Mostrando entradas con la etiqueta derecha chilena. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta derecha chilena. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de octubre de 2020

Plebiscito: el plan de la ultraderecha

Por Juan Pablo Cárdenas S.:

Varios años atrás, el historiador Gonzalo Vial aseguró en un debate público que la derecha chilena nunca había sido democrática. Casi textualmente reconoció que cuando ésta obtenía buenos resultados en las elecciones, sus partidos y dirigentes se proclamaban demócratas, pero que de perder los comicios lo que hicieron siempre fue conspirar para derrocar a quienes los habían derrotado en las urnas. Justificando, incluso, el terrorismo de estado que en Chile ha ocasionado miles y miles de víctimas.

Tal aseveración, por supuesto, está completamente avalada por nuestra trayectoria republicana. Constan los numerosos cuartelazos militares alentados por los más poderosos enemigos del cambio. Entre cuyos episodios más dramáticos se considera el cruento Golpe Militar de 1973, en que la derecha no solo derribó por la violencia a Salvador a Allende, sino que se dispuso a gobernar con plena complacencia con Pinochet durante 17 años. Las excepciones fueron muy pocas, como recordamos.

La Constitución de 1980 (solo retocada posteriormente durante el gobierno de Ricardo Lagos) ha sido el gran bastión de las expresiones políticas reaccionarias y de la clase empresarial, por lo que durante treinta años prácticamente han cogobernado con la Concertación y la Nueva Mayoría, salvaguardando el sistema económico y social neoliberal e, incluso, logrando encantar con sus ideas a muchos centroizquierdistas de pasado vociferante. Y, hasta aquí, muy cómodos en el poder y las prebendas de la política.

Es estallido social de hace un año fue producto del descontento nacional, de la frustración de quienes confiaron en que la “democracia” traería solución a la aguda inequidad y la grosera concentración de la riqueza. Millones de trabajadores y jóvenes irrumpieron en las calles de todo Chile con sus múltiples demandas, además de la exigencia de una nueva Carta Magna. Todos sabemos que fueron solo estas masivas y radicales protestas las que forzaron a la clase política a abrir un proceso institucional que tiene como importante hito el plebiscito del 25 de octubre próximo.

 Derechistas y oportunistas de todos los pelajes partidarios se sometieron a la voluntad expresada por el pueblo, aunque de todas maneras se las arreglaron para ponerle a la próxima convención o asamblea constituyente una serie de trampas que podrían terminar abortando el proceso y, de seguro, agudizando la confrontación política y social. Pero este riesgo no parece inquietar mucho a la extrema derecha, confiada siempre en que el “caos” (como señalan) pueda conducir al país a un nuevo quiebre institucional administrado por ellos y los uniformados que siempre les han sido dóciles. Mal que mal, ya han pasado treinta años y muchos chilenos poco o nada se acuerdan de la fatídica Dictadura.

Con todo, los sectores oligárquicos y retardatarios expresan temor ante la eventualidad de que “apruebo” en el Plebiscito resulte muy contundente y les dificulte torcer el itinerario que sigue en los dos años definidos para alcanzar la plena consolidación de un nuevo texto constitucional. Un temor algo infundado si consideramos que estamos en tiempo de pandemia, por el cual existe miedo de salir a votar, además de que abstención electoral en todas las últimas contiendas electorales ha superado o empatado el número de electores efectivos. Agreguemos que el descontento con el conjunto de la política es tan severo, que existen sectores que abiertamente llaman a sustraerse del Plebiscito, en la idea de que solo la insurrección popular podría llevarnos a un gobierno que se proponga cambios reales.

En estas últimas semanas se ha manifestado en la derecha el deseo de que sea muy alta la abstención electoral. Asegurándose que si la concurrencia no supera ampliamente la mayoría absoluta este proceso constitucional carecería de legitimidad. Claramente, estos sectores saben que el rechazo a la nueva constitución va a ser minoritario, por lo que refugian en la posibilidad de desacreditar el proceso ante una baja concurrencia de votantes.

Para ello se valen de nuevo de la emergencia sanitaria, tratando de convencer a los ciudadanos, y muy especialmente a los de mayor edad, a no salir de sus casas el 25de octubre ante el riesgo de ser infectados con el Coronavirus. No importa cuántas sean las medidas adoptadas para garantizar durante el día de las elecciones el distanciamiento social, el uso estricto de mascarillas y otras varias prevenciones. Para tal propósito, incluso un editorial de El Mercurio (9 de octubre) fustiga a quienes han persisten en realizar la consulta ciudadana, aludiendo en esta campaña del terror al propio gobierno de Sebastián Piñera por implementar una campaña publicitaria para favorecer la concurrencia a las urnas.

Lo raro es que estos temores ni El Mercurio, el Gran Empresariado o los políticos de ultra derecha los hayan manifestado respecto del retorno masivo del trabajo, la reapertura del comercio, el turismo y otras actividades.

Por el contrario, lo que han hecho es celebrar la alta concurrencia de consumidores a las distintas ferias e hipermercados, con lo cual se estaría recuperando la actividad económica en general. Ciertamente con un riesgo mucho mayor que salir a votar el día del Plebiscito con todos los resguardos sanitarios ya definidos.

Obviamente que la derecha y la cuestionada clase política apuestan a una débil participación ciudadana para así alimentar las mismas razones que en el pasado esgrimieron para interrumpir otros procesos democráticos y reformas. Por lo mismo, hay quienes temen que los propios horrores cometidos por Carabineros buscan exacerbar los ánimos en la Araucanía y en las zonas de mayor descontento social.

De allí que los partidos y referentes sociales de genuina vocación democrática debieran estar muy alertas frente a quienes fomentan la violencia extrema, irracional y contraproducente, a fin de no darle luz verde a la conspiración ultraderechista ya en ejecución.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

sábado, 25 de abril de 2020

Un hombre de Pinochet



Por Eduardo Contreras:
Por estos días falleció en Chile un conocido político de las huestes ultra reaccionarias del país y por cierto  los medios de prensa del sistema y los líderes de la derecha y la centro derecha hicieron presente su pesar por la pérdida.

Se trata de Sergio Onofre Jarpa, agricultor, empresario, socio del lujoso Club de la Unión y de los no menos lujosos clubes de Polo y de Equitación. Para despejar toda duda nos parece necesario que se le conozca bien y por eso hago este recordatorio.


Fue en un programa de televisión del año 1973 en Chile, poco antes del golpe de Estado, que el entonces Senador derechista Sergio Onofre Jarpa, incapaz de defender sus ideas con argumentos, se levantó de su asiento y amenazó y trató de agredir a Orlando Millas Correa, Diputado y dirigente del Partido Comunista que argumentaba en favor del gobierno del Presidente Allende y la Unidad Popular. Fueron imágenes inolvidables, que dan cuenta del tiempo que se vivía, un símbolo de la época  y de lo que ha sido realmente la derecha chilena y el personaje en cuestión. 

Jarpa ha fallecido a sus 99 años; se ha ido uno de los personajes más característicos de las organizaciones antidemocráticas chilenas. Su pasado lo muestra nada menos que como Ministro del Interior del dictador Pinochet y líder del llamado Partido Nacional luego de su paso por otras tiendas políticas, incluido el Agrario Laborismo, cuya tendencia y muchos de cuyos militantes dieron cuenta de una indudable cercanía con el fascismo.

No fue raro entonces que figurara desde comienzos del gobierno popular de Allende en Chile en 1973 como uno de los principales conspiradores, fue toda una figura de la sedición. Por eso pareció normal que Pinochet, apenas el golpe, lo haya nombrado de inmediato su Delegado ante Naciones Unidas y más tarde, en 1976, embajador en Colombia y en 1978 en Argentina.

Pero su mayor participación en la tiranía y que marca su presencia en el campo de los violadores de derechos humanos, fue su designación por el dictador como su Ministro del Interior entre los años 1983 y 1985, un período de grandes jornadas de protesta del pueblo chileno y también de brutales represiones que causaron decenas de asesinados, desaparecidos y centenares de heridos. En el poder político era el número 2, inmediatamente después de Pinochet y, de consiguiente, era el número 2 de la CNI, el sangriento aparato represor de la dictadura.

Precisamente por esa responsabilidad penal en los delitos de lesa humanidad perpetrados en Chile es que el año 1999 el juez español Baltasar Garzón dictó una orden de aprehensión en contra de Onofre Jarpa. Una orden jamás cumplida.

Esta es la verdad que hoy no se muestra en el país. Esa y no otra es la condición y calidad del sujeto al que a estas horas mientras escribimos estas líneas un buen número de individuos le rinde honores. Honores a uno de los hombres de Pinochet, a uno de los gobernantes de la peor dictadura de la historia de Chile. “Ha muerto un grande” gimen los dirigentes del Partido Nacional

Finalmente, creo que tampoco debemos olvidar otro hecho relativo al personaje. Y es que, terminada la dictadura, Jarpa fue elegido de nuevo Senador. Era el año 1990 y, muy poco después habría de ser felicitado por el nuevo Presidente de Chile, el líder demócrata cristiano Patricio Aylwin, quien le agradeció su colaboración en distintos aspectos de la gestión del nuevo gobierno. Curioso……En todo caso ese cálido encuentro entre ambos políticos da cuenta de la conducta política del entonces Presidente y ratifica lo que desde sus inicios ha sido esto que han dado en llamar “transición a la democracia……..” en que se han dado la mano la ultraderecha, la derecha y la centro derecha.
eduardocontreras2@gmail.com

miércoles, 5 de junio de 2019

Chile las mentiras de Piñera




Por Eduardo Contreras:
Más de 2 horas tardó Sebastián Piñera en entregar la cuenta anual de su gestión ante el Congreso Nacional chileno la noche del recién pasado 1° de junio. Ante parlamentarios, diplomáticos y un público mayoritariamente ultraderechista intentó disfrazar su muy pobre gestión como presidente de Chile, marcada por su estricta fidelidad al modelo neo liberal impuesto por Pinochet. Es decir su puesta a la orden del gran empresariado nacional y transnacional y su sometimiento en materia de política exterior a lo que disponga el gobierno norteamericano.


En rigor era esperable el relato de Piñera dadas las características del mandatario en cuanto a su inconsecuencia, su incapacidad y su peculiar manera de ver la vida. Porque en verdad, ¿cómo es posible creerle, por ejemplo, en lo que denomina su lucha contra la delincuencia, y en favor de la trasparencia, honestidad conociendo su personal trayectoria?

A modo de ejemplo, recordemos el caso de la Estafa al Banco de Talca del que Piñera fue Gerente General, situación aprovechada para distraer fondos hacia empresas falsas, inexistentes, de propiedad de don Sebastián. La situación del citado Banco que adeudaba a esas fechas varias decenas de millones de dólares al Banco Central dio lugar a que el Liquidador del Banco, Eugenio Silva, presentara una querella y solicitara arresto por este fraude a los directivos Piñera, Calaf y Danioni.

Dictada la orden de detención en la causa rol N° 99.971 – 6 del Segundo Juzgado del Crimen de Santiago, a fines de agosto de 1982, Piñera se fuga, desaparece. Interesante el acta de la Policía de Investigaciones del 27 de agosto de ese año en que constan las declaraciones de la entonces consternada esposa del prófugo, hoy primera dama.

Mientras los ejecutivos bancarios Calaf y Danioni caían presos, el hoy jefe de Estado en Chile, desde su escondite presentaba un recurso de amparo el 3 de septiembre de ese año el que fué rechazado por la Séptima sala de la Corte de Apelaciones de Santiago. Y es entonces que sucede el “milagro”. Algo ocurre en tribunales y mientras Piñera sigue desaparecido, la Corte Suprema, presidida por el ministro Rafael Retamal acoge el amparo en favor del prófugo. ¿Cómo fue que pudo suceder esto que es contrario a todo ordenamiento jurídico? La respuesta – hoy conocida por todo mundo - le dio doña Mónica Madariaga, ex ministra de Justicia de Pinochet quien, años más tarde y muy arrepentida, confesó que fue presionada por el dictador para hacer gestiones ante Retamal y finalmente obtener el arbitrario perdonazo en favor del personaje. 

Pero es todavía peor. En efecto, como recordaba el año 2017 el  conocido periodista Tomás Mosciatti en Radio Bío Bío en un programa en que se entrevistaba también a Manuel José Ossandón ( quien recordando estos hechos dijo que a “Piñera no lo encargaron reo por lindo” ) sucede que por el hallazgo de documentos desclasificados de la CIA norteamericana – profusamente difundidos en la prensa nacional de ese tiempo -  se supo que fue precisamente la embajada norteamericana en Chile la que ocultó y ayudó en esos días a Sebastián Piñera, cuyo padre, José Piñera Carvallo, habría sido, según esos mismos documentos, colaborador de los servicios de inteligencia de los EEUU.

Hechos contundentes jamás desmentidos. Es más, independientemente de su pública difusión todos ellos me fueron relatados hace pocos años por la propia ex ministra Madariaga, la que había sido mi compañera de curso en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile.

Poco tiempo más tarde otro escándalo envolvería al personaje: esta vez el conflicto con el empresario Ricardo Claro respecto del negocio de las tarjetas de crédito.
A la luz de la historia concreta y sin hablar de sus negocios actuales ni del episodio de sus hijos en el reciente viaje a China, ¿cómo entonces se puede tomar en serio en su discurso las referencias a la honestidad, el buen manejo de los recursos públicos, la probidad, etc.…?

Otros temas, estrechamente vinculados al escándalo del Banco de Talca, son la gratitud y vínculos de los Piñera con Pinochet. No hay espacio para el olvido de aquel encendido discurso de don Sebastián cuando el dictador estaba preso en Londres. Fue en una concentración ante muchas personas que Piñera habló maravillas del genocida y exigió su inmediata libertad. Llegó a afirmar que “el senador Pinochet se encontraba en Londres en actividades oficiales “(¿?)

Entonces, ¿quién puede creerle cuando hoy llama “a combatir el terrorismo y defender los derechos humanos”? Seamos claros: Piñera carece de autoridad para hablar de diversos temas. Desde luego la corrupción, el terrorismo, la violación de los derechos humanos, entre tantos.

Por las mismas razones, es decir su gratitud y obediencia al gobierno de los EEUU y sus vínculos estrechos con la dictadura de Pinochet, es un cruel sarcasmo que se haya permitido decir en su discurso que en Venezuela hay “ una dictadura corrupta ” O que haya hablado de las carencias económicas que enfrenta el país hermano olvidando que iguales o peores vivimos en el Chile del presidente Allende y por la misma causa : el boicot de Washington con el apoyo de la derecha criolla. Es decir, los mismos culpables.
La razón es obvia, cumplir los mandados de la Casa Blanca y el Pentágono. Por eso en la actividad estaba entre el público la señora que la derecha chilena llama “embajadora” del presidente “encargado”.

Total, desconocimiento de la Constitución venezolana; si se dieran el trabajo de leerla no seguirían hablando tonteras. ¿No sería tal vez mejor que se preocupara de lo que sucede en la embajada chilena en Caracas y de los desmanes de sus actuales ocupantes?

Un mínimo de respeto a las chilenas y chilenos debiera llevar a don Sebastián a un discreto silencio. No es aceptable que siga al pie de la letra lo que se disponga en los EEUU. Pero, en fin, sus acompañantes en el gobierno no son diferentes. Por ejemplo, no dejaba de ser curioso que cuando el personaje mencionaba el tema de la defensa de los derechos humanos le aplaudiera entre otros uno de sus ministros que fuera asiduo visitante de Colonia Dignidad en aquellos años del terror.

A la luz del discurso del sábado, razón tiene su gobierno cuando intenta disminuir sensiblemente el estudio de la Historia. No le conviene a la derecha que las jóvenes generaciones conozcan toda la verdad.
En fin, esta es la derecha chilena. Por supuesto anunció trenes, caminos, etc… Y, como es obvio, nada de ello hará el Estado. Ya se licitará para que ganen las empresas privadas, especialmente las extranjeras.
Con la cobardía propia de la derecha, un desconocido diputado de gobierno y un penoso personaje de apellido Moreira, a la salida del acto en el Congreso se permitieron hablar en contra del embajador de la República Bolivariana de Venezuela en Chile.

Una gran ausencia en la palabrería de Piñera. Ni una sílaba acerca de la urgente necesidad de una Nueva Constitución para Chile. Los ordenamientos jurídicos no son su fuerte, bien sabemos. Pero es que además al mandatario y a la Derecha les acomoda muy bien la actual Constitución fabricada entre 4 paredes por unos pocos asesores de Pinochet.

Una vergüenza para un país supuestamente democrático, pero que se rige por las normas impuestas por la más sangrienta de las dictaduras. La cuenta de Piñera no es otra cosa que el fiel retrato de la realidad que se vive.

eduardocontreras2@gmail.com

martes, 27 de febrero de 2018

Venezuela las cosas por su nombre


Por Eduardo Contreras:

Para vergüenza de nuestro país, el viernes 23 de este mes se consumó en la desprestigiada OEA, con razón llamada en su momento “yegua madrina del imperialismo” otra de las iniciativas del gobierno de Trump en contra del gobierno legítimo de Venezuela.
Era parte del listado que traía el  Secretario de Estado Rex Tillerson en su reciente viaje a la zona. Consignemos de paso un  detalle no menor: Tillerson fue director ejecutivo de Exxon Mobil entre 2006 y 2016.



Y así fue que en efecto y con el voto a favor del gobierno chileno se acordó exhortar al gobierno de Venezuela para que suspenda las elecciones presidenciales fijadas para el 22 de abril del presente año. Y eso que el ex mandatario norteamericano Jimmy Carter asegura que “el sistema electoral venezolano es el mejor del mundo”. Está claro que el acuerdo de la OEA es resultado de las instrucciones de la Casa Blanca para acelerar las condiciones necesarias para la anunciada intromisión militar en el hermano país.
La tensa situación y la evocación de lo que fuera el mismo plan norteamericano aplicado en Chile en 1973, amerita la exigencia de ser muy claros. Cada cual debe asumir su responsabilidad. Se trata de situaciones no sólo políticas sino también vinculadas a la ética y a la humanidad de los actores y los espectadores.

En este sentido el papel de nuestro gobierno y en particular de su Canciller, el señor Muñoz, no ha podido ser peor. Con toda razón le aplauden con entusiasmo desde la UDI, RN y otras organizaciones que fueron sustento de la dictadura fascista de Pinochet; lo que bastaría para darse cuenta de la profundidad real del complot contra el gobierno y el pueblo de Venezuela.
Estamos hablando de asuntos de fondo. Sobre todo para los que en Chile vivimos durante largos años la dolorosa experiencia de una dictadura terrorista impuesta por la derecha chilena y los EEUU. Sabemos del horror de los crímenes perpetrados.

Pero y tal vez precisamente porque“ donde manda capitán no manda marinero” y estas órdenes vienen desde Washington, hasta parlamentarios del PS y el PPD se han sumado al coro de los modernos golpistas que buscan la caída del gobierno del presidente Maduro y la instauración de un régimen que les garantice el dominio del petróleo de ese país.
El Canciller chileno  se educó y formó en los EEUU. Eso bastaría para entender su conducta. En las últimas semanas el diario El Mercurio, co autor del golpe del 73 según se denuncia en los propios Informes Church e Hirschey del Senado norteamericano, le dedica una seguidilla de homenajes a Heraldo Muñoz. Claro está, ambos piensan lo mismo.

En entrevista del domingo pasado Muñoz dice que “vivimos los mejores momentos de la política exterior chilena en mucho tiempo”,  recomendación autoreferente muy propia de él. Luego agrega que “En un par de años hemos hecho lo que no habíamos hecho en diez años” aludiendo esta vez al gobierno argentino del ultraderechista - y ex procesado penalmente – Mauricio Macri cuya gestión por supuesto alaba. Naturalmente, respecto del gobierno del Perú dice que su relación con Chile “pasa por uno de los mejores  momentos”

En política nacional habla de la necesaria unidad “desde la derecha moderada hasta el Frente Amplio”. Por supuesto, defiende a brazo partido a la Concertación y se pronuncia por un “cambio tranquilo con una centroizquierda sensata” Y afirma que en Chile la diferencia social se advierte “ en la marca de la ropa con que la gente se viste, o por su color o sus apellidos”.
Afortunadamente confiesa que prefiere vivir fuera, o acá pero “estaré saliendo para airearme” y habla de amigos que le habrían echado de menos. Ojalá se quede en las tierras de Trump. Nunca entenderé cómo pudo soportarle la presidenta.

Detalle gracioso. El mismo Mercurio publica en colores la foto de la inmensa torta de cumpleaños con la que Muñoz agasajó hace unos días en París a su sucesor Roberto Ampuero a costa de la Cancillería, a pretexto de una reunión por el tema de La Haya.

Por supuesto que un personaje de estas hechuras afirma con fuerza que “Venezuela no es una democracia. No como la conocemos”. Entendible, la que él conoce bien es la “democracia” norteamericana que ha de parecerle perfecta. No importa que en defensa de sus empresas transnacionales y sus multimillonarios dueños aquella ejemplar democracia sea a la vez un  régimen históricamente genocida que ha agredido, bombardeado e invadido países en todos lados, asesinando a sus gobernantes, que haya robado territorios enormes, que discrimine a su propia población, que levante muros, que promueva que cada individuo esté armado al costo anual de muchos miles de muertos propios. Una “democracia” que bloquea política y económicamente a otras naciones y que ha promovido los golpes de Estado más crueles que conoce la historia.

Ese régimen demencial es sin duda el que conoce bien y admira como su  modelo de “democracia”. Por supuesto, afortunadamente Venezuela no es como esa democracia en la que vivido y añora el Canciller. Dejémonos de cuentos. Los que hoy estan atizando un golpe interno en Venezuela o una invasión externa en contra de esa nación son exactamente aquellos mismos que promovieron el golpe de Estado en Chile el 73.

Y si alguno de los que hoy condenan a la república bolivariana no formó parte del golpismo en  Chile, es simplemente porque hoy se han cambiado de bando. La “democracia” que defienden ahora es la de la desigualdad, la de la economía de mercado, la de los monopolios, en fin todo aquello que es bastante más grave que la mera diferencia de marca de ropa a que se refiere Muñoz.
A terminar con la hipocresía, a decir las cosas por su nombre. Los golpistas contra Venezuela hoy son los mismos y se mueven por las mismas razones que los golpistas chilenos del 73. Para mayor claridad, se acaba de hacer pública en El Mercurio, una declaración de los que ahora exigían que no se permita entrar a Chile al presidente Nicolás Maduro. Esta vez agregan que no se permita el ingreso del Presidente Raul Castro de Cuba.

Como era de esperarse, firman este “democrático y latinoamericanista” comunicado los infaltables Andrés Zaldívar, Jorge Burgos, Mariana Aylwin, Felipe Kast, Andrés Velasco, Jaime Ravinet, Luciano Cruz Coke, Pedro García, José Pablo Arellano, José de Gregorio, René Cortázar, Alejandro Ferreiro, Rodrigo Pérez y Félix de Vicente.

Es cierto que el listado incluye desconocidos, pero la mayoría son personajes públicos. También es claro que en ese texto faltaron muchos. Pero esos que faltan han marcado presencia a su modo.
El inefable Gutemberg Martínez por ejemplo, que en una columna de otro diario golpista, La Tercera, afirma muy suelto de cuerpo que “Las noticias sobre Venezuela son mortales. Al atentado permanente a la libertad y a la democracia, se sumó el desabastecimiento alimentario, con las imágenes de niños que hacen evidente la desnutrición y ahora se agrega la falta de medicamentos que atenta contra la vida y la salud de los ciudadanos. Violación sostenida y denunciada por todos los organismos internacionales de los Derechos Humanos, políticos, económicos y sociales.

“Uno de los países más ricos de América Latina, destruido a galope tendido por la retroexcavadora venezolana, denominada el socialismo del siglo XXI. Un país que destacó por su solidaridad con Chile, en los tiempos de la dictadura, recibiendo solidariamente a miles de compatriotas solidariamente. Un país y un pueblo que desafían diariamente la conciencia de los demócratas.”
Pero si es el mismo Martínez que fuera partidario de la ofensiva golpista contra el presidente Hugo Chávez de abril del año 2002. ¿Con qué autoridad puede hablar de conceptos como “democracia” y “dictadura”? ¿ O pretende olvidar esa ofensiva golpista, fracasada por cierto, en contra del presidente venezolano Hugo Chávez?

Sólo 3 días les duró el gusto a los reaccionarios que habían instalado en la presidencia al poderoso empresario Pedro Carmona, presidente de la organización patronal de ese país. Un gobierno golpista de pocas horas que, muy lamentablemente, fue reconocido por el presidente de la república de Chile de la época, don Ricardo Lagos con el ridículo internacional consiguiente.

Recordemos en cambio que no estuvo la firma del señor Martínez entre las de aquellos valientes dirigentes demócratacristianos que con fecha 13 de septiembre de 1973 dejaron constancia de su oposición al golpe encabezado por el cobarde e infame Pinochet. A pocas horas del crimen esos dignos demócrata cristianos expresaron por ejemplo que: “Condenamos categóricamente el derrocamiento del Presidente Constitucional de Chile, señor Salvador Allende, de cuyo Gobierno –por decisión de la voluntad popular y de nuestro partido– fuimos invariables opositores. Nos inclinamos respetuosos ante el sacrificio que él hizo de su vida en defensa de la autoridad constitucional. Y agregaron  su condena “ a la Derecha económica que, con fría determinación aprovechó los errores de la Unidad Popular para producir un clima de tensión, de ceguera y de pasión política que, unido a lo anterior, hizo imposible un consenso mínimo al descalificar a quienes lo buscábamos con objetividad y con cordura.”

Es tan burda la maniobra contra Venezuela que fracasados los recientes intentos de acuerdo con la oposición venezolana por una orden de  última hora de la Casa Blanca, un político al que nadie podría acusar de comunista o revolucionario, como es el ex mandatario español José Rodríguez Zapatero, se dirigió a los opositores al presidente Maduro para decirles que: “ De manera inesperada para mi, el documento no fue suscrito por la representación de la oposición. No valoro las circunstancias y los motivos, pero mi deber es defender la verdad y mi compromiso es no dar por perdido el lograr un compromiso histórico entre venezolanos. Es por ello que  le pido, pensando en la paz y la democracia, que su organización suscriba formalmente el acuerdo que le remito, una vez que el gobierno se ha comprometido a respetar escrupulosamente lo acordado. Esta petición la formulo desde mi convicción profunda en la necesidad de este acuerdo y desde mi compromiso por el cumplimiento del mismo.”
¿Puede haber algo más claro?¿Hasta cuándo seguirán en su loco afán golpista los enemigos del cambio  político, social y económico en América Latina?

Tal como lo fuera el de Salvador Allende en Chile el gobierno venezolano actual representa la opción del cambio y los ataques del imperialismo y los reaccionarios sólo obedecen al deseo de controlar al continente, en particular la riqueza petrolera y del subsuelo en Venezuela. Y, por sobre todo, para impedir – al igual que hicieran con Allende y la Unidad Popular – que el ejemplo liberador, popular, independiente, se extienda por el continente.
eduardocontreras2@gmail.com


sábado, 16 de septiembre de 2017

Un día para recordar

Por Carolina Vásquez Araya:

El 11 de septiembre de 1973 fue una fecha fatidica, cuyos ecos siguen resonando en Chile y el mundo.

Lo recuerdo bien. Yo vivía en la calle Huérfanos, en el centro de Santiago y apenas comenzaba el día cuando sonaron las primeras ráfagas. Al asomarme a la ventana pude ver a los soldados sobre las terrazas de los edificios vecinos y comprendí de inmediato lo que venía después. Mi hija era muy pequeña y estaba asustada, no comprendía por qué teníamos que arrastrarnos por el piso del departamento sin levantar la cabeza pero yo sabía del riesgo de recibir una bala perdida. Aun cuando la amenaza de golpe había flotado en el ambiente desde hacía un tiempo, para quienes vivíamos la aparentemente sólida democracia chilena la sola idea de una asonada militar era inconcebible.



Sin embargo, sucedió. Durante los siguientes días el caos fue total, el pánico de no saber los límites exactos de la represión, los informes boca a boca sobre quema de libros en grandes piras en plena calle, las frenéticas llamadas telefónicas y la aventura de desplazarse por la ciudad buscando a los familiares y amigos, todos dispersos, era surrealista.

La búsqueda de personas sospechosas de pertenecer a partidos de izquierda –algo legal y legítimo hasta el día anterior- se operaba con minuciosidad en sectores residenciales de clase media y en barrios populares. Las capturas eran masivas y los camiones del ejército, que pasaban durante las noches cubiertos con lonas para proteger de miradas curiosas su carga de muerte, provocaban escalofríos. También los cuerpos tirados a la vera del río Mapocho.

Cuando se habla del golpe de Estado contra el gobierno de Salvador Allende, por lo general se suele aludir a los hechos más impactantes, como el ataque aéreo y terrestre contra el palacio de la Moneda y la posterior muerte del presidente Allende. Sin embargo, para quienes vivimos esos momentos, uno de los sentimientos predominantes, más que el miedo a la represión, fue el estupor. Un desconcierto absoluto al presenciar este hecho inédito para nuestra generación y las anteriores, con el rompimiento de una línea histórica de tolerancia y activismo político sin más cortapisas que las establecidas por la ley. Y de pronto, esas leyes supuestamente inmutables cambian y se vuelven contra un pueblo sorprendido en medio de la noche.

Las políticas de Salvador Allende y su equipo de gobierno, aun cuando no satisfacían todas las aspiraciones de una ciudadanía mayoritariamente capitalina, constituían un avance significativo para los sectores más pobres, campesinos y obreros. Lo que jamás perdonaron los círculos de gran poder económico fue el desafío de plantear reformas que reducirían su cuota de influencia y los colocaría en el plano de un interlocutor más, después de haber dominado la escena política durante décadas.

La estrategia de la extrema derecha chilena, con la complicidad de partidos de centro, se basó en una campaña mediática masiva y el bloqueo económico interno, al establecer alianzas con ciertos sindicatos como el del transporte terrestre que hoy también amenaza a la estabilidad de Chile, y el gran socio de aventuras golpistas: el Departamento de Estado, con Henry Kissinger a la cabeza, en una urdimbre de tácticas efectivas que acabaron con el ensayo del socialismo en libertad.

Chile nunca volvió a ser una nación verdaderamente democrática. Las desigualdades y las limitaciones actuales en aspectos tan fundamentales como la salud y la educación son herencia de una dictadura tan bestial que sus ecos aún perduran en la mente y el imaginario de buena parte de la población. Nunca como hoy se vieron en ese país los extremos tan distantes entre ricos extremadamente poderosos y pobres de miseria, con un gran contingente de jóvenes enfrentados a un futuro incierto pero con la voluntad de participar de los cambios que el país necesita para retomar, algún día, el camino hacia una democracia más justa y equilibrada.