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miércoles, 23 de septiembre de 2020

Chile una declaración lamentable

Por  Eduardo Contreras:

Los medios de comunicación del sistema reaccionario chileno se han encargado de difundir declaraciones francamente lamentables que habría emitido alguien a quien se conoce como parte de la Izquierda chilena acerca del proceso político venezolano. Tales dichos no tienen excusa alguna.

Ni siquiera por la circunstancia que quien las emitió, por razones del tiempo, ignore la campaña similar que durante la Unidad Popular y el Gobierno del presidente Allende realizaron en nuestro país la CIA y el gobierno de los EEUU de Norteamérica. Por supuesto con las diferencias propias de las características de los procesos de cada país y del tiempo que se vive, la situación es la misma. Porque igual acusaban a la UP y al gobierno de Allende de dictadura.

Aquel, el nuestro era un proceso de cambios profundos en la sociedad con todas las dificultades propias del período y al que los enemigos internos y externos acusaban entonces, como acusan hoy al gobierno venezolano, de las peores atrocidades. Todo a fin de crear el ambiente político nacional e internacional propicio para un golpe de Estado fascista como lo fue el del 11 de septiembre de 1973 en Chile.

Eso y no otra cosa es lo que busca hoy en contra del proceso venezolano el gobierno norteamericano, sus aparatos y agentes.

El dichoso informe de la ONU fue elaborado sin que la máxima autoridad de la Comisión respectiva se entrevistara con los representantes del gobierno venezolano.

¿Dictadura en un país en que existe un demente que se autoproclama presidente y nadie lo mete preso? ¿Será posible que alguien pueda creerle al Guaidó mafioso, vinculado a tenebrosos grupos y al que el gobierno de Washington reconoce como el verdadero primer mandatario?

¿Se ha preguntado alguien qué hubiera pasado bajo la dictadura de Pinochet si alguien se hubiera autoproclamado “presidente de Chile y desconociera al régimen del general?

Pero en Venezuela el espantajo se permite actuar del modo que le instruye otro espantajo, Trump. Y no le sucede nada de nada. Entonces afirmar que se viola los derechos humanos en Venezuela se corresponde solo con quienes están de parte de la campaña antidemocrática del gobierno de los EEUU.

Lo cierto es que alguien que mire de veras la realidad venezolana, con ojos propios y no de las agencias de prensa del sistema, jamás podría sostener que un sistema político con libertades y derechos, con instituciones y elecciones, es una dictadura.

Resulta imposible no recordar el ejemplo del gobierno del presidente Allende. Aunque no se haya vivido esos años, quien quiera que revise la prensa de la época, o lea los libros de historiadores democráticos terminará por comprobar que la campaña imperialista de hoy contra el gobierno de Venezuela, es tal y como lo fue en su tiempo idéntica campaña contra el gobierno de la Unidad Popular o contra el gobierno de Cuba. Y terminará por darse cuenta de la maniobra norteamericana.

Que en Chile comulguen con esa rueda de carreta diversos políticos que en su época se mostraban como de izquierda, hasta “revolucionarios”, políticos como los que hoy firman acuerdos con la ultraderecha fascistoide de nuestro país, es entendible. Es parte del libreto que se compraron hace ya varios años. De renegados del Allendismo y del Socialismo está lleno el mundo de los políticos criollos.

Pero no cabe el derecho a confundirse ni pisar el palito cuando se es de veras de Izquierda. La oportuna precisión formulada por el Partido Comunista de Chile ha salido al paso de cualquier intento por agredir al legítimo proceso democrático revolucionarios venezolanos.

eduardocontreras2@gmail.com

 

miércoles, 22 de julio de 2020

El líder y el topo



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
El fin de semana pasado se cumplieron 49 años desde la nacionalización del cobre. Colosal Iniciativa del presidente Salvador Allende que fuera aprobada por la unanimidad de los miembros de poder legislativo, en un tiempo en que los desacuerdos políticos eran extremos, tanto que más tarde nos condujeran al Golpe Militar de 1973. Hasta hoy, poco se entiende que se pudiera alcanzar aquel consenso parlamentario, desafiando todas las presiones de las grandes compañías mineras extranjeras, del gobierno de los Estados Unidos y de aquellos empresarios que temían que la Unidad Popular pudiera emprender otras estatizaciones que también se hacían necesarias.


La explicación es relativamente sencilla: primó el interés nacional y se impuso el verdadero liderazgo de un mandatario que había hecho de la recuperación de nuestro metal rojo uno de sus principales objetivos y compromisos. Estamos ciertos que la derecha de entonces se resignó a apoyar la propuesta de La Moneda, en reconocimiento de la inmensa popularidad que tenía esta decisión soberana, además de sufrir un descalabro electoral si se oponía a tan sentida aspiración. Lo propio aconteció con aquellos sectores que poco antes habían favorecido la “chilenización” del cobre, una verdadera entelequia destinada a atenuar la irritación de la Casa Blanca, la que –apenas asumido Allende- empezó a promover y financiar su derrocamiento.

Con esta efeméride se nos ocurre que esta nacionalización habla de un Allende líder y visionario, cuyas solidas ideas y consecuente vida pública lograron permear transversalmente a la política al grado que sus más feroces detractores tuvieran que brindarle apoyo finalmente a su iniciativa. Muy a regañadientes, sin duda, por lo que después de esta Ley se pusieran su derrocamiento porque ya veían prácticamente imposible vencerlo mediante el sufragio.

No hay duda que los grandes cambios siempre obedecen a procesos sociales y culturales, pero también a la existencia y férrea voluntad de los más lúcidos y legítimos representantes del pueblo, como sensibles intérpretes de la evolución histórica. De allí que los grandes líderes y conductores de perpetúen en la conciencia de las naciones y su prestigio trascienda a todo el mundo. Ejemplos de ello hay muchos, pero el caso de Allende es el más significativo no solo en Chile, sino de toda nuestra región.

A 49 años de aquel magno acontecimiento, desbaratado posteriormente por la dictadura cívico militar de Pinochet, el actual Congreso Nacional discute sobre la posibilidad de sustraerle apenas el 10 por ciento de los multimillonarios fondos en manos de las administradoras previsionales (AFP). A objeto nada más de que las abrumadas víctimas de la pandemia, del desempleo y el hambre puedan aliviar sus aflicciones y se pueda mitigar en algo la grave situación social y sanitaria del país.

No se trata, por supuesto, de nacionalizar o siquiera chilenizar las AFP como se hizo antaño con los yacimientos de cobre. Solamente se persigue echar mano a algunos recursos de ese inmenso patrimonio derivado del ahorro forzado de los trabajadores chilenos, en el que ha llegado a reconocerse como el más lucrativo negocio consumado después de que el estado chileno decidiera privatizar el sistema previsional con una ley concebida, como se sabe, por un hermano del actual gobernante. Dineros que no se necesitaría distraer si la clase política actual decidiera abrir las bien provistas arcas de nuestras reservas en el exterior, que contienen recursos más que suficientes para encarar la crisis sanitaria y emprender la plena recuperación de la economía nacional.

O si tuviéramos en La Moneda a un presidente de la estatura de Salvador Allende y no a un verdadero topo tan ampliamente repudiado por el pueblo, según lo señalan todos los sondeos de opinión pública. Quien que se aferra al poder valiéndose del estado de calamidad decretado por él mismo, a expensas también del temor que el coronavirus y la publicidad oficial le han impuesto a la población a fin de confinarla. Disponiendo de toda suerte de leyes y decretos ad hoc, pero sobre todo recurriendo a la represión de las FFAA y las policías que ofician de cancerberas del régimen vigente y de su ilegítima Constitución de 1980. En uno de los diez países más desiguales del planeta, con una concentración pavorosa de la riqueza y en el descubrimiento real, ahora, de aquellos millones de pobres por años ocultados por los gobernantes de toda la postdictadura.

Si; se dice que todos los seres humanos tenemos grandes similitudes con el reino animal. Incluso algunos creen que las mascotas terminan pareciéndose con el tiempo a sus amos, o viceversa. En las redes sociales circulan parecidos asombrosos al respecto, y no en vano ha habido gobernantes tildados de leones, perros, caballos y otras especies animales, además de las consabidas ratas que pululan habitualmente en la política.

En este sentido, Piñera a lo que más se asemejaría es ciertamente a un topo, un minúsculo mamífero que vive bajo tierra y que con la evolución natural ha perdido la vista y el oído, pero que con sus cortas patas hace gala de una voracidad inmensa, como que llega a comer por día el equivalente de todo su peso. De uñas poderosas y bien dotadas para cavar bajo tierra. Repugnante, como nos dicen otros, a pesar del respeto que le debemos a todas las manifestaciones de nuestra prodigiosa naturaleza. Incluso a la apariencia de un roedor que donde más le gusta vivir, según los biólogos, es los espacios subterráneos de Norteamérica. Especialmente de Estados Unidos, nos suponemos.

¡Vaya que distancia es la que se expresa entre un Allende y Piñera! Pero qué enorme asimetría se comprueba también entre los políticos de ayer y de hoy, aunque debemos reconocer que algo auspiciosamente está pasando con el quiebre de los partidos de derecha, la vertiginosa decrepitud del conjunto de estas y otras colectividades y las que podrían ser prometedoras decantaciones de las izquierdas. No es que el futuro de Chile esté a la vuelta de la esquina, por supuesto, pero tal parece insinuarse un buen porvenir en la rabia acumulada por el pueblo y el irrefrenable proceso de movilización social que se avecina.

Patético, por lo mismo, nos parece, que uno de los jefes de los partidos oficialistas haya invocado a su sector a “obedecer al presidente de la República, aunque éste sea feo, chico y tonto”. Lo que, más que indignación, irremediablemente nos ha producido hilaridad, pero también rubor por la suerte actual de Chile.
juanpablo.cardenas.s@gmail.com

sábado, 25 de abril de 2020

Un hombre de Pinochet



Por Eduardo Contreras:
Por estos días falleció en Chile un conocido político de las huestes ultra reaccionarias del país y por cierto  los medios de prensa del sistema y los líderes de la derecha y la centro derecha hicieron presente su pesar por la pérdida.

Se trata de Sergio Onofre Jarpa, agricultor, empresario, socio del lujoso Club de la Unión y de los no menos lujosos clubes de Polo y de Equitación. Para despejar toda duda nos parece necesario que se le conozca bien y por eso hago este recordatorio.


Fue en un programa de televisión del año 1973 en Chile, poco antes del golpe de Estado, que el entonces Senador derechista Sergio Onofre Jarpa, incapaz de defender sus ideas con argumentos, se levantó de su asiento y amenazó y trató de agredir a Orlando Millas Correa, Diputado y dirigente del Partido Comunista que argumentaba en favor del gobierno del Presidente Allende y la Unidad Popular. Fueron imágenes inolvidables, que dan cuenta del tiempo que se vivía, un símbolo de la época  y de lo que ha sido realmente la derecha chilena y el personaje en cuestión. 

Jarpa ha fallecido a sus 99 años; se ha ido uno de los personajes más característicos de las organizaciones antidemocráticas chilenas. Su pasado lo muestra nada menos que como Ministro del Interior del dictador Pinochet y líder del llamado Partido Nacional luego de su paso por otras tiendas políticas, incluido el Agrario Laborismo, cuya tendencia y muchos de cuyos militantes dieron cuenta de una indudable cercanía con el fascismo.

No fue raro entonces que figurara desde comienzos del gobierno popular de Allende en Chile en 1973 como uno de los principales conspiradores, fue toda una figura de la sedición. Por eso pareció normal que Pinochet, apenas el golpe, lo haya nombrado de inmediato su Delegado ante Naciones Unidas y más tarde, en 1976, embajador en Colombia y en 1978 en Argentina.

Pero su mayor participación en la tiranía y que marca su presencia en el campo de los violadores de derechos humanos, fue su designación por el dictador como su Ministro del Interior entre los años 1983 y 1985, un período de grandes jornadas de protesta del pueblo chileno y también de brutales represiones que causaron decenas de asesinados, desaparecidos y centenares de heridos. En el poder político era el número 2, inmediatamente después de Pinochet y, de consiguiente, era el número 2 de la CNI, el sangriento aparato represor de la dictadura.

Precisamente por esa responsabilidad penal en los delitos de lesa humanidad perpetrados en Chile es que el año 1999 el juez español Baltasar Garzón dictó una orden de aprehensión en contra de Onofre Jarpa. Una orden jamás cumplida.

Esta es la verdad que hoy no se muestra en el país. Esa y no otra es la condición y calidad del sujeto al que a estas horas mientras escribimos estas líneas un buen número de individuos le rinde honores. Honores a uno de los hombres de Pinochet, a uno de los gobernantes de la peor dictadura de la historia de Chile. “Ha muerto un grande” gimen los dirigentes del Partido Nacional

Finalmente, creo que tampoco debemos olvidar otro hecho relativo al personaje. Y es que, terminada la dictadura, Jarpa fue elegido de nuevo Senador. Era el año 1990 y, muy poco después habría de ser felicitado por el nuevo Presidente de Chile, el líder demócrata cristiano Patricio Aylwin, quien le agradeció su colaboración en distintos aspectos de la gestión del nuevo gobierno. Curioso……En todo caso ese cálido encuentro entre ambos políticos da cuenta de la conducta política del entonces Presidente y ratifica lo que desde sus inicios ha sido esto que han dado en llamar “transición a la democracia……..” en que se han dado la mano la ultraderecha, la derecha y la centro derecha.
eduardocontreras2@gmail.com

lunes, 4 de noviembre de 2019

Chile: Lecciones provenientes de la rebelión popular contra el maldito patrimonio de Pinochet



Por Bruno Lima Rocha:
Al escribir estas líneas, la rebelión del pueblo chileno en 2019 completa 15 días. El desencadenante esta vez fue el anuncio del aumento de los boletos de metro en Santiago de Chile, conocido como Transantiago, de extensión metropolitana. Como dice uno de los lemas de lucha, de los millones que enfrentan la batalla represiva de la Fuerza de Carabineros, las tropas del Ejército y la Armada, "no es por treinta centavos, es por treinta años".



Por lo tanto, tiene raíces muy profundas que se remontan a la transición negociada después de la dictadura luego del golpe de estado del 11 de septiembre de 1973, derrocando al gobierno de la Unidad Popular con el médico socialista Salvador Allende a la cabeza. También se remonta a la democracia liberal posterior a Pinochet, donde los fundamentos de la vida en la sociedad y el modelo del capitalismo siguen los del tirano y sus secuaces, incluidos los notorios Chicago Boys, amigos y socios del triste ministro de Jair Messias, el especulador y ex Socio de BTG Pactual, Paulo Guedes. Desafortunadamente, el país del Jefe Lautaro y la nación mapuche, de los mártires de la masacre minera de 1907 en Santa María de Iquique, de los más de 11000 muertos y desaparecidos en la dictadura, vive una doble malicia como estado poscolonial.

Los dos problemas en la economía política de la dominación chilena.

El primer problema es común a toda América Latina y es la condición dependiente, subordinada y periférica. Al contrario de lo que afirma el neoliberalismo, Chile no es una economía compleja, todavía depende de las exportaciones de cobre, pero está muy privatizada. Como todos nuestros países, en mayor o menor medida, vivimos bajo el dominio interno de las élites oligárquicas, advenedizas y de rendición. Gente mediocre, aunque bien articulada con fracciones de poderes hegemónicos globalizados, específicamente en el bastión del imperialismo que nos toca directamente y que, en general, no tiene ni un ápice de pertenencia a su tierra y a los pueblos que la habitan. En este sentido, Chile es con sus especificidades, otro ejemplo más de mutt, rendición, gorilismo militar y complejo de ventas nacionales. Nada nuevo en el frente. Pero allí el modelo neoliberal se profundizó.

Este es el segundo problema. Toda la rutina es muy costosa (debido a la privatización y la falta de protección incluso en la salud pública), las tasas reales de costo de las condiciones de vida son altas y prácticamente no hay una red de seguridad social. No importa si el país crece un promedio de 2.5% por año si este pastel no se divide, la esperanza de vida y la noción de "felicidad" es todo lo contrario. La educación superior se paga (incluso cuando son instituciones públicas) y no hay cobertura universal de salud. Los salarios se reducen, las leyes sobre el derecho al trabajo son frágiles (rompiendo el poder de los sindicatos, la "reforma laboral" y la "libertad económica" implementadas en Brasil en su carril de la derecha) y aproximadamente el 40% de la población se concentra en Capital y región metropolitana

La aglomeración metropolitana es común en nuestros países, pero hace que las redes y las corrientes de riqueza abandonen los territorios que abundan en las capas superiores de poder compuestas por elites empresariales y políticas de tipo asociadas con el capital transnacional. La dictadura transformó un país industrial y una zona de servicio, con abundante presencia de conglomerados transnacionales.

En Chile, como en Brasil, el 1% más rico obtiene el 25% del ingreso nacional. No hay una sociedad moderna para apoyar esto. ¿Cómo es posible que una sociedad sea saludable cuando la condición normal es el desencanto, junto con la lucha desesperada por la supervivencia, más allá de la certeza de la mayoría, que no tendrá una vejez tranquila? Es una sociedad "metamorfoseada" como Estados Unidos, con la única excepción del poder de la superpotencia frente a la disminución del PIB y la posición de Chile en el sistema internacional. Si la influencia de los valores individualistas no fue suficiente como señal de "éxito" en la tierra de Violeta Parra, la situación es muy sencilla, sin "hipocresía". El estado aún controla algunas de sus exportaciones de cobre y se utiliza para asegurar la jubilación total bajo un sistema público de seguridad y fuerzas militares. Así, la riqueza nacional garantiza la represión antipopular a instancias de las élites civiles (y también de las conspiraciones del generalato) que evidentemente son antinacionales.

Para la mayoría, queda por tratar de sobrevivir con las Administradoras de Fondos de Pensiones (las notorias AFP), pasando de la educación pública a la "precaria", que a menudo incluye la deuda a la educación superior, después de vivir con un salario mínimo y múltiples trabajos por venir. hasta la jubilación con menos de un salario mínimo. En este caso, gastando casi todo en medicina, pesando en el presupuesto familiar, convirtiendo al país de Víctor Jara y Miguel Enríquez en el triste campeón latinoamericano de la depresión y el suicidio de los ancianos.

Democracia y resistencia post-Pinochet
Después de casi 30 años de democracia formal, Chile todavía vive bajo los auspicios de una legislación antiterrorista, que sustenta el texto aprobado en Brasil, aún en la administración Dilma, que, en la práctica, implica criminalizar la lucha social y sus diversas formas. de protesta Y como sucedió a principios del siglo XX en nuestro continente, la represión social no impide la lucha, pero la agudiza. Un régimen "democrático", custodiado por los carabineros (policía militar nacional) y aplastado por el abismo de la desigualdad, no puede reclamar mucho. Al contrario Por lo que intentan pasarnos, existe una cultura de rebelión en Chile y esto se debe a algunos factores muy relevantes. Creo que pasa por las raíces de los vecindarios 'pobladores', equivalentes a las periferias donde las condiciones de vida son precarias y la urbanización es casi inexistente, como foco de resistencia contra la dictadura y el fortalecimiento en la década de 1980. Esta década también marcó el regreso del movimiento secundario, que nunca cesó, creando las condiciones de lucha de la Rebelión de los Pingüinos (abril a junio de 2006, bajo el primer gobierno de Bachelet); como la segunda rebelión estudiantil (abril-diciembre de 2011, primer gobierno de Piñera).

Los Carabineros, además de ser odiados en las afueras y en los centros de estudiantes, también tienen la función tenebrosa de contener la pasión popular, dada la participación de los mayores fanáticos del fútbol organizado de Chile en la lucha popular. Blanca Claw Colo Colo; Los de Abajo de la Universidad de Chile y Los Cruzados de la Universidad Católica se alinean en marchas de protesta en Santiago, poniendo contingentes de más de 10,000 partidarios contra la represión y los derechos sociales.

Otro frente irreductible con una increíble capacidad de nacionalización, que se convierte en miembro de la capital y de las dieciséis regiones administrativas de Chile, es la lucha mapuche. La nación que defiende el territorio de la Araucanía (ampliada) inunda el sentido de defensa anticolonial, luchando por descolonizar la conciencia y la defensa absoluta de los biomas. El jefe de esta nación anunció a principios de la rebelión de 2019 que aceptaría entrar en un proceso constituyente (la Constitución de Chile data de septiembre a octubre de 1980), desde que el texto de la tiranía apenas se transformó en la reforma de 2005. Los territorios de todos los pueblos nativos del país pasan por el mismo drama que otros pueblos indígenas, quilombolas y tradicionales, siendo atacados por compañías mineras de "reforestación", especulación bienes raíces y hoteles, así como intentos de destruir sus condiciones más concretas de reproducción de la vida de acuerdo con su base cultural. El país de Raúl Pellegrin tenía lenguas indígenas muy fuertes y aún tiene profundas raíces originales. Dada la escasez de posibilidades dentro de la distopía capitalista, se refuerza la idea de defender el territorio y sus biomas como una forma de vida y supervivencia.

Para los mapuche, las naciones indígenas y la gran mayoría de los más de 18 millones de chilenos, no hay buenas perspectivas fuera de la lucha colectiva y popular. No hay forma de gobernar sin el mínimo de condiciones materiales inmediatas y expectativas del futuro. Y eso, el neoliberalismo no lo sabe y no quiere asegurarlo.

Traidores, pinochetistas e insurgentes
Gran parte de lo que está sucediendo hoy está más allá de las políticas antisociales de los gobiernos de Piñera (2010-2014 y actuales), que se dirigen al caos y que han fusionado dos términos con Michelle Bachelet (2006-2010 y 2014-2018). Al igual que Macri (presidente desde 2015) en Argentina, Piñera no ha prometido nada diferente de lo que está haciendo. Era evidente que la vida se volvería más difícil, con una mayor represión y desesperación social. El problema no es solo que lo correcto sea lo correcto, sino los gobiernos socialdemócratas y social liberales que no han hecho nada o casi nada. Patricio Aylwin (1990-1994, PDC), Eduardo Frei (1994-2000, PDC), Ricardo Lagos (2000-2006, PPD) y Michele Bachelet (2006-2010) todos miembros de la Concertación (Coalición dirigida por la Democracia Cristiana del PDC) y socialistas del PS, secundados por | "demócratas y liberales"). Ellos gobernaron durante veinte años sin tocar las estructuras estatales que quedaron como un legado del legado maldito de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). La tiranía gobernó junto a DINA (policía política que también operaba en el tráfico de drogas) y sus socios Chicago Boys, de la economía neoclásica de Milton Friedman, cuya versión brasileña es el ministro de Economía de extrema derecha que llegó al poder a través del clan Bolsonaro y el generalato La "democracia" continuó reprimiendo sin piedad, dando cartabineros carta blanca, militarizando los territorios indígenas, desaparecidos, presos políticos y mucha, mucha concentración de ingresos.

En defensa de la herencia de Pinochet en 1983, liderado por facinoras como Jaime Guzmán (uno de los autores de la Constitución de Pinochet, senador y profesor de derecho del católico, justificado por un comando rodriguizta en abril de 1991) y Andrés Chadwick (primo de Piñera y el ministro del interior que autorizó la masacre de este año antes de ser derrocado), los sociópatas conservadores crearon la Unión Democrática Independiente (UDI), que es el partido pinochetista por excelencia. Como heredero del golpe de estado por excelencia, el antiguo Partido Nacional, se creó en 1987 la Renovación Nacional (RN), leyenda de Sebastián Piñera. Señalo que ambas partes convocaron a Sí a Pinochet en el referéndum de octubre de 1988, cuando No a Pinochet ganó por 55.99% a 44.01%. Por lo tanto, al afirmar la transición, las fuerzas políticas aceptaron la coexistencia pacífica con los partidarios genocidas civiles, torturadores y violadores.

El notorio golpe de estado contra el gobierno constitucional de Salvador Allende (1970-1973) al frente de la Unidad Popular también mató, además de más de 11,000, un acuerdo social que sería mínimamente estable, solidario y económicamente regulado. La economía chilena, basada en la cooperación, con fuertes empresas estatales, la industria nacional y la presencia de sectores públicos, fue prácticamente aniquilada al igual que los organismos en el Estadio Nacional. La respuesta también es muy evidente. La noción de seguir en rebelión está muy galvanizada en la juventud chilena de varias generaciones. Destacamos el papel fundamental de las fuerzas insurgentes contra la dictadura, como el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR chileno), el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR hasta 1999 que comienza como el brazo armado del PC chileno y gana autonomía en la transición) y el Movimiento Juvenil. Lautaro (MJL o MAPU Lautaro, izquierda de la izquierda cristiana de MAPU).

A pesar de estar en una posición aislada desde la década de 1990, dejaron el legado de la resistencia y no aceptaron la "coexistencia pacífica" con los socios de Pinochet y Manuel Contreras (este último, coronel al frente de DINA, criminal de daña a la humanidad y a los narcotraficantes). El legado de las fuerzas insurgentes se arraigó en la lucha estudiantil y popular, en la posición de valor permanente (convirtiéndose en una característica de la militancia chilena). Hay una posición orgullosa, rebelde y libertaria de antemano en esta militancia del siglo XXI, una cultura política que proviene de la década de 1980 y continúa prevaleciendo. El estado y sus oligarquías duplican las apuestas y la gente repele el ataque.

Del golpe de estado al post-estado de excepción
El golpe de 1973 dejó profundas marcas, estructuras corporativas crueles y heridas lejos de la curación. Es necesario estudiar y aprender de y de los procesos históricos. A pesar del heroísmo del médico, era obvio que ni el Departamento de Estado (aliado del ejército de rendición, llamado "vender patria" en español) y menos aún la oligarquía chilena permitirían una "transición pacífica" al socialismo. Por el contrario, han promovido el terrorismo de Estado y tales instituciones continúan perpetuando la represión social generalizada, marcada en el Estado de Excepción Piñera (que duró del 19 al 28 de octubre de 2019) y el toque de queda que respalda a los carabineros que barbaron las periferias

Dado este diseño social y la impotencia de los gobiernos cambiantes (independientemente de si son de derecha o izquierda), cada generación de jóvenes chilenos deja en claro que el modelo no cambiaría por la "buena voluntad" de los controladores de riqueza del país y sus jefes. externo. Agregue agitación social al racismo anti-indígena, que ha sido frustrado por el consumo frustrado y la memoria histórica del pinochetismo, siempre vivo frente a la hambruna y la desesperación por cerrar el mes a las familias de bajos ingresos.

Podemos comparar el momento chileno actual con otros episodios latinoamericanos bajo la democracia oligárquica. Pienso en el Caracazo venezolano y el Estallido social argentino con hiperinflación, desde el final del Plan del Sur. En Chile, además de la explosión popular, también hay una incidencia de movimientos sociales organizados y la izquierda más a la izquierda dentro y fuera del espectro electoral. Sería apropiado aprender de las capacidades organizativas de las personas en lucha y buscar instituciones sociales permanentes, como asambleas territoriales y frentes de lucha entre diferentes sectores.

Hay muchas expectativas en la conquista de una nueva Asamblea Constituyente con una red pública gratuita de protección social. Por supuesto, tal movimiento sería un avance considerable, pero toda la energía puede dar lugar a ilusiones institucionales si la legislación absurda represiva y privatista no se elimina de inmediato. Si esto sucede, acompañado de medidas de emergencia para mejorar las condiciones materiales de vida y la victoria ocasional puede obtener otra forma. Desde todos los ángulos se observa la lucha chilena, es una lección histórica. Tanto por la capacidad de respuesta de los luchadores como por la bondad amorosa del estado poscolonial en la lucha represiva, que causó docenas de muertos, personas cegadas por disparos "no letales", sin mencionar la violación y las mujeres desaparecidas.

. Los días de octubre de 2019 en la tierra de Paylacar y las Guerras de Arauco han tenido y tendrán efectos en toda América Latina.
blimarocha@gmail.com.

miércoles, 3 de abril de 2019

Fuera Yankies de Venezuela y América Latina



Por Manuel Holzapfel G.:

Recuerdo la mañana del miércoles 12 de septiembre de 1973 en Temuco, junto a mi abuela, escuchando las noticias en la radio. De fondo marchas militares y el locutor exaltando el golpe ejecutado el día anterior por las fuerzas armadas. Sus palabras me quedaron grabadas para siempre: “saludamos la gesta libertaria del glorioso ejército de Chile, que ha salvado al país de la dictadura marxista”, clamaba eufórico. “Nos informan, que avanzan camiones por la Avenida Caupolicán cargados con gas, azúcar, harina y toda clase de alimentos. Ha terminado la escasez y el hambre en la que nos tenía sumidos el gobierno de la Unidad Popular”, exclamaba jubiloso. Parecía un milagro que en menos de 24 horas, el comercio de la ciudad estuviera abarrotado de mercadería. El mismo prodigio ocurrió en todo el país.   


Con 12 años recién cumplidos, sabía muy bien que no había tal milagro. Vi muchas veces que en las casas de amigos de familias de derecha tenían de todo. Me asqueaba verlos colmar de azúcar sus tazas de té y engullir el pan con mantequilla, queso y jamón, mientras vociferaban que “estos upelientos nos tienen muertos de hambre”.

Después vino lo peor: asesinatos masivos, cárcel, tortura, desapariciones, exilio y la implantación de un modelo de acumulación capitalista, que convirtió a Chile en uno de los países más desiguales del mundo. El genocidio fue el precio que el pueblo chileno pagó para que el imperialismo norteamericano, autor intelectual y financista del golpe militar, recuperara el cobre que Salvador Allende había nacionalizado, destruyera el proceso de la vía chilena al socialismo, y la minoría oligárquica del país, recuperara sus granjerías y privilegios de clase. En sus últimas palabras Allende apuntó claramente al imperialismo, al capital foráneo y a la reacción como los instigadores de la desestabilización del gobierno de la Unidad Popular y del golpe.

Hoy, 46 años después, somos testigos de la misma infamia del imperio en Venezuela. El libreto es el mismo utilizado en Chile, y con algunas diferencias menores, en Irak, Libia y Siria, país donde gracias a la intervención de Rusia, han debido salir con la cola entre las piernas. En Venezuela, el botín es infinitamente más suculento que en Chile. Por ello, no escatiman esfuerzos para destruir la Revolución Bolivariana y lograr apoderarse de las mayores reservas de petróleo del planeta, del oro (segundas mayores reservas del mundo), diamantes, hierro, bauxita, cobre y coltán, entre otros muchos recursos.

La voracidad de Estados Unidos es directamente proporcional con su deuda de casi 20 billones de dólares, que representa la tercera parte de la deuda global de 63 billones de dólares. Con una deuda impagable y el avance inexorable de China para constituirse en primera potencia mundial, al imperialismo sólo le queda como alternativa la guerra para apoderarse de los recursos naturales de otros países. China está superando en todos los terrenos a Estados Unidos, que trata inútilmente de apuntalar un capitalismo que enfrenta la peor crisis de su historia.

El presidente de China, Xi Jinping, ha señalado que “la historia ha probado y continuará demostrando que solo el socialismo puede salvar a China” y que el Partido Comunista constituye el supremo liderazgo político del país. Lo anterior demuestra, que a diferencia de lo que muchos piensan, la contradicción entre Estados Unidos y China, no es de carácter Inter capitalista. La contradicción sigue siendo entre capitalismo y socialismo, y es importante tener claro, que la asonada imperialista en Venezuela, forma parte de esa contradicción principal. Las recientes declaraciones del secretario de Defensa de Estados Unidos, Patrick Shanahan son elocuentes, en este sentido, cuando señaló que el objetivo fundamental del presupuesto 2020 de las fuerzas armadas norteamericanas es “China, China, China”. Lo repitió tres veces para que no quedara duda alguna. 

Para lograr concretar su campaña de rapiña en Venezuela, Estados Unidos cuenta con el apoyo incondicional de la banda de corruptos y rastreros del Grupo de Lima, entre los cuales destaca el magnate y presidente de Chile, Sebastián Piñera. A ello se suma una campaña mediática planetaria de desinformación y mentira que en Chile ha sido constante y perniciosa. Desde los matinales, programas de farándula a los noticieros, la operación contra Venezuela no permite descanso. Periodistas y conductores radiales y de televisión, por ignorancia o simple oportunismo, repiten como papagayos el libreto informativo impuesto por el imperio. Atacar a Venezuela, se ha convertido en algo de buen tono, en credencial de buena conducta, en una especie de deporte nacional, que practican obedientemente, políticos, periodistas, rostros televisivos y cantantes de cuarta categoría.

Los mismos hipócritas callan frente a la represión sistemática del Estado chileno contra el pueblo mapuche y la crisis humanitaria en Yemen donde 14 millones de yemeníes sufren hambre y 85 mil niños menores de cinco años han muerto de desnutrición. Una guerra civil de casi cuatro años, que tiene como protagonista a Estados Unidos apoyando a la coalición militar liderada por Arabia Saudita. Nada dicen Almagro, Piñera, Duque, Macri, Moreno y Bolsonaro de los 160 dirigentes sociales asesinados en menos de un año en Colombia ni de los más de 200 mil asesinatos y 40 mil desaparecidos en México desde que comenzó en 2006 el genocidio disfrazado de guerra contra el narcotráfico, promovido por Washington. Sólo en enero de 2019 hubo 2.853 asesinatos y los “artistas” del imperio Bosé, Sanz, Juanes, Guerra, Montaner y demás mequetrefes, callan servilmente.

Sin asco, se han puesto al servicio de Estados Unidos, que más que un estado, es la mayor organización criminal del planeta, que pretende convencer al mundo de su rol de gendarme de la democracia y la libertad. Estas “blancas palomas de la paz”, cuentan con 6.800 ojivas nucleares y más de 700 bases militares en 70 países. Lanzaron bombas atómicas en Hirochima y Nagasaki y han invadido e intervenido militarmente en México, Puerto Rico, Nicaragua, Cuba, Haití, República Dominicana, Guatemala, Honduras, Grenada, Panamá, Corea, Vietnam, Somalia, Afganistán, Irak (dos veces), Yugoeslavia, Pakistán, Yemen y Libia.
El prontuario de estos “campeones de la democracia” parece no tener fin, porque también financiaron y participaron directamente en los golpes militares de Venezuela (1948 y 2002), Paraguay, Guatemala, República Dominicana, Brasil, Argentina (1966 y 1976), Bolivia, Uruguay, Chile, El Salvador, Panamá, Perú, Haití y Honduras.

Ése es el doble rasero del imperio que montó el show de Cúcuta para entregar una supuesta “ayuda humanitaria” de 20 millones de dólares a Venezuela, en circunstancias que las pérdidas producto de las sanciones que le ha impuesto a ese país, ascienden a 20 mil millones de dólares anuales. El objetivo real era crear las condiciones para invadir, y la intentona criminal contó con la complicidad directa de los nuevos guaripolas de Donald Trump: los presidentes de Colombia y Chile, Iván Duque y Sebastián Piñera. Es el accionar gansteril, de los ejecutores del boicot eléctrico; de los patrones de los mercenarios que asesinan a diestra y siniestra sembrando el caos y destruyendo los estados que Washington considera un peligro para sus intereses. Así lo han hecho en Irak, Libia, Ucrania, Siria, Yemen y también en Venezuela.

La realidad objetiva demuestra que Estados Unidos, es la mayor amenaza para el planeta y la humanidad. Lamentablemente, en Chile los representantes del Frente Amplio, Boric, Jackson, Sánchez y la ex Concertación devenida en Nueva Mayoría, hacen la vista gorda y se suman por acción u omisión a la campaña del imperialismo contra Venezuela. La historia juzgará su cobardía y oportunismo.

coigue2@hotmail.com

martes, 10 de julio de 2018

CHILE… LA PLUTOCRACIA Y LA POLÍTICA


Por Eduardo Andrade Bone:
Se suele decir que los inicios de la política se remontan al neolítico, cuando la sociedad comienza a organizarse en un sistema jerárquico, en donde ciertos grupos o individuos adquieren poder sobre el resto. En este sentido se puede señalar que la política es una actividad orientada, que tiene un carácter ideológico en la toma de decisiones de un sector para alcanzar determinados objetivos para beneficio propio o colectivo. También puede definirse como una manera de ejercer el poder con la intención de resolver o minimizar el choque entre los intereses encontrados que se producen dentro de una sociedad y que suelen estar ligados al ámbito económico-social y al político.

Ahora la plutocracia no es otra cosa que una forma de oligarquía en la que una sociedad está gobernada o controlada por la minoría formada por los miembros más ricos de la misma. El concepto es habitualmente empleado en un sentido despectivo, para prevenir de los riesgos de un sistema de gobierno excesivamente influido por los estratos más acaudalados de una sociedad, cuyo funcionamiento puede verse excesivamente distorsionado por los miembros más ricos de una sociedad.

También se suele decir que la democracia, el gobierno del demo, es decir del pueblo, no tiene absolutamente nada que ver con el gobierno administrado por los grandes intereses económicos, que en realidad corresponde más bien a una plutocracia.

En el caso de Chile podríamos señalar que, a través de la mayor parte de su historia, ha sido gobernada por la plutocracia, con las excepciones del gobierno de Pedro Aguirre Cerda, los tres primeros años del gobierno de Eduardo Frei Montalva y el gobierno de la Unidad Popular, encabezado por la figura inmortal del presidente Salvador Allende.

Luego la plutocracia chilena mueve todas sus fichas con el objeto de recuperar el poder político y parte del poder económico, que les había sido arrebatado por la nacionalización del cobre, la reforma agraria y el paso de diversas empresas a lo que se llamó el área social de la economía del programa de la Unidad Popular, como las cuestiones más trascendentales del proceso de cambios que vivía Chile. De allí que la plutocracia con la ayuda de los Estados Unidos, el sector más conservador y reaccionario de la Iglesia Católica, el Partido Nacional (RN), la Democracia Cristiana, Patria y Libertad, junto a los grandes empresarios nacionales, buscan el golpe de estado, para así poner fin a la inédita experiencia política e histórica encabezada por la Unidad Popular.

Una vez que triunfa el golpe de estado de septiembre de 1973, encabezado por el criminal y ladrón Augusto Pinochet y familia, la plutocracia se pone a disposición de la dictadura comenzado así el proceso de desmantelamiento de las diversas políticas que se habían implementado y que comenzaban a beneficiar a las grandes mayorías del país.

Posteriormente y durante los 17 años de dictadura, los sectores políticos ligados a la plutocracia, vale decir los actuales partidos políticos como la Unión Demócrata Independiente (UDI), Renovación Nacional (RN) y el sector golpista de la Democracia Cristina, dan paso a la elaboración de toda la institucionalidad  de la dictadura, la cual es plasmada en la Constitución fraudulenta del régimen militar, el sistema electoral antidemocrático conocido como binominal y el ente también anti democrático conocido como Tribunal Constitucional, todo al servicio de esta plutocracia y el poder del dinero.

Ahora los gobiernos post dictadura no han hecho otra cosa que administrar la parte más sustancial heredada del régimen militar y solo realizando cambios cosméticos, simbolizados en las dadivas de los subsidios sociales, pero no en los cambios efectivos y reales, de manera que beneficien a la gran mayoría de los chilenos.

Esencialmente la plutocracia chilena, representado por los partidos políticos de centro derecha (UDI-RN-DC+-) ha sobrevivido políticamente, gracias al tráfico de influencias, el nepotismo político, los conflictos de intereses y su involucración en la corrupción. Todo este sector político mencionado, de forma directa o indirecta o a través de lazos familiares están relacionado con la plutocracia y el poder del dinero.

Lo que tenemos entonces, es una plutocracia (oligarquía) disfrazada hoy de seudo democracia, una especie de droga, para que el ciudadano de a pie no proteste mucho y siga todo igual: mientras el 1% de la población es cada vez más inmensamente rico, y el resto tiene que vivir de las sobras del neoliberalismo.
En esta plutocracia el sector de la clase política (centro-derecha) que está al servicio del poder del dinero, ha optado por políticas de parche y no soluciones reales para los chilenos, que se han visto afectados por todas las iniquidades que ha creado el modelo económico (neoliberal) imperante desde la dictadura hasta nuestros días.

Esta plutocracia además ha buscado generar la sensación de cierto progreso a través de los medios de comunicación del sistema que controla. La publicidad comercial especialmente a través de la TV llama insistentemente a integrarse a la alineación de la compra desenfrenada de bienes de consumo y ofreciendo créditos con intereses leoninos (estafa), que en otros tiempos se llamaba comprar “al fiado”. Dicha oligarquía     ya controla alrededor del 35% de la riqueza nacional, cuestión además que va en ascenso. 

La plutocracia chilena estrechamente ligada a la fauna neoliberal a ultranza y el legado de la dictadura, ha optado por secuestrar y corromper la política a través del soborno, la coima, la corrupción y los altos ingresos de los altos ejecutivos del aparato público y del parlamento de la nación, cuyas reglas quedan establecidas en la constitución pinochetista y sus diversos derivados legales.

Un ejemplo claro de la corrupción en el aparato del Estado es el sueldo percibido por el máximo ejecutivo de la empresa aún estatal Codelco y que percibe 50.530.000 pesos mensuales, vale decir unos 79.171 dólares por mes.

Mientras que un diputado le cuesta a todos los chilenos por año la suma de  $296.012.422, si se consideras que se le asigna una dieta de $9.121.806; monto de personal de apoyo de $6.050.131; asesorías externas por $2.329.756; gastos operacionales para los comités de $23.297; monto por personal de apoyo para los comités de $955.283 y asesorías externas para los comités por $291.219, según lo publicado por la prensa nacional.

En tanto, un senador tiene un costo anual de $379.049.241, esto porque mensualmente se le entrega por concepto de dieta $9.121.806; gastos operacionales por $8.299.500; personal de apoyo por $6.834.052; asesorías externas por $3.145.170; gastos operacionales para los comités de $23.296; monto por personal de apoyo para los comités por $958.045 y asesorías externas para los comités por $2.788.901.

Todo esto contrasta con el salario promedio de un trabajador chileno que es de 343.000 pesos (540 dólares), mientras que el salario mínimo está establecido en 276.000 pesos (435 dólares). Mientras que la mayoría de los pensionados viven con 150.000 pesos mensuales.

De allí que se puede decir que la plutocracia y sus vasallos en la política, no han hecho otra cosa que saquear las arcas del estado chileno para beneficio propio, al margen de muy pocas excepciones políticas. En realidad, la plutocracia no es otra cosa que la mafia en el poder, cuyos nexos más directos son la Sofofa y la CPC, dos entes empresariales que agrupan a los grandes empresarios y el poder del dinero

De allí que cada cierto periodo los chilenos eligen a los representantes de esta plutocracia y un sector de las fuerzas progresistas (FA, PC) que no están contaminada con todo lo degradante que ha sido capaz de crear la plutocracia chilena.

Ahora esta oligarquía política empresarial desde la época de la dictadura ha lo grado también corromper a los guardianes de su sistema, que no son otros que los altos oficiales de las fuerzas armadas y de la policía militarizada chilena, que han estado involucrados en sendos actos de corrupción.

Finalmente cabe destacar que estos diversos factores creados por la plutocracia y sus sectores políticos afines han contribuido al distanciamiento, la rabia, el desencanto y la desconfianza de los chilenos, hacia la autodenominada clase política del país. Recordemos que en las últimas elecciones municipales alrededor del 60% de los electores no sufrago. Y en las presidenciales últimas, diciembre 2017, el 52% de los chilenos no ejerció su derecho a votar, reflejando el gran descontento existente con la desprestigiada actividad política y una seudo democracia que aún manifiesta tener muchas carencias, pero muy bien protegida por la plutocracia y su brazo armado que no son otros que las FF.AA. chilena.

Eduardo Andrade Bone
Comunicador Social
Analista Político
Corresponsal de prensa