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miércoles, 11 de septiembre de 2019

Bicentenario, de Egan, Nairo, Rigo y Henao



Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:

Guardadas todas las proporciones, especificidades y diferencias, el Tour de Francia, puede resultar lo más parecido a un Premio Nobel otorgado a científicos, literatos y altruistas o; a un premio óscar entregado al mejor actor o actriz del cine. Ganar el Tour de Francia en su versión 2019, es un logro profundamente significativo para el el país, su equipo y sobre todo para el ciclista Egan Bernal, un hombre joven, de apenas 22 años, la misma edad en la que se gradúan de profesionales los jóvenes que van a las universidades, a las que èl no ha podido asistir porque su vocación fue otra.



Egan es un joven humilde, representativo de la mayoría de deportistas colombianos, que, como los boxeadores, gimnastas o atletas, no tuvo la posibilidad de entrenar en una pista adecuada, un escenario especial, ni un gimnasio, ni unas herramientas adecuadas, porque en el país los jóvenes son entrenados para ser guerreros, soldados, nunca atletas al estilo griego. Como ellos, como casi todos, Egan, tuvo que entrenar en las calles, montañas, parques y andenes públicos y su compromiso fue fortalecer sus capacidades a fuerza de imaginación, sufrimientos y sacrificios, en todo caso sin desmayar nunca, sin derecho a renunciar al futuro que se quería trazar y que hoy corona.

Cada vez que hay un triunfo, el país se llena de emoción y la gente manifiesta que quiere a sus atletas, no importa si es solo mientras ganan. El estado reacciona igual.
Esta vez olvidará por un momento que hace apenas un par de días era cuestionado
por su silencio ante los crímenes contra líderes sociales. Pero no importa porque también participará de la fiesta y a través de instituciones y gobernantes abrazarán ese triunfo y ofrendarán honores y palabras bonitas para sus héroes, esos si de verdad, porque no matan, no causan daño, no hieren, no ofenden, ganan en justicia.

Y si rápidamente todos olvidan lo dicho y hecho no importa, el momento y el episodio es tan gratificante que no importa si el olvido llega pronto. El momento la gloria del triunfo es única, permite unir a a la nación, los partidos, a víctimas y victimarios por un instante, sin cálculo político, ni oportunismos de nada. No importa si es solo por un momento que se borran los odios y se puede soñar que un día no lejano todos los días sean como el de hoy, de triunfo, de tranquilidad, de paz, de respeto, de alegrías, sin hechos de sangre, sin falsedades, ni engaños, ni ganas de revancha y venganzas aplazadas.

Egan trae una señal de paz, que invita al país a quererse, reconocerse como es, como él honesto, honrado con todo lo que hace con el único propósito de hacerlo bien, con dedicación, disciplina y optimismo. Así es esta nación, así ha tratado de ser siempre, en sus doscientos años de vida medianamente independiente, pero la guerra ha sido más poderosa, más atractiva, más contundente, más estridente, más miserable y es hora de superarla de manera definitiva. Los jóvenes superaron los Alpes, después de haberse preparado en los Andes y esa es la mejor señal para reiniciar la ruta de la paz que dejará el bicentenario.

El día 28 de julio es hondamente insuperable porque miles, millones de personas habitantes del país campeón mundial del desplazamiento y la barbarie, podrán vivir en paz, comer en paz, dormir en paz, sentirse parte del colectivo que lanza vivas y derraman lágrimas, pero esta vez no de dolor, sino de alegría. Todos pensaban que esta vez seria Nairo, pero no lo fue, tampoco importa, hizo lo que podía hacer y lo hizo muy bien, insuperable y el lugar ocupado es suficiente y alentador, sus triunfos y su esfuerzo tuvo la energía de todo un país en sus piernas y sus pedalazos. Nairo será el campeón del Bicentenario, el hombre del Bicentenario, que se ha forjado recorriendo una parte de la ruta libertadora, del pantano de Vargas al puente de Boyacá, de Tunja a combita y de ahí a Moniquirá.

Egan abre la puerta a la esperanza para que los jóvenes sean de verdad mirados por el estado, respetados, atendidos, incorporados en las políticas públicas como actores esenciales para reconstruir a la Colombia de la paz. Si los jóvenes como Egan son respetados y atendidos todo podrá cambiar y ellos mismos ya no serán perseguidos para ser reclutados y sacados de las parcelas para ir a la guerra, en paz tendrán que ser los mejores ciudadanos, la base principal para asentar la reconciliación y vivir la vida con dignidad. Gracias Egan, Gracias Nairo y Rigo y Henao y tantos más, que subiendo la cuesta llenan la vida de esperanza….

mrestrepo33@hotmail.com

sábado, 31 de agosto de 2019

G7: Un Grupo obsoleto e inútil



Por Finian Cunningham:
Las naciones desarrolladas auto declaradas como el Grupo de los Siete (G7) se reúnen este fin de semana en Francia para su 45ª cumbre anual. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, causó revuelo antes de la reunión en Biarritz cuando comentó que Rusia debería incluirse en el formato, convirtiéndose así en una cumbre del G8.

“Rusia debería estar en la mesa de negociaciones “, dijo Trump, en un raro momento de lucidez.
Su punto de vista sobre la inclusión de Moscú parece ser compartido por el presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien recibió a su homólogo ruso Vladimir Putin en el sur de Francia a principios de esta semana, solo unos días antes de la cumbre del G7.
Por supuesto, Rusia debería estar en la mesa para discutir la resolución de los problemas económicos mundiales. No sólo Rusia, sino también China, India y algunos otros.


Desde que se creó el club G7 en 1975 durante la administración de Gerald Ford, el mundo ha experimentado cambios transformadores desde los días en que los Estados Unidos, (el oeste) de Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia, Canadá y Japón eran considerados las economías nacionales más poderosas.
Hoy, China es el segundo de los Estados Unidos en términos de su tamaño económico. Las 10 principales economías nacionales tienen varias iteraciones de clasificación, según el criterio utilizado para comparar.
En la medición nominal del Producto Interno Bruto (PIB), las 10 principales naciones, según el Fondo Monetario Internacional, son: EE. UU., China, Japón, Alemania, India, Francia, Gran Bretaña, Italia, Brasil, Canadá. En este ranking, Rusia ocupa el puesto 12 después de Corea del Sur.

Pero si las economías nacionales son clasificadas por la paridad del poder adquisitivo (PPA), que tiene en cuenta los factores de cambio de divisas, entonces las 10 principales economías nacionales son: China, EE. UU., India, Japón, Alemania, Rusia, Indonesia, Brasil, Gran Bretaña, Francia.

En otras palabras, la línea actual de G7 es una lista arbitraria. De hecho, su exclusividad es una especie de anacronismo en el mundo de hoy. Es un retroceso a una época pasada cuando las naciones occidentales eran más dominantes (salvo por la inclusión de Japón en el club original). Los contornos del mundo se han vuelto más multilaterales y multipolares. La exclusión de China del G7 es quizás la anomalía más evidente.

En una admisión tácita de la realidad global cambiada, es por eso que existe un formato más grande del G20 (formado en 1999) que además del G7 incluye a China, India, Rusia, Brasil, Sudáfrica, Corea del Sur, Turquía, Arabia Saudita, y otros.
Los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) son otro signo de tiempos cambiados, al igual que muchos otros foros económicos como la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), la Cooperación Económica de Asia y el Pacífico (APEC), la Unión Económica Euroasiática (EEE) y el bloque latinoamericano Mercosur.

Dado que se supone que el G7 es un foro para coordinar políticas macroeconómicas para mejorar el crecimiento económico global, uno pensaría que el requisito lógico sería, por lo tanto, la inclusión de más naciones para abordar de manera más efectiva el propósito aparente.

Tal como está, el club G7 limitado es un vehículo dañado. Es un poco como un auto averiado con llantas pinchadas, una junta rota y falta el cigüeñal. ¿Alguien piensa seriamente que Italia en su actual colapso político está en condiciones de impulsar la economía mundial?

También es incongruente que el miembro más importante del club, Estados Unidos, no tenga interés en coordinar la política con nadie más. La guerra comercial del presidente Trump con China, los europeos y el resto del mundo es más parecida a la práctica de los años treinta del mercantilismo autónomo y el capitalismo depredador. Sabemos lo desastroso que resultó con la depresión global y la guerra mundial.

La imprudente política de Trump de “Estados Unidos primero” (y al diablo con todos los demás) está arrojando una nube oscura sobre la economía mundial debido a la caída de la producción de China y la caída de las exportaciones de Alemania. Irónicamente, el “genio de los negocios” Trump parece estar dándose cuenta de que las repercusiones inevitables se están recuperando como un boomerang con un impacto nocivo en la economía de los Estados Unidos. Sin embargo, dice que no está dejando de lado su viaje de América Primero al abismo.
Entonces, claro, si existiera un compromiso genuino para mejorar la perspectiva económica global y elevar el bienestar de la gente común en todo el mundo, entonces las naciones líderes deberían estar trabajando juntas de manera colegiada y con el mayor alcance posible a los demás.

Por lo tanto, sin duda, los líderes de China, Rusia, India y otros deberían asistir a la cumbre en Francia este fin de semana. Entonces, supuestamente, se convertiría en un foro similar al G20. Lo que hace el punto: ¿por qué el G7 sigue existiendo?
Existe una analogía con la alianza militar de la OTAN liderada por Estados Unidos. Esa organización se formó en un mundo geopolítico muy diferente en comparación con el presente. ¿Por qué la OTAN sigue existiendo? Su supuesta función de seguridad es redundante.

También se podría argumentar que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es redundante con sus cinco miembros permanentes de Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Gran Bretaña. Seguramente ese foro debería ser revisado también para reflejar un mundo multipolar contemporáneo. En resumen, el mundo, como la historia, cambia, y también deberían hacerlo los mecanismos de gobernanza.

Podría decirse, sin embargo, que el G7 no es un foro económico, a pesar de su imagen pública. Es una camarilla política arbitraria destinada a reforzar un supuesto dominio occidental. Una señal de este capricho fue cuando la Federación Rusa fue admitida en el G7 en 1997, que luego pasó a llamarse G8. La admisión del ex presidente Boris Yeltsin fue permitida porque era imprudente ante las demandas estratégicas occidentales. Rusia siguió siendo miembro del G8 durante 17 años hasta que estalló el conflicto de Ucrania y el presidente Vladimir Putin fue acusado de “invadir” ese país y “anexar” Crimea. Esas acusaciones occidentales se contrarrestan fácilmente con evidencia de la subversión de la OTAN del gobierno electo en Kiev para alejar a la ex república soviética de la órbita de Moscú.

La exclusión de Rusia del G8, que luego volvió al G7, ha sido un castigo político para impulsar una narrativa de propaganda por socavar y aislar a Rusia internacionalmente. Esta es la razón por la cual el G7 ya no es un foro viable para su propósito declarado de avanzar en la economía global. Es una tienda de conversación inútil en un mundo completamente cambiado.

licpereyramele@gmail.com

miércoles, 5 de octubre de 2016

Breve repaso del odio (o como la historia se repite)

Por Aldo Torres Baeza

En Bulgaria, un tipo llamado Dinko Valev se convirtió en celebridad mundial después de publicarse imágenes que lo muestran arriba de un caballo persiguiendo a inmigrantes aterrados, mujeres y niños incluidos. ¡Bulgaria es para los búlgaros!, les gritaba. En Alemania, el movimiento Pegida (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente) lunes a lunes congrega a miles de personas en las calles reproduciendo consignas en contra de los inmigrantes y el islam.

Es cierto: la guerra es la continuación de la política por otros medios; los partidos políticos son depositarios de los mismos sentimientos y frustraciones que luego encienden la guerra. Alternativa para Alemania (FfD), partido político que representa el sentimiento anti-inmigrantes, anti-islamismo y la xenofobia, fue el único que aumentó sus preferencias en las últimas elecciones en Alemania, marcando un evidente giro del electorado hacia la derecha.

Probablemente, su heterogeneidad ideología -el partido fue fundado por miembros del FDP (centro-derecha liberal), CDU (derecha), y Die Linke (izquierda)-, explique su auge. Pero, por sobre todo, se explica porque logran canalizar el odio a “el otro”. La receta de siempre: apelar a los sentimientos en respuesta al miedo. 
Maquiavelo decía que “todo aquel que desee saber qué ocurrirá debe examinar qué ha ocurrido: todas las cosas de este mundo, en cualquier época, tienen su réplica en la Antigüedad”. ¿Habrá algo de la antigüedad en la actual Europa, cuna de todos los totalitarismos del siglo XX?, ¿representarán los inmigrantes Sirios lo que fueron los judíos en el siglo XX?, ¿tienden a desvanecerse los valores de la democracia liberal para dar paso a un periodo marcado por el nacionalismo y el respeto por las fronteras del Estado-Nación?
En Francia, según apuntan todas las encuestas, le Front Nacional, con Marine Le Pen a la cabeza, alcanzará su máxima expresión en 2017. Marine Le Pen ha declarado que la presencia de gitanos en Francia era "olorosa" o que el ébola "solucionaría el problema de la inmigración en tres meses". Le Front Nacional se autodefine como nacionalista, Marine Le Pen habla constantemente del orgullo patrio. Amanecer Dorado es el partido más grande de la extrema derecha europea. Los líderes del partido heleno han realizado alusiones nazis en el parlamento griego, sus líderes elogian abiertamente a Hitler y se autodefinen como patriotas y anti-inmigrantes.

Actualmente, Amanecer Dorado es el tercer partido político más votado en Grecia. En Polonia, Prawo i Sprawiedliwosc (Ley y Justicia), es el primer partido que logra mayoría absoluta desde 1989, y, como consecuencia, alcanzar el gobierno polaco. El partido se opone a la eutanasia, al matrimonio entre personas del mismo sexo y se han mostrado de acuerdo en restablecer la pena capital. En Austria, el FPÖ, otro partido de ultraderecha, ganó la primera vuelta de las últimas elecciones con un 36,7% de los votos. En segunda vuelta, el candidato de los verdes, Alexander Van der Bellen, se impuso por apenas un 50,3% versus el 49,7% de los ultraderechistas del FPÖ. 

Si hay algo que comparten todos estos partidos, es el desprecio absoluto por los inmigrantes. Los atentados ocurridos en Bruselas el pasado 22 de marzo, además de los horribles atentados en Paris, acrecientan aquel sentimiento. Además, todos sus líderes hablan en contra del establishment y la democracia, hacen eco de la crisis económica y el desempleo, de reforzar los límites territoriales y las limitaciones de la Unión Europea. Mientras tanto, en Europa se vive el mayor flujo de refugiados registrado desde la Segunda Guerra Mundial.
Según la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), existen 65,3 millones de desplazados por la fuerza rondando el mundo. Paradójicamente, según cita Democracy Now, “los seis países más ricos del mundo [Estados Unidos, China, Japón, Alemania, Francia y Reino Unido], que representan más de la mitad de la economía mundial, reciben a menos del 9% de los refugiados del mundo”.
Así ocurren los procesos históricos: lentamente, desfragmentados, con equívocos.

Pero a veces explota todo, y lo que parecía confuso adquiere sentido en la estructura de un programa político, donde “el otro” siempre es responsable de mi desgracia. Como diría Carl Schmitt: “respecto de los conceptos políticos decisivos, depende de quién los interpreta, los define y los utiliza; quién concretamente decide qué es la paz, qué es el desarme, qué es la intervención, qué son el orden público y la seguridad. Una de las manifestaciones más importantes de la vida legal y espiritual de la humanidad es el hecho de que quien detenta el poder real es capaz de determinar el contenido de los conceptos y las palabras”. Nadie sospechaba que Hitler, un artista venido a menos, lograría convencer al pueblo más alfabetizado del mundo de la efectividad de las cámaras de gas y el exterminio en masa.

Lo que es yo, no quiero hablar sobre el porqué de la crisis. Esta es una nota sobre el resurgimiento de la extrema derecha en Europa, y no, digamos, de los atentados estadounidenses en Afganistán, Irak y Siria que originaron el ISIS y las posteriores migraciones. No quiero decir nada de lo que Chalmers Johnson denominaba como efecto búmeran (blowback), que, en síntesis, es la resistencia surgida como efecto de las ocupaciones estadounidense en territorios ajenos: toda violencia genera violencia de vuelta. Me muerdo la lengua para no hablar de las vinculaciones entre Erdogan y el ISIS, ni menos de esa misteriosa propensión de la Unión Europea, que confunde a todo el Islam con el terrorismo.

No diré que, al otro lado del Océano, Donald Trump, vanguardia sentimental del odio, declara que en su eventual gobierno expulsaría a los indocumentados y que construiría muros para separar a Estados Unidos. Donald Trump hijo, con ese espíritu tan compasivo que caracteriza a su familia, hace poco declaraba que “si tuviera una bolsa de Skittles y te dijera que tres pueden matarte, ¿cogerías un puñado? Ese es el problema con los refugiados de Siria”.

Si diré que mientras avanzan todos los asepctos de la vida humana, el panorama político tiende a permanecer intacto. No sólo en Europa. En Sudamérica, por ejemplo, asume Kuczynski en Perú, Macri en Argentina y posiblemente Lagos o Piñera en Chile. Pasamos de la izquierda a la derecha. ¿Algo nuevo bajo el sol? Nada, las mismas recetas ya archiconocidas, de uno y otro lado.

¿La historia se repite? Nietzsche, que buscaba su libertad espiritual desconfiando del mundo, entregó pistas de una misteriosa idea que, considero, no logró profundizar: el mito del eterno retorno. Según ese mito, todo volvería a repetirse tras un proceso de conflagración, donde la realidad anterior (el tiempo) se desintegraría en fuego. Y esa misma repetición continuaría hasta el infinito en una perspectiva circular. Sin embargo, las cosas aparecerían de un modo diferente al que se conoce; ¿el Hitler del siglo XX sería otro en el siglo XXI? Como diría Milán Kundera tratando este mito: las cosas aparecerían sin la circunstancia atenuante de su fugacidad. Esta circunstancia atenuante es la que nos impide pronunciar condena alguna. ¿Cómo es posible condenar algo fugaz? El crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magia de la nostalgia. ¡¿Pero todo lo borraría la fugacidad?!, ¿incluidas las cámaras de gas y los campos de exterminio?
aldotorresbaeza@gmail.com