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domingo, 9 de febrero de 2020

La realidad de los pueblos en manos de Trump


Por Diego Olivera Evia:
América latina y Europa bajo la violencia del fascismo

El camino de Trump es gravemente predecible. Su oratoria agresiva contra la prensa alimenta a los fanáticos y cada vez resulta menos improbable que un energúmeno decida convertir esa oratoria de tiranuelo caprichoso en un ataque real contra la vida de los periodistas. Los autócratas no quieren que nadie reprima su voluntad. Trump quiere ajustar la realidad a su deseo y, como vivió el exjefe del FBI, James Comey, demanda la lealtad de los reyes. Callar a quien cuestiona está en el manual de todo autoritarismo.


El ataque de Trump a los medios es trascendente porque erosiona las reglas democráticas de convivencia. Una prensa libre, a disgusto de los gobernantes, es esencial para la salud del debate político y la transparencia de la gestión pública. La prensa, en su tradición más liberal y en un plano filosófico, es un mecanismo de control de las desviaciones del sistema. Socavar al periodismo libre es, en sí, un ataque a la democracia. Si Estados Unidos se define como faro de los valores de Occidente, esas creencias están en crisis con la presidencia del Agente Naranja. Trump es el verdadero enemigo del pueblo estadounidense.

El Partido Republicano, jugando al casino político con cinismo, ha atropellado sus principios por elegir el poder antes que la denuncia de un hombre incompetente para dirigir a la nación más poderosa del planeta. Los elogios del presidente a autócratas como Erdogan o Vladimir Putin relevan de mayores pruebas: el gobierno de Trump entiende la democracia como la realización del deseo del jefe. El mundo sigue, en vivo, el descenso de la nación de Thomas Jefferson a las miasmas hediondas de la degradación moral.

En su discurso de aceptación del Freedom of Press Award, Mason recordó que la libertad de prensa está protegida por la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos. “Esas no son solo palabras en Estados Unidos: es la ley”, dijo. Pero de inmediato recordó que la prensa debe permanecer vigilante ante todo intento de restricción de la libertad de expresión y prensa o socavar el trabajo de los periodistas. “No podemos tomar esos derechos, o la ley que los garantiza, por garantizados”.
Es el presidente de Estados Unidos quien tuerce la verdad y fabrica hechos para inventar una realidad que se acomode a sus necesidades. Trump no detendrá sus ataques pues los hechos contradicen su mundo de fantasías. Y la prensa debe mantenerse haciendo su trabajo, corrigiendo sus errores y reporteando con sinceridad, pidió Mason, “para protegernos de las noticias inventadas o falsas, que de hecho existen y son peligrosas para una democracia funcional”.

La prensa puede y debe combatir el mundo delirante incubado por el cerebro del mandatario de Estados Unidos con una hoja de ruta conocida: el trabajo de siempre.  Evitar las exageraciones, siguió: “No necesitas construir una interpretación satírica de una reunión de gabinete: lo único que necesitas es cubrir la realidad”.
La lista también demanda evitar el resentimiento —reconociendo las acciones acertadas del gobierno—, transparencia y resistencia ante la intimidación, intercambio de experiencias con la prensa de otras naciones. Solidaridad ante el abuso. Y, sobre todo, no cambiar las reglas ni el comportamiento: la única lealtad posible, como ya sabe Trump, es con los hechos.

América latina y Europa bajo la violencia del fascismo
Los fascistas ya no se esconden. Han regresado al centro de la escena con racismo y atentados terroristas en sinagogas, colegios, calles y mezquitas, con artefactos explosivos enviados a políticos opositores y la prensa independiente. O dicho de otro modo: en Europa, Estados Unidos y ahora América Latina, los fascistas ya no maquillan el racismo y la violencia política que definen lo que es el fascismo, sino que en muchos casos ven con satisfacción y expresan su apoyo a líderes populistas como Donald Trump en Estados Unidos o Jair Bolsonaro en Brasil.

Estos líderes populistas han legitimado y también motivado a los fascistas. De hecho, desde el punto de vista de las conexiones entre historia lejana e historia reciente, en los últimos años el populismo ha sido una dimensión esencial de la normalización del fascismo.
Si bien el fascismo y el populismo proponen cosas muy distintas la dictadura el primero; una democracia autoritaria el segundo, fascistas y populistas comparten algunas características vitales: la demonización del adversario, apelan a un pueblo homogéneo y presentan a un líder mesiánico que todo lo sabe y que habla por la mayoría a la que llaman “pueblo”, pero que en realidad solo está constituida por sus seguidores.

Hace pocos años habría sido difícil imaginar este regreso del pasado en las bocas del líder del país más poderoso del mundo o de la democracia más grande de América Latina. Pero negar esta nueva realidad no va a ayudar a comprenderla. Hace falta detenerse a pensar las razones históricas que llevan a esta “normalidad” del fascismo, amamantado y legitimado por líderes populistas de derecha.

El fascismo actúa desde abajo, pero está también legitimado desde arriba. Cuando Bolsonaro despreció a los afrobrasileños o cuando Trump dijo que prefería inmigrantes noruegos a aquellos que venían de “países de mierda” como Haití o países africanos, no solo los fascistas interpretaron que estos líderes compartían con ellos sus valores racistas. Recientemente, Bolsonaro dijo que el Holocausto podía perdonarse y Trump defendió su polémica declaración de que entre los que asistieron a la marcha nazi de Charlottesville había buena gente.

El retorno del fascismo se ha dado en un contexto específico: en democracias que se encuentran en crisis, debilitadas por fenómenos como los referéndums y la corrupción o el hecho de que las elecciones se han vuelto plebiscitos sobre personalidades mesiánicas en las que cada vez hay menos debate de ideas o propuestas. Gracias a esta combinación de factores, el populismo ha encontrado una rendija para vincularse al fascismo e introducirse al sistema democrático para minarlo desde adentro.

Los fascistas sustituyeron la historia y las verdades sustentadas en la demostración empírica por el mito político de su líder. A quienes lucían o pensaban distinto los veían como enemigos de la nación y el pueblo. Por eso, había que perseguirlos, primero, y luego deportarlos o eliminarlos. Según estos fascistas latinoamericanos eso pasaría el “día en que el nacionalismo triunfe como régimen” y en que los “buenos argentinos” sepan “dar el grito: ‘Dios, patria y familia’.

Pero todo ha cambiado ahora que el fascismo ya no está en el pasado como un régimen de poder, sino que incluso ha regresado a la política como compañero de ruta de los nuevos populismos de extrema derecha. Se ve en Brasil, pero también en países como Chile, con el preocupante fenómeno de José Antonio Kast, el llamado “Bolsonaro chileno”, admirador como el brasileño de la dictadura de Augusto Pinochet. O en la Argentina, con bolsonaristas convencidos y políticos bolsonarizados en el gobierno y en la oposición peronista.

Normalizado por líderes como Trump o Bolsonaro y Duterte, en Filipinas, el fascismo también ha vuelto a sus orígenes de violencia extrema como el terrorismo nacional y trasnacional. Pero esto no quiere decir que los fascistas son la mano de obra de los populistas. La situación es más compleja que esto. Se dan muchas veces entre ellos afinidades electivas, y no alianzas concretas.

Recientemente, The New York Times publicó un análisis que revela la forma en que los terroristas fascistas se influyen y legitiman mutuamente a nivel global. El atentado antisemita de abril en California lo prueba: el asesino, admirador de Hitler, fue inspirado por el acto terrorista, también racista, de Nueva Zelanda y también por la masacre de la sinagoga de Pittsburgh hace seis meses, cuyo perpetrador invocó como razón las supuestas “invasiones masivas” de las caravanas de migrantes que Trump había imaginado y denunciado en su cuenta de Twitter.

Periodista, Historiador y Analista Internacional
diegojolivera@gmail.com


sábado, 10 de agosto de 2019

Bolsonaro Misrule: Un guión de la película B de dos regulares



Por Bruno Lima Rocha:
Entramos en el mes de agosto de 2019, la liquidación de los avances de la Seguridad Social y el mal gobierno continúa en pleno apogeo. Parece redundante declarar, pero de hecho, la información errónea, la mistificación del debate político y la idiotez abundante se han convertido en armas de dominación. El otro hallazgo parece ser aún más aterrador. Cuanto más miro y leo sobre el valle electoral de los Estados Unidos, especialmente en el caldo de cultura que le dio a Donald Trump la victoria en 2016 y el papel de figuras execrables como Roger Stone y Steve Bannon, más estoy convencido de la evidente mistificación de La política y el uso de la represión de la derecha republicana blanca aplicada en Brasil 



El papel de analista, específicamente científico político, implicaría el seguimiento rutinario de los actos del gobierno, la agenda ejecutiva y las alianzas complejas. Me gustaría echar un vistazo más de cerca a los planes de ejecución de cada ministerio del gobierno de Bolsonaro, aunque sospecho que estas no son acciones a corto plazo, sino que serán probadas por las tormentas verbales del mandato y sus secuaces. Lo que se puede ver son dos regularidades. Uno, que está dictado por la irresponsabilidad del presidente electo en las circunstancias de 2018. La segunda regularidad es la agenda de desmantelamiento, como si promover la interrupción del territorio brasileño fuera su objetivo final. 

Recientemente estuve en un programa de debate televisivo (emisora local con subsidio educativo), frente a un economista neoliberal que ocupaba el cargo de secretario de finanzas municipales en la Región Metropolitana. El conductor del programa nos preguntó si había alguna influencia del discurso de Bolsonaro en los actos del gobierno. Automáticamente el neoclásico dijo que no y yo dije que sí. Es esta realidad paradójica. Para los neoliberales, los ultraliberales, la ortodoxia económica neoclásica al servicio de la especulación, con un programa avanzado de capitalismo subalterno, todo está bien. Para todos los demás, incluidos los nuevos oportunistas de derecha (ahora supuestamente arrepentidos) y los liberales políticos, Jair Messias va más allá de cualquier límite, en su discurso es una acción autoritaria, de hecho, desde el aparato estatal hasta cualquier acto de irracionalidad o autoritarismo
.

He dicho eso antes. La agenda de Paulo Guedes, o más bien las medidas tomadas en la experiencia de los Chicago Boys de Pinochet, solo pueden ejecutarse de manera excepcional, o en medio de una enorme confusión. El economista Paul Krugman, otro de los arrepentidos de la globalización en la era Clinton, se relaciona con la tesis doctoral de Henry Kissinger, lo que la periodista Naomi Klein llama acertadamente Doctrina de Choque, también conocida como Capitalismo de Desastre, ahora en la etapa necropolítica. Tropical

Hay una agenda de desmantelamiento y desregulación, algo que ha estado palpitando desde la legislatura anterior, que asumió el cargo en el segundo gobierno de Dilma, derrocado por estos mismos parlamentarios a través del golpe legal de juicio político sin delito. La dimensión tropical del capitalismo de desastre es romper con los juicios poco respetados después de la promulgación de la Constitución de 1988, pero frente a una visión catastrófica ejemplificada en la política ambiental y la intención permanente del uso discrecional del aparato estatal a gusto de su presidente. miembros directos de la familia

Bolsonaro es la versión extrema de este Brasil que rompe el pacto de la Nueva República, al tiempo que interrumpe incluso la agenda que avanza en la era de la FHC, como el Estatuto del Niño y el Adolescente (ECA, creado en 1990 pero desarrollado en los años siguientes), el Education LDB (1996) y City Statute (2001). Parece un guión de película B, y lo es. La "gran esperanza blanca", manipulando los primeros instintos, destilando odio, ratificando los sistemas de creencias más perversos (como el instinto de muerte), posicionándose como un "antisistema" (incluso después de siete períodos como diputado federal desde 1991 hasta 2018) y, al final, dados los intereses más indefendibles de la élite rentista, los especuladores, los rendidores de todos los colores uniformes y los fariseos. Incluso su pelea con los medios hegemónicos es predecible, imitando a la Alt-Derecha estadounidense y dando rienda suelta a las tradiciones de los "polemistas de la conspiración" como Ben Shapiro y el invaluable Rush Limbaugh. Destaco lo obvio: el caos solo puede existir en la confusión colectiva. Este es mi miedo.

La confusión es tal que la agenda política también está dictada por la charla de Jair, que intenta establecer un gobierno autoritario sin un régimen que lo sirva. No es de extrañar que su apoyo hoy se reduzca al 30%, de ahí su elección para radicalizar la locura..

El miedo a estructurar la confusión se convierte en "esperanza", porque unirse al gobierno de Bolsonaro fue un comportamiento de rebaño de la campaña virtual de 2018. Y como tal, no se cumple. No sin que el Lava Jet marque los tiempos políticos como una edad de oro no contaminada de tenencia falsa de toga. Es más fácil decir que estamos avanzando hacia una parálisis decisiva y que el Ejército brasileño ya no es un recurso de Poder Moderador, dado que también han incinerado su capital político en la desventura de Twitter de Eduardo Villas-Bôas y el ridículo papel de Hamilton Mourão. la audiencia de los masones reaccionarios decrépitos que "explican" los paradigmas geopolíticos ratzelianos del siglo XIX. ¿Todavía hay militares nacionalistas y científicamente entrenados?

Es demasiado pronto para decirlo, pero me atrevo a decir que este gobierno ya no genera consenso de élite ni juicio de derecha. Bolsonaro tampoco tiene mucho capital político, aunque fue jurado con la legitimidad de las urnas (que realmente fueron golpeadas por la República de Curitiba y Zapzap con servidores externos). No gobernar completamente tampoco es afirmar que esta administración ha terminado, mientras Jair Messias hable y firme los actos administrativos de todo, absolutamente cualquier cosa puede suceder.
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Paulo Guedes aún intentará un "soplo de esperanza" a través del "vuelo de gallina" en la política económica, pero debería durar el tiempo necesario para llegar a un acuerdo con el sistema de bienestar del país, o terminar con el último golpe del presupuesto bajo control popular. . Es necesario estar preparado y con la plenitud de las capacidades políticas revitalizadas, incluso porque el 30% no puede imponer sus errores y crueldades a la mayoría del pueblo brasileño.

Traducido al Español por: Sylvia Ubal

blimarocha@gmail.com

miércoles, 6 de junio de 2018

Votar por la paz es distinto Votar en blanco por Uribe-Duque


Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:
Próxima Guerra Vs Defensa de la Vida con dignidad
Uribe-Duque, representan la propuesta de la guerra y de la muerte y votar por ellos la garantiza y profundiza y ese no puede ser el destino esperado, que vuelva a entregar incalculables cuentas de muerte, inhumanidad y riqueza colectiva invertidas por el odio y la sed de poder, que no descansará hasta imponer una vida de sumisión, el autoritarismo y el fin de la democracia. Votar en blanco es votar por esa guerra, quitarle oportunidades a la paz y a los derechos. Votar por la paz, solo se hace votando por el candidato que la encarna. Cuando se invoca un voto en blanco por principios, no es lejano comparar la situación con León María Lozano, el Cóndor, líder de la época de violencia, que mataba y mandaba a matar liberales, descuartizarlos y tirarlos al rio, por fidelidad a unos principios.

No hay sueño de futuro, ni bienes materiales para cumplirlos, porque la guerra es la medula del régimen Uribe-Duque y es de largo aliento, sigue el espíritu nazi. Prepara juventudes como lo hicieron en las 38 escuelas de elite para formar varones y en las escuelas de novias de la liga nacional socialista de mujeres para admirar a Hitler, ser genéticamente impecables y profesionales en las faenas de la casa y sobre aprender a no desobedecer a los guerreros.

Ojala en la próxima guerra que nos ofrece el régimen Uribe-Duque, los votos en blanco encuentren justificación, cuando encuentren que los soldados sean los hijos de las elites, que cambiarían las universidades por un camuflado y fusiles, granadas y cambuches de verdad; que los oficiales fueran los jóvenes de clase media que rápido aprenderían a escuchar el estruendo de la muerte y a permanecer la noche en vigilia y; que los generales fueran los hijos de los campesinos que no tuvieron tierra para cultivar, ni universidad para estudiar. Así habría menos sufrimiento y se podrá esperar una tragedia menos cruel y despiadada y sobretodo más breve y más romántica, en la que los mutilados solo pierdan por un momento la esperanza pero nunca sus piernas ni sus brazos y que las fosas que tengan que hacer sea para enterrar desechos y excrementos, nunca cuerpos humanos y; que si aparecen el mosco marrano o el anopheles de la malaria, no los ataquen. Ojala que ni en juego haya más barbarie Uribe-Duque, pero seguro es demasiado, es algo impensable para usted(es).
      
Los votos son para defender la vida con dignidad, votar blanco cuenta para el Reich

El presente y el futuro de la democracia se construyen con demócratas esperanzados en forjar las condiciones materiales y simbólicas que liberen del temor y la miseria y permitan disfrutar las libertades y derechos conquistados, sin miedo, discriminación, ni ciudadanías de primera y de segunda y sin persecución por pensar de otra manera. Ese es el espíritu de unidad que convoca con urgencia a sellar con votos una alianza nacional por la defensa de la vida, la paz y los derechos, que detenga la reinstalación del proyecto Uribe-Duque, de profundas coincidencias con principios y prácticas del espíritu nazi, carente de sentido de humanidad y para el que la muerte vale más que la vida. El único y real objetivo del programa Uribe-Duque, es consolidar definitivamente un reino de horror que en su intermedio tendrá a los Uribes hijos, Londoños, Ordoñez, Valencias, Morales.

Aun en los momentos que el nazismo prometía someter a la Europa entera hubo alianzas que parecían imposibles para derrotarlo y hoy en Colombia ocurre lo mismo. El reto es remover obstáculos, más ideológicos y de prejuicios que reales, quitar inamovibles, trabajar por sueños y sumar, juntar jóvenes, mujeres, indígenas, afro, campesinos, inconformes, intelectuales, ecologistas, universitarios, LGTB, para vencer al miedo fabricado con engaño que invita a dudar o claudicar. Cada voto multiplica por un nuevo humanismo, con ética, política y para poner por encima el valor de la vida sobre la muerte.

Los votos en defensa de la vida y la dignidad no son votos en blanco. El blanco suma por la instalación del régimen del terror de Uribe-Duque. “La diferencia entre votar por el cambio y votar en blanco es la misma que separa la inteligencia de la estupidez”, porque el blanco es inútil, oscuro y no aporta para defender la democracia, y en cambio afirma una maniobra sucia que merece desprecio[1]. El voto en blanco aunque excuse una debilidad individual u oculte miedos, no impide que los beneficiados Uribe-Duque, ajusten cuentas primero con críticos y opositores y después con ellos, porque para los nazis los débiles también son enemigos a exterminar, así lo hicieron antes, así lo harán ahora, así lo harán después. Hay suficientes lecciones respecto que los votos de las derechas son fijos, de doctrina, de fidelidad, se distribuyeron entre liberales y conservadores (en acomodaciones de fragmentos temporales como cambio radical, cristianos, unidad nacional, centro democrático) que resultan ser variaciones sobre lo mismo y se deben a la obediencia al partido o la iglesia por lo que llaman cuestión de principios de respeto a los jefes, esos si siempre unidos en el único propósito de defender lo suyo y mantener el control del estado, que es su negocio.

 Las cuentas de los votos Uribe-Duque llegaron a su límite máximo y como un karma son similares a las del número de víctimas que ellos mismos han producido. Pareciera que de cada víctima sacan un voto de sus dolientes olvidados, seducidos con pasiones que reviven el odio. Los otros votos, sumados son más y tienen la urgencia de impedir que la democracia llegue a su fin y recomience el régimen del horror, en el que no habrá cupo posible para el futuro de ninguna otra opción política, hasta el final de este siglo que apenas comenzó, así sería para movimientos y partidos democráticos (verde, visionarios, seguidores de fajardo, polo democrático, progresistas, liberales independientes), y organizaciones sociales que quedarían en espera para el siglo XXII. Con Uribe-Duque, lo que no es suyo sobra, menos los votos en blanco que esperan con paciencia y alientan con engaños.

Es claro que dejar conducir los votos de la esperanza hacia el voto en blanco o pretender justificarlo por disgusto personal o contrariedades subjetivas, afecta y diluye la responsabilidad política de este único e irrepetible momento histórico, que sí se malgasta no se podrá repetir. O es ahora o la juventud de los jóvenes será inútil y la vejez de los viejos tendrá un triste final de derrota de sus conquistas alcanzadas por la Colombia nueva, libre, soberana, equitativa y con justicia social esperada. Es momento de urgencia y clamor para sanar heridas, aclarar zonas grises, cerrar diferencias y avanzar imparables entre matices, diferencias y partes para completar.

P.D. Clamor Nacional. “Prefiero votar la paz y equivocarme que votar por la guerra y acertar”. Mockus.
mrestrepo33@hotmail.com