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sábado, 27 de julio de 2019

Macri intenta pagar su deuda con el FMI



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
En carta fechada el 12 de junio de 1818, el Libertador Simón Bolívar da respuesta a otra que el 19 de noviembre de 1816 le dirigiera el Supremo Director de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Juan Martín de Pueyrredón. En uno de sus párrafos, con vehemencia y amistosa convicción integracionista Bolívar expresa que: “La proclama que V.E. se ha dignado dirigirnos es una brillante prueba de los sentimientos fraternales y altamente generosos de nuestros hermanos del Sur. Con la mayor satisfacción retorno a V.E. la respuesta cordial que, por mi órgano, han querido transmitir mis conciudadanos a los hijos del Río de la Plata. En ella sólo deben apreciarse los sentimientos de tierna solicitud que animan a todos los venezolanos hacia sus dignos compatriotas meridionales”.


Esa huella ha estado presente en la relación entre argentinos y venezolanos desde el mismo fragor de las luchas independentistas y no puede ni podrá ser alterado por el gobierno espurio que ocupa hoy la Casa Rosada.
En repulsiva manifestación de lambisconería hacia Washington, Jorge Faurie, simulador personaje de opereta que funge como canciller de Mauricio Macri ha terminado haciendo público lo que siempre se ha sabido: la subordinación plena del Grupo de Lima a Estados Unidos y la aceptación de una intervención militar y violenta en Venezuela. Sus palabras textuales fueron: “Siempre el uso de la fuerza será un recurso que quedará para el momento que correspondiera”.

Faurie, quien es tristemente conocido en su país por haber entregar al gobierno británico el uso de más de 3 millones de kilómetros cuadrados de plataforma marítima argentina, dándole a ese país europeo la propiedad y el control de los recursos así como la facultad de aprobar  las licencias pesqueras  en todo ese mar territorial argentino, ha dejado ahora, también prístinamente demostrado el talante bélico, agresivo e intervencionista del Grupo de Lima que contrario a su falsa retórica de “salida democrática” para Venezuela, en realidad hace aprestos de guerra para intervenir militarmente en el país.

Para ello, primero enviaron a Bachelet a Venezuela y le ordenaron que hiciera un informe para validar jurídicamente la intervención militar en el país. La propia Bachelet se ha encargado de hacer tal afirmación en conversaciones privadas sostenidas con personas de su entorno, a quienes confesó que el informe por ella presentado le fue impuesto y que más bien gracias a su gestión, el contenido del mismo fue “rebajado” para que no resultara tan lesivo para Venezuela. Una vez más, como es tradicional en su quehacer político, no asume las consecuencias de sus tropelías al cumplir las órdenes que recibe del Pentágono.

Sin embargo, hay que ver la declaración de Faurie en una mirada más lejana considerando su doble uso a modo de instrumento para ser utilizado en el marco local como parte de las ambiciones reeleccionistas de Macri, y en un espectro más amplio, de carácter global en que el gobierno argentino ha aceptado ser usado como ariete en contra de Rusia y de China.

En primera instancia, agotadas todas las opciones políticas para convencer al pueblo de la viabilidad de su gobierno y por tanto, mermadas sus posibilidades de reelección, Macri solo cuenta con el crédito del FMI para dar un vuelco transitorio a la economía a fin de que a través de los instrumentos de comunicación pueda engañar una vez más a los votantes, transmitiendo una sensación de alivio y mejoramiento futuro de la pesada carga que significa la aplicación de las medidas neoliberales de acendrado carácter anti popular.

A cambio de recibir la millonaria suma, Macri ha aceptado el papel que antes se disputaban Duque y Piñera de ser el eje de la agresión militar contra Venezuela, legitimando con ello la intervención militar que dicen rechazar.

Así mismo, el arreglo con el FMI, ha significado que Faurie haya sido obligado por el Consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos John Bolton a responder a las declaraciones del canciller ruso Serguei Lavrov, quien manifestó que “muchos países de la región”, incluso aquellos que exigen la renuncia del presidente Nicolás Maduro, “se oponen categóricamente a la idea del uso de la fuerza” por parte de Estados Unidos. Con sus palabras, el canciller argentino ha desmentido a su colega ruso y lo ha dejado en ridículo ante la opinión pública internacional al mostrar una mirada diferente.

En otro punto del mismo acuerdo, Argentina en consonancia con Estados Unidos ha declarado como terrorista a Hezbollah, una organización legal con representación parlamentaria en El Líbano, país con el que Argentina tradicionalmente ha mantenido excelente relaciones habida cuenta de la importante comunidad de ciudadanos de este país que habitan la nación austral.

Además, para reafirmar lo antes mencionado por Faurie, de manera simultánea, el asistente especial y director principal de la división de Asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Mauricio Claver-Carone, afirmó que la Casa Blanca hizo llegar una comunicación a Venezuela para indicarle a Maduro que tiene un “corto plazo para dejar el poder”, “mucho más corto que fin de año”, o de lo contrario “deberá enfrentarse a la justicia internacional y de los Estados Unidos”.

De esta forma, se hace evidente que Bolton está desarrollando su propia agenda “diplomática” de carácter belicista, incluso al margen de la opinión del presidente Trump quien desde hace un mes ha entrada en fase reeleccionista, modificando su actuar con el claro interés de atraer votos. Bolton no parece haber tomado nota de las intenciones de su jefe y ha perseverado con su retórica y práctica a favor de la guerra, secundado para ello por Marcos Rubio y Mike Pompeo, quienes configuran un gobierno en las sombras que responde a los intereses ideológicos del Tea Party y de la derecha más recalcitrante y fascista de Estados Unidos a la cual responden Bolsonaro, Duque, Macri y Piñera, entre otros.

Estas contradicciones en el alto gobierno de Estados Unidos son las que explican que mientras Trump ha obligado a la oposición venezolana a sentarse en la mesa de negociaciones, Bolton, Pompeo y Rubio las torpedean y las hacen completamente inefectivas. Mientras esto ocurre, los líderes opositores venezolanos siguen recibiendo su sueldo de Washington, así que poco les importa el avance o no de las mismas.

Hay que decir que durante la conversación telefónica sostenida por los presidentes de Rusia, Vladimir Putin y de Estados Unidos Donald Trump el pasado 3 de mayo, el ruso convenció a su colega norteamericano acerca de la inconveniencia de involucrarse en una confrontación armada en Venezuela cuando se acercan los tiempos electorales en Estados Unidos. Apegado a su inveterable posición de apoyar el diálogo entre las partes en conflicto en Venezuela, a fin de buscar una salida negociada al mismo, Putin logró que Trump tomara nota de estas opiniones, sobre todo porque entendió que de esa manera ganaban todos.

De inmediato, Trump dio instrucciones al gobierno de Noruega, un país aliado, miembro de la OTAN, pero que ha logrado construir un expediente de seriedad y responsabilidad al realizar funciones de mediador en este tipo de diferendos, salvando de esa manera la incapacidad de la Unión Europea y el Grupo de Lima de poder actuar en estos menesteres, al haber tomado posición a favor de una de las partes  y cuando incluso ante el fracaso total del Grupo de Lima, este buscó infructuosamente que Rusia, China y hasta Cuba jugaran un papel en la búsqueda de derrocar al gobierno de Venezuela. Estas acciones, por supuesto, no fueron bien recibidas por Washington.

Así, en este mar de paradojas de vergonzosas lealtades a los imperios de los gobiernos de derecha de América Latina y el Caribe, el gobierno de Venezuela, ha perseverado haciendo manifestaciones múltiples de su voluntad de negociar, lamentablemente se encuentra sentado en una mesa en la que del otro lado hay variopintas representaciones, cada una con ideas propias sin saber a nombre de quien habla cada uno, solo con la convicción que deben estar ahí, tras las órdenes recibidas para  favorecer la reelección de Trump, pero imposibilitados de llegar a ningún acuerdo tras recibir las órdenes de Bolton.

Mientras tanto, la mayor parte de la oposición venezolana se encuentra secuestrada por este grupo de mercaderes de la política a quienes tampoco importa la suerte del pueblo venezolano, ya no sólo porque están favoreciendo la imposición de mayores sanciones económicas contra el país, sino que incluso ahora, en línea con Faurie y con Claver-Carone han aceptado públicamente que Venezuela puede y debe ser sujeto de una invasión militar extranjera que los lleve al poder y restituya el control estadounidense sobre el país.

Mientras esto ocurre, y Bolton sigue estructurando la opción bélica contra Venezuela, para lo cual ha subordinado a los gobiernos del grupo de Lima y en momentos en que Macri asume la responsabilidad de conducción de este entramado mafioso, los venezolanos le respondemos a Faurie y a Macri con palabras de Bolívar a Pueyrredón: “V.E. debe asegurar a sus nobles conciudadanos que no solamente serán tratados y recibidos aquí como miembros de una república amiga, sino como miembros de nuestra sociedad venezolana. Una sola debe ser la patria de todos los americanos, ya que todos hemos tenido una perfecta unidad”.

sergioro07@hotmail.com

jueves, 4 de julio de 2019

El arte de la falsificación sostiene al poder hegemónico


Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:
El poder hegemónico perdió la noción de límites y hace pasar los derechos por su peor momento, con un retroceso solo comparable al momento cúspide de la seguridad democrática, en el que se negaba la existencia de la guerra, se borraba de los informes la palabra conflicto y nada podía ser llamado por su nombre. En el corto periodo del gobierno de todos, se estiraron tanto los límites de las reglas comunes, que se descoyunto el vínculo sociedad-estado y sus terribles consecuencias afectan la vida colectiva, ponen en riesgo las posibilidades de volver a ser un país vivible, e impiden salir del enredo entre la paz esquiva y el terror que regresa.



Para crédulos e incrédulos Colombia no es el país más feliz del mundo y nadie tiene la seguridad de predecir que podrá regresar a casa al final del día sin haber sufrido agresión o daño. Vivir bien es cosa del azar y la fortuna, no del bienestar humano.

Los hechos que contradicen el vivir bien ocurren por miles cada día, el cuerpo y la mente son acechados, atacados, abusados, atracados, robados, asaltados, dañados los bienes, violados, maltratados, sobornados, agredidos y victimas de eventos que niegan la tranquilidad e impiden la convivencia en paz y duradera. Nadie requiere ser pesimista, ni contradictor, para entender que este es el país con mayor desplazamiento del mundo, el campeón del destierro, el primero en la lista del horror por haber asesinado a 230 líderes, lideresas y defensores de derechos en solo 300 días de gobierno y haber matado a 120 excombatientes que confiados en la paz dejaron la lucha armada.

Esas cifras ponen al país en el puesto 145 entre 167 en el índice global de paz, lúgubre posición que lo califica como uno de los más peligrosos del mundo, compartiendo similares condiciones a las de otros pocos a los que los gobernantes de aquí llaman inviables, antidemocráticos y corruptos y muy lejos de Islandia o Finlandia donde a nadie se le ocurriría asesinar a otro por pensar, opinar o ser distintito.

Matemáticamente cada cifra duele, cala en los huesos, por la desgracia de una historia rota y por el asco que produce la muerte y la sevicia de los victimarios, que han llevado a que el país sea acusado de producir el 70% de la cocaína del mundo, que embrutece a más de 300 millones de personas para que pocos puedan hacer lo que les da la gana, incluso hacer depender de su poder la vida de otros.  En otras partes saben que la venganza y el odio cada día aquí matan a 33 personas, sexualmente son abusadas 70 mujeres, no menos de dos niños son también asesinados y otros 7 adolescentes se quitan la vida por cuenta propia, quizá para huirle al horror o negarse a seguir haciendo parte de la tragedia, que no es claro si pasa inadvertida o hace parte de un pacto de silencio social no declarado. 

Lo determinante para que todo siga igual y tienda a empeorar es que el poder no acoge la verdad como un valor esencial del gobernante y el poder lo enceguece. Afuera de la frontera ese poder escapar a los límites de la verdad y habla con vehemencia de paz, respeto por la vida y estrategias para terminar la corrupción, que se roba casi 10 billones de pesos al año usados para seguir corrompiendo. Adentro proscribe toda acción y pensamiento que trate de paz o derechos y se niega con igual vehemencia a reconocer la sistematicidad de la barbarie que ataca a la paz y los derechos.

Y no se fija que el odio está incrustado en su lenguaje, prácticas y acciones, que sirven de apoyo y patente de corso para el atraco callejero, los abusos de particulares contra particulares, los abusos y excesos policiales y militares y la más inhumana barbarie que se reproduce con ejecuciones extrajudiciales, amenazas, masacres, descuartizamiento de cuerpos y cinismo político para negarlo todo. A estos hechos repudiables se suman infraestructuras públicas roídas con sobrecostos, puentes y edificios que se derrumban solos, pasarelas de contratistas que saquean el erario y festejan sus fechorías con nuevas ofertas de contratos, bufetes de abogados que se hacen llamar respetables para tramitar fórmulas de saqueo al erario y la indecencia de los gobernantes que para sostenerse en el poder mienten.

Colombia no es el país más feliz del mundo, talvez sea el más crédulo de la falsedad que campea en el reino de la mentira que aniquila a la ley y la justicia, y en el que imperan los inmorales que con su comportamiento astuto y taimado acostumbraron al país a que sí alguien los descubre mintiendo nadie se lo tome a mal o a lo sumo los perdone. Esta presente el eco y los rezagos de la cultura traqueta incrustada en el poder por los Escobar, Rodríguez Gacha y Orejuelas, Mancuso y otras mafias de la parapolítica que todavía controlan partes sustanciales del congreso, de los gobiernos locales y de las instituciones, quienes a fuerza de mentir han hecho que se pierdan el honor y la verdad como valores colectivos. Las cifras de beneficio personal son logradas con engaño mediante falsos positivos, falsos judiciales, falsas estadísticas, falsos datos, falsos ranking, informes maquillados y desinformaciones pagadas que impiden entender la realidad para cambiarla y dejar atrás las falsas cuentas oficiales.

 El país ha sido sometido a la desconfianza total sobre la esencia de las cosas y los principios, desde políticos e ideológicos hasta físicos, que son completados con una fórmula de psico poder, basado en la moral de ellos (los inmorales) y en infundir temor por lo extraño para permitirse vigilar, controlar y mover a los individuos no desde afuera si no desde adentro, incluso para provocar el suicidio. De esta mezcla de emociones, temores y manipulaciones, resulta la flexibilidad y adaptabilidad que lleva al país al vacío y deja sin esencia a los conceptos, contenidos y significado de las cosas. Estratégicamente el partido de gobierno hace primar la astucia, la hipocresía y la inmoralidad sobre el vació en el que proyectan su proyecto de país sostenido con la falsificación que desencadena procesos de comunicación falsificada y altera el funcionamiento del sistema democrático.

El mismo presidente ya no parece actuar como un peón de su pueblo si no como peón del sistema que sirve a intereses propios y miente para alejarse de las demandas del país. El partido de gobierno interviene, define e influencia la agenda de estado y traza el ritmo, tiempos y conclusiones de los debates actuales centrando su capacidad en desacreditar a sus adversarios y contradictores para imponer su posición hegemónica favorecida por el uso intensivo de medios que replican siempre a su favor. En todo caso como en todo final feliz, de tanto repetirse una falsedad, aunque al inicio parezca verdad, siempre deja un resquicio por el que entra la luz y ojalá entre pronto para retomar el camino que lleva hacia el país en paz, tranquilo y seguro para vivir bien, con bienestar

mrestrepo33@hotmail.com