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domingo, 23 de junio de 2019

¿Hacia dónde va China? (Parte 1)



 Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
Hace aproximadamente un mes publiqué en este mismo espacio dos artículos titulados “Mucho más que una guerra comercial. El conflicto de Estados Unidos contra China” en los que daba datos para argumentar las razones por las que considero que existe un trasfondo mucho más profundo y de carácter estructural en este conflicto. Creo que darle denominación de “guerra comercial” da sustento a una parte de la contienda: su condición de guerra, pero no la otra, la de ser estrictamente comercial.


En ese sentido apuntaba a entregar información que permitía razonar sobre este ámbito, afirmaba que había una base política y filosófica en esta contienda que, si bien no retrotrae a la guerra fría, coloca otra vez sobre el tapete del debate internacional elementos de carácter ideológico que parecían haber desaparecido de las discusiones sobre la estructura y el contenido del sistema internacional.

A este respecto, algunos lectores de estas líneas me escribieron para preguntarme que quería decir al hacer tal afirmación. Este trabajo pretende, sino dar respuesta total a la pregunta, al menos entregar algunos elementos de análisis para que cada quien se forme su propia idea al respecto.
Aunque es imposible agotar este tema en uno o dos artículos, daremos algunos elementos, que asocian la discusión a la diatriba que emana de la controversia respecto de si China volvió al capitalismo o si se encuentra en la primera fase del socialismo y lo que es aún más importante, si su devenir apunta a un definitivo retorno al capitalismo o si el desarrollo de la sociedad y los planes gubernamentales orientan al país hacia el socialismo.

En una larga carta -inédita hasta ahora en su totalidad- que el comandante Ernesto Che Guevara le escribiera a Fidel Castro el 26 de marzo de 1965, poco antes de su partida al Congo y que fue publicada en La Habana el pasado 14 de junio en conmemoración del 91 aniversario de su natalicio, como parte del libro “Epistolario de un tiempo. Cartas 1947-1967”, el Che hace un extenso análisis en el que profundiza en 4 temas específicos: errores en la política económica, sistema de financiamiento presupuestario, función del partido y recomendaciones generales.

En el primero de ellos, rememorando a Marx, se refiere a los períodos necesarios para la construcción de la nueva sociedad. Después de hacer una profunda critica a la Unión Soviética y a los países socialistas de Europa con los que Cuba sostenía especiales relaciones y “hacer una crítica constructiva, por si puede servir para mejorar algunos problemas que continúan siendo graves”, afirma que: “China tardará centenares de años en tener el ingreso per cápita de los Estados Unidos. Aún si consideramos que el ingreso per cápita es una abstracción, midiendo el salario medio de los obreros norteamericanos, cargándole los desocupados, cargándole los negros, todavía ese nivel de vida es tan alto que a la mayoría de nuestros países le costará mucho llegar a él. Sin embargo, vamos caminando hacia el comunismo”.

Aunque China, no había comenzado a desarrollar la política de reforma y apertura y se encontraba en medio de la debacle por la “revolución cultural”, el Che fue capaz de proyectar sus ideas sobre el futuro. En ese contexto, estableció que un aspecto básico es el de la “técnica” la cual, según él, junto a la toma de conciencia conducen al comunismo en una fase ulterior.

Para explicarlo se hace unas preguntas y las responde de la siguiente forma: “…qué es la producción si no el aprovechamiento cada vez mayor de la técnica; y qué es el aprovechamiento cada vez mayor de la técnica si no el producto de una concentración cada vez más fabulosa de capitales, es decir, una concentración cada vez más grande de capital fijo o trabajo congelado con relación al capital variable o trabajo vivo. Este fenómeno se está produciendo en el capitalismo desarrollado, en el imperialismo. El imperialismo no ha sucumbido gracias a su capacidad de extraer ganancias, recursos, de los países dependientes y exportarles conflictos, contradicciones, gracias a la alianza con la clase obrera de sus propios países desarrollados contra el conjunto de los países dependientes. En ese capitalismo desarrollado están los gérmenes técnicos del socialismo mucho más que en el viejo sistema del llamado Cálculo Económico que es, a su vez, heredero de un capitalismo que ya está superado en sí mismo y que, sin embargo, ha sido tomado como modelo del desarrollo socialista”.

La velada crítica al modelo soviético, no esconde sin embargo su aceptación de la necesidad del desarrollo de la tecnología y la obtención de capitales, que en ese momento eran cotos exclusivos del capitalismo incluso en su fase imperialista, pero intuye que en él se encuentran “los gérmenes técnicos del socialismo”.
No ha inventado nada nuevo, solo ha encontrado en la teoría marxista los instrumentos económicos para construir el socialismo. Es coincidente con una frase emitida por Deng Xiaoping en 1962: “No importa si el gato es blanco o es negro, lo que importa es que cace ratones”, exponiendo de esa manera la contradicción principal de la época. Pero, sobre todo, entendiendo una elemental aseveración de Lenin: “El problema fundamental de la revolución, es el problema del poder”. La posibilidad de avanzar hacia la construcción del socialismo y la aceptación táctica de expresiones económicas capitalistas durante la primera fase son posibles en la medida de no existencia de dudas respecto de la orientación estratégica socialista del proceso. Eso se garantiza cuando el poder real emana de los trabajadores y se manifiesta con la posesión de las armas necesarias para la defensa de la revolución.

Al respecto, en 1994, Deng expuso que: “En lo teórico debemos llegar a comprender que la diferencia entre capitalismo y socialismo no reside en problemas como la disyuntiva planificación o mercado. En el socialismo también hay economía de mercado, igual que existe control planificado en el capitalismo. ¿Acaso en las condiciones del capitalismo ya no hay control alguno y uno puede portarse a su libre voluntad? ¡El trato de nación más favorecida no es otra cosa que control! No se crea que practicar cierta economía de mercado es seguir el camino capitalista. ¡Nada de eso! Tanto la planificación como el mercado son necesarios. Sin desarrollar el mercado, uno no tiene acceso ni siquiera a la información mundial, lo que significa resignarse a quedarse a la zaga”.

Al referirse al mismo tema, el Che, intentando descubrir las causas que ocasionaban algunos frenos visibles en la estructura de la economía cubana enunció en la carta antes mencionada que: “Se nos puede decir que todas esas pretensiones nuestras [se refiere a eliminar categorías capitalistas como mercancía entre empresas, interés bancario y otras y tomar los últimos adelantos administrativos y tecnológicos del capitalismo] equivaldrían también a pretender tener aquí, porque los Estados Unidos lo tienen, un Empire State y es lógico que nosotros no podemos tener un Empire State, sin embargo, sí podemos tener muchos de los adelantos que tienen los rascacielos norteamericanos y técnicas de fabricación de esos rascacielos aunque los hagamos más chiquitos. No podemos tener una General Motors que tiene más empleados que todos los trabajadores del ministerio de Industrias en su conjunto, pero sí podemos tener una organización, y, de hecho, la tenemos, similar a la General Motors. En este problema de la técnica de administración va jugando la tecnología; tecnología y técnica de administración han ido variando constantemente, unidas íntimamente a lo largo del proceso del desarrollo del capitalismo, sin embargo, en el socialismo se han dividido como dos aspectos diferentes del problema y uno de ellos se ha quedado totalmente estático. Cuando se han dado cuenta de las groseras fallas técnicas en la administración, buscan en las cercanías y descubren el capitalismo”.

En China, la política de reforma y apertura iniciada en 1978, encaró estos dos aspectos como uno solo, dando respuesta -de alguna manera- para China a las inquietudes que el Che esbozaba para Cuba.

Deng Xiaoping fue reiterativo en asegurar que el camino de China era el camino del socialismo. En mayo de 1985 durante una reunión con un académico taiwanés insistió en que en China iban a persistir en el socialismo “…y de ningún modo emprenderemos el decadente camino capitalista” estableciendo que la distinción entre socialismo y capitalismo es que el primero persigue “la prosperidad común de todo el mundo, en lugar de desembocar en la polarización entre ricos y pobres”, reiterando que se debe tratar con severidad a los que pugnan por la liberalización burguesa e infringen la ley. El problema del poder nunca ha estado al margen del pensamiento chino, sobre todo cuando se le relaciona con la idea confuciana de que lo más importante es garantizar la estabilidad del país.

En diciembre de 1986, en una reunión con dirigentes del Comité Central del Partido Comunista, fue enfático en decir que: “Al aplicar la política de apertura al exterior, captar la tecnología extranjera y utilizar fondos del exterior, lo hacemos tan solo como algo suplementario de la construcción socialista, sin permitir que esto nos aparte del camino socialista”.

En abril de 1987, durante una reunión con Lubomir Strougal, primer ministro de Checoslovaquia, reiteró que: “El primer punto que hemos deducido de nuestra reflexión [respecto al desarrollo de la economía] es la necesidad de persistir en el socialismo y, para tal efecto, librarse de la pobreza y el atraso, desarrollar en sumo grado las fuerzas productivas y, de este modo, hacer valer las características del socialismo como sistema superior al capitalismo”.

Al mes siguiente, Deng recibió a Alfonso Guerra, alto dirigente del Partido Socialista Obrero Español. Le explicó que el PNB per cápita de China en 1980 era de 250 dólares anuales y que se habían propuesto duplicarlo para 1990 y llevarlo a 1.000 dólares para fines del siglo XX. Expuso que, aunque seguiría siendo bajo por habitante, el poderío del Estado habrá crecido considerablemente. En ese momento, Deng le dijo a Guerra que esperaban llevarlo a 4.000 dólares en los primeros 30 años del siglo actual. Vale decir que 2018 cerró con un PIB per cápita de 16.000 dólares. Proyectando esa cifra, Oscar Ugarteche, Investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM de México aseguró que, en 2045, el PIB per cápita de China superará al de Estados Unidos.

Después de la larga explicación que le hizo a Guerra en la que amplió la información con muchos detalles probablemente desconocidos por el dirigente español, Deng aseguró que eso era sólo el primer paso, pero admitió que el segundo no sería fácil y el tercero mucho más difícil que los anteriores, pero precisó con absoluta convicción que “…al construir el socialismo, China se propone demostrar con hechos la superioridad de este sistema”.

sergioro07@hotmail.com

sábado, 25 de mayo de 2019

Mucho más que una guerra comercial. El conflicto de Estados Unidos contra China (Parte I)



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
El planeta se encuentra suspendido de un hilo y sigue con suma expectación las noticias vinculadas a lo que se ha dado en llamar “guerra comercial” entre Estados Unidos y China. Vale debatir si en realidad se trata de una guerra y si en verdad las causas de su inicio y la actual escalada tiene un trasfondo de orden comercial.

Como es sabido, este conflicto fue iniciado en marzo de 2018 tras un anuncio realizado por el presidente de Estados Unidos Donald Trump, quien informó su decisión de imponer aranceles por un monto 50 mil millones de dólares a los productos chinos bajo el artículo 301 de la Ley de Comercio de 1974, sustentado en el supuesto de “prácticas desleales de comercio” y “robo de propiedad intelectual” por parte de la nación asiática. Unos días después, China respondió aplicando aranceles a 128 productos estadounidenses, dando origen de esa manera a un escalamiento del diferendo que pareció entrar en una etapa de tregua y posteriores negociaciones tras el encuentro de los presidentes de ambos países en Buenos Aires el pasado 1° de diciembre en el marco de la celebración de la Cumbre del G-20.


Sin embargo, tras 11 rondas de conversaciones realizadas en ambas capitales, el conflicto lejos de acercase a una culminación exitosa, ha escalado incluso con la decisión de imponer nuevos aranceles por parte de Estados Unidos justo cuando estaba por comenzar la realización de ese décimo primer encuentro bilateral que se habría de realizar en Washington durante la segunda semana de este mes de mayo.

El 10 de mayo Estados Unidos aumentó los aranceles a las importaciones chinas por un valor de 300 mil millones de dólares elevándolos de 10 a 25%, a lo que Beijing respondió anunciando un plan que se propone introducir gravámenes sobre las importaciones estadounidenses a partir del 1° de junio por valor de 60 mil millones de dólares.

Pero, como hemos dicho con anterioridad, el verdadero eje del problema es que la República Popular China va logrando una superioridad tecnológica respecto de Estados Unidos que la coloca en una mejor posición para avanzar en su desarrollo  hacia una economía fortalecida que la va a colocar en las próximas décadas en la vanguardia económica del planeta y que a través del Plan de la Nueva Ruta de la Seda ha generado un mecanismo que trae prosperidad no sólo a su país sino a otros pueblos del mundo corroyendo con ello el sistema mediante el cual se usan las relaciones económicas internacionales como instrumento de opresión, subordinación y miseria para la mayor parte de la humanidad.

De manera tal que tras la llamada guerra comercial se esconde en realidad una guerra tecnológica que es expresión de la desesperación estadounidense por el elevado desarrollo científico chino, que por primera vez en los últimos 130 años ha coloca a la potencia norteamericana en un lugar secundario en este ámbito.

El principal conflicto se ha desatado en torno a la nueva generación de comunicación móvil denominada 5G obtenida por China con un adelanto de 8 meses respecto de Estados Unidos. Vale decir que este país había consiguiendo la primacía en las previas 3G y 4G. La tecnología 5G traerá indudables implicaciones en las actividades sociales, geopolíticas, empresariales y militares al ser 40 veces más rápida que la 4G y tener una capacidad de transmisión de datos ostensiblemente mayor al poder desarrollar a través de ella la conexión de grandes bases de datos, la expansión de aplicaciones de inteligencia artificial, incluyendo robótica de carácter avanzado y la posibilidad de múltiples conexiones ultrarrápidas de internet entre ciudadanos, organizaciones y cosas como dinero móvil, vehículos sin conductores, cirugías a distancia, enseñanza virtual y uso de drones, mucho de lo cual ya está en uso en China.

En la escalada del problema creado, el pasado 12 de mayo el gobierno de Estados Unidos difundió una lista de casi cuatro mil productos chinos a los cuales podría imponer nuevos aranceles, al mismo tiempo el presidente Trump dijo que estaba estudiando la posibilidad de decidir aplicar tarifas del 25% al resto de las mercancías chinas que hasta ese momento no tenían tales gravámenes y que había dado instrucciones para dar los pasos iniciales en esa dirección a partir de lo cual la administración estadounidense dio inicio formal al proceso de aprobación de nuevos impuestos con la publicación de un listado de 3805 categorías de bienes valorados en 300 mil millones de dólares anuales, el cual incluye mercancías como celulares, computadoras personales, leche, acero y aluminio.

De manera frontal, y utilizando un tono inusitado para su tradición diplomática, la respuesta china fue frontal, el martes 14 de mayo el portavoz de la Cancillería, Geng Shuang informó que “"La experiencia anterior fue testimonio de que China no quiere una guerra comercial, pero tampoco tiene miedo de ella; si alguien provoca una guerra en la entrada a nuestra casa, vamos a luchar hasta vencer". Geng también manifestó la esperanza de que Estados Unidos no menosprecie la disposición de China de defender sus intereses. De manera clara, China ha asumido que lo que ha decidido Estados Unidos es la realización de una guerra y como tal se está preparando para defenderse y contrarrestar los efectos de la misma. No hay que olvidar que la guerra es la continuación de la política y Estados Unidos ha decidido una política de confrontación y enfrentamiento para lograr la derrota del enemigo.

Al día siguiente, 15 de mayo, en un editorial titulado: "China ha hecho la preparación integral" leída en el noticiero estelar de la Televisión Central de China (CCTV) el gobierno envió un mensaje al pueblo en el que se informa acerca de de su posición en torno a la confrontación planteada por Estados Unidos. En el mismo se comunica que "…no queremos esta lucha, pero no tenemos miedo y vamos a luchar si es necesario". En el imaginario de los ciudadanos chinos, el trasfondo del conflicto no tiene carácter comercial ni económico, sino que lo ha entendido como una lucha por el honor y en salvaguarda de la integridad del país. El editorial antes mencionado toma nota de este sentimiento y lo manifiesta de la siguiente forma: "Para la nación china que ha experimentado varias tormentas en los últimos 5.000 años, ¿hay alguna situación que no hemos visto antes? En el proceso de la gran revitalización de la nación, tiene que haber dificultades e incluso olas terribles. La guerra comercial provocada por Estados Unidos es sólo una barrera en el camino de desarrollo de China, y no es un gran problema en absoluto".

La respuesta china produjo irritación extrema en Washington, no acostumbrado a que alguien en el mundo le responda de igual a igual, el jueves 16 de mayo, el presidente Trump afirmó que China resultaría gravemente perjudicada si los dos países no llegan a un acuerdo comercial porque las tarifas impuestas por Estados Unidos obligarán a las compañías a trasladar la producción a otros países.

Vale considerar que en su comparecencia ante los medios de comunicación el portavoz Geng había expresado que Estados Unidos no necesitaba preocuparse por la estabilidad de China porque durante las cuatro décadas de desarrollo de la política de reforma y apertura, el entorno de inversión extranjera del país había mejorado continuamente, lo que ha conducido a que China sea uno de los mayores destinos en el mundo para la inversión extranjera alcanzando un nivel récord en diciembre del año pasado.

Este último aumento de las tasas, impulsado por el presidente Trump y los planes de China de contrarrestarlas, han influido negativamente en las empresas estadounidenses afincadas en el país asiático. En ese marco, contradiciendo a Trump quien afirmó que lo que tenían que hacer las empresas estadounidenses era construir sus fábricas o manufacturar sus productos en Estados Unidos, para lo cual no tendrían que pagar ningún arancel, algunas de las principales compañías han dudado de ese ofrecimiento e incluso Exxon Mobil decidió establecer un proyecto de productos petroquímicos a gran escala en China. De la misma manera, la fabricante de vehículos electricos Tesla comenzó oficialmente la construcción de una planta de fabricación en Shanghái, su primera en el extranjero, y la corporación agrícola Cargill decidió ampliar su capacidad de procesamiento central en la provincia china de Jilin en abril. De la misma manera, un grupo de 170 empresas de la industria del calzado encabezadas por Adidas, Nike, Converse, Puma y Clarks entre otras, han enviado una carta al presidente Donald Trump en la que le instaron a reconsiderar los aranceles a los zapatos fabricados en China, al estimar que tal política puede resultar "catastrófica" para "empresas, consumidores y la economía estadounidense en general", considerando que el 72% de los zapatos que importa Estados Unidos, provienen de China.

Tales hechos dan cuenta de que estas empresas, dado su carácter transnacional no necesariamente actúan en sintonía con su país de origen, sino que deciden sus destinos de inversión y eligen a sus socios comerciales a partir de sus mejores intereses en la búsqueda de mayor ganancia. Retirarse de China podría significar para estas empresas la pérdida del mayor mercado mundial, que además está en permanente expansión dados los importantes avances de China en la lucha contra la pobreza y el incremento constante en los niveles de consumo de su población.

Por otra parte, en un esfuerzo por atraer nuevos inversionistas y mantener los que tienen, China continúa reduciendo las limitaciones para la inversión extranjera, reservándose para si, solo las áreas estratégicas de la economía y las que están vinculadas a la industria para la defensa.

En ese ámbito, la nueva Ley de Inversión Extranjera, que entrará en vigencia el 1° de enero de 2020, fomentará más inversiones en China ya que generará una mayor confianza en un entorno estable, transparente, previsible y justo para las inversiones extranjeras. Las medidas para la ampliación y mayor eficiencia (que incluye una fuerte lucha contra la corrupción) en la aplicación de la política de reforma y apertura permitirán además la racionalización y una mayor descentralización en la toma de decisiones incidiendo en la creación de un mejor ambiente empresarial en el país.

En esa medida, Estados Unidos se enfrenta a racionales políticas de Estado asumidas por la dirección china encaminadas a hacer avanzar la economía, evitando en todo momento el conflicto y enfrentándolo solo porque es un escollo que la insensata administración Trump ha planeado como vía para que su país pueda salir del marasmo económico en el que se encuentra.

En ese sentido, los datos que aporta una encuesta realizada entre el 16 y el 20 de mayo de manera conjunta por la Cámara de Comercio Americana en Shanghái (AmCham Shanghai) y la Cámara de Comercio Americana en China, con sede en Beijing (AmCham China) establece con claridad que las medidas tomadas por el presidente Trump están incidiendo negativamente en las empresas estadounidenses que se encuentran en China. La pesquisa da cuenta que el mayor impacto viene dado por el perjuicio a la competitividad de la gran mayoría de los encuestados (el 74,9%), lo cual se ha reflejado en una menor demanda de mercancías, mayores costos de producción y superiores precios de venta de productos que condujeron a mayores costos operativos que tuvieron fuerte impacto en el 45,6% de las empresas que se vieron impelidas a localizar fuentes alternas para la colocación de sus productos.

No obstante, China había tomado medidas en ese sentido, cuya comprensión generó grandes debates en diferentes escenarios, en torno al estado real de la economía china, toda vez que las mismas expusieron que ella se encontraba en un proceso de ralentización indetenible, sin embargo, el gobierno chino explicaba que dadas las dificultades por las que atravesaba la economía global se hacía necesario disminuir las metas en el crecimiento del PIB,  y trasladar el producto que emanaba de esa mengua en el flujo de las exportaciones a su gigantesco mercado interno que todavía posee un gran potencial para absorber los excedentes de producción que el conflicto generado por el gobierno de Estados Unidos podría crear. Así, muchas empresas estadounidenses y de otros países, se han acogido al plan “En China, para China” que consiste en ubicar su producción en el mercado local de un país poseedor de un potencial de 1.4 millones de consumidores. El gigantesco mercado chino es la primera arma que tiene ese país para enfrentar la guerra de Trump…pero no es la única.
(Continúa la próxima semana)
sergioro07@hotmail.com


miércoles, 13 de marzo de 2019

Huawei y la disputa por el mercado internacional de las telecomunicaciones

Por Bruno Lima Rocha:


En el caso de las mujeres, El caso: prisión y represalia 

A pesar de la detención de la directora financiera e hija del fundador del gigante de telecomunicaciones chino Huawei, Meng Wanzhou, pasada casi desapercibida por la prensa brasileña, la disputa ganó los titulares de los periódicos de los medios de comunicación occidentales. Se notó que los medios hegemónicos acabaron por reproducir los intereses de Washington, alegando que la prisión era consecuencia del incumplimiento de las sanciones unilaterales hechas por ese país a Irán, que impiden el comercio con el país medio-oriental. Sin embargo, lo que está en juego es un proceso mucho más complejo y que se relaciona con la actual fase de la política internacional de transición sistémica, así como con la disputa de mercados y con el control de tecnologías disruptivas que pueden representar un cambio en la estructura de poder global. En este ensayo pretendemos discutir los principales intereses detrás de la prisión de uno de los líderes de Huawei, además el actual proceso de disputa por el mercado de las telecomunicaciones global y los efectos en el área de seguridad.


Como ya se mencionó, el 1 de diciembre de 2018, las autoridades canadienses arrestaron a Meng Wanzhou tras petición oficial de las autoridades norteamericanas. La alegación emitida por las instancias judiciales competentes fue que Meng habría sido presa por no respetar el embargo económico aplicado por EEUU a Irán. Inmediatamente Beijing respondió demandando que las autoridades norteamericanas y canadienses liberaran a Meng acusándolos de violar la libertad de la acusada y de no son las autoridades competentes para juzgar el caso por no tratarse de una empresa de los dos países.

Días después, China detuvo a dos ciudadanos canadienses, el empresario Michael Spavor y el ex diplomático Michael Kovrig por estar involucrados en actividades que "ponen en riesgo la seguridad nacional", lo que ha sido visto por muchos analistas como una fuerte respuesta de China a prisión de Meng. Hay que destacar que la prisión llegó luego de que China y EEUU anunciaran una tregua en la Guerra Comercial, lo que llevó a muchos observadores a destacar que podría ser una estrategia del Gobierno norteamericano de romper con el acuerdo anunciado por Trump durante una reunión del G20 en la Argentina.

Los grandes medios acabaron reproduciendo principalmente los discursos de las autoridades norteamericanas y canadienses, pero, en contraposición, consideramos aquí que ese caso representa en realidad la disputa global por el mercado de tecnología en medio del acrecimiento de la competencia hegemónica entre la actual superpotencia, EEUU, y la potencia ascendente, China.

Recientemente Huawei se convirtió en la segunda empresa de teléfonos inteligentes del mundo, pasando a Apple y quedando atrás sólo de la surcoreana Samsung. Además, la empresa anunció proyectos como el desarrollo de la tecnología 5g y su propio sistema operativo, Kirin OS, capaces de poner en jaque la hegemonía de las telecomunicaciones ejercida por las empresas norteamericanas como Google y Apple. En la búsqueda por el mantenimiento del status quo, EEUU infló el discurso que implica a Huawei en sospechas de espionaje y robo de propiedad intelectual, impactando la presencia y expansión de la empresa, por ejemplo, en el continente europeo.

Además, como observamos en la última década con los casos Snowden y el más reciente de Cambridge Analytica, las nuevas tecnologías traen consigo una amenaza securitaria real a las naciones, y la reestructuración de la red actualmente centrada en Estados Unidos debilitar el dominio de ese país en ese campo.

Cabe destacar que Meng fue considerada por parte de los medios chinos como un liderazgo natural para asumir el cargo máximo de la empresa en el futuro. Además, por el hecho de que la empresa es china es evidente que las autoridades norteamericanas no son competentes para juzgar a Meng, además las sanciones unilaterales de EEUU a Irán no forman parte de la ley internacional, lo que no impone ninguna obligación a China. Para sustentar nuestra hipótesis que lo que está en juego no es un caso de respeto a la ley, sino una disputa por el mercado de tecnología, en la próxima parte se busca comprender el desarrollo de Huawei y su inserción internacional, tal como la participación de China en el mercado global de las telecomunicaciones.

La historia de Huawei y el crecimiento chino en el mercado de las telecomunicaciones

A diferencia de lo que se ha difundido en el mainstream, la estrategia de liberalización económica controlada por el Estado chino debe ser vista como una estrategia de desarrollo a largo plazo, atrayendo capital y tecnología extranjeros, con la que Pekín busca reconstituir el sistema sino céntrico característico del período anterior al anterior Siglo de Humillaciones (1839-1949). Tal estrategia acompañada de los incentivos públicos a los grandes campeones nacionales, empresas elegidas para la entrada en el mercado internacional, y al desarrollo de tecnología avanzada que garanticen los intereses de la seguridad nacional, pueden ser considerados los factores cruciales en la consolidación de Huawei entre las mayores empresas de telecomunicación del mundo. Las repercusiones geopolíticas del actual caso involucrando la prisión de la directora financiera de la empresa tienen en las relaciones entre el Estado Chino y el desarrollo de Huawei, ambos ascendiendo en sus posiciones de poder, las raíces primordiales.

En 1988, final del período de liderazgo de Deng Xiaoping, Huawei Technologies Co. fue fundada por el ex oficial del Ejército Popular de la Liberación y miembro del PCC, Ren ZhengFei, en Shenzhen como una empresa colectiva. Su cercanía con la alta cúpula del Partido Comunista permitió mayor acceso a créditos públicos ya contratos con las grandes estatales de la estructura de telecomunicaciones china China Telecom, China Mobile y China Unicom para el suministro de equipos. Es importante destacar esta relación cercana entre la empresa al gobierno chino, ya que éste viene sirviendo como principal argumento para la identificación de Huawei como una amenaza a la seguridad nacional de otros países.

De inicio el diferencial de la empresa se caracterizaba por la producción y reventa de equipos de bajo costo, conquistando el interior del mercado chino y los mercados internacionales de países en desarrollo, primero en el Sudeste Asiático y Asia Central, llegando a América Latina y Oriente Medio. Con su crecimiento, aliado a las estrategias de contratar mano de obra calificada de otras empresas de tecnología y de promover alianzas con empresas de telecomunicación con más know-how, Huawei pasó cada vez más a invertir en Investigación y Desarrollo, creando centros de investigación Investigaciones en diversos países, incluso en los Estados Unidos, y agregando así más innovación y tecnología de punta a sus productos.

A partir de la década de los 90, el Gobierno chino pasó a entender el peso de las nuevas tecnologías para el mantenimiento de un desarrollo económico a largo plazo, ampliando sus incentivos al sector y permitiendo la entrada de empresas extranjeras, incluso norteamericanas. Sin embargo, siempre lo consideró sensible a la seguridad nacional y por eso mismo lo mantuvo bajo el rígido control del Ministerio de Información e Industria. Es en ese período que se formula la estrategia Going Global que busca crear los llamados campeones nacionales para internacionalizarse, cambiando así la imagen de las industrias chinas de meras productoras de bienes de poco valor agregado y baja calidad. Esta estrategia sigue siendo activa y se relaciona con la consolidación de Huawei en suelo europeo que, además de los precios bajos y de la gran calidad de los últimos smartphones, utilizó una política de softpower haciendo donaciones a escuelas de elite, a líderes políticos y la caridad, medidas que han abierto los mercados de países como Alemania e Inglaterra. Además de ella, se beneficiaron de la estrategia las empresas de telecomunicación y productos electrónicos TCL, Lenovo, Xiaomi, Boe Technology a Galanz, ampliando la presencia china en el mercado internacional de tecnología.

La disputa por el mercado global de tecnología y los efectos en el área de seguridad La prisión de Meng, como alegamos, es otro episodio en el proceso de competencia internacional por los mercados de tecnología que tienen profundos efectos en el área de seguridad. Los recientes avances de China en tecnología, sobre todo de Huawei, ejemplifican el potencial de competición de la empresa con las gigantes norteamericanas. Actualmente, el país presenta la mayor población de usuarios de internet del mundo, casi tres veces mayor que la de Estados Unidos, con cerca de 800 mi. En los últimos tres años, la economía china ha producido un tercio del total de los unicornios globales, en gran parte debido al gran complejo de financiación estatal y apertura controlada a la inversión extranjera. Además, la economía digital china representa el 40% de las transacciones globales por Internet, una participación que hace una década era menos del 1%. Con toda esta transformación hacia la producción de tecnologías de punta, China se destaca entre las tres mayores economías que más invierte en BigData, Inteligencia Artificial, y compañías de Fintech.

En esa misma línea, Huawei acabó consolidándose como la segunda mayor empresa proveedora de teléfonos inteligentes del mundo, detrás de Samsung. En un informe anual de 2017, la empresa presenta un crecimiento del 15,7% de los ingresos en comparación con el año anterior, y un aumento de la inversión en Investigación del 17,4%. Por regiones, se observa que la única a tener un considerable retroceso de participaciones en los negocios de la empresa es la estadounidense (América del Norte y Latina) que se quedó con el 6,5% del total, mientras que China permanece como la principal región (50 , 5%), Europa, África y OM en segundo lugar (27,1%) y entonces Asia (12,3%). Su internacionalización, que empezó en mercados de la periferia global, al centrarse cada vez más en mercados desarrollados, encontró la resistencia de grandes empresas de tecnología norteamericanas y consecuentemente de las potencias occidentales amenazadas por la competencia china. Cabe resaltar que recientemente Apple presentó el desempeño financiero más bajo en 16 años y vulnerabilidad debido a la competencia internacional y la guerra comercial.

Además de las ganancias de mercado e innovación, el factor que más produce inquietud en Washington son las supuestas amenazas para las áreas de seguridad causadas por el avance de Huawei y, consecuentemente de China. Como bien se sabe, Estados Unidos tiene el control de la infraestructura internacional responsable de las telecomunicaciones, hecho que otorga al país un gran poder bajo otros estados, incluso aliados. Con la ascensión china en el mercado de telecomunicaciones y la difusión de su tecnología, el poder estadounidense está bajo amenaza.

Este proceso queda aún más claro en la carrera hacia el desarrollo de la tecnología 5g, actualmente liderada por Huawei, que además de permitir una conexión inalámbrica más rápida de carga casi instantánea, representa el avance tecnológico en diversas áreas de la vida humana, conectando en la misma red desde automóviles autónomos hasta el control de sistemas domésticos de iluminación y de ventilación. Esto significa una mayor cantidad de datos sobre la población que se reúnen, posibilitando un mejor direccionamiento de propagandas, mejores prospecciones de políticas públicas o un control social más apurado. . En una reciente nota, un miembro del Consejo Nacional de Estados Unidos, destacó el peligro para los norteamericanos representado por la posición en la delantera de China en el establecimiento mundial del 5g. Con esa ventaja estratégica, según el consejero, Estados Unidos perderá la posición hegemónica en el control del flujo de información. No es casual que los países miembros de los cinco ojos acordaron prohibir productos de Huawei para que así puedan mantener su posición de primacía en el espionaje mundial.

Así, queda claro que la prisión de Meng no está relacionada con el incumplimiento de las sanciones a Irán. Además de ese episodio, un síntoma de la disputa comercial entre China y EEUU, la cárcel tiene un contenido claramente político en la intención de bloquear el avance de la tecnología china sobre todo en un período de declive del poder estadounidense y ascenso chino. Desde una perspectiva más amplia, los EE.UU. a través de la guerra comercial y de otras estrategias buscan limitar el avance chino en la economía mundial. Los dirigentes de la Casa Blanca saben que con el consiguiente desplazamiento de la economía internacional hacia la esfera china dos posturas de política exterior son posibles: acomodación o disputa. Parece que ya han optado por la segunda.

blimarocha@gmail.com