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miércoles, 23 de septiembre de 2020

“Dios los cría y el diablo los junta”

 Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

Hace ocho años, en marzo de 2012, escribí un artículo titulado “El conflicto árabe-israelí. Una falacia imperial”. En dicho texto exponía algunos puntos de vista que causaron mucha polémica e incluso rechazo por parte de algunos lectores. En esa ocasión explicaba que:

“Es común escuchar hablar de un supuesto “conflicto árabe-israelí” No existe tal conflicto, por lo menos en lo que a la mayoría de los gobiernos se refiere. Lo que ocurre en realidad es la confrontación entre los aliados de Estados Unidos y Europa y los pueblos árabes doblemente oprimidos por la intervención imperial en sus territorios en connivencia con sus gobiernos y el carácter represivo, autoritario y antidemocrático de la mayoría de los gobiernos de la región. Es así, que Israel tiene excelentes relaciones con varios gobiernos árabes con los que supuestamente está en conflicto

Israel, las monarquías autocráticas y los gobiernos árabes han establecido una virtual alianza bajo la égida de Gran Bretaña primero y Estados Unidos después, en las que la voluntad  de Palestina por construir su nación, la lucha por la soberanía del Sahara Occidental y el espíritu liberador y democrático de los pueblos árabes más recientemente, han sido, a través de la historia, moneda de cambio para perpetuar el dominio de unos y otros en una lógica imperial que la da a esta región importancia geopolítica trascendental por ser la mayor compradora de armas y la más importante productora de energía del planeta.

La falacia de un supuesto conflicto alimentado desde Occidente no hace más que sostener un mercado vital para el mantenimiento de un modelo de sociedad decadente. Por igual, las satrapías autocráticas árabes y el Estado sionista de Israel se han prestado para ser la comparsa necesaria para la presencia e intervención imperial cada vez que sus intereses se ven amenazados”. Hasta ahí partes del articulo de 2012.

Algunos hechos recientes me han venido a dar la razón, el establecimiento de relaciones diplomáticos del Estado sionista con Emiratos Árabes Unidos y Bahréin con patrocinio estadounidense, ha corroborado lo que es sabido: Estados Unidos está haciendo esfuerzos superiores para construir un gran bloque árabe-sionista reaccionario que sirva como instrumento “amplio” de aplicación de su política en la región encaminada a quitar presión al Estado sionista para que pueda jugar mejor su rol de portaviones de Estados Unidos; destruir al eje de la resistencia vanguardizado por Irán; evitar que los palestinos puedan construir un Estado que por derecho y por historia le corresponde; salvar a sus aliados saudíes y emiratíes de la debacle de sus ejércitos y el desastre de su política en Yemen y, finalmente, proteger de la competencia al mayor mercado importador de armas del mundo, que se sostiene gracias al “conflicto” existente, toda vez que Estados Unidos le vende a ambos oponentes. Es conocido que sin esta industria, su economía no podría sostenerse.

Dhahi Khalfan subjefe de Policía de Dubái, la mayor ciudad de Emiratos Árabes Unidos, ha ejemplificado con una frase el sentir de la plutocracia emiratí respecto de su relación con Israel. En un escrito publicado en redes sociales, el jefe policial dijo que: "9 millones de judíos son mejores que 400 millones de árabes en términos de capacidades científicas, financieras y políticas... la razón está en nosotros y no en los judíos... ¿por qué siempre culpamos al otro?"

Está visto que los intereses de clase son mucho más poderosos que cualquier otro tipo incluso los familiares o los nacionales. En este sentido, los intereses de la ultra derecha sionista que ostenta el poder en Israel son plenamente coincidentes con el de las putrefactas monarquías suníes árabes a pesar que éstas son profundamente anti judías, a diferencia de la corriente chií del islam que no profesa sentimientos en su contra. El secuestro del judaísmo por parte del sionismo fue el primer eslabón adoptado por las potencias imperiales -europeas primero y estadounidense después- para establecer el control moderno del Asia Occidental, región que como se dijo antes, posee las mayores reservas de petróleo y gas del planeta.

Vale decir que la tan publicitada contradicción política entre las corrientes chiíes y suníes del islam, también es un artificio occidental para promover la división entre árabes y musulmanes. En conocido que, por ejemplo en Siria, el presidente Al Assad es alauita, una rama chií minoritaria en el país, mientras que la mayor parte del ejército y toda su plana mayor es suní, lo cual no es óbice para la unidad nacional en contra del terrorismo y el imperialismo.

De la misma manera, (mirado en sentido contrario) se observan las profundas contradicciones entre los gobiernos suníes promotores del terrorismo wahabí de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos en confrontación con los también gobiernos suníes  de Turquía y Catar. Es más, siendo que la mayoría del pueblo palestino es suní, tiene en Irán, Siria y el Hezbollah libanés (todos chiíes) sus máximos aliados.

De esta manera, resulta evidente que el manejo de aparentes conflictos y contradicciones en Asia Occidental, no son más que subterfugios mediáticos occidentales para sembrar odios y segmentaciones, mientras se construyen alianzas entre aparentes enemigos que en realidad constituyen la columna vertebral de la intervención imperial en la región.

Las palabras de Khalfan son expresión de la ignorancia y de un pensamiento racista y clasista basado en una presumida superioridad de algunos árabes respecto de otros. El policía emiratí alimentó su diatriba asegurando que: “…No somos Palestina. Palestina esencialmente, no es un Estado soberano. No tiene moneda, ni ejército, policía, presidente o ministros…”. Sus repulsivas opiniones avergüenzan a toda la humanidad decente, incluyendo por cierto a una buena parte de judíos, sobre todo a los no sionistas.

Su ignorancia no le deja ver a Khalfan que él es jefe de la policía de un país sin historia, toda vez que fue inventado por los colonialistas británicos cuando se retiraron de la región para dejar instaladas monarquías (también inventadas) a las que a cambio de la sujeción a Londres, París y Washington sentaron sobre un mar de petróleo que le proporcionó riqueza y poder,

Pero lo que no pudieron transferir los poderes imperiales a estos ignorantes criadores de cabras del desierto devenidos en millonarios estadistas a los que les regalaron estos países de diseño colonial fue la inteligencia, la cultura y la sapiencia de las grandes civilizaciones persa, mesopotámica y egipcia cuna de algunos de los mayores descubrimientos científicos de la historia antigua. 

Khalfan y todas estas satrapías que hoy veneran a Trump y a Netanyahu ni siquiera son capaces de sentir amor por su religión, por el profeta y sus califas sucesores, haciendo mal uso del culto, solo para nutrir y fomentar el terrorismo, en primer lugar contra sus propios hermanos musulmanes y contra toda la humanidad.

Árabes y judíos son hermanos, tienen un origen común, son semitas, según las escrituras religiosas, ambos pueblos descienden de Sem, uno de los hijos de Noé. Por eso deben vivir en paz, para lograrlo tendrán que seguir luchando hasta derrotar por igual al Estado sionista y a las retrogradas monarquías árabes que hoy se reúnen bajo el alero del Satán que vive en la Casa Blanca de Washington.

sergioro07@hotmail.com

sábado, 11 de noviembre de 2017

Arabia Saudita e Israel: una peligrosa alianza terrorista.

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:

En marzo de 2012, hace cinco años y medio escribí un artículo en el que intentaba desmontar una engañosa idea que ponía y pone el centro del conflicto del Medio Oriente en un lugar en el que no está. Se había cumplido un año del inicio de la llamada “primavera árabe”, y habían transcurrido solo unos meses desde el atroz asesinato de Muamar El Gadafi, la guerra en Siria apenas comenzaba.



Ahí decía “En relaciones internacionales es común hablar de `conflicto árabe-israelí´, sin embargo cuando alguien se introduce con cierta profundidad en el tema verá que ello en realidad hace alusión a la política expansionista del estado israelí en contra del pueblo palestino violando la justa y legítima respuesta de éste.

Lo que ocurre en realidad es la confrontación entre los aliados de Estados Unidos y Europa que pueden ser árabes y/o israelitas y los pueblos árabes doblemente oprimidos por la intervención imperial en sus territorios en connivencia con sus gobiernos y el carácter represivo, autoritario y antidemocrático de la mayoría de los gobiernos de la región. Es así, que Israel tiene excelentes relaciones con una buena cantidad de gobiernos de los países árabes con los que supuestamente está en conflicto.

Israel, las monarquías autocráticas y los gobiernos reaccionarios del Medio Oriente y el norte de África han establecido una virtual alianza bajo la égida de Gran Bretaña primero y Estados Unidos después… La falacia de un supuesto conflicto alimentado desde Occidente no hace más que sostener un mercado vital para el mantenimiento de un modelo de sociedad decadente”.

Todavía en ese momento, era posible disfrazar la realidad, pero las evidencias de hechos recientes, se han encargado de quitar las máscaras y dar la certidumbre de que lo expuesto en aquel entonces, se ha transformado en un escenario triste y lamentable que prefigura los acontecimientos políticos más relevantes del Medio Oriente y del norte de África. La alianza comandada por Estados Unidos e integrada por Arabia Saudita, Israel y casi todas las monarquías del Golfo Pérsico han destapado sus verdaderas intenciones para justificar los más terribles desmanes, el apoyo y protección al terrorismo en Irak y Siria, una despiadada guerra contra el pueblo yemení y las violaciones más flagrantes al derecho internacional y al respeto de los derechos humanos. Sólo en Irak se habla de entre 1.2 y 1.4 millones de muertos, en Siria de alrededor de 450 mil fallecidos y en Yemen de 40 mil, además de la peor crisis humanitaria de la historia reciente en la que se cuentan 850 mil ciudadanos que contrajeron el cólera por las insuficientes condiciones de salubridad, así como 14.8 millones de personas que carecen de servicios básicos de salud y 14.5 millones, de agua potable según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Mientras ello ocurre, los proyectos de la alianza saudita-israelí no han podido ser cumplidos: Bashar El Assad continúa en el poder en Siria y sus fuerzas armadas han derrotado virtualmente a ISIS y a las otras organizaciones terroristas, el ejército iraquí ha recuperado la casi totalidad del territorio nacional, los huthies de Yemen mejoran día a día su capacidad y disposición combativa y comienzan a dar certeros golpes a las fuerzas sauditas invasoras en su propio territorio.

La desesperación ha comenzado a cundir al interior de la monarquía wahabita y el reino comienza a mostrar sus grietas. El brutal dispendio económico que significa mantener el nivel de vida de la familia monárquica, los gigantescos gastos de financiamiento del terrorismo y el mantenimiento de la guerra en Yemen, ha hecho mermar los fondos de las arcas reales. La respuesta ha sido comprar armas a Estados Unidos por valor de 110 mil millones de dólares durante la reciente visita del presidente Trump a Riad¬¬, a fin de intentar dar un vuelco a la situación bélica en el sur de la península arábiga, lo cual parece poco probable. A cambio, el presidente estadounidense se ha comprometido a dar carta blanca a todas las acciones de la alianza saudita-israelí en la región.

De la misma manera, se han tomada una serie de medidas de carácter interno a fin de intentar mantener la cohesión social y la gobernabilidad del país, ante las cada vez mayores manifestaciones de descontento popular que han llevado a incrementos de la represión, sin temor a críticas por el apoyo occidental a tales prácticas. Buscando dar salida a la tensa situación, el rey Salmán destituyó a quien había nombrado como sucesor, para designar en su lugar a su hijo Mohamed Bin Salmán, a quien además le concedió la titularidad del ministerio de defensa, por lo cual le ha correspondido dirigir la desastrosa campaña de Yemen.

Con el objetivo de dar un carácter institucional al relevo en la máxima jerarquía del gobierno, el 4 de noviembre pasado, el rey creó un Comité anti corrupción poniendo al frente, al mismo Príncipe Mohamed, quien como una manera de abrirse paso a su futuro reinado y en lo que en los hechos, ha sido un auto golpe de Estado, mandó a detener a 201 altos cargos del gobierno, las fuerzas armadas, gobernadores provinciales, y empresarios a quienes se le confiscaron o congelaron alrededor de 800 mil millones de dólares que pasarán a las arcas del Estado, a fin de permitirle al príncipe pagar deudas, dar continuidad a la guerra en Yemen y  financiar el terrorismo, después que el gobierno monárquico se vio obligado a recurrir  a los mercados crediticios y a los fondos de su reserva nacional, para contener la acelerada crisis de su economía. Los empresarios detenidos, algunos de ellos considerados entre los mayores millonarios del reino y del mundo, están siendo sometidos a apremios y torturas para que declaren dónde se encuentran sus capitales, que necesitan ser repatriados a Riad. Entre estos magnates arrestados se encuentran los propietarios de algunas de las principales cadenas de medios de comunicación del mundo árabe: MBC, ART y Orient. Con estas acciones, el príncipe heredero se garantizó el control de las finanzas, los medios de comunicación, las fuerzas armadas y los gobiernos locales, completando de esa manera un exitoso e incruento autogolpe de Estado.

Con el objetivo de “lavar la cara” de la monarquía y mostrar una faz más agradable al mundo, Mohamed ha perseguido y reducido a líderes wahabitas radicales, intentando revelar una posición modernizante en los marcos de una lógica occidentalizada, lo que permite entender las razones del diseño de su programa estratégico denominado “Visión 2030” encaminado a remozar la economía saudita, elevando sus niveles de producción industrial y tecnológico, con el fin de reducir la dependencia de la producción petrolera.  

En el trasfondo, lo que subyace, es el impacto en la monarquía del incremento e intensificación del prestigio de Irán en desmedro de su propia capacidad de influir en los acontecimientos políticos de la región. Para ello, con la congratulación y el visto bueno de Estados Unidos ha dado un paso audaz, al establecer una alianza estratégica con quien supuestamente era su adversario histórico: Israel. Así, ha configurado un esquema a partir de la común enemistad de ambos regímenes con Irán, acusándolo de estar tras los últimos y exitosos ataques de las fuerzas militares yemeníes conducidos por el movimiento Ansar Allah que le han permitido consolidar las acciones bélicas en la profundidad del territorio saudita.

Así mismo, buscando crear un nuevo escenario de conflicto que le proporcione la segura intervención de Israel y el afianzamiento de una alianza con el régimen sionista, Arabia Saudita forzó la inexplicable renuncia del primer ministro libanés Saad Al Hariri, mientras visitaba Riad, para mantener consultas con el gobierno, actuando como si fuera el embajador saudita en Líbano y no el jefe de gobierno de un país independiente. Aunque Hariri es un antiguo aliado de la casa Saúd, que suministró importante ayuda financiera para el imperio empresarial de su familia, informes provenientes de la región afirman que el primer ministro libanés está secuestrado en Riad, sin poder regresar a su país. La extraña justificación para su renuncia fue que el movimiento Hezbollah libanés intentaba asesinarlo, sin presentar ninguna prueba de tal acusación, la cual fue inmediatamente desmentido por el propio líder de la organización Hasan Nasrallah. La monarquía saudita en un acto de extrema y absurda impotencia declaró que el Líbano le había declarado la guerra, sin que mediara argumento alguno que sostuviera tan grave imputación. El objetivo final es la creación de condiciones para una nueva invasión sionista a El Líbano, de manera de involucrar a Hezbollah en tal conflicto desviándolo de su misión de apoyo al gobierno sirio en la lucha contra el terrorismo.

Cuando pareciera que el terrorismo está siendo definitivamente derrotado en Irak y Siria, la alianza saudita-israelí, podría estar creando en el Líbano un nuevo frente de guerra en el Medio Oriente, y con ello, otro incendio incontrolable para Occidente, que tendrá que valorar que tal conflagración se producirá en una zona aún más cercana a Europa, en la misma frontera del régimen sionista y contra la única fuerza que lo derrotó en el pasado. 

sergioro07@hotmail.com