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martes, 16 de junio de 2020

El racismo principio creador del sistema político en EEUU



Por Jesús Sotillo Bolívar. Profesor de la UCV
El Racismo, la Segregación y la Injusticia, históricamente están presentes en el sistema político de los Estados Unidos, al punto que ha formado parte de su ordenamiento jurídico por intermedio de la Leyes Jim Crow, que legalizaban la segregación racial en todas las instalaciones públicas de ese país.

En retrospectiva, alguno de nosotros en cualquier momento, por interesarse en el tema, en la lectura de una novela con referencia a lo social , documentales históricos o películas sobre el tópico, ha visto o leído los famosos carteles  que se desplegaban en sitios públicos, autobuses, u otras instalaciones de supuesto acceso público: “Sólo para blancos” “No se aceptan negros” en incluso en las maquinas dispensadoras de agua, Ud. Podía leer  “Sólo para blancos”, y las más escasas y muy separadas para “Negros”.


A pesar de que, en 1865, luego de la guerra de secesión se aprueba la Décima Tercera Enmienda a la Constitución de los EEUU prohibiendo la esclavitud, esto fue sólo teórico, en el papel, porque la humillación, el racismo, la segregación y la injusticia contra los afroamericanos continúan en esa sociedad a pesar del paso del tiempo. Soterrada muchas veces, estimulada por grupos supremacistas, otros, consentida por líderes políticos, practicada por organizaciones como el Kukuxklán; manifiesta en algunas épocas, debido al grado extremo de vejaciones a las que se ha sometido ese importante sector social.

Casos históricos que han trascendido a la esfera internacional ponen de relieve este trato discriminatorio y la conducta de muchas personas afectadas y activistas, pasaron a la historia por rechazar aún a riesgo de su propia integridad física y la vida, este trato discriminatorio.

1965. Rosa Park, una modesta ciudadana de Alabama se negó a ceder su puesto en el bus, a un joven blanco norteamericano, que, a petición del autobusero, le exigía que le diera el puesto, pues en él los blancos tenían preferencia para sentarse.

Esta señora de 42 años se negó reiteradamente a esa petición injusta y debido a su actitud y rechazo a tal solicitud, fue arrestada porque según las autoridades de Alabama, perturbaba el orden público. Aunque fue arrestada y de alguna manera vejada, pasó a la historia como una conducta digna y así se proyectó a nivel internacional.

Bessie Smith. Cantante de Blues. Sufrió un grave accidente automovilístico en Misisipi, las heridas recibida y la pérdida de sangre ameritaba que fuera transfundida y por ello fue llevada a un hospital.  La ruletearon en todos los hospitales de ese Estado, hasta que se desangró totalmente y murió. No fue recibida por que de acuerdo a las autoridades administrativas de los centros hospitalarios en ellos solamente se atendía a personas blancas. Trascendió este caso a la esfera internacional a pesar de la desinformación que se ejerció para tergiversar el hecho.

Caso más conocido por las características personales y por la actividad deportiva que practicaba (El Boxeo), fue el de Muhammad Ali, conocido como Cassius Clay. Se negó por motivos de conciencia a pelear en la guerra de Vietnam y por negro y por rebelde fue despojado de su título de Campeón Mundial y remitido a presión por cinco años, no sin antes prohibirle por sentencia de las autoridades deportivas boxísticas de New York, boxear, que era por supuesto su profesión, en todo el territorio de los Estados Unidos.

Todos conocen la actitud crítica que siempre mantuvo Clay contra la discriminación racial, que voceaba públicamente a veces en forma irónica. Una vez llegó a decir cuando fue entrevistado, que él no se explicaba que un blanco como Tarzán, que andaba en pañales, recién llegado a la Jungla, ya hablaba con los animales, y sus habitantes que eran negros, tenían siglos conviviendo con ellos no podían comunicarse con leones monos y otros animales salvajes. Por supuesto, que este caso trascendió al mundo, como ejemplo de dignidad y oposición a al racismo, el segregacionismo y la injusticia.

Martín Luther King. “Yo tengo un Sueño”, líder en la lucha por la igualdad racial en los Estados Unidos, sometido a innumerables atropellos, arrestos y encarcelamientos por su conducta integradora y liberadora. En uno de sus más célebres discursos expresaba que él deseaba para el futuro un país donde la gente de tez negra y tez blanca coexistieran pacíficamente. Murió víctima de un atentando (1968), un hecho, que muchos califican como terrorismo de Estado, porque pretendían eliminar a un líder que había prendido en las masas y canalizaba el sentir de los afroamericanos en los Estados Unidos y fuera de sus fronteras. Su lucha, sus propósitos, todavía están vigentes e inspiran a millones de afroamericanos que luchan por la igualdad racial.
Ángela Davis. Natural de Alabama. Filósofa, de formación Marxista, luchado por los derechos civiles de los afroamericanos, que ha estudiando también sus aspectos sociales e históricos. Por su lucha fue perseguida, encarcelada, pero hasta ahora no han podido silenciar. Ángela se constituye hoy en un verdadero ícono de la lucha por los Derechos Civiles de los afroamericanos y así es reconocida en el mundo.

Y así, podríamos continuar enumerando un conjunto de afroamericanos y organizaciones que en los Estados Unidos han asumido la lucha por los Derechos Civiles, contra el racismo, contra la discriminación por la igualdad y la justicia para todos los afroamericanos y han sufrido hostigamiento, persecución, encarcelamiento y algunos han pagado con su propia vida.

Porque en esencia el Sistema Político norteamericano, es por naturaleza racista. Aunque aparentemente se han logrado avances, que han llevado a que un individuo de tez negra como Obama ha llegado a la Presidencia y otros a cargos importantes en la Casa Blanca y en el ejército; la esencia del sistema continúa siendo racista, no solamente contra los afroamericanos sino, contra los inmigrantes en general, aunque éstos hayan contribuido, con su esfuerzo a la defensa y desarrollo de los Estados Unidos.

Un ejemplo de la afirmación, que sirve de título a esta reflexión, lo constituye hoy, el asesinato a sangre fría, público y notorio, que recorre las Redes Sociales de todo el Mundo, de George Floyd. Pero no es él, solamente, es que hay cientos de Georges Floyd, asesinados en los últimos años y los culpables no son enjuiciados, mucho menos condenados, cambiados de domicilio para ocultarlos, dictándoles en poquísimos casos sentencias simbólicas que no llegan a cumplirse, porque cuentan con el manto de la complicidad que les brinda Estado, lo que genera una gran impunidad y consolida lo afirmado: La naturaleza opresiva, racista e injusta del Sistema Político en los Estados Unidos. 

jesussotillo45@gmail.com

viernes, 2 de noviembre de 2018

Bolsonaro y las izquierdas


Por Juan Pablo Cárdenas S:
Más allá de su contundente victoria electoral, es evidente que Jair Bolsonaro no representa un proyecto político claramente definido ni  un movimiento o partido de raigambre popular con objetivos políticos o programáticos definidos públicamente. Como su misma campaña lo advirtió, votar por él era hacerlo contra del Partido de los Trabajadores, la corrupción generalizada de las autoridades y los altos e inquietantes índices de criminalidad. Tampoco en lo personal al ahora presidente Electo se le reconoce cualidades de conductor o líder espiritual, cuando el mismo ha dicho que va a invitar a algunos conocidos economistas para que le hagan la tarea que, dice, no sabe hacer.


Quizás por su antepasado militar se sienta seguro de poder afrontar problemas como el de la delincuencia, pero lo más seguro es que se proponga encararla con más represión policial y violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos, cuando alguna vez se lamentara de que las dictaduras militares no hubiesen eliminado a más opositores. Cuando todas las sospechas apunten a que se trata, además,  de un personaje racista, misógino y homofóbico que, de poner en práctica formas de discriminación como las que se temen, en muy poco tiempo perdería su credibilidad y apoyo popular en un país en que los afroamericanos, por ejemplo, son muy numerosos.

No es la derecha, ciertamente, la que ha ganado con él. Es mucho peor: podría ser el fascismo, el desdén por la democracia y su deseo de sumar a las Fuerzas Armadas a la conducción del país. De allí que haya políticos y partidos que, si bien hoy celebran su victoria, lo más probable es que a poco andar se deslinden de éste, para no desbaratar tantos esfuerzos por acreditarse como republicanos especialmente en las naciones que sufrimos largos regímenes dictatoriales.

Lo que pase con Bolsonaro dependerá mucho de la actitud que asuman las izquierdas tanto en Brasil, la región y el mundo. Si el derrotado partido de Lula se propone trabajar solamente para la recuperación del Gobierno, sin hacerse la debida autocrítica, desplazar a los corruptos y cederle espacio a las nuevas generaciones como al mundo social, lo más probable es que Bolsonaro se quede por mucho tiempo en el poder y obtenga las excusas suficientes para concretar sus amenazas o despropósitos.

Los resultados electorales hablan de un país dividido, sobre todo iracundo con la clase política, aunque una amplia mayoría terminara apoyando a un viejo diputado integrante también de la cúpula dirigente, cuyo único acierto fue interpretar “oportunamente” el malestar popular, pero incapaz de ofrecerle un camino. Por lo mismo es que la situación política podría revertirse en un tiempo razonable si la llamada izquierda brasilera demostrara capacidad de reformularse y demostrar un auténtico propósito de enmienda. Conjurando, por supuesto,  el divisionismo, el capillismo y otras malas prácticas que tienen al progresismo latinoamericano tan a maltraer, salvo las pocas excepciones conocidas.

Lamentablemente, los aliados que el vencido Fernando Haddad encontró en  Chile son figuras de suyo desprestigiadas, ávidas nada más de mantener sus relaciones con un gobierno poderoso como el de Brasil y, sobre todo, muy febles ideológicamente, después de haber protagonizado la sacralización en nuestro país el sistema neoliberal, sorteado las demandas más sentidas de la población y, para colmo, ejecutado varios gobiernos bajo la Constitución Política legada por Pinochet.

No vemos cómo una izquierda brasilera podría renacer de las cenizas alentada por los expresidentes de la Concertación y otros políticos que en nuestro propio país son también tan responsables del primer y segundo gobierno de Sebastián Piñera. Provocando los mismos sentimientos de frustración en un electorado que observó cómo sus aspiraciones fueron burladas por los sucesivos gobiernos de la pos dictadura, como para llegar a pensar que de un gobierno de derecha podría demostrar mayor sensibilidad social que los de centro izquierda. Una ilusión que recién empieza a disiparse en Chile con las débiles y demagógicas iniciativas de La Moneda, aunque el izquierdismo criollo siga sumido en su atomización, caudillismos, falta de propuesta y prácticas de corrupción.

Es probable que con la victoria de Bolsonaro, en la derecha chilena se despierte el jolgorio y el ánimo de asociase rápidamente con el nuevo mandatario brasilero. Ya hemos observado el entusiasmo que su campaña produjo en los sectores más ultras del oficialismo, pero es probable que el propio Piñera y su entorno político más cercano actúen con más cautela, salvo que unos y otros también busquen perpetuarse en La Moneda recurriendo al apoyo castrense,  la represión y el aliento personal del presidente de los Estados Unidos, quien día a día manifiesta más desprecio por la voluntad popular y las prácticas democráticas. Al grado de alentar el terrorismo de estado para combatir la inmigración y mantener en el poder a los gobiernos títeres de Arabia Saudita e Israel, cualquiera sean sus despropósitos. Llamando abiertamente, como consta, a derrocar a los gobiernos  de Venezuela y aquellos “países de mierda” que el mismo identificó en Centro América y otras regiones del mundo.

Más razón habría, entonces, para superar el lloriqueo de estos últimos días en la izquierda chilena y latinoamericana impulsando acciones que lleven a la autodisolución de un sinnúmero de referentes que nada aportan a la construcción de una izquierda capaz de ofrecer alternativa ideológica,  consolidar alianza con aquellos movimientos sociales hoy tan distantes de los partidos y levantar líderes nuevos que se impongan frente a los añosos y revenidos dirigentes aún aferrados a sus fantasmales estructuras. Varias de las cuales solo subsisten gracias a los sospechosos aportes de algunos empresarios de derecha, a la par de las contribuciones oblicuas de algunos gobiernos y partidos vanguardistas del continente, entre los que se cuentan los de Lula da Silva y su heredera Dilma Rousseff.

Haciéndose cómplices, con ellos,  de los escándalos que todavía se ventilan en los Tribunales de nuestro país, aunque la impunidad ya se haya impuesto en algunas causas por el expediente de la prescripción legal de los delitos y la lenidad de algunos jueces y fiscales.

Por otro lado, es preciso que nuestras izquierdas se demuestren impermeables a las ideas y “encantos” de la derecha. A la pretensión tan contradicha por los hechos de que el bienestar social puede fundarse en el capitalismo salvaje o neoliberal que asola a nuestros pueblos y solo ha logrado agudizar la inequidad y la brecha entre ricos y pobres. Dejando cada vez más a la intemperie a nuestros pueblos en materia de salud, vivienda digna, derechos sociales y culturales. Sacudiéndose del infundio de que son los gobiernos de izquierda los que alientan lacras tan severas como la del narcotráfico, la violencia y el crimen organizado, cuando éstas se nutren justamente en la injusticia social, la desigualdad y la codicia de los poderosos, siempre representados por las derechas, los poderosos empresarios y los militares. Y de un tiempo a esta parte, también,  por los socialdemócratas y socialcristianos rendidos al sistema hegemónico mundial. Gobiernos de arenga progresista, incluso, pero que en el poder han sucumbido moral e ideológicamente.

En este sentido, la elección de Bolsonaro, puede ser una gran oportunidad para el resurgimiento de un auténtico progresismo y la esperanza de los pueblos oprimidos .Es cosa de no dejarse abatir por el pesimismo o el mismo oportunismo.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com