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miércoles, 7 de octubre de 2020

Uruguay: luces y sombras de una elección municipal

 Por Carlos Flanagan:  

A 48 horas de estas elecciones, intentaremos comenzar a desgranar algunas primeras impresiones. 

Un necesario aviso previo 

                Dado que muchos lectores no conocen las leyes electorales uruguayas, considero necesario dar un breve marco referencial de las mismas.

La reforma constitucional plebiscitada y aprobada el 8 de diciembre de 1996, conocida como “la Constitución de 1997” introdujo algunos cambios sustanciales en materia electoral, a saber:

             Se establece una candidatura partidaria única a la Presidencia. Para ello se introducen en el texto constitucional las elecciones internas o primarias, previas a las elecciones nacionales que se llevan a cabo en el último domingo del mes de octubre cada cinco años. En ella se eligen los cargos de presidente, vicepresidente, Senadores y Diputados.

             Se introduce el mecanismo de la segunda vuelta o balotaje entre las dos candidaturas más votadas, en el caso que ninguna obtenga la mayoría absoluta de los votos, en el último domingo de noviembre.

             Se separan el el tiempo las elecciones municipales, que pasan a realizarse en el mes de mayo del año siguiente a las nacionales. En ella se elige para cada uno de los 19 Departamentos del país (equivalente a Estados en otros países) el cargo de Intendente (equivalente a Gobernador de un Estado en otros países) y a los ediles integrantes de la Junta Departamental (parlamento). Al mismo tiempo se eligen los alcaldes que gobiernan los distintos Municipios - creados por ley del año 2009 - en los que se divide cada Departamento.  

Siendo la primera elección en el continente desde la aparición de la pandemia, existían dudas en cuanto a la participación ciudadana y al desarrollo de la misma. Podemos decir con satisfacción que la participación fue alta, similar a la elección municipal pasada, rondando en el 85% del electorado y como es habitual en nuestro país, el desarrollo fue ordenado, sin mayores inconvenientes. 

Las luces 

Para la izquierda, encarnada en el Frente Amplio, fue positivo volver a triunfar en la capital Montevideo por séptima vez consecutiva, donde gobierna desde 1990. Lo mismo respecto a Canelones (por cuarta vez consecutiva); departamento limítrofe, y el segundo en cantidad de población del país. Entre ambos tienen más del 55% de la misma.

En ambos casos mejoró su votación respecto a la elección municipal anterior, superando en ambos departamentos el 51%. 

Asimismo, volvió a ganar por segunda vez consecutiva en el departamento de Salto, en el norte del país.

Y si bien no son elecciones estrictamente comparables, como dato podemos decir que el FA mejoró en 3,8 puntos porcentuales su votación en todo el país respecto a las elecciones nacionales de octubre del pasado año. 

Las sombras 

Si bien era un objetivo fundamental retener el gobierno en Montevideo y Canelones, no se puede cerrar los ojos ante el hecho de que se perdieron los gobiernos en otros tres departamentos: Paysandú, Río Negro y Rocha. De seis gobiernos en 2015 se baja a la mitad en esta elección.

En síntesis: de las 19 Intendencias en disputa, el Partido Nacional pasa a gobernar en 15, el FA en 3 y el Partido Colorado en uno. 

Algunas alertas y conclusiones 

Decíamos anteriormente que no son comparables las motivaciones de los votantes en una elección nacional que en una municipal. Esta segunda es una elección pautada por una mayor cercanía entre el votante y la candidata o el candidato a Intendente Departamental y lo es mucho más aún con la persona que se postula a una Alcaldía de un Municipio. 

Y es en este último aspecto que la izquierda vuelve a mostrar algunas deficiencias que explican algunos resultados negativos. 

Como ejemplo de lo dicho, aparte de perder las Intendencias en los tres Departamentos ya mencionados, vemos cómo en Montevideo habiendo ganado la elección en general, se perdió la alcaldía de uno de los seis municipios (de un total de ocho) en los que se gobernaba, luego de haber desarrollado una muy buena gestión en él durante dos períodos consecutivos.

Lo mismo sucedió en otros municipios emblemáticos para el FA: San Carlos y Piriápolis en el Departamento de Maldonado o Chuy y Lascano en el Departamento de Rocha. 

Estas deficiencias – comunes a la mayoría de las fuerzas políticas progresistas de la región - ya fueron analizadas en un artículo anterior.  

En él nos referíamos al error de pensar que una buena gestión de gobierno de por sí aseguraba la fidelidad del respaldo popular; olvidando la necesidad del trabajo sistemático de educación política de las masas que asegurara no sólo su voto en una elección, sino su participación en el desarrollo del proyecto político de los cambios, que genere y afiance su sentido de pertenencia; única garantía de toma de conciencia para su defensa. 

Concluíamos en que era urgente asumir y analizar estos errores en un proceso de autocrítica por parte de la fuerza política. Auténtico; sin apelar a falsos “consensos semánticos” (en los que somos especialistas) que terminan trampeando la verdadera discusión político ideológica que nos debemos; con amplia participación de sus militantes de base, para en una posterior instancia intercambiar las conclusiones con las otras fuerzas de izquierda de la región. 

De no encarar esta tarea bien y de una vez por todas, seguiremos cosechando derrotas. 

Pero sigo confiando plenamente en las reservas políticas de nuestros militantes frenteamplistas que bregarán por impulsarla; y que con su denodado esfuerzo cotidiano mantienen vigente esta singular construcción unitaria – sabia mezcla de coalición y movimiento - próxima a cumplir 50 años. 

carlos.flanagan@gmail.com

miércoles, 5 de agosto de 2020

El incremento del salario es impostergable Jesús Farías



Por Carlos Luna Arevalo:
Culminando el mes de julio se ha suscitado una interesante polémica entre dos economistas quienes, estando ubicados en la misma acera ideológica, han expuesto disparidad de criterios en el tema referente a las políticas salariales del gobierno.

A mi modo de ver, aunque Farías puede que tenga mucho de razón cuando argumenta que el Estado actualmente no tiene capacidad para ofrecer el incremento de salarios a los niveles que todos necesitamos y deseamos, y por el que aboga Curcio, los datos que ofrece Pascualina sobre cuánto se ha enriquecido la burguesía en estos últimos años despiertan suspicacia entre quienes estamos recibiendo la parte “más reducida de la torta” de la economía venezolana, para no decir los que apenas recibimos las “migajas de torta”.


Farías acusa a Curcio de “emplear una fraseología revolucionaria con la pretensión de manipular el tema tan sensible y complejo de los salarios”. De esta manera va desmontando las que califica como “manipulaciones” que expone Pascualina en “Los salarios: en la empresa privada y en la administración pública (II)”.

Para los venezolanos de a pie, sin ser expertos en economía, especialmente para quienes padecemos la dura realidad de sueldos y salarios deprimidos, no es un secreto que los capitalistas, como dice Pascualina, se han enriquecido en los últimos tiempos más que nunca. Mientras la gran mayoría recibe salarios y pensiones que no cubren ni las necesidades más básicas, los dueños de capital (empresarios, industriales, comerciantes, etc.) “se embolsillan una tajada cada vez mayor de la riqueza que producen los trabajadores”, dicho en palabras de Curcio.

Entiendo que algunas de las medidas que propone Pascualina, como medio de recuperación de sueldos, salarios y pensiones no se pueden implementar, dado los niveles de contracción económica del país (siendo una economía rentista que dependen de la exportación de petróleo), asumiendo la caída severa de la producción petrolera, sin dejar por fuera el contexto de recesión económica mundial consecuencia del covid-19, pero no es menos cierto que las denuncias de Pascualina sobre la evasión fiscal de los capitalistas es un mal crónico que siempre redundará en una distribución desigual de la riqueza, siempre favoreciendo a los capitales, en detrimento del pueblo trabajador.

Parece que tiene razón Farías cuando dice que, si el gobierno ofreciera incrementar los salarios y pensiones más allá de lo que su mermada capacidad de pago le permite, estaría cometiendo un fraude, especialmente considerando el impacto de las sanciones económicas y financieras y el estancamiento de la actividad petrolera.

No entiendo que Curcio ponga en duda, en sus argumentos, “el esfuerzo gigantesco que hace el gobierno para atender al pueblo”, al cual apela Farías como defensa del gobierno. Pasqualina plantea más bien que la distribución de la riqueza, que no es otra que la proveniente de la renta petrolera, se equilibre, dado que hasta ahora los grandes beneficiarios son los capitalistas, mientras el pueblo recibe la menor parte.

Farías desmiente que el Estado sea un “explotador” de los trabajadores y en su argumentación claro que su tesis queda bien parada, pero lo que pone Curcio sobre la mesa es que la mayor parte de la renta petrolera termina quedando en manos de la burguesía. El Estado tiene un papel fundamental en la “redistribución de la renta”, si algo enseñó Chávez, en estos últimos tiempos, fue precisamente la necesidad de redistribuir la renta petrolera favoreciendo a quienes históricamente fueron marginados de la riqueza petrolera.

Farias admite que la revolución tiene una deuda en lo relacionado con cobrar impuestos a la burguesía y que es una deuda que efectivamente debe saldarse, pero afirma que es ilusorio afirmar que el incremento salarial puede financiarse de esos impuestos a la burguesía. En cuanto al tema de la dolarización de la economía confiesa que ha sido positiva, en tanto ha sido un medio de combate de la escasez de mercancías, a pesar de que la especulación en los precios sigue afectando. Afirma que la inflación que en 2018 se ubicaba en 10.000% al día de hoy se mantiene en 1000%.

En una extensa entrevista del constituyente Jesús Farías con Clodovaldo Hernández, publicada en La Iguana.tv el entrevistado culmina afirmando que el imperio, sin dejar su naturaleza injerencista e intervencionista, a partir de 2021, se verá obligado a aplicar otros métodos que suponen dejar las duras sanciones económicas de lado. Así mismo, cierra diciendo que él está dispuesto a seguir debatiendo sobre la política económica del gobierno. 

Tiene mucha razón en sus argumentos Farías, pero me quedo con su afirmación “el incremento del salario es impostergable”.
carloslunarvelo72@gmail.com



viernes, 31 de julio de 2020

El mundo con temporario y lo políticamente correcto



Por Homar Garcés:

La indiferencia absoluta ante el dolor ajeno ha reemplazado -sin mucho escándalo y/o vergüenza entre aquellos que lo presencian, aun en medio de la pandemia del Covid 19- la solidaridad o la empatía que debiera generarse entre la humanidad, ya sea que ésta se origine por causa de las distintas religiones que se profesen (caracterizadas e inspiradas, en apariencia, por el amor al prójimo), o por el tipo de educación recibida (donde destacarían la importancia y la necesidad de los valores éticos y morales). Esto se pone de manifiesto mayormente en el área económica, con un capitalismo neoliberal autocomplaciente, en búsqueda constante de mayores ganancias, cuyos apologistas consideran que la asistencia social prestada por el Estado es una traba dispendiosa que hace insostenible cualquier grado de crecimiento económico que se plantee.



A grandes rasgos, el mundo contemporáneo se encuentra saturado de opciones individualistas y/o individualizadas que merman la posibilidad real de alcanzar el bien común. Zigmunt Bauman en “Trabajo, consumismo y nuevos pobres” sentencia: “En otras épocas, la apología del trabajo como el más elevado de los deberes -condición ineludible para una vida honesta, garantía de la ley y el orden y solución al flagelo de la pobreza- coincidía con las necesidades de la industria, que buscaba el aumento de la mano de obra para incrementar su producción. Pero la industria de hoy, racionalizada, reducida, con mayores capitales y un conocimiento profundo de su negocio, considera que el aumento de la mano de obra limita la productividad.

En abierto desafío a las ayer indiscutibles teorías del valor -enunciadas por Adam Smith, David Ricardo y Karl Marx-, el exceso de personal es visto como una maldición, y cualquier intento racionalizador (esto es, cualquier búsqueda de mayores ganancias con el capital invertido) se dirige, en primer lugar, hacia nuevos recortes en el número de empleados”. Tal situación convierte a los mercados en objeto prioritario de los gobiernos, indiferentemente de cuál sea su orientación político-ideológica, relegando el bienestar colectivo a un segundo plano, sometido en todo caso a los dividendos que obtendrían los dueños del capital (sea exógeno o endógeno).

Bajo tal perspectiva, no extrañaría que la conducta social e individual carezca de una moral de responsabilidad pública. Tal como se evidencia con el manejo imprudente del coronavirus que diezma millones de almas en todos los continentes, los desastres ecológicos, la niñez abandonada y esclavizada o la corrupción política, entre otros flagelos de los cuales todos tienen una opinión negativa pero que no los motiva suficientemente para generar una voluntad de acción conjunta en pro de su erradicación.

Algo que se refleja en la industria del entretenimiento, la cual -aparte de traer ingentes cantidades de dinero a sus promotores- produce una transferencia ideológica a quienes está orientada, induciendo en éstos una sumisión dirigida que les hace resignarse ante las decisiones e intereses de las clases dominantes y el orden establecido y a desconfiar de sus propias potencialidades. Esto obliga a los seres humanos a proponerse una redefinición de los valores imperantes y la conjugación de iniciativas populares que propicien en todo momento el bienestar colectivo, la emancipación integral de cada uno (sin menoscabo de sus prójimos y de la naturaleza) y la instauración de un orden social, político y económico más justo.

Sería una revolución de otro tipo, una más profunda y más humana en franca oposición a lo que habitualmente se concibe como lo políticamente “correcto”. -          
mandingarebelde@gmail.com


miércoles, 2 de octubre de 2019

Conciencia social-ecologista o irracionalidad Capitalista



Por Homar Garcés:
Con un liberalismo pragmático individualista, cuya manifestación mejor acabada es Estados Unidos (superando en muchos aspectos al originado en Europa siglos atrás), resultaría difícil lograr -a corto plazo- que las fuerzas productivas y las relaciones de producción sirvan de catapultas para la emancipación integral de las personas y no continuar siendo, como hasta ahora, los factores que hacen posible su dominación y enajenación. Esto -a grandes rasgos- impondría la obligación de poner en práctica una conciencia social, humanista y nada centrada en un interés egoísta y mercantilista sino impulsado por una sana aspiración de justicia e igualdad sociales, intrínseca de toda lucha popular. Esto, a su vez, convertiría al pueblo en arquitecto de su propio destino, construyendo, en consecuencia, su propia historia, de manera consciente, sin las ataduras creadas por el capitalismo y el Estado burgués vigentes.


Dicha conciencia social y humanista, por otra parte, debe ser producto de una autotransformación humana constante, de modo que ella revolucione la realidad circundante, pero bajo parámetros novedosos que no entren en contradicción con el objetivo primordial de erigir un modelo civilizatorio de nuevo tipo; lo que implica trascender el marco limitado de los reformismos económicos y/o políticos con que se prolonga la existencia del viejo orden establecido. Así, las relaciones capitalistas de producción y de explotación del hombre por el hombre tenderían a eliminarse, en un periodo de tiempo que no puede fijarse de antemano, si no hay de por medio una acción revolucionaria coherente por parte de sus víctimas principales: los sectores populares. En este caso, se debe comprender que no podría proyectarse, perseguirse y alcanzarse un desarrollo multilateral, integral y emancipatorio, en beneficio de la sociedad y de cada individuo, manteniendo intactas las estructuras y valores que le dan vida al sistema capitalista. De ello da cuenta la historia de la extinta Unión Soviética, lo que debiera ser materia de estudio de todo aquel que pretenda llevar a cabo una revolución anticapitalista, democrática y profundamente humanista, a fin de no repetir (de forma inconsciente) sus mismos errores, omisiones y desviaciones.

Lejos de disminuir, esta resistencia global tiende a multiplicarse, ahora con más fuerza al corroborarse las consecuencias apocalípticas de la continua acción depredadora del capitalismo sobre todos los recursos naturales existentes en nuestro planeta. Pese a la represión, la intimidación y el asesinato de dirigentes sociales y políticos comprometidos con dicha resistencia, esto último constituye el fundamento principal que anima la misma, cuestión que ha sumado a más personas, especialmente jóvenes, en una cruzada que une, o vincula, la defensa de los derechos humanos con la preservación apremiante de la naturaleza.

Frente a ella, el capitalismo es el máximo responsable. En consecuencia, aun aquellas personas que en nada quieren identificarse con alguna tendencia político-ideológica, han terminado por entender que éste debe ser transformado antes que su voracidad cause un mayor desastre ecológico al causado durante más de un siglo. Esta toma de conciencia, llevada a una escala superior, motivaría la puesta en marcha de una cooperación global como jamás se vio en toda la historia de la humanidad. Con pueblos y gobiernos unidos en una misma causa. Gracias a ello, quizá, puedan cambiarse de raíz algunos paradigmas del modelo actual de sociedad, lo que valdría llamar una verdadera revolución, gestada entre todos, pero principalmente por quienes han sido víctimas reiteradas de la irracionalidad capitalista. -  
mandingarebelde@gmail.com 

sábado, 27 de julio de 2019

Aprontarse, ciudadanos



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Como ya es tan evidente, la principal ocupación de nuestros políticos y partidos es la de ganar elecciones y acceder a los más altos cargos públicos. Posiblemente haya sido así desde siempre y en todo lugar, aunque en la memoria selectiva que todos cultivamos nos es grato recordar a algunos gobernantes, parlamentarios, alcaldes y otros que realmente demostraban consistencia ideológica y un afán de servir al progreso de sus naciones. Felizmente, la historia recuerda a estos excepcionales servidores públicos, admira sus liderazgos, así como la alta convocatoria que obtenían sus ideas y luchas. Por lo mismo es que muchos de éstos terminaron tantas veces asesinados, en el exilio y la pobreza. Pero su testimonio finalmente es reconocido por la posteridad gracias a las obras que impulsaron, aunque muchas veces sus detractores hayan logrado cegar sus vidas y propósitos.


Se trata de grandes personajes que hoy costaría mucho descubrirlos entre la hegemónica mediocridad que se impone en la política chilena, aunque muchos se consuelen en que se trata de un “mal de muchos” en el mundo actual. Especialmente cuando se observa a quienes controlan ahora la Casa Blanca y otros gobiernos del mundo de supuesta elección popular que, para colmo, andan denunciando “la paja en el ojo ajeno”, a fin de alentar la intervención más grosera en los asuntos de los otros estados.

En nuestro país ya se sabe que ministros, legisladores y otros obtienen sueldos y beneficios más de veinte veces por encima del promedio obtenido por todos los trabajadores del país, excluidos los uniformados, lo que hace tan apetecible y recurrente que artistas, deportistas y dirigentes sindicales sucumban a la oferta de los partidos para integrar sus nóminas electorales. Por supuesto que en la idea de aprovecharse de su buena fama y obtener mejores resultados en los escrutinios, sin que después desde La Moneda, el Parlamento y los municipios se valore y aproveche su experiencia. Menos todavía, en un país en que el péndulo de la política no está marcando diferencia entre los sucesivos gobiernos y legislaturas. Cuando las ideas neoliberales y parte importante del legado pinochetista se muestran tan consagradas y sean cada vez menos las voces que desde los poderes del Estado aboguen por reformas, aunque no constituyan más que simples retoques a lo existente.

Las leyes electorales y las malas prácticas explican que la política siga acotada a una misma clase dirigente. A que sus actores vayan perpetuándose en los cargos y declinando en los mismos. Las figuras jóvenes que lograron imponerse en algunos eventos electorales, en la mayoría de los casos terminaron engolosinadas por las dietas parlamentarias y las prebendas que ofrecen dichas funciones. Lo demuestra la dificultad que ha enfrentado el propósito de algunos legisladores de rebajarse sus sueldos y ponerles atajo a sus constantes reelecciones, tanto así que muy pocos son los que mantienen la promesa de emigrar hacia otras actividades del mundo profesional y de la sociedad civil. Se sabe que los ex presidentes de la República y ex legisladores se aseguran onerosos ingresos a perpetuidad, además de la facultad de adelantar sus pensiones. Más allá de las tentadoras posibilidades que les brindan los directorios de las empresas públicas y privadas en razón, por supuesto, de los favores concedidos desde la administración pública.

Es cosa de mirar las nóminas de integrantes de la plana ejecutiva de los bancos, las empresas privatizadas, incluyendo las cuestionadas sanitarias y eléctricas que tantos trastornos vienen acarreándole a nuestras ciudades y hogares. Además de consignar a aquellos que salen a airearse a las embajadas en todo el mundo, cumpliendo misiones diplomáticas por las que también pueden recibir placenteros emolumentos. Muy por arriba de las pensiones que recibirían a la edad de jubilarse.

Cumplido un año el segundo gobierno de Piñera y del nuevo Congreso Nacional, ya se torna febril la actividad para acceder a las directivas de los partidos y barajar desde estos cargos toda suerte de alianzas y componendas en la mira de los próximos comicios. Después de la implosión de la Concertación y la Nueva Mayoría, sus distintos referentes andan ofreciéndose al mejor postor, tratando de atraer a partiditos y movimientos que les deparen más sufragios y posibilidades de retornar al Gobierno para volver a disfrutar del botín de los cargos públicos.

Algunos de sus dirigentes, aunque declaran que, después de la posición adoptada por los comunistas en relación a Venezuela, ya no será posible pactar con ellos, todavía no le ponen cerrojo a tal posibilidad. El PC, asimismo, empieza a “explorar” posibilidades con el Frente Amplio y viceversa… Además de que la Democracia Cristiana se erige en bisagra, otra vez, en la posibilidad de extender sus acuerdos electorales con el PS, el PPD y los radicales, o confluir en alguna fórmula con las colectividades de centro derecha. Desde donde también existe interés de permanecer en La Moneda, aunque sea compartiendo algunos cargos a los falangistas.

Lo que no existe, por cierto, son propuestas programáticas, cuando hasta las promesas escasean en la falta de imaginación y voluntad de los políticos. En el pasado, al menos, la demagogia podría concitar la voluntad de los ciudadanos. Pero ahora no: solo estamos a merced de los rostros de los candidatos, a la posibilidad de seducirnos con sus millonarias campañas, entregados a los audaces que alcanzan más espacio en la televisión y los otros medios de comunicación masivos. Los que todos sabemos nada tienen de diversos y democráticos, sino groseramente unidireccionales, por el contrario, en la orientación de sus noticiarios y hasta espacios de farándula.

Si todo sigue igual, lo peor es que otra vez vamos a perder la posibilidad de saber cuánto gravitan realmente en la opinión pública cada uno de los partidos. Desgraciadamente, los pactos electorales esconden la realidad y las elecciones sirven para que nunca se extingan las organizaciones fantasmas; para que se perpetúe, también, esa infinidad de denominaciones rimbombantes que nadie sabe cuántos las integran y qué se proponen, más allá de demandarles a los partidos grandes uno que otro cargo. Una lluvia de siglas que buscan solo legitimidad en la votación de menos del cincuenta por ciento del padrón electoral, cuando desde hace tiempo son mayoría los que se abstienen de votar o lo hacen en blanco.

Ustedes comprobaran, conciudadanos, como en la contienda que ya intensifica, van a volver los eternos candidatos, los que a los 80 años todavía quieren tener otra posibilidad de repetirse el plato dentro del gran banquete de nuestra institucionalidad o “Estado de Derecho”. A grado que ya hay quienes piensan que la única posibilidad para sus pretensiones es que regrese Michelle Bachetet desde el pináculo de las Naciones Unidas, se despercuda a los otros ex mandatarios o se elija a un sucesor de Piñera que le ponga en bandeja la posibilidad de volver por tercera vez al empresario a la primera magistratura. Ya verán como también los mismos de siempre se aferrarán, desafiando las primarias, de las ubres de los más de los 360 municipios y surge una cola de candidatos a diputados y concejales, cansados de seguir viviendo al tres por cuatro. Especialmente ahora que se le están rebabando los aportes fiscales al cine y otras expresiones culturales.

Y todo para que el país siga igual, aunque algunos todavía mantengamos la esperanza de que alguien, por fin, golpee la mesa, antes que nuestra pretendida democracia muera de inanición. Y, más temprano que tarde, los militares se propongan “salvar a la Patria”.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

sábado, 13 de julio de 2019

¿Es creíble el informe Bachelet sobre Venezuela?


Por Marcos Roitman R:

Pensar que la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, Michelle Bachelet, presentaría un informe sobre Venezuela positivo hacia el gobierno constitucional del presidente Nicolás Maduro sería ingenuo. Creer que su elaboración estaría exenta de prejuicios, temerario. La manipulación, entraba en los cálculos. Así, tenemos un resultado a medida. Para la Alta Comisionada los hechos constatan la violación de los derechos humanos. Hay escasez de productos básicos, un aumento de la violencia, detenciones de políticos de oposición, y un sin fin de problemas que afectan la convivencia de los venezolanos. Faltan medicinas, los alimentos escasean y la corrupción está a la orden del día. Proliferan las manifestaciones, los cortes de luz, las huelgas. Resultado: crisis humanitaria. Culpable del deterioro de los derechos humanos: el gobierno.



Max Weber, sociólogo nada proclive a tendencias izquierdistas, socialistas o marxistas, cuando se encontraba con afirmaciones tan rotundas, dudaba. A tanta contundencia respondía: si bien todo hecho es una realidad particularmente evidente, no toda realidad particularmente evidente es explicación causal de los hechos. Si una persona tiene cáncer, el cáncer no explica cuáles han sido las causas de su emergencia. Si obviamos sus orígenes no adelantamos nada.

Todos los hechos sociales tienen una direccionalidad y apuntan una matriz institucional. Es decir, responden a una construcción política, son expresión de un campo de fuerza, sujetos y voluntades, relaciones sociales, nuevamente Weber, de lucha de clases e intereses antagónicos. Hablar de los derechos humanos al margen de lo político, es un sin sentido.

Es tanto como afirmar que saber leer y escribir son hechos naturales y respirar una conquista social. Sin embargo, eso parece estar en la base del argumentario de la alta Comisionada cuando medita sobre el espíritu de su informe: Un sacerdote católico me dijo en Caracas: no se trata de política, sino del sufrimiento de la gente. Este informe tampoco trata de política, geopolítica, relaciones internacionales o cualquier otra cosa que no sea los derechos humanos a los que todo venezolano tiene derecho. (sic) Su papel de árbitro se difumina. Al decir de Simmel, el mediador, si este fuese el caso, debe articular propuestas, abrir espacios políticos, apoyar soluciones negociadas y facilitar consensos. No puede favorecer a una de las partes. Si lo hace, rompe su papel mediador y actúa con intenciones mezquinas y perversas.

Veamos un ejemplo. El informe señala la realización de 558 entrevistas. Debemos presuponer que Bachelet pudo reunirse sin ningún tipo de cortapisa con todas las organizaciones de la sociedad civil y sus representantes políticos en su visita al país. De hecho, se fotografió con el autoproclamado presidente Juan Guaidó y también con el presidente constitucional y legítimo Nicolás Maduro. Pero vaya fiasco. De las 558 entrevistas a las que alude el informe, 460 se realizaron en el exterior. Los países elegidos: España, Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, Brasil, México y Perú.

Es decir, 82 por ciento de los encuestados no vivía en territorio venezolano. Dato que fue ocultado en el informe. Igualmente se menciona la terrible persecución ideológica y la censura a los medios de comunicación opositores, el cierre de periódicos, radios, medios de comunicación. Ni una palabra de las 32 nuevas licencias de radio a emisoras privadas. Tampoco se menciona que la televisión por cable, opción mayoritaria entre los venezolanos, está en manos de la empresa privada. Se oculta que la prensa escrita privada, ronda 75 por ciento y que las radios públicas no superan 30 por ciento del conjunto nacional. Por otro lado, la Alta Comisionada desestimó las informaciones obtenida a petición propia sobre la situación de los derechos humanos a ministerios, organismos oficiales e instituciones públicas. Mintió al señalar que sólo existe un centro penitenciario de mujeres, cuando en realidad están funcionando 17 en todo el país.

Resulta inexplicable que la Alta Comisionada redactase un cuestionario ad hoc para las autoridades venezolanas recabando datos de las denuncias por violación de los derechos humanos realizadas por los partidos de oposición y las desestimase como información para elaborar su informe. En él no se mencionan las guarimbas, pero si la violencia de las fuerzas de seguridad del Estado. ¡Cómo olvidar que se trata de un informe apolítico, neutral y equilibrado! Y lo más grave: manipula y distorsiona los hechos al no explicar sus causas. Nada del sabotaje, las sanciones, el bloqueo económico y los llamados a las fuerzas armadas a romper el orden constitucional. Esos datos no aplican a la violación de los derechos humanos.

Poco creíble un informe donde desaparecen los motivos y no se investigan las causas de la crisis. No se trata de negar los hechos, sino de explicarlos y buscar salidas. Lamentablemente, el informe tiene un objetivo, ser un arma en manos de la oposición y sus aliados internacionales para seguir violando los derechos humanos eso sí, con el aval de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU.

Tomado de La Jornada de México

miércoles, 27 de febrero de 2019

Chavistas, antichavistas y las otras opciones



Por Homar Garcés:
Gracias, sobre todo, a la influencia de los diferentes medios de información, incluidas las llamadas redes sociales, dentro y fuera de Venezuela se tiende a percibir y a calificar la lucha por el poder entre el chavismo gobernante y la oposición de derecha como una simple confrontación de estirpe político-ideológica, obviando, como es de suponer, las características y los antecedentes históricos que hicieron posible la actual situación.

Algo que, si profundizáramos sobre este tema, sabríamos que ella se remonta a los albores de la república cuando, en medio de la liberación de España, se desarrollaba -quizás con un mayor ahínco- una lucha social que igual asustaba, por sus consecuencias igualitarias, a los seguidores del antiguo régimen como a los mantuanos ahora convertidos en los nuevos gobernantes del ancho territorio venezolano.
Tal simplificación cumple un claro objetivo: la polarización de las fuerzas políticas enfrentadas. De esta manera, no habría, en apariencia, ninguna otra opción, salvo las existentes, lo que, de triunfar una sobre la otra, significaría la extinción de toda expresión de disidencia y de pluralismo democrático.

No obstante, en medio de todo esto se observa que muchos opositores al régimen chavista no comparten las estrategias y los métodos empleados por su alta dirigencia política, la cual ha llegado al extremo de incitar a una violencia de corte racista y clasista que la iguala a la del Klu Klux Klan y los supremacistas blancos estadounidenses; pero que no condenan abierta y contundentemente, haciéndose así en cómplices implícitos de lo que aquella diga, haga y decida.  
Lo que se extiende al apoyo interesado de gobiernos y de sectores explícitamente derechistas, con Estados Unidos presidiéndolos, lo que desembocaría eventualmente -de acuerdo a las amenazas proferidas reiteradamente- en una invasión militar para echar del poder a la cúpula chavista.

Otro tanto les ocurre a quienes, sea por profundas diferencias de todo orden con la clase gobernante, desafían a su modo la hegemonía ejercida hasta ahora por el chavismo. Entre éstos se ubicarían militantes de organizaciones de la izquierda revolucionaria, participantes de las dos insurrecciones producidas en 1992 y ciudadanos que comparten los postulados de la democracia participativa y la igualdad social, pero que no gustan de las referencias a Marx o de cualquiera de sus seguidores teóricos por considerarlos ajenos a la idiosincrasia venezolana y por responsabilizarlos (sin mucho argumento) de la nefasta experiencia sufrida por algunos pueblos bajo gobiernos aparentemente comunistas.

Entre los primeros, se distinguen a los que secundaron en sus aspiraciones presidenciales a Hugo Chávez como fórmula para allanar la vía de la construcción del socialismo en el país y se desplazara a los sectores políticos, económicos y sociales que surgieron al amparo del pacto de Punto Fijo. Algunos de éstos migraron de sus partidos políticos de origen, quizás con la ingenua esperanza de contribuir a darle un perfil realmente revolucionario y socialista a la nueva organización creada y liderada por Chávez.

Igualmente, muchos chavistas, aún adheridos al gobierno y al PSUV, pero sin ostentar cargo alguno en sus distintas estructuras, mantienen cierta beligerancia con aquellos que se hallan en las esferas del poder locales y regionales, especialmente notoria en época electoral, a los cuales cuestionan su corrupción, ineficiencia, nepotismo y demagogia, sin que ello tenga mayores repercusiones en lo que sería un cambio de percepción entre los sectores populares que obligue al chavismo gobernante a recapacitar y a producir la transformación política, económica, cultural y social esperada. Dentro de esta gama, es difícil precisar una diferencia entre unos y otros, utilizando éstos un mismo lenguaje y la misma simbología encarnada en Hugo Chávez en su propósito común de ganar y conservar la simpatía mayoritaria del pueblo.

Sin embargo, pese a su aparente marginalidad, existen grupos sociales y políticos con una serie de planteamientos sólidos y propios que podrían remontar la dicotomía chavismo/antichavismo. Aunque ellos se ubican en contextos de lucha que, a simple vista, son disímiles, sus objetivos primordiales son coincidentes. Varios lo hacen desde un plano abiertamente electoral mientras otros prefieren hacerlo desde la organización y el combate populares, de modo que se concrete verdaderamente la soberanía del pueblo y éste provoque el cambio estructural del Estado burgués liberal todavía vigente. Su desventaja principal consiste en la falta de una articulación efectiva con el resto de organizaciones, a veces ocasionada por la actitud personalista y sectaria de sus integrantes; en otras porque no se comprende la necesidad estratégica de dicha articulación y se contentan con el pequeño espacio que puedan ocupar.

Entretanto, gobierno y oposición se aprovechan de estas circunstancias; haciéndoles ver a venezolanas y venezolanos que, fuera de ellos, no existirían terceras opciones, portadoras de propuestas válidas que trasciendan sus ofertas conocidas. Su mayor ventaja estriba en que han acaparado a lo largo de casi veinte años todos los medios de información disponibles, incrementada, además, por las cadenas noticiosas internacionales, empeñadas en influir en la opinión pública (interna y externa), en favor o en contra de la posición ideológica que cada una defiende.

Frente a este escenario, los grupos disidentes del chavismo y de la oposición derechista tendrían que hacer acopio de esfuerzos, sintetizar sus objetivos en una misma plataforma de lucha y proponerse -con la seriedad que esto amerita- la conformación de un amplio frente de ciudadanos, capaces de asumir el reto que supone una radical transformación democrática del país. –
mandingarebelde@gmail.com

miércoles, 20 de febrero de 2019

Lo que le importa a la Gente


Por Juan Pablo Cárdenas S.:

Los integrantes de la clase política chilena muy habitualmente apelan a “los problemas que le preocupan a la gente”, pero lo cierto es que los partidos y sus principales voceros parecen mucho más concentrados de sus propias perspectivas electorales, querellas internas y hasta en temas foráneos que, aunque importantes, muy poco involucran a nuestro “pueblo”. Hermosa expresión, esta última, pero que hiere los tímpanos y las retinas de los que prefieren en el presente usar un término más blando y con menos connotación ideológica.

En efecto, en las últimas semanas, los políticos, la televisión, las radios e, incluso, los diarios le han dedicado abundante atención a los sucesos de Venezuela, lo que les ha servido para soslayar un sinnúmero de demandas sociales que, contra viento y marea, siguen concitando la preocupación de la inmensa mayoría de los chilenos. De allí que hasta un periodista de derecha haya protestado por las redes sociales contra la intensidad con que la prensa a abordado el tema de Maduro y Guaido, en comparación, por ejemplo, al relevante dictamen de un ministro de la Corte de Apelaciones en que se asegura que el ex presidente Eduardo Frei Montalva habría sido asesinado por agentes de la dictadura pinochetista y cómplices que pertenecían al círculo familiar y político del que fuera un Mandatario de nuestra Republica y líder de la Democracia Cristiana.

No es que le asignemos poca importancia a lo que sucede en Venezuela, pero a todas luces el enfoque que le dan nuestros más poderosos medios a la crisis política de ese país, carece de la más mínima ecuanimidad y solvencia, al tiempo que pasa por alto la conspiración del Gobierno de Estados Unidos y de sus adláteres para derrocar al régimen chavista bajo las mismas premisas y acusaciones ya conocidas para derrocar a Salvador Allende y a otra cantidad de gobernantes no alineados con los intereses imperiales.

Es más, ni siquiera estos medios reaccionan ante la denuncia de dos connotados periodistas del canal de la CNN, Fernando Paulsen y Raúl Sohr, cuando difundieron un apoyo escrito y firmado a favor del autoproclamado Guaidó por un gran número de ex jefes de estado del mundo (entre ellos Ricardo Lagos y Eduardo Frei Ruiz Tagle), pero nueve días antes de proclamarse de facto como presidente “encargado” sin que haya sido elegido por los ciudadanos y sin que se supiera de su existencia en el mundo. Lo cual, indudablemente, comprueba que la conspiración contra Maduro ha estado en plena ejecución desde hace años; además de contar con el concurso de esta nómina de expresidentes y políticos latinoamericanos enrolados del todo por la Casa Blanca. Y por cierto, además, con la anuencia del Parlamento Europeo donde Trump consigue más aliados que en su propio Poder Legislativo.

Venezuela, esta vez, le ha servido a la política criolla para evadir toda suerte de pronunciamientos ante hechos verdaderamente acuciantes para nuestra población, como que el precio del pasaje del Metro haya alcanzado los 800 pesos, superando con creces el valor de un litro de leche y convirtiéndose en la tarifa el más cara de América Latina, incluso la del tren subterráneo de Nueva York. O que la electricidad en Chile, con sus pésimos servicios, le esté costando a nuestros hogares más dinero que en toda la región. Al tiempo que los estipendios de nuestros presidentes superan los 30 mil dólares mensuales; esto es unas 40 o 50 veces más que el salario mínimo que reciben en nuestro país millones de trabajadores.

Así como, para colmo, los políticos y los medios de comunicación han dejado de lado la asfixiante realidad de los pensionados del país, cuando se trata de civiles y no de ex uniformados. En un país en que la salud le cuesta a los usuarios chilenos 3 o 4 veces más que a los mismos alemanes. Tal como la educación sigue discriminando entre niños ricos y pobres y los grados de delincuencia sigan completamente disparados a causa, por cierto, de la pavorosa inequidad social, la extendida corrupción de las policías y de muchos jueces. Curiosas lacras de nuestra pretendida democracia.

Sería largo de enumerar los problemas que golpean a las redes sociales pero no obtienen pronunciamiento de nuestra política, envilecida por las ambiciones de poder de nuestros supuestos representantes. Todo lo cual ha servido a que las farmacias y laboratorios continúen coludiéndose al fijar los precios de los medicamentos. Así como para dejar casi inadvertido para la población la forma en que se acaban de vender al extranjero nuestras reservas de litio, estratégico recurso que, como el cobre, ya ha sido desgajado de nuestra soberanía. Como tampoco son chilenos el común de nuestras materias primas, puertos, carreteras y hasta nuestros ricos manantiales de agua.

Tampoco se depara el fenómeno de las municipalidades del país, en los hechos convertidas en empresas con fines de lucro, si se considera la forma en que los vecinos son obligados a pagar por toda suerte de derechos que ahora llevan el nombre de servicios, al grado que se teme que hasta el respirar pueda exigir próximamente un tributo, así como el que se le carga por trasladarse por el territorio con peajes y aquellos altos impuestos al consumo de combustibles.

Aunque es lamentable que dos periodistas chilenos hayan sido repatriados desde Caracas, más debiera sorprendernos el despido masivo de profesionales de la prensa de los distintos canales de TV, periódicos y otros medios, sin que ello concite la solidaridad de sus colegas y la protesta ciudadana que ve a diario cómo se acotan sus fuentes de información. Porque es más fácil rezongar en contra de las restricciones a la libertad de prensa en otros países que hacerlo en Chile, donde la diversidad informativa vuelve a estar igual o peor que durante la Dictadura. Tal como resulta más imputable la conducta de los partidos y agrupaciones sociales de Bolivia y otros países que el bochornoso hecho de que una de las más nuevas e impetuosas colectividades políticas –Revolución Democrática- concitara menos de un 10 por ciento del voto de sus militantes en sus recientes elecciones para renovar su directiva. Donde sus militantes hasta pudieron sufragar por internet.

Nuestros servidores públicos entran en receso ahora en este período estival en la tranquilidad que le permiten sus groseras dietas parlamentarias y otras granjerías, mientras los gremios de la administración pública reclaman el constante despido de funcionarios, especialmente desvinculados en la víspera de sus vacaciones, como suele ocurrir con los profesores. Acaso el estival silencio de las dirigencias enriquezca el debate público y le dé a “los temas que le interesan a la gente” algún espacio mayor en nuestra prensa. Y vaya incubándose durante este tórrido verano la protesta y la rebelión popular tan necesarias para el cambio y en favor de la democracia que escasea mucho más que en otros países en la mira criminal de Estados Unidos, cómplices y abyectos.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

sábado, 1 de diciembre de 2018

¡Entre ciegos y sordos!


Por Omar Aguilar M.:

El Obispo “Siempre debe corregirse a sí mismo y preguntarse: ¿soy un administrador de Dios o soy un hombre de negocios?   Papa Francisco

La frase, aunque contundente, no parece clara para muchos obispos o tal vez si es clara, pero sus ojos están cegados por la ira, el odio, la arrogancia y los deseos insanos. De nada sirve decírselas con voz clara y resonante, porque sus oídos están ensordecidos por el ruido del dinero, del motor rugiente de sus carros de lujo y el estruendo de las campanas de su avaricia. Cuando un corazón se ha envilecido, cuando un alma se ha corrompido, las palabras, las frases y las buenas intenciones, se vuelven como la semilla que cae sobre la piedra, como la lluvia que cae sobre un campo yermo o como un grito lanzado al más profundo vacío.


Los que somos creyentes y ¡vaya que somos muchos!, abrigamos siempre la esperanza de un cambio profundo en el actuar de nuestros líderes religiosos. Soñamos con una iglesia renovada en la que el amor a Dios sobre todas las cosas, sea el pregón, sea el eje central de la homilía y que el saludo de paz al final de la eucaristía, sea un saludo de amor, de solidaridad y de verdadera hermandad.

Pero lejos de eso, asistimos en estos tiempos, a una profundización de los antiguos errores de los líderes de la iglesia católica, a una pérdida alarmante de los supremos valores cristianos. Somos testigos de la politización de la religión y del desolapamiento de una iglesia que no se guía por su crecimiento espiritual, sino por su rentabilidad económica. Vivimos en tiempos de una iglesia que no pesca hombres, sino marionetas; de una iglesia que no alimenta la fe, sino que la asesina con la daga de la vergüenza y el error.

Los escándalos de corrupción y abusos a menores, salpican el mundo católico y ocupan extensos reportajes en primeras planas y en los principales noticiarios. Menos sonados y mediáticos son el involucramiento de líderes religiosos en otros actos de violación a derechos humanos, en actos terroristas, en el apoyo a determinados grupos políticos u otras acciones fuera de la ley. 

A pesar de que la respuesta social es contundente, la respuesta institucional es retardada en algunos casos o totalmente inexistente en la mayoría de los mismos. En dependencia del contexto político en que se den, del país en que se den o de a quienes afecta; la repuesta es a favor o en contra. Si en los años 80 se ensordecieron ante el clamor del ahora canonizado San Arnulfo Romero en contra de la represión de la guardia genocida contra el pueblo salvadoreño, hoy ensordecen ante la protesta de los pueblos contra líderes religiosos que apoyan el terrorismo o que azuzan la violencia. Pasaron muchos siglos para que el máximo líder de la iglesia católica, pidiera perdón por los pecados de hijos de la iglesia, pero los pecados se siguen cometiendo una y otra vez contra individuos, colectivos y hasta pueblos enteros.

En Nicaragua, una buena parte de la cúspide religiosa, no solo no han condenado la ola de terror que implantaron los grupos golpista-terroristas en el país, sino que han sido artífices de estrategias tan perversas como los tranques de la muerte y se ufanan de ser los actores intelectuales del fallido golpe de estado. No se puede y no es válido en nombre de Dios, derramar la sangre de hermanos para defender intereses mezquinos, para mantener el orden tradicional y abanderar causas que buscan romper el orden constitucional.

Al igual que en Cuba o Venezuela, en Nicaragua los obispos que se quitaron la careta durante el fallido golpe o han sido desenmascarados posteriormente; se escudan en sus vestimentas y aducen que hay una persecución política de la iglesia, de los líderes religiosos, que hay una confabulación para destruir la fe y que los fantasmas del comunismo han revivido y se yerguen sobre la religión.
A pesar de todo, del abierto y descarado involucramiento de líderes religiosos en el fallido golpe de estado y en las acciones que se siguen promoviendo contra el gobierno nacional y el sandinismo en general, aún persiste la creencia de la infalibilidad de la iglesia y del clero, de su imposibilidad de errar en su enseñanza de la verdad revelada; porque no son hombres comunes sino iluminados por el Espíritu Santo, porque son almas puras, libres de pecado y libres de las tentaciones humanas. Los líderes religiosos, se aprovechan de las creencias y temores para actuar con desenfreno y abusiva libertad.

Muchos cristianos y sobre todo los más pobres, no ven ahora mismo en la iglesia católica un liderazgo que les proteja de la explotación y exclusión, que les redima, que guarde distancia de  las clases dominantes y de las nuevas formas de liderazgo aterrorizante. Tocará más tarde que temprano a la jerarquía católica, pedir perdón, por ser parte, bendecir y apoyar esta violencia, que si bien es cierto ha bajado sus decibeles; sigue siendo una causa de inestabilidad, polarización y profundas contradicciones sociales.

Es más que necesaria la separación de la iglesia de intereses mezquinos, de los movimientos políticos ideológicos que legitiman la pobreza, el odio, la venganza y la violencia. Es importante que la iglesia preserve el ámbito común frente a cualquier apropiación de carácter particular, lo que exige entre otras cosas la neutralidad política e ideológica, y el apego a los pobres y marginados que son la esencia del cristianismo.  

Debido a todo lo que ha pasado, la frase recién expresada por Cardenal Brenes de que “la iglesia trabaja en silencio”, no solo pierde contundencia, sino que más que dar esperanza da temor de que continúen silenciosamente apoyando mecanismos que lejos de erradicar el odio y la violencia, los perpetúen y los conviertan en modos de resolver los problemas y las diferencias. Solo nos queda desear que la ceguera y la sordera no continúen, no se vuelvan permanentes y no se conviertan en una pandemia.

Es claro que nadie está persiguiendo ni condenando a la iglesia y sus prelados. Son perseguidos por su propia historia, son condenados por sus propios errores, por sus propias debilidades e intereses mezquinos. Pero quedan verdaderos líderes religiosos que pregonan el bien, que  predican el amor a Dios, que practican las enseñanzas de Cristo y merecen nuestro respeto, nuestra confianza y en ellos debemos depositar las esperanzas de renovación del catolicismo.  

No podemos perder nuestra fe, nuestra creencia en el Dios omnipotente y misericordioso que perdonó al mundo a pesar de sus pecados y guio a Noé en su misión salvadora, que entregó a su propio hijo para expiar nuestras culpas. El centro de nuestras creencias debe ser Jesucristo y sus enseñanzas y debemos juntarnos para hablar de Dios, de amor, de esperanza; ya sea en nuestros hogares, en nuestros centros de trabajo, en nuestras reuniones comunitarias y en todos aquellos espacios en que se pregone el verdadero amor a Dios y al prójimo.
#NoviembreVamosAdelante
#NicaraguaEnPazYbien

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