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sábado, 2 de mayo de 2020

A flor de piel



Por Carolina Vásquez Araya:

Mirar hacia la calle desde la ventana, una parte de esta rutina recién adquirida.

6 de la mañana: Me despiertan la Pelusa y la Mimi algo impacientes y mirándome directo a los ojos, en espera de una señal de vida para comenzar a mover la cola y saltar de la cama. Sé muy bien que podría quedarme entre las sábanas porque no hay planes para hoy. De hecho, hace más de 6 semanas que no hay planes para el día; pero igual, con una persistencia encomiable, he insistido en darle un sentido positivo al encierro creando pequeños desafíos domésticos. Aunque agradecida por el privilegio de tener un techo y comida suficiente -mucho más que millones de personas cuyo día se inicia con el estómago vacío, en la incertidumbre y la necesidad- no puedo dejar de mirar con desconfianza al futuro inmediato.


Después de la invasión inicial de noticias y de sentirnos catapultados hacia una vorágine de información contradictoria cuyo efecto inmediato ha sido una profunda desconfianza hacia los medios y las fuentes oficiales, hemos pasado a la etapa del cedazo, en donde intentamos sin mucho éxito separar la paja del grano y darnos pequeños espacios de silencio mediático para no sentir, no saber y no ser absorbidos por la tensión y el temor natural al caos y a la desinformación. De todos modos, no siempre se puede ser tan racional cuando se trata de conservar la vida y el sentido común.

He pasado mi vida entera luchando por creer en conceptos tan elusivos como la justicia y el bien común y también he trabajado duro para tener la libertad de expresar mi pensamiento. A pesar de haber transitado por entornos de enorme incertidumbre política y de grandes fosos de inequidad social, todavía intento convencerme de la capacidad humana para experimentar algo parecido a la solidaridad, pese a las evidencias constantes de que en el fondo nuestra naturaleza nos hace egoístas y persistentemente impermeables al dolor ajeno.

Por esa necesidad de búsqueda de los motivos de tanta desigualdad, he llegado a conocer de cerca la miseria de quienes son considerados por las élites como un recurso indeseable pero necesario para acrecentar su riqueza. En el otro extremo del espectro, he tenido la oportunidad de constatar cuánto desprecio destilan esos núcleos privilegiados por quienes nunca han tenido las oportunidades ni los medios para superar su condición de pobreza, pero también cómo manipulan los conceptos para convencerse y convencer a otros de la inevitabilidad de las distancias sociales; como si estas nunca hubieran sido diseñadas y construidas a propósito.

Hace apenas unas semanas, creía que la pandemia nos equiparaba. Profundo error. Las nuevas condiciones comienzan a revelar hasta qué punto estamos distanciados frente a un enemigo común y cómo esta amenaza, supuestamente universal, se transforma en otro sistema de selección en donde los más pobres y los más vulnerables serán siempre los más castigados. Poco a poco, el mapa se define y las clases dominantes muestran la esencia de su codicia al aferrarse al poder y concentrar la toma de decisiones, afectando a millones de seres humanos alrededor del planeta. Ante ese poder prácticamente ilimitado, somos apenas un murmullo distante, una masa anónima con la impotencia y la rebeldía a flor de piel.

6 de la tarde: Termino el día con la sensación de no haber realizado ninguna tarea esencial. Me he empeñado en refugiarme en el no saber, como si esa barrera contra la especulación, la desinformación y la manipulación mediática pudiera, de algún modo, protegerme contra un enemigo ubicado al otro lado de la puerta de mi casa. Y vuelvo a mirar por la ventana, esperando que no llegue.

La amenaza sanitaria que nos rodea, también nos discrimina.

elquintopatio@gmail.com

miércoles, 15 de abril de 2020

El Coronavirus, la crisis del trabajo y la necesidad de una reforma agraria



Por Jorge Zárate:
El principal colapso de la pandemia se da en el mundo del trabajo. Los despidos y la falta de actividad golpean a millones de obreros, principalmente a los trabajadores informales, esa marea que batalla contra el desempleo.

En el Paraguay son 1,6 millones de personas que ven su vida en jaque, los que no pueden cumplir la máxima de los gobiernos que hablan para las clases medias: “Quédate en casa”.
En el país hay un déficit habitacional admitido oficialmente de al menos 300 mil viviendas. Los asentamientos precarios se multiplican en la Gran Asunción año a año a causa de la expulsión que genera la expansión del agronegocio criminal.

No existe una ley de alquileres que le garantice a los cientos de miles de personas que viven bajo este régimen que seguirán viviendo en el mismo lugar al menos por 1 año. Todo está al arbitrio de propietarios que pueden expulsarte cuando quieran o subir los precios ante cualquier insinuación inflacionaria, esa que ocurre siempre, fuera de las ridículas mediciones del Banco Central que siempre dan cero comas algo mientras se ve la máquina remarca dora hacer estragos en los supermercados.

Por eso la gente volvió a las calles el 31/3 y será difícil de aquí en adelante sin una fuerte intervención estatal hacer cumplir una cuarentena que podría extenderse más allá del 12/4 que es la fecha que fijó el gobierno por ahora.

Es indispensable que el gobierno garantice la universalidad del programa Ñangareko (Cuidado, en guaraní) y los 500 mil guaraníes por un mes que se establecieron, lleguen al menos a los que se inscribieron, que según fuentes oficiales ya superaron el millón de personas.

Sin embargo, al 2/4, la Secretaría de Emergencia (SEN) había informado que llegó a poco más de 5 mil familias y que se logró depurar mediante los cruzamientos de datos y las validaciones, 312 mil personas de todos los inscriptos.

Existe sin embargo la promesa de que serán asistidos con unos 300 millones de dólares que se aprobaron con la Ley de Emergencia Sanitaria aprobada para enfrentar los embates de la pandemia del Coronavirus.
Cómo, de qué manera, insistían en preguntar los habitantes de los cientos de asentamientos de Sin Techos que apenas acceden a la mínima formalidad de un teléfono celular con la mínima carga para tener habilitado el servicio del WhatsApp. “Me inscribí, pero todavía no hay novedad. Le pregunté a mi vecina y tampoco, demasiado necesitamos ya”, cuenta una madre soltera del asentamiento Niño Jesús y Virgen del Carmen del barrio San José, en el kilómetro 21de Capiatá.
Hagan el cálculo.

Dura realidad
“Situación económica de los cuentapropistas en Paraguay” se titula el estudio de la consultora MF Economía realizado en marzo del 2020 que nos da una pequeña muestra del problema. Según cuenta el diario La Nación, la firma encuestó a 355 personas de distintos sectores económicos. El 63% de ellos no sabe de qué otra forma trabajar y admite que la forma de trabajo les permite tener apenas ingresos para subsistir mes a mes.

El 85% de los gastronómicos tienen cuentas que pagar en bancos y financie-ras, casas de crédito y usure¬ros. La mayoría gana en un 39% por comisión sobre las ventas y o clientes, 33% por día y 22% por mes, mientras que el 6% gana por semana trabajada.

El 93% de las empleadas domésticas tiene cuentas que pagar en un 15% en usuras, 23% en casas de créditos y cooperativas, mientras que solo el 23% está en bancos y financieras. La encuesta señala que el 84% de las empleadas entrevistadas no tiene ninguna estrategia para enfrentar la parálisis determinada por la cuarentena.

Entre tanto la presión empresaria sobre los trabajadores es brutal, el ministerio de Trabajo (Mtess) registró un listado de 1.400 bajas y entre 500 y 700 despidos injustificados, que fueron condenados por los sindicatos que conforman la Unidad Sindical, liderados por la Confederación de la Clase Trabajadora (CCT).

La ministra de Trabajo, Carla Bacigalupo, se tomó fotos repartiendo kits de alimentos a un grupo de obreros despedidos y dijo que intentarían llegar a todos. Anticipó también que se trabajará en una línea con el Instituto de Previsión Social (IPS) para que la entidad pague el 50% de los salarios de los trabajadores de Mipymes que están inscriptos, unas 260 mil personas, buscando de esta manera que puedan conservar el empleo.

También dio a conocer que hay unas 50 empresas que pidieron la suspensión de su personal.
Urgente y necesaria
Ante el desamparo general la solidaridad popular viene sosteniendo la alimentación de buena parte de la población, ollas populares florecen en todo el territorio paraguayo para ayudar a las familias que no pueden salir a trabajar. Destacan allí los donativos de los asentamientos campesinos que se midieron por toneladas de alimentos en las últimas dos semanas, cuestión que lleva a reflexionar sobre el modelo productivo y la necesidad de la soberanía alimentaria.

Todo parece indicar que la Agricultura Familiar Campesina (AFC) será la que resistirá este embate.
Las largas filas de vehículos de habitantes de la capital y la Gran Asunción que se desplazan hacia el interior para hacer la cuarentena con las familias troncales, parecen tener en lo alimentario una de las razones de su ocurrencia.
En esta instancia es importantísimo recordar que sólo el 6% de las tierras cultivables están en poder de la AFC y allí se produce el 60% de las frutas, verduras y hortalizas que el país consume.

En ese otro brutal 94% se hace la soja que alimenta, entre otros, a los chanchos de la China, cuya producción industrializada parece ser el origen del Coronavirus según los últimos estudios científicos.

También habrá que tener en cuenta que los campesinos endeudados están al límite y que en el marco de la cuarentena habrá que abrir una ventana al pedido de la Coordinadora Nacional Intersectorial (CNI) de implementar un plan de asistencia a 55 mil familias en 13 departamentos y la aplicación de la ley de “Defensa, restauración y promoción de la agricultura familiar” sancionada en diciembre de 2019 pero jamás reglamentada e implementada.

Con sus reiterados campamentos anuales la CNI consiguió que el estado a través del Banco Nacional de Fomento acceda a refinanciar las deudas de unos 18 mil campesinos propietarios de menos de 30 hectáreas que tienen obligaciones contraídas de hasta 2 mil dólares estadounidenses.

Sin embargo, se estima que todavía se necesitan al menos unos 50 millones de dólares para blanquear obligaciones y reactivar al sector que produce los alimentos del país.

Tierra y empleo van de la mano. Así lo resumió Marcial Gómez, secretario general adjunto de la Federación Nacional Campesina (FNC): “Cien mil hectáreas de cultivo en rama de algodón necesitamos para producir y satisfacer el mercado interno de productos derivados de textil, eso significa más de 70 millones de dólares de plata para que quede en nuestro país y más de veinte mil fuentes de trabajo en el sector industrial”.

Esto sin dejar de mencionar la propuesta de la organización de realizar una planificación de la producción frutihortícola con semillas, insumos, asistencia técnica e infraestructura. La idea de producir todo el año para satisfacer el mercado interno no es una cuestión utópica si existe la inversión y el acompañamiento técnico adecuado. Así lo reiteran a quién los quiera escuchar desde hace 27 años en cada Marcha del Campesinado Pobre, cita que este año fue suspendida a causa de la cuarentena.

El cálculo de la FBC es sencillo: Invirtiendo aproximadamente el 4,5 % del Producto Bruto Interno (PBI) durante 10 años se puede hacer una reforma agraria que dote de tierras para el cultivo a las cerca de 300.000 familias campesinas que carecen de ella.

Difícil, se sabe, más cuando todos los planes gubernamentales buscan vincular la producción con los grandes supermercados, que en general, serían responsables de las oleadas importadoras, ya por cuenta propia, ya utilizando el ejército de contrabandistas hormigas que se moviliza desde las fronteras argentinas y brasileñas para proveerles.

A pesar de ello, en esta crisis que descubre lo esencial, habrá que ver si el pueblo comprende de una vez por todas la necesidad de una reforma agraria que destruya este sistema gerenciado por capataces.
Por serviles que les hacen la guerra a los campesinos y favorecen al agronegocio y el contrabando de hortalizas como mandato del modelo latifundista y excluyente que rige en el país desde terminada la Guerra de la Triple Alianza.
Es hora de encontrar un remedio a la altura de la historia para dejar a esta tierra sin mal.
La pandemia es la desigualdad.

jdzarate@gimail.com

Estados Unidos y la agresión militar a Venezuela



Por Oscar Rotundo:

El capitalismo ha quedado desnudo ante la pandemia del Covid-19, mostrando todas sus miserias y su incapacidad para satisfacer las necesidades de las mayorías populares.
La concentración de riquezas y capital en cada vez menos familias y grupos oligopólicos, no ha generado el tan anunciado “derrame” de recursos para lograr la felicidad y el bienestar con el que se ilusionara a varias generaciones y las consecuencias de tanta explotación y desigualdad hace que millones personas en el mundo cuestionen las formas de vida que devienen de las políticas neoliberales.


Muchos países durante el siglo XX trataron de construir alternativas que posibilitaran mejores condiciones de vida para los sectores del campo popular y siempre encontraron en su camino, las restricciones económicas, la conspiración o la guerra desatadas por las élites mundiales lideradas, después de la segunda guerra mundial, por los Estados Unidos.
Siempre, con una excusa por delante, Estados Unidos, desplego un sinfín de estrategias y herramientas bélicas para lograr el control de los mercados mundiales y la imposición de sus intereses sobre la vida de las personas, dentro y fuera de sus fronteras.

Con la complicidad de las potencias capitalistas, la criminalidad de los gobiernos norteamericanos ha recurrido a bombas atómicas, invasiones, bloqueos navales, golpes de estado, o a utilizar a sus lacayos para desatar ataques terribles como la guerra biológica de Irak contra la República Islámica de Irán.

En el siglo XXI, después de la concreción de un bloque de gobiernos alternativos en América Latina, liderados por la Revolución Bolivariana de Venezuela, Estados Unidos se ocupó sistemáticamente de que esa construcción no prosperara y de que sus mentores sufrieran las consecuencias por haber sembrado una semilla de esperanza ante la imposición del “Destino Manifiesto” con el que los amos del norte pretenden subyugar a los países del mundo.

En Venezuela, el imperialismo desplegó todas sus alternativas subversivas, golpes de estado, bloqueo, magnicidio, sabotaje, utilización de un estado lacayo para alentar una provocación militar, manipulación financiera, corrupción de funcionarios públicos, guerra psicológica, subvención de actividades terroristas, acoso mediático y difamación para justificar una intervención militar directa.
Todas ellas impactaron sobre el pueblo venezolano generando condiciones de vida difíciles en aras de llevar adelante la caída de su gobierno.

Precisamente en medio de una pandemia como la del Covid-19 el pueblo bolivariano vuelve a vivir la amenaza de una agresión militar por parte de una coalición integrada por EE.UU, Francia y Reino Unido.
En plena crisis económica y sanitaria a nivel mundial, el gobierno de Donald Trump, acusa de narcotráfico al presidente de Venezuela Nicolás Maduro, ofreciendo 15 millones de dólares de recompensa por su captura y genera la operación antidrogas “más grande de Occidente”.

Quizás la celeridad de esta ofensiva contra Venezuela, no haya que buscarla en las circunstancias de la nación caribeña, sino en las graves condiciones en las que el mandatario norteamericano tenga que enfrentar una pretendida reelección en noviembre del 2020.

Quienes hayan estudiado el sistema político de Estados Unidos sabrán que las guerras suelen revertir la declinante popularidad de los presidentes que pretenden ser reelegidos.

Donald Trump en diciembre del 2019 contaba con un 45 por ciento de aprobación, antes de que su actitud ante la pandemia desnudara la escandalosa política sanitaria que excluye a millones de personas dejándola desamparada ante un flagelo incontrolable.

Con un déficit comercial y fiscal en crecimiento y la aparición inesperada (y luego menospreciada) del Covid-19 que hasta la fecha* ha generado 23.000 fallecidos y una cifra superior a los 572.160 casos de infectados, la administración norteamericana necesita imperiosamente revertir esta realidad que también se expresa en el incremento de la desocupación y la tasa de pobreza.

Desde la llegada de Trump al gobierno, la pobreza y la indigencia se han profundizado seriamente. Según las cifras de organismos internacionales, de los 41 millones de personas en situación de pobreza, 18,5 millones se encuentran en pobreza extrema, colocando al país con la tasa más alta de pobreza juvenil entre los países industrializados.

Las premuras electorales del gobierno norteamericano y esta nueva crisis del sistema capitalista han generado este desesperado escenario bélico contra Venezuela, que, de elevarse a una confrontación militar, precipitaría el colapso económico a nivel mundial y agravaría la situación sanitaria de manera inimaginable.
rotundointernacional2020@gamail.com


sábado, 7 de marzo de 2020

Si Morena no estuviera a punto de morir, abandonado, saldría a la calle a disputarle a la derecha



Por Pedro Echeverría V.:
 1. Las mujeres en México, sobre todo las jóvenes de negro con pasa montañas, están poniendo en jaque a los López obradoristas. Desafortunadamente sus batallas combativas no son anticapitalistas por ello hasta mujeres derechistas, clericales, conservadoras, panistas, han logrado penetrar sus manifestaciones buscando crear condiciones para debilitar el gobierno de López Obrador. Los hombres jóvenes más valiosos deberían participar junto a ellas con demandas más avanzadas, aquellas que contribuyan a acabar con todo tipo de explotación, opresión, racismo y desigualdad.  Las demandas deben abrirse para abarcar todo el contexto capitalista; si por el contrario se cierran a cuestiones muy concretas se aislarán los trabajadores y se beneficiarán a los opresores.



2. No debería importar que el presidente López Obrador –por miedo terrorífico a la derecha y al clero- no haya sido claro al apoyar la batalla por el feminismo, el aborto y contra los asesinatos de mujeres (y hombres). En muchas ocasiones no es el presidente quien debe analizar y discutir cada uno de los gruesos problemas; le bastaría fijar el rumbo con unas cuantas palabras. Las grandes polémicas (que es obligado que existan para orientar al pueblo) las deberían sostener los líderes de los partidos, en este caso, Morena. Yo he visto a polemistas brillantes –tengan o no razón- como Felipe González, Rafael Correa, Pablo Iglesias, Julio Anguita, que, siendo gobierno, han sabido defender con pasión sus posiciones políticas. Pero quienes lo pueden hacer con comodidad y mayor libertad son los líderes de los partidos.

3. La izquierda, por su apoyo incondicional a los explotados, a los oprimidos, al pueblo, ha tenido siempre la enorme ventaja en argumentos y razón; la derecha, que sólo puede defender a los grandes empresarios, los negocios capitalistas y a los gobiernos dictatoriales de derecha, sólo puede recibir apoyo en monetario. Por ello, en este caso del feminismo y otros, si reviviera Morena, le bastaba comisionar a sus diputados y senadores para entrevistarse con los núcleos de mujeres en rebeldía, explicar cómo la derecha históricamente ha sido conservadora, poseedora de una ideología clerical-empresarial, defensora del machismo, golpeadora de mujeres, castigadora de niños, así como no tendría cabida en sus filas.

4. Después de ver el apoyo de López Obrador en dos gigantescas asambleas de trabajadores: la presidida por Haces Barba y la de la CTM, con dirigentes muy desprestigiados que al parecer sólo cambiarán de camiseta, me puse muy preocupado atando cabos para comprender lo que sería adelante el movimiento obrero. La realidad es que en México la CTM dominó el liderazgo desde 1936 con cerca de tres millones de asociados. Junto a otras organizaciones de 100 mil a 200 mil. Fidel Velázquez fue su líder desde que con Lombardo Toledano fundo la organización en 1936 hasta su muerte en 1997. Fue tan poderoso que cada sexenio y el líder campesino en turno, intervenían en la selección del candidato del PRI y seguro presidente de la República del PRI.

5. Morena, el mayor partido hoy en México, con alrededor de dos millones de afiliados, está casi muerto por abandono.  Se piensa incluso que esto es “a propósito”, para dejar a López Obrador para que actúe con plena libertad ante sus difíciles relaciones con los empresarios, la derecha y el imperialismo yanqui asesino. La total unidad de los seguidores de AMLO –sus 33 millones de votantes- para poner en prisión a los expresidentes y demás corruptos, para obligar al INE, a jueces y miles de funcionarios a bajarse el salario, a desaparecer el outsourcing que despoja salarios y derechos a los trabajadores. La realidad es que yo no he descartado un “Golpe de Estado” porque son muy poderosos los intereses que se mueven en este país de más de 130 millones de habitantes y más de 2000 multimillonarios inmensamente ricos.

6. La realidad es que Morena, lo único que ha necesitado, es que le den permiso por AMLO para movilizarse a partir de un gran equipo con experiencia que existe en el DF y en todos los estados de la República. De ninguna manera se trata de hacer mítines en cada lugar como AMLO lo ha hecho 18 años. Hay que buscar a los 20 o 30 más valiosos (de preferencia limpios políticos sin mancha, que no tengan cola que les pisen) en cada estado para que ellos se encarguen de organizar círculos de análisis y discusión. Ningún dirigente puede estar debajo de los muy conocidos corruptos del PRI y PAN que en otros años formaron gobierno con ellos. (1/III/20).
alterar26@gmail.com

Pobreza la peor pandemia


Por Carolina Vásquez Araya: 
La desigualdad y el abuso de poder han condenado a nuestros pueblos a la miseria.

Tan preocupados estamos por la amenaza sanitaria del coronavirus, que hemos olvidado la verdadera amenaza de nuestro entorno: mayor pobreza, menor acceso a los servicios básicos, aumento de la violencia en todas sus formas y la más cruel de ellas en el incremento sostenido de la desnutrición crónica en la infancia. Este es el verdadero problema en las naciones del cuarto mundo, naciones caracterizadas por gobiernos corruptos y el súper poder de sus grupos económicos cuyas élites han supeditado las decisiones políticas a sus intereses particulares, apoderándose de los recursos y retorciendo las leyes.



De acuerdo con los reportes oficiales de organismos internacionales, el virus que tanto nos asusta llegará más temprano que tarde. Sin embargo, el verdadero panorama de terror reside no tanto en la potencial pandemia como en la realidad apocalíptica del hambre, las carencias y los sistemas de salud ineficientes, sin recursos, manipulados por delincuentes tan poderosos como las multinacionales del sector farmacéutico, que trafican sin el menor reparo con sus influencias con el único objetivo de sacar el mayor provecho posible de las necesidades de los pueblos. En esa tónica, presionan a los gobiernos por medio de pactos comerciales interesados, apoyados como siempre por las instituciones financieras internacionales y los países más poderosos.

Los pueblos del hemisferio Sur se encuentran, por lo tanto, mucho más expuestos a un ataque de este virus que aquellos países premunidos de sistemas de salud pública capaces de enfrentar con mayor éxito una situación de emergencia como la que se experimenta en la actualidad. Solo basta echar una mirada alrededor y constatar la miseria de nuestros hospitales y centros de salud urbanos y rurales, en donde ni siquiera se cuenta con los recursos mínimos como equipo quirúrgico, medicinas, mobiliario y, muchas veces, incluso sin personal capacitado para atender adecuadamente las situaciones de emergencia.

El temor generalizado –y razonable- ante la entrada del Covid-19 nos coloca ante una situación sumamente compleja y potencialmente caótica, toda vez que nuestras naciones están sujetas a decisiones dictadas por intereses sectarios y no responden a políticas públicas elaboradas a partir de un análisis objetivo y serio de las necesidades de nuestros pueblos. Los gobiernos del continente latinoamericano, en su abrumadora mayoría, no solo son incapaces de elevarse por encima de intereses espurios, sino se han convertido en voceros y sirvientes dóciles de las corporaciones y las élites económicas actuando a espaldas de la ciudadanía y, como obvia consecuencia, condenándola a la más profunda e injusta de las miserias.

Hasta donde se ha podido observar, las autoridades de nuestros países se han limitado a contener la ola informativa llamando a la calma y buscando la colaboración de los medios de comunicación para frenar el pánico. Sin embargo, falta aún ver cómo harán para reparar el daño provocado por décadas de corrupción y abandono de la infraestructura sanitaria; por siglos de violencia contra los más pobres y por la marginación a la cual han condenado a los sectores más vulnerables como la niñez, la juventud y las mujeres. Si algo positivo se extrae de esta amenaza sanitaria, es su capacidad de poner en evidencia la estulticia y falta de humanidad de quienes están supuestos a gobernar dentro de un marco de ética y valores, así como la valentía de quienes quizá den el golpe de timón para poner atención, por fin, a las necesidades de sus pueblos.

Nuestros países carecen de recursos para enfrentar una amenaza sanitaria.
elquintopatio@gmail.com

domingo, 16 de febrero de 2020

Los que sobran en Chile



Por Juan Pablo Cárdenas S.
Nadie o muy pocos en 1973 pudieron suponer que la dictadura de Pinochet se prolongaría por largos 17 años. Muchos menos que su Constitución, ilegítima en su origen y contenido, como se decía, mantuviera vigencia por más de treinta años. Es evidente que el cruento Golpe de Estado abrió cauce a un cambio revolucionario en nuestra historia, consolidando hasta nuestros días un orden político, económico y cultural que recién empieza a desmoronarse con la Explosión Social, pero que nos tiene a todos en ascuas respecto de lo que pueda venir.


La existencia de un régimen marcado por la desigualdad y los abusos de los sectores dominantes es la causa de una nueva revolución, pero surgida esta vez desde el seno del pueblo y sus organizaciones y no desde el gran empresariado, la clase política o la casta militar. Un furioso descontento que se propone derribar todo el andamiaje institucional para construir no se sabe a ciencia cierta qué, aunque la protesta tenga ideas fuerza que bien pudieran llegar a plasmarse en un régimen que marque un después más promisorio que el que ha condenado a la enorme mayoría de los chilenos a vivir con severas carencias y el yugo de la opresión y desesperanza.

Algunos creen que el itinerario acordado por la clase política puede llevarnos a una asamblea constituyente y a una nueva Carta Fundamental, lo que podría ser posible. Pero ya se ve que lo que más le apura al pueblo son las reformas sociales que deriven, por ejemplo, en un nuevo sistema previsional, una nueva distribución del ingreso, una profunda reforma educacional y la recuperación de la soberanía nacional en el control de la minería y las riquezas fundamentales del país usurpadas por las transnacionales que pueblan todo nuestro territorio.

Por ello es que este proceso no tolera que un Sebastián Piñera se proponga seguir en La Moneda, toda vez que lo que sigue haciendo es sortear las demandas con propuestas cosméticas que verdaderamente no atacan el sistema de AFP, de ISAPRES y ni siquiera se proponen una reforma tributaria que le exija a los más ricos financiar las justas y tan postergadas exigencias de los pobres y de la clase media. El actual mandatario es un empresario y multimillonario, no es un líder popular e incluso carece de la más mínima sensibilidad social.

Pero tampoco es posible que en el Parlamento haya quienes tengan la capacidad de enrielar las manifestaciones y protestas, aunque sea a objeto de salvarse o darle continuidad a sus revenidos partidos y agrupaciones. Cuando todos sabemos que ellos han jurado acatar la Constitución y las leyes injustas, al mismo tiempo que han hecho de comparsas de los gobiernos a la hora de fijar los reajustes de remuneraciones, aprobar tratados de libre comercio indecorosos para Chile e, incluso, soslayar por tantos años reformas que bien pudieron haberse impuesto a pesar de la renuencia del Ejecutivo. No solo del actual Gobierno si no de los que ellos mismos integraron.

Realmente sería hipócrita emprenderlas solo contra La Moneda si se asume que toda la postdictadura ha estado marcada por los atropellos contra la nación de parte de los sucesivos gobernantes. O si consideramos los episodios de corrupción que han involucrado transversalmente a la clase política, permitiendo y hasta alentando con ello los desfalcos del empresariado y de las Fuerzas Armadas, como ahora de las policías, especialmente de Carabineros. Una institución que parece cebada, otra vez, con la sangre de los mapuches, de los jóvenes y los pobres, a juzgar por los horrores cometidos en los últimos meses y que han sido repudiados por el mundo entero.

Cómo quisiéramos que en el plebiscito de abril se resolviera por una enorme mayoría el término de la actual Constitución y luego se eligiera a los más idóneos para convocarse y redactar una nueva Carta Magna. Lo que menos deseamos es que el estado de violencia siga prolongándose y lamentando la pérdida de más vidas humanas, el descalabro de las ciudades y la destrucción de nuestro patrimonio público y privado. Sin embargo, desde hace tiempo es que sospechamos que algunos actos violentistas son acicateados por la derecha, los servicios represivos y los infiltrados que siempre llegan al movimiento social, incluso a la primera línea de las protestas.

El atentado al Museo de Violeta Parra y otros despropósitos nos hablan, justamente, de la acción de estos desquiciados que bien pueden servirle de excusa al conjunto de la clase política para cerrar filas e incluso ausentarse del Senado para dejar sin efecto la acusación constitucional contra el Intendente de Santiago, responsable directo de la horrorosa represión en la Plaza de la Dignidad, como del “copamiento” de las calles para impedir el derecho de reunión de los chilenos. La ausencia de algunos senadores de “izquierda” a la sesión en que se debía condenar e inhabilitar a la autoridad capitalina resultó un acto bochornoso que habla de la complicidad de políticos y partidos en la mantención del orden establecido y represivo.

Extraña sobremanera que desde la explosión del 18 de octubre no haya todavía un solo senador o diputado de la República que haya renunciado a su cargo, como a sus imposturas y privilegios, aunque si consta que Piñera ha debido lamentar el retiro voluntario de varios de sus colaboradores. Por el contrario, antes del inicio de su período de vacaciones, varios de éstos se encontraban en los más distintos destinos del planeta, particularmente en los Estados Unidos y Marruecos, un reino despótico que acostumbra todos los años invitar a varios legisladores de nuestro país a conocer y disfrutar de los encantos de sus balnearios.

En marzo, como lo suponemos, se reinicia con bríos la protesta social, las tomas de establecimientos educacionales, los paros y las más audaces formas de sabotaje a las industrias, bancos y empresas. También es muy posible que vuelvan los bloqueos de caminos y carreteras, además de que se intensifique la lucha mapuche. Si ello ocurre, no hay duda que todo será de responsabilidad de la contumacia política de quienes quieren permanecer contra viento y marea en sus cargos, pese a su enorme descrédito y pérdida de adhesión social y legitimidad. Lo que les correspondía al gobierno y el parlamento era aprovechar la época estival para convenir y programar su retiro o, si estuviéramos todavía en posibilidad, proponerse con urgencia implementar una agenda social de transformaciones realmente en serio.

Los culpables no serán los abusados, sino los abusadores. No serán los pobres, los jóvenes y marginados, sino los ricos y poderosos que constituyen menos del 0.5 por ciento del país. Ni siquiera son los saqueadores de farmacias, tiendas comerciales y otras, sino las clases opresoras representadas por La Moneda, el Poder Legislativo, los jueces abyectos y el conjunto de las instituciones del Estado que, como la misma Contraloría General de la República son tan responsables de las inequidades e iniquidades que explican y legitiman la Explosión Social.

Para inhibir la protesta, se especula que los chilenos tienen miedo y las cámaras de televisión encienden sus luces para dar cuenta de quienes parecen abrumados por la violencia. Pero de lo que tendrán que convencerse es que los pueblos finalmente se sacuden del miedo y nada los detiene, en la convicción que nada puede ser peor de lo que han padecido.

“Que se vayan todos” dice uno de los carteles más reproducidos en las calles y las redes sociales.  Si de democracia se trata, una nueva Constitución debiera contemplar entre sus cláusulas la revocación del mandato de aquellas autoridades que incumplen lo cometido, se corrompen en el poder y renuncian a ser verdaderamente mandatarios de lo que quiere el pueblo. Una disposición así nos habría librado de un buen número de delincuentes de cuello y corbata, asesinos y saqueadores que han alcanzado el poder y, para colmo, a algunos ellos nuestra historia les rinde tributo.
juanpablo.cardenas.s@gmail.com

lunes, 4 de noviembre de 2019

Chile: la otra vitrina rota



Por Jesús A. Rondón:.
Miramos el mundo desde lo que somos y esto es producto de nuestras historias. Así que ver hoy lo que ocurre en Chile, para mí no es posible sin vincularlo con la historia de nuestro país, Venezuela.
A finales de la década de los ochenta Venezuela experimentaba los síntomas de una crisis gestada no menos de veinte años atrás, así la vida cotidiana de los venezolanos y venezolanas estaba marcada por la carestía de los elementos básicos de subsistencia. La sociedad política estaba dominada por dos grandes partidos, con una orientación pactada en los sesenta, en el marco del retorno a la democracia. Aún así nuestra democracia era un ejemplo de civilidad para nuestros hermanos y hermanas del hemisferio, tan convulsionados en su quehacer político, apenas conocían la democracia. Confiados estaban en mantener el timón del barco en la tempestad que se vivía.  No imaginaron que, en febrero de 1989, estallarían unas protestas populares, apagadas a fuego y fuerza, hasta dejar incontables. Hubo un quiebre, este afecto la capacidad de cálculo de la elite política, así ni se imaginarían lo que paso después.

Haciendo el seguimiento a los acontecimientos que hoy ocurren en territorio chileno, tengo la misma sensación de 1989 y me pregunto ¿Es posible que rumbo estimado ya no sea posible?

Debemos considerar primeramente que Chile no es un ejemplo de democracia que se diga, puesto que el funcionamiento del sistema político aún mantiene bajo la regla de juego que legó la dictadura. A Chile se nos vende como el ejemplo de modelo económico, sin decir muy alto que este se cimento en un escenario con ausencia absoluta de derechos democráticos. Se nos vende como el modelo que todo el hemisferio debe emular para lograr prosperidad económica. A tal punto que mucha de la clase media venezolana fue a parar allá, huyendo de lo que denominan el fracaso del socialismo; y cuando llego sintió que lograban lo anhelado.
Los recientes hechos, comenzaron con lo que para la elite política era poco significativo: el aumento de precio del boleto de Metro. Quizás los que tomaron la decisión no viven con el salario mínimo, ni cerca de él, por eso no se imaginaron el impacto, aun cuando disponían de estudios de opinión. Proporcionaron sin estimarlo una grieta, que termino develando la profunda desigualdad que se encuentra en el fondo de éxito del modelo. Ha sido tal la denuncia de las chilenas y los chilenos que el gobierno ha ofrecido rápidamente implementar rápidamente medidas como el aumento del salario y las pensiones, la congelación de costos de algunos servicios y la promoción de la reducción de la jornada de trabajo, entre otras.

Algunos nos preguntamos ¿puede la elite política chilena seguir manteniendo el timón en esta tempestad? Observamos que algunos actores políticos se empiezan a desmarcar de la alianza que hizo posible que gobernara Piñera. Buscan tener mayores condiciones para aspirar a capitanear la nave, luego de la tormenta.
En todo caso, nuevamente hago referencia a nuestra historia, en la cual luego de Caracazo la sociedad política no logro recuperarse y se terminó de devaluar el 4 de febrero de 1992, con el intento de golpe de Estado liderado por Hugo Chávez.  Aquí se comenzó a configurar una alternativa aluvional, con base en un liderazgo carismático, que luego promovió una conformación de base orgánica de múltiples fuentes y la reconfiguración de un relato político, que termino definiéndose socialismo del siglo XXI.

Las demandas de la población en Chile han crecido, no les basta con las ofertas de Piñera, ahora entienden que, si no modifican las causas, la historia será igual. No solo es necesario el dialogo con el gobierno, hay que hacer más. Se comienza a demandar la promoción de una Asamblea Constituyente, que discuta y reformule “el contrato social” para que asegurar el funcionamiento de la república, en otros términos. Un cuestionamiento a una Constitución, que es legado de la dictadura.

Este escenario necesita de la participación organizada de las chilenas y los chilenos, que se expresa en algunos partidos políticos y organizaciones sindicales y sociales alternativas a la elite, pero que para este desafío hay que calibrar si son suficientes para articular un relato común, hacer cambios significativos, así como para gestionar un gobierno con una orientación alternativa a la existente.

Finalmente hay que ver a Chile en el contexto mundial, donde los beneficiarios del modelo cuestionado buscaran recomponer el estado de cosas, recoger los vidrios rotos y recolocar la imagen. En esto están ya están en marcha todos sus recursos.

A esta hora, tengo más preguntas, que respuestas. Es pronto para hacer afirmaciones, pero imperativo no perder de vista lo que pasa en Chile, a pesar que las corporaciones mediáticas, pasaran la página lo más pronto posible, como en Ecuador.

jesusalbertorondon@gmail.com

miércoles, 10 de julio de 2019

Alternancia en el poder y cambalache ideológico



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Se dice que una de las características de la democracia es la alternancia en el poder, esto es que las distintas expresiones políticas puedan acceder al Ejecutivo y en otros períodos solo se conformen con ejercer una oposición, ojalá constructiva, al gobierno de sus adversarios. Sin duda que esta alternancia no basta para considerar a un régimen como “democrático”, si es que no existen también diversidad informativa, la plena independencia de los poderes del estado y un voto ciudadano verdaderamente libre e informado, entre otras varias exigencias.


Ciertamente, en Chile esta alternancia está plenamente vigente. Además de las administraciones de la Concertación y la Nueva Mayoría, la derecha propiamente tal ha accedido en estos últimos años a La Moneda en dos oportunidades, lo que le permite a muchos asegurar que nuestra transición a la democracia es un fenómeno ya culminado, aunque todavía nos rija la Constitución de Pinochet, un régimen autoritario, así como se mantenga una profunda desigualdad económica y social en la población.

Pero que unos y otros se alternen en el gobierno lo cierto es que ocasiona muchas paradojas y hasta miserias. Se puede apreciar en estos meses cómo los que tuvieron la oportunidad de gobernar por varias décadas, una vez en la oposición se ponen a golpear la mesa exigiendo reformas que nunca emprendieron cuando tuvieron la mejor posibilidad de implementarlas.  Tal como han surgido expresiones de ultraderecha o del pinochetismo que, en su desfachatez, acusan a la administración actual de estar cediendo muy dócilmente a las demandas de la autodenominada centro izquierda.

El impulso, por ejemplo, que La Moneda le está dando a la reforma tributaria o a la previsional, en su empeño de “igualar la cancha” a favor del acceso a la salud, la educación y otros derechos universalmente reconocido posiblemente le asegure a la derecha instalar a un sucesor de Piñera en el Ejecutivo y, por qué no, mejorar su representación en el Congreso Nacional, donde por ahora la derecha continúa en minoría.

De esta forma es que a cada rato, y hasta con repugnancia, observamos en la oposición exigencias verdaderamente escandalosas si se considera la total negativa de estos sectores a concretarlas cuando fueron gobierno. Una de ellas es el pago a la deuda histórica de los profesores, demanda que viene desde la Dictadura y la cual fuera desestimada por todos los gobiernos que le sucedieron. Los pensionados, igualmente, son testigos de cómo se les hizo un verdadero desaire a las reformas impulsadas por NO+AFP, frustración que se repite en los estudiantes y las múltiples organizaciones de trabajadores que hoy van a la huelga, incluso, en la esperanza que sea un gobierno de derecha el que paradojalmente pueda satisfacer sus aspiraciones.

El populismo podríamos decir campea en los planteamientos de varios partidos y bancadas parlamentarias, aunque la posibilidad de que sus promesas sean confiadas por el pueblo es algo todavía muy difícil, habida los reiterados desengaños y la posibilidad de que quienes gobiernan actualmente sean los que implementen algunos cambios, aunque sin alterar el régimen neoliberal que todavía campea en nuestra economía.  Hasta en materia de DDHH hay quienes aseguran que la sensibilidad de la derecha se ha demostrado algo mejor que la de quienes desde La Moneda les dieron constantes portazos a los familiares de los detenidos desaparecidos y las organizaciones de presos políticos. Y solo se acotaron a esa “justicia en la medida de lo posible” advertida por el presidente Aylwin.

A ratos parece que el tango Cambalache se ha instalado como himno oficial de nuestra política. Muchas veces apreciamos que no hay diferencia entre las promesas del centro derecha y la centro izquierda, en lo que a menudo se podría también incluir a dirigentes de los sectores más vanguardistas. Este tiempo ha sido, como sabemos, el de la drástica mutación ideológica de algunos furibundos izquierdistas de antaño, lo que seguramente se expresa en el quiebre interno de los socialistas y demócrata cristianos, fenómeno que tiene muy a maltraer la posibilidad de un amplio pacto para enfrentar los próximos desafíos electorales. A la vez que los “republicanos” de José Antonio Kast (que todavía alaba el régimen militar) podrían desertar del apoyo que a regañadientes le dieron a Piñera para ser reelegido.

Esta alternancia política tiene efectos, también, en la conducta de las organizaciones sindicales y gremiales. Para la CUT, el Colegio de Profesores y otras entidades es distinta la actitud que asumen si los partidos en que militan sus dirigentes están o no en La Moneda. Ya observamos en el pasado cómo se atenuaron las demandas salariales y los reajustes de sueldos concedidos por el bacheletismo, cuando comunistas, socialistas, penedés, radicales y demócratas cristianos estaban gobernando. Así como existen dirigentes empresariales que en público o privado aseguran preferible para sus intereses que no gobierne la Derecha. Lo que nos hace recordar esta sentencia del recién fallecido senador Carlos Altamirano, cuando proclamó que Ricardo Lagos había hecho “el mejor gobierno de derecha de nuestra historia”.

Pero más allá de lo que se dice y cumple desde el gobierno o la oposición, lo cierto es que lo más característico de la política chilena ha sido la metamorfosis de sus protagonistas, lo que ha tenido como consecuencia –nos guste o no- la verdadera fusión ideológica de los partidos organizaciones sociales. Salvo algunas expresiones de ultra izquierda o ultraderecha, casi todos los actores han ido confluyendo hacia el centro, acotándose a la moda del liberalismo y una casi idéntica visión de las cosas. Ya no hay quienes postulen una revolución, por moderada que se proponga ser; ya nadie, tampoco, se atreve a defender desembozadamente a Pinochet.

Así como en materia internacional lo que predomina es la facilidad en que unos y otros se tragan las campañas de desinformación propiciadas por Trump, sus aliados y voceros comunicacionales nacionales y extranjeros. Aunque, por supuesto, existan todavía analistas y activistas informados y perseverantes a los cuales la televisión y los grandes medios no les dan cobertura. Una lacra cultural que mucho se explica, ciertamente, en los pobres recursos y la alta ignorancia de muchos comunicadores, para los cuales resulta más barato en su quehacer importar las mentiras o fake news fabricados desde la OEA, el Departamento de Estado y los países ansiosos de petróleo.

Se dice que el oportunismo y el transformismo son fenómenos universales, un “mal de muchos”, así como la corrupción política y la apatía ciudadana. De todas maneras, en Chile debemos lamentarnos mucho más todavía del escandaloso derrumbe ideológico cuando miramos a nuestro pasado, a los grandes arquetipos propiciados por servidores públicos de alta solvencia moral como el mismo Allende, Frei Moltalva y tantos otros líderes políticos, morales y religiosos que el país tuvo la suerte de tener. O si consideramos el horroroso quiebre institucional de 1973 y su grave costo en vidas y esperanzas. Si recordamos, así mismo, la lúcida heroica lucha que por generaciones acometieron las organizaciones laborales, de los estudiantes y las víctimas de la discriminación social.

Cuando claramente existen tantas necesidades urgentes y aplazadas en uno de los países más desiguales de la Tierra. Pese a lo que dicen nuestros presuntuosos políticos.
juanpablo.cardenas.s@gmail.com

miércoles, 10 de abril de 2019

La droga y los voladores de luces de Sebastián Piñera



Por Eduardo Andrade Bone:

Dentro de las diversas encuestadoras ideológicamente de derecha que se emiten en Chile (Cadem, Adimark, CEP, Criteria Research+-), el ciudadano de a pie viene manifestando su preocupación por el crecimiento gradual de la actividad delictiva en sus diversas expresiones, además del alto consumo de drogas en la población chilena.

Para tales efectos el imputado actual mandatario, Sebastián Piñera, ha levantado la bandera del programa “Elige vivir sin droga”, así como el proyecto de ley de “control policial preventivo entre los 14 y 18 años” que pretende aplicarse en los barrios populares del país y que viola sistemáticamente los derechos humanos del niño”.


Sebastián Piñera en su primer gobierno, hablo de poner fin a la “puerta giratoria”, que permite que los delincuentes entren y salgan de prisión rápidamente. Es más, en su primera administración fue la época en donde más delincuentes obtuvieron su libertad, así que eso de la puerta giratoria de Piñera y compañía, no fue más que un volador de luces y producto de su propia demagogia política.

Lo cierto, es que el sistema capitalista criollo y su expresión neoliberal, ha sido el gran gestor del aumento de la actividad delictiva en el país y en la introducción de la droga, además en un país con tanta desigualdad social, extrema pobreza, pobreza, pobreza encubierta en los sectores sociales de estratos medios, con salarios y pensiones de sobrevivencia y una población altamente endeudada (70%) en créditos de consumo, han sido los resultados en beneficio de políticas económicas que favorecen al 3% más rico del país.

También tenemos el crecimiento de la delincuencia de “cuello y corbata”, de grandes empresarios y de los altos mandos de las instituciones militarizadas chilenas, toda herencia de la dictadura y su modelo económico salvaje y depredador. También habría que sumarle a una parte de la elite política que se ha visto involucrada en actos de corrupción y que tiene a los chilenos muy alejados de la política, pues la decepción y el descontento es cada vez mayor. En donde, además, los Tribunales de Justicia no son una excepción, pues suelen ser aliados de las actividades delictivas diversas que ocurren en el país.

De allí que la inseguridad ciudadana campea por todo el país (metro, calle, buses), el ejemplo más notable de esto es que las mujeres y también los hombres, deben andar al cuidado permanente de sus carteras o mochilas, aferradas en el pecho y no de forma normal, como solía ser antes. Salir a los sectores neurálgicos de la capital chilena o de las grandes ciudades (Antofagasta, Valparaíso, Concepción y otras), es exponerse abiertamente a la actividad delictiva. Una ciudadana chilena me decía en tono de broma, que Chile se parecía cada vez más a Ciudad de México, Medellín, Cali o algunos países centroamericanos donde campea la delincuencia y las diversas bandas de narcotráfico, todos protegidos por las instancias del poder.

Los llamados “portonazos” andan a la orden del día, los que consiste en el asalto cuando la gente va a aparcar su automóvil o en alguna autopista menos protegida, muy destacados además por los canales de TV mañaneros. Lo que no está claro fehacientemente, es si los programas de TV matinales están dedicados a “combatir la actividad delictiva o a promoverla”, pues se pasan mañanas y semanas completas enfocando los temas de la crónica roja, sin ir a la raíz de fondo que genera el crecimiento gradual de la actividad delictiva, que no es otro, que la situación socioeconómica de la población chilena.

De allí que los canales de televisión están dedicados a crear el terror, el miedo y la inseguridad ciudadana, ante el crecimiento gradual de la actividad delictiva ligado al flagelo de la droga que genera el modelo económico existente. Ahora el sistema económico neoliberal ha introducido la droga en los sectores populares con el objeto de controlarlo o neutralizarlo, en un país donde crece la demanda social por mejores condiciones de vida. La introducción de la droga es un aliado fundamental de los capitales criollos y sus lazos con el narcotráfico. Sin embargo, este comienza a introducirse gradualmente en los estratos sociales con mayor poder adquisitivo, de allí que los intentos de Piñera por hacer realidad su proyecto “Elige vivir sin droga”, no es más que un nuevo volador de luces de carácter populista, cuando en su propia familia hay consumidores de drogas fuertes como su hermano Miguel Piñera, el que además tiene lazos con el narcotráfico, según señalan sus amigos de parranda y diversas fuentes de prensa.

Lo cierto es que el gobierno de Piñera y su coalición política (Chile Vamos) pareciera estar empeñado en ir dando pasos concretos para crear un estado policial encubierto con eso del control preventivo para los adolescentes de los barrios populares, para que los sectores sociales con mayor poder adquisitivo (5%) puedan vivir más seguros, pues su modelo económico se está transformando en un bumerang que los golpea a ellos mismos.

Es más, los sectores con mayores ingresos están huyendo de las grandes ciudades, buscando y creando lugares más tranquilos. Por ejemplo, los más ricos del país se han traslado a Chicureo o Chamisero, lugares que queda en el denominado sector alto norte de la ciudad, en una especie de ciudadela al margen de la capital chilena, que cuenta con todos los servicios necesarios, así como las medidas de seguridad más modernas que existen hasta el momento, en donde el personal de servicio es sometido a rigurosos controles de la policía militarizada chilena todos los días, antes de llegar a sus fuentes de trabajo. Municipios como La Dehesa, los Barnechea y las Condes, forman parte de otro Chile, que las grandes mayorías del país no logran percibir y donde se aglutinan los sectores sociales con mayor poder adquisitivo, todo eso, en la ciudad capital donde ya residen alrededor de 8 millones de habitantes.

Lo cierto, es que el azote de la droga se está introduciendo velozmente en la sociedad chilena, afectando las potencialidades de la juventud y también de los no tan jóvenes, que ante el cumulo de problemas ligados a las deudas y la pobreza, lo hace refugiarse en la droga, para luego estar a un paso de la actividad delictiva. El flagelo de la droga en Chile está devastando a los diversos sectores sociales y sus familias, cuyo origen está en el gran contraste entre riqueza y pobreza y un modelo económico que promueve la desigualdad social a gran escala.

Además, con grupos políticos autistas, que no cuentan con proyectos o programas claros, efectivos y reales para detener el avance de la drogadicción y la actividad delictiva en el país. Ahora, toda esta crisis ligada a la introducción masiva de la droga tiene diversas connotaciones (pobreza, deudas, inmigración blanqueo de dinero, etc.), sin embargo, la mayor responsabilidad recae sobre la clase dirigente ligada a la droga y el mundo bancario, que se dedica al blanqueo de dinero, junto a las casas de cambio de moneda extranjera y otros negocios menores que juegan el mismo rol.

En todo esto por cierto, también tienen una responsabilidad fundamental los medios de comunicación (TV, Radio), los políticos involucrados en el negocio de la droga, los profesionales de la salud también ligados al mundo de la droga, pues la capital chilena está saturada de farmacias desde donde se distribuyen diversos tipos de droga, legal e ilegal y responsabilidad también tienen los canales de TV faranduleros donde circula mucha venta de droga, en los hoteles de muchas estrellas, casinos y locales de juegos con máquinas, campean las droga.

El problema se torna mayor, cuando la población percibe que el consumo de drogas es algo aceptable cuando no normal o incluso deseable, sin medir las consecuencias posteriores para niños, jóvenes e incluso adultos. De allí que, para combatir la droga, no basta con un slogan como “elige vivir sin droga”, cuando la diversidad de carteles de venta de drogas, se van extendiendo por todo el país y amenazan la convivencia social de todo el país.

Finalmente recordemos que los grupos delictivos ligados a la venta de drogas obtienen jugosas ganancias, que ya involucran a los bancos, financieras, farmacias y que además incluyen actos cada vez más violentos, promoviendo el crimen organizado, la corrupción de políticos, militares, funcionarios judiciales, policías y altos funcionarios municipales y gubernamentales.

Lo cierto es que se requieren medidas exhaustivas y decisivas para desmantelar los carteles de la droga y el crimen organizado. Chile requiere de un nuevo modelo económico que termine con las grandes diferencias sociales, entre unos cuantos personajes ricos y la gran mayoría que vive la pobreza en sus diversas expresiones, altamente endeudados y viviendo las grandes desigualdades sociales que genera el capital neoliberal.

Ni más slogan como “elige vivir sin droga” y ni más falsas “puertas giratorias”, la tarea es como restaurar la convivencia y la seguridad entre chilenos, que, además, ya se muestran hastiados de su mundo político que vive al margen de los problemas reales que padece el ciudadano de a pie.

aindoamericanap@gmail.com

domingo, 25 de noviembre de 2018

La bancarrota democrática


Por Carolina Vásquez Araya:

Los recursos del sistema democrático no parecen ser suficientes para impedir su colapso.

Si algo quedó claro durante la Cumbre Iberoamericana de Presidentes y Jefes de Estado, es la bancarrota moral del sistema político en la mayoría de países latinoamericanos. Con democracias débiles –algunas a punto de desaparecer bajo los incesantes embates de la corrupción y escasas perspectivas de recuperación, los gobernantes dejaron patente su incapacidad para cumplir con los objetivos planteados desde hace casi dos décadas para reducir la desigualdad, la extrema pobreza, el hambre, la desnutrición infantil, la falta de educación y otros parámetros que marcan el profundo subdesarrollo de nuestros países.

Los discursos de la Cumbre no se diferenciaron gran cosa de aquellos elaborados para otros encuentros, otras cumbres, otras asambleas; excepto, quizá, por el énfasis en las crisis migratorias. Pero los problemas fundamentales continúan hundiendo a los pueblos mientras sus líderes enfocan sus esfuerzos en librarse de investigaciones de corrupción y blindar sus fortunas mal habidas con los recursos que les ofrece un sistema diseñado para ello, arrasando con marcos jurídicos y buscando escondrijos legales.

A la par de la bancarrota moral que todo eso implica, las huestes políticas han creado las condiciones ideales para una bancarrota democrática que les daría el espacio y el poder para actuar a su antojo en las décadas por venir. Los acosos a la prensa independiente son apenas uno de los pasos mediante los cuales buscan cercenar la participación ciudadana y su posible incidencia en decisiones de Estado. Todo indica un intento de crear las condiciones para conseguir el aval ciudadano en la consolidación de regímenes dictatoriales, con el manido argumento de reducir la violencia.

Los participantes en la Cumbre –en especial quienes gobiernan los países menos desarrollados- han gozado de los beneficios del poder para consolidar sus privilegios, pero han abandonado sus promesas de cambios sustanciales para favorecer al resto de la población. Esto, porque esas promesas nunca fueron pronunciadas con otra intención más que apoderarse de espacios privilegiados desde los cuales, y con el entusiasta concurso de sectores de poder económico, es posible amasar fortunas obscenas sin pagar las consecuencias.

El tráfico de influencias y la impunidad fueron el sello de identidad de algunos presidentes presentes en la Cumbre. Con un descaro insolente se presentaron como víctimas de oscuras conspiraciones, como líderes contra la corrupción y piadosos ejemplares de pureza espiritual. En la realidad han condenado a sus pueblos a la miseria extrema, a la muerte por falta de atención sanitaria por el colapso de los hospitales públicos, a la ignorancia por el colapso del sistema educativo, a la violencia y la muerte por las debilidades injustificables del sistema de investigación y justicia.

Estos magnos eventos solo sirven, al final de cuentas, para ofender a los pueblos marginados, conscientes de su impotencia frente a los círculos de poder. Las abundantes falsedades derrochadas en discursos sobre-elaborados quedarán impresas en los informes finales y, al formar parte de documentos históricos, les restarán toda legitimidad. La verdad es otra: está en los indicadores de desarrollo humano cuyos números indican con meridiana claridad el retroceso en la lucha contra el hambre, en la mortalidad materna, en la asistencia a las escuelas, en el trabajo infantil, en las violaciones sexuales, en las ejecuciones extra judiciales y en los juicios manipulados para cubrir los actos de corrupción. Ese es el verdadero contenido del discurso que jamás se pronuncia.

elquintopatio@gmail.com

viernes, 5 de octubre de 2018

Una Historia Negra De La Ciudad De México


Por Erubiel Camacho López:

A través de los siglos, la historia negra o criminal de la Ciudad de México puede brindar un reflejo mucho más fiel de la sociedad capitalina —sus atavismos, fobias, estallidos sangrientos—, como lo documentan estas páginas. Pobreza, desigualdad y violencia han sido los detonadores principales de este “enorme retablo de personajes e historias bañados en sangre —señala J. M. Servín—, cuyo fondo casi siempre son los usos del poder y su presencia trágica sobre las mil caras de la muerte”.
El país estaba infestado de bandidos, de manera que no se podía salir ni a los caminos ni andar en las ciudades pasadas ciertas horas de la noche sin ser atacado, robado y no pocas veces, asesinado.
 Manuel Payno: “El tumulto de 1624”, El Libro Rojo

Ninguna ciudad puede palpitar ni entenderse sin su historia negra, sin sus tragedias cotidianas y pasiones turbulentas. La capital del país no es la excepción. Una historia de la delincuencia y su narrativa es una historia de la ciudad y sus habitantes. En muchas ocasiones, esta historia tiene más lustre que la oficial, la de los próceres y las gestas heroicas. Las ciudades legendarias de la modernidad están marcadas por sus hechos delictivos y sus personajes criminales: Chicago, Los Ángeles, Nueva York, París, Londres. En los años que siguieron a la independencia de España en 1821, la violencia y el crimen marcaron el crecimiento del país. La insurgencia y la reacción realista, aparte de devastar la economía, provocaron inestabilidad, levantamientos militares, guerras civiles e invasiones extranjeras (Estados Unidos y Francia). Por cierto, el famoso “coctel Margarita” podría tener su origen en el aguardiente endulzado que servían las suripantas de los burdeles que visitaba el ejército gringo en la capital del país. A todas las llamaban “Margaritas”.
I
A partir de El Libro Rojo, crónica negra de los crímenes y escándalos sangrientos que marcaron la conflictiva relación entre gobernantes y gobernados en México, sobre todo en la capital, la vida, la muerte, el amor y el odio siempre han estado de remate. El Libro Rojo, obra fundamental, subtitulada Hogueras, horcas, patíbulos, martirios y sucesos lúgubres y extraños acaecidos en México durante sus guerras civiles y extranjeras, escrito por Manuel Payno, Rafael Martínez de la Torre y Vicente Riva Palacio y publicado en 1847, documenta con buena pluma y vocación reporteril, mucho antes de los tiempos del Nuevo Periodismo, los horrores de la violencia en México a partir de la llegada de los conquistadores españoles hasta la época de la Reforma.

Si pensamos en términos de historia popular, el registro documental de testimonios, crónicas y reportajes de nota roja, o de “justicia” para la corrección política, es tan rico y muchas veces más estremecedor y entretenido que la crónica de la historia oficial (de cualquier modo teñida de rojo).
Ya Manuel Payno señalaba en 1845, refiriéndose a Estados Unidos, algunas de las causas de la criminalidad que aquejaba a ese país y que bien aplican al México de cualquier época:
Dejando a un lado los instintos dañados y la predisposición de ciertos hombres para la maldad y el delito, debe siempre, cuando se pretende juzgar a una sociedad entera, indagar las causas que en lo general pueden influir más o menos en la criminalidad. Pueden fijarse en mi juicio estas causas de la manera siguiente:

1.            Por crímenes cometidos por la influencia de las costumbres y hábitos de un pueblo.
2.            Crímenes cometidos por causa de los defectos y vacíos de las leyes.
3.            Crímenes cometidos por los males sociales.
La intensa actividad criminal desde entonces ha vuelto célebre a la capital como una necrópolis fascinante y temible para propios y extraños:
             El 23 de octubre de 1789 la acaudalada familia Dongo, compuesta por once integrantes, es masacrada en su domicilio de la calle de Cordobanes por dos sujetos que entraron a robar.
             La matanza de la Ciudadela en 1871: ejecuciones a quemarropa de parte del ejército juarista hacia los rebeldes golpistas cuando la revuelta ya estaba controlada.
             1874. Asesinato de la calle de San Agustín, hoy República de Uruguay. Un obrero mata por accidente al famoso abogado Manuel Bolado. El homicida fue defendido por Guillermo Prieto (sí, el de “los valientes no asesinan”). Violencia, pobreza y desigualdad es la tríada maldita de este país. Son el hilo conductor de la historia nacional. Desde los tiempos prehispánicos hasta nuestros días, el país (y la capital en un primer plano) ha sido marcado por épocas catastróficas (y catastrofistas), a causa de las diferentes conflagraciones y luchas sociales que han propiciado turbias manifestaciones de delincuencia común, producto de una peculiar estructura social que se desenvuelve en una difusa frontera que divide los márgenes de lo proscrito, la impunidad, la discriminación y la corrupción como uso y costumbre. La Ciudad de México es, sobre todo, un enorme retablo de personajes e historias bañados en sangre cuyo fondo casi siempre son los usos del poder y su presencia trágica sobre las mil caras de la muerte.

La cotidianeidad, los intereses y pasiones de las diferentes épocas en la capital han sido registrados minuciosamente a través de libros imprescindibles como el ya mencionado Libro Rojo y su continuación en cuatro tomos publicados por el Fondo de Cultura Económica en años recientes. Como bien menciona Josu Landa en su prólogo al Libro rojo. Continuación, tomo ii (fce, 2011), lo que finalmente metaboliza las secuelas del crimen es su transformación en mito, en literatura.

Ni el asesinato ni el crimen son una de las bellas artes, pero sí tienen un enorme valor como combustible para autores incendiarios que han buscado, mediante la historia negra de la Ciudad de México, narrar el lado más cruento de una sociedad. Una larga tradición de crónicas y reportajes publicados en tabloides y revistas especializadas, en libros de ficción y no ficción, registran la historia de una ciudad que sin sus crímenes y sus delincuentes célebres, no podría ser entendida. El crimen como leitmotiv nutre de historias la obra monumental de la Ciudad de México. Los delitos más comunes, predatorios, es decir, agresión y hurto, acaparan la atención de los lectores de finales del siglo xix.

Ya desde entonces la delincuencia era un problema para los habitantes de la Ciudad de México. Los hogares capitalinos eran despertados por gacetas callejeras y pregoneros que informaban a gritos de los “terribilísimos crímenes” del momento: Francisco Guerrero El Chalequero es el primer asesino serial mexicano, cuyos homicidios de prostitutas lo volvieron célebre en los umbrales del siglo XX. Su apodo viene de la expresión popular “a chaleco”, o sea a la fuerza. Degollaba a sus víctimas con habilidad de cirujano luego de forzarlas a tener relaciones sexuales. En algún momento se llegó a decir que era el Jack el destripador mexicano. El Chalequero es el primer delincuente mediático en la historia del país.

La criminología positivista de la época, encabezada por el renombrado internacionalmente Cesare Lombroso y el francés Gabriel Tarde, destacaba la influencia del medio social; sus contrapartes mexicanos priorizaban la herencia. Creían que las características fisionómicas, psicológicas y culturales distinguían a los criminales del resto de la población. A partir de este credo, la prensa y la policía mexicanas trataban a los criminales como un grupo claramente identificable. Al hacerlo, la criminología y la penología unificaron al “crimen”, construyéndolo como un fenómeno urbano, propio de la naciente modernidad. A decir de Pablo Picatto en Ciudad de sospechosos: Crimen en la Ciudad de México 1900-1931, con la inauguración en 1900 del penal federal de Lecumberri, en San Lázaro, comienza la época más agresiva de castigo autoritario en la historia del país. La capital del país se convierte así en la “interzona”, como la llamó William Burroughs durante su estancia en México: la incubadora de todas las patologías sociales modernas.

II
Quizá la mayor herencia del Porfiriato y la Revolución es la acelerada transformación del país, marcada por la presencia del crimen escandaloso en los inicios de la modernidad mexicana cuyo epicentro es la Ciudad de México. Las utopías de un nuevo orden social arropado por la industrialización se ven eclipsadas por las tragedias y hechos delictivos que se convierten en parte de la cotidianidad del país, sobre todo de la capital. Una población que en su mayoría es víctima de sus propios miedos, angustias, pasiones y ansiedades, estimulados por la era de las máquinas. La abundante circulación de armas de fuego, la amenazante multiplicación de automóviles y el surgimiento de bandas organizadas de ladrones (“La banda del automóvil gris” es la más conspicua: con ella, los militares medran desde ambos frentes: la ilegalidad y la “ley”) hicieron de la criminalidad urbana un continuo dolor de cabeza para las autoridades. El cuerpo colapsado y desmembrado debido al choque con las tecnologías nuevas.

Es quizá José Guadalupe Posada quien, aprovechando nuestra tradición de comicidad sádica, representa mejor este conflicto cultural y religioso. Se establecen colonias elegantes (Santa María la Ribera, Roma, Condesa, Juárez), se construyen modernos edificios, lo cosmopolita como oropel. Una ciudad que crece desordenadamente en medio de profundas desigualdades y una población difícil de controlar. Tepito es el purgatorio de los más miserables y también el “rincón de los milagros” capitalino. Criminales y sus víctimas son tolerados o controlados a partir de criterios eugenésicos, lombrosianos y de estereotipos sociales (el pobre siempre es propenso a delinquir; el rico comete delitos pasionales para salvar su “honor”; el pobre mata por sus “bajos instintos”).

El país del pensamiento mágico, de la tragedia histórica y de las tradiciones y leyendas escalofriantes enfrentado a la fría presencia destructora de la máquina industrial. Asesinatos, magnicidios, crímenes pasionales, de odio, linchamientos, motines carcelarios, robos. Atropellados por flamantes automóviles, mutilados en accidentes fabriles, por las ruedas del tren o el tranvía. Muertes por arma de fuego y a cuchillo limpio, muchas, entre la plebe. El suicidio de los hijos de Íñigo Noriega (uno de los empresarios más ricos del país y promotor del golpe de Estado contra la presidencia de Francisco I. Madero), “La banda del automóvil gris” (ex militares asaltantes amparados por el gobierno de Carranza), el asaltante El Tigre de Santa Julia (que pasaría a la posteridad porque fue atrapado mientras defecaba y dejara su mote como sinónimo de quien es sorprendido en un momento de apuro), o el homicida y asaltante Alberto Gallegos Sánchez, atrajeron el miedo y el humor cruel de la sociedad capitalina en los albores del siglo xx. El 17 de abril de 1929, Luis Romero Carrasco, de 21 años, asesina a sus dos tíos, a dos sirvientas (una anciana y una niña de diez años) y para no dejar testigos, también mata al perico. Sus abogados alegan que padece manías alucinatorias. Se le condena a muerte y de camino a las Islas Marías se le aplica la ley fuga. José Revueltas narra el episodio en Los muros de agua. En 1932 es asesinada en su domicilio de Insurgentes Jacinta Aznar, Chinta para los cercanos. Muere a tubazos, el motivo: robo. El caso no tiene nada de extraordinario pero por alguna razón sobrevive en la memoria negra de la capital.

El 5 de abril de ese mismo año, en el Salón Bach de la calle Madero muere de un balazo Guty Cárdenas, el gran trovador del momento: pleito de cognac y celos profesionales con otro bohemio de menor fama.
La delincuencia como práctica común de la población urbana. Criminal o ciudadano, vicios populares o virtud. Atraso o modernidad Pese a todo, la Ciudad de México en algún momento hizo honor a su nombre de la muy Noble y Leal Ciudad de Los Palacios. “La región más transparente” por momentos parecía menos áspera y con una enorme capacidad de asombro ante algunos crímenes y criminales espeluznantes en las décadas de 1940, 50, 60 y 70: el homicida Luis Romero Carrasco; el estrangulador y primer icono pop surgido de la nota roja, Goyo Cárdenas; el homicidio por robo de los hermanos Villar Lledías; Felicitas Aguillón, La Ogresa (abortera de damas de sociedad avecindada en la colonia Roma); el legendario asaltante Fidel Corvera Ríos (quien hizo de su fuga de la policía el noir que Hollywood aún no filma); el homicida Robert Corenevski, King Kong; el asesinato de Trotsky en Coyoacán a manos de Ramón Mercader; el actor Ramón Gay, asesinado a balazos en la colonia Cuauhtémoc cuando acompañaba a su domicilio a la actriz Evangelina Elizondo (el marido se asume cornudo, delito pasional infundado: Gay era gay); Joan Vollmer, quien muere de un tiro en la frente por parte de su marido, un gringo homosexual y drogadicto: William Burroughs, en la colonia Roma (Burroughs sale bajo fianza de su encierro de catorce días gracias a los oficios del abogángster Bernabé Jurado, epítome de la idiosincrasia priísta que encuentra en los penalistas a una grey de sujetos corruptos y peligrosos; “cultor de la impunidad”, como lo llamaría Carlos Monsiváis, Jurado se suicida en 1980 en un penthouse de la Zona Rosa luego de balacear a su esposa); la masacre de 1968 en Tlatelolco; la fuga de Kaplan del penal de Santa Marta; el “jueves de Corpus” o el nieto homicida del político nayarita Gilberto Flores Muñoz y su esposa, sacudieron por enésima ocasión las emociones y el morbo de la sociedad de aquellos años.

El siniestro jefe de la policía capitalina, encumbrado por su amigo y jefe José López Portillo, Arturo Durazo Moreno, es el epítome de la corrupción y el delito flagrante desde las entrañas del poder priísta. Recordemos “La matanza del río Tula” en 1982, donde son ejecutados trece narcotraficantes y asaltabancos colombianos y un taxista mexicano, ordenada por el entonces jefe de la policía y ejecutada por su lugarteniente a cargo de la temible DIPD (División de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia), Francisco Sahagún Baca, compositor de boleros olvidables en sus ratos libres. Se presenta oficialmente la alianza entre narcotráfico y corrupción policiaca. El caso, denunciado por el periodista Manuel Buendía, el más leído del país por sus investigaciones de corrupción y crimen organizado, pone a éste en la mira de sus homicidas, quienes lo ejecutan afuera de sus oficinas en la colonia Juárez el 30 de mayo de 1984.

Elipsis temporal: la única figura verosímil del detective famoso en México se llama Valente Quintana, y es personaje del policíaco real y no de la ficción. El policía investigador de Ensayo de un crimen, de Rodolfo Usigli, y Filiberto García, el célebre matón con ínfulas detectivescas de El complot mongol, están inspirados en Quintana, a quien a finales de la década de 1920 se le encomienda investigar casos como el de José de León Toral y la Madre Conchita, perpetradores del asesinato del presidente Obregón, y acosar a personajes incómodos como Tina Modotti. Quintana funda una “academia de detectives” digna del Londres de Sherlock Holmes y no de la Ciudad de México, donde el hampa y la policía son uno mismo.

III
“Soy producto de México”, diría el exluchador, proxeneta y ‘matacuras’ Pancho Valentino en una carta exculpatoria que envió a la policía del Distrito Federal antes de ser aprehendido en 1957.
La densidad de ciertos crímenes trasciende al paso del tiempo y se convierte en marca de agua de la historia de la Ciudad de México. La capital del país se derrumba y reconstruye continuamente con los materiales que proporciona el delito. El desordenado crecimiento de la ciudad genera enormes espacios deshabitados, ideales para el robo, la ejecución, el secuestro, la violación, el sexo furtivo, las riñas pandilleriles, para ser atacado por una jauría de perros callejeros, tirar un cuerpo o dos o muchos. Lo mismo da. Si la oportunidad hace al ladrón, la capital es la tierra de las oportunidades para cualquier clase de delincuente. La urbe se moderniza y precariza en siniestra simbiosis, engendra monstruos y pierde inocencia. La Ciudad de México será recordada por sus delitos, no por sus palacios. A vuelapluma, algunos de los constructores del mito posmoderno de la ciudad negra a partir de la década de 1980 hasta nuestros días:

1980.     El burócrata Víctor Rodríguez Becerra, jefe de compras de la Secretaría de Programación y Presupuesto, prende fuego con un tambo de gasolina al cabaret Casino Royal, ubicado en Insurgentes y Pensylvannia. Hay 250 personas, mueren 12 personas, entre ellas mi hermano y un primo. El siniestro se produce luego de que los meseros del local corren a Rodríguez por armar escándalo a la hora de pagar la cuenta.
1981.     Alfredo Ríos Galena, asaltabancos y Elvira Luz Cruz La fiera del Ajusco, quien mata a sus cuatro hijos. El primer narcoasesinato en la historia del país ocurre en la Ciudad de México contra el periodista Manuel Buendía en 1984, planeado por el entonces director de la Dirección Federal de Seguridad, José Antonio Zorrilla Pérez. Se dice que cada ciudad tiene la policía que se merece. Saquemos conclusiones.
1983-1984. Secuestran a la bailarina Nellie Campobello, muere años después y la inhuman clandestinamente.
6 de mayo de 1989. Adolfo de Jesús Constanzo conocido como El padrino de Matamoros y líder de “Los Narcosatánicos”, cae abatido por su cómplice Álvaro de León Valdéz El Dubi, cuando la policía les tiende un cerco en su departamento en el número 19 de Río Sena, en la colonia Cuauhtémoc; momentos antes, durante el feroz tiroteo, Constanzo había tirado desde el balcón dólares incendiados al tiempo que gritaba “¡Tomen, muertos de hambre!”. El Dubi y Sara Aldrete, “sacerdotisa” del clan, son detenidos en el lugar de los hechos.
La Ciudad de México entra en la era del narcotráfico, el sicariato y los asesinos seriales como personajes mediáticos:

1994.     En la calle de Lafragua, cerca de Reforma, balacean al secretario general del PRI, José Francisco Ruiz Massieu. Es el primer caso del que se tenga memoria en que la autoridad haya recurrido a videntes y brujos para resolverlo y, de todas maneras, fracasa.
1998.     Captura del secuestrador Daniel Arizmendi El Mochaorejas.
1999.     Paco Stanley, el famoso conductor de televisión, cae acribillado dentro de su camioneta por un conflicto de drogas afuera de la taquería El Charco de las Ranas, en Periférico, cerca de las instalaciones de TV Azteca.
2000.     En octubre se quema la discoteca Lobohombo en la avenida Insurgentes, perímetro de la colonia San Rafael. Trescientas personas mueren calcinadas. Las salidas de emergencia estaban bloqueadas.
2001.     La abogada y activista Digna Ochoa muere en su despacho de la colonia Roma por un disparo en la cabeza. La versión oficial asegura que se suicidó.
2002.     Orlando Magaña asesina a los siete integrantes de la familia Narezo Loyola, en su domicilio de Tlalpan. Eran sus vecinos.
2004.     Tres policías son linchados en San Juan Ixtayopan, Tláhuac, acusados de secuestrar niños. La televisión transmite en vivo el linchamiento. Reality show extremo, acorde con el tiempo mexicano. Uno de los policías sobrevive. 2005. Un joven de oscuro pasado llamado Hugo Alberto Wallace, supuestamente es secuestrado y ejecutado en un departamento, pero su cadáver jamás aparece. Su madre, Isabel Miranda de Wallace, inicia una agresiva campaña para detener a los presuntos asesinos.
2006.     Juana Barraza Samperio, La Mataviejitas, la homicida en serie más contundente de la historia mexicana, es capturada por azar tras ejecutar a su última víctima en la colonia Moctezuma. Oficialmente se le adjudica la muerte de 48 ancianas. Purga una condena de 470 años.
2007.     El Caníbal de la Colonia Guerrero, José Luis Calva Zepeda, con aspiraciones de escritor, destaza a su novia y guarda los pedazos en su departamento. Hay más víctimas. Lo capturan cuando cocinaba un trozo de carne y muere en prisión poco después, por un supuesto suicidio.
2008.     Bombazo en la colonia Roma. Juan Manuel Meza Campos El Pipen muere cuando estalla en sus manos un artefacto explosivo, con el que pretende asesinar a un jefe policiaco. Lo acompaña su novia, Tania Vásquez Muñoz, quien resulta herida de gravedad.
En junio, doce jóvenes mueren aplastados y asfixiados dentro de la discoteca News Divine en la delegación Gustavo A. Madero debido a un torpe operativo policiaco que impide a los muchachos salir de la discoteca.
2009.     Luis Felipe Hernández Castillo: Tras realizar una pinta en la pared de la estación del metro Balderas (donde Rockdrigo dejaría embarrado su corazón, antes de morir sepultado en el terremoto de 1985), mata a tiros a un policía y a un hombre que intenta detenerlo. Luego se atrinchera en un vagón hasta ser sometido por la policía.
Los luchadores enanos Espektrito II y La Parkita mueren en un hotel cercano a la Plaza Garibaldi, envenenados por dos prostitutas integrantes de la banda de “Las Goteras”.
2010.     José Covarrubias, El Filicida de Tepito, mata a sus dos hijos y después finge un secuestro. Para apoyarlo, sus vecinos realizan marchas de protesta contra el gobierno y cometen actos vandálicos en el barrio, antes de que Covarrubias confiese.
2011.     La actriz negra Julia Marichal es asesinada y descuartizada en su departamento en la delegación Magdalena Contreras, a manos de su asistente. Sus restos aparecen flotando dentro de una cisterna.
2012.     César Armando Librado Legorreta, El Coqueto, chofer de microbús, secuestra, viola y asesina a varias pasajeras. Abandona los cadáveres en plena calle, uno de ellos frente a la Secretaría de Gobernación. Es detenido, se fuga del ministerio público donde ha sido consignado y vuelve a ser capturado.
2013.     Javier Méndez Ovalle, El Descuartizador de Tlatelolco, joven estudiante ganador de varios premios internacionales en Física, mata y descuartiza a una chica dentro de su departamento. Huye de la policía por meses hasta su captura en Oaxaca.
En mayo, trece jóvenes son secuestrados dentro de la discoteca Heaven, de la Zona Rosa. Sus cadáveres fueron encontrados en una fosa común. Se presume un ajuste de cuentas entre bandas de narcotraficantes de Tepito.

2015.     El cadáver de una bebé es encontrado dentro de una maleta en la calle de Berlín, en la colonia Juárez. La niña fue violada y desnucada. No es identificada y su cadáver permanece hasta hoy en el semefo.
El asombro, hoy, se ha convertido en cinismo, en miedo soterrado, en un señalamiento hacia el otro, sospechoso de ese delito que llevamos como sombra; como diría José Revueltas, vivimos con una sensación de horror diferido, es decir, un horror a punto de ser, ese horror por anticipado que nos convierte en posibles víctimas de la delincuencia, de la tragedia, del horror mismo.

La madrugada del viernes 31 de julio de 2015 fueron ejecutadas cinco personas: el fotoperiodista Rubén Espinosa, la activista Nadia Vera, una joven maquillista identificada como Yesenia Quiroz, la colombiana Mile Virginia Martín y una empleada doméstica, Alejandra Negrete, dentro de un departamento en la colonia Narvarte, ubicado en la calle de Luz Saviñón. Son capturados los presuntos homicidas pero el caso queda envuelto en una bruma oscura de dudas y sospechas sobre los móviles reales de un aparente ajuste de cuentas entre narcotraficantes.

“El multihomicidio de la Narvarte” confirma la sospecha histórica (más fehaciente que la “verdad histórica”) de saber que en la Ciudad de México, en cualquier momento, nos convertimos en víctimas de otro crimen sin resolver.

erubielcamacho43@yahoo.com