mujeres manifestaron que “la defensa es más valiosa para las mujeres que el pan y el agua”, por lo cual las fuerzas de autodefensa se consideran “responsable de la defensa de todas las mujeres y niños”. Las amenazas a las mujeres, los niños y los pueblos de Oriente Medio y Siria no han terminado”, remarcaron.

En el encuentro, las milicianas de las YPJ también aseguraron que, en la etapa actual, “nos desarrollaremos y nos fortaleceremos intelectual y militarmente” para enfrentar la guerra que todavía asola a Siria. Al mismo tiempo, estimaron el desarrollo de un “ejército profesional para estar mejor equipado” en la lucha por la liberación del cantón kurdo de Afrin, ocupado ilegalmente por Turquía desde marzo del año pasado.
En declaraciones a medios kurdos el 20 de mayo pasado, la comandante de las YPJ, Ronahi Halep, destacó que, luego de la liberación de la aldea de Baghouz, en la provincia de Deir Ezzor, “todas nuestras fuerzas estamos siempre listas para nuestro pueblo y nuestras operaciones”. En Baghouz, un pequeño poblado en la frontera con Irak, los mercenarios de ISIS y sus familias se habían replegado ante el avance de las FDS. Luego de varios meses de combate, en marzo, las FDS anunciaron la derrota total del Estado Islámico, aunque todavía sobreviven células terroristas en la zona.

A finales de mayo, las FDS y las YPJ iniciaron una operación en el desierto que se extiende entre el pueblo de Kasra, en Deir Ezzor, y Shadaddi, en la ciudad de Heseke, en Rojava. En los primeros días, docenas de miembros de ISIS fueron capturados, además de decomisar todo el armamento en mano de los fundamentalistas.

 “La operación de liberación de Deir Ezzor contra ISIS ha sido todo un reto para nosotras, pero también de gran importancia”, recordaba la comandante Halep. “No podemos decir que la campaña (contra ISIS) haya acabado. La mentalidad de la organización continúa aquí, a escondidas –aseguró la comandante de las YPJ-. Podemos ver cómo los miembros de la organización se esconden entre la población civil. Algunos de ellos se afeitan las barbas, se cortan el pelo y continúan trabajando para tratar de reconstruir la organización entre la población. Quieren reorganizarse contra las YPJ, las YPG y las FDS. Pero no podrán. Su espina dorsal ha sido rota en Baghouz. Nuestras fuerzas han conseguido su objetivo y la población lo ha visto como una victoria y una liberación que les ha producido alegría”.

Aunque la guerra es algo inevitable para las mujeres kurdas, árabes y de otras nacionalidades que conviven en Rojava, también es cierto que el proceso de liberación que encabezan va mucho más allá de complejas operaciones militares. La fortaleza de la revolución de Rojava reside en las propias mujeres que construyen una sociedad nueva, ya sea con un fusil entre sus manos o fundando cooperativas, reconstruyendo escuelas y hospitales, y transformando la mentalidad patriarcal enraizada en Kurdistán y todo Medio Oriente.
leandroalbani@gmail.com

miércoles, 1 de mayo de 2019

“La lucha contra la ideología de ISIS la vamos a dar como mujeres para cambiar la sociedad”



Por Lucrecia Fernández y Leandro Albani:

Mizgin Ahmed, asesora de la Federación Democrática del Norte y el Este de Siria (FDNES), habló sobre la situación de los miles de personas que se encuentran en campos de refugiados luego de la liberación de Deir Ezzor. Las columnas de cientos de mujeres y niños cruzan con enormes dificultades las tierras áridas de la provincia siria de Deir Ezzor. Esas mujeres -vestidas de riguroso negro-, y esos niños –con miradas perdidas y harapos como ropa- vivieron durante varios años -algunas de ellas por más de seis años- bajo los mandatos del Estado Islámico (ISIS o Daesh), la organización fundamentalista que llegó a controlar miles de kilómetros cuadrados en Siria e Irak.


Esas caravanas, que se mueven lentas en los pocos momentos en que la guerra les da un respiro, salen de la pequeña aldea de Baghouz, donde ISIS encontró su derrota final luego de meses de combates contra las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), conformadas por las Unidades de Protección del Pueblo (YPG/YPJ) kurdas, y milicias árabes, armenias, turcomanas, asirias, e internacionalistas, que conviven en el norte y el este de Siria.

En la actualidad, las FDS –según sus propios datos difundidos- tienen a su resguardo, luego de liberar grandes regiones de ISIS, alrededor de 72 mil personas de 54 nacionalidades diferentes -la mayoría mujeres y niños-, en el campo de refugiados de Al Hol, en las cercanías de Baghouz. A su vez, las fuerzas de autodefensa, encabezada por los kurdos, mantienen retenidos a 11 mil yihadistas de ISIS en diferentes prisiones de la región.

Dentro de ISIS, las mujeres fueron sometidas a todo tipo de violaciones y vejámenes. La interpretación ultraortodoxa del Islam que sostienen los seguidores de Abu Bakr Al Baghadadi, justificó que las mujeres secuestradas por el ISIS, o que optaron sumarse al autodenominado Califato, sufrieran castigos inimaginables. En la actualidad, se calcula que ISIS tiene secuestradas a casi dos mil mujeres, la mayoría integrantes del pueblo yezidí, que son vendidas en mercados de esclavos a los propios comandantes y combatientes del grupo fundamentalista.

Antes de ser derrotado militarmente, ISIS ordenó a sus seguidores el repliegue dentro del territorio sirio y a realizar atentados en todas partes del mundo. En Baghouz quedaron los últimos combatientes y sus familias, por lo cual las FDS tardaron varios meses en liberar ese pueblo, ubicado en la frontera con Irak.

Con un escaso apoyo internacional, tantos las FDS como las autoridades de la Federación Democrática del Norte y el Este de Siria (FDNES) ahora buscan una salida política ante una situación en la que se mezclan varios factores: el aumento de la crisis humanitaria en Al Hol, los cada vez más frecuentes incidentes cometidos por los miembros de ISIS dentro del campo de refugiado y la necesidad de reinsertar en la sociedad a esas mujeres y niños que sólo conocen las reglas del Califato. Como escribió recientemente la periodista kurda Medya Doz, ISIS no sólo ocupó territorios “sino que ha destruido la química de la sociedad al ocupar a las mujeres. No sólo atacó fenómenos históricos y culturales, sino que logró crear una concepción artificial y hacer de cada sujeto un objeto. Con gran maestría ha creado una comunidad de mujeres sin alma y así ha cometido un feminicidio”.

Esta afirmación es compartida por Mizgin Ahmed, que por estos días se encuentra en el corazón mismo del campamento Al Hol, donde es asesora de la FDNES. En esta entrevista con ANF y Kurdistán América Latina, Ahemd asegura que “Daesh no fue solamente una fuerza militar en Medio Oriente, sino que su fuerza ideológica todavía es muy poderosa. Su ideología es fuerte porque aparece en el nombre del Islam. Su pensamiento todavía se encuentra dentro de la sociedad en los territorios que antes ocupaban”.

Como ejemplo de esta situación, Mizgin Ahmed recuerda que las FDS liberaron en los dos últimos años las ciudad de Manbij y las provincias de Raqqa (esta última considerada la capital de ISIS) y Deir Ezzor, “pero en esos lugares hay grupos de Daesh escondidos que siguen haciendo propaganda. Hace seis años que Daesh ocupó este territorio y lo único que hicieron fue implementar su formación ideológica y su educación. También implementaron un sistema de vida y cambiaron todo lo anterior. Con esta propaganda llegan islamistas de todo el mundo a integrarse a Daesh”.
Para Ahmed, la lucha ideológica de ISIS es mucho más poderosa que sus acciones militares, por lo cual el combate futuro más importante es terminar con esa ideología, emparentada con el wahabismo que profesa la monarquía de Arabia Saudí.

“Podemos decir que todas las personas, familias y niños que estaban bajo esta ideología en el territorio todavía viven bajo esa idea –analiza la asesora de la FDNES- Un ejemplo puede ser que liberamos a niños yezidies que estaban en mano de Daesh, que son de familias yezidies muy religiosas y conservadoras, pero en estos cinco o seis años Daesh pudo islamizar a esos niños”. Ahmed remarca que esta es una muestra de la fuerza ideológica del grupo comandando por Al Baghadadi.

Las profundas heridas producidas por ISIS a los niños y a las niñas que vivían en sus territorios son una problemática compleja y dolorosa que, por lo visto, la comunidad internacional no está dispuesta a asumir. “Cuando hablamos sobre estos niños, hablamos de que ellos nunca pudieron jugar como niños, nunca comieron como niños, nunca se vistieron como niños, sus relaciones dentro de la familia son muy estrictas, por eso todavía viven una vida como si fueran militares en los territorios controlados por Daesh”, destaca Mizgin Ahmed.

Las FDS y la FDNES trasladaron a campamentos a mujeres y niños liberados en estos años de combates. En esas zonas se trata de asistirlos no sólo con alimentación y salud, sino también con una contención psicológica y humana. “En estos campamentos, los niños y las niñas tenían problemas para concentrarse, para aceptar su situación, pero después de un tiempo comenzamos un trabajo social para que vuelvan a tener una vida normal –señala Mizgin Ahmed-. Primero llevamos cosas para que ellos pudieran jugar y volver a la vida real. Abrimos escuelas. Los niños que hace dos o tres años están con nosotros, con el nuevo sistema de educación cambiaron mucho. Esto mismo queremos organizar para las familias que estaban con Daesh”.

Según la representante de la FDNES, trabajar con jóvenes de entre 11 y 17 años es más difícil, pero igualmente la realidad golpea a todos por igual. “Estos niños aprendieron a cortar cabezas, a matar. Ellos viven la ideología de Daesh mucho más fuerte. Ese era su sistema de educación”, resume.
Una medida tomada por la FDNES fue crear el centro cultural Heri, en el que los niños y adolescentes de ISIS estudian y trabajan. “En uno o dos años aprendieron cómo es el pensamiento de Daesh, cómo se organizaba, y de esa forma ven la realidad de ese grupo”, explica.

“Para las mujeres que hace dos años están con nosotros, organizamos un sistema de educación y formación para madres e hijas –relata Mizgin Ahmed-. En la formación no pudimos hablar mucho sobre Daesh, pero hablamos sobre la violencia de la sociedad y el poder de los hombres, porque no aceptan las críticas al Daesh. Nuestra formación y educación es sobre las mujeres, sobre violencia de género, sobre días importantes como el 8 de marzo y el 24 de noviembre, hablamos qué significan esos días. Nuestro programa sirve para que estas mujeres puedan volver a participar en la sociedad”.
Al mismo tiempo que se realizan estos esfuerzos, la situación en el campamento de Al Hol es más frágil. Mizgin Ahmed cuenta que las mujeres en el lugar “son más agresivas, son más fascistas y hasta ahora continúan luchando por el Daesh dentro del campamento. Nos dijeron que ellas siguen con el Daesh y no van a dejar ese pensamiento”. Frente a este panorama, reconoce que “todavía no existe un programa para abordar esta problemática particular”. Y agrega que en Al Hol la mayoría de las personas son extranjeras y que reconocen haber llegado a Siria para sumarse a ISIS. “Nos dijeron que iban a seguir luchando contra nosotros y que cuando Al Baghdadi diga que hay que volver a luchar, lo harán”, expresa Ahmed.

La gravedad en Al Hol llega al punto de que a varias mujeres a las que se les permitió abandonar el campamento luego “se inmolaron, porque la ideología del Daesh en ellas es muy fuerte”, afirma Mizgin Ahmed. Igualmente, “estamos tratando de cambiar la mentalidad dentro del campamento, para que estas mujeres acepten convivir con otras personas. Porque ellas no aceptan a todos los musulmanes, porque su ideología es muy estricta. Los niños, mujeres y hombres en este campamento tiene una forma de hablar muy militarizada, como también sus pensamientos y su forma de vida”, asevera la asesora de la FDNES.

Desde la Federación Democrática se vienen realizando llamados repetidos a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y a las principales potencias mundiales, para que asistan a las miles de personas que sobreviven en Al Hol. A eso se suma el pedido que los combatientes de ISIS que cometieron crímenes sean juzgados en sus países de origen, o que se constituya un tribunal internacional para procesarlos. Las FDS ya reconocieron que no tienen capacidad suficiente para mantener a tanta gente prisionera y que si los miembros de ISIS escapan volverán a cometer atentados y masacres.

“Para poder educar a más personas necesitamos más apoyo –manifiesta Mizgin Ahmed-. Hasta ahora nos apoyaron para dar un poco de comida y otras cosas necesarias, pero para reeducar a estas personas necesitamos más apoyo. Por eso, es necesario un acuerdo a nivel internacional para que se pueda apoyar a un grupo enorme de personas. La ONU debe participar en este campamento, porque nuestra fuerza no es suficiente. La ONU tiene que llevar un sistema educativo para que puedan trabajar, para garantizar sus vidas y se sientan como seres humanos”.

Mizgin Ahmed enfatiza que muchas mujeres de ISIS “lucharon con armas, entonces es necesario que ellas sean juzgadas dentro del sistema de la ONU. Cuando la justicia internacional diga que son culpables, los países de donde vienen tienen que recibirlos para que cumplan sus condenas”.
Para la asesora de la FDNES, en el norte de Siria existe una lucha entre dos ideologías: por un lado, el con federalismo democrático, teorizado por el líder kurdo encarcelado Abdullah Öcalan, que promueve la democracia, la convivencia entre pueblos y religiones, y el empoderamiento de las mujeres; y por el otro, “el capitalismo, del cual nació el Daesh”.

Mizgin Ahmed asevera que la lucha por la liberación de los pueblos del norte de Siria todavía continúa: “Es una lucha femenina contra el patriarcado. Como en Rojava las mujeres lucharon contra Daesh y ganaron, asimismo la lucha por la ideología la vamos a dar como mujeres para cambiar la sociedad y liberarla del capitalismo, el patriarcado y el Daesh. El pensamiento del Daesh y el capitalismo son como un virus, y tenemos que terminar con este virus que está dentro de la sociedad”.
Las mujeres y niños que vivieron dentro de ISIS son una bomba a punto de estallar. Niños que perdieron su identidad étnica, lingüística, cultural y, en la mayoría de los casos, familiar. Mujeres que no han conocido más que el sometimiento del patriarcado de ISIS, algunas de ellas engañadas en medio de la crisis y la guerra en Siria; otras fueron secuestradas y convertidas en esclavas, casadas por la fuerza, utilizadas como mercancía de cambio, reproducción y servidumbre. Muchas mujeres todavía creen que el Califato de ISIS debe volver. En el medio, los niños y las niñas, una generación que solo conoce el odio, la crueldad y el desprecio por la vida humana.

Del otro lado, las mujeres de las milicias kurdas, las mismas que vieron a sus familias morir a manos de ISIS, pero que intentan construir una sociedad nueva e inédita para Medio Oriente. Sobrevolando esta situación, la comunidad internacional no parece dispuesta a asumir responsabilidades en un territorio en llamas e inestable, aún para soportar todo lo que es escenario implica.

Ante esta realidad, queda un largo camino por recorrer, años de trabajo por delante, cuyo peor enemigo son la indiferencia y el silencio internacional.
 leandroalbani@gmail.com