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domingo, 23 de junio de 2019

La retórica de la apariencia y el engaño



Por Mariano Sierra:
Del dicho al hecho hay voluntad política, hay gobierno con principios, hay palabras y acciones.

Los discursos retóricos confunden y dilapidan el sentido social. Hoy es frecuente que nuestros gobernantes, y pastores de iglesias y políticos proliferen este género literario para impresionar a los gobernados creando una profanación del sentido de gobernanza al igual que a su lenguaje.  Gobernar es darnos al otro dentro del más hondo espíritu humanista. La política como el gran arte ordenador social en favor de una comunidad que busca el bien común, no puede ser motivo de desviarse en sus objetivos para mostrar unos procesos o una programática ejecución social adornando los hechos con mentiras.


La retórica no permite aligerar la carga del sufriente. La retórica en todas sus veces hace perder la identidad. Adornar los mensajes sociales profanan, vuelve más infeliz al necesitado. La retórica, su profundidad hipócrita con la que se nos promete la gobernanza construye el sin sentido del estado. El discurso retorico, populista y florido con el cinismo del adorno tiene el lema del juego de palabras, con ese lenguaje profano para anunciar las cortinas de humo o para expandir los círculos viciosos.

La estrategia es burlona, es eficaz para los fines de quienes la profesan. La retórica del gobernante y del político esta atiborrada de diagnósticos confusos, las formulaciones no pertenecen al ámbito social. Ese disenso retorico entorpece todo acto de estado, rechaza el querer social. El discurso retorico de la gobernanza es un proceso histórico de doble moral.

El uso de la retórica dentro del contexto de gobierno, es la cultura de la apariencia, de maquillar la realidad y así mostrarse a la comunidad. La retórica es un elemento más del engaño de las gobernanzas. Esta técnica disfraza los programas de desarrollo, reforzados con demagogia, cuyo fin es hacer que la comunidad tenga un matiz positivo de lo que se anuncia-

El discurso político es una burla programada, más aún cuando estos discursos han sido producto de la exhumación de la retórica que los engalana, pero su frivolidad esta inserta en su contenido con un descaro cínico. Con el uso del lenguaje retorico, el orador cual sea, se considera un estratega con el florido de las palabras y al decir de algunos doctrinantes son la vía para tergiversar los hechos-

Con la retórica, la comunicación se realza negativamente para asumir un dominio social para disuadir situaciones obteniendo lo que se quiere. Cuando se acude a la retórica permite en la profundidad de su sentido con su uso perverso, diferenciar lo injusto con lo noble. Aristóteles ya lo decía que los recursos del lenguaje es un elemento que está en la vía para los deseos personales o transmitir un pensar adverso.
 Y es que la retórica del engaño cubre muchos escenarios de la vida. Por ejemplo, la vemos deambular por las esferas religiosas como a través de ella todo tipo de pastores y líderes adornan sus homilías y encuentros con el difuso lenguaje lleno de miedo y castigo haciéndole difícil el discernimiento a su grey, facilitando la sumisión sin razones, permaneciendo en el oscurantismo.

Y a nuestros jueces, doctrinantes y abogados que deslizan su oralidad y su pluma también con la retórica de la incomprensión y del devenir por los laberintos del derecho que a veces a ellos mismos les hace difícil salir, mostrándose como grandes eruditos de la ley y el derecho, que bien les cae leer, practicar y conocer el libro de las Sentencias del juez Magnaud. Que bien que disciernan la construcción del lenguaje sencillo y claro, de las defensas justas y lo erudito de su humildad, de lo discreto, de su honradez conque asumía los procesos con dignidad y justicia, de sentido humanista que no entendía la exegesis normativa, pero si la razón del otro. Con hombres así se recupera la fe en el derecho y la fuerza de la justicia verdadera.

El contenido de la retórica es irónico, supone un holocausto que bloquea el bien común, mientras que favorece otras latitudes sociales. Todo el devenir del gobierno cabalga a lomo de la retórica como un nuevo lenguaje sociopolítico. El lenguaje retorico es una forma de gestión por el cual se quiere demostrar la perfección de la ficción de los compromisos sociales.

La retórica en manos de perversos gobernantes, líderes y políticos se cataloga de monstruosa, predica Jacob Burckhart.  No es querer descalificar la figura que siempre ha tenido el valor de realzar gestiones humanas sino de descalificar su mal y perverso uso por miembros sociales y de gestión pública para persuadir y disfrazar hechos, lo que a veces se quiera poner en decadencia.

Los órganos de poder no entienden la dialéctica de la liberación. De allí que den rienda suelta a hacer uso de la retórica, conciencia del engaño y ausencia de desarrollo que producen el sentir de las contradicciones, falacias que esconden la verdad. A esas contradicciones retoricas se les derrota con el lenguaje puro de la liberación. Que ironía como muchos hoy en día basados en el lenguaje retorico del malestar viven convencidos que el mundo va bien, que el país crece, pero no se ve.

La sociedad hoy quiere hablar de paz, de no violencia, pero hay otras elites sociales que buscan hablar del hombre en otros contextos. Esos son los positivistas que no entienden la libertad limpia, solo entienden el poder dominante y los hechos que generan desigualdades, indiferencias. El lenguaje del dialogo se volvió una ficción, por lo tanto, hay que enfrentar a quienes nos enfrentan unos a otros.

Todo cambio, toda revolución social, busca la unidad, siendo este devenir una forma de lenguaje, de comunicación, porque la comunicación es social, es obra humana que se encuentra inserta en las conductas de toda una comunidad. La comunicación sirve en la medida que exterioriza sentido de vida, de verdad, de hechos realizables, de programas de gestión pública y privada.

 La retórica o esa comunicación que todos los días convive con nosotros que hace parte de nuestro vivir, les sirve también a los poderes...decía ... Mark Thomson. para abrir caminos llenos de trampas, de componendas, de desacuerdos, de incumplimientos. Recordemos de nuevo a Mac Luhan cuando nos dice que ...el lenguaje como tal no importa, importara los efectos acompañados de la forma y la acción... Con la comunicación oral o escrita se violan los derechos, se viola el estado de derecho en toda su dimensión ética, jurídica y constitucional.

Una comunicación o discurso con sentido será aquel que pueda ser comprendido, esto es, que el lenguaje sea claro, veraz y la coherencia resalte plenamente. Para nadie es un misterio que Jesús en su proceso evangélico utilizo un lenguaje sencillo al alcance de todos sus seguidores, Jesús no escondió sus principios, ni sus pensamientos, su oralidad se precisa fuera de confusiones, patrañas, mentiras, o adornos acomodados, a tal medida que hoy sus palabras perduran con más fuerza, con más coherencia, claridad, verdad, justicia y amor.

Esta reflexión es una convocatoria para que aquellos que se dicen demócratas vayan más allá del lenguaje promesero y deshagan sus ambiciones que les impide hacer gestión de bien común. Vivimos la democracia de ficción que se desarrolla por medio de la comunicación y la palabra que atrapa la verdad impulsando la mentira.

. No obstante, las perversidades populistas, la razón de la democracia está latente para asumir las contiendas participando sin temores en los debates políticos y sociales. Los términos políticos y sociales son los apropiados en este protocolo. Los políticos nunca son claros pues ellos están siempre en busca de encubrir sus propios actos con expresiones polarizadas al verdadero sentir, y lo social es el gran afectado, el gran perjudicado por las infracciones políticas-

Cuando la retórica es usada por políticos y líderes públicos o sociales no conlleva a realizaciones de gestión práctica. No se cumple la ley de que la palabra sin acción es infecunda, es una cortina de humo, todo es una ficción. El poder de la palabra penetra todos los confines humanos y su entorno, pero no podemos hacer uso de ella para maquillar las realidades, para hacer abstracciones   sucias.

La retórica deformada es un laberinto de trucos verbales que envolatan con argumentos baladíes las expectativas   de una comunidad débil y tortuosa donde la labia hace furor imaginario en cabeza de unos administradores públicos. En términos de biopolítica la retórica social busca medir el cómo se puede manejar el gobernar para que el colectivo comunitario logre interrelacionarse para conseguir las oportunidades propias de desarrollo.  Mark Thompson nos llama la atención diciéndonos... El lenguaje público está perdiendo capacidad real de explicar y concretar con la gente....
..
Mark Thomson de otro lado nos explica que... La retórica política es dudosa, que manipula. Domina y en vez de presentar debates honestos entre los medios y los políticos caracteriza la desconfianza y la apatía......  Es típico que la retórica nefasta siempre emprende acciones de conciliación confusa.

No se encuentra en la política del país un lenguaje social y democrático que se comprometa a llevar a cabo programas de gestión pública que proyecten cambios y en especial un bien común contra las injusticias que se viven. Urge un lenguaje desintoxicado, libre de marginaciones y lavados de manos. No mas gobierno de ficción, ni de retórica autoritaria, ni de aptitudes de gestión arrogante ante las realidades del país. La comunidad de gobernados requiere mensajes claros, sin divagaciones, mensajes que sean prácticos en la ejecución del cumplimiento constitucional.

La obesidad de la información. Su uso irresponsable por las redes sociales, está generando virus social y político que se expande hasta llegar al clímax que sobrepasa las consecuencias. Las redes sociales, cada una con sus respectivos intereses personales, penetra en la sociedad haciéndole perder sus razones y toda objetividad, produciendo un mundo de hiper ansiedad y de hiper fantasía, de hiper actitud de poder, de desengaño y confusión para que una sociedad se canse y se vuelva apática.

Pero esta apatía también cansa estando latente un desencadenamiento por llegar que enfrentara lenguajes, de una parte, el lenguaje retorico-opresor y de otro lado el lenguaje de la liberación social.  Otro lenguaje también predomina. El lenguaje de lo prohibido, de la coacción, frente al lenguaje del sí se puede, de lo posible, el lenguaje del pueblo donde existe el poder del pueblo.

El lenguaje retorico de un estado fallido se suma a la expresión falsa que con su entonación represiva pareciera predicar el silencio y el olvido social. Con lenguaje retorico y conmovedor lleno de incertidumbres no se gobierna ni se administra una nación, solo se polariza provocando crisis de todo talante en todas las esferas políticas y sociales.

Gobernantes, políticos, pastores y líderes sociales, ustedes han abrazado el lenguaje retorico olvidando la verdad para adherirse al lenguaje. Los problemas y programas de gestión se tratan mediante una locuaz comunicación que sobresalta los ánimos para calmar las emociones de una comunidad necesitada ávida, para que un estado les dé solución a sus asuntos. Hoy los escenarios de gobierno se sostienen en un medio como el retorico para crear apariencias de estado que con habilidad silencian al otro, controlando poderes. Esta técnica con sus arabescos seductores y persuasivos hacen perder la voz comunitaria y su actuar social. El futuro de la comunidad se encamina a desenmascarar a los farsantes que nos conducen con la retórica a la apariencia y el engaño para gobernar y para ello hay que proferir denuncias, revocatorias y sanciones por no ejercer sus funciones.
marsblawyer@gmail.com

domingo, 9 de junio de 2019

El fin de la historia. ¿Por Fukuyama? No, por Sebastián Piñera



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
Decir que cada país es diferente y tiene sus particularidades no expone novedad alguna, las características nacionales, idiosincráticas, además de las causas que concurrieron a la formación del Estado y la sociedad,  así como las condicionantes en que se produjo la independencia que dio origen a los Estados nacionales en América Latina a comienzos del siglo XIX incidieron directamente en la configuración del comportamiento político de los actores a través de la historia, a ello se le suma la poderosa influencia que ejercen las dimensiones y las características de la geografía, así como la riqueza económica que posee cada país. Cuando reunimos todos estos ingredientes podemos comenzar a comprender las peculiaridades de sus sistemas políticos y sobre todo, entender que los procesos por los que ha transitado o transita alguno de ellos, son difícilmente replicables en otro.


En esta ocasión quisiera revisar algunos hechos acaecidos en el último medio siglo en Chile que podrían dar cuenta de ciertas particularidades que podrían ayudar a comprender mejor la conducta y la actuación de la clase política.

Los científicos sociales y los políticos se ven obligados a hacer análisis prospectivos que permitan a los primeros, vislumbrar el futuro para hacer propuestas, y tomar decisiones acertadas en el caso de los segundos, pero nadie puede pronosticar con certeza lo que ha de ocurrir, ni siquiera en el corto plazo, mucho menos después de transcurrir largos períodos de la historia. Por supuesto, es mucho más fácil estudiar los fenómenos ocurridos para sacar conclusiones y proyectarlas a fin de que sirvan para el mejor trazado del futuro.

En estas circunstancias, y pasados casi cincuenta años podría elucubrarse que el gobierno del presidente Salvador Allende no tenía ninguna posibilidad de éxito en los términos que él lo había planteado y en la perspectiva de cumplir el programa que había prometido al pueblo y por el que entregó su vida. Es una elemental conclusión que podría sacarse a la luz del posterior proceder de muchos de sus colaboradores que se transformaron en tránsfugas, traidores al ideal del presidente, aliados y amigos de los que sostuvieron la dictadura que lo derrocó y que sumió por 17 años a Chile de oscurantismo, represión y muerte.

El gobierno de Allende fue un ejemplo de pulcritud administrativa al punto que a pesar de que Pinochet esculcó hasta el último rincón en la búsqueda de actos de corrupción, no pudo encontrar nada que manchara la impronta de la gestión realizada por la Unidad Popular. Pero el posterior exilio de muchos de sus representantes por las capitales europeas que motorizó su mutación en asalariados de la social democracia y la democracia cristiana internacional, cambió la naturaleza de su talante, para convertirse en portadores análogos de los valores de la dictadura: el robo, la corrupción, la mentira, el engaño al pueblo y la utilización de la política como bien de lucro y no de servicio al pueblo como era la tradición del Chile previo a 1973.
Tal vez, la percepción de Allende al haber conocido más profundamente a sus colaboradores lo llevó a la decisión de dar su vida para sembrar un ejemplo de dignidad imperecedero en la historia. Es posible que se haya dado cuenta antes que nadie acerca de la putrefacción que lo rodeaba. En esas condiciones, existe la probabilidad de que en lo más recóndito de su conciencia, le taladrara la idea de que no podía avanzar mucho más allá de donde había llegado y es muy factible que se sintiera solitario en su afán de no traicionar la confianza que el pueblo había depositado en él.

El 6 de septiembre de 2015, leí y guardé una carta escrita por el señor Eduardo Villegas (a quien no conozco) dirigida al Director de la radio de la Universidad de Chile titulada “La soledad de Salvador Allende”. Quedé hondamente impactado, por lo que decidí conservarla hasta hoy. En una de sus partes, el señor Villegas dice “…lo más relevante e impactante en mi modesta opinión, fue según el ex funcionario del Departamento de Estado, William Blum, que: ´toda esta información sensible de Estado, [se refiere a la información que la CIA estadounidense comenzó a recabar desde la misma elección de Allende para preparar un golpe de Estado] fue obtenida a partir de la ´compra` de altos funcionarios y dirigentes políticos de la coalición partidaria de Allende, la Unidad Popular`. Evidentemente, la ´inversión financiera` fue canalizada hacia los ´compañeros` del presidente Allende para dar ´información` sensible de Estado a una potencia extranjera, lo que constituye una gran traición no solo a Chile y a su gobierno Constitucional, sino que a su propio camarada”.

En otro ámbito del mismo tema, estamos a pocos años de cumplir 50 años desde que se inició el largo periplo a través del cual, la democracia cristiana transitó una ruta que la llevó de ser aliada de la ultra derecha para derrocar a Allende hasta ahora, año 2019, cuando repite tal acción para volver a ser aliado de la ultra derecha con el fin de sostener al gobierno de Sebastián Piñera, hijo de la dictadura. En el intertanto hizo toda clase de peripecias, para usufructuar primero como aliada de Pinochet para después ser su opositora. Posterior a 1990 se transformó en partido de gobierno y principal beneficiado del regreso de la democracia, tras un acuerdo con Estados Unidos y Pinochet para “hacer justicia en la medida de lo posible”, sin importarle ni siquiera que la dictadura ordenara el asesinato de su líder, dejando claro como paga el amo a quien le sirve.

La historia recoge el indudable origen fascista del Partido Demócrata Cristiano de Chile (PDC) que se remonta a la Falange Nacional fundada en 1935 caracterizada por una ideología nacionalista, fascista y corporativista, cercana a los postulados que enarbolaba Benito Mussolini.
Otra característica resaltante del Chile del último medio siglo es la capacidad de las clases dominantes para generar fuerzas que, asumiéndose de izquierda, en el ámbito de situaciones marcadas por la ofensiva del movimiento popular en la lucha por la conquista de sus derechos, se transforman en el ariete principal en contra de la propia izquierda.

Así ocurrió en 1969 con el surgimiento del Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) que con un “olfato político” increíble emergió desde el PDC para incorporarse a la Unidad Popular ante la posibilidad cierta de triunfo de Salvador Allende en las elecciones que se habrían de realizar en septiembre de 1970. De extraña manera, el MAPU asumió ostentosas posiciones de ultra izquierda que lejos de ayudar, torpedearon al gobierno de la Unidad Popular, dificultando el sostenimiento de los equilibrios que intentaba asegurar el presidente Allende para mantenerse en el gobierno al que había sido llevado por votación popular. Hoy, alguno de los más conspicuos líderes del MAPU como Oscar Guillermo Garretón (quien vivió un exilio dorado en Cuba) y Enrique Correa, no son más que repugnantes lobbystas de empresas de dudosa reputación, presuntos violadores y acosadores sexuales y hasta de los propios miembros de las fuerzas armadas que han sido acusados de transgresión de los derechos humanos.

Otro tanto, aconteció con la creación del Partido por la Democracia (PPD) en 1998, en medio de las indetenibles manifestaciones populares, que se expresaban de múltiples formas contra la dictadura. No surgió antes, no, sino en la recta final y en el momento en que se avizoraba el fin de la satrapía pinochetista. Nótese la casualidad, el MAPU surgió un año antes del triunfo de la Unidad Popular y el PPD, un año antes del colapso de la dictadura. Vale decir que entre sus fundadores estaban insignes miembros del otrora MAPU, que nuevamente cambiaron de sigla cuando vieron que la victoria del pueblo estaba cerca. De la afiebrada retórica anti dictadura, pasaron a ser principales sostenedores del modelo creado por ella, de su estirpe neoliberal y su subordinación a Estados Unidos. Si Allende reviviera para verlo, creo que preferiría volver a morir ante tamaña perfidia y apostasía. Es de tal podredumbre este fétido partiducho que Heraldo Muñoz, un chileno domesticado en Estados Unidos por el Partido Demócrata y la corriente ultra reaccionaria de Hillary Clinton, es el actual secretario general de ese engendro 

Aunque es muy pronto para emitir juicios definitivos, pareciera que en la actualidad el partido político de Giorgio Jackson, Revolución Democrática, sería un nuevo MAPU o un nuevo PPD. Si resultara ser cierto, ello cerraría este ciclo de 50 años de la historia chilena, en la que partidos “oportunamente” surgidos en la coyuntura, se asumen como “distintos” para terminar siendo freno del movimiento popular e instrumento de la ambición de sus líderes.

No cabe duda que el modelo de Pinochet ha sido el más “exitoso” de todos los que en América Latina irrumpieron en la década de los 70 bajo los influjos de la doctrina de seguridad nacional y el Plan Cóndor. La dictadura logró que su sistema perviviera en el tiempo, sostenido incluso por los partidos políticos que la enfrentaron, y que se han coludido para mantener el patrón neoliberal independientemente de quien gobierne haciendo muy tenue las diferencias entre los conglomerados de derecha que han gobernado los últimos 39 años.

La conjunción de acciones que van desde el asesinato y la desaparición de dirigentes, la tortura y la persecución cometidas por la dictadura, se han venido a unir con la atomización del movimiento sindical, la división del movimiento popular, la extensión de la propiedad monopólica y del sistema neoliberal con la cuasi desaparición del Estado, el exterminio de la prensa alternativa y la anulación de Chile en el escenario internacional, salvo para resguardar los intereses de los empresarios, todo lo cual se ha consolidado en la pos dictadura, y que han venido a configurar el exitoso modelo chileno, vitrina que Estados Unidos muestra al mundo como ejemplo de país leal indistintamente administrado por socialistas o fascistas sin que se puedan observar grandes diferencias.

Un Síndrome de Estocolmo generalizado en la clase política que antaño sostuvo posiciones de defensa de los intereses populares parece cubrir como un paraguas a parte importante de ese sector, los ejemplos de Isabel Allende, Michelle Bachelet Carolina Tohá, Juan Pablo Letelier, Marco Enríquez Ominami, Eduardo Frei Ruiz-Tagle entre otros, son solo algunos de los que expresan con su actuación -como símbolo de los tiempos- la adoración a los verdugos de sus padres.

Hacía tiempo que quería escribir sobre esto, pero ahora es un imperativo, se van a eliminar los estudios de historia y los jóvenes no sabrán que esto sucedió. De eso se trata, de que no conozcan de donde vienen para que no puedan pensar a donde quieren ir. Ni siquiera a Pinochet se le ocurrió tamaño despropósito.
sergioro07@hotmail.com