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miércoles, 20 de enero de 2021

La Falsa y Loca “Democracia” en EEUU

 Por Lic. José A. Amesty R.:

A propósito de los sucesos, donde los partidarios del presidente Donald Trump se dirigieron contra el Capitolio estadounidense, irrumpieron y tomaron algunos recintos del mismo, en el que se desarrollaba la ceremonia de certificación de la victoria del candidato Joe Biden; se suscitaron enfrentamientos entre civiles y la policía del exterior del edificio de gobierno, donde resultó muerta una mujer de un disparo, finalmente fue cerrado el Capitolio, todo a raíz del discurso de Trump afirmando que “nunca” concederá la derrota ante Biden.

Las turbas utilizaron la violencia para subvertir el proceso usual y legal mediante el cual se elige a los presidentes.

El diario Washington Post, habla de un golpe de Estado en el Capitolio, el cual fue incitado por un Presidente sin ley que intenta desesperadamente aferrarse al poder y alentado por sus cínicos facilitadores republicanos en el Congreso.

Realmente es una situación inédita, en un país donde se precian de ser el “modelo de democracia” en el mundo. El tema de la democracia en USA, es amplio, muy comentado por especialistas, políticos y muy extenso para tratar en un artículo, por lo que nos limitaremos a trazar unas líneas-notas en torno al mismo.

Lo básico del término es, Democracia = demos + cracia, el gobierno de (o por) el pueblo; y en relación a EEUU, gracias a una intensa y sostenida campaña propagandística, colmada de alabanzas y rastreras adulaciones, aparece como la tierra de la libertad y la democracia.

Es más, como un país al cual Dios le habría encomendado la misión de recorrer el mundo sembrando libertad, justicia, derechos humanos y democracia por doquier. Sin duda es una visión mesiánica. 

No obstante, lo cierto es que, además, la academia, la intelectualidad y los políticos, son insuficientes para ocultar un hecho decisivo: en la propia Constitución de Estados Unidos, con sus correspondientes enmiendas, la palabra “democracia” no aparece ni una sola vez.

Esto contrasta con afirmaciones como: “El sistema de gobierno estadounidense ha mostrado, durante sus 240 años, su ejemplaridad, despertando la envidia de todo el mundo”, Joseph Robinette Biden Jr.

Estas afirmaciones son más bien un mito, que son compartidas por una nada despreciable masa de la población occidental: basado en la fábula que la norteamericana es la democracia por antonomasia y, en consecuencia, digna de ser imitada. La historia, la Constitución y el régimen electoral estadounidenses desmienten tales creencias. En todo caso, no es recomendable hacerse ilusiones respecto del país, que cumple el rol de imperio dominante y que ha marginado históricamente a su pueblo, y a muchos otros del orbe.

Ya conocemos de las múltiples y mayores barbaridades, fraudes, golpes de Estado y genocidios de los últimos 200 años se han realizado en nombre de la sacrosanta democracia, y de algunos principios “democráticos” (como libertad de circulación, dialogo, consenso, elecciones libres, entre otros), que pareciera ser el escudo protector de los intereses de las grandes empresas trasnacionales y su cohorte de políticos y gobernantes de nuestro mundo tan poco occidental como cristiano.

Lo indudable, es que EEUU ha olvidado algo que señala el académico Bruce Barton: “la democracia estadounidense, le debe su sello distintivo a los principios y la estructura de los Gobiernos civiles de los indios norteamericanos”. Tema apasionante  e ilustrativo a abordar en otro momento.

En términos electorales, que parece ser la única premisa fundamental de la democracia estadounidense, reconocida como tal, en este país contiende un solo proyecto, el imperialista con dos variantes: el Partido Demócrata y el Republicano.

En términos económicos, según la obra “Capitalismo Progresista” de Joseph E. Stiglitz, la situación del país es devastadora ya que el crecimiento del PIB no acompañó necesariamente al mejoramiento social y que se alteró desde 1980: la economía se ralentizó, el nivel de vida decayó, la desigualdad se volvió creciente, incluyendo las desigualdades de raza, condición étnica, género y oportunidades, la desigualdad en sanidad y, desde luego, en riqueza, pues el 1% de la cima dispone de más del 40% de la riqueza total del país.

En síntesis, la igualdad ya no es el rasgo característico de la gran nación, otrora admirada en Europa y en el propio continente.

El sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos, señala que EEUU es “un país disfuncional en términos democráticos” y “una democracia fallida”, habla de una “degradación total” al subrayar que “las casas se protegen el día de las elecciones por las milicias armadas en las calles”. “Es el único país del mundo donde eso ocurre”.

En general, la democracia de EEUU, hace muchísimo tiempo, viene demostrando que están bastante de espalda a los intereses de las mayorías populares. Este es un problema serio. Y las formas de resolver las crisis pasan por líderes autoritarios como Trump.

Históricamente, para recalcar e ir concluyendo, los Estados Unidos se autoproclaman un pueblo pacífico, destinado por la providencia a expandir el ideal de la libertad y la democracia por el planeta. Su relato se complementó más adelante con doctrina Monroe de 1821, cuyo eslogan "América para los americanos" fue la excusa para imponer su voluntad a los nacientes Estados de América Latina. Doctrina Monroe y "destino manifiesto" han tenido diferentes interpretaciones y actualizaciones, según gobiernen demócratas o republicanos. Desde la política del garrote y la zanahoria, pasando por la del "buen vecino", el panamericanismo y la Alianza para el Progreso hasta las políticas militares y geoestratégicas. Guerras de baja intensidad, lucha contra el narcotráfico, el terrorismo internacional, reversión de procesos revolucionarios, otros.

Bajo dicho paraguas proclaman su condición de gendarme no sólo en América Latina, sino en el mundo occidental. Según argumentan sus ideólogos y think tanks, no se trata de una situación buscada, sino de una especie de fatalidad con la cual deben convivir, impuesta por Dios, como pueblo elegido para garantizar la democracia. Así, educados en la paz, tendrán que hacer la guerra. Defensores de los derechos humanos, tendrán que violarlos. Bajo la promesa de defender la justicia y la libertad, se ven abocados a transgredir dichos principios en pro de lograr el objetivo final, que no es otro que imponer por la fuerza y a su pesar el Estado de Derecho. Para ello no escatiman esfuerzos, promueven golpes de Estado, derrocan gobiernos y, si es necesario, invaden países en nombre de la pax americana.

Concluimos que la “Democracia” de USA, es una democracia simulada, ya que tanto demócratas como republicanos han sostenido el infame bloqueo a Cuba, atacan a pueblos como Venezuela, se han entrometido en la política de los gobiernos de la región, han organizado golpes de Estado militares con el fin de que sus empresas exploten al máximo nuestras riquezas naturales.

Por décadas se presentó a Estados Unidos como ejemplo de democracia avanzada. Todos los medios propagandísticos y comunicacionales sirvieron para ello y se reforzaba por la idea de elecciones libres y la inexistencia de golpes de Estado liderados por fuerzas militares, lo que en América Latina servía para explicar que “allá no hay golpes porque no hay embajada norteamericana”, recordaba el ecuatoriano Egard Isch.

Ese “espíritu democrático” de las élites hace que EE.UU, apoye siempre las peores dictaduras, los golpes más sangrientos, las guerras de dominación simuladas como guerras civiles, siempre que fueran útiles a sus intereses nacionales y los de sus empresas expoliadores.

Aquella promesa de igualdad, libertad y fraternidad quedó anegada en los cimientos de la estatua de la Libertad, ya que colocaron la libertad individual (a expresarse, a votar) como el único rasgo, desechando oficialmente la igualdad y la fraternidad. No se puede olvidar que se trata de un régimen teocrático en el que en actos públicos se jura ante la Biblia, en el que en siete estados se prohíbe a los ateos ser profesores o funcionarios públicos, y sufren discriminación en el ejército, si es que logran ingresar.

Todavía hoy, el servicio de inmigración establece en su guía de políticas que un miembro a un partido comunista no puede ser admitido en el país. Pero el mismo criterio se aplica a los ciudadanos en una serie de empleos si se los identifica como comunistas (o terroristas, calificación que puede alcanzar a cualquiera que no sea blanco).

Esta crisis del sistema político de EEUU, y por ende, de su identidad, no sabiendo a ciencia cierta donde van, que no sea su mera ambición de poder, ojala, los confunda y disuada a no imponer por la fuerza su pésimo sistema político.

joseamesty1@gmail.com

viernes, 31 de julio de 2020

Democracia sin deliberación, no es democracia



Por Manuel Humberto Restrepo Domínguez:

En 120 días de pandemia, la sociedad parece haberse acostumbrado a convivir con el horror de cifras crecientes de muertes por la covid19, sin derecho a funeral, es como si el virus quisiera hacer saber a quienes no lo sabían o habían olvidado que ese desastre y esa manera de morir y ser enterrados ya hace tiempo esta incrustado en la historia de Colombia. Han sido miles y miles de asesinados por la barbarie y tirados como NN en fosas comunes (más de 5000 a hoy), para eliminar nombres e historias propias.



También la población más débil ve con más claridad como se distribuye de manera equitativa la tragedia y el desastre socioeconómico, mientras los fuertes y poderosos entre tramas de corrupción se apropian como siempre de los bienes y recursos de la nación, que saldrá empobrecida y endeudada. 

La democracia basada en la autoridad del pueblo, aceleradamente se desploma, se convierte en un cascaron vacío de discursos y de prácticas y da señales de declive y decadencia, carente de deliberación, ética, legitimidad y solidaridad. Se reduce la esperanza de que los partidos políticos en el poder, sean ejemplo de representaciones moralmente correctas o seguidoras de ideas forjadas en sus programas y luchas con referentes de igualdad, libertad, fraternidad y respeto por los derechos. 

La democracia basada en virtudes cede terreno a vicios y trampas, que pueden llegar a llamarse demagogia, autoritarismo o fascismo, pero no democracia, aunque guarden algunas formas de conducta y diplomacia o sean producto de procesos electorales. La separación de poderes está en el lugar más bajo, trasgredida por contubernios y alianzas de poder entre inseparables amigos, fieles a los amiguismos y a sobreponer “sus derechos” de sangre y linaje, mediante tradicionales “carruseles” en los que se pasean por los cargos del estado y cumplen el compromiso único de que desde donde estén harán bien el oficio de transferir lo público al ámbito privado y mantener el control del estado.

La opinión pública que es otro factor determinante de la democracia, permanece silenciada, inerme, encerrada para proteger la vida, pero agredida con mensajes de medias verdades, presionada por sicarios morales que disparan odio desde bodeguitas de espionaje, difamación y crispación, que completan unos medios de comunicación semejantes a negocios desinformativos que fijan la matriz de lo vendible, lo publicable, lo censurable. No hay canales para nadie (distinto a los círculos de poder), que permitan la opinión del ciudadano corriente, el público pasivo que se robotiza en su casa.

La base de la construcción democrática es la deliberación. Ella es sustancial a la práctica política en colectivo, permite la exploración analítica y el debate que supera la simple opinión, que tiende a imponerse usando datos sin contexto, sinsentido a veces, sin legitimación, que es lo propio de los fascismos del tipo Trump y Bolsonaro, que abominan la razón, como ya ocurrió con la difusa aprobación de la cadena perpetua, que invalidó toda conclusión científica, en beneficio del partido en el poder que incuba al votante individualista no partisano, que responde al estímulo de pasiones populistas.

El entorno discursivo de la deliberación está siendo arrebatado mediante el control de los mecanismos y herramientas virtuales que apenas permiten opinar o censuran a merced del controlador del sistema digital, dejando atrás el sentido de que la deliberación es la esencia de la democracia y no un fenómeno que pueda darse de manera aislada ni ocurrir entre pantallas, en las que la escucha no es obligada, ni la atención una regla. Es ilegal asumir la opinión como si fuera deliberación. La deliberación es cooperación política, amplía la capacidad de las voces de minorías y opositores, su objeto es formar una razón publica con intercambios de razones, nunca es una suma de opiniones. 

La deliberación aparte de ser la esencia de la decisión política en democracia, tiene la función de control político, hoy impedido por la desigualdad creada en el contexto y excusa de la pandemia, que el partido en el poder exprime al máximo con una intervención diaria del presidente por los canales institucionales del estado, televisión, redes, otros e inversiones cuantiosas que convierten las decisiones de estado en piezas publicitarias del partido en el poder, en símil a consejos comunitarias en pandemia, que le “permiten al gobierno” asumir de facto todos los poderes, distribuir recursos con chequera abierta, mandar detener funcionarios, descalificar contradictores y hasta amenazar opositores, como ya ocurrió en la seguridad democrática. Son más de 120 decretos con fuerza de ley, en todos los temas de la nación, decenas de ellos que debían ser objeto de deliberación y no lo fueron.

La pandemia, ha sido la mejor excusa para afectar derechos, negar lo pactado para implementar la paz, ofender los escenarios de la verdad y la justicia y eliminar el énfasis del discurso democrático puesto en las argumentaciones y las justificaciones públicas, que sostienen los procesos políticos. La falta de deliberación ha aislado la voz de los contarios políticos y aumentado la distancia del estado protector, atento a las demandas territoriales de las comunidades abandonadas en ciudades y territorios de indígenas, afro y campesinos, zonas de reincorporadas y víctimas del conflicto que son fácil presa de victimarios adoctrinados para continuar el sistemático genocidio, a la luz del día y a la vista de todos, con total impunidad.

Sin deliberación no hay representación de discursos, identidades e intereses colectivos y la tendencia será a afianzar formas de decisión atadas a beneficios particulares del grupo en el poder y eliminar las normas deliberativas y la eficacia tanto de los equilibrios de poder como la capacidad de los derechos humanos para fijarle límites a ese poder instituido por mayorías simples compuestas por contertulios, amigos, copartidarios y usufructuarios tradicionales del poder. 

La idea de avanzar hacia sociedad más unificada y pacífica, se está yendo al amparo de la covid19 y el anhelo de una democracia más madura, en paz, se diluye entre la perdida de legitimidad de las instituciones que se aferran al pasado de guerra y barbarie. Se replican odios y cercena la voz y la vida de opositores y contradictores, sin descontar que ya el gobierno anuncia llevar al congreso proyectos que tenderán a cambiar 16 artículos de la constitución de 1991, hacer ajuste pensional, tributación mayor de la clase media en caída, mejoras a los grandes empresarios y talvez reducción de salarios. La consecuencia de una real deliberación será siempre más democracia, su carencia en cambio más autoritarismo, menos reconciliación y menos oportunidades de convivencia pacífica.         

mrestrepo33@hotmail.com

miércoles, 10 de julio de 2019

El ser humano en el Siglo XXI sufre el neo fascismo


Por Diego Olivera Evia:

Algunas reflexiones sobre el socialismo 

La idea de una sociedad de igualdad y solidaridad, surgió en el marco de muchos pensadores revolucionarios, desde las primeras nociones humanistas de Jacobo Rousseau, sobre el tema de la desigual y su propuesta de contrato social, tratando de dar una explicación a las diferencias entre los hombres, como condenar el poder de las clases económicas. De esa misma manera la Revolución Francesa, en sus primeras declaraciones, clamaba una vía humanista, al acuñar su filosofía de “igualdad, fraternidad y solidaridad” en la sociedad francesa de la época., posteriormente fue ahogada por el incipiente desarrollo de la clase burguesa.



La revolución industrial en Inglaterra, generó nuevas formas de industrialización, con maquinarias de vapor, con energía eléctrica, para organizar talleres y fábricas, dando origen a una clase social económica la burguesía, que sustituía en el poder a los nobles y los señores feudales (terratenientes). También en ese contexto surgía, un nuevo sujeto laboral, el obrero asalariado, denominado en su época siglo IXX proletario (de prole, referido a la participación de familias en estas industrias o talleres), de la misma manera, la explotación de las minas, genero el sector de los mineros, los cuales extraían los minerales para la industrialización.

Las nuevas formas de producción industriales condenaban a la explotación y al hambre a los trabajadores.

En ese marco de una nueva forma de explotación, donde los obreros trabajaban por salarios miserables, en extenuadas jornadas de trabajo, que costaban la vida, por la ausencia de normas de seguridad, como de salubridad, como la falta de una alimentación adecuada. Surgen pensadores, conocidos hoy como socialistas utópicos, Robert Owen fue la figura más notable de los pensadores ingleses, se preocupaba por mejorar las condiciones de los obreros,  trató de llevar a la práctica sus ideas sobre la organización del trabajo y la distribución de la riqueza, estableciendo el seguro social, bibliotecas, escuelas para niños y adultos, y otras prestaciones para los obreros, en una comunidad que llamó New Harmony.

El pensador francés Charles Fourier creo El "phalanstère" o "falansterio" (pequeñas comunidades de hombres y mujeres en los que cada uno elegía su trabajo, en algunos países llegaron a funcionar, pero muchos fracasaron), otros como Saint Simón, abundaron en ideas de comunidades humanas, pero las mismas sucumbían ante el arrollador crecimiento, de una burguesía industrializada, que conquisto el poder en toda Europa y EEUU.

El legado del pensamiento humanista, sucumbía ante una poderosa nueva ideología el capitalismo, donde el ser humano se transformaba en un engranaje más de la industria o los servicios, la explotación y la falta de una conciencia de los obreros, por comprender el nuevo fenómeno de la explotación.

Surge en la mitad del siglo IXX el concepto del socialismo como forma de sociedad.

En esa realidad económica y política que surge, el pensamiento y la filosofía de Karl Marx, como otros pensadores socialistas, sus definiciones económicas y la investigación de las leyes de la dialéctica en el proceso social e histórico, revolucionan la mitad del siglo IXX. Su llamamiento a los trabajadores a organizarse, para defender sus derechos, lo transforman en el eje revolucionario, de la Comuna de Paris, sus constantes trabajos en revistas, que el mismo dirigía, fueron censurados en Francia y Alemania.

Marx nunca acepto el apodo del padre del marxismo, desestimo en vida una apología a su persona, no se consideraba de ningún modo el fundador del socialismo ni despreciaba a los pensadores anteriores, como puede comprobarse en la siguiente cita: “En cuanto a mí, no me cabe el mérito de haber descubierto ni la existencia de las clases en la sociedad moderna ni en su lucha entre sí”.

El gran aporte económico fue definir en el concepto de plusvalía, la explotación de los trabajadores, al demostrar que la ganancia del capitalista, no estaba en la venta de la mercancía, sino, en la apropiación del valor real del trabajo, que encerraba cada una de ellas, al pagar menos la fuerza laboral, le quedaba su ganancia, la cual encubría como costo de producción.

Marx en sus estudios, profundizo sobre la historia, trato de sintetizar los mejores aportes del pensamiento humano, desde la antigua Grecia con sus importantes filósofos, como las corrientes humanistas y los pensadores del socialismo utópico. Sobre sus trabajos manifestó “que eran una síntesis de la filosofía y del pensamiento de la humanidad en la historia”

El breve esbozo de algunas ideas humanistas y socialistas dan el marco a algunas reflexiones.

La principal es la vigencia del socialismo, como única alternativa al capitalismo, pero esta definición nos hace reflexionar, sobre como es el socialismo que queremos, las experiencias del siglo XX, no han demostrado, que un modelo vertical de sociedad, donde la concentración de las decisiones, está en pocas manos, nos aleja al sentido de una verdadera participación social, en las decisiones de nuestra sociedad. 

Esto no implica que no haya una organización del estado socialista, ni un partido socialista, los cuales, son instrumentos imprescindibles en la construcción de la nueva sociedad, pero debemos dotar a todas estas instancias, de un verdadero sentido democrático socialista, de una verdadera integración de los sectores sociales, en las decisiones políticas, económicas, como en los servicios.

El fracaso del socialismo verdadero, se generó en la sustitución del pueblo, por aparatos burocráticos del estado y los partidos comunistas, se hablaba en nombre del pueblo, pero las decisiones no pasaban por las organizaciones populares. Hoy el nuevo modelo de socialismo, debe crear mecanismo de control social, para garantizar el avance de la nueva sociedad, pero estos controles deben tener acceso a las estructuras de la organización del gobierno y el partido, debe ser escuchados sus propuestas, reclamos o denuncias, solo en una interrelación pueblo e instituciones, se podrá alcanzar un nuevo modelo eficiente, para no caer en burócratas acomodados, que gozan de privilegios, por encima del resto de la sociedad socialista.

Debemos dotar al socialismo de una visión humanista.

Cuando reflexiono sobre el tema del humanismo, recuerdo una conversación con un destacado intelectual, la misma giraba sobre el comandante “Che” Guevara, yo le manifestaba su carácter humanista, su convicción del humanismo en la revolución. Su respuesta académica a mi punto de vista, fue lacónica “yo te voy a demostrar, que el humanismo es idealismo, no es marxismo”.

Ante esa abrupta respuesta, mi posición fue bien clara, si es más importante son las estructuras, el poder político, que están por encima de las necesidades del ser humano,  entonces nos alejamos  de la esencia de un modelo revolucionario y socialista, Porque creemos en el socialismo, luchamos por una sociedad humanizada, donde todos los ciudadanos puedan disfrutar de igualdad de condiciones, ser humanista no contradice al socialismo, por el contrario lo nutre a la nueva sociedad, de valores éticos y morales, de una visión sensible a las injusticias, como son la  necesidades de todos los seres humanos.

El “Che” siempre decía que “cada acción de nosotros los revolucionarios, tiene una gran dosis de humanismo”, si valoramos que construimos una nueva sociedad, el sujeto principal es el ser humano, son sus necesidades y sus sueños, no podemos pensar por ellos, debemos crearles lo canales, para poder lograr cada día elevar su calidad de vida, como de la sociedad que queremos construir”.

Estos conceptos desarrollados en una visión social y humanistas, dan una concepción ética, moral, ahora violentadas estas ideas por lo conceptos fascistas en Europa, EEUU y países de América Latina, como el Brasil de Bolsonaro, con sus esvásticas  en las escuelas, el modelo reaccionario de Macri en Argentina, el fascismo en Chile con la constitución de Pinochet, el modelo criminal fascista de Colombia, con decenas de luchadores sociales, como ex FARC asesinados, como los narcotraficantes y los paramilitares, esta  realidad imprime una crisis social y humana, apostillado por las sanciones de Trump contra Venezuela, Cuba, Nicaragua y presiones en Bolivia, la crisis en Haití de lesa humanidad, marcan un mundo en crisis, con guerras y amenazas. 

Periodista y Analista Geopolítico
diegojolivera@gmail.com

miércoles, 17 de abril de 2019

Socialdemocracia



Por Jorge Aniceto Molinari:
 
La Revolución francesa (1789) marcó un hito en la historia de la humanidad. El capitalismo naciente requería la libertad necesaria para poder desarrollarse y superar las trabas del feudalismo. Para ello debía recurrir a la esencia misma de la naturaleza humana y proclamó: fraternidad, libertad e igualdad aún cuando sabía que un avance con esos contenidos iba a tener los propios límites del sistema que se estaba imponiendo.

La socialdemocracia nació con la Revolución francesa, que equivale a admitir que es el producto político popular del propio surgimiento del capitalismo.


Su nacimiento de alguna manera está emparentado con la necesidad del propio capitalismo como sistema, de la mayor amplitud social para su desarrollo y aquí una disquisición. Cada empresario, cada capitalista consideraba que sus costos eran lo importante y por lo  tanto su esfera de influencia debía ser avara en el reconocimiento de los derechos a la vez que sentía que sus competidores no lo fueran para tener para sí un mejor mercado.

La socialdemocracia nació entonces como una política de Estado capaz de dar la amplitud social que el capitalismo necesitaba arbitrando lo mejor posible las relaciones intercapitalistas.  El primer partido con ese nombre data de 1863 en Alemania, un año antes de la fundación de la 1era Internacional (1864), aunque otros estiman que fue en 1869. Recordemos que el manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels es de 1848.

Es una época de una inmensa riqueza ideológica. Nosotros fieles a las enseñanzas de los maestros sentimos que el crisol material de esa época hacía que surgieran mentes capaces de resumir en textos formidables –conductores- toda la coyuntura que se estaba dando. Una concepción idealista nos daría vuelta el razonamiento y nos diría que fueron esas mentes las que alumbraron ese devenir histórico.
La socialdemocracia fue una necesidad del capitalismo pero a la vez la precursora de señalar los limites en los cuales este sistema debía inexorablemente de transitar.
Ese también fue su drama. Marx y Engels pretendieron de la primera Internacional un programa –elaboraron con ese fin- para transitar organizadamente lo que podría ser una transición a un sistema superior.

Su inmensa obra muestra claramente como le dieron al capitalismo el valor de poder llegar a través de su modo de producción hasta los confines del planeta pero a la vez desde el punto de vista de la dimensión humana los límites que el aparato productivo tenía en tanto nacía de la necesidad de invertir la plusvalía, que no es otro el origen del capital.

Fueron derrotados temporalmente por las necesidades inmediatas de capas superiores del propio proletariado expresadas de alguna manera en el bakuninismo. No se podía medir a todo el proletariado con el mismo rasero y más aún con la existencia de un proletariado avanzado en los países centros de avances imperialistas en ese mundo de desarrollo capitalista.

Además a ello hay que agregar la necesidad de las capas dirigentes de las burguesías de esas potencias imperialistas, de hacer cómplices a los dirigentes de ese proletariado de sus necesidades de guerra, de sus necesidades de conquista, de nuevos mercados. La socialdemocracia quebró históricamente su perspectiva de un capitalismo democrático cuando votó con los opresores imperialistas los créditos de guerra (1914).

Frente a ello un ala de la misma reivindicó en Alemania sus orígenes y combatió esa política: Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht, en el combate por esas ideas fueron asesinados.
Lenin, mientras tanto elaborando política permanentemente, construía un Partido socialdemócrata profundamente aferrado a las enseñanzas de Marx y Engels, y conducía al pueblo ruso a la más grande revolución de la historia, que incorporaba derechos jamás conocidos en los pueblos del mundo (ver el brillante resumen de esto en el editorial de Batlle y Ordoñez en “El Día” a la muerte de Lenin). Asumía de sus maestros la denominación universal de comunistas, ya reivindicada en el manifiesto de 1848. Es cierto que su triunfo fue cimentado por la tremenda crisis provocada por la primera guerra mundial y la falta de perspectivas propias del capitalismo ruso para poder afrontar la necesidad del funcionamiento del aparato productivo, pero sin ese partido hubiera sido imposible lograrlo.

El capitalismo estaba lejos aún de llegar a sus límites, Lenin en 1916 analizaba en “El Imperialismo fase superior del capitalismo” que se avecinaba una etapa en la que el gobierno de la economía iba a pasar de los Estados a los complejos empresariales multinacionales que es lo que hoy está ocurriendo.
Luego de la primera guerra mundial el capitalismo se repuso, Lenin fue derrotado por una corriente que instauró el capitalismo de Estado con la falsa etiqueta de “comunista”, que no renegó de las conquistas obtenidas por los bolcheviques pero que pasó a desarrollar un capitalismo de Estado en pretendida competencia con lo que existía en las naciones desarrolladas, con el beneplácito ideológico de estas que habían temido la proyección socialdemocráta universal del pensamiento de Lenin.

En un siniestro símil con lo ocurrido con la revolución francesa los bolcheviques fueron aniquilados.
La socialdemocracia así entró en la crisis en la que aún hoy está sumida, sin ninguna perspectiva histórica como tal y sin poder definirse ante las disyuntivas que la crisis del régimen globalmente les plantea.

Se nos habla de que luchan por un “socialismo democrático” que nadie sabe definir bien que es y a lo sumo balbucean de que es para diferenciarlo del socialismo totalitario instaurado por el stalinismo.
El terreno donde mejor se puede analizar esta realidad es en el programático. Los auténticos stalinistas (que aún los hay) siguen reivindicando la estatización de la economía, aun cuando no en pocas veces sea necesario reivindicarla para defender coyunturalmente el aparato productivo, pero ellos la piensan como programa como objetivo finalista para eliminar la propiedad privada.

Los socialdemócratas reformistas, herederos de los votantes de los créditos de guerra al inicio de la primera guerra mundial, se quedaron en el capitalismo, no lo sueñan como estación final pero ambicionan mejorarlo y eso va a contra pelo de los paraísos fiscales, de las deudas en crecimiento y de las emisiones monetarias en crecimiento, se aferran a solo definir la democracia que cada vez se hace más incómoda dentro de los marcos del capitalismo actual.

Mientras tanto la vida sigue, la crisis de la predominancia del modo de producción capitalista ya es irreversible y el mundo necesita que lo mejor de la humanidad se una en el tránsito hacia un sistema superior con un programa que permita hacerlo en paz.
La socialdemocracia debe aportar su experiencia abriéndose al debate.

sipagola@adinet.com.uy

viernes, 7 de diciembre de 2018

¿Acaso no vivimos ya en la jungla?


Por Prof.Pablo Salvatb:
Mucho se ha estado hablando, y con razón, respecto al accionar paramilitar del Comando Jungla, cuerpo especializado al parecer en Colombia, en estrategias represivas y que terminó con la muerte de un joven comunero mapuche que iba desarmado, sobre un tractor y en compañía de un niño.  Por cierto, continuando prácticas heredadas del régimen dictatorial cívico-militar, encabezado por A. Pinochet, la policía uniformada dio una versión falsa de los hechos. ¿Para qué? Bueno pues para hacerlo aparecer como un “enfrentamiento”.  ¿Le recuerda algo? Bueno eso dependerá de si usted vivió en aquellos oscuros años en el país, los vivió fuera o exiliado, o no había nacido aun, pero es un hombre o una mujer enterada.

Un “legado” de los más nefastos que hemos recibido en esta transición que no termina nunca, es justamente la exagerada autonomía del factor policial-militar y un cúmulo de malas prácticas, que se originan en el acceso al poder total que tuvieron aquellos militares, policías y sus socios civiles, durante 17 años en el país.  Años en que la mentira y la impunidad cómplice era uno de los sellos de su cotidiano accionar. Ahora bien, cuando uno consulta el diccionario, “jungla” aparece como un término referido a una vegetación abundante, frondosa, intrincada, selvática. Sin embargo, que se sepa, no hay tal “jungla” en la Araucanía. Claro, hay bosques, árboles milenarios, animales, sembrados, pero una selva propiamente tal ¿.?

Ahora, quizá podríamos extender el uso de ese vocablo y usarlo como una metáfora del resultado social que ha implicado para Chile (y otros países también) la imposición del neoliberalismo globalizado. Usted pensará, lector/lectora, pero en qué sentido? Pues en algo que hemos experimentado y observado día a día  bajo diferentes formatos: la liquidación   del lazo social, de los vínculos y convivencia comunitaria, basada en la creencia en ciertos valores y actitudes compartidas que no se transan a cualquier precio y que forman ciertas sedimentaciones históricas. La lógica del capitalismo financia rizado global y neoliberal necesita liquidar los sentidos de pertenencia comunitarios y sus valores de base; necesita disecarlos y disolverlos. ¿Para qué? Pues para no dejar subsistir otro tipo de vínculos entre los humanos que “el frío interés, el duro pago al contado”. Para poder hacer de la dignidad humana “un simple valor de cambio”. Al mismo tiempo, le importa barrer con los valores del común y del sentido de lo público-colectivo.

Lo que hace es imponer una visión narcísica del individuo auto centrado, egoísta, ocupado con sus pequeños éxitos, logros, su poder, su dinero, sus intereses, sus vacaciones, su casita, sus méritos. El pequeño problema es que todos los individuos pretenden hacer lo mismo. Por tanto, tenemos   la competencia de todos contra todos por el “logro”.  Los logros son “triunfos” individuales.  Cada cual se salva a sí mismo y los suyos, como puede.  El actual capitalismo globalizado se ha nihilizado. No existe la justicia social.  Tampoco la fraternidad o la igualdad. Lo único que queda en pie es el cálculo costo-beneficio, ganancias/pérdidas. No hay tiempo para cuestionarse el sentido del orden en que vivimos hoy: sus valoraciones, sus finalidades.

La realidad y la sociedad se desvanecen: solo queda en pie la lógica de mercado y de la propiedad.  Por eso, no hay sociedad, decía la Thatcher. Tampoco hay alternativas, agregaba. Todo ello ha traído consigo nuevas desigualdades; nuevas formas de violencia social y discriminaciones; fobias; racismo; agresividad; malestar; privatización del bien común, fragmentación del social-colectivo.  Como bien lo dice el médico psiquiatra José Luis Padilla, la calidad de vida depende también de cómo se contemple el mundo.

Si se lo hace con generosidad, sociabilidad, con compromiso, con ayuda mutua, aparece un mundo maravilloso. En cambio, si lo contemplo para dominarlo, para conquistarlo, para ser un triunfador (…) el mundo se me convierte en una guerra.  Por eso insiste en que vivimos en un estado de guerra. Quien dice estado de guerra, dice violencia latente diseminada en todo el tejido institucional y su accionar.

Claro, hay las que llamamos propiamente guerras, con armas y bombas; pero ahora  también la vida cotidiana  - gracias al “libre” mercado-   se vuelve un estado de guerra permanente de todos contra todos.   Con razón ejemplifica esto el médico citado, mencionando que nos basta con  manejar por una autopista o por la ciudad para darnos cuenta de eso.

Es decir, de la agresividad y el stress en que estamos sumidos. Y cuando estamos en esto, estimado lector y lectora, entonces quiere decir que el neoliberalismo ha impuesto la “ley” de la selva – es decir, la jungla- como forma de vida y “orden” legalizado por supuesto (es una selva “ordenada”).  Una selva en la cual hay que luchar por sobrevivir a como dé lugar: astutamente, corruptamente, mentirosamente. Cuando se desvanece la sociedad y no hay sentido de lo común compartible y valorable, entonces solo queda en pie el orden vía represión y autoritarismo.  El uso de la violencia represiva es el arma de las elites de poder cuando hay pueblos, comunidades, etnias, movimientos o partidos que rechazan vivir como en la jungla.  Que afirman que hay un más allá de este capitalismo neoliberal, depredador y decadente. ¿Será por todo esto que la razón de Estado ha bautizado ese grupo paramilitar, como “Comando Jungla?”  
psalvat@uahurtado.cl

miércoles, 20 de junio de 2018

El ser humano debe ser el eje de un modelo social


Por Diego Olivera Evia:
Algunas reflexiones sobre la sociedad humana 
La idea de una sociedad de igualdad y solidaridad, surgió en el marco de muchos pensadores revolucionarios, desde las primeras nociones humanistas de Jacobo Rousseau, sobre el tema de la desigual y su propuesta de contrato social, tratando de dar una explicación a las diferencias entre los hombres, como condenar el poder de las clases económicas. De esa misma manera la Revolución Francesa, en su primeras declaraciones, clamaba una vía humanista, al acuñar su filosofía de “igualdad, fraternidad y solidaridad” en la sociedad francesa de la época., posteriormente fue ahogada por el incipiente desarrollo de la clase burguesa.


La revolución industrial en Inglaterra, generó nuevas formas de industrialización, con maquinarias de vapor, con energía eléctrica, para organizar talleres y fábricas, dando origen a una clase social económica la burguesía, que sustituía en el poder a los nobles y los señores feudales (terratenientes). También en ese contexto surgía, un nuevo sujeto laboral, el obrero asalariado, denominado en su época siglo IXX proletario (de prole, referido a la participación de familias en estas industrias o talleres), de la misma manera, la explotación de las minas, genero el sector de los mineros, los cuales extraían los minerales para la industrialización.

Las nuevas formas de producción industriales condenaban a la explotación y al hambre a los trabajadores.

En ese marco de una nueva forma de explotación, donde los obreros trabajaban por salarios miserables, en extenuadas jornadas de trabajo, que costaban la vida, por la ausencia de normas de seguridad, como de salubridad, como la falta de una alimentación adecuada. Surgen pensadores, conocidos hoy como socialistas utópicos, Robert Owen fue la figura más notable de los pensadores ingleses, se preocupaba por mejorar las condiciones de los obreros,  trató de llevar a la practica sus ideas sobre la organización del trabajo y la distribución de la riqueza, estableciendo el seguro social, bibliotecas, escuelas para niños y adultos, y otras prestaciones para los obreros, en una comunidad que llamó New Harmony.

El pensador francés Charles Fourier creo El "phalanstère" o "falansterio" (pequeñas comunidades de hombres y mujeres en los que cada uno elegía su trabajo, en algunos países llegaron a funcionar, pero muchos fracasaron), otros como Saint Símon, abundaron en ideas de comunidades humanas, pero las mismas sucumbían ante el arrollador crecimiento, de una burguesía industrializada, que conquisto el poder en toda Europa y EEUU.

El legado del pensamiento humanista, sucumbía ante una poderosa nueva ideología el capitalismo, donde el ser humano se transformaba en un engranaje más de la industria o los servicios, la explotación y la falta de una conciencia de los obreros, por comprender el nuevo fenómeno de la explotación.

Surge en la mitad del siglo IXX el concepto del socialismo como forma de sociedad.

En esa realidad económica y política que surge, el pensamiento y la filosofía de Karl Marx, como otros pensadores socialistas, sus definiciones económicas y la investigación de las leyes de la dialéctica en el proceso social e histórico, revolucionan la mitad del siglo IXX. Su llamamiento a los trabajadores a organizarse, para defender su derechos, lo transforman en el eje revolucionario, de la Comuna de Paris, su constantes trabajos en revistas, que el mismo dirigía, fueron censurados en Francia y Alemania.

Marx nunca acepto el apodo del padre del marxismo, desestimo en vida una apología a su persona, no se consideraba de ningún modo el fundador del socialismo ni despreciaba a los pensadores anteriores, como puede comprobarse en la siguiente cita: “En cuanto a mí, no me cabe el mérito de haber descubierto ni la existencia de las clases en la sociedad moderna ni en su lucha entre sí”.

El gran aporte económico fue definir en el concepto de plusvalía, la explotación de los trabajadores, al demostrar que la ganancia del capitalista, no estaba en la venta de la mercancía, sino, en la apropiación del valor real del trabajo, que encerraba cada una de ellas, al pagar menos la fuerza laboral, le quedaba su ganancia, la cual encubría como costo de producción.

Marx en sus estudios, profundizo sobre la historia, trato de sintetizar los mejores aportes del pensamiento humano, desde la antigua Grecia con sus importantes filósofos, como las corrientes humanistas y los pensadores del socialismo utópico. Sobre sus trabajos manifestó “que eran un síntesis de la filosofía y del pensamiento de la humanidad en la historia”

El breve esbozo de algunas ideas humanistas

La principal es la vigencia del socialismo, como única alternativa al capitalismo, pero esta definición nos hace reflexionar, sobre como es el socialismo que queremos, las experiencias del siglo XX, no han demostrado, que un modelo vertical de sociedad, donde la concentración de las decisiones, está en pocas manos, nos aleja al sentido de una verdadera participación social, en las decisiones de nuestra sociedad. 

Esto no implica que no haya una organización del estado socialista, ni un partido socialista, los cuales, son instrumentos imprescindibles en la construcción de la nueva sociedad, pero debemos dotar a todas estas instancias, de un verdadero sentido democrático socialista, de una verdadera integración de los sectores sociales, en las decisiones políticas, económicas, como en los servicios.

El fracaso del socialismo real, se generó en la sustitución del pueblo, por aparatos burocráticos del estado y los partidos comunistas, se hablaba en nombre del pueblo, pero las decisiones no pasaban por las organizaciones populares. Hoy el nuevo modelo de socialismo, debe crear mecanismo de control social, para garantizar el avance de la nueva sociedad, pero estos controles deben tener acceso a las estructuras de la organización del gobierno y el partido, debe ser escuchados sus propuestas, reclamos o denuncias, solo en un interrelación pueblo e instituciones, se podrá alcanzar un nuevo modelo eficiente, para no caer en burócratas acomodados, que gozan de privilegios, por encima del resto de la sociedad socialista.

Debemos dotar al ser humano de una visión humanista.

Cuando reflexiono sobre el tema del humanismo, recuerdo una conversación con un destacado intelectual, la misma giraba sobre el comandante “Che” Guevara, yo le manifestaba su carácter humanista, su convicción del humanismo en la revolución. Su respuesta académica a mi punto de vista, fue lacónica “yo te voy a demostrar, que el humanismo es idealismo, no es marxismo”.

Ante esa abrupta respuesta, mi posición fue bien clara, si es mas importante son las estructuras, el poder político, que están por encima de las necesidades del ser humano,  entonces nos alejamos  de la esencia de un modelo revolucionario y socialista, Porque creemos en el socialismo, luchamos por una sociedad humanizada, donde todos los ciudadanos puedan disfrutar de igualdad de condiciones, ser humanista no contradice al socialismo, por el contrario lo nutre a la nueva sociedad, de valores éticos y morales, de una visión sensible a las injusticias, como son la  necesidades de todos los seres humanos.

El “Che” siempre decía que “cada acción de nosotros los revolucionarios, tiene un gran dosis de humanismo”, si valoramos que construimos una nueva sociedad, el sujeto principal es el ser humano, son sus necesidades y sus sueños, no podemos pensar por ellos, debemos crearles lo canales, para poder lograr cada día elevar su calidad de vida, como de la sociedad que queremos construir.

Cuando hablamos de concebir una sociedad nueva como alternativa al capitalismo, donde las formas organizativas políticas y económicas, tienen como fin prioritario un modelo de equidad social y de desarrollo económico, que logre romper las desigualdades sociales, garantizando un excedente económico que se reinvierta en trabajo, educación, salud y una vida digna.

Nos obliga invariablemente a buscar las raíces históricas del pensamiento humanista, muchas veces relegado por corrientes marxistas ortodoxas, concebida como una mera concepción idealista del ser humano, alejada de la lógica materialista. La dialéctica del pensamiento humano nos lleva, a no caer en conceptos inmutables, a no encajonar los valores de las distintas corrientes, que buscan la igualdad de los seres humanos, tanto en lo económico, político y social.

Cuando hablamos de concebir una sociedad nueva como alternativa al capitalismo, donde las formas organizativas políticas y económicas, tienen como fin prioritario un modelo de equidad social y de desarrollo económico, que logre romper las desigualdades sociales, garantizando un excedente económico que se reinvierta en trabajo, educación, salud y una vida digna.

Nos obliga invariablemente a buscar las raíces históricas del pensamiento humanista, muchas veces relegado por corrientes marxistas ortodoxas, concebida como una mera concepción idealista del ser humano, alejada de la lógica materialista. La dialéctica del pensamiento humano nos lleva, a no caer en conceptos inmutables, a no encajonar los valores de las distintas corrientes, que buscan la igualdad de los seres humanos, tanto en lo económico, político y social.

diegojolivera@gmail.com