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sábado, 13 de junio de 2020

Incendios y cortes de agua: las armas de guerra de Turquía



Por Leandro Albani:

El gobierno del presidente turco Recep Tayyip Erdogan no escatima esfuerzos en su objetivo de destruir la revolución que los kurdos, juntos a otros pueblos, llevan adelante en el Kurdistán sirio (Rojava). Además de los bombardeos aéreos, el fuego de artillería y la invasión militar abierta al norte de Siria, el Estado turco incendia campos cultivados, y corta el suministro de agua a través de las represas que tiene diseminada en su territorio sobre el caudal del río Éufrates.


Los peligros que genera en Rojava esta política punitiva se acrecentaron con la pandemia de coronavirus, de la cual el territorio sirio no es ajeno. La Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria (AANES), que impulsa el autogobierno en la región, solicitó en varias oportunidades ayuda urgente para combatir la Covid-19. Hasta ahora, casi nadie respondió a ese llamado. Al no ser reconocida internacionalmente (aunque controla y administra casi el 40 por ciento del territorio sirio), la AANES sufre un nuevo bloqueo, el embargo de facto que le aplica Turquía y el Gobierno Regional de Kurdistán (norte de Irak). La Organización Mundial de Salud (OMS) negó enviar ayuda a la AANES, por el cual todos los suministros deben pasar por el gobierno central de Damasco.

En marzo de 2018, Turquía invadió el cantón kurdo de Afrin. Luego de dos meses de bombardeos, lo ocupó con sus fuerzas militares y un variopinto grupo de mercenarios y yihadistas, muchos de ellos ex integrantes de Al Qaeda y el Estado Islámico. En octubre pasado, Ankara volvió a la carga y ocupó una franja de unos 200 kilómetros entre las ciudades de Tel Abyad y Serekaniye. En ambos casos, el gobierno turco envió armamento y funcionarios que gobiernan de facto con el apoyo de milicias islamistas. Con la ocupación, en ambas zonas los saqueos de casas e instituciones, el secuestro y asesinato de personas, y los atentados se convirtieron en moneda corriente.

Si todo esto no fuera poco, Turquía trata de ahogar a la población de Rojava con un método medieval: incendiar grandes zonas cultivadas en una zona en donde la agricultura es su principal fuente económica.  El jueves, la agencia de noticias ANHA divulgó un informe en el que afirma que en los últimos meses fueron incendiadas un alrededor de 40.500 hectáreas de trigo y cebada, y 154 hectáreas de olivos. La mayoría de los incendios fueron provocados en los asentamientos situados en la frontera de las zonas ocupadas por el Estado turco.

En declaraciones a ANHA, Selman Barûdo, co-presidenta del Comité de Economía y Agricultura de la AANES, denunció que hasta tres civiles murieron cuando trataban de extinguir el fuego y otros dos resultaron heridos. Según los datos del Comité de Economía y Agricultura de la AANES, el año pasado fueron incendiadas por las fuerzas ocupantes un total de 176.240 hectáreas de tierras cultivadas.

Al mismo tiempo, el gobierno turco utiliza los cortes de suministro de agua para presionar a la población de Rojava. Según la agencia de noticias ANF, el río Éufrates, que cruza el norte de Kurdistán, “está casi completamente bajo control turco debido a un sistema de represas”, por lo cual “Turquía puede modificar a su antojo el flujo de agua” hacia la región.

La afluencia del Éufrates en la actualidad se redujo hasta 150 metros cúbicos de agua por segundo. La agencia ANF recordó que en el acuerdo “firmado entre el gobierno sirio y Turquía en 1977, se determinó un mínimo de volumen de 500 metros cúbicos por segundo”. Desde el medio remarcaron que esta situación “no solo restringe la agricultura y el suministro de agua, sino que también crea serios problemas para la generación de electricidad, ya que las plantas de la región no pueden funcionar”.

Sobre el Éufrates existen tres represas en un radio de 600 kilómetros del territorio sirio, siendo el más grande el embalse Tişrîn, situado en la ciudad de Manbij. Del lado turco, hay seis represas, siendo el embalse Ataturk el segundo más grande de su clase en Medio Oriente, con la capacidad de almacenar aproximadamente unos 48 mil millones de metros cúbicos de agua.

Frente al panorama actual, Mihemed Tarbuş, director del embalse Tişrîn, advirtió que “reducir la cantidad de agua desde Turquía puede ser peligroso para las represas. Si continúa así, se volverá una amenaza en unos dos meses”.

Otra arma de guerra de Turquía para reforzar la ocupación de varias zonas de Rojava, es el cambio demográfico de la población originaria de la región. El lunes, la copresidenta de Consejo Democrático Sirio (MSD) Ilham Ahmed se refirió a este tema durante una reunión en el barrio autónomo de Sheikh Maqsoud, en la provincia de Alepo. La cotitular del MSD –uno de los principales órganos de autogobierno dentro de la AANES- recordó que “ciento de miles” de personas fueron desplazadas por la invasión turca. Ahmed recordó que el Estado turco intenta “completar su proyecto de asentamiento, que está cambiando la composición de la población en la región y destruyendo la identidad histórica de la zona”.

Sólo en Afrin, unas 250.000 personas fueron desplazadas de manera forzosa luego de la invasión de Turquía, la mayoría de las cuales se encuentran en campamentos de refugiados en la zona de Shehba, sobreviviendo de manera crítica pese a la asistencia de la AANES. La metodología de Turquía es expulsar a los pobladores y reemplazarlo por familias enteras de grupos yihadistas, incluido el Estado Islámico (ISIS).

Por ahora, y más allá de las denuncias realizadas por la AANES, ni a la Organizaciones de Naciones Unidas (ONU) ni a ninguna potencia mundial le interesa demasiado molestar a Erdogan y sus planes militares de destrucción y expansión.
leandroalbani@gmail.com


miércoles, 23 de octubre de 2019

Kurdos denuncian que fuerzas turcas utilizan armas químicas en Rojava

Por Leandro Albani:

Se multiplican las denuncias contra el gobierno turco por utilizar armas prohibidas en la invasión contra el Kurdistán sirio, que ya le costó la vida a más de 200 civiles.

El 17 de octubre pasado, el doctor Faris Hemo, que trabaja en el hospital público de la ciudad Haseke, en el norte de Siria, denunció que las fuerzas militares turcas que invaden el Kurdistán sirio (Rojava) utilizaron armas prohibidas contra la población civil. La denuncia del médico fue realizada nueve días después de que el presidente Recep Tayyip Erdogan –con el beneplácito de Estados Unidos y Rusia- desatara la operación “Primavera de Paz” contra el territorio gobernando por la Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria (AANES). Miles de soldados turcos, junto a la aviación de combate y tanques de guerra –respaldados por otros tantos miles de mercenarios del Frente Al Nusra (Al Qaeda en Siria), el Ejército Libre Sirio (ELS) y los resabios del Estados Islámico (ISIS)-, cruzaron la frontera y comenzaron un matanza sistemática de civiles, incluidos niños y niñas.


En declaraciones a la agencia de noticias ANHA, Faris Hemo confirmó que en el hospital de Haseke trataron a decenas de civiles con “quemaduras de un tipo diferente”. “A pesar de que no podemos establecer exactamente qué arma ha causado estas quemaduras, podemos decir que el Estado turco ha utilizado armas químicas”, agregó el médico.

Luego de esta declaración, Aldar Xelil, miembro del Consejo Ejecutivo del Movimiento de la Sociedad Democrática (TEV-DEM), afirmó que en la ciudad de Serekaniye –ahora ocupada por las fuerzas turcas y sus mercenarios aliados- se usaron “armas prohibidas que contienen fósforo blanco y napalm”.

La propia agencia de noticias del Estado sirio, SANA, denunció que “se registraron varios casos de civiles que sufrieron quemaduras graves, que probablemente podrían ser a consecuencia de sustancias químicas en un bombardeo turco en la ciudad de Ras Ain (Serekaniye) al noroeste de la provincia de Haseke”. La agencia agregó que es posible que las heridas de los pobladores “sean resultantes de un bombardeo en el que el régimen turco empleó bombas con sustancias químicas aún no conocidas”.

Dos días después de las denuncias del doctor Hemo, la agencia AHNA publicó un video en el que se puede ver a varios heridos por los bombardeos turcos en Serekaniye. Las imágenes, según la agencia de noticias, muestran “a civiles con heridas aparentemente causadas por fósforo blanco, lo que demuestra el uso de armas no convencionales por parte del ejército turco”.

El domingo pasado, desde el Consejo Democrático Sirio (MSD, que integra la AANES) denunciaron públicamente que, según informes médicos a los que tuvieron acceso, varios heridos presentaron “quemaduras desconocidas”, por lo que demandaron una “investigación por parte de autoridades internacionales especializadas en armas prohibidas” por las leyes y estatutos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

El mismo día que se conoció la denuncia del MSD, periodistas de las agencias de noticias Jin News, Mesopotamia (MA) y ANHA que se encuentran en el terreno alertaron sobre la utilización por parte de Turquía de armamento químico. Nazim Dastan, de MA, publicó un video donde se observa humo blanco que se eleva en el centro de la ciudad de Gire Spi y en sus alrededores. En el video, grabado el 13 de octubre al mediodía, Dastan relató: “Es la primera vez que veo una sustancia blanca y humo blanco. Después del bombardeo, me dirigí al centro de la ciudad para ver el cuerpo de un civil quemado y reducido a cenizas”.

Foza Yusif, integrante de la Junta Ejecutiva del TEV-DEM, explicó que los médicos de la zona llevarán a cabo exámenes para comprobar si los civiles fueron alcanzados por armas prohibidas. La dirigente kurda remarcó la necesidad de que expertos de Médicos Sin Fronteras (MSF) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) también efectúen exámenes en los cuerpos sin vida o en personas heridas por los bombardeos de Turquía.

“La opinión pública mundial debería ver cómo el presidente turco Recep Tayyip Erdogan perpetra un genocidio”, aseveró Yusif, que agregó que la utilización de armas prohibidas intenta “romper la resistencia” de los pueblos de Rojava.

El flagelo de las armas químicas contra el pueblo kurdo no es una novedad. A principios de 2018, cuando Turquía lanzó la operación militar contra el cantón kurdo de Afrin, también en el norte de Siria, las autoridades regionales denunciaron que la aviación lanzaba bombas químicas. Desde marzo de ese año, Afrin se convirtió en una región controlada con mano de hierro por mercenarios islamistas, donde los secuestros de pobladores, el saqueo de propiedades, el asesinato de mujeres y las leyes más ortodoxas y reaccionarias, imperan por las calles.

Entre 1986 y 1989, el entonces presidente de Irak, Sadam Husein, lanzó la Campaña Anfal contra los kurdos del norte del país. El 16 de marzo de 1988, las fuerzas iraquíes atacaron la ciudad de Halabja, de mayoría kurda, con gas mostaza. El saldo fue de casi cinco mil pobladores asesinados, la mayoría mujeres y niños. En la trama de este ataque mortal estuvo impicado Alí Hasán Al Mayid, primo de Sadam Husein y conocido mundialmente como “Alí El Químico” o “El Carnicero de Kurdistán”.

Frente a las recientes denuncias del uso de armas prohibidas en el norte de Siria, el gobierno turco negó las acusaciones. El ministro turco de Defensa, Hulusi Akar, aseguró que su ejército “no tiene armas químicas en su arsenal” y, sin sonrojarse, acusó a las Unidades de Protección del Pueblo (YPG) de “usar armas químicas para luego acusar a Turquía”.

Ante las crecientes denuncias, la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) anunció el último viernes que “estaba al tanto de la situación y está recopilando información sobre el posible uso de armas químicas”. Por su parte, la Media Luna Roja Kurda indicó en un comunicado que seis pacientes estaban hospitalizados en Haseke con quemaduras por “armas desconocidas”, y trabajaban para evaluar qué tipo de armamento se había utilizado. En tanto, Amnistía Internacional denunció que existen “pruebas irrefutables de crímenes de guerra y otras violaciones cometidas por las fuerzas turcas y sus aliados” en el norte de Siria.

La invasión turca a Rojava ya dejó a más de 300 mil personas desplazadas, más de 200 civiles muertos y cientos de heridos, muchos de ellos con mutilaciones producidas por los bombardeos. Por si esto fuera poco, todos los días se viralizan videos en las redes sociales donde se pueden observar a los mercenarios que acompañan al ejército turco torturando o directamente masacrando pobladores, como fue el caso de la secretaria general del partido Siria Futura, Hevrin Khalaf, de 35 años, fusilada junto a su chofer cuando fueron emboscados por un grupo de yihadistas.

Aunque Estados Unidos negoció con Erdogan un alto el fuego de cinco días, las fuerzas turcas continuaron atacando las ciudades de Rojava. Ayer, el portavoz de las FDS, Redur Xelil, aseveró que el Estado turco no cumplió el alto el fuego declarado el 18 de octubre, y que violó esa medida 37 veces, con 10 ataques aéreos y 27 terrestres. Todo esto, pese a que las FDS se retiraron de Serekaniye como se había acordado.

La invasión que sufren los pueblos del norte de Siria tiene a Turquía como punta de lanza. Detrás de los soldados turcos y los mercenarios islamistas, Estados Unidos y Rusia observan sin hacer demasiado y calculan el debe y el haber de congraciarse con Ankara. No les interesa que las FDS hayan derrotado a ISIS, o que a través de la AANES se construya una sociedad multi confesional y multiétnica, donde se respetan los derechos de las mujeres, y en un territorio que, durante mucho tiempo, fue un oasis de paz en Siria. Si la utilización de armas químicas se comprueba, el presidente turco no sólo será recordado como “El Sultán”, sino que también será llamado “Erdogan, El Químico”.

leandroalbani@gmail.com

miércoles, 9 de mayo de 2018

ISIS Orígenes y decadencia del ejército del terror


Por Leandro Albani: 
Las particularidades del Estado Islámico (ISIS) marcaron, y todavía marcan con fuerza, la realidad de Medio Oriente. El grupo terrorista, liderado por el autodenominado califa Ibrahim (también conocido como Abu Bakr Al Baghdadi), irrumpió como un tornado a mediados de 2014 en la ciudad de Mosul, en el norte de Irak. Cuando los integrantes de ISIS arribaron a la segunda ciudad iraquí en importancia y principal productora de hidrocarburos del país, la resistencia del ejército nacional se esfumó en pocas horas, al mismo tiempo que un puñado de yihadistas tomaban el control de los pozos petroleros y saqueaban los bancos, consiguiendo un botín millonario.



A partir de ese momento, el avance de ISIS sobre Irak y Siria fue imparable. Bajo el argumento de crear un Califato que reúna a todos los musulmanes, y esgrimiendo un discurso de guerra contra Occidente y los regímenes nacionales, los seguidores de Al Baghdadi trasformaron los territorios bajo su control en feudos en los cuales las masacres y el pillaje se convirtieron en hechos diarios e impactantes.

ISIS es considerado el grupo terrorista que tuvo el mayor control territorial y un poderoso capital financiero nunca antes visto. Como escisión de Al Qaeda, el Estado Islámico no sólo rompió con la agrupación creada por Osama Bin Laden y que se posicionaba como “referente” en la lucha contra el mal occidental, sino que apostó (y por momentos lo logró) a controlar extensas franjas territoriales.

ISIS no fue una anomalía en Medio Oriente. Las sucesivas invasiones externas y crisis que atravesó la región se convirtieron en un caldo de cultivo para modelar a una diversa gama de organizaciones que -pese a las críticas de la propia comunidad musulmana- se posicionaron como referentes puros del Islam y como opción a la debacle estatal de una vasta zona habitada por pueblos de distintas nacionalidades, en la cual los árabes son mayoría.

Ubicar el porqué del nacimiento de ISIS nos retrotrae a la invasión soviética a Afganistán (1978-1992). Cuando Moscú ordenó el ingreso de sus tropas en los valles afganos para defender a un gobierno que estaba bajo su órbita, Estados Unidos, Pakistán y Arabia Saudí iniciaron un incasable trasiego de armamento y dinero para que los denominado “señores de la guerra” y jefes tribales musulmanes combatieran al Ejército soviético. Anticomunistas y defensores de un Islam ultra ortodoxo y conservador, los señores de la guerra les dieron estocadas mortales a las tropas rusas. Cuando la URSS se retiró de Afganistán, el desgobierno se apoderó el país. Pakistán y las monarquías del Golfo Pérsico, con el beneplácito de Washington, comenzaron a azuzar a los Talibán, quienes desde el lejano Kandahar fueron tomando el control del país bajo el mando del misterioso Mulá Omar, hasta llegar al poder en 1996.

Hasta los atentados a las Torres Gemelas y el Pentágono en septiembre de 2001, para Estados Unidos los Talibán eran un problema, pero al mismo tiempo intentaban negociar con su gobierno, aunque las denuncias de violaciones a los derechos humanos crecían día a día en Afganistán. Cuando la administración de George W. Bush definió que el principal enemigo de Estados Unidos era el “terrorismo internacional”, la Casa Blanca desató la invasión militar sobre territorio afgano, destruyendo todavía más a un país sumido en la miseria y la represión.

Con la invasión a Irak dos años más tarde, los grupos armados irregulares, con una concepción que mezclaba una lectura bastante pobre del Islam y la obtención de millones de dólares de saqueos, secuestros y “donadores” árabes, comenzaron a multiplicarse, al mismo tiempo que Al Qaeda se transformaba en el enemigo público número uno, pese a las comprobadas relaciones con Arabia Saudí y Qatar y el pasado apoyo estadounidense.

La invasión a Irak definió el futuro de Medio Oriente. Los remanentes estatales, nacidos al calor del nacionalismo árabe, tuvieron su debacle final. Los pueblos de los países atacados, sobre todo los musulmanes sunitas, en muchos casos se resguardaron en las tribus y en el Islam ante la destrucción total, no solo del Estado, sino de sus culturas milenarias, planeada por los ocupantes. De esta manera, Irak se convirtió en una cantera de yihadistas y mercenarios que se cobijaron en el temor de los pueblos para “proponer” un proyecto difuso, pero que, según ellos, tenía sus profundas raíces en la pureza de la religión islámica.

En el siglo XXI, esta concepción fue llevada a su punto máximo con ISIS. Ante la decadencia de los estados-nación de Medio Oriente, ISIS convocó a crear un Califato entre Bagdad y Alepo, donde todos los musulmanes serían bienvenidos. ISIS también jugó con el caos en la región prometiendo paz y tranquilidad luego de varias décadas de guerras e invasiones. Además, construyó un discurso mediático anti-occidental y anti-estadounidense que en muchos pueblos de Medio Oriente existe hace años debido a los sufrimientos que Washington y sus aliados deparan a la región. Por supuesto, ISIS no cumplió ninguna de estas promesas. Sus principales víctimas fueron los musulmanes, no sólo chiítas, sufíes o yezidíes, sino también los propios sunitas. Los territorios controlados por el Estado Islámico se transformaron en cárceles a cielo abierto, en donde la principal preocupación de los mercenarios fue robar obras de arte milenarias, esclavizar mujeres, traficar con petróleo y seguir recibiendo dinero y armamento desde el exterior. La postura anti-occidental de ISIS cayó en saco roto al seguir el mapa de su financiamiento, que lleva a Arabia Saudí y Turquía, aliados incondicionales de Estados Unidos.

Por estos días, el Estado Islámico está prácticamente derrotado en el plano militar en Irak y Siria. Su ideología, que mezcla las concepciones más retrógradas del Islam y los peores métodos del capitalismo, se mantiene latente. Apuntar hacia los centros de poder que profesan esa ideología es, tal vez, la medicina más concreta para derrotar a organizaciones de este tipo.  
 (https://www.revistacrisis.com/debate/isis-origenes-y-decadencia-del-ejercito-del-terror)
leandroalbani@gmail.com