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viernes, 4 de diciembre de 2020

Náufragos a la buena de dios

 Por Jesús Sotillo Bolívar:

•             La ultra derecha venezolana, hoy con su dirigencia en auto-exilio ha fomentado el odio y el repudio contra sus propios connacionales.

•             Al actuar de esta manera contra los venezolanos el gobierno de Trinidad y Tobago ignora su propia historia.

Hemos recibido la buena noticia del rescate de 16 niños y nueve mujeres, que habían sido deportados por el gobierno insular de Trinidad y Tobago, que, sin ninguna consideración humanitaria, lanzó al mar en un bote maltrecho, esos niños y esas mujeres, que, por su condición, cuentan con protección del Derecho Internacional Humanitario y del Derecho Público Internacional.

A la buena de Dios, fueron expulsados y forzados a naufragar, hecho, que, según declaraciones del Ministro de Seguridad de Trinidad y Tobago, Stuart Young, y esto es insólito, el desconocía, pero al enterarse del hecho, no lo condenó, sino que se limitó a decir, que a los niños debería pedírseles la partida de nacimiento.

Ahora bien, surge una pregunta inmediata, como es posible que un gobierno, que forma parte de las organizaciones regionales e internacionales, que promueven la defensa de los Derechos Humanos, pueda realizar una acción tan inhumana, tan desproporcionada y no hay ninguna reacción para censurarla, iniciar investigaciones y determinar responsabilidades.

Es posible que estos niños y mujeres venezolanas, hayan salido del país, buscando quizás nuevas expectativas de vida, eso no lo podemos negar, pero eso no es causa para tamaño maltrato por parte de las autoridades de Trinidad y Tobago, porque incluso, a los prisioneros de guerra según los convenios internacionales debe garantizarles determinados derechos incluido, por supuesto, el de la vida.

Desconocían las autoridades insulares el riesgo de muerte que corrían estos niños y mujeres venezolanas, lanzadas al garete o es tanto el odio que tienen a nuestros nacionales que se obnubilan y sin vacilar los fuerzan a naufragar, a pesar de las graves consecuencias que esto podía tener en la humanidad de los deportados.

Para que solicitar la partida de nacimiento de los niños, sería que pensaban redactar por adelantado un acta de defunción colectiva y luego acusar al gobierno venezolano por el naufragio.

La conducta del gobierno insular de Trinidad y Tobago, no tiene nombre, es difícil encontrar un calificativo apropiado para endilgárselo, pero en el fondo creo que está motivado por un profundo odio, odio, que sectores de la ultra derecha venezolana han cultivado y fomentado en el exterior contra sus propios connacionales.

Debemos recordar, y está prohibido olvidar, que Julio Borges, fugado del país, por atropellar con su carro a un niño y tratar de evitar que se le aplicara la justicia, declaró desde Colombia (2017) a toda la prensa internacional que: “La emigración venezolana era una enfermedad contagiosa”.

 Es decir, utilizó a la mediática internacional para descalificar y estigmatizar a sus propios connacionales, a los cuales acuso de ser corresponsables en los países que los recibían de “Crimen organizado, militarismo, para militarismo, tráfico de drogas y terrorismo”, Pidiendo, además, a los países donde llegaban los venezolanos, que tomaran medidas al respecto, para evitar el contagio.

Igual lenguaje, y estigmatización ha sido vertida por la plaga de ultra derecha fugitiva, que desde el exterior estimula esta especie de xenofobia contra los venezolanos. Al parecer las autoridades insulares de Trinidad y Tobago, han seguido al pie de la letra las indicaciones de Julio Borges y la costra de auto-exilados. Para ellos, pedimos se aplique la normativa internacional que expresamente condena y prohíbe el fomento del odio contra cualquier grupo racial o nacional. Formalmente, Venezuela debe solicitarlo.

jesussotillo45@gmail.com

sábado, 29 de febrero de 2020

Por el camino equivocado



Por Carolina Vázquez Araya:

Por qué no funcionan las estrategias institucionales para detener la violencia feminicida.

De nada sirve tratar de explicar los motivos detrás de la tortura, violación y muerte de niñas y niños, de adolescentes y de mujeres, los cuales suceden a diario en nuestros países. Esto, porque no existe tal cosa como un “motivo” capaz de llevar a otro ser humano a cometer semejantes atrocidades y mucho menos la recurrente justificación de los crímenes como resultado de arrebatos pasionales o situaciones de orden privado. Basta leer las noticias para constatar hasta qué punto el feminicidio y la violencia contra la niñez se han ido consolidando como un problema sin solución, como una carga cuyo peso sacude los cimientos morales y los valores de nuestras sociedades, pero para la cual nadie ofrece solución.



Algunos intentos por hacer visible la dimensión del horror chocan de frente contra una comunidad humana cuya sensibilidad se ha perdido junto con su sentido de pertenencia. Por lo general, se utiliza como excusa el desconocimiento o la desestimación de la gravedad del fenómeno, y todo se reduce a dejar pasar para no comprometerse en una lucha para la cual es necesario un acto de suprema valentía: reducir en pedazos la escala de valores caduca y deshumanizante que nos gobierna y, a partir de esa latitud cero, asumir como sociedad la tarea de reconstruir un tejido social en donde la vida ha perdido valor y la justicia es poco menos que una utopía. 

Para nadie es un secreto la connivencia entre sectores de poder y organizaciones criminales. A partir de ahí, resulta casi imposible detener la incidencia de crímenes tan espeluznantes como la trata de personas, entre cuyas víctimas se encuentra toda clase de seres inocentes; desde niñas y niños recién nacidos hasta hombres y mujeres adultas capturadas por estas organizaciones para esclavitud laboral, prostitución, adopciones ilegales y toda clase de atrocidades, en un flujo indetenible que los separa para siempre de sus comunidades y sus familias.

En el origen de la degradación en el trato a niños, niñas y mujeres, se puede identificar con absoluta certeza esa visión patriarcal y machista de reducir la significación de esas vidas en una escala según la cual son prescindibles y sujetas a la propiedad de otros. Asesinar a una mujer en un arrebato de celos o violar a la hija porque “pertenece” a su padre han sido actos tolerados por sociedades inmersas en un esquema imperante durante siglos, cuyas normas permanecen activas por un sistema de poderes totalmente desequilibrado y deshumanizante. Ante esta realidad, las estrategias institucionales diseñadas por algunos gobiernos para eliminar o por lo menos reducir esta clase de crímenes, de nada servirán en tanto no exista una revisión profunda de las causas que los provocan. Esa tarea, aún pendiente, representa la eliminación de obstáculos a la integración de todos los sectores en la toma de decisiones, pero también en programas sociales ausentes en los planes políticos de la actualidad.

Sumado a ello, otro factor indignante es la manera de presentar los feminicidios y los crímenes contra la niñez en los medios de comunicación social. La forma despectiva y sensacionalista de divulgar en detalle estos actos atroces con el único fin de alimentar el morbo de sus audiencias, retrata de manera puntual una de las más graves falencias humanas de nuestras sociedades. A eso, es preciso añadir la indiferencia de esa audiencia, cuya actitud de ver y dejar pasar demuestra cuán enraizada es la tolerancia de la violencia contra las mujeres y la infancia y cuánto de esa tolerancia –aún en estos tiempos- es considerada una herencia cultural incuestionable.

ROMPETEXTO: La vida de niñas, niños y mujeres depende de un retorcido marco cultural.

quintopatio@gmail.com

domingo, 2 de febrero de 2020

Niñez, la última de las prioridades



Por Carolina Vásquez Araya:

Millones de niñas y niños pagan la elevada factura de las decisiones políticas.

Una de las consecuencias directas de la degradación social es la pérdida de oportunidades de supervivencia para la niñez en la mayoría de países subdesarrollados. Los problemas de este sector, sin embargo, suelen ser abordados de manera tangencial por los gobiernos por una simple razón: la niñez no es prioridad para ninguno de ellos, dado su estatus de “población pasiva” sin derechos políticos ni sociales, ni voz para exigirlos. Aun cuando la manipulación emocional del tema es recurrente durante las campañas electorales, al asumir las nuevas autoridades desechan de un plumazo las promesas y se enfocan en sus verdaderos intereses: fortalecerse en el poder y pagar por los favores recibidos.


A las nuevas generaciones, por lo tanto, se las relega a un rincón de las políticas públicas siempre dependiente de la buena voluntad de las clases dirigentes, pero nunca en pleno control de su cuota de participación como grupo mayoritario, sobre todo en los países menos desarrollados. En ese cuadrante de la gestión gubernamental de los países políticamente débiles se agrupa a quienes están supuestos a conformar el relevo generacional. Privados de una educación de calidad, agobiados por los abusos de una generación anterior cuya niñez y adolescencia transitó por las mismas vías de abandono y pobreza, estas niñas, niños y adolescentes se ven enfrentados a una existencia precaria y a una lucha injusta contra un sistema que los desprecia.

Desde los círculos de poder -pero también desde la sociedad- la mirada es absolutamente contradictoria. Por un lado, se valora a este contingente enorme de mano de obra barata cuya explotación constituye uno de los grandes beneficios del sector empresarial, pero también se le criminaliza y se le declara “indeseable”, dado que en nuestras sociedades racistas, clasistas y profundamente ignorantes la pobreza es un delito y la rebelión puede ser castigada con la muerte, de acuerdo con la ley. De este modo, países de una exuberante riqueza muestran en sus indicadores el ofensivo desequilibrio entre ricos muy ricos y pobres de miseria y, entre estos últimos son las mujeres, la niñez y la juventud las principales víctimas.

Al revisar en detalle la situación de la niñez en algunos países, se encuentra esto: Casi 3 millones de niños en grave inseguridad alimentaria; más de 1 millón con desnutrición aguda; 2,4 millones obligados a huir de sus hogares; 2 millones fuera de la escuela y, si la situación actual se mantiene, es probable que solo uno de cada 13 niños acabe la escuela primaria; unos 900 mil niños con trauma psicológico; más de 19 mil niños reclutados en las filas de las fuerzas o grupos armados; más de 2.300 niños muertos o heridos desde 2013, y cientos de casos de violaciones y agresiones sexuales. Este escenario se asemeja a cualquiera de nuestros ricos países latinoamericanos. Pero adivinen qué: esta es la situación de la niñez en Sudán, una nación en guerra bombardeada sin descanso por países poderosos que lo han convertido en su propio campo de batalla con desprecio absoluto por la vida de millones de civiles inocentes.

Es urgente reformar la gestión pública y comprender que la ausencia de iniciativas para integrar a los beneficios sociales a las generaciones de relevo, marcan de manera decisiva el futuro de las naciones. Por ello es importante la participación de una sociedad informada y comprometida con su país, con plena conciencia de que las políticas públicas y la inversión en este segmento poblacional es una apuesta afortunada y no un acto de caridad.

La niñez es la fuerza vital capaz de garantizar el desarrollo de un país.

elquintopatio@gmail.com

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Trump es una tragedia humanitaria para las víctimas de los tiroteos



Por Rolando Prudencio Briancon:

Tanto se ha esmerado en especular estúpidamente Trump sobre la tragedia humanitaria de Venezuela, llegando a ordenar incluso la intervención a la patria de Bolívar con aquella “Ayuda Humanitaria”, y que no pudo meterla, debiendo retirarse con el rabo entre las piernas; hoy para colmo de los colmos los tiros le están saliendo por la culata.


Trump en ese su suicida sueño -que se está convirtiendo en una pesadilla para los ciudadanos norteamericanos- de “Hacer Grande América Otra Vez”, y habiendo recibido apoyo en las elecciones que ganó del lobby de la RNA (Rifle National Association, por sus sigla en inglés), no se imaginó que no atreverse a  restringir -por lo menos- el uso de armas en los EE.UU., se vaya convirtiendo hoy en una pesadilla para los ciudadanos norteamericanos que cada vez deben pagar con sus vidas esa su victorioso sueño de volver a ser grandes .

Es cierto que los EE.UU., y como todo imperio que es, para llegar a ser lo que ha sido, se ha basado en la violencia. Es la violencia y el uso de la fuerza lo que en mayor grado les ha dado a los estadounidenses su esplendor. Y esa es la razón por lo que ante la evidencia de que la hegemonía estadounidense está en decadencia, una de las formas de volver hacer grande América, es permitiendo que el uso de armas siga campeando sin que nadie le ponga el cascabel al gato.

Son ya innumerables los casos en los que un ciudadano estadounidense, enajenado por esa mercenaria mentalidad que produce y ha producido siempre el cine, y hoy los video juegos, decide tomar un arma de fuego y acabar con todo aquello que se mueva. Así ha sucedido en escuelas, restaurantes, locales comerciales, universidades, etc.; tal como el día de ayer en la localidad de Alabama (Elkmot), un niño de apenas 14 años de edad ha acabado con toda su familia, compuesta por 5 miembros, abriendo fuego con una pistola 9 milímetros.

Decía al inicio, son ya interminables los casos en los que se producen este tipo de matanzas en los EE.UU.; pero lo más inaudito es que la opinión pública, como la Alta Comisionada de Derechos Humanos: doña Michel Bachelet, la OEA, el Grupo de Lima, la U.E., etc., se concentran sólo en ver Venezuela, sin mirar lo que pasa en los EE.UU., y que su presuntuoso presidente quiere todavía intervenirla, porque le preocupa la situación humanitaria de los venezolanos, cuando en su narices su ciudadanos; y ahora sus ¡NIÑOS están matando a sus propios padres y hermanos!

Es hora de que el mundo se quite el velo de creer que Trump tiene el visto bueno de todos para callarse ante estas tragedias, que como dijo el gobernador de Nueva York Andrew Cuomo, y el alcalde de esa ciudad Bill de Blassio, en ocasión del anterior tiroteo, en el Paso Texas, y en el que murieron 20 personas y 26 resultaron heridas, que: “Trump cobardemente se doblega ante la Asociación Nacional del Rifle, mientras hay una epidemia de la violencia de las armas que está desgarrando nuestra nación, y la gente está muriendo”.

Así que si vemos un poco más allá de nuestras narices la verdadera tragedia es Trump; tanto para el planeta, como para su propio país.

prudenprusiano@gmail.com

miércoles, 7 de agosto de 2019

No hay lugar para el odio en nuestro país, pero sí hay países de mierda



Por Rolando Prudencio Briancon:
La reciente matanza de casi una treintena de personas en los EE.UU., debe dejar ser mirado por el mundo como otra de las tantas que se viene dando en los EE.UU., y que se están naturalizando por aquella idea, que si bien puede ser una de las causas, como es la legal tenencia de armas que les está permitida a los estadounidenses, pero que en el fondo tapa, solapa, otras razones que en su raíz es al rampante racismo que está en ascenso en los EE.UU., desde la llegada de Trump a la Casa “Blanca”.


Y no es que se trate de una obsesiva ojeriza contra Trump, sino que son los hechos los que a lo largo de lo que va su administración han mostrado una declarada intolerancia hacia los extranjeros; y sobre todo a los migrantes, y que además instrumentalizó esta intolerancia a través de decisiones que como presidente dictó, una de ellas ha sido la resolución 6061, dictada en 2016.

Pero además ha sido su verbalizada beligerancia contra los migrantes que lanzó inicialmente contra los mexicanos para justificar la construcción del Muro, a quienes trató de “criminales, violadores, traficantes de droga”, y de ser la pero gente. O el trato que Trump dio a los niños migrantes
.
Pero no sólo que esa su agresiva adjetivación la lanzó contra los mexicanos, sino que se abrió otro frente de ataque con los países africanos, quienes, cuestionándose inquirió: “¿Por qué recibimos a gente de países de mierda?” Es por ese mojigato motivo por el que Trump las palabras que Trump dijo sobre que: “No hay lugar para el odio en nuestro país”, luego las matanzas en El Paso y Dayton, no hacen más que mostrar una doble moral de su congoja, tal como el gobernador de New York Andrew Cuomo, ha manifestado que: "Mientras el presidente cobardemente se doblega a la Asociación Nacional del Rifle, la epidemia de la violencia de las armas está desgarrando a nuestra nación y la gente se está muriendo”.

Es esa soberbia con la que Trump ha decidido gobernar su país, como su descomunal desdén hacia los demás lo que está extraviando su relación con la realidad; tal como es otra su otra onírica obsesión de: “Hacer Grande América”. O en vano hace poco insinuó inquiriendo la posibilidad de ir a la guerra: ¿Cuándo fue la última vez que ganamos una guerra?”.

 Son este tipo de declaraciones, y hasta de políticas que patéticamente muestran que cada vez más la decadencia del imperio yanqui es innegable, pues su verdadera decadencia es la moral, la de su integridad que la ha hecho más patente Trump, que mientras advierte que no hay lugar para el odio, es quien más ha fomentado ese sentimiento hacia sus semejantes.

prudenprusiano@gmail.com

miércoles, 10 de julio de 2019

El ejército israelí tiene vía libre para asesinar a niñas y niños palestinos por la espalda

Por Leandro Albani:

Las fuerzas armadas israelíes refuerzan sus políticas represivas con el objetivo de detener las crecientes protestas de los pobladores palestinos.

Apuntar, no vacilar y disparar. Esa es la principal premisa que tienen los soldados israelíes a la hora de reprimir a los palestinos y las palestinas. Los casos al respecto, que se producen casi a diario, confirman esta orden que rige a las fuerzas armadas del Estado de Israel. Pero como si los niveles represivos nunca fueran suficientes, ahora los uniformados israelíes tienen vía libre para dispararles a los niños y las niñas palestinas por la espalda.

Esta revelación fue hecha por el organismo de derechos humanos Adalah, con sede en la ciudad de Haifa, luego de obtener una serie de documentos oficiales sobre los reglamentos de combate del ejército hebreo, que incluyen que los soldados tienen derecho a disparar a los palestinos, incluido los menores de edad, por la espalda.

A partir de las Marchas por el Retorno, iniciadas en marzo del año pasado por los pobladores de la Franja de Gaza, las fuerzas de ocupación asesinaron a más de 200 palestinos, entre los que se encuentran 44 niños y niñas. La represión a las movilizaciones que se realizan todos los viernes también dejó 16.000 heridos, incluidos 4.000 menores de edad.

Desde Adalah, afirmaron que “los francotiradores israelíes pueden disparar con fuego real, incluso cuando (los palestinos) ya no participan en la protesta o están descansando”. En un artículo publicado recientemente en el portal Middle East Monitor, el abogado de Adalah, Suhad Bishara, advirtió que los documentos del ejército intentan “explicar el tiroteo indiscriminado contra manifestantes desarmados, lo que resulta de un desprecio total por la vida humana”. Bushara alertó que las normativas justifican “los disparos a personas que no representaban un peligro real e inmediato para los soldados o civiles israelíes”.

Adalah remarcó que los francotiradores israelíes pueden abrir fuego con municiones reales contra “figuras ficticias” creadas y que son denominadas como “instigadores clave” o “alborotadores clave”. El organismo de derechos humanos denunció que las “figuras” con las que se justifican el accionar militar israelí no están “ancladas en el derecho internacional”.
Los documentos oficiales obtenidos por Adalah fueron presentados durante las audiencias en el Tribunal Superior de Justicia de Israel. La corte adoptó, según el organismo de derechos humanos, “totalmente la posición militar israelí”.

Uno de los ejes fundamentales de la ocupación y militarización de Israel de los territorios históricos palestinos es el castigo y el asesinato de los niños y las niñas. En el transcurso de los últimos años, funcionarios de Tel Aviv declararon públicamente que el ataque y exterminio de los menores de edad es parte fundamental de la política represiva israelí.

El 24 de junio pasado, un comité de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), integrado por expertos independientes, manifestó su preocupación por la creciente expansión de las construcciones ilegales israelíes y la violencia de los colonos extremistas judíos contra los niños y las niñas de Cisjordania y la Franja de Gaza.

El comité denunció a los soldados israelíes que realizan redadas nocturnas, con las cuales provocan graves consecuencias para el bienestar y el goce de los derechos de los menores de edad. En el informe de la ONU, se recordó que, en la actualidad, Israel mantiene detenidos a más de 300 niños, niñas y adolescentes, la mayoría de ellos acusados de tirar piedras y difundir publicaciones a favor de la causa palestina en las redes sociales.

Al mismo tiempo, los expertos de Naciones Unidas explicaron que los uniformados hebreos transportan a los menores a lugares desconocidos, donde son amenazados y abusados. Además, muchos niños detenidos son obligados a firmar confesiones en hebreo, un idioma que no comprenden.

En abril de este año, el Comité de Prisioneros y Libertades de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) reveló que las fuerzas de ocupación israelíes detuvieron a más de 50.000 niños y niñas palestinas desde 1967, luego de la Guerra de los Seis Días. Según la institución, casi 17.000 menores de edad fueron arrestados en los años transcurridos desde el inicio de la Segunda Intifada en el 2000.

El jefe del Departamento de Estudios y Documentación del comité, Abdul Nasser Ferwaneh, presentó un informe en el que se asegura que la detención de niños y niñas palestinas es una práctica “sistemática” de Tel Aviv. Ferwaneh detalló que la tasa anual de detención de menores de edad tuvo un promedio de 700 entre 2000 y 2010, pero aumentó a 1.250 entre 2011 y 2018.

La persecución, el destierro, el encarcelamiento, el asesinato y la guerra económica son solo algunas de las herramientas punitivas que utiliza Israel contra el pueblo palestino. El perfeccionamiento de estos métodos y medidas son una política constante y profunda respetada por todos los gobiernos hebreos desde la imposición del Estado israelí en tierras palestinas.

leandroalbani@gmail.com

sábado, 20 de abril de 2019

Evaporada en el aire…



Por Carolina Vásquez Araya:

¿Quién sabe en dónde se encuentra, cómo se siente, cuál será su destino?

Camila terminó de peinarse. Se colgó la mochila a la espalda y se preparó para salir a la escuela. Su madre le alcanzó la lonchera con el almuerzo y la despidió con la recomendación de todos los días: “Con cuidado, nena”. Camila nunca regresó. Su imagen en una de las múltiples alertas Alba Keneth sigue circulando por las redes sociales con la esperanza de que alguien la identifique en algún lugar del país; aunque han transcurrido más de seis meses desde que salió de su hogar, sus padres mantienen viva la esperanza de encontrarla.


Camila es una de los miles de niños, niñas, adolescentes y mujeres que desaparecen en Guatemala y cuyo destino se desconoce. Los sistemas de alerta Alba Keneth e Isabel Claudina (creado el primero para localizar a menores de ambos sexos y el segundo para mujeres mayores de 18 años) ambos dependientes de la Procuraduría General de la Nación, lanzan a diario decenas de notificaciones de desaparición en uno de los países más vulnerables del continente frente a las redes de tráfico de personas; un negocio transformado en una más de las siniestras amenazas que persiguen a niños, niñas y mujeres en el mundo entero. Consideradas por las organizaciones criminales como un elemento susceptible de generar grandes beneficios económicos, las niñas y mujeres atrapadas en estas redes terminan en situación de esclavitud con escasas posibilidades de escapar.

En países como Guatemala, Honduras y El Salvador, en donde los grandes consorcios de la droga afincaron sus raíces muy firmemente, la diversificación del “negocio” no fue más que una derivación natural de las actividades delictivas de estas redes, amparadas por políticos corruptos y confiadas en el ambiente de impunidad debido a la baja capacidad de los sistemas de investigación de denuncias y de administración de justicia. Los elevados niveles de corrupción y los ríos de dinero sucio -imposible de detectar desde las instancias estatales de control- pavimentan fácilmente las rutas del tráfico sin que las fuerzas de seguridad ni los familiares de las víctimas puedan hacer nada por evitarlo, consolidándose así una de las más espeluznantes tragedias que puede experimentar una sociedad.

En países cuyo sistema patriarcal ha marginado históricamente al segmento femenino de la población y expone a niñas y mujeres a los mayores riesgos en todos los aspectos de su vida, el negocio de la trata ha encontrado un sustrato idóneo para desarrollarse. Quienes sufren el flagelo con mayor crudeza se encuentran por lo general en las áreas rurales y en los sectores de menores ingresos, en donde la violencia contra las niñas y mujeres es parte de la cotidianidad. Es fácil imaginar las enormes dificultades enfrentadas por los familiares que habitan en caseríos o aldeas alejadas de los centros urbanos y, por ende, sin capacidad alguna para presentar denuncias y obtener apoyo de las autoridades.

Esta situación hace presumir que de los datos compartidos por algunas instituciones y organizaciones dedicadas a investigar las actividades de estos grupos criminales existe un fuerte sub registro. Si se calcula en aproximadamente medio millar al año las víctimas de trata –de acuerdo con el informe del PDH en 2017- destinadas a la prostitución, al trabajo forzado y a otras formas de esclavitud, es imposible no sospechar de la complicidad de algunas autoridades, dado que muchas de las víctimas son trasladadas a través de las fronteras sin dejar registro alguno; como si se hubieran desvanecido en el aire, como si nunca hubieran existido.

elquintopatio@gmail.com

domingo, 10 de febrero de 2019

La niñez descalza


Por Carolina Vásquez Araya:

En nuestra ignorancia celebramos imágenes cuya crudeza debería golpearnos.

Las redes sociales suelen funcionar como un buen termómetro social. En ellas se suceden comentarios e imágenes, los usuales despliegues de una visión particular del mundo en el cual vivimos. En ellas la infancia tiene por lo general una fuerte presencia, aunque desde esa visión patriarcal que la ubica en un plano subordinado y dependiente. Algo que no logramos entender desde nuestra posición de adultos, es nuestra responsabilidad respecto de la seguridad y el respeto por los derechos de ese inmenso sector de niñas, niños y adolescentes cuyo presente y futuro depende íntegramente de las decisiones de otros y cuyo destino suele estar marcado desde un nacimiento rodeado de privaciones.



Las caritas sonrientes frente a la cámara, de niñas y niños descalzos y pobremente vestidos, deberían avergonzarnos y no ser motivo de comentarios superficiales teñidos de compasión. Hemos normalizado la miseria de la infancia hasta el extremo de usarla en postales, como si esa injusticia fuera una parte legítima de nuestro entorno social, del mismo modo como hemos normalizado el embarazo en niñas y adolescentes y la violación sexual en el seno del hogar, en la escuela o en los ámbitos eclesiásticos. La sociedad se ha blindado contra la agresión de su propia naturaleza y, revistiéndose de supuestos principios morales, ha condenado a sus nuevas generaciones a toda clase de vejámenes cuyas consecuencias las marcan de por vida. Por ello, esa resistencia a comprender y sobre todo, aprehender el significado profundo de los derechos humanos y su impacto en las decisiones cotidianas y la relación con los demás también constituye una forma de agresión transformada en estilo de vida.

La niñez posee instrumentos de protección integral avalados por la inmensa mayoría de países del mundo, los cuales no constituyen siquiera un llamado de atención para quienes deciden y priorizan las políticas públicas y el uso de los recursos de las naciones. La Convención sobre los derechos del Niño es uno de ellos y señala con claridad meridiana los alcances y la importancia de garantizarles un ambiente apropiado para crecer y desarrollarse, bajo la responsabilidad plena de los Estados y, por supuesto, con la colaboración de toda la sociedad.

Esta Convención es uno de los mandatos fundamentales –en concordancia con ciertos artículos de las Constituciones Políticas y otros acuerdos de carácter obligatorio- cuyo objetivo es proteger a la niñez y, de ese modo. erradicar toda forma de discriminación y violencia en su contra; mandato ignorado de manera irresponsable por los gobernantes latinoamericanos, cuyo privilegio de ostentar el control político, económico y social de sus países pareciera otorgarles el derecho de condicionar a su antojo las condiciones de vida de sus pueblos, pero sobre todo las condiciones en las cuales sobrevive la niñez.

Como una de las mayores injusticias cometidas contra este amplio sector de la población es el acuerdo político teñido de fundamentalismo religioso cuyo objetivo es condenar a millones de niñas y adolescentes a mantener embarazos y maternidades no deseadas, producto de la violencia sexual. Estos embarazos representan una de las mayores causas de la feminización de la pobreza en nuestros países, en donde el respeto por los derechos de las mujeres continúa siendo uno de los temas pendientes más urgentes de sus agendas, pero también uno de los que provoca mayor rechazo desde los grupos de poder. Esto, precisamente por representar un factor de cambio en todos los ámbitos de la vida ciudadana empezando, claro, por dar a la niñez el lugar que merece.

elquintopatio@gmail.com

viernes, 21 de septiembre de 2018

AUTOATENTADO TERRORISTA Y DEMOLICIÓN CONTROLADA DE LAS TORRES GEMELAS, EL PENTÁGONO Y UNA ZONA AGRÍCOLA DE PENSILVANIA:


 EL COMPLOT TERRORISTA DEL 11 DE SEPTIEMBRE DEL 2001.

AUTOATENTADO TERRORISTA DEL Contubernio RÉGIMEN ESTADOUNIDENSE/ CIA Y EL RÉGIMEN SIONISTA DE ISRAEL/MOSSAD: “EL FIN, JUSTIFICA LOS MEDIOS”, EL PETROLEO. LA MALDITA GUERRA IMPERIALISTA POR EL PETROLEO, LE COSTÓ AL PUEBLO DE IRAK, CASI UN MILLÓN Y MEDIO DE VÍCTIMAS INOSCENTES, NIÑOS, MUJERES, ANCIANOS, ETC.
VALPARAÍSO, 11 DE SEPTIEMBRE DEL 2018




A casi dos décadas de éste brutal atentado terrorista, planeado y ejecutado por el contubernio CIA/ USA y MOSSAD/ Israel que le costó casi tres mil víctimas inocentes al Pueblo Estadounidense, nadie del régimen político yanqui ha ordenado una investigación seria, ni menos que la autoridad competente haya asumido la/las responsabilidades políticas. Hipócrita, cobarde e inmoralmente, machacan a través de los medios mediáticos enajenantes de incomunicación globalizados, que se trató de un atentado contra Estados Unidos. La única verdad fue que el régimen de Bush con éste auto-atentado terrorista pretendía legitimar su intervención militar posterior - con sus aliados de la Comunidad Europea, y el régimen sionista de Israel-, a Irak y Afganistán con grandes yacimientos de petróleo: “ El fin justifica los medios”.

Mefistofélicos, hijos de satanás, de la tiranía más despótica, terrorista, desalmada del capitalismo salvaje globalizado, dueños de la Celestina Universal: “Los ojos atónitos lo ve, la razón se escandaliza, pero la compasión se resiste a creer lo que han hecho ustedes, lo que hacen aún, para imponerle a la Humanidad su maldito ‘Nuevo Orden Mundial’, las Piedras Guías de Georgia/ USA”, o son ustedes bárbaros o no saben lo que hacen”. Lic. José Martí Pérez. Maestro Libertador de la Patria Continente, América Latina y el Caribe.

  Nuestros Asociados de Alemania, México, Canadá y Estados unidos nos han hecho llegar nuevas investigaciones en que se confirma que el régimen de los Estados unidos y el régimen sionista de Israel, organizaron y perpetuaron los ataques terroristas de una operación terrorista que denominaron “bandera falsa”. Se cuestiona totalmente el informe gubernamental sobre la causa del derrumbe de las torres gemelas, especialmente el edificio 7. Según los cipayos del régimen yanqui, éste se derrumbó a consecuencia del incendio. Esto no es posible, que un edificio de acero se derrumbe, por causa de grandes temperaturas. El documento “The Conspiracy Files”, de la BBC precisa que los informes del régimen de los Estados unidos carecen de veracidad. “cuarenta y siete pilares internos, hacían imposible el derrumbe inmediato y total, con un impacto aéreo”. Se concluye que los aviones no ocasionaron la caída de las torres gemelas, sino que fue un demolición controlada. En ésta “demolición controlada” se usó súper termita una mezcla de óxido férrico y aluminio – Fe2 O3+2AL-, que cortó por fusión las columnas de acero, y explosivos que se pusieron en todos los pisos, que las derribó...

 Los escombros de las Torres Gemelas, continuaron consumiéndose durante largo tiempo después del derrumbe. La mayor parte del hormigón fue pulverizado. Esto apoya la teoría de la demolición por la “súper termita”, ya que ésta no se apaga por falta de oxígeno. El metal fundido que se encontró en la base de las torres, evidencia el uso criminal de la súper termita. Como colofón, el dirigente político alemán Andreas Von Bülow, miembro del gabinete del Canciller Helmut Schmidt, y del Parlamento Alemán y antiguo Ministro de Defensa, precisó: “que los ataques fueron realizados por los más altos niveles del aparato de inteligencia de Estados Unidos y que usaron la torre 7 como búnker de comando, la cual fue posteriormente demolida para destruir toda evidencia y la escena del crimen”. Von Bïlow acentuó,  que el comando ejecutor estuvo integrado por los Servicios Secretos de la CIA, del Mossad/ Israel, de Arabia Saudita y Pakistán…”


¿QUÉ CHOCÓ AL PENTÁGONO, UN AVIÓN COMERCIAL O UN MISIL?
¿La opinión pública internacional se sigue preguntando cómo un avión Boeing 757, pudo haber chocado contra un edificio practicante invulnerable como el Pentágono, sin dejar rastros? Las investigaciones no gubernamentales, afirman que no fue un avión comercial, sino un misil. Más aún, probaron que fue un avión comercial de American Airlines que colisionó con el Pentágono, pero cuestionan que la maniobra hubiera sido llevada a cabo por una persona sin instrucción de vuelo especializado que pueda ejecutarla. Aseguran que no fue un piloto de “Al Qaeda”, sino del mismo Pentágono: Las cámaras de vigilancia del Pentágono, capturaron dos videos de los que inicialmente se filtraron antes, durante y después del impacto, pero ninguno muestra exactamente lo que impactó contra el edificio de marras. Tampoco se observa ni restos de equipajes, ni cadáveres, etc. sólo muy pocos restos del avión. Concluyen los investigadores no gubernamentales, que en las fotos del Pentágono se puede apreciar computadores, mesas, e incluso libros, sin el menor rastro de haber sido quemados.
El vuelo 93/ United Airlines, se estrella en las afueras de Shanksville/ Pensilvania. Según el informe gubernamental, fue causado por el intento de los pasajeros de tomar el control de la nave – lo que Hollywood, como ya nos tiene acostumbrados, hizo una película con ésta tragedia terrorista, evidentemente como propaganda patriótica, exitista y autocomplaciente para el régimen yanqui y la clase política-.Lo que verdaderamente ocurrió fue que la nave comercial fue derribada por un  caza de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos.
El cuarto avión implicado en los atentados, fue el único en no alcanzar su objetivo: el Capitolio/ La Casa Blanca.
Como colofón, el prestigioso Director de Cine,  Estadounidense Michael Moore, en su documental “Farenheit 9-11” revela las relaciones comerciales que la familia del ex presidente Bush de los Estados Unidos- padre e hijo-, mantuvieron con el líder fundador de Al Qaeda, Bin Laden. Estos negocios llegaron a su fin, según Moore por conflictos de interés – los oligarcas yanquis no tienen amigos, sino intereses-, y se necesitaba la fuerza militar para revivirlos, por/para lo cual, era necesario orquestar un atentado terrorista que justificara una intervención militar.
“En tiempos infames, como el actual en que reina la mentira, la corrupción, la impunidad, la drogadicción, la degeneración, la prostitución infantil, la pornografía, la telebasura, el consumismo, la falta de coraje civil en la mayoría de las gentes por causa de la enajenación –‘La enajenación es un síndrome que quien lo padece es inconsciente de la realidad que vive’, decir la verdad es un acto revolucionario”.
Con esperanza y memoria,
Prof. Moreno Peralta/ IWA
Secretario Ejecutivo ADDHEE.ONG

PS: Ensayo traducido al Alemán, Inglés y Francés por la Señora Gerda Böttcher, Directora de la Revista “Latinoamérica, Un Pueblo Continente” Berlín/DDR. Y, enviado por segunda vez  a solicitud de nuestros asociados de Europa y Latinoamérica.
addhee.ong@gmail.com

sábado, 1 de septiembre de 2018

Salvar la salud. Una nueva operación encubierta del Pentágono en Colombia.


Por Sergio Rodríguez Gelfenstein: 
La semana pasada escribí sobre la instalación del barco hospital USNS Comfort de la marina de guerra de Estados Unidos en Colombia, utilizado el trasnochado subterfugio de ayuda humanitaria, en este caso a Venezuela como instrumento para justificar una intervención militar, que ha sido tradicional en la política exterior de Estados Unidos.

Posteriormente, me quedé pensando si la misión del barco no persigue además objetivos ocultos y disimulados a fin de “echar una mano” a la atribulada sociedad colombiana, precisamente en uno de los aspectos que está más afectada: el de la salud, toda vez que se ha transformado en práctica que los gobiernos destinen mayor cantidad de recursos a la guerra que a las necesidades de la ciudadanía.  

En esa medida, la visita del Comfort podría ser muy beneficioso para Colombia habida cuenta que el propio ministro de salud del gobierno anterior, Alejandro Gaviria ya en 2016 había diagnosticado que el país vivía una crisis de la salud, motivada en un déficit que él cuantificaba entre 350 y 650 millones de dólares aproximadamente. Las Empresas Prestadoras de Salud (EPS) instituciones privadas que “brindan” servicios de esa índole, presentaban a la fecha un déficit de 1.7 mil millones de dólares, mientras que el presupuesto aprobado para el año 2017 en esa materia, fue apenas de 260 millones de dólares. Así, el ministro se vanagloriaba de que, a pesar de la incertidumbre, el sector se seguía expandiendo, pues la demanda de servicios y las prestaciones crecían permanentemente. Claro, cuando él hablaba del sector, estaba refiriéndose a estas empresas privadas que lucran con la salud del pueblo, con el favor del gobierno.

Las EPS fueron creadas mediante la Ley 100 de 1993 con el objetivo de iniciar el proceso de privatización de la salud a imagen y semejanza del modelo chileno creado por la dictadura de Pinochet. Según Diana Margarita Ojeda, Procuradora delegada para Asuntos de Trabajo y Seguridad Social, lo que ocurre es que: “Los recursos no fluyen por una serie de trabas administrativas o por intereses ajenos al interés público; es decir, las entidades manejan el dinero irregular e ineficientemente y a pesar de, que se han hecho esfuerzos como el giro directo a los hospitales, algunas entidades territoriales se quedan con la plata, no se la entregan a los hospitales como debe ser, y las EPS reciben los recursos, pero no giran  y no garantizan la prestación de los servicios”.

Por su parte, Marcela Vélez, candidata a Ph.D. en política de salud de la Universidad McMaster de Canadá, al hacer un análisis del servicio médico y hospitalario del país para el libro “La salud en Colombia” de su autoría, afirmaba que: “Los organismos de control no tienen dientes para castigar a los corruptos”, o dicho de otra manera el Estado permite que la corrupción pulverice el sistema de salud. Vélez no tiene dudas en asegurar que: “El principal problema se llama EPS, especialmente la expectativa de ganancia de los intermediarios a expensas de la negación de la atención en salud a los colombianos. El problema es que no hay manera de hacer compatibles las ganancias de las EPS con el bienestar general de la población, y creo que para lograr este objetivo se requiere un gran compromiso por parte de la administración pública”.

Ese compromiso es precisamente el que no existe, porque es imposible lucrar con la salud y transformarla en una mercancía y al mismo tiempo conseguir “un nivel de vida adecuado que le asegure [ a las personas], así como a su familia, la salud y el bienestar, como reza el artículo 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

En una entrevista para el periódico bogotano El Espectador en 2016, Vélez aseguraba que: “La Ley 100 introdujo el concepto de salud como mercancía, por lo tanto, quedó sujeta a ser un bien transable del que los inversionistas privados, tan sólo por servir como intermediarios, obtienen ganancia. El problema de este modelo es que acrecienta la inequidad en salud, incrementa el gasto sin mejorar la calidad y se interesa muy poco en el bienestar y la satisfacción de los colombianos”, concluyendo que, “… uno de los principales problemas es que es un sistema de salud que no es equitativo, que no brinda atención en salud de la misma manera a todos los colombianos, y que pudiendo ofrecer una atención de mayor calidad, no lo hace. En un país con pobreza y niños muriendo de desnutrición, el sector salud podría estar haciendo más con los recursos que tiene”.

A este respecto la Redacción Digital de la cadena BLU Radio, propiedad de Caracol uno de los dos mayores emporios comunicacionales del país afirmó que según fuentes oficiales, solo en la segunda semana de febrero de este año se registraron 11 muertes de niños menores de cinco años por desnutrición Así mismo, dio a conocer que la región más afectada es La Guajira que presenta “un incremento estadísticamente significativo en la notificación de muertes por y asociadas a desnutrición en menores de cinco años, en comparación con el promedio de notificación de los años 2014 a 2017”. En esa fecha del año, cuando apenas habían transcurrido seis semanas se encontraban “en estudio más de 37 casos probables de muertes por y asociadas a desnutrición…”.

En el trasfondo, lo que permea todo el sistema es el afán de lucro en la salud, así la vida y el bienestar de los ciudadanos se pone en un lugar secundario, tras la preocupación por la obtención de ganancia. Una muestra la da a conocer la revista colombiana especializada en noticias financieras y de economía “Dinero” que en un artículo sobre el tema señala que Saludcoop, la EPS más grande del país con más de 5 millones de afiliados que representaba casi el 25% de la población activa en 2009 multiplicó su patrimonio cerca de 170 veces desde que fue creada en 1994 hasta su liquidación en 2016 con una gigantesca deuda, tras lo cual su representante legal Carlos Palaccino fue enviado a la cárcel. Antes, desde 2010, cuando se abrió la indagación, la justicia determinó que 77 directivos y contratistas serían investigados por afectación patrimonial, sobre costos de medicamentos y desviación de recursos, es decir una gran estafa en detrimento del pueblo colombiano. Es difícil suponer que la alianza entre gobierno y empresarios no sea el caldo de cultivo de la corrupción que afecta a millones de ciudadanos y que sea sólo ésta la EPS inserta en hechos de corrupción.

En otro ámbito, en agosto de 2017, la revista Semana publicó un artículo que relaciona salud mental con violencia en Colombia. Expone el mencionado escrito que, “la salud mental de los colombianos está en un grave estado”. Señala que, en 2016, fueron asesinados 33 ciudadanos por día por causas ajenas a la guerra, atribuyéndolo a “violencia interpersonal, debido a intolerancia, riñas, ingesta desmedida de alcohol y drogas en lugares públicos y lo que es peor, en los hogares, espacios inseguros para mujeres y niños”. Las cifras que aporta el estudio son aplastantes, “según el Instituto de Medicina Legal, cada tercer día una mujer es asesinada por su pareja en nuestro país; cada hora dos niños son víctimas de abuso sexual en Colombia, dos son asesinados cada día y tres abandonados”. Hasta el mes de mayo de ese año 2017, se habían reportado 9.214 intentos de suicidio en el país; 65 cada día y dos cada hora.

Así mismo, la investigación afirma que durante 2016 se presentaron 83.000 nuevos reportes de malaria en zonas mineras, una enfermedad que se creía superada; el departamento del Chocó reportó 54.000 casos, lo que representa el 10% de su población, según cifras del propio ministerio de salud.

Enfrentados al dilema del recorte de los presupuestos para este año 2018, tendencia que muy seguramente se mantendrá y profundizará en el gobierno de Iván Duque, Semana recuerda que la evasión tributaria en Colombia alcanza el 90 por ciento, la elusión fiscal, los 2 mil millones de dólares aproximadamente, mientras que la corrupción le cuesta al país alrededor de 17 mil millones de dólares, una cifra cercana a los 350 millones de dólares semanales. Por su parte, “el saqueo” al sector salud en particular, significó que las arcas del país perdieran cerca de 1,5 mil millones de dólares. Concluye el artículo afirmando que, “el problema en Colombia no es de recursos sino de la administración de los mismos”. En otras palabras, el problema es el sistema capitalista depredador y corrupto para el cual la salud del pueblo no tiene ninguna importancia.

Mientras esta es la situación de Colombia, en Venezuela, inserta en una situación económica muy difícil por todas las causas conocidas, viven 5.6 millones de colombianos, 500 mil peruanos y 400 mil ecuatorianos, además de decenas de miles de chilenos, argentinos, uruguayos, haitianos, dominicanos, palestinos, libaneses y 1.5 millones de españoles, 1.1 millones de italianos y 900 mil portugueses, todo lo cual ha hecho de la patria de Bolívar un país en el que el 35% de su población sea extranjera, pero a ninguno de ellos se le ha acusado por ser causante de la crisis, tampoco ha habido manifestación alguna de xenofobia, por esta razón. Yo mismo he tenido alumnos en la universidad que son hijos de peruanos, ecuatorianos, colombianos y dominicanos y que hoy son orgullosos diplomáticos de Venezuela y defienden su integridad y su soberanía en ese terreno.

Valdría entonces preguntarse, si acaso esos miles de ciudadanos que abandonan el país, ¿no podrían ser -muchos de ellos- connacionales de las naciones donde están llegando? Si así fuera, ¿por qué en sus tierras natales no desean que regresen? Y si son venezolanos, ¿Por qué los maltratan si en Venezuela los connacionales de esos países solo han recibido solidaridad y apoyo?  Lo digo, porque estuve tres días yendo al consulado colombiano en Caracas a hacer un trámite, el cual fue resuelto con rapidez porque las largas filas que se hacían en dicha oficina era de ciudadanos colombianos que querían obtener su pasaporte. Curiosamente eran colombianos que hablaban como venezolanos.

Vale la pena entonces, traer al tapete que a pesar de la llamada “crisis humanitaria” enarbolada como justificación para la preparación de una invasión militar ”humanitaria” (disculpen la redundancia) al país, en Venezuela no hubo impedimento para que la Misión Barrio Adentro atendiera a más de 11 millones 200 mil colombianos por concepto de consultas médicas en un año, como dio a conocer el ministro de comunicaciones de Venezuela Jorge Rodríguez, quien informó que eso representa el 17% de toda la atención médica dada por ese sistema de salud pública del país. Rodríguez aseguró que “una consulta (médica) en Colombia ronda los 30 dólares”, mientras que en Venezuela es gratuita por lo que muchos ciudadanos del país vecino cruzan la frontera para acceder a la cobertura sanitaria que ofrece el gobierno de Venezuela, sin que hasta el momento haya una sola queja por falta de atención a consecuencia del país de origen del paciente. El ministro aseguró que “el 15% de todas las consultas del Hospital de El Vigía (ciudad del estado Mérida cercana a la frontera) son de colombianos que vienen a Venezuela para ser atendidos de manera gratuita”. Esto ha significado la erogación de 336.6 millones de dólares anuales al Estado venezolano, mucho más que la limosna de 16 millones de dólares que han ofrecido el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence y los 35 millones de euros del presidente español, que bien podrían usarse en su país donde se reprime brutalmente a los migrantes llegados de África y el Medio Ambiente. Este “dinerillo”, -se sabe- es el precio que Sánchez, como buen presidente español, y por tanto, lobbysta al servicio de las empresas, ha pagado para “facilitar” la introducción de estas en Colombia, toda vez que varias de ellas han tenido algunos problemas con la justicia. 

Si de crisis humanitaria se trata, bien nos podríamos preguntar qué hubieran hecho los gobiernos de Pastrana, Uribe y Santos para financiar el nacimiento de los 582 mil hijos de colombianos que vinieron a la vida en Venezuela en los últimos 18 años, el millón de familias colombianas que recibieron sus cajas CLAP con un valor anual de 300 millones de dólares y las 438.110 viviendas que se le han entregado a familias de ese país, lo cual representa un 20% del total entregado (mucho más que el 17% que ellos representan en el total de la población del país). Los venezolanos podríamos quejarnos de endofobia, toda vez que se podría interpretar como el privilegio de los extranjeros respecto de los nacionales, pero se entiende la medida gubernamental, -que se inscribe en la tradición venezolana legada por el Libertador Simón Bolívar- de no sentirse satisfecho con la felicidad propia, cuando se sabe y se acepta que los millones de ciudadanos venidos de Colombia, Ecuador o Perú, lo han hecho en condiciones paupérrimas.

En este contexto, se me ocurría, que la llegada del Comfort pueda proponerse también, -además de su misión de acompañamiento a la preparación de la intervención militar en Venezuela- una operación encubierta para mejorar los índices de salud de Colombia, que tanto lo necesita, utilizando como excusa la ayuda a los migrantes venezolanos Es sabido que, desde Santander hasta Duque, de un presidente colombiano, se puede esperar cualquier cosa.
sergioro07@hotmail.com

sábado, 24 de marzo de 2018

El límite de la tolerancia


Por Carolina Vásquez Araya:  
Cuando la tensión excede los límites, la cuerda se rompe y todo regresa a cero

Nada hay más perverso que el sistema en el cual se desarrolla la vida de los pueblos menos desarrollados. Las reglas, diseñadas por las potencias capitalistas para su propio beneficio, consisten en anular la voluntad popular, instalar gobiernos afines a sus planes y crear el ambiente propicio para mantener el poder mediante el temor y la sumisión. Curioso paralelo con las tácticas de dominio patriarcal y la aplicación de la violencia en el contexto social y familiar como mecanismo de control.



De acuerdo con las leyes de la dialéctica, la lucha de opuestos genera una crisis cuyo resultado es un nuevo estadio de la situación, para resolver el conflicto antes de iniciarse –como en cadena- otro estado de contradicción, otra crisis y otro paso hacia delante. Lo contrario sucede en nuestros pueblos: las crisis devienen en un clima de supresión de libertades y, por ende, se genera una reversión de las fuerzas, de modo que después de un estallido de protesta social lo usual es un silencio oprobioso y un estado insano de tolerancia al abuso de poder.

En la estructura social de nuestros países las clases tienden a diferenciarse con mayor énfasis; los sectores de mayores ingresos constituyen el fiel de la balanza y de ellos depende en gran medida hasta qué punto se aplicará presión sobre quienes controlan la política y la economía. Es decir, si la población urbana acomodada lo decide, se puede posponer de manera indefinida todo acto capaz de remecer el estatus. Las manifestaciones desde los estratos populares serán criminalizadas, anuladas y desvirtuadas por medio de la manipulación mediática y el recurso de la fuerza pública.

Países en donde un sector minoritario posee el control casi absoluto de la economía y la gestión legislativa no tienen oportunidades de desarrollo, porque en ellos no existe el recurso del diálogo ciudadano, la transparencia en la gestión pública ni una administración de justicia equitativa. Menos aún el respeto por los derechos humanos de las “minorías mayoritarias” como los sectores de mujeres; de niñas, niños, adolescentes y adultos jóvenes. Tampoco se da la apertura necesaria para gestar una fuerza de participación y oposición efectivas para la defensa de esos derechos, porque estos se oponen a los intereses de las élites.

Entonces no se puede decir que la tolerancia tiene un límite, sino más bien es preciso reconocer que la tolerancia tiene un punto de retroceso. Es en este punto en donde se produce el eterno retorno de los ideales y, como resultado de ello, la agonía de las democracias. Naciones divididas y confrontadas entre ricos y pobres, pueblos originarios y ladinos, rurales y urbanos, tienen pocas esperanzas de superar sus conflictos en un marco dialéctico saludable y propositivo. En cambio, son tragados por un vórtice de mayor pobreza y cada vez menores perspectivas de progreso.

Este escenario se repite una y otra vez, generando un ambiente insano de escepticismo ciudadano y empoderando más y más a quienes aprovechan la coyuntura para enriquecerse, para crear leyes clientelares, para consolidar sus redes de influencia y apoderarse de los Estados ante la mirada impotente de la sociedad. Para evitarlo solo existe el camino de la participación a costa de esa sensación de seguridad tan importante para las personas. Una seguridad ficticia, dependiente de la voluntad de otros y tan frágil como para tambalear ante cualquier golpe de timón. Una sensación de seguridad cuyos pilares se diluyen en el aire ante la sola amenaza de las dictaduras. Una seguridad falsa como falsa es la esperanza de cambio si no se está dispuesto a contribuir para generarlo.

La tolerancia y sus límites dependen de cuán importante sea la sensación de seguridad personal.

elquintopatio@gmail.com

domingo, 11 de febrero de 2018

Tierra de soñadores


Por Carolina Vásquez Araya:

“Que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son”, reza el monólogo de Segismundo.

“Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
Disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
Prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte ¡desdicha fuerte!
¿Qué hay quien intente reinar
Viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?”


Palabras sabias del poeta, pero tan sabias como inútiles: no alcanzan a penetrar en la conciencia de quienes, convencidos de su fuerza y quizá soñando con la permanencia de sus falsas dinastías por los siglos de los siglos, aplastan los sueños de sucesivas generaciones…

Así es como en pueblos sometidos a la poderosa mancuerna de sus jerarcas, se cocinan alianzas duraderas, tan persistentes como las enfermedades terminales y tan nefastas como aquellas. Las medicinas populares contra el mal de la pérdida de memoria se reducen a unos ungüentos paliativos, unos pocos paseos por la plaza y muchas pláticas sociales cuya búsqueda de respuestas dura lo que un suspiro.

Sueños. Esos delirios de grandeza en unos y las nunca satisfechas ansias de justicia en los más, son como vapores que enrarecen el aire y contaminan las esperanzas de libertad. Por eso cuando surgen voces valientes son acalladas por las balas, en manos prestadas para no dejar huellas. Sueños. Tristes intentos de levantarse, una y otra vez, pretendiendo ignorar que las cartas dicen otra cosa desde las cumbres del hemisferio.

Mañana, dicen los sueños. Mañana se abrirán los caminos; hombres y mujeres desfilarán libres y sus opresores habrán pagado sus delitos. Pero esas promesas se diluyen y el despertar de los sueños provoca el agudo dolor de las promesas incumplidas. Entonces el desfile triunfal del sueño se transforma en el espectáculo de la miseria, del hambre y la desesperanza. Los falsos reyes habrán vencido una vez más, con la complicidad de sus vasallos y el ominoso silencio de las masas.

¿Es acaso la búsqueda de la felicidad una forma de demencia? ¿Es la vida humana una moneda de intercambio entre potencias aliadas en la extorsión y el saqueo? Abrimos los ojos y vemos el dantesco espectáculo de eso que los falsos reyes nos quieren vender como “víctimas colaterales”: niñas, niños, mujeres y hombres asesinados en nombre de la democracia y la libertad. No son sueños, es el despertar. Y entonces vienen los socios en el sucio negocio de la guerra a vendernos las armas sobrantes para armar a otros ejércitos a su servicio, en otras tierras. Esas que no les pertenecen.

En medio de sus sueños de libertad, los niños y niñas de Palestina se retuercen de dolor, atrapados en un campo de concentración israelí; también las niñas de Guatemala ven interrumpidos los suyos en el violento y deprimente entorno de un hogar del Estado. Ellas, así como los niños sirios acribillados por la metralla de imperios ajenos a sus tierras, también quieren despertar de sus pesadillas. Son sueños abortados en medio de una tolerancia demencial, sueños irrealizables en un mundo hostil con sus seres más preciados. 

¿Cuándo se acabará el sueño? ¿O es, acaso, una pesadilla perenne y circular de la cual jamás despertaremos? Algún día surgirán las voces y serán de pronto tan estentóreas que no podremos ignorarlas, como tampoco podrán silenciarlas los falsos reyes y sus cómicos juglares –esos que en su incapacidad e ignorancia nos condenan a la miseria. Es cosa de tiempo para que su fuerza sonora abata con gran estruendo los falsos castillos y derribe de un soplo gigantesco las falsas dinastías. Ese es mi sueño.

 “…Sueña el que agravia y ofende, y en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son”.

elquintopatio@gmail.com

viernes, 25 de agosto de 2017

Niños, niñas y adolescentes migrantes: carne de cañón

Por Ilka Oliva Corado:

En el 2014, salió Obama con sus once ovejas a dar una conferencia de prensa con carácter de urgente, fue por allá de principios de verano; habló de una crisis de niños migrantes que viajaban solos hacia Estados Unidos en busca de sus padres o huyendo de la violencia en sus países de origen. Por supuesto, no se habló de la violencia institucionalizada, se refirió a las maras, como clicas criminales. La “crisis” como él le llamó, tiene más de 20 años, y ha tenido carácter de urgente desde entonces.



Viene a raíz de la creación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que involucra a México, Estados Unidos y Canadá (1991). Posteriormente viene el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana (2004). De aquí nos vamos al Plan Mérida o Plan México (2008). Copia del Plan Colombia. Para terminar de rematar crean el Plan Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte de Centroamérica en el (2015).

Los medios de comunicación en español, en Estados Unidos, se encargaron de propagar la noticia y regarla como pólvora, en menos de dos días ya estaban las alertas y se realizaban programas especiales, en periódicos, revistas, radios y televisión. Viajaban a la frontera entre México y Estados Unidos, otros más acorazados, se fueron hasta el triángulo norte de Centroamérica y se metieron hasta la cocina de las casas en los arrabales, la meta era sacar la mejor ventaja de la tragedia permanente de esos niños.

Así fue como vimos entrevistas y reportajes de niños, niñas y adolescentes cruzando el río Bravo o aventándose el desierto entre Sonora y Arizona. Mediatizando esta tragedia se acuerpaba la denuncia de Obama, la mentada crisis, y así con el pretexto de que esos niños estaban en peligro, militarizar desde la frontera sur de Estados Unidos, hasta Honduras.

Entre mediados del 2014 y el 2015 se implementaron el Plan Frontera Sur, en México, y el Plan Maya-Chortí, entre Guatemala, El Salvador y Honduras. ¿La excusa? Enfrentar al crimen organizado, que tenía que ver con el secuestro, abuso y asesinato de migrantes en tránsito y el tráfico de drogas. Pero el objetivo fundamental era minar la región, por la creación del Canal de Nicaragua.

Un mes duró la bulla de los medios de comunicación con la crisis de los niños migrantes. Después le dieron carpetazo, el gobierno de Estados Unidos y los de México y el triángulo norte de Centroamérica ya tenían lo que querían.

En el 2014 cuando explotó la crisis, según Obama se creó un programa de apoyo, donde esos niños al llegar a Estados Unidos podían solicitar asilo. Eran miles los que viajan como lo han venido haciendo desde hace 20 años- y a pocos se les otorgaba el asilo, la mayoría era deportada. Hace unos días la administración Trump canceló el programa y estos niños ahora serán deportados a la brevedad.

No es la administración Trump, es el sistema. El año pasado en una reunión en la ONU, los gobiernos de Honduras, Guatemala y El Salvador, enviaron a su delegada a que fuera a decir que los niños, niñas y adolescentes que viajaban solos hacia Estados Unidos no lo hacían porque en sus países estuvieran en peligro de muerte, sino porque los llamaba la ambición de la riqueza y el sueño americano. Ellos con esto estaban preparando el terreno para la cancelación de ese programa, que hubiera sucedido de cualquier forma, sin importar quién fuera el presidente.

Lograron su objetivo, militarizaron la región, con esto los mismos gobiernos, que trabajan en la impunidad, son los encargados de secuestrar, violentar y asesinar a migrantes en tránsito, con el pretexto de combatir la trata de personas y el narcotráfico. Pero no solo eso, implementaron el mismo guión del Plan Colombia en la región para seguir con los ecocidios, las limpiezas sociales, las negociaciones con las empresas transnacionales –minerías- y la violencia institucionalizada. ¿Los perjudicados? Los mismos de siempre. Seguirán las migraciones forzadas, y estos niños, niñas y adolescentes que en los últimos 3 años, tenían la esperanza de pedir asilo en Estados Unidos, serán dejados a su suerte, para que el crimen organizado, desde los gobiernos los siga utilizando como carne de cañón.


ilka@cronicasdeunainquilina.com

martes, 18 de julio de 2017

Tráfico y abuso a migrantes indocumentados en tránsito

Por Ilka Oliva Corado

Ya de por sí la pesadilla de migrar sin documentos es terrible como para agregarle el ser víctima de trata para explotación sexual, laboral y tráfico de órganos; de hombres, mujeres y niños, siendo las mujeres y los niños los más vulnerables. Sin dejar de mencionar a la comunidad LGBTI que aparte de ser discriminada sufre un abuso mayor debido a la homofobia y patriarcado.



La indocumentada es una población expuesta constantemente a todo tipo de abuso, tanto de mafias como de autoridades gubernamentales de los países de origen, tránsito, destino y retorno. Un migrante en tránsito  vive en situación delicada debido al estatus social que lo expone ante los peligros y abusos por su condición de indocumentado.

México aparte de ser país emisor también es país de tránsito y destino para miles de indocumentados que se ven obligados a dejar sus países de origen para buscar oportunidades de desarrollo en Estados Unidos. También es el país núcleo para las grandes mafias internacionales que se dedican a explotar personas indocumentadas.

La invisibilidad debido a la situación de clandestino que vive un migrante indocumentado lo convierte en presa fácil para todo tipo de abuso. Migrantes son explotados en el país de tránsito, destino y retorno en trabajos forzados en fábricas, campos de cultivo, servicio doméstico, manufactura, economía informal, mendicidad, sin ningún respeto por sus derechos humanos y laborarles. Son esclavizados y muchas veces con el conocimiento de las autoridades correspondientes.

Porque, ¿qué importa la vida de un migrante indocumentado?

Y aquí entra la explotación sexual y el tráfico de órganos, ¿quién denuncia la desaparición de un migrante? Y es así como niñas, niños, adolescentes y mujeres van a dar a centros nocturnos, bares y casas de citas donde son explotadas sexualmente y muchas veces hasta la muerte a golpes o porque cansadas de tanto abuso terminan suicidándose. Cuando las trafican como objetos para el disfrute de cualquier abusador que esté dispuesto a pagar por violarlas   golpearlas o matarlas.

Las áreas fronterizas son lugares adecuados para este tipo de abuso, las atrapan en el sur de México y las envían para el norte, las atrapan en el norte y las envían hacia el sur, las distribuyen por todo el país y luego las envían a otros países. Debido a que su desplazamiento debe hacerse de forma clandestina para no quedar a vista de las autoridades migratorias, estas personas se ven expuestas a sufrir la barbarie de la explotación.

Niñas, adolescentes y mujeres hondureñas al transitar por México, son secuestradas y utilizadas para la explotación sexual, dependiendo la edad, fisonomía y estado físico son clasificadas para el tipo de bar al que serán enviadas. Niños y niñas son enviados a las áreas turísticas y a la frontera con Estados Unidos, porque es área visitada por clientes estadounidenses y canadienses.

Las salvadoreñas son utilizadas para el tráfico de órganos y las guatemaltecas que en su mayoría pertenecen a los Pueblos Originarios son utilizadas para el servicio doméstico.

Niños, adolescentes y hombres jóvenes son utilizados por el crimen organizado para asaltar a otros migrantes indocumentados, también para el cobro del pago de la extorción a comerciantes. Son utilizados para realizar secuestros de otros migrantes. También para la producción y venta de drogas. Los convierten en sicarios y asesinos cuando las mafias quieren desaparecer personas.

¿Qué hacen las autoridades al respecto? No mucho. La corrupción entre funcionarios públicos los asocia al crimen organizado y es en centros de detención o atención al migrante donde se llevan a cabo los secuestros y los abusos. Son los centros de distribución. Es ahí donde se clasifica por sexo, edad, etnia, nacionalidad, apariencia y estado físico para qué utilizarán a los migrantes indocumentados.

México está lleno de fosas clandestinas y no solo de ciudadanos mexicanos, un porcentaje mayor de migrantes indocumentados nunca logran llegar a Estados Unidos porque los desaparecen en su paso por México. Cuando ya no son útiles al crimen organizado los desechan pero no los pueden dejar vivos, entonces extraen sus órganos y sus cuerpos o los deshacen con químicos, los queman dentro de toneles con gasolina o los desaparecen en las fosas clandestinas.

Es incierto el destino de los migrantes centroamericanos y suramericanos en su paso por México, pocos logran llegar a Estados Unidos.

A raíz del Plan Frontera Sur implementado en el 2014 por Estados Unidos en México, que militariza desde la frontera del río Bravo hasta la frontera con el río Usumacinta en Guatemala, los abusos hacia migrantes en tránsito se han incrementado, dado a la libertad que tienen las autoridades correspondientes para evitar a toda costa que lleguen migrantes indocumentados a Estados Unidos.

Lo mismo está sucediendo en Guatemala y Honduras, como seguimiento del Plan Frontera Sur se implementa el Plan Maya Chortí que viene a fortalecerse con el Plan Mérida en México y Plan Alianza para la Prosperidad en Guatemala, El Salvador y Honduras, son “donativos” millonarios que envía Estados Unidos para “erradicar” el crimen organizado en el sector. Esto solo ha servido para el recrudecimiento de la violencia hacia migrantes en tránsito por parte de las autoridades gubernamentales de los países involucrados.

El tema de la trata de personas con fines de explotación sexual, laboral, mendicidad y tráfico de órganos es delicado, pero lo es mucho más cuando se trata de migrantes indocumentados en tránsito a quienes ni en el país de origen, traslado, destino y retorno les respetan los derechos humanos. Es por esa razón que se han creado en todo el territorio mexicano  Casas del Migrante, por medio de organizaciones humanitarias que buscan protegerlos y brindarles ayuda médica, emocional y legal, ya sea para un retorno a su país de origen, para quedarse en México o continuar hacia Estados Unidos. Sin embargo nunca es suficiente, el tráfico de personas es un negocio millonario para las mafias mundiales.

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