Mostrando entradas con la etiqueta India. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta India. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de abril de 2020

Debatir una política exterior antiimperialista en todo el Sur Global



Por Bruno Lima Rocha:
Introducción: En las palabras que siguen, de manera señalada y con modesta pretensión, hay un debate que creo que es urgente. La reorganización de la política exterior brasileña y el tipo de inserción en el Sistema Internacional que nuestro país debería tener. Esperamos que no abramos un debate y mantengamos controversias con la empresa lacayo, sino también para marcar una posición consecuente, antiimperialista y el Sur Global que tanto defendemos y donde Brasil tiene un papel destacado que conquistar y cumplir.


En primer lugar: todo pasa por el sentido de pertenencia. La inserción internacional de Brasil debe ser el buque insignia de la entrada de América Latina y el Caribe a través de su miembro más importante en el Sistema Internacional. La condición de lacayo con los Estados Unidos, establecida desde el golpe con el apodo de impeachment, en 2016, y las fructíferas relaciones dentro del aparato de Estado con los organismos oficiales americanos se encontraron con una condición de la clase media brasileña y la tecnocracia, de fascinación idealizada con el norte hegemónico y el mundo eurocéntrico, subordinando aún más las decisiones del Estado brasileño a los intereses externos más visibles.

El "escándalo" de la ausencia de reactivos y la importación de más del 70% de los productos de la industria química-farmacéutica es otro sin sentido.  No tiene sentido una postura antiimperialista clásica (antieuropea y estadounidense) y volverse más dependiente de las industrias euroasiáticas, como la India, China y el sudeste asiático. Lo mismo se aplica a la internalización del capital, de cualquier origen y origen. La legislación de protección y protección es esencial que impida que el capital externo, especialmente el chino, compre suelo y subsuelo brasileños, así como niegue el acceso directo al agua y a los recursos minerales. Es importante tener productividad en nuestro sector primario para satisfacer la demanda interna efectiva y bajo control familiar y campesino, pero antes de eso nada es fundamental tenemos autonomía, independencia y ya no necesitamos una agricultura de alta intensidad y depredadora para cerrar en el azul en la balanza comercial. Si la cooperación no subordinada con China, la participación más activa en el Banco BRICS y el Fondo de Rescate Automático es la manera de no depender tanto de las reservas internacionales en dólares, así como de los contratos cerrados en la moneda estadounidense, entonces esta debería ser una de las prioridades absolutas de la política exterior brasileña.

Como se indicó anteriormente, el Cono Sur, América del Sur, América Latina y el Caribe, debe ser nuestra prioridad. Después de eso, las relaciones con el continente africano y los países emergentes, así como el aumento de la presenten el Gran Oriente Medio y el Mundo Islámico. En la estructura de poder regional, los instrumentos ya están presentes, sin embargo, necesitan ser actualizados y fortalecidos, como Mercosur, Unasur, CELAC y el moribundo Consejo de Defensa Sudamericano. Conselho de Defesa Sul-americano. Los objetivos son evidentes y atraviesan urgentemente las garantías de autodeterminación y soberanía de la República Bolivariana de Venezuela, sin implicar una subordinación al imperialismo y, menos aún, hipotecando los ingresos petroleros. Lo mismo ocurre en la protesta contra los criminales bloqueo económico sobre Cuba   y, a escala internacional, contra la República Islámica de Irán.

En términos de financiamiento de proyectos productivos es factible pensar en un Banco Latinoamericano de Desarrollo, imaginando un Plan Marshall de nosotros mismos. El primer paso sería capitalizar Banco do Sul con líneas de financiamiento de consorcios productivos y cadenas integradas en el Sur-Sur, ya en las normas industriales que practicamos. Una buena iniciativa sería recuperar la autonomía en todo el complejo médico-hospitalario y químico-farmacéutico, una medida eficaz que tiene un multiplicador de empleo directo e indirecto y una enorme presencia de científicos vinculados al servicio público. 

Nuestras Universidades e instituciones científicas necesitan aumentar la cooperación dentro de América Latina, sin la reproducción del colonialismo intelectual y los paradigmas del norte hegemónico, especialmente con el eje anglosajón. Las iniciativas de cooperación pueden tener lugar tanto en instituciones de investigación independientes, como en las vinculadas a nacionales (como Fiocruz) o subnacionales (como el Instituto Butantá).

La importancia de condenar el colonialismo intelectual y las condiciones de la intelectualidad gana materialidad analizando el flagelo que azota el inconsciente colectivo y la fabricación de una moral típica de la gringa derecha republicana en nuestro país. Me refiero a la dimensión adoptada por la Cooperación Jurídica Internacional y a los profundos efectos de la internalización de los intereses externos, como la Operación Lavado de Coches, que han demostrado materialmente   cómo la acción de los Estados Unidos tiene terribles efectos en nuestra sociedad en general y en las estructuras productivas   en particular.

Por lo tanto, las relaciones con los Estados Unidos deben ser distantes, cautelosas, pero poco o nada amigables. Debemos y podemos mantener todas las diferencias en la OMC y llevar a cabo acuerdos sólo en el marco de la Cooperación Internacional con transferencia tecnológica completa, algo que nunca ocurre en la compra de material de guerra de los Estados Unidos. Conocemos los efectos nocivos del imperialismo estadounidense en los corazones y las mentes de las autoridades establecidas y las tecnocracias profesionales (como la economía, los aparatos legales y la estación militar) y cómo esto debe ser detenido, incluyendo acuerdos de acuerdo y a "viajes de experiencia profesional".

Debemos tomar el camino opuesto, acercándonos, como sociedad, a los brasileños emigrados en condiciones legales o ilegales, con una agresiva política cultural de pertenencia brasileña y latinoamericana y poder blando en el corazón de la guerra superpotencia bélica.

Parece lógico, pero tenemos que reforzar lo que es evidente. Si somos un país ejemplar en la conversión económica a bajo nivel de carbono y pleno empleo, podemos guiar al Sur Global en el camino hacia un nuevo acuerdo verde efectivo.
 
Para que el programa mencionado anteriormente se convierta en un programa de reivindicación y construcción colectiva, tenemos que ir más allá. Es necesario crear mecanismos de presión del movimiento popular, de la sociedad organizada y de la izquierda para influir o formular la política exterior brasileña. Una de las formas de contribuir es exigir que la participación en Itamarat y en puestos diplomáticos no sea una carrera exclusiva y excluyente, como en las carreras jurídicas del Estado y la prerrogativa sobre las áreas policiales. Contrariamente a lo que dicen los críticos, estas medidas no deterioran el marco técnico del gobierno, sino que lo dejarían lleno de "oxígeno" y pensamiento crítico. Bajo ninguna circunstancia podemos permitirnos tener otros "idiotas en la cancillería del país" y menos aún, formar licenciaturas en relaciones internacionales con la mentalidad de energúmenos colonizados de este calibre.

Brasil desempeña un papel clave en el Sistema Internacional que se producirá a lo largo y especialmente después de la pandemia del virus corona. Es nuestra tarea señalar en esta dirección y contribuir de las maneras correspondientes.

 blimarocha@gmail.com

sábado, 31 de agosto de 2019

G7: Un Grupo obsoleto e inútil



Por Finian Cunningham:
Las naciones desarrolladas auto declaradas como el Grupo de los Siete (G7) se reúnen este fin de semana en Francia para su 45ª cumbre anual. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, causó revuelo antes de la reunión en Biarritz cuando comentó que Rusia debería incluirse en el formato, convirtiéndose así en una cumbre del G8.

“Rusia debería estar en la mesa de negociaciones “, dijo Trump, en un raro momento de lucidez.
Su punto de vista sobre la inclusión de Moscú parece ser compartido por el presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien recibió a su homólogo ruso Vladimir Putin en el sur de Francia a principios de esta semana, solo unos días antes de la cumbre del G7.
Por supuesto, Rusia debería estar en la mesa para discutir la resolución de los problemas económicos mundiales. No sólo Rusia, sino también China, India y algunos otros.


Desde que se creó el club G7 en 1975 durante la administración de Gerald Ford, el mundo ha experimentado cambios transformadores desde los días en que los Estados Unidos, (el oeste) de Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia, Canadá y Japón eran considerados las economías nacionales más poderosas.
Hoy, China es el segundo de los Estados Unidos en términos de su tamaño económico. Las 10 principales economías nacionales tienen varias iteraciones de clasificación, según el criterio utilizado para comparar.
En la medición nominal del Producto Interno Bruto (PIB), las 10 principales naciones, según el Fondo Monetario Internacional, son: EE. UU., China, Japón, Alemania, India, Francia, Gran Bretaña, Italia, Brasil, Canadá. En este ranking, Rusia ocupa el puesto 12 después de Corea del Sur.

Pero si las economías nacionales son clasificadas por la paridad del poder adquisitivo (PPA), que tiene en cuenta los factores de cambio de divisas, entonces las 10 principales economías nacionales son: China, EE. UU., India, Japón, Alemania, Rusia, Indonesia, Brasil, Gran Bretaña, Francia.

En otras palabras, la línea actual de G7 es una lista arbitraria. De hecho, su exclusividad es una especie de anacronismo en el mundo de hoy. Es un retroceso a una época pasada cuando las naciones occidentales eran más dominantes (salvo por la inclusión de Japón en el club original). Los contornos del mundo se han vuelto más multilaterales y multipolares. La exclusión de China del G7 es quizás la anomalía más evidente.

En una admisión tácita de la realidad global cambiada, es por eso que existe un formato más grande del G20 (formado en 1999) que además del G7 incluye a China, India, Rusia, Brasil, Sudáfrica, Corea del Sur, Turquía, Arabia Saudita, y otros.
Los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) son otro signo de tiempos cambiados, al igual que muchos otros foros económicos como la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), la Cooperación Económica de Asia y el Pacífico (APEC), la Unión Económica Euroasiática (EEE) y el bloque latinoamericano Mercosur.

Dado que se supone que el G7 es un foro para coordinar políticas macroeconómicas para mejorar el crecimiento económico global, uno pensaría que el requisito lógico sería, por lo tanto, la inclusión de más naciones para abordar de manera más efectiva el propósito aparente.

Tal como está, el club G7 limitado es un vehículo dañado. Es un poco como un auto averiado con llantas pinchadas, una junta rota y falta el cigüeñal. ¿Alguien piensa seriamente que Italia en su actual colapso político está en condiciones de impulsar la economía mundial?

También es incongruente que el miembro más importante del club, Estados Unidos, no tenga interés en coordinar la política con nadie más. La guerra comercial del presidente Trump con China, los europeos y el resto del mundo es más parecida a la práctica de los años treinta del mercantilismo autónomo y el capitalismo depredador. Sabemos lo desastroso que resultó con la depresión global y la guerra mundial.

La imprudente política de Trump de “Estados Unidos primero” (y al diablo con todos los demás) está arrojando una nube oscura sobre la economía mundial debido a la caída de la producción de China y la caída de las exportaciones de Alemania. Irónicamente, el “genio de los negocios” Trump parece estar dándose cuenta de que las repercusiones inevitables se están recuperando como un boomerang con un impacto nocivo en la economía de los Estados Unidos. Sin embargo, dice que no está dejando de lado su viaje de América Primero al abismo.
Entonces, claro, si existiera un compromiso genuino para mejorar la perspectiva económica global y elevar el bienestar de la gente común en todo el mundo, entonces las naciones líderes deberían estar trabajando juntas de manera colegiada y con el mayor alcance posible a los demás.

Por lo tanto, sin duda, los líderes de China, Rusia, India y otros deberían asistir a la cumbre en Francia este fin de semana. Entonces, supuestamente, se convertiría en un foro similar al G20. Lo que hace el punto: ¿por qué el G7 sigue existiendo?
Existe una analogía con la alianza militar de la OTAN liderada por Estados Unidos. Esa organización se formó en un mundo geopolítico muy diferente en comparación con el presente. ¿Por qué la OTAN sigue existiendo? Su supuesta función de seguridad es redundante.

También se podría argumentar que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es redundante con sus cinco miembros permanentes de Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Gran Bretaña. Seguramente ese foro debería ser revisado también para reflejar un mundo multipolar contemporáneo. En resumen, el mundo, como la historia, cambia, y también deberían hacerlo los mecanismos de gobernanza.

Podría decirse, sin embargo, que el G7 no es un foro económico, a pesar de su imagen pública. Es una camarilla política arbitraria destinada a reforzar un supuesto dominio occidental. Una señal de este capricho fue cuando la Federación Rusa fue admitida en el G7 en 1997, que luego pasó a llamarse G8. La admisión del ex presidente Boris Yeltsin fue permitida porque era imprudente ante las demandas estratégicas occidentales. Rusia siguió siendo miembro del G8 durante 17 años hasta que estalló el conflicto de Ucrania y el presidente Vladimir Putin fue acusado de “invadir” ese país y “anexar” Crimea. Esas acusaciones occidentales se contrarrestan fácilmente con evidencia de la subversión de la OTAN del gobierno electo en Kiev para alejar a la ex república soviética de la órbita de Moscú.

La exclusión de Rusia del G8, que luego volvió al G7, ha sido un castigo político para impulsar una narrativa de propaganda por socavar y aislar a Rusia internacionalmente. Esta es la razón por la cual el G7 ya no es un foro viable para su propósito declarado de avanzar en la economía global. Es una tienda de conversación inútil en un mundo completamente cambiado.

licpereyramele@gmail.com

lunes, 3 de diciembre de 2018

Venezuela, el nuevo orden económico nacional debe nacer “Fabricar medios de producción” y el contexto internacional


Por Carlos Ellis:
Si prestamos atención a la dinámica global con sus perturbaciones, sus tendencias y riesgos en las relaciones sociales, políticas y económicas, logramos una aproximación de como repercute esto en la dinámica interna venezolana: Lo social, el pueblo, su resistencia, su capacidad para el emprendimiento, para la invención artesanal y para la invención industrial, entiéndase su capacidad para el dominio de los medios de producción y para la fabricación de los medios de producción, es decir, su capacidad técnica que le permita fabricar un tornillo que coadyuve a la sustitución de importaciones que incidan en el funcionamiento de la fabricación de esos medios de producción y en el manejo de ellos. Esto significa que estamos obligados en el proceso revolucionario que nos compromete a dar un cambio en la reconfiguración de los esquemas repetidos en el pasado, responsable de la situación en la que estamos imbuidos; y las apremiantes estrategias para la avanzada, para ese salto exponencial a la siguiente fase de la revolución. Una revolución energética; petrolera, gasífera, orimulsión, siderúrgica, minera; nuestra revolución industrial pendiente.
Venezuela en el contexto internacional.

Es el Sistema Internacional y su marco legal quien regula el comportamiento de cada actor; a este concepto se apega Venezuela como garante de la paz sin dejar de ser protagonista del evidente quebrantamiento de esta necesaria referencia de carácter interdisciplinario para el campo de la investigacion y de las ciencias sociales, políticas y económicas. En este campo, el realismo, el poder y su ejercicio, son la conflictividad; este es el escenario actual; y bajo este enfoque debemos participar en un proceso de reconfiguración de un nuevo orden económico internacional; en lo nacional es muy bueno citar que desde la constituyente de 1999 hasta nuestros días hemos tenido que resistir con la firmeza de una revolución,  los embates de los agentes internos y externos de un orden económico unipolar a derrumbar, así se expreso;  consecuencia de estos embates enfrentamos un golpe de Estado y una sucesión de golpes de Estado, el paro petrolero tuvo como objetivo la paralización total de la industria apuntando al decrecimiento de la producción, que si la contabilizamos en perdida de términos dinerarios pasa de los 50.000 millones de dólares, esto no podemos olvidarlo y si a ello le agregamos que el principal objetivo en cubierto, como hoy,  provocar e inducir la fuga de una gran cantidad de profesionales a los fines de crear una desprotección de la industria, el asunto es que no se han podido consumar en todas sus partes por la firmeza de sus trabajadores y por ser un país comprometido en la unidad fundamental de países exportadores de petróleo: 

La OPEP, el principal sindicato de naciones que se enfrenta a los factores que se acostumbraron a vivir con un petróleo a precios muy bajos con el que 100 años han potenciado sus industrias. Pues bien, debe avanzar la configuración  de un  nuevo orden económico nacional para participar en la órbita internacional, donde lo geopolítico y lo geoeconómico son piélago para que naveguemos con  importantes factores de participación y medición: El recurso humano en la corporación petrolera, es uno de ellos, otro, es  la población como tejido de la sociedad, la suprema permanencia en el mercado es un determinante, la cuota: a mayor cuota, mayor participación, su renta y la dependencia tecnológica es otro determinante; esta breve configuración nos muestra el nivel de nuestras potencialidades que nos indica cómo debemos salir de la calamidad en que hemos estados sumidos por las políticas del pasado. De tal forma, esta disposición debe ser el faro que alumbre a la Carta Magna que nos hemos dado.

Con relación a los temores, son difuminados al saber que Venezuela en su actividad geopolítica, se suma a corrientes importantes que pugnan la transferencia del poder hegemónico económico, político y militar de los países que se encuentran en el Atlántico Norte a los del Asia Pacifico, generando esto una gran perturbación en la dinámica internacional.

Una dinámica en la que ha estado comprometida la revolución chavista y bolivariana solidificándose con la políticas de alianzas de un nuevo sistema planetario en el orden económico , político y social al cual pertenecemos:  Rusia, China, India, Irán, Turquía, Azerbaiyán y Kazajistán entre otros, así como el conglomerado de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) la cual garantizan el firme respaldo con políticas unísonas en beneficio de  cada uno de sus miembros y para la permanencia del importante cartel energético y de fluidez de capitales en el sistema geoeconómico mundial. A pesar de las dificultades en la producción actual de sus integrantes esto no ha sido óbice para actuar solidariamente con toda la fuerza que representa dicha organización en el respaldo irrestricto de todos sus miembros: Arabia Saudí, Irán, Qatar, Irak, Kuwait, Libia, Angola, Argelia, Nigeria, El Congo, Indonesia y Ecuador (con su nueva tendencia política), así como los países productores no OPEP.

Sumado a este gran potencial internacional, Venezuela se encuentra en el contexto de la Organización Naciones Unidas, la cual coarta operaciones meramente políticas por parte de naciones que consideran a Venezuela un obstáculo ideológico enfrentado al sistema capitalista y que al final de sus procesos históricos se unirán sus pueblos a las corrientes de cambio. Llevamos actualmente la presidencia del “Movimiento de Países no Lineados” (NOAL) 120 naciones que buscan recobrar vigor ante los países desarrollados, países en la misma línea de combate que han sido sentenciados a no transformar sus recursos primarios en avances y desarrollos para sus pueblos, pero si a la gestación de los que hoy dominan.

Se han articulado relaciones directas con países del África en el proyecto de “Cooperación Sur – Sur” y la “Unión Africana” ambos interesados en unir economías bajo el mismo esquema de supervivencia ante el sistema depredador económico mundial. En este sentido la política exterior venezolana fundamentada en el ámbito político y dinamizada en el campo energético a dado frutos que permiten mitigar posibles afectaciones a la Paz y Seguridad de la Nación, aunque sumergida en la dependencia tecnológica abre una ventana a nuevos y obligatorios esquemas, que solo deben ir direccionados a la fabricación de medios de producción.

Hoy, la República Bolivariana de Venezuela debe dar uso al petróleo como instrumento geoestratégico y diplomático, ha articulado unas alianzas para formar parte de un nuevo sistema político planetario en el que participamos   con naciones afines a nuestros intereses políticos y económicos con lo cual va despojándose de su pasado contrario a los intereses de la nación.  En consecuencia, los venezolanos vamos a entrar con firmeza y con seguridad sostenida en la constante lucha del pueblo, junto a las Fuerzas Armadas, Asamblea Nacional Constituyente, Tribunal Supremo de Justicia y las nuevas fuerzas económicas en crecimiento que van regenerando el tejido socioeconómico de la nación

 Debemos desarrollar desde la industria petrolera e impulsar a todos los demás factores que generan riqueza y producción, articularlos aguas abajo e integrarlo al nuevo orden político nacional para el mundo. Participación de una nación que empieza y genera sus propios factores de producción, es lo que se debe perseguir, en consecuencia, el 10 de enero el Presidente Maduro dirá al mundo, cual es el nuevo esquema de gobierno que moverá la rueda del desarrollo para una nueva sociedad que genere el tejido económico para el país. Esto debe iniciar en la industria petrolera, parar la caída de la producción, aplicar una política de austeridad, de reconocimiento, de cambio de paradigma, para salir adelante.
Finalmente: Toda Venezuela abocada a la fabricación de medios de producción, esta es la finalidad desde 1999 hasta el ejercicio de nuestros tiempos, nos hemos destacado a resistir el daño que se le ha generado al país.  Ahora sí.

 “Debimos administrar la abundancia con criterio de escasez, ahora desde la escasez debemos generar la abundancia”   
Analista Internacional
carlosellis1@gmail.com

sábado, 12 de agosto de 2017

La absoluta independencia y la paz

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein

En un reciente viaje a China en mi condición de investigador invitado de la Universidad de Shanghái, los colegas de esa casa de estudios me instaron a acompañarlos a visitar el Museo se la ciudad que acogía la muestra “Una historia del mundo en 100 objetos”. La exposición se propone presentar de manera cronológica, dos millones de años de historia de la humanidad en solo 100 piezas. En ella se pueden ver desde antiguas herramientas de madera y hierro hasta tarjetas de crédito e instrumentos que funcionan con energía solar.



En una nota de prensa el director del Museo Británico, Hartwig Fischer exponía que la muestra: “Te lleva alrededor del mundo. No sólo alrededor del mundo, no solo por la superficie de la Tierra, también te lleva a las profundidades de la historia. Pueden hacer eso porque los objetos cuentan una historia. Nosotros como guardianes de esos objetos, tenemos la responsabilidad maravillosa de contar esas historias, que son siempre historias sobre seres humanos”.

Hasta ahí, todo pareciera una excelente oportunidad de conocer acerca de nuestro origen y además recibir un “baño de cultura” que amplíe el conocimiento y el acervo, pero al finalizar el recorrido, en realidad lo que experimenté fue una sensación de impotencia y repudio ante la forma tan grotesca, impúdica y descarada como Gran Bretaña expone en realidad una historia del colonialismo, el avasallamiento y la expoliación de los pueblos, además enorgulleciéndose de tal obra. La verdad es que esta exposición no es más que una amplia muestra de objetos robados en las múltiples incursiones que ese país monárquico ha hecho por el mundo.

Fischer, le auto atribuye a Gran Bretaña la condición de “guardianes de esos objetos”, una responsabilidad que nadie les dio y que asumieron a  través de invasiones, matanzas masivas, y exterminio de los pueblos originarios , únicos y verdaderos propietarios de estos tesoros culturales de la humanidad. Fisher también debería saber que nadie les ha dado “la responsabilidad maravillosa de contar esas historias”. La historia de los pueblos la deben contar los propios pueblos, no sus asesinos colonialistas, usurpadores de la historia.

De la misma manera, el recorrido a través de esta exposición deja a las claras, que contrario a lo que nos han hecho suponer, Europa es un territorio primitivamente poblado por tribus bárbaras que dieron origen a sus actuales nacionalidades y cuyo aporte a la cultura tiene fecha reciente en la larga historia de la humanidad. La muestra no expone vestigios de desarrollo cultural avanzado en Europa como si lo hay en Asia (China, Persia, India y Mesopotamia), África (Egipto) y América Latina y el Caribe (Aztecas, Mayas e Incas), todos estos, espacios geográficos donde se posó la actitud hamponil de Gran Bretaña.

Sería interesante descubrir cómo y por qué, estas culturas atrasadas y estas civilizaciones salvajes que dieron origen a los países europeos, y posteriormente a los del norte de América llegaron a dominar el mundo en siglos recientes, evidentemente no por el poder de su cultura, sino por su capacidad de aprovechar los adelantos científicos y técnicos para desarrollar a través de las armas, una sapiencia puesta al servicio del terror y la muerte consumada en el siglo XX con la creación del arma atómica como soporte del poder global del presente.

Toda esta reflexión viene a mi recuerdo cuando leo con estupor las declaraciones abiertamente injerencistas de la Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini quien suponiendo que Venezuela es Grecia, emitió una amenazante opinión, supuestamente en nombre de todos los países que conforman esa comunidad. Actuando como apéndice de Estados Unidos, y aceptando su política exterior, Mogherini en cambio, ha mantenido absoluto y vergonzoso silencio frente a las sanciones que el país norteamericano ha impuesto a Rusia, las que, cual leyes Helms-Burton y Torricelli contra Cuba, exponen acciones extra territoriales que afectan empresas europeas.

La señora Mogherini debería escuchar a los líderes de los países que pagan su sueldo: la canciller federal alemana ha expresado reservas respecto a dichas sanciones. Lo mismo ha expuesto el presidente francés Emmanuel Macron, no solo respecto de Rusia, sobre Venezuela, se manifestó en contra de aplicar sanciones e incluso dijo estar disponible “para facilitar las negociaciones por la vía del diálogo”. Como dije hace unos días, Europa se debería desprender de la desastrosa tutoría española en relación a las políticas hacia América Latina. Un gobierno infinitamente corrupto y desprestigiado que solo puede mantenerse en el poder por la desvergüenza del PSOE, no tiene soporte ético ni moral, mucho menos político, para dictar pautas de comportamiento a nadie. Rajoy y Mogherini se deberían preocupar más del referéndum de Cataluña que de Venezuela. Aquel, que se pretende impedir con tanques y represión, cercenando la voluntad democrática de un pueblo si debería inquietar a la responsable de las políticas de seguridad de la Unión Europea. La representante de países que ni siquiera tienen la dignidad de repúblicas, y que viven en el Medioevo manteniendo monarquías corruptas y parásitas no pueden dictaminar política para Venezuela, quien se liberó de tal tutela hace más de 200 años.

Mogherini debería saber que otro español, un digno héroe de las guerras anti napoleónicas de su país, el General Pablo Morillo, máximo jefe de las fuerzas militares españolas en Venezuela entre 1815 y 1820, quien llegó al país con el mayor ejército jamás constituido para a combatir las luchas independentistas de esta parte del mundo, tenía una opinión distinta a la suya. Seis meses antes de regresar a su país, derrotado por Bolívar y los patriotas venezolanos, Morillo escribió, el 26 de julio de 1820 un oficio dirigido al Secretario de Estado y Despacho de la Gobernación de Ultramar de España, –no desde una sórdida oficina de Bruselas donde se reciben órdenes de los bancos y se diseñan conspiraciones en el siglo XXI- sino desde los polvorientos campos de batalla de Venezuela, en el siglo XIX: “ Ellos no quieren ser españoles, así lo han dicho altivamente desde que proclamaron la Independencia, así lo han sostenido sin desmentir jamás su opinión en ninguna circunstancia ni vicisitud  de la Península, esto lo repiten ahora sin dejar las armas de la mano, lo repetirán siempre y sea cual fuese nuestra conducta o nuestro gobierno, la absoluta independencia o la guerra es el arbitrio que nos dejan escoger”.

Las circunstancias han cambiado, pero la altivez de los venezolanos se mantiene incólume, Venezuela no quiere volver a ser colonia de nadie como lo señaló el general Morillo, eso no se ha modificado, pero ahora, sin “dejar las armas de la mano”, seguimos queriendo “absoluta independencia”, pero a diferencia de 1820, ahora no ofrecemos la guerra a cambio a Europa. Nuestra propuesta es la paz, el respeto a las decisiones políticas internas, la no injerencia y la autodeterminación conquistadas tras siglos de lucha.

Es su decisión, mantener putrefactas monarquías y es su decisión reprimir referéndums independentistas. Nosotros apelamos a la paz y a la voluntad del pueblo que en Asamblea Constituyente va a decidir el futuro del país, sin importar cual sea vuestra conducta y vuestro gobierno como sentenciara el general Morillo hace casi dos siglos.


sergioro07@hotmail.com

miércoles, 24 de agosto de 2016

La Restauración neoliberal en América Latina

Por: Armando Álvarez Lugo

El final del siglo XX fue convulsionado, se suscitaron una serie de acontecimientos que colocaron en jaque la dominación neoliberal en buena parte del continente, configurándose un nuevo cuadro geopolítico con el despertar de nuevos movimientos socio- político  y la insurgencia de nuevos actores políticos que irrumpen contra el pensamiento hegemónico representado por el Consenso de Washington. 

Presenciamos el agotamiento de un modelo de democracia representativa, afianzada en las formalidades liberales, de corte populista, con rasgos autoritarios y propiciadores de la exclusión social y política de la mayoría de la población de nuestro continente, generadora de las grandes desigualdades que marcaron el largo siglo XX en países como Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia, Venezuela, Paraguay, Uruguay, entre otros. 


Ese despertar se fundamenta en los triunfos electorales, de Hugo Chávez, (1998), Luiz Inacio Da Silva (2002), Néstor Kirchner (2003), Tabaré Vázquez (2004) Evo Morales (2005),  Rafael Correa (2006), Fernando Lugo (2008)  acompañado del impulso integracionista y el surgimiento de nuevas estructuras como el CELAC, ALBA, UNASUR, PETROCARIBE, permitiendo alianzas estratégicas extra continentales con China, Rusia e India, para impulsar mecanismos alternativos al orden internacional vigente.

El inicio del siglo XXI se caracterizó por una intensa actividad política, de gran envergadura en el frente externo, y a lo interno de las economías nacionales, se impulsaron un conjunto de políticas públicas orientadas a disminuir la brecha y las inequidades producto del modelo oligárquico dependiente heredado, cuyo saldo fue que una parte significativa de la población estaba en situación de pobreza extrema, con un déficit  de salud, educación, desempleo, flexibilización laboral y trabajo precario aunado a una deuda social de enormes proporciones. En consecuencia, una porción importante de la población en la región se vio favorecida por las políticas públicas  de redistribución de la riqueza fomentando la inclusión social, avanzando en reformas constitucionales orientadas a construir un estado social de justicia y de derecho.

En este sentido, en América Latina en los últimos dieciséis años se impulsó una arquitectura institucional cuya finalidad es recomponer y resignificar las relaciones económica, políticas y culturales de los países que integran nuestra región. Proceso complejo, difícil y contradictorio por la actitud de las elites que históricamente han detentado el poder económico, desplazados del poder político, como efecto de los triunfos electorales de los nuevos actores políticos que marcaron el inicio del nuevo milenio.

La burguesía  transnacional, rentista, burocrática y parasitaria, conjuntamente con sus aliados internos al ver perder su hegemonía desatan todo tipo de acciones desestabilizadoras en contubernio con EEUU y sus aliados europeos, con el objetivo de deslegitimar los gobiernos democráticos y progresistas a los fines de propiciar el derrocamiento de los mismos, recurriendo a todo tipo de artimañas jurídicos-políticas, aunada a la ofensiva económica que busca neutralizar y paralizar las economías afectando la dinámica socioeconómica de los estados nacionales.

Luego de casi dos décadas de intensos procesos de transformaciones y cambios, aparecen síntomas de agotamiento y crisis de los modelos  progresistas. La restauración de la derecha en Paraguay, el triunfo de Mauricio Macri en Argentina y la implementación de su paquete neoliberal, el juicio político a Dilma Rousseff que posiblemente concluya con su destitución, configurándose un golpe de estado, y la instauración de un gobierno expresión de los sectores más reaccionarios del espectro político brasileño. El asedio a los gobiernos de Rafael Correa y Evo Morales. Por último, la situación en la que se encuentra el gobierno venezolano como  consecuencia de la profunda crisis política- económica, y la ofensiva interna y externa de la derecha internacional, no avizoran un panorama nada optimista para las fuerzas populares, progresistas y revolucionarias.

 La crisis de los modelos populares

Hay una larga tradición en América latina de reivindicación de la igualdad y la justicia social, la lucha por el desarrollo de un modelo de democracia socialista que promoviera nuevas formas de propiedad social  y colectiva, así como la constitución de  instituciones de  participación popular y comunitaria forman parte de los programas de las organizaciones sociales, populares y partidos políticos revolucionarios, no obstante, en virtud de la crisis del presente, es pertinente formular algunas preguntas para propiciar un debate en torno a las causas de la restauración conservadora-neoliberal en América latina y la crisis de los modelos insurgentes, particularmente el caso venezolano, en este sentido, propongo  las siguientes interrogantes para orientar la discusión:

 1.- ¿Se ha hecho lo suficiente para construir un modelo alternativo a la democracia liberal burgués?; 2- ¿Se ha logrado desarrollar un nuevo modelo de estado?; 3.- ¿Se constituyeron  nuevas instituciones cuyo funcionamiento se diferencie de las instituciones anteriores?; 4.-¿ Se ha avanzado en el desarrollo de nuevos tipos de relaciones sociales y nuevas formas de producción y propiedad?; 5.- ¿Se ha avanzado en la construcción de una economía popular solidaria, socialista, planificada, en función de las demandas y necesidades de nuestra población, o simplemente hemos administrado el mismo estado, implementando algunas políticas públicas distributivas pero, sin generar una ruptura con la racionalidad capitalista y la lógica que caracteriza al modelo que pretendíamos superar?; 6.- ¿Se diseñaron políticas para superar el modelo rentista-especulativo y con ello el modelo primario exportador?., 7.- ¿Se ha propiciado una revolución cultural generadora de valores distintos al individualismo y al consumismo propios de la sociedad capitalista?  Las respuestas a estas interrogantes implican una esfuerzo reflexivo trans disciplinario, militante, que trascienda el discurso épico  descontextualizado y desconectado de la realidad, que se diferencie  de la propaganda como recurso simbólico superando la discursividad que confunde los deseos con la realidad.

El discurso oficial, a veces recurre a la explicación fácil: el imperialismo es el culpable de todos nuestros males. Sin obviar esta matriz de análisis, ha llegado el momento de trascender ese visión reduccionista, y ver a lo interno de nuestra sociedad para estudiar el curso de la dinámica interna de los procesos de cambio, es el momento de analizar, nuestros errores, debilidades, fallas y omisiones para poder corregir y detener el proceso de restauración neoliberal que avanza a ritmo vertiginoso en el continente y especialmente en Suramérica.

Estamos conscientes del papel que juega el imperialismo y sus aliados internos en el proceso de restauración conservadora en el continente y de las resistencias que producen los procesos de transformación y cambio, no obstante, es  imperativo profundizar el análisis de nuestras realidades, tomando en cuenta las contradicciones y la complejidad de las estructuras heredadas en el ámbito ideo político-cultural- económico, por ello se impone  una ruptura radical con las viejas prácticas y maneras de hacer y ejercer la política.

No basta el discurso, este debe ser acompañado con el ejemplo. La coherencia ideológica y política es imprescindible para vertebrar el estado  popular y social. El enfoque clasista no puede ser desplazado por la inmediatez de los intereses grupales que transitoriamente están al frente del aparato del estado. Urge abrir un debate sobre los procesos de emancipación en el marco de la estructura del capitalismo global y el curso que han experimentado nuestras economías dependientes de las materias primas, por ende, subordinadas a los desequilibrios del mercado externo, en una relación neocolonial en términos económicos y culturales que sobrevive en el siglo XXI. Solo a partir de allí estaremos en condiciones de comprender la magnitud de la crisis del presente para fortalecer las posibilidades de derrotar la restauración conservadora-neoliberal que se fragua en el continente.

Potenciando los proyectos populares  y revolucionarios, es la única forma de evitar el retorno al pasado. No hay tiempo que perder. El debate está abierto.

*Sociólogo, Dr. Antropología Social, Profesor Universidad de Carabobo