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sábado, 15 de diciembre de 2018

¿Arderá el País como arde Paris?


Por Manuel Humberto Restrepo Dominguez:

¿Arderá el pais como arde Paris? ¿El pedido de dimisión al presidente macron serà seguido por las protestas antisistema en América Latina, incluida Colombia? Las agendas sociales, que encabezan los estudiantes universitarios, que ya congregan a indígenas, y campesinos, terminarán por pedirle la dimisión al gobierno que cree que todo está bien, ¿aunque sabe que todo está mal? La independencia de hace 200 años, que nunca se completó se forjò con rabia contra los impuestos, desilusión por la traición a los pactos y el cansancio al poder colonial, lo mismo parece retornar hoy, se lucha contra los impuestos, la paz traicionada y la resistencia al poder neocolonial. Lo que dice el gobierno no es creíble, nada concuerda con lo que la gente espera y resulta imposible codificar racionalmente lo que dice por estar atado a pasiones y engaños.


La alianza de gobierno propone subir salarios y al descuido el presidente sube impuestos, cuando habla de paz su partido destruye los mecanismos de justicia. Cada verbo resulta contrario a lo que pide la gente. La ley fue despojada de su significado original y el derecho penal mediatizado y utilizado para intimidar a unos y dar impunidad a otros. En todo hecho y decisión prima el interés de los dueños del país, que alternan como políticos o empresarios, aunque son las caras de la misma moneda que cosifica y pone precio a todo a su alrededor. El cuestionado consenso de la alianza de gobierno castiga económicamente a la sociedad con leyes alcabaleras y luego la llama a aplaudir su populismo punitivo seleccionando delincuentes.

El control político del estado y sus instituciones lo hacen las mismas elites tradicionales, responsables directas de los faltantes económicos, la postración de la democracia, la eliminación de la universalidad de la justicia y la persecución y eliminación de críticos y opositores con apoyo de los medios que desinforman y suplantan a la opinión pública.

Los anuncios de la alianza en el gobierno parecen insultos, sus mas asiduos militantes niegan la historia, abominan la diversidad y la diferencia, odian a sus adversarios, descalifican, estigmatizan, ofenden al pensamiento, aborrecen la racionalidad y se jactan de ser así y de saber manipular el ambiente social, dejándole mínima capacidad de maniobra al estado para defender la vida, porque siempre hay una mayor ideología corrupta que lo penetra e impide. Cuando habla el gobierno no genera credibilidad, sus justificaciones adolecen de conexiones conceptuales, entre inteligibilidad, racionalidad y veracidad. Incumple pactos, niega conflictos y responde a ninguna situación ajena a su propio interés, bajo la pretensión de que su poder es infinito, sin límite ni obligaciones y precede sus anuncios con amenazas de violencia, ejércitos y más muertes y daños evitables.

La ley justa, permanece bloqueada por el poder y la impunidad favorece las violaciones y negaciones a derechos humanos, lo que ha concitado el interès de la Corte Penal Internacional y exclamaciones de las Naciones Unidas ante el horror de la sistemática e imparable persecución y asesinato de líderes sociales, mientras el gobierno apenas ofrece normas carentes de lógica y sentido, que ofenden y empujan a mantener la protesta social, que avanza hacia una agenda común, con la que la sociedad, cansada de las elites y su política de terror, del acoso del estado y de las maquinarias de poder contaminadas de clientelismo y corrupción, se juegue su futuro radicalizando sus demandas y promoviendo la dimisión del gobierno, que no la tiene facil para recuperar su credibilidad perdida y deshacerse de raìz de sus vínculos con la clase política responsable de la quiebra política del estado.

 El panorama de baja o nula credibilidad al gobierno impulsa y fortalece la capacidad de las movilizaciones sociales que de no ser atendidas y entendidas, podrán hacer arder al país como lo hacen en parís los obreros de chalecos amarillos, que ya incluyeron en su agenda la dimisión del gobierno. En Colombia, los oídos sordos y la displicencia de la alianza de poder alientan el despliegue de acciones de soberanía y democracia en las calles, que con protestas, asambleas y paros, se aproximan a la huelga general y el llamado a la dimisión del gobierno.

Pedir la dimisión del gobierno es cosa de invocar el derecho de resistencia ante la tiranía, heredado de las revoluciones francesa y americana, para permitirle constitucionalmente a los derechos humanos salirse del marco normativo y servir de herramienta de resistencia directa, sin acudir a la ley o ponerse al margen de la ley, no por apología a la ilegalidad, sino porque la justicia permanece bloqueada por el poder y resulta inevitable incorporar en la agenda social otras formas de justicia y legitimidad que configure otros poderes, orientados a devolver la democracia a su lugar y así festejar en 2019 (año del bicentenario de independencia) el año de una segunda independencia, que ya ha enviado múltiples mensajes de urgencia pidiendo atención a las reivindicaciones sociales, y no ha encontrado respuesta, lo que tiende a nutrir la protesta de mediano plazo con el apoyo político latente de ocho millones de inconformes partícipes de la confrontación electoral última y quizá también de miles de inmigrantes desencantados de las promesas incumplidas y los miles de víctimas otra vez olvidadas y negadas.

P.D. 1. La inviabilidad del sistema global de destrucción de lo público, muestra que los 14 billones que el gobierno dice que faltan para sostener las finanzas del país, son exactamente iguales a las ganancias por 14 billones del sector financiero, que adicionalmente recibe transferencias, reducción de impuestos, exenciones y otras contraprestaciones. 2. La movilización universitaria completo 60 días en las calles y bloqueos en las 32 universidades públicas y 20 instituciones más, tratando de impedir la destrucción de la educación pública , pero el gobierno y la alianza de poder parecen ajenos, preocupados por dilatar, fracturar, negar y violentar, que por resolver, al tiempo que crecen los escándalos por ministros cuestionados, nombramientos equivocados, crisis de gobernabilidad, paros nacionales y una libreta da correría presidencial para tratar de decir que todo está bien.

mrestrepo33@hotmail.com

sábado, 24 de marzo de 2018

La ruptura de paradigmas y la democratización social


Por Homar Garcés

Atilio Boron, en su obra «Aristóteles en Macondo: notas sobre el fetichismo democrático en América latina», señala que «la cuestión que se plantea con más y más frecuencia en Latinoamérica es: ¿hasta qué punto es posible hablar de soberanía popular -esencial para una democracia- sin soberanía nacional? ¿Soberanía popular para qué? ¿Puede un pueblo sometido al dominio imperialista llegar a tener ciudadanos autónomos que decidan sobre su propio destino?».



A la luz de los diversos acontecimientos que han marcado la historia reciente de los pueblos de Nuestra América -sacudidos por la intervención militar del imperialismo gringo, las desigualdades impuestas por el capitalismo neoliberal, la destitución inconstitucional de presidentes progresistas y/o izquierdistas, bloqueos económicos, asesinatos de líderes políticos y populares, amenazas crecientes a la estabilidad democrática y, como complemento, un repunte agresivo de los sectores de la derecha tradicional y/o emergente- es previsible concluir que las respuestas adecuadas a tales interrogantes tendrán que hallarse (y gústenos o no) en un cambio estructural integral; es decir, en una revolución política, económica, social y cultural general que sea, al mismo tiempo que dinámica también permanente.

Con base en las aseveraciones anteriores, como se podrá deducir, la superación de la coyuntura actual (en cada una de las diferentes naciones que integran Nuestra América, lo mismo que en las de otras latitudes del mundo) va más allá de un simple cambio de gobierno. Se trata de invertir las relaciones sociales, las relaciones de poder y las relaciones de producción clásicas en favor de las mayorías populares en lugar de continuar haciéndolo en beneficio de minorías gobernantes que, tras el verbo populista tradicional, recurren a todo lo que esté a su alcance para preservar, disfrutar e incrementar sus intereses y privilegios de clase.

Nunca estará de más reiterar (como lo han replicado diversos teóricos de la izquierda revolucionaria) que sin ética ninguna revolución avanza; es decir, sin una alta moral y una clara conciencia de lucha no se podrá emprender exitosamente ninguna alternativa a favor de la soberanía popular y la emancipación integral del pueblo. Evidentemente, al margen de cuáles sean las posiciones ideológicas que asumamos, se podrá afirmar que sin dichos elementos se carecerá, por consiguiente, de la capacidad y de la constancia requeridas para resistir adecuadamente las maniobras de cooptación o abiertamente represivas que lleguen a ejecutar los sectores oligárquicos para impedir que esta lucha rinda sus frutos.

Continuando con este punto de vista, se hace preciso y forzoso entender que conceptos y realidades como la soberanía y el poderío económico de cada nación (más concretamente, de cada nación de la periferia del sistema capitalista global) se hallan ahora expuestos a la hegemonía de las grandes corporaciones transnacionales capitalistas, forzados a orbitar, a pesar de sus manifestaciones de independencia política, alrededor de las decisiones que éstas tomen, decisiones orientadas -como se ha visto desde hace décadas- al logro del control ilimitado de las finanzas, de los recursos naturales estratégicos y, por extensión, de toda la economía.

Esta ruptura de paradigmas y democratización social tendrían entonces cuatro fundamentos imprescindibles, sin ser los únicos: justicia social, independencia económica, soberanía política y descolonización cultural. Todos ellos conjugados en lo que podría denominarse una resistencia popular creadora que igual apunte a la demolición sistemática de los diferentes factores de dominación internos como externos, ya que constituyen un mismo bloque de dominación en sentido completamente opuesto a la emancipación integral de pueblos e individuos. Es un proceso sin pausas ni concesiones (no puede ser de otra manera) de autoconocimiento y autodeterminación que rompe con las normas y la lógica de poder con que se legitiman los sectores oligárquicos.

Esto incluye el desmantelamiento operativo del vigente Estado burgués liberal, por lo que no sería razonable creer que bastará su solo control para generar los diversos cambios requeridos, dejándolo intacto, lo cual daría lugar a tensiones y conflictos entre éste y las nuevas formas de organización del poder popular soberano que surjan y se consoliden gracias a dicho proceso.

Aquellos que aspiren impulsar, por tanto, un programa de transformación radical en Nuestra América tendrán que comenzar por resignificar de manera sistemática el proyecto histórico que nació con la lucha revolucionaria independentista y que, a lo largo de más de doscientos años, terminó por ensancharse con las diferentes luchas sociales protagonizadas por los sectores populares, al margen de las desviaciones propiciadas por los dirigentes que las capitalizaron a su favor, incluso sometiendo a cada uno de nuestros países a una total dependencia respecto al poder imperialista de Estados Unidos. Para ello es imprescindible despojar a este amplio proyecto de emancipación integral de los componentes ideológicos de la dominación colonial y neocolonial (extraídos del eurocentrismo) que han permanecido presentes en la cultura, la política y el tipo de sociedad vigentes, incluyendo a las concepciones ideológicas que, en apariencia, plantean su superación y total reemplazo.

Cumplido este objetivo básico, queda construir estructuras político-institucionales plurales, cuyo rasgo fundamental sea la participación ciudadana a través de un poder popular verdaderamente democrático y soberano. Sin embargo, nunca habrá de obviarse la necesidad del reconocimiento de la identidad popular, puesto que el núcleo discursivo y organizativo de la nueva cultura política (al igual que el resto de las estructuras que definen y soportan el modelo civilizatorio imperante) tiene que girar alrededor de algo absolutamente distinto a la razón represiva y/o dominadora, exportada por la vieja Europa hace poco más de quinientos años. En esta dirección, vale compartir lo expresado durante el Seminario del Tercer Mundo realizado en Génova, Italia, 1965, por el cineasta brasileño Glauber Rocha, quien -entre otras cosas importantes- expuso que «las raíces indígenas y negras del pueblo latinoamericano deben ser entendidas como únicas fuerzas desarrolladas de este continente. Nuestras clases medias y burguesas son caricaturas decadentes de las sociedades colonizadoras. La cultura popular será siempre una manifestación relativa cuando apenas inspiradora de un arte creado por artistas todavía sofocados por la razón burguesa. La cultura popular no es lo que se llama técnicamente folclor, sino el lenguaje popular de la permanente rebelión histórica. El encuentro de los revolucionarios».

Esta comprensión de los aportes (visibles y difusos) de los sectores populares, invisibilizados intencionalmente por los sectores dominantes para legitimar su hegemonía, contribuirá a definir mejor los objetivos que éstos deben trazarse en procura de su propia emancipación. Sin embargo, esto no excluye la posibilidad de tener en cuenta cualquier aporte teórico ajeno a las diferentes luchas populares de este continente y, en consecuencia, sumarlo, considerando que la lucha a nivel mundial tiene un común denominador: el modelo civilizatorio vigente, erigido según la lógica y los intereses del sistema capitalista.-
mandingarebelde@gmail.com

viernes, 25 de agosto de 2017

Venezuela Una nueva agresión despiadada

Por Rodrigo González:

La “opción militar” manifestada por el Presidente de EE.UU, Donald Trump, en su vocación neocolonial, para elevar la violencia contra los pueblos de nuestra américa y el Caribe; amenaza con invadir la hermana República Bolivariana de Venezuela y avanzar en su sostenido plan injerencista por parte del Imperio Norteamericano, a través del Comando Sur, la CIA y el beneplácito de aliados como Luis Almagro de la Organización de Estados Americanos (OEA).


La derecha fascista internacional, hace sonar tambores de guerra una vez más, como ya ocurrió con 40.000 bombas en Libia, en Irak con el verso de las armas de destrucción masiva, sumado a las  terribles  masacres mercenarias en Siria, Afganistán entre otras intervenciones guerreristas en el mundo, sembrando a su paso muerte y devastación destruyendo pueblos hermanos con millones de desplazados de naciones agredidas por parte del Imperio más salvaje y poderoso del mundo.
 
En su locura de intervención militar-imperial, la nueva administración Norteamericana encabezada por el Presidente Donald Trump, se manifestó coincidentemente en tiempo en virtud del fracaso de las burguesías y oligarquías locales de Venezuela con apoyo extranjero claro, donde depositaban su financiamiento hasta tanto se establezca un gobierno paralelo o con apoyo a las intentonas terroristas para tomar el Palacio de Miraflores por oposición violenta, con grupos de choque, paramilitares y mercenarios y así acabar con el Proceso de la Revolución Bolivariana y el Gobierno legítimamente constituido del Presidente Nicolás Maduro en la hermana Patria de Bolívar, Zamora y el Comandante Chávez.

Esta escalada intervencionista se justifica frente a los diversos factores antidemocráticos y la derecha fascista internacional y a una “oposición” que fue nuevamente derrotada en la elección de la Asamblea Nacional Constituyente este 30 de julio de 2017, mediante el sufragio universal y a la vez ratificando un horizonte que como en el año 1999 con la Constitución Bolivariana y también con en el “Plan de la Patria” ratificare en democracia participativa y protagónica, ganada por la Revolución Bolivariana con más de 8 millones de votos de Venezolanos y Venezolanas en de la búsqueda de la Paz, el diálogo soberano, de respeto mutuo, sin injerencia en asuntos internos en nuestra Patria Grande Latinoamericana con derecho a desarrollar con dignidad y con orgullo modelos propios de desarrollo  económico, político, social; contra el salvajismo inhumano del capitalismo imperialista.

En el marco de la Carta de las Naciones unidas, el derecho internacional, el respeto a la autodeterminación de los pueblos el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) afirmó: “la situación de Venezuela no representa una amenaza para la paz y la seguridad internacional”.
Por otra parte y en virtud de las diversas sanciones internacionales impuestas, el relator especial de Naciones Unidas mencionó “que las medidas coercitivas unilaterales no debe en ningún momento ser utilizados como instrumento de política exterior, y que la vía que se debe establecer ante cualquier diferencia es sin duda el diálogo “Ningún estado puede aplicar o fomentar el uso de medidas económicas, políticas o de cualquier otra índole para coaccionar a otro estado a fin de lograr que subordine el ejercicio de sus derechos soberanos u obtener de él ventajas de cualquier orden”.

Como ha ocurrido en la historia con el Plan Cóndor, nuevamente sobrevuelan las águilas del Imperio en el cono sur, contra Venezuela tiene el aval de  Macri en Argentina, Temer en Brasil o Cartes en Paraguay (La nueva Triple Alianza) Uruguay, Almagro en la OEA incluso para justificar todo método ilegal, improcedente y antidemocrático de expulsión del MERCOSUR.  Tristes sus beneplácitos de nueva tecnología militar, manchadas de sangre del Pueblo como en toda guerra  junto a la persecución, tortura, desaparición y encarcelamiento de quien se oponga aunque sea por la Paz en Colombia y a acuerdos alcanzados, nunca respetados. Bases militares en todo el continente incluido Malvinas, operaciones militares en el cono sur, la triple frontera o el norte Argentino en una coordinadora represiva de los golpes de estado en Honduras, Paraguay, la intervención militar en Haití o intentos de magnicidio.
                                                                             
Reivindicamos la dimensión de la patria grande latinoamericana, como necesaria y clara respuesta a las históricas acciones de escisión y fragmentación de los sucesivos coloniajes españoles, portuguesa, inglés y norteamericano.

Un Camarada escritor, luchador Argentino Marco Teruggi  decía:

 “Mapa de la derrota opositora en Venezuela”:

“Pasó lo que les suele pasar: se equivocaron en sus análisis. Sobreestimaron la fuerza propia, subestimaron al Chavismo, leyeron de manera errada el estado de ánimo de las masas, calcularon mal las coordenadas del campo de batalla. Y en las batallas las responsabilidades son colectivas, pero diferenciadas: el peso mayor recae sobre los generales – así lo enseña, entre otros, el libro La extraña derrota, de Marc Bloch-. Porque hubo una derrota, táctica en el marco de un equilibrio inestable prolongado, pero derrota al fin, y eso trae cambios, facturas, desbandadas y cambios de posiciones”

Esta nueva amenaza de los EEUU a nuestra Zona de Paz, (declarada así y ratificada por los 33 estados miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC))

Encontrará en los Pueblos la defensa de nuestra naturaleza y de la humanidad junto a miles de millones de personas, cooperativistas, mujeres, jóvenes, obreros, campesinos,  indígenas que luchan contra del  poder mundial y sus propósitos en favor de más  ganancia, en un escenario de crisis capitalista mundial, pueda convertirse en otro “Playa Girón”

Los pueblos somos conscientes de la construcción del momento político en nuestra Patria Grande Latinoamericana y que requieren de los más altos valores militantes y también los más hermosos; como el internacionalismo en esta lucha de liberación, construyendo poder popular, hacia la construcción de una sociedad sin explotadores ni explotados: Una sociedad y una Patria Latinoamericana y Socialista!

Decía El Libertador Simón Bolívar: “No envainaré jamás la espada mientras la libertad de mi Patria no esté completamente asegurada”.

El Informador-Órgano de Comunicación del Movimiento de Ocupantes e Inquilinos MOI