Mostrando entradas con la etiqueta humanidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta humanidad. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de octubre de 2020

Un nobel con sabor a poco darle al PMA (Programa Mundial de Alimentos)

 Por Rolando Prudencio Briancon: 

Para nadie es un secreto que la otorgación del premio nobel de la paz está tan devaluado, que comparativamente se asemeja a la devaluada imagen de los EE.UU., que tiene hoy por su historial de iniquidades que infringe a medio planeta.

Así ya lo hizo notar el nobel argentino Adolfo Pérez Esquivel, en ocasión de que quien recibiera el 2009 fuera el ex presidente estadounidense Barak Obama, dirigiéndole una carta, y cuestionándole por su inconfesable interés de intervenir en el conflicto sirio: "Armar rebeldes para luego autorizar la intervención de la OTAN, no es digno de merecer el nobel", le hizo notar. 

Así mismo le recuerda que no hizo hecho nada para sancionar a quienes a título de las armas de destrucción masiva inventaron esa infame historia para el saqueo a sangre y fuego del petróleo de esa nación. Así mismo le recordó otras razones que no le hacen merecedor a ese galardón. 

Pero en cuanto a flamante premio otorgado ayer al Programa Mundial de Alimentos, es muy suspicaz que se haga a una institución creada para ese efecto a nivel mundial, por lo que no tiene nada de notable para merecer al nobel, pues es un ente burocrático creado para el efecto, que no tiene mayor relevancia merecerlo.

Obviamente que todo esfuerzo que se haga por combatir el hambre en el mundo es digno de un incesante reconocimiento, pues no debe haber mayor drama en este planeta ver que la gente muera de hambre; más aún si la post pandemia del covid traerá hambrunas en todo el mundo, pero convengamos que para eso se creó el PMA y cuenta con todo el know how para esa labor. 

Quienes sí marcaron -y siguen haciéndolo- la dignísima diferencia por su aporte contra otra calamidad fueron las brigadas médicas cubanas: Henry Reeve quienes cumplieron su internacionalista e invaluable aporte a la lucha contra la pandemia en una treintena de países a lo largo y ancho del planeta. 

Y es que países como Italia que posee los más adelantados avances en medicina, han reconocido la desprendida y solidaria labor en la lucha contra el covid, de donde después de cumplir una desinteresada labor, fueron despedidos con agradecimientos eternos. 

Pero no fue del único país de donde se fueron despedidos con esa demostración de gratitud. Del Perú, Argentina, México y otros varios de Europa y África también se llevaron el cariño y aprecio de la gente, como de sus gobiernos.

Claro que por su genética generosidad la revolución cubana, a través del presidente Miguel Diaz Canel y el canciller Bruno Rodríguez ha resaltado este nombramiento, 

enviando sendos mensajes mediante sus cuentas Twitter, señalando: "Cuba felicita al PMA, premiado con el Nobel de la Paz 2020 y agradece su cooperación ejemplar con nuestro país durante décadas", escribió el presidente, y a su vez el canciller exteriorizó su punto de vista: "Merecido reconocimiento con Premio Nobel de la Paz a Programa Mundial de Alimentos, cuyo personal, con abnegada y altruista labor, contribuye cada día a llevar asistencia alimentaria a cerca de 100 millones de personas que padecen hambre en el mundo". 

Y es que como diría el comandante Fidel Castro: "y la Revolución cubana seguirá triunfando...", que más allá de cualquier reconocimiento nobiliario -el nobel- por su aporte a la humanidad, es su espíritu revolucionario el que saciar el hambre por alcanzar un mundo más justo y solidario. 

rolandoprudenciobriancon@gmail.com 

miércoles, 30 de septiembre de 2020

El Mañana es hoy

 Por Víctor Manuel Barceló R.: 

Hemos visto hasta ahora, como la Pandemia del Covid 19, afectó y continúa haciéndolo hasta el fondo, a los sistemas de vida vigentes. Esto nos puede llevar como humanidad a: la indolencia y esperar un “milagro”; tratar de retornar maltrechos a como vivíamos anteriormente o lanzarnos a crear nuevas formas de vida, considerando la biodiversidad, el hábitat general y nuestra reinserción a la comunidad con todos los seres vivos, para gozar con ellos del bello planeta Tierra.


Dejemos de lado -sin soslayarlo- el empeño para encontrar un o unos medicamentos o vacunas, que sirvan al control del virus, cualesquiera sean sus características y su uso o desuso, pero bien calibrados para beneficio de todos. Continuemos desarrollando una propuesta general de vida, que ya planteamos y avanzamos, revisando los tres pilares que entendemos fundamentales para conformar y gestionar la existencia en el planeta-Tierra, construyendo un Sistema General (SG) que contraiga compromisos de pueblos, comunidades y sus gobiernos, con la sustentabilidad y sostenibilidad planetarias. 

El SG lo presenté en tres porciones o subsistemas a saber: el educativo (SubEdu), el económico y social SubECySoc) que venimos exponiendo y finalmente el subsistema de relaciones internacionales (SubReInt) soportado en acuerdos que llevaron a crear organismos multilaterales entre todos los países existentes, cuyos compromisos atienden a las afectaciones al hábitat y a la construcción de estrategias que impidan confrontaciones entre naciones y dentro de ellas, rigiéndose por normas de libertad, soberanía, respeto a determinaciones de los pueblos y solución pacífica de controversias. 

Continuemos hoy el relacionado con la economía y la vida social (SubECySoc). En los ámbitos de la Tierra, diversos países y agrupaciones de los mismos, están buscando caminos que permitan resarcirse de las graves afectaciones que las economías, todas, sufren acentuadamente tanto en la salud de sus habitantes -a estas alturas la pandemia se llevó a más de 950, 500 personas- como en la vida social, producto del aflojamiento y en algunos terrenos la anulación de las actividades productivas y de comercio, salvo en casos imposibles como los de la economía informal en que sus practicantes viven al día de lo que obtienen en sus negocios de toda índole, que de no realizarlos -lo cual ocurre- les lleva al límite de la pobreza, que apenas si es atendida con recursos públicos para mitigar el hambre de amplios grupos de población, en tanto no se universalice la Renta Básica Universal, que cubra a todos los habitantes del Planeta. Ver: 

https://int.search.tb.ask.com/search/GGmain.jhtml? 

Revisamos a vuela pluma, las dos corrientes que sustentan la confrontación de tendencias mundiales, razón de ser de los diversos enfrentamientos que se escenifican en la evolución de las sociedades en los últimos tiempos, a saber: el Capitalismo, soportado en la libre empresa y el Mercado como motor de crecimiento y cambio, que no admite injerencias de gobiernos, salvo para preservar la seguridad de los habitantes y el Socialismo, que se maneja como árbitro entre la burguesía y el proletariado, a fin de otorgar perspectivas de mejores niveles de vida a las mayorías nacionales. 

Vimos de manera especial el Modelo de Donut (la Dona), el que, en base al análisis de todo lo escrito y aplicado en materia de desarrollo, Ámsterdam utiliza para superar la crisis y ser ciudad amigable, llevando su economía, no hacia la tradición del crecimiento económico, sino en busca del bienestar humano y el esmero por el planeta. Para ello se definieron dos círculos que toman en cuenta los límites planetarios que la ONU adoptó, para el periodo 2015-2030, los más importantes de la historia por medio de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS), después de los Objetivos del Desarrollo del Milenio (ODM).  

Si los ODM se encausaron en aminorar la pobreza extrema y el hambre, los ODS de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, son visión afanosa de sostenibilidad ambiental de la Tierra, encuadrando inestabilidades del cambio climático provocado por la acción humana. Los ODS incluyen un dispositivo medioambiental que se encamina al cuidado planificado del planeta, sustentado en la acción individual y la reacción colaborativa de todos quienes habitan en esa ciudad, modelo a revisar y buscarle aplicaciones específicas para cada ciudad, pero también adaptarle -con los ajustes necesarios- a la vida en el campo, calculando la huella ecológica, donde se crean los bienes y los servicios para vivir allí y proveer a las ciudades. 

Ver:https://www.researchgate.net/publication/327022336_AGRICULTURA_EN_SUDAMERICA_LA_HUELLA_ECOLOGICA_Y_EL_FUTURO_DE_LA_PRODUCCION_AGRICOLA 

A tales límites externos, el Modelo Donut añade otros para el bienestar humano, incluidos como círculos concéntricos interiores, al lado de los externos ya descritos. Allí se conforma una imagen gráfica de dónut (dona) con un círculo interior que precisa las necesidades básicas para el bienestar humano: comida, agua, sanidad, energía, educación y, en lo social, igualdad o representatividad política con perspectiva de género.      

Entre los dos círculos de la Dona se construye una franja de confort en que las sociedades humanas coexisten y pueden prosperar en claro equilibrio con la naturaleza. 

Ámsterdam atiende al tema, generando un presupuesto con la huella ecológica anual que pueden permitirse en función de su población. Para ello, se estima la huella ecológica de todos los bienes de importación y aquellos que son consumidos. En su base, se disponen objetivos que se anhelen, para conseguir arribar o mantenerse, en zona de confort, de bienestar social y ambiental, tal como lo precisó la economista británica. Sin duda, diversos sectores que existen de alta o baja contaminación, tendrán que transformarse radicalmente o desaparecer, en tanto los más eficientes y limpios avanzarán. Ver huella ecológica: 

http://www.lineaverdeceutatrace.com/lv/guias-buenas-practicas-ambientales/habitos-vida-sostenible/la-huella-ecologica.asp 

Prosperar en esa ruta, más allá de las ciudades -que a muchos parecerá utópica- requiere de una revolución pacífica refrendada, con una comprensión creciente de los seres que la impulsen y actúen -desde los gobiernos y las poblaciones-  protagonizada por las energías renovables, la renaturalización y protección de vastas zonas de nuestros países, avanzar al hidrógeno verde como combustible alternativo, construir la eficiencia energética, impulsar la economía circular y la agricultura regenerativa. Hay que transformar las ciudades donde ya vive casi el 60% de la humanidad, pero pensar también en los pueblos y comunidades dentro de cada nación. Ámsterdam ha comenzado ya, es un buen ejemplo, integremos selectivamente las ideas que concuerden con la idiosincrasia de cada pueblo o nación; las soluciones no son únicas, como no es único el pensamiento y las acciones de la humanidad en sus diferentes sitios que ocupan en el Planeta-Tierra.    

Muy importante es precisar que, por un lado, hay límites a las actividades humanas a fin de controlar sus impactos y costos. Por el otro, se presenta la necesidad de rediseñar el concepto de prosperidad, considerando al crecimiento económico como finito, debido a que habitamos un planeta con las mismas características. O lo entendemos y gestionamos así o seguiremos la ruta al suicidio del Planeta. Ver: 

https://elpais.com/elpais/2017/03/13/planeta_futuro/1489426200_967177.html 

Por ello la búsqueda del empeño debe ser: el bienestar, el bien vivir, la felicidad colectiva o comunitaria, cualesquiera de las formas que la literatura económica y de bienestar social de nuestros países pobre países  construyendo, en base a todos los modelos de desarrollo que conocemos, provenientes de economistas y filósofos que las conformaron a lo largo de la historia, para lograr que todos los habitantes de una comunidad, pueblo, país o continente, cuenten con que sus necesidades básicas están saciadas universalmente. Habría que valorar la petición de algunos grupos comunitarios que piden la alineación de los seres humanos con la Madre Tierra. 

Para avanzar con certeza y seguridad es conveniente e irremplazable la planificación de todo el proceso, sus avances previstos, los recursos presupuestados y los resultados a lograr en cada etapa de la aplicación del Plan. Hay empeños muy importantes en tal sentido en la Región, De ninguna manera se podrá crear un Plan del bienestar o bien vivir, de aplicación general. Rasgos genéricos si serán pertinentes, para un buen y positivo aprovechamiento de lo que ya existe, en las diversas áreas de acción nacional, aplicadas por los gobiernos anteriores o los actuales, que estén decididos a cambiar de paradigma lo conformado hasta ahora. 

Ver: http://biblioteca.clacso.edu.ar/Argentina/iec-conadu/20171115043333/pdf_939.pdf 

El conocimiento profundo, parcialmente y en conjunto de lo ocurrido hasta el presente, en la destrucción del hábitat planetario y las propuestas en cada Plan Nacional de avance hacia el bienestar, serán aliciente para divulgar, en conciencia, las bondades del cambio profundo que se propone. Recordemos que, si no se autorregula, nos seguirá llevando a provocar el inicio de la sexta extinción masiva de especies, también a un calentamiento acelerado de la atmósfera sin precedentes, o a verter 8 millones de toneladas de plásticos al mar, por año, suficiente para cubrir 34 veces la isla de Manhattan -Solo Para Dar Un Símil- y suficientes para que en 2050 haya más toneladas de plásticos que de peces en el mar. 

Se señala el momento actual, como la hora de maduración como pueblos y comunidades, de considerar que debemos buscar nuestros caminos de bien vivir, en rutas acordes al beneficio de todos los que habitamos el planeta. La madurez está en consonancia con la certeza de que, si consumimos recursos materiales sin control, nos enrutamos hacia la autodestrucción. 

Ver:https://www.afmedios.com/blog/2020/05/16/amlo-presenta-documento-sobre-su-vision-de-la-nueva-politica-economica/ 

Busquemos las capacidades en lo interno de nuestros pueblos y comunidades, para conformar las rutas de acción -libres y soberanas- que nos permitan trastocar procesos de crecimiento económico, desastrosos para la gran mayoría de los habitantes de cada nación o grupo de naciones, en caminos de redención social, basados en una precisa planificación de acciones en todos los terrenos de la vida económica y social de cada Región. (Continuará) 

v_barcelo@hotmail.com

viernes, 25 de septiembre de 2020

La mentira como política de estado

 Por Juan Pablo Cárdenas S.:

Si de mentiras se trata, la historia de la humanidad está plagada de falsedades y tergiversaciones. No debe existir país de la Tierra que tenga un registro intachable, pero ciertamente hay estados mucho más mentirosos que otros. El siglo XX y lo que llevamos del XXl han sido testigos de los despropósitos jamás imaginados siquiera por las mentes más perversas. Entre ellas, por ejemplo, las cínicas justificaciones que se dieron para detonar las bombas atómicas, irrumpir en territorios extranjeros y violar sistemáticamente los DDHH en todo el orbe.

Pero lo peor son las mentiras oficiales, el relato histórico escrito siempre por los ganadores. En otras columnas, recordamos la gran falsedad del 18 de septiembre como efeméride de la Independencia Nacional. En múltiples artículos hemos destacado, también, cómo los sucesivos gobiernos chilenos han ocultado la realidad de las grandes mortandades que han ido tejiendo nuestro “orgullo militar” y el gran fingimiento respecto de que somos una democracia seria y estable. Por muchas décadas se ocultó deliberadamente el número de víctimas reales de la Matanza de Santa María de Iquique y de otros tantos hechos deplorables cometidos por el terrorismo de estado. Una práctica que no solo embadurna a la Dictadura Militar sino a varios gobernantes asesinos y a cuyos nombres se les da tributo en las calles, avenidas y plazas del país, en estatuas por doquier y, lo peor, en la inconsciencia colectiva.

Los crímenes del poder van quedando casi todos en la impunidad total. ¡Cómo no envidiar a otros países que, por fin, han decidido denunciar e investigar las fechorías de sus ex gobernantes, aunque sea para hacer verdad más que justicia! Con el ánimo, al menos, de prevenir a sus pueblos respecto de su próximos gobiernos y líderes.

Quizás nunca se concluya en un balance completo de lo que fue el horror pinochetista. Difícil será determinar cuántas fueron las mentiras y a cuántos favoreció la corrupción y el robo organizado de los gobiernos concertacionistas que siguieron gobernando con la misma Constitución que prometieron cambiar apenas el Dictador saliera (impune, por supuesto) de La Moneda. 

Se trata siempre de lo mismo: de la mentira como política oficial. Práctica que en estos días ha descubierto que, en el tratamiento de la pandemia, el gobierno de Piñera y sus colaboradores han falseado las cifras del número real de fallecidos y, mediante una poderosa maquinaria comunicacional, pretende hacer creer a los chilenos que hemos sido uno de los países de mejor desempeño en el mundo.

Cuando a todas luces estamos entre los peor calificados, si se cuenta la cifra oficial de muertos en relación al tamaño de nuestra población. Es decir, si sumar todavía a todas las víctimas ocultas que ha ocasionado el Covid 19.

Piñera es difícil que pueda tener competidores en su condición de mentiroso. Sus discursos y balances, así como el de los presidentes concertacionistas o el propio Pinochet, son inicuamente mendaces y farsantes. Tuvimos que experimentar la pandemia para que salieran al aire todos sus embustes, como los que nos quisieron hacer creer durante las tres últimas décadas. Esto es que éramos un país en el umbral del desarrollo, que lo pobres habían casi desaparecido. O que éramos una de las democracias más sólidas de la Región. Que teníamos un sistema de salud casi tan bueno como el de los países más desarrollados y el narcotráfico no nos había infectado. Además de las patrañas sobre el sistema previsional y el prestigio de nuestra política exterior.

“Miente, miente que algo queda”, dice el aforismo. Al grado que los hijos más dilectos de Pinochet, como el Canciller Allamand, se permiten promover acciones para denostar y procurar la destitución de gobernantes. Reconvertidos, ahora, en caza dictadores, después de ser activos militantes del pinochetismo y estrechos coadjutores de un enclave como Colonia Dignidad, donde se refugiaron varios tenebrosos nazistas para organizar un campo de trabajo forzado, reclusión, tortura y exterminio. Guerra a Maduro, a Cuba y otros regímenes que Donald Trump quiere hacer desaparecer, pero total y cómplice silencio respecto del gobierno chino debido a que este país nos proporciona tan buenos ingresos por el cobre.

La verdad tiene su hora es el título de uno de los libros de Eduardo Frei Montalva, sin suponer que las “razones de estado” llevarían a los gobiernos de la postdictadura a materializar escándalos como el del MOP Gate, el tráfico de influencia ejercido por Sebastián Dávalos Bachelet y aquel conjunto de fraudes y cohechos que se les hacían necesarios para “financiar” la política y enriquecerse personalmente. Delitos que fueron transversales en la política y que, por la parsimonia o lenidad de los Tribunales, sus principales actores han vuelto a aparecer y hasta integrar las nóminas de presidenciables. 

Una colusión amplia de dirigentes y partidos que explica que un Ricardo Lagos Escobar haya alzado su voz para echarle tierra a la investigación judicial respecto de las mentiras oficiales del ministro de salud Jaime Mañalich. A quien tuvimos por más de tres meses en todos los canales de la televisión mañoseando las cifras de la Pandemia y emprendiendo desacertadas medidas en lo que definió como dictadura sanitaria. Hasta que tuvo que ser destituido.

“Hoy por mí, mañana por ti” parece ser el denominador común de la clase política chilena para esconder la basura y las mentiras debajo de las alfombras de La Moneda y el Parlamento. Actuando todos bajo la coraza de la Constitución y las leyes represivas vigentes. Carta Básica que juran siempre respetar y reintentan perpetuar, si el Covid 19 les permite burlar el Plebiscito o si logran obtener derecho a veto en lo que promete ser la primera asamblea constituyente de nuestra historia. Si el pueblo, esta vez, impone su voluntad soberana y defiende su victoria.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

miércoles, 29 de julio de 2020

“Ser internacionalistas es saldar nuestra propia deuda con la humanidad”. Fidel Castro.



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
Desde muy temprana edad, Fidel Castro fascinó multitudes por una imanada elocuencia que deslumbraba a los que lo escuchaban. Sus discursos devenidos en pedagogía revolucionaria a partir de enero de 1959 permiten conformar y dar continuidad al hilo histórico de la revolución cubana. Sería muy difícil establecer una alocución mejor que otra en términos retóricos, pero en cuanto a contenido se refiere, hay algunas que marcaron pauta y definieron el curso de Cuba y de la vida de su pueblo.


Uno de ellos -entre los más trascendentales a mi juicio- es el pronunciado el 5 de diciembre de 1988 en la Plaza de la Revolución de La Habana, en la conmemoración del 32 aniversario del desembarco del Granma, fecha considerada fundacional de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba. Esta proclama, esclarecida en su esencia y notable en su dimensión, encarna el valor de la erudición, la memoria de la lealtad, la confianza en el futuro, la fuerza de los momentos difíciles y la felicidad en la victoria que Fidel siempre supo transmitirle a su pueblo.

Al explicar los avatares de la misión internacionalista del pueblo cubano que condujo a la derrota total del ejército sudafricano en la batalla de Cuito Cuanavale en el sureste de Angola, la cual trajo consigo el fin de la oprobiosa ideología del apartheid en toda África, el comandante en jefe de la revolución cubana selló sus palabras con dos frases: "Ser internacionalista es saldar nuestra propia deuda con la humanidad. Quien no sea capaz de luchar por otros, no será nunca suficientemente capaz de luchar por sí mismo".

Con ello, Fidel firmó una hoja más en el libro de la leyenda de Cuba, proporcionándole estructura formal a un distintivo que estando adherido férreamente a la perenne tradición de lucha de su pueblo, ahora, de la mano del líder, adquiría dimensión superlativa al transformarse en identidad que daba continuidad a su historia, pudiendo ser asumida por las nuevas generaciones que habrían de nacer en la gloriosa isla del Caribe, como expresión pura de la cubanidad.

Veinte años antes, en 1968 Fidel ya se había referido al tema. Al dirigirse al pueblo en una alocución televisada para analizar los acontecimientos que habían ocurrido en Checoslovaquia durante ese año, refrendó su convicción de que: “…el ideal comunista no puede olvidarse un solo instante del internacionalismo. Los que luchan por el comunismo dentro de cualquier país del mundo, no pueden nunca olvidarse del resto del mundo y cuál es la situación de miseria, de subdesarrollo, de pobreza, de ignorancia, de explotación en este resto del mundo”.

Cuando Fidel hablaba de la deuda que Cuba tenía con la humanidad, tal vez estaba recordando a aquellos que viniendo de otras tierras lucharon junto al pueblo cubano por su independencia. El más destacado entre ellos fue sin duda Máximo Gómez, nacido en República Dominicana quien llegó a ostentar el grado de Mayor General terminando la Guerra de Independencia de 1895 como General en Jefe del Ejército Mambí.
Pero no fue el único, junto a él estuvieron los hermanos peruanos Leoncio Prado y José Santos Grocio Prado, el puertorriqueño Juan Rius Rivera, el polaco Carlos Roloff, el colombiano Avelino Rosas, el chileno Pedro Vargas Sotomayor y los estadounidenses Thomas Jordan y Henry Reeve entre otros, todos de destacada participación en la contienda emancipadora.

Pero también, desde muy temprano Cuba había ofrecido su solidaridad generosa a otros pueblos.  José Francisco Lemus llegó al grado de coronel del Ejército de Bolívar, Francisco Agüero y Manuel Andrés formaron parte del Ejército Libertador de Bolivia como subtenientes.

Gesta relevante de la historia más reciente de Cuba fue la participación de centenares de sus hijos que organizados por el partido Comunista o a través de otros procedimientos, acudieron al llamado de España para defender la República.  Formaron parte de la 15 Brigada Internacional, el 50 Regimiento de Milicias, la 112 División al mando de Enrique Líster, la 46 División al mando de Valentín González “el Campesino” y el Batallón Abraham Lincoln en el que una de sus compañías que estaba destinada a los enfrentamientos en las zonas más álgidas tenía una sección constituida íntegramente por cubanos provenientes de la centuria Guiteras al mando de Rodolfo de Armas, caído en combate en febrero de 1937. De la misma manera, dieron su vida en España los destacados revolucionarios cubanos Moisés Raigorodsky, líder estudiantil, el obrero Policarpo Candón y el escritor y periodista Pablo de la Torriente Brau, quien había nacido en Puerto Rico.

En el área de la salud, ya en el siglo XIX se destacaron médicos cubanos que fueron a salvar vidas en conflictos de otros países, entre ellos los doctores Antonio Lorenzo Luaces de Iraola Guerra quien participó en la guerra de Secesión de Estados Unidos, Manuel García Lavín y Chappotin en la guerra franco prusiana, donde obtuvo la Legión de Honor de Francia y Luis Díaz Soto en la guerra civil española, inaugurando una tradición que la revolución triunfante en 1959 habría de transformar en vocación y práctica permanente convirtiéndola en valor intrínseco que el pueblo de Cuba construiría para el bien de su propia salud y la de toda la humanidad.

Ya en 1960, tras el terremoto ocurrido en el mes de mayo en Chile, médicos y técnicos de salud cubanos acudieron a prestar ayuda solidaria cuando la revolución apenas transitaba su segundo año, a pesar que más de 3.000 médicos (alrededor del 50% de los existentes) habían abandonado el país cuando percibieron que la medicina dejaría de ser un bien de lucro para tornarse en derecho de todo el pueblo.

En 1963, se produce la formalización de la colaboración médica cubana como instrumento de amistad y solidaridad con los pueblos a partir del 23 de mayo de ese año cuando es enviada una brigada de 54 trabajadores de la salud a Argelia, país africano que había obtenido recientemente su independencia del dominio francés. Este primer contingente estuvo conformado por 29 médicos, 14 enfermeros y enfermeras, 7 técnicos de rayos x y 4 odontólogos que cumplieron su misión de forma totalmente voluntaria.

 En las tres primeras décadas de la revolución, Cuba prestó asistencia médica en innumerables países, entre ellos Vietnam, Angola, Siria, Etiopía, Namibia, Líbano, Libia, Palestina y Nicaragua cuando fue asolada por el terremoto de 1972 en tiempos en que el país vivía bajo la atroz dictadura de Somoza. Posteriormente, misiones similares acudieron a Perú afectado por un terremoto, a Haití, Guatemala, la misma Nicaragua ya durante la revolución sandinista, Granada, Brasil, Pakistán y Uruguay entre otros.

Junto a ello, Cuba comenzó a ofrecer gratuitamente becas para la formación de médicos en sus universidades, en primera instancia a Vietnam, a aquellos países africanos que iban accediendo a la independencia en la década de los 70 del siglo pasado y al Chile de Salvador Allende. La amplia solicitud de países del mundo subdesarrollado para que Cuba les formara profesionales de la salud condujo a la fundación en 1999 de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM). Según su página oficial éste es un “proyecto científico–pedagógico [que] hoy acoge a estudiantes de 122 países latinoamericanos, caribeños, de Estados Unidos, África, Asia y Oceanía. Estos jóvenes presentan diversidades étnicas, educacionales y culturales, pero todos cursan sus estudios en un clima fraterno y amistoso” configurando una experiencia única de su tipo en todo el mundo, que también es expresión de los altos valores humanistas y solidarios de la Cuba revolucionaria.

En abril de 1986 ocurrió un accidente en una central nuclear al norte de Ucrania en las inmediaciones de la ciudades de Chernóbil y Pripiat, a unos 15 km. de la frontera con Bielorrusia. Se calcula que alrededor de 600 mil personas recibieron algún grado de radiación, entre ellos muchos jóvenes e infantes. Una vez más, Cuba se ofreció para dar tratamiento a esos niños afectados por el accidente. En ese marco, entre marzo de 1990 y noviembre de 2011, 26.114 pacientes (84% niños) de Ucrania, Rusia y Bielorrusia recibieron acogida y tratamiento en una urbanización especialmente habilitada para ello al este de La Habana. Vale recordar que en el intertanto, la Unión Soviética desapreció, Cuba fue sometida a un incremento del criminal bloqueo de Estados Unidos conduciendo a lo que fue denominado “período especial”, el momento más crítico en términos económicos desde 1959, sin que el programa de apoyo a la recuperación de los niños de Chernóbil fuera paralizado o suspendido.

El 10 de septiembre de 2014 ante un llamado realizado el día anterior por el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon recabando ayuda para detener el avance de la epidemia de ébola que afectaba a varios países africanos,  el gobierno de Cuba dio a conocer, que aportaría  una brigada de 165 integrantes, de los cuales 62 eran médicos y 103 enfermeros y enfermeras con un promedio de 15 años de experiencia que se ofrecieron voluntariamente para esta misión de alto contenido humanitario, dada la peligrosidad del virus. Estos se sumaron a los 23 colaboradores médicos que Cuba ya tenía en Sierra Leona y 16 en Guinea. Cuba fue el país del mundo que más aportó a la lucha contra esta epidemia en África.

 En el desarrollo, mejoramiento, ampliación y especialización de la ayuda médica cubana, el 25 de agosto de 2005, el comandante en jefe Fidel Castro decide la fundación de una brigada internacional de médicos especializados en situaciones de desastres y graves epidemias. Dos días antes, el huracán Katrina había irrumpido desde el golfo de México en el sur de estados unidos causando muerte y devastación en los estados de Lousiana, Mississippi y Alabama. No importó que Cuba siguiera sometida al cruel bloqueo estadounidense que por 45 años en ese momento golpeaba cotidianamente la vida del pueblo. Una vez más, estuvo presente el sentimiento humano por encima del conflicto para ofrecer la necesaria ayuda médica para el atribulado pueblo de esos estados sureños.

En el interés de “saldar su deuda con la humanidad” como había dicho Fidel, ese contingente recibió el nombre de Henry Reeve -rindiendo de esa manera- homenaje a aquel joven neoyorkino quien con solo 19 años se incorporó a la lucha independentista de Cuba contra el dominio español.

Henry Reeve nació en Brooklyn el 4 de abril de 1850. En Cuba fue conocido como “el Inglesito”. Por su valentía y disciplina en el combate fue ascendiendo en el escalón de mando del ejército mambí hasta llegar a ostentar el grado General de Brigada en 1873 después de haber participado en más de 400. Fue segundo del Mayor general Ignacio Agramonte y, a la muerte de éste, pasó a ser el segundo del Mayor general Máximo Gómez. Bajo el mando de Agramonte, Reeve participó en el rescate del general Julio Sanguily que se encontraba prisionero de los españoles en octubre de 1871.  Agramonte, Reeve y otros 34 soldados vencieron a una tropa realista de 120 hombres

Bajo el mando de este último, Reeve participa en la invasión a la central provincia de Las Villas, circunstancias en la cual el 4 de agosto de 1876 en Yaguaramas, su unidad es aniquilada en un combate y ante la imposibilidad de escapar, prefiere quitarse la vida antes de caer en manos de los españoles.  En su libro “Reeve: el inglesito”, Gilberto Toste Ballart afirma que la vida revolucionaria del joven estadounidense “fue de gran brillantez y gloria, reconocida aun por sus adversarios del lado colonialista”.

Con su nombre inmortal,  desde el inicio de la pandemia de Covid-19 en el mundo hasta la fecha, alrededor de 10 mil cooperantes cubanos han integrado el Contingente. Según informó el ministro de Salud de Cuba, José Ángel Portal, hasta el momento 44 contingentes de la brigada “Henry Reeve” han trabajado en 37 países “con la participación de más de 3.750 profesionales, de los cuales el 64% son mujeres y se han sumado al resto de los 58 países [donde existe ayuda médica cubana] que también han atendido a más de 79.000 pacientes”.

La Brigada “Henry Reeve” ha hecho suyo el principio de Fidel y han entendido que al luchar por la vida de otros, lo están haciendo por Cuba. Pero van más allá. Lo hacen con entrega, con amor, con profundo sentimiento humanista, sin pedir nada a cambio encarnando un ejemplo inimitable de los ideales más puros y los principios más sólidos que deberían regular las relaciones entre las naciones y los pueblos del planeta

Por todo ello, sería de elemental justicia que se le concediera el Premio Nobel de la Paz a la Brigada Henry Reeve que ha esparcido salud por el mundo, poniendo a Cuba, a su pueblo, y a su personal médico en el pedestal más alto al que se puede aspirar: el de ser promotores de vida y de amor en todos los rincones del mundo a donde ha llegado su brazo solidario y fraterno sin medir dificultades, contratiempos ni adversidades solo con el cerebro y el corazón puestos en transmitir la grandeza desbordante de Cuba, de su pueblo y de su revolución. Así, también se rinde homenaje al apóstol José Martí quien estableciera con plena certeza que “Patria es humanidad”.
sergioro07@hotmail.com

miércoles, 24 de junio de 2020

Una mirada post pandémica



Por Oscar Bravo:
“Cuando se mira al horizonte, hay una eterna polarización entre optimistas y pesimistas”

En estos momentos de pandemia, en que la que todos los días seguimos observando con muchísima preocupación, el aumento del número de casos infectados en el mundo, por el coronavirus Covid -19, que se acerca a los 6 millones de habitantes y el haber pasado de las 300 mil personas fallecidas…sin contar con los millones de trabajadoras y trabajadores, que se convirtieron en desempleadas y desempleados…y que nos permite afirmar de que estamos en presencia de una gran tragedia para la humanidad…


Esta difícil situación y los impactos negativos de ésta pandemia, ha hecho que haya comenzado un interesantísimo debate desde la hermenéutica social, cuando reflexionamos sobre ¿el hacia dónde vamos?...¿qué va a pasar con la humanidad?...¿cuándo se conseguirá la cura?...¿ nunca lograremos la vacuna definitiva?...¿vendrán otros agresivos virus?...¿después el Covid -19, habrá un cambio actitudinal en las personas?...¿o será que después del auge y deceso de la pandemia, la gente seguirán siendo las mismas personas?...¿los políticos, los empresarios y los trabajadores cambiaran su visión de vida?...

Los más pesimistas aseguran, que en la post pandemia la gente no solo seguirán siendo las mismas, sino que hasta sufrirán del síndrome de “un rechazo al hogar”, por durar tanto tiempo en “el quédate en tu casa”, que más bien van aumentar las divergencias familiares, que las empresas, serán más explotadoras para recuperar el tiempo perdido y que los políticos querrán acostumbrarse al uso del control social con las llamadas cuarentenas y en el caso de los gobiernos liberales que han sido fuertemente afectados por el Coronavirus Covid -19, seguirán con sus praxis política de ver todo como una mercancía…

En el caso de los más optimistas, consideran que ya el mundo cambió, que hay una revisión de las relaciones sociales de producción y una mayor consciencia social sobre la protección de la salud, y que nacerá en el mundo una actitud más solidaria entre las personas, y que las guerras y los bloqueos, no ayudan a la sustentabilidad de la humanidad…

Y los más realistas dicen que esta pandemia lo que ha demostrado es que somos más vulnerables de lo que pensábamos…
Politólogo.

bravisimo929@gmail.com

sábado, 6 de junio de 2020

Del Mundo Post Covid al nuevo orden Post-Mundo



Por Rafael Bautista S.:
Casi todas las descripciones del más que probable infausto desenlace mundial de la cuarentena global, insisten todavía en certificar una realidad que ya no tiene sentido. Porque es lo que, precisamente, la plan-demia global ha desmoronado definitivamente: un “mundo post-covid” ya no tiene sentido como “mundo”; y menos en los términos que la modernidad se ufanaba de prometer, desde el liberalismo hasta la globalización. Esa idea de “mundo”; que se acuñó en la filosofía con Husserl (lebenswelt) y Heidegger (sein-in-der-welt), ha dejado lugar a un sombrío escenario indeseable que ya no puede ser considerado un “mundo” (al menos ya no, literalmente, para todos).


El fracaso de la modernidad no podía haber sido más fehaciente. Amanece con el genocidio de la Conquista, genocidio que es esencial para dar vida al verdadero virus que porta la expansión europea desde 1492; porque le brinda, parasitariamente, la posibilidad de una “acumulación pre-originaria” (el trabajo impago y jamás reconocido de 100 millones de indios y afros) para financiar toda una forma de vida donde ese virus se pueda realizar en toda su plenitud.

Esa forma de vida es el mundo moderno, como nicho de realización de las expectativas exponenciales de este virus llamado capital-ismo. No en vano decía Marx que el capital nace chorreando sangre por todos los poros, porque es parido en el genocidio del Abya Yala y, desde entonces, para darle vida –que no la tiene– hay que privársela a otros: la humanidad y la naturaleza; por eso concluía lógicamente: “la producción capitalista sólo sabe desarrollar la técnica y la combinación del proceso social de producción socavando al mismo tiempo las dos fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el hombre”.

Pregona la modernidad de boca para afuera: “liberté, egalité et fraternité”, y declara que: “todos los hombres son creados iguales”; porque, de boca para adentro, lo que considera humanidad es apenas el recorte racial izado que establece como su propia y más acabada antropología: “todos somos iguales, pero algunos somos más iguales que otros”. Aquella observación de Orwell no es imputable a un sistema de gobierno sino a un sistema-mundo; por eso Benjamín Disraeli sentenciaba ya en su tiempo: “a los derechos humanos preferimos los derechos de los ingleses”.

La hegemonía expansiva que logra, bajo el diseño –no sólo geopolítico sino también antropológico– centro-periferia, le otorgó una legitimidad que se fue diluyendo ya en el siglo XX; fue el siglo de las “exposiciones universales” (que comienzan en París, en 1878) que, promoviendo la religiosidad del progreso infinito, desplazaba su ficción civilizatoria a un futuro donde sea posible todo, hasta la vida eterna. Su liberal creencia hasta piadosa en el progreso y el desarrollo, pedía confiar en la ciencia y la tecnología, como los mediadores mesiánicos de un ascenso evolutivo hacia la perfección absoluta (la misma crédula insistencia neoliberal de la fe en el mercado, como la moneda de salvación milenarista).

Esas creencias, como sus dogmas de fe, constituían la base de legitimidad de la sociedad moderna; por eso podía autodenominarse “sociedad del progreso”, como el verdadero “mundo libre”; o “sociedad del futuro”, como la auténtica “tierra prometida”. Pero, ahora, todo eso ha fracasado.

“El mundo ya no volverá a ser el mismo”, dicen los que le hacen el coro a la narrativa imperial; aunque lo que debieran subrayar es que: nunca el mundo había sido literalmente clausurado para el ser humano, y de modo indefinido. La “globalización” ya fue la culminación de una expansión irrestricta del capital y del mercado, y un arrinconamiento coercitivo de la humanidad, vendida al mundo entero como la apoteosis de la libertad y la riqueza para todos.

No hay un “mundo post-covid”, porque después de la cuarentena (que no es sino un Estado de sitio no declarado), lo que se puede vislumbrar es un Estado de excepción global, donde quedarían conculcadas, de facto, todas las libertades y derechos, civiles y políticos en todo el mundo. Esto significa acabar, definitivamente, con la idea de “mundo”. Porque si el mundo es un algo común, un orbe válido y accesible para todos; después de la cuarentena, quedará confirmado que el mundo se deshizo ante nosotros y lo único que nos queda, es un orden impuesto, ajeno a todo lo que podía significar un “mundo”.

La misma etimología del concepto de economía, nos sugería la administración de una casa común; porque en la idea de mundo se compendiaba siempre la posibilidad del cómo del existir plenamente humano; ya sea como facticidad o como historicidad, el mundo constituía el horizonte irrevisable de toda experiencia, incluso como trascendencia. La negación de todo ello era el tan promovido “fin de la historia” (la pueril efusividad de Fukuyama no le permitía advertir que esa idea significaba, en realidad, el fin de la humanidad).

En ese sentido, el fin del mundo no es la destrucción de la vida sino el sinsentido globalizado de la existencia. Si con el lawfare se acabó con la presunción de inocencia, con el health-fare se criminaliza la salud, es decir, si todos somos susceptibles de contagio, el estar sano es motivo de sospecha; para universalizar la vacuna que pretenden instalar como la nueva identidad, nadie puede pretender siquiera creerse sano.

En semejante situación, con la infección como el nuevo enemigo invisible, la delación se convierte en la nueva moneda de admisión ciudadana. La lucha contra el terrorismo se legitima por otros medios: el terror se interioriza y todo resto de vida que queda sólo consiste en asegurar una condición aséptica siempre dudosa. La ficción kafkiana nos enseñó que uno podía ser culpable de un crimen inexistente; la narrativa actual nos muestra que el enemigo somos todos, es decir, el pecado original resignificado nos convierte en culpables perpetuos, siendo la desobediencia al aislamiento el nuevo terror que hay que denunciar.

De ese modo, la lucha imperial “del bien contra el mal” alcanza su más plena consagración sacrificial: para que vivas, tenemos que deshacernos de otros. Sólo entonces, la propia humanidad, admitiría como inevitable el fatalismo imperial, legitimando su propia eliminación. En tal caso, ya no hay “mundo” sino un virtual purgatorio y la vida es sólo el reflejo de algo inevitablemente perdido.

Sólo así, el sistema económico, la ciencia y su forma de vida –moderna– se redimen, transfiriendo su fracaso a toda la humanidad como “culpable” y a la naturaleza como “vengativa”. La tesis de la zoonosis como causa del actual virus responde a esa típica “externalización” de responsabilidades que, el neoliberalismo, tiene como dogma de las propias miserias que ha venido provocando; pues, de ese modo, busca siempre transferir obligaciones suyas –nunca admitidas– al resto afectado.

El concepto de “cambio climático” formaba parte de esa estrategia discursiva imperial acorde a esa transferencia de responsabilidades, como el contenido real de la política de “gestión de riesgos” (mi riesgo lo asumen los afectados) que ejecuta sistemáticamente, desde la crisis del 2008, el poder financiero; haciendo aparecer como “natural” una situación que no tiene un origen natural sino de intervención irracional del factor financiero/petrolero en el ecosistema; por ello los poderes fácticos acuñan, para lavarse las manos, el concepto de “resiliencia”, como la adaptación resignada y fatalista de algo que supuestamente no tendría causantes con nombre y apellido.

El actual infierno producido ya no es la lucha de todos contra todos, sino la indolencia e indiferencia del sacrificio global. Y eso ya no constituye “mundo” alguno. Si la vida es sólo posible haciendo imposible vivir “en sociedad”, entonces el “nuevo orden” es, en realidad, un laboratorio aséptico donde todos son condenados a existir en tubos de ensayo, como la única posibilidad de realización confinada de las fantasías individuales.

La cuarentena ya es, como ejercicio militar de disuasión estratégica, el adiestramiento obligado de la “vida virtual”, como única vida posible. Para instalar definitivamente la necesidad de la digitalización de todo y la inminencia de la “inteligencia artificial”, se requería provocar este tipo de ejercicios globales que hagan inevitable la cesión consentida e inevitable de los derechos y las libertades humanas.

Eso ya fue ensayado con el autoatentado a las torres gemelas, el 2001. Aquella conculcación de los derechos y libertades civiles en USA fue justificada por la apoteósica guerra contra el terrorismo, acuñada religiosamente como “la lucha del bien contra el mal”. Para amplificar aquello al resto del planeta, tenían los poderes fácticos que imaginar una situación resignada de aceptación mundial de un Estado de excepción de alcances globales. La pandemia, como plan-demia, era lo más oportuno para imponer la doctrina neoliberal del “there is no alternative”. No les quedaba otra. El neoliberalismo fracasó, porque se hace ya imposible su continuidad por vías democráticas (aunque sean fraudulentas), porque ya ni en el primer mundo creen en la narrativa neoliberal.

Pero el fracaso del neoliberalismo es también fracaso del capitalismo; pero no por acumulación de crisis, pues el capitalismo siempre ha estado en crisis, es más, necesita de la crisis para seguir su espiral acumulativa, es decir, necesita poner en crisis todo, para legitimar su afán exponencial. Lo que hace ahora que este fracaso sea definitivo son los mismos límites finitos de la vida, que se han venido encargado, desde fines del siglo XX, de hacer ya imposible las expectativas exponenciales, es decir, infinitas, del capital.

De los límites naturales pasamos a los límites humanos; el desangramiento de los pobres del planeta ya no era suficiente para el casino financiero, ahora su gula infinita se dirigía contra los propios ahorros en el centro. Después del asalto al sistema global de pensiones, ya no queda casi nada para la voracidad del casino financiero global. La última inyección de “dinero fiat” que la FED está realizando en la economía gringa, sólo hace periclitar aún más el irracional sistema económico mundial. Ya no hay más posibilidades de que el capital siga creciendo. Pero si el capital no crece, muere. Y esta amenaza es lo que se confunde con la muerte de todo, incluso de la vida misma.

Esta su tendencia interna, a crecer indefinidamente, es inobjetable para el sistema económico (y es la base de sustentación del mismo desarrollo), por eso, la imposibilidad del crecimiento económico es la amenaza que obliga a los poderes fácticos a un nuevo sacrificio, esta vez, de características universales. Por eso señalamos que la racionalidad económica moderno-capitalista provoca irracionalidades, y esa es la realidad que yace detrás de la plan-demia.

Para que el capital no muera, el sistema económico mundial –llamado por eso capital-ismo– debe, como siempre ha hecho, sacrificar nuevos chivos expiatorios sobre los cuales transferir su crisis y sus fracasos. Lo novedoso de la situación actual y del neomaltusianismo que promueven los poderes fácticos con nuevos eufemismos, es la arrogante administración etaria que están imponiendo. El robo al sistema global de pensiones es la instauración fatídica de la política de eutanasia amplificada como solución del crónico decrecimiento económico: reducimos ya no sólo la población sino la esperanza de vida, para que el capital siga viviendo. Bajo el mismo tenor que se colige del aborto promovido como bandera de liberación femenina, esta política de reducción de la esperanza de vida, pone en evidencia la cancelación y abolición de todo futuro posible: la humanidad ya no tiene derecho a vivir más de lo que el capital exige.

Este fracaso desmiente las promesas iluministas, del Renacimiento y la Ilustración (la mitología moderna del autodenominado “mundo libre”), a su vez que desencubre la lógica suicida del capital, arrinconando a la humanidad en la falsa disyuntiva maltusiana. El problema no son los pobres o los viejos. Sin vida no hay ser humano y sin trabajo humano no hay riqueza alguna; el capital es posible porque hay trabajo y hay vida, en consecuencia, jamás el capital es lo primero sino la vida, es decir, el capital no puede ser criterio de la vida sino al revés. El fetichismo económico es el que ha puesto al mundo de cabeza y ahora pretende “racionalizar” hasta la esperanza de vida.

La política de eutanasia implícita hace colapsar los cimientos mismos de la “sociedad del progreso”. Porque matando a los viejos no se mata al pasado. Se mata al futuro. Si el mensaje es: vive ahora porque mañana te eliminamos; el mañana deja de existir. El mundo ya no se recorta sólo en su espacialidad, como sucede con la globalización, donde sólo posee carta de tránsito el dólar y sus portadores; sino ahora en su temporalidad: ya no hay lugar para los viejos.

Si todo lo que se espera humanamente como deseable, se lo transfiere al futuro (por eso, por ejemplo, se ahorra); ahora esa última esperanza, de quienes todavía encuentran algún sentido en el sacrificio presente, ha sido hecho trizas. Interpretar a los viejos como una “carga para la economía”, es amputarse los supuestos históricos reales de la economía, pue sin el trabajo precedente no hay riqueza presente. Entonces, deshacerse de los viejos es poner a todo el sistema económico en el campo de la pura ficción. Por eso no es raro que los estrategas tecnocráticos de los organismos internacionales sean, curiosamente, jóvenes (como los nuevos astros del futbol). Mientras más jóvenes, más fáciles de manipular y de usar, pero, además, más proclives a imaginar un mundo sin pasado y sin historia. Con el mundo de la posverdad se exaltó definitivamente el instante como criterio de toda experiencia posible, dejando a la experiencia misma sin sentido.

El futuro no es la niñez sino la vejez, porque dejamos atrás la infancia y siempre nos proyectamos, vía experiencia, hacia la madurez. Todo lo que se puede lograr en la vida, sólo se lo puede gozar en la vejez. Pero el capitalismo, como un auténtico parásito, le extrae a uno no sólo fuerza física sino fuerza vital, de modo que uno llega a viejo ya no para acopiar lo logrado sino para ser escupido y despreciado por una sociedad que no acepta a los “inútiles”.

Desde el colapso de la Unión Soviética (provocado también por la geopolítica imperial), el capitalismo ya no necesitó mostrarse “humano”; por ello también el neoliberalismo ha sido concebido como “capitalismo salvaje”. El posmodernismo (surgido en Francia bajo auspicio de la CIA, como ya se sabe actualmente), constituyó su ideología, filtrándose hasta en los movimientos de resistencia anarquista y socialista, para desarmar al bloque popular unificado y minar, a su vez, toda posibilidad de la creación del poder popular. El mundo de la posverdad es la apoteosis de toda esa estrategia geopolítica de cooptación ideológica que desubicó completamente a la izquierda mundial, llegando a la situación actual, donde hasta los supuestos críticos no hacen sino confirmar su consciencia periférica-satelital, haciendo eco de la narrativa imperial.

Cuando el Imperio actúa, crea su propia realidad. Para eso diseña todo un sistema académico que piensa las necesidades imperiales como necesidades humanas y planetarias. La intelectualidad periférica sólo se dedica a estudiar, o sea, a “interpretar” esa realidad. Como sólo “interpretan” (hasta “de colonialmente”) y nunca “transforman” esa narrativa, el Imperio y sus mandarines actúan y crean nuevas realidades, para el consumo comedido de la consciencia periférica-satelital. Así suceden las cosas, como en la actual plan-demia; mientras el Imperio actúa, la izquierda global sólo se dedica a “interpretar” la escenografía que el Imperio dispone para naturalizar su nuevo embuste.

Lo cual se evidencia en la repentina lucidez que adquieren incluso sectores conservadores, a la hora de verificar que, detrás de la cuarentena global, se encubre una planificada política de imposición de un “nuevo orden”. Para aclarar a los despistados izquierdistas, que se han creído la ficción sobredimensionada de una epidemia que, hasta numéricamente, no alcanza mundialmente los niveles tangibles para provocar semejante zozobra global; ésta es una nueva lucha de capitales que la patrocina el capital financiero, en contra hasta del capital productivo, donde, curiosamente, se recluyen sectores conservadores que en plena globalización, vieron su desplazamiento definitivo del liderazgo capitalista, nacional y global. Por eso no es de extrañar la aparición de personajes como Trump que, en plena carrera electoral, prorrumpía con una demagógica retórica anti Estado profundo. Son los capitales nacionales, desplazados por el financiero –que ahora son el poder detrás del trono– los que tratan infructuosamente de sobrevivir en esta nueva recomposición del proceso de acumulación capitalista.

Este nuevo diseño global ya fue descrito por Kissinger y, sobre todo, por Brzezinski. La cuarentena tiene, como uno de sus objetivos, hundir la economía de la gran mayoría de los Estados, incluso del primer mundo. Siguiendo la lógica de la mafia, para el casino financiero, los Estados se han ido reduciendo a meras empresas fantasma, cuyo fin ya nunca ha sido generar nada, sino “lavar” el origen espurio del verdadero capital que tiene a un Estado particular como garante de todos sus movimientos; es decir, son creados para la quiebra, mientras las verdaderas ganancias se canalizan por otros medios. La quiebra multiplicada de los Estados, sobre todo periféricos, es lo que se viene; por eso no es raro el comedimiento del FMI y su “flexibilización” crediticia. Ya no queda más para robar, por eso el capital financiero apuesta por robar el futuro, colapsando toda la economía mundial.

Pero, poco a poco, se va develando esta política profunda, y los planes del 1% de billonarios mundiales –que también compiten, como buitres hambrientos– se van desenmascarando por las propias filtraciones de información que jamás podrían denunciarse en los más-media mundiales, comprados por el dinero del 1%. Una vez más, le toca al pueblo, extendido ahora como humanidad desplazada de lo que podía considerar su mundo, resistir y transformar el diseño financiero de un “nuevo orden” exclusivo para la locura suicida del capitalismo.

En Chile perdieron los ojos para que abras los tuyos. En Ecuador, las muertes sólo serán muertes si los vivos no despiertan. En Bolivia lo que se está quebrando no es el pueblo, sino la derecha antinacional que promovió el racismo golpista. En España e Italia ya no se habla del covid sino del cómo recuperar lo que se ha perdido. En Francia e Inglaterra vuelven las protestas. En Alemania y Rusia ya se asevera que la epidemia viral fue sobredimensionada. En USA, “black lives matter”. Si es así, entonces, “indigenous lives matter”, “humanity matters”. “PachaMama matters”, “capital doesn´t matter”.

Si el capitalismo muere no ha de ser por una crisis interna, aunque sea terminal, porque en la crisis está en su elemento (por eso enferma todo y a todos, para seguir viviendo). Como el cáncer, sólo muere dando fin al espacio vital que lo ha hecho posible. Si muere el capitalismo, ha de ser por una decisión humana; cuando la propia humanidad despierte y adquiera consciencia de que no es ella la que le debe su vida al capital sino al revés. Entonces el mundo se pondrá de pie y será verdaderamente mundo, como una Casa Grande, hogar natural de toda la humanidad; “donde todos quepan”, “donde todos vayamos juntos y nadie se quede atrás” y, donde “los que manden, manden obedeciendo”.

rafaelbautistas@gmail.com

miércoles, 27 de mayo de 2020

20 de mayo, una fecha paradigmática en nuestras vidas, para nuestro Uruguay



Por Jorge Aniceto Molinari.:
No lo podemos negar es una fecha que vivimos con enorme preocupación, nuestra deuda con el pasado, pero también con el presente y el futuro es enorme y aún no la estamos saldando porque las dificultades que se oponen a la pública felicidad siguen siendo enormes y hoy en particular en medio de la corona virus las incertidumbres aumentan y la crisis llega a grados insospechados.


No nos cansamos de escribirlo, esto que hemos vivido y lo que estamos viviendo es en gran parte producto de la intervención de los servicios de EE.UU. sin ellos la dictadura no hubiera sido posible, y que no se nos venga con el cuento de la guerrilla, que tanto dolor, sacrificios y sueños se llevó, en los hombros de gran parte de lo mejor de la juventud uruguaya, pero como dijera alguna vez Pepe Mujica: nos usaron.

EE.UU. llegó a ser luego de la segunda guerra mundial la principal potencia imperialista del mundo, el centro del capitalismo y del libre comercio mundial, hoy ya no lo es – la izquierda esto no lo analiza, no lo estudia no lo comprende-.

El gobierno de la economía ha pasado de los Estados (EE.UU. entre ellos) a los complejos empresariales multinacionales que son hoy los que, en pugna, por la tasa general de ganancias lo hacen como lo previera Lenin en 1916 que iba a pasar.

Con una peculiaridad de que el centro del libre comercio y del propio capitalismo han pasado a China y su entorno, está gobernada por el Partido Comunista.

Sin embargo, hay un sector en los mandos privilegiados del otrora imperialismo yanqui que conservan los “servicios” hoy al servicio –valga la redundancia- de los fabricantes de armamentos, lo que hace pensar en la conservación de una estructura imperial totalmente carcomida por la crisis.
Nosotros no hemos pedido con la fuerza necesaria, que la humanidad toda conozca y juzgue los archivos del horror de los “servicios”, que han significado y significan para nuestra América, que hoy siguen actuando incluso en ejemplos muy actuales como la última incursión en Venezuela.

La esperanza también surge porque en EE.UU. ese país que dio nacimiento en medio del dolor a fechas como el 1° de mayo y el 8 de marzo, se comienzan a mostrar señales liberadoras.
Por eso nuestra insistencia, hay que abrir todos los archivos, y hay que avanzar en un programa que una a toda la humanidad.

sipagola@adinet.com.uy

miércoles, 20 de mayo de 2020

¿Quién protege a las áreas protegidas?



Por Eduardo Blasina:

En la nueva versión de la Ley de Urgente Consideración, abajo del todo, a lo último, pero no por ello menos importante, aparecen dos artículos que por haber llegado de sorpresa casi no se podrán discutir en el Parlamento. Si pensamos en nuestros hijos y nietos, son de los más importantes de la ley. Si se aplican, habrá paisajes que nuestros hijos y nietos nunca podrán ver. Plantas únicas en el mundo, que solo habitan en Uruguay, que pueden desaparecer, paisajes maravillosos que se borrarán.



Por ejemplo, quién sabe si en caso de aplicarse estos artículos será posible que se pierda para siempre la Cypella aurinegra, una plantita que está en Paso Centurión, una de las zonas en las que la vida silvestre peligra.

Esta planta descubierta por el agrónomo y botánico uruguayo y carbonero Andrés González merece ser vista, al menos por los peñarolenses que tal vez no saben que tienen una planta exclusiva que homenajea su casaca.

Es posible que esta planta no aporte al Producto Bruto, es posible que no solucione el déficit fiscal. Pero si se pierde es para siempre. Es como quemar todos los ejemplares de un libro y convertir un texto que tiene millones de años en ceniza.

Vivimos un momento tan crucial de la historia de la humanidad, en el que la biodiversidad es valorada como nunca. Por primera vez millones de personas se han dado cuenta de la gravedad que tiene esta extinción masiva de especies que atraviesa el planeta (la sexta en los cientos de millones de años que lleva la vida en su existencia).

En todo el mundo surgen voces de científicos que nos advierten que las penurias que pasamos tienen un origen inequívoco en agredir a la vida silvestre.

A menos biodiversidad más problemas y no solo pandemias. En todo el mundo hay cientos de pensadores preguntándose y preguntándonos si después de esto cambiaremos nuestra lógica de funcionamiento en relación a la naturaleza. Y justo en este momento se presentan dos artículos sobre los que nadie habló durante la extensa campaña electoral, que frenan por completo y seguramente llevan a un retroceso de las áreas protegidas de Uruguay.

Muchos lectores pueden pensar que las áreas protegidas son zonas de exclusión donde nada puede hacerse. Pero eso no es así. Hay una ganadería que ha funcionado siempre y que sigue funcionando. Las áreas protegidas no impiden tener animales, plantar praderas, darles fardos, producir. Las limitaciones son básicamente tres: no se pueden tener corrales de engorde a grano, forestación con especies foráneas ni molinos de viento.

Es una ganadería que desearíamos mostrar a un visitante del exterior: la vida silvestre, la producción de fibras naturales (lana) y de alimentos mancomunadas. El sistema nacional de áreas protegidas existe porque los productores ganaderos mantuvieron los campos así durante generaciones: con arroyos cristalinos, con paisajes maravillosos, con praderas y montes naturales, con ñandúes y mulitas. 

Cuando su área queda protegida, el productor no cambia en nada su producción. Solo quedan inhibidos de establecerse en ese territorio producciones que claramente erradican la flora y fauna nativa para implantar un sistema completamente diferente.

Los artículos planteados frenan el desarrollo de áreas protegidas de dos maneras: en primer lugar, exigen que el productor dé su consentimiento para que el área se proteja, en segundo lugar, exigen una indemnización al productor para que ceda su campo. ¿Con qué fondos? ¿Quién administraría un área expropiada?

Será en la práctica imposible que haya nuevas áreas protegidas y muchos juicios vendrán de quienes ya están dentro de ellas con otro marco normativo. En el fondo el sistema de áreas protegidas pone ciertas restricciones en áreas sensibles, del mismo modo que quien tiene un terreno en la rambla de Carrasco sabe que allí no puede construir un rascacielos porque hay cualidades paisajísticas que preservar o del mismo modo que quien hace agricultura debe hacer un plan de uso y manejo de suelos porque tiene el derecho al uso de su propiedad, pero no a romper el suelo que debe preservarse para las generaciones futuras. Los paisajes y la biodiversidad también deben preservarse para las generaciones futuras y Uruguay lo hace inteligentemente valorizando su ganadería en esas zonas.

Uruguay ha firmado el pacto de Nagoya sobre biodiversidad biológica que tiene entre sus compromisos “Para 2020, al menos el 17 por ciento de las zonas terrestres y de aguas continentales y el 10 por ciento de las zonas marinas y costeras, especialmente aquellas de particular importancia para la diversidad biológica y los servicios de los ecosistemas, se conservarán por medio de sistemas de áreas protegidas administrados de manera eficaz y equitativa, ecológicamente representativos y bien conectados y otras medidas de conservación eficaces basadas en áreas, y estarán integradas en los paisajes terrestres y marinos más amplios.” Uruguay por ahora tiene 1% de su área protegida. En la tabla de posiciones global, va abajo.

Hay quienes ven en estos artículos una defensa de la propiedad privada. Soy un defensor de la propiedad privada sin ambigüedad. Pero ese derecho no puede ser el de arrasar con seres vivos que están amenazados de extinción. Toda propiedad inmobiliaria, urbana y rural está sujeta a reglamentaciones.

Hay quienes dicen que las propiedades en esas zonas se desvalorizan. Pero el valor se construye. Las áreas silvestres son cada vez menos en el mundo y la gente culta las valoriza cada vez más. Mientras, se puede hacer ganadería igual que hasta ahora.

Cuesta entender la urgencia en desmantelar las zonas protegidas, aunque leyendo el diario Atlas de Cerro Largo se tienen algunas pistas. Allí el ex intendente Sergio Botana anuncia que ya está acordado desmantelar el área protegida de Centurión. Dice el actual senador que “existen algunas diferencias entre distintos actores de la coalición, pero nos da la sensación de que va a haber buen acuerdo en ese sentido, pero ya adelanto que el área de Centurión la tenemos negociada. Con la intendenta Carmen Tort tuvimos una conversación con el director de DINAMA y con la ministra Moreira, y acordamos allí la reducción del área y algunas ventajas compensatorias para los afectados”. Más que urgente parece apurado o incluso anticipado, como que ya antes de que se apruebe una eventual ley ya se ha acordado reducir el área de reserva. Algo que ha causado sorpresa en habitantes de Centurión que desde hace años sentían el respaldo del otrora intendente.

La vida silvestre no tiene un buffet de abogados que la patrocine, no tiene como pedir entrevistas a autoridades, solo la puede defender difusamente la enorme mayoría de la población desde una pantalla de computadora, o viajando a conocer estos lugares maravillosos, pero sin peso económico ni político.

Hizo bien el presidente Lacalle en nombrar una junta científica para analizar el enfrentamiento a la pandemia y le está dando un buen resultado. Afortunadamente, los científicos también se han pronunciado en un documento muy didáctico y con abundante cantidad de académicos firmantes sobre la inconveniencia de estos artículos. Uruguay puede consolidar el camino de tomar decisiones políticas escuchando más a la ciencia que a los grupos de interés y presión. Todo el sistema político tiene que reflexionar sobre el sistema de áreas protegidas, cómo mejorarlo, cómo potenciar a los productores que están en estas áreas sensibles del territorio, cómo desarrollar un turismo responsable del amor hacia la naturaleza, y productos que tengan certificaciones que los valoricen. Uruguay tiene además convenios internacionales firmados que serían contradichos por una ley de este tipo. La imagen del Uruguay Natural con esta noticia circulando por el mundo quedaría dañada.

En parte esto sucede por una pereza uruguaya a la hora de salir a conocer los lugares más lindos de este país. Pocos conocen Treinta y Tres, un departamento de peculiar belleza. Mucho menos Paso Centurión que está en Cerro Largo. Lo que no se conoce no se ama. Lo que no se ama no se defiende.
Esperemos que el sistema político vuelva a escuchar a los científicos que se han pronunciado claramente. Evalúe el funcionamiento de estas áreas y analice que errores se cometieron en el pasado. Pero que no se frenen legalmente ni se achiquen, que eso sería ir a contrapelo del mundo.

miércoles, 13 de mayo de 2020

Imperio virus: el país perfecto más imperfecto



Por Oscar Bravo:
Pareciese que la humanidad, es más vulnerable de lo que uno se imagina…
La actual situación que se está viviendo a lo largo y ancho de todo el planeta tierra, a raíz de todos los efectos negativos, ocasionados por la pandemia del Coronavirus Covid – 19, y que desde el punto de vista mediático, ha tenido un alto impacto noticioso, en especial por una “globalizada cuarentena”, que no se había visto antes, en la historia de la humanidad…y que está generando toda una diversidad de lecturas, con respecto al comportamiento que han asumido no sólo las personas, sino también la actitud de los Estados con respecto al que hacer en ésta terrible coyuntura, ante la presencia de éste agresivo virus…


En el mundo, hay unos puntuales ejemplos de solidaridad: China, Rusia y Cuba…que en la medida de sus posibilidades, están contribuyendo de manera desinteresada y con el mayor respeto a la soberanía e independencia de los países que le han dado su apoyo y una necesaria mano amiga, sin el uso de la repudiable intromisión en los asuntos internos de las naciones…pero lamentablemente tenemos al contrario, el nefasto ejemplo, del que puede ayudar, de una manera significativa, a los demás Estados y sin embargo, no lo hacen, porque siempre están calculando la relación costo – beneficio, y se preguntan: ¿vale la pena ayudar a otros países?...en las que definitivamente utilizan una frase imperial, con la cual se sienten profundamente consustanciados : “no hay amigos, solo intereses”…

Y en una demostración de incoherencias en el discurso supremacista, el alto gobierno del Imperio virus, dice que “les preocupa” el Covid -19, pero “le preocupa más” que las empresas estén cerradas…tienen dudas sobre si vale la pena llamar a la cuarentena y culpan a China por la pandemia que tienen…no les importa los distintos llamados a que dejen a un lado, su larguísima lista de Estados sancionados y bloqueados y en el caso concreto de Venezuela, dicen que van aumentar “la presión” en contra del pueblo Venezolano, pero que están  dispuestos a darle una particular “ayuda humanitaria”...
Que mayor ironía, cuando el imperio virus se vende como “la sociedad perfecta”, y son el epicentro con el mayor número de infectados y de muertos por el Covid – 19.

Politólogo.
bravisimo929@gmail.com

viernes, 17 de abril de 2020

Biopolítica


  
Por: Franklin Ledezma Candanedo:
Analicemos el tema y sus repercusiones para toda la humanidad, a la luz criminales objetivos de los amos del mundo.

Biopolítica es un concepto que se refiere a la relación entre la política y la vida, que desarrolló en su obra Michel Foucault, filósofo francés. Para este autor, el Estado no era una entidad jurídica nacida del contrato social, sino que el Estado debía entenderse como un conjunto de personas que actúan como un organismo único, a la vez espiritual y corpóreo.


A partir de ese momento, la biopolítica fue definida como la política de la vida biológica y cultural de las sociedades, la cual  se materializa en la existencia del Estado.

Foucault usó el término por primera vez en  octubre de 1973, durante conferencia que dictó en el curso de medicina social de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (Brasil). En esa fecha indicó:

“El control de la sociedad sobre los individuos no solo se efectúa mediante la conciencia o por la ideología, sino también en el cuerpo y con el cuerpo. Para la sociedad capitalista es lo bio-político lo que importa ante todo, lo biológico, lo somático, lo corporal. El cuerpo es una entidad biopolítica, la medicina es una estrategia biopolítica”.

Foucault creía que las nuevas formas de poder nos imponen normas sin que seamos conscientes de ello. En la década  de 1970 analizó cómo se habían transformado las formas de gestionar la vida individual y social en occidente, con lo cual, desarrolló tres conceptos que han sido especialmente populares e influyentes en las ciencias sociales durante las últimas décadas: Biopolítica, Biopoder y Gubernamentalidad.

Según Foucault, el poder de las tecnologías liberales de gobierno, ocurre mediante la operación inversa a la del régimen de la soberanía: “hacer vivir, dejar morir”; cuestión que se manifiesta a través de la gestión de la vida como una forma de gobernar y de organizar a las poblaciones, a lo que llamó el Biopoder, bautizando a esta época como “la era de Biopoder”.

A partir de ese momento el filósofo dejó de oponer ‘soberanía’ a ‘biopolítica’, y trasladó sus estudios hacia la conversión de la soberanía al gobierno. Aquí, puso especial atención a cómo es que ocurre ese gobierno y qué lugar ocupa la vida (bios) en él, por ejemplo, mediante el análisis de las normas sobre salud, higiene, natalidad o la raza.

Según este filósofo, el Biopoder opera de dos maneras principales: Hacia la gestión y el adiestramiento de los cuerpos a nivel individual (por ejemplo, hacia maximizar sus fuerzas para integrarlas al sistema de producción capitalista), y la regulación del cuerpo en términos más bien globales, por ejemplo a través del control de la natalidad, la mortalidad, la salud y la sexualidad, entre otras.

Explicó que contrario al territorio, que era el objeto de intervención del régimen del soberano, en el nuevo régimen se trata de regular la relación entre el territorio y las personas que lo habitan. En consecuencia, emerge un nuevo objeto de gobierno, estudio e intervención: la población.

Esa población no solo es un conjunto de personas, sino que es también un proceso, con lo cual, el arte de gobernar consiste en generar técnicas que permitan conducir ese proceso, por un lado, mediante la economía política, la estadística, la medición social, entre otras, y por otro, moldear las acciones individuales, ya que son las personas (a través de sus hábitos, sus costumbres e intereses) quienes hacen uso del territorio en gestión.

Para concluir esta primera parte advertimos que esas técnicas de gestión de nuestras conductas, afectos o pensamientos, no son una mera colección de las estrategias de management empresarial de algún gurú de moda. Arraigan, mucho más profundamente, en aquello que Michel Foucault trataba de caracterizar como la transformación política que acompaña la constitución de las sociedades modernas: El despliegue de todo un conjunto de tecnologías, prácticas, estrategias y racionalidades políticas que tienen como objetivo el gobierno de la vida.

En la segunda parte de nuestro aporte periodístico, abordaremos los temas BIOPOLÍTICA DIGITAL - DISTOPÍA.

(Periodista y Escritor) Primera Parte

indoame08@gmail.com