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miércoles, 29 de abril de 2020

Sobre pandemias y… pandemias



Por Profesor P.S.Alvatb:
Así es estimado lector y lectora. En plural. Claro el covid-19 no es la primera pandemia ni será probablemente la última. Así como aún no sabemos si será una de las peores epidemias, o una más de las que ha sufrido la humanidad. La diferencia, eso sí, con las anteriores, en el plano biológico, de la vida, es que hoy estamos hiperconectados merced a los medios tecnológicos de la comunicación y, por tanto, se puede seguir su rumbo hora a hora.  Es difícil hacer comparaciones con otras sucedidas en el pasado. Salvo en lo que refiere a un cierto aprendizaje respecto al modo en que las sociedades se comportaron frente a ella, y sus consecuencias (por ejemplo, en el caso de la llamada “gripe española”, y más cerca, el H1N1, el virus de la fiebre porcina, el sida entre otros).


Lamentablemente, con la actual mentalidad de las elites dominantes todo se convierte en una oportunidad para continuar las ganancias y guerras de poder por otros medios, teniendo como  aliados a las agencias de información. Pues bien, la verdad, creemos que una de las peores pandemias que estamos sufriendo hace ya unos cuarenta años, ha sido la plaga del neoliberalismo, forma de capitalismo desregulado, que pone su centro de acumulación de ganancias en el manejo del poder financiero y tecnológico. 

Y, que, para asegurárselas, tiene que poder emigrar y asentarse bajo condiciones favorables en todo el mundo. Su receta, impuesta con mano militar y criminal en varios de nuestros países (por supuesto, los amos del Norte no dijeron casi nada; tampoco inventaron guaidosistas; no los bloquearon, embargaron, invadieron ni nada parecido), tiene entre otros, los siguientes elementos de un credo religioso: privatización (de empresas públicas, de bienes esenciales –agua, energía, cobre, bosques- pensiones, educación, salud pública). Todo eso sucedió aquí, lector/lectora y no tiene más que buscar en librerías los trabajos que se han escritos al respecto. No estoy inventando nada. 

Pero, también privatización de la vida en común, de la sociedad y la política, con la consecuencia de tener ahora una sociedad de mercado donde manda el cálculo de beneficios y el individualismo narciso en casi todo.
 Segundo rasgo de esta plaga, rápidamente, la reducción de impuestos. La segunda panacea. Pero claro, no es la reducción para nosotros, los ciudadanos de a pié, las pequeñas y medianas empresas, negocios y comercios; para los que viven de su propio trabajo y un salario. No pues. Eso no sirve. Hay que disminuírselos a los más ricos, a los grandes inversionistas, a las transnacionales. 

Con lo cual usted se va dando cuenta –salvo que esté muy ciego e ideologizado- del color clasista que ha tenido esta ideología.  Hay que favorecer a los que más tienen que, como ya dijo ha mucho tiempo el gran Aristóteles, siempre son los menos; hay que cuidarlos, como ya decía el dictador Pinochet, a cualquier precio.

Un tercer ingrediente, la reducción y liquidación de un Estado social, el cual se daba a sí mismo las armas para regular e intervenir cuando era necesario, en función de mayor justicia y mayor bienestar.  Esto le llevó al desmantelamiento del Estado y sus potestades –salvo claro, las represivas-, y a su incapacidad para actuar a nombre de todos, de los más, del pueblo soberano cuando es necesario (como hoy en día, cuando se demuestra el derrumbe del modelo de salud neoliberal izado).Esto trajo acompañado –constitucionalmente- la liquidación de los derechos sociales y también de aquellos que tienen que ver con el medio ambiente, entre otros.

Pero, para lograr todo esto, había que, además, subyugar y corromper la actividad político-democrática. Es decir, hacerla dependiente y sirviente del poder económico-financiero, nacional o transnacional e impedir cualquier proyecto alternativo. Esto ha traído la imposición de la corrupción generalizada de la vida en común. Pero no solo la típica corrupción (Panamá Papers; Paraísos fiscales; financiamiento privado de campañas políticas; compra de políticos, colusiones, robos de activos y empresas, etc), sino una peor, la que un intelectual francés llama “corrupción mental”. 

Es decir, aquella que hace que un mundo ajeno a cualquier principio y habitado por monstruosas desigualdades e increíbles injusticias, se presente y sea asumido por las elites de poder de todas partes, creencias, agencias informativas, como si fuera el mejor de los mundos posibles. Y en su nombre, por si fuera poco, arrecian las guerras neocoloniales, las invasiones, intervenciones, bloqueos inmisericordes, y la represión contra todos aquellos que se levantan contra el desorden neoliberal capitalista imperante.

Podríamos preguntarnos: ¿sabemos que estamos al borde de un precipicio debido a la depredación del capitalismo sobre la naturaleza? Que la humanidad ha exterminado ya al 60% de las especies animales desde 1970? La danza del capitalismo salvaje, como reza un Editorial del Washington Post (25 de marzo 2020), deja a su paso destrucción acelerada de los recursos naturales, la explotación inhumana del ser humano y la manipulación de la mente para que nos convirtamos en rehenes del consumismo y de la gestión tecnócrata de la realidad, incluso al precio de la propia autodestrucción.  No se puede seguir viviendo como si nada pasara, en un planeta donde la riqueza global está concentrada en el 1% de la población.  ¿Por qué la crisis medioambiental o el hambre y la miseria, la pobreza, el desempleo, las nuevas formas de esclavitud y saqueos, las guerras de los poderosos no son tratadas como pandemias?

¿Podemos seguir guardando un silencio cómplice al respecto? El Editorial de ese medio citado –por cierto, nada sospechoso de ningún izquierdismo- continúa afirmando que no puede defenderse un “despiadado statu quo que concentra la riqueza de nuestros recursos naturales y medios de producción en pocas manos, capaces de derramar sangre inocente por mantener intacto ese statu quo. No puedo defender este statu quo que privatiza el agua, la salud, la educación, el viento, el sol.  Derechos Humanos universales que se han convertido en mercancías, que se encuentran solo al alcance de una minoría rapaz, voraz e insaciable, mientras las grandes mayorías invisibles solo son visibles en procesos electorales, disfrazados de democracia”.

 Y, continúa el editorialista: “Una gran realidad de todo lo que pasa a nivel mundial es que nos quieren tener controlados a losas vulnerables del planeta tierra, porque la avaricia, la ambición y ansias de poder los tiene enfermos”. Por último, lector/lectora, ese editorial del Washington Post nos advierte:” O muere el capitalismo salvaje, o muere la civilización humana”.  La cosa al parecer es más seria y profunda de lo que pretende el simplismo y la farándula de los actuales representantes políticos, los medios de comunicación y los que nos gobiernan.  ¿Se hace entonces muy necesario   reflexionar radicalmente (filosofar si usted lo quiere ver así) entre todos, no cree usted?
pablosalvatb@gmail.com

sábado, 28 de abril de 2018

Un sistema multilateral anquilosado, retrógrado y corrupto.


Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
El sistema multilateral actual es producto de la correlación de fuerzas internacional que surgió tras la segunda guerra mundial. El problema es, que después de eso, hubo otro conflicto (la guerra fría) y el planeta no hizo modificaciones acorde la nueva situación creada, por tanto, aunque se vive en un mundo distinto, se conserva la estructura de la guerra fría. Esto genera indudables contradicciones toda vez que en el hemisferio occidental la supremacía de Estados Unidos es absoluta y los organismos multilaterales solo sirven para administrar esa hegemonía


Hace unos días, esto se puso a prueba simultáneamente en ambos niveles: el regional y el planetario cuando la noche del viernes 13 de abril se realizaron casi simultáneamente dos eventos de suma trascendencia para el sistema internacional: la inauguración de la Cumbre de las Américas en Lima y el bombardeo de tres miembros del Consejo de Seguridad de la ONU a Siria. Aunque en la práctica son dos acontecimientos de relevancia distinta por las implicaciones inmediatas que cada uno tuvo, considerando que en Siria se puso en riesgo la vida de decenas de miles de ciudadanos, en los hechos, ambas acciones respondían a la misma lógica: agredir a dos países que no se han mostrado de acuerdo con subordinarse y humillarse ante el amo imperial, o dicho en otras palabras, Siria y Venezuela, no han mostrado el comportamiento de Arabia Saudita y Colombia o México, países en los que Estados Unidos se ha acostumbrado a dar órdenes. Vale decir, que aunque se utilizaron instrumentos distintos, el objetivo fue el mismo: afectar la independencia y la soberanía de dos países ubicados en lugares estratégicos, con gigantescos potenciales energéticos y que han establecido alianzas que no son del agrado de Washington. Las acciones realizadas son violatorias del derecho internacional y de las cartas constitutivas de la ONU y la OEA, que teóricamente fueron creadas para garantizar la paz y que por el contrario, se han transformado en instrumentos para la guerra. Incluso, cuando en algunos de ellos, –por alguna razón- no se aceptan sus designios son pasados por alto, violentados en su institucionalización y vulnerados sus principios. 

La consecuencia más importante tras los dos incidentes del 13 de abril es que la estructura del sistema internacional quedó severamente dañada y su credibilidad por el suelo: el sistema multilateral ha recibido una estocada de la que le costará mucho reponerse en términos prácticos, más allá de que su burocracia seguirá funcionando como siempre, es decir sin importarle mucho si lo que hacen es efectivo o no. Esto también es posible porque el secretario general de la ONU es un funcionario de un país de la OTAN, lo cual no le permite objetividad ni imparcialidad en sus análisis y decisiones. Más encima, en días recientes el periódico londinense The Guardian destapó un gigantesco escándalo al dar a conocer que el fondo de pensiones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estaría siendo invertido en compañías con un historial de prácticas dudosas, como Shell, los bancos HSBC y Barclays y la transnacional farmacéutica GlaxoSmithKline, entre otras, lo cual violenta sus propios principios.

En el caso de la Cumbre de Lima, las noticias más importantes que inundaron los medios de difusión masivo y las trasnacionales de la información fueron la inasistencia del presidente de Estados Unidos y posteriormente, las menguadas horas que permaneció el vicepresidente en Perú, más entretenidos (ambos) en sus juegos de guerra en Siria, que en otra cosa. A Pence, solo le alcanzó el tiempo para reunirse con la contrarrevolución cubana, la ultra derecha venezolana, además de aprovechar de dar un nuevo sacudón al desvergonzado presidente mexicano.

Vale decir que en la reunión con los venezolanos, la diplomacia estadounidense ni siquiera se tomó la molestia de poner la bandera de la contraparte, pareció la reunión de un jefe con sus subordinados, todos del mismo país, el resultado es que a cada uno de ellos el vicepresidente de la mayor potencia del mundo les dio 4 dólares como ayuda humanitaria para los emigrados venezolanos, si nos atenemos a los 16 millones de dólares que entregó Pence para los 4 millones de personas que según Estados Unidos han abandonado Venezuela. Visto desde otra perspectiva, los dirigentes de la ultra derecha venezolana, recibieron el equivalente al costo de 11 misiles crucero de los 103 que esa misma noche Trump lanzó contra Siria.

Volviendo a Lima, habría que decir que casi todas estas reuniones —que agrupan a los mandatarios de todo el continente y que tienen precedentes históricos desde 1889— han sido de un plegamiento absoluto de América Latina a Estados Unidos y se inscriben en la visión que tiene Washington sobre su derecho al control sobre la región en sintonía con la doctrina Monroe, de manera que no estamos ante nada novedoso. Esta es la primera ausencia de un presidente estadounidense a esta nueva modalidad de reuniones, con asistencia de los jefes de Estado o gobierno, lo cual demuestra, que para Trump la Cumbre de las Américas no tiene ningún tipo de significación.

Pero además de eso, es menester decir que la diplomacia de cumbres es cada vez más anacrónica. Sobre todo en los tiempos modernos, tal como la gente se puede comunicar con extrema facilidad, los presidentes pueden estar en contacto permanentemente, a través de los medios tecnológicos.

En este sentido, la reunión presencial tiene apenas un carácter simbólico. La no invitación al presidente de Venezuela, deja entrever que con la Cumbre de las Américas se buscaba dar continuidad al plan de agresión contra Venezuela. Al tomar tal decisión, el Grupo de Lima —conformado por Perú, Argentina, Paraguay, Brasil, Chile, Colombia, Canadá, México, Honduras, Costa Rica, Guatemala, Panamá, Guyana y Santa Lucía— se demuestra como una instancia multilateral, solo comparada con la OTAN, en el sentido de que se crea para destruir a un país, cuando este tipo de organizaciones suelen fundarse para la cooperación, la ayuda mutua y la solidaridad.

Por eso, se debe afirmar que sin duda alguna, esta cumbre no tuvo ninguna importancia, y no pasó más allá de la retórica tradicional sin contenido que se repite en todas las reuniones de este tipo. En momentos en que hubo una correlación de fuerzas distinta en la región, en el año 2005 en Mar del Plata, Estados Unidos sufrió una derrota contundente al impedírsele construir un área de libre comercio de las Américas, pero fue un hecho único e irrepetible en el contexto actual. De ahí la importancia que tiene para América Latina y el Caribe la construcción de sus propios espacios de diálogo y concertación, alejado de los tutelajes y las asimetrías. África y Asia pueden mostrar resultados relevantes en este ámbito. La eficacia de mecanismos multilaterales propios, alejados de toda hegemonía ha dado pruebas fehacientes de efectividad en todo el planeta, incluso cuando ellos estás conformados por países con diferentes sistemas políticos y diversas ideologías.

En este sentido, el único lugar del mundo donde la acción divisionista y centrífuga de Estados Unidos ha tenido éxito ha sido en América Latina y el Caribe, donde las élites políticas oligárquicas no tienen sentido nacional y muestran una leal y perruna subordinación imperial. En los últimos años, se ha llevado a cabo un proceso de entronización de gobiernos de derecha y ultraderecha, corruptos, que se subordinan y se humillan ante Estados Unidos y que han hecho irrelevantes las organizaciones multilaterales organizados bajo hegemonía de alguna potencia.

Todo esto se enmarca en un contexto político de crisis del capitalismo y del sistema de democracia representativa. Este último, basado en los ideales de libertad, igualdad y fraternidad que propugnó la revolución francesa, para oponerse al feudalismo retrógrado y dar a los ciudadanos mejores condiciones de vida, ha llegado a un tope y no puede seguir expandiéndose. Lo que en la Europa de finales del siglo XVIII era revolucionario como la “división de poderes”, la democracia como “gobierno de la mayoría”, la “alternancia de los partidos en el gobierno”, la afirmación de que la “soberanía reside en el pueblo”, hoy no son más que entelequias que no tienen ningún valor, porque por ejemplo, los sistemas judiciales están al servicio de los poderosos y las leyes son burladas y pisoteadas cuando las decisiones afectan a los verdaderos dueños del poder. No ha sido la izquierda, sino la derecha, la que ha violentado la democracia haciéndola inoperante y profundamente inequitativa e injusta.

Ejemplo de todo esto son los flagrantes fraudes electorales en Honduras y Paraguay, avalados por estos organismos multilaterales siguiendo la pauta trazada por Estados Unidos, la detención del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, que claramente ha sido un juicio político, en el que no se han presentado pruebas que lo inculpen. También, la detención en Colombia de Jesús Santrich, negociador de las FARC, por presuntos cargos de narcotráfico, una medida tomada violando los propios acuerdos de paz, solo por cumplir una orden de la DEA, que es el mayor cartel de la droga del mundo, al mismo tiempo en Colombia cientos de líderes sociales son asesinados por narcotraficantes, y paramilitares, mientras que el gobierno no hace absolutamente nada por impedirlo. En el caso de la situación de Brasil, el Secretario General de la OEA, llegó a decir que ahí había “un crecimiento del sistema democrático” avalando con ello todas las tropelías de un gobierno ilegal que solo cuenta con 5% de aprobación popular, lo cual tampoco importa a la elite gobernante.

En todo este contexto, no es casual que seis gobiernos de derecha de América del Sur, hayan tomado la decisión de retirarse de Unasur, siguiendo los dictados de la Doctrina Monroe de construir solo instancias de carácter panamericano bajo égida estadounidense. En su espíritu conservador y retrógrado, las oligarquías corruptas en el poder, le tienen temor a lo nuevo, prefiriendo mantenerse bajo el alero norteamericano, rechazando la posibilidad de nuevas instancias multilaterales de carácter equitativo y transversal. Así, América Latina y el Caribe, estando desunidas, son presa fácil de la presión del norte

Pero en Lima, no sólo se reunieron las élites, también lo hicieron los pueblos, que continuaron construyendo -a pesar de las dificultades y la invisibilización mediática- una diplomacia distinta, un espacio superior de coordinación y cooperación, que vislumbra el verdadero camino del encuentro, el hermanamiento y la solidaridad para enfrentar la voracidad imperial, articulados y acoplados.
sergioro07@hotmail.com