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martes, 23 de julio de 2019

A 40 años, la revolución sandinista emerge nítida y más firme que nunca



Por Omar Aguilar M:

La Revolución Popular Sandinista cumple 40 años este 19 julio, durante los cuales ha pasado por múltiples pruebas, retos, desavenencias, guerras, acosos políticos, bloqueos económicos, injerencia extranjera y contradicciones internas; pero siempre ha salido avante y sigue construyendo páginas gloriosas e imborrables en la historia revolucionaria mundial.

40 años es solo un instante en la historia de la humanidad, pero para quienes viven la historia, para quienes la escriben; viene apareada de momentos de alegría y sufrimiento a veces con secuelas físicas y psicológicas, con momentos de heroísmo, de hazañas, de miedo o de incertidumbre. Sin duda alguna, la historia marca las vidas y deja huellas profundas en el alma de sus actores; sobre todo en circunstancias difíciles como las que le ha tocado vivir al sandinismo.


En su andar, las revoluciones y los revolucionarios a veces pasamos por momentos en los que la incertidumbre nos invade, el temor nos aprisiona y las dudas nos asaltan; lo cual es un signo de que somos seres analíticos y profundamente sensibles. Pero no podemos dejarnos vencer y debemos emprender un camino de reinvención y transformación, para desprendernos de todo aquello que nos inmoviliza, que nos enlentece y nos hace vulnerables. 

En estos 40 años de historia, han coexistido héroes y antihéroes, valores y antivalores, patriotas y vendepatria, buenos y malos, los que hablan con la verdad y los que mienten con descaro, los que construyen puentes y los que levantan muros, los que derrochan amor y paz, y los que derraman sangre y desparraman odio.

Primera etapa: una etapa de cambios, difícil, a prueba de fuego y odio, de dolor y sangre; pero de afianzamiento ideológico.

Los primeros 10 años de revolución, fueron sin duda extremadamente difíciles, complejos, con pasajes de alegría, y euforia, pero también con momentos de tristeza y dolor. Las primeras decisiones de la revolución, fueron estratégicas y reivindicativas: La Gran Cruzada Nacional de Alfabetización, el Programa de Educación de Adultos, el establecimiento de la gratuidad de la salud y la educación, los programas de atención a madres y niños, la reforma Agraria (que permitió  la distribución equitativa de la tierra y la reducción del latifundismo improductivo), el fortalecimiento del cooperativismo como modelo asociativo, el impulso a la pequeña y mediana industria, la creación de un Sistema de Seguridad Social incluyente, el programa de viviendas populares, la creación de empresas del estado para prestación de servicios claves como agua y energía, el mejoramiento del transporte urbano- rural, la ampliación de la red vial, el fortalecimiento del deporte y la cultura como un derecho, la ley de autonomía de los pueblos caribeños, el reconocimiento de los derechos de la mujer como sujeto social, el fortalecimiento del sindicalismo como ente reivindicativo de los derechos de los y las trabajadoras, y la creación de un fuerzas armadas y de orden público verdaderamente defensoras del pueblo.

Todos estos programas, medidas y estrategias, significaron un gran avance para las clases pobres del país, las que por primera vez en la historia nacional eran tenidas en cuenta y se convirtieron en el sujeto principal y en el centro de la Revolución Popular Sandinista. La solidaridad internacional fue un pilar fundamental y contribuyó al desarrollo de todos estos programas y medidas de carácter social, económico y político.

Pero como ya era de esperar, lo que beneficia a los pobres, molesta a los ricos; lo que visibiliza al proletariado, es piedra en el zapato de los burgueses; lo que acrecienta el nacionalismo, exacerba los ánimos de los vendepatria; lo que reivindica los derechos sociales, es sinónimo de comunismo y enfurece al capitalismo. El sandinismo se convirtió en un anatema para los líderes políticos y religiosos, en un incordio para en imperialismo norteamericano y en “mal ejemplo” para la periferia. La agresión imperialista llegó con la mayor inmediatez imaginable y se sirvió de los vendepatria locales y de los reductos del somocismo genocida para emprender una guerra fratricida, cruel y contrarrevolucionaria. 

Como toda joven revolución que triunfa por las armas, con un liderazgo inexperto (con más preparación militar y político-ideológica que, en economía, macro y micro-planificación, organización del estado, multilateralismo, relacionamiento internacional, etc.), cometió errores y tomó decisiones a veces desacertadas que de alguna u otra manera contribuyeron al desgaste del proyecto revolucionario. Las altas inversiones en el campo militar y otras áreas sensibles, sumadas al bloqueo económico, a un liderazgo vertical y centralizado, a abusos de poder de algunos cuadros directivos (debido al desorden y descontrol propio de un estado en guerra); provocaron enormes desajustes en el campo económico, escasez de alimentos, carencias en servicios esenciales, afectó a los sectores más vulnerables y generó descontento. No obstante, es difícil encontrar en la historia mundial, un estado que, estando asediado por una guerra se desarrolle con normalidad, mantenga sus estándares de vida, no padezca de escasez y presente indicadores económicos y sociales positivos.

La cruel guerra impuesta por el imperialismo a través de la contrarrevolución armada y la contrarrevolución política, económica y mediática; dejó una amplia secuela de muertes, dolor, rencor y odio. Se escribieron páginas de heroísmo en todo el territorio nacional, pero de igual manera páginas de sufrimiento y dolor, como el de las madres que perdieron a sus hijos en la defensa de la patria, el dolor de los lisiados de guerra, la psicosis de los que vieron a la muerte directamente a los ojos, la soledad de los huérfanos de guerra, la profunda crisis económica, las carencias de alimentos y servicios básicos. Todo esto representaba un enorme costo humano, moral, económico y político.

Solo la voluntad de paz del sandinismo, puso fin a unos de los capítulos más dolorosos de la historia de Nicaragua. Hubo que tomar la difícil decisión de sentarse con el enemigo, con el adversario y buscar una salida negociada. Esta decisión supo a hiel, puesto que las heridas de guerra eran profundas, con más de 150 mil víctimas, incluyendo muertos, discapacitados, viudas y huérfanos y profundas contradicciones y rencores. En aras de estabilizar el país, se convocaron elecciones en el año 1990 y pudo más el temor a una nueva escalada de guerra, a más muertes y dolor, que la euforia revolucionaria que posicionaba a Nicaragua como un ejemplo de patriotismo, resistencia y antiimperialismo. La pérdida de las elecciones tomó por sorpresa al sandinismo y muchos se refugiaron en el ostracismo y la ira contenida. La entrega del poder a un gobierno de derecha pro imperialista, no estaba en la agenda de los que lucharon por derrocar a la tiranía somocista y de los que dieron su vida por el proyecto revolucionario.

Las preguntas obligadas son:

¿Qué hubiera pasado si esta etapa de la revolución se hubiese dado en un clima de paz y estabilidad, sin bloqueo económico y político? 
¿Diez años en guerra y en condiciones adversas, son suficientes para deslegitimar una revolución naciente?
¿Las reivindicaciones y logros de la revolución, acaso no generaron profundos cambios en la sociedad nicaragüense, tanto en el campo ideológico-político, como en la esfera social, económica, cultural y en el amor a la patria?

Segunda etapa: Una etapa de definición, de traición, de retrocesos en el país; pero cimentadora de principios.

Los pseudorevolucionarios y los revolucionarios de ocasión, cuales buitres espantados, salieron en desbandada, renegaron de la revolución, se refugiaron en micro partidos, se aliaron con los nuevos gobernantes y políticos emergentes, y le declararon su amor incondicional al imperialismo; convirtiéndose en detractores a ultranza del sandinismo. Muchos de ellos, que fueron los más radicales durante estos primeros 10 años de revolución, después de la derrota electoral se convirtieron en los mayores críticos de la izquierda, en avispados analistas políticos y se arrimaron a la derecha en busca de limosna, de migajas, y con múltiples lisonjas enamoraron al imperialismo. Pretendieron además confundir a la izquierda mundial, esgrimiéndose como reformadores y salvadores de la ideología y principios del sandinismo; al que creyeron derrotado y quizás acabado.

Los revolucionarios comprometidos de corazón y práctica, los que nunca buscaron prebendas, los que defendieron la revolución con alma, vida y corazón, los verdaderos hijos de Sandino, los que practican los principios de Carlos, del Danto, de Rugama, de Arlen Siú y de tantos hombres y mujeres ejemplares; aguantaron la embestida y retomaron la lucha en un nuevo contexto, con nuevos retos, con nuevas estrategias, pero siempre con la fe de que el sandinismo resurgiría orgulloso, más fuerte y más experimentado.

Durante los siguientes 16 años, al sandinista verdadero, al revolucionario de formación, al líder  humilde y sencillo, al que sobrepone los intereses de los pobres a sus propios intereses, al que sirve a los demás, al que no busca el beneficio propio; le tocó luchar desde abajo, guiados por un líder carismático como el del Cmte. Daniel Ortega, que recorrió toda la geografía nacional, que estuvo al lado de su pueblo en momentos en que el rapaz neoliberalismo de Chamorro, Alemán y Bolaños desbarataba el país, lo sumía en la pobreza, el analfabetismo, la falta de energía, el comercio de la salud y la educación; generando condiciones para el enriquecimiento de los oligarcas, en una espiral de corrupción, robo del erario público y el entreguismo más vulgar; disfrazados de demócratas y arcángeles de la paz.

Esos 16 años de adversidad, de lucha en el campo político, sin más recursos que la moral, los principios inquebrantables y la fe en el liderazgo histórico; sirvieron para sacar lecciones, aprender de los errores y delinear nuevas estrategias de lucha para retomar el poder por la vía de las urnas. En esta etapa hubo que tomar decisiones a veces confusas o difíciles de entender, pero que a la postre, dieron la razón a nuestros líderes. Llegar a acuerdos con la derecha gobernante, supuso un desgaste político al frente sandinista, le granjeó innumerables críticas de propios y ajenos. Pero solo así se ganaron espacios importantes y se lograron suavizar las medidas neoliberales, la aprobación de leyes favorables, el respeto a reivindicaciones claves alcanzadas por la revolución y el reconocimiento del FSLN como el principal partido político de oposición.

Estas decisiones, permitieron la sobrevivencia de un partido sandinista seriamente acosado por los gobiernos de turno y por el imperialismo norteamericano. Solo así, el FSLN pudo mantener viva su participación en  poderes del estado y su influencia en entidades claves y estratégicas como los sindicatos de las instituciones públicas y principales empresas, y además evitó el desmantelamiento del ejército y la policía (pretendido por el neoliberalismo y el imperialismo yanqui); instituciones emblemáticas creadas por la revolución.

Tercera Etapa: Una etapa de relanzamiento del sandinismo, de reivindicaciones, de renovadas victorias; pero asediada por nuevas formas de guerra.

La retoma del poder fue además de la reafirmación de la fuerza del sandinismo, una declaración de que la semilla de la revolución estaba viva y ávida de rebrotar, de crecer y convertirse en un árbol gigante. Los años en oposición sirvieron al sandinismo para madurar, para reinventarse, para convertirse en un partido político moderno, para prepararse en aquellos temas que en la primera fase fueron asumidos por dirigentes políticos o líderes guerrilleros sin experiencia, sin conocimientos técnicos especializados. De ahí que en esta segunda fase, el gobierno revolucionario ha dado un salto de calidad en el diseño de programas y proyectos sociales y económicos; planes de inversión de corto, mediano y largo plazo en el ámbito energético, infraestructura vial, telecomunicaciones, electrificación etc.; lo que le ha posicionado como una de los gobiernos más exitosos de América Latina. 

La ruta de desarrollo que lleva el país en 12 años de gobierno sandinista, lo posicionan como uno de los gobiernos más exitosos en su lucha contra la pobreza, en el crecimiento económico y como uno de los países con mayor seguridad a nivel latinoamericano y mundial. Durante estos años de gobierno sandinista, ha habido cambios significativos en indicadores sociales de pobreza, salud y educación, infraestructura. Datos del INIDE, reflejan que la pobreza general pasó de 48.3% en el 2005 a 24.9% en el 2016, es decir que se redujo en un 23.4%. La pobreza extrema en esos mismos años, pasó de 17.2% a 6.9%; con una reducción de un 10.3%. Se han construido 2,500 km de carretera y la cobertura eléctrica se ha ampliado en un 42.5%, pasando de 54% en 2005 a 96.5 % en 2018. En materia social, se restituyó la gratuidad de la educación y la salud, se han construido 18 nuevos hospitales y una enorme cantidad de escuelas; lo que constituye un hito para países en vías de desarrollo.

La estrategia del gobierno revolucionario en las áreas económica y productiva, ha generado una mayor distribución de la riqueza y del capital productivo para desarrollar una economía popular autosuficiente. Nicaragua ha impulsado con fuerza la agricultura familiar, logrando alcanzar la autosuficiencia en términos alimentarios, ya que produce entre el 80 y 90% de los alimentos que consume la población; muy por encima de la mayor parte de los países del área centroamericana.

A pesar de los enormes avances en el ámbito económico y social, del clima de estabilidad y paz, de la concertación permanente con los sectores productivos, del diálogo y consenso con la empresa privada, y de la declaración abierta de un modelo cristiano, socialista y solidario; en abril del 2018, se gestó un intento de golpe de estado, el cual fue repelido por las fuerzas sandinistas. La casuística intrínseca, nos lleva a la conclusión que el gobierno sandinista fue víctima de su propio éxito, de sus avances y victorias. Es obvio que, para los adversarios del sandinismo, todos estos avances no son para nada halagüeños; sobre todo porque posiciona al sandinismo y lo convierte en una fuerza invencible y monolítica.  Las victorias y logros del sandinismo, han relegado a la derecha a un lejano segundo plano, la han fraccionado y la han llevado hasta su casi auto-extinción.

Las enormes ansias de poder y su egoísmo, han llevado a la oligarquía a peleas internas, divisiones y contradicciones insuperables.  En este escenario de profundas contradicciones, la retoma del poder por medios democráticos, es decir a través de elecciones, se vuelve un camino cuesta arriba y sin doble tracción. La única manera de frenar los avances del sandinismo, es desestabilizando el país, destruyéndolo y desprestigiando al gobierno en el ámbito internacional. Llevar al país a un caos y culpar al gobierno, justifica un cambio brusco de gobierno, disfrazando de “lucha democrática” lo que en realidad fue un intento de golpe de estado a ultranza.

La violencia desproporcionada, la irracionalidad, el vandalismo, los crímenes aberrantes y el derramamiento de sangre inocente; han sido algunos de los efectos más perversos, que para los aplicadores del golpe y sus aliados; son “efectos colaterales o necesarios”. Los medios de comunicación de ultraderecha, con el apoyo de medios internacionales reaccionarios, montaron las más burdas mentiras, crímenes atroces (que luego fueron achacados al sandinismo), escenas de terror y tortura, en el marco de una gigantesca trama destinada a aislar al gobierno sandinista y crear corrientes de opinión en su contra.

A través de una compleja red de actores, instituciones, medios de comunicación, organizaciones no gubernamentales y organismos internacionales (todos comprados, preparados y financiados por el imperialismo yanqui); se pretendió forzar un cambio de gobierno, utilizando grupos delincuenciales, pandilleros, mareros y falsos patriotas, para destruir el país y crear un clima de guerra civil. Todo esto contó con la venia y el apoyo directo las clases elitista y de cúpula de la Iglesia Católica, y expuso a Nicaragua al escrutinio permanente, al escarnio de gobiernos títeres de la derecha latinoamericana y a acusaciones infundadas de falsos defensores de derechos humanos. La aplicación de medidas económicas y políticas, fue y sigue siendo usada como mecanismos de presión en el afán de lograr una dimisión anticipada del presidente Ortega y el desmantelamiento del sandinismo.

La intentona de golpe nos agarró en una zona de confort, confiados de que los avances del proceso revolucionario y el éxito de los programas y proyectos económicos y sociales; eran garantía suficiente de estabilidad, paz y concordia. Nos emborrachamos de triunfalismo, nos henchimos de victorias y nos agarraron como diríamos en buen nicaragüense: jugando trompo en la cuadra, chupando paleta en el parque o bebiendo cacao en una mecedora.

La enorme conciencia revolucionaria, sumada a un liderazgo estratégico, experimentado y a una estructura organizacional consolidada y disciplinada; logró sacar a flote al gobierno revolucionario y desmontó la intentona de golpe. La vieja guardia del sandinismo fue sin duda clave en el desmontaje del golpe (a pesar de haber sido relegada en estos años a un segundo plano); dando una lección de humildad y gallardía, que merece quizás un análisis aparte.

La intentona de golpe sirvió para despertar al sandinismo de su hibernación, para entender que el imperialismo no duerme, que la oligarquía vendepatria afila sus garras en la oscuridad de la noche y que debemos estar alertas, activos, en permanente preparación y movilización; si queremos preservar nuestra revolución, nuestras conquistas. El desmontaje de la intentona de golpe, no significa un jaque mate ni el final de los esfuerzos de los detractores del sandinismo; hay que estar atentos a sus sucias estrategias desestabilizadoras, a sus movimientos perversos y a las mentiras que seguramente seguirán lanzando a los cuatro vientos.

Las lecciones aprendidas y la transformación del águila

Se cumplen ya 40 años y debemos continuar haciendo transformaciones si queremos sobrevivir y crecer, deponiendo aquellas actitudes, estilos de liderazgo, formas de actuación, vicios y costumbres que nos impiden acelerar los cambios, que nos atan al pasado, que enlentecen nuestro avance, que detienen nuestra marcha, y que desvirtúan nuestra razón de ser y de vivir. Estas transformaciones, son extensivas al ámbito político, laboral, comunitario, familiar y existencial.

La mayor lucha se libra hoy en el campo de las ideas y debemos estar listos para ella, debemos fortalecer nuestros ideales, confiar en nuestro liderazgo y no dejarnos amedrentar. Lo más difícil no es luchar contra nuestros detractores, sino contra nuestros propios temores y dudas. Debemos rescatar el ideario de Sandino, las enseñanzas de Carlos, la firmeza de Tomás, la sencillez de Pomares. Debemos revisar nuestras actuaciones para entender nuestras debilidades, errores, deficiencias y desde una profunda, humilde y constructiva autocrítica; desarrollar nuestros valores, fortalecer nuestros principios y renovar nuestro liderazgo.

En nuestras organizaciones, ministerios, centros de trabajo, sindicatos, no podemos permitir o dejar pasar errores que desprestigien nuestro proyecto revolucionario; no podemos aceptar liderazgos autocráticos y verticales que avasallen a nuestros compañeros; no podemos callar si vemos despilfarro de los recursos del pueblo nicaragüense, no podemos aprobar que se use el poder para obtener prebendas o para escalar puestos inmerecidos; no podemos aceptar la arrogancia como práctica ni el maltrato como mecanismo de poder; debemos desprendernos de cualquier delirio de grandeza y actuar con la humildad que caracteriza al revolucionario.

En nuestros barrios y comunidades debemos fortalecer nuestra organización, nuestros grupos de discusión, socializar la información; aclarando la realidad que se vive en el país y desenmascarando cualquier nueva intentona del golpismo. De igual manera debemos estar atentos a que se usen los proyectos y programas de inversión social de forma adecuada y eficiente; que se beneficie a los más desfavorecidos. No podemos permitir que a través de los proyectos se obtengan cuotas de poder, que se compren voluntades, que se obtengan prebendas o que se cree un falso liderazgo. Debemos estar prestos a canalizar las demandas sociales, de forma adecuada, entendiendo el contexto, las capacidades de nuestro gobierno local y nacional. Debemos actuar con firmeza en la defensa de la propiedad pública, en el respeto a nuestros monumentos históricos, en el cuido de nuestros centros de recreación, en la limpieza de nuestras localidades. Debemos estar vigilantes y no permitir que en nuestras asambleas se cuelen falsos militantes que distorsiones nuestro trabajo, que puedan ser informantes del golpismo o que sean palomas en el día y vampiros por la noche.

Con nuestras familias, debemos cerrar filas, debemos estar en permanente discusión, estudio, análisis de lo que sucede a nuestro alrededor. Debemos inculcar a nuestros hijos y nietos, principios revolucionarios de humildad, sencillez, entrega por los demás y compromiso social; prepararlos como lo que son, nuestro relevo inmediato.

En lo general, debemos revisar nuestra forma de organización, debemos establecer parámetros mínimos que definan a un militante del Frente Sandinista, entregar el carnet de militante como un premio al esfuerzo, a la perseverancia, al ejemplo, a la madurez político-ideológica. Solo así, la militancia se convierte en un reto, en una meta y en un verdadero compromiso con el pueblo. La afiliación y membresía son importantes, pero la militancia es estratégica y clave para la madurez organizacional. En nuestras filas, debemos garantizar que no haya cabida oportunistas que se visten con ropa de revolucionarios cuando las peras están maduras y que retoman sus viejos hábitos cuando las peras están duras. En este sentido, las decisiones se vuelven transcendentales, ya que eliminan la carga innecesaria, los vicios, los errores y abusos de aquellos que hablan en nombre de la revolución, con la guatusa escondida en los bolsillos.

Para preservar nuestras conquistas y consolidar el gobierno revolucionario, debemos continuar abrazando el pensamiento de Sandino como base de nuestra ideología, el socialismo como filosofía y los principios cristianos y solidarios como parte de nuestra actitud ante la vida. El trabajo de hormiga en nuestras familias, en nuestros barrios y comunidades, en nuestras instituciones; debe partir de mejores estrategias de formación y educación política, del rescate de la experiencia de los viejos cuadros revolucionarios para que apoyen al liderazgo naciente, del uso de la autocrítica como práctica para el crecimiento y de la humildad revolucionaria como una actitud y forma de actuación.

A 40 años de revolución, el sandinismo resurge con mayor fuerza, con un liderazgo firme y estratégico, con un movimiento de masas tan diverso como aglutinador; en el que se entrelazan diversas generaciones de hombres y mujeres, que aman su revolución con alma, vida y corazón. Nicaragua está sufriendo una transformación vital y con un brillo más intenso y un dinamismo impregnado por el espíritu revolucionario; despliega sus alas y alza su vuelo hacia la historia.

#Julio40SiempreVictoriosos
#Nicaragua40Revolución
#SandinoSiempre

oaguimar28@yahoo.com

sábado, 29 de junio de 2019

La deserción de un iracundo izquierdista



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Pocas veces he repudiado a los que se cambian de bando político o se desencantan de la política. Siempre puede haber razones para evolucionar o rebobinar, pero creo que para todo en la vida hay que tener estilo y oportunidad.

Oscar Guillermo Garretón ciertamente debió haber abandonado el Partido Socialista apenas regresó a Chile después de su exilio, pero era hora de sacarle dividendo a su diáspora y prefirió seguir militando en la colectividad de Allende hasta hace pocos días. Ya camino a sus 80 años debe asumir que le será difícil obtener algún cargo público, además de que se sospecha ha acaudalado una más que suficiente fortuna, por lo que no debe necesitar de nuevos cargos políticos. Salvo la posibilidad de que se le asigne alguna embajada, medalla que en Chile constituye una de las últimas charreteras civiles del llamado “servicio público”.


Aunque lo divisé en mis tiempos de universitario como uno de los más vociferantes izquierdistas, recién lo llegué a conocer en La Habana, donde se había instalado con camas y petacas como exiliado. Mal que mal, fue reconocido por la Dictadura Militar como uno de los más peligrosos enemigos y justo entonces el privilegio de ser acogido solidariamente por Fidel Castro. El había fundado el MAPU, partido vanguardista que se escindiera de la Democracia Cristiana para pasar a formar parte rápidamente del gobierno de la Unidad Popular. Dicho sea de paso, esta entidad a poco andar se escindió y don Oscar Guillermo Garretón se puso a la cabeza de la fracción más rebelde o termocéfala, a la que le desagradaba, por supuesto, la revolución burguesa “con vino y empanadas” propiciada por el extinto presidente. Por lo mismo, fue uno de los hombres más buscados por la Dictadura y su rostro apareció junto al de Carlos Altamirano y otros dirigentes izquierdistas en las portadas de El Mercurio, matutino que entonces propiciaba rabiosamente estas cacerías políticas.

Ya antes de volver al país, su conducta era muy cuestionada por las organizaciones disidentes de la Dictadura. Precisamente en Buenos Aires, a donde se trasladó, se le observó sacudiéndose de todo vestigio izquierdista, como de su innegable responsabilidad de haber animado, al igual que otros dirigentes, a no pocos jóvenes a retornar clandestinamente al país, muchos de los cuales fatalmente perdieron sus vidas, fueron encarcelados y torturados. Para posteriormente ser sepultados por la indiferencia de sus mentores apoltronados en el poder.

Ya a esta altura, el propósito de Garretón era mutarse en empresario. Lo que consiguió a lo largo de muchos años de obsecuencia ante el poder patronal,  y pese a ser arrestado por largos meses en la Cárcel de Valparaíso, procesado por su presunta conspiración con otros dirigentes políticos y personal de la Armada en plena Unidad Popular Una típica manifestación del “infantilismo revolucionario” que le cobró un alto precio a la solvencia democrática de Allende y le diera “argumentos” a la asonada militar de septiembre de 1973. En este presidio es que lo volví a verlo y ser acogido por la hospitalidad de los presos más antiguos como él, pero allí no alcancé a darme cuenta de cuánto habrían cambiado sus convicciones. La rutina allí era la de comer, respirar y pelear con los abogados para que nos excarcelaran lo antes posible.

Seguramente este transformismo ideológico de Garretón estuvo acicateado por su relación sentimental con una destacada periodista de derecha y vinculada al diario de Agustín Edwards. A través de las columnas que este periódico y La Tercera le publican constantemente hemos podido comprobar su realineamiento político, coincidente con que nunca en todo este tiempo fuera visto en las tupidas manifestaciones callejeras, en la Villa Grimaldi y otros centros que honran la memoria de los combatientes que cayeron o fueron sometidos a tantos tormentos.

Finalmente, después de librarse del prescrito juicio por sedición siguió el camino de otros mapus y ex socialistas que se encumbraron en los cargos públicos y, más temprano que tarde, terminaron asesorando e intentando sus primeros negocios de la mano de aquellos poderosos empresarios que los recibieron como verdaderos hijos pródigos.

Por tercera vez, tuve la oportunidad de estar con él en el directorio de una editorial de derecha, de la cual alcancé a formar parte en la promesa de que se trataría de un esfuerzo ecuménico y tolerante. Pero este esfuerzo editorial se hizo humo en muy poco tiempo, pero lo importante es que allí, ante mi estupor y el de otras personas, oí a Garretón asegurar que las Fuerzas Armadas eran la columna vertebral de la historia republicana de Chile. Eso me convenció de no continuar en la Editorial y nunca más volví a ver al ex cabecilla del Mapu y ahora ex socialista. Salvo observarlo años atrás en una Ceremonia en el Salón de Honor de la Universidad Católica de Chile del brazo, ciertamente, de su nueva pareja.

En un excelente libro de Mónica Echeverría se detalla la trayectoria de este tipo de jacobinos del pasado devenidos en prósperos empresarios y asesores. Nombres abundan, en realidad, entre los desertores, pero el caso de don Oscar Guillermo debe ser uno de los más repugnantes por su soberbia en extender su militancia en el socialismo y recién renunciar ahora con publicidad, bombos y platillos mercuriales y televisivos. Muchos se fueron calladitos de los diferentes partidos, seguramente en mérito de un mínimo pudor y respeto por el pasado que abrazaron. Como es el caso del mismo senador Carlos Altamirano Orrego, que, sin renunciar al PS, tuvo el buen gusto de rechazar cargos y distinciones de parte de los gobiernos de la Concertación. En mérito, como se dice de una abierta y descarnada autocrítica.

Crisis en el Partido Socialista y otros referentes existen desde siempre y no descubrimos razón alguna para que recién ahora don Oscar Guillermo Garretón pueda fundar su desafección con el socialismo criollo. Producto de la misma confusión del PS, es que todavía existen en esta colectividad otros guarecidos oportunistas que podrían ser expulsados ejemplarmente de sus filas, si es que este partido quisiera limpiarse realmente y servir a la transparencia. Porque si de impunidades se habla, lo primero es reconocer la que favorece a tantos personajes que todavía pululan por los cargos públicos y reciben nuevos nombramientos en el extranjero, después de su enorme responsabilidad en el quiebre institucional, político y moral de nuestro país. Cuyas funestas consecuencias se extienden hasta hoy, con tan larga y desnaturalizada postdictadura.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com


sábado, 30 de marzo de 2019

Chile - El turismo presidencial



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, ha prometido que durante su gestión solo va a viajar al extranjero en la eventualidad de convenir acuerdos con otras naciones que favorezcan a su país. Promesas y actitudes como ésta avalan el enorme respaldo ciudadano que mantiene y que, por cierto, supera la popularidad de todos los demás gobernantes del Continente y, acaso, del mundo. Renuncia el Mandatario lo que llama “turismo presidencial” practicado por muchos de sus colegas de la Región, especialmente por los jefes de estado del cono sur de América del Sur que, a propósito de lo que sucede en Venezuela, se están desplazando incesantemente con sus cancilleres y asesores de un país a otro. Lo que sin duda los obliga a un ingente gasto, sin que sus viajes puedan medirse en resultados auspiciosos para sus poblaciones.


De un tiempo a esta parte, ya no son los tratados comerciales, la búsqueda de inversiones extranjeras o la colaboración científica y tecnológica entre nuestras naciones los que constituyen el cometido principal de estos desplazamientos presidenciales. El neoliberalismo y la dependencia ya están consolidados institucional y económicamente en nuestro Continente. Por ello es que, de pronto, los gobernantes de Colombia, Brasil, Argentina, Paraguay, Perú y Chile han descubierto que el tema de la democracia en otros países de la Región les puede ocasionar mediáticos y fastuosos encuentros a fin de ganarse la aprobación del presidente estadounidense.

Es decir de quien encabeza las operaciones políticas y militares para derribar al gobierno de Nicolás Maduro, el país que tiene las mayores reservas de petróleo y de otras materias primas de todo el orbe. Mandatados por Trump, precisamente, es que varios de ellos concurrieron a la localidad colombiana de Cúcuta desde donde trataron infructuosamente invadir Venezuela. Haciendo un ridículo de marca universal que para lo único que ha servido es para demostrar su completa obsecuencia hacia la Casa Blanca y las delirantes posiciones de su titular.

Lo curioso es que ninguno de estos jefes de estado, ni siquiera uno, puede exhibir una trayectoria política realmente democrática, cuando todos en el pasado han formado parte o apoyado a las dictaduras cívico militares que por largo tiempo se enseñorearon en nuestros países y produjeron la peor catástrofe en materia de derechos Humanos de nuestra historia regional. Incluso en un país como Colombia en que, si bien sin dictadura, el horror de la guerra civil se prolongó por muchos años gracias a quienes por tanto tiempo se demostraron renuentes a buscar la paz y la conciliación con los rebeldes y ahora continúan gobernando y violando los derechos de los trabajadores y los derechos cívicos más elementales.

Sorprende observar que el propio Sebastián Piñera se atreva a formar parte de esta cruzada anti chavista, después de mantener silencio y hacer tan buenos negocios durante el régimen de Pinochet hasta convertirse en un multimillonario, y así arribar a la política en un país en que el dinero es el principal ingrediente para triunfar en las elecciones supuestamente democráticas. Dentro del marco, por supuesto, de la Constitución de 1980 que todavía nos rige y nos fuera heredada por el Dictador.

Mucho mejor lo harían estos mandatarios si se comprometieran a borrar las inequidades e iniquidades de sus propios países. Buscaran satisfacer los profundos pendientes democráticos demandados por sus poblaciones, donde los niveles de abstención ciudadana se pronuncian de elección en elección a causa de la profunda y creciente decepción popular. Si se propusieran hacerle frente a la extrema concentración de la riqueza y pérdida de nuestra soberanía territorial, como a bajar efectivamente los índices de violencia de cada una de sus naciones, a causa de la pobreza y desigualdad ya crónicas. Cuánto nos gustaría que abrieran sus ojos a las encuestas que señalan que ya la mayoría de nuestros habitantes perdió la confianza en la democracia y, desde luego, en los actores de la política. En especial en los partidos.

Paralelamente a este turismo presidencial, se celebra en nuestro país un Foro Democrático (así lo llaman) donde concurren múltiples políticos, empresarios y pretendidos intelectuales de derecha y de centroderecha del Continente, cuyos nombres en el pasado siempre se asociaron a los regímenes de facto. Como, ahora, a la impunidad respecto de los crímenes cometidos que hasta hoy no terminan de investigar y sancionar los tribunales de justicia. Que se hicieran una autocrítica por la corrupción asociada a cada uno de sus referentes políticos, cuando, por ejemplo, quien le entregara la banda presidencial a un Bolsonaro, a los pocos días es detenido y sindicado por encabezar una mafiosa organización destinada a asaltar los recursos fiscales y recibir sobornos de las empresas extranjeras interesadas en invertir en nuestros yacimientos, bancos y obras públicas.

Se entiende muy bien en todos estos presidentes discurran un nuevo pretexto y referente multinacional para profitar de las granjerías del poder, cuando ya no existe la autorización que debían dar los parlamentos a los viajes al exterior de los mandatarios. Una traba que parecía absurda, pero que hoy podría servir para frenar los abusos que se practican al respecto. Especialmente en Chile, donde el afán viajero de nuestros últimos gobernantes ha demostrado ser francamente compulsivo.

Pero, hay que reconocerlo. Es vergonzoso que las invocaciones “democráticas” de tales mandatarios tengan tan compungidos a los líderes y organizaciones de izquierda. Que se sientan interpelados y abochornados por Trump y sus secuaces en el Continente. Que en el caso de nuestro país y algunos otros estén cediendo a la división y a las reyertas internas bajo el libreto impuesto por el Departamento de Estado y, por supuesto, replicado por La Moneda y los medios de comunicación que cotidianamente, ya sea por ignorancia y miedo, desfiguran la realidad interna e internacional.

Que soslayen condenar siquiera el injerencismo norteamericano que nunca, como todos sabemos, ha sembrado la democracia en los países que constantemente invade y fustiga criminalmente en todo el mundo. Que estén abandonando la idea de que es la justicia social el principal motor del progresismo y no la defensa o promoción de aquellas democracias mentirosas que se imponen hoy en nuestros países marcados por las profundas diferencias económicas y culturales. Por cierto, lacras definitivamente antidemocráticas.

Que se olviden de aquella convicción de antaño de las izquierdas, en cuanto a que la democracia es solo posible con estándares decentes de igualdad y libertad, con un ciudadano educado, informado y libre y en los medios de comunicación se descubra una verdadera diversidad. 
juanpablo.cardenas.s@gmail.com

viernes, 2 de noviembre de 2018

Bolsonaro y las izquierdas


Por Juan Pablo Cárdenas S:
Más allá de su contundente victoria electoral, es evidente que Jair Bolsonaro no representa un proyecto político claramente definido ni  un movimiento o partido de raigambre popular con objetivos políticos o programáticos definidos públicamente. Como su misma campaña lo advirtió, votar por él era hacerlo contra del Partido de los Trabajadores, la corrupción generalizada de las autoridades y los altos e inquietantes índices de criminalidad. Tampoco en lo personal al ahora presidente Electo se le reconoce cualidades de conductor o líder espiritual, cuando el mismo ha dicho que va a invitar a algunos conocidos economistas para que le hagan la tarea que, dice, no sabe hacer.


Quizás por su antepasado militar se sienta seguro de poder afrontar problemas como el de la delincuencia, pero lo más seguro es que se proponga encararla con más represión policial y violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos, cuando alguna vez se lamentara de que las dictaduras militares no hubiesen eliminado a más opositores. Cuando todas las sospechas apunten a que se trata, además,  de un personaje racista, misógino y homofóbico que, de poner en práctica formas de discriminación como las que se temen, en muy poco tiempo perdería su credibilidad y apoyo popular en un país en que los afroamericanos, por ejemplo, son muy numerosos.

No es la derecha, ciertamente, la que ha ganado con él. Es mucho peor: podría ser el fascismo, el desdén por la democracia y su deseo de sumar a las Fuerzas Armadas a la conducción del país. De allí que haya políticos y partidos que, si bien hoy celebran su victoria, lo más probable es que a poco andar se deslinden de éste, para no desbaratar tantos esfuerzos por acreditarse como republicanos especialmente en las naciones que sufrimos largos regímenes dictatoriales.

Lo que pase con Bolsonaro dependerá mucho de la actitud que asuman las izquierdas tanto en Brasil, la región y el mundo. Si el derrotado partido de Lula se propone trabajar solamente para la recuperación del Gobierno, sin hacerse la debida autocrítica, desplazar a los corruptos y cederle espacio a las nuevas generaciones como al mundo social, lo más probable es que Bolsonaro se quede por mucho tiempo en el poder y obtenga las excusas suficientes para concretar sus amenazas o despropósitos.

Los resultados electorales hablan de un país dividido, sobre todo iracundo con la clase política, aunque una amplia mayoría terminara apoyando a un viejo diputado integrante también de la cúpula dirigente, cuyo único acierto fue interpretar “oportunamente” el malestar popular, pero incapaz de ofrecerle un camino. Por lo mismo es que la situación política podría revertirse en un tiempo razonable si la llamada izquierda brasilera demostrara capacidad de reformularse y demostrar un auténtico propósito de enmienda. Conjurando, por supuesto,  el divisionismo, el capillismo y otras malas prácticas que tienen al progresismo latinoamericano tan a maltraer, salvo las pocas excepciones conocidas.

Lamentablemente, los aliados que el vencido Fernando Haddad encontró en  Chile son figuras de suyo desprestigiadas, ávidas nada más de mantener sus relaciones con un gobierno poderoso como el de Brasil y, sobre todo, muy febles ideológicamente, después de haber protagonizado la sacralización en nuestro país el sistema neoliberal, sorteado las demandas más sentidas de la población y, para colmo, ejecutado varios gobiernos bajo la Constitución Política legada por Pinochet.

No vemos cómo una izquierda brasilera podría renacer de las cenizas alentada por los expresidentes de la Concertación y otros políticos que en nuestro propio país son también tan responsables del primer y segundo gobierno de Sebastián Piñera. Provocando los mismos sentimientos de frustración en un electorado que observó cómo sus aspiraciones fueron burladas por los sucesivos gobiernos de la pos dictadura, como para llegar a pensar que de un gobierno de derecha podría demostrar mayor sensibilidad social que los de centro izquierda. Una ilusión que recién empieza a disiparse en Chile con las débiles y demagógicas iniciativas de La Moneda, aunque el izquierdismo criollo siga sumido en su atomización, caudillismos, falta de propuesta y prácticas de corrupción.

Es probable que con la victoria de Bolsonaro, en la derecha chilena se despierte el jolgorio y el ánimo de asociase rápidamente con el nuevo mandatario brasilero. Ya hemos observado el entusiasmo que su campaña produjo en los sectores más ultras del oficialismo, pero es probable que el propio Piñera y su entorno político más cercano actúen con más cautela, salvo que unos y otros también busquen perpetuarse en La Moneda recurriendo al apoyo castrense,  la represión y el aliento personal del presidente de los Estados Unidos, quien día a día manifiesta más desprecio por la voluntad popular y las prácticas democráticas. Al grado de alentar el terrorismo de estado para combatir la inmigración y mantener en el poder a los gobiernos títeres de Arabia Saudita e Israel, cualquiera sean sus despropósitos. Llamando abiertamente, como consta, a derrocar a los gobiernos  de Venezuela y aquellos “países de mierda” que el mismo identificó en Centro América y otras regiones del mundo.

Más razón habría, entonces, para superar el lloriqueo de estos últimos días en la izquierda chilena y latinoamericana impulsando acciones que lleven a la autodisolución de un sinnúmero de referentes que nada aportan a la construcción de una izquierda capaz de ofrecer alternativa ideológica,  consolidar alianza con aquellos movimientos sociales hoy tan distantes de los partidos y levantar líderes nuevos que se impongan frente a los añosos y revenidos dirigentes aún aferrados a sus fantasmales estructuras. Varias de las cuales solo subsisten gracias a los sospechosos aportes de algunos empresarios de derecha, a la par de las contribuciones oblicuas de algunos gobiernos y partidos vanguardistas del continente, entre los que se cuentan los de Lula da Silva y su heredera Dilma Rousseff.

Haciéndose cómplices, con ellos,  de los escándalos que todavía se ventilan en los Tribunales de nuestro país, aunque la impunidad ya se haya impuesto en algunas causas por el expediente de la prescripción legal de los delitos y la lenidad de algunos jueces y fiscales.

Por otro lado, es preciso que nuestras izquierdas se demuestren impermeables a las ideas y “encantos” de la derecha. A la pretensión tan contradicha por los hechos de que el bienestar social puede fundarse en el capitalismo salvaje o neoliberal que asola a nuestros pueblos y solo ha logrado agudizar la inequidad y la brecha entre ricos y pobres. Dejando cada vez más a la intemperie a nuestros pueblos en materia de salud, vivienda digna, derechos sociales y culturales. Sacudiéndose del infundio de que son los gobiernos de izquierda los que alientan lacras tan severas como la del narcotráfico, la violencia y el crimen organizado, cuando éstas se nutren justamente en la injusticia social, la desigualdad y la codicia de los poderosos, siempre representados por las derechas, los poderosos empresarios y los militares. Y de un tiempo a esta parte, también,  por los socialdemócratas y socialcristianos rendidos al sistema hegemónico mundial. Gobiernos de arenga progresista, incluso, pero que en el poder han sucumbido moral e ideológicamente.

En este sentido, la elección de Bolsonaro, puede ser una gran oportunidad para el resurgimiento de un auténtico progresismo y la esperanza de los pueblos oprimidos .Es cosa de no dejarse abatir por el pesimismo o el mismo oportunismo.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

miércoles, 22 de noviembre de 2017

El infame relato de una derecha

Por Dr. Ángel Rafael Tortolero Leal: 
Que se asume perdidamente superior 

Quizás usted los ha escuchado antes, pero en la academia (universidades y centros de investigación), el cine, la radio, las redes sociales y la televisión, con frecuencia se dejan ver con su petulante arrogancia, individuos cuya posición política, social y económica, esta imbuida en un eclético planteamiento que se transmutan en epilépticas posiciones sectarias y di variantes por su alto contenido racista, xenófobo y sobre todo anti chavista. Lo paradójico del asunto es, que si bien no aceptan a la revolución y sus instituciones, tampoco renuncian a los cargos que en ella ocupan, situación que   pone de   manifiesta, su evidente  enajenación delirante que les induce a continuar dando vuelta en un caldo de incomprensiones cada días más agudas y cada vez más fracasadas en el seno del pueblo libre.



En ese sentido, los precitados,  infelices claudicantes de la razón y fracasados de la reflexión, con frecuencia presentan sus argumentos contra revolucionarios, sobre una colcha de retazos, fabricadas con caratulas de libros y propaganda de portales de la web, donde en detrimento del saber, se comercializa sus contenidos, tal cual como se vende ropa interior en un aparador de almacén barato. Por ello casi siempre, los pretendidos seudo intelectuales, honorables miembros de la servidumbre del imperio, con sus poses de ególatra factura, se escudan en una pasmosa neutralidad política, que deja al descubierto sus patéticas praxis contra lo colectivo,  los obviados,  los  pobres y ellos mismo.

Por separado o en conjunto, los citados enanos mentales, viajan con facilidad de la adulancia a sus amos, a la sumisión conveniente que camufla su presencia en las instituciones del Estado Bolivariano. No son capaces de acudir al debate plural y sincero, pues tan grande es su inflado ego, que desprecian a todo aquel que le contradiga en sus patéticas aproximaciones a lo social, político y económico.

Están embrutecidos por el odio, derrotados por su idiotez y excluidos del pensamiento constructivo que demanda una sana oposición. Sus relatos son los mismos desde 1917. Repiten las misma consignas de un anticomunismo que no tiene cabida en la realidad concreta, pero que le asusta a sus profesantes, pues su miedo a la libertad, es mucho mayor que sus escazas ideas sobre si y el mundo que le rodea.

Esa pobre oposición,  descompuesta y atomizada se asusta de su sombra y enviste cual toro atolondrado en una plaza de incertidumbres cuya reducida audiencia cargada de tristeza y desesperanza resuella en su derrota y reacciona con odio, saña y alevosía. Junto a ellos (los legítimos oposicionistas de siempre) se suman los exempleados de la revolución, los campeones una autocrítica voraz, infame y contra revolucionaria, que se han dado la tarea de lanzar por la borda todos sus disfraces, sus poses gobierneras, su adulante estilo y su demagogia falaz, para exponer ante el mundo, su traición continuada.

En conjunto, la oposición y los neo conversos plegados a ella, seguirán  conspirando, seguirán bajo las ordenes de sus amos imperiales, continuaran como víctimas y victimarios acompañando cada acción de guerra económica, y definitivamente, continuaran siendo derrotados, humillados y auto excluidos de la razón.

Viva la ANC y los candidatos de la Patria para todas las Alcaldía del país, viva la democracia bolivariana. Todo con la revolución, dudarlo es traicionar pues la pelea es peleando.
 
angeltortolero@gmail.com