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sábado, 28 de septiembre de 2019

Fin del neoliberalismo en América Latina



Dr. Carlos Pérez Morales:

El neoliberalismo en América Latina fue impuesto por Estados Unidos mediante el llamado Consenso de Washington. Esta ideología económica se rige por un conjunto de media económicas que tuviera que tomar el país donde se instalaría la ideología neoliberal. Aunque el Consenso de Washington recomendaba 10 medidas económicas que tomar, las más importantes eran: la desregulación del mercado, la no intervenciónón del estado en los mercados y en la economía en general. Es por esa razón que el neoliberalismo requiere de los gobiernos la venta de las empresas públicas. También recomienda redirigir el gasto público hacia una mayor inversión en asuntos productivos. Propone además una reforma tributaria ampliando las bases de los que se cobra impuestos y la desregulación de las barreras arancelarias.


El sistema neoliberal desregula el mercado del trabajo y hasta donde pueda, va a eliminar los sindicatos o ponerlos bajo su control político.  En el sistema neoliberal, lo más importante es el capital, especialmente el capital financiero. En todos los países donde esta ideología económica se instauró hoy, abunda la pobreza y se ha ampliado la brecha de clases. Los trabajadores se han hecho más pobre y los ricos más ricos

Importantes instituciones financieras de Estados Unidos como el Banco de la Reserva Federal, y otras de índole internacional, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial cobraron una excesiva influencia con la dispersión de esta ideología en América Latina.  Estos países contrajeron una enorme deuda con estas instituciones que creó una grave crisis económica debido a su endeudamiento. Esta crisis fue creada por el alza en los precios del petróleo impulsada por la OPEC. Para continuar el proceso de desarrollo estos países tomaron dinero prestado a los bancos multinacionales. muchas cantidades de este dinero tomado prestado, se utilizó para comprar otros productos a países desarrollados.

La deuda latinoamericana se duplico en sólo 20 años. Como era imposible pagar esa enorme deuda, tanto el Banco Mundial, como el Fondo Monetario Internacional exigieron que hubiese una reforma estructural antes de renegociar la deuda.

Como reacción a esta realidad alcanzaron el gobierno-poder, movimientos de izquierda en algunos países latinoamericanos. Tales como Argentina, Brasil, Venezuela, Ecuador, Uruguay, Paraguay y Nicaragua.  La mayoría de estos países donde la izquierda triunfó, no pudieron resolver los grandes problemas económicos causados por el neoliberalismo. Hoy día sólo quedan en el poder los gobiernos de Cuba, Bolivia, Venezuela y Nicaragua.

Aunque muchos de los países latinoamericanos no repudian el capitalismo, si lo hacen contra el neoliberalismo.
Hoy día vemos como la República Popular de China ha establecido relaciones diplomáticas con muchos países latinoamericanos.  En algunos de ellos las inversiones chinas y la colaboración han alcanzado el nivel de primer socio comercial, como es el caso de Chile.  Este evento es una señal de la pérdida de hegemonía de Estados Unidos en la región.  También, estos países han concertado Tratados de Libre Comercio, como lo es con China y otros países a nivel mundial.

El aumento en la creación de Organizaciones latinoamericanas (Sin la participación de Estados Unidos) como el MERCOSUR, el ALBA, Banco del Sur, el oleoducto que cruza varios países y los tratados de integración nacional, contribuyen al fin del neoliberalismo en América Latina.
Aunque el fin del neoliberalismo en América Latina será un proceso lento, la mayoría de los países latinoamericanos están tomando medidas para superarlo.

Analista Geopolítico
carlosperezmorales@hotmail.com

miércoles, 26 de junio de 2019

Las ideologías de la integración y desintegración



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
No se trata necesariamente de izquierdas o derechas en cuanto al resultado actual de tantas naciones independientes y pretendidamente soberanas sobre la faz de la Tierra.  Los ideales de la emancipación se relacionaron con luchas y líderes que comúnmente abrazaban las ideas progresistas de libertad, justicia social y respeto a los derechos humanos. Sin embargo, en el presente, no hay duda que algunas expresiones independentistas son impulsadas por fuerzas y caudillos de tosco nacionalismo y movidos por intereses económicos, es decir por quienes son parte de las fuerzas más reaccionarias del mundo.


Desde los inicios y hasta casi hasta terminar el siglo XX,  los aires de integración, como el que diera origen a la Unión Soviética o al Mercado Común Europeo, fueron considerados expresión de un progresismo que, incluso, arrasó con las viejas monarquías, así como antes nuestros procesos independentistas respecto de España y Portugal fueron impulsados por esfuerzos y luchas que rápida y consecuentemente tomaron las banderas del republicanismo, el término de la opresión y el reconocimiento de la igualdad de derechos de toda la especie humana. Es decir, obedecieron a una ideología francamente revolucionaria o vanguardista para la época.

Más allá de la suerte posterior de estas gestas, parece no haber duda que la Revolución Rusa y la integración leninista de numerosas naciones explica mucho la consolidación de la Unión Soviética como una potencia mundial, así como en su momento la integración de casi medio centenar de estados norteamericanos explica buena parte de su actual poderío y hegemonía estadounidense, además de la superación del esclavismo y diversas otras formas de segregación.

 Parece ser que la humanidad anda mejor sin guerras vecinales, sin ejércitos imperiales y con altos grados de colaboración mutua. El logro de integración muchos países europeos, así como el mismo sueño bolivariano, de verdad mantienen mucha vigencia, pese a las fuerzas centrífugas de los ingleses, la evidente descomposición de muchos acuerdos regionales y aquellas tensiones entre nuestros estados que favorecen, por cierto, a las grandes empresas transnacionales y a los países hegemónicos que fundan en gran parte su “prosperidad” en el negocio de las armas.

Cuesta concluir si el independentismo vasco y catalán, si la propia desintegración del mundo socialista, pueden ser auspiciosos realmente para los que los promueven. Da la impresión de que en todos estos fenómenos conviven ideas y movimientos muy disímiles, así como resulta muy difícil evaluar qué tendencias lograrán imponerse a la postre y si el costo que pueden significar en pérdida de vidas y destrucción material francamente las justifiquen. La certeza que hoy tenemos de la fragilidad de nuestro planeta y sus ecosistemas, de los ingentes recursos que se pierden en estos conflictos, cuando la tozudez de algunos países renuentes a aceptar como vecinos a árabes e israelíes parecen recomendar urgentemente los valores del diálogo y la tolerancia para la búsqueda del propósito más encomiable: la paz.

Resulta evidente que la emancipación africana y asiática que derivara en tanta dispersión de estados fue del todo razonable. Pero de lo que se trataba, sobre todo, era de expulsar de tales continentes a las potencias colonialistas, erradicar la explotación de mano de obra, como la abusiva expoliación de los recursos naturales de estos territorios. Creemos que no parece propicio valorar como positivo el surgimiento de tantas naciones que finalmente no han sido capaces de integrarse ni alcanzar satisfactorios logros en pos de su desarrollo. Así como tampoco existe hoy la convicción que las potencias colonialistas se hayan ido realmente y no estén ejerciendo ahora su hegemonía bajo los nombres de las empresas transnacionales e incursiones militares que, cuando se lo proponen, irrumpen en estas vastas extensiones.

Asimismo, tenemos resultados muy disímiles en la larga y justa lucha de los pueblos aborígenes de América. Hay países como Canadá, parcialmente México y otros que han resuelto bien y oportunamente las demandas indígenas, haciendo esfuerzos considerables por reconocer la diversidad de pueblos ancestrales que habitan de norte a sur, sus acerbos culturales y derechos de propiedad. Lo que pasó por aceptar, necesariamente, su dignidad, particularidades de vida y derechos humanos, sin perjuicio de que también se los instara al disfrute de la modernidad y los recursos del desarrollo educacional, científico y tecnológico.

Otra cosa es lo que sucede en Chile con la etnia mapuche, cuyas aspiraciones de autonomía y derechos culturales y económicos continúan conculcados. Al grado que la Araucanía está entre las regiones más atrasadas del país, y las tensiones y conflictos se han reinstalado en la zona con funestas consecuencias para todo el país. En este sentido, no tenemos duda que a nuestro Estado le ha faltado insensibilidad, realismo y una mínima capacidad de discurrir aciertos políticos.

Ello es lo que mejor explica, después de una espera más que centenaria que entre los mapuches prospere ahora la idea de su plena independencia de Chile y las ideas de su integración al país y pleno ejercicio de sus derechos cívicos o ciudadanos representen ahora las posiciones más conservadoras, y acaso minoritarias, dentro de esta guerra larvada. Como lo hemos dicho en otras oportunidades, lo cierto es que a nuestra política en éstas y tantas situaciones les ha faltado liderazgo y estadistas genuinos. 

Creemos que habría sido perfectamente posible, a esta altura de nuestra evolución republicana, que tuviéramos a nuestro pueblo fundacional completamente integrado a una sola nación chilena, de no haber prevalecido la codicia y el menoscabo en relación a los mapuches. Como “los más pobres entre los pobres” del país, cada día se hace más difícil tal integración, sobre todo por la influencia que ejercen en la Araucanía los intereses de las grandes empresas forestales, pesqueras y mineras que no persiguen, ciertamente, el interés nacional, sino su propia satisfacción en el lucro y la inicua apropiación de nuestras reservas naturales. Y que, desde luego, tienen cooptada la política, las instituciones del Estado y los poderosos medios de comunicación.

En este caso, no cabe duda que la emancipación mapuche se ha consolidado como un ideal progresista o de izquierda enfrente de las fuerzas reaccionarias que aspiran al pleno sometimiento de una nación de perfiles muy definidos y cuyas demandas gozan de un creciente apoyo nacional que reconoce la justicia y dignidad de sus reivindicaciones.

Además, que empieza a asumir que más de dos tercios de nuestra población nacional étnicamente se nutren de la sangre y cultura de nuestro pueblo fundacional. Realidad que hace todavía más absurda y fratricida la represión policial y la impunidad de quienes a diario destruyen los asentamientos indígenas matan y encarcelan a sus líderes morales y combatientes.
juanpablo.cardenas.s@gmail.com

miércoles, 3 de abril de 2019

¿Hasta cuándo van a llover bombas sobre Gaza?

Por Leandro Albani:


Israel desató bombardeos masivos contra la Franja de Gaza, destruyendo 500 casas y generando una nueva crisis de pánico entre el pueblo palestino.

Las ecuaciones siempre parecen cerrar de forma perfecta para Benjamín Netanyahu. El primer ministro israelí, acusado de corrupción por la justicia de su país, no vacila en ordenar una catarata de bombardeos sobre la Franja de Gaza cuando huele que su credibilidad está en juego. Pero Netanyahu no sólo se mueve por el sencillo instinto de sobrevivir; su formación dentro del sionismo, una ideología ultraderechista y racista, lo define como un líder consciente de que uno de sus principales objetivos es reprimir (en lo posible hasta el exterminio) al pueblo palestino.


En los últimos días, esa ecuación a la que se aferra Netanyahu se alineó de forma perfecta. Con la campaña electoral para los comisiós parlamentarios del próximo 9 de abril en Israel, el primer ministro –asediado por las críticas internas y externas- obtuvo un nuevo trofeo: el gobierno de Donald Trump reconoció que los Altos del Golán son territorio israelí. Esa región siria fue arrebatada por el ejército israelí luego de la Guerra de los Seis Días en 1967. En los últimos años, los Altos del Golán se convirtieron en una de las retaguardias de muchos grupos irregulares que operan en territorio sirio, incluido Al Qaeda. Desde esa zona, el Estado israelí asistió a los mercenarios que luego reingresaba a Siria, inclusive instalando hospitales de campaña para que fueran atendidos.

El mismo lunes pasado en que Trump tendía otra vez sus manos para respaldar a Netanyahu, la aviación israelí desataba una lluvia de bombas sobre la Franja de Gaza, una porción de territorio palestino de apenas 360 kilómetros cuadrados en donde habitan dos millones de personas. Gaza, que moja sus tierras en el Mar de Mediterráneo, es considera la prisión a cielo abierto más grande del mundo. Bloqueada económicamente y asediada por las fuerzas militares israelíes, la Franja sobrevive hace años entre los golpes mortales de los bombardeos y la indiferencia de la comunidad internacional.

Unas horas antes de los ataques israelíes se había reportado la caída de un cohete artesanal en el norte de Tel Aviv, que dejó como saldo a siete personas heridas. La ecuación, como siempre, se resolvió sin contradicciones para Netanyahu. Los bombardeos que demolieron partes enteras de Gaza eran la respuesta que buena parte de la sociedad israelí espera de sus gobernantes. El Movimiento de Resistencia Islámica Hamas (y por ende, Irán, en una asociación transitiva permanente que defiende el gobierno de Tel Aviv) era el responsable del cohete lanzado.

Según las cifras reveladas por Centro Palestino de Derechos Humanos (CPDH), entre el lunes y el martes, en apenas 12 horas, Israel descargó 66 misiles contra 34 objetivos a lo largo de la Franja, incluidos edificios residenciales e instalaciones civiles. El pretexto de Tel Aviv, apunta el CPDH, es que en el interior de esos lugares existían “servicios de seguridad” palestinos.

La Autoridad Nacional Palestina (ANP) informó el martes que los ataques aéreos contra Gaza causaron daños en 500 casas y otras 30 fueron totalmente destruidas. El ministro de Obras Públicas y Vivienda palestinas, Mofeed Al Hasayneh, confirmó que 13 familias palestinas se quedaron sin hogar y cientos de residentes en Gaza debieron abandonar sus casas. Al Hasanyneh exigió a la comunidad internacional que ejerza presión sobre Israel para que detenga sus ataques y que estos hechos, como muchos otros, no queden en la impunidad.

El CPDH alertó que “además de la destrucción causada por los ataques aéreos contra el blanco al que apuntaban y de los daños causados a las viviendas e instalaciones cercanas, las explosiones resultantes han causado pánico y temor entre la población civil, muy particularmente entre las y los niños, al reproducir las experiencias traumáticas que vivieron en las tres ofensivas israelíes de 2008-2009, 2012 y 2014”.
“Con esta escalada generalizada, los civiles palestinos de la Franja de Gaza han vuelto a sufrir ataques aéreos desproporcionados -que se inscriben en la política de castigo colectivo que les aplica Israel”, remarcó el CPDH.

Estos nuevos ataques sobre la Franja también son una respuesta a las Marchas del Retorno, que desde el año pasado se realizan todos los viernes. Frente a las protestas masivas de palestinos y palestina, Israel no varió en sus respuestas: francotiradores y soldados hacen puntería sobre hombre, mujeres y niños que reclaman la tierra que les pertenece y le es negada. Durante las Marchas del Retorno, Israel asesinó a 196 manifestantes, entre ellos ocho personas discapacitadas, tres paramédicos que asistían a gente herida y dos periodistas que cubrían las protestas. A esto se suma que más de 15.200 personas han resultado heridas, incluyendo 3.300 menores, 177 paramédicos y 154 periodistas.

Desde el Centro Al Mezan para los Derechos Humanos recordaron que las movilizaciones contra la ocupación israelí son “un derecho de libre expresión y un derecho fundamental que debe respetarse”. Por su parte, la comisión independiente creada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para investigar el accionar del Ejército y las autoridades israelíes ante las Marchas del Retorno llegó a la conclusión de que los ataques podrían constituir “crímenes de guerra o contra la humanidad”.

“La situación en la Franja de Gaza es parte de una longeva campaña de violencia y terror que está siendo emprendida contra nuestro pueblo por Israel”, denunció recientemente el embajador de Palestina en la ONU, Riad Mansur. “El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas debe hacer escuchar su voz y actuar para impedir la continuación de la violencia y el escalda de esta grave situación”, manifestó el diplomático.

Mientras la destrucción se aferra a Gaza de la mano de Netanyahu y la guardia de hierro que lo secunda, los palestinos y las palestinas se preparan para redoblar las protestas el próximo viernes. En la Franja, un territorio donde la muerte vuelva con el mismo sonido que los cazas israelíes, nadie está dispuesto a bajar los brazos.

leandroalbani@gmail.com

martes, 5 de febrero de 2019

De neo colonias y neo mentiras


Por  Prof. Pablo Salvatb.:

Como otras veces, no escribo aquí parta complacer líneas editoriales o intereses económico-partidistas. Como tantas otras, lo hago de un modo “políticamente incorrecto”. “Muerto de hambre” le grito un joven jugador de la Roja a otro joven jugador de la Vino tinto. De seguro ofuscado porque esos “muertos de hambre”, a pesar de sus estómagos vacíos quizá desde cuándo, le estaban ganando el partido de algo que, se supone, es solo “un juego”. Ha pasado casi desapercibido en nuestra manipulada prensa escrita y televisiva por supuesto.

No solo se expresa aquí un insulto cualquiera, que no está permitido por las reglas del “fair play” en el fútbol. Lamentablemente, esa reacción de jugador popular a jugador popular, refleja la penetración de la ideología neoliberalista en la mente de muchos chilenos, en particular referida a la actual situación del pueblo venezolano.  De un modo u otro, se refleja aquí nuevamente, la dimensión neocolonial de nuestro ethos, de nuestros hábitos y conductas ético-políticas. No tenemos una visión autónoma e ilustrada de los sucesos históricos.  Buena parte de la gente sigue, la mayor parte de las veces, las imágenes e indicaciones de los medios de comunicación, mayoritariamente dominados/manejados por sectores de derecha, aliados todos ellos, al poder que reside entre la Casa Blanca y el Complejo Militar Industrial-financiero, allá en el norte del globo.
Esto se ha intensificado con la formación del así autollamado grupo (o “cartel” como dicen otros) de Lima.

La orientación pro neoliberal y derechista de buena parte de sus gobernantes, se articula muy bien con las órdenes y pedidos realizados desde el poder en el país del norte.   Después de unos años, en que el latino americanismo volvió a ver días mejores y promisorios para la unidad e integración latinoamericana (unidad en la diversidad); los presidentes derechistas aupados por la Casa Blanca y los intereses económicos, se han empeñado en liquidar la mayor cantidad posible de instancias de coordinación latinoamericana que se lograron desde fines del siglo pasado y los primeros años de este nuevo siglo.

Es triste observar el espectáculo de condescendencia y obsecuencia de estos dirigentes con el poder estadounidense. Da vergüenza ajena. Y después, uno los  ve posando de “nacionalistas”, pero no tienen empacho en vender los recursos naturales del país a las transnacionales; de dar todas las facilidades a financistas e inversores; en reprimir a las fuerzas del trabajo o a los pueblos originarios y migrantes. Las elites latinoamericanas, lamentablemente, no son nacionales. Solo de manera contingente les interesa su propio país. Si se les cambian las condiciones de su poder y riqueza, no tendrán problemas en dar Golpes de Estado, o en marcharse rápidamente, adivine usted donde. 

¿Vio la imagen del presidente Piñera visitando al Sr. Trump en la Casa Blanca? No tuvo problemas en subordinar nuestra bandera al interior de la bandera gringa.  Pero él sí que no sigue doctrinas “foráneas”; piensa solo a partir de la historia cultural nacional y del continente; siempre está citando a nuestros libertadores, solo hace negocios nacionales, no se inspira ni tiene intereses en los USA.  Como se le ocurre ¡La oligarquía colombiana por su parte y sus gobiernos, la derecha de allí, ha permitido que los USA les instalen más de siete Bases militares!  ¿Para qué las necesitamos? ¿Por qué esas Bases están en la frontera con Venezuela? Tenemos ha muy poco, además, la vergonzosa situación que se dio en la reunión del Grupo de Lima, donde el sr. Mike Pompeo se dio el lujo, a través de videoconferencia, de precisar las instrucciones a estos países para intervenir en la República Bolivariana de Venezuela, violando su propia firma de la Carta Fundamental de las Naciones Unidas. 
Se les ocurrió, por si fuera poco – a los muy “nacionalistas”- inmiscuirse en una disputa territorial marina, y tuvieron que retractarse pocos días después.  No vaya a ser que el mismo Grupo de Lima ahora independizado de las órdenes de Washington, le dé un día  la razón a Bolivia, y clame a Chile por darle una salida al mar¡  Si usted cree que exagero, pues le invito lector/lectora, a revisar la historia  de nuestra América y a ver allí cómo el dicho de que somos “el patio trasero” de los intereses de Washington se ha cumplido, y nunca  para traer sociedades más justas, igualitarias y libres ( no tengo espacio en esta columna para colocar  fechas y países. Por ahora:  Chile, 1973; Argentina,1976; Uriguay,1973; Brasil, 1964; Bolivia,1980; Guatemala, 1954; Honduras, 2009; Panamá, 1989).

La diferencia en el presente, es que ahora el país del norte fabrica –en alianza con factores derechistas y también muchas veces con la anuencia de unas FFAA formadas aun en el  anticomunismo-, intervenciones en distintos lugares y países del globo terráqueo con una menor intervención  castrense (salvo claro está, Irak,  Libia,  Siria, Afganistán)  y se sirve del Poder Judicial y los golpes “constitucionales” para intentar destituir aquellos gobiernos no serviles a sus intereses (hay que recordar a F.

Lugo en Paraguay; o el caso de Dilma y Lula, en Brasil). Esto es lo que intentan por ahora contra Venezuela. Sin base político-jurídica montan un gobierno paralelo y con ello, al igual que en Libia, quieren iniciar el camino de la destrucción de ese país. Claro, acá, supuesto reino del éxito y la tranquilidad (Camilo Catrillanca y otros de por medio), solo vemos las imágenes repetidas de los consorcios mediáticos internacionales: una sola voz, una sola imagen; pura emocionalidad de por medio.  Nada de contexto; nada de reflexión crítica; nada de ubicación histórica, nada de elecciones. Siguiendo la rúbrica de Goebbels, “miente, miente que algo queda”, y hazlo todos los días, de manera reiterada, cuatro o tres consignas y frases repetidas una y otra vez. Es una lástima, que gobernantes que tienen muy bajo apoyo popular, terminen involucrando a nuestros pueblos en intervenciones extemporáneas que solo pueden traer, la experiencia está  a la vista, muerte,  caos y sufrimiento.

No habría que olvidar tan rápido lo que decía el libertador S. Bolívar en agosto de 1829 “ (…) los Estados Unidos que parecen destinados por la providencia a plagar la América de miserias a nombre de la libertad”.  Idea refrendada por José Martí “(…) los pueblos de América son más libres y prósperos a medida que más se apartan de los Estados Unidos”.  Y conste que no he tenido tiempo y espacio aquí para un análisis más serio de la crisis por la que atraviesa la república Bolivariana de Venezuela. Pero hay que empezar por alguna parte, para recuperar nuestra capacidad de asombro adormecida por tanta tecnología mediática.  
pablosalvatb@gmail.com

viernes, 25 de mayo de 2018

El neoliberalismo y el cambio raigal del poder estadal


Por Homar Garcés:
A partir de la década de los ochenta, la ideología neoliberal vino a imponer la “necesidad” de desmontar los diferentes aparatos del Estado, así como las leyes restrictivas del mercado, en función de los intereses corporativos de los grandes capitales transnacionales. Esto fue acometido en gran parte del globo terráqueo, incluyendo algunas de las naciones de nuestra América, procediéndose a la privatización de aquellos servicios y empresas básicos cuyo control estaba en manos del Estado.



Dicho proceso hizo que la situación social y económica de una gran mayoría de ciudadanos empeorara en lugar de concretarse e incrementarse los niveles de bienestar que los apologistas de esta corriente capitalista prometían, en una proporción similar o cercana a los disfrutados en los países altamente industrializados. De tal suerte, el Estado pasó a ser controlado por los intereses del mercado. El Estado de bienestar que proliferó luego de acabada la Segunda Guerra Mundial quedó relegado a un segundo plano.

Pero a medida que el avance y la consolidación del neoliberalismo globalizado parecían indetenibles, se perfiló, al mismo tiempo, una corriente ascendente de resistencia popular en su contra, movilizada de una manera espontánea y generalmente carente de una dirección política reconocida (como aconteciera en el caso de Venezuela el 27 de febrero de 1989). En un comienzo, como focos aislados, centrados cada uno en sus reivindicaciones particulares, pero luego articulándose entre sí, local e internacionalmente, conformando -más allá de sus fronteras naturales- una gama de movimientos y de propuestas que convergían en iguales causas.

Un vasto movimiento heterogéneo de lucha contra el capitalismo neoliberal que, en ciertas naciones de nuestra América, adquirió un matiz abiertamente político y antimperialista hasta llegar a manifestarse como política de Estado de algunos de los gobiernos surgidos en este período histórico, los cuales se identificaron a sí mismos como progresistas, socialistas y/o revolucionarios.

Aun con este leve, pero significativo, declive del recetario neoliberal, las estructuras del viejo Estado liberal burgués continuaron funcionando en nuestros países del mismo modo que antes, a pesar del compromiso aparentemente revolucionario de algunos gobernantes de promover y de contribuir a asentar cambios estructurales que dieran cabida al ejercicio real de una democracia participativa y protagónica (con posibilidades no descartables de transformarse en una democracia directa).

La voluntad política -expresada en discursos, medidas gubernamentales y algunas leyes- no resultó suficiente para trascender audazmente el marco tradicional de las funciones estatales. Ahora, ante la recuperación progresiva del poder en algunos países de nuestra región por parte de los sectores políticos conservadores (Brasil, Argentina, Ecuador) en conexión con los intereses hegemónicos estadounidenses, es una exigencia abordar el problema del poder de una forma menos simplista que la aspiración de reemplazar a personajes y partidos políticos. Hace falta sistematizar su horizontalidad, lo que haría copartícipe al pueblo revolucionario organizado -en una primera etapa- en el diseño y la construcción de un nuevo modelo civilizatorio hasta que, dependiendo de la evolución y el dinamismo de su nueva conciencia social, éste se halle en capacidad de asumir directamente las diferentes funciones del Estado. Ése sería el objetivo básico por trazarse.

Complementando esto último, como lo apuntó Kléber Ramírez en su libro “Venezuela: La IV República (o la total transformación del Estado)”, publicado en 1991, “el nuevo Estado debe dirigir el desarrollo de la democracia de abajo a arriba, comenzando por hacer que todas las comunidades se hagan responsables de su propia gestión, eligiendo ellas mismas sus autoridades administrativas, elaborando y jerarquizando sus planes autogestionarios, en fin, desarrollando todo su potencial de responsabilidad”.

De plasmarse esta revolucionaria realidad, se produciría entonces el cambio del poder estatal por un poder político de raíces comunales. Ya no tendría razón de ser el orden social competitivo y desigual establecido según la lógica capitalista sino una lógica comunal de responsabilidad pública rotativa, dando forma a un compromiso ético-social como elemento fundamental de una propuesta de transformación raigalmente democrático. En conjunto, recurriendo a Florestán Fernández, político y sociólogo brasileño, tendría lugar una regeneración de la vida democrática y plebeya en vez de darle continuidad a un tipo de sociedad en el cual prevalece la desigualdad y la explotación social y económica a manos de una minoría. -   
mandingarebelde@gmail.com