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miércoles, 6 de noviembre de 2019

¿Si Evo Morales fuese blanco?



Por Ollantay Itzamná:

Las reacciones simbólicas y materiales, incluso antes de los resultados finales del reciente proceso electoral boliviano, evidencian que las condiciones ontológicas de la “bolivianidad plurinacional” aún continúan presas del atavismo racista.

Los 13 años del “proceso de cambio” hacia el Estado Plurinacional, muy aplaudido en el exterior, al parecer, fue un barnizado muy delgado que a la primera “arenga contra el indio” se descascara mostrando las convicciones racistas más despreciables en distintos nichos sociales. Y lo más irrisorio es que justamente esta enfermedad social supura desde bolsones sociales de la clase media, y sectores urbanos, rotulados con sendos títulos académicos.



¿Si Evo fuese blanco?

Si bien en las cortes de Cádiz (1810), y en la Constitución Política de España (1812), se había debatido y aprobado que “todos los habitantes de las Américas, en igualdad de condición, podían ser electos representantes políticos”. Más, sin embargo, los registros documentales indican que cuando los representantes indígenas ganaban curules o gobiernos locales (ayuntamientos), los españoles y/o los criollos, mediante impugnaciones legales (o anulación de procesos electorales) impedían que los indígenas electos asumiesen sus funciones. Casos como los de Arequipa, Perú, son ilustrativos de estas prácticas.

El 20 de octubre pasado, mediante una jornada electoral participativa, tranquila y transparente, Evo Morales ganó las elecciones presidenciales en Bolivia por cuarta vez consecutiva. Pero, los actores políticos opositores (la gran mayoría provenientes de la vieja clase media), sin presentar prueba alguna de fraude que reclamaban, difundieron y difunden sendos mensajes racistas contra Morales y sectores indígenas.

La Reina Isabel II de Inglaterra puede estar en el poder 65 años consecutivos (sin que medie elección popular alguna), pero un indígena no puede ser reelecto presidente de forma indefinida.

Ángela Merkel, Canciller de Alemania, puede gobernar su país democráticamente por más de 14 años consecutivos, o los franceses pueden reelegir de forma indefinida a sus gobernantes, pero si los indígenas de Bolivia lo hacen, es considerado antidemocrático, dictatorial. Mucho más si el presidente es indígena.

El Jefe de Gobierno del Estado del Vaticano puede ser electo de forma vitalicia (de por vida) como gobernante, pero, si los pueblos indígenas reeligen a uno de los suyos como su gobernante, hasta los obispos y cardenales convocan a su feligresía a la desobediencia civil.

En los 13 años de gobierno, Evo Morales legó grandes transformaciones materiales a Bolivia y evitó que este país se convirtiese en la Honduras o Guatemala de América del Sur. Pero, como es indígena, la esquizofrénica clase media boliviana asume que dichos cambios no son cambios positivos. Al “indio” no se le reconoce ningún mérito.

Uno de los legados morales del presidente Morales es la ética del trabajo. No existió en América Latina otro dignatario que haya trabajado un promedio de 18 horas diarias como Morales. Pero, como para los “patrones y sus caporales” de América Latina el indio es haragán por naturaleza, entonces la laboriosidad de Morales no es ninguna virtud.

Sectores clasemedieros, encabezados por el triste y pusilánime historiador Carlos Mesa, presumen (sin prueba alguna) que Evo Morales hizo fraude en las recientes elecciones porque para ellos el indígena por natura es delincuente. En el imaginario de ellos, no existe un indígena honesto. Es más, su certeza de la natura delictiva de Evo se afianza en que quien Preside el Organismo Electoral Plurinacional de Bolivia es una mujer indígena con pollera. “Entre indios se socapan”, es la convicción que habita a “los mistis”, al parecer.

Lecciones de las reacciones al resultado electoral

Bolivia, en 13 años de proceso de cambio, evolucionó materialmente, pero moralmente continúa atávica a sus taras fundacionales. El país, a nivel general, aparenta transitar por los senderos de la democracia liberal, pero en el fondo se encuentra atascada en la repugnante estratificación social castiza. Se constata que las diferentes protestas sociales contra el “supuesto fraude electoral” expresan más la convicción racista que la vocación democrática.

La estructura estructurante de la colinealidad republicana que subsiste incólume en la Bolivia Plurinacional no puede continuar siendo “la postergada tarea” durante el proceso de cambio boliviano. Urge desmontar los mitos de la modernidad racista que se afianzaron aún más en estos últimos años.

No es suficiente con distribuir dinero a los empobrecidos para afianzarles en el sueño del “desarrollo” suicida. No es suficiente con abrir escuelas y entregar títulos universitarios que a su vez afianzan el “orgullo individual” racista del boliviano.

Quienes habitamos en Bolivia podremos tener dinero, títulos, carreteras, satélites… pero, si continuamos escupiendo a lo que en esencia somos (plurinacionales), la esquizofrenia identitaria y cultural jamás nos permitirá despegar del lastre en el que nos encontramos como sociedad (en especial en los sectores de la clase media).

rcortescal@yahoo.es

sábado, 16 de marzo de 2019

En defensa de la soberanía y la paz


Por Yury Weky Silva:

Hay un proceso de cambios en Venezuela, que se inicia en 1999 con una base jurídica: la Constitución. Ésta norma una Democracia distinta a la representativa, que se había vivido en los últimos cuarenta y dos años. En el preámbulo de la Carta Magna se lee:
El pueblo de Venezuela en ejercicio de sus poderes creadores e invocando (…) el ejemplo histórico
de nuestro Libertador Simón Bolívar y el heroísmo y sacrificio de nuestros antepasados (…) con el fin de refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica (…) que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad (…)


Se define el nacimiento de otra Venezuela. El pueblo empieza a leer y a reconocerse en esa nueva Ley, la hace suya y empieza también a parecer una distinta sociedad de inclusión a través de la Misiones. La clase trabajadora excluida, ignorada y marginada da nuevos pasos para construir la nueva sociedad participativa y protagónica. Los débiles se fortalecen y emprenden una lucha para ser respetados, valorados y reconocidos. Están conscientes que son ciudadanos con derechos sociales y que representan la mayoría. Aparece en su ejercicio diario las palabras: Patria y Soberanía.

Estas van insuflando en el imaginario colectivo el sentimiento de pertenencia, la alegría de ser venezolanos y van recreando en cada accionar la conciencia de tener un pasado heroico de libertad, de lucha y de victorias con el líder histórico Simón Bolívar. El renacer de la Patria es también el renacer del hombre y la mujer que se involucra en la lucha diaria para nuevas conquistas sociales y políticas. Empieza un proceso de mirada al pasado para configurar los pasos del arte, la cultura, releer la Historia, la reivindicación de los líderes anónimos, los saberes, la búsqueda en las raíces de todo lo que lo identifique.

Ese proceso casi iniciático reafirma las voluntades para alcanzar el poder popular. Ya no hay amordazamiento y el pueblo tiene voz para la crítica, para la opinión, para levantar el brazo izquierdo con el puño cerrado símbolo del que está presto al combate. Lo arenga un líder que habla como el pueblo, que piensa en ellos y que dice: “Chávez no soy yo, Chávez somos todos”, La identidad con la Patria se fusiona con la identidad del líder. El pueblo alegre confía que el camino de libertad de soberanía u paz que predica la Carta Magna es alcanzable y que las dificultades son propias del proceso que vive., Hay un reencuentro con los antepasados que dieron su vida en los gobiernos puntofijista en búsqueda de la justicia social y se reivindican todos los que fueron víctimas de la represión durante la Democracia representativa. Se produce un acercamiento en la lectura de vidas en el seno de las familias y el compromiso por defender los logros se acera, 
Se ha sembrado en la conciencia los conceptos de soberanía y paz tal como dice el preámbulo de La Constitución. Además, hay un reconocimiento del enemigo, Ya no hay velos que oculten las miradas del pueblo. Sabe identificar quien es el opresor, el explotador y qué es el poder hegemónico.  El pueblo por siglos excluido va a la universidad y está en la calle informado y formándose. Se ha producido un cambio en las mayorías.

El conocer al opresor trae consigo un nuevo concepto que maneja en su habla cotidiana: El antiimperialismo. Se desarrolla una claridad ideológica- que si bien no es extraída del estudio de los clásicos sino del hacer diario, de la participación, del escuchar los discursos del líder, de los periódicos, de los libros que se editan en  el Proceso Bolivariano- va conformando  el pensamiento revolucionario.

Difícil de engañar el venezolano y la venezolana, Ya sabe cuál es el camino para alcanzar la paz, no le amilanan las amenazas del poderoso país del norte, ni el bloqueo, ni la escasez inducida, ni las palabras de Thomas Jefferson – aquel tercer presidente de EEUU – que en su afán expansionista, colonizador e invasor dijo:  

“Nuestra Confederación debe ser
considerada como el nido desde
el cual toda América,
así como la del Norte como la del Sur,
habrá de ser poblada.
Más cuidémonos de creer que interesa
a este gran Continente expulsar
a los españoles.
Por el momento aquellos países
se encuentran en las mejores manos,
y sólo temo que estas resulten
demasiado débiles
para mantenerlos sujetos hasta
que nuestra población
haya crecido lo suficiente para írselos
arrebatando pedazo a pedazo”.

El pueblo venezolano no se dejará arrebatar pedazo a pedazo la Patria, ni sus riquezas por el expansionismo y la expoliación norteamericana. Este pueblo siente y sabe lo que significa la defensa de la Soberanía y la Paz.

Yury Weky Silva
Premio Accesit El Nacional 1968.
Autora de:
1.            -La Revolución es un Camino sin Tregua. (2003) Depósito legal : If2522003320339
2.            -Por Los Caminos. (2005) Depósito Legal: If25220058003885.   ISBN :980-12-1564-X
3.            -Caminos de Revolución. (2007) Depósito Legal If 25220073201101     ISBN: 980-12-2474- 7

Coautora de:
1.            -El socialismo en el siglo XXI. (2006) Depósito legal If2212008000360 ISBN 980-396-024-5
2.            -Pedro el Insustituible. (2008) Depósito legal LF 95320089203152 ISBN 978-980-6838-17-8
Autora de:
1.            -Viaje al interior de mis lecturas (lectura crítica)
2.            -Desde el Compromiso. (Opinión política)
3.            -Cuentos cortos de dolor y amor (Relatos)
4.            -Mi alma al desnudo.  (Poesía)
5.            -Voces de ausencia. (Relatos) Registro 9900 de fecha 22 06 2012 Inscripción 01787
6.            -Desde del sol de Maturín. (Artículos) Registro 9966 de fecha 17 7 2012 Inscripción 017956. 
7.            -Mujer dispara por la vida.  (Artículos) Registro 10660 de fecha  26  04 2013 Inscripción 01 8691.

wekyyury@hotmail.com

martes, 2 de octubre de 2018

El discurso oficial y la praxis socialista y Chavista


Por Homar Garcés:

La liturgia, la jerga y los rituales utilizados regularmente por el chavismo gobernante y que rememoran -en mayor o menor medida, según como sean éstos observados- la ortodoxia de la vieja izquierda marxista-leninista son, contrariamente a lo pensado y buscado por sus promotores y principales beneficiarios, elementos que sirven para cuestionar y poner al descubierto su propia praxis al mando del Estado.

El cuerpo doctrinario del chavismo, al emparentarse prácticamente sin discriminación alguna con todos los ismos derivados de la teoría de la historia iniciada por Karl Marx y Friedrich Engels, vuelta ahora en teoría política (o teoría social crítica) se muestra muy al gusto de intelectuales y militantes de las organizaciones (en especial, extranjeros) que se identifican con estos postulados, dando por sentado que bastará con su sola enunciación para transformar, por ejemplo, a un empresario y a sus trabajadores -de los cuales, valga aclarar, extrae la plusvalía que lo enriquece- en émulos consumados del socialismo revolucionario, lo que se extiende a burócratas y militares que estarían (según la nomenclatura oficial) subordinados al poder popular revolucionario debidamente organizado.

Si a ello se le agrega el hecho cierto del culto a la personalidad de Hugo Chávez y, ahora, de Nicolás Maduro, bien se podrá concluir, sin pecar de exageración, que existe una perversa apología de la revolución, semejante a lo hecho en la extinta Unión Soviética, con las consabidas consecuencias que ello tuvo para el futuro de la revolución socialista en este extenso conjunto de naciones, lo mismo que a escala mundial. Todo esto aceptado acríticamente, incluso por quienes disponen de un mayor bagaje ideológico e intelectual (como los exmilitantes del Partido Comunista y de la Liga Socialista, por ejemplo) respecto al conocimiento teórico del socialismo.

Lo que debiera ser y consolidarse como una amplia alianza de fracciones de clase, orientada a la conquista definitiva del poder y a la constitución de una nueva hegemonía (de extracción popular, claro está) sólo sirve para asegurar y multiplicar los votos requeridos por la dirigencia chavista en cada elección nacional, regional y municipal.

Además, se debe decir que entre las filas del chavismo se obvia que la eficacia de la maquinaria estatal tiene que estar orientada a producir una finalidad dinámica y, como tal, ajustada a los requerimientos de la amplia población sobre la cual éste actúa. En este caso, la finalidad sería la solución de los problemas públicos. En un primer plano. Luego, adicionalmente, una vez reemplazados los viejos patrones burgueses liberales que obstaculizan la práctica cotidiana de una verdadera democracia participativa o directa, contribuir a la protección y a la consolidación de espacios autonómicos, conformados por ciudadanos conscientes, responsables, productivos y emancipados, es decir, capaces de asumir por sí mismos el destino del entorno en que residen, desde la escala local hasta su escala nacional. Ciudadanos que, asimismo, deben estar dotados de una visión más amplia de la vida social que la simple visión de una convivencia interna, armoniosa y satisfecha de sí misma; volcada exclusivamente hacia el grupo o comunidad a que pertenecen o están integrados. Inspirados todos, sería lo ideal, por una voluntad (individual y colectiva, sin que alguna margine o subordine a la otra) de hacer algo en común que trascienda lo existente hasta ahora. –
mandingarebelde@gmail.com

viernes, 8 de junio de 2018

Queda aún algo por hacerse en nombre de la revolución bolivariana


Por Homar Garcés:
¿Queda algo todavía por hacerse en nombre de la Revolución Bolivariana frente al empobrecimiento (forzado, inducido y/o permitido) de la esperanza popular? En el caso de una mayoría del pueblo venezolano, sí. Y mucho. En cambio, para aquellos desencantados de la vieja izquierda revolucionaria, muchos pasados ahora a las filas de la oposición, los tiempos se agotaron por completo, quedando todo en mero discurso.

Para quienes sólo aspiraron ascender política y económicamente, éste es el momento más oportuno de alcanzar estas metas personales, así aún se hable de revolución y de socialismo desde los púlpitos del gobierno y del PSUV. No obstante, hay también revolucionarios de convicción que aún luchan y mantienen en alto, pese a estas y otras circunstancias adversas que conspiran en su contra, la vigencia del proyecto histórico de la Revolución Bolivariana; poniendo de relieve la experiencia histórica y cultural de las prácticas democráticas del pueblo, a fin de alcanzar los más altos niveles de coherencia ante un presente caótico que hace conjeturar un futuro incierto. 

Javier Biardeau R., en su artículo Las cenizas del “nuevo socialismo bolivariano del siglo XXI”, resume lo “que el propio Chávez en vida logró afrontar en diversas coyunturas: a) eficacia política, b) responsabilidad social, c) ética del bien común, d) capacidad tecno-política y e) claro liderazgo situacional”. Cuestiones estas que los sectores populares demandan del estamento burocrático-militar gobernante, pero que éste no ha sabido canalizar o articular oportuna y debidamente. En especial, cuando la crisis económica del país (y la corrupción que ella ha institucionalizado o legalizado, a los ojos de todos) oprime a los sectores populares, máximamente a los de mayor vulnerabilidad, y no se vislumbra siquiera una salida a corto o mediano plazo -si no es acogiéndose a las fórmulas neoliberales en boga- que acabe con la misma. Una situación que otros analistas y políticos de la talla de Luis Britto García, el ex Fiscal General de Venezuela Isaías Rodríguez y el excomandante guerrillero Julio Escalona han expuesto de una u otra forma, alarmando al estamento gobernante  
   
Esta realidad exige replantearse de un modo objetivo, sin sectarismo, el proyecto histórico de la Revolución Bolivariana, a la luz de los acontecimientos de estos últimos años. No es, por tanto, una cosa imposible plantearse recuperar y reorientar la propuesta bolivariana de instituir un modelo social, político, cultural y económico distinto al existente; moldeado asimismo por la práctica cotidiana de una democracia participativa y protagónica que supere los límites legales y extralegales de la representatividad para acceder a un mayor estadio de democracia, en este caso, el de una democracia directa e incluyente. Como tampoco lo es plantearse (dentro de este mismo proyecto histórico) el manejo práctico del excedente productivo-económico por parte del pueblo y con prioridad a la inversión y al gasto social, todo lo cual supondría un avance importante orientado al logro de un mayor grado de ciudadanía activa y de convivencia con alto sentido de comunidad.

Esto exige entender, de igual modo, que la lucha por lograr estos propósitos emancipatorios no es un asunto meramente nacional. Es una lucha de alcance mundial, aunque, de momento, localizada en un escenario local. Supone también enfrentar y eliminar la ideología dominante que legitima la existencia y las relaciones sociales derivadas del sistema capitalista global y su expresión política, el Estado burgués liberal. En esto habrá coincidencias, sin duda, totales o parciales, con otros movimientos políticos, gremiales y/o sociales, con los que habrá que articular -indefectiblemente- acciones orientadas a conseguir, en una primera instancia, las reivindicaciones enarboladas por cada uno de ellos, pero sin dejar de perseguir como un objetivo fundamental, en una instancia posterior y permanente, la toma total del poder. Para escándalo de algunos, la Revolución Bolivariana mantendría así su vigencia intacta como proyecto y como realización.

mandingarebelde@gmail.com

domingo, 11 de marzo de 2018

El poder Popular y su reto permanente


Por Homar Garcés:

Como lo describiera Fabricio Ojeda en su libro «La guerra del pueblo», escrito en los difíciles tiempos que marcaron la insurgencia armada en campos y ciudades de Venezuela, también podría afirmarse en el presente que «estamos en presencia de una jornada histórica que compromete a todos los venezolanos patriotas. Es la independencia y no un interés subalterno lo que está en juego; es la liberación nacional que reclama al pueblo, en toda su unidad patriótica, civil y militar, grandes y duros sacrificios, en momentos que las condiciones nacionales e internacionales son factores a su favor y contrarios al imperialismo».



Esto implica trabajar arduamente en función de una insurrección creativa en lo teórico y en lo práctico que involucre y comprometa realmente la mayor suma posible de voluntades en el esfuerzo común diario de pensar y construir un nuevo tipo de sociedad.

Dentro de este orden de ideas, quienes se adhieren a dicho esfuerzo tendrán que desprenderse, como paso inicial de su decisión, de mucho del bagaje ideológico sectario y ortodoxo que puedan exhibir, de modo que se entienda, sin equívoco alguno, que la lucha así planteada rebasa el marco de la participación electoral acostumbrada. De igual forma, se debe advertir que ésta implica confrontar y abolir la explotación capitalista, lo que conduce, ineludiblemente, a un enfrentamiento con los sectores dominantes (no sólo los representados por la derecha tradicional) y con la hegemonía imperial consuetudinaria de Estados Unidos.

Todo esto en un amplio programa de transformación estructural permanente que trascienda la visión reformista de aplicar medidas coyunturales que tiendan a disminuir -gradual o drásticamente- los índices de pobreza y fomentar una justa distribución de la riqueza nacional. A la par de ello, no se puede soslayar la búsqueda y consolidación de un verdadero proceso de integración con los pueblos de Nuestra América, en términos de respeto mutuo, antiimperialismo y complementariedad, sin que se limite a lo estrictamente económico y/o político.

En un sentido general, esto no será factible sin la conformación del poder popular de modo soberano, liberado de la tutela e influencia sectaria de los diferentes partidos políticos funcionales al Estado burgués liberal y la democracia representativa. Pero esto no se concretará con su simple enunciación. Será imprescindible también el combate descolonizador en lo ideológico-cultural, dado que muchas de las contradicciones, tensiones y fracturas que presentamos como sociedad organizada tienen su origen en el eurocentrismo; cuestión a la que pocos prestan importancia, pero que determina gran parte de las actitudes y concepciones compartidas, tanto por quienes se definen (o definimos) de derecha como de aquellos que se ubican a su izquierda.

En virtud de ello, cualquier asomo revolucionario distinto de un poder popular soberano tendrá que vérselas -inevitablemente- con la lógica imperante del capitalismo (no por capricho «izquierdista») y su derivado político, el Estado burgués liberal, legitimado, entre otras cosas, por la democracia representativa. Debe comprenderse, asimismo, que es preciso que los sectores populares -sometidos a un mismo sistema de explotación, desigualdad y exclusión- adquieran conciencia del lugar a que son relegados, lo que les permitirá superar (por cualquier medio legal o extralegal a su disposición) las difíciles condiciones materiales que les ha tocado «vivir».

Esto exige desenmascarar la realidad regida y moldeada según la ideología y los intereses de los sectores dominantes, contribuyendo a la promoción y consolidación de experiencias autonómicas propias de los sectores subordinados, lo que desembocaría en una nueva hegemonía, esta vez de carácter popular y, subsiguientemente, democrática. En el caso de aquellos que pregonan, a nombre del pueblo, la instauración de una revolución socialista o izquierdista, habría que recordárseles es una negación enorme de la democracia participativa y protagónica que los sectores populares no puedan ejercer ni construir un poder popular efectivo a través de sus diferentes organismos de autogobierno.

Al respecto, Javier Biardeau, en «Democracia socialista y socialismo burocrático», advierte que «la democratización intensiva y extensiva del poder social es el único antídoto conocido para que la revolución ininterrumpida coloque el énfasis en el proceso revolucionario instituyente u no en la forma instituida, en el fetiche instituido, impidiendo la cristalización burocrática y el devenir de la experiencia de una ´nueva revolución traicionada´». Al plantearse, por consiguiente, la cuestión del poder popular, hay que resaltar y reconocer el espíritu práctico, autónomo e independiente que ha de caracterizarlo e impulsarlo en todo momento. Tiene que ser consecuencia de una voluntad colectiva efectiva que traspase el umbral de lo meramente reivindicativo (sin dejar de ser una razón importante) y sea capaz de llevar a cabo toda su potencialidad, en lo que se vincula con su quehacer cotidiano, su concepción del mundo y las diferentes formas de resistencias culturales que han moldeado su conciencia y su estilo particular de vida.

En otras palabras, el reto histórico permanente que le corresponde asumir al poder popular soberano debe orientarse al logro de la debida expansión y el ejercicio de la democracia participativa y protagónica, creando, a su vez, redes socioproductivas diversificadas que aseguren su autogestión.-
mandingarebelde@gmail.com

sábado, 3 de febrero de 2018

¿Ganaron la guerra las élites colombianas?

Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:

La economía de mercado y el ejercicio político ya no se definen ni en la política económica la una, ni en la legitimidad de los propósitos de gobierno, la otra. Las dos están mezcladas, sacaron del lenguaje la existencia de lo público y la democracia participativa y funcionan conforme al marco de relaciones de poder local, sin salirse del orden global impuesto por el capital, creador de realidades formales sin sustento material. Las relaciones de poder político-económico-militar, las manejan a su antojo empresarios y financistas globales que definen el funcionamiento del universo sin preocuparse por la destrucción, el dolor y el caos que producen sus ansias de poder desenfrenado. A cada estado le queda un pequeño porcentaje de flexibilidad para organizar las actividades del gobierno guiadas por un apetito de poder insaciable y un afán de acumulación sin límite.



En el ámbito local las instituciones del estado y sus gobernantes y directivos parecen desconectados, desactivados respecto al imperativo constitucional de promover la nueva realidad que debe forjarse a partir del acuerdo de paz. No tienen preocupaciones de fondo por producir cambio alguno, las estructuras del poder político, económico y social y sus instituciones siguen iguales al momento en que por todos los flancos se oían bombardeos, balas y soldados presurosos hacia la emboscada. El exterminio de líderes sigue el orden de la lista diseñada y a la muerte de adversarios responden los funcionarios como autómatas leyendo el mismo discurso enajenado. El miedo y el odio continúan siendo inoculados con pos verdades carentes de sentido y las ganancias de pocos contadas en billones muestran el empobrecimiento de los millones de víctimas sin oportunidades.

Las instituciones actúan de la misma manera que antes del acuerdo de paz, se organizan igual, cumplen tareas, trabajan por metas fijadas por expertos autistas y plagiadores de informes y planes sin contexto, en sus acciones prevalece el espíritu de guerra y de seguridad nacional. Siguen poseídas por clientelas de corrupción que ejercen el dominio y reclaman votos. La clase política local controla como antes del acuerdo de paz los cargos y los contratos, manipula presupuestos, decide por los más débiles, los usa, los pone a depender de su voluntad a cambio de un salario o una promesa vacía de mejor futuro, penetra y absorbe el grueso de sectores medios atemorizados y atiborrados de reglas policivas que castigan sus bolsillos y mantienen bajo amenaza su estabilidad y tranquilidad impidiéndoles adelantar juntos un proyecto político común sobre programas de igualdad.

En condiciones de inercia material, aunque haya una relativa efervescencia discursiva, los acuerdos están siendo paulatinamente relevados de las agendas del estado, para que todo siga igual y los antiguos combatientes se diluyan o se esfumen entre la precariedad y la desesperanza, mientras las élites acomodan lo que les falta para declararse definitivamente ganadoras de la guerra. Llega el primer momento decisivo de la deficitaria democracia con el proceso electoral de la posguerra con las Farc y los militantes del partido político, son negados todo el tiempo, invisibilidades, ofendidos, agredidos y rechazados por funcionarios, mientras los  empresarios en su papel de dueños de las cosas, los bienes, los billetes de banco, las acciones, las hipotecas, los muebles y los inmuebles, los cargos y las decisiones parecen no estar enterados de que cuando una guerra se acaba otra realidad debe emerger para cambiar la historia y rediseñar el presente, con otras reglas, con otras maneras de vivir y de desear, no para facilitar que ellos legalicen el despojo y hagan de su voluntad la voluntad popular.

Bastaría tan solo con que las élites reconocieran, respetaran y acataran el cumplimiento de lo acordado para creer que de verdad la paz estable y duradera está en curso con garantías materiales para satisfacer los derechos negados y violentados en nombre de la guerra. Las élites siguen pensando, creyendo y considerando que con la firma del acuerdo de paz ellos ganaron una guerra justa que habían librado contra los insurrectos y que eso los faculta para fijarle precio a lo que conquistaron en esa guerra. Eso creen los partidos y partidarios de la derecha y la ultraderecha, que se ofrecen a reconstruir el país derrotado por ellos mismos, la una defendiendo la explotación y su statu quo y la otra defendiendo la tierra usurpada y las más aberrantes tradiciones de discriminación que anulan libertades.

Las élites se niegan a aceptar —siquiera por diplomacia— que también fueron agresores y sobre todo victimarios que deben aportar a esclarecer la verdad de lo ocurrido y estar dispuestos a recibir la condena que merecen por parte de la justicia especial. Creen al contrario que ganaron la guerra, así lo anuncian, defienden y sostienen por todos los medios empresarios, militares y gobernantes. Hacen creer que la guerra fue entre insurgentes y extraterrestres y que ellos fueron árbitros imparciales que nunca alentaron, decidieron, diseñaron o empujaron hacia la barbarie y la catástrofe y que por tanto han de ser compensados por la sociedad y recibir en beneficio los bienes que  nunca ocuparon como selvas, ríos, minas y subsuelo, sea apelando al sistema de justicia (su justicia) como se percibe a través del fiscal (antes encargado de negocios del mayor potentado) o magistrados que entran del derecho a la política o los negocios o viceversa y venden fallos a favor de multinacionales en contra de la nación o simplemente alientan la fuerza criminal de sus factores armados.

Las élites se portan como conquistadores de nuevo tipo, no actúan con la soberbia del antiguo villano, ni con despotismo, seducen, promueven la creatividad, la inventiva y la innovación, premian a sus más abnegados súbditos y castigan con fiereza a sus contradictores, actúan convencidos que vencieron a sus enemigos por medio del acuerdo de paz y esto les da poder sobre sus vidas, pretenden controlarles sus conductas, sus pasos, sus palabras, sus maneras de ser y de vivir, pero además asumen que deben adueñarse de los territorios ya libres de insurgentes y tomar posesión de las extensas zonas selváticas y campos de producción minera y energética.

De esta manera se mantienen situados como perpetuadores del mismo poder despótico y permanecen en estado de guerra, de cuya injusticia pueden brotar otras rebeliones que no serían una ofensa si no una admisible manera para reclamar la justicia social que sigue aplazada y con inmensas barreras por derribar.  O también puede ocurrir que la gente ocupe las calles y haga temblar los cimientos del poder autoritario que lo controla todo y también la conducta de su pobladores, lo que puede agrupar el descontento y provocar grandes convulsiones o más sencillo si la conciencia colectiva despierta en esta coyuntura y con eficacia política electoral logra derribar el sistema para empezar de nuevo y de otra manera.

mrestrepo33@hotmail.com

viernes, 27 de octubre de 2017

Etapas de la agresión imperialista a la Venezuela Bolivariana y Socialista

Por José Aponte Caña:
Entre la Mecha Lenta y la Media Luna Parte I

La conducta a veces contradictoria, por emplear un eufemismo, de la oposición forma parte de una estrategia que buscar por  un lado, confundir a las fuerzas revolucionarias, y, por otro, mantener a sus seguidores o conservar su capital político-electoral. Sin embargo, si nos detenemos a analizar con más profundidad se percibe que  en el fondo pretende un desgaste progresivo, la mecha larga con la cual nos alertó el Comandante Eterno, para deslegitimar hasta neutralizarla o destruir la institucionalidad revolucionaria.



Este proceso ha pasado por varias etapas que han respondido al momento histórico. Veámoslo a continuación en esta síntesis no  exenta de algunas omisiones por las características del presente escrito. La primera etapa, comenzó cuando en diciembre de 1998 llegó al Palacio de Miraflores por la vía democrática, electoral y pacifica nuestro Comandante eterno Hugo Chávez, como expresión de las esperanzas de la redención social y visibilización de nuestro pueblo humilde y los maltratados sectores medios de la población con su propuesta de democracia protagónica y participativa. Por ello las fuerzas de la contrarrevolución tuvieron que reacomodarse porque todos sus esfuerzos para detener  a las fuerzas patrióticas y bolivarianas les resultaron inútiles: las maniobras electorales previas a las elecciones presidenciales de diciembre de 1998 cuando separaron y adelantaron las elecciones de gobernadores que debían hacerse junto con las presidenciales y la defenestración del llamado Caudillo Luis Alfaro Ucero (Acción Democrática) sustituido por un representante rancio de la oligarquía en el país como es Enrique Salas Römer (Proyecto Venezuela).

En esta etapa, los factores  del bloque histórico contrarrevolucionario asumieron una táctica de espera para recomponer sus fuerzas, y tratar de rodear con políticos, asesores y grupos de poder al Comandante Eterno con el propósito de asimilarlo al sistema o, cuando menos, restarle fuerza dentro de los sectores populares. Es oportuno recordar que nuestra economía capitalista dependiente, con un pronunciado carácter oligopólica y latifundista, como en el presente, se encuentra en manos de un  sector privado con nexos poderosos con capitales transnacionales por lo cual la participación del Estado es débil o casi nula en algunos sectores estratégicos.

Asimismo, hubo una pausa o relativa “luna de miel” porque como tesis política en el gobierno recién electo se adoptó el modelo socio-político de la Tercera Vía  británico que no representaba peligro alguno para el bloque histórico de poder  dominante  a lo interno y a lo externo de nuestra geografía. En este sentido, la Tercera Vía se caracterizaba por su inocuidad frente a las estructuras de poder político y económico en tanto se caracteriza por un reformismo en el cual  las líneas maestras de las políticas públicas  consiste prácticamente en un gatopardismo de “cambiar todas las cosas para dejarlas igual” con un reducido papel del Estado que se relega a mantener reivindicaciones salariales y protección social a la clase trabajadora. Es decir, no representa un peligro para las estructuras políticas y económicas del bloque dominante.

 La segunda etapa, se  dio con la ruptura institucional con el Golpe de Estado en abril de 2002 de clara factura estadounidense por cuanto el entonces presidente norteamericano avaló, y  a través de su vocero del Departamento de Estado,  la salida violenta del presidente Hugo Chávez. Vuelto al poder el 13 de abril el Comandante Chávez, a los pocos meses se produjo el sabotaje petrolero de finales de ese mismo año e inicios del 2003 que se tradujo en una profundización de la Revolución Bolivariana debido a la salida de buena parte de la meritocracia en PDVSA que habían convertido a la estatal petrolera en un Estado dentro del Estado-Nación Venezolano. Las consecuencias económicas del sabotaje fue estimada en aproximadamente 20.000 millones de dólares estadounidense en perdidas,  y vidas humanas; pero el gobierno bolivariano se hizo con el control de la renta petrolera y emprendió un conjunto de políticas inclusivas que permitieron saldar en  buena parte la enorme deuda social heredada de los gobiernos de la IV República con  los sectores populares en pobreza y pobreza extrema y la golpeada clase media.

Parte II. La tercera etapa, comenzó  en el año 2006 cuando con la reelección del Comandante Eterno, este tomó como bandera en su oferta electoral el socialismo y se declara el carácter antiimperialista y anticapitalista del proceso revolucionario bolivariano.  En el contexto latinoamericano se derrota el ALCA gracias a los gobiernos defensores de los intereses de  sus pueblos  que progresivamente fueron floreciendo en Brasil, Argentina, Ecuador, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Nicaragua, El Salvador, Honduras y otros. Por lo tanto, se produce un cambio en la correlación de fuerzas en América Latina y el Caribe que fue enfrentado por el imperialismo gringo recurriendo a golpes de Estado, maniobras jurídico-parlamentarias y manipulación electoral.

Se agudiza la lucha en la OEA hasta que nuestro país se retira de la misma en un gesto de dignidad y respeto a su autodeterminación. Asimismo, se intensifica la campaña mediática de los monopolios transnacionales mediante la desinformación y el descrédito en el exterior contra el gobierno bolivariano para crear las condiciones que justificasen, en la siguiente etapa,  una intervención militar estadounidense por cuanto ya se había dado el paso de declarar el presidente Barack Obama en marzo del  2015 a Venezuela como una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de EEUU, paso previo dado en otras naciones donde el imperialismo gringo ha intervenido militarmente. Esto aunado a la incapacidad de los operadores políticos del imperialismo gringo a lo interno del país demostrados en sus consecuentes fracasos como su giro abiertamente fascista e insurreccional a partir abril de 2013 cuando asume el presidente Nicolás Maduro.

La cuarta etapa, hasta el presente, se inicia con la presidencia del Comandante Nicolás Maduro, luego del asesinato del Comandante Hugo Chávez, que creó desconcierto en el pueblo revolucionario y sus fuerzas políticas hasta que se consolidó el liderazgo presidencial, evento que trató de ser aprovechado por el capital transnacional  unido a  los siguientes aspectos: agudización de la situación del capital estadounidense porque medianamente lograron alcanzar sus objetivos estratégicos con sus intervenciones militares en el norte de África y Medio Oriente, los ataques contra la estabilidad de los precios del petróleo con el propósito de afectar los intereses de Rusia, Irán y Venezuela al producirse un aumento de la oferta mediante la violación de las cuotas por algunos miembros de la OPEP que hicieron retroceder en más del 80% los precios del petróleo y el fracking, la aparición  en el escenario internacional del grupo BRICS con su propuesta de cambiar la arquitectura económico-financiera mundial heredada desde la llamada II Guerra Mundial abiertamente beneficiosa a los interés del capital estadounidense, y otros.
En este sentido, la respuesta del imperialismo gringo es presionar por medios políticos, diplomáticos y económicos para debilitar y destruir la institucionalidad revolucionaria en  nuestra patria. Es decir, la guerra  económica que vivimos en el presente acompañada por el abierto liderazgo del inquilino de la Casa Blanca en la  conspiración internacional de la ultraderecha contra nuestra patria.

En este orden de ideas, la contrarrevolución tratará de aprovechar cualquier espacio para debilitar, neutralizar o destruir la institucionalidad revolucionaria tal como lo demostró su manejo del poder legislativo desde diciembre de 2015, y la infiltración de la Fiscalía General de la República dirigida por una mafia extorsionadora,  y las omisiones criminales en la administración de justicia por parte de la ex fiscal Luisa Ortega Díaz, contra la violencia fascista entre abril y julio de 2017. También es significativo mencionar la elección de la asamblea Nacional Constituyente en julio y los resultados de las elecciones regionales del 15 de octubre en las que se hicieron con la victoria el oposicionismo de entidades fronterizas como Mérida, Táchira y Zulia que deben ponernos en estado de alerta por ser fronterizos con Colombia - país miembro de la OTAN y con 7 bases militares estadounidenses y que enfrentará en el corto plazo serios problemas energéticos y con ambiciones de sus cárteles de drogas de una salida rápida de sus mercancías hacia el mercado estadounidense y europeo -  y nos recuerda la tesis de la Media Luna secesionista sobre  la cual nos alertó el Comandante Eterno. Asimismo, Anzoátegui, un importante estado en el oriente del país por su actividad petrolera y su fachada caribeña. Finalmente, al imperialismo  no se le puede brindar el más  mínimo chance para que alcance  sus objetivos expansionistas y de predatorios.  Por lo cual,  como ayer,  hoy más que nunca se hace necesaria la acción firme de las instituciones del estado- Nación venezolano y la Unidad, Lucha, Batalla y Victoria de todos los  y las patriotas para defender la integridad, bienestar y el legado generacional en la Patria de Bolívar y Chávez. Chávez Vive…la Patria sigue… Independencia y Patria Socialista…Viviremos y Venceremos.
Docente-investigador universitario.

oriental96@gmail.com

miércoles, 24 de mayo de 2017

Constituyente y Revolución Socialista

Por Ernesto Wong Maestre

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela es la primera y única carta magna que se aprobó en la historia de Venezuela mediante el sufragio universal. Ello ocurrió al finalizar el siglo XX por lo que está próximo a cumplir dos décadas. Ese gran acuerdo nacional y pluricultural fue el resultado de la interacción de las diversas voluntades políticas de los hombres y mujeres constituyentistas en representación de movimientos sociales y políticos, instituciones estatales y asociaciones civiles, organizaciones gremiales y empresas de todos los tamaños y tipos, en plena interacción con el Presidente Hugo Chávez Frías quien desencadenó, junto a la mayoría de la sociedad, el proceso más genuinamente democrático que se haya conocido, y sobre una base cultural venezolana. Ello permitió consensuar las divergencias para establecer las normas constitucionales que permitieran comenzar a cambiar todo lo que debía y podía ser cambiado, ya en el siglo XXI, para así dar lugar a iniciar –tal y como ocurrió- el complejo periodo de tránsito del capitalismo al socialismo, por el cual estamos bregando en medio de varios procesos de contradicciones antagónicas, no antagónicas y otras en etapas de convertirse en una u otra.


Hoy el pueblo está más preparado ideológicamente
Hace veinte años atrás, la Constitución que se logró aprobar expresó, por un lado, el sentir mayoritario de unas generaciones que solo habían conocido (padecido unos y beneficiados otros) la praxis capitalista hegemónica y también, gran parte de ellas, se sentía identificada con ese novedoso discurso articulado con muchas vivencias y muchos conocimientos de Chávez. Por otro lado, esa aprobación mostró la otra parte de la sociedad con visión capitalista que votó en contra.

Precisamente esa praxis capitalista y el potencial y poder que ella entraña, ejercido sobre los actores políticos allí representados condicionó el nivel del alcance social de esa Constitución, la más avanzada de América Latina en el marco de la democracia representativa.  Es menester recordar que bajo el paradigma socialista de la genuina democracia o poder del pueblo, la actual Constitución de Cuba, surgida en 1976 con la aprobación del 97,7% de los electores en referéndum nacional,  y modificada por el pueblo en dos ocasiones (1992 y 2002), constituye un efectivo instrumento popular de emancipación, independencia y autodeterminación del pueblo cubano que construyó y aprobó democráticamente desde 1976 y por la vía revolucionaria popular desde abril de 1961: el socialismo como sistema socioeconómico y político.  Tanto una como otra son expresiones del nivel de la conciencia social alcanzada en el cual y sobre el que actúan innumerables elementos de la realidad objetiva, subjetiva e intersubjetiva. 

Después de transcurrir diecisiete años de intensa praxis constitucionalista bolivariana, donde la más sencilla acción gubernamental y estatal, o incluso acción académica del sistema educativo venezolano u operaciones de carácter económico, financiero o militar, están soportadas por las bases jurídicas constitucionales, resulta evidente el elevado nivel alcanzado en la conciencia jurídica, política y social de las grandes mayorías del pueblo en comparación con la existente en 1999. De ello no debe quedar duda alguna.

Hoy el pueblo está más preparado ideológicamente que significa ser más consciente de la gran obra construida y de la que debe construirse, de la justeza del sistema jurídico y de sus escollos, y de la democracia participativa y protagónica que defendemos y de sus limitaciones. Esa es una buena condición para preparar nuevas normas constitucionales que potencien más a Venezuela y su proyecto de vida en el mundo.

Las decisiones las construirá el Pueblo mediante el estudio profundo
Por tales razones, hoy se presenta ante esas grandes mayorías de la población, el reto de tener el necesario  "sentido del momento histórico" y comprensión de la batalla actual entre dos fuerzas de naturaleza antagónica (bloque histórico-bloque explotador), para interpretar cabalmente el nivel alcanzado por la conciencia popular -a veces imperceptible para el imaginario no reflexivo-  y así poder hacer la primera Constitución chavista del siglo XXI porque el pensamiento y deseos de Chávez fueron dirigidos hacia eso, a preparar al pueblo para que en cada momento necesario se hiciese en el campo jurídico –ante todo- lo que pudiese hacerse ante determinada correlación de esas fuerzas en conflicto. Y por ello él siempre hablaba de la "masa crítica" necesaria para cada salto cualitativo de la Revolución.

Si no lo damos con la magnitud que hubiera deseado Chávez es por todos estos obstáculos objetivos, subjetivos e intersubjetivos al conocimiento que estableció y sigue tratando de fijar el neoliberalismo como pensamiento y acción consciente o inconsciente en todos los ámbitos de la vida. Pero el salto -con mayor o menor magnitud-  se dará, gústele o no al imperio, a la burguesía, a sus leales ignorantes o a sus “tontos útiles”. Las decisiones para formar la ANC las construirá el pueblo mediante el proceso de estudio colectivo para poder comprender cada lineamiento, cada biografía de las personas propuestas, cada planteamiento de cada candidato o candidata y el momento histórico que se vive para poder tener sentido de él. 

¿Qué hacer en esta fase?
Los lineamientos para el debate constitucionalista originario sugeridos por el camarada Nicolás Maduro, Presidente de esta hermosa y valiente Venezuela, deben ser desglosados en dimensiones y elementos a debatir, vinculados y relacionados muy estrechamente, con la propia identidad de la venezolanidad, a cada sector social y a cada espacio geográfico en que se elegirán los Constituyentes que formarán la Asamblea Nacional Constituyente de manera que quienes mejor defiendan las propuestas concretas y sigan la dirección político-social-económica del legado del Comandante Supremo y Eterno, Hugo Chávez, y las instrucciones del camarada Nicolás, sean los que deben elegirse en cada sector o espacio donde se realizarán las elecciones de los constituyentes.

Tal y como reconocía el gran Chávez, estamos en la plena Vía al Socialismo, y el camino de convocar al pueblo para que defina  sus jalones de libertad, su alcance de independencia y su plena soberanía, y se auto determine política, social y económicamente, es el camino correcto, y el dúo Líder-Pueblo, su principal defensor.
wongmaestre@gmail.com


martes, 16 de mayo de 2017

Constituyente popular para la paz y el avance revolucionario

Por Alcides Alejandro Murua

Es convocado una vez más el poder constituyente, esta vez con la intención de transformar el Estado y darle rango constitucional a los avances sociales plantean unos, pero sin duda debería ser para plasmar en el texto fundamental las formas del gobierno popular, avanzar en la democracia participativa y protagónica, principio central que designa la identidad política de la Venezuela Bolivariana en Revolución.



¿Era lo apropiado? ¿Estamos en el momento indicado? ¿Nos toca discutir una vez más sobre las formas y principios que las deben orientar? Varias respuestas pueden surgir a cada interrogante, pero debe quedar claro, basta con escuchar al Presidente Nicolás Maduro para estarlo, las circunstancias históricas nos trajeron hasta aquí. El feroz ataque continuo, permanente, integral y global contra la Patria, sumado a los errores propios, nos tienen en un punto de inflexión que debemos superar, la forma escogida es la más chavista posible: ¡Me la juego con el pueblo!

Otra certeza es que parte importante de la oposición tiene la guerra en su agenda, la confrontación, el generar acciones permanentes para construir la “ingobernabilidad”, son públicos y notorios los llamados, pero sobre todo los silencios que justifican y alientan el crimen, el vandalismo y la violencia. Ya a esta altura, luego de 20 días de esta nueva arremetida la presión sobre ellos (y sus amos foráneos) aumenta y con ella surgen acciones que cada vez van aumentando el tono y los saldos de muerte.

Allí la constituyente se convierte en un mecanismo para sostener a toda costa la paz, será una “mesa de diálogo” con la sociedad entera, con sus fuerzas sectoriales y territoriales, con voto directo y secreto, en el marco del cuerpo jurídico vigente, así el otro para el dialogo somos todxs y no una reducida porción de la clase política que se niega a generar espacios para la solución democrática al conflicto. Es lo expresado por todxs lxs vocerxs del gobierno pero la oposición sigue y seguirá en su plan, salir de Maduro y de la revolución a toda costa.

Por ello uno de los peligros a desactivar es que se debe garantizar la constitución misma de la asamblea y para ello el llamado a los sectores organizados debe tener varios objetivos: construir una agenda de lucha que permita construir una real unidad revolucionaria y los mecanismos para defenderla en cualquier escenario. Aquí otra certeza: el pueblo en la calle ha servido para conjurar los ataques del enemigo, pero las movilizaciones han sido convocadas en el marco de una política general, ahora toca avanzar en la movilización popular con objetivos claros para defender desde ya los avances y profundizarlos.

Esta experiencia debe ser cualitativamente distinta al proceso constituyente pasado, aquí toca defender, construir y avanzar en los procesos políticos sociales y económicos que el pueblo viene desarrollando en el marco de la lucha feroz contra las diversas adversidades, sólo los aportes que expresen los enormes vacíos jurídicos y los mecanismos que la burocracia, la corrupción y el enemigo usan para frenarnos y sus posibles soluciones serán fundamentales para adaptar la Constitución Bolivariana al nuevo escenario planteado.

Esto implica construir un proceso constituyente popular que sirva para realizar aportes pertinentes al libro de la comunidad, nuestra Constitución Bolivariana, pero en ese mismo accionar debe consolidar los mecanismos para la defensa necesaria en cualquier escenario de la organización, producción y Patria.

En el caso de no verse como proceso constituyente, popular de defensa y avance se corre un grave peligro que ya hemos visto en más de una oportunidad, se puede desatar una lucha mezquina por ser candidato, por ser constituyente, situación que desataría una irresponsable confrontación interna que reducirá a la mínima expresión la posibilidad misma del triunfo. En este momento de crisis, la unidad real para abordar a las mayorías será la clave para avanzar. También, hay que decirlo, no puede ser un ensayo más para entusiasmar de parte del gobierno, tiene que superar con creces las limitantes del reciente ensayo con el Congreso de la Patria, no debe ser un espacio para dirimir las internas del PSUV. En ambos casos la responsabilidad histórica debe prevalecer.

Por ello, creemos que lo principal es forjar el espacio de construcción de aportes y mecanismos permanentes de consulta con los sectores para luego de esto elegir a lxs candidatxs, nunca debemos perder de vista que es un mecanismo para sostener la paz con el enemigo al asecho.

Y es algo que no se puede perder de vista ni un segundo: estamos en días de una contundente ofensiva del enemigo que sólo en un caso extremo algunxs se sumaran a la constituyente, eso implica que debemos avanzar con la claridad del peligro que nos acecha, sobre todo por la presión internacional y las opciones que tiene el imperio para entorpecer la vida diaria de lxs Venezolanxs. Allí un doble reto para mantener la paz y la patria: avanzar con el pueblo para neutralizar a la derecha que sostiene una ofensiva y superar la crisis desde nuestras capacidades productivas.

La mayoría del enemigo no detendrá su ofensiva y sus mecanismos para sojuzgar al pueblo en el campo económico, allí esta lo central para lograr la paz duradera.

Esto nos plantea un reto importante, se debe posicionar la constituyente en dos sentidos: es un instrumento que sostendrá la paz en el país, pero también activará de forma efectiva la protección del pueblo en sus derechos económicos, a la par, no toca esperar tener los aportes en la constitución, la tarea es hoy. El gobierno junto al pueblo tiene la obligación de generar sin excusa alguna todas las acciones para garantizar la normalidad, en el marco de las dificultades actuales, sino corremos el riesgo de empujar a la gran mayoría, que no asume la violencia, pero exige soluciones concretas, a los brazos de la derecha, dando así un resultado totalmente contrario a lo esperado con la consulta popular.

Por ello el control de precio (medida gritada por miles en la pasada marcha del 1 de mayo y que el Presidente asumió, constituyendo comisión que analice su activación junto a las fuerzas organizadas del pueblo) y reforzar la producción y distribución son prioritarios, fundamentales, pero además deben estar acompañadas por mecanismos claros para activar de manera expedita, en los casos de que se detengan o sea necesario, la producción de fábricas y/o cualquier unidad productiva (pública o privada) bajo control obrero, campesino y comunal. Es un escenario previsible en el marco de la ofensiva del enemigo y debemos estar preparados.

Compartimos la postura del Presidente Nicolás Maduro, la constituyente es un mecanismo extraordinario para desactivar la crisis política generada por la derecha, pero no podemos perder nunca de vista que no es la única que vivimos y deben todas ser atendidas con la misma fórmula: con el pueblo de protagonista.

Esta convocatoria abre una oportunidad revolucionaria, sin lugar a duda, eso sí en momento adverso, en el más duro enfrentado por la revolución, eso no lo podemos nunca perder de vista que en ese marco se juega un proceso histórico y nuestro futuro como Patria.

Aquí estaremos para esa lucha, con el ejemplo de Chávez y de mil batallas vencidas de este pueblo, así se forjó nuestra historia, con victorias.


alemur47@yahoo.com.ar

viernes, 18 de noviembre de 2016

PPT Cabimas; impulsa Refundación de la ciudad.

Por Edwin Martínez.

Quienes nacimos en esta tierra desde mediados del siglo pasado, nos tocó vivir el auge de la industria petrolera que el escritor Jesús Prieto Soto definió con la duda razonada; "bendición o maldición".
Previo al inicio de la explotación petrolera nuestro pueblo semi rural se caracterizó por la siembra, la pesca y artesanía, era una población mezclada con gente proveniente de la región andina y falcón.


Posterior a la explosión del pozo los Barrosos, comenzó el movimiento demográfico, llego gente de varios rincones del planeta y este incremento de la población trajo consigo la mezcla cultural con impacto en las relaciones económicas, políticas y sociales, pero la "fiebre del oro negro" se tragó la cotidianidad del pueblo originario.

El precio de la fama de nuestra tierra pronto se hizo universal, de niños todos soñaban con trabajar en alguna filial de las antiguas Lagoven, Maraven y Pequiven, hoy agrupadas por la revolución en PDVSA.
Así se inició el desarrollo utópico de un pueblo dueño del recurso energético que alimentaba la lógica del sistema capitalista excluyendo a la mayoría del pueblo y su propia lógica fue configurando el ejército de reserva de mano de obra barata y desocupada que solo esperaban tener alguna oportunidad de ingresar ocasionalmente en alguna de las áreas de la industria petrolera.

Fue así como se estableció la cultura de la dependencia de la renta, se abandonó la producción primaria y se comenzó la construcción artesanal y sin planificación de la mayoría de las comunidades que actualmente existen en zonas que en otrora fueron inhóspitas porque eran humedales.
El incremento de la población, la dependencia de la renta, el abandono de las actividades productivas previas a la explotación del petróleo genero toda una desproporcionada distribución de bienes y servicios como el agua por tubería, red de aguas servidas, vialidad, aseo urbano, transporte hoy obsoletos porque su fundación estuvo pensada para una cantidad de habitantes que hace décadas hemos duplicado.
En este contexto se hace pertinente nuestra propuesta para Refundar la ciudad y construir a partir del ejercicio del Poder Constituyente "la ciudad que queremos con la ciudad que tenemos".

No es una simple consigna nuestra bandera; tiene rango Constitucional desde el preámbulo y tiene rango legal con las leyes del Poder Popular que nos dejó como tarea urgente y necesaria el Comandante Chávez.
Es bien importante caracterizar que la auténtica herencia de Chávez es la Constitución, el Plan de la Patria, el Estado Comunal y el Golpe de Timón. Si revisamos el contenido de lo antes mencionado nos da la luz para encaminar hacia el punto de no retorno con la Refundación del Espacio Local.

Por esta razón hemos formalizado ante el Concejo Municipal de Cabimas el Proyecto de Adecuación de la Ordenanza de CLPP cuyo tratamiento en cámara no ha recibido el carácter de prioridad legislativa que el momento histórico demanda; el Presidente Maduro tuvo que acudir al TSJ y al Poder Popular para la aprobación del Presupuesto Soberano 2017 y esta competencia está regulada por ley para el Sistema Nacional de Planificación Participativa Territorial que agrupa desde cada comunidad a las Consejeras y Consejeros que a su vez forman parte del CLPP, del CEPCPPP en la región que corresponde y a nivel nacional ante el Consejo Federal de Gobierno para Planificar, Ejecutar y Controlar el gasto público para enfrentar la guerra no convencional que debería estar dirigido hacia la ejecución de proyectos productivos que nos permitan dejar la dependencia de la renta petrolera, satisfacer nuestras necesidades existenciales al precio justo y construir el nuevo modelo político y económico inspirado en el constituyente que formuló el texto Constitucional que es el principal objetivo de los enemigos del pueblo para desmantelar las conquistas del pueblo.

En esta dinámica que nos supera en tiempo y espacio es importante tener claro el catastro social que lo integran todas las expresiones de la organización social de base; consejos comunales, CLAP, comités de tierra urbana, mesas técnicas de agua, comités de salud, misiones y grandes misiones que con el trabajo conjunto le darían la razón y la fuerza a la refundación del espacio local.
Secretario General PPT Cabimas.

@juanparao edwinmartinezespinoza@gmail.com