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miércoles, 2 de diciembre de 2020

Donald Trump: Palabras; Joe Biden: Acciones Bélicas

 Por Lic. José A. Amesty R.:

•       A pesar de su fama de terrorífico y belicoso, Trump ha sido el único presidente en varias décadas que no ha iniciado una guerra.

Biden tiene una larga carrera política, de apoyo a las guerras de los Estados Unidos, desde la invasión de Irak en 2003, a la prolongada ocupación de Afganistán.

•             Trump, vociferó la creación de un muro en la frontera mexicana, para erradicar la migración.

Biden, durante su campaña política, no hizo ninguna propuesta política concreta, para poner fin a las guerras interminables.

•        Donald, cree que se pueden deportar a 11 millones de inmigrantes. “Están trayendo sus drogas, están trayendo su crimen. Son violadores y algunos, asumo, son buenas personas”.

Biden, apoyó la guerra en Yemen, durante la administracion de Obama.

•        Trump, cree que el cambio climático es una mentira.

Biden cuando fue Senador, votó para autorizar la invasión a Irak y propuso dividir Irak en tres regiones separadas, basadas en la identidad étnica y sectaria.

•       Trump, se burla de los inmigrantes y las personas gordas. “Un muro en la frontera con México, nos ahorraría muchísimo dinero”.

Biden está recurriendo a los halcones favorables a las guerras, de la era de Obama para conformar su gabinete actual.

•        Donald, cree que nunca se equivoca.

Joe, actualmente más de un tercio, de su equipo de transición en el Pentágono, tiene como el empleo más reciente, a compañías que son financiadas por la industria armamentística o son directamente parte de esa industria bélica.

•       Trump, cree que le ganaría a China, “¿Cuándo fue la última vez que alguien vio ganarle, digamos, a China, en un acuerdo comercial? Nos matan. Yo le gano a China todo el tiempo. Todo el tiempo”.  

Biden, las compañías de las que se nutre, tienen antecedentes comprobados de haber impulsado guerras y nuevos sistemas de armas, como los drones asesinos.

•       Trump, “¿Si Hillary Clinton no puede satisfacer a su esposo, qué la hace pensar que satisfará a EEUU?”.

Biden, con Obama a su lado, intervino en Libia, impulsó la criminal guerra del Yemen, continuó la ocupación de Afganistán, apoyó al golpe de Estado en Honduras.

•        Donald, “Mis dedos son largos y bellos, como se ha documentado muy bien sobre otras partes de mi cuerpo”.

Joe, ahora, se está rodeando del mismo equipo de asesores y consultores, que ayudaron a embarcar a Estados Unidos en guerras sin destino.

•       Trump, “Lo bello de mí es que soy muy rico”.

Biden, fue uno de los cerebros de las políticas que se impusieron en Colombia, como fue el Plan Colombia, y toda la visión contrainsurgente ligada en ese plan.

•        Donald, “Nueva York está congelado y lleno de nieve, necesitamos calentamiento global”. “El concepto de calentamiento global, fue creado por y para los chinos, para volver a la industria manufacturera estadounidense no competitiva”.

Joe, durante su gobierno con Obama, proclamó la paz y la democracia, pero detrás de ese mensaje de paz, detrás de ese mensaje de democracia, se impulsaron confrontaciones militares abiertas; a pesar de su mensaje de paz, de su premio de paz, desarrolló confrontaciones militares en todo el mundo.

En resumen, ex funcionarios militares y operativos políticos, señalan que las palabras de Trump, no coinciden con sus acciones, como una de las principales razones por las que los militares acudieron en masa al candidato demócrata; y en sus palabras hay en muchas ocasiones: desconocimiento, racismo, xenofobia, burla, ingenuidad, orgullo, prepotencia, entre otras. 

Y en relación a Joe Biden, quien todavía no asume la presidencia, pero sabe de los entretelones (y las cloacas) del imperio, declaró recientemente que, con él al frente, Estados Unidos está “listo para liderar al mundo y no retirarse, para volver a sentarse a la cabeza de la mesa, listo para desafiar a nuestros adversarios…”.

Biden, quizás quiera enmendar su impronta guerrera, anunciando recientemente colocar el combate contra el cambio climático en su agenda de prioridades. 

Por esto, quisimos hacer mucho énfasis en el carácter guerrerista de Joe Biden y sin querer justificar a Trump. En lenguaje popular, Trump: bocón, jetón, Biden: de armas tomar.

joseamesty1@gmail.com

miércoles, 29 de julio de 2020

Redefinir la democracia en el Siglo 21



Por Homar Garcés:

Pocos ponen en entredicho que la democracia es, en esencia, soberanía popular. En razón de ello, resulta paradójico que una minoría -aun aquella en que ésta es delegada a través del voto- pueda y quiera asumir dicha soberanía como algo propio y exclusivo sobre la cual no habría control alguno por parte de los sectores populares, de quienes, justamente, ella se origina. En este caso, la célebre frase con que Abraham Lincoln definiera la democracia tendría que reinterpretarse a profundidad, a la vista de las diversas transformaciones vividas en muchos aspectos por el género humano durante los dos últimos siglos de historia; obligando a la generalidad de los hombres y las mujeres de este tiempo a plantearse reivindicaciones que, a pesar de su carácter local, tienen connotaciones universales. Lo que debiera verse como una reacción legítima que cuestiona los cimientos sobre los cuales se erige el modelo civilizatorio imperante en el mundo.  



Producto de sus reflexiones, el nacionalista kurdo Abdullah Öcalan determinó que "los procesos de toma de decisión democráticos no deben ser confundidos con los procesos conocidos de la administración pública. Los Estados sólo administran mientras que las democracias gobiernan. Los Estados están fundados en el poder, las democracias están basadas en el consenso colectivo. El mandato en el Estado está determinado por decreto, aunque puede en parte ser legitimado a través de elecciones. Las democracias usan elecciones directas.

El Estado usa la coerción como medio legítimo. Las democracias se apoyan sobre la participación voluntaria". En concordancia con esta sentencia, los diversos Estados y/o gobiernos están -en su gran mayoría- regidos por dicha concepción, lo que supone una limitación a la participación organizada y efectiva del pueblo en su toma de decisiones, dando por descontado, de acuerdo al discurso oficial, que ellos lo hacen (siempre) en interés del bien colectivo.

En este orden de ideas, los sectores populares están llamados a superar la ausencia de organización y de dirección colectiva que presentan muchas veces. Deben activar, al mismo tiempo, de un modo determinante y permanente, un proceso de movilización que incida realmente en la desburocratización de las funciones públicas, lo que habrá de lograrse a través de una participación total y vinculante frente a la gobernabilidad burgués-liberal tradicional. Ello contribuiría a hacer de la democracia el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, pero esta vez con el pueblo. Sin embargo, no bastará exigir un mayor ejercicio de la democracia sino se extiende ésta también al ámbito económico, transformando y/o erradicando de raíz el sistema capitalista dominante.

El destino de la humanidad, como muchos lo deducen, se halla en una situación de bifurcación muy importante. En todos los niveles de su existencia. Las demandas populares que se hacen sentir en cada nación del planeta -en medio de las graves y profundas desigualdades, injusticias, guerras y, ahora, pandemias generadas por el individualismo posesivo que caracteriza al capitalismo en un sentido general-  son demandas incompatibles con el predominio capitalista neoliberal y el tipo de Estado que lo justifica, por lo que adoptan características subversivas y revolucionarias, combatiendo simultáneamente las condiciones de opresión política, de explotación económica y de discriminación social.

Contra la pretendida democracia del Estado burgués-liberal (la cual permite y exige una conducta pasiva y, en algunos casos, servil de los ciudadanos) se hace imperativa la búsqueda y el establecimiento de una nueva concepción y de una nueva práctica política (dando preeminencia a la soberanía popular), de una nueva economía (centrada en el respeto a la dignidad humana y a la naturaleza) y de unas nuevas maneras de comprensión de lo que representa el tipo de sociedad vigente sobre la base de valores libertarios, democráticos y comunitarios. En esta perspectiva, se produciría una mejor redefinición de la democracia en el presente siglo, desde abajo, logrando los sectores populares organizados la participación y el protagonismo que reivindican y merecen. -

mandingarebelde@gmail.com

miércoles, 15 de julio de 2020

La doble moral política sobre la política



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
A pesar de todo lo que dicen, el mundo debe estar agradecido que sujetos como Donald Trump y Jair Bolsonaro no tengan tapujos para expresar lo que piensan. Es cierto que cada uno de sus cotidianos despropósitos hiere la sensibilidad de millones de personas, pero especialmente agreden a aquellos que están sufriendo los horrores de la pandemia, las guerras y conflictos sociales. No se puede negar que sus respectivos triunfos electorales están avalados por el voto ciudadano que no quiso tomar en cuenta los riesgos que implicaba elegirlos como mandatarios. Seguramente fueron apoyados en rechazo a las malas experiencias anteriores y fenómenos como el del desempleo y la corrupción de las clases políticas.


Es sabido que este tipo de monstruos surge justamente del desencanto y la búsqueda de “salvadores” que muchas veces provocan más desgracias después para los pueblos. De consuelo, puede servir ahora que es muy poco probable que ambos puedan continuar mucho tiempo más en la política, aunque todavía pueden llegar a causar otros graves trastornos.

Pero sin compararlos con estos verdaderos malhechores políticos no podemos sino reconocer que es la credibilidad de casi todos los gobernantes la está en entredicho. Ni siquiera los jefes de estado europeos, que por décadas son los que han gozado de mayor competencia, han escapado durante esta pandemia a las críticas y a las dudas expresadas por sus parlamentos, la prensa y el sentimiento popular. De esta forma es que gobiernos de Francia, España y otros muy difícilmente podrán sortear los cambios que ya les son exigidos abiertamente. Es por esto que ya han caído varios ministros de salud, cuando no es el conjunto de los jefes de estado y gabinetes los que están en la cuerda floja.

A las cifras de infectados y decesos ya no hay quien les dé crédito. La misma Organización Mundial de la Salud (OMS) ha sido acusada reiteradamente de ocultar la verdadera realidad del COVIB 19 y de estar coludida con algunos regímenes fin de alterar las cifras y promover ciertas soluciones. Sabemos que cuando exista una vacuna o un fármaco que se demuestre efectivo para frenar el mal, vendrá una presión enorme por controlar a la OMS y las institucionalidades sanitarias de todos los países. Ya todos sabemos que entre las entidades más corruptas del mundo están los grandes laboratorios y los millonarios recursos que disponen para influir en las decisiones gubernamentales. Ciertamente, promete ser feroz la guerra que se avecina entre los países más ricos y hegemónicos que estarán en posición de venderle a todo el mundo la mitigación de esta nueva pandemia que tanto sobrecoge a la humanidad.

A Trump, como a Bolsonaro no les preocupan tanto las escandalosas cifras de cifras de infectados y muertos que exhiben sus países; ambos están seguros de que podrían estar entre las primeras naciones en hacerse de la vacuna y los fármacos como ya lo han advertido. Empeñados en que no sea China, Rusia u otros los que se le adelanten en el gran negocio que se vislumbra.

En nuestro entorno geográfico y político no son halagüeñas las noticias que circulan. El gobierno de Sebastián Piñera ha evitado uniformar los datos de las víctimas de la epidemia, como de los recursos que dispone efectivamente el sistema de salud para encarar este mal. Después de cuatro meses, las cifras siguen muy inciertas y es la propia comunidad científica la que sospecha que las autoridades están mucho más empeñadas en salvar la situación de la economía que acometer las soluciones sanitarias. A cuentagotas va disponiendo de recursos económicos mezquinos, por supuesto, en comparación a las enormes reservas que el país dispone, cuando además somos uno de los países que más posibilidades tiene en la Región para endeudarse, si es que se hiciera necesario. Basta considerar al respecto que nuestra deuda externa no alcanza ni siquiera al 30 por ciento del PIB. 

Lo cierto es que, después de haber sido uno de los primeros países en asumir la amenaza de la pandemia, hoy estamos entre las naciones peormente calificadas en el mundo en cuanto al número de contagiados y muertos. Cuando tenemos, además, una población muy pequeña en relación a la vecindad latinoamericana y del Caribe. Y más nimia, todavía, respecto de los otros continentes.

Desgraciadamente las restricciones que le impone también la pandemia a la investigación periodística, hay que reconocer que es muy extraños los balances que emiten otros países respecto de sus enfermos y fallecidos. La rigurosidad ética no nos permite poner ejemplos de esto sin tener datos plenamente constatables, pero todos pueden sospechar de qué gobiernos se podría dudar al respecto, cuando se sabe, además, de sus limitaciones económicas, bajo nivel de vida de sus pueblos y la forma en que controlan sus medios de comunicación.

Estamos seguros que la desconfianza es generalizada en todo el Continente. Que es la presencia de regímenes y gobiernos de escasa solvencia democrática lo que más alimenta las dudas de los pueblos y la extensión de un contagio que cobre muchas más vidas, todavía.  Por lo mismo no será hasta mucho tiempo más cuando conozcamos fehacientemente lo acontecido con esta crisis sanitaria. Cuando no se cuenta con medios de comunicación libres y solventes y la diversidad informativa sigue tan limitada. Cuando en la política lo que impera es la corrupción de las autoridades y la relatividad con que sus actores de toman los principios éticos. Cuando lo que se ha generalizado es la doble moral ejecutada por las derechas y las izquierdas y llegado a infectar todo el arco político.

La credibilidad está muy condicionada por la orientación política de los gobernantes de cada nación y ni siquiera en las Naciones Unidas existen entidades y funcionarios confiables que escapen a la pandemia de la corrupción. Por lo menos en Chile, podemos comprobar cotidianamente que hasta las más mínimas propuestas y soluciones son cuestionadas o respaldadas según la postura ideológica de quienes las proponen o implementan.

De esta forma, repugna ver que los ingentes recursos que Chile ha acumulado durante años gracias a la bonanza de cobre hoy estén predestinados por el gobierno de la derecha y de los grandes empresarios a la recuperación plena de sus negocios, como a la mantención de los rezagos sociales que tanto los han favorecido para acceder a mano de obra barata y pagar sueldos y pensiones deplorables. Así como nos avergüenza, en esta misma lógica, la resistencia de los gobiernos de toda la postdictadura a derribar las estructuras del capitalismo salvaje, negándose a aliviar la situación de los millones de chilenos que les demandaron trabajo digno, mejor educación pública salud más universal.  Una renuencia sistemática y criminal que ocasionó estos inmensos bolsones de miseria que ahora se hacen más evidentes y fueran disimulados por el dispendio y exitismo de una ínfima minoría de la población. La verdad oculta y segregada del inmenso hacinamiento, el hambre y la desesperanza que tienen prácticamente sin control el Coronavirus.
Cuyas víctimas y cifras reales, como se ha señalado, siguen encubiertas.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

sábado, 4 de julio de 2020

Las decepciones y humanas en la sociedad y sus instituciones políticas en crisis perfiladoras de patologías en contraste y contradicciones



Por Mariano Sierra:

Genealogía y desaparición de la fe y el actuar sensato, respetuoso y responsable en las interrelaciones sociales y políticas.

Cuando nos decepciona Dios y cuando decepcionamos a Dios y nos decepcionamos nosotros mismos-.  Las razones para fundamentar estas decepciones tienen su esencia en nuestra naturaleza humana.  Y esa naturaleza nos dice que pensamos y actuamos según las perspectivas del hombre. Tenemos que entender nuestra, condición humana y las expectativas de Dios. Entonces vamos a entender que hoy el hombre tiene su propio Dios personal, maneja su voluntad y el querer de su libertad, de su libre albedrío, para en conciencia actuar como el cree.


Vivimos una permanente decepción ocasionada por la indiferencia, la conducta social, por la mentira, por las falsedades, por los incumplimientos de unos y otros en la amistad, en la lealtad, en la verdad, en la sinceridad, en el respeto y en la forma de creer, por la gobernabilidad corrupta por los manejos políticos, económicos, Sociales dentro del marco democrático y constitucional.

En la medida que cursan pensamientos diversos acerca del hombre y de Dios, la sociedad asume papeles que eclipsan la existencia de lo natural y lo sobrenatural. La decepción que vivimos es porque una sociedad consumista y tecnológica quiere controlar y condicionar todo, hasta a Dios. Queremos que Dios cumpla nuestra voluntad y no la de Él. Es como decir que Dios debe alinearse a la voluntad humana, quedando este en segundo plano.

Esta vivencia genera un gran vació porque el hombre se siente dios dado su ímpetu de poder que lo embriaga. Con la muerte que se le ha dado a Dios el hombre no agota esfuerzos para que sea algo irreal, que es solo un principio más, así nos lo hace saber un autor con gran propiedad. Ante las decepciones que se nos dan por distintos motivos, tenemos que revisar quien es el causante de los males que nos decepcionan, para no estar viviendo ese enfrentamiento tan peligroso. Cuando el hombre se decepciona de Dios es porque lo ha sacado de su interior, y es allí cuando el hombre asume el papel de Dios perfilando una vida sin sentido.

 La decepción es un común denominador en la vida que ha llevado al hombre hasta el increencia de Dios que ya de por si implica un agravante en el espíritu y la dimensión de todo creyente sea cual fuere su convicción. Y de otra parte la religión y su institucionalidad no ha sido órgano integrador que lleve orientaciones de esperanza que opaquen la decepción que sufre la humanidad porque allí se viven también poderes que abogan por intereses personales donde la flema de la evangelización perdió su horizonte cristológico.

 Podíamos decir entonces que Dios nos decepcionaría porque nos conducimos por sus caminos, caminos que escapan a nuestro entendimiento. Los caminos de Dios son sus caminos no los nuestros. Dios actúa según su voluntad, voluntad que dista de la nuestra pues el alcance de la voluntad de Dios es el amor, amor que nos falta entender y dar.

La voluntad de Dios es que cada uno actué, con honestidad, con perdón, con humildad, con justicia, con respeto, con libertad responsable., pero esencialmente con amor. Cuando actuamos distinto a esos principios los resultados serán esquivos a lo deseado configurándose una desacato- Entonces... Quien es el que nos decepciona ¿Cuantas veces nos vemos decepcionados por Dios ¿Pueden ser muchas? Eso es malo ¿Podemos decir que no, porque es parte de nuestra condición humana, de nuestra fragilidad, de nuestra insatisfacción?

El hombre es un ser totalmente insatisfecho. Por su egoísmo, por su ambición ve desvanecidas sus esperanzas... y acude a Dios. Pero Dios guarda silencio que que nosotros y viene la decepción, fluye la debilidad de la fe, la aptitud indecisa.  A Dios no lo debemos acosar, hay que dejar a DIOS ser DIOS pues sus planes no son nuestros planes.

Dios calla, hay ausencia, porque él sabe cuándo decide actuar. Dios no huye del hombre, pero el hombre si huye. Que hacer ¿dejar que nuestra voluntad se adecue a la voluntad de Dios? Tal vez no pues somos libres, dotados de libertad e inteligencia, de poder de decisión, pero también dotados de la capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo. Pero de otro lado también digamos... No será que Dios es el que se decepciona de nosotros… Acaso no se sintió decepcionado con la creación del hombre, acaso no se decepciono de Pedro cuando este le negó tres veces, acaso no se decepciono de Judas por su traición, Acaso no se decepcionó de Tomas quien no creyó en su resurrección. . Aunque le decepcionemos su conducta amorosa, Dios sigue siendo igual, sin reparos ni condiciones.

Ante la existencia de Dios.  se debe creer o no creer, no estar nadando entre probabilidades, en diatribas que indican nuestra falta de juicio, de criterio o simplemente por arrogancia ante los demás, nos ufanamos, buscando sobrevivir gracias a grotescas habilidades políticas y sociales.

El hombre ante un mundo relativista ha eclipsado a su Dios con la violencia, la corrupción, el placer y todo desorden social. Cioran el filósofo nos recuerda que la vida es posible, si hay olvido, pero también Sastre nos recuerda........El hombre es un ser que espera y, por lo tanto, acaba conociendo la decepción.

Que enseña la decepción. Que debemos desalojar de nuestro interior todo lo que vaya en contra de la voluntad sobrenatural. Es prerrogativa de Dios actuar cuando Él lo decida esperando de parte nuestra la transformación del mundo, buscando que nosotros cumplamos sus leyes como el amor al prójimo, el dar alivio a los más débiles con nuestro sentir social, con el amor que fuimos creados.

Si miramos la realidad social, como personas estamos decepcionados de esta sociedad que se muestra indiferente, incoherente, individualista, importando solo yo. De allí que cualquier cambio social o político sea vea difícil de darse. Una observancia histórica nos demuestra esta postura por los sucesos de las guerras, las llamadas revoluciones, no obstante, mínimas excepciones.

En la vida todos los días nos enfrentamos a miles de problemas y en ese devenir sufrimos decepciones. Ante esta gran disyuntiva debemos revisar con quienes compartimos nuestros actos, debemos preparar un balance para examinar porque causas se presentaron esas decepciones, en donde somos débiles para que evitar darnos cuenta de las conductas, o si carecemos de falta de conocer donde hay lealtad o exageramos en la confianza hacia los demás.

Las decepciones son un termómetro socia que conduce a conocer las personas que nos rodean en todo orden social. Todos los magros resultados han contribuido a debilitar nuestra ya decadente identidad. Nuestra fragilidad en el sentido de la vida ante el mundo, está también eclipsada y con ella los principios y valores que encarnan nuestro ser.

Dios hoy vive decepcionado…Crisis, violencia, hambre, falta de trabajo, desplazados, corrupciones en todos los entornos sociales, carencia de amor en el mundo, guerras políticas, religiosas económicas, crecimiento de distorsionadores de la paz, injusticias por doquier. La casa universal del mundo se desploma. Ya no es la bella aldea que nos fue entregada para transformarla donde imperaba el reino de lo admirable, de la alegría, el edén de la paz y el amor.

Tristemente hay que decirlo, pero el hombre no actúa como agente de fe comprometida con el mundo y la construcción armónica de la vida. Por ello le devienen las decepciones y con ellas el crecimiento desordenado de las pasiones. Diríase que este es un razonar destructivo complementado con proyectos globalizantes que fluyen en pos de afianzar más los poderes, de crecer los bienes materiales, de dejarnos llevar por nuestro ego, por ese endiosamiento que nos apasiona lleno de ambición, de dominación superflua que angustia. Queremos ser por el tener y no por el ser, ser

Este panorama hace surgir la pregunta ... ¿De qué se decepciona el hombre de DIOS? No hay ninguna razón cuando el hombre es protagonista del magnicidio que estamos viviendo. El hombre mismo se decepciona de sí mismo.  El dialogo de Dios hombre, hombre y naturaleza esta diluido. El hombre surge en este panorama como amo, dios y señor prescindiendo del reino del superior. El hombre juega a ser Dios, su pasión posesoria lo encumbra por la vida desconociendo a Dios, reemplazándolo por la tecnología, por la gran ciencia limitada por el fluir de los dioses que los hombres fabricamos, por el dinero y las superficialidades materiales, por el placer y el consumo.

El mundo vive el eclipse de DIOS o mejor lo eclipsamos debido a la actuación de la libertad humana irresponsable y en ese sentido la libertad llega al hombre dándole ímpetu de prepotencia, constituyendo la voluntad de poder por la falta de fe o tal vez se tenga una fe de apariencia, una fe fingida, una fe comercial. La ausencia de Dios proporciona al hombre un gran vacío que insensibiliza su espíritu, sus sentimientos. Sabemos la existencia de Dios, pero el hombre sabe solo de una existencia yerma.

 La fe está sometida al criterio de la razón yendo en línea con la decepción de Dios. Lo anotado se concluye que para el hombre la religión es una alienación, de allí el imperativo de la búsqueda de nuevos caminos que lleven al hombre a fortalecer la fe y para ello se dispone de muchas complejidades o fantasías del mundo, pero pocas veces ve el camino del amor, del servicio, del perdón y la lucha por la justicia y las desigualdades que lo comprometan con los suyos.

 Nos  decepcionamos  social y  políticamente de aquellos que se escudan en Dios para hacer el mal, de los que se escudan en la justicia para condenar impunemente, nos decepcionamos de aquellos gobernantes a quienes elegimos y violan los derechos de la humanidad, nos  decepcionamos de aquellos que atropellan a los trabajadores, nos  decepcionamos de aquellos  que legislan profiriendo leyes impopulares para su propio bien, nos decepcionamos de los que  defienden la patria y acaban con la vida de inocentes acudiendo a patrañas perversas, nos decepcionamos de tantos que a nuestro entorno falsean su personalidad, su lealtad, el respeto, su sinceridad, su amistad con sus trajes de gran señor y sus perfiles enseñoreados y superfluos que los descalifican.

Nos decepciona Dios y por eso queremos fabricar un Dios a nuestra manera o medida, como la religión que nos han enseñado tantas cosas que han distorsionando muchas verdades. No más decepciones y vayamos a encontrar caminos de liberación que profundicen compromisos efectivos que ofrezca al mundo soluciones coherentes que despierten la conciencia social.

Ante un mundo que se mueve en los albores del desconcierto humano y espiritual no nos queda más que luchar con ahínco para recuperar la esperanza apocalíptica que nos lleve a la liberación de la decepción y a incrementar el vitalismo de la fe y el espíritu revolucionario de un Jesús en el cual no cabe ninguna decepción.
El tema de la decepción nos introduce en muchos interrogantes que nos ubica en las relaciones del hombre con Dios y la naturaleza y a reflexionar sobre lo que crea el mundo, aunque siempre Dios sigue creando. El hombre solo se convierte en el transformador de las realidades sociales pero hechas a su amaño, sin el espíritu humanista- La voluntad de Dios hay que vivirla aceptando que ese nuestro. Dios está por fuera de toda decepción.

Con la decepción de Dios sobreviene también un conflicto con Dios. Dice un teólogo que Dios no pertenece al mundo de la necesidad, sino de la búsqueda. Hoy el hombre no busca a Dios y si lo hace es por una necesidad, pero Dios acude cuando El decida, entonces nuestro hombre se decepciona, reacciona como lo hizo Job.

La conciencia humana es dimensional ante las malas composturas que decepcionan. Mientras que el evangelio de Jesús espíritu humanizado que venció la carne, señala que al hombre lo corrompe su actuar, lo que él piensa, y en ese pensar contiene actos decepcionantes, que son una afrenta contra el hombre, contra el Dios y la naturaleza. Toda esta flexión puede causar roña, pero no es la intención molestar ninguna creencia. Solo nos objetiva discernir para compartir pensamientos.

El ser humano advierte muchas capacidades, pero desoye las realidades convirtiendo todo en un caos decepcionante proveniente de entornos socio políticos que desencadenan en tragedias crónicas. La contemporaneidad refleja que los estados más decepcionantes son la amistad, la religión, la política, el amor y la familia sin que otros no merezcan importancia. La decepción es prototipo de la existencia humana, por ello estamos sometidos a duras exigencias que oprimen.

La espiritualidad, fuerza para enfrentar las decepciones también se eclipsa haciéndonos vulnerables, creando decepción en la fe y en las falsas conciencias que dominan. Los regímenes que gobiernan aceleran las decepciones con ofrecimientos que no cumplen. El ascensor social y político sube plagado de decepciones por parte de una comunidad que el estado la mantiene invisible, más aún en el momento presente donde el manejo pandémico deja mucho que desear.

Pero hay otro ser que vive una constante decepción... La naturaleza que recibe el impacto nefasto del hombre y sus instituciones convirtiéndola en una víctima terminal que en sus estertores de muerte aflora su dolor causando desastres que afectan sus componentes generadores de vida.

Urge aún más para que no suframos tanta decepción, una alianza entre el hombre, la naturaleza y su Dios, empleando estilos de vida nuevos como ya lo anunciamos. Esta enseñanza es para no destruirnos, para hacer que no se nos sigan imponiendo voluntades que descalifican, sino la necesidad de luchar para el bien común como practica social y política y espiritual, llevando a cabo cambios radicales para no preservar corrupciones, injusticias, agresiones y violencias de géneros distintos provenientes de sectores diversos, donde todos estos actos mezquinos, son físicas decepciones constitucionales y sociales.

 La tristeza de las decepciones y las traiciones deben servirnos de experiencia, no para venganzas, sino para entender la condición humana que se presenta con piel de oveja e instinto de lobo o disfrazados cual tartufos que se desplazan en los recintos de las altas cortes de los estados. Y las instituciones

Se desprende para el hombre otro problema a enfrentar…Un conflicto con su DIOS, conflicto que se circunscribe a entenderlo en su dimensión, y amor, a entender la libertad humana y sus límites, a entender la voluntad de Dios, a entender la existencia de Dios, a entender la experiencia de la fe, a entender los dogmas, el mal y el bien y el mensaje evangélico. Pero no obstante el latente conflicto y la decepción, el hombre no puede vivir sin Dios pues siempre encontrara razones para creer en Dios a su manera o según sus convicciones, creer en el Jesús de la Historia o de la fe.

Vivimos engañando para ocultar perversas pretensiones y por ello causamos decepciones, explotamos la moral y la ética rindiendo culto profano y yelmo a nuestra personalidad.

Para romper algunos de los tajantes paradigmas aquí contenidos necesita el hombre de una gran madurez espiritual y personalidad en la fe y en sus principios y valores que lo lleve sin decepciones ni conflictos a Dejar a Dios ser Dios y a la sociedad a medir sus actos con respeto.
marsblawyer@gmail.com

miércoles, 24 de junio de 2020

Una mirada post pandémica



Por Oscar Bravo:
“Cuando se mira al horizonte, hay una eterna polarización entre optimistas y pesimistas”

En estos momentos de pandemia, en que la que todos los días seguimos observando con muchísima preocupación, el aumento del número de casos infectados en el mundo, por el coronavirus Covid -19, que se acerca a los 6 millones de habitantes y el haber pasado de las 300 mil personas fallecidas…sin contar con los millones de trabajadoras y trabajadores, que se convirtieron en desempleadas y desempleados…y que nos permite afirmar de que estamos en presencia de una gran tragedia para la humanidad…


Esta difícil situación y los impactos negativos de ésta pandemia, ha hecho que haya comenzado un interesantísimo debate desde la hermenéutica social, cuando reflexionamos sobre ¿el hacia dónde vamos?...¿qué va a pasar con la humanidad?...¿cuándo se conseguirá la cura?...¿ nunca lograremos la vacuna definitiva?...¿vendrán otros agresivos virus?...¿después el Covid -19, habrá un cambio actitudinal en las personas?...¿o será que después del auge y deceso de la pandemia, la gente seguirán siendo las mismas personas?...¿los políticos, los empresarios y los trabajadores cambiaran su visión de vida?...

Los más pesimistas aseguran, que en la post pandemia la gente no solo seguirán siendo las mismas, sino que hasta sufrirán del síndrome de “un rechazo al hogar”, por durar tanto tiempo en “el quédate en tu casa”, que más bien van aumentar las divergencias familiares, que las empresas, serán más explotadoras para recuperar el tiempo perdido y que los políticos querrán acostumbrarse al uso del control social con las llamadas cuarentenas y en el caso de los gobiernos liberales que han sido fuertemente afectados por el Coronavirus Covid -19, seguirán con sus praxis política de ver todo como una mercancía…

En el caso de los más optimistas, consideran que ya el mundo cambió, que hay una revisión de las relaciones sociales de producción y una mayor consciencia social sobre la protección de la salud, y que nacerá en el mundo una actitud más solidaria entre las personas, y que las guerras y los bloqueos, no ayudan a la sustentabilidad de la humanidad…

Y los más realistas dicen que esta pandemia lo que ha demostrado es que somos más vulnerables de lo que pensábamos…
Politólogo.

bravisimo929@gmail.com

miércoles, 8 de abril de 2020

Virus y guerra para el mal morir



Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez: 
Petróleo, ferrocarril y aseo, cambiaron el curso del mundo a comienzo del siglo XX que Internet, robótica y especulación financiera cerraron. Las guerras que abrieron el siglo con grandes movilizaciones de soldados harapientos emboscando al enemigo en campo abierto, al ritmo de tanques y camiones, en el S.XXI mutaron hacia enemigos asimétricos, difusos, creados en laboratorio y atacados para justificar victorias que distraen los grandes negocios y dominio político que subyace. Así ocurrió con Afganistán, Iraq, Siria, todos bajo la expresión de “infectados”.



Para ocupar lugar de aislamiento basta que le toque su turno en la baraja del poder hegemónico para ser bloqueado, encerrado, exterminado, con la lógica de la peste y de la guerra, que hace 70 años llevan la herencia nazi técnicamente perfeccionada. Peste y guerra azotan con mayor violencia a vulnerables, apátridas, marginados, pobres, que reciben por igual los azotes de la plaga, sea de mariners, cabezas rapadas, paracos, militares en ejercicio o bacterias y virus letales como este covid19 en sus dos cepas S y L.

Los barbaros ejércitos, “inteligentes”, son mitad máquina, mitad humanos, digitales y mecánicos, drones, bombarderos no tripulados, máquinas de precisión, hombres sin humanidad, francotiradores en línea apostando a matar, salen de la nada, dan miedo, aprovechan la sombra y la legalidad que les da impunidad, reciben la paga como antiguos mercenarios, sus asesinatos valen oro, cobran en bolsa. Los gobernantes declaran y anuncian al “enemigo universal” a ser atacado de manera implacable, ante la impotencia de sus vecinos y hermanos. Estos días los Estados Unidos le anuncian a América Latina, que viene una guerra, así de repente como la peste y nadie duda que su poder le alcanza para cooptar gobernantes (calificados por quienes los eligieron para conservar la paz de pusilánimes, entreguistas y traidores) y hacer alianzas de negocios con empresarios y políticos para adelantar acciones abiertas y encubiertas, de guerra regular o sucia y uso del terror general o selectivo.

El virus invisible, llega sin anuncio no declara la guerra, se mete en el cuerpo de los más expuestos y se expande, permitiendo que los gobernantes abandonen la agenda social y la concertación y busquen equilibrios entre un temor manipulable (útil para experimentar una nueva disciplina y control de conductas sociales) y contener el contagio. América Latina con el anuncio de guerra, anticipa su lenta muerte como continente próspero y esperanza de futuro, su tenacidad no va a alcanzar para vivir al mismo tiempo el contagio y una guerra inesperada, creada a la sombra del virus letal. Los vientos de guerra contra Venezuela, se extenderán y todo el continente va a arder. Lo que ocurra no podrá ser exhibido como victoria de nadie, es una gran vergüenza para todos.

La gran perdedora será Colombia, que con sus siete bases americanas será convertida en el “nido del águila” (donde el furher ordenaba su crueldad) para organizar la destrucción de lo poco que le queda de grandeza a la patria grande soñada por Bolívar, que en su soledad cuenta sus muertos, en tanto espera completar el contagio del 10% de su población total, inerme, desigual, excluida y olvidada, lista para morir.

Los hechos del siglo XXI, que era el siglo de América Latina, impiden ser optimistas y más bien invitan a prepararse para entender que después del trance de covid19 nada quedará igual y la vida será de otra manera, pero no para vivir un post de alegrías, porque la guerra prometida estará ahí como otro virus letal. Colombia podrá quedar encerrada en el triángulo macabro de una violencia endémica con visos de retorno a la guerra interna; una guerra internacional y; una pandemia que se niega a irse. Las consecuencias previsibles anuncian afectación de fondo a la estabilidad del trabajo, al aparato productivo de baja capacidad de respuesta y una economía inestable, en medio de un tejido político y social polarizado, que impide avanzar en la solidaridad y respeto a la naturaleza, al otro y a sí mismos, lo que dificulta regresar a una normalidad de renovados deberes y responsabilidades que permitan un fraterno reencuentro.

El covid19 se irá, llegará un antídoto, pero la guerra que empieza estará más cerca, mortal y certera. Todo cambia drásticamente de repente y ojalá haya tiempo para preguntarnos en estos días: ¿Quién soy yo como ser humano? Y ¿Quién soy yo para la humanidad? El covid19, es el “enemigo invisible” y la conciencia indica que desigualdad y exclusión son la base de permanencia del “enemigo visible”: el gran propietario, que no abandona su ímpetu de guerra, ni cesa en su empeño de permanecer así, hasta que realmente el sistema de acumulación sea golpeado.

mrestrepo33@hotmail.com


sábado, 7 de marzo de 2020

El capitalismo y las trasnacionales destruyen a la humanidad


Por Diego Olivera Evia:
Las guerras, la droga, el hambre en el Siglo XXI

La sociedad humana avanza hacia una crisis global, en el marco del capitalismo, el resurgimiento del fascismo en Europa y América Latina, impulsado por el modelo imperial de EEUU, con la presidencia del magnate Donald Trump, que ha impuesto sus reglas del juego, logrando controlar a la Unión Europea (UE), como a la OTAN el brazo militar de la UE, en ese mismo sentido aplica mecanismos, para intentar controlar a la Organización de Estados Americanos (OEA).


Creando mecanismos coercitivos, en una guerra sin cuartel contra Venezuela, pero estas acciones no han podido lograr una mayoría, para agredir a Venezuela y apoderar un gobierno de facto en esta nación sudamericana, la imposición de un títere de la Asamblea Nacional (AN), en desacato, ha generado una grave crisis, donde el petróleo, el Oro, el Coltán, las refinerías de CITGO, de propiedad venezolana, son la base de una guerra imperial y sin escrúpulos.

Un informe de la CELAC advertía los posibles efectos del modelo gringo desde las promesas de campaña y a partir de la (inesperada) asunción al Gobierno de Donald Trump suenan las alarmas sobre un “retorno al proteccionismo” en Estados Unidos (EE. UU.) como amenaza al orden global neoliberal. Se ha renovado la discusión liberalismo-proteccionismo desde una postura hegemónica que plantea ambas alternativas como contradictorias y en la que el proteccionismo sería un lastre del “populismo de derecha” de Trump que atenta contra los logros del neoliberalismo a nivel internacional. Así, desde la prensa hegemónica -que se hace eco de las voces expertas más calificadas- se viene advirtiendo sobre los perjuicios de los lineamientos proteccionistas impulsados por el Gobierno, en particular, los efectos en la economía y geopolítica internacional y, también, para América Latina y el Caribe (ALC).

Sin embargo, hay poca información concreta sobre cuál es el impacto en inversiones y relaciones comerciales con la región, donde las políticas de Trump, paradójicamente, parecen haber profundizado el neoliberalismo por la vía de la expansión de las transnacionales estadounidenses. Además, más allá de si el proteccionismo es “bueno o malo”, los resultados de los lineamientos implementados parecen haber abierto un nuevo ciclo de crisis en la economía de EE.UU., a la vez que están causando un impacto significativo en la geopolítica internacional. Lo que no está tan claro es que se trate de medidas que amenacen la supervivencia del neoliberalismo.

A continuación, expondremos qué es el “proteccionismo à la Trump” (una cosa es lo que se dice, otra es lo que se decide y otra diferente, lo que se logra), dimensionando, en primer lugar, sus efectos en EE. UU. para, en un segundo momento, abordar su impacto en las relaciones con ALC

Las guerras, la droga, el hambre, en el Siglo XXI
En este marco de crisis de guerras monopólicas contra África, Medio Oriente, Asia, América Latina, son avasalladas por la políticas neo coloniales, la sumisión de países latinoamericanos a las presiones de Trump, y su equipo de guerra global, han podido usar a presidentes fascistas e inmorales, como Macri, Bolsonaro, Piñera, Duque, que aplican políticas neoliberales en sus naciones, el ataque al Amazonas, por Bolsonaro, para entregar sus recursos a las trasnacionales, crearía un ataque brutal el ecosistema. Pero lo más peligroso es el ataque a los pueblos originales del pulmón de Sudamérica, donde un militar fascista como el presidente brasileño, considera a estos pueblos, como ignorantes, sucios y que nos hablan portugués, al mejor estilo de la conquista, de los españoles, portugueses e ingleses, que asesinaron a millones de seres humanos.

Otros efectos como las drogas son parte de la acción de EEUU, el principal consumidor de estupefacientes del planeta, la inmoralidad de los gobiernos de Colombia, han creado el mayor imperio de la droga, controlado por presidentes corruptos, el mismo presidente Duque, es parte de la familia de los carteles de la Droga. Siendo Uribe señalado de participar habitualmente en el diseño y ejecución de matanzas perpetradas por los paramilitares colombianos, como el caso de la Matanza de El Aro cometida en 1997.

En esa, según relata el periódico de Miami, El Nuevo Herald informo que, el mismísimo Álvaro Uribe, planeo la matanza con los dirigentes de las Autodefensa Unidas de Colombia y posteriormente acudió personalmente a felicitar a los paramilitares que “brillantemente” habían asesinado, con motosierras, al menos a 15 campesinos indefensos, matanza por la que la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó a Colombia.

Tres parientes del ex presidente colombiano, entre ellos dos primos hermanos, lideraron una banda paramilitar conocida como Los Erre, señalada de haber asesinado a medio centenar de personas en varios municipios del departamento de Antioquia: Carlos Alberto Vélez Ochoa, Juan Diego Vélez Ochoa y Mario Vélez Ochoa, quienes también son familiares del clan de los capos del narcotráfico Ochoa.

La política de Seguridad Democrática de Álvaro Uribe dio lugar al escándalo conocido como falsos positivos, el asesinato de al menos 2 mil 500 civiles inocentes por la fuerza pública colombiana – bajo el mandato de Uribe como presidente y siendo Juan Manuel Santos el Ministro de Defensa – presentados como, guerrilleros dados de baja en combate

En mayo de 2010, el diario The Washington Post, publica la confesión del policía Juan Carlos Meneses, de haber asesinado a miles de campesinos y realizar múltiples operaciones paramilitares junto a Los 12 apóstoles, grupo paramilitar en el que participa Santiago Uribe, hermano de Álvaro.

Esta es la realidad de un modelo capitalista sin escrúpulos, que aplica las políticas de violencia, guerra, habla de ayudas humanitarias, pero en realidad invaden naciones, para adueñarse de los principales recursos, petróleo, oro, minerales, esclaviza a pueblos de África y Asia, para ampliar el papel de las trasnacionales y ampliar el papel El complejo industrial-militar (una de las principales fuentes de empleo en EE. UU).

Esta es la realidad de un modelo criminal, que, en el marco del Grupo de Lima, reorganizada por Trump, como un mecanismo de coerción sobre Venezuela, Cuba y Nicaragua, el interés de EEUU es controlar a América Latina.

Una nueva realidad en Uruguay
Y ahora en Uruguay el neoliberalismo y el fascismo, se ha manifestado en mentiras, el mismo presidente Lacalle mintió sobres los aumentos de la luz, el agua, la gasolina, el gas familiar, el aumento del dólar de 39 a 43 el costo del peso uruguayo, creando a los ciudadanos ajustes y aumentando los insumos de a los alimentos, como otras medidas para incrementar una crisis en las mayorías de los ciudadanos uruguayos.

También han creado otros mecanismo de coerción, al   aplican la violencia de la policía y la metropolitana, contra los jóvenes estudiantes, los indigentes, a los cuidadores de autos en la calle y acusan a los malabaristas como un peligro, bajo la amenaza de detención y con violencia, a través de las políticas del Ministro del Interior Jorge Larrañaga, quien amenaza al Frente Amplio (FA), como desconociendo a los diputados y senadores, quienes quieren evitar la violencia en la sociedad, y los policías y el Ministerio del Interior, a través de un  modelo de abuso  sobre los sectores marginales de la sociedad.

 Periodista, Historiador y Analista Internacional
diegojolivera@gmail.com

domingo, 10 de noviembre de 2019

El capitalismo destruye la sociedad humana y las naciones



Por Diego Olivera Evia:
Las guerras, la droga y el hambre en el Siglo XXI 

La sociedad humana avanza hacia una crisis global, en el marco del capitalismo, el resurgimiento del fascismo en Europa y América Latina, impulsado por el modelo imperial de EEUU, con la presidencia del magnate Donald Trump, que ha impuesto sus reglas del juego, logrando controlar a la Unión Europea (UE), como a la OTAN el brazo militar de la UE, en ese mismo sentido aplica mecanismos, para intentar controlar a la Organización de Estados Americanos (OEA), creando una crisis en América Latina, con el Grupo de Lima, usando a Colombia contra Venezuela, Cuba, Nicaragua, ahora con Bolivia, contra el triunfo de Evo Morales, de la misma manera los cambios en Argentina, con la derrota de Macri, y la grave situación en Chile, con una nueva dictadura, con asesinatos, violaciones a mujeres y hombres, pero el pueblo no deja las calles, busca una nueva constitución, para derogar la de Pinochet, esta situaciones son parte de la crisis y el terrorismo de Trump. 


Creando mecanismos coercitivos, de los miembros, pero en una guerra sin cuartel contra Venezuela, pero no han podido lograr mayoría, para agredir a Venezuela y apoderar un gobierno de facto en esta nación sudamericana, la imposición de un títere de la Asamblea Nacional (AN), en desacato, ha generado una grave crisis, donde el petróleo, el Oro, el Coltán, las refinerías de CITGO, de propiedad venezolana, son la base de una guerra imperial y sin escrúpulos.

Un informe de la CELAC advertía los posibles efectos del modelo de EEUU, desde las promesas de campañas y a partir de la (inesperada) a través del Gobierno de Donald Trump, pero suenan las alarmas sobre un “retorno al proteccionismo” en Estados Unidos (EE.UU.) como amenaza al orden global neoliberal. Se ha renovado la discusión liberalismo-proteccionismo desde una postura hegemónica que plantea ambas alternativas como contradictorias y en la que el proteccionismo sería un lastre del “populismo de derecha” de Trump que atenta contra los logros del neoliberalismo a nivel internacional. Así, desde la prensa hegemónica -que se hace eco de las voces expertas más calificadas- se viene advirtiendo sobre los perjuicios de los lineamientos proteccionistas impulsados por el Gobierno, en particular, los efectos en la economía y geopolítica internacional y, también, para América Latina y el Caribe (ALC).

Sin embargo, hay poca información concreta sobre cuál es el impacto en inversiones y relaciones comerciales con la región, donde las políticas de Trump, paradójicamente, parecen haber profundizado el neoliberalismo por la vía de la expansión de las transnacionales estadounidenses. Además, más allá de si el proteccionismo es “bueno o malo”, los resultados de los lineamientos implementados parecen haber abierto un nuevo ciclo de crisis en la economía de EE.UU., a la vez que están causando un impacto significativo en la geopolítica internacional. Lo que no está tan claro es que se trate de medidas que amenacen la supervivencia del neoliberalismo.

Proteccionismo a lo Trump en EE.UU.

Trump ha demostrado que EE. UU. auguraba, para la mayoría de analistas, un menor ritmo de comercio y de inversiones con la región. En efecto, varios factores parecían conjugarse en este sentido: la suspensión de acuerdos, como el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), que contemplaban la reducción de barreras no arancelarias, la armonización regulatoria y la creación de nuevos estándares para regular el comercio digital; la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN); la idea de renegociar, también, acuerdos bilaterales con otros países como Chile, Colombia, Panamá y Perú, entre otros; las críticas a la OMC por favorecer el libre comercio; y la apuesta por la relocalización de la producción de las empresas estadounidenses hacia EE.UU. Sin embargo, hasta el momento, no se ha verificado esta tendencia.

El “América First”, que prometía generar empleo e impulsar la industria nacional, volver al “made in América” vs. el “made in China”, ha mostrado escasos resultados. No parece haberse conseguido un aumento en la competitividad de las industrias locales, pues la mayoría está atada a una cadena de producción invariablemente internacional. A esto se suma la disminución de las ganancias en las industrias manufactureras de EE.UU., como la de producción de alimentos, bebidas y tabaco, las productoras de petróleo, carbón, químicos y otros productos durables que se fabrican en territorio estadounidense. En un análisis reciente se menciona que esa caída de las ganancias podría explicar la política proteccionista al interior y la política de libre mercado al exterior.

Sin embargo, esta merma no se observa en todos los sectores. El complejo industrial-militar (una de las principales fuentes de empleo en EE.UU.) sigue gozando de buena salud: la venta de armas de EE. UU. al mundo se incrementó en 2019 (en continuidad con la tendencia con los gobiernos de Obama y de acuerdo a lo prometido por Trump). El último ejercicio fiscal (octubre-septiembre 2019) cerró con la venta de poco más de 41.930 millones de dólares, un incremento del 24% con respecto al mismo periodo anterior.

Los departamentos de Defensa, Estado y Comercio plantean diferentes propuestas para mejorar y acelerar el proceso de ventas a otras naciones y, también, estimular el incremento de empleos en el sector. Según datos recientes, EE. UU. realiza el 57.9% de las transacciones mundiales de armamentos, y con América Latina las ventas rebasaron los 343 millones de dólares en 2016, destacando las compras de México (100.899 millones), Colombia (75.990 millones), Brasil (59.310 millones) y Chile (48.798).

A su vez, las políticas proteccionistas están generando una mayor expansión de las empresas EE. UU. al exterior, expansión que, tal como vienen operando desde hace décadas -si bien por un lado implica aumento de inversiones y puestos de trabajo- también es portadora de una serie de “condicionamientos” a las economías (sobre todo las periféricas), asociados a exenciones impositivas, fuerza de trabajo barata y condiciones laborales “flexibles”, etc. -cabe recordar que en esta tónica van las reformas laborales y previsionales de los gobiernos de derecha en Argentina y Brasil, por ejemplo-.Los factores por los cuales las políticas proteccionistas podrían generar mayor inversión de las empresas estadounidenses en el exterior son: ( el encarecimiento de los costos de producción derivado del incremento de aranceles para insumos de uso difundido, como acero y aluminio; la repatriación de capitales puede inducir a una apreciación del dólar que también atente contra la competitividad local y las políticas anti inmigratorias pueden atentar contra el “reclutamiento de cerebros” que realizan las empresas estadounidenses en todo el globo para desarrollar las tareas de innovación en su país.

Las guerras, la droga, el hambre, en el Siglo XXI

Otros efectos como las drogas son parte de la acción de EEUU, el principal consumidor de estupefacientes del planeta, la inmoralidad de los gobiernos de Colombia, han creado el mayor imperio de la droga, controlado por presidentes corruptos, el mismo presidente Duque, es parte de la familia de los carteles de la Droga. Uribe capo de la droga y de los paracos de participar habitualmente en el diseño y ejecución de matanzas perpetradas por los paramilitares colombianos, como el caso de la Matanza de El Aro cometida en 1997.

En esa, según relata el periódico de Miami, El Nuevo Herald en informo, que el mismísimo Álvaro Uribe, planeo la matanza con los dirigentes de las Autodefensa Unidas de Colombia y posteriormente acudió personalmente a felicitar a los paramilitares que “brillantemente” habían asesinado, con motosierras, al menos a 15 campesinos indefensos, matanza por la que la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó a Colombia.

Ahora en la actualidad del gobierno de Duque en Colombia, se mantienen la variables del terrorismo en Colombia, la muerte de luchadores sociales, el desplazamiento de los campesinos, los asesinatos de ex Farc son parte de las políticas de Uribe, como los ataques a Venezuela y los intentos de atentados al presidente Nicolas Maduro, los vínculos del terrorista Guaidó con los rastrojos, quedo al descubierto en corredores para las fechorías, del terrorismo impulsado por Trump, para intentar controlar el petróleo, el oro, el Coltán, la imposibilidad de derrotar al gobierno venezolano, ha creado una histeria del psicótico Donald Trump, no solo en Venezuela sino con Cuba, en su resistencia de más de 50 años, esta es la realidad de las guerras imperialistas contra los pueblos del mundo.

(*) Periodista, Historiador y analista internacional
diegojolivera@gmail.com

miércoles, 2 de octubre de 2019

El capitalismo destruye la sociedad humana y las naciones



Por Diego Olivera Evia:
Las guerras, la droga, el hambre en el Siglo XXI

La sociedad humana avanza hacia una crisis global, en el marco del capitalismo, el resurgimiento del fascismo en Europa y América Latina, impulsado por el modelo imperial de EEUU, con la presidencia del magnate Donald Trump, que ha impuesto sus reglas del juego, logrando controlar a la Unión Europea (UE), como a la OTAN el brazo militar de la UE, en es mismo sentido aplica mecanismos, para intentar controlar a la Organización de Estados Americanos (OEA). Creando mecanismos coercitivos, de los miembros, pero en una guerra sin cuartel contra Venezuela, pero no han podido lograr mayoría, para agredir a Venezuela y apoderar un gobierno de facto en esta nación sudamericana, la imposición de un títere de la Asamblea Nacional (AN), en desacato, ha generado una grave crisis, donde el petróleo, el Oro, el Coltán, las refinerías de CITGO, de propiedad venezolana, son la base de una guerra imperial y sin escrúpulos.


Un informe de la CELAC advertía los posibles efectos del modelo gringo desde las promesas de campaña y a partir de la (inesperada) asunción al Gobierno de Donald Trump suenan las alarmas sobre un “retorno al proteccionismo” en Estados Unidos (EE.UU.) como amenaza al orden global neoliberal. Se ha renovado la discusión liberalismo-proteccionismo desde una postura hegemónica que plantea ambas alternativas como contradictorias y en la que el proteccionismo sería un lastre del “populismo de derecha” de Trump que atenta contra los logros del neoliberalismo a nivel internacional. Así, desde la prensa hegemónica -que se hace eco de las voces expertas más calificadas- se viene advirtiendo sobre los perjuicios de los lineamientos proteccionistas impulsados por el Gobierno, en particular, los efectos en la economía y geopolítica internacional y, también, para América Latina y el Caribe (ALC).

Sin embargo, hay poca información concreta sobre cuál es el impacto en inversiones y relaciones comerciales con la región, donde las políticas de Trump, paradójicamente, parecen haber profundizado el neoliberalismo por la vía de la expansión de las transnacionales estadounidenses. Además, más allá de si el proteccionismo es “bueno o malo”, los resultados de los lineamientos implementados parecen haber abierto un nuevo ciclo de crisis en la economía de EE.UU., a la vez que están causando un impacto significativo en la geopolítica internacional. Lo que no está tan claro es que se trate de medidas que amenacen la supervivencia del neoliberalismo.

Proteccionismo a lo Trump en EE.UU.
La llegada de Trump a la presidencia de EE. UU. auguraba, para la mayoría de analistas, un menor ritmo de comercio y de inversiones con la región. En efecto, varios factores parecían conjugarse en este sentido: la suspensión de acuerdos, como el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), que contemplaban la reducción de barreras no arancelarias, la armonización regulatoria y la creación de nuevos estándares para regular el comercio digital; la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN); la idea de renegociar, también, acuerdos bilaterales con otros países como Chile, Colombia, Panamá y Perú, entre otros; las críticas a la OMC por favorecer el libre comercio; y la apuesta por la relocalización de la producción de las empresas estadounidenses hacia EE.UU. Sin embargo, hasta el momento, no se ha verificado esta tendencia.

El “América First”, que prometía generar empleo e impulsar la industria nacional, volver al “made in América” vs. el “made in China”, ha mostrado escasos resultados. No parece haberse conseguido un aumento en la competitividad de las industrias locales, pues la mayoría está atada a una cadena de producción invariablemente internacional. A esto se suma la disminución de las ganancias en las industrias manufactureras de EE.UU., como la de producción de alimentos, bebidas y tabaco, las productoras de petróleo, carbón, químicos y otros productos durables que se fabrican en territorio estadounidense. En un análisis reciente se menciona que esa caída de las ganancias podría explicar la política proteccionista al interior y la política de libre mercado al exterior.

Sin embargo, esta merma no se observa en todos los sectores. El complejo industrial-militar (una de las principales fuentes de empleo en EE.UU.) sigue gozando de buena salud: la venta de armas de EE. UU. al mundo se incrementó en 2017 (en continuidad con la tendencia con los gobiernos de Obama y de acuerdo a lo prometido por Trump). El último ejercicio fiscal (octubre 2016-septiembre 2017) cerró con la venta de poco más de 41.930 millones de dólares, un incremento del 24% con respecto al mismo periodo anterior.

Los departamentos de Defensa, Estado y Comercio plantean diferentes propuestas para mejorar y acelerar el proceso de ventas a otras naciones y, también, estimular el incremento de empleos en el sector. Según datos recientes, EE. UU. realiza el 57.9% de las transacciones mundiales de armamentos, y con América Latina las ventas rebasaron los 343 millones de dólares en 2016, destacando las compras de México (100.899 millones), Colombia (75.990 millones), Brasil (59.310 millones) y Chile (48.798).

A su vez, las políticas proteccionistas están generando una mayor expansión de las empresas EE. UU. al exterior, expansión que, tal como vienen operando desde hace décadas -si bien por un lado implica aumento de inversiones y puestos de trabajo- también es portadora de una serie de “condicionamientos” a las economías (sobre todo las periféricas), asociados a exenciones impositivas, fuerza de trabajo barata y condiciones laborales “flexibles”, etc. -cabe recordar que en esta tónica van las reformas laborales y previsionales de los gobiernos de derecha en Argentina y Brasil, por ejemplo-.Los factores por los cuales las políticas proteccionistas podrían generar mayor inversión de las empresas estadounidenses en el exterior son: ( el encarecimiento de los costos de producción derivado del incremento de aranceles para insumos de uso difundido, como acero y aluminio;  la repatriación de capitales puede inducir a una apreciación del dólar que también atente contra la competitividad local y las políticas anti-inmigratorias pueden atentar contra el “reclutamiento de cerebros” que realizan las empresas estadounidenses en todo el globo para desarrollar las tareas de innovación en su país.

Las guerras, la droga, el hambre, en el Siglo XXI
Otros efectos como las drogas son parte de la acción de EEUU, el principal consumidor de estupefacientes del planeta, la inmoralidad de los gobiernos de Colombia, han creado el mayor imperio de la droga, controlado por presidentes corruptos, el mismo presidente Duque, es parte de la familia de los carteles de la Droga.  Siendo Uribe señalado de participar habitualmente en el diseño y ejecución de matanzas perpetradas por los paramilitares colombianos, como el caso de la Matanza de El Aro cometida en 1997.
En esa, según relata el periódico de Miami, El Nuevo Herald en informo, que el mismísimo Álvaro Uribe, planeo la matanza con los dirigentes de las Autodefensa Unidas de Colombia y posteriormente acudió personalmente a felicitar a los paramilitares que “brillantemente” habían asesinado, con motosierras, al menos a 15 campesinos indefensos, matanza por la que la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó a Colombia.

Ahora en la actualidad del gobierno de Duque en Colombia, se mantienen la variables del terrorismo en Colombia, la muerte de luchadores sociales, el desplazamiento de los campesinos, los asesinatos de ex Farc son parte de las políticas de Uribe, como los ataques a Venezuela y los intentos de atentados al presidente Nicolas Maduro, los vínculos  del terrorista Guaidó con los rastrojos, quedo al descubierto en corredores para las fechorías, del terrorismo impulsado por Trump, para intentar controlar el petróleo, el oro, el Coltán, la imposibilidad de derrotar al gobierno venezolano, ha creado una histeria del psicótico Donald Trump, no solo en Venezuela sino con Cuba, en su resistencia de mas de 50 años, esta es la realidad de las guerras imperialistas contra los pueblos del mundo.

(*) Periodista, politólogo y analista internacional
diegojolivera@gmail.com

sábado, 21 de septiembre de 2019

El anticapitalismo de la Revolución Verde



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
El mundo ha logrado alarmarse frente a los catastróficos pronósticos sobre el cambio climático. Para una o dos décadas más es posible concebir una calamidad universal de no cambiar drásticamente nuestras formas de producción y consumo a fin de ponerle freno al calentamiento global y la depredación de nuestros bosques, fuentes de agua y dispendio de materias primas. Pese a las guerras, catástrofes medioambientales y otros fenómenos que se suceden a diario, lo cierto es que la población mundial crece constantemente y el planeta empieza a colapsar en el abastecimiento de tantos millones de seres humanos.


 Hace unos sesenta años, en París, un grupo de calificados científicos nos advertían que de continuar las formas de explotación capitalista de nuestra naturaleza, el mundo se condenaría a su destrucción y, aunque la advertencia nos sonaba entonces algo exagerada, la verdad es que ya podemos apreciar los nocivos efectos de la llamada sociedad de consumo, de los intereses escocidas del ahora autodenominado neoliberalismo y de la creciente confrontación entre las grandes, medianas y pequeñas naciones para imponer su hegemonía al mundo o proteger sus reservas naturales. Por algo se dice que la próxima guerra mundial podría ser la del agua, ante su inminente agotamiento, cuando el acceso al petróleo ya ha ocasionado y seguirá produciendo graves conflictos mundiales.

Aunque tuvimos falsos profetas que nos auguraron el triunfo definitivo del capitalismo, por sobre todas las experiencias socialistas o comunistas, lo cierto es que la paz del mundo debiera revolucionar rápidamente las bases actuales del comercio mundial, prohibir la concentración económica y la extrema riqueza, además de rescatar a más de la mitad de los habitantes del mundo de la pobreza y el atraso. El mismo planeta ya no soporta tanta inequidad social y amenazas tan extremas y arriesgadas como la producción de armamentos de destrucción masiva o “disuasivas”. Asimismo, es preciso que los seres humanos se acostumbren a vivir con lo esencial y en equilibrio con tu entorno natural, lo que supone sepultar necesariamente las ideas propiciadas por las naciones hegemónicas, la voracidad empresarial y el afán de los pueblos devenidos en simples consumidores y mano de obra de intereses ajenos.

Cada país y continente debe hacer frente a la catástrofe que se avecina y que se expresa tan locuazmente en el derretimiento de nuestros hielos, las múltiples inundaciones, los incendios forestales, los ciclones y otros fenómenos que ciertamente se vienen multiplicando y acentuando en intensidad. Entre las mayores iniciativas, ya se ha dicho, hay que descarbonizar y olvidarse de los recursos fósiles para producir nuestra energía industrial y familiar; adoptar las fuentes limpias que las naciones más conscientes están ya alentando, aunque todavía más acicateados por la una nueva oportunidad de negocios que por un imperativo moral.

De la misma forma es que hay que variar nuestros hábitos alimenticios, adoptando el consumo de proteínas también limpias y no tan provenientes de la carne animal que, como se ha comprobado, es una de las principales causantes de la crisis hídrica, la deforestación e, incluso, de un sinnúmero de trastornos a la salud.
Lo cierto es que el colapso nos amenaza a todos y que esta vez los países y poblaciones más ricas no podrán escapar a sus consecuencias, porque ciertamente la ciencia y la tecnología no le darán tiempo para escapar de la Tierra y asentarse en otro lugar del universo como algunos han llegado a fantasear en su delirio y renuencia a cambiar sus formas de vida. Pero de todas maneras nos tememos que la tozudez del pensamiento de derecha, los intereses creados y la simple condición humana impidan o retrasen la llamada “revolución verde”, la conciliación del ser humano con la naturaleza y la adopción de formas solidarias de desarrollo entre los pueblos.

De allí que el progresismo universal tenga tantos deberes y posibilidades a partir de la hecatombe que se avecina. Que las llamadas o autodenominadas izquierdas puedan confluir en un imperativo ético y político, al mismo tiempo que se alejen de todas esas ideologías o caprichos mesiánicos que perdieron realmente vigencia en el mundo actual, no tanto por el fracaso de algunas de sus experiencias reales, sino por la irrupción de nuevos problemas y desafíos. Que ya no son de cada país, etnia y clase, sino de todos los habitantes del planeta.

En lo que más conocemos, el caso chileno, asumimos que la preocupación por el medio ambiente y nuestro frágil territorio ya ha entrado al debate público y ello ha estimulado implementar muchas y novedosas acciones a lo largo de todo el país en el desarrollo de la energía solar y geotérmica, la posibilidad de desalinizar nuestro mar o, incluso, considerar seriamente la idea de esa carretera hídrica que nos permitiría conducir nuestras abundantes aguas del sur hacia el centro y el norte del país. Sin embargo, muchas autoridades soslayan el hecho de que en las últimas décadas lo que se ha propiciado son más plantas de carbón, incluso por sobre las cuestionadas hidroeléctricas. Así como se comprueba la indolencia de todos nuestros últimos gobiernos al soslayar las inicuas depredaciones provocadas por la minería y la agroindustria, con sus criminales consecuencias contra la salud de varias ciudades y poblaciones. El envenenamiento de ríos mediante sus relaves y el agotamiento de nuestros manantiales subterráneos de Santiago al norte del país.

Realmente pensamos que, sin renunciar a objetivos tan nobles como los de la verdad y la justicia (que tanto compromete a algunos partidos y movimientos), todas las expresiones vanguardistas debieran avanzar hacia los nuevos objetivos y urgencias de los Derechos Humanos, tan conculcados por nuestras grandes empresas y la frivolidad de nuestros gobernantes. Felizmente, el agotamiento de ciertas ideologías y métodos de lucha tiene como feliz corolario la decepción del pueblo respecto de los partidos y otros referentes. Al mismo tiempo que crece el interés de nuestras poblaciones por las ideas de la ecología y las manifestaciones de defensa de la “casa de todos” y la igualdad social.

Debemos asumir necesariamente que es muy poco lo que puede hacer Chile frente a los desafíos de salvar el Planeta en un país cuyos verdaderos soberanos son las empresas transnacionales, con la Constitución y las leyes que inhiben la voluntad popular y democrática, como el poder del Estado.  Pese a que somos una de las naciones más ricas del continente, con gigantescas reservas monetarias pero que solo pueden tocar el desmedido y absurdo gasto militar, como la incontinencia de una clase política que se hace pagar caro en su papel de cancerbera del orden institucional vigente y las inversiones foráneas.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com