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miércoles, 7 de octubre de 2020

Turquía: mercenarios for export

 Por Leandro Albani:

Los conatos de guerra que suenan desde el fin de semana pasado entre Armenia y Azerbaiyán, desatados por el control de la región autónoma de Nagorno Karabaj, se convirtieron en una nueva excusa para el gobierno turco del presidente Recep Tayyip Erdogan para demostrar su capacidad militarista y, al mismo tiempo, dar un paso más en sus políticas de expansión y ocupación territorial.

El mandatario, que busca a toda costa “revivir” el esplendor del Imperio Otomano, es un estrecho aliado del presidente azerí Ilham Alíev. Sabe que esa relación es un puente perfecto para atacar a Armenia, uno de sus principales enemigos en la región. Erdogan, quien mantiene una postura férrea de negación del genocidio armenio, en los últimos meses dejó en claro que Turquía y Azerbaiyán se encuentran fundidos, con variaciones terminológicas, en el histórico lema del nacionalismo turco: del viejo “una nación, un Estado, una patria”, en estos días Erdogan utiliza el moderno “dos estados, una nación”, para justificar que turcos y azeríes son una “raza superior” que busca conquistar la región.

El presidente de Nagorno Karabaj, Arayik Harutyunyan, resumió la actual situación: “No es Azerbaiyán sino Turquía quien está luchando en Nagorno-Karabaj”. Sobre esta nueva guerra, el periodista colombiano y especialista en Medio Oriente, Víctor de Currea-Lugo, escribió recientemente: “El conflicto refleja el viejo problema de querer imponer estados-naciones, homogéneamente culturales, negando la realidad del terreno, como sucede en el caso kurdo. Los nacionalismos y las discriminaciones étnicas y culturales aumentan la tensión, como sucedió en la antigua Yugoslavia. Un cese al fuego no es garantía de paz”.

De forma concreta, Currea-Lugo sintetizó: “Mientras Rusia y Turquía se alían para controlar a los kurdos en el norte de Siria, aquí son enemigos. Por su parte, Rusia vende armas a los dos. Azerbaiyán suministra hidrocarburos a Europa, lo que sería la principal preocupación europea en este conflicto. Hoy día, ningún Estado reconoce a Alto Karabaj como Estado independiente. Así, como en otras guerras, la agenda local termina absorbida por intereses internacionales, los derechos de los civiles no cuentan y el ajedrez internacional vuelve a los pueblos del Cáucaso simplemente peones”.

Alerta mercenarios

En medio de este conflicto bélico en puertas, el Estado turco echó mano a una de sus principales armas: el traslado de miles de mercenarios desde Siria hacia Azerbaiyán, para que respalden al ejército de ese país contra Armenia. 

Esta política no es nueva: ya la viene aplicando en el Kurdistán sirio (Rojava, norte de Siria) y en Libia. Mientras el gobierno utiliza los “enjambres de drones” para bombardear de forma masiva en esos territorios, los mercenarios –muchos de ellos ex combatientes de Al Qaeda y el Estado Islámico (ISIS)- conforman la fuerza de choque en la regiones asediadas u ocupadas ilegalmente.

A los pocos días de iniciados los enfrentamientos militares entre los ejércitos de Ereván y Bakú, el embajador armenio en Rusia, Vardán Toganián, aseveró que al menos 4 mil mercenarios estacionados en el norte de Siria fueron enviados hacia Azerbaiyán. En declaraciones a la agencia de noticias Sputnik, el diplomático aseguró que los mercenarios “ya están combatiendo del otro lado (de Azerbaiyán). Los preparan en campamentos de militantes y los trasladan allí”. Por su parte, la cancillería armenia denunció que “según la información de las fuentes fiables, Turquía recluta a combatientes terroristas extranjeros y los envía a Azerbaiyán. Al mismo tiempo, las autoridades más altas de Turquía brindan apoyo político y propagandístico a Azerbaiyán”.

El 28 de septiembre, la agencia Reuters publicó los testimonios de dos mercenarios trasladados a Azerbaiyán. Ambas personas contaron que su traslado fue coordinado por Ankara. Uno de ellos, que según Reuters integra el grupo terrorista Ahrar Al Sham, afirmó: “No quería ir, pero no tengo dinero. La vida es muy dura y pobre”. Los dos mercenarios coincidieron en que sus comandantes, integrantes del Ejército Nacional Sirio (ENS, respaldado por Turquía) les prometieron un salario mensual de 1.500 dólares. El otro de los mercenarios, que forma parte de la milicia Jaish Al Nukhba, afiliada al ENS, dijo a la agencia que al menos mil combatientes serían enviados a Azerbaiyán.

Otras confirmaciones

El mismo día que Reuters difundía estos testimonios, el diario británico The Guardian publicó un extenso artículo firmado por su corresponsal en Estambul Bethan McKernan, en el que denunció el traslado de mercenarios por parte de Turquía. “El potencial despliegue es una señal del creciente apetito de Turquía por proyectar poder en el exterior y abre un tercer escenario en su rivalidad regional con Moscú”, estimó el periodista.

The Guardian habló con tres hombres que se encuentran en Siria que se sumaron a grupos y milicias irregulares, “que prometieron trabajar con una empresa de seguridad privada turca en el extranjero”. Dos de estas personas fueron convocadas por un comandante de la división Sultán Murat a un campamento militar en Afrin, una de las regiones kurdas de Rojava, ocupada ilegalmente por Turquía. Según sus testimonios, el comandante les explicó que su “trabajo” consistiría en “proteger los puestos de observación y las instalaciones de petróleo y gas en Azerbaiyán, con contratos de tres o seis meses a 7.000 o 10.000 liras turcas por mes (entre 800 y 1.200 dólares)”. 

Tres días antes de que se desataran los ataques cruzados entre Armenia y Azerbaiyán, la agencia de noticia ANHA denunció que “los mercenarios del Estado Islámico (ISIS), Al Qaeda y otros grupos terroristas, utilizados por el Estado turco contra los kurdos en Siria, y responsables de graves crímenes de guerra y de lesa humanidad, primero fueron enviados a Libia y ahora a Azerbaiyán, en medio del tenso conflicto que tiene el gobierno de ese país con Armenia”.

En ese momento, el medio de comunicación kurdo reveló que al menos 50 miembros de la división Sultán Murat, que opera en Afrin, fueron enviados a Azerbaiyán. Además, publicó el nombre de 41 de los mercenarios. A su vez, se indicó que el plan contemplaba enviar 150 combatientes a sueldo a Azerbaiyán y que, en agosto pasado, Turquía ya había trasladado 275 mercenarios de diferentes organizaciones terrorista. En julio, ANHA había denunciado que el gobierno se encontraba organizando el envío de mercenarios que operaban en la provincia siria de Idlib, donde Turquía tiene una presencia importante con decenas de puestos militares y relaciones fluidas con buena parte de los grupos terrorista que controlan la zona.

El 30 de septiembre, quien confirmó la presencia de mercenarios fue el gobierno ruso. En un comunicado, el Kremlin señaló: “Según informaciones recibidas, a la zona del conflicto de Nagorno Karabaj están llegando integrantes de grupos armados ilegales procedentes, en particular, de Siria y Libia, con el objetivo de participar directamente en los combates”. La cancillería de Rusia manifestó su preocupación por este hecho, ya que “conducirá no solo a una escalada mayor de las tensiones en la zona del conflicto, sino que creará amenazas de largo plazo para todos los países de la región”. Moscú llamó “a los dirigentes de todos los países interesados a tomar medidas efectivas para evitar el uso de terroristas extranjeros y mercenarios en este conflicto y garantizar su retirada inmediatamente de la región”.

Cuando se traza una línea de la política turca entre Rojava, Libia y ahora Azerbaiyán, se observa con claridad cuáles son las intenciones del gobierno de Erdogan. Sin respetar las leyes y convenciones internacionales, generando el desplazamiento forzado de miles de personas, aplicando un sistema de cambio demográfico para partir territorios, tanto en lo material como en lo humano, y cometiendo o avalando un sinfín de crímenes de guerra, como lo denunció en varias oportunidades Naciones Unidas, Turquía avanza como una mancha oscura en Medio Oriente y el Cáucaso. Un avance peligrosamente similar al que hace apenas unos años atrás soñaba los yihadistas del Estado Islámico.

leandroalbani@gmail.com

viernes, 4 de septiembre de 2020

ISIS: Diez mil bombas de tiempo en Irak y Siria



Por Leandro Albani:
A finales de agosto, el jefe de la Oficina de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) contra el Terrorismo, Vladimir Voronkov, volvió a encender las alarmas sobre las acciones del Estado Islámico (ISIS) en Irak y Siria. Desde 2014, el Califato comandando hasta su muerte por Abu Bakr Al Baghdadi supo construir en esos países una maquinaria militar, administrativa y represiva que abarcó desde Mosul hasta Raqqa, controlando la vida y la muerte de entre ocho y diez millones de personas.


En declaraciones públicas, Voronkov aseguró que en la actualidad ISIS cuenta con al menos 10.000 combatientes y que el grupo terrorista –el más grande y poderoso en el siglo XX y lo que va del XXI– está creciendo en las zonas donde mantuvo un férreo control territorial. El funcionario de la ONU agregó que la pandemia del coronavirus podría facilitar, a largo plazo, el reclutamiento de nuevos mercenarios para sus filas.

Voronkov explicó que en los últimos meses la amenaza de ISIS decreció en Europa, pero aumentó en otras latitudes, principalmente en Medio Oriente, aunque el grupo terrorista tiene organizaciones afiliadas en Afganistán, África y en el Sudeste Asiático.
Desde el organismo internacional advirtieron que el Estado Islámico opera cada vez con más confianza y de forma abierta a través de pequeñas células, luego de su derrota militar en marzo de 2019, en la aldea de Baghouz, en la provincia siria de Deir Ezzor, en la frontera con Irak.

La derrota
Un total de 11.000 milicianos y milicianas de las Unidades de Protección del Pueblo (YPG/YPJ) y de las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) cayeron en combate contra ISIS en apenas cuatro años. Esas fuerzas de autodefensa, encabezadas por los kurdos del norte de Siria, se encargaron de perseguir a los mercenarios del Estado Islámico hasta los últimos reductos de Baghouz. Las batallas finales contra ISIS fueron demoledoras y sangrientas, sobre todo porque los yihadistas utilizaban a los pobladores de la aldea como escudos humanos. Y por esa razón, esa última batalla duró más de un mes. Desde la comandancia de las FDS –apoyada por los ataques aéreos de la Coalición Internacional (CI), conformada por más de 70 países–, trataron de cuidar vidas y, mientras liberaban pequeñas porciones de la aldea, trasladaron a los habitantes a lugares seguros.

Con la derrota en Baghouz y los golpes recibidos por parte del Ejército Árabe Sirio y sus aliados militares rusos, iraníes y de Hezbollá, como también por las fuerzas armadas iraquíes respaldadas por Estados Unidos, ISIS mutó de una organización centralizada y férrea hacia el reagrupamiento de pequeñas células escondidas en territorios pocos poblados o en grandes extensiones desérticas. La muerte de su líder Al Baghdadi en octubre de 2019 durante un operativo estadounidense (con la colaboración de las FDS) en la provincia siria de Idlib mostró los últimos estertores de ISIS como lo conocíamos.

Pero la vitalidad de ISIS no reside únicamente en su poderío militar. La ideología extrema que profesa –derivada del wahabismo saudí– es el verdadero peligro para Medio Oriente. Con el apoyo financiero de la monarquía de Arabia Saudí, en un principio ISIS sembró un pensamiento conservador, patriarcal y reaccionario en los sectores sociales más castigados por los regímenes iraquí y sirio. Aunque la mayoría de las víctimas fueron los propios musulmanes sunitas que el Califato decía representar y proteger, ISIS encontró en esa población el caldo de cultivo para crecer y propagarse con la rapidez de la pólvora encendida.

Hijos de Al Qaeda, hermanos de Erdogan
El Estado Islámico no fue una anomalía en Medio Oriente. Los integrantes del Califato fueron financiados y azuzados por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos (EAU) y tolerados por Estados Unidos y las potencias europeas cuando todavía ISIS era un conglomerado de mercenarios y grupos que habían hecho sus bautismos de fuego en el Irak post-Sadam Husein.

Mientras las posiciones de ISIS caían como un dominó, el apoyo a los yihadistas derivó desde las monarquías del Golfo Pérsico hacia Turquía. Por estos días, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan es el principal sostén de los grupos terroristas con presencia en territorio sirio. En un sinfín de investigaciones y denuncias, Ankara aparece, una y otra vez, como la encargada de brindar logística y dinero a los mercenarios. En los últimos meses de vida de ISIS como una estructura rígida y con aspiraciones de control territorial masivo, el gobierno turco se encargó de acoger a miles de terroristas que, luego de cortar sus barbas, trasladó hacia otras regiones sirias y los sumó a organizaciones irregulares armadas. En la provincia de Idlib, el cantón kurdo de Afrin y las ciudades de Serekaniye, Al Bab y Tel Abyad, Turquía armó los grupos terroristas que hoy ocupan esos territorios de forma ilegal.

En mayo de este año, Robin Fleming, investigador del Centro de Información de Rojava (RIC), explicó que los ataques de los grupos respaldados por Turquía, muchos de ellos conformados por ex combatientes de ISIS, demuestran que después de la invasión turca de zonas del norte de Siria “estos grupos proxy todavía tienen presencia” fuera “de las zonas ocupadas, y todavía ponen en peligro la estabilidad de la región”.

El investigador agregó: “Todo esto indica una evolución continua en las tácticas de ISIS. Ya no se trata simplemente de causar estragos y reclamar tantas vidas como sea posible. Ahora, en cambio, ISIS está apuntando quirúrgicamente a las personas conectadas a la AANES y a las FDS, utilizando los recursos restantes que tengan para el máximo efecto”.

Aunque pocos gobiernos hicieron algo concreto para detenerlo, las imágenes del Estado Islámico que conmovieron al mundo ya fueron olvidadas en la urgencia de la historia. Pero los seguidores del Califato continúan activos, respirando el aire de las injusticias que atraviesan a Medio Oriente, el cual les permite propagar una ideología radicalmente intolerable y que apuesta a una organización social en donde confluyen las peores características del feudalismo y el capitalismo.
leandroalbani@gmail.com


sábado, 28 de marzo de 2020

Erogan la otra pandemia que arrasa en Turquía



Por Leandro Albani:
El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, nunca pierde el tiempo. Ante cualquier posibilidad que le presente la realidad mundial, redobla sus políticas represivas contra las minorías étnicas en su país, especialmente, los kurdos.

En medio de la pandemia del coronavirus, el mandatario ordenó la destitución de otros ocho alcaldes y alcaldesas de municipios gobernados por el Partido Democrático de los Pueblos (HDP), la tercera fuerza política del país que representa al pueblo kurdo, a las minorías étnicas y a organizaciones de izquierda y progresistas turcas.


La medida tomada por Erdogan no es nueva. Desde el 31 de marzo de 2019, cuando se efectuaron las elecciones regionales en Turquía, el Ejecutivo redobló su persecución contra el HDP y a todo que oliera a oposición. En esos comicios, el gobernante Partido Justicia y Desarrollo (AKP) de Erdogan perdió la alcaldía de Estambul, la más importante del país. Debido a los resultados adversos, la Comisión Electoral Suprema anuló las elecciones, que se repitieron en junio, donde el AKP volvió a ser derrotado. Para esos últimos comicios, la victoria se la llevó otra vez el Partido Republicano del Pueblo (CHP), que contó con el apoyo abierto del HDP.

Los nuevos municipios intervenidos son Batman (la ciudad central, de la provincia homónima), Silvan, Ergani, Lice y Egil (cuatro distritos de la región de Diyarbakir), Güroymak (distrito de Bitlis), Gökçebag (ciudad in Siirt) y Halfeli (ciudad in Igdir). Incluyendo estos últimos, el gobierno turco ya despojó al HDP de 32 municipios, en los que nombró de forma arbitraria interventores. Esta cifra –que, por lo visto, no conmueve a nadie en el mundo- no incluye a otros seis alcaldes electos, pero a los cuales se les negó asumir sus funciones.

En todos los casos, los alcaldes y alcaldesas destituidos son acusados de “pertenencia a una organización terrorista”, argumento que utiliza Erdogan para vincularlos con el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), organización político-militar con más de cuatro décadas de vida, que el Estado turco considera ilegal.

El gobierno de Erdogan mantiene varios frentes abiertos que, con la crisis generada por el coronavirus, tendrán que ser seguidos de cerca. Hacia afuera, mantiene tropas y sostiene a grupos terroristas (muchos de ellos integrados por ex combatientes del Estado Islámico) en la provincia siria de Idlib y en el norte y el este de Siria. El cantón kurdo de Afrin (invadido en marzo de 2018) y una franja importante de la frontera común, con epicentro en la ciudad de Serekaniye (ocupada en octubre del año pasado), representan la principal avanzada de Ankara en su plan de extensión territorial, basada en los sueños neo-otomanos de Erdogan. Hacia adentro, antes del coronavirus, Turquía transitaba una sostenida crisis económica, con un desempleo masivo y una inflación que el Ejecutivo no puede controlar.

La persecución y la represión desatada desde el Estado pueden resumir ambos frentes, y, si bien son una constante desde la conformación de la República turca en 1923, en esta última década, Erdogan se encargó de perfeccionar esas herramientas punitivas.

El miércoles pasado, desde el HDP, fueron categóricos al afirmar en un comunicado que “el gobierno turco usa el clima de la pandemia como una oportunidad para poner en marcha las formas más malignas de represión contra las instituciones democráticas kurdas, concretamente, sus municipios, haciendo todavía más complicado para los kurdos combatir el coronavirus”.

Con respecto a las intervenciones del lunes, el partido explicó que “no hay ninguna orden judicial para estas nuevas detenciones y nombramientos de fideicomisarios (interventores). Los cargos presentados contra nuestros alcaldes tampoco son sorprendentes: apoyo al terrorismo”.

En el HDP, expresaron que, por estos días, “además de contra el coronavirus, estamos luchando simultáneamente contra otro virus: el del autoritarismo racista contra los kurdos y su voluntad democrática”. “Este virus del autoritarismo racista es también un grave problema de salud pública y estamos comprometidos a sobrevivirlos a ambos”, agregaron desde el partido.

Por su parte, el diputado y vicepresidente del HDP, Garo Paylan, presentó, el martes, un paquete de medidas económicas para paliar la crisis. Entre los puntos más destacados, se encuentran la suspensión del pago de alquileres, intereses de créditos bancarios; la prohibición de despidos y la gratuidad de los servicios básicos, además de un apoyo concreto a las pequeñas y medianas empresas. Paylan también comunicó que las compañías que terminaron sus operaciones deberían proporcionar a los empleados vacaciones pagas y todos los ingresos tributarios tomados de los trabajadores deben ser cubiertos por el Estado. Entre otros puntos, el HDP propuso que las mujeres de bajos ingresos -que son trabajadoras precarizadas, de limpieza o madres solteras- deben recibir un apoyo directo de ingresos.

Ante la situación que vive el país, una veintena de organizaciones de derechos humanos demandaron que el gobierno aplique medidas urgentes para proteger a los presos y a las presas del coronavirus. En una declaración conjunta, las agrupaciones indicaron que, en las cárceles turcas, hay aproximadamente 300 mil detenidos y detenidas, generando una superpoblación extrema. Las organizaciones exigieron que todos los presos en prisión preventiva y los condenados únicamente por ejercer su libertad de expresión sean liberados incondicionalmente.

Aunque el gobierno turco anunció medidas, todavía no se pronunció sobre la situación de los casi cuatro millones de refugiados y refugiadas que se encuentran en el país, luego de firmar con la Unión Europea (UE) un acuerdo millonario para retenerlos y que no crucen las fronteras. En las últimas semanas, este acuerdo comenzó a resquebrajarse debido a la presión de Erdogan para que la UE desembolse más dinero, por lo cual su administración ordenó liberar las fronteras, por lo cual miles de personas se precipitaron para cruzar hacia Grecia, hecho que desencadenó una dura represión contra los refugiados.

Turquía, con más de 83 millones de habitantes, hasta el momento, tiene -según cifras oficiales del jueves- un total de 75 personas muertas por coronavirus y 3.629 infectados. Mientras se conocía esta noticia, el ejército lanzó una operación militar en las aldeas rurales de Zenge, Kerwes y Licok, en el distrito de Lice, en Amed, en el sudeste del país.

leandroalbani@gmail.com

domingo, 9 de febrero de 2020

La realidad de los pueblos en manos de Trump


Por Diego Olivera Evia:
América latina y Europa bajo la violencia del fascismo

El camino de Trump es gravemente predecible. Su oratoria agresiva contra la prensa alimenta a los fanáticos y cada vez resulta menos improbable que un energúmeno decida convertir esa oratoria de tiranuelo caprichoso en un ataque real contra la vida de los periodistas. Los autócratas no quieren que nadie reprima su voluntad. Trump quiere ajustar la realidad a su deseo y, como vivió el exjefe del FBI, James Comey, demanda la lealtad de los reyes. Callar a quien cuestiona está en el manual de todo autoritarismo.


El ataque de Trump a los medios es trascendente porque erosiona las reglas democráticas de convivencia. Una prensa libre, a disgusto de los gobernantes, es esencial para la salud del debate político y la transparencia de la gestión pública. La prensa, en su tradición más liberal y en un plano filosófico, es un mecanismo de control de las desviaciones del sistema. Socavar al periodismo libre es, en sí, un ataque a la democracia. Si Estados Unidos se define como faro de los valores de Occidente, esas creencias están en crisis con la presidencia del Agente Naranja. Trump es el verdadero enemigo del pueblo estadounidense.

El Partido Republicano, jugando al casino político con cinismo, ha atropellado sus principios por elegir el poder antes que la denuncia de un hombre incompetente para dirigir a la nación más poderosa del planeta. Los elogios del presidente a autócratas como Erdogan o Vladimir Putin relevan de mayores pruebas: el gobierno de Trump entiende la democracia como la realización del deseo del jefe. El mundo sigue, en vivo, el descenso de la nación de Thomas Jefferson a las miasmas hediondas de la degradación moral.

En su discurso de aceptación del Freedom of Press Award, Mason recordó que la libertad de prensa está protegida por la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos. “Esas no son solo palabras en Estados Unidos: es la ley”, dijo. Pero de inmediato recordó que la prensa debe permanecer vigilante ante todo intento de restricción de la libertad de expresión y prensa o socavar el trabajo de los periodistas. “No podemos tomar esos derechos, o la ley que los garantiza, por garantizados”.
Es el presidente de Estados Unidos quien tuerce la verdad y fabrica hechos para inventar una realidad que se acomode a sus necesidades. Trump no detendrá sus ataques pues los hechos contradicen su mundo de fantasías. Y la prensa debe mantenerse haciendo su trabajo, corrigiendo sus errores y reporteando con sinceridad, pidió Mason, “para protegernos de las noticias inventadas o falsas, que de hecho existen y son peligrosas para una democracia funcional”.

La prensa puede y debe combatir el mundo delirante incubado por el cerebro del mandatario de Estados Unidos con una hoja de ruta conocida: el trabajo de siempre.  Evitar las exageraciones, siguió: “No necesitas construir una interpretación satírica de una reunión de gabinete: lo único que necesitas es cubrir la realidad”.
La lista también demanda evitar el resentimiento —reconociendo las acciones acertadas del gobierno—, transparencia y resistencia ante la intimidación, intercambio de experiencias con la prensa de otras naciones. Solidaridad ante el abuso. Y, sobre todo, no cambiar las reglas ni el comportamiento: la única lealtad posible, como ya sabe Trump, es con los hechos.

América latina y Europa bajo la violencia del fascismo
Los fascistas ya no se esconden. Han regresado al centro de la escena con racismo y atentados terroristas en sinagogas, colegios, calles y mezquitas, con artefactos explosivos enviados a políticos opositores y la prensa independiente. O dicho de otro modo: en Europa, Estados Unidos y ahora América Latina, los fascistas ya no maquillan el racismo y la violencia política que definen lo que es el fascismo, sino que en muchos casos ven con satisfacción y expresan su apoyo a líderes populistas como Donald Trump en Estados Unidos o Jair Bolsonaro en Brasil.

Estos líderes populistas han legitimado y también motivado a los fascistas. De hecho, desde el punto de vista de las conexiones entre historia lejana e historia reciente, en los últimos años el populismo ha sido una dimensión esencial de la normalización del fascismo.
Si bien el fascismo y el populismo proponen cosas muy distintas la dictadura el primero; una democracia autoritaria el segundo, fascistas y populistas comparten algunas características vitales: la demonización del adversario, apelan a un pueblo homogéneo y presentan a un líder mesiánico que todo lo sabe y que habla por la mayoría a la que llaman “pueblo”, pero que en realidad solo está constituida por sus seguidores.

Hace pocos años habría sido difícil imaginar este regreso del pasado en las bocas del líder del país más poderoso del mundo o de la democracia más grande de América Latina. Pero negar esta nueva realidad no va a ayudar a comprenderla. Hace falta detenerse a pensar las razones históricas que llevan a esta “normalidad” del fascismo, amamantado y legitimado por líderes populistas de derecha.

El fascismo actúa desde abajo, pero está también legitimado desde arriba. Cuando Bolsonaro despreció a los afrobrasileños o cuando Trump dijo que prefería inmigrantes noruegos a aquellos que venían de “países de mierda” como Haití o países africanos, no solo los fascistas interpretaron que estos líderes compartían con ellos sus valores racistas. Recientemente, Bolsonaro dijo que el Holocausto podía perdonarse y Trump defendió su polémica declaración de que entre los que asistieron a la marcha nazi de Charlottesville había buena gente.

El retorno del fascismo se ha dado en un contexto específico: en democracias que se encuentran en crisis, debilitadas por fenómenos como los referéndums y la corrupción o el hecho de que las elecciones se han vuelto plebiscitos sobre personalidades mesiánicas en las que cada vez hay menos debate de ideas o propuestas. Gracias a esta combinación de factores, el populismo ha encontrado una rendija para vincularse al fascismo e introducirse al sistema democrático para minarlo desde adentro.

Los fascistas sustituyeron la historia y las verdades sustentadas en la demostración empírica por el mito político de su líder. A quienes lucían o pensaban distinto los veían como enemigos de la nación y el pueblo. Por eso, había que perseguirlos, primero, y luego deportarlos o eliminarlos. Según estos fascistas latinoamericanos eso pasaría el “día en que el nacionalismo triunfe como régimen” y en que los “buenos argentinos” sepan “dar el grito: ‘Dios, patria y familia’.

Pero todo ha cambiado ahora que el fascismo ya no está en el pasado como un régimen de poder, sino que incluso ha regresado a la política como compañero de ruta de los nuevos populismos de extrema derecha. Se ve en Brasil, pero también en países como Chile, con el preocupante fenómeno de José Antonio Kast, el llamado “Bolsonaro chileno”, admirador como el brasileño de la dictadura de Augusto Pinochet. O en la Argentina, con bolsonaristas convencidos y políticos bolsonarizados en el gobierno y en la oposición peronista.

Normalizado por líderes como Trump o Bolsonaro y Duterte, en Filipinas, el fascismo también ha vuelto a sus orígenes de violencia extrema como el terrorismo nacional y trasnacional. Pero esto no quiere decir que los fascistas son la mano de obra de los populistas. La situación es más compleja que esto. Se dan muchas veces entre ellos afinidades electivas, y no alianzas concretas.

Recientemente, The New York Times publicó un análisis que revela la forma en que los terroristas fascistas se influyen y legitiman mutuamente a nivel global. El atentado antisemita de abril en California lo prueba: el asesino, admirador de Hitler, fue inspirado por el acto terrorista, también racista, de Nueva Zelanda y también por la masacre de la sinagoga de Pittsburgh hace seis meses, cuyo perpetrador invocó como razón las supuestas “invasiones masivas” de las caravanas de migrantes que Trump había imaginado y denunciado en su cuenta de Twitter.

Periodista, Historiador y Analista Internacional
diegojolivera@gmail.com


miércoles, 23 de octubre de 2019

Kurdos denuncian que fuerzas turcas utilizan armas químicas en Rojava

Por Leandro Albani:

Se multiplican las denuncias contra el gobierno turco por utilizar armas prohibidas en la invasión contra el Kurdistán sirio, que ya le costó la vida a más de 200 civiles.

El 17 de octubre pasado, el doctor Faris Hemo, que trabaja en el hospital público de la ciudad Haseke, en el norte de Siria, denunció que las fuerzas militares turcas que invaden el Kurdistán sirio (Rojava) utilizaron armas prohibidas contra la población civil. La denuncia del médico fue realizada nueve días después de que el presidente Recep Tayyip Erdogan –con el beneplácito de Estados Unidos y Rusia- desatara la operación “Primavera de Paz” contra el territorio gobernando por la Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria (AANES). Miles de soldados turcos, junto a la aviación de combate y tanques de guerra –respaldados por otros tantos miles de mercenarios del Frente Al Nusra (Al Qaeda en Siria), el Ejército Libre Sirio (ELS) y los resabios del Estados Islámico (ISIS)-, cruzaron la frontera y comenzaron un matanza sistemática de civiles, incluidos niños y niñas.


En declaraciones a la agencia de noticias ANHA, Faris Hemo confirmó que en el hospital de Haseke trataron a decenas de civiles con “quemaduras de un tipo diferente”. “A pesar de que no podemos establecer exactamente qué arma ha causado estas quemaduras, podemos decir que el Estado turco ha utilizado armas químicas”, agregó el médico.

Luego de esta declaración, Aldar Xelil, miembro del Consejo Ejecutivo del Movimiento de la Sociedad Democrática (TEV-DEM), afirmó que en la ciudad de Serekaniye –ahora ocupada por las fuerzas turcas y sus mercenarios aliados- se usaron “armas prohibidas que contienen fósforo blanco y napalm”.

La propia agencia de noticias del Estado sirio, SANA, denunció que “se registraron varios casos de civiles que sufrieron quemaduras graves, que probablemente podrían ser a consecuencia de sustancias químicas en un bombardeo turco en la ciudad de Ras Ain (Serekaniye) al noroeste de la provincia de Haseke”. La agencia agregó que es posible que las heridas de los pobladores “sean resultantes de un bombardeo en el que el régimen turco empleó bombas con sustancias químicas aún no conocidas”.

Dos días después de las denuncias del doctor Hemo, la agencia AHNA publicó un video en el que se puede ver a varios heridos por los bombardeos turcos en Serekaniye. Las imágenes, según la agencia de noticias, muestran “a civiles con heridas aparentemente causadas por fósforo blanco, lo que demuestra el uso de armas no convencionales por parte del ejército turco”.

El domingo pasado, desde el Consejo Democrático Sirio (MSD, que integra la AANES) denunciaron públicamente que, según informes médicos a los que tuvieron acceso, varios heridos presentaron “quemaduras desconocidas”, por lo que demandaron una “investigación por parte de autoridades internacionales especializadas en armas prohibidas” por las leyes y estatutos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

El mismo día que se conoció la denuncia del MSD, periodistas de las agencias de noticias Jin News, Mesopotamia (MA) y ANHA que se encuentran en el terreno alertaron sobre la utilización por parte de Turquía de armamento químico. Nazim Dastan, de MA, publicó un video donde se observa humo blanco que se eleva en el centro de la ciudad de Gire Spi y en sus alrededores. En el video, grabado el 13 de octubre al mediodía, Dastan relató: “Es la primera vez que veo una sustancia blanca y humo blanco. Después del bombardeo, me dirigí al centro de la ciudad para ver el cuerpo de un civil quemado y reducido a cenizas”.

Foza Yusif, integrante de la Junta Ejecutiva del TEV-DEM, explicó que los médicos de la zona llevarán a cabo exámenes para comprobar si los civiles fueron alcanzados por armas prohibidas. La dirigente kurda remarcó la necesidad de que expertos de Médicos Sin Fronteras (MSF) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) también efectúen exámenes en los cuerpos sin vida o en personas heridas por los bombardeos de Turquía.

“La opinión pública mundial debería ver cómo el presidente turco Recep Tayyip Erdogan perpetra un genocidio”, aseveró Yusif, que agregó que la utilización de armas prohibidas intenta “romper la resistencia” de los pueblos de Rojava.

El flagelo de las armas químicas contra el pueblo kurdo no es una novedad. A principios de 2018, cuando Turquía lanzó la operación militar contra el cantón kurdo de Afrin, también en el norte de Siria, las autoridades regionales denunciaron que la aviación lanzaba bombas químicas. Desde marzo de ese año, Afrin se convirtió en una región controlada con mano de hierro por mercenarios islamistas, donde los secuestros de pobladores, el saqueo de propiedades, el asesinato de mujeres y las leyes más ortodoxas y reaccionarias, imperan por las calles.

Entre 1986 y 1989, el entonces presidente de Irak, Sadam Husein, lanzó la Campaña Anfal contra los kurdos del norte del país. El 16 de marzo de 1988, las fuerzas iraquíes atacaron la ciudad de Halabja, de mayoría kurda, con gas mostaza. El saldo fue de casi cinco mil pobladores asesinados, la mayoría mujeres y niños. En la trama de este ataque mortal estuvo impicado Alí Hasán Al Mayid, primo de Sadam Husein y conocido mundialmente como “Alí El Químico” o “El Carnicero de Kurdistán”.

Frente a las recientes denuncias del uso de armas prohibidas en el norte de Siria, el gobierno turco negó las acusaciones. El ministro turco de Defensa, Hulusi Akar, aseguró que su ejército “no tiene armas químicas en su arsenal” y, sin sonrojarse, acusó a las Unidades de Protección del Pueblo (YPG) de “usar armas químicas para luego acusar a Turquía”.

Ante las crecientes denuncias, la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) anunció el último viernes que “estaba al tanto de la situación y está recopilando información sobre el posible uso de armas químicas”. Por su parte, la Media Luna Roja Kurda indicó en un comunicado que seis pacientes estaban hospitalizados en Haseke con quemaduras por “armas desconocidas”, y trabajaban para evaluar qué tipo de armamento se había utilizado. En tanto, Amnistía Internacional denunció que existen “pruebas irrefutables de crímenes de guerra y otras violaciones cometidas por las fuerzas turcas y sus aliados” en el norte de Siria.

La invasión turca a Rojava ya dejó a más de 300 mil personas desplazadas, más de 200 civiles muertos y cientos de heridos, muchos de ellos con mutilaciones producidas por los bombardeos. Por si esto fuera poco, todos los días se viralizan videos en las redes sociales donde se pueden observar a los mercenarios que acompañan al ejército turco torturando o directamente masacrando pobladores, como fue el caso de la secretaria general del partido Siria Futura, Hevrin Khalaf, de 35 años, fusilada junto a su chofer cuando fueron emboscados por un grupo de yihadistas.

Aunque Estados Unidos negoció con Erdogan un alto el fuego de cinco días, las fuerzas turcas continuaron atacando las ciudades de Rojava. Ayer, el portavoz de las FDS, Redur Xelil, aseveró que el Estado turco no cumplió el alto el fuego declarado el 18 de octubre, y que violó esa medida 37 veces, con 10 ataques aéreos y 27 terrestres. Todo esto, pese a que las FDS se retiraron de Serekaniye como se había acordado.

La invasión que sufren los pueblos del norte de Siria tiene a Turquía como punta de lanza. Detrás de los soldados turcos y los mercenarios islamistas, Estados Unidos y Rusia observan sin hacer demasiado y calculan el debe y el haber de congraciarse con Ankara. No les interesa que las FDS hayan derrotado a ISIS, o que a través de la AANES se construya una sociedad multi confesional y multiétnica, donde se respetan los derechos de las mujeres, y en un territorio que, durante mucho tiempo, fue un oasis de paz en Siria. Si la utilización de armas químicas se comprueba, el presidente turco no sólo será recordado como “El Sultán”, sino que también será llamado “Erdogan, El Químico”.

leandroalbani@gmail.com

miércoles, 21 de agosto de 2019

Otra ola represiva ordenada por el gobierno turco contra los kurdos

Por Leandro Albani:

El gobierno de Erdogan refuerza la represión contra el pueblo kurdo y sus representantes político, y ordena destituciones y detenciones masivas.

Nada parece detener la voracidad del presidente Recep Tayyip Erdogan. Este lunes volvió a hacer gala de su autoridad férrea y ordenó que tres co-alcaldes del Partido Democrático de los Pueblos (HDP) sean destituidos de los municipios de Amed, Mardin y Van, las principales regiones del Kurdistán turco.
Desde las seis de la mañana, un fuerte operativo policial acompañó a los funcionarios que llevaron adelante las “intervenciones”, aunque desde el HDP -la tercera fuerza política del país encabezada por los kurdos- denunciaron que lo que sucedió fue un nuevo “golpe político” del mandatario. Erogan, que reforzó sus políticas represivas luego del intento del golpe de Estado en su contra en 2016, dejó en claro hace bastante tiempo que uno de sus objetivos principales es erradicar al pueblo kurdo, conformado por más de veinte millones de personas en el sudeste del país.


Días antes de que el presidente tome esta decisión, la diputada kurda Ebrü Gunay y el legislador Garo Paylan, de origen armenio, llegaron a Argentina en el marco de una gira por Sudamérica hasta el 24 de agosto. El jueves pasado, Günay y Paylan brindaron una conferencia en el Senado de la Nación, y el sábado en la Asociación de Trabajadores Argentinos (ATE), en Buenos Aires, donde alertaron que el genocidio cometido por el Estado turco hace 105 años contra los armenios ahora se puede repetir contra los kurdos. Las palabras de los representantes del HDP sonaron premonitorias.

“La injusticia ha llegado a su máxima expresión”, declaró Ahmet Türk, co-alcalde de Mardin, destituido junto a Selçuk Mızraklı, co-alcalde de Amed, y Bedia Özgökçe Ertan, del municipio de Van.
La razón de este nuevo movimiento represivo del gobierno turco es conocido: acusar a los dirigentes del HDP de tener vinculaciones con el terrorismo. Para Ankara, el terrorismo no es el Estado Islámico (ISIS), sino el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), la organización política e insurgente que hace más de cuarenta años lucha por los derechos del pueblo kurdo.

En una declaración oficial difundida por los medios, la administración de Erdogan justificó las destituciones ya que los co-alcaldes, supuestamente, buscaban “convertir estos municipios en centros logísticos donde se proporcionaban recursos militantes, recursos financieros y equipos para apoyar actividades terroristas”.
Para Ahmet Türk, la administración de Erdogan “no reconocen la voluntad de los pueblos y lo quieren llamar democracia. Pero la realidad es evidente”. Türk fue elegido co-alcalde de Mardin, tras conseguir el 56 por ciento de los votos en las elecciones del 31 de marzo. En esos mismos comicios, Mızraklı alcanzó el 63 por ciento de los votos y Ertan el 53 por ciento.
Türk, que seguramente enfrentará un proceso judicial en su contra, aseveró el gobierno de Erdogan intenta establecer “un sistema carente de cualquier atisbo de legalidad”.

Para el presidente turco, esta modalidad de destitución no es nueva. Luego del intento de golpe de Estado de 2016, Erdogan ordenó intervenir la mayoría de las alcaldías del Kurdistán turco, gobernadas por el Partido Democrático de las Regiones (BDP), organización hermana del HDP. Más de sesenta co-alcaldes y co-alcaldesas fueron desplazados de sus cargos y muchos de ellos judicializados.
El paso de Ebru Günay y Garo Paylan por Argentina fue demasiado urgente. Anteriormente, habían estado en Uruguay, donde se reunieron con la comunidad armenia de ese país y con el ex presidente José “Pepe” Mujica. También mantuvieron un encuentro con la vicepresidenta uruguaya Lucía Topolansky. En unos pocos días, los representantes del HDP dejaron varias definiciones y opiniones sobre la larga noche que atraviesan los pueblos de Turquía.

Günay, electa diputada por la provincia de Mardin, explicó que en Turquía “es muy difícil abrir caminos para las mujeres en la política, porque el fascismo no quiere que existan diferencias y por eso no tiene espacio para las mujeres”. Según la diputada, “el fascismo” del partido gobernante AKP “depende y se fortalece con la guerra, donde la mayoría de las víctimas son las mujeres y los jóvenes”.
Günay también explicó que el HDP “trata de unir a los pueblos” para “construir la paz y derrotar a la política polarizadora del AKP”.

Por su parte, Paylan, elegido por la región de Amed, manifestó que en su país “el remedio al nacionalismo no es la enemistad entre los pueblos, sino la solidaridad y la cooperación entre las minorías”. Para Paylan, es fundamental “construir puentes de hermandad y fraternidad”. Paylan no perdió la oportunidad para mostrar la realidad dentro de Turquía: “Estoy en el área de economía en el parlamento, pero en la agenda nunca es el primer tema, porque todos los días hay violaciones de derechos humanos. Miles de trabajadores, académicos, abogados, periodistas están en las cárceles para silenciar al pueblo. Hace cuatro años hubo un proceso de paz entre el pueblo kurdo y el gobierno turco y hoy la situación es más dura. Roban el dinero del pueblo y compran armas y bombas que luego utilizan contra el pueblo kurdo. Hablan de la amenaza de seguridad, y usan eso de excusa y recrudecen la situación económica también.

Pero si no podemos resolver la democratización en Turquía no podemos empezar a discutir la situación de los trabajadores y la situación económica”.
“Una Turquía democrática puede ser un ejemplo de paz para todos, pero una Turquía oscura y racista puede ser un ejemplo para el mundo oscuro y una amenaza para todos -reflexionó Paylan-. En el mundo está lleno de defensores de derechos humanos, pero también hay gente como Trump, Putin y Bolsonaro. Tenemos que demostrarle al mundo que nosotros somos mejores que ellos”.

En medio de la gira por Sudamérica, Günay y Paylan ayer dieron a conocer una declaración en la que explicaban que suspendían las actividades restantes que tenían programadas en Argentina, Chile y Brasil, para volver a Turquía. En un breve comunicado, la diputada y el legislador expresaron que las destituciones de los co-alcaldes es “una clara demostración de la terrible situación en materia de derechos humanos y civiles, y de represión” que vive el país.

Erdogan no se contenta con la represión de los kurdos de Turquía, por eso su gobierno mantiene abierto otros dos frentes con el fin de desbaratar el poder del Movimiento de Liberación de Kurdistán.
En lo interno, como vimos, recortando los derechos y logros del HDP, y al negar el inicio de las negociaciones de paz. Aunque el gobierno permitió que el líder kurdo Abdullah Öcalan recibiera unas pocas visitas, al máximo dirigente del PKK -encarcelado en la isla-prisión de Imrali de 1999- se le niega la participación en unos diálogos que toda Turquía necesita de forma urgente.

El 12 de agosto pasado, Mehmet Öcalan, hermano del fundador del PKK, pudo visitar Imrali. En declaraciones posteriores, comunicó que el líder kurdo reiteró que es necesaria para Turquía una solución política que rechace el estado de guerra permanente en el que se vive dentro del país.

Con respecto a los frentes externos, el Estado turco continúan con los bombardeos constantes contra el Kurdistán iraquí (norte de Irak, Bashur), con el objetivo de destruir a la guerrilla kurda asentada en las montañas de Qandil. Ni el gobierno de Bagdad ni la administración de la región semi-autónoma de Bashur, encabezada por el Partido Democrático de Kurdistán (PDK), se pronunciaron en contra de estos ataques. El PDK, comandando por el poderoso clan Barzani, es uno de los principales aliados de Turquía en la zona. Sin respetar la soberanía de un país vecino, la aviación turca arrasa pueblos y aldeas, dejando como saldo a decenas de civiles muertos.

El otro frente exterior es en el territorio sirio. La región que gobierna la Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria (AANES) y defienden las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), se encuentra en una tensión continua por las amenazas del gobierno turco. El plan de Erdogan es invadir la región, como lo hizo en el cantón kurdo de Afrin, para imponer un gobierno leal a Ankara. Por ahora, Turquía bombardea algunas zonas del norte y el este de Siria, además de sostener al Ejército Libre Sirio (ELS) en Afrin. Este grupo, donde se reúnen mercenarios, miembros de Al Qaeda y ex combatientes de ISIS, está acusado de cometer una limpieza étnica en Afrin. Días atrás, Estados Unidos acordó con el gobierno de Erdogan implementar “centros de control” en una extensa zona del norte y el este de Siria, luego de varios días de negociaciones. Desde la AANES y las FDS rechazaron el plan original de Turquía, que era aplicar una “zona segura” de 40 kilómetros de profundidad en territorio sirio.

Con la destitución de los co-alcaldes de Amed, Mardin y Van, el HDP recibió un nuevo golpe de Erdogan. En un comunicado, desde el partido denunciaron “un nuevo y evidente golpe político”, que “muestra una actitud abiertamente hostil contra la voluntad política del pueblo kurdo”.

La dirección del HDP criticó que en las intervenciones anteriores en municipios kurdos, los recursos económicos fueron “agotados”. “El ministerio del Interior y el gobierno han sido el foco de la corrupción y los robos a través de sus fideicomisarios (interventores)”, remarcaron en el partido.

Ante el nuevo atropello, el HDP convocó “a todas las fuerzas democráticas, a todos los ciudadanos con conciencia, a todos los partidos de la oposición, las organizaciones de la sociedad civil, sindicatos y asociaciones democráticas, a unirse solidariamente contra un poder que se apodera de la voluntad de las urnas y las elecciones”.

Durante la jornada de ayer, en varias ciudades kurdas del sudeste de Turquía se efectuaron protestas y manifestaciones, reprimidas duramente por la policía. Horas antes de las protestas, el gobierno había desplegado un operativo policial en docenas de localidades kurdas, en las cuales fueron arrestados más de 400 miembros y militantes del HDP.

Los trabajadores de medios de comunicación tampoco quedaron al margen del operativo. Ziyan Karahan, editora de la agencia de noticias Mesopotamia, fue detenida durante una redada. A su vez, fue arrestado Vedat Dag, periodista de la oficina de prensa del HDP.

Selçuk Mızraklı, el co-alcalde de Amed que fue destituido, aseveró que se está usurpando “la voluntad de la gente” y que “ni la Constitución ni las elecciones están siendo respetadas”. “Todo el mundo que viva en Turquía debe saber que nadie puede sentirse protegido por la ley. Es de la voluntad de la gente de lo que se han apoderado”, sintetizó Mızraklı.

El gran temor del presidente Erdogan crece día a día. La respuesta del mandatario a los “peligros” que siente que lo acechan es, inevitablemente, la represión. El presidente turco sabe que el pueblo kurdo, junto a otras minorías étnicas dentro y fuera de Turquía, apuesta a la profundización de un cambio social heterodoxo, anti-estatal, democrático y donde las mujeres se convirtieron en el motor que tracciona la lucha y la resistencia. Este es el gran peligro que observa Erdogan. Los bombardeos indiscriminados, los arrestos masivos y los asesinatos a sangre fría son las respuestas de un mandatario acorralado, que no encuentra (o no le interesa encontrar) una fórmula para estabilizar a su país en lo económico y político.

Desde el otro lado, el Movimiento de Liberación de Kurdistán, en todas sus variadas expresiones, despliega sus propuestas abiertamente, para que todos y todas la oigan: en Turquía, demandando un proceso de paz y que su lucha institucional sea respetada; en Irak, defendiendo la autonomía en las montañas de Qandil, donde la premisa es vivir en comunidad y en paz; en Siria, reforzando un autogobierno en el norte y el este del país, creando nuevos órganos e instituciones para concretar la convivencia entre kurdos, árabes y otras nacionalidades de la región.

Frente a este panorama, el sueño de Erdogan de convertirse en un nuevo sultán otomano es apenas una pesadilla de un hombre trasnochado.
leandroalbani@gmail.com


miércoles, 7 de agosto de 2019

Erdogan apunta sus cañones contra el Kurdistán sirio

Por Leandro Albani:


Turquía tensa la cuerda y amenaza con una invasión abierta contra el Kurdistán sirio con el objetivo de derrotar a las fuerzas de autodefensa y ocupar el territorio. 

Una tensión filosa como un cuchillo recorre el Kurdistán sirio (Rojava). La frontera de casi mil kilómetros que separa a Turquía y Siria, en los últimos días se recargó de fuerzas militares, luego que el presidente turco Recep Tayyip Erdogan aumentara su apuesta de invadir esa región controlada por la Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria (AANES).


El domingo, Erdogan volvió a encender la mecha de una bomba que, si llega a explotar, profundizará la guerra en un país devastado después de ocho años de atentados, combates encarnizados, desplazamiento forzados de personas, asesinatos masivos y cohetes que estallan al compás de las frágiles relaciones entre las potencias implicadas en el conflicto sirio.

“Ahora vamos a ir al este del Éufrates. Se lo hemos dado a conocer a Rusia y Estados Unidos”, expresó el mandatario durante la inauguración del Hospital Urbano de Bursa y la autopista Estambul-Izmi. Erdogan argumentó que los movimientos militares de las fuerzas armadas turcas en la frontera con Rojava se deben a supuestos ataques desde el lado kurdo, algo negado por la AANES. “Tendremos paciencia hasta un cierto punto. Esta paciencia tiene un límite”, remató el presidente.

Desde hace varios días, tropas turcas se trasladan hacia la frontera y las amenazas de Erdogan fueron creciendo con el trascurso de las semanas. El gobierno de Ankara demanda que se establezca una “zona segura”, controlada por el ejército turco, que ingrese 30 kilómetros en el territorio de Rojava. La AANES y las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) dejaron en claro que esa “zona segura” podría aplicarse si tiene una extensión de cinco kilómetros, bajo el control de fuerzas enviadas por Naciones Unidas y las Asayish, las unidades locales que se desempeñan como una policía comunitaria.

En la actualidad, las tropas turcas -junto al Ejército Libre Sirio (ELS)- ocupan de forma ilegal el cantón kurdo de Afrin, además de zonas en Jarabulus, Al Bab y Azaz. La presencia turca en estas regiones fue denunciada desde un principio por la AANES y hasta por el propio gobierno sirio. Turquía también mantiene su presencia militar en la provincia de Idlib -en donde respalda a los grupos armados irregulares- luego de llegar a un acuerdo con Rusia.

La ocupación turca en Rojava ha generado una crisis humanitaria que continúa en aumento. Se calcula que luego de la invasión de Afrin, en marzo de 2018, al menos 200 mil pobladores fueron obligados a abandonar sus hogares y más de 300 asesinados. A esto se suma el secuestro sistemático de personas, efectuados por las milicias del ELS -conformadas por ex miembros del Estado Islámico (ISIS) y Al Qaeda-, como también el plan de cambio demográfico aplicado en el territorio con la metodología de expulsar a los habitantes originarios y trasladar desde otros puntos de Siria a yihadistas desmovilizados junto a sus familias. Entre las atrocidades cometidas por las fuerzas de ocupación también se cuentan el robo de reliquias y artefactos arqueológicos, el saqueo de viviendas particulares, la prohibición del idioma kurdo y el cambio de los planes de estudios en las escuelas.

Aunque Turquía todavía no lanzó una invasión abierta contra Rojava, los bombardeos contra diferentes lugares de la región son constantes. Sólo en la jornada de ayer, el ejército turco bombardeó las poblaciones de Herbil, Sheikh Isa y Semuqa, en el cantón de Shehba, al mismo tiempo que lanzaba fuego de artillería sobre las aldeas de Zuwyan, Xirbet Şaalê, Til Cîcan y Til Medîq, en Al Bab. El mismo lunes, las bombas turcas cayeron en las poblaciones de Burc Qes y Mezin, en el distrito de Sherawa, en Afrin, dejando como saldo una persona muerta y dos heridas.

Ante esta situación crítica, la AANES y las FDS alertaron que las amenazas y los ataques turcos permiten el incremento de las actividades delictivas y los atentados de ISIS. Si bien las FDS derrotaron al Estado Islámico en marzo pasado cuando liberaron el pueblo de Baghuz, en la región sobreviven células yihadistas que ya cometieron varios atentados. Las fuerzas de autodefensa de la AANES advirtieron que “las células de ISIS continúan sus ataques con el objetivo de erosionar la seguridad en la región e infundir el miedo entre la población” y reiteraron que el principal aliado del grupo terrorista es Turquía.

El objetivo principal de Turquía con sus intenciones de invadir Rojava es cortar de cuajo el proceso político y social que se viene desarrollando hace siete años, cuando las fuerzas kurdos -a las que se sumaron grupos árabes, turcomanos, armenios, asirios y de otras nacionalidades- liberaron el territorio y declararon una autonomía basada en la igualdad étnica y religiosa, el empoderamiento de las mujeres, y la construcción de cooperativas y comunas. Para Erdogan, esta propuesta choca directamente con sus ambiciones neo-otomanas de expansión territorial e ideológica, donde se mezclan las ideas nacionalistas más reaccionarias y el islam político más conservador, ligado al pensamiento de los Hermanos Musulmanes.

Ante el avance turco, Estados Unidos y Rusia pujan por tener bajo su ala a Erdogan. La Casa Blanca, que mantiene menos de dos mil tropas en el norte de Siria y forma parte de la Coalición Internacional contra ISIS, intenta presionar al mandatario para que, por un lado, se aleje de Moscú, y por otro reduzca la presión contra los kurdos. Desde el gobierno ruso, el acercamiento con Ankara es constante, tanto en lo diplomático, como en lo político y militar (en este último caso con la venta de armamento pesado). Estados Unidos y Rusia tienen una gran responsabilidad sobre lo que sucede (y pueda suceder) en Rojava, ya que poseen el poder suficiente para detener las aspiraciones de conquista de Erdogan. Hasta ahora, ese poder es administrado de diferentes formas, pero por el momento los planes de Turquía avanzan sin demasiados problemas.

Los peligros que atraviesan la AANES y las FDS también se extienden por otros frentes. Desde el gobierno de Damasco mantienen la intransigencia de no reconocer la autonomía en el norte y el este del país, y las conversaciones iniciadas meses atrás se suspendieron sin ningún logro importante. Por otra parte, la agencia de noticias Hawar reveló que la Guardia Revolucionaria de Irán -que respalda en el terreno al gobierno sirio- desplegaron tropas en la provincia de Deir Ezzor, liberada por las FDS y que posee vastas reservas de hidrocarburos. En el territorio iraní viven más de ocho millones de kurdos en la región conocida como Rojhilat, que forma parte del Kurdistán histórico. Los kurdos de Irán son blanco de una represión permanente por el gobierno central.
Ante este panorama crítico, la comandante general de las FDS Newroz Ehmed expresó que sus fuerzas siempre favorecieron el diálogo como método para resolver el conflicto vigente, y advirtió que si Turquía ataca Rojava se extenderá la guerra en Siria.

En una entrevista publicada ayer en la agencia de noticias ANF, Ehmed aclaró “nunca hubo ataques” al territorio turco “desde nuestro lado”, y que “nunca nos hemos comprometido a poner en peligro la política estatal turca”. La comandante de las FDS explicó que “la idea de zona segura entró en nuestra agenda a través de las amenazas” de Turquía, ya que “nuestra región es la más segura”.

Para Ehmed, Turquía y sus aliados “quieren dividir la región entre ellos y destruir los valores creados a través de un alto precio pagado. Esto es lo que crea la gran amenaza y expone las verdaderas intenciones del Estado turco”. La comandante de las FDS apuntó que “cada vez que el Estado turco nos amenaza, ISIS intensifica sus ataques en la región. Los ataques han aumentado significativamente en este período más reciente, lo que demuestra que el Estado turco quiere revivir al ISIS y controlar la región a través de ellos, o si eso falla, solo crear el caos”.

Sobre la reciente reunión del comando central de las FDS con el general estadounidense Kennet McKenzie y el enviado especial para la Coalición Internacional, William Roebuck, Ehmed señaló que los representantes de la Casa Blanca se mostraron favorables a “alcanzar una solución sin otra guerra en la región”, pero “las amenazas estatales turcas están bloqueando la solución. Estas reuniones más recientes no han producido resultados concretos, pero el proceso continúa”.

Al cierre de esta edición, una delegación estadounidense se había trasladado a Ankara para discutir con el gobierno de Erdogan la implementación de la “zona segura”. Más allá de lo que se defina en ese encuentro, el mandatario turco tiene en claro que su gran aporte para la causa neo-otomana es barrer a los kurdos de Siria y, si eso sucede, seguir soñando con convertirse en el nuevo sultán de Medio Oriente.

leandroalbani@gmail.com

miércoles, 5 de junio de 2019

Nora Cortiñas “Todos tenemos que estar atentos al fin del aislamiento"



Por Leandro Albani:
En marzo pasado Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo, línea fundadora, visitó a Leyla Güven durante la huelga de hambre. ANF la entrevistó luego del histórico logro de los huelguistas de hambre contra el aislamiento.

Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo -Línea Fundadora-, de Argentina, visitó a Leyla Guven durante la huelga de hambre el pasado marzo. No fue su primera visita al Kurdistán turco (Bakur). Durante 2012 y 2013 visitó a las Madres de la Paz y las Madres de los Sábados. Sobre esos viajes se realizó el documental “Pañuelos para la Historia”.


Así como las Madres de los Sábados realizan una sentada cada sábado en la plaza Galatasaray en Estambul, las Madres de Plaza de Mayo hace 42 años encabezan una ronda en Plaza de Mayo, en Buenos Aires, reclamando justicia por sus hijos e hijas, por los y las 30.000 desaparecidas. Con el tiempo, fueron sumando reclamos y las luchas de todos los rincones de Argentina y el mundo. No ha sido la excepción la lucha del pueblo kurdo, el recuerdo de Legerin Ciya (Alina Sánchez), las huelgas de hambre, los sótanos de Cizre, y la exigencia de libertad de Abdullah Öcalan.

El pasado jueves, a días de haber finalizado la huelga de hambre de más de 200 días encabezada por la parlamentaria del Partido Democrático de los Pueblos (HDP), Leyla Güven, Nora Cortiñas habló durante la ronda de las Madres sobre la situación de la resistencia del pueblo kurdo: “Ustedes recuerdan que Öcalan está preso hace 20 años en la isla-prisión de Imrali, y que Leyla Güven, de 56 años, comenzó una huelga de hambre indefinida hace seis meses, pidiendo el fin del aislamiento, a la que se sumaron miles de presos políticos y activistas. La misma Leyla dijo que la huelga no era para morir sino para que su pueblo pudiera vivir con dignidad. Estuvo 200 días de huelga de hambre, es increíble du fuerza. Después de eso permitieron las visitas a Abdullah Öcalan, resultado de las huelgas de hambre y de todos los pueblos del mundo por visibilizar la causa, y es así como el presidente de Turquía, Erdogan, que además es un genocida, tuvo que anunciar que el aislamiento terminaba”.
De esta manera, Nora relataba al público presenta lo que había sucedido. También habló de la importancia de estar atentos a lo que siga aconteciendo y a seguir presionando para que realmente el aislamiento finalice
.
Luego de la ronda, la ANF pudo entrevistar a Nora Cortiñas.
-¿Qué sentiste después de haber visitado a Leyla Güven? ¿Qué impresiones te dejó su lucha?
-Desde el día que fui a ver a Leyla Güven fue todo emoción, todo fue una admiración, por ella y por todo el pueblo kurdo. Yo ya tenía conocimiento de las Madres de la Paz y las Madres de los Sábados, ya había filmado una película documental con ellas (“Pañuelos en la Historia”) y había vivido muchas emociones. Pero el día que fui y la abracé a Leyla, fue algo especial, primero porque es otro mundo, no es el nuestro, y era un mundo que yo no conocía, fue todo muy hermoso. Además, la admiración y respeto por su líder político Abdullah Öcalan me causó una impresión que me hizo sentir que esta es la verdadera lucha y resistencia de un pueblo. Aprecié todo el amor que se tienen entre ellos, porque para un pueblo tomar una determinación como la de Leyla y tener a siete mil compañeros que siguen tu acción con la misma entrega, es una cosa hermosa. Ese pueblo no se merece tanta persecución, por eso justamente el presidente de Turquía Erdogan los persigue donde estén.

-Después de la victoria de las huelgas de hambre que lograron que públicamente acepten el fin del aislamiento y que al menos haya habido dos visitas después de ocho años, ¿creés que el gobierno turco va a cumplir efectivamente con lo que dice?

-Creo que va a costar mucho, mis amigos kurdos dudan de que suceda, por como Erdogan ha sido con otros pueblos, con el pueblo kurdo y con Siria, con tanta guerra y masacre. Pero queremos tener la fuerza de la creencia y la convicción, porque de cualquier manera lo que está claro es que el pueblo kurdo va a seguir luchando y no van a bajar nunca las banderas. Creo que es una prueba de resistencia histórica, y muy importante. No será ahora el éxito de que el gobierno los deje vivir en paz, ese sería el logro mayor, pero con lo que acaban de lograr van hacia ese proceso.

-¿Cuáles fueron tus sensaciones e impresiones en tus viajes por el Kurdistán turco?
-Cuando fui a filmar la película con Alejandro Haddad fue muy importante, fue impactante, porque yo no conocía ese pueblo, sus costumbres, pero vi que las madres eran iguales que yo, el dolor era el mismo y no había un idioma que nos separará del dolor. Eran las mismas ganas de luchar, el mismo deseo de enfrentar ese fascismo tan grande que hay en Turquía.

Cuando fui en marzo a ver a Leyla fue otro impacto. Leyla tiene entrega, una mujer de 56 años que no hablaba de final de la huelga, hablaba de una huelga infinita, no para morir. Yo empecé a amar aún más al pueblo kurdo con todas mis fuerzas. Tenemos que poner desde acá los ojos en el pueblo kurdo, en el palestino, en el saharaui, tenemos que ver que en el mundo hay una persecución para todos los pueblos que luchan por su liberación.

-¿Qué mensaje le enviarías a Leyla Güven?
-Primero que le envío un gran abrazo. Deseo que se reponga, que la misma voluntad que ella puso para vivir y sobrevivir a la huelga de hambre, ahora la tiene que poner para lograr todos sus objetivos: la vida digna para su pueblo. Yo le deseo toda la suerte del mundo y deseo que todos los huelguistas de hambre logren la libertad y la vida digna para todo su pueblo.
leandroalbani@gmail.com

miércoles, 20 de febrero de 2019

El silencio estridente de Abdullah Öcalan

Por Leandro Albani:


El líder del pueblo kurdo y fundador del PKK cumple 20 años en prisión, aunque el reclamo internacional por su liberación no para de crecer.

¿En qué piensa Abdullah Öcalan en medio de la soledad de la isla-prisión de Imrali? Tal vez en las montañas Taurus o de Qandil, esas amigas que nunca traicionaron al pueblo kurdo. O, quizá, en los miles de hombres y mujeres que corean su apodo, “Apo”, en cada movilización en la cual demandan su libertad. ¿Será el silencio de una isla árida en el mar de Mármara una compañía para ese hombre de 69 años, que en 1978 -junto a un puñado de militantes- fundó el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK)? ¿Öcalan imaginará que sus ideas, un torrente de pólvora seca en contacto con el fuego profundo de la tierra, se expanden por todo Medio Oriente con la fuerza de la libertad? ¿En la pequeña habitación en la que está recluido desde 1999, con la compañía de unos pocos libros y el cielo fragmentado por los paredones que lo rodean, Öcalan intuirá que sus ideas, concebidas al calor de la lucha guerrillera y de las frenéticas discusiones con sus compañeros y compañeras, se defienden con fusiles, banderas, discursos apasionados y la construcción de una nueva sociedad en Rojava, el Kurdistán sirio, una tierra que habitó hasta que el gobierno de Damasco lo expulsó el 9 de octubre de 1998?

Este 15 de febrero se cumplen 20 años de la reclusión de Öcalan en Imrali. Aislado, amenazado y sin contacto con sus abogados desde 2011, el líder del PKK todavía es el protagonista principal de la rebelión de los pueblos de Kurdistán. Y es también el garante que demanda el pueblo kurdo para alcanzar un acuerdo de paz en Turquía.

Luego de su expulsión de Siria, Öcalan comenzó un viaje por Europa en búsqueda de asilo político. En 1999, cuando se encontraba en Kenia con el objetivo de trasladarse a Sudáfrica, donde Nelson Mandela había ordenado que se lo recibiera, Öcalan fue secuestrado en un operativo conjunto de los servicios de inteligencia turcos (MIT), estadounidenses (CIA) e israelíes (Mossad). Desde hacía años, el fundador del PKK se había convertido en el “enemigo número uno” del Estado turco.

El pensamiento de Öcalan, recopilado en una decena de libros y cientos de artículos, cruza al pueblo kurdo, que reconoce a ese hombre nacido en el poblado de Ömerli, en el Kurdistán turco, no sólo como a su máximo dirigente, sino como el “liderazgo” por la liberación del territorio. Las ideas de Öcalan se encuentran a la vanguardia del profundo cambio social que en la actualidad es necesario para Medio Oriente. Del marxismo-leninismo clásico en el que se fundó el PKK, la ideología del Movimiento de Liberación de Kurdistán se transformó en el Confederalismo Democrático. La autonomía, la liberación de las mujeres como eje fundamental para la revolución, el cooperativismo, la convivencia entre etnias y religiones, y una propuesta anticapitalista que rescata los saberes ancestrales del pueblo kurdo son las líneas generales que Apo dejó como legado vivo y latente.

Desde hace casi dos meses, en todo Kurdistán y en varios países de Europa se llevan adelante huelgas de hambre que demandan el fin del asilamiento de Öcalan. Esta medida de fuerza la inició Leyla Güven, diputada del Partido Democrático de los Pueblos (HDP) de Turquía, que se encontraba en prisión y, debido a la presión internacional, fue liberada recientemente. Güven, que pronto cumplirá los cien días de huelga de hambre, contagió a cientos de personas que redoblaron sus esfuerzos para que la voz de Öcalan vuelva a ser escuchada por su pueblo. La presión dirigida al gobierno del presidente turco Recep Tayyip Erdogan, permitió que Mehmet Öcalan, hermano del líder kurdo, lo pudiera visitar en Imrali a mediados de enero. Según la dirigencia del HDP, el estado de salud de Öcalan es bueno y todavía no están dadas las condiciones para informar sobre lo conversado.

El 11 de septiembre de 2016 Öcalan con reunió su hermano Mehmet. En esa ocasión, el líder kurdo expresó que no se rendiría “ante el Estado ni ante nadie, incluso si tengo que permanecer aquí otras tantas decenas de años”. Por esos días, Turquía estaba estremecida por el intento de golpe de Estado contra Erdogan, que le permitió al Ejecutivo recrudecer la represión contra el Movimiento de Liberación de Kurdistán y la izquierda turca.

“He advertido en repetidas ocasiones sobre la posibilidad de este tipo de golpes en la medida en que la cuestión kurda siga sin resolverse –expresó Öcalan en ese momento-. El camino de los golpes de Estado y este tipo de intentos siempre permanecerán abiertos a menos que la cuestión kurda se resuelva y una Turquía democrática sea construida”.

En ese 2016 que parece tan lejano, el líder del PKK también se refirió al proceso revolucionario en Rojava: “Como parte de la Revolución en Rojava, los Estados Unidos y el PYD (Partido de la Unión Democrática) intercambiaron apoyo en contra de ISIS. Sin embargo, los Estados Unidos han invitado al Estado turco a Rojava a través de Jarablus (…) Esto debe ser analizado muy bien. En este punto, creo que los Estados Unidos persiguieron tal estrategia con el objetivo de debilitar tanto a los kurdos como a los turcos (…). Su objetivo es provocar una confrontación entre ambas partes”. A este análisis, Öcalan agregó: “Formamos las bases de lo que hoy es el movimiento en Rojava cuando fuimos allí sin armas y sin dinero. Logramos esto avanzando paso a paso. Los resultados obtenidos en Rojava son los resultados del proyecto que habíamos revelado allí hace años. Rojava tiene una fuerza armada de 50 mil combatientes hoy en día. Si no va a ser capaz de defenderse a sí misma, ¿quién más puede hacerlo? ¿Qué puedo hacer yo al respecto?”.

Las últimas palabras conocidas de Öcalan fueron las siguientes: “Si el Estado (turco) está listo, puede enviar a dos personas a la isla y podemos empezar las negociaciones (de paz). Estamos preparados para eso. Por otra parte, cualquiera puede hacer lo que quiera. No tengo miedo del Estado. Ellos me pueden ejecutar aquí, pero nunca tomarán posesión de mi voluntad”.

Abdullah Öcalan ya no es él. Su figura, sus pensamientos, su praxis hace mucho tiempo se mimetizó con el pueblo de Kurdistán. Su voz, silenciada por el Estado turco y sus aliados, no deja de retumbar en Imrali y cruza mares y fronteras hasta volverse un grito estridente de libertad y rebelión.

leandroalbani@gmail.com

miércoles, 4 de julio de 2018

“A Turquía le esperan cinco años muy pesimistas”

Por Leandro Albani:

El antropólogo kurdo Mehmet Dogan habló con La tinta sobre las elecciones del domingo pasado en Turquía y la reelección de Erdogan.
“Turquía seguirá liberando territorio sirio”, expresó un exultante Recep Tayyip Erdogan el domingo pasado, luego de anunciar su triunfo en las elecciones presidenciales y parlamentarias que se realizaron en Turquía bajo un clima de represión, denuncias de fraude y profunda tensión política.

De esta manera, el mandatario turco y líder del Partido Justicia y Desarrollo (AKP) revelaba a todo el mundo que su política es reforzar la ocupación de la región kurda del norte de Siria y del norte de Irak. Para estos comicios, Erdogan apeló al militarismo para agitar a los sectores nacionalistas y de ultraderecha turcos, además de desplegar un milimétrico sistema represivo contra la oposición interna, principalmente contra el Partido Democrático de los Pueblos (HDP), que agrupa al movimiento kurdo, a minorías étnicas y religiosas, y a sectores de la izquierda.

“La victoria de Erdogan es el producto del robo total –afirma a La tinta el antropólogo kurdo Mehmet Dogan-. Estamos hablando de siete u ocho por ciento de los votos que fueron robados. Esto significa que Turquía ingresa en una nueva farsa, que en el país no va a cambiar nada y que Erdogan tiene más fuerza y poder”.

Aunque la jornada electoral estuvo plagada de denuncias de fraude y en la que tres personas fueron asesinadas y 19 heridas, el AKP y el Partido de Acción Nacionalista (MHP), su aliado de ultraderecha para estos comicios, superaron el 50 por ciento de los votos en las presidenciales. Ahora el mandatario tendrá cinco años por delante con plenos poderes, con un Parlamento débil en su capacidad de decisión y con el respaldo –a veces intermitente pero sostenido- de Estados Unidos, la Unión Europea (UE) y Rusia.

Para Dogan, los pueblos que habitan Turquía ahora pueden “esperar cinco años muy pesimistas, donde la lucha democrática va a perder su credibilidad, y se va a acrecentar la lucha armada, algo que quiere decir una guerra civil”.

El análisis del antropólogo no se mueve por carriles imposibles. Desde el intento golpe de Estado contra Erdogan a mediados de 2016, su gobierno recrudeció la represión interna, encarcelando a líder políticos y sociales, entre ellos a nueve diputados y diputadas del HDP y su candidato presidencial, Selahattin Demirtas. Como si esto fuera poco, en la actualidad las cárceles de Turquía están sobrepobladas por más de cien mil nuevo presos y presas, en su mayoría acusados de conocer los planes desestabilizadores. Profesores universitarios, periodistas, empleados estatales, abarrotan las prisiones del país.

“A pesar de todas las amenazas, arrestos, del encarcelamiento de Demirtas y de diputados y alcaldes, de más de 17 mil simpatizantes del HDP presos y de una represión muy fuerte, el HDP logró obtener más del 11 por ciento y es una victoria”, sintetiza Dogan.

En estos comicios, el Partido Democrático de los Pueblos se consolidó como tercera fuerza política, apelando a propuestas inclusivas para el país. Durante la campaña electoral, el HDP presentó una hoja de ruta que detalla los pasos a seguir para alcanzar la paz y democratizar al país. Por supuesto, la iniciativa tuvo como respuesta oficial la destrucción de locales del HDP y el acecho permanente de las fuerzas de seguridad sobre los militantes de la organización.

Pese a este panorama, Dogan asegura que el HDP demostró “decisión” para los comicios y gracias a “su militancia, no solamente kurda, sino también en las ciudades turcas, aumentó sus votos”. “La victoria del HDP es importante para demostrar que hay un sector de la sociedad turca que está despierta”, indicó el antropólogo.

Aunque todavía los resultados oficiales no fueron publicados en su totalidad, se calcula que el HDP obtuvo 68 de los 600 escaños del parlamento.

Si algo no le faltó a las elecciones en Turquía fue una catarata de denuncias por fraude e irregularidades a la hora de las votaciones. Durante todo el domingo, decenas de testimonios y noticias reportaron cómo los militantes del AKP negaron el derecho al voto en centros electorales, sobre todo en el sudeste del país, la región kurda del país.
Una de las denuncias más impactantes la realizó la agencia de noticias ANF, que informó que el AKP trasladó mercenarios que ocupan la ciudad kurda de Afrin, en el norte de Siria, hacia la localidad de Hatay para que voten. Los propios ciudadanos de Hatay detuvieron cuatro colectivos sin patentes donde se trasladaban a los yihadistas, que poseían documentación de la policía turca.

A esto se suma que al menos diez observadores internacionales fueron detenidos por las fuerzas de seguridad y a decena de ellos se les prohibió ingresar a los centros electorales.

Sobre las irregularidades en los comicios, Dogan relató que en la tarde del domingo, “cuando Erdogan se da cuenta de que estaba perdiendo, llamó al líder del principal partido de oposición (Republicano del Pueblo, CHP) y lo amenazó diciendo que todos los militantes del AKP estaban en la calle”. Seguido a esto, según el antropólogo kurdo, “Erdogan le dijo por teléfono que si no declaraba su victoria iba a comenzar una guerra civil”. “En un convenio entre el AKP y el CHP regalaron el poder a Erdogan, sino, en condiciones normales, Erdogan no podía obtener más de 42 o 43 por ciento en alianza con el MHP”, estimó Dogan.

Con una situación económica crítica, Turquía proyecta un futuro teñido por el oscurantismo de Erdogan, un islamista conservador, multimillonario, acusado de financiar a los grupos terroristas en Siria, pero tratado entre sedas por las potencias occidentales.

Aunque en muchas regiones del país las voces que abogan por la paz suenan cada vez más fuertes, los próximos cinco años de poder absoluto del mandatario turco huelen a crímenes masivos y a un conflicto interno que Erdogan intentará utilizar a su favor.
leandroalbani@gmail.com