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sábado, 20 de julio de 2019

A 40 años, un sentimiento renovado de amor por Nicaragua



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
“Con cenizas, con desgarros
con nuestra altiva impaciencia,
con una honesta conciencia,
con enfado, con sospecha,
con activa certidumbre
pongo el pie en mi país,
(pongo el pie en mi país)
y en lugar de sollozar,
de moler mi pena al viento,
abro el ojo y su mirar
y contengo el descontento”.

Vuelvo a Managua, hoy 19 de julio de 2019, 40 años después he vuelto una vez más, lo he hecho muchas veces, pero ésta es muy significativa. Hay que decir que, en realidad, la entrada victoriosa del Frente Sur “Benjamín Zeledón” a la capital se produjo el 20 después de salir de la frontera meridional del país el día anterior y pasar la noche en Granada donde el jubilo popular se desbordó en una ciudad que solo semanas antes estaba controlada por la Guardia Nacional somocista que a fuego y sangre sometía la rebeldía popular que habría de conducir al fin de la dictadura.


De ahí, el recorrido a través de Masaya, el recorrido por la ciudad y la estrecha carretera (hoy amplia avenida) que unía esta ciudad con la capital en la que mujeres, hombres y niños que desbordaban alegría y entusiasmo, nos apabullaban con el cariño y la admiración que sentían por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que había logrado por fin, abatir a la dictadura.

Nuestra primera parada fue  en un espacio eriazo después de transitar las polvorientas calles del Reparto Schick ( en ese momento no sabía que se llamaba así) rodeados de niños que se subían a los camiones para acribillarnos a besos, mujeres y hombres que nos colmaban de amor y nos regalaban café y frutas, hasta que recibimos la orden de trasladarnos al Chipote (en la loma de Tiscapa) donde hasta hace dos días atrás se ubicaban las oficinas de la seguridad nacional de Somoza, lugar en que debíamos dislocar las unidades de artillería hasta recibir nueva orden. Así lo hicimos y una vez cumplida la misión y establecida la guardia, nos dirigimos a la Plaza de la Catedral cuyos restos sobresalían del abandono de la ciudad, 7 años después del devastador terremoto de diciembre de 1972.

Hoy, volví a hacer una parte del recorrido por la carretera de Masaya, los barrios orientales, la Loma de Tiscapa y la Plaza en la que reposan los restos inmortales de los comandantes Carlos Fonseca Amador y Tomás Borge, fundadores del FSLN y el coronel Santos López, enlace histórico  entre el ejército del general Sandino y esta nuevo milicia que se habría de transformar para crear el nuevo escudo de defensa que ahora sí, para siempre, garantizaría la defensa de la soberanía y la dignidad de Nicaragua.

Como dice la canción del Inti Illimani, he vuelto a poner el pie en mi país, cuya sangre comenzó a fluir por mis venas desde el mismo momento que entronicé mi vida con la de su pueblo, con sus luchas y sus emociones, con sus angustias y dolores, con sus alegrías y celebraciones. El más grande los americanos, Simón Bolívar dijo: “Para nosotros, la patria es la América”, con esa convicción  es que puedo decir que he vuelto a mi país a renovar mi compromiso de servirle en todo lo que esté a mi alcance, porque hace cuarenta años, el ímpetu de mis años juveniles, el convencimiento de que no hay nada mas hermoso en la vida que luchar por la libertad y la visión estratégica del comandante Fidel Castro, me dio la oportunidad de atar indisolublemente y para siempre a este país, el transcurrir de mi existencia. 

“Vuelvo hermoso, vuelvo tierno,
vuelvo con mi espera dura.
Vuelvo con mis armaduras,
con mi espada, mi desvelo,
mi tajante desconsuelo,
mi presagio, mi dulzura.
Vuelvo con mi amor espeso,
vuelvo en alma y vuelvo en hueso
a encontrar la patria pura
al fin del último beso”.

En este país, paradójicamente viví lo mejor y lo peor de mi vida, el triunfo, la victoria, el fracaso, el camino hacia estadios superiores de lucha, así como el ignominioso fin de mi misión como embajador, inexplicable e inexplicada, o más bien explicada por los entresijos insondables de la política. Aquí me formé, aquí crecí, aquí comencé mi transitar por el mundo de las relaciones internacionales, aquí fui constructor y lo más importante, aquí pude ser hacedor de la voluntad del pueblo. ¿Qué más se puede esperar? A Nicaragua solo le debo agradecimiento, “…vuelvo con mi amor espeso, vuelvo en alma y vuelvo en hueso, a encontrar la patria pura, el fin del último beso”.

Ni siquiera el infortunio que produjo la intempestiva salida de mi responsabilidad diplomática muchos años después, pudo alterar mi relación de amor con Nicaragua, con su pueblo, con su ejército y con tantas personas que me prodigan con su amistad fraternal, sincera, profunda y desinteresada,  amistad pura, amor incondicional, de ese que se acera con la vida y con la lucha, que se pone a prueba todos los días en la gloria y en las celebraciones pero sobre todo en la derrota y los retrocesos, porque cuando se tiene la convicción de que se ha elegido el camino de enfrentar a los poderosos, se debe saber que la vida no solo será de laureles y de miel, sino también de espinas y tumbas.

Y recordando a Martí, puedo decir que a Nicaragua he venido a cultivar rosas blancas para el amigo sincero que me ha dado su mano franca a través de estos últimos años, pero también para el cruel que pretendió arrancarme el corazón con que vivo. Rosas blancas para todos.

Vuelvo a Nicaragua una vez más agredida, cuarenta años después el enemigo es el mismo, hoy agazapado detrás de los medios de comunicación, no bombardean con los Push and Pull y los obuses de 105 ms., lo hacen desde los cómodos estudios de televisión imperiales, desde la irracionalidad de la administración que pulula por la Casa Blanca de Washington, desde el afán desmesurado de lucro de los grandes propietarios de la riqueza  y desde ese engendro que se llama redes sociales, que es el nuevo escenario donde al parecer se desarrolla el combate y donde las clases medias deliberan acerca de cuál es el mejor lugar para ubicarse en su  eterno afán de ser y parecerse a sus explotadores para colmar sus aspiraciones de dos carros y tres televisores. Visionario Sandino, el General de Hombres Libres dijo. “Sólo los obreros y campesinos llegarán hasta el final”.

El año pasado, la solidez de la revolución sandinista se puso a prueba, las instituciones y el pueblo fueron sometidos a una brutal embestida insurreccional de una variopinta combinación de fuerzas en la que confluyeron -bajo coordinación de la Embajada de Estados Unidos y la jerarquía de la iglesia católica- sandinistas resentidos que se fueron a cobijar bajo la bandera de las 50 estrellas, lumpen y delincuentes, empresarios a los que las pingües ganancias obtenidas en los últimos años gracias a la estabilidad y el éxito del proyecto sandinista le parecían ínfimas para sus deseos de fortuna infinita, sin importar el costo y al que en un primer momento, se sumaron sectores sandinistas descontentos por errores cometidos. Fueron tres meses entre abril y julio en que la realidad conjeturaba el fin del gobierno presidido por el comandante Daniel Ortega.

Sin embargo, el pueblo tuvo capacidad para reorganizarse, resistir la embestida y bajo conducción del FSLN recuperar el control y comenzar a estabilizar el país, no obstante, el daño hecho a la economía ha sido letal, pasarán muchos años hasta que el país pueda volver a los índices previos al conflicto. Todos fueron afectados y la armonía en que se vivía y que permitía dar gobernabilidad, estabilidad, crecimiento económico y mejora en las condiciones de vida de los más humildes se ha paralizado transitoriamente.

Hoy es duro constatar que hay amigos en el gobierno y amigos en la oposición. Esto también puso a prueba a la izquierda, el movimiento popular y los sectores progresistas y democráticos de América Latina que se dividieron en su mirada sobre Nicaragua. La propaganda imperial hizo lo suyo, haciendo que, para algunos, los errores cometidos en la gestión del gobierno y el FSLN fueran el epicentro del conflicto. Como si hubiera obra realizada y revolución ganada que no cometa errores. Solo quien ha participado de ellas sabe lo que es enfrentarse todos los días a la presión y a la coacción imperial en sociedades donde nadie, ni siquiera los dirigentes están exentos de los cantos de sirena que vienen del norte a ofrecernos un futuro mejor bajo su cobijo. Ilusos que llevan años diciendo que son de izquierda, muchos sin haber ganado nada nunca en su existencia, cuyas vidas militantes han estado plagadas de errores y no entienden que, como dije antes que 40 años después el enemigo es el mismo.

Si los errores fueran el problema central del conflicto, ¿por qué Estados Unidos no hace nada por derrocar a presidentes ladrones como Macri y Piñera, o a asesinos como Duque o represores genocidas como el sátrapa de Honduras, Juan Orlando Hernández?, ¿por qué si el problema central son los errores cometidos en el gobierno no hicieron nada contra los últimos cinco presidentes peruanos, presos o condenados por corrupción? ¿por qué Estados Unidos es gran amigo y apoya irrestrictamente a Bolsonaro, racista, xenófobo y misógino confeso?

Si Daniel Ortega hubiera sido como Lenin Moreno, traidor, mentiroso y cobarde, Estados Unidos le hubiera perdonado todo y estaría sentado en el olimpo de los dioses junto a Trump. En esto me sigo apegando a las enseñanzas de Fidel que Tomás Borge me recordaba cada vez que nos veíamos: “Cuando estés confundido y no sepas donde estar, fíjate en qué lado se encuentra Estados Unidos y ponte en la trinchera de enfrente”. Con Nicaragua, ahí estoy y ahí estaré siempre.
Cierro con la canción “Vuelvo” de Inti Illimani que me ha servido para recrear este sentimiento de amor por Nicaragua:
“Vuelvo al fin sin humillarme,
sin pedir perdón ni olvido.
Nunca el hombre está vencido:
su derrota es siempre breve,
un estímulo que mueve
la vocación de su guerra,
pues la raza que destierra
y la raza que recibe
le dirán al fin que él vive
dolores de toda tierra”.
sergioro07@hotmail.com





sábado, 13 de julio de 2019

Réquiem para un fracaso. La ruina de la política de Estados Unidos en el Medio Oriente



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
La exitosa ofensiva conservadora de Estados Unidos en América Latina y el Caribe, tiende a ocultar el fracaso de su política en otras regiones del planeta. En semanas anteriores, hemos hablado acerca de las dificultades que han emergido tras los graves problemas que enfrenta su economía desde hace cuatro décadas, y en fechas más recientes de los apuros que encara para resolver la confrontación que ha iniciado contra China, los cuales en su devenir van a causar mayor cantidad de problemas a los ciudadanos estadounidenses que a los del país que pretende ser afectado.


En esta ocasión, intentaremos hacer una revisión de los acontecimientos más inmediatos acaecidos en el Medio Oriente, el norte de África y las regiones occidentales de Asia Central, conformados por una mayoría de países árabes y musulmanes, donde Estados Unidos tampoco ha logrado imponer exitosamente su expediente criminal

Si nos atenemos a que cualquier política y cualquier guerra -que conceptualmente es la continuación de la política- se trazan en función del logro de objetivos estratégicos, se tendrá que concluir necesariamente que Estados Unidos ha fracasado estrepitosamente en la consecución de los mismos.
Las invasiones a Afganistán e Irak y las amenazas contra Irán han sido expresión de frustraciones y reveses toda vez que los objetivos no fueron cumplidos: la revolución islámica continúa en el poder teniendo incluso los aprestos suficientes para apuntalar el establecimiento de un gobierno aliado en Bagdad, tras la salida de Estados Unidos de Irak.

En el caso de Afganistán, después de 18 años de guerra, 3 presidentes, 3.564 muertos de de la coalición creada para combatir al talibán (entre ellos 2.428 del país norteamericano) y 20.467 heridos, además de 841 mil millones de dólares gastados desde 2001 hasta 2018 según cifras aportadas por el analista del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos, Anthony Cordesman, Estados Unidos no pudo ganar la guerra y hoy se ha visto obligado a negociar con sus enemigos el fin del conflicto. Vale decir, que, desde otra perspectiva, Neta Crawford, codirectora del Proyecto “Costo de Guerras” de la Universidad Brown en Rhode Island, ha calculado que el gasto total en esta guerra ha sido de aproximadamente dos billones de dólares.

Ante el “peligro” que significaría para su política la continuidad de las negociaciones que el Talibán y el gobierno afgano han estado realizando bajo auspicio de Rusia, tomando en cuenta que alrededor del 60% de las fracciones del talibán han establecido una buena relación con Irán y que esta organización ha instalado una Oficina en Doha, capital de Catar, Estados Unidos se ha visto obligado a cambiar el curso de las negociaciones, imponer sus propios planes para no verse apartado de una solución que podría dejar sus intereses al margen del futuro del país.

Por otra parte, la larga intervención de Estados Unidos no ha logrado proporcionar mayor seguridad a sus aliados en la región, Israel en primer lugar, por el contrario las fuerzas que no toleran la hegemonía estadounidense se han incrementado toda vez que ha crecido la resistencia palestina y Hezbollah es hoy más fuerte al haber aumentado su capacidad militar tras la experiencia de su participación en la guerra en Siria y el mejoramiento de su potencial combativo con la adquisición de moderno material de guerra que ha transformado a la organización libanesa en una potencia militar regional en la frontera norte de Israel.

A todo esto se suma el fiasco de la participación de las fuerzas armadas y las agencias de inteligencia norteamericanas en Siria, el objetivo principal: el derrocamiento del presidente Bashar el-Assad no fue logrado y con ello fue imposible instalar un gobierno pro-occidental en el país a través del cual se proponían obtener aprobación para construir oleoductos desde el Gofo Pérsico hasta el Mediterráneo a fin de llevar petróleo y gas a Europa a través de Irak, Siria y Turquía con lo cual se buscaba obtener mejores precios y competir con el gas de Rusia que teniendo costos más bajos resulta más beneficioso desde el punto de vista comercial para los países del Viejo Continente. Esto obligó a Rusia a asumir una participación más efectiva en el conflicto, lo cual derivó en la derrota del terrorismo y su expulsión casi absoluta del territorio sirio.

En términos geopolíticos, esto encauzó una mayor presencia de Rusia en el mar Mediterráneo, la cual se manifiesta en términos militares en los acuerdos de fortalecimiento de sus fuerzas armadas en territorio de Siria y con los grandes proyectos de cooperación en materia energética, tras el descubrimiento de importantes reservas de petróleo en las costas de Siria, Líbano, Israel y Palestina.
En el plano energético se debe entender también el incremento de la tensión en las rutas marítimas a través de las cuales se transporta el petróleo y sobre todo en los sensibles estrechos de Bab el Mandeb y Ormuz, en los que Estados Unidos tampoco ha podido lograr la hegemonía para controlar dichas áreas, estratégicas para la región y para el mundo.

En el primer caso, Arabia Saudí que creó una coalición para desatar una guerra contra Yemen con el auspicio y apoyo de Estados Unidos y Europa, ha malogrado su esfuerzo sin conseguir éxitos ostensibles, al contrario, la alianza se está extinguiendo después de la deserción de los Emiratos Árabes Unidos, tras los sensibles golpes recibidos de parte de las fuerzas armadas yemeníes en cooperación con el movimiento Ansarolá. La alianza se ha debilitado a tal punto que Arabia Saudiita se ha quedado sola con socios menores que no aportan mucho en términos militares. Los ataques yemeníes al territorio saudí han ido creciendo a partir de su capacidad para producir drones y misiles balísticos que golpean en la retaguardia de las fuerzas armadas de la monarquía wahabita, en la profundidad de su territorio.

Por su parte, el estrecho de Ormuz y el Golfo Pérsico están bajo control iraní como lo demuestra el derribo por parte de sus fuerzas antiaéreas de un dron estadounidense que había violado el espacio aéreo de la nación persa. La incapacidad de Estados Unidos de responder a esta acción que podría traer represalias de incalculables costos políticos, militares y económicos si Irán atacaba a Arabia Saudí (en particular su zona de mayor producción petrolera ubicada en el este del país y en las cercanías de Irán), a Israel e incluso a la 5ta. Flota de de las fuerzas navales estadounidenses basificada en Bahréin, obligó al presidente Trump a limitarse a amenazas, tras el cálculo de pérdidas y las implicaciones estratégicas que podría ocasionar un ataque directo a Irán.

La consecuencia directa más inmediata es que los aliados de Estados Unidos en la región comienzan a percibir que el “hermano mayor” ya no puede garantizar su seguridad. Esto marca una diferencia sustancial con el pasado si se considera que antes, Estados Unidos utilizaba al Estado sionista y a las monarquías petroleras árabes para castigar a sus enemigos en la región, mientras que hoy debe preocuparse de la seguridad de estos regímenes dado el cambio sustancial en la correlación de fuerzas. En el momento en que esto ha empezado a ponerse en entredicho, se manifiesta otro aspecto de la decadencia occidental en la región.

Todo esto, sin considerar los avances medulares que ha significado para estos países la llegada del proyecto estratégico chino del “Cinturón y la Ruta de la Seda” que ha establecido un contacto directo de la gran potencia asiática con Pakistán e Irán. En una mirada estratégica, China ha logrado salida al mar Arábigo a través del puerto de Gwadar en Pakistán tras un acuerdo de largo alcance con este país. Así mismo, a través de la Ruta de la Seda, China ha podido firmar importantes acuerdos con Teherán que le va a permitir, además, tener acceso a Irak y al puerto de Latakia en el Mar Mediterráneo sirio extensible a El Líbano, utilizando para ello el proyecto ferroviario acordado este mes entre esos países y que Estados Unidos trata de impedir con todos los medios a su alcance.

La creciente presencia de Rusia y de China en la región aunado a las alianzas de estas potencias con Turquía, Irán, Siria y Líbano son expresión de un gran bloque heterogéneo basado en intereses comunes a pesar de las diferencias que tienen, sobre todo debe considerarse la particularidad que emana de la ubicación de este conglomerado en las fronteras de Israel, lo cual crea un contratiempo de dimensiones colosales para la política de Estados Unidos en la región.

¿Qué le queda a Estados Unidos en esta situación? Solo orientarse a la búsqueda de salir de este desastre de la mejor forma posible y con la menor cantidad de pérdidas, sabiendo que tras sí, deja menos regímenes aliados a su política y que Europa ha comenzado a aceptar que debe construir una política propia hacia esta región, alejada geográficamente de Estados Unidos, pero muy cercana a su territorio, a donde  emigran los millones de desplazados por el conflicto, en esa medida han resistido el abandono norteamericano del Plan Conjunto de Acción Comprehensiva (JCPOA, por sus siglas en inglés) e incluso están evaluando la posibilidad de reabrir sus embajadas en Damasco a fin de ir normalizando las relaciones, de la misma manera que lo han hecho varios países de la Liga Árabe.
Finalmente, hay que decir que en el ámbito diplomático, Estados Unidos tampoco ha podido mostrar éxitos en la aplicación de su política, toda vez que tanto las iniciativas propias emprendidas como las de sus socios han terminado en absolutos fiascos.

Por una parte, la principal asociación de aliados de Estados Unidos en la región, el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) se ha resquebrajado y ha perdido eficacia después del bloqueo económico que Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin aplicaron a Catar por su política de mantenerse equidistante en el conflicto que la monarquía wahabita ha entablado contra Irán. Catar ha defendido su derecho de establecer relaciones de forma soberana y ha reiterado su decisión de mantener vínculos con el país persa. Omán y Kuwait, también miembros del Consejo no se han plegado a las sanciones y han apostado por mejorar sus relaciones con Irán.

De la misma manera, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos están siendo acosados por su desastrosa participación en la guerra contra Yemen, que ha causado el peor desastre humanitario de la actualidad en el mundo.
A eso le se suma, el desprestigio de Riad y del príncipe heredero saudí, Muhammad bin Salman Al Saúd, que ha sido acusado de ordenar el asesinato y posterior desaparición del periodista saudí Jamal Khashoggi en el consulado de ese país en la ciudad turca de Estambul. En este caso, hasta el propio Senado de Estados Unidos se distanció del presidente Trump -que ha buscado evitar una condena a su importante aliado- y aprobó por unanimidad y de manera abierta, una resolución no vinculante en la que señala al príncipe como "responsable" del crimen.

En otro ámbito, hay que resaltar el estrepitoso chasco que ha significado el proyecto fallido del presidente Trump para construir un “Acuerdo del Siglo” con el objetivo de anular la causa palestina y favorecer a Israel, impidiendo al mismo tiempo el retorno de los refugiados a quienes se pretendía instalar en “una patria alternativa” en Jordania y la península egipcia de el Sinaí.

Para esto se realizó en Manama, capital de Bahréin una conferencia entre el 25 y el 27 de junio, que finalizó en con un descalabro absoluto, tal como fue previsto de forma casi unánime. La reacción del banquero sionista Jared Kushner, yerno de Trump y principal organizador del evento, fue insultar a los líderes y grupos palestinos a los que acusó de actuar a espaldas de su pueblo, sin tomar en cuenta las manifestaciones masivas en ambos territorios palestinos contra el “Acuerdo” y el rechazo de todos los dirigentes y organizaciones palestinas al mismo.

La realidad es que se trató de tomar decisiones sin consultar a los palestinos y a la opinión pública del mundo musulmán que, a pesar de sus contradicciones internas, en su gran mayoría sigue apoyando la causa palestina, pese a las maquinaciones de Washington y sus aliados en la región, entre otras razones porque Estados Unidos perdió su cualidad de mediador al apoyar irrestrictamente a Israel.

A este respecto, Abbas Daher, analista del diario libanés El Nashra cree que la conferencia de Manama fue planteada por Bahréin, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos como una oportunidad para lograr un acercamiento a Israel a costa de los intereses del pueblo palestino. A partir de ahora, estos tres regímenes y Estados Unidos han quedado al margen de opinar sobre la causa palestina, por el contrario, el protagonismo internacional de la misma ha quedado totalmente en manos del Eje de la Resistencia. Según este analista, “…esto será una verdadera calamidad para Riad, Abu Dhabi y compañía.

De la misma manera, otra iniciativa estadounidense se verificó, durante la cumbre de la Liga Árabe celebrada en Egipto en marzo de 2015, la cual intentó resucitar el proyecto de una fuerza militar árabe, para hacer respetar la soberanía y defender sus intereses, sin injerir en los asuntos internos de ningún Estado en medio de una situación de inestabilidad general de la región provocada por el accionar terrorista por un lado, la guerra en Yemen por el otro, así como la desarticulación de Libia y su transformación en Estado fallido y los intentos saudíes de hegemonizar la región.

La iniciativa que fue retomada y apoyada en primera instancia por Arabia Saudí y los países del Golfo Pérsico en 2017, se inscribía en el viejo proyecto de Estados Unidos de establecer una “OTAN árabe” contra Irán, pero estuvo condenada al fracaso desde un inicio dada la inexistencia de una política común entre estos países. El certificado de defunción de la misma fue firmado cuando Egipto, llamado a ser la principal fuerza dentro de la nueva coalición, informó que se retiraba y no participaría “debido a las dudas sobre la seriedad de la iniciativa y por el peligro que puede suponer un incremento de la tensión con Irán” según informaron las autoridades de El Cairo en el mes de abril de este año.

Estados Unidos, una vez más no logró imponer el consenso para que los países árabes consideraran a Irán un enemigo común, idea que solo está presente en Arabia Saudí y sus aliados menores del Golfo Pérsico, sumando con ello una nueva debacle a la ya naufragada política estadounidense en la región que no se ve por donde pueda ser reflotada.

sergioro07@hotmail.com

sábado, 6 de julio de 2019

Es la hija del general Bachelet. Nada más.



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
Prudente silencio hice ante el anuncio de la visita a Venezuela de Michelle Bachelet en su condición de Alta Comisionada de Naciones Unidas para Derechos Humanos. A pesar que tuve el natural impulso de escribir sobre el tema dado los antecedentes políticos de la funcionaria internacional, me abstuve por respeto a muchos amigos en el país y el exterior que forjaron expectativas a partir de la supuesta honorabilidad y respetabilidad de la susodicha, lo cual auguraba neutralidad e imparcialidad en el informe que habría de elaborar
.


Es menester decir que como hijo de un hombre que fue preso y torturado en democracia en Venezuela y en dictadura en Chile, que además tengo decenas de amigos y amigas que pasaron por la prisión, la tortura y la desaparición forzada en varios países de la región, repudio y rechazo la práctica de violación de los derechos humanos venga de donde venga, y la Alta Comisionada que es la autoridad superior en esta materia en el mundo debería también observar esta compostura en el cumplimiento de sus responsabilidades.
De esta manera, no me voy a referir al informe que hizo, el cual ni siquiera voy a leer, pero, como le dije a todos los que quisieron escucharlo, ese informe estaba hecho antes que Bachelet llegara a Caracas, agregando el hecho que –dada la trayectoria de la mencionada funcionaria- muy probablemente el mismo había sido elaborado en Washington. Hoy, eso ha quedado demostrado cuando el gobierno de Venezuela ha dicho que el 82% de los datos del informe provienen de fuera del país. Tengo serias dudas que ese trabajo haya podido hacerse después del viaje de la Comisionada a Caracas. No, ya estaba elaborado.

Es decir, no se trata de si el informe dice o no dice la verdad, sino de cuánta veracidad pueda tener un reporte de una oficina que tiene una pésima reputación y de una funcionaria que carece de credibilidad en materia de derechos humanos dadas las continuas violaciones de los mismos mientras fue presidenta de Chile, sobre todo en la brutal represión al pueblo mapuche.

Otros, argumentaban que nada podría ser peor en materia de lealtades imperiales que las del antecesor de Bachelet en tal responsabilidad, el príncipe jordano Zeid Ra´ad al Hussein de conocida subordinación a Washington donde hizo una larga pasantía como embajador de Jordania primero y representante de su país en la ONU posteriormente.

Pero, como dice un sabio dicho popular en Venezuela “deseos no empreñan”, me impresionó la inocencia de tantas personas que todavía tienen a Bachelet como un adalid de los derechos humanos cuando su impronta muestra todo lo contrario. Parece increíble que alguien pueda pensar que Bachelet pueda ser imparcial respecto de Venezuela cuando ella fue activa y entusiasta fundadora del grupo de Lima, un anexo de la OEA creado para propiciar el derrocamiento del gobierno venezolano. En el colmo de la desfachatez, en algún momento, cuando se le inquirió sobre tal asunto, echó toda la culpa de sus actuaciones en esta materia a su canciller Heraldo Muñoz, a quien según dijo “no puedo controlar”.
Fiel a esa forma de actuar y pensar, una vez más Bachelet le ha hecho asumir la responsabilidad sobre el actuar de su oficina a los funcionarios colocados en sus puestos “por mi antecesor” a los que supuestamente tampoco puede controlar.

Bachelet, es de esos extraños personajes que en política podrían caracterizarse de “extremo centro”, es decir no opinar, no comprometerse, dejar hacer, echar la culpa a otros y no asumir responsabilidades, al parecer características afines a la política chilena si nos atenemos a que dos veces fue elegida presidenta de la nación austral, pero tal identidad en ella no es natural, es asumida concientemente por instrucciones superiores que estudiaron su perfil y entendieron que era esa la forma más adecuada  para colocarla en las más altas instancias de gobierno.

En junio de 2014 cuando Zeid Ra´ad al Hussein fue elegido para el cargo, los abogados especialistas en derechos humanos Javier El-Hage y Roberto González escribieron un artículo en el periódico madrileño El País en el que al describir esa responsabilidad dentro de la estructura de la ONU decían que: “…hasta ahora las acciones del alto comisionado han sido en el mejor de los casos tímidas, por lo general carentes de norte democrático y a veces incluso reñidas con los ideales que persigue. Esto se debe a que la OACDH sufre, aunque en menor medida, del mismo problema estructural que padecen otros órganos de la ONU como el Consejo de Seguridad y el Consejo de Derechos Humanos, cuyos pronunciamientos y acciones concretas están altamente influenciados por dictaduras con poder de veto y membrecía mayoritaria”. Si nos atenemos al historial de los dos últimos altos comisionados, estas opiniones resultan ampliamente atinadas.

En el caso de Michelle Bachelet, después de ser una insignificante militante política en el partido socialista de Chile -según un artículo publicado en el desaparecido periódico santiaguino La Nación, el 16 de enero de 2006- se marchó a Estados Unidos a cursar “…un diplomado sobre estrategia militar en la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE) —al que asistieron doce alumnos: seis oficiales de las Fuerzas Armadas y de Orden y Seguridad, y seis civiles donde -por su buen rendimiento—obtuvo el primer lugar de la promoción, y gracias al patrocinio de la Beca Presidente de la República continuó en 1997 un curso superior sobre defensa continental en el Colegio Interamericano de Defensa, ubicado en Washington D. C., Estados Unidos. A su regreso en 1998, Bachelet trabajó un año como asesora del Ministerio de Defensa Nacional” Curiosamente, a partir de ese momento inició su fulgurante despegue político que la llevó -en tan solo 8 años- a ser elegida presidenta de Chile. Todo indica que difícilmente ha podido desprenderse de la tutoría que el Pentágono ha ejercido en ella.

Según la organización Mapuche Meli Wixan Mapu, en octubre de 2018 había en Chile 20 presos políticos mapuche injustamente condenados por la Ley Anti Terrorista aprobada en ese país el 16 de mayo de 1984 cuando no había parlamento durante la dictadura de Pinochet. Bachelet no hizo nada por eliminarla en sus dos gobiernos, al contrario, profundizó la represión contra el pueblo mapuche durante sus dos gestiones.
Hay que decir que desde 2001 durante los gobiernos de la pos dictadura, en la mayoría de los cuales participaba el partido de Michelle Bachelet, fueron asesinados 19 mapuche, de ellos dos, Johnny Cariqueo Yáñez en 2008 y Jaime Facundo Mendoza Collío en 2009 fueron exterminados durante el primer gobierno de Bachelet y  dos más, José Mauricio Quintriqueo Huaiquimil en 2014 y Víctor Manuel Mendoza Collío en 2014 lo fueron en el segundo gobierno de la ahora funcionaria internacional, sin que  ella hiciera absolutamente nada por aclarar los homicidios.

Estos hechos hacen que Michelle Bachelet sea considerada como una feroz represora por parte del pueblo mapuche. Desde su llegada al gobierno en 2006 ordenó la represión a comuneros y comuneras mapuche de la localidad de Quepe de la Comuna de Freire en la región de la Araucanía, que protestaban por la instalación de un aeropuerto en ancestrales territorios mapuche usurpados por la fuerza a sus legítimos propietarios. En agosto de ese año fue asesinado Juan Lorenzo Collihuin Catril, de 71 años, su asesino un sargento de Carabineros fue absuelto del caso por la Fiscalía Militar.
El 30 de octubre de 2007, Patricio Queipul Millanao de solo 13 años de edad, fue herido en el tórax por 6 disparos hechos por Carabineros con sus escopetas antimotines

El 3 de enero de 2008 fue asesinado por la espalda Matías Catrileo Quezada, de 22 años, por el cabo 2° de Carabineros, Walter Ramírez, sin que las autoridades realizaran investigación alguna para hacer justicia. El día 30 de ese mes de enero, Patricia Troncoso quien se encontraba en huelga de hambre por 112 días tras ser condenada junto a otros comuneros mapuche a 10 años y 1 día bajo la ley anti terrorista de Pinochet que sigue imperando en Chile, concluyó su ayuno. La noticia habría pasado inadvertida sino hubiera sido porque acompañada por la madre de Matías Catrileo, le escribió una carta a Bachelet en la que le decía: “Yo quiero preguntarle(...) Usted que fue prisionera política, que fue torturada, siente hoy el placer de torturarnos a nosotros. ¿Qué siente usted señora presidenta? (...) ¡Qué lástima que usted se haya olvidado de todo lo que significa la prisión política y la muerte de tantos seres! Usted, con la actitud soberbia de su gobierno, de sus representantes, hoy en día nos torturan condenándonos a una muerte silenciosa”.

En otro ámbito, durante la realización en agosto de 2007 en protestas convocadas por organizaciones sindicales descontentas con la política neoliberal de Bachelet, la represión ordenada por ésta dejó unos 50 heridos y 372 detenidos, Los actos estuvieron acompañados de incidentes debido a la fuerte acción de la policía. El presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), Arturo Martínez llamó al Gobierno a analizar la violencia, a su juicio "inusitada", con que actuó la policía. La jornada comenzó cuando miles de manifestantes que salieron pacíficamente a las calles fueron reprimidos con fuerza por carabineros, que detuvo en pocas horas a un centenar de personas.

Continuando con su política de represión al movimiento popular, durante los primeros meses del año 2008 en las ciudades más importantes del país, los estudiantes secundarios y universitarios desarrollaron movilizaciones exigiendo la derogación definitiva del marco legal de educación creado por la dictadura. La respuesta del gobierno de Bachelet fue  ponerse de acuerdo con los partidos pinochetistas para aprobar una nueva ley que en los sustancial dejaba todo igual, toda vez que no modificaba su carácter neoliberal y perpetuaba el beneficio de los que lucran con la educación en Chile  Para ello, Bachelet jugó el papel de articuladora entre las partidos de derecha que estaban dentro y fuera del gobierno: Democracia Cristiana y los pinochetistas Renovación Nacional (RN) y Unión Democrática Independiente (UDI) en la oposición, así como con la desprestigiada y mafiosa iglesia católica, el Opus Dei y otros actores que se han enriquecido con la educación en el país. Mientras tanto, la presidenta ordenó reprimir con dureza las movilizaciones estudiantiles a fin de ablandar a los líderes, para cooptarlos y desarticular el movimiento, lo cual fue de alguna manera logrado. En el camino, las fuerzas represivas bacheletistas agredieron brutalmente a un periodista que reportaba los hechos

Vale la pena recordar también que a finales de diciembre de 2010, un cable de Wikileaks hizo público que un documento obtenido de la embajada de Estados Unidos en Chile fechado el 7 de febrero de 2008, hizo patente que la entonces ex presidenta Bachelet había pedido apoyo de inteligencia a Estados Unidos para dar seguimiento a la “radicalización” del conflicto mapuche y sus posibles contactos con “otros grupos terroristas extranjeros”. Con ello, Bachelet mostraba ya no solo su talante represivo, también permitió constatar su verdadera identificación nacional al estar dispuesta a ceder la soberanía de Chile autorizando al gobierno de una potencia extranjera a inmiscuirse en los asuntos internos del país, a fin de reprimir al pueblo lucha por sus legítimas demandas.

En fechas más cercanas, ya durante su segundo gobierno la organización pro estadounidense Amnistía Internacional, ante la desfachatez por el desconocimiento del Estado chileno de los derechos humanos se vio obligada a recomendar al Estado de Chile una serie de políticas en favor del respeto de los derechos humanos. Precisamente, hicieron mención a la aplicación de la Ley Antiterrorista. En este sentido, la Secretaría General de esa organización Irene Khan, afirmó en 2008 que: “Los pueblos indígenas son muy discriminados y marginados en Chile, y se ven a sí mismos como víctimas de una estrategia económica que está destruyendo su vida y su sustento”. A este respecto, Hernando Silva, coordinador jurídico del Observatorio Ciudadano, al referirse a la aplicación de esta ley en los gobiernos de la pos dictadura dijo que : “La criminalización de la protesta social indígena, que ha sido un fenómeno que surgió principalmente durante el gobierno de Ricardo Lagos, fue una tónica que se repitió durante el gobierno de Michelle Bachelet, por cuanto se utilizaron figuras penales excepcionales para desvirtuar los procesos de reivindicación de derechos de las comunidades mapuche“.

El tiempo transcurrió y el olvido se hizo eco del pueblo chileno que re eligió a Bachelet en 2014 para un nuevo período presidencial de cuatro años. Uno de sus planes emblemáticos fue una vez más la represión del pueblo mapuche. Para esto diseñó la denominada “Operación Huracán” que configuró acciones nunca antes vistas, ni siquiera en tiempos de la dictadura. La disposición de montajes de operaciones de falsa bandera al más puro estilo del gobierno colombiano de Álvaro Uribe que condujo a acusaciones de líderes mapuche para justificar la más brutal represión contra ellos, fue el sello más importante de este segundo gobierno de Bachelet. El funcionario que dirigió las operaciones, alto dirigente del partido socialista de Chile realizó reuniones  con autoridades judiciales, policiales, con fiscales y abogados para construir una trama a objeto de criminalizar a los líderes mapuche. En lo más alto de la cúpula de este criminal entramado se encontraba el ministro del interior y la propia presidenta Bachelet, tal como lo denunció Rodrigo Román, abogado de la Defensoría Popular en declaraciones a la Radio de la Universidad de Chile. Román afirmó que sin embargo Bachelet no había sido afectada porque estaba protegida por “los ricos, los poderosos y los medios”, recordando además que “una de las ofertas de campaña de Bachelet para llegar al ejecutivo fue la no aplicación de la Ley Antiterrorista”, pero  “ lejos de no aplicarla, ha invertido cuantiosos recursos para condenar a los peñis [hermanos en mapudungun, la lengua mapuche]  sobre conductas terroristas”.

Continuando con su estela de represión, en septiembre de 2016, la lideresa mapuche Juana Calfunao fue condenada a 5 años de cárcel por negarse a aceptar la construcción de un camino que pasaba por su propiedad. Desde hace más de 20 años la comunidad Juan Paillalef a la que pertenece la lonko [jefe/a de una comunidad mapuche] mantiene un conflicto con el Estado debido a que se opone a la ruta trazada para tal vía que “dividiría a su comunidad y destruiría espacios sagrados donde se realizan ceremonias y rogativas, y además, su construcción no ha sido consultada de forma previa, libre e informada como lo determina el Convenio 169 de la OIT” según un reporte del portal digital chileno eldesconcierto.cl. En marzo de 2011, Calfunao encaró a la ex presidenta Michelle Bachelet en el Parlamento Europeo en Bruselas por la aplicación de la Ley Antiterrorista.

Bachelet siempre guardó silencio como presidenta y lo sigue haciendo en su nueva función de proteger a los amigos de Estados Unidos desde la ONU mientras utiliza su cargo para atacar a los que lo adversan, actuando de la manera servil y rastrera que la caracteriza. Incluso, inmersa en una patología conocida como Síndrome de Estocolmo, se ha encargado de proteger a los militares incursos en la violación de derechos humano durante la dictadura no moviendo un dedo para que fueran eliminados las cárceles cinco estrellas donde asesinos, violadores y torturadores pasan su maravillosa existencia en condiciones materiales óptimas. Es de suponer que esto también sea parte del acuerdo con el Pentágono, toda vez que hasta Sebastián Piñera, sin haber cambiado mucho, ha tomado medidas en este ámbito.

Así, en el desempeño de su  más reciente responsabilidad, Bachelet guarda absoluto silencio frente a las brutales violaciones de derechos humanos de las monarquías árabes aliadas de Estados Unidos, no opina sobre los ataques de Israel al pueblo palestino, no se inmuta ante el desastre humanitario que Arabia Saudita está produciendo en su guerra contra Yemen, tampoco se ha enterado que en Colombia todos los días asesinan activistas sociales, de derechos humanos y desmovilizados de las FARC, ha asumido mudez absoluta ante los crímenes del gobierno de Honduras, no se ha dado cuenta que todos los meses la policía de Estados Unidos asesina a ciudadanos negros solo por esa condición, ni ha hecho mención a la brutal represión y exterminio de migrantes en Estados Unidos y ha emitido una débil voz en la imprescindible condena a la ilegal detención de Lula.

Ella sabe que la sola evocación de cualquiera de esas flagrantes violaciones a los derechos humanos le haría perder su cargo, por eso prefiero asegurarlo aceptando entregar el informe que Washington hizo sobre Venezuela.

Resulta curioso darse cuenta que a diferencia de los otros tres presidentes de su alianza política que le precedieron, los que entregaron el poder a otro miembro de esa coalición, Bachelet en dos ocasiones traspasara el bastón de mando al pinochetismo en nombre de Sebastián Piñera y que en ambos casos, Estados Unidos le consiguiera un puesto en un organismo internacional para asegurarle una huida económicamente provechosa. Uno inocentemente podría preguntarse ¿Para quién trabaja?

Ella ha cumplido su parte y con Venezuela lo ha hecho con creces, con el mismo ímpetu, dedicación y esfuerzo con los que participó en la fundación del Grupo de Lima, creando condiciones nuevamente para justificar una intervención militar en Venezuela. Debe saber que, si ello ocurriera, deberá ser acusada como una criminal de guerra, cómplice del genocidio que sobrevendrá.

Quiero repetirlo, no me interesa el informe que haya hecho Bachelet, no tiene ninguna validez, toda vez que fue elaborado antes de su visita al país, además según dicen los que lo leyeron, no incorporó ninguna de los datos que aportó el Estado venezolano, es decir fue un juicio sin derecho a defensa.
No se trata del informe, incluso si todo lo que ahí se dijera fuera verdad, el problema es si esa oficina posee real autonomía e imparcialidad para hacerlo y si la persona que lo conduce tiene la autoridad ética y moral para dirigirla. Evidentemente no. En esa medida es que carece de valor el informe que ha hecho. La impronta de su vida política anula la validez del informe.

Ella actuó como lo que es, una persona sin opinión que funciona a favor de quien le paga, nunca ha tenido criterio propio para nada, alejada de cualquier ética o compromiso con la humanidad. Hasta cuando su hijo, funcionario en La Moneda bajo su mandato presidencial, realizó actividades fraudulentas que la justicia está investigando, dijo que no sabía nada. Nunca sabe nada, otros saben por ella, otros piensan por ella.
Estimados lectores y lectoras, cree usted que con semejantes antecedentes, una persona puede hacer un informe de manera imparcial y objetivo sobre algo, sobre cualquier cosa, no sólo sobre derechos humanos. Imposible, la deleznable naturaleza de las acciones que ha realizado a lo largo de su vida política la retrata y la desnuda.

Recuerdo, cuando en Viena en el año 2006, en el marco de la Cumbre Unión Europea-América Latina, el presidente Chávez se reunió con ella por primera vez, al preguntarle si tras la reunión emergía alguna instrucción para el gobierno, el comandante solo dijo: “Ella es la hija de mi General Bachelet”. Solo eso es. No le da para nada más.  
sergioro07@hotmail.com

sábado, 29 de junio de 2019

¿Hacia donde va China? (Parte II y final)



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
En 1991 durante una visita a China, la primera ministra británica Margaret Thatcher  le dijo al presidente Jiang Zemin que era imposible establecer un sistema con las características que se proponía China, es decir que combinara la sociedad socialista con algunas reglas del mercado. Según Thatcher, el socialismo era incompatible con la economía de mercado. Los dirigentes chinos, por el contrario, preconizaban que tal propósito si era posible en los marcos de la teoría marxista del materialismo histórico y dialéctico y la idea de “buscar la verdad en los hechos” que propugnaba Mao Zedong.


En este sentido, Deng Xiaoping expuso que un país como China que había vivido tantas adversidades a través de su historia, solo había podido levantarse tras hacer suyo el marxismo como instrumento de liberación, que le permitió construir un nuevo país de orientación socialista, lo cual habría sido imposible si hubiera elegido el camino capitalista, según él, la prueba fueron los más de treinta años de gobierno del Kuomintang tras proclamar la república.

Deng pensaba que la integración del marxismo con la realidad china para crear un camino propio, permitió la liberación del país en 1949, esto no sólo proporcionó la independencia, también la unidad del país que es el bien más preciado tras milenios de separación, conflicto y guerras intestinas. El marxismo contribuyó no sólo como teoría necesaria para vencer en la guerra de liberación, también después de la victoria aportó elementos valiosos para terminar con el caos, controlar la inflación, comenzar a combatir la miseria y el atraso secular y empezar la transformación de la industria y la base material necesaria para la evolución del país, todo esto obligaba a persistir en el marxismo y el socialismo de forma creadora.

Para ello, se hacía imprescindible desarrollar las fuerzas productivas a fin de forjar una abundancia de bienes materiales, lo que hizo deducir que ésta sería la tarea fundamental que debía emprender el sistema político socialista a fin de lograr una superioridad sin la cual era imposible construir la nueva sociedad. El no haber entendido esto desde el principio fue el mayor error de la dirección del país tras el año 1949. Sin el desarrollo superior de las fuerzas productivas, no hay mejoramiento de las condiciones materiales y culturales de vida del pueblo, y sin esto, no hay socialismo. ¿Cómo hacerlo?, fue la pregunta más importante que tuvieron que formularse los dirigentes chinos tras superar la Revolución Cultural y las desviaciones propugnadas por la “Banda de los Cuatro”. Nuevamente, la respuesta estaba en permanecer en la ruta del socialismo, como única manera de resolver el problema del desarrollo en un país tan extenso, tan poblado y tan complejo culturalmente como China. La aplicación del principio socialista de distribución “a cada cual según su trabajo”, permitiría superar las diferencias en un período de entre 20 y 30 años. Tales aseveraciones obligaban a un gran debate contra aquellos que defendían ideas liberalizadoras, por un lado, y la copia del modelo soviético, cuando éste comenzaba a “hacer aguas”, por el otro.

La liberalización que proponía tomar un camino capitalista después de la derrota de la “Banda de los Cuatro” en 1980, llevó a la dirección del Partido Comunista de China (PCCh) a luchar contra tal corriente, incluso en el seno de la Asamblea Nacional a fin de combatir tal propuesta considerada una idea burguesa. A ello, el PCCh opuso las “cuatro modernizaciones socialistas” en la agricultura, la industria, la defensa y la ciencia y teconología.. Así mismo, los dirigentes chinos dejabron claro que a pesar que la estructura política del país después de 1949, se había edificado a partir del modelo soviético, éste no pudo ajustarse a las condiciones de China porque su realidad era distinta, además en ese momento estaba en una crisis, que posteriormente la llevó a su colpaso 

En estas condiciones, en el XIII Congreso Nacional del PCCh,  celebrado en octubre de 1987, se propuso que la economía china sería planificada y establecida como pública para los productos básicos, mientras se definía que el Estado debería guiar al mercado y el mercado a las empresas, combinando de esa manera las funciones de planificación y de mercado en la sociedad. Ante las crecientes críticas internas e internacionales sobre tal supuesto, Deng volvió a insisitir en la necesidad de “buscar la verdad en los hechos” como forma de comprobar la factibilidad de llevar adelante la política de reforma y apertura, y a  ello se abocaron.

Los procesos de reforma en la Unión Soviética y en China se produjeron casi al mismo tiempo, con menos de diez años de distancia, pero la diferencia fundamental para el fracaso de uno y el éxito del otro, es que mientras los soviéticos desarrollaron simultáneamente los aspectos económicos y políticos del proceso, en China comenzaron con la transformación de la  economía, desatando una fase de mejoramiento de la situación social, mientras que la agenda política se desarrollaba paulatinamente pero a un ritmo mucho más pausado a fin de ir midiendo los impactos que iban causando las medidas tomadas y prestando especial atención a que se mantuviera una dialéctica adecuada entre reforma, desarrollo y estabilidad. El PCCh y el gobierno la llamaron una estrategia de “avance paso a paso de manera ordenada”.  Es decir, la estabilidad política interna era condición sine qua non y una granatía para la reforma y la apertura, por ello, los dirigentes chinos plantearon que los dos puntos más importantes eran, desarrollar la democracia en lo político y la reforma en lo económico.

La historia china y la experiencia del último siglo mostraban con creces cuán dolorosa era la pérdida de la estabilidad política y la unidad, las cuales son las dos condiciones de mayor interés para el desarrollo de los procesos vividos en el país en los últimos 2200 años. En esas condiciones, la aplicación de la política de reforma y apertura, no tuvo el correlato en la situación política que mostró en la Unión Soviética como Occidente esperaba. Las consideraciones acerca de la necesidad de la estabilidad política como soporte de la metamorfosis de la sociedad y el Estado en China, pronto tuvieron su prueba de fuego cuando en 1989 estallaron disturbios políticos que tuvieron su epicentro en la Plaza Tiananmen en Beijing y otras ciudades, buscando una inserción en el país de reformas de corte occidental, las que pusieron en juego la posibilidad de desarrollo y avance de las medidas tomadas a partir de 1978.

La respuesta contundente del gobierno chino hizo alusión a la necesidad de mantener la estabilidad interna so riesgo de quiebre de la unidad política del país. Así lo hizo saber Deng Xiaoping en dos ocasiones, tanto al presidente de Estados Unidos George H.W. Bush en febrero de 1989 y en octubre del mismo año, cuando conversó con el ex presidente Richard Nixon, a ambos le dijo lo mismo “La estabilidad es más importante que cualquier otra cosa”. De esta manera, se desestimaba de forma definitiva la posibilidad de mutaciones políticas similares a las que estaban ocurriendo en la Unión Soviética y Europa Oriental que fueron consideradas el preludio del fin de la guerra fría.

Este contexto fue el que permitió el avance económico de China. Al llegar al XVIII Congreso del PCCh en 2012, las mayores aspiraciones eran conservar los fundamentos que dieron origen a ese partido y no olvidar su misión principal que era la construcción del socialismo con peculiaridades chinas, luchando “incansablemente por materializar el sueño chino de la gran revitalización de la nación”, que culminaría con la creación integral de una sociedad modestamente acomodada.

Desde que el marxismo fue introducido en China, los primeros militantes y fundadores del PCCh se propusieron utilizar su teoría científica para buscar soluciones a los problemas del país. A partir de entonces y a través de los casi 100 últimos años, han hecho denodados esfuerzos para encontrar respuestas a cada reto que se ha planteado.

Hoy, el PCCh entiende que la construcción socialista pasa por lo que han denominado el “gran sueño chino”. En esa medida, todo el Partido se ha volcado a fortalecer más conscientemente su convicción en el camino, la teoría, el sistema y la cultura lo que han llamado las cuatro convicciones y no seguir ni el viejo camino del enclaustramiento y el anquilosamiento, ni el mal camino de cambiar su bandera por otra, sino mantener su firmeza en lo político, perseverar en un trabajo sólido para vigorizar el país, persistir y desarrollar el socialismo con peculiaridades chinas.

En torno a este importante tema, empeñándose en la guía del marxismo-leninismo, el pensamiento de Mao Zedong, la teoría de Deng Xiaoping, el importante pensamiento de la triple representatividad y la concepción científica del desarrollo, manteniendo la idea de buscar la verdad en los hechos, adoptando una actitud realista y práctica, y perseverando en el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, el PCCh con una visión completamente nueva en estrecha combinación con las condiciones del tiempo actual y las nuevas exigencias de la práctica, ha profundizado en la comprensión de la ley del ejercicio del gobierno por parte de los partidos comunistas, la ley de la construcción socialista y la ley del desarrollo de la sociedad humana, y ha llevado adelante una ardua exploración teórica al respecto, obteniendo importantes logros en la innovación teórica, creando así el pensamiento sobre el socialismo con peculiaridades chinas de la nueva época que es la forma como entienden su sociedad y la manera de transformarla a corto, mediano y largo plazo.

El pensamiento sobre el socialismo con peculiaridades chinas da continuidad y hace un aporte en el desarrolla del marxismo-leninismo a través de las contribuciones que se han ido haciendo a lo largo de la historia, no sin cometer errores, algunos de ellos, generadores de graves consecuencias.

En la actualidad, ese proceso ha cobrado renovada fuerza y se expresa como la “chinización” del marxismo, que es expresión de la cristalización de las experiencias prácticas y de la sabiduría colectiva del pueblo, constituyéndose en un importante componente del sistema teórico del socialismo con peculiaridades chinas, por lo que no hay dudas que mantendrán este pensamiento durante largo tiempo y lo seguirán desarrollando sin cesar, no obstante las incomprensiones y el menosprecio de Occidente.

La práctica no tiene límites, como tampoco los tiene la innovación teórica. El mundo está cambiando a cada instante, como también lo hace China. En este marco, el PCCh se ha propuesto seguir los pasos de este tiempo en lo referente a las teorías, dominar progresivamente las leyes objetivas e impulsar constantemente la innovación teórica, práctica, institucional y cultural.

En este marco, el presidente Xi Jinping ha insistido en la necesidad de lograr el firme desarrollo de la labor ideológica entendiendo que ésta determina el rumbo de avance y el camino de desarrollo de la cultura, en esto le da prioritaria importancia a continuar haciendo una adaptación coherente y creativa del marxismo a las condiciones de China, construyendo una ideología socialista dotada de una poderosa fuerza conductora para incorporar y cohesionar estrechamente al pueblo en torno  a los ideales y las convicciones, a su propia concepción de valores y conceptos morales.

En la etapa que ha seguido al XIX Congreso del PCCh realizado en octubre de 2017, Xi ha insistido en la necesidad del apertrechamiento teórico para hacer que el pensamiento sobre el socialismo con peculiaridades chinas eche hondas raíces en el pueblo, para lo cual se han planteado profundizar en la investigación y la construcción teórica del marxismo, acelerando la creación de unas ciencias sociales y una filosofía con peculiaridades chinas y fortaleciendo la construcción de laboratorios de ideas que deben ser dotados de dichos conocimientos.

En su informe a este Congreso, Xi hizo un llamado  a:  “Que todo el Partido y el pueblo de todas las etnias del país se unan estrechamente en torno al Comité Central del Partido, enarbolen la gran bandera del socialismo con peculiaridades chinas, avancen con un espíritu pujante y se entreguen completamente a su cometido, continúen luchando por cumplir las tres tareas históricas: el impulso de la modernización, la culminación de la reunificación de la patria y la salvaguardia de la paz mundial y la promoción del desarrollo conjunto, hasta lograr el triunfo definitivo en la culminación de la construcción integral de una sociedad modestamente acomodada, conquistar la gran victoria del socialismo con peculiaridades chinas de la nueva época, materializar el sueño chino de la gran revitalización de la nación china y hacer realidad la aspiración del pueblo a una vida mejor”.

He ahí el proyecto chino para la construcción del socialismo, que como se observa ha tenido continuidad en el tiempo, lo cual hace prever que China perseverará en la lucha por su consecución. Nuestro problema es entender esta tarea estratégica en términos de la temporalidad del mismo. Sus tiempos no son los nuestros, he ahí -desde mi perspectiva- la principal dificultad para comprenderlo. La finitud del tiempo occidental –hablando en términos filosóficos- no tiene correspondencia en China donde el carácter infinito del tiempo permite pensar en la realización de obras materiales y sociales en muy largos plazos. He ahí la explicación de la construcción de todos los tramos de la gran muralla china durante 22 siglos de labor continua.

Si la perspectiva socialista en China no fuera realidad, sería difícil comprender que Donald Trump dedicara parte de sus últimos dos discursos en las más recientes asambleas generales de la ONU a desprestigiar su ejecutoria. El 20 de septiembre de 2017 expuso que: “…el socialismo ha sido implementado fielmente. Desde la Unión Soviética hasta Cuba y Venezuela, donde quiera que se haya adoptado el verdadero socialismo o comunismo, se ha generado angustia, devastación y fracaso. Aquellos que predican los principios de estas ideologías desacreditadas solo contribuyen al sufrimiento continuo de las personas que viven bajo estos crueles sistemas”.

Y el 25 de septiembre de 2018: “Prácticamente en todas partes donde se ha intentado el socialismo o el comunismo, ha producido sufrimiento, corrupción y decadencia. La sed de poder del socialismo conduce a la expansión, la incursión y la opresión. Todas las naciones del mundo deberían resistir el socialismo y la miseria que trae a todos”.

¿Por qué preocuparse tanto por una ideología “desacreditada” y “fracasada”?. ¿Sigue creyendo usted amigo lector o lectora que la confrontación que desató Estados Unidos contra China es solo comercial? Saque sus propias conclusiones.

sergioro07@hotmail.com

domingo, 23 de junio de 2019

¿Hacia dónde va China? (Parte 1)



 Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
Hace aproximadamente un mes publiqué en este mismo espacio dos artículos titulados “Mucho más que una guerra comercial. El conflicto de Estados Unidos contra China” en los que daba datos para argumentar las razones por las que considero que existe un trasfondo mucho más profundo y de carácter estructural en este conflicto. Creo que darle denominación de “guerra comercial” da sustento a una parte de la contienda: su condición de guerra, pero no la otra, la de ser estrictamente comercial.


En ese sentido apuntaba a entregar información que permitía razonar sobre este ámbito, afirmaba que había una base política y filosófica en esta contienda que, si bien no retrotrae a la guerra fría, coloca otra vez sobre el tapete del debate internacional elementos de carácter ideológico que parecían haber desaparecido de las discusiones sobre la estructura y el contenido del sistema internacional.

A este respecto, algunos lectores de estas líneas me escribieron para preguntarme que quería decir al hacer tal afirmación. Este trabajo pretende, sino dar respuesta total a la pregunta, al menos entregar algunos elementos de análisis para que cada quien se forme su propia idea al respecto.
Aunque es imposible agotar este tema en uno o dos artículos, daremos algunos elementos, que asocian la discusión a la diatriba que emana de la controversia respecto de si China volvió al capitalismo o si se encuentra en la primera fase del socialismo y lo que es aún más importante, si su devenir apunta a un definitivo retorno al capitalismo o si el desarrollo de la sociedad y los planes gubernamentales orientan al país hacia el socialismo.

En una larga carta -inédita hasta ahora en su totalidad- que el comandante Ernesto Che Guevara le escribiera a Fidel Castro el 26 de marzo de 1965, poco antes de su partida al Congo y que fue publicada en La Habana el pasado 14 de junio en conmemoración del 91 aniversario de su natalicio, como parte del libro “Epistolario de un tiempo. Cartas 1947-1967”, el Che hace un extenso análisis en el que profundiza en 4 temas específicos: errores en la política económica, sistema de financiamiento presupuestario, función del partido y recomendaciones generales.

En el primero de ellos, rememorando a Marx, se refiere a los períodos necesarios para la construcción de la nueva sociedad. Después de hacer una profunda critica a la Unión Soviética y a los países socialistas de Europa con los que Cuba sostenía especiales relaciones y “hacer una crítica constructiva, por si puede servir para mejorar algunos problemas que continúan siendo graves”, afirma que: “China tardará centenares de años en tener el ingreso per cápita de los Estados Unidos. Aún si consideramos que el ingreso per cápita es una abstracción, midiendo el salario medio de los obreros norteamericanos, cargándole los desocupados, cargándole los negros, todavía ese nivel de vida es tan alto que a la mayoría de nuestros países le costará mucho llegar a él. Sin embargo, vamos caminando hacia el comunismo”.

Aunque China, no había comenzado a desarrollar la política de reforma y apertura y se encontraba en medio de la debacle por la “revolución cultural”, el Che fue capaz de proyectar sus ideas sobre el futuro. En ese contexto, estableció que un aspecto básico es el de la “técnica” la cual, según él, junto a la toma de conciencia conducen al comunismo en una fase ulterior.

Para explicarlo se hace unas preguntas y las responde de la siguiente forma: “…qué es la producción si no el aprovechamiento cada vez mayor de la técnica; y qué es el aprovechamiento cada vez mayor de la técnica si no el producto de una concentración cada vez más fabulosa de capitales, es decir, una concentración cada vez más grande de capital fijo o trabajo congelado con relación al capital variable o trabajo vivo. Este fenómeno se está produciendo en el capitalismo desarrollado, en el imperialismo. El imperialismo no ha sucumbido gracias a su capacidad de extraer ganancias, recursos, de los países dependientes y exportarles conflictos, contradicciones, gracias a la alianza con la clase obrera de sus propios países desarrollados contra el conjunto de los países dependientes. En ese capitalismo desarrollado están los gérmenes técnicos del socialismo mucho más que en el viejo sistema del llamado Cálculo Económico que es, a su vez, heredero de un capitalismo que ya está superado en sí mismo y que, sin embargo, ha sido tomado como modelo del desarrollo socialista”.

La velada crítica al modelo soviético, no esconde sin embargo su aceptación de la necesidad del desarrollo de la tecnología y la obtención de capitales, que en ese momento eran cotos exclusivos del capitalismo incluso en su fase imperialista, pero intuye que en él se encuentran “los gérmenes técnicos del socialismo”.
No ha inventado nada nuevo, solo ha encontrado en la teoría marxista los instrumentos económicos para construir el socialismo. Es coincidente con una frase emitida por Deng Xiaoping en 1962: “No importa si el gato es blanco o es negro, lo que importa es que cace ratones”, exponiendo de esa manera la contradicción principal de la época. Pero, sobre todo, entendiendo una elemental aseveración de Lenin: “El problema fundamental de la revolución, es el problema del poder”. La posibilidad de avanzar hacia la construcción del socialismo y la aceptación táctica de expresiones económicas capitalistas durante la primera fase son posibles en la medida de no existencia de dudas respecto de la orientación estratégica socialista del proceso. Eso se garantiza cuando el poder real emana de los trabajadores y se manifiesta con la posesión de las armas necesarias para la defensa de la revolución.

Al respecto, en 1994, Deng expuso que: “En lo teórico debemos llegar a comprender que la diferencia entre capitalismo y socialismo no reside en problemas como la disyuntiva planificación o mercado. En el socialismo también hay economía de mercado, igual que existe control planificado en el capitalismo. ¿Acaso en las condiciones del capitalismo ya no hay control alguno y uno puede portarse a su libre voluntad? ¡El trato de nación más favorecida no es otra cosa que control! No se crea que practicar cierta economía de mercado es seguir el camino capitalista. ¡Nada de eso! Tanto la planificación como el mercado son necesarios. Sin desarrollar el mercado, uno no tiene acceso ni siquiera a la información mundial, lo que significa resignarse a quedarse a la zaga”.

Al referirse al mismo tema, el Che, intentando descubrir las causas que ocasionaban algunos frenos visibles en la estructura de la economía cubana enunció en la carta antes mencionada que: “Se nos puede decir que todas esas pretensiones nuestras [se refiere a eliminar categorías capitalistas como mercancía entre empresas, interés bancario y otras y tomar los últimos adelantos administrativos y tecnológicos del capitalismo] equivaldrían también a pretender tener aquí, porque los Estados Unidos lo tienen, un Empire State y es lógico que nosotros no podemos tener un Empire State, sin embargo, sí podemos tener muchos de los adelantos que tienen los rascacielos norteamericanos y técnicas de fabricación de esos rascacielos aunque los hagamos más chiquitos. No podemos tener una General Motors que tiene más empleados que todos los trabajadores del ministerio de Industrias en su conjunto, pero sí podemos tener una organización, y, de hecho, la tenemos, similar a la General Motors. En este problema de la técnica de administración va jugando la tecnología; tecnología y técnica de administración han ido variando constantemente, unidas íntimamente a lo largo del proceso del desarrollo del capitalismo, sin embargo, en el socialismo se han dividido como dos aspectos diferentes del problema y uno de ellos se ha quedado totalmente estático. Cuando se han dado cuenta de las groseras fallas técnicas en la administración, buscan en las cercanías y descubren el capitalismo”.

En China, la política de reforma y apertura iniciada en 1978, encaró estos dos aspectos como uno solo, dando respuesta -de alguna manera- para China a las inquietudes que el Che esbozaba para Cuba.

Deng Xiaoping fue reiterativo en asegurar que el camino de China era el camino del socialismo. En mayo de 1985 durante una reunión con un académico taiwanés insistió en que en China iban a persistir en el socialismo “…y de ningún modo emprenderemos el decadente camino capitalista” estableciendo que la distinción entre socialismo y capitalismo es que el primero persigue “la prosperidad común de todo el mundo, en lugar de desembocar en la polarización entre ricos y pobres”, reiterando que se debe tratar con severidad a los que pugnan por la liberalización burguesa e infringen la ley. El problema del poder nunca ha estado al margen del pensamiento chino, sobre todo cuando se le relaciona con la idea confuciana de que lo más importante es garantizar la estabilidad del país.

En diciembre de 1986, en una reunión con dirigentes del Comité Central del Partido Comunista, fue enfático en decir que: “Al aplicar la política de apertura al exterior, captar la tecnología extranjera y utilizar fondos del exterior, lo hacemos tan solo como algo suplementario de la construcción socialista, sin permitir que esto nos aparte del camino socialista”.

En abril de 1987, durante una reunión con Lubomir Strougal, primer ministro de Checoslovaquia, reiteró que: “El primer punto que hemos deducido de nuestra reflexión [respecto al desarrollo de la economía] es la necesidad de persistir en el socialismo y, para tal efecto, librarse de la pobreza y el atraso, desarrollar en sumo grado las fuerzas productivas y, de este modo, hacer valer las características del socialismo como sistema superior al capitalismo”.

Al mes siguiente, Deng recibió a Alfonso Guerra, alto dirigente del Partido Socialista Obrero Español. Le explicó que el PNB per cápita de China en 1980 era de 250 dólares anuales y que se habían propuesto duplicarlo para 1990 y llevarlo a 1.000 dólares para fines del siglo XX. Expuso que, aunque seguiría siendo bajo por habitante, el poderío del Estado habrá crecido considerablemente. En ese momento, Deng le dijo a Guerra que esperaban llevarlo a 4.000 dólares en los primeros 30 años del siglo actual. Vale decir que 2018 cerró con un PIB per cápita de 16.000 dólares. Proyectando esa cifra, Oscar Ugarteche, Investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM de México aseguró que, en 2045, el PIB per cápita de China superará al de Estados Unidos.

Después de la larga explicación que le hizo a Guerra en la que amplió la información con muchos detalles probablemente desconocidos por el dirigente español, Deng aseguró que eso era sólo el primer paso, pero admitió que el segundo no sería fácil y el tercero mucho más difícil que los anteriores, pero precisó con absoluta convicción que “…al construir el socialismo, China se propone demostrar con hechos la superioridad de este sistema”.

sergioro07@hotmail.com

domingo, 16 de junio de 2019

Vida, pasión y… pronta muerte del Grupo de Lima



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
En 1945, al finalizar la segunda guerra mundial, se constituyó un nuevo sistema internacional que daba cuenta aproximada de la correlación política de fuerzas en el planeta, pero que en gran medida respondió a la imposición de Estados Unidos, el gran vencedor en la conflagración, sobre todo porque su territorio no fue tocado por el conflicto y su aparato industrial estaba intacto. También concurrieron a la creación de esta situación la mínima cantidad de bajas que sufrió ese país en comparación con Europa y China y su participación de última hora (menos de un año) en la verdadera guerra que fue la que se desarrolló en Europa, a pesar que ha querido magnificar hasta hoy el carácter de las acciones bélicas contra Japón en el Pacífico y Asia.


Así, Estados Unidos modeló el mundo a su medida sin poder evitar que la Unión Soviética y China jugaran un papel protagónico, la primera por su gran potencial económico y su participación decisiva en la guerra, y China, que a pesar de haber quedado devastada tras 14 años de ocupación japonesa, hizo valer sus 540 millones de habitantes (más del 20% de la población mundial) para incorporarse a la nueva instancia de poder global: el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Estados Unidos añadió a sus dos aliados europeos: Gran Bretaña y Francia. De esa manera quedó configurado el verdadero poder mundial que vino a ser complementado en 1949 con la creación de la Organización del Atlántico Norte (OTAN), brazo militar de Estados Unidos en el mundo, en alianza con países militarmente subordinados

Pronto, tal estructura tuvo su correlato en América Latina, solo que en su área de influencia directa, Estados Unidos no tuvo cortapisas para diseñar un “traje a su medida”, que se hizo efectivo tras el surgimiento del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) en 1947 y la Organización de Estados Americanos (OEA) en 1948, lo cual concretó el ancestral sueño panamericano basado en la Doctrina Monroe.

Así como la Organización de Naciones Unidas (ONU) fue creada por 51 Estados, la OEA lo fue por 21, pero al ser expulsada Cuba en 1962 redujo su membrecía a 20 países. Los procesos de descolonización y desmembramiento produjeron una explosión de crecimiento que llevó a que hoy la ONU tenga 193 integrantes y la OEA, 34, tras la salida de Venezuela en abril pasado.

En el caso de la OEA, estos países a los que se agregó Canadá en 1989 acompañaron a Estados Unidos en casi todas sus acciones intervencionistas y violatorias del derecho internacional a lo largo de cinco décadas. México, tuvo la gloria de haber sido el único país en no haberse plegado a la decisión del organismo de romper relaciones con Cuba.

La OEA sirvió durante décadas para justificar, dar soporte, apoyar y coordinar acciones que sirvieron para que Estados Unidos cometiera todas sus satrapías en la región. Ningún país que tenga un gobierno decente puede dar argumento alguno que explique las razones de su permanencia en esa instancia del gobierno de Estados Unidos que tiene forma de organización internacional.

Sin embargo, el proceso de descolonización que vivió el planeta a partir de la década de los años 60 del siglo pasado también llegó al Caribe, países pequeños pero con una clase política que salvo contadas excepciones, posee una alta formación política, cultural y educativa, un fuerte orgullo nacional y una honra y dignidad a toda prueba, produjeron una transformación en la correlación de fuerzas regional en favor de la democracia, la solidaridad, la humanidad y el respeto al derecho internacional y a la buena convivencia entre naciones. Los países grandes de América del Sur se dieron cuenta que existían cuando fue necesario recurrir a ellos para conseguir votos que necesitaba alguno de sus personeros, a fin llegar a la máxima jerarquía dentro de la OEA o a otro cargo de elección en un organismo internacional.

Antes que la OEA, el TIAR feneció cuando quedó expuesta la falsedad de sus sustentos durante la guerra de las Malvinas en 1982 en la que a Estados Unidos convenientemente se le olvidó la Doctrina Monroe poniéndose del lado de la potencia extra continental agresora, solo que en este caso se trataba de su principal aliado, criterio suficiente para dar aval a la embestida británica.

Posteriormente, la OEA también comenzó a desmoronarse, los países del Caribe y otras naciones que en ese momento tenían gobiernos independientes en la región, presionaron hace exactamente diez años, en junio de 2009, hasta que la OEA tuvo que aceptar la reintegración de Cuba al organismo de donde -como se dijo antes- fue expulsada ignominiosamente en 1962. Pero la isla de Martí y de Fidel, poseedora de una política exterior independiente y soberana, no le interesó volver a formar parte de ese engendro imperial. Su cancillería comunicó que: “Cuba no ha pedido ni quiere regresar a la OEA, llena de una historia tenebrosa y entreguista, pero reconoce el valor político, el simbolismo y la rebeldía que entraña esta decisión impulsada por los gobiernos populares de América Latina”.
Estados Unidos se dio a la tarea de buscar un secretario general que viniera de las filas de quienes aparentemente no eran sus aliados para darle un barniz progresista a la institución. Lo encontró de la mano de la superficialidad y banalidad habitual de José Mujica quien propuso a su ministro de relaciones exteriores. Como es habitual, los renegados y traidores suelen actuar con más saña y alevosía que los abiertos enemigos. Parafraseando a Silvio Rodríguez, este tipo de alimañas necesitan “…buscarse un rinconcito en sus altares”, es decir, en los altares imperiales.
Almagro se plegó rápidamente al ideario de la administración Trump que se ha propuesto violentar el derecho intencional y la propia estructura del sistema global y americano. En su alienada ambición de destruir a Venezuela, Almagro, ni siquiera escatimó en atropellar la propia Carta de la organización que dirige en el objetivo de lograr una expulsión que justificara legalmente la invasión armada a la República Bolivariana. Después de intentarlo todo sin éxito, se vio obligado a aceptar que el objetivo no había podido ser cumplido y acató sin inconvenientes que Estados Unidos creara una nueva instancia que se encargara de hacer lo que la OEA no pudo. Así nació el Grupo de Lima bajo la idea de la inminente caída del gobierno de Venezuela.

Diecisiete países a través de diferentes modalidades se subordinaron a Estados Unidos después que éste les ofreció participar de la rapiña que sobrevendría a la caída del gobierno de Venezuela. Poco a poco algunos se fueron retirando al observar que la realidad marchaba en dirección contraria a lo que Estados Unidos les había prometido. Los caribeños que participaron de este inédito método de cartelizar la política, propia de organizaciones mafiosas y de delincuentes dieron progresiva marcha atrás.

Solo quedaron los 12 apóstoles que a diferencia de los que estaban con Cristo, se trataba de 12 Judas escuchando a su redentor que en este caso era el Dios del mal, de la muerte, del envilecimiento, de la agresión, del avasallamiento y del dolor para la mayoría de los pueblos de la humanidad.

Resulta interesante, observar que ha pasado con ellos. Entre los creadores del engendro estaban los mexicanos Enrique Peña Nieto y su canciller Luis Videgaray, de este nadie se acuerda, Peña Nieto solo sale en los medios por el rompimiento de su acuerdo matrimonial con Televisa, que lo obligó a casarse con una actriz de esa empresa a cambio de hacerlo presidente. Andrés Manuel López Obrador hizo retornar la política exterior de su país a su accionar jurídico tradicional de respeto al “derecho ajeno” para construir la paz, alejándose en los hechos del Grupo de Lima.

El anfitrión del evento en agosto de 2017, Pedro Pablo Kuczynski no pudo cumplir su cometido, ni siquiera a pesar que se inventará una Cumbre de las Américas contra la corrupción a fin de ocultar sus propias acciones delincuenciales que hoy, después de menos de dos años en el cargo, lo tiene preso preventivamente para investigar sus actos al margen de la ley.

Santos, el ex presidente colombiano, hoy está más preocupado de su enfrentamiento con su mentor Uribe que de otra cosa. De su canciller María Ángela Holguín, quien usó el cargo más para satisfacer anhelos personales que otra cosa, desapareció de la memoria de la mayoría. Tal vez sus “virtudes” no sirven al margen de la responsabilidad gubernamental.

A Bachelet, por servicios prestados, Estados Unidos le regaló un cargo en la ONU donde sigue sirviendo a su amo. Su canciller y principal activista del grupo de Lima, dirige un partiducho cuya ideología está basada en el oportunismo político para obtener cargos públicos. Tras intentar transformarse en adalid de la guerra contra Venezuela y del libre comercio por órdenes de sus mentores en Washington, pulula sin éxito por los pasillos que transita la putrefacta clase política de su país
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Es cierto que Bachelet y Santos fueron sustituidos por satrapías similares en sus respectivos países, los nuevos cancilleres dan pena. El colombiano Carlos Holmes Trujillo, llegó al ridículo de pedir apoyo a Rusia, China y Cuba para derrocar a Maduro, lo cual, como ha reconocido públicamente el propio presidente Duque es una obsesión personal que lo persigue. Holmes Trujillo llegó hasta el extremo de viajar a Moscú para convencer a su colega Serguei Lavrov de la necesidad de cambiar al gobierno de Venezuela por vías distintas a las electorales. La respuesta negativa de Rusia fue contundente. El presidente Putin no perdió el tiempo y no recibió al uribista.

Por su parte, Roberto Ampuero, que tanto empeño puso en poner a Chile en la vanguardia de la conspiración anti venezolana fue amargamente expulsado del gabinete del presidente Piñera y de su puesto como canciller. Ampuero junto a otros cinco ministros ha tenido que cargar con la responsabilidad por la abrupta caída del apoyo popular a Piñera que en la última encuesta llega solo a 26%, 15 puntos menos que en la anterior medición. El presidente le atribuye a Ampuero el fracaso de la operación Cúcuta el 23 de febrero cuando le aseguró que tras la entrada de la ayuda humanitaria a Venezuela, las fuerzas armadas se iban a quebrar y se podría instalar a Guaidó en el gobierno del país.

Piñera se empeñó personalmente en tal despropósito y no ha podido superar el ridículo que le hizo pasar su canciller. La cara de circunstancia que mostró junto a Duque y Guaidó al día siguiente de la fallida invasión a Venezuela, fue clara expresión de su convicción de que Ampuero era un incapaz que debía ser removido, solo había que esperar el mejor momento para que pasara inadvertido. Y ese momento llegó esta semana. Ampuero se fue con más pena que gloria.
Mientras tanto, como dijo un importante dirigente de la oposición venezolana: “…si alguien llama por teléfono a Miraflores, el que contesta es Maduro”.

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