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miércoles, 8 de abril de 2020

Colombia y Estados Unidos, las dos puntas del laberinto: Drogas, corrupción y política



Por Sergio Rodríguez Gelfenstein:
Tal vez no haya una “actividad comercial” donde la ley madre del capitalismo, la de la oferta y la demanda se manifieste con tanta precisión como en el narcotráfico. La demanda y la oferta de drogas se han relacionado de manera óptima para dar la eficiencia infinita que a través del tiempo ha mostrado esta actividad, creciendo permanentemente desde los años 80 del siglo pasado, haciéndose tan lucrativa que no habido manera de interrumpirla.


Como apunta Alain Labrousse en su interesante libro “Geopolítica de las drogas” el final de la guerra fría trajo la “democratización” de los estupefacientes que comenzaron a ser utilizadas como instrumento en la mayoría de los conflictos.

Pero, en la relación droga-conflicto el papel fundamental lo juega el factor de los beneficios, en particular en lo referido a la cocaína y el opio. Estados Unidos ha estacionado su ejército en los dos países para asegurar un tráfico ordenado y controlado. Así, desde su invasión a Afganistán en 2001 y del inicio del Plan Colombia a fines del siglo pasado, la producción, transporte y distribución del opio producto de la amapola y la cocaína proveniente de la coca, ha crecido exponencialmente desde estos dos países, mayores productores mundiales de esas sustancias respectivamente.

Según Labrousse, citando fuentes de Naciones Unidas el aumento de los beneficios viene dado por los obstáculos a vencer para trasladar la droga desde el país productor hasta el consumidor. Dicho de otra manera, el control de los intermediarios encarece el costo, de esta manera, por ejemplo para producir 1 kg. de cocaína colombiana en 2005 se necesitaban 200 kg. de hoja de coca que le significaba al campesino 400 dólares. A partir de ahí se inicia el ciclo: 1 kg. de pasta base costaba 800 dólares; 1 kg de clorhidrato de cocaína a la salida del laboratorio, 500; 1 kg de clorhidrato pagado al exportador colombiano, 5.000; 1 kg. pagado al importador al por mayor en Miami, 10.000; precio al por mayor en New York, 15.000; la venta al menor generaba ingresos de entre 150.000 a 500.000 dólares por el mismo Kg. de cocaína.

Al campesino le queda entre 0,00027 y 0,00080 de la ganancia total, a su vez el exportador colombiano (ahora mexicano) obtiene entre 0,01 y 0,03% del valor final del producto. Es decir, más del 99% de los ingresos que genera el tráfico de cocaína queda en Estados Unidos. Valdría la pena preguntarse ¿dónde está ese dinero?

La única vez en la historia que el gobierno de Estados Unidos intentó hacer una investigación seria respecto del flujo de dinero del narcotráfico por su sistema financiero fue en 1979 cuando ante el incremento de la entrada de capital en la banca de Miami, planificó la “Operación Greenback”, cuyo objetivo era supervisar los bancos norteamericanos que manejaban el dinero de las drogas. La operación fue cancelada sin explicaciones en 1982 por el zar anti drogas George H.W.Bush durante el gobierno de Ronald Reagan. Evidentemente una investigación a fondo hubiera hecho pública la colusión de los propietarios de la gran banca del país con el narcotráfico. Nunca más se ha vuelto a hablar del tema.

En una amplia investigación del periodista mexicano J. Jesús Esquivel materializada en su libro “Los narcos gringos” se explica porque jamás se habla de carteles estadounidenses de la droga, simplemente no existe una estructura piramidal ni capos como en Colombia o México. Eso no significa que no haya estructuras delictivas operando para distribuir las drogas, si las hay, solo que en Estados Unidos, se llaman brokers.

El broker es una persona que actúa de manera independiente como intermediario entre el productor y el distribuidor o vendedor a cambio de una cuota del producto. La particularidad del broker del narcotráfico es que no tiene lealtades específicas, trabaja con el que mejor le pague.

Esquivel entrevistó a Oscar Hagelsieb, agente especial del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos quien le informó que en ese país este negocio no es tan estructurado como en México, pero que al no existir carteles, su estructura es más compleja, porque se encargan del transporte, distribución y venta de las drogas dentro del país. El broker siempre opera fronteras adentro, la responsabilidad de ingresar la droga es del cartel mexicano o colombiano, por eso cuando se logra capturar un cargamento en la frontera o en el mar, nunca hay ciudadanos estadounidenses involucrados Según Hagelsieb, los carteles dejan la droga casi siempre en “casas de zonas urbanas de la clase media alta de los estados de la frontera sur: California, Arizona, Nuevo México y Texas…”

Este agente se queja de que los brokers actúan con facilidad gracias a los medios de comunicación, a los libros que se escriben sobre el narcotráfico y a las películas y series de televisión o telenovelas que nacen del contenido de libros que le enseñan a los narcotraficantes estrategias para actuar y evadir la ley.
Hagelsieb admite sin vacilaciones que la narco corrupción no es un fenómeno exclusivo de Colombia o México, en Estados Unidos también existe. Y afirma contundente que “ sin corrupción del narcotráfico, no habría drogas en las calles estadounidenses o por lo menos no en las mismas cantidades”. Califica este fenómeno como un “problema grave” en su país.

En el libro de Esquivel se afirma que los narcos gringos y mexicanos “tienen en sus nóminas a agentes aduaneros de Estados Unidos, de la patrulla fronteriza, de la DEA y de las policías locales; si esto no fuera una realidad, sólo entrarían en la Unión americana los narcóticos que pasan sin ser detectados por las regiones de la frontera más inhóspita…”

Así, el libro permite comprender una infernal mezcla de narcotraficantes, autoridades corruptas, consumidores y medios de comunicación que desde diferentes escenarios coadyuvan a mantener el negocio. No hay duda que hay policías honestos que han luchado e incluso han dado la vida combatiendo al flagelo, pero el principal enemigo contra el que chocan es el de los altos intereses de corporaciones financieras y de otro tipo que necesitan sostener un mercado hoy imprescindible para la economía de Estados Unidos. Las casi 80 mil personas muertas al año por consumo son solo un daño colateral calculado que además el país necesita para justificar el mantenimiento de sus bases militares y del Comando Sur de las fuerzas armadas de Estados Unidos a fin de sustentar su política agresiva e intervencionista en la región.

Eso es lo que ocurre del lado de la demanda, en el otro extremo, el de la oferta, la situación no es muy auspiciosa. Precisamente, el consumo y la disponibilidad de cocaína en Estados Unidos han seguido creciendo como consecuencia de la expansión de los cultivos ilícitos y la producción de droga en Colombia. Desde el año 2013 se ha producido un incremento sustancial en este sentido. La producción mundial de cocaína en 2016 alcanzó el nivel más alto jamás registrado, con unas 1.410 toneladas.

Esto llevó al gobierno de Estados Unidos a decir en octubre de 2017 que  la cocaína de Colombia seguía siendo una "amenaza" para Estados Unidos, donde según la DEA su disponibilidad y consumo había aumentado "significativamente" en el último año, al anticipar un fortalecimiento de las mafias colombianas en el corto plazo. Según el informe, el número de hectáreas de coca en el país aumentó en 11% durante 2017, para llegar a 209.000, cifra que constituye un récord histórico.

Por su parte, el Informe Mundial sobre Drogas de la ONU en 2018 expone que “la producción y el mercado mundial de opio y cocaína se encuentran en máximos históricos”. El informe destaca que la producción "estuvo mayormente liderada por el incremento de la elaboración de cocaína en Colombia, que produce cerca del 70% de la cocaína mundial". Para la década de 2008 hasta 2017, asevera el informe, se registró un aumento del 50 % en la producción de cocaína, alcanzando un récord de 1.976 toneladas. Un claro crecimiento si se compara con la cifra dada por la DEA para el año anterior.

El informe de “Monitoreo de Territorios Afectados por Cultivos Ilícitos 2017” revela que las áreas netas con cultivos de coca en Colombia, calculada en 2016 a 2017, aumentó 17%, pasando de 146.000 hectáreas a 171.000 hectáreas. En el año 2019 llegó a 212.000 hectáreas

William Brownfield, un ex diplomático estadounidense vinculado al sector más extremista del Departamento de Estado donde llegó a ser Subsecretario para Asuntos Internacionales de Drogas y que siempre manejó este asunto a partir de criterios políticos  en una entrevista con el periodista Sergio Gómez Maseri para el diario el Tiempo de Bogotá  en octubre de 2017 reconoció que Estados Unidos ha tomado variadas medidas a lo largo del tiempo para evitar el ingreso de drogas a su territorio pero siempre ha sido infructuoso: “… lo intentamos en los 80 sellando la entrada por el Caribe con aviones y guardacostas. Se redujo bastante, pero los narcos decidieron moverse entonces a la izquierda, hacia Centro América y México”. Nótese cuando dice a la izquierda”, se refiere al oeste, se alejaron de Venezuela, cuando la DEA los quiso hacer volver, llegó Chávez y nunca más se pudieron acercar con eficacia. Lo dicen todos los informes de la ONU y de la misma DEA

A continuación, Brownfield afirmó que en ese momento [año 2017] su país tenía una muy buena relación de trabajo con México, que es donde se está produciendo la droga que llega a Estados Unidos. En la misma entrevista aseguró que en Estados Unidos “la demanda no ha crecido de manera significativa en estos cuatro años. Ha crecido entre un 20 o 30%, comparado con el 2013, frente a un aumento de más del 200% de la producción”. Es decir para este alto funcionario del gobierno de Estados Unidos que el consumo de drogas crezca solo un 20 o 30 % es visto como un éxito. De ahí que afirmamos que los muertos por el consumo de droga sean aceptados como  un daño colateral necesario.

En todo caso, valdría la pena preguntarse por qué si la DEA afirma que el 90% de la cocaína que ingresa a Estados Unidos proviene de Colombia, Brownfield asegura que la producción ha aumentado 200% y el consumo solo 20 o 30%, ¿quién está mintiendo o al menos falseando las cifras? ¿Brownfield y el Departamento de Estado o la DEA?

En ningún momento de esta larga entrevista, Brownfield que profesa un odio irracional hacia el el gobierno de Venezuela, y que ha llamado a derrocar al presidente Maduro por cualquier medio, en ningún momento menciona a Venezuela ni en lo referido a producción, tampoco en cuanto a transporte o distribución.

En este sentido, desde el año 2017 las alarmas se habían encendido en otras latitudes. El Departamento de Estado ubicó a Colombia en un informe como el primer productor mundial de cocaína, responsable del 90% de la droga que llegaba a Estados Unidos. Dice en una de sus partes: “Los cultivos de coca en Colombia aumentaron un 39% en 2014 y 42% en 2015. Pasó a 159.000 hectáreas, uno de los máximos récords. Un aumento de casi un 100% desde 2013. (...) El número de muertes por sobredosis en Estados Unidos por cocaína en 2015 fue el más alto desde 2007”.

Se ha incrementado tanto la demanda de drogas que el presidente Donald Trump se ha visto obligado a pronunciarse sobre el tema. Sorprendentemente primero señaló su descontento con los escasos resultados de su homólogo colombiano Iván Duque en la disminución del tráfico de drogas ilícitas hacia Estados Unidos y, segundo, amenazó a México con la imposición de aranceles a los automóviles y el cierre de la frontera, si en el plazo de un año no se acaba el tráfico de drogas hacia su país. En ambos casos cuenta con cifras que sustentan sus argumentos, lo que no ha podido hacer con Venezuela, a la que se refiere con una retórica política intervencionista que pretende usar el tema de las drogas y la putrefacción de la sociedad estadounidense que él mismo reconoce, como instrumento de amenaza, chantaje y presión.

En el caso de la oferta, también responde a criterios económicos y se forma de vida de las fuerzas armadas colombianas que reciben ingentes recursos sin control para su ineficaz lucha contra el narcotráfico. El veterano periodista colombiano Francisco Thoumi afirmó en un artículo para la revista Semana en mayo de 2019 que la producción de cocaína en Colombia durante los últimos 40 años se había aceptado como algo obvio, partiendo de la idea de que mientras haya demanda por cocaína en algún lugar del mundo, siempre habrá oferta. Por consiguiente, “¿si alguien la va a producir, por qué no nosotros?”.

En esto de la relación imprescindible entre oferta y demanda de drogas se debe recordar el razonamiento de Gustavo Díaz Ordaz quien fuera presidente de México entre 1964 y 1970, cuando dijera: "Si México es el trampolín de la droga, es solamente porque Estados Unidos es la piscina”. Solo basta sacarle el agua y el trampolín quedará inhabilitado.
sergioro07@hotmail.com

miércoles, 18 de septiembre de 2019

La criminalidad de Trump y sus vasallos en América Latina



Por Diego Olivera Evia:(*)
Nuevamente el terrorismo de EEUU y el Grupo de Lima

La historia del patio trasero de EEUU, concebido en el Siglo XX fue impulsado por el Plan Condor, y desarrollado por Herri Kissinger creo una crisis de violencia, asesinatos, violaciones, torturas y desaparecidos, hasta seres humanos tirados al Rio de la Plata y el Rio Uruguay, esta década de terror y crisis económica, fue implantado por los militares, de Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia, en el Cono Sur, creando una guerra de asesinatos, como el del presidente Salvador Allende, como la muerte de miles de latinoamericanos, para crear un modelo neoliberal a sangre y fuego, para ampliar los objetivos de EEUU, de controlar a los movimientos revolucionarios y la propuestas alternativas al modelo capitalista de las trasnacionales, como Monsanto que enveneno, a la naciones de América Latina con transgénicos glifosato, como la creación de químicos naranjas, impulsados en Viet Nam, sin poder derrotar a esta nación de un pueblo libre y la defensa de su nació.


Hoy la realidad se maneja bajo el mismo concepto, de que dominar a los países latinoamericanos, la realidad de Trump aplica duras sanciones, a países centroamericanos les anuncia que cortará la ayuda económica, a México le amaga con cerrar la frontera, a Colombia le espeta que “no ha hecho nada” contra el narcotráfico, pero esta realidad de Colombia es que produce la droga, para los estadounidenses, y la DEA que hace la vista gorda, a los hijos de Marihuana y cocaína, la cual ha sido considera por el payaso presidente, Duque que una reunión se refirió  a la droga como el modelo productivo, pero la realidad es que el estado es criminal, terroristas a través de sicarios y paramilitares, realmente un estado criminal.

Cuba esta amenazada por la ley Helms-Burton (sus antecesores presidentes suspendieron su aplicación), autorizando demandas contra empresas extranjeras que se beneficien de propiedades expropiadas a estadounidenses, tras la revolución de 1959, a lo que se opone la Unión Europea que teme que sus inversiones en la isla sean afectadas y se produzca una ola incontrolable de litigios.

Por su parte el terrorista Trump ha creado un ataque a los organismos de integración de la región, comenzando por Mercosur, Unasur y siguiendo por la Celac, con la complicidad de los gobiernos neoliberales de la región. Pero no ha logrado que estos países lo acompañen en su agresión militar contra Venezuela y, prácticamente ha hecho que su manipulable Organización de Estados Americanos (OEA) se convirtiera en un jarrón chino, sin poder lograr consenso para imponer sus políticas. Según una encuesta de Gallup, la popularidad de Trump en Latinoamérica es de tan solo el 16 por ciento. Las cifras indican que la región no quiere a Trump, que la utiliza como una “bolsa de boxeo”, especialmente a México, Cuba y los países centroamericanos, a los que llegó a llamar “países de mierda”.

Trump recortó el presupuesto de asistencia para América Latina, pero pidió reservar 500 millones de dólares para financiar a la oposición venezolana. El plan incluye un recorte del 23 % para el Departamento de Estado y la Agencia para el Desarrollo Internacional (Usa id), que ahora cuentan con 52.000 millones de dólares aprobados por el Congreso y a los que Trump desea sumar 40.000 millones de dólares.

Unos 209 millones de dólares de esos fondos irían a parar a Colombia, que actualmente cuenta con 143 millones de dólares. Colombia es considerada tradicionalmente por EEUU como su aliada más leal en Sudamérica. El Plan Colombia, dirigido a estabilizar a un Estado debilitado a lo largo de décadas por el conflicto armado, ha sido alabado como uno de los mayores éxitos de la política exterior estadounidense en los últimos años.

Para América Latina, los objetivos centrales son, precisamente, los temas que resultan determinantes para Trump (comercio, medioambiente y migración), tanto frente a sus votantes como en lo que se refiere a su posicionamiento internacional. Por ello, es casi inevitable que haya un conflicto de intereses permanente.
Y pese a la retórica agresiva y racista de Trump, la política exterior en la región está marcada por una continuidad respecto de las medidas bilaterales y multilaterales del gobierno de Barack Obama. Para el gobierno de Trump, el eje de todas las consideraciones políticas es el «poder de caos» de América Latina. Desde su campaña electoral, el tema central fue el freno a la inmigración, marcado ya por el gobierno de Obama. Su aplicación significó millones de deportaciones (sobre todo a México y Centroamérica) y la reducción en 30% la inmigración ilegal en la frontera con México (cifras de en 2017).

En su relación bilateral con distintos países, lo que más parece interesar a Trump es lograr ventajas competitivas para las empresas estadounidenses en los mercados internacionales y contribuir así a reducir el déficit comercial crónico de su país. En ninguno de los casos se vislumbran «medidas defensivas» efectivas por parte de América Latina para atenuar los efectos asimétricos; y es algo que aparece como poco factible debido a la falta de cohesión regional estimulada por Washington.

Nuevamente el terrorismo de EEUU y el Grupo de Lima
El Grupo de Lima, que este lunes emitió en Chile una declaración que califica al Gobierno venezolano como “una amenaza a la paz y la seguridad internacionales” y convocó a otros países a sumarse al cerco contra Caracas, “reiteró una vez más sus propósitos injerencistas” en contra de Venezuela, plegándose a las “instrucciones perversas de Estados Unidos”, denunció el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel.

A que agrego que “El Grupo de Lima reiteró una vez más sus propósitos injerencistas contra el Gobierno de Venezuela y señaló una supuesta influencia negativa de #Cuba. Nuevamente siguen las instrucciones perversas de los #EEUU. Nuestra respuesta es #Dignidad contra Doctrina Monroe #Somos Cuba”, publicó Díaz-Canel en su cuenta de Twitter.

El Grupo reiteró este lunes sus propósitos injerencistas contra el Gobierno de Venezuela y propuso a otras naciones e instituciones sumarse a su empeño por derrocar a las autoridades del país sudamericano, en una declaración de 17 puntos.

La declaración, firmada por los representantes de los gobiernos de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay y Perú y de la proscrita Asamblea Nacional de Venezuela, pretende responsabilizar de la actual situación interna de Venezuela al gobierno de ese país, al que califica de “una amenaza a la paz y la seguridad internacionales, con efectos regionales y globales”.

Igualmente, llama a la comunidad internacional a adoptar sanciones contra el gobierno de Nicolás Maduro y poner a disposición del apócrifo gobierno -inexistente- de Juan Guaidó los bienes pertenecientes al pueblo venezolano en el extranjero.

Esa petición, que viola directamente la soberanía venezolana y las leyes internacionales, se contradice con otro de los puntos en el cual los firmantes dicen apoyar “un proceso pacífico de recuperación” de la democracia y del Estado de derecho en la República Bolivariana de Venezuela, conducido por los propios venezolanos en el marco de la Constitución y el derecho internacional.

Estos conceptos han mostrado la realidad antidemocrática del Grupo de Lima, un modelo apócrifo no avalado por instancias legales, solo actúan en función de la ordenes del terrorista Donald Trump, presidente inmoral y mentiroso, que no cumple sus acuerdos y denigra a los presidentes del Grupo de Lima, acusándolos de perritos, ante la exigencia de un presidente inmoral, que no respeta a la mujeres y abusa de ellas, además ha sido acusado de pederasta, con este currículo podemos entender, los secuestros de niños de inmigrantes, abusando en cárceles de menores, con mamelucos rojos, siendo estos menores separados de sus padres, y hacinados en barracas y alambres, lo que demuestra que EEUU es un estado terrorista e inhumano.

(*) Periodista, politólogo y analista internacional
diegojolivera@gmail.com

sábado, 4 de mayo de 2019

Colombia: El presidente Iván Duque en su laberinto



Por: Tony López R.:

A solo nueve meses de ejercer la presidencia en Colombia, el señor Iván Duque Márquez, ha venido enfrentando diversos y muy complejos temas de carácter económico, político y social que lo ha introducido en un verdadero laberinto.  El tema político, tal vez el más grave por lo indigno, es recibir severos regaños del presidente Donald Trump, regaños que no solo humilla al inquilino de la Casa de Nariño, sino que también insulta a Colombia y a su noble pueblo, al colocarlo en la lista de un país malévolo y considerarlo  causante de proveer la droga en su país y que afecta muy seriamente a la población estadounidense donde se calcula que un 20 por ciento de su población es adicta a las droga.
Ha sido costumbre de los distintos gobiernos de Estados Unidos, culpar a otros de sus males y ofender no solo a Colombia, decir públicamente que los países latinoamericanos y sus hijos, son delincuentes, drogadictos, violadores, como lo ha expresado Trump, sobre los migrantes mexicanos y centroamericanos, es ofensivo y humillante. Los Gobiernos que se respeten como el de López Obrador, que dio merecida respuesta, deben contestar a tamaña insolencia, porque ofende a la dignidad de nuestros pueblos.


Pero, ni los gobiernos anteriores, ni el de Trump, tomaron, ni este, ha tomado medidas drásticas y serias para combatir a los carteles de la Drogas en San Francisco, Los Ángeles, New York, Miami, Boston, Chicago, Filadelfia entre otros y cuyos integrantes y jefes son norteamericanos y no latinos.  Muy grave es la denuncia que en 1996 hizo el periódico San José Mercury, de California, cuando publicó una investigación de Gary  Webb,  en tres partes, los días 18 al 20 de agosto de 1996,  en ella da  a conocer que capitaneado por el entonces vicepresidente George W Bush, las Fuerza Democráticas Nicaragüenses (FDN), entre 1981 al 86 inundaron de cocaína y crack a Los Ángeles, cuyo objetivo era recaudar cientos de millones de dólares para financiar la guerra contra el gobierno sandinista. 

Se conoce por el diario californiano que Donald Gregg, asesor de seguridad nacional del vicepresidente Bush, el teniente coronel Oliver North y el ex oficial de la CIA el cubano americano Félix Rodríguez Mendigutia, negociaron con el cartel de Medellín, la compra de varias toneladas de cocaína, que ingresaban a las bases de San Diego, California, a través de aviones de la Fuerza Aérea estadounidense, procedentes de las bases de Palmerola en Honduras y de Ilopango en El Salvador.
La respuesta, a este comercio de droga protegida por los Gobiernos estadounidense, es muy clara y sencilla, el trafico y venta de estupefacientes en Estados Unidos, Europa y Asia, ingresan anualmente entre 600 y 800 mil millones de dólares y los más favorecidos son los grandes centros financieros de Wall Street. Eso explica la indulgencia o la inacción de las agencias especializadas como la DEA, cuya función no es reprimir, sino persuadir y de colaboración con los carteles a ellos subordinados para atacar a los carteles que no dominan.

Es plenamente público que, con el apoyo de la Policía Nacional colombiana, los paramilitares y el Cartel de Cali, la DEA los usó contra Medellín y no precisamente por el tráfico de cocaína de dicho Cartel, sino porque su jefe Pablo Escobar, comenzó a introducirse en el mercado interno en los Estados Unidos y eso no podían permitirlo los carteles gringos. Pablo había descubierto que las mayores ganancias estaban en el comercio al detalle.

La molestia de Trump, no creo que sea el de la droga, me queda claro que el asunto está más vinculado a presionar a Duque para que acepte usar el territorio colombiano para atacar a Venezuela.  Cierto es que  el gobierno de Duque se ha sumado decididamente a combatir al gobierno legítimo y democrático de Venezuela, estableciendo una alianza  con el gobierno de Estados Unidos para derrocar a Maduro, pero Duque públicamente a declarado que desde territorio colombiano  no se producirá ninguna intervención militar, seguramente porque conoce que dentro de las Fuerzas Militares colombianas, existen sectores en el Alto Mando de las FF.MM,  con mucha reserva de participar en esa aventura, los motivos son varios, entre otros:

Estados Unidos, dice tiene todas las opciones sobre la mesa, incluida la intervención militar. Solo que no quieren sean sus militares los que pongan el pecho a las balas, sino terceros que hagan el trabajo sucio y luego ante un supuesto éxito, venir a usurpar el poder y apropiarse de las riquezas venezolanas.
Las FF.MM colombianas saben que las Fuerzas Armadas Bolivarianas, (FANB) y sus medios de combate, aéreos, navales y terrestre, están equipados con la más alta tecnología militar rusa, además entrenados en estrategia y táctica de combate regular e irregular, no así las colombianas.

Otro elemento es el psicológico y político, un ataque de los militares colombiano a Venezuela, sin que medie una confrontación entre ambas naciones, los convertiría en un ejército de mercenarios y sus soldados, clases y oficiales no tendrían la moral y el coraje del Ejército Bolivariano que lucha por su país con coraje, valentía e impedirían a cualquier costo que botas extranjeras pisoteen su sagrada patria.

Los venezolanos cuentan con dos millones de milicianos y apoyo popular y no es así en Colombia, donde las FF:MM recibirían el repudio y el rechazo a intervenir en una nación que no representa un peligro para los colombianos y los inmiscuye en una guerra que no les pertenece, una nación vecina que siempre ha estirado la mano amiga y la de mantener buenas y pacificas relaciones. Paz, es hoy lo que el pueblo colombiano está clamando, paz y no más guerra.

Las FF.MM colombianas saben y son conscientes que una intervención militar desde su territorio hacia Venezuela, le permite al gobierno y Estado venezolano, adoptar la legitima defensa y por lo tanto, así como los atacan, la FANB tiene todo el derecho de repeler la agresión y atacar las posiciones enemigas y al territorio de donde es atacado. Eso ya convierte este conflicto en un escenario regional cuyo alcance nadie puede predecir y más bien extenderse más allá de Venezuela y Colombia, conflicto donde hasta los Estados Unidos podrían recibir serios castigos porque los pueblos están hartos de tantas humillaciones, abusos y de la descarada política injerencista de Washington en sus asuntos internos.

De otra parte, el gobierno de Duque, sabe que el Grupo de Lima se ha manifestado por una solución dialogada y pacifica entre venezolanos sin intervención militar y que a pesar de los ingentes esfuerzos de Luis Almagro en su condición de Secretario General de la OEA quien siguiendo las ordenes de Departamento de Estado, no ha podido, ni imponer la Carta Democrática, ni el apoyo del Grupo de Lima a una acción militar. Tampoco tiene el apoyo de toda la OEA, pues solo 12 países conforman el Grupo de Lima, de los ahora 33 países que la integran, luego de la digna salida de Venezuela de la OEA, lo que política y diplomáticamente aislaría a Colombia internacionalmente de una buena parte de los países de la región, también de la Unión Europea que se opone rotundamente a una acción de fuerza. Y muy importante se enfrentarían a dos grandes potencias que no pueden dejar de tomar en cuenta como es Rusia y China.

Los otros grandes problemas a los que se enfrenta el presidente Duque y que no son menores, es la exigencia del pueblo colombiano respecto al cumplimiento de los Acuerdos de La Habana.  A la hora de escribir este artículo no se ha podido llegar a un acuerdo entre el Senado y el Gobierno respecto a las seis objeciones que plantea el presidente Duque a la Justicia Especial de Paz (JEP), algo insólito porque se conozca, nunca luego de un acuerdo en el senado, se había pedido repetir la votación, porque el presidente duque   había perdido, el solo hecho de repetirla ya es un insulto y una violación a la democracia. Ahora será la Corte Constitucional la que debe tomar la decisión, la que le resultará muy difícil resolver lo contrario, a lo que ya esa misma Corte había aprobado.

Otros problemas del gobierno, está relacionado a la inacción de la fuerza publica ante la descarada manera de cómo actúan impunemente los paramilitares y los carteles de la droga en Colombia, culpables de la ola de asesinatos a lideres sociales que ya suman más de 670 dirigentes asesinados. Y a 130 ex guerrilleros desmovilizados de las FARC y 15 de sus familiares, incluyendo a un bebe de 7 meses de nacidos, acribillado a balazos en La Guajira y el caso de Didier Torres en el Catatumbo.
Los graves problemas en el bajo Cauca y la Minga, un tema no solucionado y con muy malos augurios para las etnias colombianas. La crisis con el sector de la educación y estudiantil y no menos grave es la crisis que se ha creado en Cúcuta, con un grupo de desertores del ejército bolivarianos, alentados por el fantoche y auto proclamado Guaidó y abandonados a sus suerte en la frontera, dejándole ese clavo caliente a su amigo el presidente Duque quien seguramente por órdenes de Washington, cual títere del impero respalda.

Esperemos a ver como sigue está historia del presidente colombiano, porque el fracasado intento de Golpe de Estado, del pasado 30 de abril, ahora no se sabe dónde se refugió el autoproclamado, al parecer como una rata, anda huyendo y su amigo el asesino Leopoldo López asilado en la embajada de España.

En fin, serios y graves problemas deben enfrentar el presidente Duque, cuya popularidad está en los niveles más bajo al que haya llegado un presidente en Colombia. Al parecer el camino no está limpio, el laberinto por donde tiene que transitar es complejo y plagado de grandes escollos, porque por último Duque debe saber que para autorizar el ingreso de tropas extranjeras a Colombia para atacar a un país vecino debe contar con la aprobación de las 3 cuarta parte del Senado y al parecer lo está incumpliendo, pues se conoce que actualmente hay numerosos altos mandos militares del Comando Sur de los Estados Unidos en Colombia.

¿Duque apoyará la petición de Trump, de aceptar que tropas de las FF.MM colombianas, o tropas mercenarias, contratadas por Estados Unidos, usen el territorio colombiano, en franca violación a la Carta de las Naciones Unidas, desacatando al Consejo de Seguridad y a la propia Carta de la OEA de la cual Colombia es miembro? ¿Será capaz Duque de asumir tamaña responsabilidad?

jorgarcia726@gmail.com

martes, 16 de octubre de 2018

La farsa norteamericana dela droga


Por: Antonio Caballero
Históricamente, y colectivamente, los Estados Unidos son los responsables del consumo masivo de drogas.
Dice un artículo de esta revista (Semana, de Colombia): “El Departamento de Estado (de los Estados Unidos) ubicó a Colombia en un informe como el primer productor mundial de cocaína, responsable del 90 por ciento de la droga que llegó (el año pasado) a los Estados Unidos”. [Pero…]

No: los Estados Unidos son los responsables del ciento por ciento de la droga que llega a los Estados Unidos, y de la que se produce allá (marijuana, opioides de diseño) y se exporta al resto del mundo. Este año, el año pasado, y todos los años anteriores desde hace más de medio siglo.

Históricamente, y colectivamente, los Estados Unidos son los responsables del consumo masivo de drogas. Lo inventaron ellos a través de sus tropas en la guerra del Vietnam, de donde regresaron adictas a la marihuana y a la cocaína; a través de sus hippies, a través de sus músicos, a través de sus yuppies de Wall Street, a través de sus estrellas de Hollywood. A través de lo que sus politólogos han llamado el “soft power”, el poder blando, el poder cultural. Y en el otro extremo del asunto, económicamente, los Estados Unidos son los principales beneficiarios del consumo masivo de drogas en el mundo: en Colombia, en Europa, en la China, en el África, en Rusia, y, para empezar y volver al principio, en los propios Estados Unidos. Se calcula que el 90 por ciento de las ganancias del narcotráfico terminan en los bancos de los Estados Unidos. Y políticamente: la “descertificación” para los países que en opinión del gobierno de los Estados Unidos no colaboran como ellos consideran debido en la lucha frontal y universal contra la droga es una de las herramientas que tienen y usan para controlarlos bajo una apariencia de defensa de la virtud.
Los Estados Unidos son, pues, la raíz y el teatro principal del narcotráfico mundial. Y, sin embargo, son a la vez el único país del planeta en donde, por lo que hemos visto en el último medio siglo, no hay narcotraficantes: todos los que hay, y que las autoridades de los Estados Unidos capturan, juzgan y condenan, o reclaman en extradición a los demás países, son colombianos, o más recientemente mexicanos, y ocasionalmente peruanos u hondureños o guatemaltecos, o últimamente generales venezolanos, o mafiosos sicilianos o rusos o marselleses, aunque nunca chicagüenses o neoyorquinos, y en caso extremo israelíes de la Costa del Sol española, o gallegos, o marroquíes, o libaneses.

Pero nunca se ha dado el caso de que un pulcro aduanero norteamericano, o un incorruptible policía norteamericano, o un limpio capitán de lancha guardacostas norteamericano, o un transparente juez norteamericano, o un impoluto banquero norteamericano, y mucho menos un patriótico político norteamericano, y ni siquiera un fotogénico mafioso norteamericano como los que interpretan en el cine Marlon Brando o Robert de Niro, para no hablar de un músico rockero o de un creativo publicitario norteamericano, haya tenido algo que ver con esa gigantesca importación de drogas de Colombia (y de Perú y de México, y de Afganistán y de Laos), que entra al supervigilado territorio norteamericano como por arte de birlibirloque, burlando la aviación y la marina más poderosas del mundo, los satélites espías, los radares, las cámaras, y saltándose los muros de contención que desde hace treinta años (pues no es ocurrencia de Donald Trump) se construyen en la frontera con México para aislar de las corrupciones del mundo al país de Dios, que son los Estados Unidos.

Una vez un par de diplomáticos norteamericanos, los esposos Hiett, coronel de la DEA él y encargado en Colombia de perseguir el narcotráfico, y su mujer, funcionaria de la embajada de los Estados Unidos en Bogotá, fueron descubiertos contrabandeando cocaína a los Estados Unidos por valija diplomática (miren ustedes, si quieren, mi artículo en esta misma revista titulado ‘Digo mú’ (*), de hace dieciocho años: mayo del año 2000): los condenaron a una multa y unas semanas de trabajo comunitario. A sus proveedores, colombianos ellos, a quince años de cárcel).
Hace un mes detuvieron a un sargento norteamericano que enviaba a su tierra 40 kilos de cocaína en un avión militar desde una de las siete bases colombianas a que tienen acceso los militares de los Estados Unidos: valdría la pena saber si lo han llamado a juicio.

Otra vez, también en Bogotá, y en las propias oficinas de la embajada norteamericana, un agente de la DEA mató a tiros a otro agente de la DEA por una disputa sobre un alijo de cocaína, que los dos reclamaban. No pasó nada: tanto el muerto como su asesino gozaban de inmunidad diplomática. ¿Y qué pasó con la droga del alijo en disputa? No se supo.

¿Han visto ustedes qué pasa con los alijos de droga que ocasionalmente incautan las autoridades antidrogas de los Estados Unidos? ¿Los queman? ¿Se los fuman? ¿Los revenden?
No: no lo han visto ni ustedes ni nadie: es secreto de Estado. Pero tal vez los guardan. Se dice, aunque no me consta, que en no sé qué desierto de Arizona o de Nevada existe un gigantesco Fort Knox blindado y fortificado que en vez de lingotes de oro custodia decenas de miles de toneladas de droga, para cuando haga falta.

Y sin embargo, la Casa Blanca del presidente Donald Trump acaba de sacar un documento en el que acusa una vez más a una veintena de países de ser los responsables de la producción y exportación de drogas que envenenan a la inocente juventud norteamericana, y entre ellos no figuran los Estados Unidos, que son el principal.

Menciona, eso sí, la paternal preocupación de Trump por la epidemia de muertes por consumo de opioides artificiales, sin señalar que los tales no se producen ni en Afganistán ni en Birmania ni en Colombia, sino en los laboratorios farmacéuticos de los Estados Unidos, y se distribuyen allá con autorización de la Food and Drug Administration, y bajo receta médica.

No son los campesinos cocaleros. Ni siquiera son los perversos narcos. Ni siquiera nuestros abyectos gobiernos. No es el presidente Iván Duque, tan servil como todos sus predecesores desde hace cincuenta años: desde que la prohibición norteamericana de la droga existe. No es el embajador Pachito Santos garloteando en Washington contra la droga sin darse cuenta de lo que significa lo que dice…
¡Son los Estados Unidos…!!!
Es su más vil crimen imperial…

sábado, 22 de septiembre de 2018

Colombia Sigue siendo el mayor productor de coca y de cocaína del mundo


Por Iván Oliver Rugeles:

Según cifras de la ONU, en 2017 el incremento respecto de 2016 fue de 17% en el cultivo de hoja de coca y 37% en la fabricación de cocaína

A finales de 1998 los Estados Unidos le impuso a Colombia el llamado Plan Colombia que luego pasó a ser llamado, por paradójico que parezca, Plan Patriota, en el cual se acordó como objetivo prioritario acabar en ese país con el cultivo de la hoja de coca y la fabricación de la cocaína y para ello se estableció en sus dispositivos que los Estados Unidos instalaría en su territorio una batería de bases militares, que terminaron siendo nueve una vez que Álvaro Uribe Vélez asumió la presidencia en el 2002, más la concesión que éste añadió otorgándole inmunidad total y absoluta a los integrantes militares y civiles gringos que serían los responsables del funcionamiento y operaciones de  esas instalaciones militares, a costa de despojar a su país de la soberanía que todo país libre y digno la tiene, la conserva y la cuida como el legado más sagrado de sus héroes patrios…

Transcurrido ya más de 20 años de la firma de ese convenio, la única realidad que hoy vemos de sus resultados es que en lugar de haber extinguido todo vestigio de esa maldita droga, lo que hizo fue potenciar tanto el cultivo de la planta, como las capacidades para su procesamiento, al punto de que Colombia, según cifras de la ONU, informadas hace escasas horas por su organismo especializado, la Oficina contra la Droga y el Delito (UNODC), continúa siendo el mayor productor del mundo, tanto de la hoja de coca, como de la elaboración de la  cocaína (https://www.elcomercio.com/actualidad/colombia-mantiene-mayor-productor-cocaina.html) y los EE. UU., por su parte, el mejor de sus clientes, pues se ha incrementado su consumo, de forma bárbara, a lo interno de ese país…

De manera que a la vista está que el referido convenio muy lejos ha tenido como objetivo perturbar el gran negoción que ha sido históricamente para nuestro vecino el cultivo de la hoja de coca y la fabricación de la cocaína, el cual representa para su economía el 2,5% del PIB

(https://lta.reuters.com/article/domesticNews/idLTAKBN1JT2OP-OUSLD),así como para quienes los distribuyen allende sus fronteras, sobre todo para los Estados Unidos, país que ocupa el deshonroso primer lugar en el mundo como el que más consume estupefacientes. Según  cifras oficiosas obtenidas en la red, se estima que la cantidad de consumidores en ese  país ya superan los 27/30 millones habitantes...

Ante esa verdad acerca de los fines de Plan Colombia o Patriota, queda demasiado claro hasta para el mayor de los indiferentes, que los Estados Unidos ha estado convencido, tal y como lo expuso el Ponente de dicho Plan en el Congreso estadounidense, el Senador Republicano Paul Coverdale, en 1999 que: "Para controlar a Venezuela es necesario ocupar militarmente a Colombia" y, luego de que dicho Plan fue aprobado, algo más de un año más tarde (en abril/2000), agregó: "Aunque muchos ciudadanos teman otro Vietnam, resulta necesario, porque Venezuela tiene petróleo. Venezuela tiene animadversión por Estados Unidos, éste debe intervenir en Colombia para dominar a Venezuela. Y puesto, que Ecuador también resulta vital, y los indios de allí son peligrosos, los Estados Unidos, también tienen que intervenir ese país. (…) Si mi país está librando una guerra civilizadora en el remoto Irak, seguro estoy que también puede hacerlo en Colombia, y dominarla a ella y a sus vecinos: Venezuela y Ecuador” (https://www.mail-archive.com/marxism@lists.econ.utah.edu/msg01095.html)

Por ello no cabe duda alguna de que la militarización yanqui de Colombia tiene en la mira a nuestro país, por lo que es más que evidente que esas bases no se instalaron allí para acabar, como ya dijimos, con el gran negocio de la producción de la cocaína, sino para ponerle la mano a nuestro país en el momento en que el Poder Industrial y Militar de los EE UU lo considere conveniente, pues, -como vemos- no descartará las operaciones militares que sean necesarias. No olvidemos que somos la primera reserva de petróleo del mundo y el mismo Coverdale resaltó en sus declaraciones citadas que los EEUU libró una guerra por ello en Irak, para añadir seguidamente: "seguro estoy que también puede hacerlo en Colombia, y dominarla a ella y a sus vecinos: Venezuela y Ecuador..."

De manera que, más allá de que esas bases militares en el territorio de nuestro vecino Caín, hayan sido instaladas con ese objetivo, hoy los venezolanos todos tenemos que mantenernos en alerta máxima y dejar muy en claro a los pueblos del mundo que no somos mochos y advertirle desde ya al Señor Duque, a quienes como él pudieran intentar lanzar la aventura de invadir nuestro país y a sus amos del norte, que sepan que aquí los esperamos y eso sí, que se preparen, porque puede ser que logren colarse  por algún lado de la extensa frontera que nos separa, pero que jamás podrán salir ilesos de nuestro sagrado territorio…!!!  
      
rioliverr@gmail.com