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miércoles, 29 de mayo de 2019

EE.UU vs China la nueva Guerra Fría



Por Níkolas Stolpkin:
El Muro Digital Occidental

Si en su momento China tuvo preocupación por su seguridad nacional con respecto a la influencia tecnológica-cultural de Occidente, vetando a algunas aplicaciones, redes sociales y medios de comunicación digitales, lo que hoy estamos presenciando por parte de EE.UU. y aliados es lo que podría ser la legítima preocupación por su seguridad nacional con respecto a la penetración tecnológica china que avanza significativamente. Lo que no sabemos aún es si en un futuro próximo EE. UU. podría también vetar aplicaciones, redes sociales y medios de comunicación digitales chinos que puedan empezar a desafiar la influencia dominante.


El capítulo Huawei representa a simple vista la puesta en marcha de una nueva Cortina de Hierro por parte de EE. UU. y su radio de influencia para frenar de alguna forma la penetración tecnológica china (el cual se suma a la subida reciente de aranceles por parte de EE UU. (del 10% al 25%), a las importaciones desde China). Lo que parece improbable que pueda prosperar, teniendo en cuenta lo mucho que podría perder EE.UU. y aliados frente al gigante dragón chino, líder en la producción de litio, cobalto refinado y tierras raras, recursos estratégicos hoy muy necesarios en la producción de artículos tecnológicos. ¿Querrá EE.UU. y aliados prescindir de tales recursos estratégicos? ¿Querrá EE. UU. y aliados prescindir de la mano de obra barata que aún brinda China a sus propias marcas?
Si la Guerra Fría en su momento fue una lucha de poderes en el aspecto militar (entre EE. UU. y la Unión Soviética), hoy la nueva Guerra Fría entre EE. UU. y China es una lucha de poderes en el aspecto económico-tecnológico.

¿El Libre Comercio ha muerto?
Lo que podría estar logrando EE. UU. no es más que frenar el desarrollo tecnológico actual de Occidente, lo que podría permitir el desarrollo pleno de Asia, liderado por China.
Incluso hace poco, el departamento estadounidense de Seguridad Interior (DHS) emitió una alerta para señalar: "el riesgo potencial en materia de datos" de los drones de fabricación china, siendo que el 70% de los drones civiles en el mundo, son producidos por una sola empresa china (DJI).
Tiene razón la empresa (Huawei) al señalar que: "La decisión de EE. UU. les obligará a emplear equipos inferiores y costosos, quedándose atrás en el desarrollo de la tecnología 5G".

Tratar de perjudicar al denominado "Libre Comercio", el cual EE. UU. ha sido su principal promotor a nivel global, resulta contradictorio y perjudicial para la salud económica global. China no ha hecho más que jugar tal como estaban dispuestas las reglas del juego. ¿Querían abrir los mercados? China los abría. ¿Querían mano de obra barata? China lo ofrecía. ¿Querían tener productos baratos? China los tenía. Ahora, ¿cuál es el problema? ¿El problema es que ahora los productos chinos han aumentado de calidad? ¿Cuál es el problema? ¿Están preocupados por la seguridad nacional o más bien temen perder la hegemonía tecnológica frente al gran tsunami tecnológico chino que se avecina?
La situación actual sólo trae incertidumbre para este lado del continente; para China representa nuevos desafíos, nuevos retos.

Rusia, además, debe tomar notas.
Huawei sobrevivirá igual
Quienes piensen que el gigante tecnológico de Huawei tendría sus días contados o que podría irse a la quiebra por el veto estadounidense, están sumamente equivocados. El mayor mercado de Huawei se encuentra en la propia China donde prácticamente las aplicaciones de Google no existen, ya que se utilizan símiles nacionales. Y por otro lado, el mercado de América no representa ni un cuarto del mercado chino.

Donde sí podría llegar a afectar al gigante asiático es en EMEA (Europa, Medio Oriente y Africa), cuyo mercado representa dos cuartos aproximados de lo que representa el mercado chino.
La decadencia de un imperio

Irremediablemente vamos directo hacia un cambio de estructuras de Poder en el mundo. Y EE. UU. como potencia dominante se niega a ceder espacio; le cuesta entender y reconocer la musculatura china en cuanto al ámbito económico y ahora tecnológico; le cuesta entender que el mundo cambió y que su dominio va a la baja, incluso en Europa, donde el nacionalismo poco a poco va adquiriendo más fuerza, lo cual podría amenazar la existencia misma de la OTAN, estructura fundamental la cual permite asentar la influencia norteamericana dentro del continente.

Intentar imponer un muro digital frente a la influencia china sólo se puede traducir en un berrinche infantil de un mal perdedor. Lo único que se podría lograr es que nos dirijamos hacia un aislamiento inútil donde una parte comience a disfrutar aisladamente de un desarrollo que la otra parte se niega a aceptar por consideraciones meramente egoístas.

Da como para preocupar, porque no estamos hablando de dos potencias menores; estamos hablando de las dos potencias principales que en la actualidad mueven la economía del mundo.
¿EE. UU. estará dispuesto aceptar la superioridad tecnológica china y a que el mundo se desarrolle con total equilibrio en el ámbito tecnológico?

stolpkin@gmail.com

viernes, 15 de junio de 2018

Porfiadamente con Marx


Por Homar Garcés:
Los capitalistas siempre han sucumbido ante la incertidumbre que les causaría una eventual bancarrota. Esto los impulsa a mantener e incrementar su flujo constante de ganancias, de manera que se ven obligados a multiplicar las fuerzas de producción, reproducir la innovación tecnológica del momento en sus empresas y aprovechar al máximo la fuerza y la experiencia acumulada a través del tiempo de los trabajadores; lo mismo que explotar a un bajo costo los recursos naturales de las naciones periféricas y transformar sus materias primas en una amplia variedad de mercancías.

Esta situación tiende a incrementarse, aun cuando existen indicios que hacen prever lo contrario, especialmente al considerarse el surgimiento de un nuevo tipo de economía que ya muchos comienzan a denominar la economía digital, en otros casos, comercio electrónico, economía uber o economía colaborativa; lo que implica un nuevo estadio de estudios respecto a la vigencia del sistema capitalista a nivel mundial.

En la actualidad, muchas personas en todo el planeta, sobre todo en los países con economías depauperadas, han comprobado en carne propia que la alegre y algo irracional presunción existente a finales del siglo XIX en relación a que el sistema capitalista forjaría las condiciones de un mundo sin hambre ni penurias de ningún tipo carece de fundamentos sólidos. No obstante, pocos advertirían durante el último siglo transcurrido que esta supuesta riqueza de la sociedad en general únicamente conseguiría desarrollarse destructivamente, como llega a concluir Karl Marx en El Capital, su obra cumbre: “La producción capitalista sólo desarrolla la técnica y combinación del proceso de producción social minando a la vez la fuente de toda riqueza: la tierra y los trabajadores”.

Adentrados en el siglo XXI, nuestro mundo contemporáneo, de una u otra forma, ha comprobado la veracidad de las determinaciones hechas por Marx respecto al capitalismo, a pesar de corresponder a épocas distintas, pero ambas impregnadas por la misma lógica del capital. Hoy, la alta concentración de capitales en manos de una minoría que triplica los presupuestos de algunas naciones (lo que conduce generalmente a un mayor índice de desempleo y a una alta depreciación de los salarios de los trabajadores), la privatización en auge de las redes de comunicación, la autoridad global ejercida por las grandes corporaciones transnacionales en detrimento de las soberanías nacionales, la industrialización de la agricultura, la devastación creciente, irracional e indetenible de los ecosistemas existentes, y la dinámica impuesta por la globalización neoliberal han acabado por instaurar una brecha, al parecer infranqueable, entre la riqueza obscena que dicha minoría exhibe a diario y la miseria de una población mayoritaria, son los rasgos más notorios que podrían tomarse en cuenta a la hora de juzgar si los aportes científicos de Marx resultan obsoletos e inapropiados para captar y tratar de cambiar lo que ocurre en las distintas esferas de la vida social.

Se debe entender, comprender y discernir que el sistema y la lógica del capital implican la puesta en marcha de un proyecto ilimitado de crecimiento, lo que ha desembocado en el resurgimiento de formas de explotación del trabajo que, aparente y formalmente, habían desaparecido de la faz de la tierra, como la esclavitud y la servidumbre de niños, las que refutan de alguna forma los premisas “democráticas” enarboladas desde siempre por los apologistas del capitalismo.

Citado por Max Seitz en su análisis “200 años de Karl Marx: 4 ideas del ideólogo de la Revolución rusa que siguen vigentes a pesar del fracaso del comunismo”, el pensador marxista Jacques Rancière, profesor de filosofía de la Universidad de París VIII, concluye que "el proletariado, lejos de enterrar el capitalismo, lo mantiene con vida. Trabajadores explotados y mal pagados, liberados de la mayor revolución socialista de la historia (China), son llevados al borde del suicidio para que Occidente pueda seguir jugando con sus iPads. Mientras tanto, el dinero chino financia a un Estados Unidos, que de otra manera estaría en bancarrota".

Con Marx, podríamos adherirnos a la propuesta de lo que debiera verse y constituirse entre los sectores populares como la asociación de productores libres e iguales, con arreglo a un plan común encauzado a transformar de raíz las relaciones sociales de producción y, junto con éstas, las relaciones de poder que hacen posible la existencia del Estado burgués liberal y el capitalismo. Todo lo cual tendría que concretarse de un modo constante -y sin dogmas que encorseten el esfuerzo para conseguirlo- en la emancipación integral y la autorreproducción democrática de los sectores sociales. -  
mandingarebelde@gmail.com