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sábado, 28 de marzo de 2020

Erogan la otra pandemia que arrasa en Turquía



Por Leandro Albani:
El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, nunca pierde el tiempo. Ante cualquier posibilidad que le presente la realidad mundial, redobla sus políticas represivas contra las minorías étnicas en su país, especialmente, los kurdos.

En medio de la pandemia del coronavirus, el mandatario ordenó la destitución de otros ocho alcaldes y alcaldesas de municipios gobernados por el Partido Democrático de los Pueblos (HDP), la tercera fuerza política del país que representa al pueblo kurdo, a las minorías étnicas y a organizaciones de izquierda y progresistas turcas.


La medida tomada por Erdogan no es nueva. Desde el 31 de marzo de 2019, cuando se efectuaron las elecciones regionales en Turquía, el Ejecutivo redobló su persecución contra el HDP y a todo que oliera a oposición. En esos comicios, el gobernante Partido Justicia y Desarrollo (AKP) de Erdogan perdió la alcaldía de Estambul, la más importante del país. Debido a los resultados adversos, la Comisión Electoral Suprema anuló las elecciones, que se repitieron en junio, donde el AKP volvió a ser derrotado. Para esos últimos comicios, la victoria se la llevó otra vez el Partido Republicano del Pueblo (CHP), que contó con el apoyo abierto del HDP.

Los nuevos municipios intervenidos son Batman (la ciudad central, de la provincia homónima), Silvan, Ergani, Lice y Egil (cuatro distritos de la región de Diyarbakir), Güroymak (distrito de Bitlis), Gökçebag (ciudad in Siirt) y Halfeli (ciudad in Igdir). Incluyendo estos últimos, el gobierno turco ya despojó al HDP de 32 municipios, en los que nombró de forma arbitraria interventores. Esta cifra –que, por lo visto, no conmueve a nadie en el mundo- no incluye a otros seis alcaldes electos, pero a los cuales se les negó asumir sus funciones.

En todos los casos, los alcaldes y alcaldesas destituidos son acusados de “pertenencia a una organización terrorista”, argumento que utiliza Erdogan para vincularlos con el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), organización político-militar con más de cuatro décadas de vida, que el Estado turco considera ilegal.

El gobierno de Erdogan mantiene varios frentes abiertos que, con la crisis generada por el coronavirus, tendrán que ser seguidos de cerca. Hacia afuera, mantiene tropas y sostiene a grupos terroristas (muchos de ellos integrados por ex combatientes del Estado Islámico) en la provincia siria de Idlib y en el norte y el este de Siria. El cantón kurdo de Afrin (invadido en marzo de 2018) y una franja importante de la frontera común, con epicentro en la ciudad de Serekaniye (ocupada en octubre del año pasado), representan la principal avanzada de Ankara en su plan de extensión territorial, basada en los sueños neo-otomanos de Erdogan. Hacia adentro, antes del coronavirus, Turquía transitaba una sostenida crisis económica, con un desempleo masivo y una inflación que el Ejecutivo no puede controlar.

La persecución y la represión desatada desde el Estado pueden resumir ambos frentes, y, si bien son una constante desde la conformación de la República turca en 1923, en esta última década, Erdogan se encargó de perfeccionar esas herramientas punitivas.

El miércoles pasado, desde el HDP, fueron categóricos al afirmar en un comunicado que “el gobierno turco usa el clima de la pandemia como una oportunidad para poner en marcha las formas más malignas de represión contra las instituciones democráticas kurdas, concretamente, sus municipios, haciendo todavía más complicado para los kurdos combatir el coronavirus”.

Con respecto a las intervenciones del lunes, el partido explicó que “no hay ninguna orden judicial para estas nuevas detenciones y nombramientos de fideicomisarios (interventores). Los cargos presentados contra nuestros alcaldes tampoco son sorprendentes: apoyo al terrorismo”.

En el HDP, expresaron que, por estos días, “además de contra el coronavirus, estamos luchando simultáneamente contra otro virus: el del autoritarismo racista contra los kurdos y su voluntad democrática”. “Este virus del autoritarismo racista es también un grave problema de salud pública y estamos comprometidos a sobrevivirlos a ambos”, agregaron desde el partido.

Por su parte, el diputado y vicepresidente del HDP, Garo Paylan, presentó, el martes, un paquete de medidas económicas para paliar la crisis. Entre los puntos más destacados, se encuentran la suspensión del pago de alquileres, intereses de créditos bancarios; la prohibición de despidos y la gratuidad de los servicios básicos, además de un apoyo concreto a las pequeñas y medianas empresas. Paylan también comunicó que las compañías que terminaron sus operaciones deberían proporcionar a los empleados vacaciones pagas y todos los ingresos tributarios tomados de los trabajadores deben ser cubiertos por el Estado. Entre otros puntos, el HDP propuso que las mujeres de bajos ingresos -que son trabajadoras precarizadas, de limpieza o madres solteras- deben recibir un apoyo directo de ingresos.

Ante la situación que vive el país, una veintena de organizaciones de derechos humanos demandaron que el gobierno aplique medidas urgentes para proteger a los presos y a las presas del coronavirus. En una declaración conjunta, las agrupaciones indicaron que, en las cárceles turcas, hay aproximadamente 300 mil detenidos y detenidas, generando una superpoblación extrema. Las organizaciones exigieron que todos los presos en prisión preventiva y los condenados únicamente por ejercer su libertad de expresión sean liberados incondicionalmente.

Aunque el gobierno turco anunció medidas, todavía no se pronunció sobre la situación de los casi cuatro millones de refugiados y refugiadas que se encuentran en el país, luego de firmar con la Unión Europea (UE) un acuerdo millonario para retenerlos y que no crucen las fronteras. En las últimas semanas, este acuerdo comenzó a resquebrajarse debido a la presión de Erdogan para que la UE desembolse más dinero, por lo cual su administración ordenó liberar las fronteras, por lo cual miles de personas se precipitaron para cruzar hacia Grecia, hecho que desencadenó una dura represión contra los refugiados.

Turquía, con más de 83 millones de habitantes, hasta el momento, tiene -según cifras oficiales del jueves- un total de 75 personas muertas por coronavirus y 3.629 infectados. Mientras se conocía esta noticia, el ejército lanzó una operación militar en las aldeas rurales de Zenge, Kerwes y Licok, en el distrito de Lice, en Amed, en el sudeste del país.

leandroalbani@gmail.com

domingo, 17 de febrero de 2019

México el rescate de la identidad por la educación


Por Víctor Manuel Barceló R.:

Un sistema planetario en crisis, se adiciona con la presión de la potencia hegemónica en América, para instar a que la vida de nuestras naciones se incline forzadamente hacia valores que contravienen los históricos de la solidaridad y la democracia, a fin de fortalecer los de globalidad y derechos individuales, que impulsaron desde los años 80 del siglo XX, a través del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, provocando desarraigo y confusión en diversos órdenes de la vida de nuestros pueblos y comunidades.


Esas presiones por mantener el control de “su traspatio”, que lleva al imperio hacia actitudes marcadamente de control y vigilancia de nuestras decisiones soberanas, provocan pobreza y miseria en los pobladores, que reaccionan emigrando masivamente hacia las fronteras de la nación que induce el éxodo y que califica tal movimiento poblacional, cada vez con epítetos más crueles y faltos a la verdad, en algunos casos. 

La renovada política de “América para los americanos” –considerándose ellos América- está dando frutos favorables a los intereses extra nacionales en el Continente, impulsando la toma del poder por grupos de la derecha, mediante “golpes blandos”, en países de una gran importancia por sus dimensiones, población y tamaño de sus economías. Tales grupos ultraderechistas están echando por tierra resultados muy positivos para las clases marginadas, construidos por gobiernos progresistas, que les estaban sacando del marasmo de siglos en que habían vivido.

Ver:https://outlook.live.com/owa/?path=/mail/inbox/rp  
Pero las condiciones espinosas no disminuyen. The Wall Street Journal dice que la decisión de EU para destituir al presidente Nicolás Maduro, es el primer paso del gobierno de Donald Trump para “remodelar” Latinoamérica, siendo Cuba su siguiente objetivo. El informe señala que EU proyecta divulgar nuevas medidas contra Cuba en próximas semanas, considerando nuevas sanciones –como si las que sufre no fueran suficientes- y volver a calificar a la Isla como estado adalid del terrorismo. Se juzga que la medida podría complicar duramente las inversiones extranjeras en ese país.

The Wall Street Journal, indica también, que EU apuntaría luego a Nicaragua. Se recuerda que en noviembre, el asesor de seguridad nacional John Bolton calificó a las tres naciones citadas, como una “troika de la tiranía”. En esta línea de pensamiento, la semana pasada, el vicepresidente Mike Pence afirmó que a Trump “no le entusiasman” intervenciones estadounidenses en el extranjero, “excepto en este hemisferio”. Ver:

https://www.democracynow.org/es/2019/2/1/titulares/wsj_after_venezuela_us_to_target_cuba_in_effort_to_reshape_latin_america

v_barcelo@hotmail.com

martes, 12 de febrero de 2019

Congresista estadounidense a Guaidó: "Usted no puede autorizar intervenciones militares de EE.UU."



Por José Alfredo Pineda Dubon 

Ro Khanna recuerda al líder opositor venezolano que solo el Congreso de EE.UU. puede autorizar las intervenciones militares del país. Después de que el diputado opositor venezolano Juan Guaidó no descartara esta semana autorizar una intervención de EE.UU. en el país caribeño, el congresista demócrata estadounidense Ro Khanna le ha recordado al autoproclamado "presidente encargado" que no le corresponde a él tomar este tipo de decisiones.
 "Señor Guaidó, usted puede proclamarse líder de Venezuela, pero no puede autorizar las intervenciones militares de EE.UU. Solo el Congreso de EE.UU. puede hacerlo", tuiteó Khanna el sábado. Y agregó: "No lo haremos".

En otro tuit reiteró que ni el presidente, ni los "funcionarios neoconservadores del Departamento de Defensa", ni tampoco los cabilderos contratistas de defensa "tienen el poder de decidir si EE.UU. debe participar en conflictos militares". "Solo el Congreso", enfatizó.

 Interpelado por AFP acerca de si autorizaría una intervención militar de EE.UU., el líder de la Asamblea Nacional en desacato dijo esta semana estar dispuesto a "hacer todo" lo necesario. "Haremos todo lo posible. Esto es un tema obviamente muy polémico, pero haciendo uso de nuestra soberanía, el ejercicio de nuestras competencias, haremos lo necesario", subrayó Guaidó.
Por su parte, el presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó el pasado domingo que la intervención militar en Venezuela es una "opción" para resolver la situación que vive la nación latinoamericana.

 La crisis política de Venezuela estalló después de que Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional —que se encuentra en desacato desde 2016 y cuyos actos son nulos, según varias sentencias del Tribunal Supremo de Justicia venezolano—, se autoproclamara "presidente encargado" de su país y fuera reconocido como tal por EE.UU. y otras naciones latinoamericanas y europeas.

 Por su parte, Caracas denunció que la oposición venezolana encabeza "un golpe de Estado" con el respaldo de EE.UU., y acusó a Washington de llevar a cabo "guerras injustas", así como de "arrasar con poblaciones civiles inocentes" y "bloquear economías".
 ose.alfredo.pineda@mail.ru

viernes, 25 de agosto de 2017

Venezuela Una nueva agresión despiadada

Por Rodrigo González:

La “opción militar” manifestada por el Presidente de EE.UU, Donald Trump, en su vocación neocolonial, para elevar la violencia contra los pueblos de nuestra américa y el Caribe; amenaza con invadir la hermana República Bolivariana de Venezuela y avanzar en su sostenido plan injerencista por parte del Imperio Norteamericano, a través del Comando Sur, la CIA y el beneplácito de aliados como Luis Almagro de la Organización de Estados Americanos (OEA).


La derecha fascista internacional, hace sonar tambores de guerra una vez más, como ya ocurrió con 40.000 bombas en Libia, en Irak con el verso de las armas de destrucción masiva, sumado a las  terribles  masacres mercenarias en Siria, Afganistán entre otras intervenciones guerreristas en el mundo, sembrando a su paso muerte y devastación destruyendo pueblos hermanos con millones de desplazados de naciones agredidas por parte del Imperio más salvaje y poderoso del mundo.
 
En su locura de intervención militar-imperial, la nueva administración Norteamericana encabezada por el Presidente Donald Trump, se manifestó coincidentemente en tiempo en virtud del fracaso de las burguesías y oligarquías locales de Venezuela con apoyo extranjero claro, donde depositaban su financiamiento hasta tanto se establezca un gobierno paralelo o con apoyo a las intentonas terroristas para tomar el Palacio de Miraflores por oposición violenta, con grupos de choque, paramilitares y mercenarios y así acabar con el Proceso de la Revolución Bolivariana y el Gobierno legítimamente constituido del Presidente Nicolás Maduro en la hermana Patria de Bolívar, Zamora y el Comandante Chávez.

Esta escalada intervencionista se justifica frente a los diversos factores antidemocráticos y la derecha fascista internacional y a una “oposición” que fue nuevamente derrotada en la elección de la Asamblea Nacional Constituyente este 30 de julio de 2017, mediante el sufragio universal y a la vez ratificando un horizonte que como en el año 1999 con la Constitución Bolivariana y también con en el “Plan de la Patria” ratificare en democracia participativa y protagónica, ganada por la Revolución Bolivariana con más de 8 millones de votos de Venezolanos y Venezolanas en de la búsqueda de la Paz, el diálogo soberano, de respeto mutuo, sin injerencia en asuntos internos en nuestra Patria Grande Latinoamericana con derecho a desarrollar con dignidad y con orgullo modelos propios de desarrollo  económico, político, social; contra el salvajismo inhumano del capitalismo imperialista.

En el marco de la Carta de las Naciones unidas, el derecho internacional, el respeto a la autodeterminación de los pueblos el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) afirmó: “la situación de Venezuela no representa una amenaza para la paz y la seguridad internacional”.
Por otra parte y en virtud de las diversas sanciones internacionales impuestas, el relator especial de Naciones Unidas mencionó “que las medidas coercitivas unilaterales no debe en ningún momento ser utilizados como instrumento de política exterior, y que la vía que se debe establecer ante cualquier diferencia es sin duda el diálogo “Ningún estado puede aplicar o fomentar el uso de medidas económicas, políticas o de cualquier otra índole para coaccionar a otro estado a fin de lograr que subordine el ejercicio de sus derechos soberanos u obtener de él ventajas de cualquier orden”.

Como ha ocurrido en la historia con el Plan Cóndor, nuevamente sobrevuelan las águilas del Imperio en el cono sur, contra Venezuela tiene el aval de  Macri en Argentina, Temer en Brasil o Cartes en Paraguay (La nueva Triple Alianza) Uruguay, Almagro en la OEA incluso para justificar todo método ilegal, improcedente y antidemocrático de expulsión del MERCOSUR.  Tristes sus beneplácitos de nueva tecnología militar, manchadas de sangre del Pueblo como en toda guerra  junto a la persecución, tortura, desaparición y encarcelamiento de quien se oponga aunque sea por la Paz en Colombia y a acuerdos alcanzados, nunca respetados. Bases militares en todo el continente incluido Malvinas, operaciones militares en el cono sur, la triple frontera o el norte Argentino en una coordinadora represiva de los golpes de estado en Honduras, Paraguay, la intervención militar en Haití o intentos de magnicidio.
                                                                             
Reivindicamos la dimensión de la patria grande latinoamericana, como necesaria y clara respuesta a las históricas acciones de escisión y fragmentación de los sucesivos coloniajes españoles, portuguesa, inglés y norteamericano.

Un Camarada escritor, luchador Argentino Marco Teruggi  decía:

 “Mapa de la derrota opositora en Venezuela”:

“Pasó lo que les suele pasar: se equivocaron en sus análisis. Sobreestimaron la fuerza propia, subestimaron al Chavismo, leyeron de manera errada el estado de ánimo de las masas, calcularon mal las coordenadas del campo de batalla. Y en las batallas las responsabilidades son colectivas, pero diferenciadas: el peso mayor recae sobre los generales – así lo enseña, entre otros, el libro La extraña derrota, de Marc Bloch-. Porque hubo una derrota, táctica en el marco de un equilibrio inestable prolongado, pero derrota al fin, y eso trae cambios, facturas, desbandadas y cambios de posiciones”

Esta nueva amenaza de los EEUU a nuestra Zona de Paz, (declarada así y ratificada por los 33 estados miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC))

Encontrará en los Pueblos la defensa de nuestra naturaleza y de la humanidad junto a miles de millones de personas, cooperativistas, mujeres, jóvenes, obreros, campesinos,  indígenas que luchan contra del  poder mundial y sus propósitos en favor de más  ganancia, en un escenario de crisis capitalista mundial, pueda convertirse en otro “Playa Girón”

Los pueblos somos conscientes de la construcción del momento político en nuestra Patria Grande Latinoamericana y que requieren de los más altos valores militantes y también los más hermosos; como el internacionalismo en esta lucha de liberación, construyendo poder popular, hacia la construcción de una sociedad sin explotadores ni explotados: Una sociedad y una Patria Latinoamericana y Socialista!

Decía El Libertador Simón Bolívar: “No envainaré jamás la espada mientras la libertad de mi Patria no esté completamente asegurada”.

El Informador-Órgano de Comunicación del Movimiento de Ocupantes e Inquilinos MOI


sábado, 19 de agosto de 2017

Trump lo dice abiertamente, los hipócritas de América tiemblan

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

Que un presidente de Estados Unidos amenace a otros con una intervención militar si no cumple lo que su administración ordena, es una redundancia desde finales del siglo XIX, cuando las iniciales 13 colonias que le dieron vida a ese país, comenzaron su expansión hacia el oeste avasallando a los pueblos originarios de esas regiones,  destruyendo sus civilizaciones y culturas. Ya en el gobierno de John Adams (segundo presidente de Estados Unidos) que comenzó en 1797, se aprobaron las “Leyes de Extranjería y Sedición” que significaron, de alguna forma, la legalización de la amenaza contra los ciudadanos de un país considerado hostil.


De manera tal que no es extraño, que Donald Trump, siguiendo el ritual de sus antecesores haya amenazado a Venezuela con una intervención militar, solo ha cambiado el formato: El 9 de marzo de 2015, el presidente Barack Obama emitió un decreto que declaró a Venezuela como una amenaza para la seguridad de Estados Unidos. Por su parte, en agosto de 2006, el presidente George W. Bush, había afirmado que “…Chávez no era una amenaza militar”, pero aseveró que si era “una amenaza para el debilitamiento de la democracia” (sic).

En fin, palabras más, palabras menos, la condición de pueblo elegido que ha sido auto asumido como destino divino de Estados Unidos, le proporciona la justificación a sus presidentes para amenazar, sancionar, invadir, atacar, asesinar y derribar gobiernos por la fuerza en cualquier lugar del mundo. Trump no ha querido ser la excepción, haciendo grandes méritos para obtener el Premio Nobel de la Paz que en años recientes se le da a presidentes que invaden otros países, el magnate estadounidense ya ha amenazado con guerras, intervenciones militares y sanciones a Rusia, Irán, China, República Democrática Popular de Corea, Siria, México, Cuba entre otros y ahora a Venezuela, diciendo en este caso, que Estados Unidos tiene muchas opciones “incluida la militar”.

Por si nadie se ha dado cuenta, lo que ha hecho es exteriorizar un deseo para el cual se vienen preparando desde hace muchos años, en ello se inscriben la instalación de siete bases militares en Colombia; la reactivación de la Cuarta Flota de la Armada de Estados Unidos; la instalación de bases militares avanzadas estadounidenses en Aruba y Curazao, la realización del ejercicio militar Tradewinds 2017 en Barbados y en Trinidad y Tobago, a escasos kilómetros de las costas venezolanas, con la participación de 14 países del Caribe, además de México, Estados Unidos, Canadá Francia, Holanda y Gran Bretaña, durante el pasado mes de junio y la realización por primera vez en la historia, de las maniobras militares Amazon Long en la Amazonía brasileña, durante el próximo mes de noviembre, con la participación de tropas de Brasil, Colombia y Perú que se subordinarán a Estados Unidos, bajo una idea operativa elaborada por su Comando Sur, son expresión fehaciente de los planes para esta opción militar mencionada por Trump. Para los que crean que estoy paranoico, miren el mapa, coloquen todas las acciones bélicas o pre bélicas antes señaladas y se darán cuenta que en el centro geográfico de todos estos aprestos operativos está Venezuela.
La pregunta que surge entonces, ¿por qué es distinto lo que ha dicho Trump de lo que ha sido una rutina en el lenguaje agresivo de los gobernantes estadounidenses durante los últimos 200 años?  Lo que marca la diferencia, es que estamos ante el que, tal vez sea el primer presidente estadounidense que abiertamente ha mostrado en días recientes una idea menguada de lo que significa el legado nazi fascista que acosa a Estados Unidos a través de supremacistas blancos no repudiados por él, al contrario, su actitud fue de absoluta contemplación ante el hecho (vale hacer un paréntesis para decir que el gobierno de Israel ha guardado desvergonzado silencio frente a estos brutales acontecimientos). También nos enfrentamos al primer presidente estadounidense que explícitamente demuestra su práctica xenófoba, racista, misógina y homofóbica, con lo cual, de la misma manera que Hitler, manifiesta su público desprecio hacia mucho más de la mitad de la población del planeta.  Así mismo, es el presidente que sin arrepentimiento alguno expresa el espíritu de la elite estadounidense que desaíra al resto de los países si no se arrodillan ante su poder, incluso haciendo patente, públicas exhibiciones de humillación y ofensa hacia sus pares de otras naciones, incluyendo algunos que son sus aliados más conspicuos como Alemania, Australia y México.

Paradójicamente, la amenaza militar de Trump contra Venezuela, no es peligrosa por la racionalidad que haya podido llevar a tal conclusión. No sabemos si, para que Trump haya desenfundado su twitter o su golfista verborrea, previamente hubo una junta con sus asesores, con el Departamento de Estado, con el alto mando militar, con sus servicios de inteligencia o con todos ellos reunidos, algunos de los cuales también desearían intervenir militarmente en este país. Probablemente no…y eso es lo peligroso: da opiniones y toma decisiones a partir de una irracionalidad y una individualidad que tiene validez cuando actúa al mando de sus empresas privadas y puede poner en juego su interés personal, pero que es de suma alarma cuando se trata del jefe del país que tiene las fuerzas armadas más poderosas del planeta y la mayor cantidad de armas de exterminio masivo, sean estas atómicas, químicas o biológicas.

De ahí, el riesgo que emana de tales declaraciones no solo para Venezuela, sino para toda la región. De ahí también, que los gobiernos derechistas de Colombia, Perú, México y Chile, entre otros, cuyas cancillerías, cual marionetas que se mueven bajo los hilos del Departamento de Estado, hacen el trabajo sucio que la OEA no pudo realizar, se hayan, -sin embargo- apresurado a rechazar las declaraciones imperiales e intervencionistas de Trump.

No lo hicieron por amor o preocupación por Venezuela y su pueblo (chavista o no), sino porque inmersos en un desprestigio generalizado, la mayoría con índices de popularidad que no rebasan el 20 % (el usurpador Temer tiene solo 5%), saben que un asalto armado a Venezuela, y la eventual respuesta del pueblo y sus fuerzas armadas, extenderán el conflicto fuera de nuestras fronteras con consecuencias internas inmediatas: muy probablemente las FARC y el ELN se verían obligados a retornar a la guerra cuando las fuerzas armadas de Estados Unidos irrumpan en Colombia, o ¿es que acaso en el Medio Oriente, se ha circunscrito estrictamente a los países que ha agredido?, la lucha armada tomaría cuerpo nuevamente en algunos países de América Latina, en otros, la izquierda cobraría nuevas fuerzas en momentos de una feroz arremetida neoliberal y ultra conservadora, las débiles alianzas entre sectores social demócratas y de derecha que gobiernan en Chile, Uruguay, México, Ecuador y República Dominicana por ejemplo, quedarían superadas, decenas de miles o tal vez centenares de miles  de refugiados (como en el Medio Oriente)  irrumpirían en los países cercanos generando desestabilización y creando caos laboral, económico y social. Basta mirar lo que está ocurriendo al respecto en la “civilizada “Europa.

Así, la irracionalidad de Trump ha tenido que ser repelida hipócritamente por estos mandatarios que hoy se ubican incluso, a la derecha de la derecha venezolana, cuando una buena parte de estos han decidido participar en las elecciones locales que por decisión de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), se han adelantado para octubre, en la búsqueda de la paz necesaria y el diálogo ineludible.

En su desesperado apoyo al terrorismo, Peña Nieto, Bachelet, Santos, Kuczynski, Macri y compañía siguen negando validez a las elecciones del 30 de julio, aun cuando la participación de la oposición en ellas signifique el reconocimiento –sino explícito-, al menos tácito de la ANC del Consejo Nacional Electoral y de toda la institucionalidad del país. Son tan hipócritas que rechazan la agresión militar de Trump, pero apoyan las acciones terroristas y los desmanes violentos que fueron derrotados por el pueblo venezolano y las fuerzas armadas y de seguridad.

sergioro07@hotmail.com