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miércoles, 30 de septiembre de 2020

Deuda externa latinoamericana y el Covid 19

Por Dr. Carlos Pérez Morales: 

Se conoce como deuda externa el conjunto de obligaciones que tiene un país con acreedores que residen en el extranjero. En el caso de los gobiernos. éstos recurren a pedir dinero prestado a otros gobiernos y a instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional, (El Fondo ha proporcionado alrededor de $20 mil millones en financiamiento a América Latina, desde el inicio de la crisis de salud.), el Banco Mundial y en el caso latinoamericano al Banco Interamericano de Desarrollo. Tradicionalmente los países latinoamericanos han recurrido a tomar dinero prestado para poder construir proyectos de infraestructura enfrentar una catástrofe, y por otras razones.

Como consecuencia de la pandemia del COVID-19, las naciones latinoamericanas enfrentan un déficit fiscal que les resta capacidad de generación de ingresos a los gobiernos para hacer frente a la crisis económica y la reactiva.

Como resultado del COVID-19 en esta región, se avecina una fuerte contracción de las economías, el aumento de la deuda insostenible y la profundización de la externa y la desigualdad, podría desatar un incremento  notable en la pobreza y un aumento en la agitación social en la región.

Los bajos precios del petróleo provocarán un deterioro significativo de las cuentas fiscales de casi todas las grandes economías de la región, poniéndolas en modo de ajuste en el peor momento posible. Para complicar las cosas, la fuga de inversionistas hacia activos de bajo riesgo, como los bonos del Tesoro de Estados Unidos y el oro, implica que hay menos financiamiento disponible y que los prestatarios enfrentarán tasas de interés más altas en los mercados globales. Esto se aplica tanto a los emisores soberanos como al sector privado.

La contracción inducida por COVID-19 está teniendo consecuencias desastrosas. Los mercados financieros globales se están estancando a medida que los inversores se apresuran a retirar fondos de los mercados emergentes y otros sectores de alto riesgo. La pandemia está ejerciendo presión sobre los presupuestos nacionales a medida que los países luchan por satisfacer las necesidades de salud, responder al aumento del desempleo y apoyar sus economías. (Bernardino Soares, 2020).

 

 

 

 

El año pasado, la deuda externa bruta en América Latina (tanto privada como pública) ascendió a US$1,47 billones. Eso es casi un 80% más que en 2009, según los datos publicados la semana pasada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Un aumento significativo de la deuda a partir de 2020 sucederá e impactará negativamente en los presupuestos nacionales de esta región.

Un grave problema que se presenta en muchos de estos países es que se han endeudado con los llamados "Fondos buitres" que cobran intereses leoninos por el dinero prestado. A medida que la pandemia de coronavirus cobra un precio terrible en América Latina, con más de 3,5 millones de casos y casi 150.000 muertes, la región se enfrenta cada vez más a una emergencia financiera y humanitaria.

En América Latina y el Caribe, se prevé que el PIB se contraiga un 9,3 por ciento en 2020, según el Fondo Monetario Internacional, la mayor contracción económica registrada en la región. (Blair 20, de julio de 2020).

 

Geógrafo/Historiador

carlosperezmorales@hotmail.com

viernes, 5 de junio de 2020

Y los pobres seguirán esperando…



Por Juan Pablo Cárdenas S.:
Según declaraciones del representante regional de la FAO, el mexicano Julio Berdegué, con la actual pandemia la cifra de latinoamericanos con hambre se va a elevar al menos en unos 20 millones. Se trata solo de una estimación temprana porque, de no controlarse durante este año la epidemia del Covid 19, las cifras podrían ser más críticas y alcanzar los ochenta o cien millones de habitantes. Es archiconocido que la letalidad de este nuevo virus es mucho menor que las de otras enfermedades o infecciones todavía siguen sin mitigación, porque en México y Centroamérica las diarreas matan todos los años a cientos de miles de niños, mientras el dengue, la fiebre amarilla y otras suman otro alto número de fallecidos en Brasil, Colombia y los países amazónicos en particular.


En Chile mismo, los desahuciados cada año por el virus sincicial o la influenza provocan más estragos que este virus de moda y que tanto le ha servido a las autoridades del país para imponer el estado de emergencia o catástrofe, confinar a la gente en sus casas y frenar, aunque sea por un tiempo, el descontento social que estaba a punto de tumbar al gobierno de Piñera, y poner en jaque a todo un sistema de escandalosa concentración económica, abusos contra la población y el evidente incremento de la corrupción, el narcotráfico y la delincuencia.

Vaya que sería bueno que el Gobierno y los medios de comunicación adictos al régimen, junto con alarmarnos a diario con las cifras de la pandemia, nos señalaran cuántos enfermos de cáncer fallecen todos los días y qué número de pacientes de otras enfermedades pierden fatalmente sus vidas por falta de atención hospitalaria y cirugías. Cuando ya eran alarmantes las estadísticas hasta el fin del año pasado.

La Moneda se ha propuesto convencernos de que el Coronavirus no distingue entre pobres y ricos y tampoco demasiado entre la edad de quienes ataca. Lo que es completamente falso puesto que no hay duda de que el virus se propaga mejor donde impera la pobreza y el hacinamiento, así cuando las condiciones del invierno se hacen más duras. Era de prever que donde vive una o varias familias en solo cuarenta o cincuenta metros cuadrados no hay mascarilla que pueda atajar la propagación del virus, salvo que el Ejecutivo aspire a que, además de los confinamientos, los pobres guarden silencio y dejen de comer. Medidas que no serían tan extrañas cuando ya a los mayores de 75 años se les ha prohibido salir de sus viviendas, una decisión que ha escandalizado en Europa, por ejemplo, donde los derechos humanos y sociales son mucho más considerados que en Chile.

De hecho, es cosa de sintonizar la propia televisión del país para encontrarse con testimonios que se les filtran a los obsecuentes reporteros, en la voz de quienes llevan varios días sin alimentarse, carecen de agua potable o solo cuentan con un baño para diez, quince o más personas. Por más que se les estén repartiendo cajas con algunas provisiones y enseres de aseo, antes que las forzadas cuarentenas estallen, como ya ocurre en algunas poblaciones donde el desempleo y la furia social se está propagando más que este endemoniado virus.

No pecamos de mal pensados en nuestra sospecha que los confinamientos decretados en las comunas más marginales de Santiago tuvieron por sobre todo la intención de impedir que los pobres concurran a los barrios pudientes de la Capital, ya sea para buscar trabajo o implorar asistencia alimenticia.  Levantados los confinamientos en donde viven los más ricos, las autoridades alcanzaron a jactarse de los buenos resultados obtenidos, hasta que se dieron cuenta de que las buenas cifras se revertían rápidamente con el retorno de las servidumbres y los dependientes de supermercados y tiendas, los que cotidianamente deben trasladarse de desde los barrios periféricos.

Pensamos que uno de los efectos positivos de la pandemia es habernos exhibido muy claro los vergonzosos niveles de nuestra desigualdad social, el verdadero rostro de la pobreza y de la miseria. Algo que era ignorado u ocultado por la clase política y los grandes medios informativos. En efecto, hasta a los faranduleros astros y estrellas de la Televisión los hemos observado conmovidos y derramando lágrimas ante las dramáticas imágenes de las poblaciones.

Sin embargo, parece muy difícil que los poderosos empresarios del país y multimillonarios como el propio Jefe de Estado abran sus abultadas billeteras para socorrer a los más necesitados. Salvo aquellas excepciones que reconocemos, pero que en ningún caso sus ayudas han ido más allá que donar donar algunos cientos de respiradores mecánicos o colaborar con determinados productos para las cajas que los alcaldes reparten en las zonas más críticas de sus comunas. En toda una faena, por lo demás, onerosa, compleja y lenta, cuando lo más apropiado era que las personas recibieran un subsidio que les permitiera adquirir directamente los productos más esenciales. Evitando que la limosna se haya convertido en la política oficial.

La sola idea de aprobar un impuesto patrimonial de solo un uno por ciento a las personas más ricas causó escozor en algunos parlamentarios, tanto como los irritara reducir sus millonarias dietas. En este sentido, debemos lamentar sin tapujos el mal gusto de la ex mandataria Bachelet que desde su encumbradísimo y bien remunerado cargo de las Naciones Unidas se permitió dar consejos al gobierno de Piñera, arriesgándose a que una destacada alcaldesa de derecha le recordara los dos enjundiosos sueldos que recibe por su cargo internacional como por haberse desempeñado como presidenta de la nación.

No nos sorprende que las declaraciones de la ex mandataria inmediatamente despertaran el apoyo de aquellos más fieles incondicionales que formaron parte de la desaparecida Nueva Mayoría. Tal vez en la esperanza que doña Michelle decida postularse por tercera vez a La Moneda, cuando no se aprecia en todos éstos ningún candidato presidencial que asome como posible y con alguna raigambre popular.

Lo mismo que también ocurre dentro del oficialismo cuando los más abyectos y oportunistas colaboradores de Piñera le profieren constantes y majaderas loas cada vez que se ufanan frente a cámaras y micrófonos. Después de que, en octubre pasado, con el Estallido Social, alcanzaron a darle las espaldas a fin de no ser arrastrados por él al descrédito popular. Resulta que este presidente empresario que hizo su fortuna atracando a un banco, y convirtiéndose en prófugo de la justicia, hoy, a propósito de la pandemia, pudiera ser que recuperara algunos puntos en su deteriorada imagen y salvara al centro derecha de deslizarse por el precipicio electoral.

Ni Pinochet, en los años más fieros de su dictadura fue capaz de concitar a tamaños rastreros en su entorno. Consta que entonces incluso varios de sus ministros y asesores, conscientes de su impopularidad, le desaconsejaron realizar el plebiscito que en definitiva le dio un contundente NO a su voluntad de permanecer en el poder.

Es posible que algunos piensen que el incremento de los pobres y el inevitable frenazo de nuestras economías podrían estimular las pretensiones de la autodenominada centro izquierda por retornar a La Moneda y retener una digna representación en el Parlamento y los municipios. Por el contrario, lo que sí nos parece alentador es que el pueblo siga con los ojos bien abiertos y, durante los momentos más críticos de esta pandemia, sea capaz de mantener su repudio al conjunto de la llamada clase política, proponiéndose la promoción de sus propios y legítimos representantes para hacerse cargo de la conducción de nuestro Estado.  Junto con alcanzar una Constitución verdaderamente democrática.

Esta parece ser la única posibilidad para que alguna vez pueda responderse la invocación pontificia en cuanto a que “los pobres no pueden esperar”. Aunque no hay duda de que en todo el mundo los más vulnerables y segregados continuarán muriendo de hambre, por las pestes, las guerras y la inhumanidad de los poderosos. Los mismos que descubren como otra gran oportunidad un virus que exige urgentemente vacuna y fármacos, los que sin duda alimentarían la usura de las entidades más inescrupulosas del planeta. Por ejemplo, los bancos y los grandes laboratorios médicos. Lo que explica que en todo el mundo se sospeche, incluso, que el Covid 19 fue un producto puesto deliberadamente en el mercado. Una poderosa arma de la nueva guerra fría entre las grandes potencias.

juanpablo.cardenas.s@gmail.com

miércoles, 25 de marzo de 2020

Coronavirus y tregua social


Por Juan Pablo Cárdenas S.:
La pandemia del coronavirus que ha golpeado severamente al mundo obligó a la suspensión de la protesta en Chile, a ese estallido social multitudinario que había alcanzado características de insurrección popular y tenía a muy maltraer al gobierno de Sebastián Piñera, cuanto al conjunto de la llamada clase política. Las organizaciones sociales movilizadas en todo el país decretaron responsablemente una tregua para acometer la emergencia sanitaria y sumarse a los esfuerzos para frenar la infección masiva.


La patriótica y solidaria actitud del pueblo le ha permitido a Piñera y a su gobierno encarar la epidemia y decretar el Estado de Catástrofe, por lo que hoy se puede apreciar en todo nuestro territorio la presencia de las FFAA en el control y ejecución de muchas acciones para mitigar la pandemia y, desde luego, garantizar el orden público. Cuando ya era evidente el fracaso al respecto de las policías.

A través de la televisión y los medios más masivos de comunicación, Piñera ahora dicta clases de epidemiología y de un cuanto hay en materia de salud, además de permitirse criticar abiertamente a la generalidad de los gobernantes del mundo, los que a su juicio han sido incapaces de ser tan eficientes como él en el combate del virus. Su cotidiana y majadera intervención es emulada por una serie de políticos que buscan recuperar también su credibilidad a propósito de esta tragedia, con lo cual se omite el enorme y responsable ejemplo de disciplina del pueblo chileno cuando se lo ha llamado a cumplir con las cuarentenas y acciones de autocuidado.

De verdad, el gran mérito en la lucha contra el coronavirus es de esa gran cantidad de médicos, enfermeras y voluntarios que en todo el país cumplen intensa y discretamente con las tareas asistenciales. Colaborando con la atención a los infectados y la distribución de medicamentos y víveres para las poblaciones más pobres y vulnerables, especialmente si se trata de los niños y de la vejez desvalida. Meritorio ha sido el aporte también de profesores que han resuelto jornadas voluntarias para atender a los estudiantes que requieren de sus diarias viandas o del cuidado necesario para que sus padres puedan seguir trabajando en aquellas faenas que es indispensable darles continuidad.

Contrasta con esto la mezquina actitud de los grandes sectores patronales empeñados en amarrarle las manos a Piñera y sus ministros para que no impongan medidas que restrinjan el consumo de la población o decreten las condonaciones de deudas y pagos con la Banca y las empresas suministradoras de servicios básicos. Se ha denunciado que algunas entidades financieras, después de que el Banco Central dispuso una rebaja de las tasas de interés, han discurrido o encubierto operaciones para seguir percibiendo sus usureras comisiones. Por algo es que en el último año las utilidades de los bancos crecieron considerablemente, pese a la franca desaceleración de nuestra economía.

No han faltado, tampoco, las farmacias y otros agentes comerciales que se han valido del Coronavirus para especular con los precios de los medicamentos y otros productos esenciales para combatir la propagación del virus, incluso con aquellos que les son otorgados por el fisco para su oportuna y barata distribución. En este sentido, hemos podido comprobar la escandalosa reventa callejera de mascarillas, desinfectantes y analgésicos a vista y paciencia de aquellos policías que nunca les ha temblado la mano para perseguir el comercio ambulante, ejercido por quienes realmente requieren encarar la cesantía, los sueldos o las pensiones más que miserables.

Lamentablemente, la crisis sanitaria llevó a la postergación del Plebiscito y el itinerario constitucional forzado por el Estallido Social de octubre pasado y aceptado a regañadientes por el Gobierno y el Parlamento. Ello le ha permitido volver a respirar tanto a Piñera como a una clase política los que pasaban por los peores niveles de credibilidad y liderazgo. El mismo Jefe de Estado que se precipitó al seis por ciento de adhesión popular, ahora ha recuperado su particular engreimiento, declarando estar muy seguro de continuar sin nuevos contratiempos su gestión presidencial, luego de hallarse completamente arrinconado por el repudio nacional y el desprestigio a nivel mundial.

Sin embargo, las propias organizaciones sociales, gremios, federaciones estudiantiles y los chilenos en general predicen el retorno de las movilizaciones apenas la emergencia sanitaria sea controlada. Se estima que superada de esta crisis volverá a cobrar plena vigencia la Agenda Social, así como el deseo de derribar el sistema previsional, ponerles fin a las administradoras privadas de salud y castigar la corrupción transversal de la política, entre tantas otras aspiraciones frustradas por los treinta años de postdictadura.

Por más que un bochornoso ministro de Hacienda de la ex Concertación haya advertido que con el Coronavirus habría que hacerse a la idea de seguir posponiendo las demandas de justicia social, nueva Constitución y democracia. Augurando una segura recesión, a pesar de que él sabe muy bien de las inmensas reservas que el estado chileno tiene a resguardo en la banca foránea. Multimillonarios fondos que todos nuestros últimos gobiernos han preferido acrecentar antes que invertir en seguridad y paz social. Tanto como en reconstrucción, después de las habituales calamidades de nuestra telúrica geografía.

Muy posiblemente nuestra población civil y la del mundo entero sumen a sus demandas el imperativo moral de redireccionar los recursos del dispendioso y criminal gasto militar. Asumiendo que la guerra, el hambre y los pésimos sistemas de salud (como el de nuestro país) son los que siegan a diario más vidas humanas. Porque al mismo tiempo que lamentar la muerte de miles de seres humanos atacados en todos los continentes por el coronavirus, los medios de comunicación debieran consignar con tanta o más fuerza que centenares de miles de hombres, mujeres y niños han seguido falleciendo en los incesantes conflictos bélicos, a la espera de atención quirúrgica, por el hambre, otras enfermedades más letales que ésta o la acción del crimen organizado y el narcotráfico.  Acontecimientos que casi no rozan las noticias del presente.

De todas maneras, creemos que el Chile que Despertó va a mantener firmemente sus convicciones durante todos los meses de tregua social que se nos avecinan. Fehacientemente, creemos que el pueblo no ha bajado la guardia y que la exagerada postergación del Plebiscito y de una convención constituyente negociada entre el Ejecutivo y los partidos políticos no le va a dar tiempo los enemigos de la democracia para sacudirse de su fracaso.

Por el contrario, ya el país puede comprobar los desaciertos de las autoridades ante la crisis sanitaria, cuanto comprobar la mezquindad de los recursos dispuestos para mitigar la pandemia. Haciéndose evidente que lo que más busca salvaguardar la Moneda es la continuidad del régimen político y económico que vivimos. Más que proteger vidas y servir a los derechos humanos. De otra manera no se entendería que el Gobierno haya en entrado en abierta y pública contradicción con los esfuerzos de los alcaldes del país, ciertamente más cercanos y sensibles a la real situación del pueblo.


juanpablo.cardenas.s@gmail.com

sábado, 30 de noviembre de 2019

Nuestras vidas y el insustentable futuro capitalista



Por Homar Garcés:
El derretimiento acelerado de los glaciares como consecuencia de la actividad humana destructiva sobre la naturaleza hace prever a científicos y grupos ambientalistas una catástrofe de proporciones globales irreversibles. A esto se une lo que viene ocurriendo desde hace décadas en el vasto territorio de la Amazonía, víctima constante de la voracidad de hacendados y mineros que ven en su ocupación y explotación indiscriminada la manera segura de enriquecerse; contando para ello con la desidia y el beneplácito de algunos gobiernos de la región. Ambos hechos han condenado a la extinción a una infinidad de especies animales y vegetales, lo que escasamente ha merecido la atención de los medios de información más influyentes existentes, como de los gobiernos, de las principales naciones capitalistas desarrolladas.


Una situación que se repite sin alteración (salvo cuando esta es extrema) desde que en la década de los 80 se puso de manifiesto la gravedad representada por los niveles crecientes de polución y de reducción de la capa de ozono. En el caso concreto de la Amazonía, según datos aportados por algunas entidades públicas y privadas -estudiosas de los graves efectos de los incendios, las talas, el extractivismo y las labores agropecuarias que allí tienen lugar- estos adquieren un mayor impacto en aquellos espacios protegidos donde habitan pueblos originarios, muchos de las cuales son ordinariamente acosados y desalojados a la fuerza. Otro tanto puede afirmarse respecto a Centroamérica, México, Colombia o Filipinas donde ecologistas y dirigentes campesinos son asesinados, sin una acción efectiva del Estado para evitar y castigar tales delitos. En cualquier caso, el afán desmedido de ganancias que impulsa al sistema capitalista en general ha conducido a la humanidad entera a una situación difícil de sobrevivencia.

Durante la última Cumbre de Acción Climática realizada se puso de relieve -quizá con más apremio que antes- la comprensión de la unidad existente entre los derechos humanos y la crisis ambiental. Esto, como bien lo señalan muchos analistas sobre este tema, impone una acción global urgente que, en un primer momento, disminuya el incremento de la contaminación ambiental, lo cual, a su vez, exige la implementación de medidas continuas que coadyuven al establecimiento de nuevas relaciones de producción; lo que debiera conducir a largo plazo al reemplazo del capitalismo como sistema económico hegemónico por uno más racional y equitativo.

En afirmación de István Meszáros en su libro El desafío y la carga del tiempo histórico. El socialismo en el siglo XXI, “lo que resulta sistemáticamente ignorado -y que, dados los inalterables imperativos fetichistas e intereses creados del capitalismo mismo, tiene que ser ignorado- es el hecho de que, inexorablemente, vivimos en un mundo finito, con sus límites objetivos literalmente vitales. Durante largo tiempo en la historia humana, incluidos varios siglos de desarrollos capitalistas, fue posible ignorar -como en verdad ocurrió- esos límites con relativa seguridad. Sin embargo, una vez que ellos se hacen firmes, como categóricamente tienen que hacerlo en nuestra irreversible época histórica, no existe sistema productivo irracional y despilfarrador, sin importar cuán dinámico sea (de hecho, mientras más dinámico peor), que pueda escapar de las consecuencias. Tan sólo podría ignorarlos por algún tiempo, mediante una reorientación hacia la despiadada justificación del imperativo más o menos abiertamente destructivo de la autopreservación del sistema a toda costa: predicando la conseja de ‘no hay ninguna alternativa’, y, ya en ese espíritu, dejando a un lado o, cuando no haya necesidad, eliminando brutalmente incluso las señales de alarma más obvias que presagian el insustentable futuro”.

Ello supone acceder a una visión de la sociedad radicalmente distinta. No únicamente a la que debiera existir bajo el imperio del mercado y la expansión desarrollista del capitalismo. Frente a semejante realidad, se hace imperiosa la instauración de un modelo económico social, autónomo y solidario, en armonía con la madre naturaleza y con la existencia humana, con patrones diferentes de progreso y, por ende, de consumo; todo ello como la última (si no, la única) opción de la humanidad para continuar morando en toda la faz de la Tierra. 

mandingarebelde@gmail.com


sábado, 11 de mayo de 2019

Argentina y el grito desesperado de Macri


Por Eduardo Andrade Bone:

El gobierno neoliberal de Mauricio Macri hace aguas por todos lados y busca involucrar a otros sectores políticos de su incompetencia e incapacidad para gobernar. El intento de buscar negociaciones con sectores del peronismo no ligados a Cristina Fernández, es el reflejo del fracaso de las políticas neoliberales que tienen al país en la bancarrota y con la soga al cuello de la mafia del Fondo Monetario Internacional (FMI), que lucra con la deuda creciente del país trasandino.
Los diez puntos básicos con los cuales Macri, pretende engañar a una parte de la oposición y un presunto acuerdo para tratar de enmendar la catástrofe en que tiene sumido el país, más parece un acto populista electoralista, que la intención real de resolver los problemas más acuciantes de la economía de Argentina, puesto que Macri quiere darle continuidad a su gobierno nefasto y el fracaso de un cambio que prometió, pero que nunca llego.



Lo único cierto, es que cada medida que toma el gobierno de los incompetentes neoliberales de su administración empresarial, van tornando complicada la situación económica de la argentina, con una inestabilidad e incertidumbre creciente, que preocupa a los diversos actores políticos y sociales.
Ahora los payasos que se presten para salvar al régimen de Macri, electoralmente hablando van a terminar hundiéndose al igual que el líder de Cambiemos, puesto que Macri buscara posteriormente hacerlos también responsables de la crisis en que tiene sumido el país. Macri no quiere pagar los platos rotos solo y busca que los precandidatos presidenciales de Alternativa Federal, Miguel Ángel Pichetto, Juan Manuel Urtubey y Sergio Massa       lo secunden en el desastre.

El mandatario argentino sabe perfectamente que se encuentra entre la espada y la pared de allí su grito desgarrador para que el peronismo-justicialismo lo ayude a salir del fango en que se encuentra metido. Además, Macri, a través de este pacto con el cual pretende involucrar a sectores de la oposición y sus diez puntos básicos, el presidente busca limpiar su alicaída imagen y perdida de apoyo en las encuestas, especialmente en los estratos sociales medios y populares, a los cuales viene golpeando severamente la crisis económica, la que, cual espiral va empobreciendo más y más a los argentinos.

Macri no pierde el tiempo con su demagogia, populismo y falsas mentiras, pues su ambición de poder pareciera no tener límites, más aún cuando se encuentra en franco declive en la intención de voto y sin capacidad para enmendar rumbos. De allí que Macri habla de diálogo, de ser generosos y de llegar a consensos, para que él pueda salvarse.

Ahora el primer mandatario en sus últimas alocuciones suele agregarle a su verborrea, un abuena dosis de campaña del terror, pues suele hablar de volver atrás o ir hacia el futuro, en otras palabras, Macri dice “yo o el caos”, con un lenguaje mesiánico, típico de dictadores y neofascistas, que suelen creerse dioses, como el bufón Trump.
Lo cierto es que ante los gritos desesperados de Macri, los únicos que lo escuchan y apoyan, son los grandes empresarios, los que están ligado al poder del dinero (1%), los que aplauden al FMI y aquellos que han usufructuado de las política neoliberales del mandatario en desgracia y que se han enriquecido a manos llenas bajo la gestión del actual presidente, en perjuicio de las grandes mayorías cada vez más empobrecidas del país.

Al respecto y por ejemplo, el exministro de Economía Roberto Lavagna, virtual precandidato presidencial, expresó que el acuerdo que propone el Gobierno a la oposición "no funcionará" porque es "marketing", y rechazó participar de la iniciativa. "Está claro que el Gobierno atraviesa una seria crisis de confianza", afirmó.

Mientras tanto, el diputado Agustín Rossi comparó el potencial y presunto acuerdo político, para salvar a Macri, con el firmado en 1999 para sostener la convertibilidad (1 dólar costaba 1 peso argentino), y manifestó que los acuerdos deben hacerse "a favor del pueblo, no de los mercados".
El senador Marcelo Fuentes, manifestó que hay puntos del acuerdo de consensos básicos que propone el gobierno nacional que "son innegociables" y calificó a la propuesta como "un manotazo de ahogado" y consideró que se debe "discutir el hambre, los jubilados, los asalariados". "Están desesperados, el oficialismo pretende que la oposición se haga cargo del desquicio que generaron”, expresó en diálogo con medios radiales nacionales.

Lo cierto es que a la Argentina, no llegan los inversores, menos en periodos electorales y cuando Cristina Fernández, aún sin haberse declarado precandidata, está casi 10 punto sobre Macri en la intención de voto.

La inflación va de flujos y reflujos, igual cosa sucede con el dólar, pero con una tendencia a seguir subiendo, con un país con alrededor de cuatro millones de desempleados y sufriendo las pellejerías del neoliberalismo fracasado. Además, con cifras negativas en áreas como la industria, la construcción, el empleo y el propio crecimiento económico del país.

El grito de desesperación de Macri se parece a un lobo herido de muerte y busca todos los subterfugios y zarpazos incluso campañas mediáticas para arrinconar a Cristina Fernández, buscando encontrar algún ilícito para tratar de meterla en la cárcel, en los mismos términos que hicieron con Lula en Brasil, con una justicia mafiosa y corrupta, al servicio del poder del dinero, en donde todo es posible.

Está claro que Macri se encuentra acorralado y en camino hacia el abismo, producto de su incompetencia e incapacidad como un empresario mediocre, arrogante y sin sentido de país, cuya única preocupación es enriquecerse junto a su familia y amigotes empresarios. De allí, que las medidas de 10 puntos propuestas a sus adversarios políticos, no son más que un nuevo volador de luces, una nueva falsa, una nueva triquiñuela para mantenerse en el poder acosta de los neoliberales que hay en la oposición, a los cuales poco y nada les preocupa la suerte de la mayoría de los argentinos.
Macri ya no cuenta con estabilidad para gobernar, además con una buena parte de su propio electorado que se encuentra desencantado, que no cree en él, ya no le tienen confianza a su slogan de Cambiemos y que toman distancia de lo que han sido sus falsas promesas y su fracasada gestión para gobernar.

El presidente Macri con el objeto de involucrar en su desastre económico a diversas personalidades e instituciones, ha resuelto enviar una carta a los precandidatos presidenciales Sergio Massa, Roberto Lavagna, Juan Manuel Urtubey, Cristina Fernández, Miguel Pichetto y Daniel Scioli, a los veinticuatro gobernadores de las provincias argentinas, a autoridades de la Iglesia católica y evangélica, del Centro Islámico y la DAIA, a las principales cámaras empresariales y a los secretarios generales de la CGT.

Al respecto la expresidenta Cristina Fernández, favorita en los primeros sondeos de intención de voto, aún no se ha referido a la carta invitación, pero desde su círculo más cercano expresan que no aceptará ninguna conversación que implique un temario cerrado propuesto por el gobierno y ajeno a lo que ella considera son hoy los principales problemas que vive la Argentina.
Lo cierto es que el llamado de Macri requiriendo el apoyo a sus 10 puntos, no ha tenido mucha recepción, pues Massa y Lavagna se negaron de participar en una primera instancia, mientras que otros sectores políticos estiman que Macri lo que busca es dividir a la oposición.

La Argentina bajo la gestión presidencial de Macri, ha conducido al país hacia unas crisis económicas de proporciones producto de las políticas de apertura comercial total, dejando el país expuesto ante la mínima fluctuación de los mercados internacionales, lo que puede desencadenar nuevos golpes sobre la ya alicaída economía nacional.

Ahora de no arribar a buen puerto la crisis de los aranceles comerciales entre los Estados Unidos y China, puede significar el comienzo de una peligrosa guerra comercial, que pondrá la economía mundial “patas para arriba” y que en el caso de la Argentina, puede significar la quiebra total de la economía trasandina, ya que el país es muy dependiente de los vaivenes de la economía mundial.

Lo único que está claro, es que el actual desastre de la economía nacional y la incompetencia del empresario Macri para resolver la crisis, genera una gran desconfianza en el ámbito económico-comercial, a escala global. Ni su demagogia y populismo lograrán salvarlo de la debacle en que tiene sumido el país, más aún cuando el dólar se mantiene con una tendencia hacia arriba, que refleja una vez más, que las medidas desesperadas de Banco Central con el aval del FMI y Donald Trump, son ambiguas y no están dando los resultados esperados.

A fin de cuentas, lo único que busca Macri con su propuesta de 10 puntos, es no hundirse solo ante el descalabro económico, tratando de involucrar a diversos sectores de la oposición, al mundo sindical e incluso a las diversas instituciones religiosas del país, después 4 años de derroche de deuda macrista.

Comunicador Social.
Analista Político

aindoamericanap@gmail.com

sábado, 13 de abril de 2019

Crisis económica y crisis ecológica

Por Homar Garcés:

Manifestación de una crisis civilizatoria Global

Expuesta a una vulnerabilidad ascendente y extrema, a la humanidad entera se le plantea actualmente resolver con diligencia y sensatez los graves problemas de contaminación ambiental causados -principalmente- por el sistema capitalista. Algo que no se podrá obviar aunque sus apologistas afirmen todo lo contrario. La prueba es el cambio climático (más bien, la catástrofe climática) que amenaza con barrer todo vestigio de vida sobre la Tierra. Esto, no obstante, es reiteradamente negado por sus principales beneficiarios -representados por las grandes corporaciones transnacionales que explotan recursos naturales de una diversidad de naciones y controlan a su antojo el mercado internacional capitalista- haciendo creer que todo ello es normal y es el precio que se ha de pagar para alcanzar y disfrutar las bondades del progreso.


Mientras algunos dirigentes políticos, algo más conscientes que otros, probablemente presionados por la opinión pública, consideran que sólo bastan algunas regulaciones acordadas por los gobiernos, al estilo del Protocolo de Kioto o la Convención sobre Cambio Climático, otros hacen gala de una completa ignorancia respecto a dicho tema, cuyo ejemplo más inmediato es el presidente Donald Trump.

Posiciones que no ayudan a definir con mayor claridad el meollo de este delicado asunto, dejándolo en un segundo plano. En este caso, la solución implica una revolución en términos absolutos que transforme por completo el modelo civilizatorio actual, el cual -no está de más recordarlo- se basa en la lógica capitalista y crea un cúmulo de contradicciones y de relaciones de poder que pone en constante tensión a la mayoría de los ciudadanos, afectados, directa e indirectamente, por éste.

Tal como lo denota Win Direckxsens en La transición hacia el postcapitalismo: el socialismo del siglo XXI, “el incremento en la velocidad de la rotación del capital significa una intensificación en la explotación de recursos naturales. El ritmo de reproducción de capital supera cada vez más el ritmo de reproducción en la naturaleza. Esta tendencia se desarrolla a costa de la naturaleza y en detrimento del medio ambiente, algo que ya se manifiesta a gritos a partir de los años setenta”. Como se ve comúnmente en el caso de las naciones sudamericanas que comparten la variada y rica extensión territorial de la Amazonía (preservada desde hace siglos por los pueblos originarios que la habitan), la cual es blanco de la mirada codiciosa de las grandes corporaciones transnacionales por la biodiversidad y la gran porción de recursos minerales estratégicos que alberga, todos indispensables para la continuidad del estilo de vida consumista de Occidente, causante principal del alarmante deterioro medioambiental sufrido a escala mundial.

Para muchos analistas, la crisis económica a nivel global se revela paralelamente con la crisis ecológica suscitada, de un modo general y constante, por el capitalismo, lo que conduciría, a su vez, a entablar un serio cuestionamiento de lo que representa el modelo civilizatorio actual para la sobrevivencia de todo género de vida en la Tierra. Es vital comprender que el sistema capitalista es víctima de la paradoja de no poder no expandirse; es decir, si éste permanece estable, se estanca y muere, cuestión que no importara mucho si la misma no representara un holocausto general, de incalculables proporciones. Es imperativo que se geste cuanto antes una justicia social y ambiental en armonía con la naturaleza. No sólo en interés del beneficio humano.

Hacen falta, por tanto, unas nuevas o renovadas cosmovisiones que hagan parte a los seres humanos de la naturaleza, de un modo similar a las observadas en todos los pueblos originarios que han mantenido un estrecho vínculo con su entorno, sin que ello se interprete como una regresión utópica automática sino como la necesidad de emprender un nuevo rumbo civilizatorio, diferente en mucho (o en todo) al existente. 

mandingarebelde@gmail.com