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miércoles, 23 de septiembre de 2020

“Dios los cría y el diablo los junta”

 Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

Hace ocho años, en marzo de 2012, escribí un artículo titulado “El conflicto árabe-israelí. Una falacia imperial”. En dicho texto exponía algunos puntos de vista que causaron mucha polémica e incluso rechazo por parte de algunos lectores. En esa ocasión explicaba que:

“Es común escuchar hablar de un supuesto “conflicto árabe-israelí” No existe tal conflicto, por lo menos en lo que a la mayoría de los gobiernos se refiere. Lo que ocurre en realidad es la confrontación entre los aliados de Estados Unidos y Europa y los pueblos árabes doblemente oprimidos por la intervención imperial en sus territorios en connivencia con sus gobiernos y el carácter represivo, autoritario y antidemocrático de la mayoría de los gobiernos de la región. Es así, que Israel tiene excelentes relaciones con varios gobiernos árabes con los que supuestamente está en conflicto

Israel, las monarquías autocráticas y los gobiernos árabes han establecido una virtual alianza bajo la égida de Gran Bretaña primero y Estados Unidos después, en las que la voluntad  de Palestina por construir su nación, la lucha por la soberanía del Sahara Occidental y el espíritu liberador y democrático de los pueblos árabes más recientemente, han sido, a través de la historia, moneda de cambio para perpetuar el dominio de unos y otros en una lógica imperial que la da a esta región importancia geopolítica trascendental por ser la mayor compradora de armas y la más importante productora de energía del planeta.

La falacia de un supuesto conflicto alimentado desde Occidente no hace más que sostener un mercado vital para el mantenimiento de un modelo de sociedad decadente. Por igual, las satrapías autocráticas árabes y el Estado sionista de Israel se han prestado para ser la comparsa necesaria para la presencia e intervención imperial cada vez que sus intereses se ven amenazados”. Hasta ahí partes del articulo de 2012.

Algunos hechos recientes me han venido a dar la razón, el establecimiento de relaciones diplomáticos del Estado sionista con Emiratos Árabes Unidos y Bahréin con patrocinio estadounidense, ha corroborado lo que es sabido: Estados Unidos está haciendo esfuerzos superiores para construir un gran bloque árabe-sionista reaccionario que sirva como instrumento “amplio” de aplicación de su política en la región encaminada a quitar presión al Estado sionista para que pueda jugar mejor su rol de portaviones de Estados Unidos; destruir al eje de la resistencia vanguardizado por Irán; evitar que los palestinos puedan construir un Estado que por derecho y por historia le corresponde; salvar a sus aliados saudíes y emiratíes de la debacle de sus ejércitos y el desastre de su política en Yemen y, finalmente, proteger de la competencia al mayor mercado importador de armas del mundo, que se sostiene gracias al “conflicto” existente, toda vez que Estados Unidos le vende a ambos oponentes. Es conocido que sin esta industria, su economía no podría sostenerse.

Dhahi Khalfan subjefe de Policía de Dubái, la mayor ciudad de Emiratos Árabes Unidos, ha ejemplificado con una frase el sentir de la plutocracia emiratí respecto de su relación con Israel. En un escrito publicado en redes sociales, el jefe policial dijo que: "9 millones de judíos son mejores que 400 millones de árabes en términos de capacidades científicas, financieras y políticas... la razón está en nosotros y no en los judíos... ¿por qué siempre culpamos al otro?"

Está visto que los intereses de clase son mucho más poderosos que cualquier otro tipo incluso los familiares o los nacionales. En este sentido, los intereses de la ultra derecha sionista que ostenta el poder en Israel son plenamente coincidentes con el de las putrefactas monarquías suníes árabes a pesar que éstas son profundamente anti judías, a diferencia de la corriente chií del islam que no profesa sentimientos en su contra. El secuestro del judaísmo por parte del sionismo fue el primer eslabón adoptado por las potencias imperiales -europeas primero y estadounidense después- para establecer el control moderno del Asia Occidental, región que como se dijo antes, posee las mayores reservas de petróleo y gas del planeta.

Vale decir que la tan publicitada contradicción política entre las corrientes chiíes y suníes del islam, también es un artificio occidental para promover la división entre árabes y musulmanes. En conocido que, por ejemplo en Siria, el presidente Al Assad es alauita, una rama chií minoritaria en el país, mientras que la mayor parte del ejército y toda su plana mayor es suní, lo cual no es óbice para la unidad nacional en contra del terrorismo y el imperialismo.

De la misma manera, (mirado en sentido contrario) se observan las profundas contradicciones entre los gobiernos suníes promotores del terrorismo wahabí de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos en confrontación con los también gobiernos suníes  de Turquía y Catar. Es más, siendo que la mayoría del pueblo palestino es suní, tiene en Irán, Siria y el Hezbollah libanés (todos chiíes) sus máximos aliados.

De esta manera, resulta evidente que el manejo de aparentes conflictos y contradicciones en Asia Occidental, no son más que subterfugios mediáticos occidentales para sembrar odios y segmentaciones, mientras se construyen alianzas entre aparentes enemigos que en realidad constituyen la columna vertebral de la intervención imperial en la región.

Las palabras de Khalfan son expresión de la ignorancia y de un pensamiento racista y clasista basado en una presumida superioridad de algunos árabes respecto de otros. El policía emiratí alimentó su diatriba asegurando que: “…No somos Palestina. Palestina esencialmente, no es un Estado soberano. No tiene moneda, ni ejército, policía, presidente o ministros…”. Sus repulsivas opiniones avergüenzan a toda la humanidad decente, incluyendo por cierto a una buena parte de judíos, sobre todo a los no sionistas.

Su ignorancia no le deja ver a Khalfan que él es jefe de la policía de un país sin historia, toda vez que fue inventado por los colonialistas británicos cuando se retiraron de la región para dejar instaladas monarquías (también inventadas) a las que a cambio de la sujeción a Londres, París y Washington sentaron sobre un mar de petróleo que le proporcionó riqueza y poder,

Pero lo que no pudieron transferir los poderes imperiales a estos ignorantes criadores de cabras del desierto devenidos en millonarios estadistas a los que les regalaron estos países de diseño colonial fue la inteligencia, la cultura y la sapiencia de las grandes civilizaciones persa, mesopotámica y egipcia cuna de algunos de los mayores descubrimientos científicos de la historia antigua. 

Khalfan y todas estas satrapías que hoy veneran a Trump y a Netanyahu ni siquiera son capaces de sentir amor por su religión, por el profeta y sus califas sucesores, haciendo mal uso del culto, solo para nutrir y fomentar el terrorismo, en primer lugar contra sus propios hermanos musulmanes y contra toda la humanidad.

Árabes y judíos son hermanos, tienen un origen común, son semitas, según las escrituras religiosas, ambos pueblos descienden de Sem, uno de los hijos de Noé. Por eso deben vivir en paz, para lograrlo tendrán que seguir luchando hasta derrotar por igual al Estado sionista y a las retrogradas monarquías árabes que hoy se reúnen bajo el alero del Satán que vive en la Casa Blanca de Washington.

sergioro07@hotmail.com

sábado, 25 de julio de 2020

La letra, con sangre entra




Por Carolina Vásquez Araya:

Sustitución de paradigmas: el desafío planteado en función de un cambio inevitable.
Las sociedades necesitan reglas, de acuerdo con las cuales funcionan a partir de cierto orden y bajo determinados conceptos. En casos excepcionales, cuando se produce una repentina transformación de los sistemas vigentes o la ruptura de una línea establecida de normas y acuerdos, es preciso repensar los paradigmas –o el cuerpo de creencias, presupuestos, reglas y procedimientos que definen el comportamiento humano en todos los campos: la ciencia, la espiritualidad, las relaciones sociales- con el propósito de no perderse en una situación de caos y conflicto.


Hoy, la comunidad humana necesita reflexionar, como pocas veces, sobre las bases de su relación con el mundo, con sus semejantes y con su propia esencia. Su existencia ha experimentado un sacudón de enormes proporciones y, a pesar de no tener todavía la suficiente capacidad para captar la dimensión de su impacto sobre la vida presente y futura, sabe por intuición que se encuentra en un proceso de transformaciones radicales, aún desconocidas. Para las grandes mayorías es imposible abarcar la visión del bosque; de modo que, para conservar su estabilidad emocional, se enfocan en el árbol más cercano. De este modo, lo inmediato y lo conocido se convierte en una tabla de flotación ante la inmensidad de lo imponderable.

El desafío mayor ante el ataque de una pandemia capaz de poner de cabeza un sistema de vida considerado inamovible y cuyas bases de pronto parecen desaparecer, es comprender la necesidad de crear un nuevo orden de cosas. La crisis actual ha quitado muchos velos y, aunque ya sabíamos que ahí estaban, hemos intentado ignorarlos. Entre ellos, la poderosa influencia de un sistema económico rapaz y perverso, cuyos intereses resultan prioritarios e indiscutibles aun cuando las consecuencias de sus decisiones constituyan el sacrificio de millones de vidas humanas. Un sistema injusto al cual nos hemos plegado por comodidad. Por lo tanto, se nos plantea la urgencia de pensar, analizar, reflexionar y finalmente comprender que nuestro mundo ya no volverá a ser el mismo. Pero, sobre todo, cómo vamos a abrazar y conducir este cambio.

“La letra con sangre entra” o “Escena de escuela” es un cuadro pintado por Francisco de Goya y Lucientes entre 1780 y 1785, en donde el artista español escenifica un modelo de educación basado en la efectividad del castigo. Es, guardando las distancias, aquello que nos ha impuesto hoy eso que llamamos pandemia –conspirativa o no- de la cual deberemos extraer una dura lección: que no estamos en control de nuestro mundo. De hecho, lo que hemos intentado ignorar para tener una vida más gratificante y con visos o certezas de seguridad, hoy nos golpea en lo más preciado de nuestro entorno: la libertad relativa, la familia, la estabilidad económica.

Sin embargo, como de este fenómeno hemos de salir con un surtido de recursos más adecuados para el ejercicio de supervivencia, es imperativo comenzar por el cambio de paradigmas y, muy especialmente, un ejercicio de reeducación indispensable para reforzar nuestra salud mental, sin la cual ningún esfuerzo futuro resultará exitoso. En esta ruta se perderá, posiblemente, la noción de individualidad a la cual estamos tan acostumbrados, para sentar otro paradigma: que vivimos en un mundo de vasos comunicantes y dependemos de manera forzosa de las interrelaciones implícitas en un tejido social dinámico, sin las cuales nos será imposible superar el desafío del cambio.
elquintopatio@gmail.com


miércoles, 13 de noviembre de 2019

Por qué EE.UU no interviene en Colombia para acabar con la producción de droga y con el conflicto armado



Por Ítalo Urdaneta:
Empezando por el segundo punto al cual nos referiremos en esta nueva entrega, comenzamos diciendo que es inexplicable que Estados Unidos, acostumbrado a intervenir en aras de promover supuestamente la paz y la democracia en nuestro Continente, no haya intercedido aun para acabar con el conflicto armado que vive Colombia desde hace más de 70 años, el cual –recordemos- surgió una vez que la ultra derecha de esa nación asesinó de varios balazos al líder de izquierda, Jorge Eliezer Gaitán.


Desde entonces Colombia vive un conflicto armado, que ha generado más de 220 mil personas asesinadas, más de 25 mil desaparecidos y unos 4 millones 700 mil desplazados, en el período comprendido que va desde 1958 hasta el 2012, refiere el organismo encargado, con sede en Bogotá, de preservar la memoria histórica del conflicto armado colombiano, conocidos con las siglas CNMH.

Hoy por hoy, en Colombia, se sigue asesinando como si nada a decenas de hermanos, sobre todo aquellos que persisten en ganarse un puesto en el mundo político promoviendo el socialismo, como acaba de ocurrir solo hace unos días atrás.

Asumiendo un silencio cómplice pareciera que Estados Unidos quisiera ser visto como un país neutral que no desea involucrarse en esa guerra desproporcionada que alientan los propios gobiernos de turno de Colombia en contra de los grupos armados guerrilleros, como los son el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

¿Por qué ocurre esto? A nuestro modo de ver hay mucha tela que cortar en el conflicto armado que vive Colombia.  Recientemente vivos que, desde Cuba, como país anfitrión, la FARC y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos firmaron un tratado de paz que de la noche a la mañana se convirtió en un sueño utópico, por cuanto el nuevo jefe de Estado del país granadino, Iván Duque, rompió con los acuerdos que obligaron a los líderes guerrilleros a tomar de nuevo las armas.

Las razones de este desencuentro han sido más que justificadas por las FARC, por cuanto el Ejército de Colombia continúa dando de baja a los ex guerrilleros que se acogieron al tratado de paz.

Mientras todo esto sigue, el imperio solo tiene miradas hacia Venezuela en la persona del presidente Nicolás Maduro, a quien descalifica y lo tilda de dictador y de aupar el terrorismo en Latinoamérica.
¿Qué le impide o por qué no actúa EE. UU para acabar con el viejo conflicto? Sin duda, hay un interés supremo, y este descansa en la venta de armas que producen las empresas norteamericanas para seguir alimentando el conflicto.

El ex presidente Álvaro Uribe está considerado como el responsable de que el acuerdo de paz haya fracasado, pues desde la misma Colombia se le acusa de ser un “perro de guerra”, que solo se desvive porque el conflicto armado se mantenga y tome –incluso- otras dimensiones, involucrando a Venezuela.

Pero lo extraño de todo esto es que el gobierno de Estados Unidos, quien dice estar combatiendo también el tráfico y la producción de droga, no haga nada en Colombia para contrarrestar o enfrentar este flagelo, a pesar que el país granadino está catalogado como la nación que produce el 70 % de toda la droga que se consume en el mundo.

Extrañamente en Colombia hay siete bases militares norteamericanas, más que para controlar la producción de droga y el conflicto armado que registra ese país, al parecer las tienen destinadas para amedrentar y de ser necesario, según ellos, atacar a Venezuela, dado que todos los días así lo dejan entrever.
El ex presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, de nuevo salta a la palestra. Su historial lo vinculan desde hace mucho tiempo atrás al afamado cartel de la droga, que lideró en el pasado el reconocido narcotraficante Pablo Escobar Gaviria, con quien mantuvo estrechos vínculos y se retrató en más de una oportunidad.

La producción y la comercialización de la droga al parecer es la actividad fuerte a la que se dedica todavía Uribe Vélez, según lo han declarado activistas y periodistas de Colombia.

A Uribe Vélez también se le señala de crear y dirigir para proteger la actividad del narcotráfico a los grupos paramilitares, llamado vulgarmente “Los Paracos”, que operan libremente a lo largo y ancho de la frontera con Venezuela, promoviendo al mismo tiempo el secuestro, el terror y el contrabando de extracción de Venezuela hacia Colombia de gasolina y todo lo que esté a su alcance.

Es fácil entender entonces porque las autoridades de  EE.UU se hacen los ciegos, los sordos y los mudos, con el conflicto armado que persiste en Colombia, pero además  de todos es sabido que la industria del narcotráfico le genera inmensas fortunas no solo a Colombia, sino también a quienes se escudan detrás del Pentágono y de la Casa Blanca, que todo lo pueden, en un país que está considerado como el primer consumidor de droga en el mundo.
italourdaneta@gmail.com

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Colombia duele



Por Carlos Flanagan:

La violencia que sigue instalada en Colombia desde hace décadas y la continuidad de los asesinatos de líderes sociales, sindicales y ex combatientes de la guerrilla luego y a pesar de los acuerdos de paz firmados, violentan toda conciencia democrática y de justicia.
En lo que a mi respecta, me duelen particularmente; ya que a algunas y algunos de ellos los pude conocer en instancias de encuentros internacionales en las últimas décadas.

La realidad colombiana vuelve a estar en las noticias a raíz del anuncio hace pocos días de Iván Márquez y algunos otros dirigentes de las FARC (Jesús Santrich y Hernán Darío Velázquez) de que, ante los incumplimientos por parte del gobierno de muchos aspectos de los acuerdos de paz y los reiterados asesinatos, retomaban la lucha armada (defensiva) nuevamente como Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC – EP).



Por otro lado, Rodrigo Londoño continúa presidiendo el partido político FARC (Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común) creado en agosto del año 2017, luego de la firma de los acuerdos de paz en 2016, que rechazó enfáticamente la decisión hecha pública por Iván Márquez y reafirmó la apuesta por la paz y el cumplimiento de los compromisos emergentes del Acuerdo de Paz firmado.

El contexto histórico, formas y contenidos

Colombia es el país en nuestro continente con mayor continuidad democrática en el plano institucional con partidos políticos muy antiguos, como el Liberal (1848) y el Conservador (1849). Sólo tenemos partidos de similar antigüedad en Estados Unidos: Demócrata (1824) y Republicano (1854) y Uruguay (Colorado y Nacional ambos en 1836).

Sin embargo, desde hace muchas décadas esa “continuidad democrática pactada” de carácter formal, convive con una realidad social con un contenido de violencia inusitado.
Un caso emblemático fue sin duda el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán; parlamentario que encabezó el ala de izquierda del Partido Liberal, siendo candidato presidencial en las elecciones de 1946 y seguramente próximo ganador de las siguientes elecciones en 1950.
El 9 de abril de 1948 es asesinado (un plan orquestado por la CIA). La respuesta fue el alzamiento popular llamado el “bogotazo” y de ahí en más se abre un capítulo histórico denominado “la violencia” en el cual en una década se estima que murieron entre 200.000 y 300.000 personas y emigraron más de 2 millones de personas (casi la quinta parte de la población de esa época).

En el ámbito rural imperaba la violencia de los terratenientes contra los campesinos, con el consiguiente desplazamiento forzoso y la usurpación de sus tierras.

Como respuesta a esta situación surgen a lo largo de los años distintas organizaciones de autodefensa campesina de diversos signos políticos; desde liberales hasta comunistas.
Por ende, el establecimiento de muchas zonas rurales liberadas, como la Marquetalia de Manuel Marulanda, “Tirofijo” o el nacimiento de las propias FARC en 1966, no es fruto de una casualidad, sino que por el contrario es una consecuencia histórica de todo este largo proceso de violencia.

Los acuerdos de paz; un largo proceso

Por los motivos arriba esbozados, el proceso de conversaciones fue largo y complejo.
Se inició con una ronda de diálogos entre la delegación del gobierno presidida por Juan Manuel Santos y la delegación de las FARC-EP que se dio en llamar Encuentro Exploratorio y tuvo lugar en La Habana entre el 23 de febrero y 26 de agosto de 2012.

Ese día se firmó un Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, ante delegados de la República de Cuba y el Reino de Noruega que de ahí en más se constituyeron en garantes del proceso.

La agenda pautada en este Acuerdo General indicaba la constitución de una Mesa de Conversaciones. La misma comenzó a sesionar en Oslo el 18 de octubre de 2012, para luego pasar a funcionar en La Habana durante cuatro años. En ese lapso se fueron abordando todos los puntos de la agenda de negociaciones para así llegar a la firma del “Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera” el día 24 de agosto de 2016.

Se estableció que este Acuerdo debía ser sometido a ratificación mediante plebiscito, previsto para el 2 de octubre siguiente. El triunfo del no a su ratificación obligó a renegociar y volver a redactar algunos de sus artículos. Finalmente, el 24 de noviembre se procedió a la firma de las modificaciones realizadas. Y entre el 29 y 30 de noviembre fue aprobado el Acuerdo definitivo por la Cámara de Senadores y de Diputados.

A partir del 1º de diciembre de 2016 dio comienzo el proceso de desmovilización y entrega de las armas a la ONU que finalizó el 26 de setiembre de 2017 cuando la Primera Misión de Verificación de ONU culminó sus actividades. De esta forma se estaba en condiciones de iniciar la reincorporación social, económica y política a la vida civil por parte de los ex combatientes.

El cumplimiento de los Acuerdos

En agosto pasado, la Procuraduría General de la Nación Delegada para el Seguimiento al Acuerdo de Paz emitió el primer informe al Congreso. Es un extenso documento de 344 páginas en el cual se aborda y analiza el estado de situación de seis puntos:

1)            Reforma rural integral.
2)            Participación política.
3)            Fin del conflicto.
4)            Solución al problema de drogas ilícitas.
5)            Sistema integral de verdad, justicia, reparación, y no repetición.
6)            Implementación, verificación y refrendación.

Se puede afirmar que en general los resultados obtenidos en los puntos mencionados han sido claramente insatisfactorios; sea por motivos de insuficientes recursos presupuestales dotados por el gobierno para la implementación de las medidas, la ausencia de informes periódicos de la implementación física y financiera de los términos del Acuerdo que diera por resultado hojas de ruta claramente definidas, la ausencia de indicadores en el PMI (Plan Marco de Implementación) o la descoordinación entre distintas instancias institucionales del Estado.

Sólo a modo de ejemplo en la reforma rural existe una gran lentitud en el otorgamiento de tierras a los solicitantes.

En la participación política los partidos de oposición consultados   denunciaron amenazas a sus miembros. No se dieron espacios adicionales en medios de comunicación por parte del Consejo Nacional Electoral según lo acordado. Es uno de los puntos que presenta mayor retraso en su ejecución.

Por su parte el partido político FARC (Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común) tuvo una baja votación en las elecciones parlamentarias de 2018 (52.092 votos para la Cámara de Senadores y 32.636 para la Cámara de Representantes) que de por sí no le otorgaba ninguna banca. Sin embargo, por lo establecido en el Acuerdo de Paz, le correspondieron 5 bancas en cada Cámara.

Desde la firma del acuerdo a la fecha del informe, 134 ex integrantes de las FARC fueron asesinados. El 70% de esos asesinatos se perpetraron en territorios en donde se implementan programas para la seguridad producto de los Acuerdos de Paz.
En lo que respecta al encare del problema de las drogas ilícitas, se fracasó en la política de disminución de áreas de cultivo y de apoyo a las familias que decidieron abandonar esos cultivos.

En conclusión, los resultados hasta ahora en la implementación concreta de las disposiciones del Acuerdo de Paz son totalmente insuficientes. La violencia paramilitar continúa y sigue impune.

Una dolorosa escisión

El 29 de agosto, Iván Márquez – quien fuera jefe de la delegación de las FARC – EP durante el proceso de negociaciones para el Proceso de Paz, Senador designado en la cuota de 5 que le correspondía al Partido FARC, con paradero desconocido desde hacía un año, aparece en un video anunciando que junto a un grupo de dirigentes (Jesús Santrich, Romaña, el Paisa entre otros) y ante los incumplimientos del gobierno de los compromisos del Acuerdo de Paz decidieron retomar las armas (esta vez en una lucha defensiva) como FARC-EP.

El mismo día el Consejo Político Nacional del Partido FARC emitió un comunicado por el cual rechaza la decisión de esos exdirigentes, manifestando que “proclamar la lucha armada en la Colombia de hoy constituye una equivocación delirante” y que “los firmantes de la alocución rompieron públicamente con nuestro partido, protocolizaron su renuncia y asumieron las consecuencias de sus actos.”

Afirman que “es cierto que el cumplimiento de los Acuerdos por parte del Estado marcha a paso paquidérmico, y que los reincorporados hemos pasado por serias dificultades en distintos sentidos. Nadie niega que existan importantes sectores e intereses que trabajan incesantemente contra lo pactado. Pero los revolucionarios enfrentamos la adversidad con optimismo, valoramos altamente la palabra empeñada y no renunciamos a nuestros objetivos por duro que sea el camino.” 

Tal como lo señalamos en el capítulo anterior, del propio detallado informe de la Procuraduría General de la Nación Delegada para el Seguimiento al Acuerdo de Paz surge de manera inequívoca y por diversos motivos explicitados en él, la lentitud en el cumplimiento de los planes emergentes del Acuerdo.

Si bien podría entenderse que ante este panorama de incumplimientos un grupo de ex dirigentes guerrilleros, agotada su paciencia, hayan entendido que no hay más alternativa que volver a las armas, la gravedad del tema en cuestión y sus posibles consecuencias ameritan un análisis sereno y detenido.

Lo primero a considerar es que es un diferendo doloroso entre compañeros; militantes revolucionarios honestos y convencidos en sus posturas.

Muchos medios de la derecha no tardarán en catalogar de una forma aparentemente simplista (pero maquiavélica en el fondo) este diferendo como “entre malos y buenos”.

Consideramos que la actitud de volver a empuñar las armas puede entenderse, pero no justificarse, por varias razones.

Luego de décadas de enfrentamiento armado tanto el gobierno colombiano como las FARC-EP llegaron a la conclusión de que ninguno de los dos podía llegar a triunfar por la vía militar; lo que evidenció la necesidad de iniciar un diálogo conducente a un proceso de abordaje de una agenda temática hacia un acuerdo que pusiera fin a las hostilidades y abriera las perspectivas de paz con reinserción social y política.

Cabe preguntarse entonces, ¿a quién beneficia políticamente esta decisión de volver a las armas?

Sin duda alguna al presidente Iván Duque y a toda la oligarquía colombiana.

Duque es un títere de Álvaro Uribe Vélez quien con el apoyo de Estados Unidos mueve los hilos de su política guerrerista y de apoyo a los paramilitares con objetivos muy claros:

•             que Colombia sea, encabezando el Grupo de Lima, el contrapeso de derecha funcional al imperialismo de todo gobierno progresista en el continente. Una suerte de Israel en América del Sur.
•             Ser la plataforma de lanzamiento de una provocación armada contra Venezuela, posiblemente en la zona fronteriza. Duque ya está preparando el terreno cuando no perdió tiempo en acusar al presidente Nicolás Maduro de encubrir al grupo guerrilleros de Iván Márquez. No sería de extrañar que mediante el expediente de “falsos positivos” - método que tanto conocen y aplican los servicios colombianos – les dé el pretexto para ingresar en territorio venezolano.

Para ello posiblemente cuenten y contarán con el silencio cómplice de la OEA y en particular de su Secretario General Luis Almagro.

El deber de defender la paz.

Será tarea de los países democráticos y progresistas plantear en los organismos internacionales la necesidad de que el gobierno colombiano acelere y garantice el cumplimiento de las tareas previstas en el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera y ofrecer los buenos oficios de acompañamiento de la comunidad internacional para ello.

Ahora bien; hay una tarea que es materia privativa del pueblo colombiano: la paciente construcción de la unidad.

Por un lado, la unidad del movimiento social, del movimiento sindical.

Pero además trabajar duro en pos de un acuerdo de unidad de todos los partidos de izquierda y progresistas en base a un programa mínimo de consensos políticos contra el neoliberalismo, por la justicia social, una política exterior soberana y en defensa del proceso de paz.

Es la hora de que las fuerzas políticas se den la oportunidad de debatir fraternalmente sobre lo que los une a corto y mediano plazo en aras de poder caminar juntos.

Y por una vez hacer el ejercicio de dejar de lado por un momento las eternas discusiones sobre diferencias filosóficas de corte finalista a las que la izquierda lamentablemente ha sido y es tan afín en todo tiempo y lugar.

Sólo así podrán acumular fuerzas y afrontar juntos próximas instancias electorales con posibilidades de lograr el triunfo que el pueblo colombiano espera y merece. -

carlos.flanagan@gmail.com

sábado, 25 de mayo de 2019

Mucho más que una guerra comercial. El conflicto de Estados Unidos contra China (Parte I)



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
El planeta se encuentra suspendido de un hilo y sigue con suma expectación las noticias vinculadas a lo que se ha dado en llamar “guerra comercial” entre Estados Unidos y China. Vale debatir si en realidad se trata de una guerra y si en verdad las causas de su inicio y la actual escalada tiene un trasfondo de orden comercial.

Como es sabido, este conflicto fue iniciado en marzo de 2018 tras un anuncio realizado por el presidente de Estados Unidos Donald Trump, quien informó su decisión de imponer aranceles por un monto 50 mil millones de dólares a los productos chinos bajo el artículo 301 de la Ley de Comercio de 1974, sustentado en el supuesto de “prácticas desleales de comercio” y “robo de propiedad intelectual” por parte de la nación asiática. Unos días después, China respondió aplicando aranceles a 128 productos estadounidenses, dando origen de esa manera a un escalamiento del diferendo que pareció entrar en una etapa de tregua y posteriores negociaciones tras el encuentro de los presidentes de ambos países en Buenos Aires el pasado 1° de diciembre en el marco de la celebración de la Cumbre del G-20.


Sin embargo, tras 11 rondas de conversaciones realizadas en ambas capitales, el conflicto lejos de acercase a una culminación exitosa, ha escalado incluso con la decisión de imponer nuevos aranceles por parte de Estados Unidos justo cuando estaba por comenzar la realización de ese décimo primer encuentro bilateral que se habría de realizar en Washington durante la segunda semana de este mes de mayo.

El 10 de mayo Estados Unidos aumentó los aranceles a las importaciones chinas por un valor de 300 mil millones de dólares elevándolos de 10 a 25%, a lo que Beijing respondió anunciando un plan que se propone introducir gravámenes sobre las importaciones estadounidenses a partir del 1° de junio por valor de 60 mil millones de dólares.

Pero, como hemos dicho con anterioridad, el verdadero eje del problema es que la República Popular China va logrando una superioridad tecnológica respecto de Estados Unidos que la coloca en una mejor posición para avanzar en su desarrollo  hacia una economía fortalecida que la va a colocar en las próximas décadas en la vanguardia económica del planeta y que a través del Plan de la Nueva Ruta de la Seda ha generado un mecanismo que trae prosperidad no sólo a su país sino a otros pueblos del mundo corroyendo con ello el sistema mediante el cual se usan las relaciones económicas internacionales como instrumento de opresión, subordinación y miseria para la mayor parte de la humanidad.

De manera tal que tras la llamada guerra comercial se esconde en realidad una guerra tecnológica que es expresión de la desesperación estadounidense por el elevado desarrollo científico chino, que por primera vez en los últimos 130 años ha coloca a la potencia norteamericana en un lugar secundario en este ámbito.

El principal conflicto se ha desatado en torno a la nueva generación de comunicación móvil denominada 5G obtenida por China con un adelanto de 8 meses respecto de Estados Unidos. Vale decir que este país había consiguiendo la primacía en las previas 3G y 4G. La tecnología 5G traerá indudables implicaciones en las actividades sociales, geopolíticas, empresariales y militares al ser 40 veces más rápida que la 4G y tener una capacidad de transmisión de datos ostensiblemente mayor al poder desarrollar a través de ella la conexión de grandes bases de datos, la expansión de aplicaciones de inteligencia artificial, incluyendo robótica de carácter avanzado y la posibilidad de múltiples conexiones ultrarrápidas de internet entre ciudadanos, organizaciones y cosas como dinero móvil, vehículos sin conductores, cirugías a distancia, enseñanza virtual y uso de drones, mucho de lo cual ya está en uso en China.

En la escalada del problema creado, el pasado 12 de mayo el gobierno de Estados Unidos difundió una lista de casi cuatro mil productos chinos a los cuales podría imponer nuevos aranceles, al mismo tiempo el presidente Trump dijo que estaba estudiando la posibilidad de decidir aplicar tarifas del 25% al resto de las mercancías chinas que hasta ese momento no tenían tales gravámenes y que había dado instrucciones para dar los pasos iniciales en esa dirección a partir de lo cual la administración estadounidense dio inicio formal al proceso de aprobación de nuevos impuestos con la publicación de un listado de 3805 categorías de bienes valorados en 300 mil millones de dólares anuales, el cual incluye mercancías como celulares, computadoras personales, leche, acero y aluminio.

De manera frontal, y utilizando un tono inusitado para su tradición diplomática, la respuesta china fue frontal, el martes 14 de mayo el portavoz de la Cancillería, Geng Shuang informó que “"La experiencia anterior fue testimonio de que China no quiere una guerra comercial, pero tampoco tiene miedo de ella; si alguien provoca una guerra en la entrada a nuestra casa, vamos a luchar hasta vencer". Geng también manifestó la esperanza de que Estados Unidos no menosprecie la disposición de China de defender sus intereses. De manera clara, China ha asumido que lo que ha decidido Estados Unidos es la realización de una guerra y como tal se está preparando para defenderse y contrarrestar los efectos de la misma. No hay que olvidar que la guerra es la continuación de la política y Estados Unidos ha decidido una política de confrontación y enfrentamiento para lograr la derrota del enemigo.

Al día siguiente, 15 de mayo, en un editorial titulado: "China ha hecho la preparación integral" leída en el noticiero estelar de la Televisión Central de China (CCTV) el gobierno envió un mensaje al pueblo en el que se informa acerca de de su posición en torno a la confrontación planteada por Estados Unidos. En el mismo se comunica que "…no queremos esta lucha, pero no tenemos miedo y vamos a luchar si es necesario". En el imaginario de los ciudadanos chinos, el trasfondo del conflicto no tiene carácter comercial ni económico, sino que lo ha entendido como una lucha por el honor y en salvaguarda de la integridad del país. El editorial antes mencionado toma nota de este sentimiento y lo manifiesta de la siguiente forma: "Para la nación china que ha experimentado varias tormentas en los últimos 5.000 años, ¿hay alguna situación que no hemos visto antes? En el proceso de la gran revitalización de la nación, tiene que haber dificultades e incluso olas terribles. La guerra comercial provocada por Estados Unidos es sólo una barrera en el camino de desarrollo de China, y no es un gran problema en absoluto".

La respuesta china produjo irritación extrema en Washington, no acostumbrado a que alguien en el mundo le responda de igual a igual, el jueves 16 de mayo, el presidente Trump afirmó que China resultaría gravemente perjudicada si los dos países no llegan a un acuerdo comercial porque las tarifas impuestas por Estados Unidos obligarán a las compañías a trasladar la producción a otros países.

Vale considerar que en su comparecencia ante los medios de comunicación el portavoz Geng había expresado que Estados Unidos no necesitaba preocuparse por la estabilidad de China porque durante las cuatro décadas de desarrollo de la política de reforma y apertura, el entorno de inversión extranjera del país había mejorado continuamente, lo que ha conducido a que China sea uno de los mayores destinos en el mundo para la inversión extranjera alcanzando un nivel récord en diciembre del año pasado.

Este último aumento de las tasas, impulsado por el presidente Trump y los planes de China de contrarrestarlas, han influido negativamente en las empresas estadounidenses afincadas en el país asiático. En ese marco, contradiciendo a Trump quien afirmó que lo que tenían que hacer las empresas estadounidenses era construir sus fábricas o manufacturar sus productos en Estados Unidos, para lo cual no tendrían que pagar ningún arancel, algunas de las principales compañías han dudado de ese ofrecimiento e incluso Exxon Mobil decidió establecer un proyecto de productos petroquímicos a gran escala en China. De la misma manera, la fabricante de vehículos electricos Tesla comenzó oficialmente la construcción de una planta de fabricación en Shanghái, su primera en el extranjero, y la corporación agrícola Cargill decidió ampliar su capacidad de procesamiento central en la provincia china de Jilin en abril. De la misma manera, un grupo de 170 empresas de la industria del calzado encabezadas por Adidas, Nike, Converse, Puma y Clarks entre otras, han enviado una carta al presidente Donald Trump en la que le instaron a reconsiderar los aranceles a los zapatos fabricados en China, al estimar que tal política puede resultar "catastrófica" para "empresas, consumidores y la economía estadounidense en general", considerando que el 72% de los zapatos que importa Estados Unidos, provienen de China.

Tales hechos dan cuenta de que estas empresas, dado su carácter transnacional no necesariamente actúan en sintonía con su país de origen, sino que deciden sus destinos de inversión y eligen a sus socios comerciales a partir de sus mejores intereses en la búsqueda de mayor ganancia. Retirarse de China podría significar para estas empresas la pérdida del mayor mercado mundial, que además está en permanente expansión dados los importantes avances de China en la lucha contra la pobreza y el incremento constante en los niveles de consumo de su población.

Por otra parte, en un esfuerzo por atraer nuevos inversionistas y mantener los que tienen, China continúa reduciendo las limitaciones para la inversión extranjera, reservándose para si, solo las áreas estratégicas de la economía y las que están vinculadas a la industria para la defensa.

En ese ámbito, la nueva Ley de Inversión Extranjera, que entrará en vigencia el 1° de enero de 2020, fomentará más inversiones en China ya que generará una mayor confianza en un entorno estable, transparente, previsible y justo para las inversiones extranjeras. Las medidas para la ampliación y mayor eficiencia (que incluye una fuerte lucha contra la corrupción) en la aplicación de la política de reforma y apertura permitirán además la racionalización y una mayor descentralización en la toma de decisiones incidiendo en la creación de un mejor ambiente empresarial en el país.

En esa medida, Estados Unidos se enfrenta a racionales políticas de Estado asumidas por la dirección china encaminadas a hacer avanzar la economía, evitando en todo momento el conflicto y enfrentándolo solo porque es un escollo que la insensata administración Trump ha planeado como vía para que su país pueda salir del marasmo económico en el que se encuentra.

En ese sentido, los datos que aporta una encuesta realizada entre el 16 y el 20 de mayo de manera conjunta por la Cámara de Comercio Americana en Shanghái (AmCham Shanghai) y la Cámara de Comercio Americana en China, con sede en Beijing (AmCham China) establece con claridad que las medidas tomadas por el presidente Trump están incidiendo negativamente en las empresas estadounidenses que se encuentran en China. La pesquisa da cuenta que el mayor impacto viene dado por el perjuicio a la competitividad de la gran mayoría de los encuestados (el 74,9%), lo cual se ha reflejado en una menor demanda de mercancías, mayores costos de producción y superiores precios de venta de productos que condujeron a mayores costos operativos que tuvieron fuerte impacto en el 45,6% de las empresas que se vieron impelidas a localizar fuentes alternas para la colocación de sus productos.

No obstante, China había tomado medidas en ese sentido, cuya comprensión generó grandes debates en diferentes escenarios, en torno al estado real de la economía china, toda vez que las mismas expusieron que ella se encontraba en un proceso de ralentización indetenible, sin embargo, el gobierno chino explicaba que dadas las dificultades por las que atravesaba la economía global se hacía necesario disminuir las metas en el crecimiento del PIB,  y trasladar el producto que emanaba de esa mengua en el flujo de las exportaciones a su gigantesco mercado interno que todavía posee un gran potencial para absorber los excedentes de producción que el conflicto generado por el gobierno de Estados Unidos podría crear. Así, muchas empresas estadounidenses y de otros países, se han acogido al plan “En China, para China” que consiste en ubicar su producción en el mercado local de un país poseedor de un potencial de 1.4 millones de consumidores. El gigantesco mercado chino es la primera arma que tiene ese país para enfrentar la guerra de Trump…pero no es la única.
(Continúa la próxima semana)
sergioro07@hotmail.com


sábado, 28 de abril de 2018

Un sistema multilateral anquilosado, retrógrado y corrupto.


Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
El sistema multilateral actual es producto de la correlación de fuerzas internacional que surgió tras la segunda guerra mundial. El problema es, que después de eso, hubo otro conflicto (la guerra fría) y el planeta no hizo modificaciones acorde la nueva situación creada, por tanto, aunque se vive en un mundo distinto, se conserva la estructura de la guerra fría. Esto genera indudables contradicciones toda vez que en el hemisferio occidental la supremacía de Estados Unidos es absoluta y los organismos multilaterales solo sirven para administrar esa hegemonía


Hace unos días, esto se puso a prueba simultáneamente en ambos niveles: el regional y el planetario cuando la noche del viernes 13 de abril se realizaron casi simultáneamente dos eventos de suma trascendencia para el sistema internacional: la inauguración de la Cumbre de las Américas en Lima y el bombardeo de tres miembros del Consejo de Seguridad de la ONU a Siria. Aunque en la práctica son dos acontecimientos de relevancia distinta por las implicaciones inmediatas que cada uno tuvo, considerando que en Siria se puso en riesgo la vida de decenas de miles de ciudadanos, en los hechos, ambas acciones respondían a la misma lógica: agredir a dos países que no se han mostrado de acuerdo con subordinarse y humillarse ante el amo imperial, o dicho en otras palabras, Siria y Venezuela, no han mostrado el comportamiento de Arabia Saudita y Colombia o México, países en los que Estados Unidos se ha acostumbrado a dar órdenes. Vale decir, que aunque se utilizaron instrumentos distintos, el objetivo fue el mismo: afectar la independencia y la soberanía de dos países ubicados en lugares estratégicos, con gigantescos potenciales energéticos y que han establecido alianzas que no son del agrado de Washington. Las acciones realizadas son violatorias del derecho internacional y de las cartas constitutivas de la ONU y la OEA, que teóricamente fueron creadas para garantizar la paz y que por el contrario, se han transformado en instrumentos para la guerra. Incluso, cuando en algunos de ellos, –por alguna razón- no se aceptan sus designios son pasados por alto, violentados en su institucionalización y vulnerados sus principios. 

La consecuencia más importante tras los dos incidentes del 13 de abril es que la estructura del sistema internacional quedó severamente dañada y su credibilidad por el suelo: el sistema multilateral ha recibido una estocada de la que le costará mucho reponerse en términos prácticos, más allá de que su burocracia seguirá funcionando como siempre, es decir sin importarle mucho si lo que hacen es efectivo o no. Esto también es posible porque el secretario general de la ONU es un funcionario de un país de la OTAN, lo cual no le permite objetividad ni imparcialidad en sus análisis y decisiones. Más encima, en días recientes el periódico londinense The Guardian destapó un gigantesco escándalo al dar a conocer que el fondo de pensiones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estaría siendo invertido en compañías con un historial de prácticas dudosas, como Shell, los bancos HSBC y Barclays y la transnacional farmacéutica GlaxoSmithKline, entre otras, lo cual violenta sus propios principios.

En el caso de la Cumbre de Lima, las noticias más importantes que inundaron los medios de difusión masivo y las trasnacionales de la información fueron la inasistencia del presidente de Estados Unidos y posteriormente, las menguadas horas que permaneció el vicepresidente en Perú, más entretenidos (ambos) en sus juegos de guerra en Siria, que en otra cosa. A Pence, solo le alcanzó el tiempo para reunirse con la contrarrevolución cubana, la ultra derecha venezolana, además de aprovechar de dar un nuevo sacudón al desvergonzado presidente mexicano.

Vale decir que en la reunión con los venezolanos, la diplomacia estadounidense ni siquiera se tomó la molestia de poner la bandera de la contraparte, pareció la reunión de un jefe con sus subordinados, todos del mismo país, el resultado es que a cada uno de ellos el vicepresidente de la mayor potencia del mundo les dio 4 dólares como ayuda humanitaria para los emigrados venezolanos, si nos atenemos a los 16 millones de dólares que entregó Pence para los 4 millones de personas que según Estados Unidos han abandonado Venezuela. Visto desde otra perspectiva, los dirigentes de la ultra derecha venezolana, recibieron el equivalente al costo de 11 misiles crucero de los 103 que esa misma noche Trump lanzó contra Siria.

Volviendo a Lima, habría que decir que casi todas estas reuniones —que agrupan a los mandatarios de todo el continente y que tienen precedentes históricos desde 1889— han sido de un plegamiento absoluto de América Latina a Estados Unidos y se inscriben en la visión que tiene Washington sobre su derecho al control sobre la región en sintonía con la doctrina Monroe, de manera que no estamos ante nada novedoso. Esta es la primera ausencia de un presidente estadounidense a esta nueva modalidad de reuniones, con asistencia de los jefes de Estado o gobierno, lo cual demuestra, que para Trump la Cumbre de las Américas no tiene ningún tipo de significación.

Pero además de eso, es menester decir que la diplomacia de cumbres es cada vez más anacrónica. Sobre todo en los tiempos modernos, tal como la gente se puede comunicar con extrema facilidad, los presidentes pueden estar en contacto permanentemente, a través de los medios tecnológicos.

En este sentido, la reunión presencial tiene apenas un carácter simbólico. La no invitación al presidente de Venezuela, deja entrever que con la Cumbre de las Américas se buscaba dar continuidad al plan de agresión contra Venezuela. Al tomar tal decisión, el Grupo de Lima —conformado por Perú, Argentina, Paraguay, Brasil, Chile, Colombia, Canadá, México, Honduras, Costa Rica, Guatemala, Panamá, Guyana y Santa Lucía— se demuestra como una instancia multilateral, solo comparada con la OTAN, en el sentido de que se crea para destruir a un país, cuando este tipo de organizaciones suelen fundarse para la cooperación, la ayuda mutua y la solidaridad.

Por eso, se debe afirmar que sin duda alguna, esta cumbre no tuvo ninguna importancia, y no pasó más allá de la retórica tradicional sin contenido que se repite en todas las reuniones de este tipo. En momentos en que hubo una correlación de fuerzas distinta en la región, en el año 2005 en Mar del Plata, Estados Unidos sufrió una derrota contundente al impedírsele construir un área de libre comercio de las Américas, pero fue un hecho único e irrepetible en el contexto actual. De ahí la importancia que tiene para América Latina y el Caribe la construcción de sus propios espacios de diálogo y concertación, alejado de los tutelajes y las asimetrías. África y Asia pueden mostrar resultados relevantes en este ámbito. La eficacia de mecanismos multilaterales propios, alejados de toda hegemonía ha dado pruebas fehacientes de efectividad en todo el planeta, incluso cuando ellos estás conformados por países con diferentes sistemas políticos y diversas ideologías.

En este sentido, el único lugar del mundo donde la acción divisionista y centrífuga de Estados Unidos ha tenido éxito ha sido en América Latina y el Caribe, donde las élites políticas oligárquicas no tienen sentido nacional y muestran una leal y perruna subordinación imperial. En los últimos años, se ha llevado a cabo un proceso de entronización de gobiernos de derecha y ultraderecha, corruptos, que se subordinan y se humillan ante Estados Unidos y que han hecho irrelevantes las organizaciones multilaterales organizados bajo hegemonía de alguna potencia.

Todo esto se enmarca en un contexto político de crisis del capitalismo y del sistema de democracia representativa. Este último, basado en los ideales de libertad, igualdad y fraternidad que propugnó la revolución francesa, para oponerse al feudalismo retrógrado y dar a los ciudadanos mejores condiciones de vida, ha llegado a un tope y no puede seguir expandiéndose. Lo que en la Europa de finales del siglo XVIII era revolucionario como la “división de poderes”, la democracia como “gobierno de la mayoría”, la “alternancia de los partidos en el gobierno”, la afirmación de que la “soberanía reside en el pueblo”, hoy no son más que entelequias que no tienen ningún valor, porque por ejemplo, los sistemas judiciales están al servicio de los poderosos y las leyes son burladas y pisoteadas cuando las decisiones afectan a los verdaderos dueños del poder. No ha sido la izquierda, sino la derecha, la que ha violentado la democracia haciéndola inoperante y profundamente inequitativa e injusta.

Ejemplo de todo esto son los flagrantes fraudes electorales en Honduras y Paraguay, avalados por estos organismos multilaterales siguiendo la pauta trazada por Estados Unidos, la detención del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, que claramente ha sido un juicio político, en el que no se han presentado pruebas que lo inculpen. También, la detención en Colombia de Jesús Santrich, negociador de las FARC, por presuntos cargos de narcotráfico, una medida tomada violando los propios acuerdos de paz, solo por cumplir una orden de la DEA, que es el mayor cartel de la droga del mundo, al mismo tiempo en Colombia cientos de líderes sociales son asesinados por narcotraficantes, y paramilitares, mientras que el gobierno no hace absolutamente nada por impedirlo. En el caso de la situación de Brasil, el Secretario General de la OEA, llegó a decir que ahí había “un crecimiento del sistema democrático” avalando con ello todas las tropelías de un gobierno ilegal que solo cuenta con 5% de aprobación popular, lo cual tampoco importa a la elite gobernante.

En todo este contexto, no es casual que seis gobiernos de derecha de América del Sur, hayan tomado la decisión de retirarse de Unasur, siguiendo los dictados de la Doctrina Monroe de construir solo instancias de carácter panamericano bajo égida estadounidense. En su espíritu conservador y retrógrado, las oligarquías corruptas en el poder, le tienen temor a lo nuevo, prefiriendo mantenerse bajo el alero norteamericano, rechazando la posibilidad de nuevas instancias multilaterales de carácter equitativo y transversal. Así, América Latina y el Caribe, estando desunidas, son presa fácil de la presión del norte

Pero en Lima, no sólo se reunieron las élites, también lo hicieron los pueblos, que continuaron construyendo -a pesar de las dificultades y la invisibilización mediática- una diplomacia distinta, un espacio superior de coordinación y cooperación, que vislumbra el verdadero camino del encuentro, el hermanamiento y la solidaridad para enfrentar la voracidad imperial, articulados y acoplados.
sergioro07@hotmail.com

sábado, 11 de noviembre de 2017

Arabia Saudita e Israel: una peligrosa alianza terrorista.

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

En marzo de 2012, hace cinco años y medio escribí un artículo en el que intentaba desmontar una engañosa idea que ponía y pone el centro del conflicto del Medio Oriente en un lugar en el que no está. Se había cumplido un año del inicio de la llamada “primavera árabe”, y habían transcurrido solo unos meses desde el atroz asesinato de Muamar El Gadafi, la guerra en Siria apenas comenzaba.



Ahí decía “En relaciones internacionales es común hablar de `conflicto árabe-israelí´, sin embargo cuando alguien se introduce con cierta profundidad en el tema verá que ello en realidad hace alusión a la política expansionista del estado israelí en contra del pueblo palestino violando la justa y legítima respuesta de éste.

Lo que ocurre en realidad es la confrontación entre los aliados de Estados Unidos y Europa que pueden ser árabes y/o israelitas y los pueblos árabes doblemente oprimidos por la intervención imperial en sus territorios en connivencia con sus gobiernos y el carácter represivo, autoritario y antidemocrático de la mayoría de los gobiernos de la región. Es así, que Israel tiene excelentes relaciones con una buena cantidad de gobiernos de los países árabes con los que supuestamente está en conflicto.

Israel, las monarquías autocráticas y los gobiernos reaccionarios del Medio Oriente y el norte de África han establecido una virtual alianza bajo la égida de Gran Bretaña primero y Estados Unidos después… La falacia de un supuesto conflicto alimentado desde Occidente no hace más que sostener un mercado vital para el mantenimiento de un modelo de sociedad decadente”.

Todavía en ese momento, era posible disfrazar la realidad, pero las evidencias de hechos recientes, se han encargado de quitar las máscaras y dar la certidumbre de que lo expuesto en aquel entonces, se ha transformado en un escenario triste y lamentable que prefigura los acontecimientos políticos más relevantes del Medio Oriente y del norte de África. La alianza comandada por Estados Unidos e integrada por Arabia Saudita, Israel y casi todas las monarquías del Golfo Pérsico han destapado sus verdaderas intenciones para justificar los más terribles desmanes, el apoyo y protección al terrorismo en Irak y Siria, una despiadada guerra contra el pueblo yemení y las violaciones más flagrantes al derecho internacional y al respeto de los derechos humanos. Sólo en Irak se habla de entre 1.2 y 1.4 millones de muertos, en Siria de alrededor de 450 mil fallecidos y en Yemen de 40 mil, además de la peor crisis humanitaria de la historia reciente en la que se cuentan 850 mil ciudadanos que contrajeron el cólera por las insuficientes condiciones de salubridad, así como 14.8 millones de personas que carecen de servicios básicos de salud y 14.5 millones, de agua potable según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Mientras ello ocurre, los proyectos de la alianza saudita-israelí no han podido ser cumplidos: Bashar El Assad continúa en el poder en Siria y sus fuerzas armadas han derrotado virtualmente a ISIS y a las otras organizaciones terroristas, el ejército iraquí ha recuperado la casi totalidad del territorio nacional, los huthies de Yemen mejoran día a día su capacidad y disposición combativa y comienzan a dar certeros golpes a las fuerzas sauditas invasoras en su propio territorio.

La desesperación ha comenzado a cundir al interior de la monarquía wahabita y el reino comienza a mostrar sus grietas. El brutal dispendio económico que significa mantener el nivel de vida de la familia monárquica, los gigantescos gastos de financiamiento del terrorismo y el mantenimiento de la guerra en Yemen, ha hecho mermar los fondos de las arcas reales. La respuesta ha sido comprar armas a Estados Unidos por valor de 110 mil millones de dólares durante la reciente visita del presidente Trump a Riad¬¬, a fin de intentar dar un vuelco a la situación bélica en el sur de la península arábiga, lo cual parece poco probable. A cambio, el presidente estadounidense se ha comprometido a dar carta blanca a todas las acciones de la alianza saudita-israelí en la región.

De la misma manera, se han tomada una serie de medidas de carácter interno a fin de intentar mantener la cohesión social y la gobernabilidad del país, ante las cada vez mayores manifestaciones de descontento popular que han llevado a incrementos de la represión, sin temor a críticas por el apoyo occidental a tales prácticas. Buscando dar salida a la tensa situación, el rey Salmán destituyó a quien había nombrado como sucesor, para designar en su lugar a su hijo Mohamed Bin Salmán, a quien además le concedió la titularidad del ministerio de defensa, por lo cual le ha correspondido dirigir la desastrosa campaña de Yemen.

Con el objetivo de dar un carácter institucional al relevo en la máxima jerarquía del gobierno, el 4 de noviembre pasado, el rey creó un Comité anti corrupción poniendo al frente, al mismo Príncipe Mohamed, quien como una manera de abrirse paso a su futuro reinado y en lo que en los hechos, ha sido un auto golpe de Estado, mandó a detener a 201 altos cargos del gobierno, las fuerzas armadas, gobernadores provinciales, y empresarios a quienes se le confiscaron o congelaron alrededor de 800 mil millones de dólares que pasarán a las arcas del Estado, a fin de permitirle al príncipe pagar deudas, dar continuidad a la guerra en Yemen y  financiar el terrorismo, después que el gobierno monárquico se vio obligado a recurrir  a los mercados crediticios y a los fondos de su reserva nacional, para contener la acelerada crisis de su economía. Los empresarios detenidos, algunos de ellos considerados entre los mayores millonarios del reino y del mundo, están siendo sometidos a apremios y torturas para que declaren dónde se encuentran sus capitales, que necesitan ser repatriados a Riad. Entre estos magnates arrestados se encuentran los propietarios de algunas de las principales cadenas de medios de comunicación del mundo árabe: MBC, ART y Orient. Con estas acciones, el príncipe heredero se garantizó el control de las finanzas, los medios de comunicación, las fuerzas armadas y los gobiernos locales, completando de esa manera un exitoso e incruento autogolpe de Estado.

Con el objetivo de “lavar la cara” de la monarquía y mostrar una faz más agradable al mundo, Mohamed ha perseguido y reducido a líderes wahabitas radicales, intentando revelar una posición modernizante en los marcos de una lógica occidentalizada, lo que permite entender las razones del diseño de su programa estratégico denominado “Visión 2030” encaminado a remozar la economía saudita, elevando sus niveles de producción industrial y tecnológico, con el fin de reducir la dependencia de la producción petrolera.  

En el trasfondo, lo que subyace, es el impacto en la monarquía del incremento e intensificación del prestigio de Irán en desmedro de su propia capacidad de influir en los acontecimientos políticos de la región. Para ello, con la congratulación y el visto bueno de Estados Unidos ha dado un paso audaz, al establecer una alianza estratégica con quien supuestamente era su adversario histórico: Israel. Así, ha configurado un esquema a partir de la común enemistad de ambos regímenes con Irán, acusándolo de estar tras los últimos y exitosos ataques de las fuerzas militares yemeníes conducidos por el movimiento Ansar Allah que le han permitido consolidar las acciones bélicas en la profundidad del territorio saudita.

Así mismo, buscando crear un nuevo escenario de conflicto que le proporcione la segura intervención de Israel y el afianzamiento de una alianza con el régimen sionista, Arabia Saudita forzó la inexplicable renuncia del primer ministro libanés Saad Al Hariri, mientras visitaba Riad, para mantener consultas con el gobierno, actuando como si fuera el embajador saudita en Líbano y no el jefe de gobierno de un país independiente. Aunque Hariri es un antiguo aliado de la casa Saúd, que suministró importante ayuda financiera para el imperio empresarial de su familia, informes provenientes de la región afirman que el primer ministro libanés está secuestrado en Riad, sin poder regresar a su país. La extraña justificación para su renuncia fue que el movimiento Hezbollah libanés intentaba asesinarlo, sin presentar ninguna prueba de tal acusación, la cual fue inmediatamente desmentido por el propio líder de la organización Hasan Nasrallah. La monarquía saudita en un acto de extrema y absurda impotencia declaró que el Líbano le había declarado la guerra, sin que mediara argumento alguno que sostuviera tan grave imputación. El objetivo final es la creación de condiciones para una nueva invasión sionista a El Líbano, de manera de involucrar a Hezbollah en tal conflicto desviándolo de su misión de apoyo al gobierno sirio en la lucha contra el terrorismo.

Cuando pareciera que el terrorismo está siendo definitivamente derrotado en Irak y Siria, la alianza saudita-israelí, podría estar creando en el Líbano un nuevo frente de guerra en el Medio Oriente, y con ello, otro incendio incontrolable para Occidente, que tendrá que valorar que tal conflagración se producirá en una zona aún más cercana a Europa, en la misma frontera del régimen sionista y contra la única fuerza que lo derrotó en el pasado. 

sergioro07@hotmail.com 

miércoles, 5 de octubre de 2016

Colombia - Que estulticia, que desquicio

Por Efer Arocha
 
La razón, lo lógico, que debiera ser el horizonte de las conductas humanas, se encuentra tan lejos, tan lejos, que está aún en la Edad de Piedra. De ahí que fuimos sorprendidos con el resultado del plebiscito de ayer en Colombia, hecho inexplicable para la prensa mundial que fue testigo de la firma de la PAZ en Cartagena, ante el telón de fondo de personalidades mundiales, como lo fueron el Canciller de los Estados Unidos, la representante máxima de la diplomacia europea, el secretario general de las Naciones Unidas, numerosos presidentes latinoamericanos, otras delegaciones extranjeras y nacionales. Por ello la prensa internacional lo daba como modelo de comprensión en la terminación de un conflicto bélico que podría servir como ejemplo para resolver confrontaciones en otras latitudes. No fue así, porque hoy con la victoria del No se enarbolan los odios, la venganza, la muerte.

En la bandera nacional una idea de aplauso de agregarle temporalmente una franja blanca como símbolo de una presunta reconciliación ha desaparecido, cortada por las tijeras de la futura sangre y de los futuros lutos, y en su reemplazo hoy hay una franja negra se ha instalado. ¡Qué Ironía!, en las funerarias colombianas son los padres y los abuelos que entierra a sus hijos y a sus nietos, y no lo contrario como es natural. ¡Qué vergüenza Colombia!, suelo de mis anhelos, suelo de mi esperanza. La insania de los mercaderes del dolor ha triunfado, ¡qué absurdo!, la paloma de la PAZ ha caído en un vuelo vertical.

Me siento compungido de manera insólita por las futuras mortajas que serán cirros en el cielo de Colón. ¡Qué desasosiego para el descubridor de América!; tampoco me reconozco en esa parte de Colombia que con su voto grita ¡Viva la guerra!, y festeja las lágrimas de todo el conflicto. No hay duda que es una minoría que le dio cabida y fuerza a las rencillas donde pudo más la politiquería nacional que el interés para la construcción de una Nación poderosa y pujante. Esas son las miserias de la incultura y el atraso, que también se refleja en el 63% de sus habitantes que no participaron en la actividad electoral; 53.000 votos es una victoria pírrica de la estulticia. Por esto, es que con toda vehemencia grito: ¡No a la guerra!, ¡Viva la PAZ! la que obtendremos tarde o temprano. 
asocamerlat.bis@gmail.com