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miércoles, 27 de noviembre de 2019

La OEA, Luis Almagro, Venezuela, Ecuador, Colombia, Chile, Dominica y el Golpe de Estado en Bolivia



Por Tony López R:
La OEA es un organismo regional que se inscribe y forma parte de la Organización de Naciones Unidas, nacida en abril de 1948, en Bogotá, Colombia. Aprobó su Carta Fundacional, conocida como la Carta de la OEA y cuyos principios básicos, siguen vigentes y sin embargo desde su fundación hasta hoy, esos principios básicos han sido violados en no pocas ocasiones, porque ha sido una institución al servicio de los intereses políticos, económicos y sociales de los Estados Unidos.


En su capítulo I:  Naturaleza y propósito, en su artículo No 1, expresa lo siguiente:
-              Los Estados americanos consagran en esta Carta la organización internacional que han desarrollado para lograr un orden de paz y de justicia, fomentar su solidaridad, robustecer su colaboración y defender su soberanía, su integridad territorial y su independencia.
-              La Organización de los Estados Americanos no tiene más facultades que aquellas que expresamente le confiere la presente Carta, ninguna de cuyas disposiciones la autoriza a intervenir en asuntos de la jurisdicción interna de los Estados miembros.

En su artículo 2, los principios de esta organización establecen lo siguiente:
La Organización de los Estados Americanos, para realizar los principios en que se funda y cumplir sus obligaciones regionales de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas, establece los siguientes propósitos esenciales:
a) Afianzar la paz y la seguridad del Continente.
b) Promover y consolidar la democracia representativa dentro del respeto al principio de no intervención;
c) Prevenir las posibles causas de dificultades y asegurar la solución pacífica de controversias que surjan entre los Estados miembros;
d) Organizar la acción solidaria de éstos en caso de agresión;
e) Procurar la solución de los problemas políticos, jurídicos y económicos que se susciten entre ellos;
f) Promover, por medio de la acción cooperativa, su desarrollo económico, social y cultural;
g) Erradicar la pobreza crítica, que constituye un obstáculo al pleno desarrollo democrático de los pueblos del hemisferio, 
h) Alcanzar una efectiva limitación de armamentos convencionales que permita dedicar el mayor número de recursos al desarrollo económico y social de los Estados miembros.
Teniendo en cuenta estos principios contenidos en la Carta de la OEA podemos afirmar que su Secretario General, Luis Almagro, ha venido violándolos sistemáticamente y de manera flagrante, al promover y ejecutar acciones en contra de algunos Estados miembros, entre ellos al Estado venezolano, con el agravante que Venezuela, ya no es miembro de la OEA desde abril del 2019. 

Su objetivo es derrocar al gobierno democráticamente elegido de Nicolás Maduro, en comicios que tuvo una amplia y mayoritaria participación electoral y apegado   a derecho como lo establece la Constitución   venezolana, aunque por obra y gracia de Estados Unidos y la campaña de los medios hegemónicos estadounidenses, latinoamericanos y europeos, en Venezuela hay una “dictadura”. 

Almagro, en su condición de Secretario General lejos de propiciar y afianzar la seguridad y la paz de los Estados miembros ha sido promotor de la violencia y terrorismo en Venezuela, desde el año 2015, y luego de que el presidente Barak Obama, considerara a Venezuela como un peligro para la Seguridad de los Estados Unidos, Almagro se dedicó a buscar fórmulas para cumplir el mandato de Obama y derrocar a Nicolas Maduro.

Como Secretario General, fracasó en todos sus intentos por aplicar la llamada Carta Democrática a Venezuela, propuesta presentadas por él en el Consejo Permanente de la OEA, y en la 46, 47 y 48 Asambleas de Cancilleres de la OEA y en la Cumbre de las Américas, donde tuvo el apoyo del   vicepresidente estadounidense Mike Pence, y no lograron condenar al gobierno de Venezuela.
Fue esa derrota lo que llevó a Luis Almagro a crear en el mes de agosto del 2017, el conocido, nefasto y mercenario, Grupo de Lima, compuesto en su gran mayoría por países que hoy, no solo violan los derechos humanos, sino que están masacrando a sus pueblos, que protestan y marchan pacíficamente contra el modelo neoliberal, como es el caso de Chile, Ecuador, Perú, Colombia y el brutal y sangriento Golpe de Estado en Bolivia.

El acoso y la brutal política anti-venezolana de Estados Unidos, utilizando como operador político a Luis Almagro, conllevó a que Venezuela decidiera pedir la salida de esta organización, en la 47 Asamblea de la OEA, en Cancún, México, nación que luego de cumplir el procedimiento establecido, dejo de ser miembro de esta organización desde abril de este año 2019.

El colmo de esta ilegitima política del señor Almagro, contra Venezuela, es reconocer un supuesto representante del autoproclamado “presidente” Juan Guaidó y acreditarlo como embajador ante la OEA, teniendo en cuenta que esa nación no es miembro de esa desprestigiada organización regional.
Por otra parte, los lectores deben conocer que Guaidó, representa solo a una parte de la Asamblea Nacional, pues hay un importante número de legisladores venezolanos opositores, que no apoyan al autoproclamado y nada tienen que ver con Guaidó, la irracional y dictatorial decisión de Luis Almagro, violando todo lo establecido, esperemos que esa conducta, sea tomada en cuenta, por los países miembros, para no apoyar su reelección a la Secretaria General.

La participación de Luis Almagro en el Golpe de Estado Cívico- Militar en Bolivia, es un hecho muy grave y la comunidad internacional y especialmente los países miembros de las OEA, no subordinado a Estados Unidos, deben tomar en cuenta la conducta de su Secretario General, Luis Almagro.
La política y acción de Luis Almagro, contra la estabilidad y la paz en la región, se ha hecho absolutamente visible cuando, traicionando la buena fe y la confianza que en él y en la OEA, depositó el presidente Evo Morales, al pedirle que la Comisión de la OEA hiciera una auditoria, contraviniendo la decisión del Tribunal Nacional Electoral, que lo declaró ganador por un margen de 10,70 por ciento de diferencia, como establece la Constitución, ese margen de acción, fue aprovechado por la Comisión de la OEA, para determinar que hubo irregularidades, ese fue el argumento, para desencadenar el plan debidamente diseñado, para buscar la salida de Evo Morales como Presidente de Bolivia y evitar su continuidad.

Después de los hechos y consumado el plan, se ha conocido que la Comisión de la OEA falseo los datos y manipuló la información, Evo había ganado las elecciones limpiamente, pero Estados Unidos, Almagro y la derecha boliviana, no podían dejar que un indígena antimperialista, continuara en la presidencia, las grandes riquezas de ese país en hidrocarburo, litio, y uranio, deben ser explotados por sus transnacionales, pero no para el pueblo boliviano.

Por otra parte, la publicación argentina Resumen Latinoamericano, el pasado 17 de noviembre, dio a conocer que el general golpista Williams Kaliman, 72 horas después de la salida de Evo Morales, se fue a vivir a Estados Unidos, después que el Encargado de Negocios de la embajada estadounidense en La Paz,  Bruce Williamson le entregó un millón de dólares a él y al resto de cada  jefe militar y  medio millón a los jefes de la policía y los traslado  a Estados Unidos donde se encuentran escondidos.
Resumen Latinoamericano, también dio a conocer que el general Kaliman, y otros políticos de la derecha boliviana, desde hace varios meses atrás, sostenían reuniones con Williamson, en la provincia de Jujuy, al amparo del gobernador Gerardo Morales, unos de los políticos más afines al gobierno de Mauricio Macri, lo que explica, como el plan para derrocar a Evo Morales, venia planificándose con la participación y dirección de la embajada de Estados Unidos, por indicaciones de Washington.

Todos estos acontecimientos unidos a una  campaña mediática muy bien  dirigida a confundir y vilipendiar a la candidatura del MAS, fue sembrando un escenario negativo para la reelección de Evo Morales, a donde se unieron otros factores, sectores importantes de la Iglesia Católica, las  sectas cristianas, muchas de ellas apañando al fascista  Comité Cívico, liderado por Luis Fernando Camacho, quien con una biblia en una mano, evocaba al señor y con la otra ordenó matar e incendiar el país, en nombre de la democracia.

Otros graves acontecimientos están ocurriendo en Suramérica, los crímenes y   la brutal represión contra el pueblo chileno, que ya cuenta con más de 40 muertos, miles de heridos, detenidos y desaparecidos no es objeto de preocupación y mucho menos de un pronunciamiento  del señor Luis Almagro y la OEA, él está más empeñado en derrocar a gobiernos progresistas, que trabajan para sus pueblos, que la de condenar los gobiernos  que reprimen y cometen crímenes de lesa humanidad, como lo sucedido con el gobierno de facto en Bolivia, al cual él (Almagro) en su condición de Secretario General de la OEA, ha reconocido, obvio, si él ayudo  a instaurar ese gobierno golpista.

O en Ecuador donde fueron masacrados por el Ejército 9 indígenas y que a pesar de que la CONAIE, aceptó parar las manifestaciones y protestas a cambio de bajar el precio del combustible y otras reivindicaciones a la que el presidente Lenin Moreno se había comprometido, pero nada se ha cumplido, y hoy el movimiento indígena acusa a Moreno de traición y amenaza con volver a las calles.

Y qué decir del Paro Nacional en Colombia, que ha provocado varios muertos, cientos de heridos por la represión, más de 80 allanamientos a locales sindicales y del movimiento social, sin ninguna orden judicial, toque de queda, en Bogotá y en varias capitales departamentales, tampoco en estos casos la OEA y su Secretario General, dicen nada, guardan cómplice silencio.

Por último,  la señora canciller de Dominica, en la OEA, le reclamó a Luis Almagro que se deje de inmiscuir en los asuntos electorales de su país, la dirigente caribeña fue muy enfática y le recordó los principios y reglamentos de la OEA, que como bien señalé al principio, siguen siendo violados por el señor Luis Almagro, quien intenta ser reelegido para el cargo de Secretario General en las elecciones a celebrarse en el primer semestre del próximo año, los gobiernos que se respeten tendrán la última palabra. 

(*) Periodista, politólogo y analista internacional.
jorgarcia726@gmail.com

sábado, 25 de noviembre de 2017

Reflexiones desde lejos sobre las elecciones en Chile.

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

Me resulta difícil emitir una opinión determinante sobre las recientes elecciones en Chile, mucho menos pensar, en este momento, -tras solo cinco días después de realizados los comicios- en qué es lo más correcto hacer en la segunda vuelta. Mi doble condición de chileno y venezolano que vive en Venezuela hace que esa definición sea más complicada.



Con sorpresa he constatado que los amigos en Chile a quienes he consultado no tienen una opinión unánime al respecto. Siempre recuerdo una conversación con el Comandante Fidel Castro en los años finales de la dictadura, cuando nos dijo a mí y otros dos compañeros con quienes conversaba que para él, por supuesto, lo más deseable era una salida revolucionaria para terminar con la dictadura, pero que a eso se anteponía evitarle mayores sufrimientos al pueblo chileno y, que en esa medida cualquier camino que significara el fin de la dictadura, era bueno. Hoy, podría decirse, -como lo hacen muchas personas sanas y alejadas de las triquiñuelas de la política- que cualquier cosa es mejor que el retorno de Piñera a la presidencia.

He leído muchos artículos tanto periodísticos, como de opinión, que durante estos días debaten acerca del futuro que le depara al país tras las elecciones del 17 de diciembre y me ha impresionado la diversidad de matices con que se analiza la realidad del Chile de hoy: es una señal de que algo se está moviendo, sin embargo, hay una realidad incontrovertible: la mayoría de los chilenos sigue sin interesarse en participar de un sistema electoral inserto en un régimen político del que no se sienten parte, dada las características de apropiación mafiosa que han hecho de él los partidos políticos y la mayoría de dirigentes que como se dice en el argot popular “se pagan y se dan el vuelto”. En Chile, el presidente de la república seguirá siendo elegido por un máximo de 23% de los electores, lo cual hará de él un mandatario legal, pero ilegitimo, como en muchos países del mundo que viven la crisis del modelo de democracia representativa, en el que ya no importa ser mayoría, tampoco ser ladrón, violador de derechos humanos, asesino, golpista, subordinarse vergonzosamente ante una potencia imperial y/o negociador de la soberanía, solo para acordarse de ella por mezquinos intereses electoreros y de falso nacionalismo.

Partiendo de esa lógica, de la cual por cierto, formo parte, vi con muy buenos ojos y con cierta alegría el nacimiento del Frente Amplio. Tal vez, sea de perogrullo, pero desde 2007 vengo diciendo que cuando alguien en Chile, logre interpretar el sentimiento popular, el abstencionismo habrá desaparecido y se constituirá una potente fuerza que dé al traste con el sistema de post dictadura en el que dos fuerzas: una heredera del régimen cívico-militar y otra, domesticada por él y que juntos son la minoría del país, conduzcan los destinos de esa mayoría pasiva que permanece al margen.  Pensé sinceramente que el Frente Amplio sería ese referente popular, que hasta ahora solo había tenido impacto a través de las luchas sectoriales de los estudiantes y los mapuche, entre otras y locales como las de Aysén, Punta Arenas y Calama, pero que solo han logrado una convocatoria realmente amplia a través de la organización por “No +AFP”, verdadera plataforma que ha interpretado, convocado y movilizado a la mayor cantidad de chilenos tras un objetivo transversal. A la exaltación inicial como chileno, que incluso me llevó a tratar de organizar a los compatriotas que viven en esta país y que al igual que yo, nos sentimos entusiasmados por el nuevo proyecto, sobrevino mi rechazo como venezolano, en momentos en que la virtual candidata presidencial y los dos líderes del Frente Amplio apoyaron a los terroristas que yo tenía en la esquina de mi casa durante meses, los mismos que reivindicaban la quema de personas, que atacaban instituciones públicas como escuelas y hospitales, extorsionaban ciudadanos, actuando bajo el influjo de las drogas y en alianza con delincuentes comunes, a los que en Chile se llamaban luchadores por la democracia e intentaban destituir por la fuerza al gobierno democráticamente elegido, de la misma manera como lo hicieron con Salvador Allende. En lo personal, me vi obligado a que mi esposa y mi hijo se fueran al exterior del país por dos meses hasta que volvió la calma. Terminó primando esto último y, al final no me inscribí ni voté.

Sé que a nadie le importa mi historia personal y que no se puede votar en Chile, pensando en lo que pasa en Venezuela, pero tengo mis dudas que siendo Piñera, expresión de lo más retrogrado de la sociedad chilena, en términos del modelo sea distinto de Guillier.  Creo que ninguno de los dos hará cambios sustanciales, ya no revolucionarios, tampoco aquellos que hagan que la sociedad chilena sea un poco más justa, más equitativa y que el delito de “cuello blanco” comience a ser combatido, para dignificar la política, tan desprestigiada hoy, cuando hasta algunos familiares de la presidenta están acusados de estar incursos en actos de corrupción y una gran cantidad de políticos tanto vinculados al gobierno como a la oposición están en sus cargos, después de ser financiados por el yerno del dictador.  Eso además de ser ilegal, no es ético

Para nadie es un secreto que la decisión final sobre el resultado electoral del 17 de diciembre está en manos de ese más de 20% que obtuvo el Frente Amplio en la primera vuelta. Imagino las dudas que puedan estar rondando en la cabeza de la mayoría de ellos: si pensar con criterio coyuntural e impedir que Sebastián Piñera llegue al gobierno, dando su voto a Guillier o, actuando con criterio de largo plazo, utilizar su buena representación parlamentaria y la alcaldía de Valparaíso, como base para comenzar de una buena vez  a construir política de forma distinta a la tradicional, actuando con honestidad y apego a la ley, dando un ejemplo a la ciudadanía de que si se puede construir de una manera distinta. No tengo dudas, que tendría un crecimiento exponencial, que atraería a miles de los actuales abstencionistas y que los llevaría, sin duda alguna a la presidencia en cuatro años.

Habría que aguantar, sí, cuatro años de exacerbación neoliberal, de actuaciones dolosas y alejadas de la ley, de imposiciones brutales, de represión indiscriminada, de violación a los derechos humanos, que es lo que augura un nuevo gobierno de Piñera. Se ha avizorado que en cualquier caso, gane quien gane, el Frente Amplio se constituirá en oposición al nuevo gobierno y que no negociará cargos con Guillier, señalando en ese sentido, un modo distinto de actuar en la política contingente, pero tendrán que asumir ante sus bases y ante la mayoría que no vota, -pero que son chilenos expectantes del nuevo rumbo que podría tomar el país-  la continuidad de los desmanes de Bachelet que significa Guillier: represión de los estudiantes y de los mapuche, carta blanca a las transnacionales para que sigan depredando el territorio nacional, salud y educación privatizadas,  prolongación de las AFP y subordinación plena y total a los grandes monopolios nacionales. En fin…más de lo mismo.

Decisión difícil sin duda alguna, cuando aún no se avizora un cambio para Chile, el Frente Amplio, como el MAPU en tiempos de la Unidad Popular y el PPD en los estertores de la dictadura, emerge como fuerza reformista de la clase media, (numerosa en Chile), con un discurso renovado y una retórica arrolladora que promete mucho y genera expectativas, pero que tendrá que demostrar en los hechos que es diferente a sus dos antecesores, que no pasaron del impulso momentáneo de la coyuntura, se mantuvieron en el boom durante algún tiempo, para finalizar siendo parte de lo mismo que criticaban.

Más que decidir a quién se le da el voto en segunda vuelta, me parece que lo importante de resolver es: si se quiere construir fuerza de coyuntura para enfrentar el corto plazo derrotando a Piñera, o fuerza estratégica que se proponga cambiar a Chile para siempre y enrumbarlo en una democracia definitivamente liberada de la dictadura y de su Constitución.

Como chileno, no tengo una opinión acabada respecto de qué es lo más correcto, y espero que prime la sabiduría y la sensatez de la minoría que elegirá al nuevo presidente de Chile. Como venezolano, me da lo mismo, no olvido que Bachelet en sus dos gobiernos y en general la Concertación, apoyaron el golpe de Estado en Venezuela en 2002 y no movieron un dedo para avanzar en la integración latinoamericana, no creo que Guillier sea diferente, aunque, sinceramente, quisiera equivocarme si finalmente es ungido en la más alta magistratura del país.   
sergioro07@hotmail.com 

sábado, 15 de julio de 2017

Si, de ”ira contenida” se trata…

Por: Sergio Rodríguez Gelfenstein

Conversando con un colega que conocí en la universidad en mis tiempos de estudiante, quien vive fuera de Venezuela hace ya varios años, justificaba las acciones de la oposición a partir de lo que llamó la “ira contenida”. A pesar de las diferencias de puntos de vista y en particular de lo que este concepto entraña, pudimos sostener un diálogo en un marco de respeto y yo diría que hasta afectuoso, en el que intenté mostrarle que más allá de las acciones actuales, lo que se estaba creando era un país inviable a futuro, donde la violencia se estaba legitimando como forma de hacer política, al cerrarse los caminos al diálogo y  la negociación, que es en términos de la democracia representativa -que tanto se defiende- es la forma básica de ejercicio de la política.


Le argumenté a mi colega que el legítimo derecho de la oposición de llegar al gobierno por vías legales estaba siendo aplastado por el afán suicida de intentarlo por vías extra constitucionales y que con ello, al aceptar la violencia, si llegaran a ser gobierno en el futuro, habrán también legitimado el uso de la “ira contenida” que los chavistas están acumulando por todos los desmanes que a diario se están cometiendo en las calles, sin que pareciera que pueda hacerse justicia. Con todo, le dije, había que pensar que la “ira contenida” de un pueblo que ha sido marginado por 200 años debería ser superior a la que hoy se manifiesta en las calles y que si se trata de enfrentar “iras contenidas”, el caracazo de 1989, será solo un agradable paseo dominical comparado con lo que pueda sobrevenir.

Mi colega, persona inteligente y reflexiva, no fanático y esperanzado en un cambio de gobierno me manifestó que “esperaba que aprendiéramos de lo ocurrido” pero aceptó que en esa eventualidad, a su pesar “va a haber mucha caza de brujas”. Esta conversación, reafirmó en mí, la idea de que hay sectores opositores que enfrentados a la posibilidad de la violencia como acción permanente, sienten el mismo rechazo que los que apoyan al gobierno, pero que hoy son prisioneros del discurso violentista y no saben o no pueden escapar de él. La “ira contenida”, expresión que intenta explicar el odio, no resiste el más mínimo análisis en términos de racionalidad. Mi amigo, así lo entendió cuando fui rebatiendo uno a uno sus argumentos ni siquiera en términos políticos, sino en términos humanos, que por cierto fue el soporte para la transferencia de Leopoldo López de la cárcel a su casa. La conversación finalizó cuando mi colega dijo “Sabes que si necesitas algo y está a mi alcance, solo pregunta”.

Por otro lado, la deliberación íntima posterior a la conversación reveló en mí, la ausencia de análisis sobre los graves inconvenientes que a largo plazo se generan tras el uso de la violencia y el terrorismo como método para incidir en la superación de coyunturas, sin entender que éste es un fenómeno que necesita esos momentos tácticos para incubar y transformarse en un problema estructural como dramáticamente lo aprendió Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001. Lo aprendió, pero no lo aprehendió.

Como siempre, en estos casos, recurro a la historia. Durante la década de los 80 del siglo pasado, combatientes afganos, mayormente del grupo étnico pashtún de orientación sunita resistieron la invasión soviética a su país hasta expulsarlos en 1989. En el marco de la guerra fría, recibieron apoyo financiero, logístico y militar de Estados Unidos, Arabia Saudita y Pakistán quienes establecieron una “santa alianza” en contra de la Unión Soviética, tras su derrota y salida del país, sobrevinieron años de caos durante los cuales estos feroces guerreros islámicos estudiaron en escuelas de teología islámica denominadas madrasas ubicadas en Pakistán y financiadas por Arabia Saudita en las que se adoctrinaba en las enseñanzas del wahabismo o salafismo, la corriente más retrógrada del islam. 

De aquí surge en 1994 el movimiento talibán. Aquí también ve a la luz Al Qaeda. En 1996 el talibán toma el control de Kabul y en agosto de 1998 llegan a controlar el 90% del país. Entre 1996 y 2001, desde el gobierno se imponen estrictas leyes islámicas sobre la población entre las cuales destacan la obligación de las mujeres de ir cubiertas desde la cabeza hasta los pies, además que no se les permitía asistir a la escuela o trabajar fuera de casa y se les prohibía viajar solas. También quedaron fuera de la ley, la televisión, la música y los días festivos no islámicos. 

Después de los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos, el régimen talibán es acusado de estar tras tales acciones y fue atacado militarmente hasta ser derrocado en 2002 sin embargo sus miembros se reagruparon, creando una fuerza de hasta 60 mil hombres que han atacado a sus antiguos aliados, de manera destacada a Estados Unidos, causándole bajas a sus tropas, y daños sus instalaciones civiles y militares. Hoy, ni Estados Unidos, ni las fuerzas que le dieron cobijo, tienen control sobre sus acciones, al contrario, son víctimas de ellas.

De la misma manera, el parentesco ideológico y el origen común con el Talibán en la lucha contra la invasión soviética, le permitió a Al Qaeda, uno de esos grupos que se entrenaba en las bases militares creadas por Estados Unidos en Pakistán, para emerger con fuerza como organización paramilitar terrorista desde un islam bastante cavernario, tal como ha sido ampliamente documentado. Al finalizar esta contienda, Al Qaeda no se desmovilizó como esperaban sus gestores occidentales, al contrario, participaron en la guerra de Yugoslavia y en la de Somalia en 1993, donde tuvo su primer encuentro frontal contra Estados Unidos que desde entonces la comenzó a considerar como organización terrorista. En 1998, Al Qaeda, en sendos ataques, destruyó las embajadas de Estados Unidos en Kenia y Tanzania y en 2001 es sindicada de ser la organizadora de los ataques contra las Torres Gemelas en Nueva York y el Pentágono en Washington, tras lo cual se oculta durante un tiempo, reapareciendo en 2005 con brutales acciones terroristas en Londres y Madrid, y posteriormente hasta en 20 países de Europa, Australia, Estados Unidos, Argelia y Marruecos. Antes de 2001, Estados Unidos se había visto obligado a declarar a Al Qaeda como organización terrorista, pero ya era demasiado tarde: los alrededor de 3.000 muertos y cerca de 6.000 heridos pagaron las consecuencias por las lesivas amistades de su gobierno.

Por su parte, aunque el Estado Islámico tiene una historia diferente, su origen está en Al Qaeda, y como parte de ella profesó la ideología wahabita, lo que la hizo susceptible de recibir recursos de Arabia Saudita quien financió a esta organización con el objetivo que tras su desarrollo en Irak, se volviera contra los vecinos de este país, Irán y Siria, con gobiernos chiita y alauita respectivamente, que son considerados los más férreos enemigos de la monarquía gobernante en Riad. Al autodenominar el territorio bajo control en Irak y Siria como un “califato” bajo orientación sunita fundamentalista, los objetivos sauditas parecieron consumarse, pero la resistencia del gobierno sirio y la imposibilidad por extender su territorio, además del peligro que significaba para la región y el mundo, la incorporación de alrededor de 30 mil combatientes venidos de alrededor de 90 países de todo el planeta, la contra ofensiva del  ejército sirio, apoyado por Irán y los combatientes libaneses de Hezbollah primero y la incorporación de Rusia con apoyo aéreo después, la aplicación de reglas similares o peores que las del  talibán en Afganistán la realización de decenas de actos terroristas en Europa, así como los centenares de miles de refugiados que buscaron abrigo fuera de la región en primera instancia en el Viejo Continente, dieron al traste con los planes sauditas, los de sus aliados occidentales y de las monarquías sunitas del Golfo Pérsico que se volvieron víctimas de los estudiantes que alentaron y ayudaron a formar, viéndose obligados a jugar el doble e hipócrita  papel de seguirlos financiando por un lado y atacarlos por el otro.

Estas terribles lecciones de la historia reciente, nos señalan en amplio espectro, lo que ocurre cuando se da rienda suelta a la violencia sin control, y se le entrega la conducción del conflicto a fuerzas extremistas alejadas de la política que solo saben jugar suma cero, para obtener menguados objetivos de corto plazo suponiendo que una vez logrados estos, volverán a su redil.

Nunca ha sido así, el espacio no dio para escribir más, pero la experiencia de las Autodefensas Unidas de Colombia, grupo paramilitar que en la actualidad es ya, la tercera fuerza política de ese país, es un ejemplo deleznable que tenemos muy cerca. Hoy son el bastión más importante con que Uribe hace oposición a Santos, él fue su principal promotor cuando era gobernador de Antioquia y se llamaban Convivir, ahora, paradójicamente en alianza con  Santos pretende traerlas a Venezuela. Su avanzada ya está aquí, la vemos en las calles casi todos los días, por lo menos en lo que a métodos y acciones se refiere.
 sergioro07@hotmail.com