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miércoles, 23 de septiembre de 2020

Mi Desafío

 Por Jorge Aniceto Molinari

Corría diciembre de 1958, mi primer año de universitario –Facultad de Ciencias Económicas – lo había dedicado en gran parte a la militancia en la Federación de Estudiantes del Interior (FEI), recorriendo el interior del país en la defensa del proyecto de lo que luego sería la ley orgánica de la Universidad.

Hace muy poco tiempo atrás recuperamos el audio del acto que se realizó en Paysandú luego de levantada la ocupación del Liceo Departamental, hoy N°1, en que hablamos obreros, estudiantes, profesores y padres de alumnos el 9 de octubre de 1958.

No es excusa, pero mi año universitario no había sido bueno y opté por dar aquellas materias que me parecían más accesibles aún en la insuficiencia de la preparación y en uno de los casos en concreto, ante la exigencia de un catedrático, el profesor Israel Wonsever, apegado a los textos.

La suerte estuvo de mi lado y el 13 de diciembre (puede ser que la fecha no sea del todo exacta) me presenté ante la mesa examinadora integrada por el catedrático, acompañado por los profesores contadores Enrique Iglesias y Luis Faropa.

En el momento de ser convocado es llamado el Contador Faropa que debe retirarse, como era costumbre la mesa igual funcionaba comenzando a interrogarme el Contador Iglesias.

Por supuesto que no recuerdo los temas, si que, ante una pregunta del profesor, contesté diciendo cual era mi opinión, lo que entusiasmó al Contador Iglesias que empezó a pasearme con preguntas sobre el conjunto del programa del año y yo respondiendo con opiniones, era algo insólito, creo sin exagerar que el diálogo debe haber durado casi 45 minutos. Cuando pasé al Contador Wonsever este se limitaba no a mis opiniones sino a que decían los autores analizados, en el año, en sus textos. No le conteste ni una pregunta, y en menos de 5 minutos terminó el examen.

El debate sobre mi examen me resultó interminable pues no entendía que se prolongara siendo mi desempeño con el profesor de la cátedra paupérrimo.

Al final se paró el Contador Enrique Iglesias y carnet en mano me dice: “Molinari el examen conmigo fue brillante, Ud. conoce la materia, pero no le contestó ni una al catedrático por lo que el proponía una tercera pregunta, pero como no estaba el Profesor Faropa no nos poníamos de acuerdo sobre quien hacía esa tercera pregunta, al final accedió a aprobarlo sin nota. Ahora por favor la próxima vez además estúdiele algo al Catedrático”.

¿Por qué esta introducción?: para explicar que cuando llegué Marx no fue por razones universitarias sino por un deseo de entender que mierda estaba pasando en la realidad.

No fue fácil porque luego de tener una formación familiar en mi infancia valorando la obra de don José Batlle y Ordoñez, pasando por el anarquismo fui llegando a las ideas de Trotsky y particularmente a su programa de “transición” (1938) y particularmente a las ideas de Posadas que me ayudaron a comprender muchas cosas y a la vez a estar en una gran confusión con su afirmación de que la “guerra era inevitable”. Era la concepción largamente refutada por Lenin en los trabajos de Trotsky y de Bujarin. Lo de Stalin (“Cuestiones del leninismo”) fue el uso de los trabajos de Bujarin, y no un desarrollo propio, para luego asesinarlo.

Durante todos esos años valorábamos a Lenin, pero decíamos que estaba equivocado con la NEP (Nueva economía política) y que el camino era construir economías estatizadas.

Finalizadas las elecciones de 1971, decidí tomarme un tiempo de reflexión, había trabajado intensamente desde el POR (trotkista) en la formación del Frente Amplio como antes lo había hecho desde AEBU (sindicato bancario) en pro de la conformación de una central única de trabajadores, con que se llegó a la conformación de la CNT, pero necesitaba entender que era lo que pasaba en el mundo y como parte de él en el Uruguay.

Lenin era para mí una gran incógnita y para nada aceptaba que lo de Stalin fuera su continuidad, sino más bien una traición y si se le reivindicaba como a Cristo, era para hacer lo contrario de lo que era su prédica.

Tenía además los trabajos del Doctor Carlos Quijano, que orientaba sobre la formidable lucha de Lenin por incorporar a la Unión Soviética al marco universal del desarrollo de la economía. Era además notable su comprensión del fenómeno de la revolución cubana teniendo que estatizar empujada por la acción canalla del entonces imperialismo norteamericano –hoy gendarme de las multinacionales sin perspectiva propia y con la tragedia de sus intervenciones-.

Fue un tiempo de encuentro con Lenin, y a través de él a la médula de las enseñanzas de Marx y de Engels, y a replantearme todo el contenido humano y social de sus trabajos.

Me encontré además con el trabajo de Rodney Arismendi, del profesor Julio Rodríguez, los más destacados, para valorar lo que significa ese pensamiento hoy.

No me costó trabajo entender que el concepto de los maestros sobre Dictadura del Proletariado, nada tenía que ver con defender la burocracia estatal del partido sino como los trabajadores defendían sus derechos frente al derecho burgués que amparaba la dictadura en declinación de la clase dominante. En el Uruguay un ejemplo brillante, reciente, fue la acción de los trabajadores de la construcción (SUNCA), imponiendo una ley de responsabilidad empresarial ante los accidentes que sufren los trabajadores. Sin su acción la ley jamás se hubiera aprobado, como tantas conquistas en la historia del movimiento obrero y de los derechos humanos, entre ellos en especial los de las mujeres.

Y también comprender que, en 1924, Lenin había sido derrotado en su concepción de dirigir el Estado Soviético aún cuando las conquistas de este persistieron tal como lo analizara Batlle y Ordoñez a la muerte del líder de la revolución, Lenin.

¿Cómo se dividen hoy las aguas y cómo encarar lo que tenemos por delante y cuanto me costó entender esto?:

“..en la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.

Carlos Marx, Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política (1859)”

¿Y entonces como nos plantamos hoy con estas enseñanzas y con la crisis del capitalismo tal como está planteada?

Lo primero: el objetivo no es construir un Estado alternativo, que compita con el Estado de los capitalistas. Es necesario comprender lo que ya Lenin decía en 1916 “el Imperialismo fase superior del capitalismo” en que preveía que la humanidad dentro del capitalismo se encaminaba a ser gobernada por los complejos empresariales multinacionales, que es lo que hoy pasa.

Lo que se trata es de luchando por imponer la paz, obligar a la “predominancia del capitalismo” a cerrar su etapa histórica que surge como una necesidad de toda la sociedad y de las propias relaciones de producción en su estado actual.

El aparato productivo y la técnica de su manejo es cada vez más universal, ningún país, ni aún China son dueños de su producción, hoy por encima de los “propietarios” hay una élite de técnicos, asesores de toda clase que son los que le dan a esa producción continuidad y desarrollo. Hoy esa elite no tiene expresión propia y llama poderosamente la atención que ante la crisis destacadas personalidades del pensamiento humano solo atinan a una tibia crítica sin ir a la médula del problema.

El corset es el concepto de rentabilidad, que ya no tiene que ver con el concepto de eficiencia. Keynes hablaba al final de la segunda guerra mundial de la “eutanasia del rentista”.

El problema es que para liberarse de ese corset la humanidad necesita de una revolución que tome al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional obligando a cambios fundamentales: como la moneda única universal y un sistema impositivo basado en la circulación del dinero, que dé muerte a los paraísos fiscales y haga que ninguna transacción sea válida si no está debidamente registrada donde la sociedad democráticamente lo determine.

Hoy llegamos a enormes contradicciones, por ejemplo, acá en el Uruguay el Frente Amplio y la Central de trabajadores se organizan para resistir las medidas de un gobierno de estructura conservadora que intenta organizar la actividad económica fuera de las necesidades de la gente.  Pero no dicen una sola palabra sobre el manejo monetario, los negocios se hacen en dólares y la gente cobra en pesos y tampoco se habla del sistema impositivo; el Contador Astori nos anunció el proyecto de un impuesto a las grandes fortunas, pero hasta ahora no sabemos en qué consiste, si que en su gobierno bajaron los aportes patronales de la seguridad social y se logró una muy débil rebaja del IVA, en tanto los impuestos al consumo (60% del presupuesto) a los sueldos y las jubilaciones siguieron siendo los principales. Y todos sabemos que este gobierno actual inexorablemente por distintas vías va a recurrir no solo al endeudamiento si a acentuar los impuestos actuales.

Ningún país puede por sí y ante si cambiar su matriz económica. Antes pensábamos que las revoluciones estatizando la economía si lo podían hacer. China, Vietnam, Cuba…nos muestran hoy que se apoyaron en las estatizaciones, pero hoy conquistan el mundo con su actividad económica y el libre comercio que han pasado a encabezar.

No sé si hay conciencia de ello, pero están aplicando las ideas de Lenin desarrolladas en cada uno de sus trabajos.

La dificultad consiste hoy en la falta de consciencia del hecho en sí, que está exigiendo un programa universal, no de estatizaciones sino dirigido a la moneda y los impuestos que ayude a la predominancia del capitalismo y su hija: la rentabilidad, a morir en paz.

Y a proyectar con esa inmensa masa de riqueza el desarrollo de la economía universal, elevando la educación, la salud, el trabajo, la vida de todos los seres humanos. Con eficiencia dando sepultura al burocratismo y a todas las lacras sociales. Pasar de la prehistoria a la verdadera historia de la humanidad, con seres humanos que tendrán todo para desarrollarse y convertir la tierra en un verdadero paraíso del pan y de las rosas.

Cuando recuerdo aquel examen de 1958, sigo pensando en las respuestas a los desafíos que la economía nos hace todos los días y que no tienen respuesta organizada, que no consiste en saber que dice cada autor sino en plantearse realmente los problemas.

Albert Einstein afirmaba que el destino de la humanidad era el socialismo, y que el ser humano incapaz de fabricar una manzana era si capaz de destruir lo construido con la energía nuclear.

sipagola@adinet.com.uy

domingo, 9 de junio de 2019

Colombia Reformas universitarias para dejar la condición de subalternas



 Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:

Las Reformas Académicas en las universidades públicas del país, son una necesidad primordial para asumir con responsabilidad los mandatos de la paz en curso, que comprometen constitucionalmente tres periodos de gobierno. Investigar (Investigación), Formar (Docencia) y Extender (Extensión) requieren con urgencia ajustes institucionales y de reorganización de contenidos y modos de acción que aporten para construir el proyecto colectivo de nación en paz, implementando prácticas útiles para la no repetición del horror y para impedir el regreso a la barbarie.


Las reformas hacen parte del desafío de las universidades y para salir del horror padecido por algunas que fueron víctimas directas de desaparición, asesinato, estigmatización y amenazas a estudiantes, profesores y trabajadores y que permanecieron acorraladas por la fuerza marginal de agendas de la violencia y de la guerra.

Las reformas no son solo una fórmula de ajuste curricular formal, son ante todo la oportunidad para recuperar el sentido, capacidad y renovación de sus actos de creación de ciencia con conciencia social y de hacer frente a los obstáculos que las debilitan y mantienen a merced del mercado. Las reformas, que algunas han emprendido, tendrán que hacerse con el espíritu de libertad de este tiempo y atender las demandas culturales y científicas de la población no escuchada a causa del horror. Las reformas tendrán que actualizar su misión guardando equilibrios entre la sociedad global del conocimiento y la realidad local de profundos conflictos por desigualdad, exclusión y discriminación.

Las universidades con raíces en el siglo XIX (como la U.N., UdeA., UPTC), nacieron con la misión de aportar a la configuración de una nación independiente y de formar intelectuales que fueran la conciencia crítica para la transformación social. A comienzos del siglo XX, hace 100 años, la universidad en general sufrió un cimbronazo que la cambió, cuando en junio de 1918, el Movimiento de Córdoba, Argentina, promovió una reforma profunda que las señaló de permanecer incrustadas en estructuras coloniales de modelos ajenos y les definió un trazado en la historia y aunque muchas no lograron ser lo que debían ser, por lo menos dejaron de ser lo que eran, atrasadas, autoritarias, dogmáticas.

Córdoba recuperó el sentido de la Universidad critica, comprometida con su tiempo y las demandas de sus pueblos y dejó como gran legado la autonomía, sostenida por los pilares de docencia, investigación y extensión, independientes y articuladas, para crear la ciencia, formar y escuchar y atender a la gente. La autonomía la liberó de ser el apéndice del poder político y de servir a los intereses de los poderosos y le abrió la posibilidad para pensar con pensamiento propio, derribar muros y promover su función social y de transformación con creatividad e imaginación.
Un siglo después, el legado de Córdoba, está presente y debe ser un inevitable punto de referencia, aunque el mundo es otro. Los avances de la ciencia han cambiado la vida, resuelto enigmas y conflictos que parecían imposibles de resolver. Pero también el mundo se ha vuelto más ilegible y peligroso, hay lugar para los derechos, pero las nuevas formas de represión producen daños más dolorosos e irreversibles. Hay nuevas dimensiones y múltiples maneras de interpretar y conectar la realidad y la imaginación. Pequeños artefactos controlan la vida, el tiempo, la historia, modifican percepciones y hacen confundir la realidad material con las cifras. Lo virtual, las simulaciones, los performances rompen fronteras que parecían infranqueables y dejan al descubierto que las universidades ya hacen parte de las dinámicas del mercado de conocimiento y ahí están encerradas.

El siglo XXI, trae nuevos elementos inevitables para toda reforma, asociados a la formación, la comprensión y el uso del conocimiento. Los actores son los mismos, el conocimiento circula cientos de veces más rápido por redes en las que se impone lo efímero, lo narcisista, lo escandaloso, que hace más hurañas y ajenas a las personas y más ausentes y lejanas de resolver la pregunta del siglo XIX, por el quien soy yo y por mi papel en el planeta. El siglo XXI trae mundos entrecruzados, rizomas que se meten por todas las fisuras, capitales especulativos que lo cambian y compran todo. El ímpetu de la era tecnológica modifica rápidamente las formas de relación humana y logra que ya ninguna totalidad sea explicable desde una sola ciencia, ni un mismo patrón de comportamiento.

El tiempo de este siglo es atomizado y discontinuo, en cualquier lugar y hora, se puede lograr una fórmula de paz o producir la más ruda violencia, basta una palabra, un click, todo se vuelve perecedero. El estudiante ya no busca a un profesor que lo eduque para el futuro (que perdió importancia), él quiere acumular datos, resolverlo todo de inmediato, saber para el instante, (el “internet y el correo electrónico hacen que la geografía y la propia tierra desaparezcan” B. Chul Han, el aroma del tiempo).

Lo urgente para la universidad tendrá que ser entonces reorganizase para circular saberes y prácticas que entreguen fundamentos, estructuras, bases sólidas para que seres humanos concretos y contextualizados aprendan a pensar y a actuar responsablemente conforme a los estatutos de cada saber, en equilibrio con un humanismo, ciudadanía, ética y verdad, útil  para convivir pacíficamente, tanto en el campus de la ciencia y la cultura, como en su condición de actores en medio de la adversidad de la realidad material, de un país en el que tres de cada cuatro viven con derechos a medias y pobreza completa.

Cualquier reforma universitaria contemporánea, tiene que aportar para dar el salto del odio al relato colectivo de nación en paz y antes que respuestas hay que definir los problemas que pretende resolver, reconocer que a nuevos problemas nuevas formas de solución, pero en contexto y en concreto, con y para seres humanos determinados. La meta de una reforma no es diseñar otro currículo que apenas espolvoree los viejos cubículos de las ciencias para agregar conceptos modernos sin asimilarlos, ni aprehenderlos (paz, ambiente, derechos, genero) y dejar todo igual o contablemente producir cierres con sumas iguales (asignaturas, créditos, horas) sin historia, ni significado en contexto.

El momento promete ser de quiebre para recuperar la capacidad de interpelar las políticas trazadas desde afuera, dejar de responder a operaciones matemáticas que integran dedicación y demanda de profesores con estándares y recursos disponibles para ofrecer aprendizajes ajenos y repetitivos a sus estudiantes. Es un momento de reto profundo para las universidades, para atreverse a pensar por cuenta propia en tiempos de mezclas, matices, diversidades y pequeños relatos capaces de trastornar lo más estable.

Es tiempo en el que hay democracias sin pueblo y pueblos sin rumbo, que esperan de sus universidades, sus profesores y estudiantes, respuestas y caminos para seguirlos. Es tiempo de asuntos modificables, sin inderogables, sin cosas insalvables, ni compromisos para realizarlos de por vida. Deja de existir el programa eterno, la formula incorregible, la verdad única, el maestro incuestionable, el estudiante perfecto, la institución incuestionable.

Es el tiempo de otras maneras de conectar e interconectar, sin ciencias puras, ni duras, ni blandas, de performances que se sobreponen a la exposición, de sonidos impuros, derechos complejos, multiplicidades, diversidades, intersecciones, nuevas mezclas, aparatos, metodologías, economías que controlan a la política. Es el tiempo de asumir el reto de pensar con pensamiento propio para dejar de ser universidades subalternas.

mrestrepo33@hotmail.com


sábado, 2 de marzo de 2019

Piñera, Trump y Venezuela


Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Sebastián Piñera debe ser de los políticos y empresarios que más le debe a Augusto Pinochet y a la dictadura que se prolongó en Chile por diecisiete años. El no llegó a 1973 con una holgada situación: muchos recordamos que su madre atendía un kiosco en el Campus Oriente de la Universidad Católica donde vendía sándwiches, refrescos, dulces y otros a los estudiantes, profesores y funcionarios del recinto. Lo hacía, sin duda, para financiar los gastos de sus hijos, puesto que los ingresos de su marido, un excéntrico diplomático, simplemente no alcanzaban para “mantener la casa”, como ella misma lo comentaba.

Fue bajo el Régimen Militar que en pocos años Sebastián se hizo multimillonario mediante negocios u oportunidades que siempre lindaron con el fraude y la apropiación indebida. Un buen tiempo estuvo, incluso, prófugo de la justicia. Y por largos años sus movidas abochornaron a muchos empresarios, como a buena parte de la clase política, especialmente cuando decidió ser candidato a senador, sobornando para lograr su nominación a muchos dirigentes del que sería su partido: Renovación Nacional: A pesar de que su padre y él mismo eran de los típicos exponentes de la familia demócrata cristiana; del sector, por cierto, más recalcitrante como para convertirse en un entusiasta partidario del Golpe Militar. Justamente son las ideas adolescentes de Piñera, las que hasta hoy le merecen más reparos y sospechas a la derecha que gobierna con él. Aunque ahora con más entusiasmo que durante su primera administración.

Piñera, hay que recordarlo, formó parte de aquellas caravanas de incondicionales que viajaron a Londres para exigir a viva voz la libertad del Dictador, a quien reconocieron hasta el final como su líder y el refundador de nuestra República. Haciendo caso omiso, por supuesto, de la larga interdicción democrática que vivimos los chilenos y las espeluznantes violaciones de los Derechos Humanos que los tribunales de justicia siguen acreditando hasta hoy. Cuando acaba de reconocerse por un juez el magnicidio del ex presidente Frei, a quien Tatán (como entonces se le apodaba) conoció muy bien por la amistad que el estadista mantuvo con sus progenitores.

El dinero, bien o mal habido, suele ser un ingrediente muy importante en el éxito político. Especialmente en nuestro país en que los candidatos a La Moneda, el Parlamento y los municipios suelen gastar (o invertir) más de lo que percibirán como remuneraciones por el desempeño de sus cargos. Cuestión que está en la base de la corrupción que hoy el país ya no puede soslayar, así como en las espurias relaciones del gran empresariado nacional y extranjero con las autoridades de turno. De esta forma, llegar a sentarse en el “sillón de “O’Higgins u ocupar un curul en las cámaras legislativas se deriva en un pago incesante de favores para quienes sustentaron sus campañas electorales. El cobre, como ahora el litio, y todo lo que atesora nuestro suelo, subsuelo, la propia Cordillera de los Andes y nuestro ancho acceso al Océano ya no son parte de nuestra soberanía nacional gracias a las decisiones e Pinochet y de cada uno de sus sucesores o, más bien, continuadores.

En su primer gobierno, Piñera continuó haciendo negocios desde el Palacio Presidencial, pese a aquel “fideicomiso ciego” que dispusiera respecto de sus bienes, al menos de los que no alcanzó a traspasar a sus familiares. Una maniobra más bien tuerta que ciega, como se le ha imputado, y que esta vez los opositores no exijan con tanto ahínco, seguramente porque en esto de la corrupción ya son muy pocos los miembros de la clase política que se atreven a lanzar piedras o escupir al cielo.

Pero en nuestra interminable transición a la democracia, en que todavía sigue vigente la Constitución de Pinochet y una larga serie de leyes e instituciones heredadas del Tirano, lo que más puede sorprendernos es el empeño de Sebastián Piñera en acometer toda suerte de declaraciones y acciones para denunciar al régimen de Nicolás Maduro, sumarse a la voluntad de la Casa Blanca por desestabilizarlo e, incluso, alentar la intervención militar en el país. Para quienes conocimos su fervor pinochetista, sin embargo, esto no nos resulta tan extraño si observamos que el acoso que hoy sufre Maduro es el mismo que afectó a Salvador Allende. Si pensamos que también entonces desde Washington se alentó la insurrección militar de 1973, se compraron a varios políticos de centro y derecha y posteriormente se definieron las primeras directrices del mandato castrense.

También en el caso nuestro, se dijo que la Unidad Popular amenazaba la institucionalidad democrática y el Estado de Derecho, disponiendo, además, las patronales del comercio y la industria el desabastecimiento de los productos más esenciales… especies que curiosamente reaparecieron a las pocas horas de que Pinochet tomó el mando supremo de la nación y estableciera los primeros campos de concentración, exterminio y tortura.

El Presidente Trump quizás comprenda, o le hayan soplado, lo importante que es el apoyo que ha obtenido de Piñera desde el momento mismo que éste le ofrendara, para bochorno universal, la única estrella de nuestra bandera al pabellón norteamericano, donde se representan, como se sabe, los múltiples estados anexados con la guerra de secesión o arrebatados a México y a otras naciones. En esa criminal secuencia de invasiones y conspiraciones emprendidas por la superpotencia en su “patio trasero”, como en todo el mundo. Especialmente allí donde haya petróleo y otras reservas estratégicas.

Al lado del poder militar del Pentágono, sin duda, el respaldo de Piñera es apenas simbólico. Sin embargo, es la experiencia de los golpistas chilenos como de nuestro actual presidente y otros políticos chilenos lo que los constituye en aliados ideológicos muy necesarios para encarar al régimen chavista y lograr el apoyo de los gobernantes más incautos o repugnantes del Continente, como el mandamás de Colombia y el neo nazi instalado recién en Brasilia. Todos tienen en curioso mérito de haber tomado hipócritamente las banderas de la democracia y la libertad para haber consentido y colaborado con los regímenes castrenses más sanguinarios y autoritarios de América Latina.

Creemos que es la inconmensurable codicia de nuestro jefe de estado la que lo lleva a ponerse a la vanguardia de esta cruzada que hoy observamos contra el régimen venezolano. Dentro de nuestras fronteras ya queda poco por privatizar y desnacionalizar, de allí que la apuesta ahora para Trump y sus secuaces sea la posibilidad de asaltar las reservas petroleras y ese sinfín de riquezas que guarda uno de los países más extensos y bien dotados de América del Sur. No se trata, ciertamente, de la democracia y la paz que proclaman; tampoco de su estirpe humanitaria. De ser así, Estados Unidos acogería a los inmigrantes que se agolpan en sus fronteras, acudiría con ayuda alimenticia y farmacéutica a Haití y a otras múltiples naciones más pobres y desamparadas que Venezuela. Le exigiría a Arabia Saudita juicio y castigo a los criminales que hace poco ultimaron en su embajada turca, junto con exigir elecciones libres en los países asiáticos y africanos que tiene como incondicionales aliados.

Pero Piñera y otros voraces políticos y empresarios lo que quieren realmente es ponerse al acecho. Esperar que Estados Unidos les haga el trabajo sucio que antes les hizo en Chile y otras naciones del Cono Sur a las empresas transnacionales. Porque también estos personajes pueden colaborarle mucho, enseguida, en la apropiación de las industrias y los recursos naturales, aunque cobrándole esa tajada que, como en el caso de Piñera lo hizo multimillonario.  Como que también pudieran serles útiles a Trump para corromper a los militares y policías (como hoy lo están en Chile), a fin de ponerlos al servicio de los poderosos y convertirlos en verdugos de los más pobres y discriminados. Tal como actualmente se evidencia en la represión que hoy ejercen nuestros agentes del Estado en la Araucanía, las poblaciones marginales, cuanto en contra de los jóvenes y trabajadores inconformes con nuestro estado de desigualdad
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juanpablo.cardenas.s@gmail.com

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Las Universidades Publicas son sobrevivientes de guerra

Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:

 Las universidades publicas colombianas quedaron en pie a pesar de las más duras adversidades que haya padecido universidad alguna en el mundo, durante los cincuenta años de guerra que termina, porque las FARC ya no existen como insurgencia armada y el ELN tiene silenciados sus fusiles. Lograron quedar vivas aunque débiles y en lucha consigo mismas y contra los coletazos de guerra, pero cumplieron de la mejor manera la tarea encomendada por la sociedad para formar los hombres y mujeres profesionales de un país retrasado en libertades y urgido de soluciones de fondo a sus más urgentes necesidades de conocimiento, tecnología, convivencia pacífica y bienestar.



A manera de ejemplo, la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (en la que soy profesor desde hace 30 años) graduó entre 1966 y 2016 a más de 91.000 estudiantes, procedentes de sectores populares, extraídos del ámbito rural o que hacían tránsito a las nacientes ciudades. Resulta gratificante, que a pesar de la guerra y sus marañas, no hay evidencia de casos de egresados que se se hayan destacado por alguna trayectoria criminal o que hayan utilizado su saber para perseguir, intimidar o aprovechado su profesión como refugio de fechorías. Se conoce en cambio de la enorme capacidad de rebeldía y espíritu de lucha, que deja una cuota de estudiantes, profesores y trabajadores convertidos en silenciosas víctimas. La Universidad Nacional por su hondo significado para la nación multiplica todas las cifras, pero además fue la que abrió los espacios para reconocer la diversidad y la diferencia en las aulas y el pensamiento libre. Las otras 30 universidades hicieron cada una lo suyo, pusieron a debate su experiencia y trazaron caminos para que otros alentaran sus recorridos.

La educación pública universitaria no fue ajena a los contenidos del manifiesto de Córdoba Argentina de 1918 (manifiesto liminar) y acogió como suyos los principios esenciales de lo público como la autonomía política, docente y administrativa; la selección de docentes por concursos públicos; la asunción de responsabilidades políticas frente a la nación y la defensa de la democracia; la creación de cátedras libres y electivas a decisión de los estudiantes y; la democratización de la enseñanza, que sirvió para contrarrestar la educación que estaba convertida en privilegio de las elites y forjada con las reglas y conductas de la escolástica y desde ahí marcar la ruta del siglo XX.  Seguramente en 2018 vendrá una gran movilización global de la educación pública, (autónoma, gratuita, democrática y popular) en conmemoración de los 100 años de Córdoba y los 50 de mayo del 68, que representan las luchas sociales universitarias más significativas, que cimentaron las bases de la universidad pública actual, dejando atrás lo que era “el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y -lo que es peor aún- el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así el fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la Ciencia, frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático” (manifiesto de córdoba).

Después de la entrada al universo de las libertades vino la guerra y las universidades públicas colombianas tuvieron que enfrentar las arremetidas del estado y de sectores de poder obsesionados con derrotar el espíritu de lo público como concepto, principio y práctica social común. Usaron prácticas de guerra sucia, queriendo derrotar la inteligencia a la que no dejan de considerar aliada de las insurgencias armadas. Extendieron la estigmatización llamando a la sociedad a mirarlas y tratarlas con recelo y también con desprecio y entre análisis sesgados escondió las maravillas de lo que ocurría respecto a la ciencia y la cultura. Políticamente las elites metieron allí clientelas, promovieron su ineficiencia y fragmentación y bajo chantaje les entregaron presupuestos deficitarios, a cambio de controlarlas, las acostumbraron a sobrevivir y mientras los soldados de la guerra estaban cubiertos con altos presupuestos del estado, los estudiantes sobrevivían entre incertidumbres y carencias para cubrir los mínimos necesarios para educarse, teniendo que recurrir a la protesta para existir.

A manera de síntesis se podría señalar que con el fin de la guerra las universidades quedan con la suficiente dignidad para sobreponerse y asumir los compromisos con la construcción de paz en los territorios. Su realidad revela que están desfinanciadas; tienen un altísimo déficit democrático; su sentido esta tomado por reglas de mercado y; se debilitan a medida que se extienden. Son los resultados de haberlas gestionado con lógica de guerra y de conducirlas según el trazado del capital que las empujó a desviarse de su misión, a descentrarse y fluir sin un horizonte común. Muchas aun no entienden que su vida institucional se ahoga entre réplicas de lo que hacen otras, copian, plagian, siguen modelos y recetas genéricas aplicadas por funcionarios exentos de responsabilidad por los daños provocados. La guerra les cambio la baja por la alta velocidad de sus procesos y esta velocidad las paraliza, les impide tener en cuenta la fragilidad del ser humano que la compone y que esta convertido en instrumento de metas, que solo cuenta si está cerca al poder y se somete a negarse a ser en sí mismo, y de suma se acostumbra a permanecer al margen de su existencia política.

Pero el panorama que queda puede ser fácilmente revertido, si se piensa que la paz es lo nuevo y se inventan otras maneras de decir y hacer las cosas que correspondan a este tiempo y se nutran con un espíritu democrático y de cambio. Sin guerra viene otro momento, que no podrá vivirse con las mismas reglas, sencillamente porque la paz es contraria a la guerra y nadie tiene recetas y quien pretenda enseñarlas, ofrecerlas o venderlas (que es aún peor, es un farsante), si se tiene en cuenta que durante la guerra las universidades no tuvieron paz, los jóvenes recibieron trato de combatientes, asistieron a cientos de funerales de sus mejores hijos arrebatados por la barbarie, hubo profesores y estudiantes asesinados frente a las aulas, mutilados, desaparecidos, presos acusados con falsedades, miles injustamente derrotados por la precariedad económica que les impidió sostenerse en las aulas y millones más que no pudieron ingresar y obtener un carnet de estudiante, que es quizá el mejor de todos los carnet que existan en la historia de la humanización. Las imágenes de tanques, caballos y motorizados entrando victoriosos a los campus universitarios se encargarán de contar que fueron tratadas como campos de batalla y que se trató de acallar con balas y mentiras al pensamiento crítico por creer que era parte del alzamiento armado y porque gracias a él la verdad sería posible, esas serán las señales de la memoria recordando lo que no puede volver a ocurrir.

Se acaba la guerra y las universidades públicas tendrán el encargo de protegerse del olvido y convertir a la memoria en la fortaleza que conduzca su futuro. No se trata de quedarse en el pasado si no de saber conectar y desconectar los tiempos, de reajustar el sentido y el significado de su saber y hacer y usar a la ética como la savia que conecta. La paz propone otros momentos, tiempos mejores para poner a prueba lo que aprendieron para no dejar escapar la dignidad entre las dificultades que las llevaron incluso a entrar en alianzas de todo tipo con empresarios, políticos y partes descompuestas de la dinámica social que a cambio de fortalecerlas las debilitan, las tienen atadas a una competencia desigual hecha a la medida del interés privado que las corrompe y del que deben desprenderse.

El momento es otro y aunque desigualdad, inequidad, exclusión e injusticia sirvan para explicar que hoy más que nunca están dadas las condiciones y vigencia de la lucha armada para cambiar las cosas y derrotar a las elites, la sociedad y en particular la que compone la población potencial de las universidades públicas, igual que las víctimas, ha renunciado a la guerra y su decisión es sin retorno. Las generaciones de profesores, estudiantes y trabajadores de hoy tendrán que actuar con convicción ética y compromiso político en la construcción de paz, usando su imaginación, creatividad, ciencia y solidaridad. Las armas no serán más el recurso legitimo para resolver diferencias y será la inteligencia la llamada a reencontrar el camino de grandeza de las universidades públicas.

Esa es la más importante conclusión para llamar a la universidad pública a reconstruirse, en colectivo y desde abajo, a aprender de los jóvenes que saben cambiar de dirección, adaptarse a las circunstancias variables, detectar de inmediato los movimientos que comienzan a producirse y a actualizar su propia trayectoria, porque de ella depende su supervivencia (Bauman, retos de la educación). La universidad por ser parte de las invenciones de la cultura tiene que reinventarse y rápido, repensarse de otra manera no solo en la escena meramente económica, como lo hace ahora, y crear poder para apuntar y aportar sus saberes y quehaceres con miras a construir una nueva ciudadanía de paz y una sociedad de derechos, situada por fuera de la trampa economicista. 

P.D Con datos de la encuesta de cifras y conceptos 2017 (que no controlamos), estas columnas ocupan el segundo lugar de más leídas en Boyacá, y con datos de periodicoeldiario.com, algunas superan 20.000 lectores. Así que Gracias por sus lecturas que representan afectos. Me corresponde seguir con disciplina esta tarea que alienta el alma y que por fortuna no cumple metas ni sube indicadores de nada.
mrestrepo33@hotmail.com