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miércoles, 12 de agosto de 2020

¡El Sandinismo, más actual que nunca!



Por Omar Aguilar Maradiaga:

¿Por qué seguís al sandinismo, no crees que ya pasó de moda, que es más de lo mismo, que es aburrido? Esta es la pregunta de un amigo, pues, aunque estemos en diferentes aceras y tengamos diferentes formas de pensar; no deja de ser mi amigo.  La suya es una de las tantas historias de personas con ceguera política o quizás engañadas, de esas que ven al sandinismo como un monstruo que devora cerebros, que adversa a los ricos por ser ricos, que atenta contra la libertad de pensamiento y todos aquellos dislates que nos atribuyen; haciendo eco a lo que los yanquis han venido repitiendo desde que Sandino levantara la bandera rojinegra y declarara su antiimperialismo en las montañas segovianas. Ni siquiera se detienen a analizar que es el Sandinismo, que hace, que persigue, que ha logrado.



He aquí mi respuesta…….

Sabemos amigo, que la sola palabra “sandinista” es para ustedes una mala vibra, es un adjetivo que causa un uyuyuy infundado y un temor que rayan en lo inverosímil, acaso en la idiotez y chabacanería. Y aunque esos macabros pensamientos permean solo a un minúsculo grupo, no dejan de causar pesar por aquellos hermanos humildes como vos, que desde la más profunda necesidad; empeñan su ideología de clase por unas pocas prebendas. Otra cosa son los demás miembros de esos minúsculos grupos, los que no empeñan su ideología de clase (porque esa es la que es, la ideología burguesa y pequeña burguesa); sino que empeñan la propia patria a costa de su desvergüenza y el más rastrero de los entreguismos. Aunque es claro que por más que se empecinen en empeñar la patria, lo único que lograrán es despeñarse por el abismo que lleva irreversiblemente al mundo de los condenados y señalados. Estas rémoras que viven pegadas al trasero del “tiburón imperialista” en una especie de comensalismo político, van reduciéndose cada día más y pronto solo serán parte del libro negro de la historia; profundizando lo que ya son: “desahuciados políticos”, “desteñidos panfletos”, despojos humanos; mantenidos solo por las sondas y el oxígeno contaminado del imperialismo y de medios y periodistas igualmente desahuciados y en desuso.

Las ideas del sandinismo, sus fundamentos y sus principios no nacen por moda ni abrazan una ideología extranjera o una corriente filosófica específica. El sandinismo surge de forma espontánea a partir de la lucha de Sandino y su ejército, que, sin proponérselo, creó un movimiento que ahora tiene vida propia, una estructura monolítica y que se guía por sus propios principios y valores. Esos valores, claro está, son coincidentes con otros movimientos e ideologías revolucionarias que luchan por la equidad social, por la reivindicación de los derechos, por la erradicación de pobreza y por un mundo para todos y todas; solo que, respetando nuestra propia realidad, nuestro propio tiempo y espacio. Esto lleva indefectiblemente a que haya una coincidencia plena, entre ser revolucionario y ser sandinista y a la conclusión de que, si eres sandinista, eres parte de los revolucionarios del mundo y si eres del mundo revolucionario, eres sandinista o afín al sandinismo.

La convicción, el conocimiento y el convencimiento pleno de estos valores hacen que ames cada vez más ser sandinista, porque serlo equivale a ser justo, humilde, sencillo, humanista, entregado, desprovisto de egoísmo, leal, sincero, solidario y con alto compromiso con los más desposeídos. Esto mi querido amigo, no está pasado de moda, por el contrario, el mundo actual necesita de estos valores y principios; en un contexto en el que la humanidad está en peligro de extinción, ya sea por temas de salud, por temas bélicos, económicos o ambientales. Para los pueblos africanos la pandemia actual solo se suma a los enormes problemas de pobreza, hambre, discriminación y violación de sus derechos. Para los pueblos indígenas de américa del sur, de Honduras, El Salvador o Guatemala, los problemas de la pandemia se suman a los problemas de expropiación de sus tierras, a la falta de acceso a educación, al desempleo y a la indigencia en que viven. Independientemente de que sea lo pone en peligro la supervivencia del ser humano en una determinada coyuntura, si no somos solidarios, humanistas y defensores de la vida; seremos parte de su extinción.

Cuando un ser humano, una organización familiar, productiva, gremial o política olvidan sus orígenes y reniega de su historia, se desfigura y se convierte en una especie de bufón que con sus chocarrerías causa risa y es a la vez el hazmerreír. Los líderes de esas organizaciones se han graduado en la academia de los apátridas, de los entreguistas, de los que besan la mano del invasor extranjero y escupen la cara de sus connacionales. Son los históricos verdugos de los que se han servido los poderosos para aplacar la rebelión de los que claman por sus derechos; una especie burda de mimo que repite con señas y muecas el guion que le dicta el yanqui intervencionista. Son en lenguaje de Cortázar - una especie de cronopio, un dibujo mal hecho- o un plato de comida descompuesta, ya sin caldo ni sazón.   

El sandinismo, por el contrario, es una fuerza política, un movimiento de masas en constante evolución y cambio que nunca ha perdido su historia, ni ha olvidado sus orígenes y ha aprendido de lo bueno y lo malo, de sus victorias y derrotas, de sus aciertos y errores. Esto ha permitido que, en esta segunda etapa, ya sin guerra y sin bloqueo directo se materialicen proyectos y programas que reivindican los derechos del pueblo nicaragüense, que estemos construyendo una Nicaragua moderna y conectada con el mundo, con un desarrollo tecnológico importante, con una infraestructura de avanzada y con indicadores sociales y económicos positivos. A pesar de todos estos logros, de la apuesta que hemos hecho por una Nicaragua incluyente, despolarizada y en la que reine la paz y la concordia; hay quienes se empecinan en deslegitimar estos logros y mantienen las mismas actitudes guerreristas, desestabilizadoras y entreguistas.

Los personajes que en el pasado clamaban la invasión yanqui, los que agitaban desde los púlpitos la guerra de agresión, los que pedían sanciones para el gobierno revolucionario; vuelven a sonar sus cantos de sirena, a pedir aberrantes sanciones económicas, a despotricar contra un gobierno que no agrede a nadie y cuyos únicos errores son trabajar por los pobres, por los desposeídos, no lamer la bota extranjera y no empeñar la patria y sus recursos naturales. Esto estimado amigo, es egoísmo a ultranza, es ser un servidor del pasado en copa nueva, es pretender retornar a siglos pasados en los que unos pocos privilegiados avasallaban a la mayoría desposeída. Todas estas gárgolas que, con su fisionomía polimórfica, sus diversos disfraces y sus discursos apocalípticos se esgrimen como salvadores de los pobres; son los que siempre les han orillado, despreciado y los ven como homúnculos.

El sandinismo lejos de desgastarse, de desteñirse o de perder el sabor, se ha fortalecido, ha adquirido más brillo y como al buen vino se le siente más sabor. El sandinismo es un partido moderno, de nueva era, ajustado al tiempo actual y listo para evolucionar y adecuarse a los tiempos venideros. El sandinismo es un partido alegre que rejuvenece a los veteranos y traslada a los jóvenes el aprendizaje experiencial. Ni veteranos ni jóvenes somos meros observadores, sino que cada cual juega su rol, cada uno es clave, es importante. Los veteranos somos la fuerza moral, los jóvenes son la fuerza motora.  Esta amalgama, permite combinar una férrea disciplina y una conciencia histórica con una energía permanente, con una savia joven que mantiene los órganos vivos y el corazón ardiente. El sandinismo mi amigo, no es un partido de momias, ni de viejos renegones y malcriados; es un partido de veteranos joviales y de jóvenes en constante aprendizaje y maduración. Juntos escribimos la historia y nos aseguramos que los que vienen detrás de nosotros, tengan un mundo mejor y puedan escribir su propia historia.

Sobre el tono en que fue hecha la pregunta, hablaremos en otra ocasión…

#VencemosVenceremos

oaguimar28@yahoo.com


martes, 23 de julio de 2019

A 40 años, la revolución sandinista emerge nítida y más firme que nunca



Por Omar Aguilar M:

La Revolución Popular Sandinista cumple 40 años este 19 julio, durante los cuales ha pasado por múltiples pruebas, retos, desavenencias, guerras, acosos políticos, bloqueos económicos, injerencia extranjera y contradicciones internas; pero siempre ha salido avante y sigue construyendo páginas gloriosas e imborrables en la historia revolucionaria mundial.

40 años es solo un instante en la historia de la humanidad, pero para quienes viven la historia, para quienes la escriben; viene apareada de momentos de alegría y sufrimiento a veces con secuelas físicas y psicológicas, con momentos de heroísmo, de hazañas, de miedo o de incertidumbre. Sin duda alguna, la historia marca las vidas y deja huellas profundas en el alma de sus actores; sobre todo en circunstancias difíciles como las que le ha tocado vivir al sandinismo.


En su andar, las revoluciones y los revolucionarios a veces pasamos por momentos en los que la incertidumbre nos invade, el temor nos aprisiona y las dudas nos asaltan; lo cual es un signo de que somos seres analíticos y profundamente sensibles. Pero no podemos dejarnos vencer y debemos emprender un camino de reinvención y transformación, para desprendernos de todo aquello que nos inmoviliza, que nos enlentece y nos hace vulnerables. 

En estos 40 años de historia, han coexistido héroes y antihéroes, valores y antivalores, patriotas y vendepatria, buenos y malos, los que hablan con la verdad y los que mienten con descaro, los que construyen puentes y los que levantan muros, los que derrochan amor y paz, y los que derraman sangre y desparraman odio.

Primera etapa: una etapa de cambios, difícil, a prueba de fuego y odio, de dolor y sangre; pero de afianzamiento ideológico.

Los primeros 10 años de revolución, fueron sin duda extremadamente difíciles, complejos, con pasajes de alegría, y euforia, pero también con momentos de tristeza y dolor. Las primeras decisiones de la revolución, fueron estratégicas y reivindicativas: La Gran Cruzada Nacional de Alfabetización, el Programa de Educación de Adultos, el establecimiento de la gratuidad de la salud y la educación, los programas de atención a madres y niños, la reforma Agraria (que permitió  la distribución equitativa de la tierra y la reducción del latifundismo improductivo), el fortalecimiento del cooperativismo como modelo asociativo, el impulso a la pequeña y mediana industria, la creación de un Sistema de Seguridad Social incluyente, el programa de viviendas populares, la creación de empresas del estado para prestación de servicios claves como agua y energía, el mejoramiento del transporte urbano- rural, la ampliación de la red vial, el fortalecimiento del deporte y la cultura como un derecho, la ley de autonomía de los pueblos caribeños, el reconocimiento de los derechos de la mujer como sujeto social, el fortalecimiento del sindicalismo como ente reivindicativo de los derechos de los y las trabajadoras, y la creación de un fuerzas armadas y de orden público verdaderamente defensoras del pueblo.

Todos estos programas, medidas y estrategias, significaron un gran avance para las clases pobres del país, las que por primera vez en la historia nacional eran tenidas en cuenta y se convirtieron en el sujeto principal y en el centro de la Revolución Popular Sandinista. La solidaridad internacional fue un pilar fundamental y contribuyó al desarrollo de todos estos programas y medidas de carácter social, económico y político.

Pero como ya era de esperar, lo que beneficia a los pobres, molesta a los ricos; lo que visibiliza al proletariado, es piedra en el zapato de los burgueses; lo que acrecienta el nacionalismo, exacerba los ánimos de los vendepatria; lo que reivindica los derechos sociales, es sinónimo de comunismo y enfurece al capitalismo. El sandinismo se convirtió en un anatema para los líderes políticos y religiosos, en un incordio para en imperialismo norteamericano y en “mal ejemplo” para la periferia. La agresión imperialista llegó con la mayor inmediatez imaginable y se sirvió de los vendepatria locales y de los reductos del somocismo genocida para emprender una guerra fratricida, cruel y contrarrevolucionaria. 

Como toda joven revolución que triunfa por las armas, con un liderazgo inexperto (con más preparación militar y político-ideológica que, en economía, macro y micro-planificación, organización del estado, multilateralismo, relacionamiento internacional, etc.), cometió errores y tomó decisiones a veces desacertadas que de alguna u otra manera contribuyeron al desgaste del proyecto revolucionario. Las altas inversiones en el campo militar y otras áreas sensibles, sumadas al bloqueo económico, a un liderazgo vertical y centralizado, a abusos de poder de algunos cuadros directivos (debido al desorden y descontrol propio de un estado en guerra); provocaron enormes desajustes en el campo económico, escasez de alimentos, carencias en servicios esenciales, afectó a los sectores más vulnerables y generó descontento. No obstante, es difícil encontrar en la historia mundial, un estado que, estando asediado por una guerra se desarrolle con normalidad, mantenga sus estándares de vida, no padezca de escasez y presente indicadores económicos y sociales positivos.

La cruel guerra impuesta por el imperialismo a través de la contrarrevolución armada y la contrarrevolución política, económica y mediática; dejó una amplia secuela de muertes, dolor, rencor y odio. Se escribieron páginas de heroísmo en todo el territorio nacional, pero de igual manera páginas de sufrimiento y dolor, como el de las madres que perdieron a sus hijos en la defensa de la patria, el dolor de los lisiados de guerra, la psicosis de los que vieron a la muerte directamente a los ojos, la soledad de los huérfanos de guerra, la profunda crisis económica, las carencias de alimentos y servicios básicos. Todo esto representaba un enorme costo humano, moral, económico y político.

Solo la voluntad de paz del sandinismo, puso fin a unos de los capítulos más dolorosos de la historia de Nicaragua. Hubo que tomar la difícil decisión de sentarse con el enemigo, con el adversario y buscar una salida negociada. Esta decisión supo a hiel, puesto que las heridas de guerra eran profundas, con más de 150 mil víctimas, incluyendo muertos, discapacitados, viudas y huérfanos y profundas contradicciones y rencores. En aras de estabilizar el país, se convocaron elecciones en el año 1990 y pudo más el temor a una nueva escalada de guerra, a más muertes y dolor, que la euforia revolucionaria que posicionaba a Nicaragua como un ejemplo de patriotismo, resistencia y antiimperialismo. La pérdida de las elecciones tomó por sorpresa al sandinismo y muchos se refugiaron en el ostracismo y la ira contenida. La entrega del poder a un gobierno de derecha pro imperialista, no estaba en la agenda de los que lucharon por derrocar a la tiranía somocista y de los que dieron su vida por el proyecto revolucionario.

Las preguntas obligadas son:

¿Qué hubiera pasado si esta etapa de la revolución se hubiese dado en un clima de paz y estabilidad, sin bloqueo económico y político? 
¿Diez años en guerra y en condiciones adversas, son suficientes para deslegitimar una revolución naciente?
¿Las reivindicaciones y logros de la revolución, acaso no generaron profundos cambios en la sociedad nicaragüense, tanto en el campo ideológico-político, como en la esfera social, económica, cultural y en el amor a la patria?

Segunda etapa: Una etapa de definición, de traición, de retrocesos en el país; pero cimentadora de principios.

Los pseudorevolucionarios y los revolucionarios de ocasión, cuales buitres espantados, salieron en desbandada, renegaron de la revolución, se refugiaron en micro partidos, se aliaron con los nuevos gobernantes y políticos emergentes, y le declararon su amor incondicional al imperialismo; convirtiéndose en detractores a ultranza del sandinismo. Muchos de ellos, que fueron los más radicales durante estos primeros 10 años de revolución, después de la derrota electoral se convirtieron en los mayores críticos de la izquierda, en avispados analistas políticos y se arrimaron a la derecha en busca de limosna, de migajas, y con múltiples lisonjas enamoraron al imperialismo. Pretendieron además confundir a la izquierda mundial, esgrimiéndose como reformadores y salvadores de la ideología y principios del sandinismo; al que creyeron derrotado y quizás acabado.

Los revolucionarios comprometidos de corazón y práctica, los que nunca buscaron prebendas, los que defendieron la revolución con alma, vida y corazón, los verdaderos hijos de Sandino, los que practican los principios de Carlos, del Danto, de Rugama, de Arlen Siú y de tantos hombres y mujeres ejemplares; aguantaron la embestida y retomaron la lucha en un nuevo contexto, con nuevos retos, con nuevas estrategias, pero siempre con la fe de que el sandinismo resurgiría orgulloso, más fuerte y más experimentado.

Durante los siguientes 16 años, al sandinista verdadero, al revolucionario de formación, al líder  humilde y sencillo, al que sobrepone los intereses de los pobres a sus propios intereses, al que sirve a los demás, al que no busca el beneficio propio; le tocó luchar desde abajo, guiados por un líder carismático como el del Cmte. Daniel Ortega, que recorrió toda la geografía nacional, que estuvo al lado de su pueblo en momentos en que el rapaz neoliberalismo de Chamorro, Alemán y Bolaños desbarataba el país, lo sumía en la pobreza, el analfabetismo, la falta de energía, el comercio de la salud y la educación; generando condiciones para el enriquecimiento de los oligarcas, en una espiral de corrupción, robo del erario público y el entreguismo más vulgar; disfrazados de demócratas y arcángeles de la paz.

Esos 16 años de adversidad, de lucha en el campo político, sin más recursos que la moral, los principios inquebrantables y la fe en el liderazgo histórico; sirvieron para sacar lecciones, aprender de los errores y delinear nuevas estrategias de lucha para retomar el poder por la vía de las urnas. En esta etapa hubo que tomar decisiones a veces confusas o difíciles de entender, pero que a la postre, dieron la razón a nuestros líderes. Llegar a acuerdos con la derecha gobernante, supuso un desgaste político al frente sandinista, le granjeó innumerables críticas de propios y ajenos. Pero solo así se ganaron espacios importantes y se lograron suavizar las medidas neoliberales, la aprobación de leyes favorables, el respeto a reivindicaciones claves alcanzadas por la revolución y el reconocimiento del FSLN como el principal partido político de oposición.

Estas decisiones, permitieron la sobrevivencia de un partido sandinista seriamente acosado por los gobiernos de turno y por el imperialismo norteamericano. Solo así, el FSLN pudo mantener viva su participación en  poderes del estado y su influencia en entidades claves y estratégicas como los sindicatos de las instituciones públicas y principales empresas, y además evitó el desmantelamiento del ejército y la policía (pretendido por el neoliberalismo y el imperialismo yanqui); instituciones emblemáticas creadas por la revolución.

Tercera Etapa: Una etapa de relanzamiento del sandinismo, de reivindicaciones, de renovadas victorias; pero asediada por nuevas formas de guerra.

La retoma del poder fue además de la reafirmación de la fuerza del sandinismo, una declaración de que la semilla de la revolución estaba viva y ávida de rebrotar, de crecer y convertirse en un árbol gigante. Los años en oposición sirvieron al sandinismo para madurar, para reinventarse, para convertirse en un partido político moderno, para prepararse en aquellos temas que en la primera fase fueron asumidos por dirigentes políticos o líderes guerrilleros sin experiencia, sin conocimientos técnicos especializados. De ahí que en esta segunda fase, el gobierno revolucionario ha dado un salto de calidad en el diseño de programas y proyectos sociales y económicos; planes de inversión de corto, mediano y largo plazo en el ámbito energético, infraestructura vial, telecomunicaciones, electrificación etc.; lo que le ha posicionado como una de los gobiernos más exitosos de América Latina. 

La ruta de desarrollo que lleva el país en 12 años de gobierno sandinista, lo posicionan como uno de los gobiernos más exitosos en su lucha contra la pobreza, en el crecimiento económico y como uno de los países con mayor seguridad a nivel latinoamericano y mundial. Durante estos años de gobierno sandinista, ha habido cambios significativos en indicadores sociales de pobreza, salud y educación, infraestructura. Datos del INIDE, reflejan que la pobreza general pasó de 48.3% en el 2005 a 24.9% en el 2016, es decir que se redujo en un 23.4%. La pobreza extrema en esos mismos años, pasó de 17.2% a 6.9%; con una reducción de un 10.3%. Se han construido 2,500 km de carretera y la cobertura eléctrica se ha ampliado en un 42.5%, pasando de 54% en 2005 a 96.5 % en 2018. En materia social, se restituyó la gratuidad de la educación y la salud, se han construido 18 nuevos hospitales y una enorme cantidad de escuelas; lo que constituye un hito para países en vías de desarrollo.

La estrategia del gobierno revolucionario en las áreas económica y productiva, ha generado una mayor distribución de la riqueza y del capital productivo para desarrollar una economía popular autosuficiente. Nicaragua ha impulsado con fuerza la agricultura familiar, logrando alcanzar la autosuficiencia en términos alimentarios, ya que produce entre el 80 y 90% de los alimentos que consume la población; muy por encima de la mayor parte de los países del área centroamericana.

A pesar de los enormes avances en el ámbito económico y social, del clima de estabilidad y paz, de la concertación permanente con los sectores productivos, del diálogo y consenso con la empresa privada, y de la declaración abierta de un modelo cristiano, socialista y solidario; en abril del 2018, se gestó un intento de golpe de estado, el cual fue repelido por las fuerzas sandinistas. La casuística intrínseca, nos lleva a la conclusión que el gobierno sandinista fue víctima de su propio éxito, de sus avances y victorias. Es obvio que, para los adversarios del sandinismo, todos estos avances no son para nada halagüeños; sobre todo porque posiciona al sandinismo y lo convierte en una fuerza invencible y monolítica.  Las victorias y logros del sandinismo, han relegado a la derecha a un lejano segundo plano, la han fraccionado y la han llevado hasta su casi auto-extinción.

Las enormes ansias de poder y su egoísmo, han llevado a la oligarquía a peleas internas, divisiones y contradicciones insuperables.  En este escenario de profundas contradicciones, la retoma del poder por medios democráticos, es decir a través de elecciones, se vuelve un camino cuesta arriba y sin doble tracción. La única manera de frenar los avances del sandinismo, es desestabilizando el país, destruyéndolo y desprestigiando al gobierno en el ámbito internacional. Llevar al país a un caos y culpar al gobierno, justifica un cambio brusco de gobierno, disfrazando de “lucha democrática” lo que en realidad fue un intento de golpe de estado a ultranza.

La violencia desproporcionada, la irracionalidad, el vandalismo, los crímenes aberrantes y el derramamiento de sangre inocente; han sido algunos de los efectos más perversos, que para los aplicadores del golpe y sus aliados; son “efectos colaterales o necesarios”. Los medios de comunicación de ultraderecha, con el apoyo de medios internacionales reaccionarios, montaron las más burdas mentiras, crímenes atroces (que luego fueron achacados al sandinismo), escenas de terror y tortura, en el marco de una gigantesca trama destinada a aislar al gobierno sandinista y crear corrientes de opinión en su contra.

A través de una compleja red de actores, instituciones, medios de comunicación, organizaciones no gubernamentales y organismos internacionales (todos comprados, preparados y financiados por el imperialismo yanqui); se pretendió forzar un cambio de gobierno, utilizando grupos delincuenciales, pandilleros, mareros y falsos patriotas, para destruir el país y crear un clima de guerra civil. Todo esto contó con la venia y el apoyo directo las clases elitista y de cúpula de la Iglesia Católica, y expuso a Nicaragua al escrutinio permanente, al escarnio de gobiernos títeres de la derecha latinoamericana y a acusaciones infundadas de falsos defensores de derechos humanos. La aplicación de medidas económicas y políticas, fue y sigue siendo usada como mecanismos de presión en el afán de lograr una dimisión anticipada del presidente Ortega y el desmantelamiento del sandinismo.

La intentona de golpe nos agarró en una zona de confort, confiados de que los avances del proceso revolucionario y el éxito de los programas y proyectos económicos y sociales; eran garantía suficiente de estabilidad, paz y concordia. Nos emborrachamos de triunfalismo, nos henchimos de victorias y nos agarraron como diríamos en buen nicaragüense: jugando trompo en la cuadra, chupando paleta en el parque o bebiendo cacao en una mecedora.

La enorme conciencia revolucionaria, sumada a un liderazgo estratégico, experimentado y a una estructura organizacional consolidada y disciplinada; logró sacar a flote al gobierno revolucionario y desmontó la intentona de golpe. La vieja guardia del sandinismo fue sin duda clave en el desmontaje del golpe (a pesar de haber sido relegada en estos años a un segundo plano); dando una lección de humildad y gallardía, que merece quizás un análisis aparte.

La intentona de golpe sirvió para despertar al sandinismo de su hibernación, para entender que el imperialismo no duerme, que la oligarquía vendepatria afila sus garras en la oscuridad de la noche y que debemos estar alertas, activos, en permanente preparación y movilización; si queremos preservar nuestra revolución, nuestras conquistas. El desmontaje de la intentona de golpe, no significa un jaque mate ni el final de los esfuerzos de los detractores del sandinismo; hay que estar atentos a sus sucias estrategias desestabilizadoras, a sus movimientos perversos y a las mentiras que seguramente seguirán lanzando a los cuatro vientos.

Las lecciones aprendidas y la transformación del águila

Se cumplen ya 40 años y debemos continuar haciendo transformaciones si queremos sobrevivir y crecer, deponiendo aquellas actitudes, estilos de liderazgo, formas de actuación, vicios y costumbres que nos impiden acelerar los cambios, que nos atan al pasado, que enlentecen nuestro avance, que detienen nuestra marcha, y que desvirtúan nuestra razón de ser y de vivir. Estas transformaciones, son extensivas al ámbito político, laboral, comunitario, familiar y existencial.

La mayor lucha se libra hoy en el campo de las ideas y debemos estar listos para ella, debemos fortalecer nuestros ideales, confiar en nuestro liderazgo y no dejarnos amedrentar. Lo más difícil no es luchar contra nuestros detractores, sino contra nuestros propios temores y dudas. Debemos rescatar el ideario de Sandino, las enseñanzas de Carlos, la firmeza de Tomás, la sencillez de Pomares. Debemos revisar nuestras actuaciones para entender nuestras debilidades, errores, deficiencias y desde una profunda, humilde y constructiva autocrítica; desarrollar nuestros valores, fortalecer nuestros principios y renovar nuestro liderazgo.

En nuestras organizaciones, ministerios, centros de trabajo, sindicatos, no podemos permitir o dejar pasar errores que desprestigien nuestro proyecto revolucionario; no podemos aceptar liderazgos autocráticos y verticales que avasallen a nuestros compañeros; no podemos callar si vemos despilfarro de los recursos del pueblo nicaragüense, no podemos aprobar que se use el poder para obtener prebendas o para escalar puestos inmerecidos; no podemos aceptar la arrogancia como práctica ni el maltrato como mecanismo de poder; debemos desprendernos de cualquier delirio de grandeza y actuar con la humildad que caracteriza al revolucionario.

En nuestros barrios y comunidades debemos fortalecer nuestra organización, nuestros grupos de discusión, socializar la información; aclarando la realidad que se vive en el país y desenmascarando cualquier nueva intentona del golpismo. De igual manera debemos estar atentos a que se usen los proyectos y programas de inversión social de forma adecuada y eficiente; que se beneficie a los más desfavorecidos. No podemos permitir que a través de los proyectos se obtengan cuotas de poder, que se compren voluntades, que se obtengan prebendas o que se cree un falso liderazgo. Debemos estar prestos a canalizar las demandas sociales, de forma adecuada, entendiendo el contexto, las capacidades de nuestro gobierno local y nacional. Debemos actuar con firmeza en la defensa de la propiedad pública, en el respeto a nuestros monumentos históricos, en el cuido de nuestros centros de recreación, en la limpieza de nuestras localidades. Debemos estar vigilantes y no permitir que en nuestras asambleas se cuelen falsos militantes que distorsiones nuestro trabajo, que puedan ser informantes del golpismo o que sean palomas en el día y vampiros por la noche.

Con nuestras familias, debemos cerrar filas, debemos estar en permanente discusión, estudio, análisis de lo que sucede a nuestro alrededor. Debemos inculcar a nuestros hijos y nietos, principios revolucionarios de humildad, sencillez, entrega por los demás y compromiso social; prepararlos como lo que son, nuestro relevo inmediato.

En lo general, debemos revisar nuestra forma de organización, debemos establecer parámetros mínimos que definan a un militante del Frente Sandinista, entregar el carnet de militante como un premio al esfuerzo, a la perseverancia, al ejemplo, a la madurez político-ideológica. Solo así, la militancia se convierte en un reto, en una meta y en un verdadero compromiso con el pueblo. La afiliación y membresía son importantes, pero la militancia es estratégica y clave para la madurez organizacional. En nuestras filas, debemos garantizar que no haya cabida oportunistas que se visten con ropa de revolucionarios cuando las peras están maduras y que retoman sus viejos hábitos cuando las peras están duras. En este sentido, las decisiones se vuelven transcendentales, ya que eliminan la carga innecesaria, los vicios, los errores y abusos de aquellos que hablan en nombre de la revolución, con la guatusa escondida en los bolsillos.

Para preservar nuestras conquistas y consolidar el gobierno revolucionario, debemos continuar abrazando el pensamiento de Sandino como base de nuestra ideología, el socialismo como filosofía y los principios cristianos y solidarios como parte de nuestra actitud ante la vida. El trabajo de hormiga en nuestras familias, en nuestros barrios y comunidades, en nuestras instituciones; debe partir de mejores estrategias de formación y educación política, del rescate de la experiencia de los viejos cuadros revolucionarios para que apoyen al liderazgo naciente, del uso de la autocrítica como práctica para el crecimiento y de la humildad revolucionaria como una actitud y forma de actuación.

A 40 años de revolución, el sandinismo resurge con mayor fuerza, con un liderazgo firme y estratégico, con un movimiento de masas tan diverso como aglutinador; en el que se entrelazan diversas generaciones de hombres y mujeres, que aman su revolución con alma, vida y corazón. Nicaragua está sufriendo una transformación vital y con un brillo más intenso y un dinamismo impregnado por el espíritu revolucionario; despliega sus alas y alza su vuelo hacia la historia.

#Julio40SiempreVictoriosos
#Nicaragua40Revolución
#SandinoSiempre

oaguimar28@yahoo.com

martes, 28 de agosto de 2018

¡La lucha continua!


Por Omar Aguilar M:

A pesar de que el país ha ido volviendo a la normalidad, todavía hay grupos de derecha que insisten en su lucha desestabilizadora, en aras de crear un clima de zozobra y hacer aparecer a Nicaragua como un estado enfrascado en una especie de guerra civil o con un clima social inestable. El frustrado golpe de estado, es sin duda una derrota para el imperialismo, la ultraderecha norteamericana y la derecha apátrida nacional. Se niegan a aceptar que al igual que en Cuba y Venezuela, en Nicaragua existe un gobierno que cuenta con el respaldo de una amplia mayoría, que está presta a defender todas las conquistas alcanzadas en estos últimos 11 años de gobierno.


Desde la OEA se han creado mecanismos e instrumentos inquisidores, parcializados, unilaterales y desprovistos de toda vergüenza, que inventan informes de una supuesta represión del gobierno sandinista y las autoridades de orden público; llegando a la desfachatez no solo de inflar el número de muertes, sino achacándole al sandinismo los asesinatos de sus propios partidarios, los que han sido perpetrados con saña y atrocidad por los grupos terroristas del golpismo. Todo en aras de justificar el intervencionismo en Nicaragua y tratar de imponer por la fuerza un gobierno de derecha pro imperialista y vende patria, en clara violación a la soberanía nacional y al derecho internacional; como lo hicieron en Brasil, Argentina, Honduras y Chile.

Las minúsculas marchas que cada semana organiza el golpismo, se van diluyendo en sí mismas y se han convertido en marchas por la vergüenza, y para no dejar de gastar y justificar los dólares manchados de sangre recibidos de los amos del norte. La llamada lucha de calles es ya solo una mueca grotesca y un reducto de “niños malcriados” que se niegan a aceptar la derrota infringida por un pueblo heroico, indoblegable, sandinista hasta los tuétanos y que respira paz hasta por los poros. Las  mentiras de los medios de comunicación, de los autodenominados defensores de los derechos humanos, de las ONG, la cúpula eclesiástica y la derecha pro imperialista han venido cayendo una a una y han perdido su eficacia a nivel interno y externo.

Durante el frustrado de golpe de estado, se han suscitado graves violaciones a los derechos humanos  y en la que han habido múltiples culpables y no solo los que están en las cárceles. Hay una cuádruple culpabilidad: la culpabilidad de los que organizaron la lucha criminal y financiaron a los criminales; la culpabilidad de los que ejecutaron los crímenes sin piedad y con inexplicable saña; la culpabilidad de los que mintieron, apañaron los crímenes y los justificaron en sus medios de comunicación y desde sus púlpitos; y la culpabilidad de los que se prestan a la mentira, defienden a los criminales y los hacen aparecer como víctimas.

Por todos estos crímenes, ninguno de los actualmente encarcelados y sus cómplices merecen estar libre, se hayan  arrepentido o no, sino por la saña y la crueldad con que actuaron en contra de su propio pueblo; aunque los mal llamados “organismos defensores de derechos humanos”, los líderes del golpismo, algunos líderes religiosos y la derecha contra-revolucionaria pidan clemencia, cuando no solo se hicieron de la vista gorda ante los crímenes y vejaciones de los que hoy defienden; sino que actuaron en abierta complicidad.

En esta lucha contra el terrorismo, el sandinismo se ha fortalecido, a partir de entender que solo juntos lograremos vencer definitivamente al golpismo y sus defensores. De la adversidad surge la verdad, se forja el carácter y se fortalece el liderazgo. Por muy amarga, cruel y dura que sea la adversidad, por muy fuertes que sean los golpes que nos da; siempre da momentos para el aprendizaje, para extraer lecciones de vida y para encontrarnos los unos a los otros. En estos meses, el sandinismo ha salido a las calles como una gran familia, bajo una misma consigna, con los mismos intereses y con una mística jamás vista. Hoy por hoy, el sandinismo es unos de los movimientos más fuertes y la mayor reserva moral de la izquierda latinoamericana y mundial, un ejemplo de dignidad, de lucha y convicciones inquebrantables; a prueba de fuego, de balas y de golpes sean estos suaves o duros.

Pero es temprano aún para entonar cantos de sirena, la batalla contra el “golpe suave” no ha terminado y hoy más que nunca el pueblo sandinista tiene que mantenerse unido y cohesionado,  en este nuevo escenario de  luchas de clases en el que la burguesía y el imperialismo pretenden arrebatarnos el poder. Debemos continuar nuestra lucha en las calles, denunciando los atropellos del golpismo y exigiendo justicia para las víctimas de las violaciones a los derechos humanos, de los torturados, de los muertos.

A nivel internacional, es imperante que la izquierda mundial y sobre todo la izquierda latinoamericana se cohesione, fortalezca la solidaridad y la lucha conjunta ante las amenazas que se ciernen sobre los gobiernos de izquierda.  En tal sentido, es clave que todo el liderazgo de los partidos de izquierda, los comités de solidaridad, dirigentes políticos de movimientos obreros, campesinos y estudiantiles; asuman la lucha de los pueblos de Venezuela, Nicaragua, Cuba y otros pueblos revolucionarios como propia, elevando las voces de solidaridad, condenando las acciones golpistas desestabilizadoras, la agresión del imperialismo y sus instrumentos injerencistas como la OEA, CIDH, Medios de comunicación, entre otros. La lucha es de todos, la izquierda debe funcionar como un solo movimiento, amplio, fuerte y cohesionado alrededor de cada uno de los pueblos que hoy sufren las agresión del imperialismo.

Para preservar nuestras conquistas y consolidar el gobierno revolucionario, debemos continuar abrazando el pensamiento de Sandino como base de nuestra ideología, el socialismo como filosofía y los principios cristianos y solidarios como parte de nuestra actitud ante la vida. El trabajo de hormiga en nuestras familias, en nuestros barrios y comunidades, en nuestras instituciones; debe partir de mejores estrategias de formación y educación política, del rescate de la autocrítica como práctica para el crecimiento, de la renovación del liderazgo como un principio evolutivo y de la humildad revolucionaria como una actitud y forma de actuación.

#NiUnPasoAtrás
#JusticiaParaLasVíctimas
#CarcelParaLosTerroristas
#NicaraguaQuierePaz.

oaguimar28@yahoo.com

sábado, 5 de mayo de 2018

Nicaragua no pasaran


Por Carlos Fonseca Terán: 
Ahora le tocó el turno a Nicaragua; un país con envidiable estabilidad en una región inestable y después de sucesivas guerras; con índices de crecimiento de alrededor del 5% en los últimos diez años; con altos índices de seguridad ciudadana; y según datos del PNUD, uno de los países latinoamericanos con mayor disminución de la pobreza y de la desigualdad social durante ese mismo período de tiempo, o sea desde que volvió el sandinismo al poder.



Durante poco menos de una semana, el país literalmente, ardió. El detonante fue una reforma al seguro social –ya derogada–, que consistía en aumentar levemente las cotizaciones a los trabajadores y en mayor medida a los empresarios, y establecerla para los jubilados. Otra medida fue hacer que quienes devengan salarios superiores a determinada cantidad, paguen sus cotizaciones conforme al total de lo que ganan y no solamente hasta un determinado monto, como ha sido hasta ahora. Esta última medida tuvo como objetivo disminuir las posibilidades de los empresarios de desangrar la seguridad social al reportar altos cargos fantasmas con enormes sueldos, para luego cobrar al sistema de seguridad social los beneficios correspondientes.

Pero el objetivo general del conjunto de medidas tomadas era resolver la crisis financiera del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), ocasionada por la mayor cobertura de la seguridad social y la mayor cantidad de beneficios que ésta otorga a los trabajadores. Esta fue la alternativa encontrada por el gobierno para no aplicar la propuesta del FMI, de aumentar la edad de jubilación y la cantidad de semanas requeridas para ésta, y eliminar las pensiones a víctimas de guerra y la pensión reducida a quienes teniendo edad de jubilación no hayan completado la cantidad de semanas, beneficio que fue implementado por el sandinismo al poco tiempo de haber regresado al gobierno en 2007.

Como puede verse, las medidas tomadas eran menos perjudiciales para los trabajadores que las planteadas por el FMI, las cuales habían sido respaldadas por los empresarios privados, quienes se manifestaron en contra de la reforma aprobada y que fue luego derogada; lo cual es normal, ya que los principales afectados eran los empresarios y quienes devengan altos salarios. Por tanto, no es de extrañar que ningún sindicato y ningún trabajador hayan salido a protestar, a excepción de los empleados de las grandes empresas privadas –a quienes por cierto, éstas no dejan sindicalizarse, obligados a marchar por sus patrones, los empresarios afiliados al Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP). Pero el protagonismo lo tuvieron varios grupos de estudiantes universitarios, sobre todo en algunas universidades privadas que reciben subvención pública para facilitar el acceso a ellas de jóvenes con escasos recursos. Las protestas comenzaron con pequeños piquetes organizados por jóvenes de clase media alta y clase alta, que de manera recurrente organizan ese tipo de actividades en contra del gobierno sandinista.

La variante esta vez fue que los enfrentamientos entre ellos y los jóvenes sandinistas de los barrios populares –llamados “turbas” por la derecha– generó un sentimiento de solidaridad en una buena parte del estudiantado universitario, que escaló la protesta colocando barricadas en la vía pública y enfrentándose a la policía con armas de fuego caseras, cuando ésta intentó despejar la vía.
Manifestante porta un arma de fuego casera similar a las vistas en las protestas de la derecha contra el chavismo en Venezuela. Foto: Reuters/Oswaldo Rivas.

Este fenómeno fue producto de la percepción generalizada de que la reforma afectaba a los trabajadores y a los jubilados, mientras que como contrapartida no hubo un proceso de discusión y apropiación de las medidas, lo cual hizo que los posibles defensores de la misma no supieran qué defender y por tanto, en su mayor parte no estuvieran motivados para hacerlo, lo cual fue un factor decisivo para la tardía respuesta del sandinismo políticamente organizado en los barrios e instituciones del Estado, y del movimiento social afín al sandinismo. Esto fue también en parte lo que motivó la participación en contra de la reforma, de grupos de estudiantes y jóvenes en general que asumían estar defendiendo reivindicaciones que consideraban justas, pero que ahora corren más peligro que nunca ante la correlación de fuerzas que habrá en el necesario diálogo nacional instaurado para ver este y otros temas; correlación que es producto, precisamente e irónicamente, de las protestas.

La confrontación fue en aumento, hasta que la situación se salió de control para las autoridades y proliferaron los enfrentamientos entre detractores y defensores, ya no tanto de las reformas, sino del gobierno sandinista, que ha contado durante los últimos ocho años con un respaldo popular invariablemente superior al 60%. Al fragor de la confrontación aparecieron armas de guerra y con ello, inevitablemente, los muertos de uno y otro lado, incluyendo policías, ya que hubo también armas mortales en manos de los grupos enfrentados a las autoridades. De igual manera, durante dos días seguidos proliferaron los incendios de edificios públicos, ataques a instituciones y saqueos a negocios privados, sobre todo supermercados, casi todo perpetrado obviamente, por el bando anti gobierno.

El Presidente Daniel Ortega se dirigió a la nación durante los dos días más violentos del enfrentamiento, primero para llamar al diálogo y luego, para anunciar la derogación de la reforma que motivó el inicio de las protestas. A solicitud de ambos sectores enfrentados, la Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica aceptó ser mediadora en el diálogo, aunque algunos obispos se han declarado abiertamente en contra del gobierno.

La situación volvió a la calma cuando el Presidente declaró que se derogaba la reforma a la seguridad social, para buscar otras opciones en el diálogo nacional. A continuación, pequeños grupos politizados permanecieron protestando, repudiando el diálogo y exigiendo la renuncia del Presidente, en aras de lo cual han permanecido incitando a la violencia desde los medios de comunicación controlados por ellos, y a través de éstos divulgando cifras falsas que aumentan cada vez más la cantidad de fallecidos en las protestas, para lo cual incluyen en sus listas a personas cuya muerte no tuvo nada que ver con los hechos violentos ocurridos, entre los que además se debe mencionar el hecho de que la delincuencia aprovechó la situación para atacar a las autoridades del orden público e incluso, fueron muchos los casos de enfrentamientos entre diversos grupos delincuenciales por el control de territorios; lo cual también ocasionó muertes, pero no hizo que la situación de violencia se prolongara, debido a que tales grupos en Nicaragua no tienen ni de cerca la capacidad organizativa y operativa de las maras, que son características de los tres países vecinos del Norte: Guatemala, El Salvador y Honduras.

Actualmente, la Fiscalía General de la República investiga los hechos para proceder a acusar formalmente a las personas que sean encontradas como responsables de las muertes ocurridas, y por iniciativa de la bancada sandinista en la Asamblea Nacional, ésta formó una Comisión de la Verdad integrada por personalidades de prestigio en el país, ajenas al conflicto. Sin embargo, en la percepción general tanto dentro como fuera de Nicaragua, se ha instalado el mito de que hubo una masacre estudiantil perpetrada por la Policía Nacional, lo cual es absolutamente falso.

Es posible que tanto las reformas en sí como el método para implementarlas no hayan sido lo mejor, pero no puede negarse que con ellas se intentaba frenar las políticas que pretende imponer al país el FMI con respaldo de la empresa privada, que precisamente por eso no respaldó las reformas del gobierno, apoyó las protestas e incluso, inicialmente pretendió condicionar su participación en el diálogo. Esto constituyó una ruptura temporal del mecanismo de consenso que se ha venido implementando con participación del gobierno, los sindicatos y el sector privado para definir cosas tales como los aumentos al salario mínimo, la política fiscal y demás aspectos de la vida económica y laboral del país.

Llama la atención que la escalada violenta se haya presentado simultáneamente en varias de las principales ciudades del país, y que se haya desarrollado con métodos similares en todas partes donde esto sucedió. También es llamativa la similitud entre estos hechos y el formato de desestabilización aplicado por el imperialismo en los países árabes. Es curioso ver a alguien como Ileana Ross-Lethinen y a toda la fauna ultraderechista norteamericana y latinoamericana respaldando lo que pretende presentarse como una protesta social en contra de políticas neoliberales.

Lo alucinante, sin embargo, es ver cómo algunos opinadores auto considerados de izquierda cierran filas en contra del sandinismo a raíz de lo sucedido, acusando al gobierno nicaragüense y al Presidente Daniel Ortega, de haber abandonado los principios revolucionarios, y presentando como los verdaderos sandinistas a los “renovadores” que renunciaron al socialismo y al antimperialismo a raíz del derrumbe soviético, y que no han dudado en acudir desde hace ya algún tiempo ante los sectores más reaccionarios del Congreso norteamericano a solicitar sanciones económicas contra Nicaragua.

Se acusa al gobierno sandinista y al Frente Sandinista de Liberación Nacional, de estar dirigido por corruptos, y se habla del surgimiento de una burguesía sandinista. Sin embargo, curiosamente la actual burguesía sandinista fue precisamente la que abandonó el FSLN y fundó el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), al cual se sumaron a mediados de los noventa la mayoría de quienes fueron los más altos dirigentes políticos y gubernamentales de la Revolución Sandinista en la década de los ochenta, y cuando el sandinismo perdió el poder fue este sector el que se apropió indebidamente de bienes públicos y se alió con la derecha gobernante, como continúan hoy respaldando a los candidatos más reaccionarios de la derecha en las elecciones, mientras atacan al FSLN por las negociaciones que hizo con un sector de la derecha cuando era oposición, y que era la única posibilidad de elegir magistrados y contralores debido a disposiciones jurídicas promovidas por los mismos “renovadores” a espaldas del pueblo y en alianza con otro sector de la derecha; pero ocultando el hecho de que el FSLN jamás ha ido a elecciones en alianza con ninguno de los dos sectores de la derecha en Nicaragua: la oligarquía de la que es aliada el MRS, ni el sector de la burguesía plebeya con el que años atrás el FSLN llegó a acuerdos sin los que el sandinismo no habría vuelto al poder; acuerdos que incluso, fueron criticados desde dentro del FSLN, pero sin que por ello quienes equivocadamente los criticamos dejáramos de apoyar al FSLN y sus candidatos en las elecciones siguientes.

Ningún burgués fue visto en las manifestaciones del sandinismo en defensa de la Revolución durante los reciente acontecimientos; en cambio, en las manifestaciones de la derecha era notoria la presencia entusiasta de la burguesía nicaragüense, inconfundible como en todas partes por su buena ropa “de marca”, sus pañuelos y gorras, sus caros lentes oscuros, sus refinados modales y en el caso de América Latina, su piel blanca heredada de los colonizadores que con el despojo a nuestros pueblos originarios, dieron origen a sus fortunas teñidas de la sangre indígena y del sudor de los esclavos, así como de los obreros y campesinos que en Nicaragua, con Sandino, levantaron la frente para siempre y para admiración de los pueblos del mundo, enfrentando a sus opresores de adentro y de afuera con valentía sin igual, como se disponen ahora a defender las conquistas revolucionarias, alcanzadas por el sacrificio de más de ochenta mil nicaragüenses caídos en la guerra de liberación contra el somocismo y en la guerra de los ochenta en defensa de la Revolución Sandinista, que hoy como ayer advierte al imperialismo y sus lacayos, que NO PASARÁN.
Carlos Fonseca Terán es militante del FSLN, hijo de su fundador, Comandante Carlos Fonseca
carfonter9@yahoo.com