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sábado, 30 de noviembre de 2019

Nuestras vidas y el insustentable futuro capitalista



Por Homar Garcés:
El derretimiento acelerado de los glaciares como consecuencia de la actividad humana destructiva sobre la naturaleza hace prever a científicos y grupos ambientalistas una catástrofe de proporciones globales irreversibles. A esto se une lo que viene ocurriendo desde hace décadas en el vasto territorio de la Amazonía, víctima constante de la voracidad de hacendados y mineros que ven en su ocupación y explotación indiscriminada la manera segura de enriquecerse; contando para ello con la desidia y el beneplácito de algunos gobiernos de la región. Ambos hechos han condenado a la extinción a una infinidad de especies animales y vegetales, lo que escasamente ha merecido la atención de los medios de información más influyentes existentes, como de los gobiernos, de las principales naciones capitalistas desarrolladas.


Una situación que se repite sin alteración (salvo cuando esta es extrema) desde que en la década de los 80 se puso de manifiesto la gravedad representada por los niveles crecientes de polución y de reducción de la capa de ozono. En el caso concreto de la Amazonía, según datos aportados por algunas entidades públicas y privadas -estudiosas de los graves efectos de los incendios, las talas, el extractivismo y las labores agropecuarias que allí tienen lugar- estos adquieren un mayor impacto en aquellos espacios protegidos donde habitan pueblos originarios, muchos de las cuales son ordinariamente acosados y desalojados a la fuerza. Otro tanto puede afirmarse respecto a Centroamérica, México, Colombia o Filipinas donde ecologistas y dirigentes campesinos son asesinados, sin una acción efectiva del Estado para evitar y castigar tales delitos. En cualquier caso, el afán desmedido de ganancias que impulsa al sistema capitalista en general ha conducido a la humanidad entera a una situación difícil de sobrevivencia.

Durante la última Cumbre de Acción Climática realizada se puso de relieve -quizá con más apremio que antes- la comprensión de la unidad existente entre los derechos humanos y la crisis ambiental. Esto, como bien lo señalan muchos analistas sobre este tema, impone una acción global urgente que, en un primer momento, disminuya el incremento de la contaminación ambiental, lo cual, a su vez, exige la implementación de medidas continuas que coadyuven al establecimiento de nuevas relaciones de producción; lo que debiera conducir a largo plazo al reemplazo del capitalismo como sistema económico hegemónico por uno más racional y equitativo.

En afirmación de István Meszáros en su libro El desafío y la carga del tiempo histórico. El socialismo en el siglo XXI, “lo que resulta sistemáticamente ignorado -y que, dados los inalterables imperativos fetichistas e intereses creados del capitalismo mismo, tiene que ser ignorado- es el hecho de que, inexorablemente, vivimos en un mundo finito, con sus límites objetivos literalmente vitales. Durante largo tiempo en la historia humana, incluidos varios siglos de desarrollos capitalistas, fue posible ignorar -como en verdad ocurrió- esos límites con relativa seguridad. Sin embargo, una vez que ellos se hacen firmes, como categóricamente tienen que hacerlo en nuestra irreversible época histórica, no existe sistema productivo irracional y despilfarrador, sin importar cuán dinámico sea (de hecho, mientras más dinámico peor), que pueda escapar de las consecuencias. Tan sólo podría ignorarlos por algún tiempo, mediante una reorientación hacia la despiadada justificación del imperativo más o menos abiertamente destructivo de la autopreservación del sistema a toda costa: predicando la conseja de ‘no hay ninguna alternativa’, y, ya en ese espíritu, dejando a un lado o, cuando no haya necesidad, eliminando brutalmente incluso las señales de alarma más obvias que presagian el insustentable futuro”.

Ello supone acceder a una visión de la sociedad radicalmente distinta. No únicamente a la que debiera existir bajo el imperio del mercado y la expansión desarrollista del capitalismo. Frente a semejante realidad, se hace imperiosa la instauración de un modelo económico social, autónomo y solidario, en armonía con la madre naturaleza y con la existencia humana, con patrones diferentes de progreso y, por ende, de consumo; todo ello como la última (si no, la única) opción de la humanidad para continuar morando en toda la faz de la Tierra. 

mandingarebelde@gmail.com


sábado, 31 de agosto de 2019

El incendio en la Amazonía es la punta del iceberg del calentamiento global



Por Rolando Prudencio Briancon:
No deben pasar ni 10 años cuando la Cumbre de Tiquipaya se sostenía que el incremento de la temperatura alcanzaría 2 grados centígrados debido a las actividades que dentro el modelo de desarrollo capitalista, principalmente se desarrollan; y hoy no sólo que estamos sintiendo esos síntomas, sino que el desastre medioambiental que vendrá a consecuencia del incendio en la Amazonía, es apenas la iniciación de un infierno que vivirá el planeta.



La verdad es que no se trató de una desesperada ni demagógica declaración la que se emitió en aquella Cumbre, o que la misma era tan acomodaticia con las aspiraciones de las corrientes contrahegemónicas de entonces, sino que ya se esbozaba -incluso mucho antes, desde Kioto- que ya es hora de que los efectos del calentamiento global se hagan evidentes.

Es cierto que cada crisis trae consigo una oportunidad de poner orden al desorden. Vale decir que dentro la tesis del “caos constructivo” del ideólogo de esta corriente (Brezsinky Zbigniew); es necesario que se generen las condiciones, esta vez de generar una crisis medioambiental para el reposicionamiento de la hegemonía estadounidenses, y que se dé a partir del control de una de las mayores fuentes de biodiversidad del planeta; pero sobre todo del agua dulce, como es la que existe en la Amazonía.

Vale decir que no sólo es el costo -y que lo debe tener cuantificado quienes han diseñado esta estrategia de recolonización del Amazonas- medioambiental, que a partir de una afinidad política entre ambos presidentes que siguen una corriente ideológica similar como Trump y Bolsonaro; sino que la estrategia va en sentido de tener un aliado para reeditar la doctrina Monroe de: “América para los americanos”.
No en vano Trump como Netanyahu son los únicos presidentes que ha respaldado a Bolsonaro; y que después de las destempladas declaraciones que lanzó tratando de buscar culpables en las ONGs; así como también sarcásticamente asumiéndose como el Nerón del Amazonas; son los dos que lo apoyan abiertamente.

Por ahora es enorme la cortina de humo que está dejando y dejará el incendio en el Amazonas, pero éste no es más que la punta del iceberg de los efectos dramáticos que el planeta comenzará a vivir después de este ecocidio.

prudenprusiano@gmail.com

miércoles, 28 de agosto de 2019

El incendio en la Amazonía y el giro geopolítico de la hegemonía de los EE. UU



Por Rolando Prudencio Briancon:
El fuego ha sido en la historia de la humanidad un elemento que en sí representó y representa: energía, voluntad, ímpetu, etc., para emprender las acciones más audaces y efectivas que la humanidad ha desarrollado. No menos cierto ha sido también el poder que para someter a los demás se ha usado.

De igual modo ha sido el poder que surdiéndolo se ha usado en contra de uno mismo para luego culpar al adversario. Así por ejemplo sucedió durante el imperio romano, cuando Nerón incendió Roma para culpar luego a los cristianos y desatar una implacable persecución. Vale decir el fuego, así como ha representado poder para emprender las más audaces acciones, también ha servido para someter a los demás.


Hechos recientes como el auto atentado a las Torres Gemelas en Nueva York el 9/11 del 2001 se podrían registrar como otra acción en la que el fuego alumbró para la humanidad un otro momento, un otro ciclo para que la hegemonía estadounidense se reprodujera de forma radical, a partir de demagógicamente declararse la guerra contra el terrorismo, como parte de la nueva geopolítica genocida y global de George Bush. Es importante insistir en lo “demagógico” de la estrategia de la hegemonía estadounidense, por cuanto para la opinión pública ha quedado claro que se trató de un auto atentado. Lo mismo para la opinión pública ha sido el otro revelador hecho como aquel artero argumento de Armas de Destrucción Masiva que sirvió para atacar a Irak el 2003, y que se inscribe en una igual impostura que el del ataque del 9/11.

En ambos episodios las estrategias se los EE.UU., no ha buscado sino endurecer su hegemonía, “inventando al enemigo”, construyendo al contrincante contra quien justificar luego su poder de fuego. Han sido en esa tesis que son los terroristas quienes le han servido no sólo como chivos expiatorios, sino anecdóticamente de aliados a la vez como en el caso del auto atentado las Torres Gemelas. O el caso de enemigo necesario que correlativamente ha construido, como en del su momento les fue funcional a su poder de fuego Alqaeda, y hoy es el ISIS.

Decía que si bien el terrorismo les ha sido funcional a su poder fuego; hoy los EE.UU., que siguen necesitando de ése enemigo íntimo; son otros los interese que le preocupan para reproducir su hegemonía, y estos tienen que ver con el control -como ha sido el petróleo en la guerra contra el terrorismo- del ecosistema del planeta; pero sobre todo con un recurso mucho más vital que el petróleo, que no es sino el agua dulce, ya que viene siendo un secreto a voces generalizado que las próximas guerras en el planeta se darán por el agua; al margen de la disponibilidad que se tenga sobre otros como la biodiversidad, la fauna, la flora etc.; abundante en la Amazonía y que al parecer es el nuevo centro geopolítico capital clave en disputa para la hegemonía estadounidense. Un dato que no puede dejar de tomarse en cuenta es el que la Amazonía es un territorio al que los EE.UU., lo considera como parte de un territorio que debe ser controlado por ellos; al extremo que en sus escuelas estadounidenses se enseña el mapa del Brasil amputado de su territorio del Amazonas.

Puede ser una incendiaria hipótesis la que me lleva a plantear que el planeta hoy se encuentra nuevamente en un punto inflexión en el que, por el nivel irreversible del deterioro medioambiental en el Amazonas, que es el “pulmón del planeta”, se trame el relanzamiento de la hegemonía estadounidense. 

prudenprusiano@gmail.com


sábado, 24 de agosto de 2019

Bolsonaro con políticas que anteponen el desarrollo económico a la conservación del planeta



Por Sylvia Ubal:
Alemania y Noruega han negado sus subsidios de protección para la Amazonía

Desde hace 17 días, la Amazonía de Brasil viene sufriendo múltiples incendios sin precedentes que afectan los bosques. La actual situación, producto de los siniestros forestales, está preocupando a millones de personas, ya que las consecuencias de la emergencia viene perjudicando al pulmón del planeta.
El fuego ha arrasado ya con más de 500 mil hectáreas de bosques, cultivos y pastizales, generando además contaminación por monóxido de carbono en zonas colindantes. Como también ha llegado a las ciudades fronterizas con Brasil como lo es Perú y Bolivia ya han sido declarados en emergencia y alerta ambiental debido a la vasta presencia de humo


Los incendios son tan intensos que se pueden ver desde el espacio, ya que han generado una gruesa capa de humo sobre un área de alrededor de 1.2 millones de millas cuadradas. Por ahora se desconoce si el fuego fue causado por la actividad agrícola o la deforestación. Ambientalistas y expertos señalan que las afectaciones a la Amazonia se han incrementado desde que Jair Bolsonaro asumió en enero la presidencia en Brasil.

Bolsonaro, y se ha caracterizado por su posición radical frente a esta zona, a través de la cual ha incitado a las diferentes industrias a quemar la vegetación para despejar la tierra y hacer uso de ella, prometió desarrollar la región amazónica para la agricultura y la minería, por lo que ha sido duramente criticado, incluso fuera del país, así como por despreocupación ante los incendios y la defensa del medio ambiente.
 El mandatario ultraderechista dio a conocer su sospecha de que muchos de los incendios pudieron ser provocador por ONGs en “guerra” contra su gobierno. “Puede estar habiendo, sí, puede, no lo estoy afirmando, una acción criminal de esos ‘oenegeros’ para llamar la atención contra mi persona, contra el gobierno de Brasil. Esa es la guerra que estamos enfrentando”, dijo Bolsonaro.

La víspera el #PrayForAmazonia se viralizó en las redes sociales como una muestra de la preocupación por la Amazonía, en llamas desde hace tres semanas, y la falta de acción de Bolsonaro. La Amazonia se extiende a lo largo de 7.4 millones de kilómetros cuadrados por Brasil, Colombia, Perú, Ecuador, Venezuela, Guyana y Surinam. Brasil, con selvas tropicales que se extienden sobre 6.7 millones de kilómetros cuadrados, alberga la mayor parte, con más de 60 por ciento dentro de sus fronteras. Además, la Amazonía es el hogar de 34 millones de personas, incluidas 385 comunidades indígenas.


¿Qué hay detrás de este aumento de incendios forestales en la Amazonia?
¿Tiene que ver con las altas temperaturas, los vientos más fuertes de este año u otra cosa? Los vientos en esa parte de la Amazonia y en la época del año que estamos no son tan fuerte, entonces no son incendios forestales naturales sino inducidos por el hombre, generalmente por agricultores, ganaderos y las trasnacionales.

Para Bolsonaro, dice la razón de los incendios que es la "temporada de la 'queimada", es decir, cuando los agricultores usan fuego para limpiar la tierra. Sin embargo, en la agricultura moderna no necesitan usar fuego para limpiar la tierra de pastoreo o la tierra de cultivo después de una cosecha.

Sin embargo, sus detractores lo acusan de favorecer la deforestación con políticas que anteponen el desarrollo económico a la conservación del planeta. Y no tiene ninguna intención de cambiarlas. Para reforzar su tesis, Bolsonaro citó que su Gobierno ha "cortado el dinero público que iba para las ONG" que operan en la región amazónica, con proyectos "supuestamente" volcados al cuidado del ecosistema. "De esa forma, ese personal está sintiendo la falta de dinero", agregó el gobernante de ultraderecha, quien apuntó que ahora la tarea de las autoridades es determinar si los incendios en el mayor pulmón del planeta han sido provocados.

Alemania y Noruega han negado sus subsidios de protección para la Amazonía. ¿Cuánto afectará eso a la tarea de conservación en la región? Las subvenciones eran muy importantes. Esos fondos de Noruega y Alemania eran fundamentales para demostrar cómo podía seguir desarrollándose la Amazonía sin talar bosques, sin incendios y empoderando a las comunidades locales. Así que creo que sería muy negativo para el futuro de la Amazonía si nosotros, los países amazónicos, en particular Brasil, perdiéramos ese apoyo de otros países que demuestran que hay alternativas. Dado que los políticos en el poder en muchos países amazónicos no comparten esa visión, es importante que estos países reciban ayuda internacional

"Sacamos dinero de las ONG. De las transferencias de fuera [para la protección de la Amazonía], el 40% iba para ONG. No tienen más. Acabamos también con las transferencias de órganos públicos [a las ONG]", dijo.  Ante esto, WWF-Brasil lamentó "la nueva tentativa del presidente Jair Bolsonaro de desviar el debate legítimo de la sociedad civil sobre la necesidad de proteger la Amazonía y, de combatir, en consecuencia, la deforestación que origina los incendios desproporcionados ".

Bolsonaro ha despedido al director del instituto de investigación porque denunció los más de 72.000 incendios que se han producido en el país en lo que va de año. El pasado 02 de agosto de este año fue publicado un informe del director del INPE, Ricardo Galvao, reportó un total de 72 mil 843 incendios en el país desde enero pasado, lo que indica la cifra más alta desde que la agencia de investigación espacial inició los registros en 2013. " La selva del Amazonas no solo se está viendo amenazada por la desaforada tala de árboles de los últimos años, a un ritmo que no se había visto en la última década, sino que ahora es el fuego el que está destruyendo 'el pulmón del planeta' a una velocidad récord: solo en lo que va de año se han producido más de 40.000 incendios en la zona de la Amazonía brasileña,

Estos datos  no le han gustado al presidente brasileño, Jair Bolsonaro, y en respuesta  lo despidió por dicha publicación del informe, acusándole de fabricar los datos a base de mentiras.

Sin embargo, el gobierno brasileño ha aprobado la tala y remoción del suelo de una enorme área amazónica para la minería. El área de 46.000 kilómetros cuadrados se extiende a los estados del norte de Amapa y Pará. Se sospecha que allí hay ricos depósitos de oro, cobre, mineral de hierro, manganeso y otras materias primas.

Son muchos los que apuntan al presidente brasileño como culpable de la situación. Los activistas medioambientales le acusan de haber abandonado los controles en la Amazonía desde su llegada al poder, lo que estarían utilizando tanto las industrias madereras como otras empresas para atacar la selva más importante del mundo.
De igual manera, resalta que los cultivos de aceite de palma y la soja han tenido un papel importante en los daños ocasionados a la Amazonía. Incluso, el organismo pronosticó que su crecimiento sería uno de los más rápidos en la región.

Otro de los grandes problemas es la riqueza de minerales e hidrocarburos de esta zona. Según el documento, el 15% del bioma amazónico tenía concesiones mineras y contratos para la extracción de petróleo y gas. Adicional a esto, más de 800 concesiones mineras se otorgaron en áreas protegidas y, en ese entonces, había. 6.800 solicitudes pendientes de aprobación.
“Si no se adelantan políticas y estrategias para reducir la deforestación en el bioma amazónico, para el 2030 la Amazonía puede perder el 27% (alrededor de 85,4 millones de hectáreas de bosques). Desde el año 2000 hasta 2013 la Amazonía perdió el 4,7% de sus bosques”, señaló WWF. 

Otra de las industrias que amenaza la existencia de la Amazonía son los proyectos de energía hidroeléctrica. En el 2016, la ONG alertó que en ese momento había unas 154 represas para la producción de energía y estaban planificadas para su construcción 227. "El aumento de las represas en la Amazonia amenaza el flujo natural de sus ríos, altera los ciclos naturales y pone en grave riesgo especies como los delfines y peces migratorios. El suministro de agua para las comunidades locales y el transporte de alimentos, también se ven afectados por cuenta de la producción de energía en la selva amazónica", asegura la ONG.
Sus árboles producen un 20% de la cantidad de oxígeno que hay en la atmósfera de la Tierra, lo que los convierte en vitales para frenar el cambio climático y las consecuencias del calentamiento global.

sylviaubal@gmail.com

sábado, 14 de abril de 2018

Una primavera de millones de Lulas


Por Ilka Oliva Corado:

Para  1958,   fue descubierta casi por casualidad y en su propio hábitat,  la cronista y poeta de la favela, Carolina María de Jesús; quien se encargó de retratar en su diario  su día a día: la vida  en  las favelas de Brasil. Una realidad  cruda, de miseria, de abuso, de exclusión y; una realidad, también, de sueños, de lealtad y de amor puro. Muy poco conocida en Latinoamérica, Carolina Maria de Jesus plasmó en sus letras la esencia de los arrabales brasileños, mismos que  en ferviente amor han salido a las calles a defender a un obrero que los dignificó y les devolvió la voz y el poder de los sueños: Lula.



Para entender el corazón del arrabal  hay  que vivir sus carencias, sus llantos, sus frustraciones y sus ilusiones. Lula viene de ahí, del olvido, de la explotación, de la caricia de las  manos ajadas que cuentan historias de  poesías que se escriben en el viento, del lugar donde nacen las quimeras más sublimes  que se han gestado en América Latina.

 El amor del pueblo brasileño hacia Lula no es de hoy, ese amor tiene la raíz de los árboles que embellecen la Amazonía,  la frescura del río Paraná  y la inocencia de las crías  de pies descalzos que juegan fútbol en  los potreros.  La vid de las mujeres  que construyen y transforman el Brasil que enorgullece la herencia afro descendiente  latinoamericana.

 Esa realidad  de los arrabales que supo retratar a la perfección María de Jesús,  cambió cuando Lula y Dilma fueron presidentes,  la favela se convirtió en el seno de una lucha de clases, en el bastión  de una revolución cultural que le sigue apostando  a la transformación de Brasil, la favela entonces pasó a ser protagonista de su propia metamorfosis y es imparable, la primavera en Brasil es impostergable, nada ni nadie podrá detenerla: los campos florecerán como las flores de las diez con el rocío de la alborada,  aunque en las calles lluevan metrallas. 

 Las montañas verde botella harán eco de los riachuelos de aguas serpentinas que buscan encontrarse con el mar despierto, con el océano fecundo,  para regresar  al litoral por donde caminan  miles de Lulas, que bajan por las calles  de las favelas para hacer de Brasil  la primavera de una Latinoamérica que busca su propio albedrío.

A Lula se le encuentra en los brazos tostados   de los que cortan caña de sol a sol,  en el lomo partido de los que cargan bultos en los mercados, en las manos rajadas de los albañiles, en la palabra de los jornaleros. En las manos creadoras de los artistas callejeros.

A Lula se le encuentra en el dulce de los mangos tropicales, en la sombra de las palmeras y en el agua de los cocos, en los caminos enlodados de los campos abiertos, en la cima de los cerros, en el filo del machete del campesino, en la bruma de las tardes de domingo. En el canto de las aves, en la cáscara del encino, en las manitas de las niñas que aprenden a escribir. A Lula se le encuentra en cada letra de la poesía de Carolina Maria de Jesus. En las gargantas  fértiles de la juventud que sale a las calles a gritar desde la boca del volcán,  anunciando  enardecida, la llegada de la primavera.

 A Lula se le encuentra en las venas de los parias, venas que hacen de Latinoamérica un inmenso río amazónico  que nutre a pueblos enteros,  pueblos que vienen caminando, descalzos,  bailando con batucadas, en busca de la reverdeciente primavera que los espera con la belleza de las flores en botón.

cronicasdeunainquilina.com

viernes, 10 de noviembre de 2017

El ensayo de invasión de una “América Unida”

Por Homar Garcés:
Amazon Log 2017 

Bajo la excusa de realizar el control de la migración ilegal, la asistencia humanitaria, mediaciones de paz, lucha contra el narcotráfico internacional y la protección del ambiente, Amazon Log, el más reciente de los ejercicios militares conjuntos ejecutados por las fuerzas armadas del imperialismo gringo en Sudamérica (ubicado en la ciudad de Tabatinga, fronteriza con Leticia, en Colombia, y con Santa Rosa, en Perú), tiene por epicentro el amplio territorio de la Amazonía. Previamente, durante el transcurso de 2017, los estrategas del Comando Sur han desplegado sus tropas en ejercicios militares en la jurisdicción territorial de las islas de Barbados, de Trinidad y Tobago, el espacio aéreo de Colombia, y las costas de Chile y del Perú, en lo que muchos han interpretado como preparativos para una intervención directa -respaldada por los gobiernos conservadores o derechistas de la región- en los asuntos internos venezolanos, al mismo tiempo que se logra la restauración de la hegemonía perdida (o disminuida) en las dos últimas décadas por Estados Unidos; acentuando su presencia militar en el continente.


Si existe alguna duda al respecto, habría que recordar que entre el 23 y 24 de agosto del presente año, se llevó a cabo en Lima una reunión bajo la tutela del comandante general del Comando Sur, Kurt Tidd, con jefes militares provenientes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Estados Unidos, Paraguay, Perú y Uruguay, cuyos regímenes son manifiestamente injerencistas y contrarios al gobierno venezolano, donde se fijaron nuevas estrategias para "enfrentar amenazas militares" y "atender" la crisis creada en Venezuela en estos últimos cuatro años; lo que se enlazaría con las amenazas proferidas por el presidente Donald Trump.

La conformación de una fuerza militar multi estatal, dirigida por el Comando Sur estadounidense, se comenzó a concebir en Estados Unidos desde la época del gobierno de George H. W. Bush (entre 1989 y 1993), lo que obligaría a los países al sur del río Bravo a desmantelar sus fuerzas armadas nacionales y limitarlas a un papel estrictamente policiaco; confiando en que ninguna otra potencia -extinta ya la URSS- habría de disputarle su dominio sobre el planeta. Ahora, con una situación geopolítica en la cual resalta la influencia creciente de Rusia y China, el imperialismo gringo vuelve su mirada hacia Nuestra América a fin de asegurar el control de sus mercados nacionales y el suministro seguro (y exclusivo) de sus materias primas estratégicas.
 
Al respecto, se debe recapitular también que el primer asomo de lo que sería luego el uso habitual de la guerra por parte del sistema capitalista global, abanderado por Estados Unidos, tuvo lugar en Afganistán en 2001, teniendo como chivos expiatorios a los talibanes y como oportuno telón de fondo la sospechosa implosión de las Torres Gemelas de Nueva York. Después los escenarios se trasladarán -en un orden aparentemente aleatorio- a Iraq, Libia y Siria, perfeccionándose en cada uno los planes militares ideados por el Pentágono, junto con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Además de las acciones cumplidas por las diferentes agencias de inteligencia estadounidenses, cuya novedad más notoria es la contratación de ejércitos profesionales privados (con mercenarios de distintos orígenes), encargados de las tareas que no podrían asumir, sin consecuencias legales, de acuerdo a lo contemplado en la Convención de Ginebra, sus tropas regulares.
     
Para Estados Unidos, lo mismo que para el resto del mundo capitalista, tanto el cambio climático como la escasez de agua representan una seria amenaza a sus estándares de vida material, por lo que sus grandes corporaciones transnacionales se han expandido a diferentes regiones que se caracterizan por su biodiversidad y la abundancia de recursos naturales. Por consiguiente, para el capitalismo corporativo global se hace imperativo que hayan regímenes democráticos de excepción con los cuales puedan asegurar sus intereses económicos y controlar y minimizar las diversas luchas sociales (sobre todo, de índole laboral) que socaven el desarrollo de sus iniciativas empresariales y la obtención invariable de ganancias. 

La merma creciente de la supremacía económica euro-estadounidense tendrá como uno de sus transcendentales resultados que Europa y Estados Unidos (agrupados en la OTAN, con poder de veto en la ONU y bastante influencia en el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial de Comercio y el Banco Mundial) dejarían de comportarse, en un futuro no lejano, como los grandes gendarmes “democráticos” de la Tierra, apuntando al establecimiento indisputable de un unilateralismo globalizador.-      

-Maestro Ambulante
¡¡¡Rebelde y Revolucionario Resiliente e Irreductible!!!
  ¡¡¡Hasta la victoria siempre!!!
  ¡¡¡Luchar hasta vencer!!!


mandingarebelde@gmail.com

martes, 19 de septiembre de 2017

O desaparece el capitalismo o muere la Madre Tierra

Por Sylvia Ubal:
Día Mundial de la Tierra

“Los derechos humanos y los derechos de la naturaleza
son dos nombres de la misma dignidad”
Eduardo Galeano

El  22 de abril, se celebró en todo el mundo el Día Mundial de la Tierra, la fecha tiene una característica muy especial, no fue establecida por la Organización de Naciones Unidas. Fue promovida por un movimiento de ciudadanos, que decidió organizarse para resguardar el planeta El senador y activista ambiental estadounidense Gaylord Nelson había convocado a la celebración el día 22 de abril de 1970 a esta jornada la llamó el Día de la Tierra, al inicio del equinoccio de primavera en el hemisferio norte.

Para esta convocatoria ambientalista participaron dos mil universidades, diez mil escuelas primarias y secundarias, y centenares de comunidades habían respondido al llamado de la líder parlamentaria y de la juventud universitaria. Más de veinte millones de personas se movilizaron, tomaron las calles, los parques y los auditorios para manifestarse por un ambiente saludable y sustentable. Y establecieron  en sus comunidades, universidades y colegios, una plataforma de difusión y discusión sobre el medio ambiente y sus principales problemas.

El 22 de abril de 1970 Día de la Tierra logró una coincidencia política que parecía imposible. Se logró el apoyo de políticos de distintas tendencias, ricos y pobres, que condujo a la creación de la Agencia de Protección al Medio Ambiente de Estados Unidos y a la aprobación de leyes relacionadas con el aire limpio, el agua limpia y la conservación de especies en peligro de extinción. A partir de entonces, se promueve la Celebración de Día de la Tierra cada año como una instancia de reflexión y acción en favor del ambiente

La madre Tierra un concepto milenario de los pueblos originarios

Y desde el año 2009 una propuesta de Bolivia ha cambiado su denominación, siendo la nueva Día Internacional de la Madre Tierra (en quechua: Pacha mamá). Mucho es lo que se ha escrito sobre este tema, probablemente casi todo lo que podía escribirse. Sin embargo es muchísimo menos lo que se ha hecho en este período por nuestra Madre Tierra que nos dio vida y albergue, que nos provee de alimentos, agua para beber y oxígeno para respirar.

Los países industrializados se desentienden de su responsabilidad ambiental

Pero en estos años todos los gráficos estadísticos resultan negativos. Siguen aumentando las emisiones de gases contaminantes, ha crecido geométricamente el consumo y sus consecuentes desperdicios, el planeta se ha cubierto de cultivos y árboles transgénicos. Se sigue deforestando a tasas suicidas, los océanos se están convirtiendo en vertederos, la mega minería cada vez más expandida destruye o deteriora todo lo que toca y tantos otros males.

Seguimos fracasando en el objetivo de brindarle a nuestra Madre Tierra el respeto y cuidados que esta merece, en el objetivo de construir una sociedad sustentable. Mucho se dice, pero poco se hace. Palabras que se las lleva el viento y firmas en el agua se han convertido en los quehaceres cotidianos de quienes deberían poner fin a este comportamiento insano, autodestructivo que nos está contaminando el presente y robando el futuro.

Los 25 países más contaminantes del planeta han aprobado en la cumbre de Copenhague sobre el clima, un acuerdo que sirve sólo a los intereses del gran capital y a la apropiación capitalista de los recursos, dejando de lado sus responsabilidades. Seguimos pagando los países mas pobres, los menos industrializados, los costos del veneno con el que los países del primer mundo contaminan el planeta en el que todas y todos vivimos.

Una nueva iniciativa la Conferencia Mundial de los Pueblos 

Sin embargo, ocurrirá algo diferente, tendrá un condimento nuevo que hasta ahora no había tenido en Cochabamba, Bolivia, la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, convocada por el presidente boliviano Evo Morales. Se va a discutir el cambio climático global en serio, El Gobierno boliviano en una iniciativa verdaderamente necesaria, ha convocado a 130 países a los movimientos sociales, ONGs, gobiernos, intelectuales, pueblos originarios y personas de todo el mundo a reunirse para tratar diversas propuestas sobre el calentamiento global desde otra perspectiva. Y que no lo paguen los afectados, que los capitalistas transfieran tecnología gratuitamente, que se aprueben los Derechos de la Madre Tierra. Y  buscar verdaderas soluciones y ya no simples acuerdos políticos sin peso ni obligaciones para sus firmantes.

Según el Protocolo de Kioto, los países industrializados deben reducir sus emisiones de gases contaminantes en un cinco por ciento entre 2008 y 2012. Las organizaciones sociales de Bolivia plantearán que a partir de 2017 las naciones ricas bajen en un 50 por ciento la cantidad de dióxido de carbono arrojado a la atmósfera, entre otros componentes.

La crisis ecológica mundial debe ser asumida por los capitalistas

Que la crisis climática sea pagada por los capitalistas, que se transfiera gratuitamente tecnología a los países afectados, la aprobación de los Derechos de la Madre Tierra y la creación de un tribunal internacional que juzgue a estados y empresas responsables del calentamiento global serán algunas de las propuestas de los 20 mil participantes venidos de 130 países para la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y Derechos de la Madre Tierra (CMPCC), que se realizará en Tiquipaya, Cochabamba. “Aquí hay dos caminos. O muere el capitalismo o muere la Madre Tierra”, sostuvo el presidente Evo Morales.

Según el gobierno, estas exigencias serán presentadas en la 16ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 16), que se realizará a fin de año en México. La COP 15, hecha en diciembre pasado, concluyó con un documento presentado por Estados Unidos, Brasil, India, China y Sudáfrica, que se habían reunido a solas para redactar el Entendimiento de Copenhague.

Este documento no es vinculante ni establece cuáles serían los compromisos de cada país para que la temperatura del planeta sólo crezca dos grados centígrados en este siglo. Se calcula que la temperatura promedio de la Tierra es de 15 grados. Si aumentara dos grados, decenas de científicos alertan que sería inevitable despedirse de cientos de ciudades costeras e islas casi al nivel del mar, como la república de Tuvalu, un atolón de corales en el sur del océano Pacífico. Sería por el derretimiento de los cascos polares y de varios glaciares.

El uso de combustibles fósiles para la obtención de energía y el modelo agrícola industrial –fuertemente controlado por un puñado de transnacionales- son las dos fuentes principales del cambio climático. Según las estadísticas, las prácticas agrícolas contribuyeron alrededor del 17 por ciento en las emisiones mundiales entre 1990 y 2007. La agricultura industrial, que promueve la deforestación y los monocultivos, contribuye sustancialmente a las emisiones de gases efecto invernadero. Los bosques y praderas ricos en carbono son convertidos en “desiertos verdes” que destruyen la biodiversidad. Pero además, al utilizar intensivamente fertilizantes y pesticidas químicos provenientes del petróleo, maquinaria y semillas transgénicas, provocan degradación del medio ambiente, la agricultura industrial contamina las fuentes de agua y causa graves daños a la salud humana.

Para enfrentar los cambios climáticos, los ecosistemas de Latinoamérica deben ser declarados fuentes de vida para el mundo, los cuales no podrán ser destruidos ni alterados
El capitalismo industrializado ha mantenido un sistema consumista devorador basado erróneamente en la infinitud de los recursos mundiales Sólo tenemos un mundo y el sostenimiento del sistema resulta inviable para toda la humanidad a corto plazo.

Los países industrializados tienen que asumir su responsabilidad sobre el CO2 ya acumulado en la atmósfera, por ello y por su mayor capacidad financiera y tecnológica, su reducción de emisiones en 2020 tiene que ser del 40% sobre la situación de 1990. Una reducción que debe realizarse íntegramente en su territorio, la que se obtenga de terceros países ha de contabilizarse aparte.

La destrucción masiva, la minería ilegal la cría de ganado y las madereras que inducen la deforestación de la selva están creando las condiciones para que un lapso de pocas décadas, la Amazonía se convierta en un desierto. El problema no sólo es el desarrollo desmedido, la explotación agrícola y la ganadería indiscriminada o las industrias agroalimentarias trasnacionales, sino sencillamente que está en juego la existencia del ser humano, nuestra subsistencia como seres vivos.

Ponemos en la balanza la necesidad de apurar los cambios fundamentales de la sociedad. En Latinoamérica está cifrada la esperanza del planeta, en nuestras revoluciones, en nuestros esfuerzos por cambiar. Nosotros no podemos tomar en juego, no podemos dudar, frente a esa esperanza que los pueblos pobres y oprimidos del mundo han puesto en América Latina.
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