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sábado, 30 de noviembre de 2019

“Erdogan comete una limpieza étnica contra la población kurda”

Por Leandro Albani:

La tinta entrevistó a Amina Hussein, periodista kurda que, hasta hace una semana, se encontraba reportando sobre la invasión turca a Rojava.

El 9 de octubre pasado, a las cuatro de la tarde, Amina Hussein llegó a Qamishlo, la capital del Kurdistán sirio (Rojava). En esa ciudad, nació en 1986, se crió, pero, en algún momento de su vida, decidió irse. Amina quería estudiar y, en Siria, le era negado ese derecho por ser kurda. Para el Estado sirio, ella era una persona sin nacionalidad. Su situación era la misma que la de los más de dos millones de kurdos y kurdas que, por ese tiempo, vivían en Rojava. Cuando llegó a España sin papeles, se empecinó en estudiar la carrera de periodismo. Después de 11 años, logró obtener el título. Desde ese momento, algunos de sus artículos se pueden leer en el portal Pikara Magazine, además de desempeñarse como traductora.


Cuando, en 2012, Rojava fue declarada una región autónoma por sus habitantes, Amina volvió. Lo hizo en marzo pasado y también ese 9 de octubre fatídico: el mismo día en que el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ordenó la operación militar “Primavera de Paz”, con el objetivo de robar grandes porciones de territorio kurdo, desbaratar a la Administración Autónoma de Norte y el Este de Siria (AANES), y aplicar un cambio demográfico en la zona, con la excusa de “reasentar” a los más de tres millones y medio de refugiados sirios que se encuentran en Turquía.

Hace poco más de una semana, Amina salió de Qamishlo para volver a España. Durante un mes, recorrió las calles de su ciudad y denunció, a través de sus redes sociales, la invasión militar de las fuerzas armadas turcas y una constelación de grupos de mercenarios y yihadistas, muchos de ellos que, hasta hace poco tiempo, integraban Al Qaeda y el Estado Islámico (ISIS).

En esta entrevista con La tinta, Amina Husein relata sus sensaciones más profundas sobre el mes que vivió en Rojava con la invasión turca en pleno apogeo. También habla del rol que juegan Rusia, Estados Unidos y el gobierno sirio en medio de los ataques militares turcos, que ya dejaron 300 mil personas desplazadas. Y rescata que, hasta la invasión, en Rojava, se había logrado construir una sociedad donde las mujeres tenían plenos derechos y todas las nacionalidades y religiones convivían pacíficamente.

—En tu última estadía en Rojava, ¿cómo viste a la población frente a la invasión turca?
—La verdad es que, como puedes imaginar, la población está bajo bombardeos. La gente está muy asustada, decepcionada y se ven solos por la retirada de las fuerzas norteamericanas. La población no estaba preparada para ayudar a tantos desplazados por los bombardeos, más de 300 mil personas huyeron de sus hogares por los ataques del ejército turco y los grupos yihadistas que apoya Ankara. La situación es de terror, miedo, además de que, debido a los bombardeos, muchos miembros del Estado Islámico (ISIS) que estaban encarcelados huyeron. Desde el 9 de octubre, ha habido varios atentados con coches bomba en varias ciudades del norte de Siria y Rojava. La prioridad es defender a la población civil, luchar contra Turquía, y el tema de la seguridad o la lucha contra el Estado Islámico es ahora la parte menos importante, porque hay otra prioridad: salvar vidas ante los ataques del gobierno turco.

—¿Cuáles pensás que son las razones del Estado turco para invadir Rojava?
—Eso siempre Erdogan lo menciona, no son mis palabras: es para establecer una zona segura en el norte de Siria para que los más de 3,5 millones de refugiados sirios que viven en Turquía puedan volver a sus casas. Pero tenemos que recordar que no todos los refugiados que viven en Turquía son de la zona de la frontera. La mayoría ni siquiera son kurdos. Erdogan quiere reubicar a estas personas en Rojava para hacer un cambio demográfico en la zona y poder echar a los kurdos hacia el sur de Siria, o hacia el desierto, y así quedarse con esta zona de la frontera. Recordemos que es una zona rica en petróleo, agricultura y agua dulce. Para hacer esto, Erdogan comete una limpieza étnica contra la población kurda. Los primeros refugiados llegaron hace dos días a las zonas de Serekaniye (Tal Albyad), pero ellos son de Ghuta, de Homs, que son regiones sirias que quedan bastante lejos de la frontera. Ahora ocupan casas de civiles kurdos que huyeron por los ataques de Turquía.

—¿Qué opina la población sobre las posturas de Rusia y Estados Unidos?
—Un día antes de que empezaran los ataques contra Afrin el 18 de marzo de 2018, Rusia retiró todas sus fuerzas que estaban en la zona. Eso mismo pasó en Serekaniye en octubre pasado, porque, después de una llamada telefónica entre Erdogan y Donald Trump, al día siguiente, las fuerzas norteamericanas se retiraron de la zona con las armas pesadas que tenían las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) y quedaron solo con ametralladoras, que son armas que no pueden hacer frente a la aviación y las armas de última generación que tiene el segundo ejército de la OTAN. La gente odia a las fuerzas norteamericanas, no confían ni en Rusia ni en el ejército sirio. La zona es un caos. El día que me fui, vimos patrullas turcas, rusas, del ejército sirio, norteamericanas, por la noche sobrevuelan aviones, y la gente ya no sabe quién controla cada zona. Es un caos y una inseguridad total.

—¿Qué responsabilidad tiene Europa ante la invasión turca?
—Cuando empezó la invasión turca, yo estaba ahí, porque llegué a mi ciudad el día 9 de octubre. Vi que muchos países europeos condenaron el ataque, pero, desgraciadamente, ningún país hizo nada, solamente suspendieron la venta de armas a Turquía. Eso no sirve de nada, porque Turquía ya tiene armas para ocupar no solo el norte de Siria, sino para luchar contra otras fuerzas del mundo, porque es el segundo ejército dentro de la OTAN. Esa suspensión de envío de armas se va a cumplir en uno o dos años, y no afectará a Turquía.

Europa debería hacer frente a Erdogan, o aplicar más sanciones contra el gobierno turco, pero tiene miedo por la carta de Erdogan sobre los refugiados, que la utiliza dos por tres. Erdogan dijo que abriría las puertas para que los refugiados entren en Europa. Europa tiene miedo y no creo que haga más que suspender la venta de armamento y condenar con palabras vacías que no sirven de nada.

—¿Qué sentiste en tu lugar de nacimiento y ver lo que estaba pasando?
—La verdad es una pregunta muy difícil. Justo llegué el día 9 de octubre a las cuatro de la tarde, en el mismo momento que Turquía empezó sus ataques. Me sentí mal, no sabía qué hacer, me sentía inútil más allá de que escribía desde ahí, lo denunciaba por las redes sociales, pero lo veía inútil y no servía de nada. Me sentí decepcionada. Después de tantos años de lucha contra el Estado islámico, de más de 12 mil muertos (de las FDS) y 13 mil heridos en la lucha contra ISIS, de gente que ha perdido brazos, piernas, gente que se ha vuelto loca por la lucha contra ISIS, los kurdos quedaron solos y eso me afecta mucho. Mi pueblo ha hecho todo este sacrificio y, al final, se ha quedado solo frente a un ataque brutal, delante de los ojos del mundo y el silencio cómplice de la comunidad internacional. Es una sensación frustrante. Cuando me preguntan esto, me quedo sin palabras, no sé explicarlo exactamente, porque es ver tu casa debajo de las bombas. Fui a mi casa, estaba toda destrozada, mi pueblo había quedado todo vacío, y eso destroza el alma y mata el corazón. Te dejan sin tus recuerdos, te roban la infancia y destrozan todo lo bonito que había quedado en esa parte de Siria.

—¿Qué aciertos y errores pensás que tiene el proceso en Rojava?
—Se lograron muchas cosas, se dio un papel muy importante a las mujeres, se construyó una aldea de mujeres (Jinwar) para las víctimas de la guerra en Siria. El ejemplo de copresidencia en Rojava es un ejemplo en el mundo, las administraciones están ocupadas por una mujer y un hombre; además, está la economía de las mujeres, los proyectos para que las mujeres se puedan hacer independientes, puedan cuidar de sus familias, aparte de la lucha armada, que es única en la zona. Se acabaron con muchos estereotipos machistas de la sociedad, con el patriarcado. El papel que la revolución de Rojava les dio a las mujeres es importantísimo y es, quizá, único en toda la zona. Medio Oriente es una región de países conocidos históricamente por su conservadurismo y machismo.

El error, tal vez, fue confiarse demasiado en Estados Unidos o Rusia. No creo que Rusia haga nada, aunque ahora vemos las patrullas rusas junto al ejército turco en la frontera. El sábado, las fuerzas turcas atacaron la zona de Ain Aissa, donde había banderas rusas, pero no hubo ninguna condena por parte de Moscú Rusia. El problema es la confianza en estas dos potencias y creo que no harán nada, y, entonces, Turquía continuará con su plan.

—¿Cómo ves el futuro de los pueblos de Rojava?
—He pasado un mes ahí, la gente sigue resistiendo, luchando, se manifiestan todos los días. Hay muchas manifestaciones cerca de las fronteras, la gente civil ataca con piedras las patrullas turcas que pasan por la zona. El futuro lo veo un poco inseguro y poco claro; en cada pueblo, hay un ejército diferente y la gente se siente insegura. En Rojava, hay cinco millones de personas: cristianos, árabes, kurdos, yezidíes, armenios.

En marzo pasado, estuve y había una convivencia pacífica y era una zona que no formaba parte de la guerra en Siria. Había muchos desplazados sirios que habían llegado de otras partes del país, todos vivían en paz, no había ningún problema, había tres idiomas oficiales (asirio, kurdo y árabe), la gente tenía sus derechos, la economía funcionaba muy bien, había muchos planes de construcción, pero ahora lo he visto todo parado. En cada ciudad, había un check point en la entrada y en la salida, pero ahora estaban vacíos. La amenaza yihadista volvió, ISIS volvió a reorganizarse en la zona. Pensaba que la guerra estaba terminando poco a poco, pero, desgraciadamente, vuelve otra vez. Parece que no tiene fin, desgraciadamente.
leandroalbani@gmail.com


miércoles, 21 de agosto de 2019

Otra ola represiva ordenada por el gobierno turco contra los kurdos

Por Leandro Albani:

El gobierno de Erdogan refuerza la represión contra el pueblo kurdo y sus representantes político, y ordena destituciones y detenciones masivas.

Nada parece detener la voracidad del presidente Recep Tayyip Erdogan. Este lunes volvió a hacer gala de su autoridad férrea y ordenó que tres co-alcaldes del Partido Democrático de los Pueblos (HDP) sean destituidos de los municipios de Amed, Mardin y Van, las principales regiones del Kurdistán turco.
Desde las seis de la mañana, un fuerte operativo policial acompañó a los funcionarios que llevaron adelante las “intervenciones”, aunque desde el HDP -la tercera fuerza política del país encabezada por los kurdos- denunciaron que lo que sucedió fue un nuevo “golpe político” del mandatario. Erogan, que reforzó sus políticas represivas luego del intento del golpe de Estado en su contra en 2016, dejó en claro hace bastante tiempo que uno de sus objetivos principales es erradicar al pueblo kurdo, conformado por más de veinte millones de personas en el sudeste del país.


Días antes de que el presidente tome esta decisión, la diputada kurda Ebrü Gunay y el legislador Garo Paylan, de origen armenio, llegaron a Argentina en el marco de una gira por Sudamérica hasta el 24 de agosto. El jueves pasado, Günay y Paylan brindaron una conferencia en el Senado de la Nación, y el sábado en la Asociación de Trabajadores Argentinos (ATE), en Buenos Aires, donde alertaron que el genocidio cometido por el Estado turco hace 105 años contra los armenios ahora se puede repetir contra los kurdos. Las palabras de los representantes del HDP sonaron premonitorias.

“La injusticia ha llegado a su máxima expresión”, declaró Ahmet Türk, co-alcalde de Mardin, destituido junto a Selçuk Mızraklı, co-alcalde de Amed, y Bedia Özgökçe Ertan, del municipio de Van.
La razón de este nuevo movimiento represivo del gobierno turco es conocido: acusar a los dirigentes del HDP de tener vinculaciones con el terrorismo. Para Ankara, el terrorismo no es el Estado Islámico (ISIS), sino el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), la organización política e insurgente que hace más de cuarenta años lucha por los derechos del pueblo kurdo.

En una declaración oficial difundida por los medios, la administración de Erdogan justificó las destituciones ya que los co-alcaldes, supuestamente, buscaban “convertir estos municipios en centros logísticos donde se proporcionaban recursos militantes, recursos financieros y equipos para apoyar actividades terroristas”.
Para Ahmet Türk, la administración de Erdogan “no reconocen la voluntad de los pueblos y lo quieren llamar democracia. Pero la realidad es evidente”. Türk fue elegido co-alcalde de Mardin, tras conseguir el 56 por ciento de los votos en las elecciones del 31 de marzo. En esos mismos comicios, Mızraklı alcanzó el 63 por ciento de los votos y Ertan el 53 por ciento.
Türk, que seguramente enfrentará un proceso judicial en su contra, aseveró el gobierno de Erdogan intenta establecer “un sistema carente de cualquier atisbo de legalidad”.

Para el presidente turco, esta modalidad de destitución no es nueva. Luego del intento de golpe de Estado de 2016, Erdogan ordenó intervenir la mayoría de las alcaldías del Kurdistán turco, gobernadas por el Partido Democrático de las Regiones (BDP), organización hermana del HDP. Más de sesenta co-alcaldes y co-alcaldesas fueron desplazados de sus cargos y muchos de ellos judicializados.
El paso de Ebru Günay y Garo Paylan por Argentina fue demasiado urgente. Anteriormente, habían estado en Uruguay, donde se reunieron con la comunidad armenia de ese país y con el ex presidente José “Pepe” Mujica. También mantuvieron un encuentro con la vicepresidenta uruguaya Lucía Topolansky. En unos pocos días, los representantes del HDP dejaron varias definiciones y opiniones sobre la larga noche que atraviesan los pueblos de Turquía.

Günay, electa diputada por la provincia de Mardin, explicó que en Turquía “es muy difícil abrir caminos para las mujeres en la política, porque el fascismo no quiere que existan diferencias y por eso no tiene espacio para las mujeres”. Según la diputada, “el fascismo” del partido gobernante AKP “depende y se fortalece con la guerra, donde la mayoría de las víctimas son las mujeres y los jóvenes”.
Günay también explicó que el HDP “trata de unir a los pueblos” para “construir la paz y derrotar a la política polarizadora del AKP”.

Por su parte, Paylan, elegido por la región de Amed, manifestó que en su país “el remedio al nacionalismo no es la enemistad entre los pueblos, sino la solidaridad y la cooperación entre las minorías”. Para Paylan, es fundamental “construir puentes de hermandad y fraternidad”. Paylan no perdió la oportunidad para mostrar la realidad dentro de Turquía: “Estoy en el área de economía en el parlamento, pero en la agenda nunca es el primer tema, porque todos los días hay violaciones de derechos humanos. Miles de trabajadores, académicos, abogados, periodistas están en las cárceles para silenciar al pueblo. Hace cuatro años hubo un proceso de paz entre el pueblo kurdo y el gobierno turco y hoy la situación es más dura. Roban el dinero del pueblo y compran armas y bombas que luego utilizan contra el pueblo kurdo. Hablan de la amenaza de seguridad, y usan eso de excusa y recrudecen la situación económica también.

Pero si no podemos resolver la democratización en Turquía no podemos empezar a discutir la situación de los trabajadores y la situación económica”.
“Una Turquía democrática puede ser un ejemplo de paz para todos, pero una Turquía oscura y racista puede ser un ejemplo para el mundo oscuro y una amenaza para todos -reflexionó Paylan-. En el mundo está lleno de defensores de derechos humanos, pero también hay gente como Trump, Putin y Bolsonaro. Tenemos que demostrarle al mundo que nosotros somos mejores que ellos”.

En medio de la gira por Sudamérica, Günay y Paylan ayer dieron a conocer una declaración en la que explicaban que suspendían las actividades restantes que tenían programadas en Argentina, Chile y Brasil, para volver a Turquía. En un breve comunicado, la diputada y el legislador expresaron que las destituciones de los co-alcaldes es “una clara demostración de la terrible situación en materia de derechos humanos y civiles, y de represión” que vive el país.

Erdogan no se contenta con la represión de los kurdos de Turquía, por eso su gobierno mantiene abierto otros dos frentes con el fin de desbaratar el poder del Movimiento de Liberación de Kurdistán.
En lo interno, como vimos, recortando los derechos y logros del HDP, y al negar el inicio de las negociaciones de paz. Aunque el gobierno permitió que el líder kurdo Abdullah Öcalan recibiera unas pocas visitas, al máximo dirigente del PKK -encarcelado en la isla-prisión de Imrali de 1999- se le niega la participación en unos diálogos que toda Turquía necesita de forma urgente.

El 12 de agosto pasado, Mehmet Öcalan, hermano del fundador del PKK, pudo visitar Imrali. En declaraciones posteriores, comunicó que el líder kurdo reiteró que es necesaria para Turquía una solución política que rechace el estado de guerra permanente en el que se vive dentro del país.

Con respecto a los frentes externos, el Estado turco continúan con los bombardeos constantes contra el Kurdistán iraquí (norte de Irak, Bashur), con el objetivo de destruir a la guerrilla kurda asentada en las montañas de Qandil. Ni el gobierno de Bagdad ni la administración de la región semi-autónoma de Bashur, encabezada por el Partido Democrático de Kurdistán (PDK), se pronunciaron en contra de estos ataques. El PDK, comandando por el poderoso clan Barzani, es uno de los principales aliados de Turquía en la zona. Sin respetar la soberanía de un país vecino, la aviación turca arrasa pueblos y aldeas, dejando como saldo a decenas de civiles muertos.

El otro frente exterior es en el territorio sirio. La región que gobierna la Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria (AANES) y defienden las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), se encuentra en una tensión continua por las amenazas del gobierno turco. El plan de Erdogan es invadir la región, como lo hizo en el cantón kurdo de Afrin, para imponer un gobierno leal a Ankara. Por ahora, Turquía bombardea algunas zonas del norte y el este de Siria, además de sostener al Ejército Libre Sirio (ELS) en Afrin. Este grupo, donde se reúnen mercenarios, miembros de Al Qaeda y ex combatientes de ISIS, está acusado de cometer una limpieza étnica en Afrin. Días atrás, Estados Unidos acordó con el gobierno de Erdogan implementar “centros de control” en una extensa zona del norte y el este de Siria, luego de varios días de negociaciones. Desde la AANES y las FDS rechazaron el plan original de Turquía, que era aplicar una “zona segura” de 40 kilómetros de profundidad en territorio sirio.

Con la destitución de los co-alcaldes de Amed, Mardin y Van, el HDP recibió un nuevo golpe de Erdogan. En un comunicado, desde el partido denunciaron “un nuevo y evidente golpe político”, que “muestra una actitud abiertamente hostil contra la voluntad política del pueblo kurdo”.

La dirección del HDP criticó que en las intervenciones anteriores en municipios kurdos, los recursos económicos fueron “agotados”. “El ministerio del Interior y el gobierno han sido el foco de la corrupción y los robos a través de sus fideicomisarios (interventores)”, remarcaron en el partido.

Ante el nuevo atropello, el HDP convocó “a todas las fuerzas democráticas, a todos los ciudadanos con conciencia, a todos los partidos de la oposición, las organizaciones de la sociedad civil, sindicatos y asociaciones democráticas, a unirse solidariamente contra un poder que se apodera de la voluntad de las urnas y las elecciones”.

Durante la jornada de ayer, en varias ciudades kurdas del sudeste de Turquía se efectuaron protestas y manifestaciones, reprimidas duramente por la policía. Horas antes de las protestas, el gobierno había desplegado un operativo policial en docenas de localidades kurdas, en las cuales fueron arrestados más de 400 miembros y militantes del HDP.

Los trabajadores de medios de comunicación tampoco quedaron al margen del operativo. Ziyan Karahan, editora de la agencia de noticias Mesopotamia, fue detenida durante una redada. A su vez, fue arrestado Vedat Dag, periodista de la oficina de prensa del HDP.

Selçuk Mızraklı, el co-alcalde de Amed que fue destituido, aseveró que se está usurpando “la voluntad de la gente” y que “ni la Constitución ni las elecciones están siendo respetadas”. “Todo el mundo que viva en Turquía debe saber que nadie puede sentirse protegido por la ley. Es de la voluntad de la gente de lo que se han apoderado”, sintetizó Mızraklı.

El gran temor del presidente Erdogan crece día a día. La respuesta del mandatario a los “peligros” que siente que lo acechan es, inevitablemente, la represión. El presidente turco sabe que el pueblo kurdo, junto a otras minorías étnicas dentro y fuera de Turquía, apuesta a la profundización de un cambio social heterodoxo, anti-estatal, democrático y donde las mujeres se convirtieron en el motor que tracciona la lucha y la resistencia. Este es el gran peligro que observa Erdogan. Los bombardeos indiscriminados, los arrestos masivos y los asesinatos a sangre fría son las respuestas de un mandatario acorralado, que no encuentra (o no le interesa encontrar) una fórmula para estabilizar a su país en lo económico y político.

Desde el otro lado, el Movimiento de Liberación de Kurdistán, en todas sus variadas expresiones, despliega sus propuestas abiertamente, para que todos y todas la oigan: en Turquía, demandando un proceso de paz y que su lucha institucional sea respetada; en Irak, defendiendo la autonomía en las montañas de Qandil, donde la premisa es vivir en comunidad y en paz; en Siria, reforzando un autogobierno en el norte y el este del país, creando nuevos órganos e instituciones para concretar la convivencia entre kurdos, árabes y otras nacionalidades de la región.

Frente a este panorama, el sueño de Erdogan de convertirse en un nuevo sultán otomano es apenas una pesadilla de un hombre trasnochado.
leandroalbani@gmail.com


miércoles, 7 de agosto de 2019

Erdogan apunta sus cañones contra el Kurdistán sirio

Por Leandro Albani:


Turquía tensa la cuerda y amenaza con una invasión abierta contra el Kurdistán sirio con el objetivo de derrotar a las fuerzas de autodefensa y ocupar el territorio. 

Una tensión filosa como un cuchillo recorre el Kurdistán sirio (Rojava). La frontera de casi mil kilómetros que separa a Turquía y Siria, en los últimos días se recargó de fuerzas militares, luego que el presidente turco Recep Tayyip Erdogan aumentara su apuesta de invadir esa región controlada por la Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria (AANES).


El domingo, Erdogan volvió a encender la mecha de una bomba que, si llega a explotar, profundizará la guerra en un país devastado después de ocho años de atentados, combates encarnizados, desplazamiento forzados de personas, asesinatos masivos y cohetes que estallan al compás de las frágiles relaciones entre las potencias implicadas en el conflicto sirio.

“Ahora vamos a ir al este del Éufrates. Se lo hemos dado a conocer a Rusia y Estados Unidos”, expresó el mandatario durante la inauguración del Hospital Urbano de Bursa y la autopista Estambul-Izmi. Erdogan argumentó que los movimientos militares de las fuerzas armadas turcas en la frontera con Rojava se deben a supuestos ataques desde el lado kurdo, algo negado por la AANES. “Tendremos paciencia hasta un cierto punto. Esta paciencia tiene un límite”, remató el presidente.

Desde hace varios días, tropas turcas se trasladan hacia la frontera y las amenazas de Erdogan fueron creciendo con el trascurso de las semanas. El gobierno de Ankara demanda que se establezca una “zona segura”, controlada por el ejército turco, que ingrese 30 kilómetros en el territorio de Rojava. La AANES y las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) dejaron en claro que esa “zona segura” podría aplicarse si tiene una extensión de cinco kilómetros, bajo el control de fuerzas enviadas por Naciones Unidas y las Asayish, las unidades locales que se desempeñan como una policía comunitaria.

En la actualidad, las tropas turcas -junto al Ejército Libre Sirio (ELS)- ocupan de forma ilegal el cantón kurdo de Afrin, además de zonas en Jarabulus, Al Bab y Azaz. La presencia turca en estas regiones fue denunciada desde un principio por la AANES y hasta por el propio gobierno sirio. Turquía también mantiene su presencia militar en la provincia de Idlib -en donde respalda a los grupos armados irregulares- luego de llegar a un acuerdo con Rusia.

La ocupación turca en Rojava ha generado una crisis humanitaria que continúa en aumento. Se calcula que luego de la invasión de Afrin, en marzo de 2018, al menos 200 mil pobladores fueron obligados a abandonar sus hogares y más de 300 asesinados. A esto se suma el secuestro sistemático de personas, efectuados por las milicias del ELS -conformadas por ex miembros del Estado Islámico (ISIS) y Al Qaeda-, como también el plan de cambio demográfico aplicado en el territorio con la metodología de expulsar a los habitantes originarios y trasladar desde otros puntos de Siria a yihadistas desmovilizados junto a sus familias. Entre las atrocidades cometidas por las fuerzas de ocupación también se cuentan el robo de reliquias y artefactos arqueológicos, el saqueo de viviendas particulares, la prohibición del idioma kurdo y el cambio de los planes de estudios en las escuelas.

Aunque Turquía todavía no lanzó una invasión abierta contra Rojava, los bombardeos contra diferentes lugares de la región son constantes. Sólo en la jornada de ayer, el ejército turco bombardeó las poblaciones de Herbil, Sheikh Isa y Semuqa, en el cantón de Shehba, al mismo tiempo que lanzaba fuego de artillería sobre las aldeas de Zuwyan, Xirbet Şaalê, Til Cîcan y Til Medîq, en Al Bab. El mismo lunes, las bombas turcas cayeron en las poblaciones de Burc Qes y Mezin, en el distrito de Sherawa, en Afrin, dejando como saldo una persona muerta y dos heridas.

Ante esta situación crítica, la AANES y las FDS alertaron que las amenazas y los ataques turcos permiten el incremento de las actividades delictivas y los atentados de ISIS. Si bien las FDS derrotaron al Estado Islámico en marzo pasado cuando liberaron el pueblo de Baghuz, en la región sobreviven células yihadistas que ya cometieron varios atentados. Las fuerzas de autodefensa de la AANES advirtieron que “las células de ISIS continúan sus ataques con el objetivo de erosionar la seguridad en la región e infundir el miedo entre la población” y reiteraron que el principal aliado del grupo terrorista es Turquía.

El objetivo principal de Turquía con sus intenciones de invadir Rojava es cortar de cuajo el proceso político y social que se viene desarrollando hace siete años, cuando las fuerzas kurdos -a las que se sumaron grupos árabes, turcomanos, armenios, asirios y de otras nacionalidades- liberaron el territorio y declararon una autonomía basada en la igualdad étnica y religiosa, el empoderamiento de las mujeres, y la construcción de cooperativas y comunas. Para Erdogan, esta propuesta choca directamente con sus ambiciones neo-otomanas de expansión territorial e ideológica, donde se mezclan las ideas nacionalistas más reaccionarias y el islam político más conservador, ligado al pensamiento de los Hermanos Musulmanes.

Ante el avance turco, Estados Unidos y Rusia pujan por tener bajo su ala a Erdogan. La Casa Blanca, que mantiene menos de dos mil tropas en el norte de Siria y forma parte de la Coalición Internacional contra ISIS, intenta presionar al mandatario para que, por un lado, se aleje de Moscú, y por otro reduzca la presión contra los kurdos. Desde el gobierno ruso, el acercamiento con Ankara es constante, tanto en lo diplomático, como en lo político y militar (en este último caso con la venta de armamento pesado). Estados Unidos y Rusia tienen una gran responsabilidad sobre lo que sucede (y pueda suceder) en Rojava, ya que poseen el poder suficiente para detener las aspiraciones de conquista de Erdogan. Hasta ahora, ese poder es administrado de diferentes formas, pero por el momento los planes de Turquía avanzan sin demasiados problemas.

Los peligros que atraviesan la AANES y las FDS también se extienden por otros frentes. Desde el gobierno de Damasco mantienen la intransigencia de no reconocer la autonomía en el norte y el este del país, y las conversaciones iniciadas meses atrás se suspendieron sin ningún logro importante. Por otra parte, la agencia de noticias Hawar reveló que la Guardia Revolucionaria de Irán -que respalda en el terreno al gobierno sirio- desplegaron tropas en la provincia de Deir Ezzor, liberada por las FDS y que posee vastas reservas de hidrocarburos. En el territorio iraní viven más de ocho millones de kurdos en la región conocida como Rojhilat, que forma parte del Kurdistán histórico. Los kurdos de Irán son blanco de una represión permanente por el gobierno central.
Ante este panorama crítico, la comandante general de las FDS Newroz Ehmed expresó que sus fuerzas siempre favorecieron el diálogo como método para resolver el conflicto vigente, y advirtió que si Turquía ataca Rojava se extenderá la guerra en Siria.

En una entrevista publicada ayer en la agencia de noticias ANF, Ehmed aclaró “nunca hubo ataques” al territorio turco “desde nuestro lado”, y que “nunca nos hemos comprometido a poner en peligro la política estatal turca”. La comandante de las FDS explicó que “la idea de zona segura entró en nuestra agenda a través de las amenazas” de Turquía, ya que “nuestra región es la más segura”.

Para Ehmed, Turquía y sus aliados “quieren dividir la región entre ellos y destruir los valores creados a través de un alto precio pagado. Esto es lo que crea la gran amenaza y expone las verdaderas intenciones del Estado turco”. La comandante de las FDS apuntó que “cada vez que el Estado turco nos amenaza, ISIS intensifica sus ataques en la región. Los ataques han aumentado significativamente en este período más reciente, lo que demuestra que el Estado turco quiere revivir al ISIS y controlar la región a través de ellos, o si eso falla, solo crear el caos”.

Sobre la reciente reunión del comando central de las FDS con el general estadounidense Kennet McKenzie y el enviado especial para la Coalición Internacional, William Roebuck, Ehmed señaló que los representantes de la Casa Blanca se mostraron favorables a “alcanzar una solución sin otra guerra en la región”, pero “las amenazas estatales turcas están bloqueando la solución. Estas reuniones más recientes no han producido resultados concretos, pero el proceso continúa”.

Al cierre de esta edición, una delegación estadounidense se había trasladado a Ankara para discutir con el gobierno de Erdogan la implementación de la “zona segura”. Más allá de lo que se defina en ese encuentro, el mandatario turco tiene en claro que su gran aporte para la causa neo-otomana es barrer a los kurdos de Siria y, si eso sucede, seguir soñando con convertirse en el nuevo sultán de Medio Oriente.

leandroalbani@gmail.com

viernes, 4 de enero de 2019

Vivimos las peores Crisis Humanitarias


Por Germán Saltrón Negretti:

Según la ONU terminamos el año 2018, con Yemen como la peor crisis humanitaria en el planeta, a pesar de los buenos deseos, el mundo no será un mejor lugar para millones de personas. Distintos organismos humanitarios identificaron al menos 17 crisis que se agudizarán durante este año. El continente más grave es África, como siempre donde al menos 10 países sufren conflictos civiles y sequías que agravan su situación humanitaria, el panorama es especialmente grave en Somalia, Sudán del Sur y Etiopía donde la hambruna y los combates no cesan y generan miles de muertos y desplazados.

Se ha dicho con frecuencia que el mundo no volverá hacer lo mismo, después del 11/09/2001, y la invasión a Afganistán, Palestina y la invasión a Irak. En Medio Oriente después de siete años del conflicto en el medio oriente en Siria, parece acercarse a su final, pero hay cerca de 5 millones de personas que necesitan ayuda humanitaria, especialmente en Guta Oriental bastión rebelde a las afueras de Damasco, donde 400 mil personas permanecen sitiadas. Yemen seguirá siendo la más grave crisis humanitaria actualmente, con el mayor brote de cólera que se extiende sin control mientras los combates y los bombardeos de Arabia Saudita, continúan afectan principalmente a la población civil.

Existe también hambruna en Yemen. No será como la hambruna que vimos en Sudán del Sur a comienzo de año, cuando decenas de miles de personas fueron afectadas. Tampoco será como la hambruna que costó 250 mil vidas en Somalia en 2011. Será la hambruna más grande que el mundo jamás haya visto por varias décadas con millones de víctimas”, advirtió Mark Lowcock, secretario adjunto de Asuntos Humanitarios de la ONU. En Asia la crisis de los rohinyá y la inestabilidad en Afganistán son las principales preocupaciones. El gobierno de Kabul, que controla solo el 57% del país, enfrenta un avance de los talibanes y el Estado Islámico, mientras que en Myanmar (Birmania) la violencia contra los rohinyá provocará una crisis alimentaria y de servicios básicos en los campos de refugiados de Bangladesh que actualmente albergan a 680 mil desplazados.

Para hacer frente a esta crisis humanitaria, la ONU ha solicitado a los donantes internacionales recaudar unos 22 mil 500 millones de dólares, cifra por supuesto insuficiente que se repartiría como ayuda humanitaria a 38 países. La ONU calcula que existen 135 millones de personas que necesitan ayuda urgente, pero con ese dinero solo 91 millones podrían recibirla, 44 millones de personas quedarían desamparadas.

Como está comprobado África es la cuna de la civilización humana, de aquí emigraron los primeros primates que lograron aprender a caminar de forma erguida y conformaron los seres humanos sometidos al sistema esclavista en todo el planeta, llevado por españoles, ingleses y portugueses en barcos negreros a la América del Norte, del Sur y Europa. La situación mundial actual es caótica, lo que el fascismo fue y es, como ideología me viene a la mente su dicho histórico “cada vez que escucho la palabra cultura saco la pistola” decían los dirigentes nazis. Todavía existen muchos que tienen pistolas y actúan de esa manera como Donald Trump y que son un peligro para el planeta.
aplenavoz2012@gmail.com

domingo, 11 de noviembre de 2018

Yemen: el infierno creado por Arabia Saudí

Por Leandro Albani:

Mientras el territorio yemení es arrasado desde hace casi cuatro años por los bombardeos de Arabia Saudí, el mundo mira para otro lado.

Yemen es un infierno. Y a nadie parece importarle. El país de Medio Oriente, uno de los más pobres del mundo, atraviesa una tormenta de bombardeos y matanzas impulsadas por Arabia Saudí desde hace casi cuatro años. La frontera entre las dos naciones del Golfo Pérsico se convirtió en una zona de nadie por donde el reino de la familia Saud descarga miles de toneladas de misiles que transformaron a Yemen en una tierra arrasada al borde del colapso.

Por estos días, las miradas están puestas en el príncipe heredero, Mohammed Bin Salman (MBS), debido al asesinato del periodista Jamal Khashoggi en el consulado saudí en Estambul. El escándalo internacional resuena en todos los medios, Estados Unidos –principal aliado de Arabia Saudí- se quiere mostrar decidido en condenar el hecho y el presidente turco Recep Tayyip Erdogan se posiciona como un defensor absoluto de la libertad y filtra la información escalofriante sobre lo que le sucedió a Khashoggi en sus medios de comunicación afines. Pero a nadie parece importarle la crisis humanitaria en Yemen.

Cuando MSB, que también se desempeña como Ministro de Defensa, ordenó los bombardeos sobre Yemen, sus cálculos eran simples: la tribu houti y su brazo político-militar Ansarolá, aliados de Irán, eran una excusa perfecta para desatar una guerra justa contra la expansión persa; por otro lado, un país azotado por una pobreza estructural y conflictos internos no iba a resistir el poderío militar saudí. Luego de más de tres años de bombardeos sobre Yemen, el horizonte planeado por MSB es cada vez más oscuro. Los houtis controlan buena parte del territorio yemení, sus fuerzas militares no sólo resisten la invasión, sino que dieron varios golpes de fuego en suelo saudí, y el malestar contra la principal monarquía de Medio Oriente no para de crecer.

La invasión a Yemen no se puede entender como un “capricho” de MSB o con el argumento de la disputa inter-estatal entre Arabia Saudí e Irán. La nación de las tribus tiene, entre sus riquezas, el Estrecho de Bab Al Mandeb, por el cual fluían casi cuatro millones de barriles de petróleo y productos refinados diarios. Además, Yemen -con 527.000 kilómetros cuadrados- es productor de petróleo y posee grandes reservas de gas natural. Se calcula que, en el país, habitan un poco más de 28 millones de personas, de las cuales 22 millones necesitan ayuda para sobrevivir, según la Cruz Roja Internacional (CICR), que describe la situación como “la mayor crisis humanitaria del mundo”.

Hombres, mujeres y niños son los objetivos de guerra de Arabia Saudí. La invasión de la monarquía, comandada por el rey Salmán bin Abdulaziz, tiene un respaldo internacional concreto, apuntalado a través de los petrodólares. Estados Unidos y Europa siguen enviando armamento a Riad a cambio de barriles de petróleo y cantidades de dinero pocas veces vista.

El poder saudí, para cubrir con un manto de silencio la crisis humanitaria en Yemen, también llega a América Latina. En septiembre pasado, el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó una resolución para prorrogar, por un año, el mandato de su grupo de expertos internacionales y regionales que investiga las violaciones de los derechos humanos en el país. La resolución fue aprobada con 21 votos a favor, ocho en contra y 18 abstenciones. Entre los países que votaron en contra, estaban Cuba y Venezuela.

A finales de agosto, los expertos internacionales y regionales de la ONU presentaron un informe en el que evaluaron la situación en Yemen entre septiembre de 2014 y junio de 2018, y responsabilizaron por los crímenes de guerra a Arabia Saudí y a los Emiratos Árabes Unidos.
El 3 de septiembre pasado, el secretario general de la ONU, António Guterres, alertó de que Yemen “se encuentra al borde del precipicio”. El funcionario convocó a la comunidad internacional a evitar “una catástrofe inminente” y a detener “la peor hambruna” de las últimas décadas en el mundo. Desde la ONU, también advirtieron que si no se adoptan medidas concretas, la mitad de la población yemení (unas 14 millones de personas) podría estar expuesta a la hambruna durante los próximos meses.
Por su parte, el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) reveló, el miércoles, que los niños y las niñas yemeníes atrapadas en la ciudad portuaria de Al Hudayda se encuentran en “riesgo inminente de muerte”. Henrietta Fore, directora ejecutiva de Unicef, puntualizó que los ataques contra la localidad costera al oeste del país “se están aproximando peligrosamente al hospital de Al Thawra, poniendo en riesgo inminente de muerte a 59 niños, incluyendo 25 que están en cuidados intensivos”. Fore agregó que, solo en Al Hudayda y en las provincias colindantes, vive el 40 por ciento de los 400.000 niños y niñas de Yemen que sufren desnutrición aguda grave. Los bombardeos de Arabia Saudí contra la ciudad se multiplicaron, ya que, por sus puertos, ingresa el 80 por ciento de la ayuda humanitaria y las importaciones comerciales a Yemen.

Unos días antes de las declaraciones de Fore, el director regional del Unicef en Oriente Medio y el Norte de África, Geert Cappelaere, resumió que los ataques saudíes convirtieron a Yemen en un “infierno terrenal”.
Aunque es difícil conocer datos concretos sobre Yemen, se calcula que, desde que comenzó la invasión, fueron asesinados entre 10 mil y 15 mil civiles, a los que se suman miles de heridos. Además, la infraestructura del país fue destruida completamente y existen brotes de difteria y cólera que se expanden debido a la falta de servicios sanitarios. Pese a este panorama, a nadie parece importarle Yemen.
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