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viernes, 30 de octubre de 2020

ISIS: los cruzados de Erdogan

 Por Leandro Albani:

El fin de semana, mercenarios del Estado Islámico se manifestaron en contra del presidente de Francia y en respaldo a su principal financista: Recep Tayyip Erdogan.

La foto no es de hace unos años atrás, cuando el Estado Islámico (ISIS) controlaba buena parte de los territorios de Irak y Siria, y tenía bajo su control la vida y la muerte de entre ocho y diez millones de personas. Tampoco es una nueva campaña de propaganda del grupo que aterrorizó (y todavía lo hace) a Medio Oriente. La imagen (como los videos que circulan en las redes sociales) fue tomada este fin de semana en Serekaniye, en el norte de Siria, ciudad ocupada ilegalmente por milicias mercenarias respaldadas por Turquía.

El objetivo del acto en el que participaron un puñado de terroristas fue respaldar al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, en su pelea abierta con el  mandatario de Francia, Emmanuel Macron. El sábado, el Jefe de Estado turco aseguró con su par francés “realmente necesita someterse a exámenes mentales”, tras las declaraciones de Macron, a principios de octubre, de que su gobierno luchará contra el “separatismo islámico” que, según él, amenaza con establecer su control sobre ciertas comunidades musulmanes en Francia. “El problema es una ideología que afirma que sus propias leyes deben ser superiores a las de la República”, había dicho el presidente de Francia.

La respuesta de Erdogan a Macron fue directa: “¿Cuál es el problema de esta persona llamada Macron con los musulmanes y el islam? Macron necesita tratamiento a nivel mental. ¿Qué más se le puede decir de un jefe de Estado que no comprende la libertad de creencias y que se comporta de esta manera con millones de personas que viven en su país y que son miembros de una fe diferente?”.

La retórica de Erdogan es conocida: presentarse como líder de la comunidad musulmana a nivel mundial, despotricar contra quienes critican al Islam –aunque esa crítica esté dirigida a concepciones como las que impulsa ISIS-, y sumarse a la carrera del control del poder musulmán, principalmente en Medio Oriente, en el marco de su política de expansión territorial y ocupación de territorios de la región. Esto último se puede comprobar con las operaciones militares de Turquía en el Kurdistán sirio e iraquí, en Libia y ahora en el apoyo a Azerbaiyán en la guerra desatada contra Armenia y Nagorno Karabaj.

Mucho antes que ISIS encontrara la derrota militar en la pequeña aldea de Baghouz, en la provincia siria de Deir Ezzor, en batallas milimétricas contra las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), la tutela de los seguidores del malogrado Abu Bakr Al Baghdadi pasó de Arabia Saudí a Turquía. Desde entonces, el Estado turco se empeña en brindarles una cobertura total a los milicianos de ISIS, que dejaron sus vestimentas negras, se cortaron las barbas y se sumaron a grupos irregulares como Sultan Murad, Failaq Al Sham o

División Al Hamzat, que integran el autodenominado Ejército Nacional Sirio (ENS), la fuerza ocupante de Serekaniye, de la ciudad de Tel Abyad y del cantón kurdo de Afrin. La otra modalidad es que directamente el Estado turco los envíe de forma semi-oficial a los territorios donde busca tener el control, como los casos de Libia y Nagorno Karabaj.

En el caso puntual de Serekaniye, un año de ocupación turca implicó el desplazamiento forzado de miles de pobladores, la masificación de saqueos y secuestro de personas, y la turquificación de la zona, con la cual Ankara implementa a la fuerza su propio idioma y enseñanzas en escuelas.

Un ejemplo de los métodos de Turquía en Serekaniye los dio, el 22 de octubre pasado, el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), que informó de que las fuerzas turcas y sus facciones aliadas asaltaron el pueblo Rihaniyah, en la zona rural cercana a la ciudad. En esta ocasión, los mercenarios abrieron fuego contra los autos en medio de la búsqueda de varias personas.

El OSDH aseveró que en Serekaniye “continúan las violaciones contra quienes desean llegar a Turquía desde las zonas” ocupadas, “mientras que los miembros de las facciones respaldadas por Turquía están introduciendo de contrabando personas y algunos materiales en Turquía, aprovechando su poder”. El organismo agregó que “los miembros de las facciones respaldadas por Turquía están deteniendo a mujeres de nacionalidad siria y no siria, y pidiendo grandes sumas de dinero a cambio de su liberación”. Como si esto fuera poco, el OSDH reveló el aumento de tensiones entre las propias milicias pro-turcas, “en un contexto de disputas y conflictos entre ellas, que siempre se convierten en enfrentamientos”.

A principios de octubre, el Consejo de Derechos Humanos de la Organización Naciones Unidas (ONU) denunció los crímenes de guerra cometidos por los aliados de Turquía en Afrin, Serekaniye y Gire Spi. En un informe, el Consejo detalló los crímenes cometidos por los mercenarios, que tiene entre sus blancos principales a las mujeres de la región. Organizaciones de derechos humanos locales, de los cantones de Afrin y Cizîrê también presentaron investigaciones recientes en que constataron la política de desplazamiento forzado y ocupación territorial de las fuerzas financiadas por el gobierno turco.

Mercenarios pro turcos de la División Al Hamzat / ANHA

Desde la Administración Autónoma del Norte de Siria (AANES), encabezada por los kurdos, como también desde las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), denuncian casi diariamente los ataques y violaciones a los derechos humanos cometidos por los cruzados enviados por Erdogan. Ahora, Turquía redobló los bombardeos contra la ciudad de Ain Aissa, con el fin de tomar el control de otra zona más del Kurdistán sirio.

La semana pasada, la AANES difundió un comunicado en el que expresó que Ankara sigue lanzando bombardeos contra la región pese a todos los llamamientos internacionales para que ponga fin a sus incursiones militares. La Administración Autónoma recordó que existen acuerdos, por separado, de Turquía con Estados Unidos y Rusia, para que detenga sus ataques. A su vez, la AANES enfatizó que las fuerzas rusas y estadounidenses en la región deben cumplir sus responsabilidades y detener los avances turcos.

La foto tomada en Serekaniye es una prueba más, entre las cientos que existen, del vínculo ideológico, político y financiero entre el Estado turco y las células de ISIS activas en el norte de Siria. Para Erdogan, la conquista de territorios, bajo la premisa de revivir la “grandeza” del Imperio Otomano, es una parte fundamental de su política exterior. Los kurdos, árabes, asirios, armenios, turcomanos, ya sean musulmanes, cristianos o yezidíes, del norte de Siria lo saben muy bien y por eso lo combaten con las armas que tienen a su alcance. Para el resto del mundo, los crímenes ordenados por Erdogan pesan menos que sus compras masivas de armamento de guerra a Estados Unidos, Europa y Rusia.

leandroalbani@gmail.com

miércoles, 4 de marzo de 2020

La previsible derrota de Turquía en Siria arrastra a la OTAB a su decadencia acelerada



Por José Antonio Egido:

El régimen de los “Hermanos Musulmanes” turco de Erdogan no se metió solo en la guerra a gran escala contra la República Arabe Siria en 2011.
La OTAN había salido euforizada con la facilidad con que había aplastado la República yugoslava de Serbia, la República Sprska de la federación bosnia, el Afganistán ya destruido por sus aliados talibanes y la Yamahiriya Arabe Libia Popular y Socialista (nombre oficial de la Libia revolucionaria liquidada en 2011). Entendió que era el momento de agrupar en Turquía el ejército terrorista que venía organizando desde los tiempos de la “Operación Ciclón” (plan de la CIA para exterminar la República Democrática de Afganistán en los años 80, https://es.wikipedia.org/wiki/Operaci%C3%B3n_Cicl%C3%B3n).



Los planes del Pentágono para invadir Siria e implantar el “Gran Oriente Medio” norteamericano venían de lejos como lo denunció públicamente el general Wesley Clarck del partido demócrata por su rivalidad con sus colegas del partido republicano y no por su amor por la paz (Clarck dirigió los devastadores bombardeos de la OTAN contra la República Federal de Yugoslavia en 1999).

Erdogan y las potencias de la OTAN acordaron trabajar por dos objetivos comunes: aplastar la Revolución árabe de liberación nacional y derrocar la revolución baasista siria, destruyendo la República Árabe Siria y asesinando a su presidente Bashar al Assad.

Turquía desde la caída del campo socialista europeo y la Unión Soviética (1989-1992) ambiciona crear un hinterland propio de tipo semi colonial formado por los países vecinos de Siria, Iraq, Libia, Crimea, Bosnia-Herzegovina, Bulgaria, Turkmenistán, Azerbaiyán, Georgia y Uzbekistán. Los chovinistas turcos ya sean integristas suníes o laicos kemalistas sueñan con dominar nuevamente las antiguas ciudades otomanas de Mosul, Alepo, Homs, Sarajevo, Üsküp (actual Skopje) Beirut, Misrata o El Cairo.

Turquía cooperó plenamente con las fuerzas de la OTAN en desmembrar la Federación socialista yugoslava, colonizar Bosnia-Herzegovina, arrancar Kosovo de Serbia, destruir Libia e instalar un gobierno reaccionario de los “Hermanos” en El Cairo. De manera que no había nada extraño ni inédito en que las bases militares empleadas por la OTAN en Turquía sirviesen para que el servicio secreto turco MIT cooperase con la CIA gringa, el SIS inglés y la DGSE en la preparación y armamento de las bandas de “perros de la guerra” islam fascista veteranos de las aventuras de la CIA en Afganistán, Paquistán, Argelia, Chechenia, Daguestán, Libia, Bosnia, Kosovo, Macedonia, Albania…

Rápidamente la CIA dirigida por el general Petraeus y la Clinton organizó otra operación al comienzo secreta (https://es.wikipedia.org/wiki/Timber_Sycamore) para comprar masivamente armas en las industrias de las actuales colonias norteamericanas que son Croacia, Bulgaria y Ucrania y trasladarlas a los cuarteles de los terroristas en Turquía. Simultáneamente la DGSE francesa a las órdenes del ministro francés de exteriores Fabius y sus colaboradores Eric Chevalier y Jean Pierre Filiu armaban un llamado “Ejército sirio libre” formado por varios miles de desertores sirios rápidamente transformado en otro componente del magma terrorista dominado por los “Hermanos Musulmanes”.

Como en casos anteriores las Petro monarquías criminales del Golfo, Saudíes, Qatar y Emiratos financiaron ampliamente esta y todas las operaciones destinadas a destruir Siria. Y el ISIS inglés se permitió además el lujo profesional de crear desde Estambul un servicio de falso auxilio civil formado por criminales de Al Qaeda y llamado “Cascos Azules” para contribuir a la gigantesca campaña de propaganda destinada a culpabilizar al país agredido, Siria, de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad cometidos en realidad por la horda criminal controlada por la OTAN. Operación de propaganda que fue condecorada por la alcaldesa de Madrid Carmena en abierta confirmación del estercolero ideológico que lleva siendo hace tiempo parte de la “izquierda española”.

La llamada “oposición siria” formada por un grupo de mercenarios financiados por los países de la OTAN y los saudíes estableció en 2011 su cuartel general en Estambul bajo supervisión del MIT turco a la espera de tomar el poder en un Damasco asaltado por los terroristas.

Pero desde 2015 los planes de la OTAN y su socio turco se tuercen cuando Siria empieza a frenar la agresión terrorista con el sacrificio inmenso de su pueblo y la ayuda generosa de Rusia, Hez bolá e Irán.

La actual ofensiva para derrotar, exterminar o expulsar a decenas de miles de criminales encuadrados por el MIT turco y los servicios de la OTAN plantea un dilema angustiante para la OTAN: el fin de su hegemonía en Oriente Medio y la confirmación de su “muerte cerebral” en expresión del presidente francés Macron.
Los escenarios que los estrategas otonianos temen son:
  1. La derrota militar y política de Turquía que se traduzca en un giro estratégico de este país que lo acerque a Rusia, Irán y a la Nación Árabe.
  2. La eventual llegada al poder en Turquía de una coalición de la izquierda y los nacionalistas turcos contrarios a la pertenencia a la OTAN.
  3. El reforzamiento del polo formado por Turquía y Qatar que aumente su enfrentamiento con el régimen saudí y su acercamiento a Irán.
  4. El fin del expansionismo turco en los Balcanes, el norte de Siria, África y Asia Central que ha servido a los intereses norteamericanos para frenar a Rusia.
  5. La derrota de la horda islam fascista que la incapacite para futuras operaciones criminales en Crimea, Ucrania, Cáucaso, Rusia, Irán, Xinjiang chino, Libia o incluso en países aliados que desee desestabilizar llegado el caso como por ejemplo Egipto, Argelia, Marruecos o España.
  6. Un acercamiento pragmático de los kurdos YPG a Siria que los neutralice como agentes de la desestabilización de Siria, Irak e Irán.
  7. El reforzamiento de Rusia como principal potencia geopolítica del Mediterráneo oriental, Oriente Medio, Cáucaso y Norte de África.
  8. El reforzamiento de Irán como principal potencia musulmana regional de Oriente Medio aliada a Rusia, China, Siria e Iraq.
  9. El reforzamiento de Siria que le permita abordar su necesaria reconstrucción, la expulsión de los invasores norteamericanos, el control de sus recursos petroleros y gasíferos y su conversión en nuevo polo del nacionalismo árabe capaz de atraer a Iraq, Egipto, Jordania, Líbano, Palestina, Yemen, Omán y Argelia.
  10. El aislamiento de Israel en la región como resultado de la derrota del terrorismo anti-sirio, de la estrategia de Turquía y de los kurdos YPG, cartas empleadas por la OTAN para debilitar al Eje de la Resistencia.

Todos estos escenarios temidos por el noruego Stoltenberg y los generales de la OTAN, en especial los norteamericanos que son quienes mandan, aceleran no sólo la decadencia de esta alianza sino el declive irreversible de la hegemonía occidental como lo expresa en sus ratos de lucidez el ya citado Macron.

Enlace:
https://elcomun.es/2020/02/28/la-previsible-derrota-de-turquia-en-siria-arrastra-a-la-otan-a-su-decadencia-acelerada/?fbclid=IwAR1eBo-fNfVERbwOCifelSv9USOgOhGhZz-nETrCsZW04LGlKqy3SAQvbPo

edej1747@gmail.com

viernes, 7 de diciembre de 2018

“Chalecos amarillos” hicieron recular a Macron en chancletas


Por Sergio Ortiz:
Franceses pudieron frenar los tarifazos y los argentinos no

El presidente Emmanuel Macron tuvo que retroceder en sus tarifazos. Lo obligaron miles de ciudadanos movilizados en calles y plazas. Una lección para Argentina.

Fueron tres sábados de movilizaciones masivas en ciudades galas, incluida la Ciudad Luz. La primera ocurrió el 17 de noviembre, con 300.000 personas que clamaban contra el previsto aumento del gasoil. La segunda fue el sábado 24, con 110.000 manifestantes. Y la tercera, y a la postre la decisiva, el 1 de diciembre, con menos masividad, pero con ánimos encendidos y combativos, que se manifestaron incluso en lugares íconos de París, como el Arco del Triunfo. Allí los manifestantes pintaron que la protesta triunfaría, reclamando la dimisión de Macron. Eso ofendió al gobierno. La ofensa, claro está, era por el pedido de renuncia, aunque argumentaba la “falta de respeto a lo símbolos de la República”.

Los choques de los manifestantes con la policía fueron fuertes. Gases, golpes y palos fueron repartidos generosamente por los efectivos, que por suerte no contaban con reglamentos para el “gatillo fácil”, estilo Macri-Bullrich. El saldo en muertos habría sido mayor. De la otra parte, además de consignas contra el que califican como el “presidente de los ricos” (otra llamativa coincidencia con su colega argentino), se arrojaron muchas piedras y bombas incendiarias.
En la última protesta hubo 412 detenidos y 133 heridos. Los dos muertos se produjeron en las semanas anteriores, por accidentes con autos, en medio de los cortes.

Si bien la peor parte de los heridos la llevó la gente que protestaba, también los policías recibieron lo suyo. En parte por estos golpes recibidos, y en parte por restos de conciencia social, algunos destacamentos se negaron a reprimir, ganando el aplauso de sus posibles víctimas.
Eso dejó en ridículo al senador Miguel Pichetto, socio de Bullrich en eso de reprimir sin miramientos. Disconforme con la falta de represión policial el sábado 24 cuando se suspendió la final de la Libertadores en Ríver, el senador dijo: “La policía francesa, frente a un evento como este, ¿sabés cómo pega? Pega en serio”.
Es verdad que pega fuerte, como la Policía Federal, pero esa vez los galos se sacaron el casco y no reprimieron.

Lección francesa
Las movilizaciones de los “chalecos amarillos” se mantenía en el país y concitaban el apoyo de más del 70 de la población, según las encuestas. Ese aval era aún mayor en el interior, zonas rurales y ciudades pequeñas, donde su gente necesita usar más el auto para ir a trabajar, comerciar, estudiar, etc. La protesta encarnaba la bronca de esos sectores de la Francia profunda, considerados “ciudadanos de segunda” por esos aumentos de combustibles, sumados a otras medidas perjudiciales para los franceses de amplias franjas sociales, de las pequeñas, medianas y grandes ciudades.
Como suele ocurrir con muchos movimientos sociales, a sus reivindicaciones de origen, en este caso contra el aumento del gasoil y las subas de tarifas de gas y energía, al calor de la confrontación con Macron y sus uniformados, se fueron sumando temáticas más políticas. El corresponsal de Página/12, Eduardo Febbro, escribió que París parecía un revival de Buenos Aires de diciembre de 2001, por la consigna “que se vayan todos”.
La cosa ya no era simplemente por el precio de los combustibles, sino que se incluía un reclamo de aumento de salarios y pensiones, de reponer impuestos a los ricos (tasas diluidas por Macron) y otros asuntos políticos.

Las centrales obreras y sindicatos, golpeados por la reforma laboral macronista, empezaron a apoyar a los “chalecos amarillos” y convocaron a una movilización nacional para el 14 de diciembre por salarios y jubilaciones.
El 3 de diciembre estudiantes en Francia interrumpieron las clases y bloquearon cerca de 100 escuelas secundarias para condenar la reforma educativa y apoyar a los “chalecos amarillos” contra el elevado costo de la vida.

Llegado a ese punto de peligro para su gobierno, endeble ya que las encuestas lo ubicaban con apenas 26 por ciento de imagen positiva, el presidente dio un paso atrás. Ya venía retrocediendo en chancletas desde meses atrás, cuando dos choferes prendieron la mecha del movimiento de “chalecos amarillos”. Macron dio el brazo a torcer, pero, en un gesto que no lo honra, no dio la cara pues mandó a su primer ministro Edouard Philippe a dar un mensaje por televisión.

Así se suspendió por seis meses el aumento de los combustibles y se congeló durante el invierno las tarifas de gas y luz que también iban a aumentar a partir del 1 de enero.
Philippe dijo “ninguna tasa merece que se ponga en peligro la unidad de la nación”. Y admitió: “habría que ser sordo para no escuchar la cólera de los franceses”.

El costo fiscal de esta marcha atrás es de 2.000 millones de euros. Vista la bronca, pero también el sentimiento de victoria que campea en una mayoría de distintas coloraciones políticas, se le hará muy cuesta arriba a Macron aplicar otro ajuste por esa cantidad. Lo estarán esperando con la guardia alta los trabajadores, clases medias, intelectuales, comerciantes, la Francia profunda, etc.

Que no se le ocurra pedir consejo a su amigo Macri, con quien estuvo reunido en el G-20, porque a lo sumo le dirá que pida ayuda a Christine Lagarde y reprima sin miramientos. Lagarde es francesa y ya fue ministra. Y la represión ya se vio que tampoco resulta. Los dos “presidentes de los ricos” se creen altos dioses como Júpiter, pero no dan pie con bola entre los mortales, quienes ponen nubes de distancia con ellos.

Gran lección francesa: la calle puede contra los tarifazos. Acá no se llegó a ese resultado. Para que repasen los políticos argentinos dizque opositores absorbidos por maquinaciones electorales.
ortizserg@gmail.com