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sábado, 18 de julio de 2020

EEUU y Trump siguen una guerra sin cuartel contra América Latina



Por Diego Olivera Evia:
La crisis y la muerte son parte de la Pandemia

Además de los fracasos de EE UU y las resistencias de la izquierda, en los últimos meses han tenido lugar diferentes hechos que han demostrado que quienes pronosticaron la muerte de la izquierda en América Latina se equivocaban. Las protestas sociales en Ecuador contra los recortes sociales y las políticas neoliberales del gobierno de Lenin Moreno, la oportunidad de construir el Perú un nuevo Congreso que devuelva la soberanía y la voz al pueblo, el resurgir en Chile de un movimiento popular que exige cambios constitucionales.



Que terminen con las lacras del modelo económico neoliberal impuesto por la dictadura de Pinochet y sus mentores de la Escuela de Chicago, la derrota de Mauricio Macri en las elecciones presidenciales y la llegada de Alberto Fernández a la presidencia en Argentina, o la victoria de Evo Morales en Bolivia, demuestran que la izquierda latinoamericana aún tiene amplios espacios de lucha y caminos por explorar en la construcción de una sociedad más justa e igualitaria. 

En cada país de América Latina la izquierda tiene su propio contexto y circunstancia. También sus propios objetivos. En algunos casos, como el chileno, necesita transformar el levantamiento popular en una fuerza política con capacidad de afrontar las brechas que la Concertación dejó abiertas frente a la dictadura; en otros, como en Ecuador, el reto es construir alternativas que eviten la reversión de las políticas de redistribución soberana de la riqueza; en Argentina, queda pendiente culminar la regeneración económica impulsada por el kirchnerismo, adaptando las políticas a las necesidades del país sin que sea el pueblo quien pague la factura; y en Venezuela o Bolivia, resistir los ataques directos a su legitimidad democrática.
El sueño de la emancipación humana, de la libertad, la igualdad y la fraternidad, de la paz, la justicia y la igualdad siguen vivos en América Latina

La izquierda latinoamericana mantiene un horizonte de desafíos que tienen que ver con los conflictos vigentes en la región, pero también con los que atañen al mundo en su conjunto. Frente a quienes pronosticaban que el capitalismo acabaría poniendo punto final a la historia, las políticas neoliberales han hecho rebrotar sus efectos: pobreza y miseria, desigualdad y precariedad, violencia y represión… Y mientras broten estas malas hierbas habrá una izquierda luchando por un mundo más justo y una vida mejor. Es importante saber que, pese al fracaso de estas profecías, el poder económico y financiero global, las grandes corporaciones y las oligarquías, cobijadas en el parapeto del imperio estadounidense, seguirán su guerra contra todo lo que les resulte molesto o zancadillee su espíritu totalizante.

La guerra contra la izquierda a nivel mundial ha sido inmisericorde. Una guerra sin cuartel librada a través de las armas y las bombas, pero también de la cultura, la política y la economía, hasta el punto de conseguir que parte de la humanidad asuma el neoliberalismo y el mercado capitalista como única alternativa civilizatoria. A diferencia de Europa, donde la socialdemocracia se entregó a las mieles del bienestar con la premisa de que siempre es mejor conformarse con los tenues avances sociales que se podían recoger en las grietas que deja el liberalismo, en América Latina quedan muchas alamedas por abrir.

Los retos de la izquierda latinoamericana son los retos de la izquierda mundial. El sueño de la emancipación humana, de la libertad, la igualdad y la fraternidad, de la paz, la justicia y la igualdad siguen vivos en América Latina. La guerra será durísima, y el bombardeo no cesará: gobiernos, ejércitos, servicios de inteligencia, grandes corporaciones, medios de comunicación, libros de texto, profesores universitarios, economistas y expertos de toda índole, artistas, organismos internacionales…Todos harán su parte del trabajo en el engranaje global contra la izquierda. Pero que nadie se despiste: se librará la batalla.



La crisis y la muerte son parte de la Pandemia

Pandemias hubo muchas en la historia, comenzando por la peste negra en la Edad Media y pasando por las enfermedades que vinieron de Europa y arrasaron con la población autóctona en América en tiempos de la conquista. Se estima que, entre la gripe, el sarampión y el tifus murieron entre 30 y 90 millones de personas. Más recientemente, todos evocan la gripe española (1918-1919), la gripe asiática (1957), la gripe de Hong Kong (1968), el VIH / sida (desde la década de 1980), la gripe porcina AH1N1 (2009), el SARS (2002), el ébola (2014), el MERS (coronavirus, 2015) y ahora el Covid-19.

Sin embargo, nunca vivimos en estado de cuarentena global, nunca pensamos que sería tan veloz la instalación de un Estado de excepción transitorio, un Leviatán sanitario, por la vía de los Estados nacionales. En la actualidad, casi un tercio de la humanidad se halla en situación de confinamiento obligatorio. Por un lado, se cierran fronteras externas, se instalan controles internos, se expande el paradigma de la seguridad y el control, se exige el aislamiento y el distanciamiento social. Por otro lado, aquellos que hasta ayer defendían políticas de reducción del Estado hoy rearman su discurso en torno de la necesaria intervención estatal, se maldicen los programas de austeridad que golpearon de lleno la salud pública, incluso en los países del Norte global...

Resulta difícil pensar que el mundo anterior a este año de la gran pandemia fuera un mundo «sólido», en términos de sistema económico y social. El coronavirus nos arroja al gran ruedo en el cual importan sobre todo los grandes debates socieales: cómo pensar la sociedad de aquí en más, cómo salir de la crisis, qué Estado necesitamos para ello; en fin, por si fuera poco, se trata de pensar el futuro civilizatorio al borde del colapso sistémico.

Quisiera en este artículo contribuir a estos grandes debates, con una reflexión que propone avanzar de modo precario en algunas lecciones que nos ofrece la gran pandemia y bosquejar alguna hipótesis acerca del escenario futuro posible.

Los pobres en los Estados Unidos están siendo los más afectados por la pandemia de COVID-19 y el Gobierno debe tomar urgentemente medidas adicionales para evitar que decenas de millones de estadounidenses de clase media se vean sumidos en la pobreza, asegura un experto de la ONU en derechos humanos.

"Las personas en situación de pobreza y de bajos ingresos enfrentan riesgos mucho mayores por el coronavirus debido a la negligencia crónica y la discriminación, y una respuesta federal confusa y orientada hacia las empresas que les ha fallado", expresó en un comunicado Philip Alston, relator especial de la ONU sobre la pobreza extrema y los derechos humanos, quien realizó una visita de investigación a los Estados Unidos en 2017.

Según Alston, con despidos récord, una red de protección social débil, y el Gobierno enfocándose principalmente en las empresas y los ricos, partes importantes del país pronto se enfrentarán la indigencia a menos que el Congreso tome medidas de largo alcance.

Más de 22 millones de personas solicitaron desempleo en un período de cuatro semanas, y los economistas de la Reserva Federal proyectan hasta 47 millones de empleos perdidos para el verano. Según los informes, casi un tercio de los inquilinos estadounidenses no pagaron el alquiler a tiempo en abril y el uso del banco de alimentos se está disparando.

(*) Periodista, Historiador y Analista Internacional
diegojolivera@gmail.com


miércoles, 4 de marzo de 2020

Los desesperados ex concertacionistas



Por Juan Pablo Cárdenas S.
Más de trescientos ex integrantes o partidarios de los gobiernos de la ex Concertación han convenido un texto público en que hacen un desesperado llamado a un acuerdo nacional en “pro del bien superior del país, a fin de evitar un lacerante enfrentamiento entre los chilenos”.  Se trata de una nómina de quienes fueron ministros de estado, subsecretarios y otros altos funcionarios públicos, además de embajadores y parlamentarios, algunos incluso en ejercicio todavía.


Conscientes, como indican, de que su propuesta será repudiada por quienes están “movidos por la estrategia de la confrontación y de la polarización”, a lo que aspiran en realidad estos firmantes es a lograr la atención de la derecha y del oficialismo, lo que rápidamente han logrado con la rápida acogida que les brindara el ministro del Interior, Gonzalo Blumel, apenas unas horas después.  El secretario de Estado valoró el texto y aseguró que éste recoge el reciente llamado del presidente Piñera para construir un acuerdo por la democracia, en su esfuerzo por tratar de salvar un régimen ya colapsado en su adhesión popular y credibilidad.

Más allá de la presencia entre los firmantes de algunas figuras bien reputadas, lo que predomina en esta propuesta son los nombres de quienes por largo tiempo ocuparon cargos en La Moneda y en el Parlamento sin satisfacer mínimamente las más importantes demandas sociales, legitimando con sus actos la Constitución heredada de la Dictadura, junto con demostrar una pavorosa conformidad con el modelo económico que ha llevado a Chile a ser considerado en el mundo como uno de los países de mayor inequidad.

En la lista destacan también los nombres de varios miembros de la cúpula política enriquecidos a la zaga del poder y altamente cuestionados por su flagrante renuncia a los valores social cristianos y socialistas que antaño profesaron y que los llevara a militar en las colectividades de más radical izquierdismo. Para muestra de ello, baste el nombre del lobista Enrique Correa, uno de los operadores de las bochornosas colusiones político- empresariales para financiar la política y llenarse los bolsillos de dinero. Sin que hayan trepidado para ello en cederle soberanía sobre nuestros recursos naturales a las transnacionales u otorgarles impunidad a los ejecutivos de Soquimich, Penta, de las cadenas de farmacias y otras poderosas empresas concertadas para para comprar leyes o estafar al fisco y a los consumidores.

Parece ser que todas “figuras” (así los tilda El Mercurio) saben que será imposible que su llamado reciba acogida del mundo social, laboral, sindical, como de las organizaciones de Derechos Humanos. Como tampoco tuvo demasiado eco el engañoso acuerdo parlamentario cupular logrado entre éstos mismos actores y el oficialismo para convenir el plebiscito de abril próximo y la posibilidad de convocar a una entidad constituyente, en que se le asegura a la derecha un poder de veto a cualquier norma de la nueva Constitución que no obtenga un quorum de dos tercios.

Además, llama la atención en esta iniciativa la presencia de varios políticos que rompieron con los partidos de la Concertación y abandonaron sus cargos gubernamentales por sus desacuerdos dentro de la alianza que más largamente ha gobernado durante los últimos treinta años sin emprender los cambios insistentemente prometidos y que explican el estallido social que hoy lamentan y los tiene tan acongojados. Perece ser que a todos los une su común embriaguez de poder, riqueza y figuración pública, por lo que su llamado ha recibido una bajísima acogida desde los mismos partidos en que todavía militan la mayoría de ellos. Especialmente de la Democracia Cristiana y el Partido Socialista.

No es extraño, entonces, que, en su arrinconamiento político, Piñera y los partidos de derecha reciban con beneplácito la propuesta de los llamados ex concertacionistas y pudieran resolverse otorgarles algunos cargos públicos para, con ello, amarrarlos y buscar morigerar las movilizaciones sociales y la posibilidad de que, de una asamblea constituyente, contra quorum y mareas, pueda darnos una nueva Carta Fundamental. Que, por primera vez en nuestra historia republicana, sería aprobada por genuinos representantes del pueblo y refrendada por la ciudadanía.

Era obvio que, ante una insurrección social, la clase política va a tratar de hacer todo lo posible para impedir un conflicto como el de 1891. Una guerra civil que pueda ocasionar miles de muertos como los que cayeron en los enfrentamientos de Concón y Placilla a propósito de los desacuerdos de la casta gobernante que oficiaba en La Moneda y el Congreso Nacional. Un conflicto en que se involucraron, por supuesto, las Fuerzas Armadas, los inversionistas extranjeros, a pesar de que el pueblo se mantuvo prácticamente al margen y bastante conteste con las obras que emprendía el presidente Balmaceda. A quien la historia terminó reconociendo como uno de los mandatarios más fructíferos y consecuentes de nuestra trayectoria republicana.

Ya sabemos que las diferencias entre quienes hoy ocupan el Palacio de Gobierno y quienes han elaborado una propuesta como la que comentamos son realmente nimias si se considera lo que unos y otros hicieron mientras se rotaban en el poder después de Pinochet. De allí que la rebelión social no concentre sus dardos solo en Piñera y sus colaboradores, sino en el conjunto de la casta política, lo que augura que en el Plebiscito también los ciudadanos van a preferir abrumadoramente que todos los integrantes de una entidad constituyente sean todos elegidos por el pueblo, sin otorgarle espacio alguno a los legisladores actuales.

No parece extraño que, entre estos firmantes, que piden “un acuerdo para frenar la violencia y avanzar en reformas y crecimiento”, haya varios que ya reconocen o confidencian en privado su deseo de alentar la presencia de los actuales parlamentarios en la redacción de un nuevo texto constitucional. Se trata de salvar de la insurrección popular a los que se sienten ungidos para gobernar y definir los destinos de Chile. Para lo cual de nuevo desatan una campaña del terror y manifiestan su histeria respecto de las acciones de violencia, cuando en realidad el caos y el terrorismo han sido siempre ejecutados por los que detentan el poder político y económico. Para oponerse a toda posibilidad de profundizar la democracia y consolidar una justa distribución de nuestra riqueza.

Tampoco nos sorprendería que próximamente el Gobierno y la derecha se valgan de ésta y otras destempladas declaraciones públicas para justificar a una nueva asonada cívica, empresarial y militar que aborte otra vez en nuestra historia una victoria popular. Esto es de los millones de chilenos abusados por las oligarquías y de sus consabidos operadores o verdaderos “achichincles”. Al decir de una conocida expresión mexicana, país en que varios de estos firmantes vivieron su exilio y aprendieron las trampas de la dictadura del PRI, un régimen que los acogiera tan generosamente. Cuando en 1973 arrancaron de las fauces de Pinochet retornando con los años a Chile para ser definitivamente encantados y engullidos por la derecha.
juanpablo.cardenas.s@gmail.com

miércoles, 23 de octubre de 2019

A pesar de Pinochet y Piñera, Chile está vivo



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
“Eso no esta muerto, no me lo mataron
Ni con la distancia ni con el vil soldado”
Silvio Rodríguez

A mediados del año 2011, a instancias de Ernesto Villegas quien en ese entonces era el director del periódico Ciudad Caracas comencé esta aventura de escribir un artículo semanal. El primero, publicado en medio de grandes protestas estudiantiles el 11 de agosto de ese año se tituló “`Por la razón o la fuerza´, Chile está vivo”. Vengo ahora, ocho años después a corroborar esa afirmación.


Ese escrito concluía señalando que: “… la derecha regresó y todo siguió igual, salvo que se desvaneció el efecto somnífero bajo el influjo de una nueva generación que no conoció la dictadura, pero si sus perniciosos efectos antidemocráticos y neoliberales. Restricciones al estudio y al trabajo, pobreza encubierta, una de las distribuciones más inequitativas del mundo, privatizaciones por doquier, falta de oportunidades, un futuro incierto y otras perlas han hecho estallar el paraíso de Pinochet y la Concertación. Hoy los jóvenes están en las calles y luchan por sus derechos. Han comenzado a hacer válido el lema del escudo de Chile, “Por la razón o la fuerza”. Toda la fuerza de la juventud chilena está en favor del pueblo en su lucha. Chile está vivo”.

Tenía plena seguridad que esto iba a ocurrir, recuerdo aquellas palabras de Raúl Pellegrin en octubre de 1988, pocos días después del plebiscito que permitió perpetuar la dictadura en forma de democracia protegida por una Constitución que fue “aprobada” cuando no había parlamento, ni registros electorales, cuando los partidos políticos y sindicatos eran ilegales, cuando como dijo el propio dictador, no se movía ni una hoja sin que él lo supiera.

Pellegrin, jefe del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) lo alertó con una extraordinaria visión de largo plazo pocos días antes de entregar su vida en la lucha contra la dictadura: “… ahora con esta democracia naciente que viene a disfrazar la dictadura y sus crímenes, se avecinan tiempos difíciles para los revolucionarios, intentarán destruirnos, el enemigo nos cercará, nos aniquilará, destruirá nuestra logística y las comunicaciones, mellarán nuestra confianza, nuestra moral, intentarán aislarnos del pueblo. Intentarán perpetuar su modelo de dominación económica y política, intentarán maquillar y legitimar la esencia de un sistema injusto y criminal. En ese difícil escenario que se avecina, quedaremos muchas veces aislados, sin provisiones, sin medios, cercados, agobiados, muchos de nosotros posiblemente caeremos. Sin embargo, en este difícil momento se define el carácter histórico de nuestra lucha, no debemos dejar de luchar, mantener la lucha irrenunciable del pueblo por la dignidad y la justicia”.

Que no se diga ahora que no se sabía lo que se estaba entronizando: el modelo “perfecto” de democracia neoliberal tutelada por “socialistas” que tenían y tienen precio y una alianza de partidos que eran y son capaces de vender su alma al diablo con tal de maximizar ganancias. Habían descubierto que la política era un buen negocio a través del cual era fácil engañar y esquilmar al pueblo. No digo nada de la derecha, el golpe de Estado contra Allende y los 17 años de dictadura con su secuela de asesinados torturados, desaparecidos y exiliados hablan por si solos.

Lo cierto es que unos y otros se confabularon para mantener el modelo pinochetista durante los últimos 29 años que para muchos fue parte del ocaso de la vida que protagonizaron durante las luchas políticas de la década de los 70 y 80 del siglo pasado. Pero que para los jóvenes que nacieron tras el fin de una dictadura que no conocieron y que tuvieron la “oportunidad” de desarrollarse en una democracia plagada de vicios, de componendas, de colusiones, corrupción, malos manejos y entrega del Estado y el país a las empresas privadas, la mirada es de presente y de futuro.

La democracia para esos jóvenes que hoy están en las calles luchando por sus derechos es la que expone educación, salud, seguridad social y servicios (incluyendo el agua) totalmente privatizados. Les quisieron hacer creer que la democracia era así, que es normal que haya cinco familias dueñas del 30 % de la riqueza nacional y que es un hecho natural que el 70% de la población esté endeudada para mantener una burbuja de estabilidad a fin de decirle al mundo que éste era un país que se caracterizaba por poseer una clase media en constante expansión.

Todo explotó y se desmoronó a partir del 18 de octubre, los que supusieron que la dictadura había muerto, se tendrán que convencer ahora que no es así, el gobierno le declaró una vez más la guerra al pueblo, al que catalogó de delincuentes, vándalos y desalmados. La esposa de Piñera caracterizó las manifestaciones como una ”invasión alienígena” que obligaba a los ricos a “tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás”.

Las imágenes más que las palabras han mostrado durante estos días la dimensión de la brutalidad fascista que al igual que el 11 de septiembre de 1973 emergió a la luz pública después de permanecer oculta durante décadas bajo el manto de una oligarquía voraz refugiada en una alianza con el gobierno de Estados Unidos que la protege.

Los que suponían que el “Nunca más” era cierto, han visto con asombre el resurgimiento de la CNI en forma de civiles armadas con fusiles de guerra asolando, reprimiendo, torturando y asesinando a la población civil. La doctrina de seguridad nacional que cataloga al pueblo como enemigo renació de la mano de Piñera, de su gobierno y de las instituciones que son amparadas por la Constitución de Pinochet.
Y en medio de todo este panorama que contradictoriamente expresan desolación por un lado y determinación y lucha por el otro, una noticia muy grave ha quedado sumergida bajo el torrente de información de estos días.

En lo que supone el formal renacimiento del “Plan Cóndor”, el 17 de octubre pasado se realizó en Santiago -tras su creación en Brasil- la segunda reunión de jefes de servicios de Inteligencia para dar continuidad al funcionamiento de la Red de Inteligencia Sudamericana Frente al Crimen Organizado y el Terrorismo (Riscot), Tal tenebrosa red está conformada por siete países de Sudamérica: Chile, Colombia Argentina, Brasil, Perú, Paraguay y Uruguay. El objetivo es intercambiar información sobre amenazas y riesgos a nivel regional, lo cual es un eufemismo largamente utilizado para justificar la implementación de la ya mencionada doctrina de seguridad nacional contra nuestros pueblos.

Tal reunión fue conducida por Luis Masferrer en su condición de director de la Agencia Nacional se Información (ANI) de Chile, continuadora de la Dirección de Seguridad Pública e Informaciones y del Consejo Coordinador de Seguridad Pública, nombre oficial de la lúgubre “Oficina” creada por Patricio Aylwin para lavar la cara de la CNI pinochetista y a través de la cual se le entregó al partido socialista la conducción de la represión de las organizaciones revolucionarias.

Todo este entramado se ha puesto otra vez en funcionamiento en días recientes, con las consecuencias que hemos podido ver de forma amplia en imágenes y audios que presagian el regreso a una situación que se creía definitivamente enterrada en el pasado.
sergioro07@hotmail.com

sábado, 19 de octubre de 2019

Chile deudas en derechos humanos


 Por Eduardo Contreras:
Las huellas brutales dejadas en Chile por la dictadura impuesta en septiembre de 1973 para derrocar al presidente Allende y que durara tantos años, no han desaparecido ni se borrarán jamás. Sobre todo, si, como sucede en la realidad, no acaba de hacerse plena justicia y, a pesar de los avances, la impunidad todavía mantiene un espacio.
Por eso es que siempre será oportuno revisar y difundir qué sucede en materia de juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad, así como las reacciones de los diversos sectores de la sociedad.


Un suceso reciente es que, a propósito del reciente procesamiento del ex alcalde derechista Cristian Labbé por su responsabilidad penal como autor del delito de torturas, se levantaron de inmediato las voces de representantes del pinochetismo que sostuvieron indignados que era simple persecución política venir a juzgar al representante de la UDI – y ex coronel de ejército – tantos años después de ocurridos los hechos.
Lo sucedido es que – sin perjuicio de otros casos en que se encuentra procesado igualmente por el delito de torturas y por los que será sin duda condenado – Cristian Labbé recibió sentencia condenatoria de apenas 3 años de presidio. Se trata del fallo del proceso criminal el juzgado de Temuco que condena al reo Cristian Labbé Galilea, coronel de ejército en retiro a la pena de 3 años de presidio por haber sido autor de la aplicación de tormentos a Harry Cohen Vera. Originalmente el procesamiento era más amplio e incluía además las torturas inferidas por Labbé a Jaime Rojas, Bernardo Santibáñez y Juan Horacio Rosales, hechos ocurridos en la ciudad de Pangipulli en el mes de noviembre de 1973.

 Interesante la lectura del expediente. El entonces joven coronel Labbé actuaba con el rostro pintado para impresionar a sus víctimas y se paseaba entre ellas a grandes pasos profiriendo toda clase de insultos y amenazas en contra de prisioneros atados, indefensos. Así actuaron en esos años nuestros “valientes” militares  Recordemos de paso que Labbé ha sido signado como uno de los fundadores de la siniestra DINA, policía secreta de Pinochet y formadora de torturadores y asesinos.

Los golpistas no se quedaron callados ante la sentencia. Esto “es solamente venganza” dijo, por ejemplo, el senador derechista Juan Antonio Coloma dolido por la resolución de tribunales y denunció la excesiva tardanza. El reclamo de la derecha se funda ante todo en la tardanza en hacer justicia. Y en eso coincidimos. En nuestro país la Justicia ha tardado demasiado. Pero es preciso revisar y conocer ¿quién o quiénes son precisamente los responsables de esta tardanza? ¿Por qué ante crímenes tan feroces como miles y miles de detenidos desaparecidos, de ejecutados políticos, de torturados, de prisioneros sin causa cometidos a partir del 11 de septiembre de 1973 y hasta el fin de la dictadura, no actuó en su momento del Poder Judicial?

Recordemos, brevemente, qué pasó en todos estos años. Desde luego debe reconocerse que desde 1973 y hasta 1998, hacer justicia en estos casos era imposible. Que nadie olvide que la Corte Suprema de la época, declaró a mediados de 1973 que el gobierno del presidente Allende era inconstitucional. Aquello fue parte de la estrategia diseñada en Washington a fines de 1970 tras la reunión de Agustín Edwards con Richard Nixon y el director de la CIA de la época. Por supuesto, la Corte carecía absolutamente de facultades jurídicas para un pronunciamiento de tal naturaleza. Pero era el golpe en marcha.

Luego de producido, Pinochet promulgó una ley de autoamnistía y contó por muchos años con el servilismo de la Corte Suprema, cuyo presidente Israel Bórquez respondió con una burla infame a quienes buscaban a sus familiares: “¡Los desaparecidos ya me tienen curco!”. Así pasaron esos años. Pero el fin de la dictadura no cambió las cosas. La amnistía seguía vigente, Pinochet continuaba como jefe del Ejército y su discurso era concreto: “El día que me toquen a alguno de mis hombres se acabó el Estado de derecho”. Sus hombres no fueron tocados por los gobiernos de la Concertación y así pasaron los años.

Hasta que el 12 de enero de 1998, la querella presentada en nombre del Partido Comunista de Chile por un grupo de abogados que tuve el honor de encabezar y acompañados de la dirigente Gladys Marín, fue aceptada a trámite por la Corte de Apelaciones de Santiago la que designó como juez investigador a don Juan Guzmán Tapia. Un hecho histórico que cambió el curso de los acontecimientos ante la sorpresa de todos. Coincidentemente, meses más tarde Pinochet era arrestado en el Reino Unido por solicitud del juez español Baltasar Garzón en el proceso iniciado en el exterior tiempo antes. La historia cambiaba. Comenzaron los procesos y a la querella de enero del 98 se sumaban cientos y cientos.

Pero no debe olvidarse que la llamada Concertación de partidos por la Democracia había premiado a Pinochet con el cargo de Senador Vitalicio. Y fue esa misma fuerza política, supuestamente democrática, la que salvó al dictador de su segura prisión en Europa: Un político “socialista”, José Miguel Insulza, fue el encargado de viajar al rescate del tirano. La fragilidad de la memoria no debe borrar jamás esta asquerosa maniobra en contra de los derechos humanos.

Hasta la querella de enero del 98 un manto de impunidad había cubierto la historia del país. Olvido para los miles de víctimas y en cambio jubilaciones multimillonarias y privilegios de fantasía para los oficiales de todas las ramas de las Fuerzas Armadas y de Carabineros. Llegó a llamarse al general Juan Emilio del Corazón de Jesús Cheyre como el del “Nunca más” Hoy está procesado criminalmente.

Y además fue sólo a partir de fines del 2009 que los tribunales se abrieron a investigar también los casos de ejecutados políticos y de torturados; hasta entonces sólo se llevaba los casos de detenidos desaparecidos. Esto obligó a la designación de jueces de dedicación exclusiva en diferentes puntos del país. Son más de Mil quinientos juicios en desarrollo. Y una parte de ellos ha estado dedicada a los casos de oficiales y suboficiales de las propias FFAA que en su momento se opusieron a asesinar o a torturar a sus indefensos prisioneros por lo que ellos mismos fueron sometidos a torturas y a Consejos de Guerra. Su caso, al igual que otros de civiles, llegó hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Hoy nuestro país muestra una situación que en esta materia registra más avances que en otros países que igualmente sufrieron dictaduras como son los casos de Uruguay y Brasil y se puede equiparar a lo avanzado en Argentina. Pero por una parte lo obrado sigue siendo insuficiente y por otra aparecen señales peligrosas como por ejemplo que las sentencias condenatorias que están dictando los jueces especiales en los últimos años son penas bajísimas, presidios de muy corto plazo. Por otra parte, se hace exigencias desmedidas a las víctimas para acreditar que sufrieron, como si las torturas o las balas hubiesen sido juguetes de niños, lo que además alarga por muchos años los procesos. Y debe agregarse el extraño comportamiento en estas materias del llamado “tribunal constitucional” que interfiere dudosamente.

En conclusión: el tema del tratamiento de los crímenes de lesa humanidad perpetrado por la dictadura de la derecha chilena en 1973 sigue siendo tema pendiente. No abordarlo decididamente es seguir violando los derechos esenciales de la persona humana.

eduardocontreras2@gmail.com

lunes, 3 de diciembre de 2018

FFAA con licencia para delinquir


Por Juan Pablo Cárdenas:

Era completamente previsible que las fuerzas armadas y policiales que estuvieron tan largos años tuteladas por Pinochet e instigadas a cometer los más atroces crímenes contra nuestra población, finalmente perdieran también sus escrúpulos en materia de probidad. Que a sus graves violaciones de los Derechos Humanos sus efectivos sumaran posteriormente todo tipo de acciones la defraudar al Estado, apropiarse de los recursos fiscales y acometer otra suerte de delitos a fin der enriquecerse personalmente. Al grado de convertirse en proveedores de armas de las bandas de delincuentes comunes y narcotraficantes, tal como hoy se sabe o, más bien, se asume públicamente.

Oficiales y tropas coludidos en éste y otros negocios bajo la “vista gorda” de la Contraloría General de la República, las fiscalías castrenses y, por supuesto, los sucesivos ministros de defensa que uno a uno fue renunciando a ejercer su autoridad y supervisión. En el ánimo de no provocarle molestia alguna a los uniformados, pero también, rendidos a la adulación de los altos oficiales y aquellos magníficos recursos que tienen en todo el país para satisfacción de ellos mismos, sus familias, así como para procurarse la complacencia de los secretarios de estado y de los políticos en general. Uno de estos ministros nos destacaba tiempo atrás la fascinante experiencia de subir a un tanque, navegar por los mares australes, cruzar el cielo en los bólidos de guerra y hacerse atender por los casinos de lujo y sitios de esparcimiento a cargo de los militares. Recibir constantemente, también, sus más variadas lisonjas y hasta encandilarse con la marcialidad militar, sus pasos de ganso y otras piruetas.

 De allí que algunos de estos ya viejos “servidores públicos” se hayan animado, además, a cumplir con un curioso adiestramiento militar en caso de que una guerra requiriera algún día de sus patrióticos servicios o, simplemente, para ostentar alguna medalla o charretera. Trámite que incluye un curso práctico ad hoc, respecto del cual todos los que lo han seguido coinciden en que se trata de una experiencia impagable por lo grata, novedosa y sin las exigencias propias del rigor impuesto a los que siguen la carrera militar regular.

Mucho se afirma que el ministro de Defensa de Patricio Aylwin, Patricio Rojas, fuera el único que no se dejara encantar por la clase uniformada bajo su mando político. Que más bien su relación con el mundo castrense fuera tensa y hasta hosca, aunque en ningún caso se propusiera ejercer con todas las facultades de su autoridad, mientras el Dictador siguiera ejerciendo como Comandante en Jefe y sus “ejercicios de enlace” amenazaran desbaratar la llamada Transición a la Democracia. De allí que hasta en los gobiernos que sucedieron al de Aylwin se garantizara la impunidad respecto de las prácticas de corrupción de los familiares del ex Dictador. “Razones de Estado”, se nos dijo, para exigirle, precisamente, al Consejo de Defensa del Estado que omitiera cualquier acusación contra el primogénito de Pinochet. A lo que siguió el propio rescate de la Concertación y la derecha unidas para traer al ex Dictador de regreso a Chile, retenido varios meses en Londres para someterlo a un juicio ante el Tribunal Internacional de la Haya por sus crímenes de lesa humanidad.

Gracias a las redes sociales, a la prensa digna, a las ambiciones y divisiones que ahora se evidencian entre las distintas ramas de la Defensa, como al interior de éstas, es que actualmente ya es imposible esconder las operaciones ilícitas de militares y policías, el sospechoso enriquecimiento de sus altos oficiales y hasta que algunos uniformados de baja graduación sean sorprendidos despilfarrando millones de pesos en un conocido recinto de juegos de azar. Con recursos sustraídos, por supuesto, del erario nacional, fruto de de las armas transadas en el mercado negro o, lo que es muy corriente, de la malversación de los caudales dispuestos para los pertrechos y aprovisionamiento de los cuarteles.

Como lo ha señalado el actual ministro de defensa, Alberto Espina, el Comandante en Jefe del Ejército tuvo la “imprudencia” de reconocer estos delitos al interior de una concurrida reunión con su oficialidad. La misma que fue filtrada a un medio de comunicación y de su propia boca pudimos escuchar que había suboficiales que traficaban armamento, entre otros múltiples despropósitos. Toda una perorata en que afirmó que éstos y otros delitos, como la de integrar bandas de asaltantes y abultar viáticos y costos de movilización, eran comunes a todas las ramas de la Defensa y de las policías.  Aunque lo más sorprendente y atrevido fue la amenaza del alto oficial de “defender con dientes y muelas” el privilegiado sistema de previsión de los uniformados que, como se sabe, es groseramente más generoso que el de los jubilados civiles de las AFPs. Los que, además, deben trabajar largos años más que los militares para obtener una pensión muy inferior y hasta miserable.

Nos imaginamos que los “dientes y muelas” podrán ser, en lenguaje figurado o metafórico, fusiles y tanques para oponerse a cualquier intento de nuestros gobiernos y legisladores de imponer alguna equidad en materia previsional y distribución del presupuesto fiscal. Salvo que el canibalismo se haya consolidado, también, en nuestros altos oficiales y tropas de nuestro “Ejército jamás vencido”, como se proclama en las paradas militares y discursos castrenses…

Mal que mal, la historia nos señala las múltiples oportunidades en que estas Fuerzas Armadas han atentado contra nuestra institucionalidad, estado de derecho y la vida de autoridades legítimamente constituidas. Llegando a extremo nunca antes visto de bombardear nuestro palacio de Gobierno, asesinar al presidente de la República (esa es la verdad) para luego poner en práctica los más siniestros recursos para torturar sistemáticamente a los presos y presas políticas, utilizando no solo dientes y uñas, sino garras y pesuñas. En la misma avidez y desfachatez que ahora demuestran para derivar recursos fiscales a sus bien nutridas billeteras y hasta dotarse de pasajes aéreos para viajar por el mundo con sus familiares. Siempre, por supuesto, al abrigo de la Constitución que les legara el Dictador como “garantes” de nuestra institucionalidad, pero también por la cobardía y la corrupción de los moradores de La Moneda y otras instituciones del Estado.

 “Déjennos robar y nosotros nos encargamos de reprimir a los pobres, los jóvenes y a los mapuches, parecieran decir los militares. “Con su condescendencia, señores políticos, pueden estar seguros de nuestra protección y fidelidad…”  No es extraño, entonces, que al pobre Comandante en Jefe se le “tire las orejas “solo su incontinencia verbal, por su torpe infidencia, y no por reconocer delitos hasta ahora completamente impunes. O que al director general de carabineros no se le haya hecho reproche alguno después de que su comando terrorista de la Araucanía ultimó a un nuevo joven comunero mapuche por la espalda.  Delitos y crímenes de sobra conocidos por los gobiernos y sus ministros de Defensa, ya que son propios de la simbiosis institucional y la bien afincada complicidad de políticos y uniformados.

Toda esta situación es la que explica que ante los requerimientos de la población nacional la política renuncie a recortar en lo más mínimo el abultado gasto militar de nuestro país. Cuestión que sí hacen otros países en que las fuerzas armadas son obedientes y, nos suponemos, más probas que las nuestras.
juanpablo.cardenas.s@gmail.com

sábado, 27 de octubre de 2018

El premonitorio artefacto de Nicanor Parra


Por Juan Pablo Cárdenas S:
En uno de los “artefactos” de nuestro poeta Nicanor Parra podíamos leer uno que advertía que “la Izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas”, acaso una profética más que humorística y provocadora aseveración del vate, porque de verdad las posiciones eran irreconciliables entonces entre unos y otros. Lo que posteriormente explicaría mucho nuestro quiebre institucional.

Sin embargo, después de la Dictadura pudimos observar que lo que se instaló en La Moneda y el Congreso Nacional fue la nefasta “política de los acuerdos”. En un tiempo que acortó drásticamente las distancias entre los golpistas y los que fueron proscritos durante el largo ejercicio del terrorismo de estado. Sucediéndose, como sabemos,  varios gobiernos de la Concertación que entre sí no mostraron mayores diferencias, pero en que luego vino el primer mandato de Sebastián Piñera y los nuevos ejercicios gubernamentales de Michelle Bachelet y el líder de la derecha sin que se apreciaran tampoco cambios fundamentales entre ambos. Porque, en general, todos han gobernado con la misma Constitución de Pinochet y  una idéntica estrategia económica neoliberal, sin que las brechas entre ricos y pobres hayan disminuido en absoluto.


Así como hasta ahora se perpetúa también el mismo sistema previsional que condena a los pensionados de la Tercera Edad a la miseria misma. Cuanto que las privatizaciones de nuestros recursos naturales y empresas incluso se han extendido y extranjerizado.

Cualquier cuenta que se haga demuestra que hoy los uniformados y los más poderosos empresarios son los grandes ganadores de la pos dictadura. Con licencia, además, para asaltar los bolsillos de los consumidores y el erario nacional, como lo demuestran las grandes colusiones entre las empresas farmacéuticas y del papel, o esa multimillonaria cantidad de recursos fiscales que los militares y Carabineros han distraído a favor de su peculio personal y bienestar familiar. Con centenares de pasajes aéreos para el turismo de coroneles y generales,  sumado a esa colosal estafa de la superioridad de Carabineros, despropósito que se ha asentado como el mayor y más prolongado fraude de nuestra historia.

El actual Presidente parece decidido a hacer algo para frenar los escándalos que se suceden a diario y nos promete una profunda reforma al sistema militar, advirtiéndonos a todos que la corrupción es “herencia del Gobierno Militar”. Muy probablemente en la idea de que si el propio Dictador evolucionó de asesino a ladrón, algo parecido debe estar sucediendo con sus herederos y subalternos. Los cuales acaban de manifestarse en  un caluroso homenaje a favor de quien fuera uno de los principales ejecutores de los crímenes de lesa humanidad. Un sanguinario oficial de origen ruso y pasado nazi que está recluido (Dios quiera para siempre)  en el penal de lujo de Punta Peuco.

No hay duda que la impunidad que nunca se soñaron los “hombres de negocios” y militares ha instado a éstos a acometer los actuales delitos, cuyos acontecimientos conmueven hasta a la prensa acostumbrada a proclamar aquella falacia de que pertenecemos a un país respetuoso del estado de derecho,  y que nuestros índices de probidad superan a todos los países vecinos. Aseveraciones que ya nadie tiene pruebas para probarlo. Como así tampoco se puede dar mucho crédito a la idea de que el crimen organizado es algo “puntual”, cuando los horripilantes asaltos cotidianos a la propiedad privada y la vida de las personas comunes y corrientes se instalaron en los principales titulares de nuestra televisión. En un país que ha evidenciado, además,  que bajo los últimos gobiernos centenares de niños abandonados, indigentes y al cuidado del Servicio Nacional de Menores, han sido muertos, torturados y violados al interior de sus recintos de acogida.

Todas las noticias de la corrupción de los uniformados y de los altos magnates se nutren y entrelazan, por cierto, con el cohecho transversal en la política. Así como ahora, con las fechorías de obispos, sacerdotes y encubridores dentro de la alta jerarquía eclesial  y de los grupos fácticos. Delitos que han abochornado tanto al propio Papa Francisco,  que en un comienzo se resistiera a creer que sus hermanos al otro lado de los Andes fueran capaces de tanta ignominia.

Se nos ocurre que los malos hábitos de las clases dirigentes, de los partidos, de las ramas de las Fuerzas Armadas y de las denominaciones religiosas, sindicales y otras explican también la laxitud ideológica, el que ya no se distingan mucho las diferencias entre progresistas y reaccionarios. Que la reconciliación haya arrasado también con los valores de la justicia, en la peregrina creencia de que somos un país homogéneo y unido a pesar del conflicto  de la Araucanía y del cada vez más acentuado malestar estudiantil. Con las discriminaciones que siguen sufriendo las mujeres, o los millones de chilenos condenados al sueldo mínimo, mientras la clase política nada hace para rebajarse sus escandalosos sueldos y prerrogativas. Tanto, así,  que los jóvenes parlamentarios que prometieron ascotar sus dietas al resultar elegidos, parecen verdaderamente hipnotizados con el poder adquisitivo que obtuvieron de la noche a la mañana: Incluso antes de obtener sus licenciaturas universitarias.

Derechistas y otrora izquierdistas confluyen en el centro y se mimetizan. Pueden destriparse en las campañas electorales, para luego reencontrarse en las instituciones del Estado y en los directorios de los bancos y sociedades anónimas, donde muchos concluyen luego de haber practicado la política competitiva. No hay que olvidarse que Pinochet fue rescatado por sus vociferantes partidarios, pero sobre todo por los socialistas, pepedés y demócrata cristianos en el gobierno. Tampoco eludamos que la propia derecha parlamentaria consistió en aprobar una rápida ley que salvara a los falangistas de quedar fuera de los comicios parlamentarios, a causa de que sus representantes llegaran a destiempo al Servicio Electoral atrapados como estaban en sus rencillas. Ni menos nos olvidamos de esa cantidad de cargos públicos que no solo se reparten entre los oficialistas, sino también entre La Moneda y las bancadas parlamentarias “opositoras”. Como ocurre con los consejeros del Banco Central, los miembros del directorio de la Televisión Nacional, los mismos jueces de la Corte Suprema. Así como se reparten armoniosamente las notarías, algunas embajadas y aquellos cargos internacionales en que el llamado fair play les impone compartir. Todo un cuadro que demuestra como el común denominador de todos es simplemente el acceso a las ubres del poder. En ausencia de proyectos históricos, programas y vocación de servicio público.

De allí que resulten tan graves los “cantos de sirena” de algunas figuraspolíticas preocupadas de que se produzca una nueva alternancia en el poder, y que los sectores vanguardistas centrifugados de su hegemonía confluyan con ellos en una alternativa electoral común para “atajar a la derecha”. Esto es,  para evitar que Piñera pueda continuar en La Moneda mediante uno de los suyos;  así sea haya pedirle a la señora Bachelet que abandone su alto y bien remunerado cargo en las Naciones Unidas para postularse por tercera vez a La Moneda. Porque, entre paréntesis,  en Chile se critica mucho a los gobernantes extranjeros que buscan perpetuarse en el poder, cuando aquí solo se dan un corto recreo los que por décadas vienen dominando la escena pública.

Se repite mucho que la solución a muchos de nuestros problemas es procurarnos más democracia; una aseveración de la boca hacia el viento,  sin querer asumir que ésta sigue siendo solo una mera promesa en nuestra nación oligarca y desigual, en que las herencias de la dictadura reconocidas, ahora, por  Sebastián Piñera siguen tan vigentes. Férreamente consensuadas entre sus fieles seguidores y sus reciclados adversarios. Tanto que el propio Tirano lamentó no haber conocido antes a algunos de ellos para haberlos hecho parte de su gobierno.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

miércoles, 17 de octubre de 2018

Una profunda derrota de la Izquierda


Por Juan Pablo Cárdenas S.:

Aunque matemáticamente en la segunda vuelta de las elecciones brasileras podría ser derrotado Jair Bolsonaro, todo dice que esta posibilidad es casi imposible, aunque la campaña del petista Fernando Haddad haga hasta lo imposible por desacreditar al adversario y advertirle a los ciudadanos de los peligros que entraña que un ultraderechista, fascista, homofóbico, misógino y racista pueda hacerse del gobierno.

Felizmente, el candidato que se impuso con tanta ventaja en las elecciones no debe su triunfo a estas características, sino al profundo malestar de los brasileros con la corrupción general de la política y en especial con las administraciones del Partido de los Trabajadores (PT). Por algo la presidenta destituida Dilma Roussef ni siquiera reunió votos para asegurarse un escaño en el Senado y con ella fueron muchos los gobernadores y parlamentarios que perdieron de forma contundente frente al fenómeno Bolsonaro y su emergente colectividad. En este sentido, hay que añadir que los votos obtenidos por el sustituto de Lula da Silva no fueron nada de despreciables si se considera su escaso tiempo de campaña electoral. Sin embargo, la distancia entre el 47 por ciento obtenido por Bolsonaro y el 29 de Haddad es prácticamente irremontable, toda vez que los sufragios de los que llegaron más rezagados no son todos endosables a favor del segundo.

La izquierda pierde en Brasil por sus propios pecados más que por los méritos del ganador. La descomposición moral de la clase dirigente siempre le cobra principal precio político a quienes están en el poder. Ciertamente, no es plausible que el pueblo brasilero se haya transformado en derechista y enemigo de la democracia; en capitalista y neoliberal. Solo que se cansó de ser burlado por un partido de izquierda al que le puso muchas fichas en el pasado y hasta le reconoció méritos antes de que sus líderes se corrompieran.

Es muy posible que a Bolsonaro le suceda lo de Macri o lo de Piñera en unos cuantos años más. Que los argentinos y chilenos comprueben que no es en las políticas de derecha donde pueden alcanzar sus aspiraciones de equidad y crecimiento continuo y sustentable. Que tampoco logre de los gobernantes de derecha un freno efectivo a la delincuencia, cuando se trata de una lacra que más requiere de justicia social, oportunidades de trabajo y salarios dignos, que de represión y de seguir aumentando las fuerzas policiales. De que terminen los flagrantes abusos del gran empresariado si se quiere inhibir la acción de los grupos marginados y pobres, como de la juventud desesperanzada.

Sin duda que es en la injusticia social, pero sobre todo en la impunidad, donde se alimenta el crimen organizado y cada vez más violento en nuestros países. ¿Qué otra cosa puede hacer un desempleado  que delinquir para su mínimo sustento personal y familiar? ¿Por qué hasta los mismos policías tendrían que mantenerse probos ante los asaltos de las Fuerzas Armadas al erario nacional? O, ¿por qué los jueces tendrían que resistir la tentación del cohecho, ante los políticos abiertamente sobornados por las grandes empresas?

Es la izquierdización de la corrupción la que alimenta a los Bolsonaro, los Macri y los Piñera, aun cuando la trayectoria personal de éstos haya sido también repugnante por sus negociados y fraudes. Cuando los tres, de buena forma, deben sus éxitos electorales a su capacidad económica para sojuzgar a los medios de comunicación, financiar sus millonarias campañas electorales y penetrar el mundo de las redes sociales, donde ahora se han instalado las grandes verdades y falsedades que son las más absorbidas por la población ignorante y menos reflexiva.

Y cómo no agregar algo también muy importante: por qué los pueblos tendrían que seguir fieles al ideario progresista cuando las izquierdas en el poder poco o nada hicieron para acabar con los abusos del sistema previsional, la usura de los bancos, el descarado negocio de la salud. Cuando fueron los propios gobiernos de la Concertación en nuestro país los que privatizaron la economía más que los militares y mantuvieron plenamente vigente la Constitución Política de Pinochet. ¿Es que acaso el peronismo, los herederos de la Unidad Popular o el mismo PT hicieron la revolución tan prometida? ¿O la hace Ortega en Nicaragua? ¿No es lícito que nuestros electorados hoy busquen una alternativa aunque sea en las fauces mismas del neofascismo? ¿No se hará necesario que nuestros pueblos comprueben por sí mismos que la solución ciertamente no está en la derecha y se avengan a consolidar nuevas organizaciones y formas de lucha para cambiar las cosas en su favor.

Muchos nos debemos preguntar, además,  por qué algunos “izquierdistas chilenos y latinoamericanos están tan abrumados por el triunfo de Bolsonaro. ¿Es que les preocupa el desencanto popular que pueda sobrevenir a su victoria, más que la posibilidad de perder las ubres que les pusieron los gobiernos del PT a sus partidos, movimientos y alcancías electorales. No son, en nuestro país,  los mismos personajes que todavía son investigados por los tribunales o escaparon de una sentencia gracias a las leyes de la prescripción y no de la justicia. ¿No parece tan extraño, entonces,  que expresidentes  y connotados políticos hayan perdido toda compostura al respecto o se hayan saltado olímpicamente todas las normas diplomáticas. Incluso, las que les señalan la imprudencia de inmiscuirse en los asuntos de los otros países.
¿Es que acaso creen que Bolsonaro podría destapar la olla de los escándalos del PT y de otras colectividades de Chile y América Latina financiadas por las empresas brasileras que hoy, naturalmente, se aprestan para entrar al gobierno del país más poderoso de nuestra Región?

No. Para tranquilidad de todos éstos, creo que podríamos asegurar que la derecha brasilera, como la de todos nuestros países, no va a proponerse este cometido sino, más bien, emular y hacer lo mismo de quienes los antecedieron en el gobierno. Sus tutores del Departamento de Estado y de las transnacionales obviamente no se proponen acabar con los facinerosos sino reemplazarlos y despejarse aún más el camino para definitivamente “hacerse la América” y cumplir el genuino imperativo de la doctrina Monroe de establecer plena soberanía en todo nuestro Continente.

Felizmente respecto de lo que acontece en Brasil, el auténtico progresismo latinoamericano ve con optimismo y esperanza lo que ocurra con Andrés Manuel López Obrador en México, quien también llega al gobierno con la promesa de encarar a la corrupción y conjurar el trágico legado de los gobiernos del PRI y de la derecha. Solo que en su caso viene abrigado por un sólido ideario de reformas para beneficiar a los más pobres y excluidos y, hasta donde sabemos, una intachable trayectoria personal.

Lo que más debemos lamentar es que, con la corrupción y en incumplimiento de lo prometido, nuestros pueblos ya han terminado por decepcionarse de la democracia misma. Según lo arrojan las encuestas de Latino barómetro. Que día a día crezca el número de los que no votan y ya no tienen ningún aliciente para confiar en los partidos políticos o en el mismo sistema institucional. Que se haya impuesto en Brasil un candidato que no presenta programa alguno de gobierno, ni manifiesta interés en debatir con sus adversarios.

 juanpablo.cardenas.s@gmail.com

miércoles, 29 de agosto de 2018

Chile…neoliberalismo y precariedad salarial


Por Eduardo Andrade Bone:

Desde su implantación en Chile a sangre y fuego del modelo económico neoliberal de la dictadura pasando por los gobiernos de la ex Concertación, además del primer gobierno del pinochetismo y la derecha empresarial, junto al actual y hasta nuestros días, han sido incapaces de resolver los problemas derivados de la pobreza extrema, la pobreza en sí y la pobreza disfrazada de los estratos socioeconómicos medios.

Después de 45 años entre dictadura militar y gobiernos seudo democráticos, la autodenominada clase política chilena y esencialmente los grupos políticos de extrema derecha (UDI), defensores además del legado criminal y genocida de la dictadura, junto a la derecha empresarial, representada por Renovación Nacional (RN), más la Democracia Cristiana y los neoliberales del PPD y más de algún socialista renovado que abraza el neoliberalismo económico, solo han aplicado políticas de parche y cambios cosméticos que no han contribuido a mejorar de forma integral las condiciones de vida de los sectores sociales con menor poder adquisitivo y que constituyen la gran mayoría del país.

Dicha realidad se puede percibir claramente a raíz de lo que son los ingresos de la mayor parte de la población chilena. Al respecto los medios de prensa chilenos y algunas fundaciones entregan cifras que nos clarifican acerca de los resultados del modelo económico neoliberal vigente en Chile y que nos pretenden vender o mostrar como exitoso.

Las cifras nos señalan que alrededor del 70% de los chilenos tienen un salario menor a 550 mil pesos chilenos (832 dólares), para la supervivencia de una familia promedio de 4 personas.
La información de la prensa además, nos muestra que solo el 15,3 por ciento de los trabajadores en Chile recibe un ingreso superior a 850 mil pesos mensuales (1286 dólares), mientras que el 50,6 por ciento percibe 380 mil pesos o menos (575 dólares), lo que nos advierte claramente que el neoliberalismo chileno, se caracteriza por un considerable atraso salarial, que ni siquiera se ubica en la media de los países más desarrollados de la OCDE.

Esto nos sugiere además que los apóstoles del neoliberalismo chileno, solo se han preocupado de engordar más y más las billeteras del 3% más rico del país, demostrando además la profundización de la brecha entre unos pocos ricos y la gran mayoría que percibe salarios de sobrevivencia y altamente endeudados con créditos de consumo, por los cuales además se pagan altos intereses.

Recordemos que el 1% más rico del país, ya controla alrededor del 50% de la riqueza nacional (PIB), sin que eso haya significado un mejoramiento real de los salarios de los sectores sociales más golpeados por el esquema económico neoliberal, generando así una gran precariedad salarial y de vida, además de una gran desigualdad social.

Por ejemplo, en su último reporte, la Fundación Sol, nos informa que “si tú ganas sobre un millón de pesos en tu trabajo, estás dentro del diez por ciento más rico. Dentro de este 10 por ciento, el uno por ciento acumula el 33 por ciento de los ingresos anuales, Chile tiene uno de los récords a nivel mundial por la alta concentración de ingresos, estamos hablando de una acumulación extrema en un grupo muy reducido de personas. Estas personas, al vivir en un mundo separado dentro del mismo país, al vivir una realidad completamente ajena, tenemos una indolencia moral tremenda. Eso es lo que se observa”, se afirma desde la fundación Sol.

En el Chile actual decíamos, una familia promedio compuesta por cuatro personas percibe unos ingresos de 417.348 pesos (632 dólares) mensuales, los que nos muestra que las medidas macroeconómicas del neoliberalismo chileno no contribuyen a que la mitad de la clase trabajadora pueda sacar de la pobreza a su familia. Todo esto avalado por el parlamento chileno y los gobierno de turno, que en su mayor parte, han estado al servicio del poder del dinero.
Lo que destaca además en la prensa chilena, es que también se produce una diferencia significativa en el salario que perciben las mujeres, que es un 29,3% menor que el de los hombres. Ahora los trabajadores que viven en regiones y no en la capital chilena, tienden a percibir salario inferior a 500 mil pesos (756 dólares) y en muchos casos, menor que eso.

Otro aspecto que se destaca en la información de prensa es que el 16,3 no cuentan con contrato de trabajo y perciben salarios menores a 420 mil pesos mensuales (635 dólares), lo que refleja además que muchos empresarios no respetan las exigencias de la legalidad laboral.
Otro hecho significativo, es lo que ocurre con las generaciones más jóvenes. Según el informe de la fundación Sol, 1,3 millones de personas de entre 18 y 28 años de edad se encuentran ocupados, lo que representa el 16,7 por ciento del total de ocupados en Chile. El 50 por ciento de esta cifra gana menos de 316 mil pesos (478 dólares). Solo un 20 por ciento recibe más de 500 mil pesos al mes. Ahora, si se es joven y mujer, las cifras son aún inferiores, pues el 50 por ciento recibe menos de 300 mil pesos mensuales (453 dólares).  Ahora cuando en Chile los neoliberales hacen gárgaras con el crecimiento económico y las ofertas de puesto de trabajo, lo cierto es que los jóvenes y las mujeres están expuestos a actividades laborales temporales, precarias y mal pagadas, todo por obra y gracia de los Chicago Boys y los gobiernos post dictadura.

Ahora la iniciativa del gobierno de los empresarios y el pinochetismo, con su estatuto laboral para jóvenes, aprobada por la Cámara de Diputados del sector de centro derecha, viene a precarizar aún más las condiciones salariales y de trabajo de los jóvenes, dejándolos sin perspectivas de futuro.

En el marco de toda esta realidad salarial, en el parlamento chileno se está dando la discusión acerca de los que debe ser un “salario mínimo”, para lo cual la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) estima que dicho ingreso debiera ser de 420 mil pesos (636 dólares) mensuales. Ahora el gobierno de los empresarios con el apoyo de los neoliberales de la DC y otros seudo parlamentarios neoliberales, ofrecen un aumento de alrededor de 286 mil pesos (429 dólares) mensuales, lo que fue aprobado en primera instancia por el Senado del parlamento chileno, pero que al momento de escribir esta nota, no estaba resuelto completamente del todo, debiendo volver la discusión a la cámara baja, por lo tanto el salario mínimo sigue siendo de 276 mil pesos (418 dólares) mensuales.
Ahora el actual mandatario y empresario, Sebastián Piñera, que representa los intereses del gran empresariado y el legado del pinochetismo, según su utopía ofreció en su campaña electoral para alcanzar la presidencia y al mejor estilo Macri, que cuando termine su mandato, se habrá erradicado  la pobreza y Chile será un país “desarrollado y moderno”. 

Sin embargo, el neoliberalismo a la chilena no solo ha generado una gran precariedad laboral, también existe una precariedad en las pensiones, en los salarios, en el sistema de acceso a la vivienda, más de 40 mil familias chilenas aún viven hacinados en campamentos, gran precariedad además en el acceso de un sistema de salud público con muchas carencias, un sistema educacional chileno, que se caracteriza por su mercantilización y malos resultados en el ámbito cualitativo de la educación. En definitiva, Chile sigue siendo un país del “tercer mundo” y subdesarrollado, independientemente de que los neoliberales y sus medios de comunicación, intenten mostrar otra realidad.

Lo cierto es que después de 45 años entre régimen militar y gobiernos post dictadura, cabe acentuar que los neoliberales del sistema y sus parlamentarios solo han ofrecido precariedad salarial y laboral, grandes desigualdades sociales, una brecha cada vez mayor entre unos pocos ricos y la gran mayoría que vive con salarios que no les permite vivir una vida justa, digna y donde se garanticen sus derechos humanos fundamentales, es el Chile real, el Chile post Pinochet.

Comunicador Social
Analista Político
Corresponsal de Prensa
Agencia Indoamericana de Prensa
aindoamericanap@gmail.com

sábado, 28 de abril de 2018

Un sistema multilateral anquilosado, retrógrado y corrupto.


Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
El sistema multilateral actual es producto de la correlación de fuerzas internacional que surgió tras la segunda guerra mundial. El problema es, que después de eso, hubo otro conflicto (la guerra fría) y el planeta no hizo modificaciones acorde la nueva situación creada, por tanto, aunque se vive en un mundo distinto, se conserva la estructura de la guerra fría. Esto genera indudables contradicciones toda vez que en el hemisferio occidental la supremacía de Estados Unidos es absoluta y los organismos multilaterales solo sirven para administrar esa hegemonía


Hace unos días, esto se puso a prueba simultáneamente en ambos niveles: el regional y el planetario cuando la noche del viernes 13 de abril se realizaron casi simultáneamente dos eventos de suma trascendencia para el sistema internacional: la inauguración de la Cumbre de las Américas en Lima y el bombardeo de tres miembros del Consejo de Seguridad de la ONU a Siria. Aunque en la práctica son dos acontecimientos de relevancia distinta por las implicaciones inmediatas que cada uno tuvo, considerando que en Siria se puso en riesgo la vida de decenas de miles de ciudadanos, en los hechos, ambas acciones respondían a la misma lógica: agredir a dos países que no se han mostrado de acuerdo con subordinarse y humillarse ante el amo imperial, o dicho en otras palabras, Siria y Venezuela, no han mostrado el comportamiento de Arabia Saudita y Colombia o México, países en los que Estados Unidos se ha acostumbrado a dar órdenes. Vale decir, que aunque se utilizaron instrumentos distintos, el objetivo fue el mismo: afectar la independencia y la soberanía de dos países ubicados en lugares estratégicos, con gigantescos potenciales energéticos y que han establecido alianzas que no son del agrado de Washington. Las acciones realizadas son violatorias del derecho internacional y de las cartas constitutivas de la ONU y la OEA, que teóricamente fueron creadas para garantizar la paz y que por el contrario, se han transformado en instrumentos para la guerra. Incluso, cuando en algunos de ellos, –por alguna razón- no se aceptan sus designios son pasados por alto, violentados en su institucionalización y vulnerados sus principios. 

La consecuencia más importante tras los dos incidentes del 13 de abril es que la estructura del sistema internacional quedó severamente dañada y su credibilidad por el suelo: el sistema multilateral ha recibido una estocada de la que le costará mucho reponerse en términos prácticos, más allá de que su burocracia seguirá funcionando como siempre, es decir sin importarle mucho si lo que hacen es efectivo o no. Esto también es posible porque el secretario general de la ONU es un funcionario de un país de la OTAN, lo cual no le permite objetividad ni imparcialidad en sus análisis y decisiones. Más encima, en días recientes el periódico londinense The Guardian destapó un gigantesco escándalo al dar a conocer que el fondo de pensiones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estaría siendo invertido en compañías con un historial de prácticas dudosas, como Shell, los bancos HSBC y Barclays y la transnacional farmacéutica GlaxoSmithKline, entre otras, lo cual violenta sus propios principios.

En el caso de la Cumbre de Lima, las noticias más importantes que inundaron los medios de difusión masivo y las trasnacionales de la información fueron la inasistencia del presidente de Estados Unidos y posteriormente, las menguadas horas que permaneció el vicepresidente en Perú, más entretenidos (ambos) en sus juegos de guerra en Siria, que en otra cosa. A Pence, solo le alcanzó el tiempo para reunirse con la contrarrevolución cubana, la ultra derecha venezolana, además de aprovechar de dar un nuevo sacudón al desvergonzado presidente mexicano.

Vale decir que en la reunión con los venezolanos, la diplomacia estadounidense ni siquiera se tomó la molestia de poner la bandera de la contraparte, pareció la reunión de un jefe con sus subordinados, todos del mismo país, el resultado es que a cada uno de ellos el vicepresidente de la mayor potencia del mundo les dio 4 dólares como ayuda humanitaria para los emigrados venezolanos, si nos atenemos a los 16 millones de dólares que entregó Pence para los 4 millones de personas que según Estados Unidos han abandonado Venezuela. Visto desde otra perspectiva, los dirigentes de la ultra derecha venezolana, recibieron el equivalente al costo de 11 misiles crucero de los 103 que esa misma noche Trump lanzó contra Siria.

Volviendo a Lima, habría que decir que casi todas estas reuniones —que agrupan a los mandatarios de todo el continente y que tienen precedentes históricos desde 1889— han sido de un plegamiento absoluto de América Latina a Estados Unidos y se inscriben en la visión que tiene Washington sobre su derecho al control sobre la región en sintonía con la doctrina Monroe, de manera que no estamos ante nada novedoso. Esta es la primera ausencia de un presidente estadounidense a esta nueva modalidad de reuniones, con asistencia de los jefes de Estado o gobierno, lo cual demuestra, que para Trump la Cumbre de las Américas no tiene ningún tipo de significación.

Pero además de eso, es menester decir que la diplomacia de cumbres es cada vez más anacrónica. Sobre todo en los tiempos modernos, tal como la gente se puede comunicar con extrema facilidad, los presidentes pueden estar en contacto permanentemente, a través de los medios tecnológicos.

En este sentido, la reunión presencial tiene apenas un carácter simbólico. La no invitación al presidente de Venezuela, deja entrever que con la Cumbre de las Américas se buscaba dar continuidad al plan de agresión contra Venezuela. Al tomar tal decisión, el Grupo de Lima —conformado por Perú, Argentina, Paraguay, Brasil, Chile, Colombia, Canadá, México, Honduras, Costa Rica, Guatemala, Panamá, Guyana y Santa Lucía— se demuestra como una instancia multilateral, solo comparada con la OTAN, en el sentido de que se crea para destruir a un país, cuando este tipo de organizaciones suelen fundarse para la cooperación, la ayuda mutua y la solidaridad.

Por eso, se debe afirmar que sin duda alguna, esta cumbre no tuvo ninguna importancia, y no pasó más allá de la retórica tradicional sin contenido que se repite en todas las reuniones de este tipo. En momentos en que hubo una correlación de fuerzas distinta en la región, en el año 2005 en Mar del Plata, Estados Unidos sufrió una derrota contundente al impedírsele construir un área de libre comercio de las Américas, pero fue un hecho único e irrepetible en el contexto actual. De ahí la importancia que tiene para América Latina y el Caribe la construcción de sus propios espacios de diálogo y concertación, alejado de los tutelajes y las asimetrías. África y Asia pueden mostrar resultados relevantes en este ámbito. La eficacia de mecanismos multilaterales propios, alejados de toda hegemonía ha dado pruebas fehacientes de efectividad en todo el planeta, incluso cuando ellos estás conformados por países con diferentes sistemas políticos y diversas ideologías.

En este sentido, el único lugar del mundo donde la acción divisionista y centrífuga de Estados Unidos ha tenido éxito ha sido en América Latina y el Caribe, donde las élites políticas oligárquicas no tienen sentido nacional y muestran una leal y perruna subordinación imperial. En los últimos años, se ha llevado a cabo un proceso de entronización de gobiernos de derecha y ultraderecha, corruptos, que se subordinan y se humillan ante Estados Unidos y que han hecho irrelevantes las organizaciones multilaterales organizados bajo hegemonía de alguna potencia.

Todo esto se enmarca en un contexto político de crisis del capitalismo y del sistema de democracia representativa. Este último, basado en los ideales de libertad, igualdad y fraternidad que propugnó la revolución francesa, para oponerse al feudalismo retrógrado y dar a los ciudadanos mejores condiciones de vida, ha llegado a un tope y no puede seguir expandiéndose. Lo que en la Europa de finales del siglo XVIII era revolucionario como la “división de poderes”, la democracia como “gobierno de la mayoría”, la “alternancia de los partidos en el gobierno”, la afirmación de que la “soberanía reside en el pueblo”, hoy no son más que entelequias que no tienen ningún valor, porque por ejemplo, los sistemas judiciales están al servicio de los poderosos y las leyes son burladas y pisoteadas cuando las decisiones afectan a los verdaderos dueños del poder. No ha sido la izquierda, sino la derecha, la que ha violentado la democracia haciéndola inoperante y profundamente inequitativa e injusta.

Ejemplo de todo esto son los flagrantes fraudes electorales en Honduras y Paraguay, avalados por estos organismos multilaterales siguiendo la pauta trazada por Estados Unidos, la detención del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, que claramente ha sido un juicio político, en el que no se han presentado pruebas que lo inculpen. También, la detención en Colombia de Jesús Santrich, negociador de las FARC, por presuntos cargos de narcotráfico, una medida tomada violando los propios acuerdos de paz, solo por cumplir una orden de la DEA, que es el mayor cartel de la droga del mundo, al mismo tiempo en Colombia cientos de líderes sociales son asesinados por narcotraficantes, y paramilitares, mientras que el gobierno no hace absolutamente nada por impedirlo. En el caso de la situación de Brasil, el Secretario General de la OEA, llegó a decir que ahí había “un crecimiento del sistema democrático” avalando con ello todas las tropelías de un gobierno ilegal que solo cuenta con 5% de aprobación popular, lo cual tampoco importa a la elite gobernante.

En todo este contexto, no es casual que seis gobiernos de derecha de América del Sur, hayan tomado la decisión de retirarse de Unasur, siguiendo los dictados de la Doctrina Monroe de construir solo instancias de carácter panamericano bajo égida estadounidense. En su espíritu conservador y retrógrado, las oligarquías corruptas en el poder, le tienen temor a lo nuevo, prefiriendo mantenerse bajo el alero norteamericano, rechazando la posibilidad de nuevas instancias multilaterales de carácter equitativo y transversal. Así, América Latina y el Caribe, estando desunidas, son presa fácil de la presión del norte

Pero en Lima, no sólo se reunieron las élites, también lo hicieron los pueblos, que continuaron construyendo -a pesar de las dificultades y la invisibilización mediática- una diplomacia distinta, un espacio superior de coordinación y cooperación, que vislumbra el verdadero camino del encuentro, el hermanamiento y la solidaridad para enfrentar la voracidad imperial, articulados y acoplados.
sergioro07@hotmail.com