Mostrando entradas con la etiqueta Barómetro Latinoamericano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Barómetro Latinoamericano. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de noviembre de 2019

Chile: Lecciones provenientes de la rebelión popular contra el maldito patrimonio de Pinochet



Por Bruno Lima Rocha:
Al escribir estas líneas, la rebelión del pueblo chileno en 2019 completa 15 días. El desencadenante esta vez fue el anuncio del aumento de los boletos de metro en Santiago de Chile, conocido como Transantiago, de extensión metropolitana. Como dice uno de los lemas de lucha, de los millones que enfrentan la batalla represiva de la Fuerza de Carabineros, las tropas del Ejército y la Armada, "no es por treinta centavos, es por treinta años".



Por lo tanto, tiene raíces muy profundas que se remontan a la transición negociada después de la dictadura luego del golpe de estado del 11 de septiembre de 1973, derrocando al gobierno de la Unidad Popular con el médico socialista Salvador Allende a la cabeza. También se remonta a la democracia liberal posterior a Pinochet, donde los fundamentos de la vida en la sociedad y el modelo del capitalismo siguen los del tirano y sus secuaces, incluidos los notorios Chicago Boys, amigos y socios del triste ministro de Jair Messias, el especulador y ex Socio de BTG Pactual, Paulo Guedes. Desafortunadamente, el país del Jefe Lautaro y la nación mapuche, de los mártires de la masacre minera de 1907 en Santa María de Iquique, de los más de 11000 muertos y desaparecidos en la dictadura, vive una doble malicia como estado poscolonial.

Los dos problemas en la economía política de la dominación chilena.

El primer problema es común a toda América Latina y es la condición dependiente, subordinada y periférica. Al contrario de lo que afirma el neoliberalismo, Chile no es una economía compleja, todavía depende de las exportaciones de cobre, pero está muy privatizada. Como todos nuestros países, en mayor o menor medida, vivimos bajo el dominio interno de las élites oligárquicas, advenedizas y de rendición. Gente mediocre, aunque bien articulada con fracciones de poderes hegemónicos globalizados, específicamente en el bastión del imperialismo que nos toca directamente y que, en general, no tiene ni un ápice de pertenencia a su tierra y a los pueblos que la habitan. En este sentido, Chile es con sus especificidades, otro ejemplo más de mutt, rendición, gorilismo militar y complejo de ventas nacionales. Nada nuevo en el frente. Pero allí el modelo neoliberal se profundizó.

Este es el segundo problema. Toda la rutina es muy costosa (debido a la privatización y la falta de protección incluso en la salud pública), las tasas reales de costo de las condiciones de vida son altas y prácticamente no hay una red de seguridad social. No importa si el país crece un promedio de 2.5% por año si este pastel no se divide, la esperanza de vida y la noción de "felicidad" es todo lo contrario. La educación superior se paga (incluso cuando son instituciones públicas) y no hay cobertura universal de salud. Los salarios se reducen, las leyes sobre el derecho al trabajo son frágiles (rompiendo el poder de los sindicatos, la "reforma laboral" y la "libertad económica" implementadas en Brasil en su carril de la derecha) y aproximadamente el 40% de la población se concentra en Capital y región metropolitana

La aglomeración metropolitana es común en nuestros países, pero hace que las redes y las corrientes de riqueza abandonen los territorios que abundan en las capas superiores de poder compuestas por elites empresariales y políticas de tipo asociadas con el capital transnacional. La dictadura transformó un país industrial y una zona de servicio, con abundante presencia de conglomerados transnacionales.

En Chile, como en Brasil, el 1% más rico obtiene el 25% del ingreso nacional. No hay una sociedad moderna para apoyar esto. ¿Cómo es posible que una sociedad sea saludable cuando la condición normal es el desencanto, junto con la lucha desesperada por la supervivencia, más allá de la certeza de la mayoría, que no tendrá una vejez tranquila? Es una sociedad "metamorfoseada" como Estados Unidos, con la única excepción del poder de la superpotencia frente a la disminución del PIB y la posición de Chile en el sistema internacional. Si la influencia de los valores individualistas no fue suficiente como señal de "éxito" en la tierra de Violeta Parra, la situación es muy sencilla, sin "hipocresía". El estado aún controla algunas de sus exportaciones de cobre y se utiliza para asegurar la jubilación total bajo un sistema público de seguridad y fuerzas militares. Así, la riqueza nacional garantiza la represión antipopular a instancias de las élites civiles (y también de las conspiraciones del generalato) que evidentemente son antinacionales.

Para la mayoría, queda por tratar de sobrevivir con las Administradoras de Fondos de Pensiones (las notorias AFP), pasando de la educación pública a la "precaria", que a menudo incluye la deuda a la educación superior, después de vivir con un salario mínimo y múltiples trabajos por venir. hasta la jubilación con menos de un salario mínimo. En este caso, gastando casi todo en medicina, pesando en el presupuesto familiar, convirtiendo al país de Víctor Jara y Miguel Enríquez en el triste campeón latinoamericano de la depresión y el suicidio de los ancianos.

Democracia y resistencia post-Pinochet
Después de casi 30 años de democracia formal, Chile todavía vive bajo los auspicios de una legislación antiterrorista, que sustenta el texto aprobado en Brasil, aún en la administración Dilma, que, en la práctica, implica criminalizar la lucha social y sus diversas formas. de protesta Y como sucedió a principios del siglo XX en nuestro continente, la represión social no impide la lucha, pero la agudiza. Un régimen "democrático", custodiado por los carabineros (policía militar nacional) y aplastado por el abismo de la desigualdad, no puede reclamar mucho. Al contrario Por lo que intentan pasarnos, existe una cultura de rebelión en Chile y esto se debe a algunos factores muy relevantes. Creo que pasa por las raíces de los vecindarios 'pobladores', equivalentes a las periferias donde las condiciones de vida son precarias y la urbanización es casi inexistente, como foco de resistencia contra la dictadura y el fortalecimiento en la década de 1980. Esta década también marcó el regreso del movimiento secundario, que nunca cesó, creando las condiciones de lucha de la Rebelión de los Pingüinos (abril a junio de 2006, bajo el primer gobierno de Bachelet); como la segunda rebelión estudiantil (abril-diciembre de 2011, primer gobierno de Piñera).

Los Carabineros, además de ser odiados en las afueras y en los centros de estudiantes, también tienen la función tenebrosa de contener la pasión popular, dada la participación de los mayores fanáticos del fútbol organizado de Chile en la lucha popular. Blanca Claw Colo Colo; Los de Abajo de la Universidad de Chile y Los Cruzados de la Universidad Católica se alinean en marchas de protesta en Santiago, poniendo contingentes de más de 10,000 partidarios contra la represión y los derechos sociales.

Otro frente irreductible con una increíble capacidad de nacionalización, que se convierte en miembro de la capital y de las dieciséis regiones administrativas de Chile, es la lucha mapuche. La nación que defiende el territorio de la Araucanía (ampliada) inunda el sentido de defensa anticolonial, luchando por descolonizar la conciencia y la defensa absoluta de los biomas. El jefe de esta nación anunció a principios de la rebelión de 2019 que aceptaría entrar en un proceso constituyente (la Constitución de Chile data de septiembre a octubre de 1980), desde que el texto de la tiranía apenas se transformó en la reforma de 2005. Los territorios de todos los pueblos nativos del país pasan por el mismo drama que otros pueblos indígenas, quilombolas y tradicionales, siendo atacados por compañías mineras de "reforestación", especulación bienes raíces y hoteles, así como intentos de destruir sus condiciones más concretas de reproducción de la vida de acuerdo con su base cultural. El país de Raúl Pellegrin tenía lenguas indígenas muy fuertes y aún tiene profundas raíces originales. Dada la escasez de posibilidades dentro de la distopía capitalista, se refuerza la idea de defender el territorio y sus biomas como una forma de vida y supervivencia.

Para los mapuche, las naciones indígenas y la gran mayoría de los más de 18 millones de chilenos, no hay buenas perspectivas fuera de la lucha colectiva y popular. No hay forma de gobernar sin el mínimo de condiciones materiales inmediatas y expectativas del futuro. Y eso, el neoliberalismo no lo sabe y no quiere asegurarlo.

Traidores, pinochetistas e insurgentes
Gran parte de lo que está sucediendo hoy está más allá de las políticas antisociales de los gobiernos de Piñera (2010-2014 y actuales), que se dirigen al caos y que han fusionado dos términos con Michelle Bachelet (2006-2010 y 2014-2018). Al igual que Macri (presidente desde 2015) en Argentina, Piñera no ha prometido nada diferente de lo que está haciendo. Era evidente que la vida se volvería más difícil, con una mayor represión y desesperación social. El problema no es solo que lo correcto sea lo correcto, sino los gobiernos socialdemócratas y social liberales que no han hecho nada o casi nada. Patricio Aylwin (1990-1994, PDC), Eduardo Frei (1994-2000, PDC), Ricardo Lagos (2000-2006, PPD) y Michele Bachelet (2006-2010) todos miembros de la Concertación (Coalición dirigida por la Democracia Cristiana del PDC) y socialistas del PS, secundados por | "demócratas y liberales"). Ellos gobernaron durante veinte años sin tocar las estructuras estatales que quedaron como un legado del legado maldito de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). La tiranía gobernó junto a DINA (policía política que también operaba en el tráfico de drogas) y sus socios Chicago Boys, de la economía neoclásica de Milton Friedman, cuya versión brasileña es el ministro de Economía de extrema derecha que llegó al poder a través del clan Bolsonaro y el generalato La "democracia" continuó reprimiendo sin piedad, dando cartabineros carta blanca, militarizando los territorios indígenas, desaparecidos, presos políticos y mucha, mucha concentración de ingresos.

En defensa de la herencia de Pinochet en 1983, liderado por facinoras como Jaime Guzmán (uno de los autores de la Constitución de Pinochet, senador y profesor de derecho del católico, justificado por un comando rodriguizta en abril de 1991) y Andrés Chadwick (primo de Piñera y el ministro del interior que autorizó la masacre de este año antes de ser derrocado), los sociópatas conservadores crearon la Unión Democrática Independiente (UDI), que es el partido pinochetista por excelencia. Como heredero del golpe de estado por excelencia, el antiguo Partido Nacional, se creó en 1987 la Renovación Nacional (RN), leyenda de Sebastián Piñera. Señalo que ambas partes convocaron a Sí a Pinochet en el referéndum de octubre de 1988, cuando No a Pinochet ganó por 55.99% a 44.01%. Por lo tanto, al afirmar la transición, las fuerzas políticas aceptaron la coexistencia pacífica con los partidarios genocidas civiles, torturadores y violadores.

El notorio golpe de estado contra el gobierno constitucional de Salvador Allende (1970-1973) al frente de la Unidad Popular también mató, además de más de 11,000, un acuerdo social que sería mínimamente estable, solidario y económicamente regulado. La economía chilena, basada en la cooperación, con fuertes empresas estatales, la industria nacional y la presencia de sectores públicos, fue prácticamente aniquilada al igual que los organismos en el Estadio Nacional. La respuesta también es muy evidente. La noción de seguir en rebelión está muy galvanizada en la juventud chilena de varias generaciones. Destacamos el papel fundamental de las fuerzas insurgentes contra la dictadura, como el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR chileno), el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR hasta 1999 que comienza como el brazo armado del PC chileno y gana autonomía en la transición) y el Movimiento Juvenil. Lautaro (MJL o MAPU Lautaro, izquierda de la izquierda cristiana de MAPU).

A pesar de estar en una posición aislada desde la década de 1990, dejaron el legado de la resistencia y no aceptaron la "coexistencia pacífica" con los socios de Pinochet y Manuel Contreras (este último, coronel al frente de DINA, criminal de daña a la humanidad y a los narcotraficantes). El legado de las fuerzas insurgentes se arraigó en la lucha estudiantil y popular, en la posición de valor permanente (convirtiéndose en una característica de la militancia chilena). Hay una posición orgullosa, rebelde y libertaria de antemano en esta militancia del siglo XXI, una cultura política que proviene de la década de 1980 y continúa prevaleciendo. El estado y sus oligarquías duplican las apuestas y la gente repele el ataque.

Del golpe de estado al post-estado de excepción
El golpe de 1973 dejó profundas marcas, estructuras corporativas crueles y heridas lejos de la curación. Es necesario estudiar y aprender de y de los procesos históricos. A pesar del heroísmo del médico, era obvio que ni el Departamento de Estado (aliado del ejército de rendición, llamado "vender patria" en español) y menos aún la oligarquía chilena permitirían una "transición pacífica" al socialismo. Por el contrario, han promovido el terrorismo de Estado y tales instituciones continúan perpetuando la represión social generalizada, marcada en el Estado de Excepción Piñera (que duró del 19 al 28 de octubre de 2019) y el toque de queda que respalda a los carabineros que barbaron las periferias

Dado este diseño social y la impotencia de los gobiernos cambiantes (independientemente de si son de derecha o izquierda), cada generación de jóvenes chilenos deja en claro que el modelo no cambiaría por la "buena voluntad" de los controladores de riqueza del país y sus jefes. externo. Agregue agitación social al racismo anti-indígena, que ha sido frustrado por el consumo frustrado y la memoria histórica del pinochetismo, siempre vivo frente a la hambruna y la desesperación por cerrar el mes a las familias de bajos ingresos.

Podemos comparar el momento chileno actual con otros episodios latinoamericanos bajo la democracia oligárquica. Pienso en el Caracazo venezolano y el Estallido social argentino con hiperinflación, desde el final del Plan del Sur. En Chile, además de la explosión popular, también hay una incidencia de movimientos sociales organizados y la izquierda más a la izquierda dentro y fuera del espectro electoral. Sería apropiado aprender de las capacidades organizativas de las personas en lucha y buscar instituciones sociales permanentes, como asambleas territoriales y frentes de lucha entre diferentes sectores.

Hay muchas expectativas en la conquista de una nueva Asamblea Constituyente con una red pública gratuita de protección social. Por supuesto, tal movimiento sería un avance considerable, pero toda la energía puede dar lugar a ilusiones institucionales si la legislación absurda represiva y privatista no se elimina de inmediato. Si esto sucede, acompañado de medidas de emergencia para mejorar las condiciones materiales de vida y la victoria ocasional puede obtener otra forma. Desde todos los ángulos se observa la lucha chilena, es una lección histórica. Tanto por la capacidad de respuesta de los luchadores como por la bondad amorosa del estado poscolonial en la lucha represiva, que causó docenas de muertos, personas cegadas por disparos "no letales", sin mencionar la violación y las mujeres desaparecidas.

. Los días de octubre de 2019 en la tierra de Paylacar y las Guerras de Arauco han tenido y tendrán efectos en toda América Latina.
blimarocha@gmail.com.

Chile: la otra vitrina rota



Por Jesús A. Rondón:.
Miramos el mundo desde lo que somos y esto es producto de nuestras historias. Así que ver hoy lo que ocurre en Chile, para mí no es posible sin vincularlo con la historia de nuestro país, Venezuela.
A finales de la década de los ochenta Venezuela experimentaba los síntomas de una crisis gestada no menos de veinte años atrás, así la vida cotidiana de los venezolanos y venezolanas estaba marcada por la carestía de los elementos básicos de subsistencia. La sociedad política estaba dominada por dos grandes partidos, con una orientación pactada en los sesenta, en el marco del retorno a la democracia. Aún así nuestra democracia era un ejemplo de civilidad para nuestros hermanos y hermanas del hemisferio, tan convulsionados en su quehacer político, apenas conocían la democracia. Confiados estaban en mantener el timón del barco en la tempestad que se vivía.  No imaginaron que, en febrero de 1989, estallarían unas protestas populares, apagadas a fuego y fuerza, hasta dejar incontables. Hubo un quiebre, este afecto la capacidad de cálculo de la elite política, así ni se imaginarían lo que paso después.

Haciendo el seguimiento a los acontecimientos que hoy ocurren en territorio chileno, tengo la misma sensación de 1989 y me pregunto ¿Es posible que rumbo estimado ya no sea posible?

Debemos considerar primeramente que Chile no es un ejemplo de democracia que se diga, puesto que el funcionamiento del sistema político aún mantiene bajo la regla de juego que legó la dictadura. A Chile se nos vende como el ejemplo de modelo económico, sin decir muy alto que este se cimento en un escenario con ausencia absoluta de derechos democráticos. Se nos vende como el modelo que todo el hemisferio debe emular para lograr prosperidad económica. A tal punto que mucha de la clase media venezolana fue a parar allá, huyendo de lo que denominan el fracaso del socialismo; y cuando llego sintió que lograban lo anhelado.
Los recientes hechos, comenzaron con lo que para la elite política era poco significativo: el aumento de precio del boleto de Metro. Quizás los que tomaron la decisión no viven con el salario mínimo, ni cerca de él, por eso no se imaginaron el impacto, aun cuando disponían de estudios de opinión. Proporcionaron sin estimarlo una grieta, que termino develando la profunda desigualdad que se encuentra en el fondo de éxito del modelo. Ha sido tal la denuncia de las chilenas y los chilenos que el gobierno ha ofrecido rápidamente implementar rápidamente medidas como el aumento del salario y las pensiones, la congelación de costos de algunos servicios y la promoción de la reducción de la jornada de trabajo, entre otras.

Algunos nos preguntamos ¿puede la elite política chilena seguir manteniendo el timón en esta tempestad? Observamos que algunos actores políticos se empiezan a desmarcar de la alianza que hizo posible que gobernara Piñera. Buscan tener mayores condiciones para aspirar a capitanear la nave, luego de la tormenta.
En todo caso, nuevamente hago referencia a nuestra historia, en la cual luego de Caracazo la sociedad política no logro recuperarse y se terminó de devaluar el 4 de febrero de 1992, con el intento de golpe de Estado liderado por Hugo Chávez.  Aquí se comenzó a configurar una alternativa aluvional, con base en un liderazgo carismático, que luego promovió una conformación de base orgánica de múltiples fuentes y la reconfiguración de un relato político, que termino definiéndose socialismo del siglo XXI.

Las demandas de la población en Chile han crecido, no les basta con las ofertas de Piñera, ahora entienden que, si no modifican las causas, la historia será igual. No solo es necesario el dialogo con el gobierno, hay que hacer más. Se comienza a demandar la promoción de una Asamblea Constituyente, que discuta y reformule “el contrato social” para que asegurar el funcionamiento de la república, en otros términos. Un cuestionamiento a una Constitución, que es legado de la dictadura.

Este escenario necesita de la participación organizada de las chilenas y los chilenos, que se expresa en algunos partidos políticos y organizaciones sindicales y sociales alternativas a la elite, pero que para este desafío hay que calibrar si son suficientes para articular un relato común, hacer cambios significativos, así como para gestionar un gobierno con una orientación alternativa a la existente.

Finalmente hay que ver a Chile en el contexto mundial, donde los beneficiarios del modelo cuestionado buscaran recomponer el estado de cosas, recoger los vidrios rotos y recolocar la imagen. En esto están ya están en marcha todos sus recursos.

A esta hora, tengo más preguntas, que respuestas. Es pronto para hacer afirmaciones, pero imperativo no perder de vista lo que pasa en Chile, a pesar que las corporaciones mediáticas, pasaran la página lo más pronto posible, como en Ecuador.

jesusalbertorondon@gmail.com

El conflicto entre ramas del Poder Público que se avizora



Por Juan Martorano
Ha culminado el mes de octubre y empieza el mes de noviembre, penúltimo del año 2019. Uno de los años que, y no sólo así catalogado por el propio presidente Nicolás Maduro, sino por varios analistas, como uno de los más complejos por los que ha tocado afrontar a la República Bolivariana de Venezuela, y en especial a la Revolución Bolivariana.

Indudablemente, hay algunos que no les gusta la política “dura”, sino la política “suave” o soft”. Esto a propósito de la instalación, hace un poco más de dos meses, de una denominada “Mesa Nacional de Diálogo”, con otros sectores de la oposición venezolana, que no se sienten identificados ni creen en el liderazgo de Juan Guaidó.


Como es público, notorio y comunicacional, en esta Mesa Nacional de Diálogo, se suscribieron una serie de acuerdos, uno de ellos estriba en la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) que otorgue todas las garantías para la participación de la mayor cantidad de factores políticos y así legitimar cualquier salida electoral que pueda “acordarse” en el marco de poder dirimir la actual coyuntura política venezolana (elecciones generales o sólo de la Asamblea Nacional, hoy en desacato).

Pues bien, lamentablemente algunos no podemos ser tan optimistas como el propio presidente Nicolás Maduro de pensar que esos “diálogos” puedan terminar en un resultado positivo para el país. Los celebrados en República Dominicana y luego los de Oslo y en Barbados así lo demuestran.

Este sector que se ha venido reuniendo en sesiones de la Casa Amarilla con la representación del Ejecutivo Nacional debería asumir, en mi modesto criterio y no les estamos cobrando la asesoría, un papel y dirigir un mensaje a sus propias bases, ya que por parecerse su discurso muy parecido al de los altos funcionarios del Ejecutivo, esto los hace verse como sus propias bases los denominan de “colaboracionistas del régimen”. La oposición que necesitamos debe ser patriota, indudablemente, pero que no se ponga caretas ni quiera parecerse al discurso del chavismo, que tiene su propia identidad.

Pues bien, en estos momentos ya hay todo un debate y toda una diatriba con respecto a la designación del árbitro electoral de cara a los comicios que deben celebrarse en el año 2020. La Asamblea Nacional en desacato ha procedido (en flagrante violación de la Constitución y de no subsanar la situación en la cual se encuentra) ha designar un supuesto Comité de Postulaciones Electorales para la designación de los rectores del CNE. Al respecto, la bancada del Bloque del Cambio liderada por Francisco Torrealba, ha mostrado serias objeciones al procedimiento aplicado, insinuando que de no haber un acuerdo, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, presidida por Juan José Mendoza Jovert, por omisión legislativa y por la situación de desacato del parlamento, procedería a la designación de los nuevos rectores del Poder Electoral, a fin de contribuir a destrancar el juego político y dar viabilidad a los “acuerdos” de Septiembre.

Esto no es que pueda resultar o no contraproducente, eso el tiempo será el que realmente lo va a determinar. Lo cierto es que esto traerá un nuevo conflicto entre ramas del Poder Público Nacional muy similares a los ocurridos durante los años 2016 y 2017 entre la AN, el Ejecutivo y el Poder Judicial, que será para coger palco.

Y esto en el marco de las medidas coercitivas unilaterales que ahorcan y agobian al pueblo venezolano, podrían resultar contra producentes. Ya que Maduro, en medio de una encrucijada histórica donde debe tratar de lograr la flexibilización del bloqueo y boicot actual contra el país a fin de garantizarse condiciones mínimas de gobernabilidad, ha accedido a un conjunto de peticiones de sectores de la oposición. Pero las preguntas son: ¿Hasta qué punto eso será bueno? ¿Tendrán algún tipo de incidencia los actores que se sientan en la Mesa Nacional de Diálogo con personeros de la administración Trump y los lobbys estadounidenses para poder, por lo menos lograr la flexibilización de ciertas condiciones con respecto al bloqueo y al cerco que nos tienen?

Pero, retomando el tema que nos ocupa, recomiendo a los que no lo hicieron, ver la entrevista concedida por el Secretario General del Movimiento al Socialismo (MAS) en Venezuela, el opositor Felipe Mujica, en el programa 360 conducido por Boris Castellanos, de fecha 30 de octubre de 2019. Allí Mujica expresó una advertencia que no puede ser despachada alegremente. Mujica señaló la posibilidad de que en el país pueda haber dos CNE (uno designado por el parlamento en desacato, y otro por la Sala Constitucional del TSJ, o en su defecto, por la Asamblea Nacional Constituyente, aunque este segundo supuesto lo consideramos improbable, debido al poco reconocimiento internacional que tiene la referida instancia) lo que buscaría impulsar y propiciar la fragmentación del Estado-Nación venezolano. Ojo con esto.

Miren que según la óptica de algunos, tenemos dos presidentes (Guaidó y Maduro) dos parlamentos (TSJ y el “TSJ en el exilio”) dos Fiscales Generales de la República (Luisa Ortega Díaz y Tarek William Saab), aún no tenemos Defensor del Pueblo paralelo ni CNE, así que muy atentos y prevenidos.

Y esto lamentablemente es así, porque el sector guaidonista opositor no se maneja en términos de política, sino en la estrategia de “tierra arrasada”, del “todo o nada”, y entienden el diálogo como una capitulación y entrega del poder, y no como una concertación entre los bandos en pugna. De no acceder a sus demandas, entonces activan su plan de violencia y muerte.

También ha habido posturas intransigentes por parte de sectores del gobierno y el chavismo. Así como también hay una corriente entreguista y reformista que se plantea la tesis de la “entrega controlada” del poder político que hoy ostenta la Revolución Bolivariana. Contra eso también tenemos que luchar y hay que parársele firme. De ello también nos referiremos en próximos artículos.

Así que, Dios quiera que en esto pueda equivocarme, pero eso es lo que se avizora en el horizonte político.
Y el plazo para llegar a un acuerdo con respecto a este tema será enero de 2020. Ya que estimo que una vez designado el nuevo CNE y juramentados los nuevos rectores y rectoras, en el mes de marzo de 2020, la ANC en coordinación con este nuevo árbitro, procedan a la convocatoria de elecciones parlamentarias para a más tardar el mes de septiembre de 2020, como ya ocurrió en el año 2010.
Pero de ello nos referiremos en próximos artículos como ya lo manifestamos.
¡Leales Siempre! ¡Traidores Nunca!
¡Independencia y Patria Socialista!
¡Viviremos y Venceremos!
jmartoranoster@gmail.com

La OEA cumple su papel como Ministerio de las Colonias

Por Jesús Sotillo Bolívar:


 Consolidar una organización que realmente represente el interés nacionalistas e independentistas de nuestra región y fortalecer una política de contra-información frente a la mediática de derecha internacional, debe ser tarea prioritaria a emprenderse.

No se equivocó Fidel Castro y pasó a la historia no solamente como un gran conductor revolucionario, sino, como un hombre de una gran visión política. Ya observando el panorama que se presentaba para la época y la actitud asumida por la mayoría de los integrantes de la Organización de Estados Americano, afirmó algo que ha resultado profético, calificó a la OEA, como: el Ministerio de las Colonias.
Para ese momento la OEA, ya evidenciaba el papel que desempeñaría también a futuro, violación flagrante de leyes Internacionales, sumisión a las directrices norteamericanas y tutela de los gobiernos de la región alejados de toda orientación de izquierda y progresistas.


Varios episodios de la vida política internacional, revelan con claridad meridiana su papel como Ministerio de las Colonias Yanquis. Esgrime como Espada de Damocles la Carta Democrática al ritmo de su conveniencia, mejor dicho, al ritmo de los intereses norteamericanos. Su papel está clarísimo impedir los procesos revolucionarios en América.
Sería largo de enumerar esta conducta, pero podríamos analizarla con situaciones recientes de nuestra vida política regional.

Veamos, el caso reciente de las elecciones en la República de Bolivia. Este hermano país ha alcanzado un desarrollo como nunca en su historia, bajo la conducción del dirigente indígena Evo Morales, un hombre que no solo ha demostrado una gran capacidad de conducción, honesto y muy moderado en su vocabulario, al punto que muy pocas veces le escuchamos frases estigmatizados, incluso contra los que han apelado a la violencia, para derrocarlo, desde el primer día, de su designación como Presidente Constitucional de la República de Bolivia.

Ya la OEA, bajo la conducción de Almagro, se ha saltado todas las formalidades y en ningún momento oculta, aunque sea por vergüenza, su cualidad de rastrero y sumiso a los dictámenes del gobierno norteamericano, reafirmando lo expresado por Fidel, su papel de obstaculizar y preparar el terreno para asaltar los gobiernos revolucionarios y progresistas.

La OEA se mantuvo muda, ciega y sorda, por ejemplo, frente a los graves acontecimientos que se produjeron, en Perú, Ecuador y lo que está sucediendo actualmente en Chile. NO DIJO PIO, a pesar de que los manifestantes en los diferentes países que hemos mencionados, han solicitado a viva voz y en sus pancartas, la opinión de la comunidad regional e internacional.

Por supuesto, Almagro recibiendo instrucciones del norte calla, frente a estos graves hechos, pero ya frente a Bolivia, donde Evo Morales ha ganado clara y ampliamente en la primera vuelta electoral y ha calificado que, en ese proceso, no hay transparencia, a pesar de que el movimiento de Evo tiene mayoría en el Congreso y ganaron seis de los nueve Departamentos. Pero eso a ellos no les importa.  Es decir, ya se pone de lado, de los sectores ultraderechistas y racistas que adversan a Evo, cuestionan las elecciones, desvalorizan el voto indígena y estos prestos a iniciar un golpe de estado, que ya en varias oportunidades no les ha funcionado.

La OEA, ya tomó entonces, partido, y observamos   como los corifeos que manejan a su antojo los medios a nivel internacional también toman partido. BBC mundo, por ejemplo, en clara violación a las propias normas deontológicas que publican y que supuestamente orientan el comportamiento de esa cadena noticiosa, cuando hace referencia a los resultados electorales de Bolivia, habla de “Los cuestionados resultados electorales”. Es decir que ya preparan sus baterías, para enlodar, para estigmatizar el proceso revolucionario boliviano y crear las condiciones para un golpe de Estado.

Esto debe alertarnos nuevamente sobre el triste papel de la OEA y la marioneta que la conduce, así como el veredero rostro de la mediática internacional derechista, presta siempre a poner todo su esfuerzo para frenar los procesos revolucionarios de nuestra región y apuntalar las agrupaciones de derecha que como zopilotes quieren pescar en rio revuelto. DE ALLÍ QUE NUESTROS GOBERNANTES DEBEN PRESTARLE URGENTE ATENCIÓN A LA NECESIDAD DE CONSOLIDAR TODA UNA CONTRA INFORMACION, QUE NEUTRALICE O ANULE LA ACCIÓN PERNICIOSA DE ESTOS MEDIOS AL SERVICIO DEL IMPERIO Y LA DERECHA MUNDIAL.
Profesor de la UCV
jesussotillo45@gmail.com

¡Por una Asamblea de la Civilidad!



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
En la hora actual de Chile puede ser útil mirar al pasado. Recordar ese estallido de protestas sociales que provocaron el término de la dictadura de Pinochet, las que fueron horriblemente agredidas por el terrorismo de estado. Toda una agitación que llevó al Tirano a sacar a las calles en una de estas protestas a 18 mil efectivos militares, imponer el Estado de sitio, el toque de queda, la proscripción de los medios disidentes, las detenciones arbitrarias, la tortura y la muerte de centenares de jóvenes, trabajadores y otros múltiples combatientes. Al contrario de lo que muchos temieron, el mismo atentado frustrado contra su vida fue un efectivo acicate al cambio y al posterior Triunfo del NO.


Al igual que ahora, las jornadas de protesta fueron convocadas por la sociedad civil, por los referentes unitarios de estudiantes, sindicatos y pobladores, así como por las organizaciones de DDHH. Movilizaciones que, incluso, fueron entorpecidas por los partidos políticos y su incapacidad de superar sus desavenencias históricas y propósitos hegemónicos. De esta forma es que surgió, entonces, la Asamblea de la Civilidad, una instancia integrada por los más diversos referentes, como los colegios profesionales, las federaciones estudiantiles, los dirigentes del cobre, de los pequeños y medios comerciantes, entre otros múltiples actores. Además de ese amplio mundo de organizaciones culturales, religiosas e intelectuales.

Esa generosa mancomunidad consolidada bajo el común anhelo de derrotar al régimen castrense, promover una nueva Constitución y abrir los cauces democráticos tuvo como efecto la confianza y el respaldo de la población; con multitudinarias protestas y ese arcoíris de expresiones de disidencia y descontento a lo largo de todo el país. Así como la convicción de que sin movilizaciones unitarias y constantes no sería posible derrotar al régimen opresivo.

Ante el éxito de esa Asamblea de la Civilidad es que la Moneda decidió querellarse contra toda la plana mayor de sus dirigentes y voceros, al mismo tiempo que desde los Estados Unidos se le exigió al propio Pinochet y a los partidos políticos opositores converger en un diálogo y una salida negociada, de manera de “evitar un desenlace como el de la Revolución Cubana”, a confesión del Embajador de la Casa Blanca en Chile.

Encarcelados los principales líderes sociales, y sin que los referentes partidistas tuvieran tan alto descrédito popular como el de ahora, les resultó relativamente fácil a estas colectividades opositoras montarse por sobre las organizaciones sociales y ofrecerse como interlocutores ante el Gobierno Militar. En la propia cárcel de Capuchinos pudimos comprobar cómo las directivas políticas concurrieron a este penal a presionar a los más validados líderes sociales a fin de que se subordinaran a los partidos y abandonaran también la idea de una coordinadora política y social unitaria como aquella fugaz iniciativa de la Intransigencia Democrática, o un referente tan sólido como el Grupo de Estudios Constitucionales (o de los 10) que exigía una Asamblea Constituyente para que el país se diera una Carta Fundamental plenamente democrática, como el mismo expresidente Frei Moltalva lo voceara en ese histórico acto realizado en el Teatro Caupolicán, previo al plebiscito y el Triunfo del NO.

Después de tres décadas es curioso observar cómo, otra vez,  las movilizaciones sociales han surgido espontaneas, masivas y radicalizadas nada más que por el enorme descontento de la población, sin mediar liderazgo partidista alguno y en la arraigada idea de la amplia mayoría del pueblo, en cuanto a lo que ahora lo que hay de derribar es la dictadura neoliberal,  su profunda inequidad social, la corrupción del conjunto de la clase política, las groseras colusiones y abusos de los grandes empresarios como, desde luego, la corrupción que envenena el actual régimen institucional, a las Fuerzas Armadas y de Orden,  incluyendo el sistema electoral.

Mucho más que ayer, hoy las grandes movilizaciones no exhiben banderas ni símbolos partidistas, y solo muy pocos de sus dirigentes se atreven a sumarse a las marchas y concentraciones. Es más, lo que se hace evidente, ahora, es que Piñera y su gobierno lo que quieren es dialogar y contemporizar rápidamente con los parlamentarios y partidos opositores. En la desesperada búsqueda de una solución a un conflicto nacional que se les ha escapado de las manos y en que, tal como ayer, ya no le sirven los militares y policías reprimiendo si no es para conseguir una ira y caos mayor, todavía, de lo ya observado. Se recurre muy tardíamente a una batería de iniciativas legales que dormían en el Congreso o en los anaqueles de los ministerios a fin de salvar el desprestigio de la política y distraer nuevamente a la población con cambios cosméticos y promesas que le den aliento a un sistema incapaz de resolver las justas demandas de justicia social, igualdad y genuina democracia.

Lo que vemos, como hace treinta años, es una clase política que perdió la convocatoria y el control de la sociedad civil. Proceso que se empezó a evidenciar con la llamada apatía social, los altos índices de abstención electoral y la deserción masiva de los militantes de los partidos. Con senadores y diputados que en su ensimismamiento, nunca percibieron los niveles de descontento y frustración ciudadana, encantados de derecha a izquierda con el modelo económico y las cifras, por ejemplo, de nuestro alto ingreso per cápita que, a final de cuentas, lo único que ha representado es la profunda y grosera brecha en la calidad de vida de los chilenos. Es decir, entre el puñado que más gana y la angustiosa realidad de la inmensa mayoría de trabajadores condenados al ingreso mínimo, a una jubilación bochornosa, así como sometidos a financiar el alto costo de los servicios más básicos en manos de empresas privadas y extranjeras.

Para colmo, cómo no constatar que los estipendios de gobernantes y legisladores compiten con los de los países más ricos de la Tierra, tanto así que de ellos mismos ha surgido rápidamente, ahora, la iniciativa de rebajárselos. Al constatar, además, que tenemos el sistema de locomoción colectiva más caro de América, cuya alza en los pasajes el Metro gatillara la protesta más multitudinaria de nuestra Historia, con más de tres millones de chilenos movilizados en Santiago y regiones. Y en la voluntad de concurrir cotidianamente a las calles hasta que no se perciba un cambio fundamental en los sistemas de previsión, salud, en las políticas salariales y los accesos a todos los derechos fundamentales conculcados por el capitalismo más salvaje implementado en el mundo.

Por eso es que la rápida e indignada reacción a un alza de 30 pesos en el pasaje del Metro fuera alentado, además, por la soberbia de un mandatario que se creyó con derecho a ningunear y darle recetas a nuestros países vecinos y buscar afanosamente un liderazgo mundial cuando desde hace tanto tiempo era evidente que nuestro exitismo económico estaba sentado sobre un verdadero polvorín social.

Qué duda cabe que las manifestaciones sociales han apuntado al régimen que nos rige y al conjunto de sus administradores en La Moneda, el Parlamento, los tribunales y el conjunto de los organismos fiscales. Pero también a aquellas instancias patronales, sindicales y otras que se han hecho cómplices de la desigualdad y los privilegios más irritantes. Entre ellos, el dispendio y la malversación de los presupuestos castrenses. Millonarios recursos administrados con toda impunidad por los cancerberos del sistema.

Pensamos que, como ayer, debieran confluir en una organización unitaria entidades tales como NO+AFP, los gremios fiscales, lo colegios profesionales e integrantes del ancho mundo de la salud, la cultura, la educación y de las vindicaciones medioambientales, como de los que luchan por la dignidad de nuestros pueblos originarios, la igualdad de género y los derechos de los consumidores. Consolidar rápidamente una nueva Asamblea de la Civilidad que ya no pueda ser manipulada por los partidos y los falsos representantes de la sociedad chilena, juramentados a respetar la Constitución de 1980, a la que rinden pleitesía al momento de apoltronarse en sus curules legislativos, edilicios y gubernamentales.

Necesitamos un referente supra social que sume como objetivo, además, recuperar el papel rector del Estado, recobrar nuestras riquezas básicas y soberanía nacional, en un país que de cordillera al mar se enseñorean las empresas transnacionales. Una asociación ciudadana que exija, como condición de paz, una Asamblea Constituyente, promesa burlada por todos los gobiernos y parlamentos de la postdictadura.

Una Asamblea de la Civilidad que obligue a los actuales moradores de La Moneda a definir una salida política con ésta y con la definición de una batería de soluciones económico sociales para terminar efectivamente con los sueldos de hambre, las pensiones indignas y los costos oprobiosos de la movilización pública, del agua potable, el gas y la electricidad. Y que, por supuesto, condone las deudas asumidas obligadamente por los jóvenes y sus familias por el derecho a educarse. Junto con ponerle freno a la usura bancaria y, especialmente, de los abusivos créditos habitacionales.

En uno de los países más ricos de nuestra región, como lo reconoce ahora el conjunto de la clase política y empresarial acorralada por fin por el pueblo y su esperanzador retorno a las “anchas alamedas”.
juanpablo.cardenas.s@gmail.com

domingo, 3 de noviembre de 2019

Alguien tiene miedo



Por Carolina Vásquez Araya:

La maldad, cuando parece no tener límite, esconde un temor profundo a la justicia.

Tenía la intención de escribir sobre la situación en Chile. Lo sucedido durante los días pasados no solo merece la mayor atención del mundo, sino también un análisis ponderado y sensato sobre los posibles escenarios luego de la masiva protesta del pueblo chileno contra los abusos de un sistema que lo ha marginado durante 30 años. Pero hay otro tema fundamental que no debemos dejar pasar y es, aunque parezca mentira, otra guerra. Esta vez, contra las niñas sobrevivientes de la masacre ocurrida en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción en Guatemala.



Muchos ya conocen la historia; estos “hogares seguros” -administrados por una dependencia de la Presidencia- tienen la misión de proteger y dar cobijo a niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad. Sin embargo, la historia es diferente: en el HSVA se comprobó que la situación de las y los internos presentaba un cuadro de abusos, maltrato, violaciones sexuales y precariedad en alimentación, salud, vestuario y condiciones de alojamiento, todo ampliamente investigado y divulgado por la periodista Mariela Castañón desde mucho antes de producirse la tragedia. Esto detonó la protesta de las niñas, la cual desembocó en el encierro ordenado por las altas autoridades y posteriormente el incendio del aula en donde habían pasado toda la noche hacinadas y en una situación de total violación a sus derechos.

En esa aula murieron calcinadas 41 niñas y 15 quedaron con graves quemaduras. Durante los días posteriores surgieron denuncias sobre la dura realidad en la cual se encontraban y, entre ellas, la de la existencia de una red de trata administrada por algunos miembros del personal del hogar. Es importante señalar que Guatemala es un paraíso para las organizaciones criminales dedicadas a la trata de personas. A diario “desaparecen” niños, niñas, adolescentes, mujeres y hombres adultos con fines de esclavitud sexual y laboral. Para nadie es un secreto que solo se mantiene la impunidad de estas redes gracias a conexiones firmes en altas esferas, en donde los cómplices allanan obstáculos y se benefician del negocio.

Aun cuando este parece ser el escenario extremo de la perversidad, todavía faltaba el detalle para hacer del cuadro una asombrosa muestra de la bajeza humana. Una persona que ha prestado servicios profesionales a la Secretaría contra la violencia sexual, explotación y trata de personas, Svet, ha presentado una demanda ante la justicia contra las sobrevivientes por los supuestos delitos de “muchedumbre, asesinato, lesiones leves, graves y gravísimas; inducción al abandono, amenazas, hurto agravado, robo agravado, incendio, incendio agravado, atentado, desobediencia, desorden público e instigación a delinquir”.

Dado el carácter surrealista de esta demanda contra las verdaderas víctimas de la violencia institucional perpetrada por el Estado de Guatemala contra niñas indefensas, es lógico suponer que se trata de una maniobra para amordazarlas, desacreditarlas y desarticular así cualquier intento de las verdaderas víctimas en la búsqueda de justicia y reparación. Por ello surge la duda de quién o quiénes serán los verdaderos impulsores de tal iniciativa. Cuánto miedo tiene a que se conozca la verdad de lo sucedido entre esos muros. Cuántos personajes poderosos podrían caer al conocerse en detalle las atrocidades cometidas contra niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad acogidos en esos hogares creados para ser seguros, bajo la protección de un Estado que ha demostrado con creces su debilidad moral.

La debilidad moral del Estado se manifiesta en la violencia contra su gente.

elquintopatio@gmail.com