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miércoles, 2 de diciembre de 2020

El asesinato del físico nuclear iraní. La desesperación de Estados Unidos e Israel

Por Rubén Alexis Hernández Arena:

El reciente asesinato de un conocido físico nuclear iraní (27-11-2020), responsabilidad de Estados Unidos e Israel, refleja a estas alturas la desesperación que parecen tener estos países por la pérdida progresiva de potencial a escala planetaria, específicamente de la nación norteamericana, que está siendo desplazada por entidades político-territoriales como China y Rusia, que claramente tienen una gran influencia en diversos ámbitos en casi todo el mundo. En este marco no se extraña el asesinato del personaje oriundo de Irán, toda vez que los ‘persas’ son fuertes aliados de China y Rusia, ni sorprende la participación de Israel, enemigo acérrimo de Irán y notable socio de Estados Unidos, ayudando al águila imperial desde hace décadas a preservar su dominio en el Cercano y Medio Oriente, a cambio de recibir apoyo en diversos aspectos.

De manera que el asesinato del físico iraní para nada es un hecho aislado, y se enmarca dentro del desesperado intento de Estados Unidos y su aliado Israel por mostrar músculo en el Cercano y Medio Oriente, y en el proceso intentar detener la influencia creciente de China, Rusia, Irán y Turquía en Asia y más allá. Incluso el aún presidente Donald Trump planteó la posibilidad de atacar con todo a Irán, pero no contó con el apoyo del alto mando militar de Estados Unidos, consciente de los riesgos globales de una aventura guerrerista solitaria contra el país ‘persa’.  Están claros en Estados Unidos e Israel que su tiempo haciendo lo que les viene en gana en el orbe, están contados, y en este sentido intentan provocar un conflicto internacional de inmensa magnitud, mediante la participación de un buen número de países para tratar de hacerle frente a las potencias que vienen compitiendo duro a nivel económico y geopolítico.

La decadencia de Estados Unidos, agravada por la pandemia de COVID-19 está en pleno desarrollo, y obviamente afecta a su aliado Israel, pero antes de caer definitivamente como potencias andan derramando sangre en todos los rincones del mundo, tanto de pueblos enteros como de personajes claves para sus enemigos, preparando el terreno para un posible conflicto bélico planetario, que algunos identificarían como la III guerra mundial.

Con dicho conflicto intentarían detener la influencia y el poder cada vez mayor de naciones como China, Rusia e Irán, y preservar de cierta manera algo de su liderazgo global. Ciertamente Estados Unidos ya está en guerra con China y sus aliados, pero por ahora solo en aspectos como el comercial, el tecnológico y el comunicacional.

ruhergeohist@yahoo.com

viernes, 2 de octubre de 2020

EEUU, la Convergencia Anti China, y las posibles opciones del Gigante Asiático.

 Por Pltgo. Oswaldo Espinoza:

Los Estados Unidos se preparan formal y oficialmente para una confrontación con grandes potencias, un escenario en el que, tanto el antiguo antagonista geopolítico, Rusia, pero sobre todo, la nueva súper potencia asiática, China, han sido declarados abiertamente como amenazas para la hegemonía estadounidense que deben ser contrarrestadas por cualquier vía, siendo válidos con este fin, las medidas coercitivas económicas (sanciones unilaterales), la aplicación extraterritorial de leyes nacionales (contraviniendo el derecho internacional), la injerencia política en los asuntos internos, la promoción de revoluciones de colores, así como, el cerco y acoso militar.

No obstante, consciente de su retroceso y del crecimiento de sus rivales geopolíticos, la administración Trump busca desesperadamente, y a través de intereses comunes, la diplomacia dura, la negociación, e incluso el chantaje, y hasta la imposición forzada la conformación de una alianza internacional para contener las amenazas a la “paz americana”; siendo más específicos, se trata de consolidar una convergencia anti China.

La base de la convergencia anti China la conforma la anglófila, la cual está constituida por los herederos directos del antiguo imperio británico, solo que ahora bajo la dirección incuestionable de EEUU, a ella además hay que sumar al Reino Unido en Europa, Canadá en Norteamérica, Australia y Nueva Zelanda en el Pacifico sur; todos estos estados perfectamente alineados con los intereses imperiales estadunidenses por razones culturales, ideológicas, religiosas, económicas y políticas.

A la sólida base anglo-sajona, se agregan los socios subyugados al poder imperial después de la segunda guerra mundial, bien sea por haber sido derrotados, o porque fueron “salvados” por los EEUU y ahora les deben sumisión, en este caso me refiero al resto de la vieja Europa (Alemania, Francia, Italia, etc), así como Japón y Corea del Sur en el Pacifico; por otro lado se busca agregar por otros medios a la India (el otro gigante de Asía), y otros estados del sudeste asiático (Vietnam, Filipinas, entre otros), aprovechando viejos conflictos y diferendos territoriales de esas naciones con China.

 

 

 

El objetivo es claro: Detener y debilitar el crecimiento chino, a través de la conformación de una alianza económica, política y militar, que conforme una especie de cadena de hierro, como las que se usaban en la antigüedad para bloquear la entrada a los puertos, que rodee a China, cortando efectivamente la iniciativa del cinturón y la ruta, a la vez que restrinja el creciente poderío chino a sus costas y territorio, aislando y conteniendo la “amenaza” que representa. La Convergencia, ya existe de hecho y viene actuando en múltiples frentes, como por ejemplo en política y economía, copiando, repitiendo y suscribiendo el discurso oficial de Washington, sobre la violación de los derechos humanos contra las minorías en China, apoyando la insurgencia en los territorios con cierta autonomía (Macao y Hong Kong) bajo el esquema de un país dos sistemas, haciéndose partidarios de la independencia de Taiwán, acusando a China de pretensiones excesivas en el mar meridional, sumándose al boicot a Huawei y su 5G, uniéndose a las sanciones ilegales, y condenando a China por la pandemia de la Covid-19.

El siguiente paso es consolidar la convergencia militar para contener el creciente poder del gigante asiático, tarea que actualmente asume directamente EEUU, concentrando muchos de sus recursos de la naval, la aviación, y bases militares, tanto en territorio propio extracontinental, como en suelo de los aliados arriba descritos, en los cuales aspiran colocar misiles de alcance intermedio apuntando a China, razón por la cual abandonaron el INF el año pasado; no obstante, el ritmo acelerado e inalcanzable del complejo industrial militar chino hace previsible que en poco tiempo las fuerzas destinadas para estas tareas se vuelvan insuficientes, siendo a la larga incapaces de mantener la presión sin movilizar (y debilitar) otros contingentes presentes en otros teatros de operaciones, razón por la cual EEUU busca activamente crear una suerte de OTAN del Indo/Pacifico y sumar al compromiso comprobado de la anglósfera con las operaciones militares, a la India (4to lugar en el Global Fire Power,

Solo detrás de EEUU, Rusia y China), al igual que exigir un mayor involucramiento de las fuerzas de Japón y Corea del Sur (ambos con flotas considerables); finalmente se busca forzar a las naciones del sudeste asiático a confrontarse abiertamente contra los chinos, quedando de hecho, en una posición comprometida entre un “aliado” lejano que vela por sus propios intereses, y un poderoso vecino dispuesto a todo por hacer valer los suyos.

 

 

 

 Ante semejante desafío China, tan acostumbrada a un estilo diplomático milenario de paciencia estratégica, y a una política internacional que evita, en lo posible, las confrontaciones, se ve obligada a reaccionar por cuanto, en mi opinión, el planteamiento agresivo  y peligroso de EEUU, en el lenguaje de todo o nada de un imperio que retrocede, no le deja más alternativa que rendirse incondicionalmente, renunciando, no solo a sus aspiraciones, sino también a sus logros, y hasta a su soberanía, o en cambio, resistirse y fortalecerse para evitar ser subyugado, haciendo lo posible por evitar una guerra, pero disuadiendo al (los) agresor(es) de siquiera atreverse a intentarlo.

Las opciones de China (a parte de la sumisión, claro está)  son básicamente dos: Continuar fortaleciéndose en solitario, a través de un crecimiento sostenido de la economía, el desarrollo industrial, y fortalecimiento militar, con todo las dificultades creadas por la pandemia y las restricciones sancionatorias, la guerra sucia, el boicot, y la competencia desleal; o bien, y está opción no es excluyente de la primera, busca superar sus recelos y flexibilizar sus planes, para ir creando y consolidando su propio sistema de alianzas, solo que ya no únicamente limitas al plano económico y comercial, como con el cinturón y la ruta, sino además en el plano político y de defensa.

Las relaciones cada vez más estrechas en materia de cooperación con Rusia e Irán marcan el camino a seguir, aun así, estas aun no son alianzas propiamente dichas, ni implican un compromiso real de interoperabilidad y asistencia mutua en materia defensiva, y no es que se busque una OTAN alternativa, por cuanto ninguno de los aliados potenciales estaría dispuesta a asumir un papel de vasallos frente a China, como el que cumplen los “aliados” bajo las órdenes directas de EEUU.

Contra esta posibilidad juegan algunos antecedentes, recelos e incluso diferencias culturales y territoriales, empero todos esos obstáculos podrían ser superados ante la necesidad, cada vez más urgente, de responder al desafío de la fiera herida que representa un imperio en retroceso.

 

 

 

 

 

 

Las potencialidades combinadas de China y Rusia, en materia militar, representan la peor de las pesadillas del Pentágono y la Casa Blanca, solo imaginar que el dominio ruso de ciertas tecnologías estratégicas (hipersonido, guerra electrónica, submarinos nucleares, aviación estratégica, motores de aviación, defensa antimisiles), hasta ahora solo limitadas por el presupuesto más restringido de Rusia y su, apenas en franca recuperación, complejo industrial militar, termine fusionado con los enormes recursos y la gigantesca capacidad de producción industrial, y avanzada tecnología de China, le quita el sueño al tío Sam.

Considere el lector, solo por un momento, el escenario de un convenio de construcción naval conjunta entre Rusia y China, que permita producir para ambas fuerzas armadas, Corbetas Trueno (proyecto 20385) y Fragatas rusas Gorshkov plus (proyecto 22350+), además de destructores chinos tipo 052-D, y súper destructores tipo 055, armados con las versiones mejoradas de Caliber M, Onix M, y el próximo Circón hipersónico, o sus equivalentes chinos, sume a ello submarinos nucleares de tecnología rusa, sin descartar usar los inmensos astilleros chinos para hacer realidad proyectos rusos como la fragata super Gorshkov y el mega destructor (más bien Crucero de 19.000 toneladas)

Líder 23560, o el desarrollo conjunto de nuevos submarinos no nucleares con propulsión independiente de aire (lo cual ya parece estar firmado y en marcha), y tendrá un fortalecimiento considerable del, ya de por si temible, poder naval chino, y a la vez la resurrección efectiva de la flota oceánica y de mar lejano de Rusia, con la respectiva recuperación de la capacidad de proyección de poder que actualmente se encuentra muy limitada. Únicamente una iniciativa como esta, sin incluir, nuevas compras o desarrollos conjuntos, y sobre todo si va acompañada de un acuerdo de asistencia recíproca, tendría el poder de disuadir a la convergencia anti China y desanimar la incorporación de nuevos eslabones a esa cadena de hierro que pretende someter al gigante asiático.

Conformar un sólido bloque Euro-Asiático, que incluya a Rusia y Bielorrusia (a China no le conviene un Maidán allí), en el norte del continente, a Irán y Paquistán en Asia Occidental, así como a las repúblicas centroasiáticas (es vital evitar que escale más el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán), además de conquistar y/o consolidar sus aliados en el sudeste asiático, costa oriental de África y fortalecer su relación con Corea del Norte, le permitirían a China,

 

Crear un camino seguro para el cinturón y la ruta, desde y hacia su territorio, con Europa, África, el Ártico, y las muy disputadas aguas y espacio aéreo del mar de China y el océano pacifico; esta opción le asegurará al gigante asiático la posibilidad de continuar con su crecimiento, y tener más libertad de llevar su propuesta alternativa de relaciones comerciales al resto del mundo, al tiempo que renueva su apuesta por un mundo multipolar y pluricéntrico, evitando en el camino un conflicto de consecuencias inimaginables.

Los chinos insisten en que no buscan sustituir a EEUU como nuevo hegemonía mundial, y que su planteamiento no es intervencionista, ni injerencista, buscando un nuevo marco de relaciones bajo la premisa de ganar-ganar; en este sentido, mucho habrá que debatir sobre la propuesta China y sus intenciones, por ahora sus acciones parecen respaldar el discurso oficial; en todo caso, el escenario actual, signado por la agresiva política exterior de la administración Trump, le ha planteado a los chinos un desafío ineludible de confrontación entre grandes potencias, dejando muy claras sus intenciones, dependerá de la nación del dragón la respuesta a este desafío histórico, que al fin y al cabo termina involucrándonos a todos en el tablero mundial.

 Pltgo. MSc. Oswaldo Espinoza.

Docente/investigador UBV-CEPEC. Investigador asociado del CIM.

Participante de la Especialización en Epistemologías del Sur de CLACSO.

Administrador de los

blogs: https://tableroordenmundial.blogspot.com/ y https://descolonizarlaeducacion.blogspot.com/

oswaldoespin@gmail.com

miércoles, 23 de septiembre de 2020

El terrorismo global. Estados Unidos e Israel a la cabeza

Por Rubén Alexis Hernández:

Tras los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, la élite de esta nación, liderada políticamente por George Bush hijo, declaró el inicio oficial de la guerra mundial contra el terrorismo, que conceptualizado de acuerdo a los intereses estadounidenses y de sus aliados, representaba un gran peligro permanente para la seguridad, la democracia y la libertad en Estados Unidos y el resto del orbe “libre”; consideraron los halcones de la guerra que desatar una respuesta militar amplia contra los “responsables” de los “atentados” era más que necesario, y que  sería una acción plenamente respaldada por la opinión pública.

Pero en realidad el conflicto originado no fue más que una justificación y una estrategia para intentar mantener la hegemonía internacional de la nación norteamericana, en un mundo aparentemente unipolar, pero en el que países como Rusia y China ya amenazaban con una importante proyección de cara a disputarle a Estados Unidos el dominio en el planeta, como de hecho ya está pasando (2020).

Entonces el peligro que en teoría representaba el terrorismo, específicamente el islámico para Estados Unidos y el resto del mundo “libre”, no fue más que otra de tantas excusas que a lo largo de más de 200 años ha tenido la élite estadounidense para iniciar conflictos militares o participar en ellos durante su transcurrir. En el caso de la “guerra contra el terrorismo”, significó claramente la justificación “perfecta” para intervenir de forma contundente, en primer lugar, en varias partes del Cercano y Medio Oriente hasta nuestros días, y defender así sus intereses económicos y geoestratégicos, y mantener su influencia geopolítica y dominio militar en esa región tan importante en varios ámbitos, con obvio apoyo de Israel y de algunas naciones europeas, integrantes de la OTAN.

Y cómo no podía ser de otra manera, pronto esta guerra abarcó prácticamente a cada rincón del planeta donde tienen sus narices metidas el Imperio norteamericano y sus “amigos”, y en plena crisis sanitaria por la pandemia de COVID-19 y consecuente recesión, esta guerra parece intensificarse, quizá tratando de aprovechar la complicada situación socioeconómica que afecta especialmente a los pobres. Ahora bien, si abordamos la palabra terrorismo como debe ser, en un sentido amplio, no limitado conceptualmente de acuerdo a los intereses de Estados Unidos y sus aliados “democrático-libres”, está claro que terroristas son Estados Unidos, Israel y otras naciones que durante muchos años han estado al lado del imperio norteamericano derramando la sangre de numerosos seres humanos, en el marco del dominio global estadounidense.

En este contexto el terrorismo ejercido por Israel no conoce límites, considerando, por ejemplo, lo que su ejército ha hecho contra los palestinos, reprimiendo con brutalidad y asesinando en su mayor parte a mujeres, niños y discapacitados, con el objetivo de arrinconar cada día más a todo un pueblo en una porción territorial cada vez menor.

De manera que en la famosa “guerra contra el terrorismo” Estados Unidos, su principal aliado Israel y el resto de socios, sí que desataron un terrorismo a gran escala, y no sólo en el Cercano y Medio Oriente, donde se suponía estaban localizados sus enemigos, un puñado de fundamentalistas islámicos. Es una verdadera agresión global, el terrorismo mundial ejercido por una banda de delincuentes de élite liderada por el binomio Estados Unidos-Israel mediante el sionismo, supuestamente para derrotar a Al Qaeda y otros grupos terroristas islámicos, pero que en realidad sólo ha buscado la continuidad del dominio estadounidense en el orbe.

Es tal el nivel criminal de esos delincuentes, que formaron un grupo bien oscuro, conocido como ISIS o “Estado Islámico”, que han sembrado el terror en Siria y otras naciones del Cercano y Medio Oriente en nombre de Estados Unidos, Israel y sus aliados mundiales. Y dentro de dicha continuidad hegemónica, la “guerra contra el terrorismo” en países como Irak y  Afganistán también ha sido una suerte de lucha indirecta contra Irán, Turquía, Rusia y China, potencias con intereses en toda Asia, además de funcionar, o así lo cree la élite sionista-estadounidense, como especie de muro de contención regional del creciente poder y progresiva influencia de Rusia y China en toda la Tierra, lo que por supuesto es un problema para el Imperio norteamericano y sus socios.

ruhergeohist@yahoo.com

miércoles, 9 de septiembre de 2020

DFC: La nueva institución financiera internacional para la expansión de Estados Unidos



Por Ansonith Albano:

En el marco de las transformaciones institucionales que Estados Unidos adelanta para reconquistar la hegemonía global, ha puesto en marcha en enero de este 2020, la denominada Corporación Financiera de Desarrollo Internacional (DFC, en sus siglas en inglés), como la nueva agencia que operará el financiamiento necesario para su reposicionamiento en el mundo.



La intención de modernizar el esquema de financiamiento al desarrollo internacional, está contenida en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (ESN), promulgada a finales del año 2017, y donde refiere que Estados Unidos debe armarse con nuevas herramientas para enfrentar la creciente influencia de China y otras potencias, sobre la escena internacional.

La ESN reconoce que Estados Unidos viene perdiendo la batalla por esa preeminencia global, y orienta la conformación del nuevo esquema de financiamiento, entendiendo que esta acción será fundamental para actualizar su posición geopolítica. El cuestionamiento que hace el documento de la situación de la hegemonía estadounidense, se vincula a su incapacidad para ofrecer relaciones comerciales justas y atractivas, en contraposición a lo que China viene logrando, especialmente en América Latina y el Caribe. “Hoy, Estados Unidos debe competir por relaciones positivas en todo el mundo. China y Rusia dirigen sus inversiones en el mundo, para expandir su influencia, y obtener ventajas competitivas frente a Estados Unidos”, reitera la ESN.

China y su promoción de un mundo pluripolar, es definido en la ESN, como la mayor amenaza para los objetivos de Estados Unidos. Y desde este criterio, la ESN refiere que este país debe utilizar una nueva metodología para el financiamiento internacional, priorizando la promoción del capital privado sobre áreas que sean tributen a los grandes objetivos de la política exterior imperial.

La nueva doctrina de seguridad nacional estadounidense, plantea que la nueva DFC debe confrontar abiertamente el proyecto de la Franja y la Ruta de China, y a la vez, favorecer la expansión del capital privado estadounidense, para fomentar nuevas alianzas y fortalecer las ya existentes: “Estados Unidos puede desempeñar un papel catalizador, en la promoción del crecimiento económico, liderado por el sector privado”, aclara el documento.

La iniciativa legal que crea la DFC, aprobado en consenso por republicanos y demócratas, fusiona la antigua Corporación de Inversiones Privadas en el Extranjero (OPIC), y la Autoridad de Crédito para el Desarrollo (DCA), perteneciente a la USAID, en una supra agencia de ayuda al desarrollo, la más grande e importante creada en ese país.

Para materializar esta operación geopolítica, la DFC administrará unos 60 mil millones de USD, doblando la capacidad financiera de su antecesora OPIC. La nueva Corporación asumirá también, la gestión de las carteras crediticias de la OPIC y la DCA; es decir, inicia sus labores, administrando poco menos de 30 mil millones de USD, distribuidos en diversidad de proyectos en todo el mundo.

La legislación brindó a la DFC, de novedosas herramientas financieras, que le garantizan mayor flexibilidad en su nuevo rol, y priorizando su eje de acción, en la inversión de proyectos energéticos y de infraestructuras, contenidos en las siguientes iniciativas regionales dispuesta por Estados Unidos para su reposicionamiento geopolítico: Connect Africa, 2X Women’s Initiative, Feed the Future, América Crece, Indo-Pacific Strategy, US-India Development Foundation, y, European Energy Security and Diversification.

Desde esta perspectiva, el Gobierno de Estados Unidos hizo efectivo en diciembre del 2019, el lanzamiento de la iniciativa "América Crece", como la respuesta del Gobierno de Donald Trump al avance significativo de China y Rusia en el continente.

En los últimos años, países de América Latina y el Caribe han profundizado sus relaciones económicas con China, estableciendo cada vez más acuerdos y flujos comerciales con la nación asiática. Según un informe del Foro Económico Mundial del 2018, China desplazó a Estados Unidos como el principal socio comercial de Argentina, Brasil, Chile, Perú y Uruguay, y ha invertido más de 110 mil millones de USD en proyectos gubernamentales en toda la región. El informe destaca la particularidad de que los bancos chinos, se abstienen de imponer condiciones políticas a los Gobiernos receptores de préstamos.

En este escenario, que vislumbra una transición del orden político, económico y cultural en latinoamericana y caribeña, Estados Unidos plantea la iniciativa América Crece, como una instrumentalización actualizada de la vieja Doctrina Monroe.

Entre otras cosas, Estados Unidos busca con la implementación de la iniciativa América Crece, el cambio de la matriz energética de la región caribeña, para redirigir sus crecientes excedentes de gas natural licuado (GNL). La Agencia Internacional de la Energía (AIE), señaló en un informe fechado en noviembre del 2017, que Estados Unidos se convertirá, en 2025, en el mayor exportador del mundo de GNL, proveniente de la extracción del gas esquisto en su territorio.

Un núcleo sustancial de los proyectos, contenido en la iniciativa América Crece, refleja la intención de Estados Unidos, de colocar sus excedentes de gas en la región caribeña.

El pasado 21 de julio del 2020, Estados Unidos y Honduras firmaron también un memorando de entendimiento, en el que el país centroamericano formaliza su incorporación a la iniciativa América Crece, con la promesa de inversión de mil millones de USD, en proyectos privados, durante los próximos tres años, priorizando el asunto energético: “Nuestro enfoque será en proyectos para fortalecer la infraestructura del país, avanzar en la conectividad digital, fortalecer el sector salud, expandir los servicios financieros, y ayudar a sentar las bases para un futuro más próspero”, refirió el Director Ejecutivo de la DFC, Adam Boehler, durante la firma de documento, que contó con la presencia virtual del Presidente hondureño, Juan Orlando Hernández.

El documento, negociado entre Estados Unidos y Honduras, toma puntos referenciales de los acuerdos ya firmados con Panamá, Chile, Argentina, Jamaica, Colombia, Brasil, Perú, El Salvador, y establece el marco legal de referencia, de las futuras actuaciones financieras de la DFC en América latina y el Caribe.

A diferencia del tipo de financiamiento que China brinda a los países de América Latina y el Caribe, donde se priorizan los proyectos nacionales, y se fortalecen las capacidades de los Gobiernos para generar mayores niveles de bienestar a la población, la acción de la DFC, reforzaría la dependencia económica, y la expansión del capital privado estadounidense, mercantilizando el fenómeno de la asistencia al desarrollo.

La configuración de la DFC como nueva instancia financiera de la política exterior estadounidense, ha generado entusiasmo en los grupos conservadores anti chinos. El pasado 14 de agosto del 2020, los Senadores Marco Rubio (republicano), y Bob Menéndez (demócrata), caracterizados por sus posiciones extremistas contra gobiernos soberanos en América Latina y el Caribe, presentaron el proyecto de Ley para la Promoción de la Competitividad, la Transparencia y la Seguridad en las Américas (ACTSA).

De acuerdo a la iniciativa presentada, la propuesta bipartidista buscaría, por un lado, fortalecer la competitividad económica de Estados Unidos, y por el otro, criminalizar la presencia política y comercial de China en la región. “El objetivo de China es utilizar el poder económico para desplazar a EE.UU. Me enorgullece unirme al Senador Menéndez, en presentar este proyecto, que busca fortalecer nuestra capacidad económica, para contrarrestar la creciente influencia maligna de Beijing en América Latina y el Caribe”, señaló el senador Rubio en sus redes sociales. 

El proyecto ACTSA involucra a la nueva DFC, y propondrá para la aprobación del Congreso, que se dedique el 35% del presupuesto financiero de dicha agencia para la región durante los próximos diez años.

La agenda de la DFC, desde el inicio formal de sus operaciones el 02 de enero de este año, ha estado afectada por el reacomodo institucional, la captación del capital humano que hará efectivo el trabajo de este órgano, y, por supuesto, las consecuencias de la pandemia del Covid-19.

Sin embargo, su Director Ejecutivo, Adam Boehler, joven empresario ligado a la prestación de servicios sanitarios, graduado en el año 2000 en Ciencias Económicas de la Universidad de Pensilvania, no ha perdido tiempo, y ha entablado reuniones de trabajo con diferentes personajes y funcionarios de América Latina y el Caribe, llevando la promesa del Gobierno de Trump, de generar grandes inversiones para los proyectos que puedan ser presentados a esta institución.

Antes de terminar 2019, visitó al Presidente colombiano, Iván Duque, en Cartagena, donde ratificó que desde su agencia, impulsarán gestiones que garanticen el financiamiento de la mayor cantidad de proyectos, especialmente en energía e infraestructura.

También mantuvo reuniones con el mismo criterio discursivo, con los Presidente Nayib Bukele, de El Salvador, Juan Orlando Hernández, de Honduras, Alejandro Giammattei, de Guatemala, y el Canciller mexicano Marcelo Ebrard, con quien firmó una carta de intención para financiar un gasoducto, que será construido por la empresa Rassini SAB de CV en los estados del sur del país, por un monto de 632 millones de USD.

Tal cual está planteada la nueva agenda de la DFC, basada en los lineamientos expuestos en la Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense, podría contribuir a la profundización de la inestabilidad política en la región, y escenarios todavía más explosivos, en la medida que se profundice la desigualdad económica, la inequidad en la distribución de los recursos, y la dependencia política.

Profesor. Facultad de Ciencias Políticas
Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua

sábado, 25 de julio de 2020

Astana: una cumbre para que nada cambie en Siria



Por Leandro Albani:

En medio del caos por la pandemia mundial de coronavirus, el 1 de junio pasado se realizó una nueva Cumbre de Astana (capital de Kazajistán) en la que participaron los presidentes de Rusia, Vladimir Putin; de Irán, Hassan Rohani, y de Turquía, Recep Tayyip Erdogan. Por videoconferencia, los mandatarios volvieron a hablar sobre la situación crítica en Siria.


Entre los puntos que definieron los mandatarios es no permitir que en el país se consolide un “autogobierno”. En el comunicado final de la cumbre, coincidieron que “todo intento para crear nuevas realidades sobre el terreno bajo el pretexto de combatir el terrorismo, entre ellas las ilegítimas iniciativas de autogobierno”, serán rechazadas. Esto es un golpe directo contra la Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria (AANES), impulsada por los kurdos y que nuclea a los diferentes pueblos que conviven en el Kurdistán sirio (Rojava). Con esta postura, queda en claro -otra vez- que a Moscú, Teherán y Ankara no les importa el futuro de los componentes de esa región. Desde el inicio de la denominada “Revolución de Rojava”, en 2012, los kurdos reiteraron que siempre respetarían la unidad territorial de Siria. Las fuerzas de autodefensas creadas en Rojava (YPG, YPJ y las Fuerzas Democráticas de Siria –FDS-) fueron fundamentales para derrotar al Estado Islámico (ISIS), con la colaboración de la Coalición Internacional, conformada por más de 150 países.

Por otro lado, la AANES ha declarado infinidades de veces su predisposición a mantener diálogos con el gobierno del presidente Bashar Al Assad, y a participar en las instancias impulsadas por la Organización de Naciones Unidas (ONU) para resolver el conflicto interno sirio. En el primer caso, las conversaciones con Damasco nunca dieron frutos, sobre todo ante la negativa del Ejecutivo sirio a reconocer la autonomía desarrollada por la AANES, además de rechazar la propuesta de los kurdos de una profunda reforma constitucional que democratice al país.

La negativa de Rusia, Irán y Teherán a reconocer el autogobierno de la AANES se debe a los temores que despierta el proyecto social, económico y político que crece en el norte y el este de Siria, a pesar de los ataques militares turcos. La organización comunal, el respeto a las diferentes etnias y religiones, la liberación de las mujeres, y la protección del medio ambiente, son iniciativas que no cierran en las mentalidades de los mandatarios reunidos en Astana.

Pero lo más sorprendente en la declaración final de la cumbre es que los presidentes reafirmaron “la determinación de continuar la cooperación para eliminar” a ISIS, al Frente Al Nusra y a “todos los demás individuos, grupos, empresas y entidades asociadas” con Al Qaeda o el Estado Islámico.

Es de imaginar que Putin y Rohani saben que el presidente turco es el financista e ideólogo de los grupos terroristas que hoy ocupan pedazos de territorio sirio en Afrin, Serekaniye, Gire Spi y en la provincia de Idlib. Y también deben conocer que Erdogan ordenó el 15 de junio pasado el bombardeo masivo del Kurdistán iraquí (Bashur) y redobló sus ataques militares contra el Kurdistán sirio (Rojava).

Las pruebas de los estrechos vínculos entre Ankara y los grupos terroristas en Siria es irrefutable. Denuncias ante la ONU, declaraciones de dirigentes, investigaciones periodísticas en medio internacional y hasta las críticas a Erdogan de varios gobiernos, incluido el de Al Assad, son las evidencias que Turquía es el principal promotor del terrorismo en Siria.

En las regiones ocupadas ilegalmente por Ankara las políticas aplicadas son calcadas: desplazamiento forzado de la población originaria, cambio demográfico, reducción drástica de derechos ciudadanos, violaciones sistemáticas a los derechos humanos, robo de bienes personales y saqueo de reliquias históricas, y un plan de secuestros de civiles por parte de los grupos mercenarios para luego pedir rescates millonarios.
Como si fuera poco, desde hace meses Ankara está trasladando armamento y mercenarios a Libia, sosteniendo a un gobierno islamista que nadie eligió, y afilando los cuchillos para cortar el territorio por la mitad y quedarse con un trozo de ese país que, alguna vez, fue un ejemplo de desarrollo para África.

Erdogan y su gobierno no le ocultan a nadie lo que desean: revivir el imperio otomano, y para eso necesitan ocupar y anexar territorios. Quienes no quieran ver esto, es porque niegan la realidad, o simplemente son cómplices del gobierno turco.

Esta última reunión de Astana deja muy claro –por enésima vez- que el futuro de los pueblos de Rojava le importa muy poco a Rusia, Irán y Turquía. Es más, si fuera por los gobiernos de Teherán y Ankara a los kurdos habría que barrerlos de la faz de la tierra. Cuando Turquía lanzó los bombardeos contra Bashur, al mismo tiempo el gobierno de Teherán ordenó ataques en las zonas montañosas del Kurdistán iraní (Rojhilat), con el objetivo de destruir las bases de las Unidades de Defensa del Kurdistán Oriental (YRK, Yekîneyên Parastina Rojhilata Kurdistan).

El “patriotismo” de Putin, Rohani y Erodgan no es tal. Los presidentes de Rusia, Irán y Turquía buscan mantener un cierto status quo en Siria y repartirse franjas territoriales, además de sostener las relaciones trilaterales, en las que abundan buenos negocios, como por ejemplo la venta de armamento.
La postura de “rechazo radical” de los tres mandatarios contra la presencia estadounidense en Siria es cada vez más endeble: lo que más desean es hacer negocios con Washington y, al igual que Estados Unidos, derrotar cualquier proyecto que impulse la liberación de los pueblos.

En Rojava, ese proyecto de liberación está en marcha, más allá de los bombardeos masivos, los asesinatos y violaciones cometidas por los yihadistas respaldados por Erdogan, y la complicidad de casi todo el mundo.
Los kurdos, árabes, turcomanos, armenios, asirios, musulmanes, cristianos y yezidíes del Kurdistán sirio están dispuestos a dejar sus vidas para defender su libertad. Y saben que el respaldo real y la solidaridad se encienden entre ellos mismos y los pueblos de otras partes del mundo que levantan la voz en su defensa.
leandroalbani@gmail.com

martes, 2 de junio de 2020

Solidaridad entre Irán Venezuela la praxis combativa por un mundo mejor



Por Dr. Ángel Rafael Tortolero Leal:

Sin desconocer el poderío militar bélico y asesino que concentra los Estados Unidos de norteamericanas; en contraposición a su maléficas ansia de dominio mundial, ha surgido un poderoso bloque histórico, que resiste y contra ataca desde la praxis por la paz y por la vida, sin huir al combate; pero sumando a todos los pueblos que defiendan su autodeterminación y entiendan que solo la hermandad y la solidaridad no hará verdaderamente libres.



En ese sentido, una breve mirada al mundo basta para dar cuenta de la afirmación anterior, por ejemplo: Siria, bloqueada, hostigada y sometida por fuerzas contratistas de factura gringa (DAESH), ha dado el combate a sus agresores, con la ayuda de Rusia, Irán y Hezbollah, de manera directa en el campo de batalla, y con la solidaridad militante en todo el sistema de Naciones Unidas, con la participación de la mayoría de los países que condenan las incursiones infames que desde la casa blanca se promueven en pro de la continuidad de la guerra; su principal fuente de enriquecimiento.

En ese orden de ideas, a pesar que el imperio y sus aliados, con otras tácticas, pero en el marco de las mismas estrategias e iguales objetivos, insisten en atacar y bloquear a Irán; cada vez que lo intentan; desde la dignidad; diversa y plural; gran parte de los gobiernos del mundo acuden al llamado por la protección de la asediada nación persa y a la condena de su agresor.

Es la misma historia de las agresiones y los desafuero Yanquis contra Cuba, Nicaragua y Venezuela; naciones cuyo único delito es no estar en la órbita macabra de dominación neo colonial norteamericana.

Capítulo aparte merece Palestina. Veamos; en favor de ese pueblo, grande por su resistencia, valentía y combatividad, se ha pronunciado la humanidad entera sin distingo raza, credo político o religión, y aunque hasta ahora no ha podido lograr avanzar ante el asesino sionista israelí que la oprime, no es menos cierto, que aún no se ha agotado el debate diplomático por la construcción de dos Estado independientes; ni se ha anulado la posibilidad de un sustancial apoyo militar que provenga desde muchos pueblos con capacidad de respuesta bélica ante el invasor; situación  que no es deseada, pero que a decir de los desmanes de los fascista de USA e Israel, no está descartada.

Ahora bien, en Venezuela celebramos la solidaridad internacional, porque nuestro modelo político Revolucionario, Bolivariano y Chavista, así lo tiene imprentado en la conciencia. No pretendemos imponer al mundo nada. Y tal vez por esa razón, los neo colonizados, apátridas y demás especímenes de la fauna oposicionista, no pueden entender que mejor que ganar millones de dólares, es tener millones amigos con los cuales poder intercambiar y complementar.

Es importante destacar, que este cargamento de combustible, más todas las demás ayudas recibida e intercambiada con la República Islámica de Irán, superan por lo oportuno de su llegada, a cualquier compra que en situaciones normales (sin bloqueo, ni saqueo del imperio y sus secuaces) hubiésemos podido obtener.

Los buques iraníes, vienen a contracorriente del mandato infame del gobierno de Donald Trump, no para retarlo, sino para demostrar que otro mundo es posible, que la salvación de la especie humana, es directamente proporcional, al empeñamos en desarrollar juntos las potencialidades para trascender al estadio superior del buen vivir y bien estar.

Dice el viejo adagio que la Solidaridad se Celebra, no se agradece, y en Venezuela estamos celebrando, la obtención de la gasolina y los insumos para nuestra industria petrolera, y la alegría de contar con la solidaridad activa y correspondiente de la República Islámica de Irán para la cual no alcanzan las palabras de elogio y compromiso.

Con Chávez a la cabeza como comandante eterno, nos decidimos a ser libre de cualquier hegemonía, por ello hemos afrontado los más crueles y criminales ataques por parte del imperio.

Chávez, como ningún otro gobernante en Venezuela, abrió las fronteras al mundo y desalambro territorios, al tiempo que soltó las amarras con el imperio y puso al país en el mapa del mundo como una nación libertaria y respetuosa. Así se ha fraguado nuestra política exterior y en ella se formó el presidente Nicolás Maduro, el conductor de victorias.

Hoy estamos en plena batalla y la dinámica internacional se mueve a velocidades estruendosas que no dejan mucho margen al análisis situación a largo plazo y la proyección de posibles escenarios. Frente a ello el presidente ha advertido, que la única alternativa es extremar la cautela y desarrollar una visión panorámica de los acontecimientos minuto a minuto, todas veces, que si bien las amenazas de Mr. Trump y todo su gobierno contra Irán y su cargamento combustible para Venezuela, no fue cumplida, ello no quiere decir que han desistido de la idea de atacar e impedir el desarrollo de un canal de abastecimiento entre ambas naciones.

Trump está derrotado; dentro de su país por una gestión pública precaria a decir de los índices de mortalidad producidos por la pandemia COVID19 y en el plano internacional, porque no ha logrado llevar ni un solo éxitos que haya producido en las recurrentes confrontaciones que ha provocado en el mundo. Sin embargo, hay que recordar, que la política imperial de USA, está más allá del circunstancial mando de quien ejerza la presidencia, para poder imperial, los presidentes pasan y punto.

angeltortolero@gmail.com

miércoles, 1 de abril de 2020

El “Marco (Rubio) de Transición Democrática”



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
Si el anterior secretario de Estado de Estados Unidos Rex Tillerson revivió la doctrina Monroe como instrumento de la política exterior de su país, ahora su sustituto Mike Pompeo pretende reivindicar el corolario Roosevelt de esa doctrina que expone que “La delincuencia crónica (de algunos países latinoamericanos) puede […] hacer necesaria la intervención de alguna nación civilizada, y en el hemisferio occidental la Doctrina Monroe, puede obligar a Estados Unidos […] a ejercer un poder de policía internacional” Fue enunciado en 1904 por Teodoro Roosevelt.


Este presidente es considerado el padre de la política imperialista más agresiva de la historia de Estados Unidos. Su política exterior llamada del “gran garrote” se sustentaba en la idea de que “cuando se vaya a visitar al adversario, hay que hablar en voz baja, pero llevar un garrote en la mano”.

Al parecer, Donald Trump quiere imitar a Roosevelt pero sin hablar en voz baja. Con estentórea gran dilocuencia pasea su estupidez por el mundo, sin ni siquiera ser capaz de enfrentar con éxito la lucha contra el coronavirus a pesar de dirigir la nación más poderosa del planeta. Ya tiene un portaviones paralizado en Guam porque 150 de los 4.000 marinos están infectados de coronavirus. Así mismo, 1.500 de los alrededor de 40 mil oficiales de policía de New York están contagiados. Trump no es capaz de proteger ni siquiera a sus fuerzas armadas y de seguridad.

Entonces, no se entiende como pretende dictar normas para el funcionamiento del planeta cuando la única ley que sabe aplicar Estados Unidos es la de la fuerza y la única manera de tapar su ineptitud es agrediendo a los demás. En los últimos días su ensañamiento con Venezuela, intentando amedrentar al gobierno, a las fuerzas armadas y al pueblo es expresión clara de un odio que supera cualquier rasgo de condición humana.
Después de conversar con el presidente de Rusia, Vladimir Putin y de saber que el gobierno de este país asumió en su totalidad los vínculos en materia energética de Rusia con Venezuela, sumado a la firme postura de apoyo irrestricto de China al gobierno constitucional del país, pareciera que la administración de Estados Unidos decidió tomar otro camino, toda vez que se ha visto obligado –en los hechos- a reconocer a Maduro como presidente, al hacerle un llamado para que se retire. Nadie deja de ser presidente si no lo es anteriormente.

A partir de ello y en una sucesión de hechos desesperados, el departamento de Estado puso en primera instancia a su asalariado en Caracas a proponer la creación de un “Consejo de Estado paritario” que nadie sabe lo que significa y que no existe en la Constitución Nacional, es decir, como ya es habitual en él, llamó a desacatar la Constitución.

En su mensaje, Guaidó afirma que a Maduro no lo conoce nadie. Será que no sabe que Maduro es el presidente del país que tiene relación con alrededor de 150 naciones en el mundo, que acaba de entregar la presidencia del Movimiento de Países No Alienados, que es miembro de derecho de la Organización de Naciones Unidas y que se relaciona con todas sus agencias y que además fue elegido miembro de su Consejo de Derechos Humanos. La explicación a esta enajenación mental viene más adelante.

En la continuación de este nuevo y dramático show, Elliot Abrams, un delincuente confeso y sentenciado que está al servicio del gobierno de Estados Unidos publicó un artículo en el que ante la incapacidad de Guaidó de explicar lo que ellos querían decir, tuvo que usar el Wall Street Journal para que, sin la menor impudicia, propia de su carácter facineroso, mienta y falsee información.

En una confusa propuesta en la que como globo de ensayo lanza la idea de derrocar al presidente Maduro a cambio de defenestrar a su pupilo y reiterando la inconstitucional vía de crear el tal “Consejo de Estado” expone una frase digna del mármol: “La democracia no es solo una cuestión de elecciones”, sabia idea que desmonta la mentira que han repetido por casi 250 años. Le faltó decir además que la democracia no es el gobierno de la mayorías como se dice, que tampoco existe la separación de poderes y que la alterabilidad es una falacia para que diferentes representantes del capital equilibren el poder a favor de una u otra facción, sin que el pueblo tenga derecho a participar de esa alternabilidad porque no tiene los millones de dólares necesarios para competir.

Finalmente, creyendo que Venezuela funciona a partir de auto designaciones, Abrams se nombra a si mismo como constituyente único para inventar una constitución inexistente que modelaría a Venezuela según el interés estadounidense de apoderarse de sus recursos y matar su ejemplo. Hasta pretende que le demos las gracias por permitirnos participar en ese futuro de “leche y miel” que nos ofrece. Como si el pueblo venezolano fuera ignorante e imbécil y no supiera lo que ha pasado en Honduras, Paraguay, Brasil y Bolivia, países en los que recientemente Estados Unidos ha propiciado cambios de gobierno por la fuerza, violando los derechos humanos de millones de ciudadanos. Gracias Abrams, tenemos muchos problemas, pero lo que nos ofreces además de ser indigno, es peor y nos somete a la condición de esclavos de Washington.

Es tan descarado este funcionario imperial que se atreve a afirmar que: “La presión de Estados Unidos no ha impedido que los alimentos o las medicinas lleguen a los venezolanos”. O sea, que además de todo, este esperpento gringo cree que somos imbéciles.

Finalmente, necesitan sacarse la piedra del zapato, y hacen un llamado a la traición de las fuerzas armadas que solo reitera lo que han venido haciendo desde hace 18 años cuando tuvieron éxito momentáneo propiciando un golpe de Estado apoyado en militares alevosos de los que ya nadie se acuerda.
Es tan claro esto, que en el mencionado artículo Abrams dice que: “El apoyo de las fuerzas armadas al “Marco de Tradición Democrática” sería un paso clave en esta dirección” (así se llama este plan, imagino que como homenaje a Marco Rubio) Por lo tanto se podría concluir que como no tienen este “paso clave” no tienen “dirección”.

Finaliza con la amenaza propia de los de su calaña, creyendo que el gobierno de Venezuela es el de Colombia, Honduras, Santa Lucía, Jamaica, República Dominicana, Guyana o Chile, que pueden ser chantajeados y/o amenazados. El pueblo digno de Venezuela que es la mayoría, lo rechazaría. En el lenguaje propio de las bandas delictivas, Abrams reafirma que hasta que no se logre el objetivo de Estados Unidos “nuestra presión se fortalecerá”.

La respuesta del gobierno de Venezuela rechazando esta afrenta fue firme y contundente. Indigno sería el gobierno, el pueblo y las Fuerzas Armadas que se dejaran chantajear por este delincuente disfrazado de diplomático.

Pareciera que este artículo tampoco logró el objetivo. Ayer mismo, en la tarde tuvo que salir Pompeo a puntualizar los términos de la amenaza. Ante las informaciones que aseguraban que Estados Unidos había hecho de lado a Guaidó, Pompeo se apresuró a decir –al parecer después de haber hecho una encuesta entre los venezolanos de Miami- que el auto designado era el “político más popular de Venezuela en estos momentos", por lo que si podría postularse como candidato.

Pompeo reiteró que en las elecciones libres que se organizarían (imaginamos que similares a la de Bolivia) el PSUV podría competir en condiciones de igualdad (también imaginamos que la misma igualdad que en Bolivia) donde hay persecución e inhabilitación de dirigentes y represión selectiva para anular a los líderes del MAS después del golpe de estado organizado por la OEA. En el léxico de Estados Unidos, “elecciones libres”, son aquellas que se organizan para legalizar a sus ilegítimos candidatos.

Después de esta declaración del secretario estadounidense, Guaidó le agradeció y dijo que esos eran los “pasos correctos”, diciendo que Maduro debe aceptar la “oferta que le ha hecho la comunidad internacional” Haciendo gala de la estulticia que le caracteriza, denomina a Estados Unidos “Comunidad internacional”, es decir los otros no existen: la ONU, la Unión Europea, los 11 senadores de Estados Unidos que han llamado a suspender las sanciones, los 150 países que reconocen a Maduro como presidente constitucional de Venezuela y los que lo reconocen pero se hacen los pendejos porque le tienen miedo a Estados Unidos son invisibles. Esta es la razón por la que Guaidó afirmó que a Maduro no lo conoce nadie.

 No se puede decir más.
Esta nueva escalada trata de bloquear los avances en el proceso de diálogo entre el gobierno y sectores mayoritarios de la oposición, porque saben que no existe unidad alguna en torno a Guaidó, por el contrario, es un actor político moribundo y no precisamente por coronavirus, es insignificante, no sirve para chantajear ya no al gobierno, ni siquiera al resto de la oposición que está dialogando y buscando salidas democráticas y constitucionales, lo cual en el campo electoral conduce este año a elecciones parlamentarias en diciembre.

Este “Marco Rubio de Transición Democrática” es expresión de la incapacidad de Estados Unidos de construir una  “solución propia” para Venezuela, por lo que insisten en un mensaje centrado en dividir a las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas, apostando además a la violencia, el terrorismo y el magnicidio.

La realización anoche de una reunión del Consejo de Estado, “órgano superior de consulta del gobierno y de la administración Pública Nacional” como lo establece el artículo 251 de la Constitución Nacional, con la participación de todos los poderes del Estado, es expresión prístina de la voluntad de los venezolanos y venezolanas de coordinar esfuerzos en paz para la solución de nuestros problemas, sin injerencia extranjera y en el marco de lo que establece la Carta Magna, expresión máxima de la democracia sin tutelajes, que el pueblo venezolano está construyendo.
sergioro07@hotmail.com


miércoles, 4 de marzo de 2020

La previsible derrota de Turquía en Siria arrastra a la OTAB a su decadencia acelerada



Por José Antonio Egido:

El régimen de los “Hermanos Musulmanes” turco de Erdogan no se metió solo en la guerra a gran escala contra la República Arabe Siria en 2011.
La OTAN había salido euforizada con la facilidad con que había aplastado la República yugoslava de Serbia, la República Sprska de la federación bosnia, el Afganistán ya destruido por sus aliados talibanes y la Yamahiriya Arabe Libia Popular y Socialista (nombre oficial de la Libia revolucionaria liquidada en 2011). Entendió que era el momento de agrupar en Turquía el ejército terrorista que venía organizando desde los tiempos de la “Operación Ciclón” (plan de la CIA para exterminar la República Democrática de Afganistán en los años 80, https://es.wikipedia.org/wiki/Operaci%C3%B3n_Cicl%C3%B3n).



Los planes del Pentágono para invadir Siria e implantar el “Gran Oriente Medio” norteamericano venían de lejos como lo denunció públicamente el general Wesley Clarck del partido demócrata por su rivalidad con sus colegas del partido republicano y no por su amor por la paz (Clarck dirigió los devastadores bombardeos de la OTAN contra la República Federal de Yugoslavia en 1999).

Erdogan y las potencias de la OTAN acordaron trabajar por dos objetivos comunes: aplastar la Revolución árabe de liberación nacional y derrocar la revolución baasista siria, destruyendo la República Árabe Siria y asesinando a su presidente Bashar al Assad.

Turquía desde la caída del campo socialista europeo y la Unión Soviética (1989-1992) ambiciona crear un hinterland propio de tipo semi colonial formado por los países vecinos de Siria, Iraq, Libia, Crimea, Bosnia-Herzegovina, Bulgaria, Turkmenistán, Azerbaiyán, Georgia y Uzbekistán. Los chovinistas turcos ya sean integristas suníes o laicos kemalistas sueñan con dominar nuevamente las antiguas ciudades otomanas de Mosul, Alepo, Homs, Sarajevo, Üsküp (actual Skopje) Beirut, Misrata o El Cairo.

Turquía cooperó plenamente con las fuerzas de la OTAN en desmembrar la Federación socialista yugoslava, colonizar Bosnia-Herzegovina, arrancar Kosovo de Serbia, destruir Libia e instalar un gobierno reaccionario de los “Hermanos” en El Cairo. De manera que no había nada extraño ni inédito en que las bases militares empleadas por la OTAN en Turquía sirviesen para que el servicio secreto turco MIT cooperase con la CIA gringa, el SIS inglés y la DGSE en la preparación y armamento de las bandas de “perros de la guerra” islam fascista veteranos de las aventuras de la CIA en Afganistán, Paquistán, Argelia, Chechenia, Daguestán, Libia, Bosnia, Kosovo, Macedonia, Albania…

Rápidamente la CIA dirigida por el general Petraeus y la Clinton organizó otra operación al comienzo secreta (https://es.wikipedia.org/wiki/Timber_Sycamore) para comprar masivamente armas en las industrias de las actuales colonias norteamericanas que son Croacia, Bulgaria y Ucrania y trasladarlas a los cuarteles de los terroristas en Turquía. Simultáneamente la DGSE francesa a las órdenes del ministro francés de exteriores Fabius y sus colaboradores Eric Chevalier y Jean Pierre Filiu armaban un llamado “Ejército sirio libre” formado por varios miles de desertores sirios rápidamente transformado en otro componente del magma terrorista dominado por los “Hermanos Musulmanes”.

Como en casos anteriores las Petro monarquías criminales del Golfo, Saudíes, Qatar y Emiratos financiaron ampliamente esta y todas las operaciones destinadas a destruir Siria. Y el ISIS inglés se permitió además el lujo profesional de crear desde Estambul un servicio de falso auxilio civil formado por criminales de Al Qaeda y llamado “Cascos Azules” para contribuir a la gigantesca campaña de propaganda destinada a culpabilizar al país agredido, Siria, de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad cometidos en realidad por la horda criminal controlada por la OTAN. Operación de propaganda que fue condecorada por la alcaldesa de Madrid Carmena en abierta confirmación del estercolero ideológico que lleva siendo hace tiempo parte de la “izquierda española”.

La llamada “oposición siria” formada por un grupo de mercenarios financiados por los países de la OTAN y los saudíes estableció en 2011 su cuartel general en Estambul bajo supervisión del MIT turco a la espera de tomar el poder en un Damasco asaltado por los terroristas.

Pero desde 2015 los planes de la OTAN y su socio turco se tuercen cuando Siria empieza a frenar la agresión terrorista con el sacrificio inmenso de su pueblo y la ayuda generosa de Rusia, Hez bolá e Irán.

La actual ofensiva para derrotar, exterminar o expulsar a decenas de miles de criminales encuadrados por el MIT turco y los servicios de la OTAN plantea un dilema angustiante para la OTAN: el fin de su hegemonía en Oriente Medio y la confirmación de su “muerte cerebral” en expresión del presidente francés Macron.
Los escenarios que los estrategas otonianos temen son:
  1. La derrota militar y política de Turquía que se traduzca en un giro estratégico de este país que lo acerque a Rusia, Irán y a la Nación Árabe.
  2. La eventual llegada al poder en Turquía de una coalición de la izquierda y los nacionalistas turcos contrarios a la pertenencia a la OTAN.
  3. El reforzamiento del polo formado por Turquía y Qatar que aumente su enfrentamiento con el régimen saudí y su acercamiento a Irán.
  4. El fin del expansionismo turco en los Balcanes, el norte de Siria, África y Asia Central que ha servido a los intereses norteamericanos para frenar a Rusia.
  5. La derrota de la horda islam fascista que la incapacite para futuras operaciones criminales en Crimea, Ucrania, Cáucaso, Rusia, Irán, Xinjiang chino, Libia o incluso en países aliados que desee desestabilizar llegado el caso como por ejemplo Egipto, Argelia, Marruecos o España.
  6. Un acercamiento pragmático de los kurdos YPG a Siria que los neutralice como agentes de la desestabilización de Siria, Irak e Irán.
  7. El reforzamiento de Rusia como principal potencia geopolítica del Mediterráneo oriental, Oriente Medio, Cáucaso y Norte de África.
  8. El reforzamiento de Irán como principal potencia musulmana regional de Oriente Medio aliada a Rusia, China, Siria e Iraq.
  9. El reforzamiento de Siria que le permita abordar su necesaria reconstrucción, la expulsión de los invasores norteamericanos, el control de sus recursos petroleros y gasíferos y su conversión en nuevo polo del nacionalismo árabe capaz de atraer a Iraq, Egipto, Jordania, Líbano, Palestina, Yemen, Omán y Argelia.
  10. El aislamiento de Israel en la región como resultado de la derrota del terrorismo anti-sirio, de la estrategia de Turquía y de los kurdos YPG, cartas empleadas por la OTAN para debilitar al Eje de la Resistencia.

Todos estos escenarios temidos por el noruego Stoltenberg y los generales de la OTAN, en especial los norteamericanos que son quienes mandan, aceleran no sólo la decadencia de esta alianza sino el declive irreversible de la hegemonía occidental como lo expresa en sus ratos de lucidez el ya citado Macron.

Enlace:
https://elcomun.es/2020/02/28/la-previsible-derrota-de-turquia-en-siria-arrastra-a-la-otan-a-su-decadencia-acelerada/?fbclid=IwAR1eBo-fNfVERbwOCifelSv9USOgOhGhZz-nETrCsZW04LGlKqy3SAQvbPo

edej1747@gmail.com

martes, 11 de febrero de 2020

El sionismo no deja en paz a Palestina. Pero no hay mal que dure eternamente



Por Rubén Alexis Hernández:
El sionismo, con Israel y Estados Unidos a la cabeza, ya no oculta su interés en el exterminio lento pero seguro de la población palestina. A sus líderes les da igual que haya voces en la comunidad internacional (aunque pocas) que condenan su perverso proyecto de reprimir de forma indiscriminada, asesinar continuamente y arrinconar  a los palestinos en una porción de territorio cada vez más pequeña, quienes ya están viviendo prácticamente en un campo de concentración, sin libertad de movimiento y en general sin poder vivir una vida lo más  normal posible. Más aún, las resoluciones de la ONU en contra de la progresiva ocupación de tierras palestinas por colonos judíos, con el apoyo del asesino ejército israelí, no han sido más que letra muerta para el sionismo y para los Estados y grupos que respaldan a este nefasto movimiento. A los terroristas israelíes y sus aliados nada importa más que el logro de sus objetivos, y para ello pasan por encima de lo que sea, incluso de la jurisprudencia global.


Una verdadera desgracia ha caído sobre los palestinos, agredidos sin piedad día tras día por los terroristas israelíes, armados hasta los dientes para “luchar” contra civiles desarmados, en gran parte mujeres y niños. Y además de ser atacados brutalmente y perder cada día más territorio, los palestinos cuentan con la casi indiferencia de la comunidad internacional, salvo algunas excepciones. El famoso “acuerdo” del siglo para  alcanzar la paz entre Israel y Palestina, ideado por Trump y  Netanyahu, además de ser una farsa representa un macabro plan para someter definitivamente al pueblo palestino y arrebatar la totalidad de sus tierras en favor de Israel, que en el contexto geopolítico actual, necesita con urgencia la expansión territorial y el dominio económico en el Cercano Oriente; además Estados Unidos viendo peligrar su hegemonía por la consolidación de potencias como China y Rusia, requiere de un Israel con fuerte presencia para tratar de controlar a naciones poderosas como Irán y Turquía, aliados del gigante asiático y de los rusos.

Evidentemente las autoridades palestinas tenían que rechazar el tal acuerdo que no es acuerdo, sino la imposición de ciertas condiciones y aspectos que a la larga favorecerán única y exclusivamente al terrorista Estado de Israel y a su principal aliado Estados Unidos. Pero no es suficiente con el rechazo palestino del “acuerdo” del siglo; a estas alturas los perversos planes del sionismo solo pueden ser detenidos mediante acciones contundentes como bloqueos, embargos, e incluso por la fuerza. La cuestión es, ¿quién (es) le pone (n) el cascabel al gato antes que sea demasiado tarde para los palestinos? En todo caso no hay mal que dure eternamente, y quienes a hierro matan a hierro mueren, y tanto Israel como Estados Unidos verán en algún momento derrumbarse su reinado de terror en el planeta.
ruhergeohist@yahoo.com


martes, 12 de noviembre de 2019

Vecinos



 Por Oscar Bravo:

Desde el punto de vista de la geopolítica, se consideran a los llamados países vecinos, a todos aquellos que presentan fronteras comunes con tus límites geográficos…se convierten en los Estados que se encuentran “del otro lado” de tus fronteras, y representan a los espacios territoriales en el cual ya no puedes materializar tu ordenamiento jurídico interno, y es inaplicable tus competencias jurisdiccionales,  al formar parte de un sistema jurídico – político distinto,  a lo que legalmente, solo  puedes soberanamente hacer, desde tus fronteras, “hacia adentro”…



Hay un sentido interpretativo, que se evidencia desde “el donde vives y quienes viven cerca de ti”...para constatar toda una pragmática manera de ver la importancia estratégica del “sentido de la vecindad”, cuando se consideran frases tales como: “tu vecina y tu vecino, son tu familia más  cercana”…“llévatela bien con tus vecinos, tú no sabes cuando los puedes necesitar”…”el vecino es una especie de hermano circunstancial”…”si tienes un problema, tócale la puerta a tu vecino”…”es importante, de que sepas quienes son tus vecinos”…

Ahora, ¿qué sucede geográficamente como país?...que nos encontramos al norte del sur y somos la entrada a Suramérica, tenemos una fachada caribeña, una fachada andina y una fachada amazónica… ¿quiénes son los países vecinos más cercanos a Venezuela?: Brasil y Colombia, que en estos momentos de su historia política, tienen gobiernos inspirados ideológicamente en la ultraderecha y pro imperialistas, y en términos concretos, se consideran enemigos políticos del chavismo, y por lo tanto, no reconocen la legalidad y la constitucionalidad del Presidente Maduro…y por llevar la contraria a todo lo que olfatean como de izquierda, legitiman a un autoproclamado, que no fue electo por nadie, al no haber participado en ningún proceso electoral presidencial…

Bolsonaro y Duque, compiten entre ellos dos, para ganarse el dudoso honor de ser “el presidente más derechista de Suramérica” …ya que el jueves 7 de noviembre, en la Asamblea General de Las Naciones Unidas, 187 países votaron a favor del cese al criminal bloqueo de EEUU contra Cuba… ¿Que hicieron los vecinos?: Brasil fue uno de los tres países que votaron en contra y Colombia fue uno de los dos países que se abstuvieron…

Eso nos genera toda una paradójica reflexión desde lo geopolítico: tenemos dos aliados que territorialmente, están muy lejos de Venezuela, (Rusia y China) …pero a su vez, tenemos a dos enemigos declarados, que están muy cerca, (Brasil y Colombia) …

Politólogo.
bravisimo929@gmail.com

sábado, 31 de agosto de 2019

G7: Un Grupo obsoleto e inútil



Por Finian Cunningham:
Las naciones desarrolladas auto declaradas como el Grupo de los Siete (G7) se reúnen este fin de semana en Francia para su 45ª cumbre anual. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, causó revuelo antes de la reunión en Biarritz cuando comentó que Rusia debería incluirse en el formato, convirtiéndose así en una cumbre del G8.

“Rusia debería estar en la mesa de negociaciones “, dijo Trump, en un raro momento de lucidez.
Su punto de vista sobre la inclusión de Moscú parece ser compartido por el presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien recibió a su homólogo ruso Vladimir Putin en el sur de Francia a principios de esta semana, solo unos días antes de la cumbre del G7.
Por supuesto, Rusia debería estar en la mesa para discutir la resolución de los problemas económicos mundiales. No sólo Rusia, sino también China, India y algunos otros.


Desde que se creó el club G7 en 1975 durante la administración de Gerald Ford, el mundo ha experimentado cambios transformadores desde los días en que los Estados Unidos, (el oeste) de Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia, Canadá y Japón eran considerados las economías nacionales más poderosas.
Hoy, China es el segundo de los Estados Unidos en términos de su tamaño económico. Las 10 principales economías nacionales tienen varias iteraciones de clasificación, según el criterio utilizado para comparar.
En la medición nominal del Producto Interno Bruto (PIB), las 10 principales naciones, según el Fondo Monetario Internacional, son: EE. UU., China, Japón, Alemania, India, Francia, Gran Bretaña, Italia, Brasil, Canadá. En este ranking, Rusia ocupa el puesto 12 después de Corea del Sur.

Pero si las economías nacionales son clasificadas por la paridad del poder adquisitivo (PPA), que tiene en cuenta los factores de cambio de divisas, entonces las 10 principales economías nacionales son: China, EE. UU., India, Japón, Alemania, Rusia, Indonesia, Brasil, Gran Bretaña, Francia.

En otras palabras, la línea actual de G7 es una lista arbitraria. De hecho, su exclusividad es una especie de anacronismo en el mundo de hoy. Es un retroceso a una época pasada cuando las naciones occidentales eran más dominantes (salvo por la inclusión de Japón en el club original). Los contornos del mundo se han vuelto más multilaterales y multipolares. La exclusión de China del G7 es quizás la anomalía más evidente.

En una admisión tácita de la realidad global cambiada, es por eso que existe un formato más grande del G20 (formado en 1999) que además del G7 incluye a China, India, Rusia, Brasil, Sudáfrica, Corea del Sur, Turquía, Arabia Saudita, y otros.
Los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) son otro signo de tiempos cambiados, al igual que muchos otros foros económicos como la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), la Cooperación Económica de Asia y el Pacífico (APEC), la Unión Económica Euroasiática (EEE) y el bloque latinoamericano Mercosur.

Dado que se supone que el G7 es un foro para coordinar políticas macroeconómicas para mejorar el crecimiento económico global, uno pensaría que el requisito lógico sería, por lo tanto, la inclusión de más naciones para abordar de manera más efectiva el propósito aparente.

Tal como está, el club G7 limitado es un vehículo dañado. Es un poco como un auto averiado con llantas pinchadas, una junta rota y falta el cigüeñal. ¿Alguien piensa seriamente que Italia en su actual colapso político está en condiciones de impulsar la economía mundial?

También es incongruente que el miembro más importante del club, Estados Unidos, no tenga interés en coordinar la política con nadie más. La guerra comercial del presidente Trump con China, los europeos y el resto del mundo es más parecida a la práctica de los años treinta del mercantilismo autónomo y el capitalismo depredador. Sabemos lo desastroso que resultó con la depresión global y la guerra mundial.

La imprudente política de Trump de “Estados Unidos primero” (y al diablo con todos los demás) está arrojando una nube oscura sobre la economía mundial debido a la caída de la producción de China y la caída de las exportaciones de Alemania. Irónicamente, el “genio de los negocios” Trump parece estar dándose cuenta de que las repercusiones inevitables se están recuperando como un boomerang con un impacto nocivo en la economía de los Estados Unidos. Sin embargo, dice que no está dejando de lado su viaje de América Primero al abismo.
Entonces, claro, si existiera un compromiso genuino para mejorar la perspectiva económica global y elevar el bienestar de la gente común en todo el mundo, entonces las naciones líderes deberían estar trabajando juntas de manera colegiada y con el mayor alcance posible a los demás.

Por lo tanto, sin duda, los líderes de China, Rusia, India y otros deberían asistir a la cumbre en Francia este fin de semana. Entonces, supuestamente, se convertiría en un foro similar al G20. Lo que hace el punto: ¿por qué el G7 sigue existiendo?
Existe una analogía con la alianza militar de la OTAN liderada por Estados Unidos. Esa organización se formó en un mundo geopolítico muy diferente en comparación con el presente. ¿Por qué la OTAN sigue existiendo? Su supuesta función de seguridad es redundante.

También se podría argumentar que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es redundante con sus cinco miembros permanentes de Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Gran Bretaña. Seguramente ese foro debería ser revisado también para reflejar un mundo multipolar contemporáneo. En resumen, el mundo, como la historia, cambia, y también deberían hacerlo los mecanismos de gobernanza.

Podría decirse, sin embargo, que el G7 no es un foro económico, a pesar de su imagen pública. Es una camarilla política arbitraria destinada a reforzar un supuesto dominio occidental. Una señal de este capricho fue cuando la Federación Rusa fue admitida en el G7 en 1997, que luego pasó a llamarse G8. La admisión del ex presidente Boris Yeltsin fue permitida porque era imprudente ante las demandas estratégicas occidentales. Rusia siguió siendo miembro del G8 durante 17 años hasta que estalló el conflicto de Ucrania y el presidente Vladimir Putin fue acusado de “invadir” ese país y “anexar” Crimea. Esas acusaciones occidentales se contrarrestan fácilmente con evidencia de la subversión de la OTAN del gobierno electo en Kiev para alejar a la ex república soviética de la órbita de Moscú.

La exclusión de Rusia del G8, que luego volvió al G7, ha sido un castigo político para impulsar una narrativa de propaganda por socavar y aislar a Rusia internacionalmente. Esta es la razón por la cual el G7 ya no es un foro viable para su propósito declarado de avanzar en la economía global. Es una tienda de conversación inútil en un mundo completamente cambiado.

licpereyramele@gmail.com

sábado, 17 de agosto de 2019

Los nuevos escenarios del conflicto de Estados Unidos contra China.



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
Desde hace varios meses se percibe que el sistema internacional se mueve en un proceso de transformación que ha venido a acelerarse desde la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. Junto a él, han accedido al poder algunos de los personajes más conservadores y retrógrados de la historia de ese país. En el ámbito planetario, al evaluar su perversidad, el actual gobierno estadounidense pareciera no tener parangón en el pasado, llegando incluso a ser comparado por algunos analistas con la Alemania hitleriana de la primera mitad del siglo XX.  


La dinámica introducida por Trump a su política exterior viene produciendo mutaciones trascendentales en las relaciones internacionales que son imposibles de obviar si se considera que se está hablando de la primera potencia mundial. Trump, en su afán de regresar a los orígenes de una nación que se sustentó en el proteccionismo en lo económico y el aislacionismo en lo político, intenta repetir el largo período de crecimiento económico que llevó a Estados Unidos a convertirse en primera potencia mundial en la penúltima década del siglo XIX, para lo cual no ha escatimado esfuerzos de ningún tipo.

Pero, él o sus asesores se equivocan. El siglo XIX estuvo marcado por una ”exitosa” expansión territorial a costa del exterminio de millones de seres humanos de los pueblos originarios que habitaban los espacios que estaban siendo fruto de tal propagación. Eso es imposible hacerlo ahora sin que haya resistencias en buena parte de las áreas ambicionadas por Estados Unidos en el planeta.

Por otra parte, tal proceso se hizo en el marco de una confrontación entre el feudalismo obsoleto y un capitalismo naciente que era expresión de una revolucionaria mutación de la economía y la sociedad. Estados Unidos llegó incluso a una guerra en la que el capitalismo imperante en el norte derrotó a las fuerzas feudales del sur, iniciando una era de desarrollo sin igual en una forma de capitalismo productivo igualmente basado en la explotación del hombre por el hombre, pero distanciado de las formas atrasadas en que este se manifestaba en los tiempos feudales caracterizados por expresiones mucho más oprobiosas de apropiación del trabajo y de la vida de los seres humanos.

En esa medida, podría decirse que el capitalismo de esa época fue un avance respecto del pasado, pero ahora, cuando impera un modelo de capitalismo financiero que se sustenta en la especulación y en la riqueza basada en una producción inexistente, a Trump se le hace imposible rescatar la economía de su país para conducirla a una senda positiva, salvo si esto se calculara por las extremas ganancias que obtiene un número cada vez más reducido de millonarios.
Eso es lo que da la medida de que el plan Trump “…Hacer a Estados Unidos grande de nuevo” –como lo dijera en el discurso inaugural de su mandato el 20 de enero de 2017- al aceptar con ello que había dejado de serlo, no tiene ninguna posibilidad de realización, salvo a través de la amenaza, el chantaje, la presión y la guerra.

En ese marco se propuso torpedear el sistema internacional, destruyendo su estructura, en primer lugar a la Organización de Naciones Unidas a partir de la política de “o aceptas lo que te ordeno, o te destruyo”, camino en el cual se encuentra empeñado y en el que ha dado un nuevo paso al amenazar con retira a Estados Unidos de la Organización Mundial de Comercio (OMC), ante el estupor de la comunidad mundial, en particular de aquellos que antes eran sus aliados y hoy se asumen como subordinados temerosos de que su furia se vuelva contra ellos. Por supuesto, me refiero a Europa y otros de sus adláteres como Australia y Canadá, países ayer orgullosos de su independencia y autonomía, hoy abandonadas.

En la otra parte de esta ecuación se encuentra China, que parece comenzar a despertar de un prolongado letargo en el que suponían que podían llevar adelante su proyecto de crecimiento y desarrollo económico, lucha contra la pobreza y materialización de una sociedad avanzada sin tropezar con la resistencia de Estados Unidos. La alianza estratégica iniciada por los dos países a finales de los años 70 del siglo pasado creada con el objetivo de destruir al común enemigo soviético está llegando a su fin. A pesar que la Unión Soviética desapareció hace casi 30 años los dos países mantuvieron un importante flujo de comercio que beneficiaba a ambas partes y que se mantuvo incólume a pesar de las fuertes tensiones generadas por el apoyo de Estados Unidos al separatismo en el Tíbet así como al gobierno de Taiwán que China considera parte inalienable de su soberanía.

Todo eso parece estar terminando y China ha empezado a comprender que los instrumentos tradicionales de su diplomacia no bastan para confrontar la brutal embestida estadounidense que ha logrado éxitos en Europa, Canadá y México, a quienes han logrado imponer sus políticas, pero ha fracasado al no lograr vía coacción, resolver sus diferendos con Irán, Rusia, la República Popular Democrática de Corea, Venezuela y sobre todo China.
El año pasado, el gobierno chino todavía conjeturaba que el camino de la negociación iba a ser relativamente corto en la búsqueda de una solución a las diferencias que se han expresado en mayor medida en el plano económico, comercial, financiero y tecnológico y en que ambas partes se han esforzado por ocultar sus componentes políticos, militares e ideológicos.

Las negociaciones se han prolongado en demasía y ya no sólo afectan a los países contendientes, sino que sus efectos comienzan a sentirse en la totalidad de la economía global. Unido a eso, Estados Unidos ha ensayado la posibilidad de crearle un conflicto interno a China, que este país visualizaba como poco probable hace solo escasos meses. La dinámica de la confrontación ha cambiado y ello ha terminado por alterar la tradicional retórica diplomática china basada en la armonía y la búsqueda de un equilibrio mutuamente ventajoso para todas las partes.
Hoy, cuando se ha hecho público el involucramiento y apoyo de Estados Unidos a la revolución de colores en Hong Kong, el gobierno chino ha comprendido que la potencia norteamericana pretende usar estas acciones como mecanismo de presión de las negociaciones comerciales y financieras.

Las reuniones sostenidas por los más conspicuos líderes opositores de Hong Kong con el jefe del departamento político del Consulado de Estados Unidos primero y posteriormente en Washington con el vicepresidente Mike Pence y la presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi dan cuenta del involucramiento directo del gobierno de Estados Unidos en las revueltas de Hong Kong. Esa visita a la capital imperial significó acuerdos de apoyo financiero, formación política y asesoramiento organizativo que se concretó a través de la National Endowment for Democracy (NED) órgano de fachada de la CIA, la cual desde 2014 ha incrementado los recursos destinados a la desestabilización de China. En este contexto, valdría preguntarse, ¿que haría y cómo reaccionaría el gobierno de Estados Unidos si China se propusiera apoyar las revueltas contra el gobernador de Puerto Rico y el abandono que Estados Unidos ha hecho de su colonia más importante en el Caribe?

No sólo eso ha estado en el tapete de la problemática más reciente entre las dos mayores potencias económicas del planeta, habría que agregar que sumando otro ámbito a su cotidiano discurso soberbio y prepotente, John Bolton ha amenazado a China diciendo que: "Los chinos tienen que mirar con mucho cuidado los pasos que toman porque las personas en Estados Unidos recuerdan la plaza de Tiananmen [...] recuerdan la imagen del hombre parado frente a la línea de tanques", haciendo referencia a la intentona golpista de 1989 en China justo cuando se conmemoran 20 años de esos acontecimientos, que el brillante intelectual italiano Doménico Losurdo catalogó como “la primera revolución de color “ de la historia.

En su intento de intimidar a China, Bolton afirmó que: "Sería un gran error crear un nuevo recuerdo como ese en Hong Kong”. La Cancillería China ha respondido contundente al expresar que en más de una ocasión se le ha hecho saber a Estados Unidos que el tema de Hong Kong “es una cuestión que corresponde exclusivamente a la política interna de China” y han hecho un llamado para que Estados Unidos. deje “de meter la nariz en los asuntos de Hong Kong".

En declaraciones mucho más fuertes, el pasado 13 de agosto, la portavoz de la cancillería china Hua Chunying, dio respuesta a la pregunta de un periodista respecto de las opiniones de Nancy Pelosi, del líder de la mayoría republicana en el Senado Mitch McConnell, el Senador Marcos Rubio y el Congresista Ted Yoho quienes el día anterior afirmaron a través de la red social twitter  que “la policía de Hong Kong reprimió a los manifestantes con violencia y que el gobierno central chino erosionó la democracia y la libertad en Hong Kong”.

Hua contestó de manera categórica diciendo que Estados Unidos “negó en repetidas ocasiones su participación en los incidentes violentos ocurridos en Hong Kong. Sin embargo, los comentarios de esos miembros del Congreso de los Estados Unidos han proporcionado al mundo pruebas nuevas y contundentes. Al descuidar y distorsionar la verdad, blanquearon crímenes violentos como una lucha por los derechos humanos y la libertad, y malinterpretaron deliberadamente el trabajo de la policía de Hong Kong como represión violenta cuando la policía solo hacía cumplir la ley, luchaba contra los crímenes y defendía el orden social. Ellos incluso incitaron a los residentes de Hong Kong a enfrentarse con el gobierno de la Región Administrativa Especial de Hong Kong y el gobierno central de China. ¡Qué ansiosos están de querer ver el mundo sumergido en el caos!” y finalizó diciendo que: “En los Estados Unidos, los miembros del Congreso también se llaman legisladores. No puedo sino preguntar a los congresistas de los Estados Unidos: ¿Son ustedes legisladores o infractores de la ley? Les recordamos solemnemente esta simple verdad: los asuntos de Hong Kong son totalmente asuntos internos de China, y ustedes no tienen derecho ni están calificados para comentar sin sentido sobre ellos. Que cuiden sus propios asuntos y se mantengan alejados de los asuntos de Hong Kong”.

Al llegar a este plano de la confrontación, es evidente que las negociaciones comerciales entrarán en un espacio mucho más complejo de resolución. Estados Unidos supuso que con China podía actuar de la misma manera que con Canadá o México. Los hechos han demostrado lo contrario. Debería recordar que para China los tiempos son infinitos, mientras que para Estados Unidos están acotados a la cotidianidad: en lo inmediato la navidad que obligó a Trump a posponer los nuevos aranceles a los productos chinos tras las presiones de los importadores estadounidenses que no podrán conseguir mercancías similares para las celebraciones de fin de año de la misma calidad y a los mismos precios en un plazo tan corto, En el plazo mediato, a Trump se le va acercando la fecha de las elecciones en la que aspira a dar continuidad a su mandato sin poder resolver el diferendo con China que amenaza  que Estados Unidos se sumerja en una espiral de inflación e incluso con una probable recesión, no aconsejables para un año electoral.
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