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viernes, 31 de julio de 2020

Democracia sin deliberación, no es democracia



Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:

En 120 días de pandemia, la sociedad parece haberse acostumbrado a convivir con el horror de cifras crecientes de muertes por la covid19, sin derecho a funeral, es como si el virus quisiera hacer saber a quienes no lo sabían o habían olvidado que ese desastre y esa manera de morir y ser enterrados ya hace tiempo esta incrustado en la historia de Colombia. Han sido miles y miles de asesinados por la barbarie y tirados como NN en fosas comunes (más de 5000 a hoy), para eliminar nombres e historias propias.



También la población más débil ve con más claridad como se distribuye de manera equitativa la tragedia y el desastre socioeconómico, mientras los fuertes y poderosos entre tramas de corrupción se apropian como siempre de los bienes y recursos de la nación, que saldrá empobrecida y endeudada. 

La democracia basada en la autoridad del pueblo, aceleradamente se desploma, se convierte en un cascaron vacío de discursos y de prácticas y da señales de declive y decadencia, carente de deliberación, ética, legitimidad y solidaridad. Se reduce la esperanza de que los partidos políticos en el poder, sean ejemplo de representaciones moralmente correctas o seguidoras de ideas forjadas en sus programas y luchas con referentes de igualdad, libertad, fraternidad y respeto por los derechos. 

La democracia basada en virtudes cede terreno a vicios y trampas, que pueden llegar a llamarse demagogia, autoritarismo o fascismo, pero no democracia, aunque guarden algunas formas de conducta y diplomacia o sean producto de procesos electorales. La separación de poderes está en el lugar más bajo, trasgredida por contubernios y alianzas de poder entre inseparables amigos, fieles a los amiguismos y a sobreponer “sus derechos” de sangre y linaje, mediante tradicionales “carruseles” en los que se pasean por los cargos del estado y cumplen el compromiso único de que desde donde estén harán bien el oficio de transferir lo público al ámbito privado y mantener el control del estado.

La opinión pública que es otro factor determinante de la democracia, permanece silenciada, inerme, encerrada para proteger la vida, pero agredida con mensajes de medias verdades, presionada por sicarios morales que disparan odio desde bodeguitas de espionaje, difamación y crispación, que completan unos medios de comunicación semejantes a negocios desinformativos que fijan la matriz de lo vendible, lo publicable, lo censurable. No hay canales para nadie (distinto a los círculos de poder), que permitan la opinión del ciudadano corriente, el público pasivo que se robotiza en su casa.

La base de la construcción democrática es la deliberación. Ella es sustancial a la práctica política en colectivo, permite la exploración analítica y el debate que supera la simple opinión, que tiende a imponerse usando datos sin contexto, sinsentido a veces, sin legitimación, que es lo propio de los fascismos del tipo Trump y Bolsonaro, que abominan la razón, como ya ocurrió con la difusa aprobación de la cadena perpetua, que invalidó toda conclusión científica, en beneficio del partido en el poder que incuba al votante individualista no partisano, que responde al estímulo de pasiones populistas.

El entorno discursivo de la deliberación está siendo arrebatado mediante el control de los mecanismos y herramientas virtuales que apenas permiten opinar o censuran a merced del controlador del sistema digital, dejando atrás el sentido de que la deliberación es la esencia de la democracia y no un fenómeno que pueda darse de manera aislada ni ocurrir entre pantallas, en las que la escucha no es obligada, ni la atención una regla. Es ilegal asumir la opinión como si fuera deliberación. La deliberación es cooperación política, amplía la capacidad de las voces de minorías y opositores, su objeto es formar una razón publica con intercambios de razones, nunca es una suma de opiniones. 

La deliberación aparte de ser la esencia de la decisión política en democracia, tiene la función de control político, hoy impedido por la desigualdad creada en el contexto y excusa de la pandemia, que el partido en el poder exprime al máximo con una intervención diaria del presidente por los canales institucionales del estado, televisión, redes, otros e inversiones cuantiosas que convierten las decisiones de estado en piezas publicitarias del partido en el poder, en símil a consejos comunitarias en pandemia, que le “permiten al gobierno” asumir de facto todos los poderes, distribuir recursos con chequera abierta, mandar detener funcionarios, descalificar contradictores y hasta amenazar opositores, como ya ocurrió en la seguridad democrática. Son más de 120 decretos con fuerza de ley, en todos los temas de la nación, decenas de ellos que debían ser objeto de deliberación y no lo fueron.

La pandemia, ha sido la mejor excusa para afectar derechos, negar lo pactado para implementar la paz, ofender los escenarios de la verdad y la justicia y eliminar el énfasis del discurso democrático puesto en las argumentaciones y las justificaciones públicas, que sostienen los procesos políticos. La falta de deliberación ha aislado la voz de los contarios políticos y aumentado la distancia del estado protector, atento a las demandas territoriales de las comunidades abandonadas en ciudades y territorios de indígenas, afro y campesinos, zonas de reincorporadas y víctimas del conflicto que son fácil presa de victimarios adoctrinados para continuar el sistemático genocidio, a la luz del día y a la vista de todos, con total impunidad.

Sin deliberación no hay representación de discursos, identidades e intereses colectivos y la tendencia será a afianzar formas de decisión atadas a beneficios particulares del grupo en el poder y eliminar las normas deliberativas y la eficacia tanto de los equilibrios de poder como la capacidad de los derechos humanos para fijarle límites a ese poder instituido por mayorías simples compuestas por contertulios, amigos, copartidarios y usufructuarios tradicionales del poder. 

La idea de avanzar hacia sociedad más unificada y pacífica, se está yendo al amparo de la covid19 y el anhelo de una democracia más madura, en paz, se diluye entre la perdida de legitimidad de las instituciones que se aferran al pasado de guerra y barbarie. Se replican odios y cercena la voz y la vida de opositores y contradictores, sin descontar que ya el gobierno anuncia llevar al congreso proyectos que tenderán a cambiar 16 artículos de la constitución de 1991, hacer ajuste pensional, tributación mayor de la clase media en caída, mejoras a los grandes empresarios y talvez reducción de salarios. La consecuencia de una real deliberación será siempre más democracia, su carencia en cambio más autoritarismo, menos reconciliación y menos oportunidades de convivencia pacífica.         

mrestrepo33@hotmail.com

miércoles, 31 de julio de 2019

¿Será AMLO el Hidalgo asesinado, el Juárez fallecido, el Madero fusilado, el héroe antineoliberal?



Por Pedro Echeverría V.:

 1. Aunque Lenin, Mao, o Fidel –los dirigentes de Rusia, China y Cuba- no hayan logrado poner las bases para garantizar la construcción del socialismo en sus países, la realidad es que, con luchar apasionadamente por ese objetivo igualitario, es laudable por ser adelantados a su tiempo. La realidad es que cualquier transformación socioeconómica resulta casi imposible cuando las condiciones no están maduras para su cambio radical. Por ello –aunque soy un radical crítico del lópez obradorismo- no dejaría de ser un tonto al no entender que no se puede encarcelar a todos los grandes delincuentes, a veces ni a los principales, porque “no por mucho madrugar amanece más temprano”. Estoy de acuerdo con AMLO en que se desatarían gigantescas fuerzas contra él.


2. Sin embargo cuando el presidente Salinas (1988-94) encarceló en 1989 al líder petrolero “La Quina”, destituyó al líder del SNTE Jongitud Barrios (1989) y al dirigente de los músicos, lo hizo con la mano en la cintura, nadie protestó (al contrario, el aplauso fue unánime). Lo mismo sucedió cuando Peña encarceló a la profesora Gordillo. Lo que sucedió es que ambos presidentes estaban decididos a actuar. El presidente López Obrador, que puede llevar a la cárcel a los cinco expresidentes y a al menos a 100 cómplices, con el gran aplauso aprobador del pueblo, se niega a hacerlo. Por lo que se ve las otras autoridades de justicia y los legisladores están siguiendo la blandenguería del presidente. Aquellos estaban decididos, AMLO pierde la oportunidad.

3. Si los presidentes ultra corruptos encarcelaron y destituyeron a quienes consideraban más corruptos que ellos, AMLO –con toda la “aureola de santo”- ¿no puede mandar a prisión a los 100 corruptos, ladrones y asesinos muy señalados? Me decía mi amigo Adán: ¿Y qué tal si López Obrador para triunfar con sus votos hizo la gran promesa en su iglesia que “no mentirá, no robará, ni perjudicará a nadie”, a pesar del terrible daño que le hicieron gobernantes y empresarios a más de 130 millones de mexicanos? Pienso que a AMLO se le puede gastar el apoyo de sus seguidores y, si eso sucediera, habría perdido la oportunidad para profundizar las transformaciones necesarias, tan urgentes, para que el pueblo recupere algo que le corresponde.

4. Muchos piensan que si el presidente López Obrador cumple con mucho  de lo prometido, no existirá ninguna traba para que sea reelecto abrumadoramente para otros seis años de gobierno; otros plantean que no busca la reelección, sino el reconocimiento de haber sido el mejor gobierno de México, por lo menos desde el tiempo de Juárez (1857-72). Sin embargo, para otros como yo, lo importante, es que continúe tomando medidas contra el neoliberalismo, que es el capitalismo de nuestro tiempo, y que las masas tomen conciencia. Obvio, apoyamos con todos sus discursos antineoliberales, pero pensamos que de nada sirven si no se ponen en práctica medidas concretas para extirparlo. Esa es la relación teoría práctica que diferencia la demagogia con la honestidad.

5. Mucho se ha discutido acerca de Hidalgo de la primera transformación, que se acobardó cuando en la lucha tuvo la oportunidad de tomar la ciudad de México; otros han hablado de que Morelos fue un delator al acobardarse frente a sus torturadores. O que en la II Transformación, Juárez -a pesar de su heroísmo frene al clero y los invasores extranjeros- persiguió a las comunidades indígenas y que Madero en la Tercera Transformación, no se decidió a reprimir a terratenientes y explotadores que terminaron por asesinarlo mediante golpe de Estado de 1913. ¿Fracasaron los tres “Transformaciones” por no ser consecuentes o, a pesar de todo, ¿triunfaron por ser un jalón de la historia?  En lo social no hay nada definitivo; todo es reflexión.

6. ¿Qué gobernante honesto o líder honrado de los trabajadores no ha sido calumniado por sus enemigos los explotadores? En México, a pesar de sus defensores y apoyadores, el presidente López Obrador sigue siendo víctima de los medios de información de derecha, que son la inmensa mayoría. A pesar de la presencia de las llamadas “redes sociales” de Internet, que hasta ahora lo han respaldado, la permanencia de los monopolios de Televisa y TV Azteca, así como de Milenio y TV Fórmula –acusados de tradicionalmente sobornados o “chayoteros”- siguen predominando en la teleaudiencia mexicana.  Si acaso el capitalismo universal ha impuesto globalmente la ideología, sin los medios de información, ésta no se difundiría con amplitud.

7. Yo, con mi pesimismo basado en muchas décadas de derrotas, veo diariamente a los enemigos del lópezobradorismo en acecho, buscando errores y pifias para hacerlos grandes, calumniarlo y desprestigiarlo. AMLO es exactamente lo contrario al declarar a diario que su gobierno va muy bien y que aunque sus enemigos busquen torpedearlo, no podrán. El pesimista avanza poco o se estanca a planear porque ve la fortaleza de sus contrarios. Por el contrario, los optimistas como AMLO por todos lados ven avances, aunque las historias estén llenas de derrotas. ¿Qué hacer si entre victorias y retrocesos camina el mundo; si las victorias nunca son definitivas y siempre hay que estar preparado estudiando la historia pendular? (25/VII/19)

alterar26@gmail.com


domingo, 23 de junio de 2019

La retórica de la apariencia y el engaño



Por Mariano Sierra:
Del dicho al hecho hay voluntad política, hay gobierno con principios, hay palabras y acciones.

Los discursos retóricos confunden y dilapidan el sentido social. Hoy es frecuente que nuestros gobernantes, y pastores de iglesias y políticos proliferen este género literario para impresionar a los gobernados creando una profanación del sentido de gobernanza al igual que a su lenguaje.  Gobernar es darnos al otro dentro del más hondo espíritu humanista. La política como el gran arte ordenador social en favor de una comunidad que busca el bien común, no puede ser motivo de desviarse en sus objetivos para mostrar unos procesos o una programática ejecución social adornando los hechos con mentiras.


La retórica no permite aligerar la carga del sufriente. La retórica en todas sus veces hace perder la identidad. Adornar los mensajes sociales profanan, vuelve más infeliz al necesitado. La retórica, su profundidad hipócrita con la que se nos promete la gobernanza construye el sin sentido del estado. El discurso retorico, populista y florido con el cinismo del adorno tiene el lema del juego de palabras, con ese lenguaje profano para anunciar las cortinas de humo o para expandir los círculos viciosos.

La estrategia es burlona, es eficaz para los fines de quienes la profesan. La retórica del gobernante y del político esta atiborrada de diagnósticos confusos, las formulaciones no pertenecen al ámbito social. Ese disenso retorico entorpece todo acto de estado, rechaza el querer social. El discurso retorico de la gobernanza es un proceso histórico de doble moral.

El uso de la retórica dentro del contexto de gobierno, es la cultura de la apariencia, de maquillar la realidad y así mostrarse a la comunidad. La retórica es un elemento más del engaño de las gobernanzas. Esta técnica disfraza los programas de desarrollo, reforzados con demagogia, cuyo fin es hacer que la comunidad tenga un matiz positivo de lo que se anuncia-

El discurso político es una burla programada, más aún cuando estos discursos han sido producto de la exhumación de la retórica que los engalana, pero su frivolidad esta inserta en su contenido con un descaro cínico. Con el uso del lenguaje retorico, el orador cual sea, se considera un estratega con el florido de las palabras y al decir de algunos doctrinantes son la vía para tergiversar los hechos-

Con la retórica, la comunicación se realza negativamente para asumir un dominio social para disuadir situaciones obteniendo lo que se quiere. Cuando se acude a la retórica permite en la profundidad de su sentido con su uso perverso, diferenciar lo injusto con lo noble. Aristóteles ya lo decía que los recursos del lenguaje es un elemento que está en la vía para los deseos personales o transmitir un pensar adverso.
 Y es que la retórica del engaño cubre muchos escenarios de la vida. Por ejemplo, la vemos deambular por las esferas religiosas como a través de ella todo tipo de pastores y líderes adornan sus homilías y encuentros con el difuso lenguaje lleno de miedo y castigo haciéndole difícil el discernimiento a su grey, facilitando la sumisión sin razones, permaneciendo en el oscurantismo.

Y a nuestros jueces, doctrinantes y abogados que deslizan su oralidad y su pluma también con la retórica de la incomprensión y del devenir por los laberintos del derecho que a veces a ellos mismos les hace difícil salir, mostrándose como grandes eruditos de la ley y el derecho, que bien les cae leer, practicar y conocer el libro de las Sentencias del juez Magnaud. Que bien que disciernan la construcción del lenguaje sencillo y claro, de las defensas justas y lo erudito de su humildad, de lo discreto, de su honradez conque asumía los procesos con dignidad y justicia, de sentido humanista que no entendía la exegesis normativa, pero si la razón del otro. Con hombres así se recupera la fe en el derecho y la fuerza de la justicia verdadera.

El contenido de la retórica es irónico, supone un holocausto que bloquea el bien común, mientras que favorece otras latitudes sociales. Todo el devenir del gobierno cabalga a lomo de la retórica como un nuevo lenguaje sociopolítico. El lenguaje retorico es una forma de gestión por el cual se quiere demostrar la perfección de la ficción de los compromisos sociales.

La retórica en manos de perversos gobernantes, líderes y políticos se cataloga de monstruosa, predica Jacob Burckhart.  No es querer descalificar la figura que siempre ha tenido el valor de realzar gestiones humanas sino de descalificar su mal y perverso uso por miembros sociales y de gestión pública para persuadir y disfrazar hechos, lo que a veces se quiera poner en decadencia.

Los órganos de poder no entienden la dialéctica de la liberación. De allí que den rienda suelta a hacer uso de la retórica, conciencia del engaño y ausencia de desarrollo que producen el sentir de las contradicciones, falacias que esconden la verdad. A esas contradicciones retoricas se les derrota con el lenguaje puro de la liberación. Que ironía como muchos hoy en día basados en el lenguaje retorico del malestar viven convencidos que el mundo va bien, que el país crece, pero no se ve.

La sociedad hoy quiere hablar de paz, de no violencia, pero hay otras elites sociales que buscan hablar del hombre en otros contextos. Esos son los positivistas que no entienden la libertad limpia, solo entienden el poder dominante y los hechos que generan desigualdades, indiferencias. El lenguaje del dialogo se volvió una ficción, por lo tanto, hay que enfrentar a quienes nos enfrentan unos a otros.

Todo cambio, toda revolución social, busca la unidad, siendo este devenir una forma de lenguaje, de comunicación, porque la comunicación es social, es obra humana que se encuentra inserta en las conductas de toda una comunidad. La comunicación sirve en la medida que exterioriza sentido de vida, de verdad, de hechos realizables, de programas de gestión pública y privada.

 La retórica o esa comunicación que todos los días convive con nosotros que hace parte de nuestro vivir, les sirve también a los poderes...decía ... Mark Thomson. para abrir caminos llenos de trampas, de componendas, de desacuerdos, de incumplimientos. Recordemos de nuevo a Mac Luhan cuando nos dice que ...el lenguaje como tal no importa, importara los efectos acompañados de la forma y la acción... Con la comunicación oral o escrita se violan los derechos, se viola el estado de derecho en toda su dimensión ética, jurídica y constitucional.

Una comunicación o discurso con sentido será aquel que pueda ser comprendido, esto es, que el lenguaje sea claro, veraz y la coherencia resalte plenamente. Para nadie es un misterio que Jesús en su proceso evangélico utilizo un lenguaje sencillo al alcance de todos sus seguidores, Jesús no escondió sus principios, ni sus pensamientos, su oralidad se precisa fuera de confusiones, patrañas, mentiras, o adornos acomodados, a tal medida que hoy sus palabras perduran con más fuerza, con más coherencia, claridad, verdad, justicia y amor.

Esta reflexión es una convocatoria para que aquellos que se dicen demócratas vayan más allá del lenguaje promesero y deshagan sus ambiciones que les impide hacer gestión de bien común. Vivimos la democracia de ficción que se desarrolla por medio de la comunicación y la palabra que atrapa la verdad impulsando la mentira.

. No obstante, las perversidades populistas, la razón de la democracia está latente para asumir las contiendas participando sin temores en los debates políticos y sociales. Los términos políticos y sociales son los apropiados en este protocolo. Los políticos nunca son claros pues ellos están siempre en busca de encubrir sus propios actos con expresiones polarizadas al verdadero sentir, y lo social es el gran afectado, el gran perjudicado por las infracciones políticas-

Cuando la retórica es usada por políticos y líderes públicos o sociales no conlleva a realizaciones de gestión práctica. No se cumple la ley de que la palabra sin acción es infecunda, es una cortina de humo, todo es una ficción. El poder de la palabra penetra todos los confines humanos y su entorno, pero no podemos hacer uso de ella para maquillar las realidades, para hacer abstracciones   sucias.

La retórica deformada es un laberinto de trucos verbales que envolatan con argumentos baladíes las expectativas   de una comunidad débil y tortuosa donde la labia hace furor imaginario en cabeza de unos administradores públicos. En términos de biopolítica la retórica social busca medir el cómo se puede manejar el gobernar para que el colectivo comunitario logre interrelacionarse para conseguir las oportunidades propias de desarrollo.  Mark Thompson nos llama la atención diciéndonos... El lenguaje público está perdiendo capacidad real de explicar y concretar con la gente....
..
Mark Thomson de otro lado nos explica que... La retórica política es dudosa, que manipula. Domina y en vez de presentar debates honestos entre los medios y los políticos caracteriza la desconfianza y la apatía......  Es típico que la retórica nefasta siempre emprende acciones de conciliación confusa.

No se encuentra en la política del país un lenguaje social y democrático que se comprometa a llevar a cabo programas de gestión pública que proyecten cambios y en especial un bien común contra las injusticias que se viven. Urge un lenguaje desintoxicado, libre de marginaciones y lavados de manos. No mas gobierno de ficción, ni de retórica autoritaria, ni de aptitudes de gestión arrogante ante las realidades del país. La comunidad de gobernados requiere mensajes claros, sin divagaciones, mensajes que sean prácticos en la ejecución del cumplimiento constitucional.

La obesidad de la información. Su uso irresponsable por las redes sociales, está generando virus social y político que se expande hasta llegar al clímax que sobrepasa las consecuencias. Las redes sociales, cada una con sus respectivos intereses personales, penetra en la sociedad haciéndole perder sus razones y toda objetividad, produciendo un mundo de hiper ansiedad y de hiper fantasía, de hiper actitud de poder, de desengaño y confusión para que una sociedad se canse y se vuelva apática.

Pero esta apatía también cansa estando latente un desencadenamiento por llegar que enfrentara lenguajes, de una parte, el lenguaje retorico-opresor y de otro lado el lenguaje de la liberación social.  Otro lenguaje también predomina. El lenguaje de lo prohibido, de la coacción, frente al lenguaje del sí se puede, de lo posible, el lenguaje del pueblo donde existe el poder del pueblo.

El lenguaje retorico de un estado fallido se suma a la expresión falsa que con su entonación represiva pareciera predicar el silencio y el olvido social. Con lenguaje retorico y conmovedor lleno de incertidumbres no se gobierna ni se administra una nación, solo se polariza provocando crisis de todo talante en todas las esferas políticas y sociales.

Gobernantes, políticos, pastores y líderes sociales, ustedes han abrazado el lenguaje retorico olvidando la verdad para adherirse al lenguaje. Los problemas y programas de gestión se tratan mediante una locuaz comunicación que sobresalta los ánimos para calmar las emociones de una comunidad necesitada ávida, para que un estado les dé solución a sus asuntos. Hoy los escenarios de gobierno se sostienen en un medio como el retorico para crear apariencias de estado que con habilidad silencian al otro, controlando poderes. Esta técnica con sus arabescos seductores y persuasivos hacen perder la voz comunitaria y su actuar social. El futuro de la comunidad se encamina a desenmascarar a los farsantes que nos conducen con la retórica a la apariencia y el engaño para gobernar y para ello hay que proferir denuncias, revocatorias y sanciones por no ejercer sus funciones.
marsblawyer@gmail.com

sábado, 11 de mayo de 2019

Argentina y el grito desesperado de Macri


Por Eduardo Andrade Bone:

El gobierno neoliberal de Mauricio Macri hace aguas por todos lados y busca involucrar a otros sectores políticos de su incompetencia e incapacidad para gobernar. El intento de buscar negociaciones con sectores del peronismo no ligados a Cristina Fernández, es el reflejo del fracaso de las políticas neoliberales que tienen al país en la bancarrota y con la soga al cuello de la mafia del Fondo Monetario Internacional (FMI), que lucra con la deuda creciente del país trasandino.
Los diez puntos básicos con los cuales Macri, pretende engañar a una parte de la oposición y un presunto acuerdo para tratar de enmendar la catástrofe en que tiene sumido el país, más parece un acto populista electoralista, que la intención real de resolver los problemas más acuciantes de la economía de Argentina, puesto que Macri quiere darle continuidad a su gobierno nefasto y el fracaso de un cambio que prometió, pero que nunca llego.



Lo único cierto, es que cada medida que toma el gobierno de los incompetentes neoliberales de su administración empresarial, van tornando complicada la situación económica de la argentina, con una inestabilidad e incertidumbre creciente, que preocupa a los diversos actores políticos y sociales.
Ahora los payasos que se presten para salvar al régimen de Macri, electoralmente hablando van a terminar hundiéndose al igual que el líder de Cambiemos, puesto que Macri buscara posteriormente hacerlos también responsables de la crisis en que tiene sumido el país. Macri no quiere pagar los platos rotos solo y busca que los precandidatos presidenciales de Alternativa Federal, Miguel Ángel Pichetto, Juan Manuel Urtubey y Sergio Massa       lo secunden en el desastre.

El mandatario argentino sabe perfectamente que se encuentra entre la espada y la pared de allí su grito desgarrador para que el peronismo-justicialismo lo ayude a salir del fango en que se encuentra metido. Además, Macri, a través de este pacto con el cual pretende involucrar a sectores de la oposición y sus diez puntos básicos, el presidente busca limpiar su alicaída imagen y perdida de apoyo en las encuestas, especialmente en los estratos sociales medios y populares, a los cuales viene golpeando severamente la crisis económica, la que, cual espiral va empobreciendo más y más a los argentinos.

Macri no pierde el tiempo con su demagogia, populismo y falsas mentiras, pues su ambición de poder pareciera no tener límites, más aún cuando se encuentra en franco declive en la intención de voto y sin capacidad para enmendar rumbos. De allí que Macri habla de diálogo, de ser generosos y de llegar a consensos, para que él pueda salvarse.

Ahora el primer mandatario en sus últimas alocuciones suele agregarle a su verborrea, un abuena dosis de campaña del terror, pues suele hablar de volver atrás o ir hacia el futuro, en otras palabras, Macri dice “yo o el caos”, con un lenguaje mesiánico, típico de dictadores y neofascistas, que suelen creerse dioses, como el bufón Trump.
Lo cierto es que ante los gritos desesperados de Macri, los únicos que lo escuchan y apoyan, son los grandes empresarios, los que están ligado al poder del dinero (1%), los que aplauden al FMI y aquellos que han usufructuado de las política neoliberales del mandatario en desgracia y que se han enriquecido a manos llenas bajo la gestión del actual presidente, en perjuicio de las grandes mayorías cada vez más empobrecidas del país.

Al respecto y por ejemplo, el exministro de Economía Roberto Lavagna, virtual precandidato presidencial, expresó que el acuerdo que propone el Gobierno a la oposición "no funcionará" porque es "marketing", y rechazó participar de la iniciativa. "Está claro que el Gobierno atraviesa una seria crisis de confianza", afirmó.

Mientras tanto, el diputado Agustín Rossi comparó el potencial y presunto acuerdo político, para salvar a Macri, con el firmado en 1999 para sostener la convertibilidad (1 dólar costaba 1 peso argentino), y manifestó que los acuerdos deben hacerse "a favor del pueblo, no de los mercados".
El senador Marcelo Fuentes, manifestó que hay puntos del acuerdo de consensos básicos que propone el gobierno nacional que "son innegociables" y calificó a la propuesta como "un manotazo de ahogado" y consideró que se debe "discutir el hambre, los jubilados, los asalariados". "Están desesperados, el oficialismo pretende que la oposición se haga cargo del desquicio que generaron”, expresó en diálogo con medios radiales nacionales.

Lo cierto es que a la Argentina, no llegan los inversores, menos en periodos electorales y cuando Cristina Fernández, aún sin haberse declarado precandidata, está casi 10 punto sobre Macri en la intención de voto.

La inflación va de flujos y reflujos, igual cosa sucede con el dólar, pero con una tendencia a seguir subiendo, con un país con alrededor de cuatro millones de desempleados y sufriendo las pellejerías del neoliberalismo fracasado. Además, con cifras negativas en áreas como la industria, la construcción, el empleo y el propio crecimiento económico del país.

El grito de desesperación de Macri se parece a un lobo herido de muerte y busca todos los subterfugios y zarpazos incluso campañas mediáticas para arrinconar a Cristina Fernández, buscando encontrar algún ilícito para tratar de meterla en la cárcel, en los mismos términos que hicieron con Lula en Brasil, con una justicia mafiosa y corrupta, al servicio del poder del dinero, en donde todo es posible.

Está claro que Macri se encuentra acorralado y en camino hacia el abismo, producto de su incompetencia e incapacidad como un empresario mediocre, arrogante y sin sentido de país, cuya única preocupación es enriquecerse junto a su familia y amigotes empresarios. De allí, que las medidas de 10 puntos propuestas a sus adversarios políticos, no son más que un nuevo volador de luces, una nueva falsa, una nueva triquiñuela para mantenerse en el poder acosta de los neoliberales que hay en la oposición, a los cuales poco y nada les preocupa la suerte de la mayoría de los argentinos.
Macri ya no cuenta con estabilidad para gobernar, además con una buena parte de su propio electorado que se encuentra desencantado, que no cree en él, ya no le tienen confianza a su slogan de Cambiemos y que toman distancia de lo que han sido sus falsas promesas y su fracasada gestión para gobernar.

El presidente Macri con el objeto de involucrar en su desastre económico a diversas personalidades e instituciones, ha resuelto enviar una carta a los precandidatos presidenciales Sergio Massa, Roberto Lavagna, Juan Manuel Urtubey, Cristina Fernández, Miguel Pichetto y Daniel Scioli, a los veinticuatro gobernadores de las provincias argentinas, a autoridades de la Iglesia católica y evangélica, del Centro Islámico y la DAIA, a las principales cámaras empresariales y a los secretarios generales de la CGT.

Al respecto la expresidenta Cristina Fernández, favorita en los primeros sondeos de intención de voto, aún no se ha referido a la carta invitación, pero desde su círculo más cercano expresan que no aceptará ninguna conversación que implique un temario cerrado propuesto por el gobierno y ajeno a lo que ella considera son hoy los principales problemas que vive la Argentina.
Lo cierto es que el llamado de Macri requiriendo el apoyo a sus 10 puntos, no ha tenido mucha recepción, pues Massa y Lavagna se negaron de participar en una primera instancia, mientras que otros sectores políticos estiman que Macri lo que busca es dividir a la oposición.

La Argentina bajo la gestión presidencial de Macri, ha conducido al país hacia unas crisis económicas de proporciones producto de las políticas de apertura comercial total, dejando el país expuesto ante la mínima fluctuación de los mercados internacionales, lo que puede desencadenar nuevos golpes sobre la ya alicaída economía nacional.

Ahora de no arribar a buen puerto la crisis de los aranceles comerciales entre los Estados Unidos y China, puede significar el comienzo de una peligrosa guerra comercial, que pondrá la economía mundial “patas para arriba” y que en el caso de la Argentina, puede significar la quiebra total de la economía trasandina, ya que el país es muy dependiente de los vaivenes de la economía mundial.

Lo único que está claro, es que el actual desastre de la economía nacional y la incompetencia del empresario Macri para resolver la crisis, genera una gran desconfianza en el ámbito económico-comercial, a escala global. Ni su demagogia y populismo lograrán salvarlo de la debacle en que tiene sumido el país, más aún cuando el dólar se mantiene con una tendencia hacia arriba, que refleja una vez más, que las medidas desesperadas de Banco Central con el aval del FMI y Donald Trump, son ambiguas y no están dando los resultados esperados.

A fin de cuentas, lo único que busca Macri con su propuesta de 10 puntos, es no hundirse solo ante el descalabro económico, tratando de involucrar a diversos sectores de la oposición, al mundo sindical e incluso a las diversas instituciones religiosas del país, después 4 años de derroche de deuda macrista.

Comunicador Social.
Analista Político

aindoamericanap@gmail.com

miércoles, 6 de febrero de 2019

Iván Duque la marioneta perfecta



Por Eduardo Andrade Bone:

Iván Duque presentado de flamante candidato presidencial y ahora primer mandatario de Colombia después de un poco más de 100 días de gestión presidencial, comienza rápidamente a caer en las encuestas. Lo que no puede ser de otra manera, pues su populismo y demagogia, comienza a pasarle la cuenta, pues las expectativas que genero en el electorado que lo voto, comienzan a difuminarse y producirse un desencantamiento de aquellos que tenían la esperanza en que las cosas pudieran cambiar.

De acuerdo a lo publicado por la encuestadora Cifras y Conceptos, el presidente de Colombia, Iván Duque, cuenta con apenas el 33 % de imagen favorable, frente a un 65 % que ya no lo aplaude mientras que el 2 % dice no conocer al mandatario. La caída en los sondeos se debe a las falsas promesas y nefastas políticas antipopulares, que se comienzan a aplicar, en favor del poder del dinero.

Lo que resalta en las encuestas es que los consultados tachan a Duque, de ser “un gobernante sin identidad, sin significado, que es un títere, mentiroso, farandulero e hipócrita”. Los niveles de insatisfacción regresaron a cifras similares a las registradas en los últimos años del gobierno de Juan Manuel Santos. Quienes consideran que el país va por mal camino aumentaron de 59 a 73,8 por ciento. Esta es una subida significativa, sobre todo para un periodo tan corto, que arrastra a la gran mayoría de indicadores sobre las expectativas del ciudadano de a pie y sobre la imagen de las principales figuras públicas colombianas.

Los entendidos en las tendencias que marcan las consultoras creen que este desplome es producto de la incompetencia y de la poca experiencia que tiene el presidente en la vida pública y por los grandes políticos corruptos que cubren sus espaldas y que tienen grandes lazos con las bandas de narcotraficantes y sicarios, que van erosionando la imagen de Duque.

Sin embargo, la realidad nos viene indicando que el presidente Duque, se viene inclinando por más neoliberalismo económico y la oscura tecnocracia, que solo tiende a beneficiar a los grandes empresarios criollos y las hienas de las multinacionales, especialmente las estadounidenses.
No puede ser de otra manera, puesto que el grupo político que apoya su gestión presidencial, el Centro Democrático, es una entidad que representa los más oscuros intereses de la oligarquía colombiana, de la derecha tradicional reaccionaria y de una serie de personajes, que detrás de las bambalinas, tienen fuertes lazos con la corrupción y el crimen organizado.

Ahora, también hay que tener en cuenta, que de la gobernabilidad del presidente Duque, no se puede esperar mucho, pues no cuenta con un parlamento de mayoría que los respalde, frente a lo cual deberá desplegar ciertos esfuerzos negociadores, para poder llevar aguas a su molino, que le permitan gobernar sin sobresaltos y que no terminen por hundirlo aún más en las encuestas.

Cabe tener en cuenta, además, que desde el punto de vista de la realidad socio económica y política de Colombia, los vientos no soplan a favor de Iván Duque, más aún, cuando estamos frente a un mandatario que carece de carisma, que no cuenta con una definición política ideológica clara, que no sea otra que la del dinero, tampoco cuenta con una agenda precisa para gobernar, incluso dentro del propio Centro Democrático, comienzan a observarlo con desconfianza. Además, producto de su inexperiencia política, debe depender de su mentor o padrino político, el ex narco presidente, Álvaro Uribe, que se encuentra imputado e investigado y que lo utiliza como su marioneta virtual, pero que no ayuda en nada, a solventar una buena figura de Duque.

Otro factor que influye en la caída en las encuestas de Duque, es que cuenta con un equipo ministerial que no tiene buena imagen ante la ciudadanía, por ejemplo, los funcionario que más mala talla tienen en el Gabinete del presidente Duque, es su ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla Barrera, un peón de Álvaro Uribe y detestado por la ciudadanía, seguido por la ministra de Educación, María Victoria Angulo, que son los que han contribuido al desplome de la imagen del presidente colombiano. El primero, por haber propuesto la subida de impuestos, a la llamada canasta básica en un 18 % y que en un 80% es condenada por los encuestados. En el caso de la ministra de educación, por no resolver lo relativo al petitorio de los estudiantes universitarios, que exigen un mayor presupuesto para educación.

Duque, al no contar con una mayoría parlamentaria su favor, debe gobernar en base a resquicio legales y lo que le pueda permitir la Constitución, o sea debe gobernar por decretos, como suelen hacer los dictadores. Ahora, negociar y buscar alianzas se torna en una nebulosa, que le impide a Duque ejercer una buena gobernabilidad, más difícil aún, con un mandatario que carece de manejo político efectivo y es un incompetente en diversas materias, además de las que están relacionadas con el manejo del Ejecutivo.

De allí, que frente a un gobierno mediocre, o sea, más de lo mismo, su electorado comienza a manifestar su descontento y a tomar distancia de sus gestión presidencial, más aún, cuando se trata de resolver los problemas más acuciantes que vive Colombia en materia económico social, corrupción, asesinatos de dirigentes sociales y sindicales, inmigración y violación sistemática de los derechos humanos, de parte de personajes ligados al aparato del Estado, la policía y las fuerzas armadas, que no son otra cosa, que los guardianes del poder del dinero y el crimen organizado.

En consecuencia, las encuestas aparecidas recientemente reflejan una desconfianza gradual hacia el nuevo Ejecutivo, en donde el ciudadano de pie exige una lucha real y efectiva en contra de la corrupción institucionalizada, como una de las cuestiones más sensibles para los colombianos. Ahora, un gobierno que no cuenta con un programa claro de gobierno, para combatir la corrupción, comienza a transitar por las aguas nauseabundas y turbulentas, de un gobierno que puede colapsar en el corto plazo.

O Duque ante el descontento y la efervescencia de una creciente movilización social, por mejores condiciones de vida gobierna para las grandes las grandes mayorías del país, o cual perfecta marioneta, permite ser instrumentalizado en función de los intereses de la oligarquía colombiana, la derecha reaccionaria y golpista y los corruptos, sobre la cual se sostiene el poder político y económico colombiano.

Para saber si el “estado profundo” colombiano y el presidente Duque, serán capaces de avanzar y resolver las mayores preocupaciones de los colombianos, en materias como la corrupción, pago de impuestos, inseguridad ciudadana, los pésimos servicios de salud, desempleo, educación, costo de la vida, acuerdos de paz y sus consecuencias, conflicto armado, que aún perdura, es el gran desafió de una elite política altamente cuestionada por la ciudadanía y que no es extraño que caigan en las encuestas. 

Con una Colombia con 26,9% de pobreza, pobreza extrema del 8% y una pobreza multidimensional del 17% y que cuenta con un bajo logro educativo de un 43,4%, un rezago escolar del 29,3%, todos problemas de larga data, en un país que ha sido gobernado por grupos políticos de centro derecha, que, desde el punto de vista práctico, reflejan no tener ningún interés por resolver los problemas de las grandes de las mayorías del país.

Además, hay que tener en cuenta, que Colombia es un país subdesarrollado que cuenta con un 10% de desempleo, según cifras oficiales, un desempleo informal del 46,8%, un 72,7% de los colombianos no tiene un trabajo formal, además de un desempleo de larga duración del 12%.
Ahora de acuerdo a informaciones procedente de la prensa colombiana y sin que haya un estudio exhaustivo al respecto, hay alrededor de 5 millones de colombianos que emigraron a Venezuela, por diversas razones, de los cuales y producto de la crisis venezolana, solo han regresado al país, un poco más de 300 mil personas.

Concluyendo, según las empresas encuestadoras, nunca se había registrado en el país un nivel tan bajo de apoyo, hacia un presidente en los primeros días de su mandato. Las encuestas, además, destacan la caída de popularidad en las consultas, del ex narco presidente Álvaro Uribe, el que despliega todos los esfuerzos pertinentes, para manejar bien, a su perfecta marioneta presidencial.

Analista Político
aindoamericanap@gmail.com

sábado, 15 de diciembre de 2018

Iván Duque… la marioneta perfecta


Por Eduardo Andrade Bone: 
Iván Duque presentado de flamante candidato presidencial y ahora primer mandatario de Colombia después de un poco más de 100 días de gestión presidencial, comienza rápidamente a caer en las encuestas. Lo que no puede ser de otra manera, pues su populismo y demagogia, comienza a pasarle la cuenta, pues las expectativas que género en el electorado que lo voto, comienzan a difuminarse y producirse un desencantamiento de aquellos que tenían la esperanza en que las cosas pudieran cambiar.

De acuerdo a lo publicado por la encuestadora Cifras y Conceptos, el presidente de Colombia, Iván Duque, cuenta con apenas el 33 % de imagen favorable, frente a un 65 % que ya no lo aplaude mientras que el 2 % dice no conocer al mandatario. La caída en los sondeos se debe a las falsas promesas y nefastas políticas antipopulares, que se comienzan a aplicar, en favor del poder del dinero.

Lo que resalta en las encuestas es que los consultados tachan a Duque, de ser “un gobernante sin identidad, sin significado, que es un títere, mentiroso, farandulero e hipócrita”. Los niveles de insatisfacción regresaron a cifras similares a las registradas en los últimos años del gobierno de Juan Manuel Santos. Quienes consideran que el país va por mal camino aumentaron de 59 a 73,8 por ciento. Esta es una subida significativa, sobre todo para un periodo tan corto, que arrastra a la gran mayoría de indicadores sobre las expectativas del ciudadano de a pie y sobre la imagen de las principales figuras públicas colombianas.

Los entendidos en las tendencias que marcan las consultoras creen que este desplome es producto de la incompetencia y de la poca experiencia que tiene el presidente en la vida pública y por los grandes políticos corruptos que cubren sus espaldas y que tienen grandes lazos con las bandas de narcotraficantes y sicarios, que van erosionando la imagen de Duque.

Sin embargo, la realidad nos viene indicando que el presidente Duque, se viene inclinando por más neoliberalismo económico y la oscura tecnocracia, que solo tiende a beneficiar a los grandes empresarios criollos y las hienas de las multinacionales, especialmente las estadounidenses.
No puede ser de otra manera, puesto que el grupo político que apoya su gestión presidencial, el Centro Democrático, es una entidad que representa los más oscuros intereses de la oligarquía colombiana, de la derecha tradicional reaccionaria y de una serie de personajes, que detrás de las bambalinas, tienen fuertes lazos con la corrupción y el crimen organizado.

Ahora, también hay que tener en cuenta, que de la gobernabilidad del presidente Duque, no se puede esperar mucho, pues no cuenta con un parlamento de mayoría que los respalde, frente a lo cual deberá desplegar ciertos esfuerzos negociadores, para poder llevar aguas a su molino, que le permitan gobernar sin sobresaltos y que no terminen por hundirlo aún más en las encuestas.

Cabe tener en cuenta, además, que desde el punto de vista de la realidad socio económica y política de Colombia, los vientos no soplan a favor de Iván Duque, más aún, cuando estamos frente a un mandatario que carece de carisma, que no cuenta con una definición política ideológica clara, que no sea otra que la del dinero, tampoco cuenta con una agenda precisa para gobernar, incluso dentro del propio Centro Democrático, comienzan a observarlo con desconfianza. Además, producto de su inexperiencia política, debe depender de su mentor o padrino político, el ex narco presidente, Álvaro Uribe, que se encuentra imputado e investigado y que lo utiliza como su marioneta virtual, pero que no ayuda en nada, a solventar una buena figura de Duque.

Otro factor que influye en la caída en las encuestas de Duque, es que cuenta con un equipo ministerial que no tiene buena imagen ante la ciudadanía, por ejemplo, los funcionario que más mala talla tienen en el Gabinete del presidente Duque, es su ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla Barrera, un peón de Álvaro Uribe y detestado por la ciudadanía, seguido por la ministra de Educación, María Victoria Angulo, que son los que han contribuido al desplome de la imagen del presidente colombiano. El primero, por haber propuesto la subida de impuestos, a la llamada canasta básica en un 18 % y que en un 80% es condenada por los encuestados. En el caso de la ministra de educación, por no resolver lo relativo al petitorio de los estudiantes universitarios, que exigen un mayor presupuesto para educación.

Duque, al no contar con una mayoría parlamentaria su favor, debe gobernar en base a resquicio legales y lo que le pueda permitir la Constitución, o sea debe gobernar por decretos, como suelen hacer los dictadores. Ahora, negociar y buscar alianzas se torna en una nebulosa, que le impide a Duque ejercer una buena gobernabilidad, más difícil aún, con un mandatario que carece de manejo político efectivo y es un incompetente en diversas materias, además de las que están relacionadas con el manejo del Ejecutivo.

De allí, que frente a un gobierno mediocre, o sea, más de lo mismo, su electorado comienza a manifestar su descontento y a tomar distancia de sus gestión presidencial, más aún, cuando se trata de resolver los problemas más acuciantes que vive Colombia en materia económico social, corrupción, asesinatos de dirigentes sociales y sindicales, inmigración y violación sistemática de los derechos humanos, de parte de personajes ligados al aparato del Estado, la policía y las fuerzas armadas, que no son otra cosa, que los guardianes del poder del dinero y el crimen organizado.
En consecuencia, las encuestas aparecidas recientemente reflejan una desconfianza gradual hacia el nuevo Ejecutivo, en donde el ciudadano de pie exige una lucha real y efectiva en contra de la corrupción institucionalizada, como una de las cuestiones más sensibles para los colombianos. Ahora, un gobierno que no cuenta con un programa claro de gobierno, para combatir la corrupción, comienza a transitar por las aguas nauseabundas y turbulentas, de un gobierno que puede colapsar en el corto plazo.

O Duque ante el descontento y la efervescencia de una creciente movilización social, por mejores condiciones de vida gobierna para las grandes las grandes mayorías del país, o cual perfecta marioneta, permite ser instrumentalizado en función de los intereses de la oligarquía colombiana, la derecha reaccionaria y golpista y los corruptos, sobre la cual se sostiene el poder político y económico colombiano.

Para saber si el “estado profundo” colombiano y el presidente Duque, serán capaces de avanzar y resolver las mayores preocupaciones de los colombianos, en materias como la corrupción, pago de impuestos, inseguridad ciudadana, los pésimos servicios de salud, desempleo, educación, costo de la vida, acuerdos de paz y sus consecuencias, conflicto armado, que aún perdura, es el gran desafió de una elite política altamente cuestionada por la ciudadanía y que no es extraño que caigan en las encuestas.

Con una Colombia con 26,9% de pobreza, pobreza extrema del 8% y una pobreza multidimensional del 17% y que cuenta con un bajo logro educativo de un 43,4%, un rezago escolar del 29,3%, todos problemas de larga data, en un país que ha sido gobernado por grupos políticos de centro derecha, que, desde el punto de vista práctico, reflejan no tener ningún interés por resolver los problemas de las grandes de las mayorías del país.

Además, hay que tener en cuenta, que Colombia es un país subdesarrollado que cuenta con un 10% de desempleo, según cifras oficiales, un desempleo informal del 46,8%, un 72,7% de los colombianos no tiene un trabajo formal, además de un desempleo de larga duración del 12%.
Ahora de acuerdo a informaciones procedente de la prensa colombiana y sin que haya un estudio exhaustivo al respecto, hay alrededor de 5 millones de colombianos que emigraron a Venezuela, por diversas razones, de los cuales y producto de la crisis venezolana, solo han regresado al país, un poco más de 300 mil personas.

Concluyendo, según las empresas encuestadoras, nunca se había registrado en el país un nivel tan bajo de apoyo, hacia un presidente en los primeros días de su mandato. Las encuestas, además, destacan la caída de popularidad en las consultas, del ex narco presidente Álvaro Uribe, el que despliega todos los esfuerzos pertinentes, para manejar bien, a su perfecta marioneta presidencial.
(*) Analista Político y Comunicador Social
Fuente: http://www.clarindecolombia.info